H.DE MAULEON: CHALCHIUHTZIN ES EL PADRE DEL ALPINISMO MEXICANO

 


Subió  Chalchiuhtzin en  1296 el volcán  Popocatépetl (5,452m)

Montaño, eso sí,  fue el primer europeo en ascender una alta montaña  del continente americano, y esto en el siglo dieciséis. Gran mérito.

No eran gente de montaña,de alpinismo,no contaban con equipo apropiado  para esa empresa, traian una mentalidad medieval nada positiva  con respecto a las montañas, venían de una tierra donde las montañas más altas sobre el nivel del mar no llegan alos 3,500metros y, tuvieron que verselas en el Popocatépetl con el azote de todo humano que va a las altas montañas: el oxigeno o "mal de montaña".

No fueron Ordaz ni Montaño, soldados españoles de la conquista  en el siglo dieciséis, los que primero subieron. Ordaz lo intentó y el que sí llegó al borde norte del cráter (no es precisamente la cumbre) fue Montaño. Más de doscientos años después de Chalchiuhtzin.

Ninguno de ellos  subieron bajo la óptica puramente alpina. Chalchiuhtzin por motivos religiosos y los españoles para buscar azufre conque confeccionar la pólvora para sus arcabuces.

Héctor de Mauleón, cronista, dijo recientemente en su programa El Foco, dedicado esta ocasión en un recorrido por el Parque Nacional del Sacromonte, Amecameca, Estado de México, Historia de Amecameca, parte I, que en reconocimiento por tal ascensión a Montaño “Lo consideran como padre del alpinismo en México”. No especificó quién o quiénes lo consideran así.

Héctor de Mauleon y el Dr.Tomás Jalpa, historiador y cronista de la región de Chalco-Amecameca, citan al historiador Chimalpain (Chimalpahin), lo conocen. Dicen lo que a este respecto  escribió Cortés en sus Cartas de relación pero no mencionan lo que  Chimalpahin dice de Chalchiuhtzin..

 Es lo siguiente. En la Quinta  Relación, pagina 147: “Y este  Chalchiuhtzin fue el que trepó arriba del Popocatépetl buscando propiciar la lluvia, porque por entonces sol y sequía habían cobrado fuerza y había hambre y necesidad, según el saber de los ancianos. Según refieren los ancianos, llegó bien hasta la mera cabeza”.



Popocatépetl,y su ladera norte

Foto de Agustín Maya




“Hasta arriba del Popocatépetl y allí se flageló. Él fue el único que pudo llegar de aquí, de Tecuanipan Amaquemecan”

Chimalpain ni siquiera dice que Chalchiuhtzin fue el primero en alcanzar esa cumbre. Este dato, del “primero”, tan importante en alpinismo, se pierde en el pasado.



Popocatépetl,visto desde la cumbre de la piramide de Cholula, en el este. Por la ladera de la derecha (norte) es por donde   probablemente,subieron.

Foto tomada de Internet 






Los trabajo de arqueología, de  José Deseado Charnay,siglo diecinueve, y de José Luis Lorenzo, siglo veinte,  señalan con toda precisión lo sitios de   los restos de los adoratorios de este volcán y son arriba de Tlamacazcalco, más de los 4 mil metros s.n.m. en una línea de la ladera norte: adoratorio Nexpayantla (lado sur de la cumbre de la pared conocida en alpinismo como Torre Negra),el toponímico de Teopixcalco (5 mil), etc.

Se presentan como episodios aislados, hazañas, diríamos, tanto lo de Chalchiuhtzin como lo de Montaño. Pero ir  a las montañas en plan religioso es una práctica antiquísima de los mexicanos. Se remonta más allá  de la época tolteca, a “pedir agua”(ejemplo. Monte Tláloc, 4,150m) Se conoce como Tepeilhuitl, en náhuatl: la fiesta de las montañas. Montañas cercanas y lejanas ( a pie, por carecer entonces de animales de montar).



Popocatépetl con fumarola

desde el este

20 de enero de 2018

foto tomada de Internet







Resumiendo.

Las muy extendidas versiones, publicadas y orales, a lo largo de los años, de que Ordaz y Montaño fueron los primeros en subir el Popocatépetl carece de una investigación más documentada.

Podría empezarse por:

Relaciones originales de Chalco Amaquemecan-Don Francisco de San Antón Muñon Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin-oriundo de Amecameca, nació el año 9 caña=1579.

Historia antigua de México-Francisco Javier Clavijero, fecha de su publicación 1780.

Las zonas arqueológicas de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl-José Luis Lorenzo. Instituto Nacional de Antropología e Historia,1957.

Alpinismo mexicano capitulo: (Paleomontañismo)-Armando Altamira G. Editorial ECLALSA 1972.

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores