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21 DE SEPTIEMBRE, ALZHEIMER ¿Y LA FAMILIA?

Alzheimer y la familia responsable.

Por la esperanza y la añoranza se define la existencia.

 Quitada la añoranza, el pretérito, se queda estancado en el minuto presente, y la añoranza se borra.

Los relatos de los viejos, repetidos una y otra vez, es el magnífico ejercicio de la mente que nos dice de qué manera, se construyó ese individuo. En tanto permanezca la repetición, el individuo no se alejará de la playa y perderse mar adentro.

Los acontecimientos y circunstancias en el mundo fueron desarrollando  ese yo cardinal con el que llegó a la vida biológica.

Pero ya no queremos oír esos tautológicos relatos. Estoy ensimismado viendo la pantallita de mi celular. Apenas oigo, como un molesto murmullo, la N repetición del viejo.

El viejo percibe mi desinterés y empieza aguardar silencio. Empieza a irse hacia las profundas soledades de su ser.

El cuenta cuentos ya no tiene quien le escuche. El novelista de su propia novela ya no tiene quien lo lea.

Deja de repetirse y de esa manera es como se van borrando los sucesos y los detalles. Deja de recordarse.

Uno de tantos relatos que hacía se refería a una huelga estudiantil que hubo  el siglo pasado en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Un rector quiso empezar a privatizar a la institución, los estudiantes se organizaron y al final lo impidieron.

 Uno de tantos temas del viejo versaba sobre que  México es uno de los países en el planeta que menos invierte en educación pública. Se toma como un gasto, no como inversión. El resultado lógico son hospitales, cárceles saturadas y las calles en la inseguridad plena. Pues sí,  sólo bastaría invertir el concepto: la educación pública no es gasto,  es inversión.

Acabo leer, decía el viejo,  en El Faro, suplemento publicado por la UNAM, número75 de junio de 2007, página 8, que “En México hay un científico por cada 8,660 habitantes, aproximadamente. En Estados Unidos hay un científico por cada 237 habitantes, en Francia uno por cada 184, y en Brasil un científico por cada 2237 habitantes….En Brasil  se gradúan, con doctorado,  cerca de 10,000 estudiantes al año, mientras que nosotros graduamos poco más o menos 1,500.

Rancias pláticas que a nadie de la familia interesan. Precisamente en este momento algo llama mi atención en mi teléfono inteligente. En apenas dos horas una noticia ha registrado dos millones de entradas en online: los tacones de sus zapatos de Melania Trump, son altos y de aguja.

De seguro mucho del mundo femenino se apresta a comprar eso para no quedar fuera de la moda. La misma primera dama de Estados Unidos seguramente nada tuvo que ver con esas artimañas del mercado.

                                                                     Valle de México

Un día el viejo de la casa leyó algo que salió publicado en Internet. Que el 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer y cómo se puede prevenir según Harvard. Entre otras recomendaciones como dormir bien, alimentarse de manera inteligente etc., hacer ejercicio físico.

 “La evidencia más convincente es que el ejercicio físico ayuda a prevenir el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer o retardar la progresión en personas que tienen síntomas”, dice el Dr. Gad Marshall, director médico asociado de ensayos clínicos en el Centro de Investigación y Tratamiento de Alzheimer del Hospital Brigham and Women’s, afiliado a Harvard.

“La recomendación es 30 minutos de ejercicio aeróbico moderadamente vigoroso, de tres a cuatro días a la semana”.

Mi generación es del mundo virtual, ese del que para estar enterado de las últimas noticias es necesario verlas en  televisión y leerlas en el periódico, todos los días y definitivamente  no hay  tiempo para seguir escuchando al viejo.

Lo conozco desde la niñez de ambos. Sabe que he hecho del alpinismo no un deporte sino un modo de vida. Manifestó su intención de salir a caminar por las montañas el año pasado.

Ahora estamos en el refugio del Teyotl (4,500 m.s.n.m.), noroeste de la Cabeza de la montaña Iztaccihuatl. Arribamos al lugar con los últimos rayos del sol y el termómetro se fue hasta muy abajo del cero.

 Corrimos con suerte. La delincuencia organizada asalta a los montañistas, impunemente,  en las cotas arriba del pueblo de San Rafael, que es de donde se parte para el Teyotl. La policía agarra a dos o tres y no obstante los asaltos siguen. El largo descenso será otra aventura pasar desapercibidos por los delincuentes.

Los ejidatarios cobran una cuota a los alpinistas que suben por ese rumbo, pero a cambio no hay servicio ni seguridad alguna. Prestos para cobrar pero a la hora del conflicto nadie es responsable.

Mi amigo ha comprendido: los viejos, aherrojados en el rincón de la casa, les falta ejercitar sus mecanismos fisiológicos de adaptación que sólo en los horizontes naturales se encuentran: el frío, el calor, el viento, la lluvia, las noches con sus estrellas bajo el pedazo de firmamento sobre su cabeza… Los mecanismos fisiológicos se atrofian, encerrados en las cuatro paredes de la casa.


                  Desierto de Samalayuca, Chihuahua,México. 50 grados C.

            Los mecanismo fisiológicos de adaptación al medio ejercitándose.

                                En la foto Javier Osorio y Luis Herrera.

                                           Foto de Armando Altamira

Flanco oeste de la montaña Iztaccihuatl y la ubicación del refugio de El Teyotl



                El Teyotl, y el refugio del mismo nombre, se localiza en el número 1 de la foto

 15 grados bajo cero. Los mecanismo fisiológicos de adaptación al medio ejercitándose.

La cultura industrial, dice en tanto calienta el agua para la taza de café de la cena, resuelve muchos problemas del pasado con sus tecnologías increíbles, pero, al igual que muchas medicinas, crean otros problemas que señalan con la palabra “contra indicaciones”.

 Ahora, en vez de caminar por los senderos del bosque (la Ciudad de México  está en el centro de   cordilleras altas y bajas) nos sentamos en el sofá a ver comerciales y programas hueros todo el día en la televisión obligados por la pandemia. Y de tanto ver programas hueros, nos vamos haciendo hueros.

Jean Wahl, un filósofo  francés, nota en su obra Introducción a la filosofía, que “la existencia no existe únicamente en el pasado, o en el futuro. Existe más bien en los actos con que el ser existente se destruye y se construye a sí mismo.”

Cuajado el viejo frente al televisor, dice mi amigo, ha dejado de reconstruirse y acaba por olvidarse de sí mismo. Ha olvidado reconstruirse y también ha olvidado resolver por sí sus necesidades fisiológicas...


TLALMANALCO, Méx., marzo 5 (EL UNIVERSAL).- La zona boscosa de San Rafael, en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, es muy peligrosa para montañistas que visitan el lugar ya que operan bandas de delincuentes que fuertemente armados los asaltan y violan a las mujeres, advirtieron los propios excursionistas.

 Según las propias autoridades municipales, se presentan hasta ocho atracos al mes en contra de deportistas extremos que acuden a este lugar, sobre todo los fines de semana, porque no hay vigilancia de ninguna de las corporaciones municipales, estatales y federales, ni de los ejidatarios que controlan el parque.

 Juan Carlos Durán Gutiérrez, director de Protección Civil de Tlalmanalco, reconoció que cada fin de semana se registra un robo en diferentes parajes del ejido, pero hay ocasiones que son hasta dos, principalmente en “Las Trancas”, el más alejado de la caseta de vigilancia del área que administran ejidatarios que cobran una cuota a los visitantes.

 El domingo 26 de febrero, 60 personas que acampaban y comían en el paraje “Nexcoalanco”, fueron asaltadas por 25 hombres armados y encapuchados que golpearon y causaron heridas a más de 20, incluyendo a un niño de ocho años y abusaron de tres mujeres.

 Los ladrones, vestidos con ropa camufleada, cubiertos de la cara con pasamontañas, salieron de entre los matorrales armados con rifles, escopetas, pistolas y machetes para rodear primero a un grupo de aproximadamente 40 personas que acampaban y comían.

 Luego sometieron a otras más que venían bajando, amarrándolas a todas, hasta sumar más de 60, incluyendo niños y mujeres.

 Los encapuchados hicieron disparos al aire y a casi todos los hombres les pegaron con machetes y pistolas, causándoles lesiones a por lo menos a 20 en cara, cuerpo y cabeza, entre ellos Fernando, de ocho años, a quien le pegaron en la espalda.

 A Alejandro, de 27 años, le fracturaron la nariz con la cacha y a Salvador lo hirieron de una pierna con una pistola de diábolos.

 Un perro bóxer que acompañaba a campistas de Cuautitlán fue baleado en el cuello con una escopeta.

“Entregamos celulares, carteras, dinero, relojes, cámaras, equipo de montaña y luego nos quitaron los zapatos que aventaron a una camioneta Chevrolet para luego amarrarnos de pies y manos con las agujetas”, recordaron.

 La misma suerte corrió un profesor y 11 alumnos de la primaria Juan Jacobo Rousseau, del Distrito Federal, que acampaban en la zona.”

 

 

 

 

WAHL Y LA EVAPORACIÓN DEL YO

 

La gran actriz de una comedia de W. Somerset Maugham perdió su yo porque hablaba y vivía como los personajes que representaba en la escena.

 

Según la ocasión, se expresaba  en su vida real adoptando alguno de los guiones y de esa manera su yo acabó evaporándose.

 

Uno de los valores estables del humano, la moral, lo aplicaba si así lo  decía el guion, sino, se reía siguiendo otro guion, aunque se encontrara frente a un cadáver.

 

Se quedó sin personalidad que, según  Wahl, es uno de los grandes rasgos de la cultura occidental:

 

“La idea de personalidad se desarrolló bajo la influencia en parte de la filosofía  estoica, en parte del derecho romano y en parte de la religión cristiana.”

 

Fue un comentario de Kiva, la muchacha escaladora. Nos encontramos acampando en medio de Los Horcones, dos someras cumbres de la Sierra de las Navajas (someras pero muy visibles a gran distancia por encontrarse en lo alto de la sierra). 

                         Peñas Cargadas y una manera de superar la "bola" cimera. 

                      La maniobra tradicional es sobre los hombros del compañero. 

La noche  anterior levantamos las tiendas  en el valle de Peñas Cargadas, al sureste del pueblo mágico Real del Monte, en el Estado de Hidalgo, México. Mañana seguiremos  en dirección a la ciudad de  Tulancingo.

 

Los HORCONES al Fondo.
Foto tomada de Wikipedia

 Nos faltan muchos kilómetros  de caminata, incluido el cruce de varias cañadas.

 

Esta sierra abunda en afloramientos de obsidiana. Se asegura que era de donde los aztecas se provenían de este vidrio volcánico para sus armas de guerra, lanzas, flechas. Pero ya desde antiguo la gran Teotihuacán extrajo de aquí su material para la representación de diversos dioses. Y le siguieron en esta práctica los toltecas.

 

 En Peñas Cargadas nos llovió fuerte durante dos horas. Pero ahora el cielo es despejado y Tlahuizcalpantecutli brilla muy fuerte solo en la noche.

 

Valle de México.
Localización de la sierra de las Navajas.

Yuma:

 

-En los tiempos del coronavirus la gente de la sociedad urbana que pudo se fue a vivir a las comunidades rurales del país.

 

Se dio cuenta que sus pensamientos y charlas diferían de cómo eran en la ciudad. Ahora hablaban como ellos, genuinamente diferentes unos de otros.

 

En la ciudad casi todos hablaban como los medios. Su yo  había desaparecido delante de la pantalla del televisor. Asimismo, hablaban como las páginas de  los periódicos. Todos  sabían cuántos goles había anotado el Real Madrid, lo que dijo el presidente de Estados Unidos o que la actriz fulana se divorció por quinta vez…

 

Benito:

 

-Todo relativo ya que su repertorio multitemático, caótico, su  visión del mundo, no duraba más allá de doce horas o veinticuatro, a lo sumo.

 

Al día siguiente ya el mundo era otro. De no estar enterados, ¿de qué hablarían con el compañero de oficina,  en la tertulias del café, en la “sociedad informada” o en las borracheras de cantina?

 

Hopi: (como algunas personas se llaman Nicaragua, Oklahoma, Berlín, Irlanda, Paris, Grecia, éste se llama como su etnia norteamericana: hopi. Con él, y con Kiva,  escalé alguna vez la Torre Negra de Nexpayantla y seguidamente  la norte del Abanico, en la ladera norte del Popocatépetl):

 

-Ahora, en el campo, los citadinos que se fueron a vivir a la provincia, se daban cuenta que el sol “sale” por el este, que aún queda aire respirable, que hay montañas y que la lluvia es una bendición. Con alegría se enteraron que poco a poco recuperaban su monologo interior y todo muy en contacto con la naturaleza!

 

Del cuello de Hopi pende un representación en bronce de un kachina. Los kachina de los hopis son de importancia fundamental en las ceremonias de la Danza de la Serpiente y tiene como finalidad evocar la lluvia. Esta ceremonia se efectúa precisamente en este mes, es decir, el 20 de agosto.

 

 

La reserva de la tribu hopi se ubica principalmente en Arizona, Estados Unidos, y abarca áreas de Nuevo México, Colorado y Utah. Una reserva, como un campo de concentración, pero más grande en territorio que algunos países centroamericanos.

 

Yuma:

 

-¡Y se percataron también que Tlahuizcalpantecutli, el gran lucero conocido ahora también  como Lucero de la mañana o Venus, sigue brillando, como en el calendario lunar de los mexicanos que dura el ciclo de la siembra- cosecha!

 

Benito:

 

-Se enteraron que en muchas comunidades rurales (por no decir que en todo el país agrícola, siguiendo la tradición étnica milenaria mexicana) sacan en procesión por las calles a la Virgen o al santo de la devoción local para pedirle al cielo que llueva. El mismo ritual en 98 por ciento del  dios Tláloc pero ahora con el ropaje católico).

 

Kiva:

 

-En la ciudad moderna, laica y progresista, cuando falta el agua se bloquean las avenidas por un grupo de manifestantes para exigirle a la autoridad de esa alcaldía que abra las llaves y deje correr el líquido vital.

 

Yuma:

 

-Aquellos le piden agua al cielo y estos le piden a la cisterna. Aquellos hacen una comunidad suplicante  de oración, a través del rito, y estos mediante voces, gestos punitivos  y pancartas amenazantes contra la autoridad.

 

Benito:

 

-¡Cada quien a su nivel de ver las cosas!

 

Hopi:

 

-Creer sólo en lo que se ve es una respetable teoría filosófica que viene desde la antigüedad de los grandes pensadores griegos.

 

Yo:

 

-Pero estamos en el mundo moderno en el que mide cinco milímetros lo que se ve, pues tal es el grueso de la pantalla.

 

Benito:

 

-Ver narcisismos en la pantalla del televisor durante horas, en el encierro obligado por el coronavirus, no es edificante para el propio yo del espectador. Muchos perdieron piso y acabaron soñando fantasías y otras también. Convertidos en espectadores mudos, es verdad, perdieron su propio monologo interior.

 

Yuma:

 

 

 -¡De seguro que los psiquiatras engrosaron su agenda de consultas, ya antes de  que aparezca en el semáforo nacional la luz verde!

 

Kiva:

 

-La pantalla del televisor,  o del celular, es la metáfora de la vida que corre en nuestros días. Ya en 1948 cuando la primera edición en ingles de su obra El camino del filósofo, Jean Wahl apuntaba:

 

“Pudiéramos simbolizar este carácter superficial del mundo moderno llamándolo un mundo de film donde sólo se ven las superficies de las cosas.”

 

Hopi:

 

-En El arte de la novela Henry James advierte que la evaporación del yo no está tan distante como parece, cuando dice: “alguien se puede desintegrar; en realidad nada es más fácil; de una manera o de otra, esto le sucede a la gente a nuestro alrededor.”

 

Benito:

 

-Sin pasar por alto que algunos comunicadores de noticias, y comentadores de deportes, tiene su buena dosis de exhibicionismo, que en ocasiones llega al solipsismo.

 

Hopi:

 

-Cuando Julio Cesar sitiaba al enemigo construía un cerco para que no escapara y  se apresuraba a construir un segundo cerco para evitar ser atacado por el enemigo que podía llegar del exterior. En algún momento se encontraba luchando, con éxito, en medio de dos fuerzas antagónicas, una enfrente y la otra a sus espaldas.

 

Yuma:

 

- Una educación equilibrada, dialéctica, universal, del niño,  lejos de la abstracción, debe mirar a protegerlo de los demonios interiores de la propia familia y de los demonios que ha construido la civilización industrial de consumo y deshecho. Una buena dosis de la Paideia griega y otra de la tradición milenaria étnica, mesoamericana, afianzarán esos dos cercos.

 

Benito:

 

-La televisión es sólo una herramienta que se usa según el nivel del espectador, como usas la licuadora,  el martillo o la computadora y no hay porque demonionizarla. Si no lo usas apropiadamente, como el martillo, tan útil, te puedes triturar la mano.

 

Conozco a personas de la sociedad urbana que ven televisión con interés y placer. ¿Saben qué tienen en común todos ellos?,  que en sus primeros seis años de vida ya habían leído, en versión editorial  para niños, los fundamentos de la cultura occidental: Homero, algunos Presocráticos, Platón, Epicuro, Lucrecio, más acá Seneca, Cicerón, Marco Aurelio. Y de Mesoamérica el Popol Vuh y la Leyenda de los soles teotihuacanos.

 

Hasta entonces tuvieron acceso a ver los programas televisivos. Para ese tiempo su yo había fraguado como el cemento en la losa “colada” cuando ha pasado un tiempo conveniente y está a prueba de tormentas…  Cicerón insistía en “tener el pensamiento ocupado en ideas mejores y la voluntad sujeta en todo a la razón”

 

Kiva:

 

-Para eso se necesita que el matrimonio, o la unión de pareja, tenga toda la estabilidad posible. Norman Mailer dijo en una entrevista: “No hay ninguna razón en el mundo para que la gente no pueda amarse  cada día más durante ochenta años”

 

Hopi:

 

-Me parece un buen punto. Si no se hace así es como “enviar los niños a la guerra sin fusil” cuando estos entren en contacto con el mundo de allá afuera. En otras palabras, sin las suficientes vitaminas culturales, el yo acaba como el personaje de Somerset Maugham…

LUCRECIO, DE REGRESO A LOS ORIGENES



Encerrase en la ciudad es actitud adquirida del humano, como si de la Naturaleza fuera ajeno. Allí se siente seguro, al abrigo de los vientos y de las sombras extrañas de la noche.

Pero cuando lo encierran en su casa, como ahora con lo del coronavirus, sueña con horizontes abiertos que no hizo por conocer cuando estaba en libertad de hacerlo.

Ya antes de Cristo, Lucrecio notaba esta actitud. Y la detectó nada menos que en un pueblo (en la plebe, como dicen los historiadores), el romano, que para entonces, por necesidades de la guerra, cruzaba ríos, valles y montañas. Dice:

“De la hartura de ver ya  fatigados nadie se digna levantar sus ojos a la luciente bóveda del cielo.”

Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas.

Su poema parece un canto desesperado por hacer entender  no darle importancia a la civilización más allá de lo que en realidad merece.

 De lo contrario, el otrora humano, corre el riesgo de acabar pareciéndose a los productos sintéticos que salen de la fábrica.

Ayuno de los valores de trascendencia, el individuo queda parado en la tierra de nadie, pronto detectable por la mercadotecnia para llevárselo a su cubil del consumismo y deshecho. Cacharros viejos en el polvoso desván, incluidos  individuos  que antes fueron humanos.

Como ejemplo diremos que en la ciudad (en la Ciudad de México),  se gasta agua lavando un día el automóvil con la misma cantidad de agua que una familia  rural  sobrevive una semana.  Ni idea se tiene de esto en la ciudad.

Dos mundos. En muchos pueblos del área rural, cuando no llueve, se saca al  santo para que el relámpago desgarre los cielos, se oiga el trueno y las nubes descarguen sobre los campos. En la ciudad cuando falta el agua se cierran las avenidas, como protesta, y obligar al gobierno abra las llaves con que se controla el líquido…

En la ciudad cuando llueve es un día fastidioso porque se mojan los zapatos. En el campo es un día de fiesta por lo que impactará a la siembra. El silencio aquí se oye. En la ciudad algunas personas hablan por el celular porque se le tiene miedo al silencio

El humanismo del que se habla en la ciudad es un platillo exótico como tema de conversación, o de publicación,   para las reuniones del jet set-dice Yuma, uno de mis compañeros del vivac alpino.

Estamos  en una “repisa” de la pared en el  grupo montañoso de las Monjas, al oeste de Chico Hidalgo, México.
Abajo, en el valle, hacia el norte, en la oscuridad de la noche, brotan las luces de Atotonilco el Grande y pueblos como Cerro Colorado y rancherías de san Nicolás Xate.

Amanece, y vemos la puesta del sol, en el aislamiento alpino que desde hace tres meses vive el planeta por la pandemia  del coronavirus. Aquí son otras condiciones que en la ciudad. Soplan fuertes vientos y al atardecer la niebla cubre las agujas de roca en lo alto de la Sierra de Pachuca (tres mil metros).

Kiva, muchacha escaladora que también practica el vivaquismo, observa:
Dibujo tomado del libro Técnica Alpina.
de Manuel Sanchez y Armando Altamira.
Editado por la UNAM 1978

-Las nubes negras de tormenta pasan sobre los pueblos pero no descargan en la tierra ya abierta para la siembra…Hace algún tiempo un francés llevó a cabo un estudio en el Valle del Mezquital, aquí mismo, en Hidalgo, hacia el oeste de donde nos encontramos ahora, más allá de Capula y de San Jerónimo, en las montañas de los Frailes de Actopan. 

 Se tenía entonces a  la región como la más pobre del país. Su alimentación era a  base de frijoles, maíz, chile y ocasionalmente carne de animales de corral casero. El resultado del estudio arrojó que era  gente sana.

Yuma:

-Sería difícil de creer sino tuviéramos a la mano las estadísticas del país. Nuestros hábitos de alimentación en la ciudad se exceden en la ingesta de grasas saturadas (carne, mantequilla, crema, huevo y camarón, entre otras delicias) de los 20 0 25 por ciento de consumo máximo de calorías que señalan algunos especialistas.

Juan (es médico):

-Con lo cual se disparan los niveles de colesterol sanguíneo. Con eso llegan las obstrucciones de las arterias y lo que sigue es el infarto cardiaco. Un taco de barbacoa equivalen sus grasas a cinco huevos. El pasaporte seguro e inmediato para el infarto.

Yuma:

-Como sea, al final habrá más muertos por el miedo al coronavirus que por el coronavirus.

Kiva

-¿Crees?

Juan:

- No es fantasía. Encerrados por cuatro meses en su casa, la rutina es despertar, comer, ver televisión, dormir, despertar, comer…

Yo:

-Pueden hacer ejercicio.

Yuma:

-Eso dicen los teóricos. También que te pongas a leer. Si no tienes el hábito es pura cosa académica diseñada sobre el papel. El sobrepeso y los infartos serán una jugosa fuente de ingresos para las funerarias. Pero eso ya será una noticia incomoda que habrá que  ignorar.

Quiero ser sincero. Aquellos son estoicos con dieta mixta entre poca carne y muchas  verduras. Y viven como dicen, pero yo soy algo hedonista. Por ahora, a petición mía,  freíamos, en abundante mantequilla, unas deliciosas salchichas, y huevos, para la cena. Empero, la plática de mis compañeros le quitó todo el encanto al asunto. A cada bocado que tragaba, sentía que mis arterias se cerraban…

Yo:

-¿Quién puede vivir comiendo sólo frijoles y tortillas-me atreví a decir.

El contraataque no se hizo esperar:

Kiva:

-Los que siguen con vida y sanos… ¿Te acuerdas de Lumholtz?

Sí que me acordaba.

Yuma:

En el afán de mirar hacia los semáforos, que le den el alto o el siga, perdió  de vista el ciudadano los avatares del espíritu y de la madre nutricia, la tierra: “Todos, en fin, del aire somos hijos; él es padre universal y alma tierra la madre”, escribe Lucrecio. Esta imagen del paganismo es semejante al Espíritu Santo y a la Santa Madre Iglesia católica apostólica terrenal, en los tiempos que estaban por llegar hace veinte siglos.

Lucrecio, ciudadano romano, nacido medio siglo antes de nuestra era, seguidor del atomismo de Epicuro, es alguien que, sin apartarse del ras de la tierra, puede otear horizontes. Hay átomos para toda clase de materias, hasta el alma y el ánimo, dice, están compuestos de átomos. Pero intuye que hay algo que  ya no se trata de materia: el espíritu, la armonía, la belleza, el gran todo. Me acuerdo que escribe:

“Es cierto que las piedras y los leños, aunque la misma tierra se le una, no pueden producir el sentimiento de la vida: por eso no pretendo que los átomos todos sean capaces de componer en un momento seres sensibles.”

Son las tres de la mañana y el valle en la oscuridad a lo lejos, más allá de las cañadas del rumbo del balneario  Amajac (por ahora cerrado a causa de la pandemia), brota lleno de presencia humana a juzgar por las lucecillas amarillas de las aldeas. El cielo ha cesado y una romántica luna llena pasa frente a nosotros….

Encendemos la estufilla y calentamos agua para el café. Como en una escena de lo absurdo, nos ponemos a charlar en la plena oscuridad de la madrugada... El  tema del coronavirus se ha vuelto un lugar común en el mundo y doblamos la hoja. Kiva saca la cuestión de la dificultad de la montaña:

-Una montaña es como es. Pero cada escalador la ve de diferente manera, según él es.

Juan:

-Explícate.

-Para mí puede resultar muy difícil de subir. Otro la encontrará sólo difícil. Un tercero verá que no es nada complicada esa ascensión.

Yuma:

-Se han elaborado escalas de dificultad de la montaña.
Kiva:

 –Propiamente son escalas que miden la nerviosidad del escalador. Aunque de manera equivocada se ha dicho que son valores de dificultad que opone la montaña. Así, en una escala del  1 al 10, mi nerviosidad puede ser muy intensa, de 9.Para otro de 6 y para el de más allá de 2, en la misma ruta. En otras palabras, ¿qué tuvo que ver la materialidad de la montaña en todo este enredo subjetivo de los humanos?

Aprensivo, yo sigo pensando en las asesinas grasas saturadas que decían mis compañeros los cuales, estoicos como son, duermen ya  como si se encontraran alojados en un buen hotel…

Dos ocupamos la “repisa” a cien metros del suelo, equipo de escalar y cacharros de cocina. Kiva duerme en su tienda vivac colgando sobre el vacío y Yuma en  otra tienda vivac.
Hedonista, me pregunto si estarían bromeando con eso de las grasas saturadas…Me fabrico mi propia teoría filosófica de incredulidad. Si algunos dicen que  Dios no existe, también puedo decir que las grasas saturadas no existen…

¿Sólo tortillas y frijoles? ¡Sí, recuerdo al antropólogo Lumholtz que en el siglo diecinueve permaneció un tiempo observando la vida de los tarahumaras, de Chihuahua, y de los huicholes, allá por el rumbo de Jalisco y Nayarit! Escribió un libro, trabajo académico, sobre la vida de los huicholes, que no conocerlo es una verdadera pandemia cultural.

La pandemia cultural ha matado más humanos que todos los virus más agresivos juntos. Pero de esto nadie dice algo. Los presupuestos para la educación pública  en el mundo  permaneces en un endémico bajo perfil. (Véase en Internet los presupuestos para educación pública que dedican  los países del planeta)

“Masas” para Ortega y Gasset no era el lumpenproletariado, sino el carente de cultura sin importar el nivel social en que se encuentre.

Hace poco se levantó una encuesta, en un lugar de América, “Qué lee la gente”. El presidente de ese país dijo que Don Quijote, el de Cervantes, era un vendedor de aceite de oliva…

Lumholtz quedó cautivado por la ritual manera de vivir de esta etnia mexicana. Hizo algo inusitado. Para hacerse de  las proteínas animales compró una vaca. Pensó en quedarse a vivir en la aldea huichol para siempre.

Al final regresó a la ciudad occidental. No puedo vivir comiendo sólo frijoles y tortillas, dijo. ¡Necesitaba las grasas!

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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