Mostrando entradas con la etiqueta reseña de libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reseña de libros. Mostrar todas las entradas

LUCRECIO EXONERA A LOS DIOSES

 


Por el efecto se conoce la causa. Los dioses, se deslindan, nada tienen que ver cómo fermenta la pasta humana.

No  se hace  tabla rasa, pero sí  tantos que ya hacemos estadística.

Ese afán de querer ver a la Divinidad, es un dudar de su existencia. Disentir es propio del hombre libre, en  un  sistema político de libertad. Pero ese disentir, dijo una vez Aristóteles, en alguno punto tiene que parar.

¿Quién podrá demostrar, por el orden mecanicista, que la Divinidad existe? ¿Quién podrá negar, que existe la Divinidad, por el orden vital?

Los politeístas de la Hélade (no los modernos  politeístas que se llaman a sí mismos monoteístas), aceptaban con sensatez el lugar para cada naturaleza: el hombre en la tierra y los dioses en el Olimpo.

El atomista Lucrecio, seguidor de Epicuro, razona de esta manera:  “Tampoco puedes presumir que tengan los dioses sus moradas sacrosantas en una de las partes de este mundo: porque ellos son sustancias tan sutiles, que el sentido no puede percibirlas, ni el espíritu apenas comprenderlas: si escapan al tacto de las manos, no debe tocar ellos ningún cuerpo que podamos tocar, porque no puede tocar el que de suyo es intangible: luego muy diferentes de las nuestras deben ser sus moradas, tan sutiles como sus cuerpos.”

Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas, Colección  Austral número 1403, Espasa Calpe, S.A. Madrid 1946.

Dice  que se quiere ver desde el fenómeno, de la cantidad mensurable, lo que es de cualidad inefable.

 


"Las cosas son reales, posibles y necesarias si concuerdan con nuestra manera de pensar"

                                        Dibujo tomado del libro

                                 La psiquiatra en la vida diaria

                                          de Fritz Redlich, 1968

Y, sin embargo, es mirando a los hombres que tiene enfrente, no hurgando entre las estrellas, que Lucrecio no cree en la existencia de los dioses:

“no puede ser hecha por los dioses maquina tan viciosa e imperfecta.”

Como decir que nuestra  democracia no existe, no puede haber sido hecha, por los demócratas ortodoxos, maquina tan viciosa e imperfecta.

Así pues, por este camino de relativismo, que lleva a la disolución, al eclecticismo desintegrador, mejor creer que  los dioses habitan  su Olimpo y que  los hombres siguen luchando, en buena lid,   por la democracia desde su Cámara de Legisladores.

Dudar de la existencia de los dioses es un legítimo ejercicio filosófico en libertad. Pero dicha esta duda como  imperativo categórico es una negación del pensamiento libre.

 

EPICTETO ANTIACUMULADOR

 


Dejar todo cuando el capitán de la orden de partir.

¿Todo? ¿Mis dineros? ¡Mis amores’ ¿Mi casa? ¿Mi automóvil? ¿Mi fama? ¿Mis aduladores?¿ Mi tarro cervecero?

El capitán fue claro: ¡Dejar todo!

¿Por qué lo dejaría si todo, cosas y afectos,  es mío?

Epicteto: “Lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen sobre las cosas”.

Desván lleno de cachivaches que en su día engalanaron el sitio principal de la sala de la casa. Pronto fueron desplazados por otras cosas de moda. Y como la moda antes duraba un lustro, pero ahora cuando más un año, el desván se fue llenando de cosas.

Igual se acumularon emociones, sentimientos, afectos. Son desplazados por afectos nuevos, en detrimento de los anteriores, y el desván metafísico se va llenando en ocasiones hasta el sobrecupo.

Pero ya material, o ya sentimental, al final no queremos desprendernos de ellos. ¿Por qué hacerlo si, como digo,  son de mi propiedad, incluidos esposa e hijos? Igual es mi vida, mi vida me pertenece. Todo me pertenece.

Si mi vida en realidad me perteneciera jamás  querría morir. Si mi esposa y mis hijos fueran de mi propiedad jamás llegaría el día de verlos partir, en contra de mi voluntad, fuera de esta vida.

Esa es la filosofía de Epicteto. Estar consciente de lo que de mí depende y lo que se da  fuera de mí voluntad. Ya se daban esas situaciones antes de nosotros venir a la vida y seguirán después que nos hayamos marchado. Como dice el filósofo de   Konigsberg: “son cosas en sí y por sí”.

¿Quién o qué es el que decide esas situaciones? Puedes ponerle el nombre de átomos o el de nóumenos. O como el pensamiento de tu etnia les llame, en el dialecto o idioma que ahí se habla y se representa en figura o en el vacuo. Epicteto le llama “El Capitán del barco”.



                   Escalar antes que el capitán de la orden de partir

                                       Del libro Técnica Alpina

                      De Manuel Sánchez y Armando Altamira

                                 Edición de la UNAM, 1978



Primer tramo de Los Panales,Sierra de Pachuca, Hidalgo, México.

Foto de Raúl Pérez.


Empeñarse en llorar lo que no nos pertenecía llevaría a derramar lágrimas no porque se hayan ido sino porque quitaron algo que creía de mi propiedad.

El solipsismo  tiene una gama muy amplia de  grados. Están los grandes acumuladores. El pueblo  conoció  alguno de ellos, en dos momentos:1) cuando repartían volantes  en las calles pidiendo a la gente el voto para ocupar una curul en la representación popular y,)2 cuando se da la noticia en los medios que la Interpol anda tras ellos.

A estos parece referirse Epicteto cuando escribe: “Ten en cuenta que si deseas cualquier cosa que no depende de ti antes o después te verás asediado por el infortunio”.

Los acumuladores comunes como cuando llevo años recordando a la muchacha que pensaba era mía y un día simplemente ya no volvió. O la esposa o esposo que se fue no de la vida sino de mi vida.

“Si en la vida recibes una mujer  o un hijo, no deben suponer ninguna limitación. Pero si el capitán llama, déjalo todo y corre al barco sin mirar atrás”, escribe Epicteto en su Manual.

Para los acumuladores de tensión anímica, llamada ahora estrés, Epicteto viene anunciándolo desde hace veinte siglos pero no se le hacía caso.

La paz interior, la imperturbabilidad y la serenidad son otros valores que señala Epicteto se deben defender, o conquistar, en todo momento.

El modo de conseguirlo es desconcertante para el pensar de nuestro siglo de acumuladores de cachivaches, “ganadores” y fuerza demostrada entre más cosas materiales, no valores de trascendencia, se tengan.

Por ejemplo, disfruta de tus bienes pero no aférrate a ellos hasta la situación del infarto, en caso que se pierdan, dice: “Durante el tiempo que te son dados, ocúpate de tus bienes como si fueran de otro, como hacen los viajeros en la posada”.

En otras palabras el diputado no quiere dejar de ser diputado mediante el “efecto cucaracha” de cambiarse de un partido a otro. La bella actriz se resiste, por medio de cirugías, a dejar de ser bella según la naturaleza lo marca. Nunca fui consciente de mi abundante y hermosa cabellera pero  ahora que la calvicie se hace presente busco hasta debajo de las piedras cómo recuperarla…

Y algo para meditar de todos los días.

Con frecuencia hasta el vuelo de una mosca hace aflorar mi iracundia, con lo que se demuestra que la mosca tiene poder sobre mí.

 


                       El poder que tienen sobre ti los que te hacen enojar

                   Dibujo tomado del libro La psiquiatria en la vida diaria

                                            de Fritz Redlich 1968

 O mi esclavo (en Roma vivió Epicteto siendo también un esclavo) puede más que yo: si llamas a tu esclavo y no te hace caso: “recuerda que no está en una situación tan favorable como para que tu paz interior dependa de él”.

Mis vecinos que dejan su basura en mi puerta, el señor del carrito de la basura en la calle que ya subió la cuota, y la báscula de 800 gramos el kilo de la tienda, los que asaltan en el trasporte público…          Son unos tramposos. ¿Cómo se  puede permanecer impávido ante el abuso de semejante granujas.

Tal vez Epicteto lo diría de esta manera en nuestro siglo: las grasas saturadas te matan a largo plazo cerrando tus arterias, pero el poder que tienen sobre ti los que te hacen enojar, te puede llevar al infarto en  tan sólo dos  segundos, piénsalo…

Piénsalo con toda anticipación, antes que el capitán de la voz de partir.

 

 

 

PÍNDARO,  POETA DE LA ARMONIA

El ejercicio físico como plan de vida,  es la idea de este poeta, nacido en Tebas en el año 520 antes de nuestras era.  Busca la armonía antropocéntrica con  los valores de trascendencia.

Hace mucho tiempo que se perdió de vista la frase “quiero morir de pie”. Era una metáfora para decir que no se apoltronará el individuo, en ocasiones mucho antes de la senilidad por  edad.

Se pregunta intrigado, en la Oda Primera:

“¿Cómo será posible que indolente,

Sin gloria y sin honor, vejez oscura

En paz inútil a aguardar se siente?”

Es algo que lleva la intención de recordar  que cada etapa de la vida tiene lo suyo. Pero que lo suyo de la ancianidad no es la etapa de la decadencia débil y culposa sino transitar, como dice Epicteto, por la playa cerca del muelle porque en cualquier momento el capitán puede dar la orden de partir.

Epicuro hizo la apología de  los ganadores  de los juegos panhelénicos.

Lo entendieron sus contemporáneos  en aquello que la belleza física comprende la armonía de las partes del cuerpo y que los atletas son el centro de la vida y del universo.

 


                        Píndaro canta la egolatría de los atletas y les recuerda…


Pero Píndaro no se queda en este antropocentrismo hollywoodense.

Lo que es más difícil de tragar es la ponderación que debe observar el hombre en todas sus actitudes: moderación, gratitud, fuerza, perdón, hospitalidad…

La Paideia griega exaltaba la belleza física, es cierto,  pero sólo como la mitad de un todo. La otra mitad reside en la mente y en el alma.

El alma  pone una frontera al narcisismo, frecuente en  algunos atletas, y el cuerpo recuerda al alma que estamos en la tierra. Esa clase de armonía cantaba Píndaro.

Imaginación y realidad van de la mano. Como el alpinista que mira la montaña que nadie ha explorado. O la montaña conocida pero en la que se puede trazar una nueva vía de escalada. ¿Por dónde y qué se necesita? Imaginación y técnica.

 


                                                  Imaginación y realidad

A. A. A. en los lahares del flanco oeste del Pico de Orizaba, México

                                              Foto de A.A.G.

 

Un autor, Bowra, escribe que “los griegos estaban convencidos de que el asunto de la literatura es el hombre y que ella debe sacar sus temas de la humana naturaleza”

C.M. Bowra, Historia de la literatura.

Píndaro le canta al poder, está cerca de los palacios y él mismo lo dice: “Bueno seré, y amigo del magnate”.

  Montes de Oca anota: “El orgullo de su nacimiento y la nobleza de su profesión lo ensoberbecían y hacían que procurara el contacto de reyes, tiranos y poderosos…Conocedor de su vocación dominador de su técnica, supo halagar la vanidad de los mecenas que le brindaron  su apoyo y su riqueza.”

Ignacio Montes de Oca y Obregón, Píndaro, Odas

Pero el mérito de sus obras, que han trascendido los siglos, reside en el vigor intelectual que tiene sus poemas. En eso, coinciden algunos biógrafos, reside su “seriedad y equilibrio.”

El musculo de los atletas, las victorias de estos en las olimpiadas, ya sea a pie o en la competencia sobre los carros, es el tema de Píndaro.

Al leerlo se encuentra que es más que una reseña deportiva estructurada como poema. El fondo de su pensamiento es el respeto a los dioses, su gran sentido moral y la apología del ideal de la virtud.

Su contexto intelectual y el religioso de su época, donde eran frecuentes los héroes (hijos de Zeus y de mujer humana) no le hacen perder el respeto por los dioses.

 Ya para entonces se sabía que querer igualarse a los dioses desemboca en el ateísmo. Paso previo para caminar por toda clase de   relativismo.

Las fiestas “paganas” del palacio para colocar la corona de laurel al vencedor de esa olimpiada, no le hacer perder de vista que en esta vida no acaba todo. Escribe: “Dichosos los que han visto aquellas cosas antes de marchar al reino subterráneo.”

No es el tenebroso reino subterráneo cristiano cantado por Dante e ilustrado por Doré.

A semejanza del Mictlán, o cielo subterráneo de los mexicas, el de los griegos de esa época, es eso, un lugar obligado a transitar por él, en tinieblas, pero que no deja de ser un cielo. El noveno cielo náhuatl.

Píndaro escribe:

“Al lado de los dioses

Que venera el averno,

Los que guardaron fieles

Sus santos juramentos

Sin lágrimas disfrutan

Reposo sempiterno.”

Gran inventor de cosas tecnológicas desde la antigüedad, y vencedor de olimpiadas, o conquistador de montañas, el hombre no puede conquistarse él mismo.

Píndaro no  pierde la oportunidad de recordar eso a los ensoberbecidos atletas. Hace, reitera, un llamado para volver a la armonía:

“¡Musa! Tus alas plega:

Avanzar más allá no puede el hombre,

Y la barrera en vano

Pretende saltar, cuerdo o insano”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

H.JAMES, EL ARTE DE LA NOVELA

 

 


La ficción tiene un millón de ventanas, escribe Henry James en su libro El arte de la novela.

O más de un millón, tantas ventanas como individuos que se avoquen a escribir novelas.

Pero en lo individual. No que un novelista tenga un millón de ventanas para la ficción. Sólo tiene una, la suya. Enorme o no, no puede ir más allá de él, tanto en los valores  temporales como en los valores eternos. Ni en lo material ni en lo subjetivo. Escribe:                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

                                                En la ficción no hay límites
                                                                   
                                                                                                                                                                                                                                   
“La calidad más profunda de una obra de arte será siempre la de la mente que la produce.”

Puede escribir diez o veinte novelas, con diferentes contextos y personajes, pero en el fondo será una misma novela. En la ficción no hay límites para un mismo yo.

Jan Valtín escribió varias novelas respecto la Alemania de las dos posguerras mundiales, pero sus personajes se mueven en el mismo plano existencial. Relistas y escépticos, como Santos Discépolo en su tango Cambalache. Son mundos quebrados. En ellos no hay lugar para la esperanza.

Grandes abstracciones, reales, valientes, pero al fin y al cabo abstracciones. La vida es un todo, de claros y oscuros. Tristeza y felicidad es la dialéctica que experimenta el individuo a lo largo de su existencia.

De esta antinomia se alimenta el pensamiento filosófico. Hay riqueza en la tesis y en la antítesis pero si se entra en la abstracción es sólo la bandera de la secta cultural.

James reitera a lo largo de su libro que la única razón de la novela es que pretende representar la vida.

El mundo  mete al individuo en esta dinámica, pero el porcentaje de un valor o de otro depende de él. Algunos sufren hasta porque son felices. Otros, ante la  adversidad, simplemente levantan su tarro de cerveza y con el dorso de la mano se limpian la espuma. “Mañana volverá a salir el sol”, es su filosofía.

¿Una misma novela, en diferentes ediciones, con diferentes títulos? Imaginemos a alguien que describe veinte rutas de escalada en  las montañas: diversos relatos de un mismo autor.

Las librerías están llenas de obras apologéticas. Apologías abiertas. Las apologías hiperbólicas  hacen la crítica de algo, o de alguien, para rendir  pleitesía al de enfrente de la crítica.

Están en su derecho. “Cada viejito alaba su bordón” es un dicho mexicano. En el ensayo, en el panfleto, etc.

Para agradar a la cultura católica romana, a la  angloprotestante,  al anarquismo, al materialismo, al relativismo sexual…

“Confieso que semejante traición a un oficio sagrado (la novelística) me parece un crimen terrible”, dice James.

 La novela es la que se encuentra más cerca de la filosofía porque relata la vida, y la vida es un todo, no una abstracción.

“La novela, en su definición más amplia, es una impresión personal y directa de la vida, esto, de partida, constituye su valor, que será mayor o menor, según la intensidad de su impresión.”

 Lo que sucede en esa novela es, al estilo del poeta, una proyección del novelista. Es su mundo irrepetible, irreal que sólo existe en su mente. 


La novela se parecerá a mil lectores, como una montaña se parece a otra montaña, pero siempre diferentes si se les observa de cerca.

“Su estilo es su secreto, no necesariamente un secreto egoísta. Aunque quiera no  podría revelarlo como algo general; se vería en grandes dificultades para enseñarlo a otros.”

Hay influencias temporales, que son parte de la formación. Nuestra personalidad se compone de  genes y enseñanzas del mundo. Nadie escapa a esto. Aun los descubridores del hilo negro que nada quieren saber  del pretérito. En filosofía se conocen estas influencias como “escuelas”, o “seguidores “o “secuaces”.

Pero, ¿cómo escribir una novela? Alguien le dice a su discípulo: “Bueno, debes hacerlo como puedas…Escribe de tu propia experiencia, y sólo de ella.”

                                                

                                       Subirla o rodearla, lo importante es seguir

                                                   Altar, meridiano 130¨50

                                                Foto de Armando Altamira

Es necesario tomar notas, muchas notas, de lo que se observa, ¡y después, reitera el autor, trabajarlas con libertad y mucha responsabilidad!

A semejanza de una ascensión a la montaña, que cada quien sube como puede y esto depende de múltiples factores como experiencia,                                                                                  animosidad, edad, condición física, conocimiento de la técnica…¡Y hasta de la prehistoria! Si los habitantes de su mundo geográfico tenían miedo a la noche o no.

“Uno escribe la novela o pinta el cuadro de su propio tiempo y con su propio lenguaje.”

En los desiertos de arena (Altar o Samalayuca, los desiertos mexicanos) es lo mismo, subes directamente la alta duna o la rodeas, ¡como puedas o quieras, lo que cuenta es que sigas…!

Tratados de filosofía, panfletos, películas, cuentos, periódicos, todo debe pasar por las manos de un novelista:

“La novela, el cuadro o la estatua participarán de la sustancia de la pobreza y la verdad en la medida en que aquella (el autor) sea una buena inteligencia.”

 

 


 


JAMES CAMINA POR LAS CALLES DE LONDRES

 


         Henry james gustaba caminar por las calles de Londres. Lo hacía, dice, “por ejercicio, por diversión,  por adquisición y, sobre todo siempre regresaba caminando a casa al termino del día cuando había pasado la tarde en otra parte, que era lo más frecuente.”

Novelista estadounidense nació en 1843 y en 1915 obtuvo la nacionalidad  inglesa. Henry fue el hermano menor del conocido filósofo William James.

Caminaba en tanto observaba lo que vivía  Londres en sus calles. Logró abundantes “apuntes”. A eso se refiere con lo de “adquisición”, lo que significa oro molido para un novelista.

Una de sus novelas se conoce con el título de Roderick Hudson. Que es como su alter ego. De este personaje de su creación dice: “Había tenido durante mucho tiempo, en todo caso, mi pequeño y oscuro observador del “mundo de Londres”; lo vi deambular, vagar y añorar, vi todas las pasiones desconcertantes que pudieran fermentar en él  una vez que se hiciese lo suficientemente reflexivo y desheredado.”

Caminar por las calles de la ciudad, como ejercicio, es una práctica que pocos llevan a cabo. El país ocupa los primeros lugares de obesidad en el mundo y todo el rosario de enfermedades que de eso se desprende.

                                                     Caminar es mejor que correr

                  Del libro Técnica alpina de Manuel Sánchez y Armando Altamira

                                                Editado por la U. N. A. M. 1978


El gobierno de la Ciudad de México ha instalado, al menos el rumbo que conocemos,  aparatos al aire libre diseñados para los ejercicios corporales (son minigimnasios al aire libre) pero su utilización o es nula o no pasa del veinte  por ciento, para decir de alguna manera el olvido o la indiferencia que se tienen de parte de la población.

Impedido, el alpinista, de ir a las montañas, tan frecuentemente como se quisiera, caminar por las calles, entre tanto, como lo hizo James, es la mejor opción.

La sociedad urbana, y su cultura industrial, está lejos, por definición,  de tener los horizontes naturales de la cordillera, pero al menos no es tan artificial como los gimnasios cerrados.

A estos les falta el sol, el viento, la lluvia, el frío, el calor. Todo eso que pone en juego nuestros mecanismos naturales de adaptación en las cambiantes condiciones atmosféricas de las montañas.

Sin pasar a segundo lugar los valores  subjetivos que vive el caminante de los bosques que son del ámbito de la filosofía. 

¿Filosofía? Es ese afán de pensar en los valores de trascendencia que cada vez se les frecuentan menos  en la medida que la economía de mercado crece.

               Pensar en los valores de trascendencia que  se  frecuentan menos  en la                                 medida que la economía de mercado crece

                              Tomado de El País,11 de agosto de 2018


Los gimnasios son un buen, hasta excelente,  recurso para otros fines de ejercitar el cuerpo pero para un alpinista son burbujas artificiales nada  lógicas.

Queda el otro recurso de los grandes parques de la ciudad para trotar y correr. El ejemplo de grades corredores de largas distancias como los maratones, o más, debieran hacernos pensar en el  hecho que algunos de ellos acabaron con las rodillas en mal estado, por no decir hechas polvo…

Ahora nos parecemos, de algún modo, más a un edifico o a los semáforos de la esquina, que cuando en  la edad de piedra deambulábamos por  las montañas o los bosques.

 El    mimetismo, esa habilidad que algunos animales poseen para parecer semejantes a otros organismos o al lugar en donde se encuentran. ¿Por qué el humano tendría que escapar, voluntariamente o no, a ese recurso de “camuflarse” si así lo ha dispuesto la Naturaleza?

Como sea, conviene tener conciencia que todavía en México se puede caminar a pie libremente por las calles de la ciudad sin que sea delito. En otros países sólo se viaja en una clase u otra de trasporte. El que  no lo hace es considerado  como un delincuente.

¡Caminemos, pues, mientras exista  esa libertad!

 

 

 


CICERÓN, ¿FILOSOFIA O MIGRAÑA?

 

Cicerón se siente atormentado por el poder. Señala como principal culpable a Cayo Julio Cesar que se ha elevado sobre todos y ahora sólo su voz se escucha.

 

Lo dice en su libro Los Oficios.

 

Cicerón no dispone ya de la tribuna para defender a la república. Es cuando encuentra refugio en la filosofía.

Años de su juventud empleó en estudiar a los diferentes pensadores griegos, con preferencia de Sócrates, Platón y Aristóteles.

 

Habitualmente su profesión de las leyes lo tenía ocupado pero en algún rato libre se apresuraba a volver a la filosofía. Con todo el tiempo disponible, ahora, en el destierro voluntario, le escribe a su hijo Marco, y le dice que su único consuelo es la filosofía. Marco, se encontraba a la sazón estudiando en Atenas con el filósofo Cratipo.

 

Hombre  de poder, y sabio, por haber formado parte del senado romano, Cicerón conoce de primera mano, en él mismo y en los demás de su nivel político, la dialéctica o yuxtaposición para vivir en un sano equilibrio: la abundancia, el poder, la riqueza, el decoro, la honestidad y (la disyuntiva clave por la que entregará su alma al diablo o vivirá en paz): el juicio de la elección.

 

Una disyuntiva que se topa con ella todo aquel que, en todos los tiempos, paralelos y meridianos, tiene algún poder de mando (y manos libres en el presupuesto).

 

El infierno, dice el poeta Virgilio a Dante, el infierno está repleto de  estos personajes. No por haber tenido el mando y el oro, cosas inanimadas, moldeables, como la cantera en manos del escultor, sino por el uso que hicieron del poder y el presupuesto.

 

Cicerón no condena la riqueza a ultranza, como hará el cristianismo, solo el uso que de ella se hace. El repudio a la riqueza es el barro donde se nutren las revoluciones.  Lo que Cicerón hace es una advertencia a los ricos que mejor será acabar con la pobreza.

¡Dos utopías por los siglos de los siglos!

 

Oro y poder son vistos por Cicerón como los sanos  alimentos que no tienen que ver con la medida que de ellos requiere el glotón.

 

Lo útil y lo honesto (por justo) es el binomio del buen vivir en paz para Cicerón y no pueden separarse uno del otro.

 

Se apresura advertir que hay zorros que tergiversan los valores: “Más los que no conocen bien esta verdad se dejan preocupar de algunos hombres artificiosos y astutos y califican la malicia de sabiduría”.

 

La filosofía se tiene como una “opción para leer” en los tiempos del coronavirus, y no morir de aburrimiento, cuando ya van más de cien días de destierro involuntario en las cuatro paredes de la propia  habitación.

 

O hacer como Thoreau, que se fue a vivir (por dos años) a los bosques lejanos y desconocidos, donde no hay migrañas ni virus patógenos…

 

Hay cosas primordiales que se tienen como opciones. Ejemplo  la geología que es la disciplina de la ciencia que estudia lo relativo a la constitución del planeta pero, ¿a quién le interesa lo que pasa un centímetro por debajo de la suela de nuestros zapatos?

 

Parecido sucede con la filosofía. La filosofía  es la respuesta, o más bien una serie de interrogaciones, respecto de la vida material, intelectual y espiritual del humano. Puede quitar de sufrir a los que padecen migrañas.

 

La filosofía es el arrecife de donde se alimentan la novela, el ensayo, la psicología y el  periodismo de altura. ¡Aunque pocos confiesan sus fuentes!

 

No se trata de meterse en el callejón filosófico que lleva por nombre “aporía”: las preguntas sobre la vida hace  veinticinco siglos que se formulan desde la filosofía  y, a la fecha, “nadie sabe”, aunque hay cien parecerse. ¡Todos dignos de conocerse a fondo!

 

El “Callejón Aporía” es como las cincuenta variaciones sobre un tema de Beethoven. O como escribió Plutarco de la virtud: “No hay más que una virtud con varios nombres.”

 

En todo caso, como dijo John Berryman en una entrevista sobre su obra literaria: “No me refiero a la idea de que todo el mundo quiera ser presidente de los Estados Unidos o tener un millón de dólares... La mayor parte de la gente sólo quiere bajar a la cantina y beber un vaso de cerveza. Son felices.”

 

Empero, como por ahora no se puede volver del destierro involuntario de la propia habitación, y bajar a la cantina, hay la “opción” de leer a los Presocráticos. O más acá, al mismo Cicerón.

 

WAHL, LA DIALECTICA EN EL MODO DE VER EL MUNDO: VALORES Y CACHIVACHES


Trajimos del desierto de Altar una rama de unos cinco centímetros. En ella estaba un animalito que apenas pudimos distinguir de tan pequeño. ´

Manuel Sánchez (coautor del primer libro de Técnica Alpina, escrito e ilustrado en el país por mexicanos, UNAM 1978) se empeñó en traerla, la metió en un frasquito y cargó con él en toda la travesía.

En México, la ciudad, lo pusimos bajo la torreta del microscopio. Luego, para apreciar mejor los detalles, cambiamos a un objetivo (lente) de mayor acercamiento.

En la misma rama se movía otro animal que jamás habríamos visto a simple vista de tan pequeño.
Hay mundos, o niveles, que están fuera de nuestra percepción.

Yo no puedo ver los átomos ni me los imagino. Lucrecio, hace más de veinte siglos, escribió una obra de trescientas páginas describiéndolos. Unos son lisos,-dice-  y otros son redondos, otros duros y otros maleables.

¿Coronavirus? Mi casa es amplia y podemos permanecer holgadamente los que la habitamos medio año o más sin salir de ella. Los víveres los pedimos por teléfono y  son rigurosamente saneados, en la salita, de la entrada antes de llegar a la cocina.

Un amigo mío, lo conocí hace un lustro cuando ascendimos el monte Tacaná (4,092m), frontera de México y Guatemala.

 Vendía periódicos en las esquinas. En el mejor de los casos sus ganancias  económicas eran magras. Cuando las calles se quedaron solas, por lo de la epidemia, cerraron los periódicos. Además se le veía como un agente de seguro  contagio al repartir los diarios.

No  volví a verlo. Encerrado en sus dos cuartos, que era toda la  vivienda de la familia, esperaron inútilmente que, tanto los átomos de Lucrecio, como los los noúmenos de Leibniz, les llevaran comida. De la precarista vecindad donde vivía, me dijeron, se fue a buscar lugar a una de las ciudades perdidas de la gran ciudad centroamericana.

La Muerte es la más antidemocrática de las dimensiones metafísicas.  Las epidemias no son como la “comadre” (la Muerte) de Macario, el del cuento, que se lleva a todos por igual. ¡Lo que se le ocurre a los escritores!

En la realidad la Muerte  respeta a los ricos (los deja para después) y se lleva primero, por carretonadas)) a los  mal alimentados o a los que viven en hacinamientos insalubres.

La siguiente ocasión que oigas que la Muerte se lleva a  todos por parejo de seguro que se trata de uno de eso que escriben por encargo, de algún partido político, o alguna secta cultural.

No puedo ver los átomos, como Lucrecio, pero tampoco puedo ver a Dios. San Agustín  hablaba con Jesucristo como si lo tuviera enfrente. Le decía que, después de haber caminado mucho, y conocido modos y más modos de pensar de los filósofos (en especial a Platón), ya estaba listo para seguirlo pero…le gustaba mucho el mundo y en especial las mujeres… Escribió dos libros en este soliloquio frente a la  divinidad.

Jean Wahl le da una repasada a las diferentes teorías que los filósofos han tenido a lo largo de los siglos de la idea de la causalidad: Aristóteles, Maine de Biran, Gabriel Marcel, Merleau-Ponty, Bergson…  

Causalidad, un antes y un después, la bola de billar le pega a la otra bola. Con el taco en la mano yo sé que si le pego a ésta voy a impactar a la bola de más allá.

Pero no me detengo a pensar que eso sucede en diferentes momentos en una dimensión que se llama tiempo, espacio y vacío.

 Vacío, entre una cosa material y otra, es una idea que traía de cabeza a  Lucrecio y después, ese dolor de cabeza, lo heredaron los filósofos posteriores.  Algunos escritores han llegado a creer que el vacío, que está en todas partes,  es el avatar (el nagual, decimos en México) de Dios.

Wahl:
“La idea de causalidad es verdadera  para nosotros porque es verdadera a nuestro nivel. Lo que no quiere decir que sea falsa. Quiere decir exclusiva y rigurosamente que es verdadera a nuestro nivel.”

Tlamatzinco: RECORDANDO A REVILLA, GUÍA ALPINO DE PACHUCA, DONDE ...
La dificultad en la ascensión  radica sólo en quien contempla, a su nivel, la montaña

Un poeta, Ezra Pound, por ejemplo, es incomprendido y criticado porque  el crítico lo ve desde su nivel, no el de Pound.

Una teoría filosófica, Kant, Aristóteles,  Hegel, Maine de Biran, Gabriel Marcel, Merleau-Ponty, Bergson…es criticada porque el crítico piensa a su nivel, no en el nivel  del autor criticado.Lo que no quiere decir que sea falsa. Quiere decir exclusiva y rigurosamente que es verdadera a nuestro nivel.”

De la misma manera, la economía,  la sociología, la política y demás son reales  a nuestro nivel de percepción. Sé de memoria veinte versículos de la Biblia y ya me siento teólogo. Veinte versículos es toda mi teología. Ese es mi nivel.

Hace ya un siglo que se hacen en el mundo películas de todo tipo. Fuera de mi tema las otras me parecen tiempo  perdido sentarse a verlas. ¡Zombis, extraterrestres, psicológicas, balazos al por mayor, megasexuales, deprimentes, vampiros. Hay grandes públicos  para cada uno de estos temas. Me cuidaría mucho de ponerles un adjetivo. Sólo decir que están en un tema  o nivel que no es el  mío.

Y es a nuestro nivel como vemos asuntos como la belleza, la dificultad para subir una montaña, manejar en carretera o el matrimonio.

La dificultad en la ascensión  radica sólo en quien contempla, a su nivel, la montaña.

 En el siglo diecinueve los guías alpinos veían al monte Cervino (entre Italia y Suiza) como un lugar habitado por demonios y por lo tanto imposible de escalar. Edward Whymper insistía en que sí era posible subirlo por primera vez. Ya sabemos que al final lo logró.

 La cosa que nos parece bella, de la misma manera, nada tiene que ver en el asunto. La belleza, considerada por algunos filósofos como cosa en sí, esto es, fuera del tiempo, del espacio y del vacío, vive en los valores eternos.
En la economía de mercado   la belleza es  votada en la asamblea, en el “certamen de belleza” o en la subasta de ver quién da más, se mueve en el terreno del utilitarismo.

Hablando de algún aspecto del cine,  Mailer escribió: “han ingresado en los engranajes de la manipulación de las grandes instituciones.” Pontificaciones conversaciones con Norman Mailer. Editorial Celtia, Buenos Aires, Argentina, 1983.

El  matrimonio occidental,  monógamo, sigue el mismo patrón. La familia  se considera el fundamento de la sociedad y se funda en los valores de trascendencia, la tradición y la historia.

El individuo es el que actuará a su nivel, ortodoxo o heterodoxo, monógamo, polígamo o de relativismo sexual...

Otro  amigo mío maneja autobuses de pasajeros de Ciudad Juárez, Chihuahua, hasta Mérida, Yucatán. De punta a punta el país. Dos mil kilómetros. Ida y vuelta y otra vez ida y vuelta…

Le pregunté qué carretera es la más peligrosa. Ninguna carretera es peligrosa-me contestó- sino rebasas los señalamientos. El peligro, o no, está en el que maneja. Cada quien ve la carretera a su nivel. La carretera nada tiene que ver en esto.

Protágoras decía, antes de nuestra era,  que las cosas son como se ven. Quería decir que hay existencias pero no esencias. Protágoras es uno de los inspiradores de la filosofía nietzscheana. Nietzsche dice que no hay que andar buscando debajo de las piedras cosas que no existen.

Nosotros nos preguntamos cómo ve las cosas el que las ve. El microscopio “ve” lo que nosotros no podemos ver a mera vista. El tiempo para un físico no es el mismo que para el criterio común. Nietzsche veía solo piedras.

En el  Pico de Orizaba (5,700m), México, se han registrado muchos accidentes mortales al subir por su glaciar del norte, conocido como Jamapa. Su superficie, llana y despejada, cautiva a los alpinistas, aun a los experimentados. En su bucólica superficie han rescatado cuerpos de hasta medio siglo de permanecer en ese lugar. Ven, como Nietzsche, sólo la superficie, no las grietas que subyacen.

Los filósofos insisten en que nos proyectamos nosotros mismos en las cosas. Voy a la tienda de autoservicio y echo en el carrito lo que a mí me gusta de lo que necesito.

A la vez mi yo hace un ejercicio  al no dejarse seducir por la ciencia de la mercadotecnia que llenaría de cosas innecesarias el desván de mi casa. ¡La mercadotecnia quiere llevarme a su nivel!

Pienso que esto vale para las cuestiones subjetivas del amor. Mi desván sentimental también puede llenarse de cachivaches…Se llenará, como en el caso de las carreteras, si rebaso los señalamientos…





Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores