La filosofía es como el
arrecife en el mar: todos comen de ella
: psiquiatras, poetas, ensayistas, novelistas…
Aunque bien pocos revelan “sus fuentes”.
Luego de leer a los filósofos
modernos es necesario volver a los clásicos de la antigüedad griega para
reencontrar la coherencia.
Séneca habla al hombre de
banqueta de todos los días, Le relata lo que él ha observado de la ira, de lo
superfluo, de la amistad, de la vejez.
No se detiene a elucubrar si
la nada es o no es, si el en sí está dentro de la fenomenología o fuera del
tiempo, si el anhelo de libertad es motivado por la angustia de un pecado que
él no cometió, no niega la tradición al negar la realidad del pretérito.
¿Filosofía? Un pleito de
compadres de alto nivel en la cancha de futbol con la portería del Romanticismo
y la otra portería de la Ilustración.
A semejanza del “efecto
cucaracha”, o “chapulines” saltamontes,
como decimos en México, en la política
de partidos, los filósofos de aquí se
van con los de allá y los de allá ahora están con los de acá.
Los postulados que se defendieron con tanto ahínco, en un mismo
pensador, quedaron como “escritos de Juventud”. Los arquetipos que arrancan de
los tiempos prehistóricos que van a dar lo que conocemos como presocráticos y
luego la triada Sócrates, Platón y Aristóteles.
No es necesario retroceder
hasta los grandes pensadores de la remota Hélade griega. En el camino
encontramos a los prácticos pensadores romanos, tan prácticos como escasos.
No es el materialismo de Demócrito
con los átomos de última frontera. Lo inmaterial en Séneca, como la belleza, el
amor, no reside en el cerebro según la cantidad de oxígeno, neuronas,
aminoácidos esenciales...
Sí en un cielo con deidades
antropomorfas que, se reservan la últimas palabra que acá abajo se conoce como
destino, azar, hado, la muerte de todos
lo que nace…
Hombre de inmensa fortuna material,
soldado, parte del círculo íntimo del poder romano, por haber sido instructor
del niño Calígula, figura muy conocedora de los pasillos de la corte y de los
tribunales, Séneca llegó a penetrar mucho en el modo de pensar y vivir de los
hombre de todos los niveles de la sociedad de su tiempo, desde los esclavos
hasta el emperador y los miembros del Senado, del que también era parte.
Séneca no hace retratos humanos
como Juan de la Bruyere O José Ingenieros. El esfuerzo intelectual de Séneca va
encaminado siempre buscando la senda en el que el humano pueda encontrar la paz
en su vida. No habla de superhombre ni de hombres mediocres, como lo hacen
Nietzsche y José Ingenieros.
Busca la famosa ataraxia, tan difícil de
encontrar ya en el imperio romano de su tiempo, como en el mundo del 2026 con
la guerra de aranceles.
Séneca va en sentido contrario
del espíritu que llena las calles darwinizadas de la ciudad: “Los hombres han
nacido para la sociedad, la cual no subsistiría sin apoyo mutuo y benevolente
de que la componen”. Coincide con Chesterton para quien la sociedad, no la
violencia, propició el avance de la humanidad.
El filósofo Séneca no habla
para ser oído y leído sólo por filósofos en conferencias, seminarios y
congresos. A modo de monólogo, en epístola a su amigo Lucilio, expone diversos
temas de la manera más sencilla.
Como lo hacen sus
contemporáneo y también romanos Marco Tulio Cicerón y Marco Aurelio como
Montaigne lo hará siglo más adelante.
El olvido de algunas cosas,
situaciones o nombres, tanto la filosofía como la psicología lo dirían en sendos párrafos. Séneca sólo dice: “ Me sucede como los libros
viejos, que se les pegan las hojas”.
“Lucio Anneo Séneca[a]
(Corduba, 4 a. C.-Roma, 65 d. C.), llamado Séneca el Joven para distinguirlo de
su padre, fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus
obras de carácter moral. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue cuestor,
pretor, senador y cónsul sufecto durante los gobiernos de Tiberio, Calígula,
Claudio y Nerón, además de tutor y consejero de este último emperador.[2][3]
Su papel de tutor durante la infancia de Nerón es representado en la famosa
obra de teatro Britannicus de Racine.”
Wikipedia
Lector frecuente de Zenón de
Citio, fundador de la filosofía estoica, Séneca pugna porque el hombre se haga
a si mismo, a diferencia de lo religioso que espera ver si el cielo, selectivo,
lo favoreció dándole fe de creer, o no.
El pensamiento de Séneca es
prácticamente el mismo que el del cristianismo. Sólo que Séneca nació 4 años
antes de Jesús. Su ideario ya estaba maduro, publicado y ampliamente conocido,
en los círculos hasta arriba, al tiempo que los cristianos recién llegados a
Roma, aun se escondían en las catacumbas, colonizando la mente de los romanos
desde abajo.
Tan parecido resultó el
pensamiento cristiano al del estoico Séneca, que tiempo después, con la Iglesia
ya victoriosa de la Edad Media, se esparció
el sofisma que San Pablo había
convertido a Séneca a la nueva religión.
El Pais,14 de octubre de 2014
Más factible que algunos trabajos de Seneca hayan caído en manos de San Pablo ya en la cárcel mamertina.
En todo caso Séneca es de esos pensadores que, por su modo de pensar y exponer las ideas, tiene la virtud de hacer de la lectura de la filosofía tal vez la más bella y edificante de las ocupaciones con las que el humano puede acompañar su vida.


