Las Troyanas es el tema de las mujeres que sobreviven a la guerra pero en el lado que ha perdido la contienda. Humilladas, repartidas como sirvientas y esclavas sexuales. Y de los niños que son arrancados de sus padres ya muertos en la contienda y de sus madres cautivas. Por lo general asesinados para que crecidos no tomen la revancha.
En esta obra se enfrentan Hécuba, madre de Héctor y de Paris (también llamado Alejandro), y Elena. Ya ha caído Troya y los generales griegos s e reparten el botín humano. Hécuba, la ex reina de Troya, esposa de Príamo, ya vieja, irá de esclava al palacio de Menelao.
Elena es condenada a muerte por su esposo Menelao, al que abandonó por seguir a Paris a Troya. No quiere cambiar palabras con ella y le pide a Hécuba en su nombre hable con Elena. Elena en su defensa dice que no fue culpa suya seguir a Paris, sino obra de la diosa Cipris, que la arrojó a tomar esa decisión.
Hécuba, resentida con ella porque fue culpa de Elena que los griegos destruyeran Troya, dieran muerte a su esposo, a Héctor y a Paris sus hijos, perdiera a Andrómaca y a Casandra, sus hijas, le reprende sin miramientos. Dice frente a Menelao que cuando en los combates ganaban Troya Elena se alegraba y decía cosas despectivas de Menelao. Cuando los griegos ganaban Elena se alegraba y ponderaba su valor para atormentar a Paris. Ese era el juego de la bella Helena. Amaba a Paris pero ahora que éste ha muerto dice que fue a Troya contra su voluntad y extrañando siempre a Menelao.
“No fue Cipris sino tu ligereza que hizo abandonar el lecho de tu esposo Menelao”. Éste apoya las palabras de Hécuba: “Buscando extraño tálamo dejó por su gusto el hogar. Mezclar a Cipris en el asunto es necia petulancia suya”.
Elena, como la Malinche en México, heroína de Hernán Cortés y de los tlaxcaltecas, es una de esas mujeres muy protagónicas en la historia, en determinado momento, a costa de una posteridad desoladora. Elena dice: “Y lo que fuera un mérito, resultó para mí una afrenta. Una corona merecía yo: me dieron maldición de infamia”.
Bellas y trágicas son las palabras que Hécuba pronuncia ante su nieto, hijo de Héctor, ambos muertos ya. Por temor a que el niño, una vez crecido, tomara revancha contra los griegos y reconstruyere Troya, lo mataron arrojándolo desde lo alto de las torres de la ciudad. Es un tema que los niños viven en todas las guerras. Mueren antes de tener conciencia de lo que está sucediendo. Hécuba se dirige al cadáver de su nieto: “¡Bella cabeza, noble cabellera, con que esmero tu madre la arreglaba, la que mil veces en ternura besó…Roto tu cráneo, mana sangre aun y de tus huesos brota toda inmundicia…” Y agrega: “La que sea madre, llore”.
Destruida Troya, los griegos vencedores regresan a su patria. Uno a uno irá muriendo de manera nada heroica. Hécuba pronuncia en su dolor unas palabras que advierten de lo azaroso de la vida: “¡vano y loco es el hombre que en la dicha se deleita creyendo que es segura!”
Y Hécuba declara aun cuál es el precio de la inmortalidad para las naciones, como Troya, como Cartago, como México-Tenochtitlán y como Roma misma: “¡Troya, la grande entre los pueblos barbaros: muy en breve habrás perdido tu renombre orgulloso! Te hacen arder, te arrancan tus hijas para hacerla esclavas”.
Tom Wolfe recuerda el movimiento hippy
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| Tom Wolfe |
Se diagnosticaba que esos niños tenían una alteración a la que se le llamó “trastorno por déficit de atención” TDA. Algo así como una dolencia física neurológica. Una generación atrás los niños, jóvenes y aun adultos, pasaban las horas jugando “futbolito”. Un contendiente de cada lado de la mesa manipulando las barras de los pequeños jugadores de plomo para meter en la portería el minúsculo balón de plástico. Entre tanto otros muchachos observando el encuentro esperando que uno perdiera para entrar a sustituirlo. Como hacen los “retas” en el frontón. Nadie dijo entonces que tal actividad lúdica fuera una patología individual y social.
En los noventas la euforia del futbolito había pasado. En su lugar estaban ahora las tremendamente movidas caricaturas de la televisión y los videojuegos en los comercios de la calle. Para paliar esta actividad, considerada ya como alteración de la conducta, se empezó a tratar a los niños con un fármaco. En su libro El periodismo canalla, Tom Wolfe escribe: “a lo largo y ancho del país encontramos una generación entera de niños, cientos de miles de niños, tratados con el fármaco mágico contra el TDA: Ratilín, el nombre comercial que en Estados Unidos los laboratorios CIBA-Geneva han dado al estimulante metilfenidato”.
Agrega que él se enteró de la existencia del Ratilín en 1966, en San Francisco, mientras investigaba para un libro sobre el movimiento psicodélico que el mundo conoció como “hippy”. Cierta parte del género hippy era conocida como “Monstruo de las anfetaminas” y un subgrupo de este “Monstruo” se hacía llamar “Ratilín Head”:
Añade:
“A los Ratilín Head les chiflaba el Ratilín. Era fácil verlos sumidos en el éxtasis de un viaje con Ratilín. Ni un movimiento, ni un parpadeo. Permanecían inmóviles, absortos en cualquier cosa. Una boca de alcantarilla, la línea de sus propias manos-indefinidamente…entre una comida y otra, durante largos periodos del insomnio…El nirvana absoluto del metilfenidato…Entre 1990 y 1995, las ventas de Ratilín se incrementaron un seiscientos por ciento, y no porque aumentara el apetito de esta subfamilia de Speed Freaks en San Francisco, sino porque una generación entera de niños estadounidenses, desde los alumnos , de las mejores escuelas privadas del nordeste hasta los de las misérrimas escuelas públicas de Los Ángeles y San Diego, estaban enganchados al metilfenidato, diligentemente administrado a diario por sus camellos particulares, las enfermeras de los colegios”.
A Tom Wolfe se le ha llamado en Estados Unidos como el padre del nuevo periodismo.Escribe respecto de los más polémicos temas por los que atraviesa la sociedad y como novelista alerta del descenso de la narrativa norteamericana.
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reseña de libros
Un paranoico llamado Ezra Pound
Título: Ezra Pound
Editorial Mondadori
1999
Madrid
En esta edición encontramos los siguientes datos biográficos de Pound.
Nació en Hailey, en el estado de Idaho (Estados Unidos) en 1885. A partir de 1906, se estableció en Europa, principalmente en Italia e Inglaterra. Desde ahí promovió dos grandes movimientos de vanguardia que fueron el imaginismo y el vorticismo.
A finales de la segunda guerra mundial fue acusado de alta traición y detenido por los aliados en Italia. En 1946, tras ser declarado paranoico, fue internado en un sanatorio mental en Washington. En 1958 regresó a Europa y murió en Venecia en 1972.
De su creación literaria se destaca Cantos (1970) considerada la epopeya en lengua inglesa más importante del siglo veinte. Se dice que a ella dedicó cuarenta y cinco años de su vida. Exploró varias tradiciones poéticas entre ellas la china y la provenzal. De alguna manera ayudó a jóvenes autores como T.S. Eliot y James Joyce.
Fragmentos:
¡Oh Dios! ¡Oh Venus! ¡Oh Mercurio, patrón de los ladrones! Déjame un pequeño estanco,
O establéceme un pequeño estanco,
O establéceme en cualquier profesión
Que no sea esta maldita profesión de escritor,
En donde uno necesita devanarse los sesos todo el tiempo.
Y todo esto se acaba.
Y no lo veremos más.
Y nos emborrachábamos un mes tras otro, olvidando a reyes y príncipes
Nuestra tristeza es amarga, pero no queremos volver a nuestro país.
De qué sirve hablar, hablar no lleva a ningún sitio, las cosas del corazón no conducen a ninguna parte.
Y las muchachas vestidas de bermellón se emborrachaban en la tarde
Y también Lí Po murió borracho.
Intentó abrazar a la luna
En el río Amarillo.
Pero sobre todo, ve a la gente práctica…
¡Ve! ¡Llama a sus timbres!
Diles que no trabajas
Y que vivirás para siempre
Los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Una inteligencia media…con un pensamiento menos cada año.
A un libro se lo conoce conociendo a quienes lo leen
Editorial Mondadori
1999
Madrid
En esta edición encontramos los siguientes datos biográficos de Pound.
Nació en Hailey, en el estado de Idaho (Estados Unidos) en 1885. A partir de 1906, se estableció en Europa, principalmente en Italia e Inglaterra. Desde ahí promovió dos grandes movimientos de vanguardia que fueron el imaginismo y el vorticismo.
A finales de la segunda guerra mundial fue acusado de alta traición y detenido por los aliados en Italia. En 1946, tras ser declarado paranoico, fue internado en un sanatorio mental en Washington. En 1958 regresó a Europa y murió en Venecia en 1972.
De su creación literaria se destaca Cantos (1970) considerada la epopeya en lengua inglesa más importante del siglo veinte. Se dice que a ella dedicó cuarenta y cinco años de su vida. Exploró varias tradiciones poéticas entre ellas la china y la provenzal. De alguna manera ayudó a jóvenes autores como T.S. Eliot y James Joyce.
Fragmentos:
¡Oh Dios! ¡Oh Venus! ¡Oh Mercurio, patrón de los ladrones! Déjame un pequeño estanco,
O establéceme un pequeño estanco,
O establéceme en cualquier profesión
Que no sea esta maldita profesión de escritor,
En donde uno necesita devanarse los sesos todo el tiempo.
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| Dibujo de Máx, tomado del diario El País,29/08/15 |
Y todo esto se acaba.
Y no lo veremos más.
Y nos emborrachábamos un mes tras otro, olvidando a reyes y príncipes
Nuestra tristeza es amarga, pero no queremos volver a nuestro país.
De qué sirve hablar, hablar no lleva a ningún sitio, las cosas del corazón no conducen a ninguna parte.
Y las muchachas vestidas de bermellón se emborrachaban en la tarde
Y también Lí Po murió borracho.
Intentó abrazar a la luna
En el río Amarillo.
Pero sobre todo, ve a la gente práctica…
¡Ve! ¡Llama a sus timbres!
Diles que no trabajas
Y que vivirás para siempre
Los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Una inteligencia media…con un pensamiento menos cada año.
A un libro se lo conoce conociendo a quienes lo leen
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reseña de libros
Eurípides y Los Suplicantes
“Aprender a usar la victoria” es una frase que se dijo hace veinticuatro siglos. No se le hizo caso al poeta, declarado por algunos eruditos como el poeta trágico pacifista y, por todos lados vemos guerras que buscaba tomarse la revancha.
Al dialogar Teseo, rey de Atenas, con Adrastro, rey de Argos, le ruega le entregue los cuerpos de los guerreros muertos al intentar conquistar la ciudad de Tebas. Han fallado en el intento y ahora los cadáveres yacen esparcidos por el suelo y son devorados por los animales. Creón es el gobernante de la ciudad de Cadmo, ante cuyas murallas se encuentran tirados los cadáveres y es el que se opone a entregarlos. Una ley en Grecia mandaba que a los muertos se les diera sepultura, pero los de Argos se oponen a tal cosa. Y con ese empecinamiento, y apoyados en su fuerza, porque han vencido, no hacen caso de la ley. Etra, madre de Teseo, rey de Atenas, dice algo de lo cual nadie hace caso en muchas partes: “Quien respeta las leyes, salva al pueblo”. No que las manipule, que las respete.
Teseo, extrañado porque no les entregan los cadáveres, pregunta la causa. Es cuando Adrastro le responde: “Aun no aprenden a usar la victoria”.
Eurípides ofrece en este lugar una excelente página de los temas dictadura- democracia. El asunto no es el leit motiv de la mencionada tragedia pero de alguna manera el autor encontró el lugar para ofrecernos su punto de vista. Es el tema que se ha discutido por los siglos y es el modo de gobernar un pueblo: deben gobernar muchos o sólo uno debe gobernar. Sabemos que escritores de uno y otro modo de pensar han compuesto sendos tratados defendiendo un sistema y condenado el otro modo. Sus libros llenarían el Mediterráneo, el Océano Pacifico, el Golfo de México y los hielos de la Antártica. Rousseau habla muy parecido a Eurípides, por ejemplo. En un breve ejercicio dialectico Eurípides nos ofrece ambos pareceres.
El diálogo, en Los Suplicantes, es con motivo que el mensajero de Tebas lleva un comunicado a Teseo, rey de Atenas. Ambas ciudades están a punto de entrar en conflicto y de ahí el tono polémico del dialogo. Teseo ya había dicho al mensajero que él tiene “una monarquía de libres, una ciudad sin trabas y con voto igual” Y sigue:
Yerras desde el principio, extranjero: buscas un rey aquí. Esta ciudad no es gobernada por un solo hombre. Es una ciudad libre. El pueblo reina: uno en pos de otro se van turnando los magistrados cada año. Aquí no hay privilegio para el rico: rico y pobre, tienen el mismo derecho.
Mensajero:
¡Te gano un punto, desde luego, como quien juega a los dados! ¡Sí, la ciudad de donde yo vengo es regida por un solo hombre, no es dominada por la plebe, ni en ella se apoya! No hay ahí quien con jactanciosas palabras soliviante a los hombres y los mueva a su antojo para servir a sus propios fines, a uno o a otro lado. Esos que son ahora el encanto del pueblo, para ser sus desgracias al día siguiente. Para encubrir sus faltas alzan voces contra los rectos y contra lo más sagrado. De ese modo s e libran ellos de merecida pena.
Dime, ¿cómo es posible que un pueblo que ni siquiera puede regular lo que piensa, pueda con rectitud regir una ciudad certeramente? La experiencia del tiempo es la que enseña, no la apresurada precipitación. El que la tierra labra, el hombre pobre, si acaso no es sin ciencia ¿va a dejar los trabajos de que vive para entregarse al régimen de los intereses comunes?
Teseo:
¿Qué hay para el pueblo peor que un tirano? ¡Se acabaron las leyes que escritas sólo quedan! ¡Un hombre solo manda! La ley, es letra muerta. Iguales son ya los hombres. Pero si hay leyes fijas, si gobierna el derecho, tiene el mismo derecho el pobre, como lo tiene el rico. Al de abajo le toca responder y alegar. Y si tiene razón apoyada en derecho, el pobre de abajo vence al rico tan alto. ¿Libertad, dices? ¡Oye, todo el que pueda ,debe dar consejo a su patria, si lo halla justo. ¿Ves, cada uno debe salir a la luz pública, o esconder su grandeza, si le place callarse. ¿Hay acaso algo mejor que esa igualdad?
Y vamos adelante. Donde gobierna y dicta la doctrina del pueblo, ¡cómo se goza al ver que crece y medra la juventud radiante. No el tirano es así, al contrario. Hostil a todo. A los más destacados aborrece. Si tiene su modo de pensar propio, los aniquila. Un solo temor lo domina: el de perder el mando. ¿Puede una ciudad tener fortaleza, si como al campo en plena primavera se le viene a despojar de las espigas? ¡Muerta la vida juvenil, ha muerto todo!.
Mensajero:
La esperanza es un mal enorme: a muchas ciudades las hundió en la ruina: es que irritaron a los enemigos. Cuando en un pueblo se delibera acerca de la guerra, al dar su voto nadie piensa que el mal de ella ha de caer sobre su cabeza: todo el mundo piensa en los otros. ¡Ojalá que al votar tuvieran ante sus ojos la muerte que los amenaza…
Etra, la madre reina, convence a su hijo Teseo, de rescatar los cadáveres: “Iré a salvar a los muertos. Primero, intentaré convencer con palabras. Y si no, por la fuerza de mi lanza tengo que conseguirlo. Y se hará con la ayuda de los dioses”. Chocan los ejércitos: “Y fue terrible el combate: golpe por golpe, ataque por ataque, y la muerte como resultado en ambos ejércitos, Se oían grandes clamores…”
Al final Teseo gana la batalla. Los espartanos de Creón retroceden hacia la ciudad y cierran sus puertas. Los atenienses de Teseo quieren derribar las puertas y comenzar el saqueo y las violaciones. Es cuando Teseo les muestra que él sí sabe hace uso de la victoria: “No he venido a arruinar la ciudad, vine a rescatar a los muertos”.
Es de malandrines no aprovechar la ocasión para la paz: “El que fue bien forjado en su crianza, nunca perpetra cosa vergonzosa…Mínimo es el lapso de la vida: hay que vivirla sin afán alguno y no agravarla con locos infortunios…
Al dialogar Teseo, rey de Atenas, con Adrastro, rey de Argos, le ruega le entregue los cuerpos de los guerreros muertos al intentar conquistar la ciudad de Tebas. Han fallado en el intento y ahora los cadáveres yacen esparcidos por el suelo y son devorados por los animales. Creón es el gobernante de la ciudad de Cadmo, ante cuyas murallas se encuentran tirados los cadáveres y es el que se opone a entregarlos. Una ley en Grecia mandaba que a los muertos se les diera sepultura, pero los de Argos se oponen a tal cosa. Y con ese empecinamiento, y apoyados en su fuerza, porque han vencido, no hacen caso de la ley. Etra, madre de Teseo, rey de Atenas, dice algo de lo cual nadie hace caso en muchas partes: “Quien respeta las leyes, salva al pueblo”. No que las manipule, que las respete.
Teseo, extrañado porque no les entregan los cadáveres, pregunta la causa. Es cuando Adrastro le responde: “Aun no aprenden a usar la victoria”.
Eurípides ofrece en este lugar una excelente página de los temas dictadura- democracia. El asunto no es el leit motiv de la mencionada tragedia pero de alguna manera el autor encontró el lugar para ofrecernos su punto de vista. Es el tema que se ha discutido por los siglos y es el modo de gobernar un pueblo: deben gobernar muchos o sólo uno debe gobernar. Sabemos que escritores de uno y otro modo de pensar han compuesto sendos tratados defendiendo un sistema y condenado el otro modo. Sus libros llenarían el Mediterráneo, el Océano Pacifico, el Golfo de México y los hielos de la Antártica. Rousseau habla muy parecido a Eurípides, por ejemplo. En un breve ejercicio dialectico Eurípides nos ofrece ambos pareceres.
El diálogo, en Los Suplicantes, es con motivo que el mensajero de Tebas lleva un comunicado a Teseo, rey de Atenas. Ambas ciudades están a punto de entrar en conflicto y de ahí el tono polémico del dialogo. Teseo ya había dicho al mensajero que él tiene “una monarquía de libres, una ciudad sin trabas y con voto igual” Y sigue:
Yerras desde el principio, extranjero: buscas un rey aquí. Esta ciudad no es gobernada por un solo hombre. Es una ciudad libre. El pueblo reina: uno en pos de otro se van turnando los magistrados cada año. Aquí no hay privilegio para el rico: rico y pobre, tienen el mismo derecho.
Mensajero:
¡Te gano un punto, desde luego, como quien juega a los dados! ¡Sí, la ciudad de donde yo vengo es regida por un solo hombre, no es dominada por la plebe, ni en ella se apoya! No hay ahí quien con jactanciosas palabras soliviante a los hombres y los mueva a su antojo para servir a sus propios fines, a uno o a otro lado. Esos que son ahora el encanto del pueblo, para ser sus desgracias al día siguiente. Para encubrir sus faltas alzan voces contra los rectos y contra lo más sagrado. De ese modo s e libran ellos de merecida pena.
Dime, ¿cómo es posible que un pueblo que ni siquiera puede regular lo que piensa, pueda con rectitud regir una ciudad certeramente? La experiencia del tiempo es la que enseña, no la apresurada precipitación. El que la tierra labra, el hombre pobre, si acaso no es sin ciencia ¿va a dejar los trabajos de que vive para entregarse al régimen de los intereses comunes?
Teseo:
¿Qué hay para el pueblo peor que un tirano? ¡Se acabaron las leyes que escritas sólo quedan! ¡Un hombre solo manda! La ley, es letra muerta. Iguales son ya los hombres. Pero si hay leyes fijas, si gobierna el derecho, tiene el mismo derecho el pobre, como lo tiene el rico. Al de abajo le toca responder y alegar. Y si tiene razón apoyada en derecho, el pobre de abajo vence al rico tan alto. ¿Libertad, dices? ¡Oye, todo el que pueda ,debe dar consejo a su patria, si lo halla justo. ¿Ves, cada uno debe salir a la luz pública, o esconder su grandeza, si le place callarse. ¿Hay acaso algo mejor que esa igualdad?
Y vamos adelante. Donde gobierna y dicta la doctrina del pueblo, ¡cómo se goza al ver que crece y medra la juventud radiante. No el tirano es así, al contrario. Hostil a todo. A los más destacados aborrece. Si tiene su modo de pensar propio, los aniquila. Un solo temor lo domina: el de perder el mando. ¿Puede una ciudad tener fortaleza, si como al campo en plena primavera se le viene a despojar de las espigas? ¡Muerta la vida juvenil, ha muerto todo!.
Mensajero:
La esperanza es un mal enorme: a muchas ciudades las hundió en la ruina: es que irritaron a los enemigos. Cuando en un pueblo se delibera acerca de la guerra, al dar su voto nadie piensa que el mal de ella ha de caer sobre su cabeza: todo el mundo piensa en los otros. ¡Ojalá que al votar tuvieran ante sus ojos la muerte que los amenaza…
Etra, la madre reina, convence a su hijo Teseo, de rescatar los cadáveres: “Iré a salvar a los muertos. Primero, intentaré convencer con palabras. Y si no, por la fuerza de mi lanza tengo que conseguirlo. Y se hará con la ayuda de los dioses”. Chocan los ejércitos: “Y fue terrible el combate: golpe por golpe, ataque por ataque, y la muerte como resultado en ambos ejércitos, Se oían grandes clamores…”
Al final Teseo gana la batalla. Los espartanos de Creón retroceden hacia la ciudad y cierran sus puertas. Los atenienses de Teseo quieren derribar las puertas y comenzar el saqueo y las violaciones. Es cuando Teseo les muestra que él sí sabe hace uso de la victoria: “No he venido a arruinar la ciudad, vine a rescatar a los muertos”.
Es de malandrines no aprovechar la ocasión para la paz: “El que fue bien forjado en su crianza, nunca perpetra cosa vergonzosa…Mínimo es el lapso de la vida: hay que vivirla sin afán alguno y no agravarla con locos infortunios…
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reseña de libros
Eurípides y Ion, el hijo abandonado y padre de la humanidad
Es uno de los poemas más bellos de Eurípides. Pero es, a su modo, el descubrimiento de ver que la llaga ha sanado después de haber arrancado con gran dolor la costra. ¿Esta apreciación dice algo a la psiquiatría moderna?
Que nadie abra el libro de las obras de Eurípides sino tiene el ánimo, lo suficientemente fuerte, para soportar que el espejo le devuelva una imagen que no es de su agrado. Eurípides es un poeta trágico y, según fama, es el más trágico de los poetas de su tiempo. Sus temas tocan lo más profundo del humano. El que lo lea, sea hombre o mujer, debe esperar una revelación que acaso le repugne. Pero parece que es haciendo, y no eludiendo, como se llega a la cura.
Todos los días alguien abandona un niño recién nacido o se decide por algo peor antes de que el niño nazca. Puede ser una recomendación legítima de la ciencia médica luego de estudios muy especializados, o bien puede deberse por uno y mil argumentos de orden social o económico. Como sea, ese recuerdo ya no abandonará a la madre ni al padre. En algún momento del ajetreado día, o de la silenciosa noche, el recuerdo volverá. El recuerdo, materializado en alguna patología, lo llevará, un cuarto de siglo más tarde, al confesionario religioso o ante el sillín laico del psiquiatra. O bien engrosará la bolsa del vendedor de drogas prohibidas tratando de aplacará lo que yace allá, en el subconsciente.
Este es el drama de Creusa, la mujer que tuvo relacione ilícitas, quedó embarazada, abandonó al niño y, andando el tiempo, a su esposo, con el que no ha podido tener hijos, se le hizo creer que es hijo suyo. Todo se mueve en la esfera en la que mucho tiene que ver ese dios todo poderoso, Zeus, que jamás pudo controlar su deseo de poseer a las mujeres humanas. Pero si quitamos la presencia de Zeus, ¿acaso hay asunto más humano que éste? ¿Cuántas madres viven el secreto del niño no nato o ver todos los días al padre cuidar a un niño del que no es padre? Eurípides no trata de apedrear a estas mujeres sino comprender la dimensión de su secreto. Creusa lo dice. “¡Él afrenta y ella se atormenta…Ella que padeció tan dura suerte!” Y aun queda la situación del niño que jamás conoció las caricias y los cuidados de una madre y, de una madre que tampoco pudo tener entre sus brazos al niño.
En todo caso todavía no sabemos por qué suceden las cosas. Si son programadas o son producto de la causalidad. Y quién sabe si de algo sirve rogar al cielo esto o aquello. Ion exclama: “Sacar de un dios un bien por la violencia infecundo resulta. Son provechosos sólo los que a su placer nos otorgan”.
Es a través de los sentimientos otra manera en que los inmortales hablan a los mortales. Creusa era una virgen de Atenas que fue forzada sexualmente por el dios Febo (en el relato se le llama Zeus, Febo, Loxias, Apolo) Cuando el niño nació Creusa lo abandonó en una gruta, depositado en un canasto. El dios Febo pidió a un hermano suyo que fuera por el niño y lo depositara a la entrada de su propio santuario. La profetiza del lugar al entrar al recinto vio la canasta en la que estaba el niño. De momento pensó ordenar que lo quitaran de ahí y lo llevaran lejos pero, en ese momento intervino Apolo, el padre del niño, y cambió los sentimientos de la profetiza: “De compasión vencida, quedó inmóvil. ¡Era que el dios venía en ayuda de su hijo para que no fuera echado de su propia casa. Toma al niño y lo salva ella!”. Ahí creció el niño jugando en el santuario y con el tiempo los de la ciudad de Delfos lo hicieron guardián de los tesoros del dios.
Entre tanto Creusa se casó con el guerrero Xutos. Por años el matrimonio no tuvo hijos. En determinado momento se vieron impelidos en ir al santuario de Apolo. Eurípides dice: “Él mismo los llevaba. A su destino los encaminaba”. Xutos y Creusa piden al dios que les de descendencia y Apolo les da a Ion, su propio hijo. Por medio del oráculo tienen la respuesta que a su casa regresarán con un hijo: “Dijo que ni tú ni yo volveríamos a casa sin tener un hijo”. Le hace creer que Ion es de Xutos. De esa manera el niño forma parte de un hogar y la paternidad del dios queda encubierta.
Al dirigirse al dios Creusa no puede evitar hablar a la divinidad con resentimiento, al punto que Ion lo nota y dice: “¿Y por qué esta extranjera con cripticas palabras siempre se dirige al dios con vituperios?”
Como sea, llega un momento en que Ion no entiende qué sucede con la conducta del dios que tiene hijos con las mujeres humanas y después los abandonan: “Hace fuerza a las vírgenes y luego las desdeña. Tiene hijos a hurtadillas, y luego los deja perecer” (el mismo Jesús exclamará en la cruz: “padre por qué me has abandonado”.
Con profunda y lastimosa nostalgia el coro exclama: “¡Son los hijos que acogen sus padres la grata riqueza que, a su vez, a otros hijos habrán de trasmitir!” Hay aquí toda una proposición de temas para la sociología. Y que aun la política de Estado debiera de atender. La consistencia de estas relaciones familiares o la flojedad de las mismas, repercutirán en la suerte de la nación. ¡Por qué preocuparse de un todo si la parte que le toca está erosionada o, a la inversa ¿por qué no? Estos hijos bien recibidos por sus padres “En la desgracia son el apoyo. En la dicha son amor. Cuando la patria esté en peligro, el brillo de su lanza la salvará”.
Más que registros para la sociología es una buena estratagema de guerra al servicio del enemigo: pervertir previamente a la juventud de la nación a vencer y se ahorrarán después muchas vidas y municiones en el campo de batalla. Era un recurso de guerra que los aztecas ya había descubierto. Rezaban a Tezcatlipoca, su dios tutelar, de esta manera, refiriéndose a sus enemigos: “¡Vuélvelos borrachos!”
Xutos sale de consultar al oráculo y está feliz pues le ha revelado que Ion es su hijo.
La intención de Creusa es consultar al oráculo y tener noticias si el niño sobrevivió o murió cuando ella lo abandonó en la caverna. Pero pregunta en tercera persona: “Dicen que se unió con Febo cierta amiga mía”. Hablar en tercera persona, un canasto para el niño abandonado, abandonar al niño a la puerta de un santuario y la figura de la caverna, son imágenes que nos viene desde aquella remota etapa de la cultura griega y que de alguna manera siguen vigentes.
Creusa se entera que su marido Xutos tiene un hijo, y ya crecido, entra en una confusión enorme. Por un lado está la traición de su marido que se acostó con otra mujer, que sería la madre de Ion. Además ese hijo heredará con el tiempo el palacio y el reino de Xutos. Así, el advenedizo un día la desplazará. Una anciana le aconseja que mate a ambos: “hazlos que mueran, tu esposo y su hijo, y no esperes que ellos te den a ti la muerte. Si no te atreves, perdida estás. Dos enemigos bajo un mismo techo, jamás”.
Creusa se decide dar muerte a los dos. Sería en ocasión de un festín que ofrece Xutos para celebrara que tiene un hijo. Creusa le dice a un anciano:” Cuando llegue la hora de hacer las libaciones toma el veneno, escóndelo en tus ropas, viértelo en la copa del joven” En el festín el viejo vierte veneno en la copa de Ion. Pero su padre Febo no lo abandona.
La manera que impide es que en ese momento uno de los invitados lanza un grito. Ion, acostumbrado desde niño, en el santuario, a convivir con los oráculos, interpreta que el grito es una señal de advertencia. Ordena que todos los asistentes arrojen el vino de sus copas al suelo, que estas se laven y las vuelvan a llenar con otro vino. En eso entran volando muchas palomas y, descendiendo, beben del vino esparcido por el suelo. De todas las palomas, sólo una muere y es la que bebió del vino que arrojó Ion. Este sujeta al viejo que le sirvió la copa y lo obliga a decirle el nombre de quién lo envió a matarlo por medio del veneno. El viejo le dice que fue Creusa la que tramó lo de la copa envenenada.
Las autoridades de Delfos deciden que Creusa, aun siendo reina, debe morir por el intento de asesinato. Creusa, al ser descubierto su plan, huye, pero la única manera de salvarse es refugiándose en el santuario del dios Febo. Hasta ahí la sigue Ion para matarla. Cuando la va a herir con su espada nuevamente interviene el dios Febo, por medio de la sacerdotisa. Ésta le entrega el cesto en el que un día fue abandonado Ion. A pesar de haber trascurrido los años se conservan bien, incluso una hoja de olivo no ha perdido su verdor. Creusa se da cuenta que Ion es el hijo que ella abandonó y que creía había sido devorado por las fieras. Creusa le dice que es su madre. Ion piensa que es una estratagema más de Creusa para salvarse de la muerte. Antes de pasarla con la espada la pone a prueba y le pregunta qué con tiene el cesto. Sin verlo Creusa le va diciendo detalle por detalle las cosas del cesto, como un listó bordado por ella pero que no terminó, etc.
Ion se convence que ella es su madre. Se reconcilian, se reconocen madre e hijo y son felices por fin. Pero queda algo pendiente. Creusa ha emprendido el camino de la sanación integral y dice que necesita decirle la verdad a su esposo Xutos, que el hijo no es de él y sí del dios Febo. Porque hasta ahí Xutos cree que Ion es su hijo. También Ion cree que Xutos es su padre, pero Creusa le revela: “Me uní con Febo en secreto enlace”. Ion se siente feliz al saber que también es hijo del dios Febo.
Reconciliados, Ion le pide a su madre que, con toda confianza, le diga la verdad. Porque hay mujeres que conciben de un hombre y luego dicen que un dios la poseyó (o el viento o la luna, o durante un sueño, etc.) . Creusa le dice: “Tu padre es el dios que aquí te ha nutrido. ¡Tu padre es Loxias!”. Ion tiene todavía otra pregunta: “¿Y cómo Loxias, siendo yo su hijo, me da a otro padre? ¿No ha dicho que por Xutos fui engendrado?” Creusa contesta: “No dijo que te engendrara él. Te dará a él solamente”.
Creusa recapacita y le pide a Ion que no se le diga a Xutos el secreto y que éste siga en la creencia que él es el padre de Ion. Y da sus argumentos: “Si te declaran hijo de un dios, nunca pudieras ser acreedor a la herencia, ni siquiera llevar un nombre paterno”. Están en esa indecisión cuando Eurípides introduce en el relato el deu ex machina que resuelve lo que parece que no tiene solución. Aparece la diosa Atena y les impone que guarden el secreto. Eso es necesario porque el dios Febo le tiene reservado a Ion el destino de ser padre de descendencia que gobernará las cercanas y las lejanas naciones de la Tierra. Y esos hijos “Pasarán más tarde a las llanuras de ambos continentes, Asía y Europa, una frente a otra. Y se han de llamar jonios, por el nombre de éste. Y su renombre ha de invadir el mundo”.
Como se ve, esta es una tragedia que no a acaba en tragedia. La tragedia se desarrolló en el corpus de la obra y nos reveló los mil recovecos en los que suelen vivir, en silencio, los mortales. Y sobre todo las mortales. Empero, y esta es otra de las lecciones de la obra, tanta angustia no necesariamente tiene que desembocar en tragedia. Eurípides dice: “Aunque los hombres miren desencadenarse las tormentas del infortunio en su casa, tengan ánimo firme y valiente… ¡Tardía puede ser la justicia de los dioses, pero al fin se realiza!”.
" Los primeros filósofos propiamente dichos aparecieron, como hemos apuntado, en Grecia hacia el siglo VI a.d.C., y se llaman ‘jónicos’ porque surgieron en las colonias griegas de Jonia, en la costa de Asia Menor.
Que nadie abra el libro de las obras de Eurípides sino tiene el ánimo, lo suficientemente fuerte, para soportar que el espejo le devuelva una imagen que no es de su agrado. Eurípides es un poeta trágico y, según fama, es el más trágico de los poetas de su tiempo. Sus temas tocan lo más profundo del humano. El que lo lea, sea hombre o mujer, debe esperar una revelación que acaso le repugne. Pero parece que es haciendo, y no eludiendo, como se llega a la cura.
Todos los días alguien abandona un niño recién nacido o se decide por algo peor antes de que el niño nazca. Puede ser una recomendación legítima de la ciencia médica luego de estudios muy especializados, o bien puede deberse por uno y mil argumentos de orden social o económico. Como sea, ese recuerdo ya no abandonará a la madre ni al padre. En algún momento del ajetreado día, o de la silenciosa noche, el recuerdo volverá. El recuerdo, materializado en alguna patología, lo llevará, un cuarto de siglo más tarde, al confesionario religioso o ante el sillín laico del psiquiatra. O bien engrosará la bolsa del vendedor de drogas prohibidas tratando de aplacará lo que yace allá, en el subconsciente.
Este es el drama de Creusa, la mujer que tuvo relacione ilícitas, quedó embarazada, abandonó al niño y, andando el tiempo, a su esposo, con el que no ha podido tener hijos, se le hizo creer que es hijo suyo. Todo se mueve en la esfera en la que mucho tiene que ver ese dios todo poderoso, Zeus, que jamás pudo controlar su deseo de poseer a las mujeres humanas. Pero si quitamos la presencia de Zeus, ¿acaso hay asunto más humano que éste? ¿Cuántas madres viven el secreto del niño no nato o ver todos los días al padre cuidar a un niño del que no es padre? Eurípides no trata de apedrear a estas mujeres sino comprender la dimensión de su secreto. Creusa lo dice. “¡Él afrenta y ella se atormenta…Ella que padeció tan dura suerte!” Y aun queda la situación del niño que jamás conoció las caricias y los cuidados de una madre y, de una madre que tampoco pudo tener entre sus brazos al niño.
En todo caso todavía no sabemos por qué suceden las cosas. Si son programadas o son producto de la causalidad. Y quién sabe si de algo sirve rogar al cielo esto o aquello. Ion exclama: “Sacar de un dios un bien por la violencia infecundo resulta. Son provechosos sólo los que a su placer nos otorgan”.
Es a través de los sentimientos otra manera en que los inmortales hablan a los mortales. Creusa era una virgen de Atenas que fue forzada sexualmente por el dios Febo (en el relato se le llama Zeus, Febo, Loxias, Apolo) Cuando el niño nació Creusa lo abandonó en una gruta, depositado en un canasto. El dios Febo pidió a un hermano suyo que fuera por el niño y lo depositara a la entrada de su propio santuario. La profetiza del lugar al entrar al recinto vio la canasta en la que estaba el niño. De momento pensó ordenar que lo quitaran de ahí y lo llevaran lejos pero, en ese momento intervino Apolo, el padre del niño, y cambió los sentimientos de la profetiza: “De compasión vencida, quedó inmóvil. ¡Era que el dios venía en ayuda de su hijo para que no fuera echado de su propia casa. Toma al niño y lo salva ella!”. Ahí creció el niño jugando en el santuario y con el tiempo los de la ciudad de Delfos lo hicieron guardián de los tesoros del dios.
Entre tanto Creusa se casó con el guerrero Xutos. Por años el matrimonio no tuvo hijos. En determinado momento se vieron impelidos en ir al santuario de Apolo. Eurípides dice: “Él mismo los llevaba. A su destino los encaminaba”. Xutos y Creusa piden al dios que les de descendencia y Apolo les da a Ion, su propio hijo. Por medio del oráculo tienen la respuesta que a su casa regresarán con un hijo: “Dijo que ni tú ni yo volveríamos a casa sin tener un hijo”. Le hace creer que Ion es de Xutos. De esa manera el niño forma parte de un hogar y la paternidad del dios queda encubierta.
Al dirigirse al dios Creusa no puede evitar hablar a la divinidad con resentimiento, al punto que Ion lo nota y dice: “¿Y por qué esta extranjera con cripticas palabras siempre se dirige al dios con vituperios?”
Como sea, llega un momento en que Ion no entiende qué sucede con la conducta del dios que tiene hijos con las mujeres humanas y después los abandonan: “Hace fuerza a las vírgenes y luego las desdeña. Tiene hijos a hurtadillas, y luego los deja perecer” (el mismo Jesús exclamará en la cruz: “padre por qué me has abandonado”.
Con profunda y lastimosa nostalgia el coro exclama: “¡Son los hijos que acogen sus padres la grata riqueza que, a su vez, a otros hijos habrán de trasmitir!” Hay aquí toda una proposición de temas para la sociología. Y que aun la política de Estado debiera de atender. La consistencia de estas relaciones familiares o la flojedad de las mismas, repercutirán en la suerte de la nación. ¡Por qué preocuparse de un todo si la parte que le toca está erosionada o, a la inversa ¿por qué no? Estos hijos bien recibidos por sus padres “En la desgracia son el apoyo. En la dicha son amor. Cuando la patria esté en peligro, el brillo de su lanza la salvará”.
Más que registros para la sociología es una buena estratagema de guerra al servicio del enemigo: pervertir previamente a la juventud de la nación a vencer y se ahorrarán después muchas vidas y municiones en el campo de batalla. Era un recurso de guerra que los aztecas ya había descubierto. Rezaban a Tezcatlipoca, su dios tutelar, de esta manera, refiriéndose a sus enemigos: “¡Vuélvelos borrachos!”
Xutos sale de consultar al oráculo y está feliz pues le ha revelado que Ion es su hijo.
La intención de Creusa es consultar al oráculo y tener noticias si el niño sobrevivió o murió cuando ella lo abandonó en la caverna. Pero pregunta en tercera persona: “Dicen que se unió con Febo cierta amiga mía”. Hablar en tercera persona, un canasto para el niño abandonado, abandonar al niño a la puerta de un santuario y la figura de la caverna, son imágenes que nos viene desde aquella remota etapa de la cultura griega y que de alguna manera siguen vigentes.
Creusa se entera que su marido Xutos tiene un hijo, y ya crecido, entra en una confusión enorme. Por un lado está la traición de su marido que se acostó con otra mujer, que sería la madre de Ion. Además ese hijo heredará con el tiempo el palacio y el reino de Xutos. Así, el advenedizo un día la desplazará. Una anciana le aconseja que mate a ambos: “hazlos que mueran, tu esposo y su hijo, y no esperes que ellos te den a ti la muerte. Si no te atreves, perdida estás. Dos enemigos bajo un mismo techo, jamás”.
Creusa se decide dar muerte a los dos. Sería en ocasión de un festín que ofrece Xutos para celebrara que tiene un hijo. Creusa le dice a un anciano:” Cuando llegue la hora de hacer las libaciones toma el veneno, escóndelo en tus ropas, viértelo en la copa del joven” En el festín el viejo vierte veneno en la copa de Ion. Pero su padre Febo no lo abandona.
La manera que impide es que en ese momento uno de los invitados lanza un grito. Ion, acostumbrado desde niño, en el santuario, a convivir con los oráculos, interpreta que el grito es una señal de advertencia. Ordena que todos los asistentes arrojen el vino de sus copas al suelo, que estas se laven y las vuelvan a llenar con otro vino. En eso entran volando muchas palomas y, descendiendo, beben del vino esparcido por el suelo. De todas las palomas, sólo una muere y es la que bebió del vino que arrojó Ion. Este sujeta al viejo que le sirvió la copa y lo obliga a decirle el nombre de quién lo envió a matarlo por medio del veneno. El viejo le dice que fue Creusa la que tramó lo de la copa envenenada.
Las autoridades de Delfos deciden que Creusa, aun siendo reina, debe morir por el intento de asesinato. Creusa, al ser descubierto su plan, huye, pero la única manera de salvarse es refugiándose en el santuario del dios Febo. Hasta ahí la sigue Ion para matarla. Cuando la va a herir con su espada nuevamente interviene el dios Febo, por medio de la sacerdotisa. Ésta le entrega el cesto en el que un día fue abandonado Ion. A pesar de haber trascurrido los años se conservan bien, incluso una hoja de olivo no ha perdido su verdor. Creusa se da cuenta que Ion es el hijo que ella abandonó y que creía había sido devorado por las fieras. Creusa le dice que es su madre. Ion piensa que es una estratagema más de Creusa para salvarse de la muerte. Antes de pasarla con la espada la pone a prueba y le pregunta qué con tiene el cesto. Sin verlo Creusa le va diciendo detalle por detalle las cosas del cesto, como un listó bordado por ella pero que no terminó, etc.
Ion se convence que ella es su madre. Se reconcilian, se reconocen madre e hijo y son felices por fin. Pero queda algo pendiente. Creusa ha emprendido el camino de la sanación integral y dice que necesita decirle la verdad a su esposo Xutos, que el hijo no es de él y sí del dios Febo. Porque hasta ahí Xutos cree que Ion es su hijo. También Ion cree que Xutos es su padre, pero Creusa le revela: “Me uní con Febo en secreto enlace”. Ion se siente feliz al saber que también es hijo del dios Febo.
Reconciliados, Ion le pide a su madre que, con toda confianza, le diga la verdad. Porque hay mujeres que conciben de un hombre y luego dicen que un dios la poseyó (o el viento o la luna, o durante un sueño, etc.) . Creusa le dice: “Tu padre es el dios que aquí te ha nutrido. ¡Tu padre es Loxias!”. Ion tiene todavía otra pregunta: “¿Y cómo Loxias, siendo yo su hijo, me da a otro padre? ¿No ha dicho que por Xutos fui engendrado?” Creusa contesta: “No dijo que te engendrara él. Te dará a él solamente”.
Creusa recapacita y le pide a Ion que no se le diga a Xutos el secreto y que éste siga en la creencia que él es el padre de Ion. Y da sus argumentos: “Si te declaran hijo de un dios, nunca pudieras ser acreedor a la herencia, ni siquiera llevar un nombre paterno”. Están en esa indecisión cuando Eurípides introduce en el relato el deu ex machina que resuelve lo que parece que no tiene solución. Aparece la diosa Atena y les impone que guarden el secreto. Eso es necesario porque el dios Febo le tiene reservado a Ion el destino de ser padre de descendencia que gobernará las cercanas y las lejanas naciones de la Tierra. Y esos hijos “Pasarán más tarde a las llanuras de ambos continentes, Asía y Europa, una frente a otra. Y se han de llamar jonios, por el nombre de éste. Y su renombre ha de invadir el mundo”.
Como se ve, esta es una tragedia que no a acaba en tragedia. La tragedia se desarrolló en el corpus de la obra y nos reveló los mil recovecos en los que suelen vivir, en silencio, los mortales. Y sobre todo las mortales. Empero, y esta es otra de las lecciones de la obra, tanta angustia no necesariamente tiene que desembocar en tragedia. Eurípides dice: “Aunque los hombres miren desencadenarse las tormentas del infortunio en su casa, tengan ánimo firme y valiente… ¡Tardía puede ser la justicia de los dioses, pero al fin se realiza!”.
" Los primeros filósofos propiamente dichos aparecieron, como hemos apuntado, en Grecia hacia el siglo VI a.d.C., y se llaman ‘jónicos’ porque surgieron en las colonias griegas de Jonia, en la costa de Asia Menor.
TALES DE MILETO (~ 585 a.d.C.):
Es el primer pensador jónico de que se tiene noticia, y la única fecha que se conoce de él con cierta seguridad es el año 585 a.d.C., en que, según cuentan, predijo un eclipse de Sol. Como todos los filósofos jónicos, Tales se interesaba por el ‘ARJÉ’, o ‘principio de todas las cosas’, tal vez por influencia de aquella idea de unidad universal presente ya, como hemos visto, en las religiones orientales. Igual que en aquéllas, los filósofos querían encontrar una ‘necesidad o ley que lo gobierne todo’. Las ideas de Tales, se han conservado a través de muy pocos fragmentos que citan autores griegos posteriores".
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Stekel y la enfermedad inventada
Bibliografía: La mujer frígida
Autor: Wilhelm Stekel
Ediciones Iman, Buenos Aires, Rep. Argentina
1956
Este psiquiatra nos relata que el humano tiene la necesidad de ser curado cuando siente que alguna enfermedad lo agobia, pero al mismo tiempo, en algún tipo de enfermo, propiamente el neurótico, se resiste a ser curado.
Lo vemos en el individuo que consulta a tres médicos. Acude al médico con todo empeño y responsabilidad por su salud que siente quebrantada. Al salir del consultorio, todavía con la receta en la mano, exclama: qué tal si es otra cosa la que tengo. Para salir de dudas consulta a un segundo médico. Este le ha recetado lo mismo que el otro pero, considerando que un laboratorio es de calidad más confiable, anota en la receta la misma medicina pero con el nombre muy propio de su marca comercial. El enfermo al ver que hay discrepancia decide que los doctores no saben y consulta a un tercero. Es el viejo ejemplo de querer curarse y al mismo tiempo tener una justificación de permanecer enfermo.
O bien si pertenezco a algún servicio médico como sería el caso, en México, del Seguro Social, para los trabajadores de las empresas libres, o el ISSSTE para trabajadores al servicio del Estado, me parece que mi médico es incapaz, o muy burocratizado, y voy a la dirección de mi clínica a pedir que me cambie con otro médico o con el médico de otro turno…
Hay aquí también la intención de curarse ya la vez la decisión de permanecer enfermo. Porque ambos médicos me han señalado que para combatir de fondo el mal me abstenga de comer esas grasas de carnes rojas, particularmente las de borrego y las de cerdo, y a la vez que haga ejercicio físico de manera regular, según mi edad. Pero sigo comiendo esas grasas y también sigo en el sedentarismo patológico.
En concolusión, digo, esos médicos no saben y, pasado algún tiempo, volveré a pedir al director que me cambie de médico. Stekel dice:”Si hay voluntad de ser curado, existe también, la antítesis, la voluntad de permanecer enfermo…Todo neurótico procura que su neurosis sea insoluble para siempre y que sea suprimida toda posibilidad de curación”.
A estas alturas del asunto Stekel menciona que el narcisismo se ha hecho evidente, en el objeto de su estudio, que es la mujer frígida: “No ama más que a sí misma y a todos los que la admiran. Cuando un hombre le hace el amor diciéndole que es muy bella, se siente triunfante, le ama en seguida, es decir, se ama a sí misma”.
Pero ¿cuál es el objetivo de esta conducta? Uno de ellos, puede haber varios, es un sentimiento de inferioridad a que está siendo tomada, o tomado, en cuenta, cada día menos: “Tiene necesidad de la enfermedad, porque con su ayuda domina el ambiente que le rodea”.
Una reflexión final que hace Stekel, refiriéndose en este caso a una mujer: “Deseosa de salud, derrocha una fortuna en sanatorios y en médicos, aun siendo tan celosa de su enfermedad”.
Muchas de estas patologías Stekel las aplica por igual al hombre que a la mujer. En ella la cosecuencia es la frigidez y en el hombre la impotencia.
Autor: Wilhelm Stekel
Ediciones Iman, Buenos Aires, Rep. Argentina
1956
Este psiquiatra nos relata que el humano tiene la necesidad de ser curado cuando siente que alguna enfermedad lo agobia, pero al mismo tiempo, en algún tipo de enfermo, propiamente el neurótico, se resiste a ser curado.
Lo vemos en el individuo que consulta a tres médicos. Acude al médico con todo empeño y responsabilidad por su salud que siente quebrantada. Al salir del consultorio, todavía con la receta en la mano, exclama: qué tal si es otra cosa la que tengo. Para salir de dudas consulta a un segundo médico. Este le ha recetado lo mismo que el otro pero, considerando que un laboratorio es de calidad más confiable, anota en la receta la misma medicina pero con el nombre muy propio de su marca comercial. El enfermo al ver que hay discrepancia decide que los doctores no saben y consulta a un tercero. Es el viejo ejemplo de querer curarse y al mismo tiempo tener una justificación de permanecer enfermo.
O bien si pertenezco a algún servicio médico como sería el caso, en México, del Seguro Social, para los trabajadores de las empresas libres, o el ISSSTE para trabajadores al servicio del Estado, me parece que mi médico es incapaz, o muy burocratizado, y voy a la dirección de mi clínica a pedir que me cambie con otro médico o con el médico de otro turno…
Hay aquí también la intención de curarse ya la vez la decisión de permanecer enfermo. Porque ambos médicos me han señalado que para combatir de fondo el mal me abstenga de comer esas grasas de carnes rojas, particularmente las de borrego y las de cerdo, y a la vez que haga ejercicio físico de manera regular, según mi edad. Pero sigo comiendo esas grasas y también sigo en el sedentarismo patológico.
En concolusión, digo, esos médicos no saben y, pasado algún tiempo, volveré a pedir al director que me cambie de médico. Stekel dice:”Si hay voluntad de ser curado, existe también, la antítesis, la voluntad de permanecer enfermo…Todo neurótico procura que su neurosis sea insoluble para siempre y que sea suprimida toda posibilidad de curación”.
A estas alturas del asunto Stekel menciona que el narcisismo se ha hecho evidente, en el objeto de su estudio, que es la mujer frígida: “No ama más que a sí misma y a todos los que la admiran. Cuando un hombre le hace el amor diciéndole que es muy bella, se siente triunfante, le ama en seguida, es decir, se ama a sí misma”.
Pero ¿cuál es el objetivo de esta conducta? Uno de ellos, puede haber varios, es un sentimiento de inferioridad a que está siendo tomada, o tomado, en cuenta, cada día menos: “Tiene necesidad de la enfermedad, porque con su ayuda domina el ambiente que le rodea”.
Una reflexión final que hace Stekel, refiriéndose en este caso a una mujer: “Deseosa de salud, derrocha una fortuna en sanatorios y en médicos, aun siendo tan celosa de su enfermedad”.
Muchas de estas patologías Stekel las aplica por igual al hombre que a la mujer. En ella la cosecuencia es la frigidez y en el hombre la impotencia.
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Eurípides: democracia-dictadura
Eurípides ofrece una excelente página de estos temas en la tragedia Suplicantes. El asunto no es el leit motiv de la mencionada tragedia pero de alguna manera el autor encontró el lugar para ofrecernos su punto de vista. Es el tema que se ha discutido por los siglos y es el modo de gobernar un pueblo: deben gobernar muchos o sólo uno debe gobernar. Sabemos que escritores de uno y otro modo de pensar han compuesto sendos tratados defendiendo un sistema y condenado el otro modo. Sus libros llenarían el Océano Pacifico, el Golfo de México y los hielos de la Antártica. Rousseau habla muy parecido a Eurípides, por ejemplo. En un breve ejercicio dialectico Eurípides nos ofrece ambos pareceres.
El diálogo, en la mencionada tragedia, es con motivo que el mensajero de Tebas lleva un comunicado a Teseo, rey de Atenas. Ambas ciudades están a punto de entrar en conflicto y de ahí el tono polémico del dialogo.
Teseo ya había dicho al mensajero que él tiene “una monarquía de libres, una ciudad sin trabas y con voto igual” Y sigue:
Yerras desde el principio, extranjero: buscas un rey aquí. Esta ciudad no es gobernada por un solo hombre. Es una ciudad libre. El pueblo reina: uno en pos de otro se van turnando los magistrados cada año. Aquí no hay privilegio para el rico: rico y pobre, tienen el mismo derecho.
Mensajero:
¡Te gano un punto, desde luego, como quien juega a los dados! ¡Sí, la ciudad de donde yo vengo es regida por un solo hombre, no es dominada por la plebe, ni en ella se apoya! No hay ahí quien con jactanciosas palabras soliviante a los hombres y los mueva a su antojo para servir a sus propios fines, a uno o a otro lado. Esos que son ahora el encanto del pueblo, para ser sus desgracias al día siguiente. Para encubrir sus faltas alzan voces contra los rectos y contra lo más sagrado. De ese modo s e libran ellos de merecida pena.
Dime, ¿cómo es posible que un pueblo que ni siquiera puede regular lo que piensa, pueda con rectitud regir una ciudad certeramente? La experiencia del tiempo es la que enseña, no la apresurada precipitación. El que la tierra labra, el hombre pobre, si acaso no es sin ciencia ¿va a dejar los trabajos de que vive para entregarse al régimen de los intereses comunes? ¡Qué males para los hombres sin tacha cuando uno, que nada valía antes, logra escalar la altura del poder con palabrería vana que embauca al pueblo!”
Teseo:
¿Qué hay para el pueblo peor que un tirano? ¡Se acabaron las leyes que escritas sólo quedan! ¡Un hombre solo manda! La ley, es letra muerta. Iguales son ya los hombres. Pero si hay leyes fijas, si gobierna el derecho, tiene el mismo derecho el pobre, como lo tiene el rico. Al de abajo le toca responder y alegar. Y si tiene razón apoyada en derecho, el pobre de abajo vence al rico tan alto. ¿Libertad, dices? ¡Oye, todo el que pueda ,debe dar consejo a su patria, si lo halla justo. ¿Ves, cada uno debe salir a la luz pública, o esconder su grandeza, si le place callarse. ¿Hay acaso algo mejor que esa igualdad?
Y vamos adelante. Donde gobierna y dicta la doctrina del pueblo, ¡cómo se goza al ver que crece y medra la juventud radiante. No el tirano es así, al contrario. Hostil a todo. A los más destacados aborrece. Si tiene su modo de pensar propio, los aniquila. Un solo temor lo domina: el de perder el mando. ¿Puede una ciudad tener fortaleza, si como al campo en plena primavera se le viene a despojar de las espigas? ¡Muerta la vida juvenil, ha muerto todo!.
Mensajero:
La esperanza es un mal enorme: a muchas ciudades las hundió en la ruina: es que irritaron a los enemigos. Cuando en un pueblo se delibera acerca de la guerra, al dar su voto nadie piensa que el mal de ella ha de caer sobre su cabeza: todo el mundo piensa en los otros. ¡Ojalá que al votar tuvieran ante sus ojos la muerte que los amenaza…
El diálogo, en la mencionada tragedia, es con motivo que el mensajero de Tebas lleva un comunicado a Teseo, rey de Atenas. Ambas ciudades están a punto de entrar en conflicto y de ahí el tono polémico del dialogo.
Teseo ya había dicho al mensajero que él tiene “una monarquía de libres, una ciudad sin trabas y con voto igual” Y sigue:
Yerras desde el principio, extranjero: buscas un rey aquí. Esta ciudad no es gobernada por un solo hombre. Es una ciudad libre. El pueblo reina: uno en pos de otro se van turnando los magistrados cada año. Aquí no hay privilegio para el rico: rico y pobre, tienen el mismo derecho.
Mensajero:
¡Te gano un punto, desde luego, como quien juega a los dados! ¡Sí, la ciudad de donde yo vengo es regida por un solo hombre, no es dominada por la plebe, ni en ella se apoya! No hay ahí quien con jactanciosas palabras soliviante a los hombres y los mueva a su antojo para servir a sus propios fines, a uno o a otro lado. Esos que son ahora el encanto del pueblo, para ser sus desgracias al día siguiente. Para encubrir sus faltas alzan voces contra los rectos y contra lo más sagrado. De ese modo s e libran ellos de merecida pena.
Dime, ¿cómo es posible que un pueblo que ni siquiera puede regular lo que piensa, pueda con rectitud regir una ciudad certeramente? La experiencia del tiempo es la que enseña, no la apresurada precipitación. El que la tierra labra, el hombre pobre, si acaso no es sin ciencia ¿va a dejar los trabajos de que vive para entregarse al régimen de los intereses comunes? ¡Qué males para los hombres sin tacha cuando uno, que nada valía antes, logra escalar la altura del poder con palabrería vana que embauca al pueblo!”
Teseo:
¿Qué hay para el pueblo peor que un tirano? ¡Se acabaron las leyes que escritas sólo quedan! ¡Un hombre solo manda! La ley, es letra muerta. Iguales son ya los hombres. Pero si hay leyes fijas, si gobierna el derecho, tiene el mismo derecho el pobre, como lo tiene el rico. Al de abajo le toca responder y alegar. Y si tiene razón apoyada en derecho, el pobre de abajo vence al rico tan alto. ¿Libertad, dices? ¡Oye, todo el que pueda ,debe dar consejo a su patria, si lo halla justo. ¿Ves, cada uno debe salir a la luz pública, o esconder su grandeza, si le place callarse. ¿Hay acaso algo mejor que esa igualdad?
Y vamos adelante. Donde gobierna y dicta la doctrina del pueblo, ¡cómo se goza al ver que crece y medra la juventud radiante. No el tirano es así, al contrario. Hostil a todo. A los más destacados aborrece. Si tiene su modo de pensar propio, los aniquila. Un solo temor lo domina: el de perder el mando. ¿Puede una ciudad tener fortaleza, si como al campo en plena primavera se le viene a despojar de las espigas? ¡Muerta la vida juvenil, ha muerto todo!.
Mensajero:
La esperanza es un mal enorme: a muchas ciudades las hundió en la ruina: es que irritaron a los enemigos. Cuando en un pueblo se delibera acerca de la guerra, al dar su voto nadie piensa que el mal de ella ha de caer sobre su cabeza: todo el mundo piensa en los otros. ¡Ojalá que al votar tuvieran ante sus ojos la muerte que los amenaza…
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Justificación de la página
La idea es escribir.
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.








