Novalis un largo viaje hacia Augsburgs

Novalis
En su viaje de  Eisenach a Augsburgs, Enrique  se encuentra con la fabula, la historia, la poesía y el amor. Prefiere la fantasía  de la flor azul que sólo el entendimiento. Si acaso la fantasía de Novalis no puede evitar la realidad es en cuanto  a que viaja  al pasado, a la Edad Media, y se apropia de los nombres de dos juglares. Uno de ellos  Enrique de Ofterdingen y el otro Klingsohr. Uno de sus antepasados se llamaba Novalis. El Novalis de nuestro relato se llama Federico Leopoldo von Hardenberg, y vivió del año 1772 al 1801.  Era geólogo y poeta. Murió de tuberculosis a la edad de 29 años.

Novalis no es de ninguna manera un “intelectual unilateral” de los que habla Eduardo Spranger (Cultura y Educación).Frecuenta por igual la ciencia que la fantasía.  Su poesía estuvo cerca de la experimentación mística. Se le considera el arquetipo del romanticismo alemán. Creó el sueño de la flor azul, contemplación final y meta espiritual durante la existencia de la aventura interior romántica.

Germán Bleiberg, en su prólogo a Enrique de Ofterdingen (Colección Austral, 1951), dice que “La flor azul  es el ideal de Enrique, el ideal de Novalis y, por lo tanto, del Romanticismo. Y el ideal nunca llegará a ser realidad para los románticos”. La realidad termina, la idea no.

Novalis considera el sueño nocturno, no como producto de una existencia traumática, sino como una bendición del cielo en el que el individuo es libre de las restricciones de la vida. Condición necesaria para la libertad de la fantasía que necesita el poeta para ir a la  búsqueda de la flor azul: “Sin los sueños, envejeceríamos antes y, por ello, el sueño puede considerarse, sino como un don inmediatamente  enviado del cielo, sí como un obsequio divino, como un compañero amable en la peregrinación hacia lo sagrado de la sepultura”.
Como sea, no regodearse en lo traumático del archivo muerto  sino apuntar la proa al sol. En el archivo muerto todo movimiento ha cesado y ya no existe el devenir. El mundo, las cosas, están rodeadas de animismo. Son tan “familiares “que se les cuida y aprecia tanto, como parte de la familia. No son los arbolitos de Navidad, punto de reunión de la familia en el mes de diciembre y que para mediados de enero ya forman parte de la basura de las calles: “Los misterios de la naturaleza y la conciencia de las cosas interesaban más al espíritu: y, por eso, el arte exquisito con que los muebles  eran trabajados, el mismo  origen lejano que los investía de románticos matices, lo sagrado de su antigüedad, conservado con todo cuidado , los ajuares caseros convertíanse en patrimonio de muchas generaciones, aumentaba el cariño hacia estos silenciosos compañeros de nuestra vida… Y de su posesión hacíase depender muchas veces  la conservación de todo un reino y de familias muy extendidas”. Esto no gusta nada a los inventores del consumismo-desecho. De ahí el afán de desacreditar al  Romanticismo. Porque si se conservaban a tal punto unos muebles, con sobrada razón la amistad y todo aquello que llevará la solidaridad de las cosas y de las gentes. Por eso los  juicios de Novalis,  frente a los historiadores,  sean sin miramientos.



Novalis propone al individuo una vida balanceada. Los que en este mundo, del desempleo, tengan la oportunidad de trabajar, no deben enajenarse con la rutina del sólo trabajar. En nuestras vidas  deben estar igual la presencia de la cultura sin olvidar convivir con al gente. Sin olvidar el ejercicio físico. Esta obra fue escrita en el último tercio del siglo dieciocho y ya contemplaba  una existencia  para que la humanidad no desembocara en la tensión patológica. O lo que ahora llamamos estrés.

 El trabajo como rutina pero seguido de la cultura. De otra manera el precio que hay que pagar será alto cuando falte la salud mental. La enfermedad mental es una realidad y sólo basta observar a mucha gente que va por la calle, o los hospitales y clínicas, que para el caso existen. El peligroso sucedáneo de la modernidad es la televisión que nos ofrece comerciales  cuando creemos que nos proporcionará arte: “Y tanto como se aproveche el día para las tareas del trabajo, tanto más se desliga  uno del esfuerzo a la caída de la tarde, entregándose por entero al gozo ardiente de las bellas artes y de la vida de sociedad”.

Contra el espectáculo baladí, el individuo, el grupo, las masas, iríamos hacia la salud mental si frecuentamos la poesía. Si las musas no nos tocan, como creadores, siempre queda el recurso como lectores: “La voz del poeta tiene una fuerza mágica, y hasta las palabras corrientes  cobran en su boca  una sonoridad magnífica  y arrebatan al fascinado oyente”.

Luego de la jornada de acarrear tabiques nada tan gratificante  como encontrar la llama azul  leyendo a Byron, Schiller, Bukouski, Netzahualcóyotl… El mundo sería considerablemente menos patológico. Buscar la belleza, no sólo el plus valía del talonario de los cheques bancarios: “No es la corona, no es el reino lo que hace al rey, sino la posesión de aquella plena  y copiosa bienaventuranza, aquella sensación de conformidad con todo lo que la tierra no cesa de brindarnos”.

 Tratándose de escribir la historia Novalis advierte con respecto a los acontecimientos: “No hay que desvirtuarlos en su orden por caprichosas fantasías”. El poeta tiene a la historia humana como un legado inapreciable pues es la memoria del hombre que arranca con Dios, Con Lamarck y con Darwin. Pero que intereses aviesos  han desprestigiado esta respetable disciplina académica llevándola hacia una “turba mezcla de observaciones defectuosas”( Pág.90).

Lo que Novalis quiere evitar es la parcialización enajenante del humano. A la par de conocer,  el dos más cuatro, preciso es el sueño que no se deja aprehender: “Esa satisfacción de un sueño innato, la maravillosa alegría que nos brindan las cosas que parecen íntimamente  ligadas a nuestro ser , aquella labor para la cual  un hombre se cree predestinado y bien dispuesto desde la cuna , son sensaciones que no se pueden explicar”.

Más el cálculo y la poesía serán insuficientes sino nos ponemos el tenis para trotar: “He puesto mi vida  bajo la regla metódica  de una disciplina severa. Procuro mantenerme sano haciendo ejercicio”. Busca, como Alicia, la otra realidad, la fábula, del otro lado del espejo:” Y como esta virtud es la divinidad actuando directamente sobre los hombres, la fabula es como el reflejo sorprendente del mundo superior”.

Novalis aboga por la sabiduría interior y la soledad terapéutica, como después lo haría Nietzsche con Zaratustra. Más no se crea  que esté proponiendo un ser espantadizo que rehúye el trato social. Nos invita a dialogar con la ciudad: “La ciudad es rica en todos los aspectos, hay políticos expertos y comerciantes muy instruidos y resulta muy fácil conocer toda clase de estados , de oficios, de necesidades y de relaciones sociales”.

Desde luego Novalis nos recuerda no perder de vista lo más importante de la vida, y lo hace  como lo haría  un habitante de las pampas argentinas, en la boca del Martín Fierro, de José Hernández. Novalis dice:
“Y para honrar al cantor,
El dios del vino le asigna
El derecho de besar
Todas estas bocas lindas…”

 

Nietzsche y el origen de la tragedia

Apolo y Dioniso son los primeros personajes, del Olimpo, que nos encontramos al tratar este asunto. Los instintos del ensueño y de la embriaguez.

Dice este filósofo que la fuerza primordial ya existía antes de las cosas. Sólo que la vida apresurada de nuestra civilización hace que fijemos la atención en las cosas y perdemos de vista aquella fuerza primordial. Con esto se vive en la apariencia, no en la esencia.

Una niña, de apenas siete años y medio de edad, Alicia, encontró un día que, atravesando el espejo se podía ir de este mundo de apariencias al otro mundo de realidad. Pero de tanto ir y venir se llegó a preguntar cuál mundo es el  de la realidad. La explicación simplista y perezosa es que s e escondía, que huía.

Los artistas pintores intuyen el  conocimiento de esta apariencia y, como Alicia, quieren describir con el pincel aquel mundo. Cada pintor a su modo. Si alguien se sitúa detrás del pintor, o de la pintora, que tiene como modelo el monte Aconcagua, verá que lo que el artista plasma es algo distinto al monte Aconcagua. Quiere aprehender  el mundo subjetivo que sustenta al monte Aconcagua. Es el supremo esfuerzo del artista por penetrar en el misterio.

Alguien mueve el pincel. Alguien está hablándonos a través del pincel del artista. Como el dios hablaba a través del oráculo de Delfos. El rey, del relato de Alicia, escribía con un lápiz que escribía otra cosa distinta de lo que él quería escribir.

No es la incapacidad del humano para crear y hacer, lo que lo llevaría a esperar  que los dioses le hagan. Como dicen que la ciudad de Machu Pichu la hicieron los dioses porque era imposible que los hombres-incas lo hicieran. ¡Imposible que unos indios hayan levantado la ciudad de Teotihuacán! Vinieron los dioses. Lo que está en el fondo de la cuestión es la existencia de dos mundos y el modo de vivir en los dos.

Ante la duda de que hay un mundo más allá del mundo objetivo, el que visita  el Museo de Arte Contemporáneo encontrará, a su vez, algo distinto a lo que  creyó plasmar el pintor. En la Historia del Arte, Hipólito Taine cuenta el experimento de cuarenta alumnos a los que  se les pidió que describieran una misma pintura. El resultado fueron cuarenta interpretaciones diferentes.



Los poetas mexicas estaban plenamente seguros de la existencia de dos espacios de existencias  o mundos. Su duda era ¿cuál de los dos es el de los sueños: “¿Vivimos, o acaso sólo soñamos?” La obra por la que Schopenhauer se dio a conocer se llama: El mundo como idea y representación. Hay un mundo de apariencia pero, ¿cuál de los dos mundos es la apariencia?

En El origen de la tragedia Nietzsche dice que el real tiene un distintivo. Es imperecedero. El que estaba antes de las cosas, antes de la apariencia.   Aristóteles le llama “el primer motor”, el que echó a andar todo lo demás.  Nietzsche en esta obra le llama el “Uno primordial”: “Nos complacemos en la comprensión inmediata de la forma: todas las formas nos hablan; ninguna es diferente; ninguna es inútil. Y sin embargo, la vida más intensa de esta realidad de ensueños nos deja aun el sentimiento confuso de que no es más que una apariencia…El Uno primordial simboliza un mundo que se cierne sobre un mundo por encima de toda apariencia”.

 En todo caso es el universo dionisiaco y el apolíneo, dualidad que provoca el movimiento, el devenir. Es el fondo del origen de la tragedia. Con los dioses griegos, parece que Nietzsche nos habla de cosas del cielo. Sólo que en teología, de entrada, pareciera que todo ya está hecho… Es en la filosofía, el campus del humano, donde todo se está haciendo y rehaciendo.

Para que el movimiento, el devenir no cese, es como el humano se vuelve demasiado humano viendo la televisión. Y después vuelve a emerger como humano, leyendo y viviendo libros. Si la niña Alicia descubrió dos mundos ¿por qué quedarse  sólo con uno? En tanto Dioniso y Apolo estén en el Olimpo, habrá devenir.

Lo cual está asegurado. Dice el poeta que: “De la sonrisa de Dioniso nacen los dioses”.

F.Schiller y la fuerza de voluntad

 El espíritu y los sentidos  son para este pensador como dos contrincantes que se sientan  y sobre la mesa  prueban la fuerza de su pulso. En México se dice “jugar a las vencidas”. Aristóteles (s.IV a C.) Y Spranger (s. XX) están presentes. Es la ineludible confrontación, o convivencia, de los contrarios para llegar al nivel terapéutico. Sin contrario no hay contrario. No hay devenir. Movimiento dialectico. Como la amonita que, al iniciar el proceso de fosilización, cesó de moverse.

En los desiertos de arena son las diferentes temperaturas en el aire las que inician el movimiento. Llevado al plano de la política el devenir requiere una democracia fuerte y sana. La mejor disidencia se da en las democracias vigorosas. En las democracias desnutridas y en las dictaduras, del color que sean, los disidentes están tras las rejas. Cuando estos salen, meten a los otros a las mismas celdas que ellos ocupaban. Eso regresa, no deviene.

Por eso con Schiller se habla de contrarios igualmente vigorosos. Los sentidos y la idea que no dejan de probarse. El juego en  realidad se llama “devenir”. Todo pasará, pero en tanto exista el movimiento, todo volverá. En uno de sus poemas, Schiller  dice: “porque lo bello pasa, porque lo perfecto muere”.

Esto de la voluntad no es ninguna entelequia en Schiller. Safranski, uno de sus modernos y mejores biógrafos, cuenta que, cuando Schiller murió, su autopsia  reveló un organismo tan enfermo que se consideró imposible que alguien haya podido vivir y pensar como él lo hizo. Más allá  de los límites de la causalidad se considera este hecho un milagro de  voluntad. Haríamos la semejanza con el estoicismo de Séneca: “El idealismo actúa cuando alguien, animado por la fuerza del entusiasmo, sigue viviendo a pesar de que el cuerpo ya no lo permite”. Pero no se trata de elucubraciones líricas, a ese entusiasmo por la libertad, se “responde con proyectos”. A Schiller se le ha llamado el “atleta de la libertad”.

F.Schiller
Un atleta no se hace sentado frente al escritorio sino ejercitándose en la vida. Con sus altas y con sus bajas. Como es la vida diaria, con sus alegrías y sus sinsabores. Estamos ante una actitud positiva. ¿Quién sabe qué vaya a resultar  cuando  caiga la moneda que está  en el aire? Pero no arrojarla es el fin: “De ahí que su entusiasmo por la libertad tenga también la significación de una cura de desintoxicación ordenada por él mismo”.

Un espectáculo de vida más allá de la mismidad. Escapar de las trampas del ego, y hasta del yo (del obsesionante antropocentrismo), y sentarse como espectador a ver quién gana  por esta vez la apuesta de los contrarios sobre la mesa. Determinismo de Dios o determinismo de Darwin. Es la milenaria lucha sostenida en los monasterios tanto cristianos como budistas. Una batalla apremiante si tenemos en  conciencia que este juego de las vencidas se da  desde los Presocráticos.  En el centro del campus de la civilización occidental, de gran contenido religioso y laico.



Se considera que el idealismo de Schiller, “con el espíritu que construye el cuerpo”, adquiere un nuevo brillo. Lo podemos corroborar en cualquier momento. Tenemos a la vista una revista dedicada a gente de la tercera edad: Letra plateada, editada por el gobierno de la Ciudad de México, junio  del 2011. Se advierte aquí contra el uso irracional de los medicamentos. Su portada dice “Pastillas? ¡Sólo las necesarias!” Se dice que “el 49 por ciento  de este sector  de la población presenta  el problema de la polifarmacia… lo que se convierte en un gran problema de salud pública.”

 Hay depresión de ánimo, pensamientos fatalistas…Aquí  el cuerpo es  el que está arrastrando a la idea. Lo que propone Schiller es que la idea impulse al cuerpo… Ejemplos caseros como este pueden ayudarnos a  entender la filosofía de Schiller. Lo que parece un lirismo metafísico viene quedando muy al alcance de nuestra mano, si lo vamos llevando a la práctica, en  la escala de todos los días.

El detalle, al parecer baladi, de amarrarse los tenis para ir a caminar, es en la perspectiva de "el espiritu que construye al cuerpo".

Shakespeare y Cariolano

Cariolano es un formidable guerrero, de fuerza bruta. Pero, sincero.  Le falta la malicia y disposición al trato subterráneo del político. Es un Cuauhtémoc defendiendo a México- Tenochtitlán, no es un Fouché tratando de pisarle la sombra al mismo Napoleón. Con la espada en la mano, Cariolano  vence  varias veces  a su odiado, y también formidable, adversario, Tulio Aufidio, general de los volscos, enemigos de Roma. Pero en el juego político es un inepto  (en otras palabras, no tiene malicia). Y pierde.  Se supone que esto sucedió en 493 a C..

Cariolano y su ejército entran en combate contra los volscos. Cariolano los hace retroceder hasta obligarlos que vuelva a entrar en su ciudad. Los sigue pero su ejército no lo secunda en la persecución, los volscos cierran las puertas y Cariolano queda solo dentro  y en poder del enemigo: “Pisando los talones   está solo ahí adentro, haciendo frente a toda la ciudad”. Logra salir y su ejército se apresta  a ir en su auxilio.  Este detalle da idea de la temeridad de Cariolano como luchador. La batalla no ha concluido y Cariolano sangra por todos lados. Sus guerreros lo conminan a que descanse. Él les contesta: “MI trabajo aun no me ha calentado. Que les vaya bien. La sangre que  gotea es más bien benéfica que peligrosa para mí, con que iré a buscar a Ofidio y lucharé”.

En reconocimiento al valor  que demostró luchando luego s e le conocería como Cayo Marció Cariolano. Esto último por llamarse  “Cariolos” la ciudad por él conquistada: “¡Y desde ahora, por todo lo que hizo frente a Cariolos, llámenle con todo el aplauso y clamor de la hueste CAYO MARCIO CARIOLANO! ¡Lleva siempre con nobleza este sobrenombre!”



Cariolano expone su vida mil veces para defender a Roma. Lo que esto significa en fuerza y cultura civilizadora para el mundo del momento y del que estaba por llegar.  Quiere llegar a ser cónsul, pero, si ha de buscar apoyo no será con los pobres. Le es imposible tratar  con el populacho porque eso significa “buscar sus votos hediondos”. Una de las causas de su animadversión es que  los siente sin defensas culturales frente a los astutos tribunos del pueblo. Menenio, su amigo, le aconseja que guarde mesura  pero eso es algo imposible para él. De esta indisposición política se aprovechan los tribunos para voltearle a la gente. Ya lo exhiben como un dictador.     Sicinio y Bruto son los tribunos intrigosos contra Cariolano.

Aristóteles, en el capítulo sobre la amistad, en su obra Gran ética, ya había señalado, hace veinticuatro siglos, “el que odia  es el enemigo cercano, que echa por tierra hasta los méritos reales del otro”.

Prefiere perder la oportunidad de ser cónsul: “¡Preferiría perderlo que solicitarlo por un conducto distinto del de los patricios y la influencia de los nobles”. El senado romano tiene una tercia de candidatos para nombrar a otro senador. Se cree que Cariolano ganará  pero ya la insidia ha extendido su rumor: “Debemos recordar al pueblo el odio que le ha tenido hasta ahora, y que si hubiera dependido de él  habría hecho de ellos mulos, mandado callar a sus representantes y desposeyéndolos   de sus libertades…”

Sicinio y Bruto se pone de acuerdo para juntar votos en su contra: “Díganle a los amigos   que han escogido un cónsul que no les dejará más  votos  que se deja  a los perros…” Estos tribunos dicen la verdad, porque así es Cariolano,  y al mismo tiempo ocultan sus méritos que hasta el momento ha mantenido alejado de Roma a los aguerridos  volscos. La idea de los tribunos es hacerlo enojar pues saben que, en ese estado de ánimo, pierde toda mesura. Y, en efecto, Cariolano exclama sin concesiones: “¡Que las llamas de lo más hondo del infierno  envuelvan al pueblo!“

 Menenio Agripa  lo defendió ante el pueblo: “Consideren el servicio guerrero que ha prestado, piensen en las heridas que su cuerpo lleva encima, que parecen sepulturas en un sagrado cementerio”. Pero Sicinio  y Bruto vuelven a la carga: “Te acusamos de haber intentado arrebatar a Roma toda magistratura tradicional y encaminarte tú mismo  hacia un poder tiránico, por lo cual eres un traidor al pueblo”. Estos tribunos logran excitar suficiente al pueblo hasta lograr que Cariolano sea expulsado de Roma. Cuando esto sucede, los tribunos exclaman: “¡El enemigo del pueblo ha partido!”

Sólo que cuando Cariolano se ve rechazado por el pueblo de Roma reacciona contra este pueblo por el que de manera indirecta luchó tanto enarbolando los altos valores tradicionales de la patria. Ahora piensa en vengarse. Busca y logra una alianza guerrera con su tradicional enemigo, Aufidio para marchar contra Roma. Así lo hacen y un día están a las puertas de la ciudad. No hay poder militar que se les oponga. Ya Aufidio solo con su ejército era una amenaza y ahora con Cariolano a la cabeza  de los volscos todo está perdido para ellos.

Los magistrados tiemblan ante su inminente muerte a manos de Cariolano. En su pánico intentan un recurso desesperado. Piden a la madre de Cariolano vaya hasta el campamento de los volscos y le pida a su hijo que desista de tomar la ciudad. Ella  está convencida, también, que es necesario intentar ese recurso. Los magistrados piensan en su garganta pero Volumnia habla en nombre de la patria romana. Los criterios que le expone, de madre y de romana, logran convencer a Cariolano en no atacar la ciudad.

Es el momento que Aufidio se revela como todo un calculador político. Acusa a Cariolano de niño blandengue que cedió a unos ruegos de su madre. Y de traición a los volscos. Ahí mismo estos  lo asesinan…

Tal vez el mensaje de esta obra es que  hay que jugar el juego que uno sabe y puede jugar. Cuando Cariolano quiso ser cónsul, dejó la espada…

Schopenhauer y fracasar triunfando

Arturo .Schopenhauer
El individuo  alcanzó su meta  y se detuvo el devenir.

Considerando ese estado de ánimo que llamamos “aburrimiento”, es lo que Arturo  Schopenhauer llama una desgracia  al éxito y algo positivo al fracaso. Mejor sería decirle  “todavía- no- éxito”. Juntaste finalmente tu  millón de dólares, descubriste después de cuarenta y cinco años, de investigación en el laboratorio, el bacilo fulano, llegaste a la cumbre de la montaña más difícil, lograste  ocupar la presidencia de tu país,  te uniste con aquella encantadora muchacha…

Se lucha para conseguir algo. En tanto la actividad se orienta con ese fin, hay movimiento. Tiene lugar  el fenómeno conocido como “devenir”. Cuando el anhelo se ha cumplido, llega,  como dice el lugar común: el principio del fin. Conocemos el fantástico desarrollo de las aventuras  de los individuos  mientras estas son acciones. Después del término de éstas parece que todo pierde interés.  Nadie sabe ya cómo le fue a la princesa encantada después que el príncipe la despertó con un beso. Homero se detiene en el esplendor cuando los héroes de la Helade incendian Troya. Sólo Eurípides, Sófocles y Esquilo, nos cuentan el vulgar, aburrido y en ocasiones cómico,  final de estos héroes.

La historia de algunos pueblos también es muy ilustrativa a este respecto. De manera particular la de los grandes imperios. Cuando dejan de luchar llega el fin, como tal. Empieza el descenso. Podríamos citar los ejemplos conocidos de Grecia, Etruria, Roma, España. En México tenemos abundancia de estos casos: Ullman, Teotihuacán, Tula ( y todos los imperios del área maya). Después de conquistar su mundo, y las estrellas por medio de las matemáticas, ahora ni siquiera se conoce el nombre de sus fundadores ni de sus últimos guías…

Como el jubilado que, de un día para otro, de pronto, abruptamente, ha dejado de trabajar. Llega el aburrimiento. Dice Schopenhauer que mucho de la vida en sociedad, reuniones, bailes, festivales, vacaciones, etc.se dan para escapar del aburrimiento. La reunión de los jubilados, pobres o ricos, en los cafés.

En tanto fueron “activos”(no jubilados) se ignoraban o, si estorbaban  a sus intereses, se hacían la guerra. Pero ahora, ya aburridos, se reúnen en frecuentes, interminables y estereotipadas charlas. El teléfono celular vino a salvar de la locura del aburrimiento, y la soledad patológica, a no pocos: “El aburrimiento no es un mal que se deba tener en poco; deja en el rostro la huella de una verdadera desesperación.  Hace  que los hombres, que tan poco se aman, se busquen unos a otros, siendo por esto el origen de la sociabilidad” ( El mundo como voluntad y representación, L.IV-Cap. LVII).



Schopenhauer cita el riguroso  sistema penitenciario de Filadelfia, cuyo suplicio, al   que se sometía a sus presos, no eran los golpes, sino el aburrimiento. Y era tanta la soledad y la inacción que: “los penados recurren al suicidio”.

Mucho de las diversiones que los  gobiernos ponen, gratuitamente, al servicio del pueblo, es para apartarlos del aburrimiento que, tal vez, podría hacerlos pensar en…:”El mismo Estado se previene  contra el aburrimiento de los ciudadanos como contra otras calamidades, porque este mal, así como su contrario, el hambre, puede lanzar al hombre  a los mayores excesos”.

E. Spranger y la necesidad de “contarios” en la educación

Autor: Eduardo Spranger
Libro: Cultura y Educación
Editorial: Espasa –Calpe, Argentina S.A. Colección Austral número 876
Fecha: 1948

Primero el nuevo modo de pensar y después el nuevo mundo.

El autor se refiere a los “intelectuales unilaterales”  cuando hablamos de un mundo mejor  pero con el viejo modo de pensar: “Primero el nuevo modo de pensar, antes de que pueda  nacer la nueva época” El planeta está lleno de pedagogías de las ideas. Es tiempo de agregar “una pedagogía de las realidades”.

Para la educación integral se necesita lo religioso y lo racional: “ Junto a la concepción religiosa del mundo está la positivista-racionalista: allí se funda la educación sobre la piedad, aquí sobre la ciencia.

Individualista para ser libre como sujeto y responsable con su formación de valor que pueda trascender. Y socialista para poder ser útil a los demás: “La idea individualista del mundo lucha con la socialista; allí se desenvuelve la personalidad realizada de un modo libre  y bello, aquí se la forma para el servicio de la sociedad”.

La conjunción del tiempo pasado con el nuevo: “La consideración histórico-romántica  tiene como opuesta la progresiva y de derecho natural: allí vinculación al buen tiempo antiguo, aquí la voluntad de lo nuevo, que primero se debe de probar”.

Necesario fundir la concepción utilitarista y la idealista: “La concepción utilitarista del mundo y la idealista no están acaso completamente en el mismo plano. Si aquella lo funda todo en la educación para los valores útiles, ésta se remonta a los últimos valores espirituales de la vida”.

Y aquí es donde Spranger se refiere a lo ruidoso, pero  inútil, en la posición de los “intelectuales unilaterales: "Y sin embargo, bien entendido, no puede existir en ninguna parte un aspecto completamente sin el otro. En términos generales: ninguno de estos poderes espirituales es viable por sí en su aislamiento”.

Cita a Hegel:

“Sin su contrario no tendrían vida ninguna”





 (Grosslichterfelde, 1882-Tubinga, 1963) Filósofo, pedagogo y psicólogo alemán. Fue profesor en Leipzig, Berlín y Tubinga. Su pensamiento constituye una síntesis de la filosofía clásica, del idealismo y de las aportaciones de Dilthey. Además de sendas monografías sobre Humboldt (1909) y sobre Goethe (1933), es autor, entre otros títulos, de Formas de vida (1914), Cultura y educación (1919), Comunidad nacional, Estado, educación (1932) y El educador nato (1958).


Su obra, es en gran medida un alegato contra la aplicación del paradigma científico a la psicología y contra el empirismo y el estructuralismo dominante de la época. Para Spranger los fenómenos psíquicos no pueden ser explicados ni entendidos únicamente mediante la fisiología, ni tampoco descomponiéndolos en unidades elementales. Para poderlos explicar es necesario recurrir a categorías capaces de captar el fenómeno en su singularidad y de establecer al mismo tiempo conexiones de sentido con los valores que fundamentan la conducta. Desde esta perspectiva su psicología es al mismo tiempo fenomenológica y ética porque pretende descubrir un método capaz de entender la conducta particular en función de categorías ligadas a valores. A este método, Spranger lo denomina "típico-ideal" y básicamente consiste en la observación, en su singularidad, de los fenómenos psíquicos, que repletos de contenidos procedentes de la historia de la cultura, se idealizan después para poderlos explicar desde una doble dimensión totalizadora e individualizadora. De aquí surge la necesidad de establecer unos "tipos humanos ideales", o esquemas generales de entendimiento de la conducta humana, capaces de dar sentido totalizador a la misma y de explicar en lo concreto las motivaciones de los actos singulares.

Eurípides y Orestes

Orestes, que mató a su madre Clitemnestra, parece  que perdió la razón al saber que  va a morir  sentenciado por las leyes de la ciudad de Argos. Clitemnestra había matado al  padre de éste, Agamemnon. Para vengarlo, Orestes la mató a ella. Se hizo justicia por él mismo cuando  debía haber acudido a que las leyes sentenciaran a Clitemnestra.

Orestes es  hijo de Clitemnestra, hijo de Agamemnon,  hermano de Electra, y sobrino de Menelao.

Las tragedias de Eurípides  presentan a un responsable de algún crimen al que, según las leyes de los hombres y de las del cielo, no tienen salida,  explicación o perdón. En el caso de Orestes, el mejor abogado  rehusaría a tomar la defensa de un matricida. Sin embargo, esto es condenarlo sin haberlo escuchado. Eurípides le da voz al condenado. Presenta la contra tesis.

A este dramaturgo se le lee más que hace veinticuatro siglos  por su formidable juego dialéctico. No toma partido, expone los dos puntos de vista. Si se lee ahora más que antes es porque, de unos siglos para acá, las cosas sólo tienen una verdad, la del vencedor. Políticos, historiadores líricos, historiadores de la academia, escogen datos aislados que justifican un bando y los presentan  como “historia universal”. Es lo que Eduardo Spranger  llama los “intelectuales unilaterales” (Educación y Cultura, Colección Austral, número 876, Buenos Aires-México, 1948).
 
En la dictadura nada más existe la voz del dictador. En la democracia nada más se oye la voz de la mayoría y la minoría no tiene micrófono. Aunque en ocasiones sea minoría por tres votos.  Estos no existen para decir su verdad. Con frecuencia hay que inferir esa  verdad por medio de las diatribas que contra ellos dijeron los historiadores. Los silencios de los historiadores nos dicen más que lo que ellos mismos escribieron. Su bibliografía al final del escrito puede ser universal pero nos esperamos a ver qué uso se le dio a esa bibliografía. Por eso Eurípides  es, desde entonces,  “el señor de las dos verdades”. Y, para que no haya abstracción  en este dicho, agregamos nosotros: “señor de las dos verdades balanceadas”.En otras palabras: alguien puede decir noventa y cinco argumentos a favor de un bando y sólo cinco del otro.



Orestes parece estar loco y la gente cree porque mató a su madre. En realidad Orestes lo que hace es justificar esa muerte, pero no lo dejan hablar: “De ahí la enfermedad que atormenta a Orestes. Está aquí yaciendo en su pobre lecho. La sangre de su muerte lo comete con saltos de  locura, que yo no he de mentar a las diosas innombrables, que con  sus temores lo hacen delirar”.
 Cuando tiene la oportunidad de hablar  dice que mató a su madre Clitemnestra para vengar a su padre Agamemnon, que fue muerto por aquella. Pero hay más, Clitemnestra tenía relaciones ilícitas con otro hombre. Fue, como se dice, una doble venganza a favor de su padre. Orestes se defiende: “Odiaba a mi madre, sí, la odiaba. Pero mi odio era justo. Ese odio me empujó.  Su marido había salido del hogar para ir a Troya, a defender el honor  de la Helade entera! ¡Ella lo traiciona, sin conservar intacto y puro el lecho conyugal!”.

Para justificar su acción, en contra del adulterio de su madre, Orestes pone el caso de Penélope que guardó fidelidad a Ulises, no obstante todos los años que éste tardó en regresar de Troya: “¿Acaso la esposa de Ulises fue muerta por su hijo Telémaco¡ ¿Ah, ella no tomó un segundo esposo! ella , a pesar de tantos importunos, guardó fidelidad al lecho conyugal! ¿Sin mancha lo halló Ulises!”

Cuando Agamemnon se fue a la  guerra contra Troya es cuando Clitemnestra se entrega a Egisto. Al regreso de Agamemnon, en lugar de reconocer su falta y, en todo caso darse muerte ella misma (según las leyes ella sería muerta, por adulterio, por el pueblo  de Argos, a pedradas), y a su amante, da muerte a su esposo: “¡No: mató a mi padre: en vez de castigarse ella, lo castigó a él!”

Sobra decir que alguna ciencia de la conducta humana, en el primer tercio del siglo veinte, no dudó en hacer sospechoso a Orestes de desear a su madre Clitemnestra y, los celos,  serían el móvil subyacente que movió a Orestes para asesinar a su madre. Así como había un complejo de Edipo, y otro de Electra, ahora había un complejo de Orestes…

En un principio Orestes tenía la esperanza que Menelao, su tío, interpusiera su prestigio de guerrero, vencedor de Troya, para que intercediera por él. Pero pronto se da cuenta que no hará nada. Se expresa en estos términos de Menelao y de su esposa Elena: Marido de mujer malvada  tiene que ser  malvado”.

Orestes le pone a Menelao un ejemplo de toda la injusticia que se puede cometer creyendo que se hace justicia. Su padre  Agamemnon (de Orestes) levantó todo un ejército para ir a destruir Troya y, ¿sólo para qué? Para rescatar a la malvada Elena, esposa de Menelao.

Orestes, además, quiere sentar un precedente contra el asesinato del marido por la esposa: “Si llegaran las mujeres a tal audacia que cada una, a su placer, pudieran matar a sus maridos, y luego refugiarse  en el amparo de sus hijos, mostrándoles el seno, embaucándolos con tiernas palabras, ¡se acabó! Por cualquier pretexto  una mujer de Grecia  podría matar a su esposo”.

Electra, hermana de Orestes, y Pilades, amigo de Orestes, de alguna manera estuvieron ligados en la muerte de Clitemnestra y ahora se sienten también condenados a muerte. Pero antes de que eso suceda, ellos tres traman dar muerte a Elena. También quieren matar a Hermione, hija de Menelao y Elena. Se introducen en palacio y cuando están por cumplir su propósito, aparece el dios Apolo.

Aquí también, como  hace en otras tragedias, Eurípides recurre al deu ex machina para arreglar lo que parece que está tan enredado que no tiene solución.( ¡Ya ha corrido mucha sangre y para qué más sangre! ¿Cómo detener esta carnicería?). Sólo un dios sabe cómo hacerlo. Es un recurso que el burlón de Aristofanes le criticaba mucho. En Orestes aparece Apolo y, a los adversarios irreconciliables les ordena que s e tranquilicen en nombre de “la más hermosa de las diosas, que es la Paz”.

El dios dice que él arreglará las cosas con los ciudadanos de Argos para que acepten a Orestes. Esto porque fue él, Apolo, quien ordenó a Orestes dar muerte a su madre Clitemnestra.  Apolo dice que Elena, hija de Zeus, tiene un elevado destino! Ha de reinar en la región del éter y será estrella de salud para los navegantes…Tiene el cargo de vigilar los mares y salvar a los náufragos”.


Apolo arregla las cosas de tal modo que todo acaba en armonía. Orestes se casará con Hermione y Electra con Pilades. Todos hacen la paz. Pero, por si quedara algún resquemor en los otrora enemigos a muerte, Apolo dice: “Obedezcan o no, ya lo dejé mandado. Y aquí acaba la contienda”

Como si con esto Eurípides quisiera  dejar el ejemplo  que el  humano necesita mano dura que le diga cómo deben ser las cosas. De otra manera se destruyen  entre ellos antes de ponerse de mutuo acuerdo. Ya había dejado esta idea con su tragedia “Las Fenicias” donde los dos hermanos contendientes, Eteocles y Polinice, se dan muerte uno al otro antes de ponerse de acuerdo. Les importaba la posesión del poder pero les importaba más que prevaleciera su ego…

Es hasta la tragedia Orestes que Febo, uno de los dioses, dice por qué fue la guerra de Grecia contra  Troya. No  para rescatar a Elena, como se ha dicho y  creído a través de los siglos. Fue porque la tierra ya estaba muy poblada: “Y si tantos murieron en la contienda, fue solamente para purificar la tierra de tantos hombres. Ya estaba repleta”. 

Interesante dato el que da Eurípides a los sociólogos de la actualidad: ¡hace veinticuatro siglos  se consideraba que la tierra ya estaba sobrepoblada…!

Resumiendo: todos acabaron felices. Pero por más felices que hayan sido todos al final,   queda una advertencia dicha por Orestes. Se refiere al crimen cometido por su madre Clitemnestra contra su padre Agamemnon: “Si asesinar maridos es santa obra para las mujeres, no tardarán  en morir ustedes. Vivan en espera”

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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