.
Esta obra es parte de la correspondencia que Gustavo Flaubert sostuvo con escritores, amigos y familiares, a lo largo del medio siglo que va de 1830 a 1880. La pasión de escribir contiene valiosas referencias en lo que se refiere a la pasión de escribir. Cita con frecuencia el proceso que vivió en el desarrollo de varias de sus noveles como Salambó, Madama Bovary, San Antonio, etc. El trabajo es una especie de autobiografía en la que el escritor permite asomarnos a su modo de vivir, de pensar y de escribir.
En cuestión de creencias, y puesto sobre el tapete del mundo intelectual de su tiempo, acusa cierto complejo de Nicodemo. Aquel sacerdote del sanedrín que por las noches conversaba con Jesús, y sería uno de los grandes personajes del Nuevo testamento, y en el día continuaba siendo seguidor del Antiguo Testamento. Flaubert se decía ateo y algunas veces invocaba al cielo. A su amada Louise le escribió el 27 de marzo de 1852: “Dios conoce el principio y el fin, el hombre el medio.”
De nacionalidad francesa, le tocó vivir de cerca la guerra que Francia sostuvo contra Prusia. Con una imagen de casi invencible en las guerras napoleónicas, Francia conoció esta vez la derrota frente a los alemanes. Flaubert no tuvo otro camino que reconocer que “El ejército prusiano es una maravillosa máquina de precisión.” No obstante le quedó un imborrable mal sabor de boca. Flaubert ya piensa en la venganza y aquí es profeta al anunciar de alguna manera las dos grandes guerras mundiales que estaban por llegar: “Creo que seremos vengados próximamente por una conflagración general.” Es conocido que el concepto de nación está plasmado en algunas constituciones liberales del mundo. Invocado el tema del nacionalismo sobre el escritorio suele dársele el tratamiento más frío cuando no despectivo por obsoleto. Pero si leemos las vidas de algunos escritores, sacados de su escritorio y puestos en la calle entre la gente, encontraremos que son tan apasionados nacionalistas como lo puede ser un carpintero o un fotógrafo. Hay belleza en ser un teórico internacionalista en tanto no le toquen su nación. Así pasó con Flaubert. Véase la correspondencia que este escritor sostuvo con George Sand en la que se refiere a la guerra. De miserable y malditos no baja a los prusianos y se lamenta de los sufrimientos de su amada Francia.
Autor cuidadoso en su manera de escribir y concebir los temas, se permite señalar fallos en novelistas como Balzac, Tolstoi y pensadores como Voltaire. Pocos escritores se salvan de la crítica. Pero hay dos en los que Flaubert no se detiene en su apología y son Homero y Shakespeare: “¡Homero y Shakespeare, todo está ahí! Los demás poetas, aun los más grandes, parecen pequeños a su lado.”
Maestro en el arte de la escritura, y consultado por autores como Guy de Maupassant, cree sin embargo que “el carácter lo es todo”. Para él el carácter es parecido a la voluntad de Schopenhauer, algo como fuera del mundo de la causalidad: ”estoy seguro de no perder esta capacidad de emoción que la pluma me da por sí misma, sin que yo intervenga para nada, y esta emoción sobreviene a pesar mío…Lo que hago hoy, lo haré mañana ,lo hice ayer.”
Para los temas dice que le gustan los escritos que huelen a sudor “hay que ser claro sin dejar de ser común”. Hay que permanecer dentro del pueblo pero rechaza la vulgaridad. Y de la crítica literaria revela que es absurdo querer ajustar las obras de otros autores a mi criterio pues en medio de todo esto anda danzando el subjetivismo: “Lamartine, Eugenio Sue. ¡A cuantas de las piezas del viejo Hugo les sobra la mitad...Comienzo a entender un poco a Sófocles, lo cual me halaga. En cuanto a juvenal… ¿Por qué Saulcy rechazó el artículo de Leconte…” Es la vieja querella llorona de los intelectuales que cierran las puertas del Parnaso para que otros ya no tengan acceso ni a la gloria ni al presupuesto…Desde que el oráculo de Delfos nombró a Sócrates el hombre más sabio de la tierra. Luego éste a otro y este otro a otro y cerraron la puerta antes que Aristofanes pudiera entrar… Más adelante Flaubert vuelve con Shakespeare.
En diciembre de 1875 le escribe a George Sand: “No leo nada en absoluto, salvo a Shakespeare que he repasado de punta a cabo. Fortalece y hace entrar aire nuevo en los pulmones como si uno estuviera sobre una alta montaña. Todo parece mediocre al lado de este hombre prodigioso.”
Graham Greene, El ministerio del miedo, novela
Esta novela es la
historia humana de Europa, particularmente, en el espacio y el tiempo. Y, por extensión,
la de todo el mundo.
Las naciones se combaten a lo largo de prolongados y crueles
conflictos bélicos. Pero las relaciones sentimentales, que cristalizan en el amor,
se saltan las fronteras y las ideologías. Y con el tiempo el caos tiende a
diluirse. Si la vida sigue después de la destrucción y los terribles odios, es
porque sobre todo se impone el sentimiento del amor. A eso apunta esta novela.
Escrita desde el epicentro del objetivo de las B1 y B2, Graham Greene sabía lo
que estaba diciendo como inglés y como escritor. Pero un escritor que trata de
ver más allá de las esquirlas, los muros que se derrumban y de los discursos
incendiarios de los políticos de los diversos bandos.
Graham Greene nos mete en el relato de un complicado cuadro
de espionaje que tiene lugar en Londres y sus personajes deben moverse bajo el
impacto destructor de las bombas alemanas. Deben sacar subrepticiamente un
pequeño rollo de negativos que lleva fotos de un importante secreto de
paternidad inglesa.
![]() |
| Graham Greene |
Por equivocación ese diminuto rollo de película implican la
vida de Arthur Rowe, ciudadano ingles común que nada tiene que ver con el mundo
del espionaje. Para silenciarlo, en tanto los espías tienen tiempo para sacar
del país su secreto robado, a Rowe lo
encierran en una especie de sanatorio de lujo. Lo mantiene sedado y le hacen
creer que ha perdido la memoria y que es un asesino. Es cuando Rowe dice: “Llega
un momento en que el hombre debe intentar evadirse de su prisión, cualquiera que
sea el riesgo.”
Las piezas visibles de los espías son los hermanos Anna y
Willi Hilfe. Anna y Rowen se enamoran y
son los que van a sobrevivir a la hecatombe. Cada quien por su lado viven hasta
entonces una vida carente de amor. En el desenlace del relato algunos
individuos empiezan a morir de manera violenta y es cuando el amor resalta y se
define.
¿Se prolongará el conflicto que empezó en 1914, con un
intervalo en 1918, para después reiniciar en 1939? El discurso de los políticos
de todos los bandos apunta a eso, a que esta guerra seguirá. Para parar se
necesita un sentimiento más fuerte que el odio. ¡El amor!
En este punto surge la vieja polémica de siempre tener presente el agravio
o bien de olvidarlo. Todos los pueblos han agredido y todos los pueblos han sido agredidos. ¿Van a olvidar lo que ellos hicieron y a recordar sólo lo que les
hicieron? Ante el peligro cercano que los amenaza y frente a la tragedia que envuelve a Europa,
Graham Greene parece haber encontrado la fórmula de parar todo eso: “La
felicidad debe estar siempre valorizada por el conocimiento de la infelicidad”.
La crítica literaria ha cargado el punto en que esta obra es
el tema de la culpa. En otro tiempo Rowe autorizó la eutanasia para evitar que
su mujer siguiera sufriendo la insoportable enfermedad. De esa manera el personaje
central de esta novela parece prisionero del pensamiento que se ha convertido
en un asesino. Pero la obra literaria de Graham
Greene no es de escepticismo, ni de revancha, y siempre apunta a salvar a
sus maltrechos personajes por medio del amor.
Esta obra se llama El ministerio del miedo porque una vez
que los enamorados han caído uno en brazos del otro, no es el final de los
cuentos de hadas. Si va a ser un amor eterno, es el momento que empieza otra
historia. Caminar sobre terreno minado: “Tendrán que recorrer los senderos de
la vida con cuidado, pensando dos veces antes de hablar”. Y esto se consigue,
pensó Rowe, “sino se exagera la importancia de la felicidad.”
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reseña de libros
La libertad, según Kant- Platón
Para Schopenhauer la libertad es como el obrero que actúa bajo el espíritu del contrato colectivo de trabajo con el que cuenta la fabrica. Puede hacer y decir lo que desee, en nombre de su libertad, siempre y cuando no rebase lo estipulado en las cláusulas del contrato.
Sólo es un modo de ejemplificar la ley de la causalidad,"la regla según la cual los estados se suceden unos a otros". Para escapar a esa ley, en buena parte al menos, el individuo tendría que permanecer lejos de los deseos de posesión. Esto para un habitante de la ciudad moderna parece una utopía propia de campesinos, filósofos o místicos. Como no somos nada de eso, entonces tenemos que vérnosla con la ley de la causalidad, que infiere directamente en nuestro panorama de libertad.
La definición que Schopenhauer hace de la libertad es “el poder de obrar, es decir, la falta de obstáculos físicos capaces de dificultar los actos.”
La libertad,
Arthur Schopenhauer, Ediciones Coyoacán,
México, 2007
La libertad absoluta no existe en “este mundo” pero sí
existe en “aquel mundo”. Así lo expresa
él hombre común. Los filósofos tienen otra manera de decirlo. No existe en el
mundo de la causalidad, pero sí fuera de ella: “la voluntad es libre, pero
solamente en sí misma y fuera del mundo de los fenómenos” dice Schopenhauer en
su obra La libertad.
Sonaría extraño si decimos
que, a menor riqueza monetaria, más libertad. Parece que es mejor
decirlo con un símil: a menor gordura, más salud corporal.
Estamos acostumbrados al dicho que “el dinero lo puede
todo”. Menos la libertad. El millonario puede salir de la cárcel, pero no ser libre. El punto es que se tendrá más
libertad en la medida que se tenga menos necesidad. Habría que distinguir la
necesidad básica de la necesidad
inventada. El asalariado ahora no tiene para pagar el teléfono mensual, pero
puede caminar solo, libremente, a la luz del sol, por el boulevard o por donde s e le pegue la
gana. Considérese si el capo más
acaudalado puede hacer lo mismo. O el político más exitoso o el cantante que
vende millones de discos al año.
Ni siquiera el Papa puede ser tan libre para andar por ahí, en la calles y en los mismos pasillos del Vaticano, sin la Guardia Suiza.
El pobre asalariado no es consciente que posee un tesoro. No es consciente porque sueña con tener todo y ser poderoso...Es decir, sueña con perder la libertad.
Ni siquiera el Papa puede ser tan libre para andar por ahí, en la calles y en los mismos pasillos del Vaticano, sin la Guardia Suiza.
El pobre asalariado no es consciente que posee un tesoro. No es consciente porque sueña con tener todo y ser poderoso...Es decir, sueña con perder la libertad.
Pero hacer más o hacer menos es cosa de carácter no de
habilidad o circunstancia. Schopenhauer señala tres tipos de libertad: la
física, la intelectual y la moral. Cada una de estas tiene
sus particularidades.
Señala que la
libertad no debe ser confundida con el libre albedrio. Si el
individuo está en el mundo de la
causalidad, ¿de dónde sale con que puede decidir fuera de la cadena de
acontecimientos? A lo largo de todo un
capítulo declara que el libre albedrio es un trasto viejo y por demás
inservible. Hay aquí una animadversión con la posición teológica católica dada
su subyacente inclinación protestante. Más inclinado a considerar el asunto
bajo un inflexible encadenamiento de la
causalidad y no de la cosa en sí.
Para sostener su tesis Schopenhauer se enfrenta con uno de
sus filósofos más queridos como es Kant. Kant le pone el cascabel al gato y
dice que el agua y el aceite pueden
estar juntos pero que no se revuelven. Kant distingue la mecánica del fenómeno,
de la cosa en sí.” El hombre, dice este filosofo, es solamente un fenómeno. La
cosa en sí está situada fuera del
tiempo. Kant aplicó su profunda distinción
entre el fenómeno y la cosa en sí, que es el carácter dominante de toda
su filosofía y constituye su mérito
principal…la cosa en sí que le sirve de substratum,
es, como situada fuera del tiempo y del espacio, una e inmutable, y está
emancipada de la sucesión de la pluralidad.”
Lo enfrenta para enseguida hacerle el más brillante de los
cumplidos señalando cómo Kant concilió la necesidad (causalidad) con la
libertad: “Esta doctrina de Kant sobre la coexistencia de la libertad y la
necesidad, me parece lo más imponente y profundo producido por el ingenio
humano. Esa dictina y la estética trascendental son los dos diamantes de la
corona de la filosofía kantiana, que resplandecerá con fulgor eterno.”
El tema de la libertad, como lo presentan Schopenhauer y Kant,
es como asistir a un duelo de espadachines entre el carácter empírico
(terrenal y humano) y el carácter
inteligible (fuera del tiempo y del espacio). Gustavo Flaubert también
creía en esta intemporalidad al decir, en su obra La pasión de escribir: “ Estoy seguro de no perder jamás esta
capacidad de emoción que la pluma me da por sí misma, sin que yo intervenga
para nada, y esta emoción sobreviene a pesar mío”.
Al final parece que entre el fenómeno y la cosa en sí hay
continuidad: “el carácter empírico y la
razón última de éste, inaccesible a la experiencia, es el carácter inteligible,
es decir, la esencia en sí de ese objeto”. Y nos imaginamos que Schopenhauer
tiene que ceder: “ cada ser en el mundo obra según su esencia ,en la cual están
contenidas en potencia ya todas sus manifestaciones activas, pero no pasan al
acto más que cuando las causas exteriores las determinan, y esas manifestaciones
mismas dan a conocer la esencia de la
cual emanan”. Y enseguida lo corrobora: “La libertad no es atributo de carácter
empírico, sino de carácter inteligible”
Es a Platón, nos dice
el mismo Schopenhauer, que se le debe esta idea del carácter “fuera de este
mundo” y el carácter “dentro de este mundo”: “esta doctrina de Kant, sobre el
carácter inteligible y empírico, es una
idea que ya se le había ocurrido a Platón,
pero que Kant ha sido el primero en
elevar a la claridad abstracta y verdaderamente filosófica.”
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reseña de libros
El arte de la novela, de Henry James
En El arte de la novela Henry james se dirige al que piensa escribir
una novela, más que al lector de la novela. No es un manual de gramática y de
redacción. Se trata de la manera de ir por la vida tomando notas de lo que nos
llame la atención, pero desde la manera cómo vemos la vida cada uno de
nosotros, no como nos han inducido a verla.
Desde ese
subjetivismo propio que nos hace diferente a los otros. Amado Nervo, poeta,
veía a la mujer, en abstracto, de distinta manera que Schopenhauer, filósofo.
El Popocatepetl que pintaba Diego Rivera era diferente al que pintaba el Dr.
Atl.
¿Y cuando tengo
esas notas? Trabájalas como Dios te dé a entender, dice el autor, “tiene que
trabajarlas como pueda, y los mismos guías
y filósofos que son los que más tendrían que decirle, deben dejarlo
solo cuando se trata de aplicar los
preceptos, tal como dejamos al pintor en
comunión con su paleta.”
![]() |
| Henry James |
Quiera o no el
escritor escribirá de una sola manera, como él es. Tal vez con la influencia temporal
de éste o de aquel novelista, pero al fin y al cabo jamás podrá escribir como
aquel y acabará escribiendo como él es.
Como quien dice: nuestro instinto mueve el lápiz (o la computadora) de nuestro
modo cognoscitivo. En la calle tal vez no
podemos distinguir quién es quién de las dos hermanas gemelas, pero
copulando con ambas si sabremos quién es María y quién es Sara
¿El instinto o la inteligencia? Bueno, la intuición, que es instinto + inteligencia.
¿El instinto o la inteligencia? Bueno, la intuición, que es instinto + inteligencia.
James alerta
contra el pesimismo y el optimismo excesivo en la novela. Ya sea el escritor de
un país frío y envuelto en la bruma y lleno de hielos o en los países llenos de
sol y verdor de América, se nota los patológicos infra pesimismo y el ultra entusiasmo. Con
frecuencia con un trasfondo político que destaca la pobreza material y espiritual
de un país o se les pasó la mano diciendo
que en otro país todo es colorido, abundancia material y alegría. James lo
ilustra como si el pintor o el escritor “trabajara en la oscuridad.”, como esas
películas que parece que están filmadas con un foco de cuarenta watts, para
acentuar el cuadro patológico. De la misma manera se han escrito novelas que más pertenecen al campo de la
psiquiatría.
Y abundan las novelas, al estilo de los que escriben historia,
que ignorando el método dialectico, escogen las notas de su partido e ignoran
que en todo acontecimiento hay por lo menos dos bandos y ambos con sus muy buenas
razones. Si de un lado murieron cincuenta millones de individuos, y del otro
lado una cantidad semejante, es claro que no se trata de algo que pueda escribirse a la ligera. Por ninguno de los bandos. Ocultar los motivos del otro es inducir
mañosamente a que el lector piense de una manera sin dejarle información para
que él decida.
James recurre
con frecuencia a la semejanza de la novela y la pintura, ambas como
manifestaciones del arte. En la pintura, como en la fotografía, hay individuos
o cosas con luz y sombra. Pero resulta que en la novela menudean con frecuencia
los acontecimientos que carecen de luz o bien carecen de sombra.
Semejantes a la
historia política de todos los pueblos del planeta (parece que es un punto en
el que s e puede generalizar sin temor al equívoco).Con personajes que son pura sombra o pura luz. En México Benito
Juárez es para unos de tal dimensión
negativa que mejor ni pronunciar su nombre. Para otros es nada menos que el
Benemérito de las Américas y le han edificado un magnifico monumento de mármol
en el centro de la Ciudad de México.
Santa Anna es otro caso. Responsable de que los mexicanos hayan perdido
más de la mitad de su territorio en la guerra contra Estados Unidos en el siglo
diecinueve. Para otros es el personaje por el cual los mexicanos tienen todavía territorio al
derrotar, por las armas, el intento que España hizo de reconquistar México. Agustín
de Iturbide es el nefasto personaje que desde el ejercito realista persiguió
con saña a los mexicanos que buscaban independizarse del poder de España. Para
otros es el primer y auténtico padre de la patria de los mexicanos al facilitar
esa independencia al pasarse al bando de los insurgentes. Como estos tenemos al
menos otros cien personajes en México que son pura sombra o bien pura luz.
Y traemos aquí
estos ejemplos que pertenecen a la historia política de los países
porque, como sucede en todo el planeta (otra vez sin temor al equívoco), lo
político s e proyecta en la poesía, en
el ensayo y en la novela. Y al rato la librerías se llenan de novelas
“unilumínicas” que tienden hacia el panfleto, incluidas algunas del Premio
Nobel de literatura.
Un tratamiento
dialectico, en literatura, ponemos como ejemplo, sería Una gata sobre el tejado de zinc caliente, de Tennessee Williams.
Una familia donde sus miembros no son de
todo malos ni es de todo bueno. Son humanos con luces y sombras
Es lo que James señala al novelista: “tu primer deber es ser
lo más completo posible.”
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reseña de libros
Escala “milenaria” para medir las dificultades de escaladas alpinas
1000. m.s.n.m
20000 m.s.n.m.
3000 m.s.n.m.
4000 m.s.n.m.
5000 m.s.n.m.
6 000 m.s.n.m.
7 000 m.s.n.m.
8 000 m.s.n.m.
La idea de esta nota es que la dificultad del alpinismo no está en las montañas sino en el alpinista.
No se capta el objeto, se crea el objeto.
Yo digo que esta roca es imposible de escalar. Va a resultar-me, imposible.
Estoy seguro de poder escalarla, podré escalarla.
¿En qué altitud escalas? En los 2 mil. Eres dosmilero. En los 5 mil. Eres cincomilero, etc.
ARGUMENTO
Las condiciones geológicas de la montaña son diferentes según la cota de que se hable. En los 3 mil pueden ser consistentes al punto que logremos colgarnos de una saliente de apenas 5 milímetros.3 mil metros más arriba las rocas estarán tan erosionadas por las condiciones climatológicas y la denudación (durante el día el agua se introduce en las fisuras de la roca, por la noche baja la temperatura, el agua se congela y actúa como cuña o dinamita y hace estallar el bloque de roca) que se requerirá para subirla otro tipo de entrenamiento, de equipo para escalar y de abrigo. ¡Y otra filosofía, otra condición psicofísica!
Otras temperaturas. En algunos países, como México, las rocas de los 3 mil están bañadas por el Sol y son calientes. O un poco frías.2 mil metros más arriba hay nieve y hielo y por consecuencia las rocas son heladas. Y nuestro organismo se comporta diferente con relación a la cantidad de oxigeno en la atmosfera, que impactará la producción de glóbulos rojos de la sangre y las temperaturas serán muy diferentes que a los 3 mil y nuestro estado de ánimo, así como nuestro subjetivismo, se comportará también de manera diferente marcado por el cambio de condiciones geográficas locales y ¡con respecto al Ecuador!
José Mendez en "libre y solitaria" en la pared Los Perros,Salazar,estado de México, 3 mil metros de altitud,roca firme,temperatura templada,sin problemas con los glóbulos rojos en la sangre,cercanía de la comunidada humana,un cómodo subjetivismo.
El hielo de los Alpes centroeuropeos permite hacer “escalones” y colocar clavos. El hielo en México salta como vidrio en mil pedazos al primer golpe de piolet o de martillo
De ahí que, para saltarse toda discusión académica, la pregunta es ¿en qué altitud escalas?
El escalador sube abriéndose paso entre: 1) las dificultades físicas propias de la ascensión,2) de la fuerza de gravedad,3) de la altitud que tiene que ver con la producción de sus glóbulos rojos en la sangre y,4) con su propio subjetivismo. Y la tarea no va ser más fácil llamándole “alpinismo moderno”. ¡Salvo que hubiera una fuerza de gravedad moderna!
En su libro Séptimo Grado, Reinhold Messner nos ofrece un ejemplo valioso de lo que es el subjetivismo de los montañistas. Luego de su escalada en el Wilder Kaiser consideraron él y su compañero de cordada qué grado ponerle: “Contábamos con dos posibilidades: concederle una dificultad de VI+ o bien de VII. Nos decidimos por el VII grado” (Editorial RM-Barcelona, 1982, Pág. 192)…
Los hombres sentimos especial devoción por hacer hitos, de todo. La historia antigua de Roma, los filósofos griegos de la época clásica, la revolución mexicana, el segundo imperio, la novela moderna, la pintura de vanguardia, los cinco sabios, la generación de poetas del 74,música de vanguardia, roqueros de la quiebra, etc.
En el mundo fenoménico de la causalidad (perdón por la redundancia) todo es una línea sin principio ni fin. Cada acontecimiento sólo es un eslabón más de la cadena infinita. De la misma manera que el centro del universo está en todas partes.
Pared Oriental del Pecho de la Iztaccihuatl, (escaldores dentro de los círculos) estado de Puebla, México, 5 mil metros de altitud, roca erosionada, bajas temperaturas, menos oxigeno, menos glóbulos rojos en la sangre, lejanía de la comunidad humana,otro subjetivismo…
En política no se habla ni se practica un ejercicio dialectico. Se habla de “derechas” y de “izquierdas” y los especialistas, queriendo definir esto, han escrito sendos tratados y en lo que coinciden es que unos estaban sentados a la derecha y otros a la izquierda. Y con el tiempo, igual que pulgas saltadoras, algunos de aquel lado se pasaron a la bancada de éste y viceversa, con lo que se perdieron de vista la declaración de principios que sustentaba teóricamente a los partidos.
En filosofía por fin Jean Wahl le puso el cascabel al gato y dijo que es un pasatiempo pernicioso de parcializar al hombre en el terreno cognoscitivo: “No hay términos más peligrosos para el pensar filosófico que “realismo, “idealismo”, “racionalismo”,”empirismo”, etc” (Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988).
En escalada no escapamos a esa devoción de poner categorías de dificultad, para lo cual se arman cuadros comparativos de las distintas escalas de dificultades que no tiene más validez que un juicio de opinión toda vez que están basados en el subjetivismo de los individuos y no en las dificultades reales de la montaña. Son tablas o escalas matemáticas (como la de Welzenbach, por ejemplo) pero construidas desde el subjetivismo. El 2 de junio de 1977 Reinhold Messner y otro escalador consiguieron la primera escalada en una nueva ruta por el Espolón Fleischbank, en el Wilder Kaiser y la catalogaron como de un séptimo grado de dificultad. El mayor grado de dificultad hasta entonces. Para saber si somos capaces de escalar en un séptimo grado tendríamos que ir por el planeta buscando el mismo tipo de roca, la misma altitud y las mismas características de la montaña y las mismas latitudes. Mil metros más de altitud ya es otra historia y mil metros por debajo igualmente ya es otra historia.
Necesitaríamos elaborar tablas de dificultad para cada mil metros de altitud.
Si alguien, con sus 150 kilos de masa corporal no pude pasar por donde pasó el de 80 y luego el de 60 kilos pasa corriendo y cantando, por donde los otros sufrieron las de Caín, ¿qué tuvo que ver en esto la montaña? Sería apropiado entonces decir: “escala de dificultades del montañista” y no “escala de dificultades de la montaña”
Por lo anteriormente expuesto también nosotros hemos caído en el juego de elaborar una tabla de dificultades, ésta sí de la montaña y no del montañista. La hemos nombrado como tabla “milenaria”. Pero no tiene bases matemáticas como las que han aparecido a través de los siglos, sino de base geográfica. Y tan fácil de autocalificarse por el mismo escalador. Con decir escalo en los 4 mil, por ejemplo, ya tendríamos una información real, nada subjetiva, de las condiciones con las que se las tiene que ver el individuo.
20000 m.s.n.m.
3000 m.s.n.m.
4000 m.s.n.m.
5000 m.s.n.m.
6 000 m.s.n.m.
7 000 m.s.n.m.
8 000 m.s.n.m.
La idea de esta nota es que la dificultad del alpinismo no está en las montañas sino en el alpinista.
No se capta el objeto, se crea el objeto.
Yo digo que esta roca es imposible de escalar. Va a resultar-me, imposible.
Estoy seguro de poder escalarla, podré escalarla.
¿En qué altitud escalas? En los 2 mil. Eres dosmilero. En los 5 mil. Eres cincomilero, etc.
ARGUMENTO
Las condiciones geológicas de la montaña son diferentes según la cota de que se hable. En los 3 mil pueden ser consistentes al punto que logremos colgarnos de una saliente de apenas 5 milímetros.3 mil metros más arriba las rocas estarán tan erosionadas por las condiciones climatológicas y la denudación (durante el día el agua se introduce en las fisuras de la roca, por la noche baja la temperatura, el agua se congela y actúa como cuña o dinamita y hace estallar el bloque de roca) que se requerirá para subirla otro tipo de entrenamiento, de equipo para escalar y de abrigo. ¡Y otra filosofía, otra condición psicofísica!
Otras temperaturas. En algunos países, como México, las rocas de los 3 mil están bañadas por el Sol y son calientes. O un poco frías.2 mil metros más arriba hay nieve y hielo y por consecuencia las rocas son heladas. Y nuestro organismo se comporta diferente con relación a la cantidad de oxigeno en la atmosfera, que impactará la producción de glóbulos rojos de la sangre y las temperaturas serán muy diferentes que a los 3 mil y nuestro estado de ánimo, así como nuestro subjetivismo, se comportará también de manera diferente marcado por el cambio de condiciones geográficas locales y ¡con respecto al Ecuador!
José Mendez en "libre y solitaria" en la pared Los Perros,Salazar,estado de México, 3 mil metros de altitud,roca firme,temperatura templada,sin problemas con los glóbulos rojos en la sangre,cercanía de la comunidada humana,un cómodo subjetivismo.
El hielo de los Alpes centroeuropeos permite hacer “escalones” y colocar clavos. El hielo en México salta como vidrio en mil pedazos al primer golpe de piolet o de martillo
De ahí que, para saltarse toda discusión académica, la pregunta es ¿en qué altitud escalas?
El escalador sube abriéndose paso entre: 1) las dificultades físicas propias de la ascensión,2) de la fuerza de gravedad,3) de la altitud que tiene que ver con la producción de sus glóbulos rojos en la sangre y,4) con su propio subjetivismo. Y la tarea no va ser más fácil llamándole “alpinismo moderno”. ¡Salvo que hubiera una fuerza de gravedad moderna!
En su libro Séptimo Grado, Reinhold Messner nos ofrece un ejemplo valioso de lo que es el subjetivismo de los montañistas. Luego de su escalada en el Wilder Kaiser consideraron él y su compañero de cordada qué grado ponerle: “Contábamos con dos posibilidades: concederle una dificultad de VI+ o bien de VII. Nos decidimos por el VII grado” (Editorial RM-Barcelona, 1982, Pág. 192)…
Los hombres sentimos especial devoción por hacer hitos, de todo. La historia antigua de Roma, los filósofos griegos de la época clásica, la revolución mexicana, el segundo imperio, la novela moderna, la pintura de vanguardia, los cinco sabios, la generación de poetas del 74,música de vanguardia, roqueros de la quiebra, etc.
En el mundo fenoménico de la causalidad (perdón por la redundancia) todo es una línea sin principio ni fin. Cada acontecimiento sólo es un eslabón más de la cadena infinita. De la misma manera que el centro del universo está en todas partes.
Pared Oriental del Pecho de la Iztaccihuatl, (escaldores dentro de los círculos) estado de Puebla, México, 5 mil metros de altitud, roca erosionada, bajas temperaturas, menos oxigeno, menos glóbulos rojos en la sangre, lejanía de la comunidad humana,otro subjetivismo…
En política no se habla ni se practica un ejercicio dialectico. Se habla de “derechas” y de “izquierdas” y los especialistas, queriendo definir esto, han escrito sendos tratados y en lo que coinciden es que unos estaban sentados a la derecha y otros a la izquierda. Y con el tiempo, igual que pulgas saltadoras, algunos de aquel lado se pasaron a la bancada de éste y viceversa, con lo que se perdieron de vista la declaración de principios que sustentaba teóricamente a los partidos.
En filosofía por fin Jean Wahl le puso el cascabel al gato y dijo que es un pasatiempo pernicioso de parcializar al hombre en el terreno cognoscitivo: “No hay términos más peligrosos para el pensar filosófico que “realismo, “idealismo”, “racionalismo”,”empirismo”, etc” (Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988).
En escalada no escapamos a esa devoción de poner categorías de dificultad, para lo cual se arman cuadros comparativos de las distintas escalas de dificultades que no tiene más validez que un juicio de opinión toda vez que están basados en el subjetivismo de los individuos y no en las dificultades reales de la montaña. Son tablas o escalas matemáticas (como la de Welzenbach, por ejemplo) pero construidas desde el subjetivismo. El 2 de junio de 1977 Reinhold Messner y otro escalador consiguieron la primera escalada en una nueva ruta por el Espolón Fleischbank, en el Wilder Kaiser y la catalogaron como de un séptimo grado de dificultad. El mayor grado de dificultad hasta entonces. Para saber si somos capaces de escalar en un séptimo grado tendríamos que ir por el planeta buscando el mismo tipo de roca, la misma altitud y las mismas características de la montaña y las mismas latitudes. Mil metros más de altitud ya es otra historia y mil metros por debajo igualmente ya es otra historia.
Necesitaríamos elaborar tablas de dificultad para cada mil metros de altitud.
Si alguien, con sus 150 kilos de masa corporal no pude pasar por donde pasó el de 80 y luego el de 60 kilos pasa corriendo y cantando, por donde los otros sufrieron las de Caín, ¿qué tuvo que ver en esto la montaña? Sería apropiado entonces decir: “escala de dificultades del montañista” y no “escala de dificultades de la montaña”
Por lo anteriormente expuesto también nosotros hemos caído en el juego de elaborar una tabla de dificultades, ésta sí de la montaña y no del montañista. La hemos nombrado como tabla “milenaria”. Pero no tiene bases matemáticas como las que han aparecido a través de los siglos, sino de base geográfica. Y tan fácil de autocalificarse por el mismo escalador. Con decir escalo en los 4 mil, por ejemplo, ya tendríamos una información real, nada subjetiva, de las condiciones con las que se las tiene que ver el individuo.
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alpinismo
Introducción
a la historia de la filosofía, de Ramón Xirau-libro
¿Por qué,
para qué, la vida? Son las preguntas que los humanos se han hecho desde la primera vez que
alguien, desde la entrada de la cueva donde habitaba, se dio cuenta que en el
cielo hay estrellas, que estas se mueven, que se van y que regresan. A
semejanza de los hombres que también llegan a la vida y luego se van y otros
siguen llegando.
Preguntas
que se hicieron más sistemáticas y profundas desde los Presocráticos en Grecia.
A lo largo de veinticinco siglos los
individuos han dado su punto de vista a esas preguntas. Los incrédulos se
ocuparon de Dios y los creyentes profundizaron en el pensamiento lógico. Así,
de abstracción en abstracción, se han escrito innumerables, sendas y formidables
obras de filosofía.
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| Platón:Dios es la medida de todas las cosas |
También se
han escrito, desde la Academia, valiosos trabajos panorámicos que integran
cuanta corriente del pensamiento occidental ha aparecido de manera
significativa sobre la faz de la Tierra. Introducción
a la historia de la filosofía, de Ramón Xirau, es uno de ellos. Con una
prosa y exposición de los temas filosóficos entendibles para el común y que seguramente los
especialistas deben consultarla mucho.
La obra fue
editada (la decimoquinta reimpresión de la decimotercera edición) en 2010 por
la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El autor
nació en España en 1924 y en 1955
adquirió la nacionalidad mexicana. Es doctor en filosofía por la Facultad de
Filosofía y Letras de la UNAM, profesor en la misma Facultad desde 1949 e
investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la propia Universidad Nacional.
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| Protágoras:El hombre es la medida de todas las cosas |
La obra está
estructurada en cinco partes: 1) Grecia,2) Cristianismo y Edad Media,3) Del
Renacimiento a Kant,4) Hegel y la caída del idealismo,5)Perspectivas del siglo
XX.
Tiene tres
valiosos Apéndices: I) Índice de las principales corrientes filosóficas, II) Breve
vocabulario de términos usuales, III) Tendencias filosóficas recientes.
Y un Índice
onomástico
CEMAC, un club alpino que cumple 90 años de vida
Noventa años de vida ininterrumpida cumplió el Club Exploraciones de México, A.C. en mayo de 2012, para celebrar el acontecimiento la mesa directiva del mismo, programó una serie de conferencias, fui invitado para desarrollar la primera charla de la lista. El 23 de mayo del 2012 en la sede del Club, lo hice con el tema: Mis experiencias en los desiertos mexicanos, referidos a Altar, en el Estado de Sonora, y el de Samalayuca, en el Estado de Chihuahua. Como introducción leí el texto que aparece enseguida:
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| Socios del CEMAC en la conferencia del 23 de mayo de 2012 |
Mi manera de rendir homenaje al Club Exploraciones de México A.C.
El Club es una institución que trasciende a las generaciones, por lo mismo, igual mérito tienen en esta tarea sus fundadores como sus sucesivas mesas directivas.
El alpinismo como deporte puede corresponder a un intento de librarse del tedio. Igual que hace la gente que se va de vacaciones de manera masiva a Acapulco, con la única diferencia que al alpinismo se le llama ahora “vacaciones de alto riesgo”. Según la capacidad económica podremos llegar sólo a la Sierra de Guadalupe, en el norte de la ciudad de México, o a los Andes o al Himalaya. Como sea, todo se reduce a escapar del tedio. Por eso a la vuelta de dos o tres lustros los alpinistas dejan de ir a las montañas, porque encontraron otros distractores que los apartaron del tedio. Después se dedica al ciclismo, al atletismo o son toreros o boxeadores o bailadores de salón, o al “deporte” de moda que es la adicción a sustancias no autorizadas por la medicina, o de plano se sientan a ver televisión de tiempo completo. De esta manera, más tarde o más temprano, llega la inactividad y con ello el sobrepeso, la obesidad y un rosario de enfermedades físicas y mentales. La última etapa es la que se conoce como la “polifarmacia”. Esa que, para poder sobrevivir, necesitamos ingerir pastillas y más pastillas. En todo esto, repito, está la idea dominante de apartarse del tedio.
En cambio el alpinismo como plan de vida, ese que se practica a través de toda la existencia, corresponde a una idea responsable conmigo mismo, con mi familia y con la sociedad. Es la intención de buscar, tesoneramente, la salud psico-física, no la de escapar del tedio. Cumplidos los cincuenta años de edad la vida nos practica la más rigurosa auditoria biológica que jamás podemos imaginar de jóvenes. Por eso en estas etapas de la adultez y la vejez es cuando más deberíamos persistir en la idea de seguir subiendo montañas. Ajustando siempre la practica a las posibilidades de la edad.
Sin salud, sin alegría, poco importa lo demás, sean dinero, propiedades inmuebles o títulos. Esto del alpinismo como plan de vida es, creo yo, la idea que subyace en la filosofía de los hombres que fundaron el Club. No practicar el alpinismo por un rato sino por toda la vida. Una afirmación de esto es que, en los programas del Club, siempre se anuncian las salidas a la montaña del grupo que está integrado por montañistas veteranos. El más grande homenaje a Otis Mac Allister es la presencia de los alpinistas veteranos. Entre este grupo de veteranos, el que más reconocimiento merece, es un joven que acaba de cumplir noventa años de vida y es el Club Exploraciones de México, A.C.
Armando Altamira G.
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Justificación de la página
La idea es escribir.
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.







