ESCRIBE UNA NOVELA, SANTAYANA ORIENTA


“El universo es una novela cuyo héroe es el ego”, escribe George Santayana en su obra Diálogos en el limbo.

Cada novela y cada poema  salen de un ego muy particular. Y aun cada ensayo y cada historia también se escriben desde un ego único. Los poetas saben de lo que estamos hablando. Un personaje de Ibsen le dice a Peer Gynt, parados ambos en las arenas de Egipto: “Grito en alemán y la pirámide me contesta el eco en alemán.”

J.W. Goethe decía que cuando escribía poemas escribía como Goethe, cuando escribía novelas escribía como Goethe, cuando escribía ensayos escribía como Goethe...

Santayana invita a escribir. Lo que sucede en una novela sólo es cierto en esa novela. Su escaso o amplio valor didáctico, terapéutico o patológico, está en relación a la manera en que toque zonas semejantes al pensamiento de otros.

No se trata de una verdad absoluta, sólo de una verdad parcial. Una verdad que le pertenece sólo  al que escribe. Si el otro no está de acuerdo al leer esta novela, ya puede escribir su novela.
Diario El País, España 15-2-2013

Así se hace hasta en algunas esferas de la academia. Hay historiadores que no están de acuerdo a cómo sucedieron las cosas y se meten a recomponer el pasado. Su lema es “Contaremos lo que nos hicieron y callaremos lo que hicimos”.

Santayana dice de estos historiadores que “su virtud no es ser verídica sino estar bien inventada…Sin embargo los historiadores clásicos no se contentan con citar palabras registradas: componen discursos para sus personajes, bajo la confesada inspiración de Clío; o menos honradamente, en los tiempos modernos, explican cómo se sentían  sus héroes, o que influencias obraban en el espíritu de la época, o qué dialéctica dirigía  la opinión pública de un sentimiento a otro. Todo esto es descarada ficción; y su valor, si alguno tiene, está exclusivamente en la elocuencia, la sabiduría o la información incidental que encontramos en el historiador.”

De la Batalla de Waterloo hay al menos cien historias diferentes  que hemos podido encontrar. Es el subjetivismo del historiador. Es su Batalla de Waterloo. Está en el pleno ejercicio de su libertad hacerlo. La perversión está cuando la mercadotecnia quiere convertir esa verdad parcial, en verdad absoluta. 

Esto sucede hasta en las mejores familias. En filosofía es común presentar la abstracción por la generalidad.

Los mejores novelistas son los que meten a sus personajes en el juego dialectico: “Una mente libre debe vivir en sus propios términos y creer en ellos, porque no son inferiores al mundo en torno. La adoración del hecho sería, por consiguiente, una falta de gusto y de moral.”
El País,España 15-02-2013

De la manera más natural se dicen las cosas. Describir una escena de enamorados hay más de un modo de decirlo. Desde la experiencia propia o echando mano de la intuición: 

“Observo una pareja de amantes  y no necesito tener perspicacia  sobrenatural para ver si el amor es verdadero, si crece o decrece, si es irritable o seguro, sensual o amistoso. Puedo convertirlo mentalmente  en núcleo de mi pequeña novela, y dependerá de mi particular imaginación y de mis dotes literarios el que pueda ir desarrollando los giros de leguaje y de sentimientos capaces de expresar todas facetas las de la conducta de los amantes.”

La mayoría de nosotros alberga en su ser grandes reservas de fe y de escepticismo. San Agustín dice que no hay fe más grande que la fe que duda. El escepticismo es una de las grandes herramientas del método científico. Busca encontrar incoherencias en lo ya establecido. Lo derriba o lo confirma. 

La teoría evolucionista está presente. Habla el antropocentrismo: “No hay destino, sólo cuenta lo que hacemos.” Dice el niño en la película Terminator 2, de Arnold Schwarznegger.

Por otra parte la fe pertenece a la teoría creacionista. Donde todo está hecho y el humano tiene la gran responsabilidad de conservar en buen estado lo que el cielo hizo. 

Desforestación de bosques y selvas, contaminación de las aguas marítimas y continentales, glaciares que desaparecen por el incremento de las temperaturas locales y globales fuera de su ciclo natural, explotación de las masas por medio de la moderna esclavitud conocida como outsourcing, no es lo que el cielo quiere. Al menos eso no lo que postula el cielo de la cultura occidental.

Moverse en la teoría evolucionista y en a la creacionista es lo que le da movimiento a las novelas de los grandes escritores. Un ejemplo: El factor humano de Graham Greenne. Un arquitecto ateo que por alguna circunstancia tiene que vivir entre sacerdotes que sostiene un lazareto en alguna parte de África.

En palabras de Santayana: “Pero lo importante no es cómo se llega a la intuición, sino que, cuando se llega, revela una esencia que no pertenece  por sí misma a esto ni a aquello, sino que es eterna y sin fecha.
G.Santayana




“Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana (Madrid, 16 de diciembre de 1863Roma, 26 de septiembre de 1952), fue un filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense. A pesar de ser ciudadano español, Santayana creció y se formó en Estados Unidos. A los 48 años dejó de enseñar en la universidad de Harvard y nunca más volvió a los Estados Unidos. Escribió sus obras en inglés, y es considerado un hombre de letras estadounidense. Su último deseo fue ser enterrado en el panteón español en Roma. Probablemente su cita más conocida sea «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo», de La razón en el sentido común, el primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón o fases del progreso humano.”




POLEMÓN INSISTE EN LA IDEA OPERANTE


La idea operante es la manera que los filósofos llaman a lo que en las calles conocemos con el dicho de”dime qué haces y te diré quién eres”. No qué dices sino qué haces.

En una película del cine norteamericano Jack Nicholson es un terapeuta y  le pregunta al muchacho, que acaba de llegar al grupo de terapia, “Cuéntanos quién eres”. El otro dice cómo se llama. No queremos saber cómo te llamas sino quién eres. Soy subgerente de la compañía tal. No queremos saber  en qué trabajas sino quién eres. Soy un tipo agradable y juego futbol. No queremos saber qué deporte practicas sino quién eres. Sigue una serie de preguntas hasta que el otro descubre que no sabe cómo es.

Palemón fue un filósofo de la antigüedad, de los llamados sofistas. Nació en la ciudad griega de Olete  y se le veneraba mucho en la ciudad de Esmirna, donde abrió una escuela de filósofos.

A Polemón le pasó algo semejante a lo que sucedió con San Francisco de Asís. De vida disipada, tuvo que experimentar un cambio radical en su manera de vivir. Sólo que en el campo de la filosofía, no de la religión. De tal manera que, como  San Agustín, no teorizaba de la vida, sabía de lo que estaba hablando.

Entre otras cosas se le quería porque llevó  concordia  entre los habitantes de esta ciudad que hasta entonces habían vivido una enorme división y antagonismos sin fin entre sus habitantes. Eran mentirosos y acabaron pelándose entre sí. Según noticias se comportaban como los jóvenes de algunas zonas precaristas que existen en muchas ciudades del planeta, del siglo veintiuno, como México, Brasil, China, Estados Unidos, Guatemala…

Los precaristas de un barrio entran en pleito grupal con los precaristas del otro barrio. No hay interés pecuniario ni alguna clase de idea sobre la libertad. Sólo darse de palos y pedradas. Más parece una necesidad de reconocimiento grupal, una carencia existencial que busca hacerse notar. Mas una precariedad de cultura que de dinero.

Una de las maneras de unidad que Polemón echó a andar está contenida en su pensamiento que ningún monumento, levantado por los griegos, sería permanente si conmemora victorias contra los mismos griegos. Algo para meditar…

Pero sobre todo se recuerda a Polemón por señalar nuestra conducta incoherente  como una señal patológica mental. Lo dice a su modo: “No me es menos odioso que las puertas del infierno aquel que dice una cosa con su boca y oculta otra en su corazón.”

En todos los siglos que estaban por llegar, después de Polemón, pensadores de todas partes se harían eco de las palabras de este filósofo de la antigüedad, en lo que respecta a la idea operante.

La religión dice “No mentirás” y  la expresión, tan  llena de vigor,  es, no obstante, tan breve, que la brincamos veinte veces al día. Jesús expresa de manera directa la idea operante con sus palabras:"Por sus obras los conocerás." Pero también parece una manera muy sintética  y seguimos con nuestro doble discurso.Entonces hay que ir con los filósofos que son más explicativos. Y no nos dejan salida por dónde escapar.

H. Bergson es reiterativo en este sentido. En su obra Las dos fuentes de la moral y de la religión, dice: “para saber lo que ocurre en el espíritu de un primitivo y aun de un civilizado, hay que considerar lo que hace, por lo menos tanto como lo que dice…para saber lo que la inteligencia piensa implícitamente, basta mirar lo que hace…si se quiere saber el fondo lo que un hombre piensa, hay que tener en cuenta lo que hace y no lo que dice.”

Es Alexis Carrel el  que considera el asunto de la idea operante, o como ahora se le dice, ”doble discurso” o “doble moral”, desde el punto de vista médico. En su libro La incógnita del hombre apunta que: “La histeria engendra la doble personalidad. El enfermo siente que se transforma en dos individuos diferentes. Cada una de estas personas artificiales  ignora los pensamientos y los actos de la otra…Además de aquellos que se desdoblan  así en dos personas, existen otros grupos cuyas personalidades están disociadas de modo incompleto. En estas categorías se hayan muchos tipos de neuróticos, aquellos que practican la escritura automática, ciertos médiums, y también los seres raros, débiles y vacilantes, que tan numerosos son  en le sociedad moderna…

El “doble discurso” es, pues, una patología, no es una graciosa muestra de habilidad mental. Pero, como en el caso  de los que conducen ebrios y provocan accidentes, es una patología que tiene su responsabilidad, que no puede alegar inocencia ante el juez.

Epicteto (50-130 d. C.) también insiste en  observar la idea operante, no sólo la que se practica en lo individual sino, sobre todo, en lo general. Cuando el asunto del “doble discurso” agarra dimensiones sociales hay el riesgo que se convierta en una nación de vida turbulenta, no de progreso. Al estilo de los muchachos peleoneros  de los barrios bajos.

Igual si se trata de guías sociales formados en toda regla, de manera institucional, como serían sacerdotes, políticos, terapeutas y sindicalistas. Como los que se hacen de manera empírica. A todos ellos Epicteto habla así: “No te des jamás el título de filosofo ni pierdas el tiempo en predicar hermosas máximas. Lo único que debes hacer ante ellos es practicar simplemente lo que estas máximas aconsejan.”

No pide Epicteto grandes demostraciones, bajo los reflectores, o en la primera página de los diarios, o en el noticiero de la noche, hora de mayor audiencia, de honradez política o de santidad. Sólo un detalle simple, discreto, anodino, para empezar a formar el habito de decir lo real, no lo inventado: “en un festín no te metas a predicar cómo debe comerse, sino practícalo.”

Como sea, en todo momento, la implacable  idea operante, de los filósofos,  estará midiendo lo que hacemos, no lo que decimos.

 
La implacable idea operante
Polemón, hijo de Filóstrato, fue ateniense y natural del pueblo llamado Oiete. Siendo joven, era tan incontinente y derramado, que iba siempre prevenido de dinero para hallarse pronto a la consecución de sus deseos, y aun lo escondía en agujeros. Hasta en la Academia se hallaron junto a una columna algunos trióbolos (276) escondidos por él para semejante referido uso. Entró una vez, junto con otros jóvenes, coronado y embriagado en la escuela de Jenócrates, y éste siguió y concluyó el discurso empezado sin alterarse en nada. Hablaba Jenócrates de la templanza, y oyéndolo el mozo Polemón, volvió poco a poco sobre sí, de manera que luego después superó a los demás en el estudio y aplicación, y finalmente le sucedió en la escuela, empezando en la Olimpíada CXVI.”


LOS VIEJOS TIEMPOS DE LA ESCRITURA CON IRVING WALLACE


Remotísimos son los tiempos en que los periodistas, novelistas y poetas, escribían sus borradores a lápiz y los pasaban a golpe de máquina mecánica. Si era necesario modificar una línea sacaban la hoja  y volvían a  escribirla tal cual pero ahora con el agregado.

Si el caso era una novela y no gustaba algo del Capítulo Quinto de treinta cuartillas pues ¡repetir las treinta cuartillas, con la corrección o el agregado! Con algo de maña había que ingeniárselas para acomodar el agregado al final o muy al principio y así sólo repetir tres o cuatro cuartillas. Se dice que Tolstoi (su esposa) revisó siete veces los borradores de La guerra y la paz

Imposible que  haya sido de esa manera, nos decimos desde los tiempos de la computadora. Cómo fue que J. A. Cronin, George Sand, Honorato de Balzac, Santayana, Lucio V.Mansilla, W. Jaeger  con su Paideia, John Updike, Faulkner, Will Durant etc. pudieron escribir sendos trabajos con tan increíbles limitaciones.

Y otros, ¿el colmo! primero escribían a mano, con lápiz, luego se pasaba el manuscrito a máquina…Parecería que estamos hablando de los tiempos de los Tolomeos en Egipto. No, apenas unas cuatro décadas en los países sumergentes y un poco menos en países emergentes.

Eran los tiempos en que los periodistas “cubrían” el evento, corrían hasta   la redacción a escribir su nota o a llevarla personalmente, se metían al cuarto oscuro a revelar la película blanco y negro y, muy apresurados y con mucha practica, y todavía oliendo su ropa a acido acético, una hora después estaban entregando sus fotos para ilustrar el escrito.

Esto lo recuerda mi amigo Yuma, compañero de escalar montañas y que vive de escribir para periódicos y revistas. Mientras viajamos en la línea 3 del “metro”, Ciudad de México, entre las estaciones Hidalgo y Coyoacán, escribe su nota en la computadora portátil (sentado en el piso porque no hay asientos desocupados), hace dos o tres correcciones, borrando y  agregando, introduce la “memoria”, selecciona las fotos y las envía a la redacción. Fin del asunto. Apenas unos minutos.
Los viejos tiempos

Se aproxima el “metro” a la estación Coyoacán y todavía tiene tiempo para contarme los aspectos históricos, casi arqueológicos de cómo  se escribía  apenas  en el segundo tercio del siglo veinte. 

El   fuerte de Yuma  es escribir novelas. Y aquí es donde se comprueba la maravilla llamada computadora, dice. Si a la mitad del Capítulo Tres tienes que modificar algo sólo agregas donde quieras sin repetir nada. La maquina hace todo. Si te equivocas en la ortografía la máquina te los señala y corrige. Tampoco tienes que levantarte e ir hasta el diccionario.

Si necesitas un dato que desconoces o del que no estás seguro marcas Wikipedia y encuentras lo que ni la Enciclopedia Británica contendría. En diez segundos y sin siquiera levantarte de tu asiento, Cierras y vuelves a tu escrito. Y como tengo en mi computadora el programa Dragon ya ni siquiera necesito que teclear, sólo hablo y la computadora traduce en letras.

Extrae un libro de su mochila. Es La creación de una novela, de Irving Wallace. El autor relata aquí todas las que pasó para escribir su famosa novela El Premio Nobel.

Con relación a lo que me contó en el “metro” me lee algunos párrafos,  escritor por Wallace, que describen  cómo cortaba, guardaba, escribía con el viejo estilo de sus tiempos y la máquina mecánica.

“Ya se acercaba a lo que yo quería, por  lo que seguí adelante, rehaciendo cuidadosamente las cinco páginas del primer capítulo...Medité sobre ello y empecé a escribir de nuevo, extendiendo mis dos últimos párrafos…”

Y ahora, lo que haces con un simple clic, a tu “ratón”, para hacer un duplicado de hasta mil cuartillas, o más, y lo conectas con dos o tres hipervínculos y asegurar tu escrito, por si el disco duro de tu computadora se descompone, fíjate en lo que se hacía entonces. Sigue relatando Wallace:

 “Saqué la última página de mi máquina. Hice una fotografía de las cinco primeras, como un ejemplar de seguridad, que después guardaría en secreto en otra habitación de la casa, por temor a que un incendio destruyera mi estudio y el original.”

Nos despedimos. Yuma se queda  en la cafetería a escribir algo de su nueva novela. Camino unos pasos y volteo para despedirme otra vez luego de depositar mi vaso desechable en el cesto y, veo que está escribiendo ¡en papel y con lápiz!

Le pregunto, casi le reprocho, y me dice: “Es increíble el placer de escribir a mano y con lápiz. Da tiempo para pensar, saborear, rectificar, borronear, encimar notas entre los renglones…Y mientras borroneas se te viene otras ideas y… a grega: También es una delicia consultar el diccionario tradicional. Buscas y al rato ya estás leyendo lo que ni siquiera buscabas inicialmente…

Adiós Tolomeo. ¿Escribir es un placer? Ezra Pound decía que escribir es una monserga. Al grado que le pedía a los dioses que le dieran otro oficio que no fuera el de escritor en donde todo el tiempo se está rebanando los sesos.

 Eso decía pero fue feliz toda su vida escribiendo poemas. Se dice que pasó quince años escribiendo una sola de sus poesías.

Tú escribiste dos cuartillas en pocos minutos en el “metro”.

 Escribir para periódicos y revistas, dice, es pura talacha donde sólo repites escribiendo lo que otros dijeron. Escribes lo que precisamente te importa un carajo. Sólo escribes para comer. Ahí no hay nada de creación propia como en una novela o un poema tuyo. Aprovecho para leerte otro párrafo de Wallace. Se refiere  a lo que comunicaba a otras personas relacionadas con su avance que iba teniendo en la redacción de su novela de El Premio Nobel:

“Existen  copias de las cartas  que escribí a  mi ayudante  en las investigaciones, a mi editor, al director de la editorial, a mi agente literario…” 

¿Puedes imaginar ese mundo? Porque después de escribirlas era necesario ir hasta la oficina de correos más cercana y enviarlas. Echar una por una las cartas por la rendijita metálica de la pared que decía “Nacionales”.

Y, sin embargo, agrega Yuma,  a mano, como es el caso de Cervantes, y después a máquina mecánica, se escribió durante siglos lo que hasta ahora conocemos de la gran cultura occidental…

¿Los de la computadora podremos escribir como aquellos que escribían a mano? Porque una cosa es la tecnología como herramienta  y otra el genio creador.
Irving Wallace

“Irving Wallace (Chicago, Illinois, 19 de marzo de 1916 - Los Ángeles, California, 29 de junio de 1990) fue un escritor estadounidense de gran fama en todo el mundo.Realizó sus estudios en Kenosha, Wisconsin, luego en Berkeley y en Los Ángeles. Desde muy joven se dedicó al periodismo y pronto adquirió cierto prestigio por sus artículos y cuentos en los principales periódicos de su país. Fue considerado como uno de los más importantes escritores de su país y un novelista de gran talla.”








LO POSITIVO DEL MAL EN SAN AGUSTÍN


Lo que tiene de positivo el mal es que nos revela que en  la humanidad predomina el bien. El mal es una abstracción, un alejamiento, del bien. Como la enfermedad corporal es un alejamiento del estado de salud del individuo.

San Agustín dice que la perversidad no es una cosa por sí, sino que se deriva del Bien. Buscando lo que es el pecado: “Encontré que no era una sustancia sino la perversidad de una voluntad hacia las cosas inferiores que arroja sus bienes interiores y se infla por fuera.”

Algo se corrompe a partir de un bien. No tiene sentido decir que se corrompe a partir de un mal: “Si las cosas no fuesen nada buenas, no habría en ellas qué corromperse.”

 Esto, que parece muy del terreno de la teología, nos proporciona información de la vida común en la que nos movemos todos los días. Sabemos que en algunos lugares la policía se volvió corrupta. Esto nos dice que se alejó de toda ética y disciplina que todavía rige en la normatividad de las instituciones de ese país. Nos dice, por contraste, que las instituciones son sanas, no  corruptas: “Claramente se me manifestó que son buenas las cosas que se corrompen.”

Si fueran malas no se descompondrían porque ya están descompuestas. Un automóvil descompuesto no se puede descomponer porque ya está descompuesto. Tiene sentido decir que  se descompuso sólo a partir de un buen estado.

Para evitar que algo se enferme o se descomponga, hasta la inutilidad final, está la prevención. En el caso de los humanos y de los animales la ciencia tiene lo que se conoce como medicina preventiva. Sabemos que consiste mayormente en administrar las vacunas, recomienda alejarse del sedentarismo, da pautas de higiene y alimentación balanceada, etc.

En el caso de los automóviles es necesario llevarlos periódicamente a “revisión” al taller mecánico. Si se trata de policías y obreros las platicas o “talleres” se encausan hacia una conducta ética, a través de conocer y observar (no nada  más conocer) los reglamentos o los contratos colectivos de trabajo, que tienen estipulados deberes y obligaciones.

Tenemos conciencia del mal público  porque las noticias, principalmente, nos informan de ello todos los días y a toda hora.  Al menos no hay relación. Las primeras  páginas para lo mal puesto. Lo bien hecho anda por ahí, perdido, en algún lugar de  la página ocho. Así es como la abstracción parece ser la generalidad. Un policía corrupto es noticia, mil policías íntegros, según el código ético de su normatividad, no son noticia.

En el mes de febrero del 2013  murieron varios cientos de personas en México debido a la fiebre influenza. Hubo una gran conmoción. Pero nadie dijo que 115 millones de mexicanos estaban libres de ese peligro. Tanta gente sana no es noticia.
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Aquí debemos poner, como algo que se agregaba  en las cartas, cuando las cartas se enviaban por correo motorizado, una P.D.

Parecería que una cosa que se descompone, a partir de su buen estado, fuese una cuestión sencilla, pero no lo es. En ese mismo lugar de su obra San Agustín hace mención de que lo bueno, cuando es tan bueno, es incorruptible. Las cosas sumamente buenas tampoco se pueden corromper: “Porque si fuesen sumamente buenas, serían incorruptibles.”

¿Qué paso en el mismo cielo con la rebelión de los ángeles que hicieron uso de su libre albedrio y se revelaron?

 Abrir esta ventana nos llevaría muy lejos. Nos metería en el terreno del devenir, en el que se necesita la presencia de fuerzas (al parecer)  antagónicas para que tenga lugar el movimiento, la vida…

Segunda P.D.

Es el momento para que el  interesado en saber qué sigue de este asunto, se dirija a la librería y busque Confesiones, de San Agustín… En nuestra edición está en el capítulo XII del libro Séptimo…
San Agustín

“Agustín, considerado el más grande entre Los Padres de la Iglesia y uno de los filósofos cristianos más importantes de todos los tiempos, nació en el año 354 en la ciudad de Tagaste, en la provincia romana de Numidia (hoy Argelia, en el norte de África). Su padre era pagano y su madre cristiana (santa Mónica).”











W.DURANT CONFÍA EN LA JUVENTUD, MÁS QUE EN ESTAS LEYES



FILOSOFÍA, CULTURA Y VIDA-TOMO II-EDITORIAL SURAMERICANA-BUENOS AIRES, 1960

Una sociedad con leyes apunta hacia el orden y la prosperidad.  Pero una juventud educada-dice Durant-buscará el progreso y la libertad, en la cultura, como buscan las flores el sol.

Es el difícil dilema  de gobernar con libros de cultura, no tanto con libros de leyes. La difícil ecuación: entre más libros menos cárceles. “Lo mejor que podemos hacer por la comunidad es no encadenarla con leyes sino fortalecer nuestras propias vidas con tolerancia y honor.”
Tomado del diario El País,España

Casi una utopía. Pero de utopías que se alcanzan es de lo que se compone lo que llamamos Cultura Occidental. Los pueblos que se han quedado en la utopía no son de la cultura occidental, aunque geográficamente estén en el occidente.

Quienes conozcan a Shakespeare, Goethe, Emerson, Virgilio, Miguel León Portilla, Tolstoi, Santayana, Juan Carlos Dávalos, Schopenhauer, Jean Wahl, a la Ilíada, al Popol Vuh…no tendrán por qué enfrentarse con el espíritu de las leyes.

El gran debate mundial  de legalizar, o no, la mariguana, dice de  un mundo de viejo estilo, cuando los padres no educaban a sus hijos pero sí los llenaban de temores. Carentes de vitaminas culturales, los hijos se perdían a la vuelta de la esquina.

Los laicos haciendo, no diciendo, con su ética y los religiosos, haciendo, no diciendo, con su moral. Entonces ya podrán circular por las calles todas las realidades imaginables. De todas maneras el perdido se perderá en la práctica del puro empirismo, porque ya nació con la bolsa de veneno bajo sus colmillos.   Hay que confiar en que los pillos, que se arman de cultura, para mejor cometer sus pillerías, son siempre una minoría.

El resto, como hacen los militares al atravesar un campo minado, se guiará por la intuición y el conocimiento. La intuición es lo que ha guiado a la especie no sólo a través de su natural animalidad sino también  a través de los paternalismos que prohibían pero que no enseñaban.

El principio es que las Cámaras de Legisladores autoricen presupuestos suficientes para las universidades públicas. He aquí la oportunidad para ejercer una paternidad responsable. Universidades verdaderamente universales libres de la férula del gobierno y también libres de las sectas culturales, del color que sean. Las abstracciones culturales siempre son sospechosas.

Universidades universales que enseñen, que investiguen y se difunda ese saber, a los cuatro vientos, no que se quede guardada para unos cuantos. Si por definición la universidad pública es sostenida por todos, ¿por qué cada año se quedan fuera millones de jóvenes del otro lado de la reja sin poder estudiar?

 ¿Cámaras de Legisladores  con  paternalismo responsable? “Tiempo llegará-dice Durant-  en que los hombres comprenderán que la función suprema  del Gobierno no es legislar sino educar. No es hacer leyes sino escuelas.”

Durant no aboga por el mundo de la anarquía, sino por una mejor clase política: “No debemos perder  la esperanza en nuestra especie hasta el extremo de creer  que el Gobierno estará siempre  en manos de los políticos. Cada día se eleva un poco más el nivel de la inteligencia. Cada generación nueva aumenta la herencia cultural de la humanidad y la transmite a minorías cultas más numerosas que las precedentes.”

Al final del Capítulo XVII, que llama Elogio de la libertad, Durant escribe: “Dejemos que los jóvenes  sean felices; pronto serán viejos y la lasitud de la carne  les hará virtuosos. Si su moral es, transitoriamente, un poco relajada, ellos mismos la corregirán cuando crezcan en experiencia y saber; en último extremo, tal como sugería Sócrates, debemos instruir, más que prohibir. Si queremos mejorar la moral de los demás, mejoremos primero la nuestra, pues el ejemplo habla tan alto que los preceptos apenas se oyen.”
W.J.Durant

“William James Durant (5 de noviembre de 1885 - 7 de noviembre de 1981) fue un filósofo, escritor e historiador estadounidense de los siglos XIX y XX. Conocido ante todo por su obra The Story of Civilization (Historia de la Civilización) narrada conjuntamente con su esposa Ariel. Nació en North Adams, Massachusetts. Sus padres Joseph Durant, y Mary Allard, emigrantes franco-canadienses, formaron parte de la emigración de Quebec a los Estados Unidos.En 1900 comenzó su educación con los Jesuitas en la Saint Peter's Academy. Más adelante, continuó en el Saint Peter College en Jersey City, Nueva Jersey. En 1905 adoptó la ideología Socialista. Graduado en 1907, trabajó como periodista para el New York Evening Journal de Arthur Brisbane.”













BERGSON EL AZAR Y LO MECANICO


LAS DOS FUENTES DE LA MORAL Y DE LA RELIGIÓN-H.BERGSON

Se considera en esta nota a partir de qué, un suceso se vuelve azar y no queda en el mero mecanismo. No se pretende aquí  investigar qué factor extramecánico o quién mueve ese azar.

El azar, dice Bergson, se da si interviene la presencia  humana. De otra manera es mecanismo.

Herodoto relata en el Libro III, de sus Historias, que los persas de Jerjes (llamados “barbaros” por Herodoto) atacaron a Grecia apoyados por los tesalonicenses contra los focenses. Encontrándose en pleno combate unos rayos cayeron sobre el templo de Atenea haciendo pedazos una parte de la construcción. Tanto los persas, como sus aliados, como los mismos focenses, defensores de la ciudad, consideraron el suceso como algo azaroso que dejaba su señal divina para que todos la entendieran:

“Cuando los bárbaros al avanzar llegaron al templo de Atenea Pronea, unos rayos del cielo cayeron sobre ellos y dos picos desgajados de la cumbre  del Parnaso rodaron con gran ruido de entre ellos  aplastando a muchos  y del templo de Pronea  se oyó un gran ruido y gritos de triunfo…Con tanto prodigio junto los bárbaros se llenaron de pánico…”

En el invierno de 1956 trazamos la primera escalada a la pared oeste de la Torre Negra de Nexpayantla, ladera norte del Popocatépetl, en México. Subíamos  el primer tercio cuando una roca enorme se desprendió de las alturas y, se estrelló unos metros más arriba de donde nos encontrábamos. Muchos fragmentos de roca, polvo, nieve y hielo nos golpearon y envolvieron obligándonos a pegarnos lo más que pudimos a la pared:

“El primer impacto se produce unos veinte metros arriba del lugar en donde nos encontramos, después más ensordecedor, luego de rebotar en ambas paredes, se dirige hacia nosotros. La enorme masa de granito llega con fuerza salvaje, pega por encima de Kalkach y a escasa distancia bajo mis botas; en un instante la cuerda queda cortada. Aun se oyen dos impactos definidos y la avalancha  se precipita por la vertiente, hacia el fondo de la cañada…Kalkach se lamenta:

-Durante siglo esa piedra formó parte  de la montaña y precisamente hoy tuvo que desprenderse.”
( documentado en Alpinismo Mexicano, ECLALSA, México, 1972, Armando Altamira G.)

Al comienzo del invierno del 2010 Armando Altamira Areyán y yo nos apartamos de las rutas tradicionales, que siguen las caravanas de alpinistas, y nos internamos en el solitario flanco oeste del Citlaltepetl, la montaña más alta de México. Por la mañana dejamos el albergue de Piedra Grande, situado en los 4,260 m.s.n.m. de la ladera norte. Remontamos hacia el oeste una cresta, o falla, como le llaman los geólogos, y luego de superarla nos internamos dando el largo y fatigoso giro en dirección del sur.

La mochila, de por sí pesada, pesa más por la debilidad que el organismo experimenta debido a lo  escaso del oxigeno que ya se deja sentir arriba de los 4 mil.

Al atardecer alcanzamos nuestro objetivo, que era el centro al pie de la formidable pared oeste y en el límite del bosque (4,200 m.s.n.m.). Instalamos nuestra tienda. Hacía pocos años cuatro montañistas habíamos trazado la primera vuelta  completa al volcán en la cota de los 4, 200, cosa que nos llevó cinco días, y ahora Armando y yo poseíamos un conocimiento completo de la montaña.

A la mañana siguiente, luego del almuerzo, emprendimos el regreso hacia el albergue de Piedra Grande a través de una ladera de lahares. Antes de emprender el ascenso a la elevada cresta que tenemos enfrente el irregular terreno  se presenta  cortado por la cañada  de unos diez metros de profundidad.

Diez años atrás, cuando hicimos el primer intento de la mencionada circunvalación, está cañada era recorrida, a partir de la diez de la mañana, por agua de deshielo de los glaciares noroestes del Citlaltépetl. Ahora, con lo del calentamiento local  y global de la atmósfera, ya no hay nieve que se funda y el fondo permanece completamente seco. Lo mismo pasa con la enorme cantidad de rocalla que, a falta de nieve y hielo, que cohesionen, en las cotas bajas todo está seco y suelto. Abajo en los pueblos hay conflictos por acaparar el agua. Lo mismo que sucede en el plano internacional con los países.

Descendimos hacia el fondo para ganar el borde opuesto. Fue cuando tuvo lugar un fenómeno al parecer aleatorio. Armando  iba 
Adelante. Había rebasado, todavía en descenso, por cosa de dos metros, una roca de al menos media tonelada que estaba  sobre su base, aislada, redondeada y muy desgastada por la erosión. Entonces se vino abajo. En cosa de segundos lo hubiera aplastado si éste, al oír (ni siquiera volteó para mirar) el crac de la base de la roca  al quebrarse no hubiere dado un tremendo salto hacia un lado librando así de morir aplastado.

 ¿Por qué una roca que tiene N cantidad de siglos, pegada a la ladera, se desprendió justamente en ese momento sin haberla tocado?

Los rayos que cayeron sobre el templo de Atenea, la roca que se nos vino encima desde las alturas de la pared de la Torre Negra y esta roca de la ladera oeste del Citlaltepetl son sucesos enteramente mecánicos. De haber caído un día antes o un día después de nuestro paso, nada tendrían de particular, pues así sucede todos los días y así seguirán cayendo por lo siglos de los siglos y nadie se admira por ello.

Tornados como éste recorren en alguna época del año los desiertos de Arizona,  Nuevo México,Texas (E.U.) y,con menor intensidad, Altar, en Sonora y Samalayuca, en Chihuahua. (México). Fenómenos mecánicamente  naturales provocados por corrientes de aire caliente en contacto con el aire frío de las alturas. Es con la proximidad del humano que se considera el asunto ya  como azar, aleatorio,suceso fortuito,suerte, caos,etc.

Pero es la presencia del humano, como parte de esos sucesos enteramente físicos, que le dan la dimensión de azar. El paso del humano es el que introduce el factor de aleatoriedad, azaroso del asunto.

A esto se refiere Bergson cuando considera en su obra el asunto del azar. Es en respuesta polémica a algo que Lévy -Bruhl dijo del supersticioso carácter que según él tienen los campesinos y que al parecer de Bergson trata muy ligeramente: 

“Cuando el primitivo apela a una causa mística para explicar la suerte-dice Bergson-, la enfermedad o cualquier otro accidente, ¿cuál es en realidad la operación que realiza? Ve, por ejemplo, que un hombre cae muerto por un fragmento de roca desprendido durante una tempestad. ¿Niega que la roca estuviera hendida, que el viento haya arrancado la piedra, que el choque haya roto un cráneo? Evidentemente, no. Comprueba, como nosotros, la acción de estas causas secundarias. ¿Por qué, pues, introduce una “causa mística, como la voluntad de un espíritu o de un hechicero, para erigirla en causa principal?

Finalmente Bergson anota que el azar tiene lugar sólo si hay presencia humana, de lo contrario ese acontecimiento, aislado, es como los accidentes aislados que sedan  todos los días en los más diversos contextos: “No hay azar en el accidente sino porque está en juego lo humano y porque las cosas han sucedido como si se hubiera tomado al hombre en consideración.”


H.Bergson

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.





BERGSON, LA SOLUCIÓN VITAL EN LA EVOLUCIÓN


LAS DOS FUENTES DE LA MORAL Y DE LA RELIGIÓN-H.BERGSON

Chesterton rechaza tajantemente la evolución que dice Darwin. En su obra El hombre eterno todo está terminado desde el principio. Lo demás son huesos esparcidos e inconexos utilizados “para justificar cierta ideología”. Con ellos no se puede  encontrar el eslabón perdido porque sencillamente este eslabón jamás  se ha perdido. Todo está completo.

Bergson, por el contrario, no niega la evolución. Se sirve de estos huesos desperdigados, para señalar que hay un ímpetu vital que da coherencia a esos “ensayos fallidos” de la evolución darwiniana.

Ensayos que parece se dejan volando sin lograr una síntesis. Lo más cercano es eso que siempre hemos oído que los neandertales desaparecieron. Y antes que ellos otros también desaparecieron. Y cualquier trabajo de antropología nos muestra una serie de cráneos que, luego de ser, también desaparecieron. Lo que dice Bergson es:

“Nadie dice que la aparición de la especie humana no haya sido debida a varios saltos en la misma dirección, realizados aquí y allá en una especie anterior  y que dieran por resultado modelos de humanidad bastante diferentes; cada uno de tales modelos  correspondería a una tentativa afortunada, en el sentido de que las variaciones múltiples que los caracterizan estén perfectamente coordinadas entre sí, pero quizá no todos tengan el misma valor, no habiendo alcanzado los saltos  en todos los casos la misma distancia. No por eso dejaron de tener  la misma dirección. Se podría decir, evitando atribuir a la palabra un sentido antropomórfico, que correspondían a una misma intención de la vida.”

Visto el asunto mecánicamente, son como aporías que no llegaron a ningún lado. ¿Por qué, para qué? Si lo supiéramos no serían aporías. Como piezas desconectadas una de otra. Y ahí es donde, reafirmada  la evolución darwiniana, aparece el ímpetu vital de Bergson. Como algo que va dando coherencia a las aparentes  aporías.

La naturaleza construiría algo así como un adelanto de Frankestein: “Considerada  así, la evolución aparece  como realizándose por saltos bruscos, y la variación, constitutiva de la especie nueva, como hecha de diferencias múltiples, complementarias entre sí, que surgieran globalmente  en el organismo salido del germen.”

Los que tienen cultura alpina lo entenderán mejor al recordar la primera escalada del Monte Cervino, o Matterhorn,  ente Suiza e Italia, en el siglo diecinueve. Un hombre, llamado Edward Whymper, acompañado con los mejores guías de la región, hizo varios intentos de conquistarlo. Una y otra vez eran rechazados. Estos intentos, considerados  de manera aislada,  eran trabajos que no llegaban a ningún lado. Empero, había una voluntad que iba cohesionando cada uno de estos intentos hasta que finalmente se logró la primera escalada a esa cumbre, en 1865.

 Esa voluntad, tratándose de la evolución darwiniana, es lo que Bergson llama ímpetu vital.

Para dar idea del impulso vital Bergson  se sirve de la metáfora de una mano (imantada) que atraviesa muchas partículas de hierro. Partículas inconexas entre sí que van a formar una unidad merced a una fuerza, una energía: “un movimiento súbito de la mano hundida en la limadura, que provoca un reagrupamiento de todas las pizcas de hierro.”
HOMINIDOS

Partículas y energía exteriores son como aquel  memorable diálogo entre el atomismo de Demócrito y las Ideas de Platón. Sólo existe  la función para satisfacer la necesidad o, la respuesta, las máquinas no hacen juicios subjetivos.

En otras palabras, Bergson no niega el mecanicismo, pero no se queda en el mecanicismo. Considera y acepta  la razón práctica y sobrepone a ésta la razón vital. El impulso vital de la vida. El impulso que nos recuerda la Voluntad de ser de Schopenhauer.
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En el invierno de 2012 vivaqué, con  Yuma y Toci, mis compañeros de cordada, en la repisa superior de la pared norte Rosendo de la Peña, en las montañas de las Monjas, arriba de Chico, Hidalgo, México.

 Recordábamos que hacía 55 años (2 de junio de 1957)  trazamos, Eulalio Rivera, excelente escalador de Pachuca, Hidalgo, y yo,la primera directísima a la norte de esta pared.Muriendo Eulalio al precipitarse exactamente de  la repisa en la que dormíamos esta noche (documentado en el libro Alpinismo Mexicano,Editorial ECLALSA, México, 1972,Pág. 108).

Luego de la cena, metidos en nuestros sacos de dormir, cuando veíamos ensimismados hacia la sima negra que da hacia el norte, desde donde brotaban en la noche los hacinamientos de pequeñas luces amarillas de los pueblos por el lado  de Amajac,  Yuma, mi compañero de cuerda, dijo de pronto, al respecto de este tema:
-¿Y si nosotros no fuéramos ese punto final que  dicen tanto los antropocentristas como los creacionistas?
-Para Chesterton y para Leibniz todo está completo y en armonía-comentó Toci.
-¿Pero si sólo fuéramos un hilo suelto más sobre los que está actuando ese ímpetu vital?- insistió Yuma.
-Lo ignoro-dije.
Un rato después, cuando creí que ya se había olvidado del asunto, le oí decir de nuevo:
-Como estamos hablando desde la cultura occidental habría que confiar en que ya no habrá más “experimentos.”
-¿Quién puede asegurar eso?
Toci le puso punto final al asunto con las siguientes palabras:
-No nos queda más que reinterpretar las últimas palabras de Jesús en la cruz: “Todo está terminado.”

H.BERGSON

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.”








Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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