PLATÓN Y LA CAMPANA DE CRITON


Hace mucho tiempo, en  Atenas, Grecia, había una campana colocada en la plaza principal. No cumplía las funciones de campana pues carecía de badajo. Tenía otra misión.

Había sido forjada por el dios Hefestos, conocido por los romanos como Vulcano, bajo el monte Etna, en el mar Tirreno, y traída a Atenas por sus ayudantes los cíclopes y los gigantes.

Era de oro puro de 24 quilates con una pureza de 99.9%.Originalmente era de pureza 100 pero uno de los cíclopes sintió ganas de robársela y bajó en pureza. Fue cuando Hefestos pensó en que la campana  sirviera de una especie de termómetro de la conducta. Lo dijo en griego antiguo pero quiere decir algo así como conductómetro. Parecido al alcoholímetro para conocer el grado de bebida que ha ingerido el que va manejando un automóvil.

Como en el siglo veintiuno hay aparatos para medir la presión arterial, la calentura corporal, el ritmo cardiaco, la droga de la verdad, etc. Hefestos fue el primero que empezó con esos inventos, con su famosa campana sin badajo.
Tomado del  diario El País, de España.

 Pero él, para medir la conducta de los humanos. Porque Hefestos, como dios que es, sabe que los humanos somos muy ladinos y decimos una cosa para encubrir otra. Igual en filosofía, en la calle del mercado como en campaña de elección los políticos a puestos públicos.

Si algún habitante cometía un ilícito, aunque fuera con el pensamiento, la campana se hacía opaca y era señal que las cosas en la comunidad no andaban bien. Sólo se oscurecía por un momento y enseguida volvía a  su 99.9 por ciento.

Hefestos había dicho que la campana recuperaría su 100 por ciento cuando alguien de la ciudad   se preocupara por la  “ley” del oro, como dicen los joyeros. Aunque nadie estaba  seguro de qué ley se trataba.

Esa mañana los amigos conjurados de Sócrates se reunieron en la plaza de Atenas. Como eran muchos no quisieron levantar sospechas, yendo hasta la celda, y estorbar la fuga del maestro  a  los carceleros que estaban en el secreto por haber sido sobornados.

Decidieron esperar reunidos en la plaza. Con la vista fija en la campana sabrían si la fuga se habría consumado e irían al encuentro de su maestro para ocultarlo en algunos de sus provincias. Sólo enviaron a uno de ellos llamado Critón, con un reducido número de otros filósofos.

A Sócrates las leyes de la república lo habían condenado a beber la cicuta porque recorría  calles y plazas  enseñando cosas que, en el marco de la filosofía, no iban con la constitución religiosa del lugar.

Es una injusticia, le decía una y otra vez Critón a Sócrates. Y una injusticia se paga con otra injusticia, es decir, huyendo. Todo está preparado. El juez ha recibido regalo de tus amigos de los filósofos y esperan afuera para encubrirte.

Pasaba el tiempo y los filósofos, reunidos en la plaza frente a la campana, no veían signos de alteración de la misma. Después Critón les contaría que, aun estando en esos momentos tan apremiantes que se decidiría su vida o se cumpliría la sentencia de su muerte, Sócrates se había puesto a dialogar con los  otros pocos que habían acompañado a Critón. Hasta, interrumpiendo un momento su discurrir, se había ido a dar un baño.

Finalmente los filósofos de la plaza vieron que la campana se alteraba, pero…se había cumplido el requisito que pusiera el dios Hefestos. La acampana ahora había recuperado el 100 de pureza…

Más tarde, cuando Critón y los otros se reunión con ellos, faltaba Sócrates.

El maestro me dijo algo que todavía no acabo de entender-les contó Critón-, y es que no aceptaba el indulto que el Estado le había otorgado a condición de abandonar su modo de hablar. A lo que me dijo que no se trata de sólo vivir, sino de vivir bien, con migo mismo, conforme las ideas de uno y llevadas a la práctica.

 Porque si sólo tienes ideas y no las practicas o hasta actúas en sentido contrario a cómo vas diciendo, entonces mejor beber la cicuta. De otra manera  te conviertes en un virus patógeno que iras inficionando todo lugar donde te pares.

Otra cosa que dijo el maestro es que aunque fuera una injusticia la que se cometía con él, él debía respetar las leyes. Que si alguien no estaba conforme como se llevaban aquí las cosas, era libre de marcharse a alguna de nuestras colonias, o a otro Estado, como siempre ha sucedido con los que emigran a otros países. Pero que si permanecía aquí, como nosotros lo hacemos, entonces hay que acatar esas leyes.

Exactamente lo dijo así: “la justicia me prohíbe fugarme y hacerlo  sería desobedecer  las leyes, esas leyes que me han alimentado como madre y nodriza desde mi nacimiento hasta mi juventud y me han educado.”

Y cuando hice mi último intento de persuadirlo a la fuga, me contestó:”Critón, ¿qué Estado puede subsistir si los fallos  dados no tienen ninguna fuerza y son eludidos por los particulares?”

Le pregunté si no tenía miedo de morir. Se quedó extrañado con mi pregunta. ¿Morir, quién dice que voy a morir? “Allá” me esperan mis amigos los filósofos con los que seguiré platicando?

-¿Cómo puedes estar tan seguro de  la inmortalidad?-le pregunté.

¿Qué te respondió el maestro?

Esto: “Me ha parecido ver cerca de mí una mujer hermosa  y bien formada, vestida blanco, que me llamaba y me decía: Sócrates, dentro de tres días estarás en la fértil Ftía”.
 
En tres días estaré en la fértil Ftía
 “Sócrates de Atenas (en griego Σωκράτης, Sōkrátēs; 470-399 a. C.)[1] [2] [3] fue un filósofo clásico ateniense considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Fue maestro de Platón, quien tuvo a Aristóteles como discípulo, siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia.”







OVIDIO Y PIGMALIÓN


METAMORFOSIS
Ovidio

La pureza no es de humanos y los dioses  corrigen al que así piensa.

La pureza es tan aberrante como estar servilmente subordinado al sexo. Esta parece ser la lección  que, dice el poeta Ovidio, Venus dio a Pigmalión.

El mundo es como es. Pero cada individuo se lo imagina según la concepción que de  él tenga. Cada modo de mirar la vida es sólo una abstracción del todo. Llevan libros los aviones de un continente a otro y a esto se le llama cultura globalizada. La abstracción étnica, de cada país, va más allá del comercio y trasiego de los libros. Cada etnia también ve al mundo como ella es.

En alpinismo todavía en el siglo veintiuno se cree que hay montañas fáciles o difíciles para escalar. Y para el efecto los escaladores han elaborado ingeniosas escalas de dificultad. Es al revés. La dificultad está en el escalador. Lo que se necesita es elaborar una “escala de subjetivismos”. “Fácil” o “Difícil” son valores subjetivos  humanos, no son valores atómicos  geológicos. También aquí cada escalador ve a la montaña como el escalador es.

De la misma manera el mundo, la humanidad, es tan puro o tan perverso como a mí me parece que es. Estoy midiendo a la totalidad del  mundo  con mi parcial  subjetivismo.

Melanie, unos de los personajes de la novela Lo que el viento se llevó, es una mujer sencilla y bondadosa. Margaret Mitchell, la autora, la describe así: “No había sirviente estúpida en la que ella no descubriera alguna cualidad de lealtad o afectuosidad, ninguna tan fea o desagradable en la que no encontrase  gracia de formas o nobleza de carácter, no había hombre insignificante  o fastidioso en el que ella no  viese la luz de sus posibilidades…”Melanie veía el mundo como ella era. O sólo veía la parte del mundo que era como ella era.

Benedictus Spinoza dice que la intensidad con la que criticamos una cosa, o situación, es la medida que esa afección viven en nosotros: "la fuerza de cualquier afección se define por la potencia de la causa exterior comparada con la nuestra."

Pigmalión creía que la mujer guarda en su corazón una infinita perversidad y se apartó de las mujeres. No repudiaba a la mujer en si sino a su perversidad.  Buscaba la pureza.

 Era escultor y empezó a trabajar el bloque de mármol dándole forma de mujer. Al final logró una figura de  mujer tan perfecta que acabó enamorándose  de ella. Le hablaba y la besaba como si fuera de carne. Y en su lecho dormía con ella como si fuera de carne.

Ovidio, el poeta, habla por medio de Pigmalión a los que  de una u  otra manera tiene confinada en su casa a su mujer para que no tenga contacto con el mundo.  Por los medios sabemos que Fulano mantuvo encerrada, bajo llave, literalmente, a su mujer durante cinco, diez o quince años. Hasta que fue liberada por la policía.

La mujer de Pigmalión también sólo era de Pigmalión. Pero sólo era una escultura de mármol. No había reciprocidad. Como tampoco la hay  con las muñecas inflables de plástico. O en el retrato de mi artista favorita que tengo en la pared de la recámara.

En ocasión de la fiesta que el pueblo hacía a Venus, en aquella isla llamada Páfos, y en todo Chipe, Pigmalión pidió a la diosa Venus que le permitiera conocer a una mujer como la que él tenía de mármol en su casa. No se atrevió a  decir que la de mármol la hiciera de carne.

La obra perfecta de Pigmalión no podía ir más allá del mármol. Le faltan las potencialidades de amor, odio, santidad, perversidad, hastío, alegría, lo que llamamos necesidades vulgares fisiológicas, como pedorrearse o la fantasía para escribir una novela.

Todo eso ya lo hicieron los dioses y basta asomarse por la ventana para comprobarlo. Las calles están llenas de criaturas que tienen todas esas potencialidades. La iracundia de una Scarlett O´Hara o la espiritualidad de una Teresa de Ávila.

La perversidad que él tanto repudia es parte de lo humano. Si bien, sólo una parte, no lo llena todo, como él lo cree. Más aun, pedir pureza, como él lo exige, esa sí es una perversidad. Se puede aspirar a la santidad, que es superación de lo demasiado humano, pero no pureza, que niega la condición humana.

¿Una mujer de carne y hueso como la de mármol que Pigmalión tiene en su casa? Era, ciertamente, una petición absurda. Pero no para Venus. De ahí el dicho que los humanos no vemos la vida como la ven los dioses.

La lógica de la diosa Venus es que la adoren, no que se haga del amor una cuestión puramente virtual. Ver películas pornográficas para Venus es sólo cosa de comer palomitas en el cine que nada tiene que ver con el amor. No hacer el amor realmente es rechazar a la diosa Venus.

 Para Pigmalión parecía una petición imposible pero para Venus fue lo más propio. Y se apresuró a cumplir el deseo de Pigmalión. El amor es de dos, no es de uno. Y de tres, como el de uno, ya no recibe el nombre de amor.

Ahora, desde que a las universidades públicas les dio por laicizarse, Venus ya no se hace presente a los hombres como antaño. En su lugar instaló oficinas por todo el planeta. Se les conoce a estas oficinas  como “Centro de Salud Mental”. Ahí el tratamiento busca  reintegrarlos a la vida de la  comunidad normal, de amor, erótica y sexual. Como Venus hizo con Pigmalión.

Ovidio nos relata el final de la historia de Pigmalión:

“Cuando regresó a su casa, se dirigió hacia la imagen de la doncella y, al ponerse en el lecho, le dio un beso, pareciéndole que estaba tibia. De nuevo acerca su boca y con la mano le toca el pecho. A ese contacto el mármol se reblandece y, abandonando la rigidez se hunde bajo los dedos y cede…La diosa asiste a su matrimonio, que es obra suya. Y cuando los cuernos de la luna  se habían juntado nueve veces  formando el disco completo, la esposa dio a luz una hija, Páfos, cuyo nombre tomó de la isla.”
 
Ovidio
“Publio Ovidio Nasón (Publius Ovidius Naso, Sulmona, 20 de marzo del 43 a. C.Tomis, actual Constanza, 17 d. C.) fue un poeta romano. Sus obras más conocidas son Arte de amar y Las metamorfosis, esta última obra en verso, recoge relatos mitológicos procedentes del mundo griego adaptados a la cultura latina de su época.”








MITCHELL Y LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ


Leí la novela de Margaret Mitchell en dos semanas-dijo Toci, mi compañera de escalar montañas-. Eso me llevó a más de medio centenar de páginas en un día. Era tan interesante que no podía parar de leer.

Empecé de nuevo su lectura pero ahora con la idea de no leer  más de tres páginas en una jornada, lo que me tardó un año. El contexto social en el que se desarrollan los acontecimientos es la Guerra de Secesión en Estados Unidos, pero yo veía que  Mitchell en realidad estaba relatando lo que el viento no pudo haberse llevado y son  las razones y los valores fundamentales del mundo occidental.

Lo dice mediante una Scarlett O´Hara egocéntrica que, al menos en la primera parte de la obra, se preocupa de su cintura de cuarenta centímetros. Y que su esclava  negra Mamita le aplique el corsé, lo más apretado que pueda, para ser la cintura más delgada de las chicas casaderas en cien kilómetros a la redonda de la plantación  Tara. Se pasa dos horas escogiendo el vestido, color verde manzana, para el baile de la noche. Es bella, rica  y enérgica, pero muy celosa de asegurarse de cada día tener  al menos media docena de jóvenes haciéndole la corte.

Se aferra a su tierra nutricia de Tara y a su convicción de ser la mujer más bella de todo el condado. La que con tan sólo un guiño desbarata compromisos de casamiento para tener un nuevo galán solicitándole siquiera una pieza en el siguiente  baile anual.
Scarlett O´Hara (de la película Lo que el viento se llevó)

Y Ashley Wilkes, al que  ama Scarlett O´Hara, la gente lo tilda de loco porque le gustan las cosas de la cultura. La misma Scarlett exclama: “¡Oh!¿Por qué era tan atractivamente rubio, tan cortésmente distraído, tan enloquecedoramente aburrido con su charla sobre Europa, los libros, la música, la poesía y otras cosas que a ella no le interesaba…Sólo él sentía interés  por los libros y la música y era aficionado a las musas.”

Después aparecerá en escena el incómodo Rhett Butler que dice a la asamblea de sureños que en la guerra hablan los cañones, no hablan las razones ni mucho menos las pasiones. Los sureños están seguros de ganar la guerra en tan sólo un mes. Butler les dice que bastará sólo un mes para que el norte gane esa guerra. El Sur carece de fábricas, fundiciones, buques de guerra…Todo eso lo tienen los norteños. Butler abandona la asamblea porque más de uno quiere armar jaleo contra él.

Scarlett es la mujer de todos los tiempos.La que vive las felices condiciones de la preguerra,conoce la angustia y penalidades de la guerra y luego se enfrentará a las brutales condiciones de la posguerra. Igual se trate de la muchachita frívola evocada por Margaret Mitchell, en la Atlanta del sur de Estados Unidos, que de Hécuba,reina de Troya, cantada por Homero. Dentro de los próximos mil años habrá muchas Scarlett y muchas Hécubas. La vida la volverá neurótica y llena de astucia femenina para sacar adelante lo queda entre las ruinas.  "En la guerra no hay heroismo,sólo hambre, piojos y disentería",dijo Scarlett.

"Habían cuidado a los heridos, cerrado ojos moribundos, sufrido la guerra y el fuego de la devastación, habían conocido el terror y la huida, el hambre y la muerte." En un momento de desesperación Scarlett pensó en cierto modo de prostituirse.

En el sur la guerra había enviado a la tumba a  miles de hombres.Ahora muchas chicas quedarían solteras.

Y, la otra cara de Scarlett, Melanie,la mujer llena de amor y bondad que, ocupando siempre un segundo plano,es el verdadero manantial de energía en el que quedan a buen resguardo los valores vitales de la humanidad.
Lo que el viento se llevó es un tratado de psicología femenina como no se puede encontrar en otra parte. 

Scarlett no es la mujer que pide a los hombres le permitan ser igual a ellos ocupando una curul en el Palacio Legislativo con la cuota del cincuenta por ciento.Ni siquiera es la astuta mujer que,pidiendo igualdad,logra exclusividad. Scarlett nada tiene que ver en absoluto con el voto femenino en la urnas. Scarlett es como la Coatlicue azteca, la dulce y a la vez terrible personificación de la naturaleza.

La novela de Margaret Mitchell es el verdadero relato de la Guerra de Cecesión que rebasa con mucho cuanto volumen lleno de nombres,fechas y lugares, hayan escrito los historiadores: "Es una guerra de ricos hecha por los pobres."No habla de fechas y apenas menciona algunos nombres de los generales de ambos bandos.Lo que Mitchell escribió fue el espíritu de esa guerra.

En el plano de la literatura ni Tolstoi ni Tomás Mann escribieron una novela, de mil páginas, que jamás perdiera suspenso debido al  increíble absurdo humano,dice Mitchell por medio de uno de sus personajes, que "Los hombres aman más a la guerra que a las mujeres." En cambio la seductora y despiadada Scarlett nos dice que las mujeres aman más la vida que a los hombres.

Mujer al fin,en ese juego inmediato de la vida,siempre habrá una Scarlett que vivirá persiguiendo un imposible, absurdo e inútil sueño de amor, sin darse cuenta,a tiempo,que junto a ella,y sólo para ella,está el verdadero amor masculino.



























“Margaret Mitchell (Atlanta, Estados Unidos, 8 de noviembre de 1900 – Ibídem, 16 de agosto de 1949) nació y murió en Atlanta, ciudad que influiría en su única obra Lo que el viento se llevó, una de las novelas más populares de la historia de la literatura, que el director de cine Victor Fleming inmortalizaría en la pantalla en 1939.”










SÉNECA Y LA SALUD DEL ESTADO


Tratados filosóficos
Séneca

 La hipertensión y la falta de educación tienen un destino común…

La sal de mesa  y la falta de educación tienen en común que son  tan destructivas para el individuo como para el Estado. Y también tienen en común que  sus resultados, mortalmente  patológicos, se van a manifestar no en lo inmediato sino hasta la generación siguiente.

Séneca llama a no esperar ver la actitud de los adultos sino a cuidar la educación de los niños. En lo particular cabe esperar que ocurra un milagro, pero en lo social no se puede escapar del fenómeno de la causalidad, del efecto según haya sido la causa. Y se busca que el niño, sano, sea  la causa del efecto, no el efecto, maltratado, de la causa.

Todo empieza en el hogar. Roma, de la que Séneca fue alto funcionario, cayó no por la violencia del enemigo sino porque la educación hogareña de los niños romanos se había descuidado.

Más tarde la educación  será responsabilidad del Estado, con presupuestos suficientes para la universidad pública, etc. Pero en el hogar se sientan las bases que apuntalarán o debilitarán al Estado. Leibniz habla  directamente de  esta cuestión cuando dice que a la escuela van los niños cuando ya saben todo.

Y en el símil que hacemos de la mesa común, del cloruro sódico o NaCI, empieza en la mesa de la cocina. Al alcance de nuestra mano está permanecer sanos o destruirnos. La  sociedad de cardiólogos norteamericanos (American Heart Association) considera como riesgos clásicos a la hipertensión, igual que el colesterol, el tabaquismo, la diabetes y el sedentarismo.

La presión arterial va subiendo sin que nos demos cuenta y de la cifra 120 hacia la 140, rango en que podemos revertir por nosotros mismos, con menos ingesta de sal en los alimentos. Rebasada la cifra 140, hacia la 160, más vale llamar al médico, al notario y al sacerdote, los tres al mismo tiempo.

Traer  esta especie de metáfora dietética, al campo de la conducta humana, nos lleva a encontrarnos con Séneca, cuando habla de la educación del humano pero arrancando desde la niñez. Los niños, la educación de los niños, sobran decirlo, pues ya se ha dicho muchas veces, son la causa del efecto social.

Si queremos saber cómo se educaba en el hogar a los niños en el  país sin nombre, hace cincuenta años, basta asomarnos desde la ventana de nuestra casa y mirar hacia la calle. La calle estará llena de gente laboriosa que va al trabajo, a la escuela, al deporte, a divertirse, o estará llena de rufianes de toda calaña, aspecto, estatura e investidura. Esa será la respuesta.

De igual manera, una visita a la cama del hospital nos informará cómo se comportó ese individuo el medio siglo anterior con el salero de la cocina.

Luego de referirse a las dos primeras etapas, la niñez y la adolescencia, Séneca   habla de la equivalente a la hipertensión: la cárcel o el cementerio. O bien, en lo general, la delgadez o  destrucción del Estado.

De la primera dice: “Nada predispone a la ira tanto como una educación demasiado muelle y complaciente. La molicie enerva de lo cual resulta que cuanto más se mima a un hijo único, se extrema la indulgencia o se afloja la brida, más se echan a perder sus buenas cualidades.”

De la adolescencia hace esta observación: “Un niño que se había criado en casa de Platón, al volver al seno de su familia  se maravilló oyendo los gritos de furia de su padre, y no pudo menos que decir: “En casa de Platón no he visto eso.”

Y de la edad madura, con descuidada educación, Séneca alerta a sus conciudadanos porque en el horizonte se oyen ya los tambores que derribarán los muros de Roma.

 El Impero había durado mil años. Cuantos barbaros arremetieron a sus puertas acabaron derrotados. La educación había sido cuidada. A la salud del cuerpo asistía la salud de la conducta.

 Mientras la presión arterial de su juventud fue de 120, Roma fue invencible.

Pero ahora:

“En nuestra generación ha producido  ya su efecto el azar de la cuna  y de la educación. Ha pasado para nosotros el  tiempo de remediar ciertos vicios, y nos contentaremos con reformar la edad madura.”


“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C.65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”

















LUCIO V. MANSILLA Y PLATÓN


Muy lejos de Grecia, tan lejos como la región de los indios ranqueles, entre el Río Cuarto y el Río Quinto, de la República Argentina, el coronel  Mansilla lee el Fedón, de Platón, cerca de la lumbre de campaña y la enorme olla renegrida del puchero a punto de derramarse.

No está vestido con el elegante traje que lo conoce la historia de cuando tenía que tratar con diplomáticos. Su ropa es de campaña donde no hay agua ni para afeitarse ni retrete como en  la ciudad. De las cosas lindas de la ciudad se puede prescindir si se tiene carácter para ello. De lo que no se puede prescindir, bajo pena de seguir  salvaje, es de leer el Fedón.

Es el siglo diecinueve y ha ido a la región de los indios ranqueles para tratar de convencerlos de no entrar en guerra armada en la que estos  serían exterminados. Los indios defienden con valor los suyo, (como ahora los argentinos defienden sus Malvinas) y hacen cuanto estrago pueden en las poblaciones de los “gringos”, como ellos le dicen a los (blancos) argentinos. 

Hasta los   mismos Buenos Aires han llegado los indios asolando, con flechas y lanzas, pueblos y sembrando el terror, pero su destino está sellado y Mansilla no quiere que eso acabe en una masacre, bajo los cañones de los “gringos”.

Escribirá una obra con el título: Una excursión a los indios ranqueles. Mansilla es un militar culto por haber recibido buena educación pero despega culturalmente de otros, de su mismo estatus, merced a su esfuerzo por la lectura y aprende siete idiomas, lo que quiere  decir allegarse más conocimientos de otros pueblos, otras maneras de ver la vida.


“Lucio Victorio Mansilla (Buenos Aires, 23 de diciembre de 1831 - París, 8 de octubre de 1913) fue un general de división del Ejército Argentino, así también periodista, escritor, político y diplomático, autor del libro Una excursión a los indios ranqueles, fruto de una recorrida que emprendió en 1870 por los toldos de estos pueblos originarios de América. Fue gobernador del Territorio Nacional del Gran Chaco entre 1878 y 1880.”

 Sus textos, más que trazar líneas para el emplazamiento de los cañones, tienen la belleza de un hombre que saborea la filosofía de la vida y de las letras. Lejos de los escritores de la ciudad, con su antropocentrismo como leit motiv,  Mansilla le canta al campo. Siente a su tierra como Juan Carlos Dávalos, otro escritor argentino, cantor de Salta, fue capaz de sentirla. 

 Si en la tierra hay alguna belleza para Mansilla, que remita a la belleza de Dios, esos son sus Andes: “Los Andes son sublimes y majestuosos como la excelsitud de Dios”, escribe.

Nosotros, que hemos vivaqueado por semanas entre las más altas cumbres del sector central de los Andes, entendemos lo que Mansilla   escribía.

En el estudio preliminar de este trabajo Mariano Vedia y Mitre escribe que Mansilla es “Un lector de Platón, un comentador de Platón en la persona de quien era entonces coronel argentino  (luego sería general)…Platón y Shakespeare se mezclan en sus recuerdos de esa época a los baqueanos que empleó, a los viajes en chata por los riachos y a sus observaciones urutaú y el yatay.”

En un momento el coronel  Mansilla escribe, ayudado por la luz que proyectan las llamas del fogón en el campamento indio ranquel, algo que también escribió Alfred North Whitehead, matemático y filósofo inglés."Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica."

 Mansilla lo dice de esta manera refiriéndose a Platón: “ese filósofo inmortal a quien podría tributársele el fanático homenaje de mandar quemar todo cuanto se ha escrito sobre filosofía, desde sus días hasta la fecha, sin que por eso  las ciencias especulativas perdieran gran cosa.”

Una y otra vez Mansilla se refiere a Platón porque está convencido que el mal de la humanidad vive en el fondo de la caverna llena de sombras y que sólo la educación  podrá iluminar las sombras de esa caverna.

La Paideia era la obsesión de aquellos griegos, de manera que  abriendo casi al azar, La República, de Platón, encontramos que habla aquí de educación y cultura con la metáfora de los perros.

 Los pastores tienen perros para que cuiden su ganado. Pero si a  esos perros no se les educan convenientemente, y se les alimenta, también convenientemente, se vuelven lobos y acaban comiéndose a las ovejas que deberían de cuidar.

En los países en los que la corrupción llegó a los altos mandos de la política, la policía y el ejército, sólo es el efecto de la causa. Desde mucho antes se descuidó la causa.  Presupuestos miserables para la educación pública no arrojan  precisamente vacunas culturales adecuadas para que un pueblo crezca sano en todos sentidos.

Platón lo dice de esta manera: “Procuremos pues, a todo trance, que nuestros guerreros no hagan lo mismo  entre sus conciudadanos, tanto más cuanto tienen en sus manos la fuerza, y que en lugar de ser sus defensores, puedan convertirse en sus dueños y tiranos… ¿Y no es el modo más seguro de prevenirles el darles una excelente educación?

Pero la “excelente educación” a rajatablas, dice más adelante, no es garantía, no pocos mega depredadores tiene estudios de posgrados. Se necesita la cultura. Platón lo puntualiza:

“No obstante, con respecto de los sentimientos sencillos y moderados, fundados en opiniones exactas y regidos por la razón, sólo vas a verlos en un exiguo número de gente, cuya hermosa índole está unida a una excelente educación.”


“Platón[n. 1] (en griego antiguo: Πλάτων) (Atenas o Egina,[1] ca. 427-347 a. C.)[2] fue un filósofo griego seguidor de Sócrates[n. 2] y maestro de Aristóteles.[3] En 387 fundó la Academia,[4] institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años[n. 3] y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.[n. 4] Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y filosofía de la educación; intentó también plasmar en un Estado real su original teoría política,”
















C. S. LEWIS Y LA RELECTURA DE LA VIEJA NOVELA


Malas traducciones y malas interpretaciones me alejan probablemente de lo que escribió Chaucer o Goethe o Bukouski o Jean Wahl, Lucio V. Mansilla, o Margaret Mitchell o Louise Erdrich.

Ahora estoy leyendo, otra vez, una novela de Flaubert, de amor y que tiene como fondo a los ejércitos mercenarios de Cartago. Con el tiempo esta novela ha sido  muy reconocida y en otro tiempo muy criticada.

Esto, el valor o demerito de una obra, es lo que aborda C. S. Lewis en su libro La experiencia de leer.¿ Es mala tal novela o alguien dijo que es mala? Por el contrario,  los canales de televisión tiene ya un mes diciendo que tal novela es excelente. ¿Es excelente?

Con el tiempo, cuando vuelvo a leer la novela  mencionada de  Flaubert, encuentro que algunas cosas estaban ahí y que yo no vi entonces y, si leo diez veces la misma vieja obra, sigo encontrando cosas nuevas. Tal vez ya no ortográficas o de redacción o de planeación y desarrollo de la obra, porque ahora ya todo eso me es familiar, sino de contenido estético, histórico...

“Es como cuando volvemos a algún sitio hermoso que conocimos de niños. Apreciamos el paisaje con nuestros ojos de adultos, pero también revivimos el placer que nos produjo cuando éramos pequeños.”Dice Lewis.

Pero al comentar la vieja novela con mis amigos, que también conocen la obra, opinan diferente, como si se tratara de otra obra. ¿Dicen su criterio, su subjetivismo, o se dejaron influir por la televisión? Porque lo suyo de la televisión es vender, no  enseñar. Lewis anota:

 “Desde luego, nunca podemos superar los límites de nuestra propia piel. Por más que nos esforcemos, nuestra experiencia de las obras literarias siempre llevará alguna impronta de nuestros rasgos personales y de los propios de nuestra época. Tampoco podemos ver nunca las cosas exactamente como las ven los demás.”

Tal vez mi amigo no pudo resistir el bombardeo televisivo y se dejó llevar por el criterio “oficial” de las sectas culturales que suelen dominar el panorama de un país durante algún tiempo, y no exponga su criterio: “Pero su opinión sobre Lamb es, igual que la mía, producto de una experiencia puramente personal; o bien, reflejo de una opinión dominante en el mundo literario.”

Lewis se refiere a ese aspecto de la literatura que se llama “derrocamientos” llevados a cabo por “la media docena de autores protegidos por el grupo que momentáneamente decide sobre los méritos y desméritos de las obras literarias.”

Por lo general la literatura “buena” suele agarrar el mismo  color del partido político que está en el poder. De manera que un sexenio unos autores serán los publicitados hasta el cansancio  y para el sexenio siguiente estos mismos autores tal vez estén en el cesto de la basura o por ahí en el ostracismo polvoso de los anaqueles.

Lewis apunta: “derrocamientos y restauraciones se producen casi todos los meses. Por tanto, no puede confiar en que haya uno que vaya a ser permanente. Pope llegó, se fue, y volvió Milton, colgado, destripado y descuartizado por dos o tres críticos influyentes, parece haber revivido. Las acciones de kipling,  que en tiempos estuvieron muy altas, cayeron estrepitosamente, y ahora muestran leves signos de recuperación.”

Ahora esos “críticos influyentes” desde la televisión  ya no sacan el hacha para despedazar tal o cual obra. La cosa es más sencilla: callan las buenas lecturas y de esa manera enaltecen las malas lecturas: “Por consiguiente-dice Lewis-debemos decir que lo que condena un libro no es la existencia de malas lecturas, sino la ausencia de buenas.”

Y el corolario de todo esto es que, para rechazar o aceptar a un libro, demos una patada en el trasero a los comentadores profesionales, que quién sabe a qué intereses estén sirviendo, y juzguemos por nosotros mismos: “Debemos vaciar nuestra mente y abrirnos. En todo libro pueden encontrarse defectos. Ninguno puede revelar sus virtudes sin un acto previo de buena voluntad por parte del lector.”

Con una hojeada al libro el lector con experiencia puede hacerse una idea de qué clase de lectura tiene en sus manos. Pero si de leerlo se trata, lo que implica dedicarle tiempo, o bien de emitir un juicio, sobre ese libro, hay que andarse con más cuidado.

Lewis lo dice de esta manera: 

“Basta una mirada para poder decir que hay una araña en este cuarto. En cambio hay que hacer  al menos una limpieza completa para poder decir con certeza que no la hay.”
 
C. S.Lewis
“Clive Staples Lewis /klaiv steɪplz 'lu:ɪs/ (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, y llamado Jack por sus amigos, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, académico, locutor de radio y ensayista británico. Es también conocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica.”














EL BARON HAUSSMANN Y EL TEMPLO MAYOR DE MÉXICO


En el siglo diecinueve el barón Charles Haussmann destruyó París para, en su lugar, edificar otro París. El París que todo mundo, en especial los artistas, querrían conocer. Y tras los artistas llegaron los turistas y las divisas.

México-Tenochtitlán, en el corazón mismo de la ciudad capital, no ha conocido a  su Haussmann.

La bella ciudad del lago de tiempos precristianos, la que deslumbró a los conquistadores españoles, llegó a perderse de vista  para la arqueología. A ese grado llegaba la indiferencia de los gobiernos hasta la primera mitad del siglo veinte.


Fueron trabajadores de la Compañía de Luz que, realizando trabajos de reparación en ese sitio, encontraron unas piezas de importancia arqueológica. Dieron parte y por ahí empezaron los trabajos de arqueología.

 México-Tenochtitlán, maqueta  desde el noroeste. En primer lugar se ve la barda o muro de serpientes: coatepantli, que rodeaba al centro ceremonial.

De esa manera tan aleatoria, tan tímida, se fueron descubriendo cosas del, en otros tiempos,  formidable  coatepantli de los aztecas.

Alguien se topó con el enorme monolito de Coatlicue,  en el siglo diecinueve, (13 de agosto de 1790) durante los trabajos de nivelación de la explanada del “Zócalo”.

Cuatro meses después, también en trabajos  de nivelación de la plancha, se hizo el hallazgo de la Piedra del Sol, uno de los más complejos y exactos calendarios agrícolas, astronómico y mágico que se hayan concebido y realizado por la humanidad. Ver, para tal efecto, en este mismo blog de Tlamatzinco, el libro de matemáticas precristianas de Guillermo Garcés Contreras: Pensamiento matemático y astronómico en el México precolombino, editado por el Instituto Politécnico Nacional en 1982 y 1995.

“Es la presente obra un trabajo de investigación científica avalada por el Instituto Politécnico Nacional. Algunos de los títulos académicos del autor son Doctorado en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, en las disciplinas de Filosofía de la Ciencia e Historia de la Ciencia. Maestro de la  Escuela Nacional  de Antropología e Historia y de diversas facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México.”

Siguió el descubrimiento de la Coyoxauquí, luego el otro gran monolito: Tlaltecutli el 2 de octubre del 2006, etc. Finalmente el Proyecto del Templo Mayor arrancó hasta 1978. 

Es el Proyecto del Templo Mayor, pero no el del Coatepantli en su totalidad.

En el cruce de las calles Guatemala y Brasil, espaldas de la Catedral metropolitana, había una elevación cubierta de asfalto por la que  íbamos y veníamos caminando, en vehículos particulares y  trasporte  público, todavía hacia mediados del siglo veinte. Debajo de esa irregular elevación, en plena calle, estaban los restos del templo más grande erigido en la antigüedad a Tezcatlipoca-Tlaloc.

Cinco siglos atrás había sido la capital de uno de los imperios más poderosos, extensos y cultos  de la antigüedad indígena del continente americano. Como si ahora dijéramos  "La Casa Blanca" de Estados Unidos de América.
Piedra del Sol

Fue necesario que trascurrieran cinco siglos para que la misma cultura occidental nos enseñara, o se enseñara a sí misma, que la espiritualidad sólo es una. Que la cultura se enriquece sumando, no restando, y que el arte surge, o resurge, en los pueblos que viven en la libertad de pensamiento y obra.

No todas las ciudades modernas de la actualidad en el planeta resurgen de haber sido destruidas por la guerra, como es el caso de Berlín y otras ciudades europeas a resultas de la Segunda Guerra Mundial. Otras, como San Francisco, California, de las ruinas dejadas por los terremotos. Otras más a partir del llano vacío como Washington o Las Vegas.

“El monolito de Tlaltecuhtli es una escultura mexica, que representa a dicha deidad de la tierra. Fue hallado el 2 de octubre de 2006.

París resurgió de la destrucción deliberada de París. “Esta reforma urbanística fue violentamente criticada por algunos de los contemporáneos de Napoleón III, aunque acondicionó el uso diario de las calles por parte de los ciudadanos. Esta obra puso el fundamento de la representación popular de la capital francesa al mundo, sobreponiéndose a los estrechos callejones del viejo París y creando anchos bulevares y grandes plazas” Wikipedia.

Haussmann fue senador durante el Segundo Imperio, bajo el reinado de Napoleón III, y la trasformación de Paris tuvo lugar del 1852 a 1870.
Coatepantli de México-Tenochtitlán

Sesenta etnias indígenas, del territorio mexicano, de este siglo veintiuno, esperan reunirse de nuevo en su  coatepantli de México-Tenochtitlán, como era antes. Los turistas nacionales y del mundo también… 












Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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