La balada de los irlandeses


Título: 
La balada de los irlandeses
Autor: Armando Altamira Gallardo. 
Editado por la Secretaría de Prensa del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM).
 Serie: Cuadernos de Comunicación Sindical, número 55
México, D. F, agosto de 1998
44 Páginas.
Agosto de 1998

Es el relato de la conquista de México por los estadounidenses en el siglo diecinueve. Una campaña concebida para ganar en el más puro estilo guerrero. ¡En la guerra hablan los cañones, no hablan las razones! No estamos hablando de una invasión sino de una auténtica conquista. Cuando el ejército se retiró, después de permanecer su bandera nueve meses en el Zócalo de la ciudad de México, la frontera de Estados Unidos se había recorrido hacia el sur ganando más de un millón de kilómetros cuadrados.

Fue una guerra exacta, suficiente y oportuna. Cuando los mexicanos apenas hablábamos de libertad y los derechos del hombre, con miras a liberarnos del poderío español, los angloamericanos ya construían buques de guerra, cañones y carreteras para acercarse a México. El gobierno  elaboraba la necesaria animadversión en el pueblo para que apoyara a su ejército en   esta guerra. Y, lo más importante, preparaban  la necesaria confusión entre los mexicanos.

¡Una cuidadosa y visionaria campaña de conquista para enfrentarse a un ejército, se creía,  igualmente poderoso que el estadounidense!

Pero  cuando los estadounidenses cruzaron la frontera sur sólo encontraron el caos social y, según escribiría Zachary Taylor, tampoco había ningún ejército. Todos los mexicanos, con poder de decisión, estaban divididos.


Se complica la historia buscando causas extrañas más que internas. ¡En ese siglo  México tuvo treinta y seis  presidentes en 76 años! Algunos de ellos “repetían  N veces, como Santa Anna y Porfirio Díaz. 


Cuando los militares federales iban a cobrar sus primeros sueldos eran desplazados por los rebeldes que ahora pasaban a ser los “legítimos” y ellos eran ahora los rebeldes. Se ganaba más y seguro de forajido que de militar.

Este es el contexto en el que se desarrolla el siguiente relato. No nos interesa la neurosis que por más de un siglo se ha levantado en México reprochando a nuestros vecinos por habernos arrebatado  un millón de kilómetros cuadrados de territorio.


La historia de Estados Unidos es como la historia de todos los imperios. Así fue Atenas, así fue Roma, así fue México-Tenochtitlán, así fue Madrid.A manera de un tsunami que llega a la playa.Si la línea de diques está mal construida,avanza,si fuerte,se detiene.La responsabilidad es del que está presionado.Los países del sur tendrían que preguntarse por qué los Estados Unidos son fuertes y ellos débiles. ¿Qué comieron,qué leyeron,qué escribieron,qué hicieron,que no hicieron?

No nos interesa esa neurosis.Nosotros seguimos a un pequeño contingente de irlandeses, apenas unos doscientos, que pelearon al lado de los mexicanos (de ahí el título de la publicación: La balada de los irlandeses).

Se agruparon bajo el estandarte  de San Patricio. El juicio histórico sobre la conducta de estos soldados depende de qué lado de la frontera se les recuerde. De aquel lado son traidores y de este son héroes. Lo irónico es que pocos mexicanos saben de su existencia.

En el invierno de 2009-2010 se exhibía en México una película sobre este tema:

Título: El Batallón de San Patricio,
Reparto: Tom Berenger como John Riley,
Joaquim de Almeida como Cortina,
Daniela Romo como María,
Patrick Bergin como el General Winfield Scott,
James Gammon como el General Zachary Taylor.
Su guión, la actuación de los artistas y la realización del filme son de calidad.


 
En la actualidad (septiembre de 2010) el nombre de " Batallón de San Patricio" está grabado,con letras de oro, en la columna del lado derecho del Palacio de Legisladores, ciudad de México, en el recinto de sesiones, como uno de  los héroes que forjaron esta nación: Cuahutemoc, Miguel Hidalgo, Morelos, Francisco Villa...

 El 12 de septiembre, de cada año, tiene lugar una ceremonia, oficial, conmemorativa, con asistencia del señor Embajador de Irlanda en México, bajo la placa que contiene los nombres de los irlandeses de nuestro relato. Esto en el lugar conocido como plaza de San Jacinto,En San Ángel, de la Ciudad de México.


El 12 de septiembre de 2014, tuvo lugar, en San Jacinto, en una acto que empezó a las 10:00 hrs. la "Ceremonia cívica del CLXVII aniversario de la gesta heroica del Batallón de San Patricio",con la asistencia de la señora embajadora de la República de Irlanda, Sonya Hylavy,  y representantes  de la Delegación Alvaro Obregón, del Gobierno del Distrito Federal, México.


Y la presencia de unas 300 personas, se cantaron los himnos de México y el de Irlanda. Actuación de la "Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio".
Por parte de la embajada se pronunciaron los nombres de cada uno de los irlandeses caídos en la guerra (que permanecen grabados en la pared misma donde 16 de ellos fueron ejecutados)

La emotividad del acto  alcanzó su climax cuando al final de la lista se dijo:

"Y todos los soldados cuyos nombres desconocemos sufrieron y murieron por México ¡sufrieron por México!, Sufrieron por México!"

 Cuauhtemotzin, tlatoani de México- Tenochtitlán, y los irlandeses del Batallón de San Patricio, son héroes de la más alta pureza en  la historia de nuestro país, en  cuanto a ofrendar su vida por México. No seguían este o aquel interés, ya personal, ya de grupo o de secta, sino solamente por México.

La labor de división entre protestantes, católicos y racionalistas de todos los matices, ha dado magníficos resultados hasta la presente para alcanzar el objetivo de división.

¿Por qué traer a colación el asunto tan incómodo de los cristianismos ortodoxo y liberal? Porque precisamente eso fue lo que estuvo en el tapete de las acciones en la historia que aquí relatamos. Pero se manejo como un fin cuando apenas era una mampara que tenía el objetivo de velar el verdadero motivo que es la explotación de los pueblos.

El presente trabajo habla concretamente de un episodio histórico entre México y Estados Unidos. Pero dice, ¡quién lo sospechara!, sobre todo de una guerra que se echo a andar precisamente para alcanzar, con el tiempo, la explotación del trabajador estadounidense y del mexicano, según el modelo inglés -irlandés.

                                 2                                                                                                     

Cuando me propuse escribir sobre el Batallón de San Patricio me encontré con un tema  desconocido para la mayoría (lo que se dice la inmensa mayoría) de  los mexicanos. Pregunté, Busqué en las bibliotecas que estaban a mi alcance en la Ciudad de México y tuve la sensación que buscaba en el desierto. Lo único que conocía era la novela de Patricia Cox.

Finalmente este trabajo lo lleve a cabo gracias a las lecturas de los libros que me prestaron Agustín Castillo López, Gerardo Peláez Ramos, Enrique Lascares Bravo, Victoriano Ramírez Caudillo, Enrique Pérez Cruz, Fernando Contreras y Francisco Arzate Núñez.

No quiero decir que ellos sean los responsables de lo que aquí se escribe. Pero sí tienen el mérito de ir haciendo en este país un pueblo cada vez menos desinformado.

Otros títulos del mismo tema los encontré en el club de lectura las Aureolas, de Coyoacan, D.F. otros en los Libroclubs, de reciente formación. Otros más los fui consiguiendo en la calle de los libros usados.


                                               3


Los irlandeses a los que aquí nos referimos eran parte del ejército de invasión de los Estados Unidos en el siglo pasado. En algún momento de la campaña por razones religiosas y sociales análogas a las de los mexicanos, y sociales históricas entre Irlanda e Inglaterra, se pasaron al bando del ejercito mexicano. Con la experiencia nacional centenaria que ellos tenían en Irlanda sabían que México no solamente iba a ser cercenado en su territorio sino con el tiempo, igual que ellos,  iban a quedar sus habitantes convertidos en mano de obra barata y por lo mismo en presión muy ad hoc para el movimiento obrero estadounidense, como los irlandeses lo eran, de manera involuntaria, para los trabajadores ingleses (ver de Robert Coles: 
Irlanda: Dos Realidades. Revista Contextos. México.  Año 2. Número 10. 12-18 de marzo de1981).

Hicieron la campaña con valentía  a lo largo de todos los combates hasta el momento de la última batalla en Churubusco en que al mando de Anaya, se perdió la guerra y junto con los mexicanos, fueron hechos prisioneros.

 Semanas más tarde, después de haber sido torturados  y vejados. Los irlandeses empezaron a ser ahorcados a manos de los soldados estadounidenses en diferentes poblaciones del sur oeste del valle de México.

 En recuerdo suyo, la plaza del ex convento de Churubusco lleva su nombre: "Plaza de los irlandeses", así como una calle que converge al mismo lugar. A unos metros a la derecha de la puerta de la entrada principal al ex convento cerca también a uno de los cañones utilizados en esta guerra, se encuentra una placa metálica que dice: "Plaza Batallón de San Patricio" y más abajo: "En memoria de los mártires irlandeses de la guerra de intervención de 1847". Esta placa fue puesta el 13 de septiembre de 1981 por el entonces presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, José López Portillo.

Una calle que converge directamente a esta plaza lleva el nombre de: "Capitán John O' Reilly, comandante del Batallón de San Patricio". Según la tradición, este capitán fue el primero que decidió pasarse al bando de los mexicanos y después lo fueron siguiendo otros irlandeses.

Los agnósticos mexicanos estaban absortos tratando de descifrar lo del liberalismo, que les hablaba de la libertad de espíritu, en tanto los agrimensores angloamericanos trazaban con todo espíritu previsor, exactamente en 1811, cuando todavía ni sIquiera Hidalgo era apresado en Acatita de Baján, el Camino Nacional ( también conocido como Camino Cumberland y Old Pike), que partiendo de Cumberland, en Pensilvania, en el este, llegaba hasta Vandalia, en Illinois, cerca del Misisipi (ver revista 
National Geographic, en español, vol. 2. número 1. marzo de 1998) con lo que se facilitaban en gran manera el acercamiento de sus tropas al norte mexicano, que para ellos sería desde entonces el oeste. 


Este Camino Nacional fue terminado en 1838, dos años después que se declarara independiente a Texas y diez antes de la anexión de los territorios mexicanos del norte.

Y en tanto los centralistas y los federalistas mexicanos se destruían entre sí, los soldados profesionales de West Point forjaban a ritmo acelerado el acero de sus espadas y el de sus cañones. Estaban decididos a conquistar a México y al continente y a mover su capital de Washington a Panamá y se prepararon con todo cuidado para lograrlo.

Ya Texas había caído desde 1836 y era el momento de movilizar a su ejército para arrebatar los paralelos norteños mexicanos del 42 al 32. Entonces Polk,  el presidente de Estados Unidos, le dio el toque supremo a tal empresa: dijo que lo hacía por mandato de Díos. Eso empujaría a sus soldados a realizar esfuerzos más allá de lo humanamente posible.

Gentes de la cultura de la categoría de Ralf Waldo Emerson, Thoreau y un número importante de legisladores estadounidenses se opusieron y criticaron semejante proyecto manifestando que el pueblo hermano mexicano no merecía eso, pero Polk siguió adelante.

Ya para estas fechas tempranas en la historia del México independiente, Estados Unidos disponía de una arma más temible aun que la de su ejército. La información de la tierra en la que habían puesto su atención. Ya conocía para entonces la debilidad de la naciente sociedad mexicana a la que, por cierto, su primer embajador, Poinsett, había contribuido mucho.

 Pero sobretodo ya sabía de los trabajos como los de Humboldt y los de los gambusinos que PoIk había enviado con toda antelación, y que eran en realidad geólogos, no gambusinos: en California, Texas y otros estados había casi infinitos yacimientos de oro y petróleo, amen de otros recursos no renovables y de los renovables (ver Humboldt, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España y el otro que es Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, así como una biografía sobre "Alejandro von Humboldt" escrita por Hanno Beck, publicada por el Fondo de Cultura Económica, México, 1971).

Esto fue lo que hizo cambiar de bandera a los irlandeses.  Entendían que el ancestral pleito entre protestantismo angloamericano y el catolicismo romano de México eran como en su país, una cortina de humo religioso para ocultar las verdaderas causas de la invasión.

Durante setecientos años Irlanda había sufrido para entonces la dominación de Inglaterra y a esa explotación despiadada del obrero y el campesino irlandés se le había hecho aparecer ( y en los medios de información de cada día podemos constatar que aun hoy se le sigue haciendo aparecer como una guerra de antagonismos religiosos entre protestantes ingleses e irlandeses del norte contra irlandeses católicos del sur.

De esta manera habían obtenido por cientos de años mano de obra barata en Irlanda. Además eran utilizados para presionar al propio obrero inglés. Cuando éste pedía incrementos salariales y prestaciones sociales llevaban a obreros irlandeses que debido al subdesarrollo impuesto debían conformarse con percepciones muy por debajo de las exigidas por los obreros ingleses

De nuevo es necesario reconocerle a Polk que tuvo una idea clara del momento histórico por el que pasaba México después de su reciente guerra con España por su independencia y que, dados los recursos naturales que posee, al decir de Humboldt, Alamán y otros, contaba desde entonces para proyectarse como una primera potencia no sólo en el continente sino en el mundo, Jesús Reyes Heroles (op cit Pág XVIII. T. II) dice:

 “La guerra con Estados Unidos ocurre en el peor momento de nuestra historia: cuando la lucha política interna tiene gran intensidad, cuando la sociedad colonial está agonizante y la nueva aun no se levanta: cuando ya no éramos lo que habíamos sido ni éramos aún lo que íbamos a ser”. 

                                  4

Con dificultad y sin éxito se podría sostener el criterio que los mexicanos contaron en algún momento del siglo pasado con ejercito moderno, oficial, real o federal, a la altura de los tiempos para defender sus fronteras. 


Cuantas veces quisieron los estadounidenses meterse a México en plan de guerra lo hicieron (ver Las Invasiones Norteamericanas en México, de Gastón García Cantú, editado por la Secretaría de Educación Pública, número 57 de la serie Lecturas Mexicanas, 1986),y el mismo ejercito francés en el siglo pasado, aun con el disgusto de los norteamericanos, llegó hasta el Bajío y allá permaneció durante mucho tiempo.

Su ejercito sirvió para emprenderla, y eso a duras penas, contra los campesinos de Jalisco, Michoacán y Colima (ver a Jean Meyer, op.cit.) o contra los indios mayos, tarahumaras, huicholes, otomis, mayas, etc (ver
La Frontera Nómada, de Héctor Aguilar Camín, editado por Siglo XX 1, México, 1977).


 En la misma guerra de independencia jamás pudo ganarle al ejército realista, con Calleja al frente, una batalla decisiva y su acción debía quedar circunscrita a la actividad de guerrillas.

 Ha habido, eso sí, militares profesionales brillantes como Mondragón y Ángeles o más allá Leandro Valle por parte de los federalistas y Miguel Miramón del bando centralista, ambos egresados del Colegio Militar, para citar algunos ejemplos.

Pero lo que campea son caudillos muy valientes con grados impresionantes hasta de "generalísimo" que ellos mismos se han dado, ningún instituto tradicional, y otros grados que ellos han repartido que corresponden a acciones valiosísimas o valientísimas, pero por demás empíricas.

Enfrentar esta clase de ejército a los soldados de West Point era arriesgar todo sin la menor esperanza de nada. No porque ellos fueran invencibles sino porque lo que malamente se puede llamar ejército mexicano de esa época se encontraba en una completa falta de cohesión y modernización. El general Mier y Terán así lo entiende y se suicida antes de asistir a tan grotesco espectáculo.

 No se suicida ante la fuerza del enemigo sino ante el sainete grotesco que protagonizan los liberales y católicos del que él mismo es parte en la capital de la república.

 Cuando deberían estar organizando un ejército, a la altura de las necesidades, se la pasaban en la tribuna lanzándose gritos. Esa era  la labor que había venido a hacer Poinsett y la había llevado a la perfección.

                                    5

No existe ejército que obedezca al brillante Colegio militar, o lo que podría llamarse su antecedente. Ni siquiera un mal ejercito. Nada que se le parezca. Lo que hay aquí es una fantasía de los historiadores. O si lo dicen de buena fe es que no entienden lo que es un ejército de guerra y lo están confundiendo con un  ejército casero.

El mismo invasor así lo va a reconocer cuando ya se ha apoderado del país en el que permanece nueve meses, de septiembre de 1847 al 30 de mayo de 1848. Le hubiera convenido decir que acababa de derrotar a un gran ejercito para aumentar el brillo de su triunfo, pero lejos de eso dice:

 " Es verdad que no se ven aquí ejércitos ni aparato militar" (publicado en el Daily American Star, periódico oficial del ejercito norteamericano de ocupación en la ciudad de México y en exhibición en una de las salas del Museo de las Intervenciones del ex convento de Churubusco).

La propia exhortación de José Joaquín d Herreras (este pensamiento se encuentra en el mismo museo) ilustra en este sentido de la improvisación: 

"Todo mexicano está obligado a hacer la guerra al enemigo con todas las armas que estuvieran a su disposición, como fusiles, carabinas, pistolas y espadas, pudiendo servirse de piedras que arrojarán desde las azoteas, franqueándoseles las casas con ese objeto”.

Enfrentar con piedras y ladrillos al enemigo armado hasta los dientes con cañones y buques de guerra…

En la descripción que Guillermo Prieto hace de la batalla del Castillo de Chapultepec (esa batalla que tanto la historia oficial y  el cine mexicano nos ha presentado como una epopeya), describe qué cuadros conformaban el ejército  mexicano de esos días: 

"El tío Salcedo estaba a un lado tan fuertote con su pelo crespo, sus ojos negros y sus labios gruesos… Del otro lado don Simón Alemán,  el sastrecillo que parece que se va a quebrar de la cintura, y Díaz, que más parece escribano de Palacio que zapatero, con su nariz afilada, su calvita muy' limpia y sus políticas y su hablar como quien canta" 


y más adelante: " En los Arcos y en medio de una confusión espantosísima, aparece ordenado, valiente,  no valiente,  heroico el batallón Hidalgo, compuesto como se sabe de empleados de las oficinas y de la flor y nata de las familias de México, lo mismo que el batallón Victoria (ver de María del Carmen Ruiz Castañeda: La Guerra del 47 Vista por Guillermo Prieto, editado por el Sindicato de Trabajadores del : INFONA VIT, colección: Luchas del Pueblo, número 1, México, D. F. junio de 1976).
                     
                                  6

Este es el ejercito mexicano oficial, a veces federal y  a veces centralista, pero sin que su tropa tuviera la menor idea de qué se tratará siempre,  que se va a enfrentar al ejercito profesional de los estadounidenses formado con toda responsabilidad y  antelación en West Point.

Y el ejército mexicano que va a ir caminando hasta Texas está peor pues se compone de gente desnutrida del campo, y si algo resiste es precisamente porque es del campo, descalza y sin uniformes de tropa y sin servicios médicos. La mitad del ejército (si se le puede llamar así) morirá de hambre y de infecciones en el estómago antes de poder disparar el primer balazo.


El exitoso ejercito trigarante, que tres décadas atrás había conseguido la independencia con respecto a España, pronto se perdió entre las numerosas asonadas y cambios alternativos de poder que se dieron, entre centralistas y federalistas, en esa salvaje contienda que se dio entre ellos después de conseguida la independencia, en una carrera por la obtención del poder.

 Un corrido del siglo de la época relata este ambiente:"...estábamos en la lucha de sucesión, la danza de las monedas así apuró a los dioses de la guerra y la corrupción”.

En semejante caos todo era improvisación, desde cuadros políticos hasta cuadros militares. Casi todos eran "generales". Unos generales inclinándose por apoyar a este bando y otros generales al bando contrario y otros generales más ¡ya a que tenían en las manos la fuerza de las armas!, saltándole al poder que consiguen para ellos sólo para ser barridos tres semanas más tarde por otro general, o por otro político.


 Ante este desastre de ambiciones desatadas, Patricia Cox exclama: "acaso estaban locos? (ver El Batallón de San Patricio, editado por La Prensa, México, 1963).

Eran los tiempos en que las jerarquías (los historiadores dicen siempre que el pueblo) mexicanas creían que la solución de los problemas del país estaban en el exterior. 


Los españoles y los criollos trajeron la masonería del rito escocés y andando el tiempo con ellos llegaron los escuadrones franceses de Napoleón III. Poinsett, el estadounidense extraordinariamente hábil para convencer con su oratoria y con su oro, trajo la masonería del rito yorkino para los federalistas y tras de Poinsett llegó el ejercito estadounidense para llevarse el 51 por ciento del territorio mexicano.

 Pero mientras Europa y Estados Unidos chocan en México para ver quién implanta su soberanía en el continente, el pleito entre centralistas y federalistas mexicanos se vuelve vulgar:

 "La polémica de los grupos masones escoceses y los yorkinos cae muy bajo, tanto en el tipo y naturaleza de los ataques, como en su estilo. La diatriba y el insulto dominan; escasamente aparece el ingenio" (Jesús Reyes Heroles, op. cit. Vol. II ) Y los masones de ambos ritos ensucian tanto la atmósfera política que el Congreso Veracruzano envía al Soberano Congreso General el 7 de enero de 1828 una iniciativa de ley para que cese en la república toda clase de reunión secreta masónica sea cual fuere su rito, denominación y origen".

                    
                                  7

De todas maneras hay que ir a hacer frente al insolente y bien preparado ejercito de los estadounidenses y alguien tiene que hacerlo pero nadie se mueve para hacerlo. Todos hablan exponiendo su utopía de cómo debería ser el México perfecto. Se habla entonces, de racionalismo y de metafísica, o de federalismo y centralismo, cuando deberían estar hablando de guerra. Pero nadie da dos pasos hacia el frente del norte.


Entonces Santa Anna, la figura más venerada y más maldecida de nuestra historia (once veces mandatario de la nación unas como presidente y otras como dictador y casi siempre solicitado por tirios y troyanos para que les hiciera el favor de conducir al país (ver 
Santa Annade Rafael F. Muñoz, editado por el Fondo de Cultura Económica, México, 1984 ) se pone a la cabeza de varios miles de hombres y marcha a enfrentarse a los invasores.

 En esta guerra los Estados Unidos atacan primero por el norte y más tarde, ya el ejercito a las ordenes de Wilfield Scott. desde el oeste, es decir entrando por el puerto de Veracruz (ver Los Orígenes de la Guerra con México. de Glenn W. Príce, editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1974).

No hay carreteras ni vías de ferrocarril ni barcos de guerra. Sólo los viejos caminos reales por los que los españoles sacaban el oro o bien a través de los milenarios senderos indígenas.

 Literalmente hay que caminar. Seiscientos kilómetros al paralelo de la capital de Zacatecas y casi otros dos tantos más a través de la llanura desértica y de las dunas de arena.

Este  “ejército” no cuenta en la realidad con vías  de aprovisionamiento ni con servicios sanitarios ni con tropas de repuesto ni con tropas de reserva ni con guerrillas que le protejan  los flancos y acosen al enemigo en una maniobra de desgaste ni cuenta tampoco con tesorería.

 No es una guerra a profundidad la que han emprendido sino un "raid" de una multitud de paisanaje valiente y bien intencionado y casi sin armamento que no sea otro y  escaso que conservan  de la guerra de independencia.

Descalzo, mal vestido y pésimamente alimentado. Dos mil kilómetros de marcha a pie en la llanura desértica sin agua, donde las temperaturas normales del día son de 48 grados centígrados y algunos grados bajo cero por las noches. El que conoce el país entiende que el famoso cruce de Napoleón por los Alpes europeos viene siendo como un paseo de comadres en día de mercado.

Los norteamericanos sólo dejan que pase el tiempo para que todo se caiga por sí mismo. Cuando el ejército mexicano llega al lugar donde debe presentar su primera batalla, la mitad de ese ejercito ya ha muerto por enfermedades intestinales, por hambre, por deshidratación y otros han desertado.

Los estadounidenses  sólo esperan. Esperan en sus mismos lugares, frescos, descansados, bien avituallados, cerca de sus vías de aprovisionamiento y se puede decir,  con toda una nación unida por la propaganda de guerra bien llevada por el presidente Polk. Lista e impaciente y ambiciosa, espera para apoyar a su ejército hasta las últimas consecuencias contra los bárbaros mexicanos, indios de piel cobriza, asesinos de mujeres, ancianos y caníbales comedores de niños.

Para los estadounidenses Polk debe ser uno de los tres hombres más grandes de su historia. Su propaganda de guerra ha unido para entonces a toda una nación y al mismo tiempo su diplomacia, su intriga y su oro ha dividido en su mismo seno a México. Sus ejércitos de tierra y de mar y sus guerrillas están listas desde hace ya varios años no sólo para esperar al ejército mexicano sino para derrotarlo y penetrar hasta el mismo Zócalo de la ciudad de México.

No obstante, en la batalla de Buenavista,  el tercer enfrentamiento con las fuerzas invasoras del general Zachary Taylor, los mexicanos, comandados por Santa Anna, se batieron valerosamente obteniendo tres triunfos en el que no dejan sobreviviente alguno de los soldados estadounidenses.

Hasta los oficiales y el general responsable en cada sitio es pasado por las armas. Para salvarse algunos se hincan y juran que también ellos son católicos. De todos modos mueren.

 Pero esos triunfos no son la victoria final. En realidad eso fue todo. El parque se ha agotado, las provisiones ya no existen, las tropas de repuesto no llegan. Los conservadores y los liberales seguían  peleando entre sí y  el ejército de Santa Anna no recibió refuerzos.


Cuando se le acaban las balas a Santa  Anna es la hora, el día preciso, en que los Estados Unidos van a empezar a crecer en la medida que México se hunde. Su cuidadosa visión de años apenas empieza a echarse a andar para dominar al resto del continente más allá de México y después extender su influencia militar, económica y cultural por todo el mundo. 

El conde de Aranda, español con elevado cargo en el gobierno de España, ya había advertido con respecto a Estados Unidos con toda antelación en el memorial de 1783 :"! Vendrá un día que será gigante, un coloso temible en esas comarcas", pero ni españoles ni mexicanos le hicieron caso.

Atacan los estadounidenses por tres rumbos de manera simultánea que comprenden varios puntos de la frontera norte, por el Pacífico en sus enormes y modernos barcos de guerra y por el puerto de Veracruz en el Golfo. Nada puede pararlos. Los pueblos del continente guardan un precavido silencio con excepción de Honduras que protesta por la invasión a México.

Los países hegemónicos de Europa protestan pero no por la suerte de los mexicanos sino porque ven que una nueva potencia acaba de saltar a la palestra y es ahora un potencial enemigo que puede ir arrebatándoles colonias como, efectivamente,  pronto lo hará con España en todo el continente americano.
 Al mismo  tiempo  advierte, mediante la doctrina Monroe, que nadie meta las manos en estos países y todos aquellos que de alguna manera permanecen hasta ese momento irán siendo sacados gradualmente (ver La Guerra Secreta en México. de Friedrich Katz. dos tomos. editado por ERA. 1983).

Ante la endeblez de los ejércitos mexicanos la población civil heroica del puerto de Veracruz (ver 
La Ciudad de Veracruz, de Leonardo Pasquel, editado por Citlaltepetl México. 1960), la de la ciudad de México, de Monterrey y la de Matamoros, les hacen frente con escobas, arrojándoles piedras desde las azoteas.

 Hombres, mujeres y niños, tenderos, sastres, albañiles, campesinos defienden su patria y tratan de revertir lo que los políticos, los economistas y los militares no pudieron hacer (ver La Guerra del 4 7 y la Opinión Pública, de Jesús Velasco Márquez, editado por SepSetentas. México. 1975).

Los irlandeses combatieron hasta el fin. Estuvieron peleando con afán y "testarudez irlandesa" y como solamente los hijos de la bella Irlanda sureña saben hacerlo aun a través de los siglos cuando de causas justas se trata.

 Lucharon entre los bosques de Padierna,  en el lado norte de los contrafuertes de la montaña Ajusco, arriba de Tlalpan. Los mexicanos de Influencia y mando siguieron peleando entre ellos y después ya no supieron qué hacer y se perdió la guerra.

El pueblo 'bajo", empero, continuo peleando como pudo. O tal vez sería correcto decir que se siguió suicidando conservando la esperanza que podía modificar el resultado de esta guerra. Desde las azoteas con ladrillos o en las bocacalles intercambiando palos contra bayonetas.

En las calles del actual Correo Mayor, atrás de Palacio Nacional, las turbas del pueblo civil lograban aislar a soldados estadounidenses y prácticamente los desmembraban. Pero luego el ejército de ocupación hacia fusilamientos de escarmiento.

Los mexicanos se replegaron al ex convento de Churubusco, con sus valientes generales Pedro María Anaya y Manuel Rincón a la cabeza, donde se hizo una defensa con actos de mucho valor. Aquí Juan B. Argüelles fue comandante de artillería.

Había sólo siete piezas de artillería (algunas se conservan en el lugar), pocas municiones que tuvieron que repartirse entre 800 defensores para enfrentar a 8 mil invasores. Estaban participando en la resistencia los batallones Independencia, Bravos y Tlapa, las compañías de San Patricio y fracciones de tropas en retirada que se habían ido agrupando en aquel lugar perteneciente a los batallones de Chilpancingo y Galeana.

Fue la tercera vez en la historia de este país, después del sitio de México- Tenochtitlán en 1521,y el de los 83 días del sitio de Cuautla en 1812, que un grupo reducido de mexicanos vendía cara su libertad frente a un mundo todopoderoso que los sitiaba para esclavizarlos.

Pelearon aun después que se les terminaron las municiones, a bayoneta calada, con la verdadera furia que da la impotencia. Pero el enemigo era abrumador en número y en armas. El 20 de agosto de 1847 Anaya rindió la plaza para evitar que se siguiera con aquella carnicería inútil.

Se perdió la guerra, se perdió el país. Pero más grave que perder los territorios fue la pérdida de la fe de que  alguna vez las cosas pudieran hacerse como tendrían qué hacerse en el bien material del pueblo y en la conservación de su cultura, incluidos los aspectos espirituales.

Si no Llevaron a cabo los estadounidenses la anexión total de México en esa ocasión fue debido a condiciones políticas internas entre ellos que no es el lugar aquí para analizar.

Pero sí hubo la advertencia que si se negaban a firmar los mexicanos un tratado de paz jamás se les permitiría a los cuerpos Legislativos reunirse en parte alguna,  por lo que de hecho la advertencia de disolución total estaba  en la puerta.

 Entonces firmaron el documento Guadalupe-Hidalgo.

                                 8


Patricia Cox nos da una postrer visión de los "colorados", como se les decía a los irlandeses, debido al color rojo de su cabello, cuando los norteamericanos hacen prisioneros a los que ahí se encontraban. A los irlandeses los condenan a muerte:" Tiraron lo caballos de los carros y los cuerpos de treinta y dos hombres se balancearon sin apoyo bajo sus pies en horribles contorsiones".

También nos describe a ese pueblo por el que ellos habían dado su vida, Era como siempre en esta lucha, gente casera y menuda: '.EI pueblo presenciaba la última escena de aquel drama, su propio drama. En carne extranjera. No podía hacer nada, impotente y desarmado. Algunas mujeres que acompañaban a fray Román y a los carmelitas de San Ángel rezaban con lagrimas en los ojos, mientras los pies descalzos de los frailes se afirmaban sobre la tierra desnuda".

Y sobre las cabezas, cubiertas por los rebozos de las mujeres que rezaban, los pies de los irlandeses oscilaban llevados por el viento. Pensaban, seguramente,  que lejos, muy lejos, muchas madres irlandesas ya no volverían a ver a sus hijos.

Fue el último episodio de esa guerra. El documento en el que se plasma el desmembramiento de los territorios del norte se conoce como 
Tratado de Guadalupe -Hidalgo y fue firmado eI 2 de febrero de 1848.

En el 
Diccionario Enciclopédico de México, de Humberto Musacchio. 2 tomos. Editado por Andrés León, México. 1990. encontré el siguiente postrer dato y es que de los 260 irlandeses que se habían unido a las fuerzas mexicanas para cuando se da la batalla de Churubusco, ya sólo quedaban con vida 72:


 "Quedaron 72 que fueron condenados a muerte por los invasores con excepción de su capitán (John 0' ReilIy) Y otros soldados que.,se dice. Lograron escapar  y en los combates fueron muriendo en tanto el Frente de batalla retrocedía hacia el sur. En el Museo de las Intervenciones hay una placa, de unos dos metros de alto por uno y medio, que contiene 71 nombres de estos irlandeses con el capitán John O Relly al principio y el de Lewis Preifer al final y dice:"En memoria de los soldados irlandeses del heroico Batallón de San Patricio, mártires que dieron su vida por la causa de México, durante la injusta invasión norteamericana de 1848".

De los prisioneros fueron torturados y ejecutados 16 en San Ángel 16 en Mixcoac y los demás en Tacubaya. Cerca de la plaza de San Jacinto en San Ángel, se encuentra una lápida que señala el sitio donde fue ejecutado un grupo de ellos".

Esto apenas es una balada que canta el valor de los irlandeses en tierras mexicanas. Pero, estamos seguros, algún día alguien escribirá otra historia épica o mucho mejor, una novela, de estos "colorados" que se sume al bello trabajo de Patricia Cox y ambos sean leídos de hijos a nietos, en las generaciones que están por venir, en México y en Irlanda. Estas jóvenes y valientes vidas, y el dolor de las madres de estos irlandeses que jamás regresaron al país de San Patricio,  se lo merecen.


LA SUERTE DE LOS IRLANDESES

(Lennon-Ono)

Si tuvieras la suerte de los irlandeses
Te lamentarías y desearías estar muerto
Deberías tener la suerte de los irlandeses
y en su lugar desearías ser inglés

Un millar de años de tortura y hambre
Ahuyentaron a la gente fuera de su tierra
Una tierra llena  de belleza y mararavillas
Fue violada por los bandidos británicos ¡malditos! ¡malditos!

Si se pudiera guardar voces como flores
Habría un trébol sobre todo el mundo
Si se pudiera beber sueños como arroyos irlandeses
El mundo seria  alto como la montaña de la alborada

En Liverpool nos  contaron la historia
De cómo los ingreses dividieron la tierra
Del dolor, la muerte y la gloria
y los poetas de la vieja Irlanda

Si se pudiera hacer cadenas con el rocío de la mañana
El mundo sería como la Bahía Galway
Caminemos como arco iris como duendes
El mundo seria una gran piedra de Blarney

¿Por qué diablos están ahí los ingleses?
Mientras matan con Díos de su lado
Culpan a los chavales y al IRA
Mientras los bastardos cometen genocidio ¡Sí! ¡Sí! Genocidio!



Del disco "
Some Time in New York City

(1972).

PERDIDOS EN LA CIUDAD CON G. SANTAYANA


Buscar la verdad tiene sus riesgos, dice Santayana.

Como el que avanza solo en el bosque nocturno desprovisto de linterna. Es el paquete de valores esenciales pero el camino para llegar es sinuoso y tropezamos y está la barranca y el borde del precipicio:

“Perseguir la verdad es una forma de valor, y el filosofo puede amar la verdad por sí misma, en tanto que esté dispuesto a  afrontar el destino, como quiera que sea: con entereza, si es posible; con resignación, si es necesario, y no pocas veces con alegría.”

¿Quién camina en la noche sin lámparas? ¿Quién busca en el día con una lámpara encendida? Se necesita ser un ignorante para sentir que necesita buscar algo. Los sabios ya no buscan nada. Ya llegaron a su final.

El animal se mueve con familiaridad entre el bosque.

El hombre tan civilizado ya no es tan instintivo. Aquí hay una trampa de palabras. El hombre (y la mujer va un paso adelante) va provisto de la intuición que supera con mucho a la lámpara de mano. Intuición, percepción y aprehensión es  con los que puede moverse con seguridad en la tierra y entre las nubes. En lo espiritual y  (como se dice en las asambleas de obreros)  en lo fáctico:

“La intuición o la aprehensión absoluta es propia de espíritus en pos de las esencias.”

Santayana no dice filósofos de academia, que son los que estudian la filosofía. Se refiere a todo aquel que tiene vida, porque  filosofía es la vida misma. La poesía en prosa.

Para Santayana la búsqueda ahora es en la ciudad moderna, la que salió de las fábricas y las universidades. Las ciudades que están llenas de cines, iglesias, televisiones, videojuegos, bares y deportes.
Dibujo tomado del libro La psiquiatria en la vida diaria,
de Fritz Redlich,1968

Ese es el escenario del contemporáneo Fausto. Rutina científica esclavizante, aquelarres volando en las noches sobre los tejados o la fábrica de la rutina sin color y sin fin. “Huesos que vuelven de la oficina, envueltos en una gabardina”, reza una canción de Joaquín Sabinas.

“No seamos locos, pensaba Epicuro, seamos razonables, cultivemos sentimientos apropiados a un mortal que habita un mundo moralmente cómodo y pequeño, y físicamente pobre en su infinita monotonía” dice Santayana en su obra Lucrecio.

El punto al que Santayana quiere llegar es que el mundo necesita, con urgencia, más ignorantes como Sócrates.

El hombre en la fábrica es el esclavo moderno, no se pertenece, es una pieza más en la plusvalía de otros. Así es la vida en el modo industrial y así hay que aceptarla de la mejor manera.

Pero cuando sale de la fábrica él es su dueño, y que nadie te diga lo contrario. Ahora él decide si  hace alto en el laberinto del tan soñado bienestar económico  o se mete en al progreso de los valores esenciales.

 O agarra su vara equilibrante, como hace el artista del equilibrio del espectáculo circense, cuando avanza en la cuerda, igual que todo un moderno aristotélico.

Santayana lo dice de esta manera: 

“En las horas de trabajo, cuando atiende a la materia, es únicamente su propio servidor, que prepara la fiesta, y se convierte en propio amo cuando se entrega a su vocación y a su pasión deportiva. Han de entenderse por tales la literatura y la filosofía, y lo que en el amor, la religión y el patriotismo no es mero esfuerzo material de sobrevivir. Hay en tales pasiones no poca esclavitud; pero lo que ellas atestiguan no es realmente el carácter de los hechos externos, sino únicamente los usos espirituales hacia los cuales los dirige el espíritu.” (De su obra: Diálogos en el Limbo)
SANTAYANA

“Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana (Madrid, 16 de diciembre de 1863Roma, 26 de septiembre de 1952), fue un filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense. A pesar de ser ciudadano español, Santayana creció y se formó en Estados Unidos. A los 48 años dejó de enseñar en la universidad de Harvard y nunca más volvió a los Estados Unidos. Escribió sus obras en inglés, y es considerado un hombre de letras estadounidense. Su último deseo fue ser enterrado en el panteón español en Roma. Probablemente su cita más conocida sea «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo», de La razón en el sentido común, el primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón o fases del progreso humano.”





















BENITO SPINOZA Y LOS PRINCIPIOS DE RAZÓN EN EL ALPINISMO



El alpinismo es precisamente la actividad sin razón, le digo a mi compañero de escalar montañas. Él argumenta que la razón es nuestra brújula. No es la minoría ni la mayoría, es la razón.

¿Pero cuál razón, ya que todos tienen su razón?

En el subrayado, con cursiva, está el secreto, si buscas su antinomia.

Johnkru Nahui me contó que la semana anterior habían bajado hacia el sur, a poco de haber dejado la cumbre de la montaña Tlaloc, del noroeste,con respecto del pueblo de Río Frío, Estado de México  (en la Serranía  Ajusco,  sur del Valle de México, hay un volcán que también se llama Tlaloc).
 
MONTE TLALOC (NEVADO), VISTO DESDE TEOTIHUACÁN, EN EL OESTE
Todo iba bien ya que frente a ellos, hacia el sur, bajando de la cumbre del Tlaloc, veían la bella cumbre, secundaria, Xotlatzin, de inconfundible característica que se destaca por todos lados su roca desnuda, rodeada por el bosque sobre (en el sur) el Valle de Xochiquetzal.

 El Valle de Xochiquetzal, con dirección este-oeste, es el que hace  la separación de las montañas Telapón, en el sur, y el Tlaloc, en el norte) y se encuentra en una altitud de 3,800 m.s.n.m.

Era un grupo de 30 alpinistas que durante tres días habían acampado entre los árboles del lado suroeste, a doscientos metros por debajo de la cima arqueológica.

Es la cumbre, sin par, en la religión  nahua, por tratarse de la residencia de Tlaloc, dios de los relámpagos, truenos y la lluvia. La puerta por la que se entra al Paraíso mexica.

En tiempos precristianos llegaban hasta los pies, de la representación en roca, de la divinidad, peregrinaciones de todas partes de Mesoamérica, inclusive de lo que ahora se llama Centroamérica. Hombres, mujeres, niños, ancianos, caminaban, siempre ascendiendo hasta los 4,150 m. s.n.m.

Caminaban 50, 100,500, 1000 kilómetros o más, a pie y cargando sus bártulos, ya que se carecía, en esta parte del continente, de animales de monta y carga. Subían entre el sol y la lluvia o la tormenta de nieve hasta la nublada mansión de Tlaloc (ver en este mismo blog la nota: “Tlaloc, monte adoratorio”).

Johnkru Nahui conoce bien estas montañas y dice que la discusión empezó cuando llegaron a un riachuelo que desciende hacia el este. Caminas cinco metros hacia el sureste, después de cruzar esa somera depresión del terreno, en dirección directa hacia la cumbre del Xotlatzin, y todo va bien pues más adelante te encuentras con la vereda bien marcada que conduce al espacio abierto del Valle de Xochiquetzal y el “camino maderero “bien marcado y ancho, lleva al pueblo de Río Frío, con unas tres horas de descenso, con mochila al hombro.
 
Plano de la región.
Por la perspectiva el Xotlatzin, con sus 3,900 m.s.n.m se ve más alto que el Tlaloc, de 4,150 m.s.n.m.
Pero si no cruzas el riachuelo, y bajas hacia el este, puedes vagar, sino perdido, sí desorientado por horas y más horas entre bosques umbrosos y cañadas sin fin.

Me lo contó en Coyoacán, barrio del suroeste de la Ciudad de México, mientras tomábamos una taza de café. Coyoacán, lo que se llama el “centro” de Coyoacán, fue el primer pueblo de corte europeo, en el continente americano, después de la conquista del siglo dieciséis.

Se llama Johnkru Nahui por ser el cuarto Johnkru mexicano,  descendiente irlandés que, siendo parte integrante del Batallón de San Patricio, pelearon al lado de los mexicanos en la guerra de 1847.

Su tatarabuelo,  Johnkru, fue ahorcado en San Ángel, Ciudad de México, por el ejército norteamericano, junto con otros 15 irlandeses. En su memoria se conserva, en su familia,  el nombre de Johnkru y al descendiente que lo lleva se le agrega el número en nahuatl: Johnkru Ce, Johnkru Ome, etc.

El caso es que cuando Johnkru Nahui cruzó, junto con otros cuatro, en dirección a la cumbre Xotlatzin, los otros no lo siguieron. Se suscitó una discusión subida de tono porque los otros aseguraban que había que descender hacia el este pero sin cruzar el riachuelo. Se llevó a votación y ganaron los 25.

El resultado fue que esa noche, todavía extraviados entre bosques y cañadas que nadie conocía, tuvieron que acampar y hasta el día siguiente, después de caminar y caminar durante horas, llegaron al pueblo de Río Frío.

Johnkru Nahui, conocedor de la obra de Spinoza, me contó esto para ilustrar que para que la decisión de la mayoría tenga validez, tiene que estar apoyada en la razón (suficiente), no en el número. 

Me mencionó a otros filósofos que opina lo mismo que Spinoza: Leibniz, José Ortega y Gasset, Santayana, etc

En la Proposición XLVII, de su Ética, Spinoza  dice  que la mayoría prevalecerá sobre lo particular sólo si tiene razón y está en consonancia de valores esenciales: “los principios de la razón son nociones que explican lo que es común a todas las cosas, y no explican la esencia de cosa alguna singular, por consiguiente, deben ser concebidos  sin relación alguna con el tiempo y como poseyendo cierta especie  de eternidad.”




“Baruch Spinoza (conocido como Baruch de Spinoza o Benedict/Benito/Benedicto (de) Spinoza, según las distintas traducciones de su nombre, basadas en distintas hipótesis sobre su origen) (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz.” Wikipedia
















LA DISCIPLINA DE KANT


Era un hombre muy bajito de estatura, tan delgado y en general minado de salud, pecho hundido, hombro derecho más alto, y además de familia muy humilde, que no podría llegar a vivir mucho, nos contó Harry.

Y, sin embargo, vivió 80 años y fue autor de una obra filosófica que se cuenta entre las tres más grande filosofías  que ha producido la humanidad. Su primer libro, que editó a los 57 años de edad,  y sería  una de sus obras  más conocidas, comentadas, estudiadas y criticadas, de la literatura filosófica, lleva por título    Crítica de la razón pura.

Harry tenía la intención de contarnos algo de Kant que se conoce como los juicios analíticos y juicios sintéticos.

Los analíticos son verdaderos, universales y necesarios, validos en todo lugar y tiempo, dijo. Se les señala como una tautología porque el predicado dice lo que ya está en el sujeto. No tienen su origen en la experiencia, y por eso son llamados juicios  “a priori”.

¿Y los sintéticos?

Son los avalados por la experiencia, por la percepción sensible, aquí y en un tiempo. Están limitados por la percepción sensible. Son los juicios “a posteriori”, productos de la experiencia.

Sin darse cuenta abandonó a los juicios y siguió con la vida del filósofo.

Estamos  vivaqueando entre las cumbres graníticas del Macizo Las Goteras, cerca de la pared norte del mismo nombre, al sur del pueblo minero de Chico, Hidalgo, México.

Son las cuatro de la mañana y el termómetro ha caído siete grados bajo cero. La superapocaliptica tempestad de relámpagos y truenos ha cesado. Pero la pleamar del Golfo sigue empujando los fuertes vientos contra nuestras montañas.
GRUPO LAS GOTERAS
Campamento de invierno

Y, sin embargo, la débil llamita de la vela, que ilumina el interior de la tienda de campaña, ni siquiera se mueve. En el centro Harry ha encendido su pequeñísima estufa alemana  de alcohol líquido (plegada cabe en la bolsa de la camisa).Calienta agua para el café. Después asará salchichas sin importarle llenar de grasa volátil el recinto. “En la montaña hay que comer cuando tienes hambre, no como en la ciudad que comemos cuando nos lo indica el horario de la fabrica”, dice.

  Al menos no acabamos rostizados por el rayo. Contra todo lo demás atmosférico podemos defendernos.

Las cuatro de la mañana y tú hablando de los  juicios kantianos. 

Yuma dijo, desde  su sleeping, y del fondo de la tienda, en un juego de palabras,  que las cuatro de la mañana, y esa lucesita de la vela, podrían alterar nuestros ritmos circadianos, más que la comprensión de los juicios kantianos.



No. En realidad quería comentar la enorme fuerza de voluntad de Kant, su disciplina. Todas las deficiencias que en su vida estuvieron en su contra las enfrentó con éxito a base de disciplina. Se cree que fue la disciplina protestante, pietista, de su familia, su sentido ético personal y su condición fisiológica, que lo llevaron a esa manera de pensar y  vivir.

Lo que quiero decir es que esa autodisciplina es conveniente para los que practicamos el alpinismo.

 El caso es que se dice que Kant tenía hábitos programados e invariables  que observó rigurosamente toda su vida. Tanto que era, para los habitantes de  Königsberg, el pueblo en que nació, entonces de Prusia, una especie de reloj cuando lo veían  pasar camino de la universidad a donde impartía sus clases como profesor de filosofía.

Sus hábitos incluían una hora de caminar, como ejercicio, todos los días. En cierta ocasión, que por estar escribiendo, algo que le llevó más tiempo de lo contemplado, no pudo caminar su cuota de siempre. Puso remedio para que tal contingencia no se repitiera. Colocó un trozo de tela a varios metros de   la  mesa   donde escribía y, de vez en cuando, se paraba y caminaba hasta la tela y regresaba a seguir escribiendo…


Esa disciplina podría servirnos de modelo y adaptarla para nuestra practica del alpinismo. De paso tendríamos a raya a la diabetes, los  triglicéridos y cuarenta y tres enfermedades mortales más de nuestro tiempo…
LAS GOTERAS  ENTRE LA TORMENTA

¿De paso? ¡Tendría que ser sobre todo! El sobrepeso ya es una pandemia y tú sales conque de paso.

Kiva, la escaladora de nuestro grupo, y que también conocía la vida de Kant, comentó que en ese sentido  prefería a Aristóteles. Se ajusta más al modelo católico. Ni total dejadez ni total rigidez.

Explícate, pidió Yuma, que daba cuenta del café humeante que Harry le había pasado.

A Kant le pasó lo que  a Nietzsche, dijo Kiva. Aunque por causas diferentes. Se cree que por el tremendo esfuerzo de voluntad para consigo mismo y para dar a luz su portentosa filosofía, pasó también sus últimos años en la oscuridad mental y en la incapacidad fisiológica...
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich

Cuando Kiva vio que Harry se encaminaba en dirección de comentar la complejidad que significa la fusión de los contrarios, por así decir, cuando los juicios sintéticos(a posteriori) adquieren carácter de juicios analíticos,(a priori) se apresuró a darle un giro a la plática y trajo a Alexis Carrel en nuestro auxilio. Coincidente con lo que Kant vivía en su disciplina.

Lo que interesa para la práctica del alpinismo, dijo la muchacha, es que el hábito pueda facilitar las adaptaciones fisiológicas de nuestro cuerpo con ese ir y venir del valle a las montañas y de las montañas al valle. Kant entendía bien las necesidades de combinar la actividad intelectual con el ejercicio del cuerpo, repito, todos los días.

Alexis Carrel lo repetiría también siglo y medio más tarde desde el terreno de la medicina, en su libro La incógnita del hombre:

“El organismo aprende a resistir el frío y a soportar con facilidad las intemperies. Cuando los montañeros bajan a la llanura, el número de sus glóbulos hemáticos retornan a la normalidad. Pero la adaptación del tórax, del corazón y de los vasos a una atmósfera enrarecida, a los efectos del frío, a los esfuerzos realizados en la ascensión diaria de las montañas, deja para siempre su huella (positiva) en el cuerpo.” “

KANT

 “Immanuel Kant (ɪˈmaːnu̯eːl ˈkant) (Königsberg, Prusia, 22 de abril de1724  Königsberg, 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Es el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán y está considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.” Wikipedia












LEIBNIZ MÁS ALLÁ DEL RECORDAR


Las ideas son eternas pero requieren un depositario para manifestarse. Necesito cuidar ese depositario, mi cuerpo, mi yo, mi memoria, mi comunidad.

El “disco duro”( como se dice en informática al hard disk drive, HHD), de mi computadora se destruye por alguna razón ajena mi voluntad, pero el contenido  que hay en mi blog permanece en el ciberespacio.

Este símil, muy de nuestros tiempos, podría servir para considerar los estragos que hace el Alzheimer en las personas. O cuando, por efecto de la guerra de conquista, se lleva a cabo la destrucción de una civilización.

El punto es que se destruyen los depositarios de los valores, para utilizar una palabra de  Max Scheler, pero no los valores.

Se destruyen los “valores de civilización”, pero no los “valores vitales”. Se destruyó a Troya, a Ur, la ciudad de los caldeos, a Grecia de Sócrates, a Roma de Séneca, a Etruria de la Península Itálica, pero ahí está lo que conocemos como cultura occidental.

A la noche siguiente, en nuestro segundo vivac entre las cumbres graníticas del Circo del Crestón, Macizo Las Monjas, al oeste inmediato del pueblo minero de Chico, Hidalgo, México, Harry nos contó un documental que había visto en la televisión sobre la enfermedad del Alzheimer. 

La mujer señalaba al marido que pusiera en la mesa los platos para la cena. Lo hizo a propósito para que el marido, afectado por la enfermedad, recordara en qué compartimiento de la despensa estaban guardados los platos. En efecto, el hombre se pasó tiempo buscando el compartimiento pero fue inútil, no pudo recordar. Tampoco podía recordar ni sentir sus funciones corporales… Sus acciones empíricas estaban obviamente destruidas pero no así sus conceptos de valor.

Harry y yo nos sentimos mejor en uno de esos pueblecillos antiguos, llamados ya “analógicos” por algunos urbanistas. Pueblecillos que brillan  entre la noche, allá en el fondo de los valles lejanos hacia el norte, por el rumbo de Amajac. Mejor que en las modernas “ciudades inteligentes” donde apenas circulan los vientos y carecen de estrellas en el cielo por la abundancia de semáforos que hay en cada esquina. ¡Ah-agrega Harry- y las banquetas llenas de manchas negras de chicles, nidos de virus patógenos.
EXTREMO OESTE DE LAS MONJAS

Si el pueblo conquistado posee, en su base amplia, conocimiento y practica de sus principios culturales y espirituales, sobrevivirá a toda hecatombe, dijo Harry. Troya, la Troya de Héctor, fue destruida hasta los cimientos, pero el pueblo troyano que siguió a Eneas se realizó y dimensionó en el Imperio Romano. Ahí mismo, en la Península Itálica, sucedió con el Imperio Etrusco.

Una imagen religiosa es un compendio de lo real y lo ideal. Lo primero, perecedero, puede destruirse con el tiempo o por el accidente.  Lo ideal está fuera de la fenomenología y es imperecedero.

Por eso en lo laico se hacen aniversarios para recordar el nacimiento o fallecimiento de un familiar o amigo. En lo religioso se celebran misas con la misma intención. Max Scheler anota en su Ética:

 “ Los conceptos de valor  no se abstraen, en modo alguno, de las cosas, los hombres o las acciones empíricas y concretas, ni son tampoco momentos “dependientes” y abstractos de tales cosas, sino que son fenómenos independientes, que se aprehenden con la mayor independencia de la peculiaridad del contenido, lo mismo que con independencia del ser real o ideal, ( y también del no-ser en sus dos sentidos de real o ideal) de sus depositarios.”

Debido a ello la etnia vive aun después de su destrucción por la guerra de conquista. Lo que se destruyó fue la cosa, el modo, no la idea. En los ranqueles de Argentina, en los aymará de Chile, Perú y Bolivia, en los tarahumaras de México, en los kikapúes de Estados Unidos, etc. vive el espíritu que se hace presente en ritos, palabras, y actuares cotidianos. “El devenir arrastra el pasado” dice Nietzsche.

El Sol que está después que el sol es el rumbo al que cada mañana dirigen sus oraciones y durante el día sus acciones. Ese Sol esencial no es diferente al que los cristianos adoran. Al menos eso es lo que dice el espíritu de lo que ahora llamamos ecumenismo y, en el “terreno terrenal”, Derechos Humanos.

 ¿El Sol que está después del sol? ¿Qué es eso? Sintéticamente podríamos mencionar el racionalismo de Leibniz (metafísica espiritualista) con su percepción del sol y su apercepción el Sol. Dicho en otras palabras,por un lado su "cara" fenoménica y por el otro lado, las verdaderas realidades o existencias de las mónadas,cuya monada más grande sería Dios.

Vivir en lo inmediato está marcado por la necesidad de nuestra biología, para eso tenemos los sentidos de sobrevivencia, y hay que hacerles caso, ejercerlos y fortalecerlos.

Tal como llevamos el automóvil al “servicio” o “revisión” periódica del taller. Para que mecánicamente funcione bien. Nadie lo lleva para que funcione mal. La ciencia médica dice que nos afanamos porque nuestro cuerpo funcione mal.

Pero no cultivar las ideas inmortales es como apagar la lámpara en mitad de la noche cuando vamos por los altos bosques de la montaña desconocida.

Leibniz lo dice de esta manera:

“Las ideas y verdades innatas no pueden desaparecer, pero en muchos hombres (por su estado actual) están oscurecidas  por sus necesidades corporales, y aun más a veces  por los malos hábitos contraídos.”

Y enseguida insiste: “

“Siempre que las percepciones confusas de los sentidos no se adueñen de nuestra atención, esta luz interior iluminará el entendimiento y enardecerá la voluntad.”
LEIBNIZ

Gottfried Wilhelm Leibniz, a veces von Leibniz1 (Leipzig, 1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716) fue un filósofo, lógico, matemático, jurista, bibliotecario y político alemán. Fue uno de los grandes pensadores de los siglos XVII y XVIII, y se le reconoce como "El último genio universal". Realizó profundas e importantes contribuciones en las áreas de metafísica, epistemología, lógica, filosofía de la religión, así como a la matemática, física, geología, jurisprudencia e historia.














  




J.WHAL Y DIÁLOGOS DESDE MI SOLIPSISMO


“Nada existe en aislamiento. Todo está relacionado” J.W.

¿Existe la palabra trialogo? Porque en realidad se trata de tres, a saber, mi yo interno, mi yo externo y mi solipsismo, dijo Harry desde el fondo de su bolsa de dormir, cubierto con la  capucha, para protegerse del frío de la madrugada, sólo se le veían lo ojos.

Los solipsistas no dialogan ni trialogan, le digo, solamente monologan.

A cien metros sobre la base de la pared rocosa, pero en lo alto de un macizo montañoso cuyas laderas huyen hacia el fondo del valle lejano, dormíamos en realidad sobre un “vacio” de mil metros de desnivel.

Harry es de esas familias europeas que llegaron al Estado de Hidalgo a trabajar  las minas desde siglo atrás. No quedaba en él ni pizca del “síndrome  del éxodo” que había marcado a sus ancestros. 

Tanto que construyeron en Real del Monte sus tumbas orientadas hacia Inglaterra. Su padre es inglés, su madre alemana y tiene una novia japonesa. Harry era ya “mas mexicano que el pulque, las tortillas y el chile”.

Pero sí conservaba la tendencia de meterse en temas existenciales que a los demás nos parecen complejos. Temas simples vividos inconscientemente a cada momento del día, dice, pero que parecen  volverse complejos cuando te pones a pensar en ellos.

Pregunta a un viejo qué piensa cuando ya no puede dormir a las cinco de la mañana. O alguien que esté confinado en su silla de ruedas. Piensa en los otros desde él mismo. Dialoga desde él mismo. 
Macizo Las Monjas.
La pared de la extrema derecha es la Rosendo de la Peña.

Y con frecuencia cae en actitudes solipsistas porque piensa que los otros no tienen temas serios para conversar. Es cuando se encierra en sí mismo(los viejos tiene silencios muy prolongados) y entonces ya son tres.

¿Tres?

Hay un yo y un ustedes. Esto lo comprobamos en cualquier escena de la calle al observar que  alguien, desde su celular, va conversando con alguien del otro lado de la línea: “Échale muy poca sal a la sopa porque tu papá tiene alta la presión.”Está hablando su yo empírico,  practico,  exterior.

Cierra el celular y sigue pensando. Ahora esta hablando consigo mismo, su yo del interior, trascendente. Decide ya no comunicarse porque necesita aislarse para de nuevo pensar.Y después, si viene al caso, comunicar sus ideas.

O  decide aislarse porque se cree autosuficiente y para nada necesita a los otros. Está muy a gusto en su solipsismo.

 Y así, todo el día me la paso, rebotando como pelota, dice Harry, entre el mundo sensible y el mundo inteligible.

Entonces cierra los ojos y duerme.

Son las tres de la mañana en la “repisa” de la pared norte de la Rosendo de la Peña, una cumbre del grupo de Las Monjas, en el cercano oeste del   pueblo minero Chico.

 No se crea que es tan raro que unos tipos estén platicando colgados del precipicio a las horas de la madrugada. El que tiene experiencia en vivacs sabe que ahí el tiempo se mueve a la velocidad de una tortuga.

El viejo hipotético de tu relato se despierta a las cinco de la mañana pero tú, con treinta años, te pones a elucubrar a las tres.

Abajo, entre la sima negra, brillan en la lejanía del norte  hacinamientos de las luces amarillas de Amajac y, a la derecha, las de Atotonilco el Grande.

Dice que un filósofo marsellés, Jean Whal, escribe que nada existe en aislamiento. Todo está relacionado:

“así como hay un diálogo entre nosotros y otros, hay también un diálogo mío conmigo. Si éste dialogo tiene lugar entre el yo trascendente y el yo empírico, tales como lo concibió  Kant, o entre el yo activo y el yo pasivo, tales como lo concibió Maine de Biran o si no debemos ir totalmente más allá de estas distinciones limitándonos a afirmar que hay un continuo intercambio mío conmigo…Este comercio entre distintos yos y dentro del “mismo” yo nunca se vio tan claramente que en la filosofía contemporánea. Por otra parte, más resueltamente que nunca ha prevalecido en algunos espíritus una concepción solipsista del yo.”

Pero, como dice Whal, todo está relacionado.

 Por lo que habría que considerar, con precaución, hasta dónde llega la soledad terapéutica y dónde empieza la patología llamada solipsismo.
J.Whal



“Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”Wikipedia










Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores