KANT, ANTES DEL CELULAR


Antes del teléfono celular, mucho antes de 1994,que fue el año  que en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, se empezó a ver el inusitado espectáculo de gente  que hablaba  por teléfono minúsculo, propio, individual, trasportable, en el metro, en la calle, manejando, con esa  maravilla de la tecnología que después llamaríamos familiarmente “celular”.

Antes de 1994, la vida era muy problemática. Una muestra de eso la encontramos en Kant, filósofo del siglo dieciocho.

Entonces la gente se preguntaba cosas como el principio del mundo. Y saltaba la pregunta ¿qué es el mundo? Algunos contestaban “fenómenos de la necesidad natural”, otros que “lo condicionado en la existencia”, que la gente, que las maripositas, que lo que los geógrafos llaman planeta, cosas que están ahí, etc.

Pero también la gente se preguntaba sobre el yo, de lo perecedero y eterno, de la libertad o el destino fatal, si el mundo es la última frontera o hay una causa suprema, se buscaban a las matemáticas, para no perder piso entre tanto lirismo, si la vida trascurría entre la razón o el azar, sobre lo material y lo espiritual o, como algunos decían, lo finito y lo infinito.

Antes de 1994, si empezabas temprano a leer de filosofía (los músicos empiezan con su violín a los cinco años de edad) de seguro a los veinte años de edad podías leer esa literatura como si estuvieras leyendo, sin sufrir, una amena y bien estructurada novela, al estilo de Malcom Lowry, Schiller, Carlos Dávalos, Tolstoi, Hemingway, A. J. Cronin, Margaret Mitchell, Juan Valera…

Leyendo feliz en el conocimiento que la especie a la que perteneces es sensible, práctica, inteligente, soñadora. Y estar en posición de dudar de tantas paparruchadas que se dicen en no pocos libros, y que son los mismos temas que ocupan los encabezados de los diarios.

El lirismo corre por las calles, y por los pasillos de las editoriales, hasta hacer un patológico revoltijo. Para no perder la brújula, la razón, es por lo que I.M.Bochenski escribe, en La filosofía actual, de la importancia que tiene en nuestras vidas la filosofía:

 “La necesidad de filosofía es algo obvio porque sin un examen  racional de este tipo los hombres fabricarían inconscientemente sistemas sin la vigilancia de la razón.”
ANTES LA GENTE SE HACÍA  PREGUNTAS COMPLICADAS
Dibujo tomado del libro La psiquiatría  en la vida diaria
De Fritz Redlich, 1968

Ante tanta pregunta la gente sólo podía tener  tres destinos. Uno, leer cómodamente en la silla mecedora, en el porche de tu cabaña, frente a las dunas del 
desierto de Sonora, acerca  de qué es eso de la razón y su antinomia, la sinrazón. Dos, pasar el resto de tu vida dentro de una camisa de fuerza en la celda del psiquiátrico. Tres, sin ser huichol, tomar el camino de Virikuta y emprender el viaje que ya no tiene regreso luego de haber encontrado el cielo de la razón pura.

Reproducimos algunos de esos interrogantes que Kant se hacía en su siglo dieciocho. Un siglo que, por cierto, buscaba descubrir lo que podríamos llamar el “teléfono mental” (que  la gente se comunicara real y mentalmente, no que se aislara) porque fue el tiempo en el que nacieron, y otros estaban por nacer, filósofos de “peso pesado”.

Kant:

“¿El mundo ha tenido un comienzo como límite en su extensión en el espacio? ¿Hay alguna parte, y pueden existir en el yo presente una unidad indisoluble o indivisible, o no hay en él más que lo perecedero y disoluble?¿Soy yo libre en mis acciones, o, como los restantes seres, soy conducido por fuerzas naturales y fatales del destino?’Hay en último término una causa suprema del mundo o las cosas en la naturaleza y su orden, que forman el último objeto, en el que deben quedar todas nuestras consideraciones?”(Crítica de la razón pura)

Más adelante Kant nos ofrece otra serie de consideraciones. No es que tenga inclinación tatutológica sino que eran cosas que,de un modo o de otro, se hacían no sólo los filósofos sino todo "mundo":

" si el mundo existe sin principio ni fin y, por consiguiente,ha existido eternamente, o si ha tenido un principio; si el espacio del mundo está lleno de seres infinitos o si se halla encerrado dentro de ciertos límites; si en el mundo hay alguna cosa simple o si todo puede ser dividido en el infinito; si hay alguna creación o alguna producción por la libertad, o si  todo depende de la cadena del orden natural,y, en fin, si existe un ser completamente  incondicionado  y necesario en sí o, por el contrario,es condicionado en su existencia, y por consiguiente exteriormente dependiente y contingente en sí mismo."
KANT

Antes de 1994 la vida era, como acabamos de ver, muy complicada. Se hacían muchas preguntas. Preguntas que algunas veces quedaban en meras aporías, es decir, sin solución.


“Immanuel Kant (ɪˈmaːnu̯eːl ˈkant) (Königsberg, Prusia, 22 de abril de1724  Königsberg, 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Es el primero y más importante representante delcriticismo y precursor del idealismo alemán y está considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.”WIKIPEDIA




W.JAEGER Y LA INFINIDAD DE LA CULTURA


El humanismo es un fenómeno cultural tan antiguo que se pierde en el tiempo. 

Hay una línea de continuidad desde la caverna hasta el siglo veintiuno. 

Tiene valores de idealidad, y de realidad, que ha sobrevivido a cuantas hecatombes naturales y guerras  ha conocido la humanidad. Y para el futuro no tendría por qué ser de otra manera. 

Por más guerras que invente el humano siempre habrá humanismo. No sólo antropomorfismo inteligente, sobre todo humanismo.

Nuestra inclinación a señalar, por etapas, es lo que nos da la idea de que  las manifestaciones culturales, e históricas, pasan por generaciones espontáneas y muertes súbitas. Es un criterio lejos de la fenomenología.

Podemos rastrear la presencia del humanismo en el Renacimiento, al filo de la Edad Media europea, en la presencia romana y en la cultura helénica.

Con Platón, que reunía en su persona, o en su obra, al Thymos, el alma como fuerza vital, y la eudemia, esa serie de actos mediante la cual se vive bien guiados por la razón como punto intermedio entre el exceso y el defecto.

Parménides con su materialismo, Isócrtes, el sofista, con su gran aporte de arte de la oratoria y Aristóteles obsesionado por la virtud y tenido como el iniciador del método científico.

Werner Jaeger (en su monumental Paideia) anota:

 “ Lo que denominamos actualmente cultura humanística en el sentido estricto de la palabra, imposible sin el conocimiento de las literaturas clásicas en su lengua original, sólo podía desarrollarse en un terreno no griego, pero influido en lo más profundo por el espíritu helénico, como fue el pueblo romano. La educación fundada en las dos lenguas  griega y latina es, en su concepción plenaria, una creación del humanismo del Renacimiento.”

Retroceder, hasta llegar a la célula primordial, cargada de potencial humanístico, y detenernos en seco antes de adentrarnos  en la dimensión metafísica.
INTERCAMBIO DE IDEAS

Porque de nada no sale algo. Kant en su Crítica de la razón pura, hablando del tiempo dice  que “en un tiempo vació no es posible que nazca ninguna cosa, sino que comienza el mundo en condición necesaria de su existencia.”

Ir en sentido contrario en el mundo fenomenológico, es decir, del efecto a la causa, hasta un pretérito ignoto, nos da idea Diógenes Laercio, en Vidas de los filósofos más ilustres, cuando habla del gran arte de la retórica desarrollado por Isócrates, de la antigüedad griega:

 “No fue el inventor de las clausulas de medida exacta, de las antitéticas de las asonantes, puesto que  estaban ya inventadas, no obstante creó estos recursos con gran habilidad.”

“Este protorrenacimiento no sólo fue  importante porque introdujo mejoras cualitativas en la enseñanza y en el uso escrito y hablado del latín-dice Paul Johnson en su obra El Renacimiento-que se convirtió en la lengua franca  o sagrada de una clase instruida compuesta principalmente, aunque no en su totalidad, por clérigos, sino porque también supuso una explosión cuantitativa.”

La prosperidad material y el progreso cultural han estado siempre presentes en el mundo, con un nombre o con otro. Pero el predominio temporal, de uno o de otro, no pasaba de  una mera abstracción. Propio del pensamiento sectario.

El Humanismo se alejó de la secta cultural y trabajó por la universalidad, por el conjunto. "Por la línea de continuidad".

Eso llevó a Jaeger a escribir: 

“La construcción histórica usual del humanismo, con sus rígidas divisiones de Edad Media y renacimiento, escolasticismo y humanismo, resulta insostenible cuando se acostumbra uno a mirar el renacimiento de la filosofía griega en la alta Edad Media como uno de los grandes episodios de la influencia póstuma de la Paideia griega, a lo largo de la historia de la Edad Media  y de los tiempos modernos, acusa una línea de continuidad.”
JAEGER

“Werner-Wilhelm Jaeger, (Lobberich, Renania, 30 de julio de 1888 - † Boston, 19 de octubre de 1961), filólogo clásico alemán, exiliado en los Estados Unidos, especialista en Aristóteles autor de Paideia. Estudió en su ciudad natal y en el Gymnasium Thomaeum de Kempen; luego pasó a la Universidad de Marburgo. Se doctoró en la Universidad Humboldt de Berlín en 1911 con una tesis sobre la Metafísica de Aristóteles, Studien zur Entstehungsgeschichte der Metaphysik des Aristoteles; privatdozent en Berlín en 1913, fue discípulo allí del profesor Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff (1914).”WIKIPEDIA



KANT EN LA BUSQUEDA DEL NOÚMENO


El noúmeno es una especie de límite o frontera, a nuestro conocimiento, tanto real como especulativo.

Puede pensarse, para simplificar la cuestión, en el alma. O en algo que  es  intelectual, una entelequia. Fuera del espacio y del tiempo, y por lo tanto no fenoménico, no sensible, no tangible.

El noúmeno tal vez no exista, y si existe parece que no nos es dado acercarnos a él. Pero, cosa extraña, los hombres se han ocupado del noúmeno desde la antigüedad y siguen haciéndolo en la modernidad. Aristóteles, Plotino, Leibniz y Kant, entre otros.

 Tan inútil como alcanzar la cumbre de una montaña es este asunto del noúmeno. Porque su contenido existencial está en la acción de subir la montaña, no en alcanzar la cumbre. Por eso los alpinistas, ya en esa cumbre, en seguida piensan en abordar otra montaña y…todo vuelve a empezar.

Como la mujer que tiene en sus brazos al niño que acaba de nacer. Parece que ahí está la culminación de su amor o su pasión. En realidad ahí vuelve a empezar  otra vez todo…

Tal vez a eso se deba que el noúmeno jamás será encontrado…Cuando los piratas encontraban el cofre del tesoro se perdían a sí mismos, o entre ellos. En la búsqueda se movían, se unían…

Las mónadas de Leibniz son semejantes a los noúmenos de Kant. Sustancias simples (sin materia), ilimitadas, eternas. Pero con la diferencia que Leibniz también las piensa como sustancias compuestas. Lo que las sitúa, también, en el terreno de la fenomenología. Finitas, perecederas. En otras palabras, son de esencia espiritual y humana:

“Los animales, en los cuales no se advierten esas consecuencias, llámanse bestias; pero los que conocen esas verdades necesarias son propiamente los llamados animales racionales, y sus almas llevan el nombre de espíritus. Estas almas con capaces de actos reflexivos, y pueden considerar eso que llamamos  el yo, sustancia, mónada, alma, espíritu; en una palabra, las cosas y las verdades inmateriales. Y por eso somos susceptibles de ciencia y de conocimientos demostrativos.”( Leibniz, Principios de la naturaleza y de la gracia).

 Son las mónadas, según seamos capaces de verlas, dice Leibniz. Como en un examen de matemáticas,resuelvo hasta donde conozco.

 Hasta puedo no negar a las mónadas, pero sí estar consciente de  la imposibilidad de conocerlas,  o bien negar tajantemente su existencia. Piénsese en las posiciones, antitéticas, de  Lucrecio y de San Francisco de Asís, por ejemplo,  en lo que se refiere a la existencia del alma.

 El noúmeno es una idea pura, lejos de la sensibilidad. Pero las ideas necesitan de la sensibilidad para ser representadas. Este es  el problema: “No puede ser pensado ni como magnitud, ni como realidad, ni como sustancia (pues estos conceptos exigen siempre formas sensibles en las cuales determinan un objeto” (Kant, Critica de la razón pura)

Un modo de explicar el conocimiento del noúmeno lo encontramos ya en el Capítulo V de la Gran ética de Aristóteles. Se refiere a las partes del alma que son la racional y la irracional. En el capítulo VII habla de las manifestaciones fenoménicas del alma: percepciones,facultades y hábitos.

De una u otra manera las volveremos a encontrar en Plotino, en Leibniz y en Kant.

Leibniz dice que hay semejanza en la mónada y el alma. En el amplio rango de categorías en que sitúa el alma comprenden unas  sustancias y otras esencias. Reales y no reales.

 Leibniz se refriere también a animales bestias y animales racionales. Dice que el animal tiene el alma y ésta es su mónada: “el viviente  llamase entonces animal y su mónada, el alma.”

En todo caso para Leibniz existe  una jerarquía de mónadas desde la perfecta, que es Dios, hasta mónadas de cuerpos naturales.
¿MÓNADA?

No  se trata del culto a los ángeles. Estos sólo ocupan un lugar intermedio en las categorías de las mónadas, según Leibniz. La mónada perfecta es Dios.

Aquí es cuando Leibniz pone el ejemplo que cada mónada considera el universo desde su particular punto de vista y según sea la capacidad del observador.

Según sea la resolución del objetivo del microscopio del biólogo.

Kant lo dice refiriéndose al noúmeno negativo y al noúmeno positivo. De naturaleza sensible el primero y de naturaleza  no sensible el segundo:

“Si por noúmeno entendemos una cosa, en cuanto esa cosa no es objeto de nuestra intuición no sensible, y hacemos abstracción de nuestro modo de intuir, tenemos un noúmeno en sentido negativo. Pero si entendemos por noúmeno un objeto de una intuición no sensible, entonces admitimos una especie particular de intuición, a saber, la intelectual, que no es, empero, la nuestra, y cuya posibilidad no podemos conocer; y éste sería el noúmeno en sentido positivo.”

Por su parte Kant confiesa que no puede ir más allá en la crítica del punto donde acaba el fenómeno. Como si hubiera ya probado con el objetivo de máxima resolución del microscopio y no pudiera ver más allá.

Buscar el noúmeno es como el cazador que sigue a la presa entre la selva y al final no sólo ha perdido de vista a la presa sino que se da cuenta que él mismo se ha extraviado en la jungla. Y, sin embargo, sabe que no ha perseguido a una ilusión, ha percibido su realidad pero no podría hacer un retrato hablado del noúmeno.

Se necesita entonces una nueva herramienta, un nuevo y más adelantado microscopio. Y, para atrapar al noúmeno, se necesita otra percepción diferente y mejor que la que tenemos.

Plotino no se mete en tantos vericuetos y dice llanamente, casi deliciosamente, como lo diría un novelista. Porque en la antigüedad los filósofos escribían como novelistas, no tan enredado como ahora:

“En efecto, el alma está formada de muchas cosas más bien, de todas las cosas: es a la vez las inferiores y las superiores, contiene todos los grados de la vida. En cierto modo cada uno de nosotros es el mundo inteligible. Estamos unidos por nuestra vida inferior al mundo sensible, y por nuestra parte superior al mundo inteligible; permanecemos en lo alto  por lo que constituye nuestra esencia inteligible; estamos atados a lo bajo por las potencias del último orden en el alma. Hacemos así pasar de lo inteligible a lo sensible, una emanación o más bien un acto que nada hace perder a lo inteligible.” (Plotino, Selección de las Éneadas, SEP. Universidad Nacional de México, 1925)

Kant reitera que el noúmeno es más bien un enigma para el pensamiento racional:

“Es problemático el concepto de  noúmeno, es decir, la representación de una cosa de la que no podemos decir  ni que sea ni que no sea posible, ya que no conocemos más especie de intuición que la nuestra sensible, ni más especie de conceptos que las categorías, y ninguna de las dos es adecuada a un objeto suprasensible.”

Pero pone el pie para que la puerta no cierre del todo. Confiesa, reitera, que con nuestra percepción no tenemos posibilidades de ir más allá de la representación sensible, fenoménica. ¿Cómo desde la filosofía resolver una cuestión que sólo pertenece a la teología, a la metafísica?

 Con nuestra percepción, pero es probable que exista otra percepción que sí lo logre. Como hacen los biólogos con la torreta de su microscopio, que cambian de objetivo de mayor acercamiento, y pueden observar lo que con el anterior no veían:

“nuestra razón se encumbra naturalmente hasta conocimientos que van tan lejos, que cualquier objeto que la experiencia pueda ofrecer, nunca puede coincidir  con ellos; pero que no por eso  dejan de tener sus realidad y no son meras ficciones.”

Kant hace énfasis de la acción tras lo inalcanzable:

 “…la tarea de la razón es elevarse desde la síntesis condicionada, a la cual el entendimiento siempre está atado, a la incondicionada que éste nunca puede alcanzar.”
KANT

“Immanuel Kant (ɪˈmaːnu̯eːl ˈkant) (Königsberg, Prusia, 22 de abril de1724  Königsberg, 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Es el primero y más importante representante delcriticismo y precursor del idealismo alemán y está considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.”WIKIPEDIA













ARISTÓTELES EN LA CULTURA


Aristóteles vivió buscando la manera de llegar a la virtud y, a la vez, sentar las bases del método científico.

“Su influencia se ha desarrollado desde la metodología por él creada a partir de la idea de la clasificación y de la distinción de que ella se deriva entre conocimiento empírico y conocimiento especulativo.”

Luego considera que la meta que se sigue es la felicidad. Conocedor de antiguas escuelas de pensadores griegos, paisanos suyos, sabe que eso de la felicidad está  manoseada por los sofistas, antiguos y modernos.

Por eso se apresura a decir (en su Gran ética) que la felicidad consiste en vivir bien pero, como esto de “vivir bien” también está muy tergiversado, dice que el fin de todo es la virtud.

Agrega que saber qué es la virtud no quiere decir que se es virtuoso. Entre el saber una cosa, y el hacer esa cosa que se sabe, hay un kilómetro de distancia:

“Decimos de vivir bien y obrar bien no es otra cosa que la felicidad, luego, ser feliz y la felicidad está en vivir bien. Y vivir bien consiste en vivir de acuerdo con la virtud. La virtud es, por lo tanto, el fin, la felicidad y lo mejor.”

Aquí Aristóteles difiere abiertamente de Sócrates respecto de la naturaleza de la virtud. Sócrates situaba, en sus diálogos, con Parménides y Menon, en que la virtud es una ciencia y por lo tanto tiene un principio racional.

Aristóteles va directamente al asunto y dice que “la consideramos como algo divino, que está más allá de la medida humana.”

Su idea fija de la virtud, la felicidad y el movimiento, y su afanosa búsqueda para encontrar el famoso, su famoso, término medio de los extremos, no le hace apartar los pies de la tierra. De hito en hito, filosófico, voltea la cara para no perder de vista la educación de los niños.

Hace distinción entre el puro falismo  y la Paideia: “Que los padres que instruyen a sus hijos son preferibles a los que solamente los engendran; pues estos les dan la vida, pero aquellos la vida feliz.” (Diógenes Laercio, Vida de los filósofos más ilustres)

NO ES LO MISMO TENER QUE EDUCAR
Dibujo tomado de La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich, 1968

Al final del capítulo primero, de su Gran ética, Aristóteles dice que las virtudes existen en vano. Con vano quiere decir que no son del campo de la fenomenología. “Se llega  así a la consecuencia de que las virtudes existen en vano y de que no son ciencia.”

Aristóteles nació el año 384 antes de Cristo, en Estagira, Macedonia, y a eso se debe que se le conozca como el “Estagirita”.

En contraste con Platón, que buscaba a Dios por medio de las Ideas, a Aristóteles (que también creía en Dios, la virtud y las almas) se le considera por la Iglesia de la Edad Media un tanto materialista. Hereje.


Las aparentes contradicciones de ambas filosofías es que el universalismo de Platón encierra que si bien busca afanosamente a Dios, también se le considera el primer comunista. No obstante, Platón para la Iglesia es muy familiar.  Es así, esta aparente contradicción, porque la Iglesia busca la comunidad, no la abstracción social. Si al comunismo cristiano, de los primeros siglos de la Iglesia,se le revuelve con el comunismo de otras épocas, esa ya es otra historia.

En cambio a Aristóteles, que siempre está en busca de la virtud, que vimos, considerada de naturaleza divina, se le toma, sino como un materialista, sí como naturalista.

 Más se le tenía prevención porque Aristóteles era familiar entre los pensadores árabes. Esa región que para la época que estamos considerando presionó fuertemente a Europa por medio de las armas. Y que estuvo en un tris de arabizar,  musulmanizar, coranizar,  a Europa.

 Mucho antes que el caótico mundo feudal europeo, depredador y peleonero entre sí, se diera cuenta de la amenaza musulmana, la Iglesia, con su rechazo de Aristóteles, estaba levantando simbólicamente la mano hacia el oriente musulmán.

Aristóteles fue descubierto y traducido por pensadores árabes llegando de esa manera a manos de Santo Tomás de Aquino que, a su vez, profundizó en el modo de pensar del Estagirita.

 Sin la Revelación, entendía Santo Tomás, no se va muy lejos en el propósito de la vida humana, que es la felicidad a través del bien. De todas maneras, dice Copleston:

“Sto. Tomás tenía plena conciencia  de que un filósofo griego como Aristóteles era capaz  de distinguir entre las acciones moralmente buenas y las malas, y, por ello, adoptó gran parte del análisis ético aristotélico.” ( F.C. Copleston, El pensamiento de Santo Tomás)

“Debido a su transmisión a través del Islam, la Iglesia siguió considerando a Aristóteles una posible fuente de herejía pero ello no impidió que los grandes filósofos del siglo XIII Alberto Magno y Tomás de Aquino elaboraran sus summae basándose en los principios aristotélicos.” (Paul Johnson, El Renacimiento).

Así, con Sócrates y Platón, Aristóteles es de los grandes pilares del pensamiento occidental. Los tres, por otra parte, “contemporáneos en el tiempo”, con sello propio cada uno de ellos en sus sistemas filosóficos, pero de los que también se puede aventurar la expresión “contemporáneos en el pensar.”

 El universalismo de estos tres (cuatro con Santo Tomás)  es que tenían una mano metida en el cielo y la otra en la tierra. No eran sólo de la tierra ni solamente del cielo. Igual hurgaban en la idealidad como en la realidad. Eran universales, no abstracciones.

En la recuperación de la filosofía, de la Antigüedad, Johnson dice que  Aristóteles fue incluido entre los primeros pensadores:

“La incorporación de ideas y métodos aristotélicos debe ser considerada el primer gran capítulo más o menos complejo en el largo relato de la recuperación de la cultura de la Antigüedad, y esto sucedió en el siglo XIII, antes de que empezara el Renacimiento propiamente dicho.”
 
ARISTÓTELES
“Aristóteles (en griego antiguo Ἀριστοτέλης, Aristotélēs) (384 a. C.-322 a. C.)1 2 fue un polímata: filósofo, lógico y científico de laAntigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios.” Wikipedia












D.MORRIS, AUTOPERDIDOS EN LA CIUDAD


Las ciudades aumentan continuamente de tamaño y requieren una planeación cuidadosa, observa Desmond Morris en su obra El zoo humano. “Si no hay territorio para recorrer, servirán los interminables paseos por la jaula.”

Lugares como el norte de México, y sur de Estados Unidos, tienen horizontes geográficos muy amplios. Los pueblos aparecen uno por aquí y otro por allá, esparcidos, como manchas de jaguar. Entre uno y otro están las llanuras inmensas o los desiertos de infinitas dunas, serranías bajas o elevadas montañas.

A diferencia del centro de México donde las ciudades crecen hasta juntarse unas con otras y forman las monstruosas megalópolis. Con sus bloque de apartamientos, todos iguales, planeados por la arquitectura de economía de espacio. O bien por suburbios levantados de manera empírica al tun tun

Pero sea de una manera, o de otra, está el riesgo que las ciudades se parezcan a un zoo humano. Hay una fuerte tendencia a permanecer, cuando hay tiempo libre, en la ciudad. Como hacen las fieras, dice el autor, dentro de sus jaulas.

Existe un grave alejamiento de los horizontes naturales, y solitarios, que se traduce en actividades muy parecidas a las de ayer y a las de anteayer. Con el riesgo que los hábitos, edificantes de la civilización, se vuelva, por la aglomeración, patológicos, destructores o al menos envilecedores, de la misma.


Nuestros escritores, y lectores, de novelas, en los países del sur,  están obsesionados por el panorama antropocentristas, no por el goecentista. La satisfacción del yo y no les interesa qué color pueda tener el viento. Con excepciones como las de Carlos Dávalos, y Lucio V. Mansilla, en Argentina.

Pocos han leído a Emerson y a Thoreau que invitan, reiteradamente, tautológicamente, página tras página, a salir a caminar al campo, bajo pena, en contrario, de perder la salud mental y perder también la batalla frente a la báscula

 Diabetes, hipertensión, son apenas dos de los jinetes del Apocalipsis de nuestra manera civilizada de vida. Mucha azúcar y mucha sal y poco movimiento...¡Y poco libro!

Una fotografía del primer cuadro (Centro Histórico) de la Ciudad de México, de mediados del siglo veinte, muestra calles casi vacías de personas y vehículos. Calles angostas trazadas a mediados del siglo dieciséis, pensadas para dos o tres carruajes.

En la actualidad esas mismas calles (pero igual sucede en calles de reciente y más amplio trazo) están tan llenas que las gentes, caminando en las banquetas, necesitan bajarse para pasar o ir avanzando de lado a efecto de no “chocar” con otras personas. Y en el asfalto, apenas para cien vehículos, ahora hay mil…

Este es el contexto geográfico. Pero donde cobra vida el título de la obra de Desmond Morris, El zoo humano, es en la conducta de la gente que vive en tal aglomeración. Si no sale de la ciudad, el inventor sale en su auxilio, para que no enloquezca, y para tal efecto hila fino en el terreno de la cultura.

El Estado se reinventa, o se suicida, en la medida que procura una “atmosfera cultural”, general, no elitista, para su pueblo. Un niño procurará los valores de utilidad, tanto como los valores vitales, si en su casa hay libros de cultura. Cultura universal, no abstracciones de cultura.

Alguien tendría que decirle al niño de los libros son para leer, no para sentarse en ellos.
Dibujo tomado de La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich, 1968.

De otra manera nuestras frustraciones, de cosas o situaciones, que no se alcanzan nunca, en las dimensiones como las soñamos de niños, le dan  entrada a conductas patológicas.

  Se da la violencia, de manera persistente, en los pueblos o países de   cultura precarizada, porque el menos nos permite soñar, esa violencia, sublimados por los personajes de la pantalla, en la libertad que no tenemos en la vida practica.  Desmond Morris lo dice de esta manera:

“Es significativo que en las comunidades fuertemente subordinadas o reprimidas, las salas de cine locales exhiben una cantidad extraordinariamente elevada de películas de violencia. De hecho, puede afirmarse que las emociones de la violencia de ficción exhibida en las pantallas tienen un atractivo que es directamente proporcional al grado de frustración en la dominación que se experimenta en la vida real.”

De estar en contacto, constante, con la naturaleza, acampar, caminar, sentir el sol, el frío, el viento y las condiciones placenteras de caminar por la llanura, esa violencia en las pantallas nos parecerían curiosidades inocuas  ideadas por gente de la industria de la diversión. Nada más que curiosidades ingeniosas. Pero no nos formarían, o deformarían, en la dirección de conductas sociales patológicas.

El arraigo a la ciudad, a la comodidad, es mucho más fuerte de lo que podemos imaginar y los pueblos han trabajado durante milenios para conseguirla. Pero, como la buena comida, es su exceso el que mata. Es el resultado de la lucha por la sobrevivencia, no la lucha de estímulo por los valores vitales.

Hay países en los que  el Estado no ha encontrado la manera de que la gente ni frecuente la naturaleza masivamente ni lea de cultura. Cultura, uno de los bienes más preciados de la humanidad, porque nos aleja de la animalidad.

Es donde  el “esfuerzo casero”, el de las familias, tendría que rebasara las mismas fuerzas del Estado que, por lo general, dispone de magros presupuestos para el renglón de la cultura. Pueden ser fuertes erogaciones, inclusive, pero ante la magnitud de la demanda, siempre serán flacos presupuestos.

Ante el alejamiento de los panoramas naturales, y nuestro auto confinamiento en la jaula, Desmond Morris dice que, de seguir así, todavía nos espera una jaula más reducida que es la de la  cárcel o la del  psiquiátrico.

Propone el recurso salvador de la cultura. Se refiere al artista, al inventor:

“Este es el hombre (el habitante de la jaula) para quien el inventor pone en juego todas sus facultades. Cuando estudiamos los progresos de la ciencia, leemos poesía, escuchamos sinfonías, presenciamos ballets o contemplamos cuadros, no podemos por menos de maravillarnos ante los extremos a que la Humanidad ha llevado la lucha de estímulo y ante la increíble sensibilidad con que ha sido abordada.”

“Desmond John Morris (Purton, 24 de enero de 1928) es un zoólogo y etólogo británico.
Nació en la campiña inglesa.  Sus estudios se centran en la conducta animal, y por ende, en la conducta humana, explicados desde un punto de vista estrictamente zoológico (lo que quiere decir que no incluye explicaciones sociológicas, psicológicas y arqueológicas para sus argumentos). Ha escrito varios libros y producido numerosos programas de televisión. Su aproximación a los seres humanos desde un punto de vista plenamente zoológico ha creado controversia desde sus primeras publicaciones.”Wikipedia






EL ARTE DE ESCRIBIR DESPACIO: J.M.MURRY


Escribir de prisa, como hacen los periodistas, tiene por resultado la alteración del idioma. Gastan las palabras, como las monedas gastan sus aristas, de tanto rodar.

No es que algunos de ellos no sepan escribir, es que no tienen tiempo para sazonar sus escritos. Escritos que, por otra parte, son para el consumo rápido, de la clase media-baja (culturalmente hablando).Porque mañana todo habrá cambiado, o será lo mismo pero ahora “arrastrado” con algún otro enfoque.

Escribir varias notas a la semana es aprender a nadar en la superficie. Cuando pudieron zafarse, de esta distinguida esclavitud, esos pocos fueron  novelistas o ensayistas.

No decimos “exitosos” porque eso puede caer en subjetivismos de la mercadotecnia, de la academia politizada o de la secta cultural.

  Algunos de esos periodistas siguieron avanzando hasta el intrincado mundo de la filosofía.

Hay personajes cómicos creados por la televisión, el cine, o el comic, que dicen barbaridades del idioma. Pero están tan bien urdidos que todos reímos, nuestros hijos también rieron y nuestros nietos siguen riendo. Esas barbaridades ya se establecieron hasta en los diccionarios de la lengua.

Se cumple cada vez lo que Desmond Morris dice en su obra El zoo humano: “Lo que  es atrevido hoy, se convierte mañana en ordinario y al día siguiente en rancio.”Pero en un rancio que reclama categoría de nobleza. Como dicen, los que no son químicos  de profesión, que son los vinos añejos.

Platón, en su La República o el Estado, escribe que las revoluciones empiezan en los corredores del Palacio, no en la calle.

Para que se dé una alteración  del idioma debe darse desde el conocimiento del idioma, algunas veces como contraste de lo establecido.
 
¿Escribir despacio?
Dibujo tomado del diario El País,España
El español de México, por ejemplo, fue originalmente una señal de independencia con respecto de España. Otro es el caso del inglés, de Estados Unidos, con referencia Inglaterra.

El exterior de las casas particulares, incluidos los edificios del gobierno y de las iglesias, amanecen pintarrajeadas. 

Es una manera de alterar lo establecido. Al grafiti se le ha conectado en línea directa con Dalí y con las cuevas prehistóricas de España y Francia 

¿Saben esos grafiteros, procedentes del erial cultural, de Altamira, Santander, Lescaux, Dordoña?

Casi ha trascurrido un siglo desde que el inglés J. Middleton Murry escribió en su libro El estilo literario, refiriéndose al lenguaje:

 “Por otra parte, el lenguaje, como medio de comunicación entre los miembros de un inmenso  conjunto de personas, tiende siempre, como el dinero que pasa de mano en mano, a gastarse y a perder sus aristas. Y este proceso se acelera grandemente con el crecimiento de los periódicos. Los que escriben en los periódicos, si acaso tiene la voluntad de hacerlo, carecen del tiempo necesario para mantener el aliño y la precisión de un lenguaje; más aun, si tuvieran tiempo y lo utilizaran para este propósito, pronto perderían el empleo. Su negocio es dirigirse a la mentalidad media. Y para hacerlo tiene que utilizar el vocabulario de la mentalidad media; si no lo hacen así, recibirán el homenaje de ser declarados ilegibles, lo cual, cuando llega a oídos del dueño del periódico, equivale a una sentencia de muerte.”

“De  nada, nada deviene- escribe Kant en Crítica de la razón pura. La alteración del idioma no puede venir del erial cultural sino de algo que  no es erial-.Todo lo que se altera es permanente y sólo cambia su estado”

El cambio se da desde lo permanente y Kant lo reafirma: “Sólo mediante lo permanente recibe la existencia, en diferentes partes de la serie temporal, sucesiva, una magnitud llamada duración.”

Dewey habla de los hábitos en general, y podemos retraerlo al tema que nos ocupa. Señala que somos herederos, y a la vez responsables, de un mundo de calidad, o  de pobreza cultural, que quedará después de nosotros:

“Se reverencia el pasado, no por el hecho de que lo sea, sino porque ha hecho posible un presente tan seguro y rico que podrá crear un futuro todavía mejor.”

Y agrega que nuestra herencia, lo permanente, será mejor si somos capaces de actividad terapéutica frente a los hábitos, propios y ajenos, de manufactura patológica:

“Por mucho que se haya hecho, siempre queda más por realizar. Solamente por medio de una constante modificación de nuestro ambiente, podemos conservar y transmitir nuestra propia herencia.” (John Dewey, Naturaleza humana y conducta, 1922)


Algunos, de los que escribían rápido,  hicieron caso  a j.M.Murry y tuvieron que aprender a escribir despacio.
 
Murry
“John Middleton Murry (6 August 1889 – 12 March 1957) was an English writer. He was prolific, producing more than 60 books and thousands of essays and reviews on literature, social issues, politics, and religion during his lifetime. A prominent critic, Murry is best remembered for his association with Katherine Mansfield, whom he married in 1918 as her second husband, for his friendship withD. H. Lawrence, and for his friendship (and brief affair) with Frieda Lawrence. Following Mansfield's death, Murry edited her work” wikipedia.




Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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