CON SCHOPENHAUER EN BUSCA DE LA MORAL POR SÍ MISMA


Creer en la posibilidad de un mundo mejor parece ser la primera cosa a considerar para la condición moral.

Si no se tiene presente, si no se siente, la premisa de un mundo mejor, todo puede derivar, dice Kant, en puras tropillerias.(Crítica de la razón pura)

Y de la actuación individual se esparce en lo general y, más tarde o más temprano, hay que encerrarse en casita porque afuera el ambiente está viciado.

Ética, moral y virtud  se parecen a un sendero que remonta la vertiente de la montaña, cada una situada en diferentes cotas, según el orden señalado, a partir del valle.

La ética describe, la moral es salirme de mí mismo e ir hacia los otros, y la virtud es como un determinismo, se trae o se carece de ella. Como en el terreno de la poesía. No todos podemos ser poetas. Podemos escribir mil cuartillas en prosa pero ni una sola línea del poema. Imaginamos que aquí cabe eso de “viceversa”.

Quizá haya que empezar, para los que sienten cosquillas con las cosas de la moral, al revés, de lo general a lo individual.

A semejanza, como  hace el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire, cuando declara la contingencia  ambiental. Alerta que se abstenga de hacer ejercicios al aire libre y, de ser posible, no salir de casa. Sus bronquios pueden quedar lesionados  o, incluso, morir en la calle, como hay numerosos ejemplos en el planeta que han sido ampliamente documentados por los medios de información masiva.

Y se pasa, del panorama general patológico, a las recomendaciones individuales de rigor: no fumar, no prender fogatas, cuide el escape de su automóvil, etc.

Precisamente, cuando escribimos esta nota, a las 8:57 a.m. del 4 de marzo del 2015, hay 168 puntos y se dan, por IMECA, estas recomendaciones para la parte noreste del Distrito Federal del Valle de México:

“Debido a la muy mala calidad del aire, en esta ocasión por concentración de partículas suspendidas, la población en general está en riesgo de presentar problemas de irritación en vías respiratorias, disminución de la función pulmonar y agudización de ataques de asma, entre otros….La ciudadanía debe, además, mantenerse atenta a la situación de los niños, adultos mayores y personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias (asma, bronquitis crónica y enfisema), pues con esta muy mala calidad ambiental sus síntomas pueden agravarse.”

Esa patológica calidad del aire no surgió de generación espontánea. Se fue gestando en lo particular, sea individual o industria, hasta que la suma de todo eso hizo muy difícil, o imposible, seguir viviendo bajo semejantes condiciones. Por recomendación médica algunos tienen que ir a vivir a lugares donde el aire sea de mejor calidad.

De manera análoga, muchos, o miles, o millones, buscan ir a vivir a países donde las constituciones políticas todavía  apoyan la práctica de sus leyes reglamentarias en valores esenciales.

Las constituciones políticas, de algunas repúblicas laicas,  no tuvieron la fortaleza suficiente para contener la descomposición social. Decían, pero no hacían. Lo que en filosofía se llama “idea operante” que es hacer lo que se dice o promete.
 
Dibujo tomado del diario español El País.
 No podemos generalizar porque, en alguna parte del planeta, debe haber repúblicas laicas que tiene sus cosas en orden. Pero lo que vemos en los diarios, de “todo el mundo”, es que hay impotencia para llevar las cosas dentro de la ética, la mora y la virtud.

¿Cuentos chinos eso de la moralidad? Para comprobarlo basta asomarse por la ventana. Varios países de  Indoamérica busca la manera de ir para los países del norte del continente (y hay un muro de mil kilómetros para contener esta avalancha), los del Cercano Oriente y África miran hacia el centro de Europa (y está la barrera acuática del Mediterráneo de por medio).

Hay en América una animadversión histórica hacia lo del norte, pero son numerosos los que  anhelan  vivir bajo la protección de sus leyes, principalmente, y su modo de vida en lo general. No todos abandonan sus países debido a la pobreza económica sino, sobre todo, para escapar de la inseguridad frente al hampa de sus lugares de origen.

”Mirad cual está ya el mundo”, escribió Baltasar Gracián, ese sabio español del siglo diecisiete, en uno de sus epigramas.

Estados, de los llamados del primer mundo,  juran sobre un libro sagrado para ellos y su actuación será conforme a la verdad universal (instancia incorruptible). Se buscará hacer efectiva la idea operante. Los países que así hacen todavía creen en la posibilidad de un mundo mejor donde sea posible reír, caminar sin miedo por la calle, estudiar, trabajar, tener hijos que habiten un planeta del progreso material sostenido por valores esenciales.

Jurar ante la asamblea laica parlamentaria (instancia mensurable) que se actuará bien es meterse en el juego de las relaciones de poder de esa asamblea (“o que la asamblea se lo demande”).El grupo hegemónico puede avalar como “buenas” aun las más obvias topillerias.

Para facilitar esas topillerias lo primero es desterrar cualquier alusión a la cuestión moral. Se pondera el laicismo pero el laicismo, valioso por sí, es una letra a la que hay que darle vida con las acciones consecuentes.

Las acciones de valor moral  son para Schopenhauer las únicas que se le pueden anteponer al egoísmo. El egoísmo es el apartarse de todo y el acaparar todo en beneficio propio. No tiene fin, dice este filósofo, el egoísmo es más grande que el universo.

Las acciones morales, en cambio, procuran el bien ajeno aun a costa propio. Por eso dice este pensador que la moral no se lleva bien con la razón: “Uno puede obrar de manera sumamente racional, o sea, reflexiva, prudente, consecuente, sistemática y metódicamente, y sin embargo seguir las máximas más interesadas, injustas y hasta infames.”(Parerga y paralipómena)

Y sin embargo para Schopenhauer la moral es sólo la mitad del camino en un esfuerzo por la práctica del bien común. La moral también puede corromperse. Hay un dicho, ya muy viejo, que reza: “Nadie resiste un cañonazo de cincuenta mil pesos.” El otro dicho, que complementa al anterior, es: “Ningún poderoso resiste cincuenta mil halagos”. Casi todos, dice Séneca, hasta los estoicos, acaban comprometiendo sus principios.

“Una obra racional no implica de ninguna manera honradez y altruismo”, dice Schopenhauer.

Y de la relación moral-razón: “La ética sólo se puede limitar a describir el fenómeno ético originario e intentar hallar su fundamento. Pero en modo alguno podrá prescribir  la moralidad, ni tampoco transmitirla o enseñar  a través de sistemas teóricos.”

Y, de lo que no se puede enseñar, vender, comprar o corromper: “La virtud no se enseña, no más que el genio: para ella el concepto es tan estéril como para el arte, y como este, tampoco en ellas puede utilizarse más que como instrumento. Por eso sería tan necio esperar que nuestros sistemas morales y nuestra éticas suscitaran hombres virtuosos, nobles y santos, como que nuestras estéticas crearán poetas, escultores y músicos.”


En Lecciones preliminares de filosofía, Manuel García Morente dice que las cosas, las montañas, los automóviles, no son buenas ni son malas:"Los calificativos morales no pueden predicarse de las cosas, que son indiferentes al bien y al mal.Lo único que es verdaderamente digno de ser llamado bueno o malo es el hombre."


"Una pistola es tan buena o tan mala como el hombre que la usa",dijo Alan ladd, al niño Joe, en la película Shane el desconocido.


Aquí es donde entra William James (filósofo y psicólogo estadounidense,que nos hace evocar bellos lirismos tanto de Emerson como de Thoreau) en nuestro rescate para sacarnos del derrotismo.Lo escribe en su obra La voluntad de creer.


Dice que le fe tiene una gran influencia sobre nuestras acciones: "así como nuestra fe en nuestra aptitud para saltar un arroyo nos hará más capaces de saltarlo,de igual manera si creemos que el mundo es bueno,será el mundo mejor por el simple hecho de creerlo nosotros así." (citado por Jean Wahl en Introducción a la filosofía)


Después de todo, si tengo la convicción,y soy congruente  con mis actitudes,esta vida puede ser,efectivamente, útil y bella.



SCHOPENHAUER

“Arthur Schopenhauer [Acerca de este sonido 'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?·i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”Wikipedia


J.WAHL Y LAS FAMOSAS APORÍAS


Con datos de la razón práctica es con lo que trabaja la filosofía de academia. Los artículos de fe son propios de la religión. Revolver estos campos produce mucho ruido y al final queda la confusión.

“Callejón sin salida” es la expresión, o la impresión, cuando volteamos para todos lados y vemos que no hay salida. En filosofía esto se llama aporía.

Para el lector apresurado de Internet que quiera un resumen de esta nota, sepa, en lenguaje coloquial, que la aporía en filosofía salta cuando queremos sumar jitomates con cebollas…Realidad con idealidad.

Lo habitual es que entendemos que la armonía es armonía porque hay desarmonía. Entonces todo fluye normalmente, al problema se le busca solución, hay movimiento, hay devenir, y la vida sigue en el lógico tapete de las antinomias: del invierno nos vamos a la primavera, de la comida salada al sabroso postre dulce, del llanto a la risa, de la abundancia material  a la pobreza, de la soledad a la multitud, de la hamaca en la playa al vivac en la montaña, etc.

En la aporía, en cambio, la vida parece detenerse. Y, como el escalador que ha llegado en su ruta que traza, a lo que parece inescalable,  empiezan a buscarse soluciones desesperadas. 

Es cuando se tiene la impresión que se está en la última frontera de lo razonable.

La aporía en filosofía reaparece cuando se ha hace presente la vieja cuestión de si las cosas sólo son cosas o son apariencias. Algo que vemos pero que contiene algo que no vemos.

Como la imagen  latente en la película que todavía no se ha revelado. Cualquiera ve sólo la película pero el fotógrafo sabe que ahí hay algo más que la película. Y lo que hay es lo esencial. Que la película es el vehículo en el que se manifiesta aquello.

Lo que está más a la mano es la bandera nacional de todos los pueblos. ¿Por qué se les rinde honores si en apariencia sólo son trapos, líneas y colores? Sería demencial si esto pasara y no se creyera que  ahí haya  valores esenciales.

 Este es el campus en el que, de una manera o de otra, se desarrollan todos los sistemas filosóficos, tanto los empíricos como los idealistas.

¿La vida es así, de empírica, o persigue algo de valor, no sólo  valor práctico, sino  sobre todo valor esencial, trascendental?

¿Hay un Ser que trasciende, sobre el movimiento presente, que pasa? Wahl escribe: “Fue Protágoras quien dijo que  no se debe usar nunca el término “Ser” porque todo está en cambio constante.”

Desde el viejo Protágoras, como acabamos de ver, hay filósofos que dicen que las cosas son como son y no hay porque andar buscando debajo de las piedras. De los pensadores modernos,  Nietzsche lo reafirma en su libro Aurora.
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich,1968 

Y, sin embargo, son estos mismos pensadores, escépticos, empiristas, los que dejan abierta la pregunta. Se sacuden las manos, creen dejar solucionada la cuestión, pero, al final, confiesan, no la incredulidad, sino la impotencia para encontrar la solución.

La solución sustentada en la razón práctica, no en la fe, que no cuestiona, de los creyentes.

“Locke concluyó-escribe Wahl, en su gran obra Introducción a la filosofía-que la sustancia es un “no sé qué”, no obstante creía que existe y que por detrás de las propiedades  hay algo, algo de lo cual no podemos decir nada.”

Y Eckermann, en sus Conversaciones con Goethe, consigna un pensamiento del autor de Fausto: “En la naturaleza queda siempre algo problemático, a cuya exploración no alcanzan las humanas facultades.”

Y Wahl dice de la filosofía de Schelling que: “por encima de todos los conceptos intelectuales hay un Ser, algo que no puede expresarse, pero que no obstante es la fuente de todo.”

Y del pensamiento de Jasper,  Wahl comenta, refiriéndose al tema del Ser y lo que deviene, que: “pudiéramos encontrar un oscuro fondo del que tenemos un cierto sentimiento, pero que nunca logramos apresar, salvo en momentos parciales y fugitivos, por tal modo que finalmente sucumbimos y en cierto sentido zozobramos en nuestra empresa.”

Wahl cuenta la dificultad que Kant experimentaba cuando consideraba las dos ciencias  que parecían sólidamente constituidas al final del siglo dieciocho, la geometría euclidiana, que tenía siglos de vida, y la física newtoniana: “le impresionaba la dificultad de resolver las antinomias del espacio: no se puede decir ni que el mundo tiene límites ni que no los tiene; no se puede decir ni que es infinitamente divisible, ni que es necesario detenerse en átomos o monadas.” En la realidad ni en la idealidad.

 Con el testimonio a la vista de estos pensadores, Schopenhauer no se anda por las ramas. En México hay un dicho que reza de la siguiente manera: “cada chango a su mecate” o el peligro de sumar cebollas con jitomates. Bueno, Schopenhauer  dice lo mismo pero de esta manera:

“En la religión cristiana la existencia de Dios es cosa decidida y por encima de toda investigación. Y así debe ser: pues pertenece a ella y se funda en la revelación. Por eso considero un desacierto de los racionalistas que en sus dogmáticas hayan intentado demostrar la existencia de Dios de otra forma que por las Escrituras. No saben, en su inocencia, cuan peligroso es este juego. La filosofía, en cambio, es una ciencia y en cuanto tal carece de artículos de fe: en consecuencia nada puede admitirse en ella como existente más que lo dado directamente por experiencia o lo demostrado con razonamientos indubitables.”(Parerga y Paralipómena)
 
J.WAHL
Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”Wlipedia



PAUL AUSTER, CREÍ QUE MI PADRE ERA DIOS


En la sección Muerte, del libro de Auster, Creí que mi padre era Dios, hay testimonios de gentes que ha vivido experiencias metafísicas, igual si son de Indoamérica que si tienen raíces en pueblos europeos, ahora ya como ciudadanos estadounidenses.

En México eso es común. Ya se lleve una vida rural o en la ciudad industrial. Los semáforos de las esquinas, los olores a gasolina que llenan las calles, la presencia de los partidos de izquierda, el lampedusismo de la política profesional, así como  los programas de televisión, los 80 millones de teléfonos celulares de la población en México o los cristianismos liberales, nada impide que la magia se haga presente.

Un dato reciente es que, pese al ultra racismo que históricamente los mexicanos  han llevado aquí, en la ciudad de México,  contra todo lo indígena mexica, convergen, diariamente, 400 mil mexicanos que hablan 57 lenguas étnicas, ya de fijo o de manera transitoria, viven, estudian, comercian o trabajan en este lugar.

Representantes de estas etnias se reunieron recientemente, (2015), en el “Zócalo” de la ciudad de México para conmemorar el 690 aniversario de la fundación de México-Tenochtitlán, que tuvo lugar  en el año 2 calli, así como recordar el nombre de Quinatzin, su tlatoani (o rey) en esa fecha.

Si estos mexicanos emigran para otros rumbos del planeta, la magia los acompaña. Como en el caso que se relata en el libro de Auster.
Necesario hacer distinción, o la abstracción, que la experiencia metafísica se da, en especial, en los mexicanos de México, es decir, en los de ancestros étnicos.

En los mexicanos, descendientes de padres extranjeros, no tienen lugar estas experiencias debidas  principalmente, no a la probable formación laica, sino a que, como es natural, las ideas de sus padres corresponden a otros mitos: Walhalla, cristianismo, Islam, Palestina, India, Japón, China, etc.

Diferentes en la forma pero no en lo esencial. Precisamente en su Fausto, esa obra bella tan rebosante de realidades  e irrealidades, Goethe dejó anotado: “en la naturaleza queda siempre algo de problemático, a cuya exploración no alcanzan las humanas facultades.” (Eckermann, Conversaciones con Goethe)

En Alemania, por ejemplo, hay una conmemoración anual para evocar a la leyenda de  Fausto, relatada, entre otros, por Goethe, y a la que algunos asisten vestidos de tal manera que recuerdan a las criaturas del Walpurgis.

La magia tiene lugar en Indoamérica a lo largo de todo el continente americano,  ahora multirracial  y multicultural , desde Alaska a la Tierra del Fuego. Con sus modos regionales de interpretar los rituales.

No es el pensamiento pre-lógico de los antropólogos, es la cosa en sí de los filósofos, independiente de le experiencia fenoménica.

Nosotros conocemos de primera mano la práctica del chamanismo  que se da en los pueblos subyacentes de las altas montañas nevadas del Estado de México, como son el Popocatepetl, la Iztaccihuatl y el Nevado de Toluca. En sus cuevas de elevadas cotas o en lo profundo de sus lejanas cañadas. Seguramente también en el Pico de Orizaba (originalmente: Poyahutecatl, Citlaltepetl),  entre Puebla y Veracruz, la montaña más elevada del país (5,700 m.s.n.m.), aunque aquí no nos consta de manera directa.

Antes de hacer mención al relato consignado en el libro de Auster, referimos dos asuntos de la vida cotidiana de los mexicanos para que se tenga la idea que en México la magia es tan común como comer tortillas, en Perú comer papas, en Argentina churrascos o en Estados Unidos  hot dog.

Un amigo nuestro, que llamaremos Juan, se encontraba solo en su casa. Era día domingo y la familia estaba en el Instituto de Enfermedades de las Vías Respiratorias, como se le llama ahora al Hospital donde se atiende a los enfermos principalmente de los pulmones, como tuberculosis. Se localiza en la calzada Tlalpan, en el suroeste del Valle de México.

Del Hospital López Mateos, del ISSSTE, habían pasado a Mario, hermano de Juan, para este lugar, como se hace con algunos que han llegado a la fase terminal de la diabetes, tal era el caso de Mario.

Juan escuchó en la sala desierta, de manera fuerte y profunda, la voz de Mario que lo llamaba por su nombre. Juan se fijó en el  reloj de la sala. Eran las doce del día en punto. Por la tarde se reunió con la familia en el Instituto y le comunicaron que Mario había fallecido. Murió a las doce…

Varias semanas después de haber puesto esta  nota en mi blog, del trabajo de Paul Auster, encontré un caso idéntico en el primer  libro de  Parerga y Paralipómena, de Schopenhauer (Editorial Trotta,2009,Pág.298 que, hablando de los sueños, Schopenhauer  se refiere a un trabajo de Cicerón:
 
"Según relata  Baronius, tras un largo debate sobre la inmortalidad del alma entre Ficino y su amigo, Michael Mercatus, ambos acordaron que el primero en morir se le aparecería al otro. Poco después, una maña en que Mercatus se hallaba en su habitación estudiando, oyó el ruido de un caballo que galopaba en la calle y paró en su puerta: entonces oyó la voz de Ficino, diciendo: "Oh, Michael, aquellas cosas eran verdad". Se volvió hacia la ventana y vio a su amigo a caballo. Inmediatamente envió a Florencia a  alguien a preguntar por la salud de su amigo, y supo que había muerto a la misma hora en que se le apareció."
El otro caso lo vivimos más directamente. En el gran atrio que da acceso al templo de la Virgen de San Juan de los Lagos, población del Estado de Jalisco, México,encontramos y saludamos a la señora Felipa X. Estaba barriendo el lado poniente del lugar, en compañía de otras diez personas que a su vez barrían las otras áreas del atrio. Son tareas de servicio que la gente suele hacer voluntariamente para el templo, y no nos extrañó.

Tres semanas después, de esta ocasión, encontramos en Torreón Coahuila a dos de sus hijas de la señora Felipa. Les contamos el encuentro con su madre. Nos dijeron que su mamá había fallecido siete meses antes.

Pero no le dieron mayor importancia al suceso. Sólo dijeron: “Ah, de seguro que fue a pagar alguna manda a la Virgen de San Juan que no cumplió durante la vida”. Enseguida pasaron a preguntarnos cosas baladís como que si habíamos comido la birria tan sabrosa que se hace en esa población, o que si en Guadalajara habíamos ido a escuchar a los mariachis…

Una conseja popular asegura que, de la gente que se ve visitar el templo de San Juan de los lagos, sólo la mitad son de este mundo…
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich, 1968

El caso que Auster incluye en Creí que mi padre era Dios, se titula El fantasma, le fue enviado por G. A. González, de Salt Lake City, Utah, Estados Unidos.

 Habla de una familia mexicana establecida desde hace ya varias generaciones en Estados Unidos. La muchacha que relata entró una tarde a su recamara y vio a un hombre joven vestido de charro  mexicano.

Confiesa que sabía que era su imaginación pero no por eso se le presentaba menos real. Eran la cinco.  La muchacha tenía una abuela que si bien llevaba ya cuarenta años viviendo en Estados Unidos, culturalmente seguía siendo mexicana. Esta abuela  le contaba a la nieta que muchos de sus familiares, mientras vivió en México, ya habían muerto. No obstante, la visitaban con frecuencia...

La muchacha no podía explicarse como ella, una joven norteamericana normal, pudo llegar a aceptar tan fácilmente la idea de una persona virtual,intangible, como era el individuo vestido de charro al que seguía encontrándose en su recámara.

Finalmente logró dominarse, penetró a su recamara, encendió la luz y ¡nada! La figura  había desaparecido. A la mañana siguiente, durante el desayuno, la madre le comunicó que José, un muchacho que la hija conoció algún tiempo atrás, había muerto el día anterior, a las cinco de la tarde.

En México, en el México precristiano, y en el México industrial de la actualidad, en las etnias la muerte  es tan real que hasta el día presente no hay quien pueda decir que la puede evitar.

 Debido a eso se le considera una deidad que recibe el nombre de Mictlantecutli, Señor del Mictlán o cielo de la oscuridad. Pero no infierno al estilo cristiano, pues es un cielo, del que, después de un recorrido, al estilo espeleológico, se emergerá al Tlalocan,  paraíso mexica de la eterna primavera.

Los días 1 y 2 de noviembre todo el país se vuelve una fiesta de la muerte (nada tiene que ver con el actual culto a la “santa muerte”).Los panteones son puntos de reunión de las familias y esos campus-santos se convierten en verdaderos Pic nic. Se instalan puestos de comida y pululan los conjuntos musicales que cantan,a petición de los familiares, las canciones que en vida le gustaban  al ahora fallecido.

Y no pocos contratos colectivos de trabajo, de los sindicatos, en las fábricas, tienen una cláusula, por usos y costumbres, que los dos primeros días de noviembre no se laboran.














CON SÉNECA ENTRE LA GENTE


Convivir con la gente, y retirarse  de la gente, es la manera en que Séneca propone ( y que él practicaba) para poder guardar un equilibrio de ánimo (Tratados filosóficos).

Mucha convivencia pudre al individuo, cero convivencia lo vuelve loco.

Su sociedad romana de hace veinte siglos la vemos desde nuestro tiempo como un mundo casi idílico, rural, natural. Había pocos millones de humanos que habitaban el planeta, todavía no se encontraba el uso masivo del petróleo ni la producción en serie de aves de corral, con su crecimiento anormalmente acelerado, a base de hormonas.

Pocas ciudades, poca gente, modos de comunicarse cara a cara, diversiones comunitarias, alternadas con acontecimientos  culturales. Al estilo del irreverente, casi iconoclasta,  Aristofanes.

Siglos antes entre los griegos Aristofanes escribía sus obras de teatro para divertir a la gente. Pero a condición de “bajar “ las ideas de los grandes pensadores, contemporáneos suyos, como Sócrates.

Decía, entre el populacho que estallaba en risas, para hacerles comprender el fenómeno del tiempo, que una mariposa se paraba en la calva de Sócrates y después volaba para posarse en una de sus peludas orejas.

De platón Aristofanes se pitorreaba con sus ideas de socializarlo todo. ¿Todo? preguntaba Aristofanes en el teatro, en medio de carcajadas de los asistentes. La convivencia sexual  va a ser libre y comunitaria. Nadie paga y  todas contra todos. Otro personaje apuntaba  que las mujeres van a preferir a los hombres guapos y bien formados, y no nos van a hacer caso a los chaparros y panzones. Y otra vez las carcajadas.

Con esa maneras tan ligera y audaz  que tenía Aristofanes en sus comedias, ya quedaba la consideración de temas como el tiempo, el espacio, de la propiedad privada, etc. a costa de Platón.

Con excepciones, en el siglo veintiuno, el teatro se ha politizado, no “filosofado”, “es la voz de los que callan”. Los otros medios de diversión, como el cine, está “crimninalizado”,”hamponizado” en sus argumentos.

 A muy pocos humanos les llama la atención la antinomia realidad-idealidad. No interesa investigar que las cosas no son tan lineales como parecen. Que tienen su otro punto de vista, por mejor decir, se referencia. Decimos que hay frío porque estábamos en el calor y viceversa. Que había pocos porque ahora somos muchos.

Diógenes Laercio apunta que el primero que dijo estas cosas fue Protágoras: “Fue el primero que dijo que en todas las cosas hay dos razones contrarias entre sí.” (Vida de los filósofos más ilustres)

 Como el ejemplo  arrastra vivimos, con negligencia, no con sencillez. “Conviene poner límite-dice Séneca-.habiendo mucha diferencia del vivir con sencillez al vivir con negligencia.”

Con negligencia respecto a los valores de las cosas. Con frecuencia nos quedamos en las cosas. Si seguimos la ruta de esa depreciación, encontramos que las mujeres son cosas, no son mujeres. Y como el victimario no escapa al proceso de depreciación, los que así actúan han dejado de ser hombres, si alguna vez lo fueron, para también convertirse en cosas. O ya nacieron cosas y de ahí no pasaron.

Todo esto hace remolino lleno de valores pero en el que abundan los no valores. O, para decirlo de otra manera, los valores empíricos de sobrevivencia, como en la selva.

De una o de otra manera  todo esto daña a la mente, como las heces de perro, al secarse, y vuelan en el aire, lo  envuelven todo, altos o chaparros, pobres o ricos, niños, viejos.

Las heces tienen una manera de medirse, que es por las partículas que flotan en el aire. El daño mental también se mide, y es la existencia de clínicas, hospitales y casa de retiro para la salud mental. Estos hospitales no son un invento, son unas necesidad.Es cuando Séneca recomienda:
DIBUJO TOMADO DE LA OBRA LA PSIQUIATRÍA EN LA VIDA DIARIA, DE FRITZ REDLICH,1968

“Conviene mucho retirarnos en nosotros mismos, porque la conversación que se tiene con los que no son nuestros semejantes descompone todo lo bien puesto, y renueva los afectos y las llagas de todo aquello que en el ánimo está flaco y mal curado.”

Pero como es sumamente fácil confundir el retiro con la huida, la soledad terapéutica con la soledad patológica, es por lo que Séneca se apresura a agregar:

“Pero también conviene mezclar y alternar la soledad y la comunicación.”
 
SÉNECA
“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C.65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”




































JARDIEL PONCELA Y EL REGRESO DE DIOS A LA TIERRA


Dios anunció un día que regresaría en breve a la Tierra y llegaría a una  plaza de toros de España, escribió Enrique Jardiel Poncela en una de sus novelas.

Uno de los personajes de la novela fue el primero que dudó que eso fuera posible. “Con lo mal que le fue cuando estuvo físicamente entre nosotros. Que permanezca en sustancia, pero que ni se le ocurra en fenómeno. Ahora ya no hay cruz pero sí  otros modos más sofisticados como la industria cultural que propaga un eclecticismo disolvente e impide la solidaridad, los imperativos del marketing que aleja a los humanos de los centro de oración, y las sectas culturales llevando agua para su particular molino.

 Parece que Kant, con su poder de discernimiento, se anticipó al novelista y se hizo varios cuestionamientos a este respecto, con varios siglos. Dejando asentado desde entonces que el asunto podría estar lleno  de legítima especulación, de trascendental intuición,  así como de sectaria manipulación.

¿Sería posible que Dios, de sustancia, se convirtiera en fenómeno? Ya lo había dejado establecido dese entonces pero,¿ sería lo mismo ahora?

En la mente limitada del humano no cabe que la sustancia se vuelva como nosotros.Pero son limitaciones muy propias de nosotros, no de la sustancia.

Confiaba que quien poseyera disposición la iba a aplicar según sus aptitudes y sus luces. Y en especial los que formularan preguntas trascendentales encontrarían respuestas trascendentales.

No podemos dar más de lo que tenemos, ni en monedas ni en intelecto ni en lo espiritual, como no podemos cambiar la forma de nuestras orejas.

Kant considera que, para que la esencia pase a formar parte de nuestro mundo, tendrá que hacerse  de nuestra condición empírica, sólo  así podremos visualizar a esa esencia. Lo demás es pura fantasía.

Además, sería susceptible de reír y sufrir, como todos: “Para que la ley de la causalidad válida en la experiencia, pueda conducir al ente primero, será preciso que este ente forme arte de la cadena de objetos de la experiencia; pero entonces sería en sí mismo, a la vez condicionado, como todos los fenómenos.” (Crítica de la razón pura)

¿Qué forma tendrá esa esencia? No podemos imaginar más allá de lo que conocemos, entonces la esencia será antropomorfa. Kant:

"Estamos, pues, autorizados no solamente para concebir la causa del mundo según un antropomorfismo más sutil,quiero decir, como un ser dotado de entendimiento, capaz  de placer y de dolor,y,consecuentemente,de deseos y de voluntad,sino también atribuirle una perfección infinita,que sobrepasa a la que podamos ser conducidos por el conocimiento empírico del orden del mundo." (Apéndice, Tercer Capítulo).

 “La existencia de un ente  debe corresponder a la simple  idea que tenemos y a la cual ninguna experiencia puede ser adecuada.”

Si quiere venir a la plaza de toros debe dejar de hablar desde el otro lado de la nube y ser uno de nosotros, como lo hizo la primera vez, hace dos milenios.

Al mostrarse la esencia, en toda su beatitud, puede estar comprometiéndose nuestra libertad de decisión,  por ser simplemente  arrastrados por esa inefable belleza. Kant dice que la cosa en sí  siempre nos deja un ideal para que ejercitemos nuestra razón pero, no cualquier  ideal: 

 “El  Ser supremo deja, pues, para el uso simplemente especulativo de la razón, un simple idea, pero un ideal sin defectos.”

Todos conocemos el desenlace de ese regreso de Dios a la Tierra, en la novela de Jardiel Poncela.

Después de un apoteótico recibimiento en la  plaza de toros, y una serie de acontecimientos, Dios decide que debe volver al cielo. 

Cuando su primera presencia en la tierra sólo había dos antagonismos. Ahora hay como mil.

Su despedida fue “desangelada”. Parece que se refería con esta expresión a que ni siquiera los ángeles acudieron. Pocos, de los ex ángeles, ahora pintados de negro, estuvieron, a la distancia, observando los acontecimientos.Criticando desde la prensa y la televisión.¡No había telefonía celular y de esa sí que se salvo!

Cuando estuvo aquí, la vez anterior, dejó bien establecido que Él era la causa de lo finito, de la naturaleza y de la humanidad. 

Muchos le creyeron. De ser un puñado inicial de seguidores ahora confiaban en Él algo así como la sexta parte de los habitantes del planeta, mil millones de individuos. Una coherencia jamás lograda en la historia.

Si debido a "factores ambientales" volviera a ser otra vez un puñado, tampoco importaría. Los números, como el espacio y el tiempo,son valores de la realidad, no de la idealidad. Los primeros de la fenomenología y los segundos del bien estar vital.

 El resto, las otras cinco partes del planeta, andaba desperdigado entre modos de filosofía, los más diversos escepticismos o   navegando entre  incredulidades. O navegando en Internet, ajeno a todo.

Como sea, este día todos andaban ocupados. Dios estaba sobre el tiempo y el espacio, pero ellos necesitaban checar tarjeta para que no les descontaran el día de salario en la fábrica. O asistir a la marcha del sindicato para acumular puntos en la bolsa de trabajo.

Sólo acudieron a despedirlo unos cuantos tipos por demás estrafalarios. Y como ya para entonces Dios  había dejado de ser noticia, los medios sólo escribieron tres palabras: “Dios se va”.

 Y eso el editor del periódico permitió su publicación debajo de un comercial enorme, a media plana, que anunciaba una eficacísima  pomada para curar los callos…
JARDIEL

Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 15 de octubre de 1901-ibídem, 18 de febrero de 1952) fue un escritor y dramaturgo español. Su obra, relacionada con el teatro del absurdo, se alejó del humor tradicional acercándose a otro más intelectual, inverosímil e ilógico, rompiendo así con el naturalismo tradicional imperante en el teatro español de la época. Esto le supuso ser atacado por una gran parte de la crítica de su tiempo, ya que su humor hería los sentimientos más sensibles y abría un abanico de posibilidades cómicas que no siempre eran bien entendidas.








EL PENSAMIENTO LIBRE DE BERGSON


Una hilera de naipes que, al caer uno, los demás están bajo el determinismo fenomenológico de también caer. Un yo mecánico parecido al de las criaturas del zoo. Una conciencia que depende del cuerpo.

Bergson va contra todo eso.

El hombre no es lo que come, come lo que es. Unos comen puros vegetales, otros tienen preferencia por los carbohidratos y otros por la proteína animal. Con la información de la ciencia médica procurará frecuentar la dieta balanceada, pero siempre dominará su modo de ser.

De suyo, unos son sobrios en el comer, otros no paramos hasta el hartazgo. Por más que pongan frente a nuestros ojos las fatales estadísticas de la obesidad, la diabetes y la hipertensión, no paramos hasta dejar limpio el último plato. Para luego seguir con el postre, un cigarro  y ocho dedos de  ron o de whisky.

Aquellos saldrán corriendo, metidos ya en sus cortos, tenis y camiseta. Otros, mientras eructamos generosamente, prendemos el televisor para apoltronarnos en el mullido sillón.

El simple hecho de que por las calles los hombres, y sobre todo las mujeres, van vestidos de muy diferente manera, es de hecho un acto nada simple.

Los humanos están buscando siempre la libertad para expresarse y evitar el efecto dominó. Hasta en la manera de orinar unos se quedan quietos y otros tratan de dibujar las letras del   abecedario.

 Y no hay cadenas de acero, ni argumento   ideológico bien urdido y puesto en escena, que los haga permanecer siempre en la esclavitud.

En ocasiones, perdida la conciencia de la libertad, buscarán alucinados la esclavitud. Pero a la postre será como un acto de purificación, para volver á  ser conscientes de la libertad.

Después de todo perder su libertad, en busca de una imaginada libertad, también es su libertad. Todos los pueblos  del planeta han pasado por eso. Y lo seguirán haciendo, por los siglos de los siglos.

Como el que no tiene conciencia, que goza de la salud corporal, hasta que se aplasta un dedo con el martillo. De ahí que Schopenhauer haya dicho las extrañas palabras que hay  males que son bienes. Males que nos hacen pensar en lo bueno que era, tan familiar, que ya ni lo tomábamos en cuenta, hasta que lo perdimos.

Gastar treinta años de nuestra vida, en una celda de dos por tres, bien vale la pena pensar en la libertad. Y hay celdas, peores que esa, que no tienen barrotes.
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich,1968

Bochenski, refiriéndose al pensamiento de Bergson, a su memoria pura, a su yo profundo, más allá de los límites de la psicología asociacionista, que se  aparta de la vocación por la libertad, anota que: “nuestras acciones arrancan de toda nuestra personalidad. La decisión crea algo nuevo, el hecho sale del yo, del yo únicamente, y es, también, completamente libre.”( I.M. Bochenski, La filosofía actual).

En algunos países hay, en sus universidades, la Escuela  o Facultad de Diseño Industrial que siempre busca nuevos modos y formas materiales. De la misma manera hay, del otro lado del campus, la Facultad de Filosofía y Letras que estudia sistemáticamente lo que la humanidad ha pensado, siempre en busca de cómo salir mejor librado del efecto dominó.

Kant coincide con Bergson en el sentido que la razón se libera del fenómeno  dominó para marcar un nuevo principio:

“No se puede concebir  sino dos especies de causalidad en relación a lo que ocurre; la causalidad siguiendo la naturaleza o la causalidad por la libertad

"La primera es en el mundo sensible, el enlace de un estado con el estado precedente, al cual sucede según una regla, y como la causalidad  del fenómeno reposa sobre las condiciones de tiempo y el estado precedente.”

Y sigue: “La libertad en el sentido práctico es la independencia de la voluntad con relación a la sujeción de las pendientes de la sensibilidad.”

Lejos de hacer una antinomia libertad y naturaleza, como con frecuencia  artificialmente se les ha manipulado, hacen una armonía. Sigue diciendo Kant: “libertad y naturaleza, cada una en su sentido perfecto, se encontrarían juntas y sin conflictos de ninguna  especie, en las mismas acciones, según que se las aproximara  a su causa inteligible o a su causa sensible.”

Para sentir la responsabilidad es necesario tener la libertad, anota Bergson: “Un ser no se siente obligado sino cuando es libre y cada obligación, tomada aparte, implica la libertad.” (Las dos fuentes de la moral y  de la religión)
Bergson

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.










M.G.MORENTE Y EL SENTIDO DE LA HISTORIA


Un mundo sin pies ni cabeza parece al escéptico cuando considera la historia remota y que llega hasta nuestro siglo veintiuno.

Le parece que el mundo, la vida, debería presentar una cara mejor después de tanto misticismo y avance tecnológico a través de los siglos.

Piensa que la historia de los pueblos  la ha escrito el vencedor, por lo que es un argumento suficiente para desconfiar de esas historias, por más bibliografía que aparezca en sus páginas para darle un toque de academia.

Cree que la esperanza está en la arqueología, cuando ya han pasado al menos dos mil años del evento, pero ni aun así  hay que confiarse. Del incendio de la Roma de Nerón queda mucho por investigar y, de la guerra de Troya, de Homero,  no todo está esclarecido por completo.

Más bien la historia le parece como la Hidra de Lerna. La leyenda del monstruo que vivía en las riberas del golfo de Argólida, tenía nueve cabezas de serpientes y con su aliento envenenaba toda señal de vida, sembraba el pánico y la destrucción. Y, por más que el héroe Hércules cortaba sus cabezas, siempre le brotaban otras.

La economía que pauperiza a los pueblos, la inseguridad que hiere profundamente a las sociedades de prácticamente todo el mundo, la pésima calidad del aire que le da la vuelta al planeta y lo mismo envuelve y contamina a países pobres que a ricos, grandes y chicos, la temperatura que aumenta y derrite la nieve de las cuencas de alimentación  de los glaciares, aun de los más altos, o lejanos, de los polos, y deja sin humedad para el cultivo a los valles  y planicies.

Esas son algunas de las cabezas de nuestra Hidra del siglo veintiuno.

Pero no todos han perdido la brújula de la historia. Manuel García Morente, el gran filósofo español, Kant y Jean Wahl, nos dicen que esas cabezas por más terribles y  venenosas, que nos parezcan, pertenecen al mundo finito y por lo tanto son medibles, están en el tiempo y en el espacio, y el humano tiene la necesaria inteligencia para encontrar la solución.

No hay que permitir que la neurosis y el miedo nos enfermen más que la enfermedad misma. Como cuando un mal  médico nos dice que tenemos cáncer, morimos del susto y en la autopsia no encuentran el cáncer por ningún lado.

La “cosa” moral es le dirección que esta vida persigue, dicen estos filósofos. Sin ella las cabezas serán imbatibles. Porque a la inteligencia hay que guiarla por la actitud.

Ahí donde se destierra a la moral se trata de una asamblea donde cada uno lucha, abierta o soterradamente, por llevarse la mayor tajada del pastel.

La historia sí tiene pies y cabeza y su perspectiva está más allá del tiempo y el espacio.
¿HISTORIA SIN  PIES NI CABEZA?
DIBUJO TOMADO DE lA PSIQUIATRÍA EN LA VIDA DIARIA,
DE FRITZ REDLICH, 1968

La espada que blandía Hércules era de acero, por eso era el cuento de nunca acabar. Siempre brotaban otras cabezas ponzoñosas. 

Por eso estos pensadores dicen, que, considerada la “cosa” moral, el valor moral, las  cabezas de las Hidra podrán ser superadas.

Kant dice que la pura práctica del vivir empírico no sólo no lleva a la humanidad a ningún lado  sino que le impide ir a  donde pueda encontrar valores esenciales, de  un sano destino de la  vida empírica misma:

“…ningún interés practico resultante de principios puros de la razón, como el que encierra la moral y la religión…estos son aun principios justos, pero poco observados, que permiten extender la filosofía especulativa y descubrir los principios de la moral.” (Crítica de la razón pura)

 Wahl, filósofo marsellés del siglo veinte (igual que Morente), apunta en el capítulo dedicado a la Dialéctica, de su excelente obra Introducción a la filosofía, la antinomia corrupción-permanencia.

Corrupción de las cosas finitas sujetas a la ley de la fenomenología que se hacen y se rehacen sin fin. Pero ese devenir tiene su antinomia, referido a un permanente, fuera de la fenomenología.

A semejanza de las emisiones de un volcán cuya cámara magnética no se agotara nunca:

 Wahl:

“Se ha dicho que sólo podemos pensar el Devenir a condición de conseguir  una permanencia a la que oponerle y sobre todo el fondo de la cual pudiera destacarse.”

Y Manuel García Morente explica (Lecciones preliminares de Filosofía) las ideas de Kant, respecto del contenido moral en la evolución humana, de esta manera:

“Todo el conocimiento es un conocimiento puesto al servicio de la ley moral; todo el saber que el hombre ha logrado necesita recibir un sentido. ¿Por qué es por lo que el hombre quiere saber? Pues, para mejorarse, para educarse, para procurar la realización, aunque sea imperfectamente en este mismo mundo, de algo que se parezca a la pureza moral del otro mundo.”
MORENTE



Manuel García Morente (Arjonilla, Jaén, 22 de abril de 1886Madrid, 7 de diciembre de 1942) fue un filósofo español y, converso católico, en sus últimos años de vida fue sacerdote. Fue un gran divulgador, traductor de obras del pensamiento europeo, filósofo de cuño original, y gracias a su magisterio oral y escrito se iniciaron en la filosofía, y aún hoy día lo siguen haciendo, multitud de promociones universitarias….En 1912 obtiene la cátedra de Ética de la Universidad de Madrid. Su pensamiento oscila en este momento entre el kantismo —tesis doctoral sobre La estética de Kant (1912); monografía sobre La filosofía de Kant, Una introducción a la filosofía (1917); traducciones de la Crítica del juicio (1914), de la Crítica de la razón práctica (1918) y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1921) kantianas— y el bergsonismoLa filosofía de Bergson (1917)—. Durante los años veinte inciden sobre su mente el biologismo histórico de Spengler (tradujo la famosa Decadencia de Occidente del citado filósofo de la historia alemán), Rickert, Simmel, y la axiología, merced a la incorporación que se hizo de la obra de Scheler y Hartmann a través de la Revista de Occidente. En las postrimerías de este decenio termina las traducciones de las Investigaciones lógicas de Husserl (1929), junto con José Gaos, y del Origen del conocimiento moral de Brentano: el método fenomenológico será utilizado en adelante con singular destreza en su indagación filosófica.











Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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