PLATÓN CONTRA LAS RELACIONES CAÓTICAS




Relaciones reguladas, no caóticas.

Como el niño que nace en un vuelo aéreo, así   somos en la cultura occidental. Nace en el cielo, entre las nubes, en el avión y ahora llega a la tierra.

El niño es llevado al templo, lo bautizan y de ese modo empieza a vivir en la teología. Por el ritual se va percatando que la vida se extiende más allá del tiempo y del espacio. Una institución respetable, la Iglesia, lo asegura. A la vez debe de aprender a caminar en la Tierra, en la que está eventualmente, mientras llega el tiempo de volver al cielo.

El niño que nació en la Tierra, en cambio, debe aprender en la laicidad, en la filosofía, en el empirismo. Otra institución respetable, la Universidad, le enseña este modo de vivir.

Ahora debe investigar cosas de la vida del cielo. Los mejores espíritus laicos así han hecho. Sienten que no pueden negar lo que  desconocen.

Una frase de Hegel se les atraviesa en el camino y dice que “Nada existe en aislamiento. Todo está relacionado”. Vivir nada más entre las nubes es una abstracción. Pero  vivir nada más en la Tierra es de igual manera otra abstracción.

 Al menos mil pensadores, de primera línea, en el campo de la filosofía, han escrito interesantes teorías mecanicistas de la vida. Tal es el caso de Locke, Hume y, antes, entre los antiguos, Epicuro, Demócrito, Lucrecio…Y, otros mil pensadores, de cosas de lo mediato, de la trascendencia.

Así es como tenemos  el mundo de las ideas dividido en dos. Situación envidiable porque disentir es la condición, casi la exigencia, perfecta para el ejercicio de la libertad de pensamiento. Mejor dicho, la libertad de expresión. Donde no hay libertad sólo se piensa, no se dice.

Sólo que defendiendo cada uno su trinchera perdió de vista la síntesis, que es la totalidad. Y la totalidad, que es la vida, se quedó en la abstracción.

De alguna manera se tiene intuición en las relaciones reguladas, en la  totalidad, pero es mi interés, según cree Fichte, el que me hace inclinarme a un lado o al otro y es cuando se da la abstracción.

O soy del bando de los idealistas o me decido por el bando de los dogmáticos. Este filósofo nos describe todo el alboroto que se hace cuando uno y otro pierden de vista la totalidad “El dogmático se excita, revuelve  y perseguirá, si tiene poder para ello. El idealista es frío y está en peligro de hacer mofa del dogmático.”( J.G.Fichte, El destino del hombre)
EL EJERCICIO INTELECTUAL DE LAS ABSTRACCIONES
SUELE ACABAR ASÍ.

Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria,
de Fritz Redlich, 1968

La totalidad, la integridad o, como ahora se  dice, la solidaridad, es el reto a vencer de la intuición, de la inteligencia, sobre la naturaleza. Porque el que yo me decida por un bando o por el otro, es eso, pura naturaleza. Puro interés de mi naturaleza.

 Según Spinoza, mi interés está en la esencia de mi naturaleza: “El deseo de la naturaleza misma o la esencia de cada uno difiere del deseo del otro, tanto como la naturaleza o esencia del uno difiere de la esencia del otro.” (B. Spinoza, Ética)

Apertrechados en nuestras respectivas trincheras, los hombres, pues, defendemos nuestros legítimos intereses y otros los absurdos solipsismos. Perdiendo de vista las relaciones reguladas y nos vamos por las relaciones caóticas.

 Fue cuando aparecieron otros pensadores tendiendo puentes entre las ya, al parecer, irreconciliables abstracciones. Platón, y en tiempos modernos, Bergson. Lo que ahora conocemos como ecumenismo en religiones, desde  la antigüedad se le llamaba relaciones, en filosofía.

 Jean Wahl, pensador marsellés del siglo veinte, no  anda con rodeos y dice que uno de los peores momentos que ha tenido el mundo de las letras son las etiquetas de idealismo, materialismo, racionalismo, empirismo o de otras mil maneras como se les llame para justificar mi interés y aumentar la distancia.

Y pasa a reconocer la labor de Bergson: “Pocos filósofos han tenido como Bergson la audacia de trazar el desarrollo de la vida en su integridad; al menos, pocos filósofos han intentado hacerlo dentro del periodo contemporáneo.”

Empero, al parecer los intereses legítimos, los egoísmos y los solipsismos, viene desde muy lejos. Wahl mismo se refiere a Platón:

 “La totalidad de la filosofía de Platón puede considerarse como un gran intento de justificar y explicar el que el espíritu humano ponga relaciones…La teoría de las relaciones  de Platón debe considerarse, pues, como una teoría de relaciones reguladas, opuestas no menos a las relaciones caóticas.”Introducción a la filosofía, Cap. XIII)

 
PLATÓN

 “Platón[n. 1] (en griego antiguo: Πλάτων) (Atenas o Egina,[1] ca. 427-347 a. C.)[2] fue un filósofo griego seguidor de Sócrates[n. 2] y maestro de Aristóteles.[3] En 387 fundó la Academia,[4] institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años[n. 3] y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.[n. 4] Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y filosofía de la educación; intentó también plasmar en un Estado real su original teoría política,”



LAS MÁSCARAS DE LA REPRESENTACIÓN SÍMBÓLICA DE LOS INDIOS NORTEAMERICANOS

Instrumento de un chamán, tallado en hueso

Para el universo mágico, principalmente, la humanidad ha usado las máscaras desde tiempos prehistóricos.

Las máscaras en la civilización teotihuacana, en el centro del Valle de México, varios cientos de años antes de la era cristiana, alcanzaron un alto grado de belleza. Entre los aztecas los más elevados grados militares tenían distintivos con máscaras de “caballeros” ocelot, águila, los sacerdotes del dios Tlaloc, etc.

Pero también para otras actividades culturales se han usado las máscaras. El teatro, desde la antigüedad  griega hasta nuestros días. Los de la lucha libre, El Santo, Bluedemond, el cine con Batman, los cómicos mexicanos con El Chapulín Colorado, Scaramouche del cine francés.

En el  continente indoamericano, tanto el precristiano, como el posterior al siglo dieciséis, el uso de las máscaras ha conocido una gran producción.

En la actualidad muchos pueblos de México celebran fiestas tradicionales, provistos sus actores con máscaras, algunas de ellas de un raro sincretismo de la cultura mesoamericana con personajes de la cultura occidental como diablos, la muerte, brujas...

La editorial Fondo de Cultura Económica, México, publicó en 1967 una obra (de lujo en sentido editorial) titulada El arte de los indios norteamericanos, cuyos autores son Erna Siebert y Werner Forman.
Máscara de chamán

Comprende máscaras, amuletos, maderas talladas  e industria ceremonial de la Costa Noroeste. Se distingue en sus piezas un profundo simbolismo. El material usado es la madera y  predomina la expresión geométrica.

Su arte  representativo lo han llamado “de ojos” por la abundancia de este elemento anatómico de sus piezas que pintaban o esculpían.
Rostro de persona,máscara de madera

“El efecto-indican los autores-, el amor de estos indígenas por la decoración constituye quizá un caso único en el mundo entero. Y es que no sólo sus casas (con los postes totémicos) y sus canoas, sino la indumentaria total-incluidas las célebres mantas “chilkat, las máscaras (mitológicas y realistas),los tocados, los delantales y las guarda piernas-los objetos  de culto y chamanismo, las armas y hasta los artículos de uso casero(platos, tazones, cajas, bolsas, arcones y cucharas), revelan un eterno afán de esculpirlo todo, de pintarlo todo y de hacer que cada cosa sea grata a la contemplación estética.”
Máscara de chamán














Ofrecemos solamente algunas de las representaciones de la obra mencionada.





 
Tocado ceremonial
Máscara de mujer  con boca interpuesta

CON SCHOPENHAUER EN BUSCA DE LA MORAL POR SÍ MISMA


Creer en la posibilidad de un mundo mejor parece ser la primera cosa a considerar para la condición moral.

Si no se tiene presente, si no se siente, la premisa de un mundo mejor, todo puede derivar, dice Kant, en puras tropillerias.(Crítica de la razón pura)

Y de la actuación individual se esparce en lo general y, más tarde o más temprano, hay que encerrarse en casita porque afuera el ambiente está viciado.

Ética, moral y virtud  se parecen a un sendero que remonta la vertiente de la montaña, cada una situada en diferentes cotas, según el orden señalado, a partir del valle.

La ética describe, la moral es salirme de mí mismo e ir hacia los otros, y la virtud es como un determinismo, se trae o se carece de ella. Como en el terreno de la poesía. No todos podemos ser poetas. Podemos escribir mil cuartillas en prosa pero ni una sola línea del poema. Imaginamos que aquí cabe eso de “viceversa”.

Quizá haya que empezar, para los que sienten cosquillas con las cosas de la moral, al revés, de lo general a lo individual.

A semejanza, como  hace el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire, cuando declara la contingencia  ambiental. Alerta que se abstenga de hacer ejercicios al aire libre y, de ser posible, no salir de casa. Sus bronquios pueden quedar lesionados  o, incluso, morir en la calle, como hay numerosos ejemplos en el planeta que han sido ampliamente documentados por los medios de información masiva.

Y se pasa, del panorama general patológico, a las recomendaciones individuales de rigor: no fumar, no prender fogatas, cuide el escape de su automóvil, etc.

Precisamente, cuando escribimos esta nota, a las 8:57 a.m. del 4 de marzo del 2015, hay 168 puntos y se dan, por IMECA, estas recomendaciones para la parte noreste del Distrito Federal del Valle de México:

“Debido a la muy mala calidad del aire, en esta ocasión por concentración de partículas suspendidas, la población en general está en riesgo de presentar problemas de irritación en vías respiratorias, disminución de la función pulmonar y agudización de ataques de asma, entre otros….La ciudadanía debe, además, mantenerse atenta a la situación de los niños, adultos mayores y personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias (asma, bronquitis crónica y enfisema), pues con esta muy mala calidad ambiental sus síntomas pueden agravarse.”

Esa patológica calidad del aire no surgió de generación espontánea. Se fue gestando en lo particular, sea individual o industria, hasta que la suma de todo eso hizo muy difícil, o imposible, seguir viviendo bajo semejantes condiciones. Por recomendación médica algunos tienen que ir a vivir a lugares donde el aire sea de mejor calidad.

De manera análoga, muchos, o miles, o millones, buscan ir a vivir a países donde las constituciones políticas todavía  apoyan la práctica de sus leyes reglamentarias en valores esenciales.

Las constituciones políticas, de algunas repúblicas laicas,  no tuvieron la fortaleza suficiente para contener la descomposición social. Decían, pero no hacían. Lo que en filosofía se llama “idea operante” que es hacer lo que se dice o promete.
 
Dibujo tomado del diario español El País.
 No podemos generalizar porque, en alguna parte del planeta, debe haber repúblicas laicas que tiene sus cosas en orden. Pero lo que vemos en los diarios, de “todo el mundo”, es que hay impotencia para llevar las cosas dentro de la ética, la mora y la virtud.

¿Cuentos chinos eso de la moralidad? Para comprobarlo basta asomarse por la ventana. Varios países de  Indoamérica busca la manera de ir para los países del norte del continente (y hay un muro de mil kilómetros para contener esta avalancha), los del Cercano Oriente y África miran hacia el centro de Europa (y está la barrera acuática del Mediterráneo de por medio).

Hay en América una animadversión histórica hacia lo del norte, pero son numerosos los que  anhelan  vivir bajo la protección de sus leyes, principalmente, y su modo de vida en lo general. No todos abandonan sus países debido a la pobreza económica sino, sobre todo, para escapar de la inseguridad frente al hampa de sus lugares de origen.

”Mirad cual está ya el mundo”, escribió Baltasar Gracián, ese sabio español del siglo diecisiete, en uno de sus epigramas.

Estados, de los llamados del primer mundo,  juran sobre un libro sagrado para ellos y su actuación será conforme a la verdad universal (instancia incorruptible). Se buscará hacer efectiva la idea operante. Los países que así hacen todavía creen en la posibilidad de un mundo mejor donde sea posible reír, caminar sin miedo por la calle, estudiar, trabajar, tener hijos que habiten un planeta del progreso material sostenido por valores esenciales.

Jurar ante la asamblea laica parlamentaria (instancia mensurable) que se actuará bien es meterse en el juego de las relaciones de poder de esa asamblea (“o que la asamblea se lo demande”).El grupo hegemónico puede avalar como “buenas” aun las más obvias topillerias.

Para facilitar esas topillerias lo primero es desterrar cualquier alusión a la cuestión moral. Se pondera el laicismo pero el laicismo, valioso por sí, es una letra a la que hay que darle vida con las acciones consecuentes.

Las acciones de valor moral  son para Schopenhauer las únicas que se le pueden anteponer al egoísmo. El egoísmo es el apartarse de todo y el acaparar todo en beneficio propio. No tiene fin, dice este filósofo, el egoísmo es más grande que el universo.

Las acciones morales, en cambio, procuran el bien ajeno aun a costa propio. Por eso dice este pensador que la moral no se lleva bien con la razón: “Uno puede obrar de manera sumamente racional, o sea, reflexiva, prudente, consecuente, sistemática y metódicamente, y sin embargo seguir las máximas más interesadas, injustas y hasta infames.”(Parerga y paralipómena)

Y sin embargo para Schopenhauer la moral es sólo la mitad del camino en un esfuerzo por la práctica del bien común. La moral también puede corromperse. Hay un dicho, ya muy viejo, que reza: “Nadie resiste un cañonazo de cincuenta mil pesos.” El otro dicho, que complementa al anterior, es: “Ningún poderoso resiste cincuenta mil halagos”. Casi todos, dice Séneca, hasta los estoicos, acaban comprometiendo sus principios.

“Una obra racional no implica de ninguna manera honradez y altruismo”, dice Schopenhauer.

Y de la relación moral-razón: “La ética sólo se puede limitar a describir el fenómeno ético originario e intentar hallar su fundamento. Pero en modo alguno podrá prescribir  la moralidad, ni tampoco transmitirla o enseñar  a través de sistemas teóricos.”

Y, de lo que no se puede enseñar, vender, comprar o corromper: “La virtud no se enseña, no más que el genio: para ella el concepto es tan estéril como para el arte, y como este, tampoco en ellas puede utilizarse más que como instrumento. Por eso sería tan necio esperar que nuestros sistemas morales y nuestra éticas suscitaran hombres virtuosos, nobles y santos, como que nuestras estéticas crearán poetas, escultores y músicos.”


En Lecciones preliminares de filosofía, Manuel García Morente dice que las cosas, las montañas, los automóviles, no son buenas ni son malas:"Los calificativos morales no pueden predicarse de las cosas, que son indiferentes al bien y al mal.Lo único que es verdaderamente digno de ser llamado bueno o malo es el hombre."


"Una pistola es tan buena o tan mala como el hombre que la usa",dijo Alan ladd, al niño Joe, en la película Shane el desconocido.


Aquí es donde entra William James (filósofo y psicólogo estadounidense,que nos hace evocar bellos lirismos tanto de Emerson como de Thoreau) en nuestro rescate para sacarnos del derrotismo.Lo escribe en su obra La voluntad de creer.


Dice que le fe tiene una gran influencia sobre nuestras acciones: "así como nuestra fe en nuestra aptitud para saltar un arroyo nos hará más capaces de saltarlo,de igual manera si creemos que el mundo es bueno,será el mundo mejor por el simple hecho de creerlo nosotros así." (citado por Jean Wahl en Introducción a la filosofía)


Después de todo, si tengo la convicción,y soy congruente  con mis actitudes,esta vida puede ser,efectivamente, útil y bella.



SCHOPENHAUER

“Arthur Schopenhauer [Acerca de este sonido 'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?·i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”Wikipedia


J.WAHL Y LAS FAMOSAS APORÍAS


Con datos de la razón práctica es con lo que trabaja la filosofía de academia. Los artículos de fe son propios de la religión. Revolver estos campos produce mucho ruido y al final queda la confusión.

“Callejón sin salida” es la expresión, o la impresión, cuando volteamos para todos lados y vemos que no hay salida. En filosofía esto se llama aporía.

Para el lector apresurado de Internet que quiera un resumen de esta nota, sepa, en lenguaje coloquial, que la aporía en filosofía salta cuando queremos sumar jitomates con cebollas…Realidad con idealidad.

Lo habitual es que entendemos que la armonía es armonía porque hay desarmonía. Entonces todo fluye normalmente, al problema se le busca solución, hay movimiento, hay devenir, y la vida sigue en el lógico tapete de las antinomias: del invierno nos vamos a la primavera, de la comida salada al sabroso postre dulce, del llanto a la risa, de la abundancia material  a la pobreza, de la soledad a la multitud, de la hamaca en la playa al vivac en la montaña, etc.

En la aporía, en cambio, la vida parece detenerse. Y, como el escalador que ha llegado en su ruta que traza, a lo que parece inescalable,  empiezan a buscarse soluciones desesperadas. 

Es cuando se tiene la impresión que se está en la última frontera de lo razonable.

La aporía en filosofía reaparece cuando se ha hace presente la vieja cuestión de si las cosas sólo son cosas o son apariencias. Algo que vemos pero que contiene algo que no vemos.

Como la imagen  latente en la película que todavía no se ha revelado. Cualquiera ve sólo la película pero el fotógrafo sabe que ahí hay algo más que la película. Y lo que hay es lo esencial. Que la película es el vehículo en el que se manifiesta aquello.

Lo que está más a la mano es la bandera nacional de todos los pueblos. ¿Por qué se les rinde honores si en apariencia sólo son trapos, líneas y colores? Sería demencial si esto pasara y no se creyera que  ahí haya  valores esenciales.

 Este es el campus en el que, de una manera o de otra, se desarrollan todos los sistemas filosóficos, tanto los empíricos como los idealistas.

¿La vida es así, de empírica, o persigue algo de valor, no sólo  valor práctico, sino  sobre todo valor esencial, trascendental?

¿Hay un Ser que trasciende, sobre el movimiento presente, que pasa? Wahl escribe: “Fue Protágoras quien dijo que  no se debe usar nunca el término “Ser” porque todo está en cambio constante.”

Desde el viejo Protágoras, como acabamos de ver, hay filósofos que dicen que las cosas son como son y no hay porque andar buscando debajo de las piedras. De los pensadores modernos,  Nietzsche lo reafirma en su libro Aurora.
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich,1968 

Y, sin embargo, son estos mismos pensadores, escépticos, empiristas, los que dejan abierta la pregunta. Se sacuden las manos, creen dejar solucionada la cuestión, pero, al final, confiesan, no la incredulidad, sino la impotencia para encontrar la solución.

La solución sustentada en la razón práctica, no en la fe, que no cuestiona, de los creyentes.

“Locke concluyó-escribe Wahl, en su gran obra Introducción a la filosofía-que la sustancia es un “no sé qué”, no obstante creía que existe y que por detrás de las propiedades  hay algo, algo de lo cual no podemos decir nada.”

Y Eckermann, en sus Conversaciones con Goethe, consigna un pensamiento del autor de Fausto: “En la naturaleza queda siempre algo problemático, a cuya exploración no alcanzan las humanas facultades.”

Y Wahl dice de la filosofía de Schelling que: “por encima de todos los conceptos intelectuales hay un Ser, algo que no puede expresarse, pero que no obstante es la fuente de todo.”

Y del pensamiento de Jasper,  Wahl comenta, refiriéndose al tema del Ser y lo que deviene, que: “pudiéramos encontrar un oscuro fondo del que tenemos un cierto sentimiento, pero que nunca logramos apresar, salvo en momentos parciales y fugitivos, por tal modo que finalmente sucumbimos y en cierto sentido zozobramos en nuestra empresa.”

Wahl cuenta la dificultad que Kant experimentaba cuando consideraba las dos ciencias  que parecían sólidamente constituidas al final del siglo dieciocho, la geometría euclidiana, que tenía siglos de vida, y la física newtoniana: “le impresionaba la dificultad de resolver las antinomias del espacio: no se puede decir ni que el mundo tiene límites ni que no los tiene; no se puede decir ni que es infinitamente divisible, ni que es necesario detenerse en átomos o monadas.” En la realidad ni en la idealidad.

 Con el testimonio a la vista de estos pensadores, Schopenhauer no se anda por las ramas. En México hay un dicho que reza de la siguiente manera: “cada chango a su mecate” o el peligro de sumar cebollas con jitomates. Bueno, Schopenhauer  dice lo mismo pero de esta manera:

“En la religión cristiana la existencia de Dios es cosa decidida y por encima de toda investigación. Y así debe ser: pues pertenece a ella y se funda en la revelación. Por eso considero un desacierto de los racionalistas que en sus dogmáticas hayan intentado demostrar la existencia de Dios de otra forma que por las Escrituras. No saben, en su inocencia, cuan peligroso es este juego. La filosofía, en cambio, es una ciencia y en cuanto tal carece de artículos de fe: en consecuencia nada puede admitirse en ella como existente más que lo dado directamente por experiencia o lo demostrado con razonamientos indubitables.”(Parerga y Paralipómena)
 
J.WAHL
Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”Wlipedia



PAUL AUSTER, CREÍ QUE MI PADRE ERA DIOS


En la sección Muerte, del libro de Auster, Creí que mi padre era Dios, hay testimonios de gentes que ha vivido experiencias metafísicas, igual si son de Indoamérica que si tienen raíces en pueblos europeos, ahora ya como ciudadanos estadounidenses.

En México eso es común. Ya se lleve una vida rural o en la ciudad industrial. Los semáforos de las esquinas, los olores a gasolina que llenan las calles, la presencia de los partidos de izquierda, el lampedusismo de la política profesional, así como  los programas de televisión, los 80 millones de teléfonos celulares de la población en México o los cristianismos liberales, nada impide que la magia se haga presente.

Un dato reciente es que, pese al ultra racismo que históricamente los mexicanos  han llevado aquí, en la ciudad de México,  contra todo lo indígena mexica, convergen, diariamente, 400 mil mexicanos que hablan 57 lenguas étnicas, ya de fijo o de manera transitoria, viven, estudian, comercian o trabajan en este lugar.

Representantes de estas etnias se reunieron recientemente, (2015), en el “Zócalo” de la ciudad de México para conmemorar el 690 aniversario de la fundación de México-Tenochtitlán, que tuvo lugar  en el año 2 calli, así como recordar el nombre de Quinatzin, su tlatoani (o rey) en esa fecha.

Si estos mexicanos emigran para otros rumbos del planeta, la magia los acompaña. Como en el caso que se relata en el libro de Auster.
Necesario hacer distinción, o la abstracción, que la experiencia metafísica se da, en especial, en los mexicanos de México, es decir, en los de ancestros étnicos.

En los mexicanos, descendientes de padres extranjeros, no tienen lugar estas experiencias debidas  principalmente, no a la probable formación laica, sino a que, como es natural, las ideas de sus padres corresponden a otros mitos: Walhalla, cristianismo, Islam, Palestina, India, Japón, China, etc.

Diferentes en la forma pero no en lo esencial. Precisamente en su Fausto, esa obra bella tan rebosante de realidades  e irrealidades, Goethe dejó anotado: “en la naturaleza queda siempre algo de problemático, a cuya exploración no alcanzan las humanas facultades.” (Eckermann, Conversaciones con Goethe)

En Alemania, por ejemplo, hay una conmemoración anual para evocar a la leyenda de  Fausto, relatada, entre otros, por Goethe, y a la que algunos asisten vestidos de tal manera que recuerdan a las criaturas del Walpurgis.

La magia tiene lugar en Indoamérica a lo largo de todo el continente americano,  ahora multirracial  y multicultural , desde Alaska a la Tierra del Fuego. Con sus modos regionales de interpretar los rituales.

No es el pensamiento pre-lógico de los antropólogos, es la cosa en sí de los filósofos, independiente de le experiencia fenoménica.

Nosotros conocemos de primera mano la práctica del chamanismo  que se da en los pueblos subyacentes de las altas montañas nevadas del Estado de México, como son el Popocatepetl, la Iztaccihuatl y el Nevado de Toluca. En sus cuevas de elevadas cotas o en lo profundo de sus lejanas cañadas. Seguramente también en el Pico de Orizaba (originalmente: Poyahutecatl, Citlaltepetl),  entre Puebla y Veracruz, la montaña más elevada del país (5,700 m.s.n.m.), aunque aquí no nos consta de manera directa.

Antes de hacer mención al relato consignado en el libro de Auster, referimos dos asuntos de la vida cotidiana de los mexicanos para que se tenga la idea que en México la magia es tan común como comer tortillas, en Perú comer papas, en Argentina churrascos o en Estados Unidos  hot dog.

Un amigo nuestro, que llamaremos Juan, se encontraba solo en su casa. Era día domingo y la familia estaba en el Instituto de Enfermedades de las Vías Respiratorias, como se le llama ahora al Hospital donde se atiende a los enfermos principalmente de los pulmones, como tuberculosis. Se localiza en la calzada Tlalpan, en el suroeste del Valle de México.

Del Hospital López Mateos, del ISSSTE, habían pasado a Mario, hermano de Juan, para este lugar, como se hace con algunos que han llegado a la fase terminal de la diabetes, tal era el caso de Mario.

Juan escuchó en la sala desierta, de manera fuerte y profunda, la voz de Mario que lo llamaba por su nombre. Juan se fijó en el  reloj de la sala. Eran las doce del día en punto. Por la tarde se reunió con la familia en el Instituto y le comunicaron que Mario había fallecido. Murió a las doce…

Varias semanas después de haber puesto esta  nota en mi blog, del trabajo de Paul Auster, encontré un caso idéntico en el primer  libro de  Parerga y Paralipómena, de Schopenhauer (Editorial Trotta,2009,Pág.298 que, hablando de los sueños, Schopenhauer  se refiere a un trabajo de Cicerón:
 
"Según relata  Baronius, tras un largo debate sobre la inmortalidad del alma entre Ficino y su amigo, Michael Mercatus, ambos acordaron que el primero en morir se le aparecería al otro. Poco después, una maña en que Mercatus se hallaba en su habitación estudiando, oyó el ruido de un caballo que galopaba en la calle y paró en su puerta: entonces oyó la voz de Ficino, diciendo: "Oh, Michael, aquellas cosas eran verdad". Se volvió hacia la ventana y vio a su amigo a caballo. Inmediatamente envió a Florencia a  alguien a preguntar por la salud de su amigo, y supo que había muerto a la misma hora en que se le apareció."
El otro caso lo vivimos más directamente. En el gran atrio que da acceso al templo de la Virgen de San Juan de los Lagos, población del Estado de Jalisco, México,encontramos y saludamos a la señora Felipa X. Estaba barriendo el lado poniente del lugar, en compañía de otras diez personas que a su vez barrían las otras áreas del atrio. Son tareas de servicio que la gente suele hacer voluntariamente para el templo, y no nos extrañó.

Tres semanas después, de esta ocasión, encontramos en Torreón Coahuila a dos de sus hijas de la señora Felipa. Les contamos el encuentro con su madre. Nos dijeron que su mamá había fallecido siete meses antes.

Pero no le dieron mayor importancia al suceso. Sólo dijeron: “Ah, de seguro que fue a pagar alguna manda a la Virgen de San Juan que no cumplió durante la vida”. Enseguida pasaron a preguntarnos cosas baladís como que si habíamos comido la birria tan sabrosa que se hace en esa población, o que si en Guadalajara habíamos ido a escuchar a los mariachis…

Una conseja popular asegura que, de la gente que se ve visitar el templo de San Juan de los lagos, sólo la mitad son de este mundo…
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich, 1968

El caso que Auster incluye en Creí que mi padre era Dios, se titula El fantasma, le fue enviado por G. A. González, de Salt Lake City, Utah, Estados Unidos.

 Habla de una familia mexicana establecida desde hace ya varias generaciones en Estados Unidos. La muchacha que relata entró una tarde a su recamara y vio a un hombre joven vestido de charro  mexicano.

Confiesa que sabía que era su imaginación pero no por eso se le presentaba menos real. Eran la cinco.  La muchacha tenía una abuela que si bien llevaba ya cuarenta años viviendo en Estados Unidos, culturalmente seguía siendo mexicana. Esta abuela  le contaba a la nieta que muchos de sus familiares, mientras vivió en México, ya habían muerto. No obstante, la visitaban con frecuencia...

La muchacha no podía explicarse como ella, una joven norteamericana normal, pudo llegar a aceptar tan fácilmente la idea de una persona virtual,intangible, como era el individuo vestido de charro al que seguía encontrándose en su recámara.

Finalmente logró dominarse, penetró a su recamara, encendió la luz y ¡nada! La figura  había desaparecido. A la mañana siguiente, durante el desayuno, la madre le comunicó que José, un muchacho que la hija conoció algún tiempo atrás, había muerto el día anterior, a las cinco de la tarde.

En México, en el México precristiano, y en el México industrial de la actualidad, en las etnias la muerte  es tan real que hasta el día presente no hay quien pueda decir que la puede evitar.

 Debido a eso se le considera una deidad que recibe el nombre de Mictlantecutli, Señor del Mictlán o cielo de la oscuridad. Pero no infierno al estilo cristiano, pues es un cielo, del que, después de un recorrido, al estilo espeleológico, se emergerá al Tlalocan,  paraíso mexica de la eterna primavera.

Los días 1 y 2 de noviembre todo el país se vuelve una fiesta de la muerte (nada tiene que ver con el actual culto a la “santa muerte”).Los panteones son puntos de reunión de las familias y esos campus-santos se convierten en verdaderos Pic nic. Se instalan puestos de comida y pululan los conjuntos musicales que cantan,a petición de los familiares, las canciones que en vida le gustaban  al ahora fallecido.

Y no pocos contratos colectivos de trabajo, de los sindicatos, en las fábricas, tienen una cláusula, por usos y costumbres, que los dos primeros días de noviembre no se laboran.














CON SÉNECA ENTRE LA GENTE


Convivir con la gente, y retirarse  de la gente, es la manera en que Séneca propone ( y que él practicaba) para poder guardar un equilibrio de ánimo (Tratados filosóficos).

Mucha convivencia pudre al individuo, cero convivencia lo vuelve loco.

Su sociedad romana de hace veinte siglos la vemos desde nuestro tiempo como un mundo casi idílico, rural, natural. Había pocos millones de humanos que habitaban el planeta, todavía no se encontraba el uso masivo del petróleo ni la producción en serie de aves de corral, con su crecimiento anormalmente acelerado, a base de hormonas.

Pocas ciudades, poca gente, modos de comunicarse cara a cara, diversiones comunitarias, alternadas con acontecimientos  culturales. Al estilo del irreverente, casi iconoclasta,  Aristofanes.

Siglos antes entre los griegos Aristofanes escribía sus obras de teatro para divertir a la gente. Pero a condición de “bajar “ las ideas de los grandes pensadores, contemporáneos suyos, como Sócrates.

Decía, entre el populacho que estallaba en risas, para hacerles comprender el fenómeno del tiempo, que una mariposa se paraba en la calva de Sócrates y después volaba para posarse en una de sus peludas orejas.

De platón Aristofanes se pitorreaba con sus ideas de socializarlo todo. ¿Todo? preguntaba Aristofanes en el teatro, en medio de carcajadas de los asistentes. La convivencia sexual  va a ser libre y comunitaria. Nadie paga y  todas contra todos. Otro personaje apuntaba  que las mujeres van a preferir a los hombres guapos y bien formados, y no nos van a hacer caso a los chaparros y panzones. Y otra vez las carcajadas.

Con esa maneras tan ligera y audaz  que tenía Aristofanes en sus comedias, ya quedaba la consideración de temas como el tiempo, el espacio, de la propiedad privada, etc. a costa de Platón.

Con excepciones, en el siglo veintiuno, el teatro se ha politizado, no “filosofado”, “es la voz de los que callan”. Los otros medios de diversión, como el cine, está “crimninalizado”,”hamponizado” en sus argumentos.

 A muy pocos humanos les llama la atención la antinomia realidad-idealidad. No interesa investigar que las cosas no son tan lineales como parecen. Que tienen su otro punto de vista, por mejor decir, se referencia. Decimos que hay frío porque estábamos en el calor y viceversa. Que había pocos porque ahora somos muchos.

Diógenes Laercio apunta que el primero que dijo estas cosas fue Protágoras: “Fue el primero que dijo que en todas las cosas hay dos razones contrarias entre sí.” (Vida de los filósofos más ilustres)

 Como el ejemplo  arrastra vivimos, con negligencia, no con sencillez. “Conviene poner límite-dice Séneca-.habiendo mucha diferencia del vivir con sencillez al vivir con negligencia.”

Con negligencia respecto a los valores de las cosas. Con frecuencia nos quedamos en las cosas. Si seguimos la ruta de esa depreciación, encontramos que las mujeres son cosas, no son mujeres. Y como el victimario no escapa al proceso de depreciación, los que así actúan han dejado de ser hombres, si alguna vez lo fueron, para también convertirse en cosas. O ya nacieron cosas y de ahí no pasaron.

Todo esto hace remolino lleno de valores pero en el que abundan los no valores. O, para decirlo de otra manera, los valores empíricos de sobrevivencia, como en la selva.

De una o de otra manera  todo esto daña a la mente, como las heces de perro, al secarse, y vuelan en el aire, lo  envuelven todo, altos o chaparros, pobres o ricos, niños, viejos.

Las heces tienen una manera de medirse, que es por las partículas que flotan en el aire. El daño mental también se mide, y es la existencia de clínicas, hospitales y casa de retiro para la salud mental. Estos hospitales no son un invento, son unas necesidad.Es cuando Séneca recomienda:
DIBUJO TOMADO DE LA OBRA LA PSIQUIATRÍA EN LA VIDA DIARIA, DE FRITZ REDLICH,1968

“Conviene mucho retirarnos en nosotros mismos, porque la conversación que se tiene con los que no son nuestros semejantes descompone todo lo bien puesto, y renueva los afectos y las llagas de todo aquello que en el ánimo está flaco y mal curado.”

Pero como es sumamente fácil confundir el retiro con la huida, la soledad terapéutica con la soledad patológica, es por lo que Séneca se apresura a agregar:

“Pero también conviene mezclar y alternar la soledad y la comunicación.”
 
SÉNECA
“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C.65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”




































JARDIEL PONCELA Y EL REGRESO DE DIOS A LA TIERRA


Dios anunció un día que regresaría en breve a la Tierra y llegaría a una  plaza de toros de España, escribió Enrique Jardiel Poncela en una de sus novelas.

Uno de los personajes de la novela fue el primero que dudó que eso fuera posible. “Con lo mal que le fue cuando estuvo físicamente entre nosotros. Que permanezca en sustancia, pero que ni se le ocurra en fenómeno. Ahora ya no hay cruz pero sí  otros modos más sofisticados como la industria cultural que propaga un eclecticismo disolvente e impide la solidaridad, los imperativos del marketing que aleja a los humanos de los centro de oración, y las sectas culturales llevando agua para su particular molino.

 Parece que Kant, con su poder de discernimiento, se anticipó al novelista y se hizo varios cuestionamientos a este respecto, con varios siglos. Dejando asentado desde entonces que el asunto podría estar lleno  de legítima especulación, de trascendental intuición,  así como de sectaria manipulación.

¿Sería posible que Dios, de sustancia, se convirtiera en fenómeno? Ya lo había dejado establecido dese entonces pero,¿ sería lo mismo ahora?

En la mente limitada del humano no cabe que la sustancia se vuelva como nosotros.Pero son limitaciones muy propias de nosotros, no de la sustancia.

Confiaba que quien poseyera disposición la iba a aplicar según sus aptitudes y sus luces. Y en especial los que formularan preguntas trascendentales encontrarían respuestas trascendentales.

No podemos dar más de lo que tenemos, ni en monedas ni en intelecto ni en lo espiritual, como no podemos cambiar la forma de nuestras orejas.

Kant considera que, para que la esencia pase a formar parte de nuestro mundo, tendrá que hacerse  de nuestra condición empírica, sólo  así podremos visualizar a esa esencia. Lo demás es pura fantasía.

Además, sería susceptible de reír y sufrir, como todos: “Para que la ley de la causalidad válida en la experiencia, pueda conducir al ente primero, será preciso que este ente forme arte de la cadena de objetos de la experiencia; pero entonces sería en sí mismo, a la vez condicionado, como todos los fenómenos.” (Crítica de la razón pura)

¿Qué forma tendrá esa esencia? No podemos imaginar más allá de lo que conocemos, entonces la esencia será antropomorfa. Kant:

"Estamos, pues, autorizados no solamente para concebir la causa del mundo según un antropomorfismo más sutil,quiero decir, como un ser dotado de entendimiento, capaz  de placer y de dolor,y,consecuentemente,de deseos y de voluntad,sino también atribuirle una perfección infinita,que sobrepasa a la que podamos ser conducidos por el conocimiento empírico del orden del mundo." (Apéndice, Tercer Capítulo).

 “La existencia de un ente  debe corresponder a la simple  idea que tenemos y a la cual ninguna experiencia puede ser adecuada.”

Si quiere venir a la plaza de toros debe dejar de hablar desde el otro lado de la nube y ser uno de nosotros, como lo hizo la primera vez, hace dos milenios.

Al mostrarse la esencia, en toda su beatitud, puede estar comprometiéndose nuestra libertad de decisión,  por ser simplemente  arrastrados por esa inefable belleza. Kant dice que la cosa en sí  siempre nos deja un ideal para que ejercitemos nuestra razón pero, no cualquier  ideal: 

 “El  Ser supremo deja, pues, para el uso simplemente especulativo de la razón, un simple idea, pero un ideal sin defectos.”

Todos conocemos el desenlace de ese regreso de Dios a la Tierra, en la novela de Jardiel Poncela.

Después de un apoteótico recibimiento en la  plaza de toros, y una serie de acontecimientos, Dios decide que debe volver al cielo. 

Cuando su primera presencia en la tierra sólo había dos antagonismos. Ahora hay como mil.

Su despedida fue “desangelada”. Parece que se refería con esta expresión a que ni siquiera los ángeles acudieron. Pocos, de los ex ángeles, ahora pintados de negro, estuvieron, a la distancia, observando los acontecimientos.Criticando desde la prensa y la televisión.¡No había telefonía celular y de esa sí que se salvo!

Cuando estuvo aquí, la vez anterior, dejó bien establecido que Él era la causa de lo finito, de la naturaleza y de la humanidad. 

Muchos le creyeron. De ser un puñado inicial de seguidores ahora confiaban en Él algo así como la sexta parte de los habitantes del planeta, mil millones de individuos. Una coherencia jamás lograda en la historia.

Si debido a "factores ambientales" volviera a ser otra vez un puñado, tampoco importaría. Los números, como el espacio y el tiempo,son valores de la realidad, no de la idealidad. Los primeros de la fenomenología y los segundos del bien estar vital.

 El resto, las otras cinco partes del planeta, andaba desperdigado entre modos de filosofía, los más diversos escepticismos o   navegando entre  incredulidades. O navegando en Internet, ajeno a todo.

Como sea, este día todos andaban ocupados. Dios estaba sobre el tiempo y el espacio, pero ellos necesitaban checar tarjeta para que no les descontaran el día de salario en la fábrica. O asistir a la marcha del sindicato para acumular puntos en la bolsa de trabajo.

Sólo acudieron a despedirlo unos cuantos tipos por demás estrafalarios. Y como ya para entonces Dios  había dejado de ser noticia, los medios sólo escribieron tres palabras: “Dios se va”.

 Y eso el editor del periódico permitió su publicación debajo de un comercial enorme, a media plana, que anunciaba una eficacísima  pomada para curar los callos…
JARDIEL

Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 15 de octubre de 1901-ibídem, 18 de febrero de 1952) fue un escritor y dramaturgo español. Su obra, relacionada con el teatro del absurdo, se alejó del humor tradicional acercándose a otro más intelectual, inverosímil e ilógico, rompiendo así con el naturalismo tradicional imperante en el teatro español de la época. Esto le supuso ser atacado por una gran parte de la crítica de su tiempo, ya que su humor hería los sentimientos más sensibles y abría un abanico de posibilidades cómicas que no siempre eran bien entendidas.








Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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