SAHAGÚN, LA MÁS GRANDE HISTORIA DEL MEXICO PRECRISTIANO


 

Materia y sustancia es lo que nos dice la extensa obra de Fray Bernardino de Sahagún, cuando escribe de las cosas del México precristiano.

Lo primero se transformó, por esos giros de mestizaje que da la historia, pero lo segundo, como cosa fuera del tiempo, sigue siendo como siempre fue.

El mestizo vive en lo factico, el espíritu permanece. Puede éste incrementar su información. Como hacen las mónadas de Leibniz, pero su filosofía es perenne en desarrollo, no una cuestión estática.

La obra de Sahagún, la más grande  de todas las historias del México indio (sin dejar de mencionar que hay otras de mucha calidad histórica, como la de Fray Diego Duran, dominico, por ejemplo, contemporáneo  de Sahagún en México) se encuentra entre las tres más grandes construcciones históricas que han escrito hombres en todos los siglos en el mundo. Y lejos del lirismo, con rigor en la consignación de los datos, que puede contarse dentro del método científico de investigación-comprobación.

Imagine el lector que Homero, a su poema de la guerra de los griegos contra Troya, como lo conocemos, hubiera escrito once libros más contando las costumbres, hasta sus mínimos detalles, de los habitantes de Ilión, fiestas, calendarios, creencias y todo el universo real con sus valores de civilización de los troyanos. Eso hizo Sahagún en México.

Esta labor, sólo comparable con la Paideia de W Jaeger, para la cultura griega, la llevó a cabo Sahagún durante sesenta años. Se considera que empezó a tomar notas en 1540, pero ya desde su llegada a México, en 1529, su espíritu fue impregnándose de la vida de los indios y esta impresión, todavía imprecisa, llegaría a culminar hasta 1547, en que terminó de escribir su obra, en lengua mexicana, y luego su versión en castellano en 1569.

Antítesis por completo, de los españoles que en ese tiempo seguían destruyendo en México pirámides y poblaciones indígenas. Sahagún se afanaba, con todas sus fuerzas, por reconstruir en el papel ahora que todo estaba todavía fresco y original.

 De pronto, de un año para el otro, la cultura desarrollada en Mesoamérica, través de milenios, fue destruida por parecer obra de salvajes. Pero no todos los españoles eran iguales. Sahagún pensaba que estaba frente principios universales, valores pragmáticos y valores esenciales, sólo que eran maneras distintas de representarlas. Sahagún debió haber pensado como dice Descartes en los umbrales para descubrir su Método: “En mis viajes observé que gentes que piensan y sienten de modo distinto al nuestro, nada tienen de salvajes. “De no haber pensado así Sahagún no hubiera empelado sesenta años de su vida en la tarea de rescatar maneras de pensar y de actuar del México precristiano.

Tartamudo y bello de rostro,  empezó a investigar y a escribir cuando contaba 29 años de edad (se llamaba “en el mundo” Bernardino de Ribera). Se le dificultaba hablar en público y como podía, por su presencia física, ser perturbado por las mujeres, sus superiores casi lo escondieron en el rincón más apartado del convento.

 Primero estuvo en Tlalmanalco, en la ladera suroeste de la montaña Iztaccihuatl. Luego en Tepepulco, región tezcocana, siguió Santa Cruz de Tlatelolco y San Francisco el Grande, de México- Tenochtitlán.


SAHAGÚN
Buscó la manera que, en cada sitio que vivía, le fueran presentados los indios sabios conocedores de las cosas del México precristiano que habían sobrevivido a la  guerra de la conquista.

Les preguntaba cosas y maneras del modo anterior a la guerra y ellos le contestaban. Luego preguntaba las mismas cosas a otros indios sabios de Tlatelolco, sin ninguna relación con los de Tepepulco, y así en otros lugares lejanos.

Hasta que los relatos coincidían los daba por buenos. Como ahora se hace con los trabajos académicos que se comunican a otros investigadores de otros países de la misma especialidad.

Sahagún procedía a escribirlos o dictarlos. Contaba con dos grupos y uno era el de informantes indios culturales y el otro de amanuenses. Aprendió el náhuatl y les enseñó el castellano. Los nombres de dioses, personas y lugares son, en su obra, como son, lejos del galimatías que con ellos hacen tanto Hernán Cortés como Bernal Díaz del Castillo.

Su celo cristiano presenta a un México espiritual, culto, bárbaro y habitado por el demonio. Los dioses mexicanos  pasaron a la categoría de diabolización para dar paso a la cruz.

Recibió la orden de sus superiores para que escribiera de las cosas pasadas de los indios. Su obra cumplió  el encargo de tal manera que Sahagún es la fuente por entero confiable para conocer al México precristiano. Sin Sahagún los mexicanos que  quieren conocer sus raíces no dispondrían de información tan completa.

Durán dice mucho de lo que dice Sahagún pero no por plagio literario, como sí era la costumbre en esas épocas, aun entre cronistas e historiadores religiosos. Lo dice porque sus informantes de Durán, otros informantes,  decían las mismas cosas. Lo que es todavía otro testimonio de verdad en lo que se lee en  los dos religiosos.

 Y aun Durán dice cosas que le faltaron a Sahagún, como lo relacionado con el  monte Teocuicani, ladera sur del Popocatépetl, adoratorio por excelencia de Tezcatlipoca. Pero aun así Sahagún es primordial.

Murió Sahagún a los 90 años de edad y no pudo ver publicada su obra. Era muy temprano y la jerarquía católica consideraba que podía estorbar el proceso de evangelización y relanzar el potencial de lucha que quedaba en el pueblo para ir al rescate de su cultura y sus dioses.

Sus  manuscritos, y sus dibujos que ilustraban la obra, estuvieron perdidos por doscientos años en algún convento de España.

HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA
Fue hasta 1829 que, gracias a Carlos  María de Bustamante, apareció por primera vez publicada en México. La Editorial Porrúa llevó acabo su primera edición en 1956 a la que han sucedido otras once ediciones. La de 2013, en la Colección Sepan Cuantos…(número 300) como una especie de homenaje a Sahagún, en el sentido que su obra fuera conocida, por todos, la editorial la ofrece con un precio de venta accesible hasta para el bolsillo más precarista.

Murió Sahagún en México en 1590.Su cuerpo fue sepultado en el convento de San Francisco el Grande de México-Tenochtitlan (ahora calle Madero, primer cuadro de la Ciudad de México). Cuando tiempo después los frailes fueron exclaustrados, su cadáver se perdió y se cree que sus huesos hayan quedado en el subsuelo de ese lugar.

El padre Ángel Ma. Garibay K. escribió de él, en el Proemio General que hizo a  una de las ediciones de la obra de Sahagún: “

“Sencillo de corazón y de alma infantil, tuvo las dotes del genio  y la amable paz del santo que vive entre los humildes y los sabe amar.”

 

SAHAGÚN
 

 

Bernardino de Sahagún (Sahagún, España, ca. 1499 - México, 5 de febrero de 1590)1 fue un misionero franciscano, autor de varias obras en náhuatl y en castellano, consideradas hoy entre los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo antes de la llegada de los españoles. De entre sus escritos descuella la Historia general de las cosas de la Nueva España, verdadero monumento etnográfico, compuesto de doce libros, que apenas tiene precedentes comparables en ninguna lengua. Sahagún fue, a juicio de Jerónimo de Mendieta, el más experto de todos en la lengua náhuatl.2

 

“SOLIDARIDAD” ENTRE ESCRITORES


 

¿Quién vende más? ¿Será alguien más famoso que yo  después que haya muerto?

Son las dos preguntas que se hacen algunos novelistas en los países donde escribir es una profesión. En los que se vive de escribir.

Una cosa lleva a la otra. Hay países en los que el promedio de lectura por individuo son quince libros de cultura al año, o más. La industria del libro florece y hay que echar mano de todo, como sucede en cualquier línea del mercado. Hay demanda y abunda la oferta.

En el mercado cuando los jitomates están en su punto tiene un precio. Se les pasa el tiempo y se busca la manera de que la gente los compre, a como haya lugar, antes de echarlos a la basura.

En Estados Unidos, del primer tercio del siglo veinte, se temía que las altas ventas de ejemplares de Adiós a la  armas de E. Hemingway descendieran  debido a una baja en la economía del país. Además en las librerías había otras novelas con el tema de la guerra, de otros autores, también de mucha aceptación.

FITZGERALD
Los editores pidieron a Hemingway algunas frases para presentar su novela no como de guerra y amor, sino de amor y guerra. Hemingway detestaba ese recurso, sin embargo, su editor le escribió: “Tú vendes primero a los intelectuales. Luego tienes que machacar, machacar, machacar, con lo que sea, para venderlo a los demás.”

La situación se complica  porque hay otros novelistas en ese momento y otros que inmediatamente llegarán  escribiendo de la primera y segunda guerras mundiales, también de mucho impacto, como Norman Mailer con Los desnudos y los muertos, Faulkner con La paga de los soldados, Jan Valtín con La noche quedó atrás, etc.

Los escritores van de editorial en editorial, hasta cuarenta editoriales, enseñando su manuscrito buscando interesar al dueño de la imprenta para su publicación. Cada vez su estado de ánimo se encuentra por los suelos, valen menos que una cucaracha.

Entre tanto es necesario trabajar, en lo que sea, antes de lograr ser famoso. Aquí algunos de los empleos de novelistas conocidos:

 Kurt Vonnegut  se dedicó a vender coches. Henry Miller fue jefe de personal en la Western Union Telegraph Company, la compañía de teléfonos y telégrafos. James Joyce trabajaba tocando el piano y cantando.  Hilary Mantel era trabajadora social en un geriátrico. William Faulkner fue  cartero en la universidad en la que estudiaba. Harper Lee trabajaba para una aerolínea cogiendo reservas de billetes.  Margaret Atwood trabajó en una cafetería. Servía café y se encargaba de la máquina registradora.

Pero   ya famosos, y sus novelas se venden por muchos miles de ejemplares,  el editor es el que busca al novelista, empieza otro proceso mental en el escritor. Ya no es quién vende más sino ¿quién es más famoso? Más aun, ¿Quién seguirá más famoso después de su muerte física?

Los filósofos no se quedan ajenos   a esta competencia. Schopenhauer se anticipaba y decía: “Yo escribo para la generación de sus nietos”. Sabía lo que decía. Se había pasado treinta años ¡una generación!, con su manuscrito bajo el sobaco tratando que alguien se interesara en publicar su obra. Siempre era rechazado. Se trataba de El mundo como voluntad y representación. Era su obra fundamental de la que después se publicarían, y hasta la fecha, millones de ejemplares.

En los países en los que el promedio de lectura, por cabeza, es de dos libros al año, o menos, la cosa cambia. Pocos leen muchísimo, muchos leen poco y el noventa por ciento de la población ve televisión. Aquí nadie vive de escribir poemas ni novelas. Tiene que ganarse la vida como mecánico, comerciante, burócrata, dar clases en alguna escuela, biólogo o líder sindical. Pero, a diferencia de allá, aquí la demanda no va a ser suficiente como para vivir de ello.

O pertenecer a una familia de tal posición económica que no le importaría vender cinco o seis ejemplares de su novela en un lustro. O, como hizo Nietzsche, con su primera obra, costear él mismo la publicación.

No es que en estos países sean menos buenos para escribir que aquellos, es sólo que no hay demanda suficiente para vivir de ello. Es un problema estructural, institucional, a nivel nacional. Las artes florecen cuando la economía es sana en ese país…De otra manera el cerebro está al servicio del estómago.

¿Qué hace el del puesto de jitomates sino hay compradores de jitomates?

Una ocasión coincidimos en la librería Porrúa, la de República Argentina 15, Ciudad de México, el doctor X y yo para ver cómo iba la venta de nuestros respectivos libros, que Porrúa distribuía.

Mi libro era del tema de alpinismo y el de él un trabajo académico. De esos que se llevan treinta años de investigación a nivel universitario. De hecho toda la vida del científico. A la sazón, el doctor X era la máxima autoridad en murciélagos del país. No había en ese tiempo una obra de más valor  académico que la suya.

No obstante, la venta de sus ejemplares, en ese momento, no era como para echar las campanas al vuelo. El comentario que me hizo soslayaba el aspecto económico y dijo algo así como: “Hay que escribir y publicar con espíritu de información académica para nuestro pueblo.”

En los países de dos libros de cultura  leídos por año vale la expresión: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Se busca la publicación a  costa del erario público. El novelista va con su amigo el diputado, el diputado con su amigo de la televisora para la entrevista. Es el proceso invertido. Primero la fama y con ello se busca propiciar la venta de la novela.

 Por eso, en muchos casos, la portada del libro lleva el nombre del autor en 78 puntos y el título del mismo en 12...

Desde hace veinticinco siglos que el oráculo de Delfos dijo que Sócrates era el hombre más sabio de la tierra, después Sócrates dijo quién era el segundo, así hasta llegar a cinco. Cerraron la lista de “los mejores” y Aristófanes ya no pudo entrar al Olimpo de los intelectuales. Después, como pasó con Schopenhauer, sus obras se vendieron por millones de ejemplares.

En entrevistas, publicadas, a escritores famosos norteamericanos, les preguntan a los entrevistados qué opina del otro novelista, también famoso. “Escribe basura”, dicen, o “Escribe como secretaria.” Etc. O como Hemingway, más sutil, apenas en ascenso literario, decía de Fitzgerald, ya tempranamente famoso por su novela El gran Gatsby, que tenía mucho potencial y ojalá algún día lograra madurar como escritor…

Hemingway contra Fitzgerald, Bunny Wilson contra Fitzgerald, Hemingway contra Faulkner…Abundantes referencias se encuentran de tal anti solidaridad en el libro de Scott Donaldson Hemingway contra Fitzgerald:

 “La dureza de las críticas que Wilson  habitualmente escribía contra cualquiera, en el caso de Fitzgerald  se exacerba debido al recuerdo que de él tenía en tanto un estudiante universitario algo alocado y pretenciosamente ambicioso. Wilson no era capaz de borrar ese recuerdo  de su mente y reconocer que Fitzgerald había escrito cosas de verdad importantes.”

Donaldson cita a Lingemand que dice: “Los amigos literarios van andando sobre cascaras de huevo, porque los demonios de los celos, la envidia y la competitividad merodean constantemente una veces en la sombra, pero otras abiertamente.”

W. FAULKNER
A todo esto hay que agregar las discrepancias ideológicas, muy naturales, en los sistemas democráticos, donde se puede expresar libremente las ideas.

En el caso de los novelistas,  norteamericanos,   de mediados del siglo pasado, escribe Donaldson: “La batalla comenzó en la primavera de 1947, cuando Faulkner  confeccionó una clasificación informal de los escritores norteamericanos contemporáneos durante una conferencia  en la universidad de Mississippi. Los mejores, dijo, eran Wolfe, Dos Passos, Caldwell, Hemingway y él mismo…Colocó al final de la lista a Hemingway…”

El pleito que siguió es largo de contar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EPICTETO, METÁFORA DEL ZAPATO


 

Grande o chico el zapato, con respecto del tamaño del pie, y ese individuo sufrirá y además se verá ridículo.

No todos somos sabios  como Teseo que conocía sus debilidades y con antelación ordenaba que lo amarraran al poste. Teseo podía vencer a los gigantes de un solo ojo, pero él no podía con su mismo, conmimismo.

Epicteto es, de alguna manera,  la versión antigua de la historia de Bill W.

Epicteto, en la cultura mercantilista del siglo veintiuno, pasaría como indigente. Ya en su tiempo se le consideraba tan pobre que, se dice, tenía una casita que nunca cerraba la puerta porque en su interior no había cosa alguna que pudiera llamar la atención de los ladrones.

Estas últimas ocho palabra son más vigentes en el siglo veintiuno que hace veinticinco siglos.

Epicteto es pobre porque es filósofo, no es filósofo por pobre. Fue esclavo, su amo vio en él potencial para la filosofía y lo envió a estudiar. Con el tiempo obtuvo su libertad y hacia el año 80 enseñaba en Roma el estoicismo.

Predicaba que no está en nuestras manos el ser ricos pero sí  ser felices. “Por qué buscas fuera  lo que está dentro de ti”.

En toda su obra siente prevención contra la riqueza porque, dice, pocas veces ésta se lleva bien con la virtud. Empero, Epicteto no es proclive al liderazgo del resentimiento. Su pensamiento no es protestar por protestar. Sabe que no sólo algunos ricos, sino también  algunos filósofos, tampoco pasarían por el ojo de una aguja…

 Epicteto no es escéptico a ultranza. Cree que las monedas de oro  puedan llevarse bien con la riqueza espiritual. Como en arquitectura, todo depende del  punto de fuga que persiga la perspectiva.  El dinero es noble cuando tiene una función social.

Si Mateo, el odiado recaudar de impuestos, pudo seguir a Jesús, “cualquiera” puede hacerlo. Mateo caminaba  por el mundo con zapatos que no eran de su medida, hasta que encontró los suyos…

La cruel  metáfora del zapato
Como filósofo sabe que si hay perversos es que también hay virtuosos. No puede haber el concepto de frío sino hay el de calor.

Epicteto tiene en toda su obra  el tono de un pontificador porque verdaderamente conoce la vida y el paño de que estamos hechos los humanos. Como lo tiene el maestro que  habla a sus alumnos de matemáticas.

Prevenía contra los malos aunque se les viera nadando  en oro. Su símil era si se podía acercar la mano a   una víbora por el hecho de verla en una caja de oro.

Preguntaba a  un amigo suyo, rico, de qué sirven tantos vasos de oro y plata “¿si todos tus pensamientos, deseos, inclinaciones y actos evidencian el barro de que estas hecho?”

En otra ocasión se dirige a alguien de la clase pudiente diciéndole  que se está perdiendo en la molicie y no aprovecha la ventaja que le da su situación económica:

“Nadie mejor que tú puede procurarse más libros, maestros y el tiempo necesario para estudiar. Empieza, pues, y cede a tú razón parte del tiempo que te sobra y desperdicias. Escoge; y sigue entregándote a las cosas puramente exteriores es indudable que llegarás a poseer muebles más preciosos y más raros que otros; pero tu pobre inteligencia así abandonada, no pasará de ser un mueble más; pero inútil, torpe y feo.”

Epicteto recuerda que los héroes se distinguieron en su lucha con los poderosos enemigos. Pero que hay un enemigo más grande que todos y es uno mismo. Cualquiera puede darse cuenta de la tremenda realidad de lo anterior cuando nos proponemos “rebajar” o “perder” los diez kilos que, dice la báscula, nos sobran. Tres meses más tarde no hemos logrado, de manera definitiva, rebajar un solo gramo.

O de las batallas perdidas cuando se es un fumador, bebedor habitual, paranoico o depresivo. Es comprobar la insuficiencia de la voluntad antropocéntrica.

 La razón sabe cómo solucionar el problema. Pero él ha perdido la llave que eche andar el mecanismo de la razón. No es que la razón no sirva, es él que no sirve a la razón.

Todo consejo para "hallar el camino de la vida" es en aquella otra cumbre.
Diario El País, España, 26/Sep./2015
De ahí que Epicteto diga: “No tienes que librar a la tierra de monstruos porque no naciste Hércules ni Teseo; pero puedes imitarlos librándote tú mismo de los monstruos formidable que llevas en ti. En tu interior hay un león, un jabalí, una hidra; pues bien procura dominarlos. Procura dominar el dolor, el miedo, la codicia, la envidia, la malignidad, la avaricia, la pereza y la gula.”

Hora de recurrir a la sinrazón. A los valores esenciales.

Según sus tiempos romanos imperialistas, Epicteto lo dice de esta manera: “y el único medio de vencer a estos monstruos es tener siempre presentes a los dioses, serles afecto y fiel y obedecer ciegamente sus mandatos.”

Como decimos, Epicteto es la versión romana imperialista de la vida de Bill W, cofundador de Alcohólicos Anónimos, en Estados Unidos, del siglo veinte.

Yo estudie, dice Bill, en una  universidad en la que el hombre era Dios. Hasta que acabé tirado de borracho, en la calle, a unos metros de mi casa… Fue cuando tuve que recurrir a la sinrazón…

EPICTETO
Epícteto (en griego: Επίκτητος) (Hierápolis, 55 – Nicópolis, 135) fue un filósofo griego, de la escuela estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Hasta donde se sabe, no dejó obra escrita, pero de sus enseñanzas se conservan un Enchiridion (Ἐγχειρίδιον) o 'Manual', y en unos Discursos (Διατριβαί) editados por su discípulo Flavio Arriano.

 

 

 

ORTEGA Y GASSET, RENACIMIENTO Y RETORNO


 

Al bajar al pasado no hacemos sino descender a los sótanos de nuestra propia actualidad. O. y G.

Renacimiento y Retorno es el título de un capítulo de  la obra En torno a Galileo.

Uno de tantos subtítulos que podría llevar este capítulo (antaño los libros tenían título y subtítulo), se nos ocurre, sería: “Cómo ser católico de a deveras, leyendo a un no católico: Ortega”

Ortega y Gasset es irreligioso, no anticlerical (él lo dice) en su obra mencionada. Aporta duros y valiosos señalamientos al cristianismo moderno. Y da la bienvenida a toda crítica   de buen nivel. En realidad la crítica interna y externa es  una de las maneras en que el cristianismo ha ido enriqueciendo o corrigiendo su diario vivir. Esto es una realidad histórica.

Superando un extra plomo con dos cuerdas

Del Libro Técnica Alpina, UNAM,México,1978
Hay diferencia entre el catolicismo de la Edad Media al catolicismo de la actualidad. Aquel llenaba mucho de su día en lo espiritual y religioso. Lo que era demasía para el vivir pragmático. El católico de la actualidad  vive la cultura del bienestar económico, en la economía y la política, lo que tampoco es equilibrio.

Menos son los casos de la existencia en la eudemia que es el vivir bien a través de una serie de actos, guiados por la razón, como punto intermedio entre el exceso y el defecto.

La sobre información del mundo moderno apuesta al abstracto especializado, dejando de lado la totalidad. O bien al eclecticismo disolvente  que lleva al nihilismo cultural. En ese sentido, dice Ortega, el mundo medieval fue como las raíces del árbol que impide que la ladera se erosione:

“el universo medieval se compone de absolutos. Cada cosa es lo que es y nada más, pero tampoco nada menos, porque es indestructible. Hoy nada es lo que es, sino que está siempre en tránsito a ser de otro modo. Cada cosa puede ser otra cualquiera, todo es un poco todo, estamos en la época de los gatos pardos…todo se ha vuelto tópico inerte y complicadísimo: el derecho, la administración, la ciencia, la teología. En vez de ser un claro y sobrio repertorio de soluciones vitales, la cultura se ha hecho abrumadora, se ha hecho mamotreto.”

 “Industria cultural” le llama Schopenhauer en oposición al progreso cultural humanista.

La metáfora de las dos cuerdas para resolver los problemas
Ortega en su obra se acerca mucho al ateo, es decir, en esa porción de ateo que hasta los creyentes tienen. O los ateos creen. Ateo es una dialéctica interior, sana, en la que predomina la razón. Este dialogo (monólogo interior) se hace preguntas y respuestas, lo mejor informadas posibles, según la información, o cultura, de que se disponga.

Es al ateo no creyente al que aquí se refiere, como laico, no al ateo jacobino.

 Lo demás es puro ruido. Tópicos y más tópicos.

Ateo que no hace caso a los principios racionales, que sostienen todo conocimiento, es igual que uno que sabe de memoria la Biblia sin tampoco hacerle caso. Ambos son excelentes líderes asalariados para la “industria cultural”.

Ortega no da rodeos con el que se declara, o actúa, anticlerical: le falta información: “Por supuesto, como ustedes saben, yo, que no soy católico, no tengo un solo pelo de anticlerical, y creo que ser anticlerical es una de las mayores pruebas de modestia que hoy un hombre puede dar. Porque hoy anticlerical es sólo el que no puede ser otra cosa, es una manifestación de intima incultura, es decir, de inactualidad como otra cualquiera:”

Al “católico de espalda”, como Ortega dice, no le va mejor pues le falta conocer cómo viven su pensamiento los de la banqueta de enfrente. ¿Por qué aquellos no creen? ¿Es suficiente la razón para vivir bien con la conciencia propia?

“…el catolicismo en nuestro experimento imaginario tendría, por ejemplo, que sostener todas las ciencias actuales, todas y anótese, las ciencias, no los discursos anticlericales, a los cuales es misérrimamente fácil contestar.”

Avanzando con  las metafóricas dos cuerdas.

Extra plomo en la Sierra de Pachuca, Hidalgo México 
Así se piensa en Occidente. Donde se piensa. Salvo que sea un “emigrado cultural”, domiciliado en Occidente. Hay apertura de creencias. Pero cantará otra canción, no la de Homero-Séneca-Montaigne-Cervantes-Schopenhauer-William James.

La metáfora alpina sería como sigue. Si estamos, y somos (no basta estar sino también ser), en la cultura occidental, no hay modo de librarse de las dos fuertes cuerdas de perlón a las que estamos atados. No para esclavizarnos sino, como el montañista que realiza una “escalada artificial” a través del extra plomo, y esas dos cuerdas nos aseguran de no caer y sí seguir con seguridad hacia la cumbre.

Atado felizmente a esa dos cuerdas que son fe y razón, o viceversa.

ORTEGA
 “José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”WIKIPEDIA

ARQUÍLOCO, CON ALEGRÍA CRUZAR EL DESIERTO


 

¿Preguntas por una antinomia de lo bello y lo horrible? El desierto.

Lo bello de ese increíble cielo azul-rojo, el universo de dunas y el casi anonadante espectáculo del cielo nocturno “estrellado”,  está en la capacidad de tu subjetivismo, personal, para lo estético.

Cada quien tiene "su" desierto. En materia de pareceres quién podría ver el desierto que yo veo, siento e intuyo. Arquíloco escribe que:

"Ninguno así se admire de que acaso
trueque con el delfín pastos la fiera;
que ésta a la tierra el mar tal vez prefiera,
y aquel el alto monte al mismo paso
más que la ondas quiera"

Por lo demás al menos siete factores pueden terminar con la vida del caminante en la travesía del desierto. En el caso de México nos referimos a los desiertos (con erg, dunas) de Altar y Samalayuca en el norte del país, el primero en Sonora y el otro en Chihuahua. Y una llanura del tamaño de algún país de Europa.

En cualquier momento, digamos mil quinientas veces en un mismo día, podríamos vernos impedidos de seguir…Un sol de 45-55 grados, la deshidratación, víboras, escorpiones, arañas, monstruos de gila, la brújula que se descompuso (sin saber leer en las sombras o desconocer la dirección de los vientos),y un meteorito que te cae en la cabeza en tanto caminas o aplasta su tienda mientras duermes.

Que los dioses tiren sus dados, nosotros hacemos lo nuestro
En el desierto de Samalayuca, estado de Chihuahua, México.
(Izquierda Armando A.A. y Luis Burgos Peraita).
Las sombras de la mañana se proyectan hacia oeste. Nuestra meta está en el  norte. ¡Vamos en la dirección correcta!
Por si lo ignoras, en el norte de México caen meteoritos. Aerolitos, les dicen, ”piedras voladoras”,  que viene de los “rincones” del universo. Para los escépticos hay tantas probabilidades de que no te caiga encima un meteorito como que nunca un pájaro al vuelo defeque sobre tu cabeza…Al menos tres veces en mi vida los pájaros han enviado su “mensaje”, que cae en la taza de mi café, en el atardecer, a la puerta de mi tienda de campaña, en el vivac sobre las montañas.

Lo absurdo está cerca de nosotros,  lo dice Arquíloco:

“No hay cosa alguna de que el hombre pueda
desesperar, ni que no sea factible.
Ni nada hay   admirable e increíble.”

¿Por qué se ha metido en este hábitat tan irracional que no es el suyo?

Por ese resorte que le hace escalar montañas y se llama antropocentrismo. O quizá idealismo o soñador romanticismo. O si se quiere realismo.  Los que padecemos de claustrofobia buscamos los horizontes abiertos, ventilados, lejos del gimnasio.

Una manera disfrazada  de quemar mil calorías que ayudarán con los triglicéridos, la obesidad y el colesterol malo.

¿Quieres un justificante de ese irrazonable? México es el país número uno en el planeta en gordos y obesos y diabéticos. ¡Camine, camine!  Dicen los médicos? Suba escaleras de peldaños, no eléctricas!

Caminando nos damos cuenta que tenemos dos piernas, porque estamos conscientes de ello hasta que ya sólo tenemos una... 
"todo consejo para "hallar el camino de la vida" es en aquella otra cumbre"
Diario El País, España, 26/Sep./2015

Un único consuelo anima a la paranoia del que cruza desiertos, para  pensar que puede salir de la travesía: ha podido sobrevivir a un peligro mayor: de ser atropellado al cruzar  las calles de la ciudad.

Esta otra “maravillosa y fea” antinomia que se llama no ciudad, sino megalópolis, con N millones de habitantes y N millones de automóviles, hace recordar, a cada cruce de semáforo, estas palabras de Ortega:

“La vida está constantemente en la inmediata inminencia de quedar aniquilada.” (Ortega y Gasset, En torno a Galileo)

En efecto, ir por el desierto es vivir la otra antinomia de estar dentro de una de las bellezas de la naturaleza, cielo y arena, como pocas puede ofrecer el planeta. Pero, a la vez, caminar por una superficie donde hasta la araña “violín”, de apenas  cuatro milímetros, pero con un veneno suficientemente poderoso como para matar un toro, puede interrumpir nuestra marcha…
Fauna del desierto 

Monstruo de Gila


Meternos al desierto es nuestra decisión, salir de él, ¿quién podría saberlo? Como sea, lo impórtate, dice Arquíloco, es no perder la alegría. La alegría, ese estado de ánimo positivo que es propio de la gente que gusta de subir montañas. Los del undergrownd que con su pan se lo coman, nosotros al sol, al viento y a la nieve.

Arquíloco nos alienta:

“Ni el triunfo logrado
Aplaudas en extremo alborozado.
Ni si te vez vencido,
En casa reclinado des al lloro
El ánimo afligido;
Y alegre, con decoro
De los que dignos son, aumenta el coro.”

Con el máximo cuidado, haciendo nuestra parte, ahora ya metidos en el desierto todo depende, como sucedió a los troyanos, de cómo los dioses tiren los dados.

Arquíloco
“Arquíloco (Ἀρχίλοχος en griego antiguo) (Paros, actual Grecia, 712 a. de C.-id., 664 a.C.)1 fue un poeta lírico griego arcaico originario de la isla de Paros. Fue hijo de un noble llamado Telesicles y de una esclava llamada Enipo. Poeta y mercenario, sus escritos nos han llegado de forma fragmentada, y no existe consenso respecto a las fechas exactas en las que vivió y la autoría de algunas de las obras que se le atribuyen. Su vida se desarrolla a lo largo de la primera mitad del siglo VII a. C. Nació en Paros, una pequeña isla jonia del mar Egeo, famosa por su mármol, y donde el culto a Deméter, relacionado con la poesía yámbica, era muy importante. Arquíloco, además de cantar al dios Dioniso, está ligado a la introducción de su culto en su isla. Participó en la colonización de Tasos, en busca de territorio agrícola, una localización muy próxima a las minas auríferas del litoral de Tracia.” WIKIPEDIA

 

BERGSON, MIRAR AL ARTISTA


 

El pintor nos ofrece, en el lienzo, un relato de su ser interior. Tal vez con su pincel  busca lo inteligible, lo esencial…

Para este encuentro no es necesario ir a las exposiciones de pinturas de la especulación. En el Jardín del Arte, que hay en muchos rumbos de la ciudad, de las ciudades de todo el mundo, encontramos ese relato.

El artista nos habla, pero vamos tan de prisa que no entendemos lo que nos muestra. No es artesano, está creando, es una artista. Ese volcán Popocatépetl del Dr. Atl, y ese otro Popocatépetl de Diego Rivera, son diferentes entre sí y, a la vez,  diferentes ambos  al Popocatépetl de la realidad. Son dos  idealidades.

Él pintor, por medio de sus pinceles, el escritor con palabras en el papel, el poeta comunica la estética de su yo, y el cielo habla por medio de acontecimientos.

Para conocerlos hay que parar y escuchar. Ir apresurados por la vida  no encontramos sentido real a la existencia por ningún lado, sólo lo virtual, abstracto, superficial, inasible y ajeno. Todo importante inmediato pero  perecedero.

En la pantalla pistoletazos, y coitos, sin argumento apenas que lo sustente. Y, en “vivo”, cuatro mujeres y un hombre participando en un mismo “programa”, en el canal televisivo, atropellándose la palabra con ideas, algunas valiosas, pero  siempre sin terminar, hasta que por fin una de ellas dice: “Vamos a un comercial, no le cambie”.

Schopenhauer se pregunta ¿Para qué? Y en su tiempo no había pantallas electrónicas. Es cuando Bregson nos dice que el pintor acaba de reunir, todavía sin orden, sus frascos de pintura a un lado del caballete. Parece una presencia incoherente, pero ya bajo una idea, volvió a reunir esos colores en el godet o paleta.

Por tercera vez junta esos colores pero ahora en la tela. Ahora los colores ya no son sólo colores. Son una idea. El espectador atento puede de esta manera asomarse, más que a la figura de la tela, al inconsciente del artista. El iceberg no puede ( y en este caso no quiere pues busca manifestarse), ocultarse del todo.

Treinta mil años atrás en la cueva de Altamira,
 antes de la escritura silábica, se había logrado ya la escritura ideográfica
El inconsciente  es el que movía el lápiz del rey, en Alicia a través del espejo. Conscientemente el rey quería escribir algo pero resultaba que escribía diferente.

¿El artista es la causa primera de lo que pinta? ¿O sólo mueve la mano impulsado por los siglos de cultura que le precedieron. Porque, recordemos, en la cueva de Altamira, España, ya había, hace 30 mil años, otros que también pintaban. O hacían relatos por medio de la pintura.

Tampoco es raro, entre los escritores que, como en el caso del rey,” el texto se vaya por otro lado”. O que los personajes de la novela “hagan su vida propia”.

Scott Fitzgerald tardaba en ocasiones años para escribir una novela. Sus “amigos”, como Ernest Hemingway, aseguraban que era por su afición a la bebida. Las notas del autor de El gran Gatsby dicen que escribía pero mucho de ello lo destruía porque, como en el caso del rey, no era lo que él quería decir...

Esos personajes, de lo que iba a ser originalmente un cuento, dicen que tiene muchas cosas que contar y situaciones que recordar, y se alargan tanto, en su cháchara, que resulta una novela. Originalmente Tolstoi iba a contar un baile de la aristocracia de los zares, siguió una escaramuza del ejército francés contra otros y, resultó La guerra y la paz. Una  novela que no es la historia de Napoleón en Waterloo sino el contexto social,  de una época en abstracto,  en el que los humanos se mueven.

Al boceto inicial el pintor le fue agregando y quitando áreas, elementos .Se fue expresando en los detalles. Muchos detalles no los comprendemos por separado. Cielos verdes, infernos azules, risas porque alguien tropezó y cayó.

 El artista expresó lo inefable de su ser pero no lo entenderemos, como no entendemos las notas sueltas del escritor, hasta que el pintor o el escultor o los padres o los maestros de la escuela, den por terminada su obra.

Entonces tendremos una sociedad en el pleno desarrollo de sus potencialidades creadoras o, por el contrario, una sociedad en el pleno nihilismo...

“No otra cosa es la imaginación poética sino que una completa visión de la realidad. Los personajes creados por el poeta nos dan la impresión de la vida, porque representan al poeta mismo, al poeta multiplicado, al poeta que ahonda dentro de sí mismo esforzándose  a observar internamente con toda potencia, que en lo real descubre lo virtual y vuelve a tomarlo para completar en su obra, lo que fue dejado por la Naturaleza en boceto o apenas como proyecto.”(Henry Bergson, La risa)

 
BERGSON

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.

DESCARTES, PARA NIÑOS


 

 Mundo de film es el campus global moderno en el que  sólo  se ve la superficie de las cosas y de las situaciones.

La idea, dicha por  Jean Wahl (camino del filósofo), se inspiró en la Caverna de Platón, en la que sólo se ven las sombras.

JEAN WAHL
Obra: El camino del filósofo
Veinticinco siglos después esa metáfora la ve el niño al “prender” su video Descartes para niños. Un personaje que de pronto ya no quiere ser caricatura. La caricatura anhela ser real. Pero cuando el niño apaga el video no queda nada. Todo era virtual. Sólo pantalla en blanco. Se asoma detrás de la pantalla y, ¡no hay nada! O no hay algo, para hablar con propiedad.

El niño veía que  la caricatura se movía alternativamente en círculo y en una escalera. Era la actividad de creer y de dudar. Lo primero porque cree por la fe y luego se vuelve escéptico por la razón, le explica su papá.

Lo segundo, la escalera, mediante una tabla de valores. Van de los materiales hasta las esencias. Entre menos materialistas más esencias. Y viceversa. Hay una larga lista de los que así explican esa dualidad, empezando por Platón, San Agustín, Santa Teresa de Ávila, Leibniz, Kant, Spinoza, Max Scheler, Ortega y Gasset…

Descartes llega a dudar que sea realidad lo que damos por hecho. Pero aunque se debate en el plano del antropocéntrico, el hombre se pregunta, entre todo esto, ¿Dónde quedó Dios?

Descartes se da cuenta que está metido, hasta el cuello, en el círculo vicioso, o tal vez luminoso, de creer y dudar. No hay fe más fuerte que la fe que duda, había dicho San Agustín muchos siglos atrás. Descartes es como un San Agustín de los nuevos tiempos. Sólo que San Agustín se decidió finalmente por los altares. Descartes, en cambio, está colgado de las nubes pero atado a la tierra por medio de  la razón.

-No le digas esas cosas al niño, lo vas a hacer bolas. Está muy chico.

- ¿Entonces cuando? ¿Prefieres que la televisión lo haga bolas? ¿Sabes que Mozart a los cinco años…? Ganemos al niño para la filosofía, antes que la dictadura de los medios nos lo gane. Si en el kindergarten o guardería les enseñan las letras y los números desde los tres años de edad ¿por qué no filosofía? Además no son cosas que desconozca aun  a esta temprana edad. Su “disco duro” ya trae información al nacer.

-Por esa convicción-siguió diciendo el padre al niño-, seguida de la duda, W. Weischedel anota que “a pesar de todo ello, Descartes es el principal  simulador de la filosofía posterior, tanto en sus bosquejos metafísicos como en sus tendencias ilustracioncitas, en sus pensamientos creyentes como en su desesperación nihilista. Así, se presenta a nuestros ojos de manera singular, entre dos luces.”(Los filósofos entre bambalinas)

Ortega y Gasset dice que Descartes es la figura con mayor evidencia que representa los caracteres esenciales de esa época de la filosofía, al filo de la Edad Media: “Pocas veces un innovador lo ha sido tan decisiva y plenamente; quiero decir, que haya dado su innovación en forma más madura consciente de sí misma, en formulación ya perfecta.”
ORTEGA Y GASSET
Obra: El torno a Galileo

Que un pensador como Ortega lo diga, hay que creerlo. Y anota en seguida, de dar la fecha en que Descartes cumplía treinta años de edad (1,626), como una referencia histórica en la filosofía para el futuro y para el pretérito: “punto de partida para fijar a uno y a otro lado las demás…Cuando muere Descartes, puede decirse  que está hecha la nueva casa, el edificio de cultura según el nuevo modo,” (En torno a Galileo)

Una voz hacía decir a la caricatura que Descartes quiso descubrir la verdad por medio de las matemáticas. Estudió en La Fléche, escuela de los jesuitas en Francia, pero ahora quiere prescindir de la Tradición. Propone que cualquier descubrimiento debe repetirse varias veces para evitar el error.

A semejanza de San Agustín, Descartes dudaba para buscar la certeza. Tenía un escepticismo positivo.

Igual que Platón, seguía diciendo la voz detrás de la caricatura, que Shakespeare, Nezahualcóyotl, Calderón, Descartes se apoyó en los sueños para tener la certeza de existir cuando estaba despierto.

Enseguida llegaba a la conclusión que el hecho de estar pensando estas cosas le daba certeza que existía el que pensaba.

La caricatura hacía un juego de palabras  al preguntar si el que no piensa  existe o existe aunque no piense.

El caso es que si está seguro de que existe, también es seguro que ustedes existen y también existe lo que llamamos “mundo”. Pero todo esto de mi yo, de mi “tú, del “ustedes”, es finito.

Y si hay un finito también hay un infinito. Porque si no hay un infinito, tampoco hay un  finito. Volveríamos al punto de partida. Pero si hay una causa que nos produce entonces hay la seguridad en que esa misma causa nos conservará más allá del mundo finito.

¿Cómo fue que la materia ejecutó un brinco para tener conciencia de su existencia? Necesario seguir preguntando porque parece un cuento chino eso de la célula primordial.

Considerando el asunto de los sueños, de naturaleza ingrávida, Descartes pensó que nuestro cuerpo ocupa el espacio y el tiempo pero, como el caso de los sueños, lo que nos anima, el alma está fuera de la fenomenología.

Algunas cosas  que decía la caricatura para el niño eran, efectivamente, familiares. Hay ideas claras y distintas, preconcebidas, que vemos en nuestros niños, sin tener experiencia previa de ello. Lo dice Jean Wahl, estudiando a Descartes, que nunca vienen de la simple observancia del mundo sino que son innatas. Pero no que hayan nacido con el niño pero sí al modo como lo expresa Carl Jung con su inconsciente colectivo.

Wahl: “No quiere decir para Descartes que están completamente presentes en el espíritu del hombre en el momento de su nacimiento, sino que hay predisposiciones a pensar tales ideas como ciertas enfermedades están presentes en determinadas personas en virtud de la predisposición de ciertas familias para ellas.”

El niño oye a la mamá que le dice: “Apaga esa video y ven a comer”. Y en tanto el niño se lava las manos, la mujer le dice a su marido. ”Y después de comer vamos de compras”.

El marido, que estaba leyendo algo de M. J. Albert, en el diario El País, de España, sobre lo que dijo José Mujica, expresidente de Uruguay, quiso hace una broma a su mujer y leyó: “No vinimos al mundo sólo a trabajar y comprar.”

Pero se dio cuenta que su mujer no estaba para bromas. Tenía el duro rostro del realismo. En esta sociedad no somos como somos sino como la sociedad quiere que seamos. ¡Compro, luego existo!

Un último intento:

- ¿Y la verdad?

-¡No empieces con esas cosas! Te vas a seguir con el tiempo, el espacio, la dialéctica, la libertad, el devenir, que las cosas no son lo que parecen y que el espíritu humano es según si eres flaco o gordo o chaparro. Mejor baja la voz, no sea que los vecinos te reporten a la Secretaría de Sanidad Pública.

DESCARTES
 “René Descartes1 (La Haye, Turena francesa, 31 de marzo de 1596 - Estocolmo, Suecia, 11 de febrero de 1650), también llamado Renatus Cartesius, fue un filósofo, matemático y físico francés, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, así como uno de los nombres más destacados de la revolución científica.”Wikipedia.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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