HUELGA DE ESTUDIANTES EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO-2000
LA VIDA FACIL DEL GUIA DE LA AVENTURA ALPINA
Evolucionar por rocas inestables en el primer tercio y el resto por rampas de nieve y hielo. Al principio fue bien, las rocas estaban soldadas a la pared por el hielo. En otras ocasiones esto es muy diferente y hay que trabajar mucho en subir estas placas inestables por falta de hielo.
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| La Noroccidental |
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| Vía de ascenso de la Noroccidental |
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| B-Noroccidental A-Ruta de Los Aretes ( recibe el mismo nombre la rampa un poco más a la derecha)., en dirección al refugio de Laminas. |
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| Esto es lo fácil en la vida del guía alpino, lo difícil es cuando baja caminando hacia el valle. |
DE REGRESO A LA MONTAÑA
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Mario Campos Borges en el Nevado de Toluca |
Sierra de Pachuca,Hgo.México,3 mil s. n. m. -5°C
Foto de Omar Altamira A. 17/03/2019
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| Héctor García Campamento con noche de tormenta en(los 4 mil) el lado oeste cima del monte Tláloc. |
Más cuando se trata de países tropicales, como en el centro de México, cuya media anual de temperatura es de los 15 grados. Rara vez baja del cero y no sube más allá de los 30. En otras palabras: nuestros sistemas de adaptación están perniciosamente ociosos, enmoheciéndose, atrofiándose.
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| Dibujo tomado de El País 27 octubre 2018 |
En otras palabras, su campo de acción, es dentro de la ciudad, lejos de los bosque.
Los filosofos son los que tienen que vérselas tanto con el mundo material sensible, como con el mundo inteligible de las ideas eternas.
Pero los filósofos, filósofos, escriben para los filósofos, no para el hombre del menudo pueblo.
RECORDANDO A REVILLA, GUÍA ALPINO DE PACHUCA, DONDE QUIERA QUE SE ENCUENTRE
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| Escalada en libre del libro Técnica Alpina, de Manuel Sánchez y Armando Altamira Editado por la UNAM |
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| La norte de Las Goteras |
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| Las Goteras vista desde la Cueva del Muerto |
Faltaron treinta metros, absolutamente libres, para llegar a la cumbre. Este tramo detuvo por años a cuanto escalador intentó su ascensión. Atorados, tenían que ser rescatados por cuerda desde la cumbre, que se gana con facilidad desde el lado sur.
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| Vía de ascenso de Las Goteras (la del centro). El punto 9 marca el punto desde donde se sube en libre. Rogamos a los dioses que este tramo no lo hayan sembrado de barrenos. |
La tercera la llevaron a cabo, el excelente escalador de México, Mario Campos Borges y su cordada.
Siguieron Salvador Alonso Medina y Rogelio Rascón, de México.
Salvador fue el que realizó la segunda a La Trasversal de la norte del Abanico, en el Popocatépetl (de Nido de Palomas, Corredores, treinta metros verticales de La Canaleta y travesía hacia la repisa grande del oeste de la pared.
NOTA TOMADA DE INTERNET EL 30 DE ABRIL DEL 2022
"En reconocimiento a sus méritos en la escalada, el 11 de diciembre de 2009, Raúl Revilla pasó a formar parte del Salón de la Fama del Alpinismo de la Confederación Deportiva Mexicana. Reconocimiento más que merecido por un hombre que a los 88 años continuaba practicando lo que más le apasionaba, la escalada en roca.
Hoy, 11 de febrero de 2022, Raúl Revilla Quiroz falleció a los 99 años. Se despidió de la escalada dejando su nombre grabado, no sólo en las botas que fabricó durante varias décadas, -legado que continúa su hijo Alfredo-, además, y más importante, en la historia de la escalada nacional y en las generaciones que siguen sus pasos y su trayectoria. Buen último ascenso maestro Revilla."
LA HIPERTENSION, LA MONTAÑA Y EL SUPERHOMBRE
Justificación de la página
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.












































































