M.L.PORTILLA, LA FILOSOFIA NAHUATL Y PLATÓN

 

 

Lo que pasa y lo que permanece.

En esto giran los mitos, las filosofías y las teologías, antiquísimas, y las modernísimas de todos los continentes. En otras palabras, lo material y la esencia, lo fenomenológico y la idea. Hay un ejército de filósofos del Devenir y otro ejercito de filósofos  de la Permanencia.

 Un poema náhuatl dice en una de sus líneas:

“Aunque sea oro se rompe”.

Otro poema se refiere al canto, que no perece,  en boca del dador de la vida:

“Allá oigo su palabra, ciertamente de él

Al dador de la vida responde el pájaro cascabel:

Anda cantando, ofrece flores…

¿Allá se satisface tal vez el dador de la vida?

¿Es esto lo único verdadero sobre la tierra?”

Los tlamatinime o filósofos sabios nahuas, mexicas, lo expresaban como la flor y el canto. Lo perecedero y lo que no pasa.

Esto sucede en la tierra y en el cielo. En Tlaltípac (sobre la tierra) y en Omeyocan (el lugar que está más allá de los cielos).

Pero, ¿todo eso es cierto? ¿O sólo soñamos?

Así es como  aparece, en el México milenario,  el tercer personaje infaltable en la filosofía, el escéptico, el que duda no para negar,  negar de manera patológica, sino para abrirse camino hacia la realidad ya sea material o ideal. O ambas. En filosofía se duda para buscar la certeza.



Miguel León Portilla

 

El poeta náhuatl se cuestiona sí el Omeyocan existe:

¿Acaso es verdad, acaso no es verdad como dicen?”

Comprende la teoría creacionista porque Ometeotl (dos dios- ome=dos, teotl=dios), el dios de la dualidad (Ometecuhtli y la diosa Omecihuatl, los que rigen el Omeyocan)

“es quien envía a los hombres al mundo. Es el inventor de hombres”.

Pero no se ignora la posibilidad de la evolución:

“Un día muy de mañana lanzó el sol una flecha desde el cielo. Fue a dar en la casa de los espejos y del hueco que abrió en la roca nacieron un hombre y una mujer. Ambos eran incompletos, sólo del tórax hacia arriba, e iban y venían por los campos saltando cual los gorriones. Pero unidos en un beso estrecho engendraron a un hijo que fue raíz de los hombres”.

Las normas mecanicistas, y las morales, que Platón y Glaucon consideran que son necesarias para formar una Republica sana, son hipotéticas, en abstracto.

Dos mil años más tarde Tlacaelele, las hizo realidad al consolidar a la sociedad mexica, en la ciudad en medio del gran lago, en el sur del Valle de México, al pie de las altas montañas nevadas de más de cinco mil metros de altitud, cuando occidente aun no llegaba a América.

Leemos La República de Platón y La filosofía náhuatl de Miguel León Portilla y no deja de sorprendernos sino en su totalidad, sí en numerosos aspectos, cuánta  proximidad hay ente las dos maneras de pensar.



Platón


Una de ellas la educación de la niñez. Deficiente y  La República estará haciendo aguas por todos lados, como buque  chatarra, camino al basurero de la historia. Platón se dirige a Glaucón:

“un niño ni sabe diferenciar  lo ficticio de lo que no lo es, y lo que se introduce  en el espíritu a esa edad deja huellas imborrables. Por eso es muy importante que los primeros relatos que oiga, sean con el propósito de conducirle a la virtud…Aquí sólo hay una forma de gobierno, pues no importa que el poder  recaiga en un solo o en muchos, eso no altera las leyes  básicas del Estado, si la educación se lleva acabo al pie de la letra”.



Una educación deficiente en la niñez y el tren descarrila.

Tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria

De Fritz Redlich 1968

 

Las enseñanzas las  llevaban los aztecas en sus dos escuelas, el Calmecac y en el Telpochcalli impartidas por los tlamatinime o sabios filósofos. Ayudaban a que los jóvenes  aprendieran a conocer sus rostros, como a hora se le dice la personalidad, al carácter.  Mitos, leyendas e historia, modo de gobernar, con una tradición, por medio de sus códices y cantos,  de miles de años.



Los tlamatinime ayudaban a que los jóvenes  aprendieran a conocer sus rostros


Portilla:

“ La elaboración de la filosofía náhuatl no puede atribuirse,   al igual que en el caso de los orígenes de la filosofía  hindú contenida en los Upanishadas, a pensadores aislados, sino más bien a las antiguas escuelas de sabios. Y es que no hay que juzgar  puerilmente  con el criterio individualista de la cultura occidental moderna  las agrupaciones más socializadas de los sabios de otros tiempos y latitudes”.

Durante cientos de años, a partir del siglo dieciséis, el mundo occidental conoció la versión de los  soldados españoles y frailes católicos. Los mexicanos (gentilicio derivado de mexicas, aztecas, que después englobaría a las más de cincuenta etnias de lo que en la actualidad es el país México) son: salvajes, bárbaros e idolatras.

No todos se creyeron la falacia de un dios que reparte sabiduría a unos y a otros la niega. En el capítulo doce de su obra Los caracteres, el filósofo   francés La Bruyére (1645-1696) anota:

“El prejuicio del país, juntamente con el orgullo de la nación, hácenos olvidar que la razón es de todos los climas y que se discurre lógicamente allí donde hay hombres. No nos placería ser tratados así por aquellos a quienes llamamos bárbaros. Si en nosotros existe alguna barbarie, ésta consiste en asustarse de ver que otros pueblos razonan como nosotros.”

Leer a Platón y a Portilla, en las obras mencionadas es, sin lugar a dudas, ir al encuentro intelectual, tanto filosófico como metafísico, del genio de la especie de todos los tiempos y de todas  las latitudes.

 

 "León-Portilla, Miguel (1926-2019) Nació en la Ciudad de México el 22 de febrero de 1926. Falleció el 1° de octubre de 2019. Ensayista, filósofo, historiador y traductor. Licenciado y Maestro en Artes por la Loyola University, de Los Ángeles; Doctor en Filosofía por la UNAM. Fue editor de la revista Estudios de cultura náhuatl."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RECORDANDO A TENNESSEE WILLIAMS

 

 A cien años de su nacimiento, recordamos a  Tennessee Williams, hombre de letras estadounidense (1911-1983). Un apreciación nuestra de Una gata sobre el tejado caliente, de este novelista, fue publicada  por la Secretaría de Prensa del Sindicato de Trabajadores  de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM) en junio de 2003 con el título Catorce escritores y un filósofo.

 

“Thomas Lanier Williams III, más conocido por el nombre artístico Tennessee Williams, fue un destacado dramaturgo estadounidense. El nombre «Tennessee» se lo dieron sus compañeros de escuela a causa de su acento sureño y al origen de su familia. En 1948 ganó el Premio Pulitzer de teatro por Un tranvía llamado Deseo”.

 

Alcohólico y, quizá homosexual, el personaje Brick Pollit es probablemente el alter ego de Tennessee Williams, autor de la obra. Esta novela, más bien un libreto para la escena de teatro, mereció dos premios: el Pulitzer y el de la Crítica. Trata un asunto familiar que hace medio siglo (se publicó en 1955) causó mucho alboroto en la sociedad norteamericana pero que, salvo el innegable mérito del escritor, ahora pasaría como uno de tantos vulgares guiones de la televisión comercial mexicana.

 

Una familia entra en una inusitada actividad de intriga, envidias y patadas en las espinillas porque el padre, dueño de una considerable fortuna y nada menos que de una plantación cuya extensión mide 28 acres del mejor terreno en el delta del Misisipi, está a punto de morir de cáncer, ¡Y no ha hecho el testamento!

 

Son dos hermanos Gooper y Brick y sus respectivas esposas, Mae y Margaret. Es gente que no se anda por las ramas sacándose la lengua. El jaque mate por delante: Gooper y Mae tienen cinco hijos y otro que está por nacer. Además Gooper es abogado. Brick, en cambio, es alcohólico. Otrora un gran deportista pero que ahora es por completo indiferente a todo, incluida su esposa Margaret con la que ni siquiera se acuesta. Margaret, además, no tiene hijos. El alcoholismo de Brick hace que duerman separados y una cierta incapacidad en la biología de ella no le permiten concebir. En un momento ella le dice a Brick: “No estoy viviendo contigo. Ocupamos la misma jaula”. No hay duda de quiénes son los que van a aparecer en el testamento. El padre se inclina por Brick pero no ve claro, Alcohólico, tal vez homosexual, y sin hijos…

 

Es cuando se revela el carácter y la voluntad de Margaret. La vida la ha colocado en la posición más difícil. Exactamente como se encontraría una gata a la que hubieran arrojado sobre un techo de láminas metálica que estuviera muy caliente: “Me siento todo el rato como una gata sobre el tejado de zinc caliente”, dice.

 

Tennessee Williams


Y cuando el otro matrimonio echa las campanas al vuelo, poniendo por delante su fertilidad, y por otro lado la esterilidad de Margaret, ésta anuncia que está embarazada. No le creen pero ella sigue sosteniendo su verdad. Finalmente hace que el otro matrimonio entre en duda y vea que ha sido derrotado. La herencia se irá para con Brick, el hijo favorito y que ahora, finalmente, va a tener descendencia.

 

No es cierto que Margaret vaya a tener un hijo pero se propone concebirlo para esa noche. Ha ido a ver al ginecólogo y le dice que es su día fértil. Le esconde las botellas de licor a Brick al tiempo que le dice: te las devolveré hasta que haya pasado esta noche. Cuando esté embarazada los dos nos emborracharemos celebrando mi embarazo. Y como Margaret es bella, está buena y tiene un temperamento de esos que, proponiéndoselo no deja escapar ningún espermatozoides el otro acepta. Un alcohólico es capaz hasta de acostarse con su mujer con tal de recuperar su botella de licor. Por lo demás, una de sus frases de Margaret es que “El fuego no se apaga si no nos enfrentamos a él”.

 

En realidad la herencia para Margaret está en segundos planos. Lo que la hace tomar esa decisión es el gran amor que siente por su marido, aunque sea un alcohólico y tal vez homosexual. Pero hay algo más de fondo. Quizá su esterilidad se deba a cierto sentimiento de inferioridad de Margaret frente a Brick. Pero cuando se da cuenta que, el otrora fuerte atleta ahora es un ser no tan fuerte, le dice: “Solía pensar que eras más fuerte que yo y no quería que me dominaras. Pero ahora, desde que das a la bebida… soy más fuerte que tu y puedo amarte auténticamente”. Para ella todo está en función de amarlo, no de dominarlo. Y en toda la obra no se encuentra una sola mención que ese amor sea una inclinación masoquista por parte de Margaret.

 


Si sale a relucir lo que algunos sociólogos han escrito de los norteamericanos en el sentido que en esa sociedad la mujer es la que dice y los hombres los que hacen. La obra termina con estas palabras de Margaret hacia su querido marido: “Ah, vosotros los débiles, vosotros débiles y hermosos… Los que abandonáis… Los que queréis es alguien… que se encargue de vosotros… dulcemente, dulcemente, ¡con amor! y … yo te quiero de verdad, Brick, ¡te quiero!”


No hay final feliz en esta obra. Se trata de un mundo familiar que se pudre día con día. Sólo Margaret, con su gran voluntad, su enorme amor por el marido y su anhelo de tener un hijo puede revertir todo. Pero en tanto no lo logre, esta gran mujer se encontrará como una gata sobre el tejado de zinc caliente…

EN ARGENTINA CON M.LEÓN PORTILLA

 


El argentino  comentaba cosas de La Filosofía Náhuatl de Miguel León Portilla. No entendíamos nada.

Nos encontrábamos a la sazón en su casa de Córdoba, ciudad de la República Argentina. ¿Quién es ese León Portilla?, preguntamos.

El argentino abrió mucho los ojos, pasó dos tragos de  su vino tinto de San Juan y se tragó un churrasco que se la había atorado. Al regreso de su sorpresa, exclamó:

¿Pueden imaginar a un guatemalteco que le diga a los griegos la teoría de Platón o   un chino les cuenta a los alemanes la filosofía  de Kant? Fue la manera en que nos reveló a nosotros, mexicanos, nuestra ignorancia de la filosofía mexica.

Flashback, como en el cine:

Dos semanas antes estamos en la ciudad de Jujuy, en el norte del país. Pensamos escalar el monte Chañí (6,100m) de importancia arqueológica (hasta su cumbre se han encontrado restos de ofrendas de tiempos precristianos), según relata Rosen en su libro Un mundo desparecido.

 Describe que esta montaña tiene una pared de mil metros. Y eso nos ha traído hasta aquí. Tenemos  a Mario Campos Borges y Salvador  Alonso Medina, los escaladores idóneos  para esa empresa. Recursos en billetes suficientes y material de escalada de primera y de moderna fabricación, en diseño y aleación metálica.

Pero Tláloc tiene otros planes. Hace tres días que el mal tiempo se ha generalizado hasta la Tierra del Fuego. Nuestro equipo de escalada que debía llegarnos desde Mendoza por avión no llega pues los vuelos se han suspendido y las carreteras están hecha un caos.

Otro Flashback.

Semanas atrás realizamos   la ascensión del glaciar NE del monte Aconcagua, con una cordada de dos, y uno de los que llegaron a la cumbre fue Francisco Martínez E. de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México.

Nuestros boletos de regreso a México  están para   dos semanas, saliendo de Buenos Aires, y no tenemos ya tiempo de sitiar por tiempo indefinido al monte Chañí.

Resignados,  bajamos esa mañana  al restaurante del hotel. Era temprano,  la hora en que la gente saca a las perras y a los perros a pasear por las calles. Los veíamos a través de los grandes ventanales.

 Una sala muy amplia. Almorzábamos y una muchacha hermosa pasó frente a nuestra mesa. Al aproximarse su paso era más lento y giraba discretamente en sentido contrario su cabeza. Como se hace para escuchar mejor.

Eran los tiempos de una dictadura en el país y pensamos que se trataba de algún agente de la policía. Ya al principio del viaje tres de la expedición, sin deberla ni temerla,  estuvimos  presos veinte horas  en una cárcel de Buenos Aires. Celda de tres metros con tan sólo dos metros  aprovechables para dormir en el suelo con una laguna de un metro de excremento como playa.

 En Buenos Aires nos parábamos todos los del grupo a charlar en cualquier lugar de la calle, como se hace en México, y ni quien se fije. Veinte o treinta pueden estar en la calle el tiempo que se les antoje y no pasa nada. ¡Ignorábamos que en tiempo de las dictaduras eso no es posible! Nuestra dictadura del monólogo,  la de Porfirio Díaz, tenía  sesenta años atrás. Ignorábamos como son  las cosas en situaciones como esa.

Otra vez pasó la muchacha hermosa. Las argentinas bellas,  así como  las argentinas hermosas, no son ninguna excepción, pero  ésta, por algo, más que por su hermosura, nos llamaba la atención.

A la tercera vez que pasó, como siempre aminorando su paso, uno de los quince de la expedición no se aguantó y le lanzó un piropo  (eran los tiempos que los hombres podían mirar a las mujeres sin ser sancionados).

Cada vez la muchacha se sentaba en su mesa hasta el fondo de la sala. Por fin fue directamente hasta nosotros y nos espetó: ¡Ustedes son mexicanos! Cuando esperábamos que sacara las “esposas punitivas” para llevarnos a la cárcel, por estar los quince almorzando en una misma mesa, nos dijo: soy media mexicana. Supimos entonces por qué tenía algo que nos llamaba.

¿Cómo lo supiste, también podemos ser peruanos? Por su modo de hablar el español y su color de piel. ¿Qué tiene nuestro español, hablamos el mejor español del planeta y qué tiene nuestra  piel? Son rojos, dijo.

Los mexicanos en México no lo notamos pero cuando se vuelve a México, procedente de un “país blanco”, sí nos damos cuenta que, efectivamente,  somos pieles rojas.

La muchacha nos explicó que su madre era mexicana y tenía más de cuarenta  años viviendo en Argentina. Añoraba cosas de México y se la pasaba escuchando, en discos, cantantes como Miguel Aceves Mejía, Jorge Negrete o viendo películas de Cantinflas…Somos gente sencilla, dijo.

 Sería feliz  si puede platicar con ustedes. Escuchar de nuevo el español mexicano... Nos invitó a su casa. Ella trabajaba en una línea de aviones y estaría en Córdoba antes que nosotros. Allá fuimos. Nos agarraba de paso para Buenos Aires.

Churrasco y vino  de San Juan. El padre, obrero, empero,  nos contaba cosas de intelectuales mexicanos como Samuel Ramos, Octavio Paz, Amado Nervo, Altamirano, Alfonso Caso…



La metáfora del maguey


Una cosa notamos, esta familia, la gente que tratamos en Punta de Vacas ( ya en la cordillera), en Mendoza, en Uspallata, y en el mismo Buenos Aires, tan sencilla y amable, no se parecen en sus modales, a algunos argentinos que conocemos en México.

He leído dos veces La Filosofía  Náhuatl del Doctor Miguel León Portilla, dijo el padre de la muchacha. Hay  algunas cosa que no entiendo del pensamiento náhuatl, y ya que están aquí me gustaría comentarlas con ustedes. 

Fue cuando le dijimos que  del libro de León Portilla no conocíamos ni el título. ¿Bueno pero si conocen de la cultura náhuatl? Pues algo, dijimos, en realidad, muy poco.

Fue el momento que un argentino, obrero, en Argentina, nos platicó cosas de La filosofía  Náhuatl. Empezó preguntando ¿Saben que es un destino manifiesto? ¡Cuando un pueblo se declara llamado por la Divinidad para  que alguien reúna a las etnias en un grupo-nación,o que gobierne a los pueblos de ese continente o del mundo! Algo parecido a lo que en Alemania llevó a cabo Bismark o lo que dijo el periodista John Ó Sullivan para  Estados Unidos.

Bueno, siguió el argentino, eso mismo hizo Tlacaelele, personaje de la jerarquía azteca en el siglo quince. Fue por un ejemplar de La Filosofía Náhuatl y nos leyó palabras de Tlacaelele, del tomo 1 de la obra monumental de Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de la Nueva España, en el que habla del por qué Huitzilopochtli, el dios tutelar de  los aztecas, vino a este mundo:

 “Nuestro dios fue venido: para recoger y atraer  así a su servicio todas las naciones con la fuerza de su pecho y de su cabeza.” Habla de conquistar a  las naciones pero no destruirlas, con el objeto de estar comiendo de ellas.

El argentino nos habló de aspectos culturales, no ya guerreros del pensamiento náhuatl, desde tiempos remotos, de miles de años, como son la escultura, la arquitectura, la astronomía, las matemáticas y el concepto que tenían de la historia, que plasmaban en el modo  ideográfico en sus códices.

Sobre todo la educación de los niños que empezaba, de manera rigurosa, en el hogar y se perfeccionaba en las dos instituciones llamadas calmécac y telpochcalli. Nos habló de tantas cosas que ignorábamos de la cultura de nuestros antepasados.

Como seguramente el argentino conocía a  Pedro Infante, Luis Aguilar, Jorge Negrete y otros grandes del cine mexicano, en el que el mexicano aparece como mujeriego, borracho, jugador y pendenciero.Los corridos o canciones rancheras de Juan CharrasqueadoGabino Barrera.  O tal vez porque al principio de la reunión hablamos que en el planeta hay seiscientos millones de padres  que abandonaron a la mujer tan pronto como supo que estaba embarazada.

 El caso es que al final buscó algo en el libro de  León Portilla. Es la metáfora del maguey.

¡Aquí esta!, dijo. Es una cita  también de Sahagún, en el tomo 1 de su Historia, el padre le inculca su hijo principios morales:

 “No te arrojes a la mujer

como el perro se arroja a lo que le dan de comer;

no te hagas a la manera de perro

en comer y tragar lo que le dan,

dándote a las mujeres antes de tiempo

 

Aunque tengas apetito de mujer

resístete, resiste a tu corazón

hasta que ya seas hombre perfecto y maduro;

mira que el maguey, si lo abren de pequeño

para quitarle miel,

ni tiene substancia, ni da miel, sino piérdese

 

Antes de que lo abran

para sacarle la miel,

le dejan crecer y venir a su perfección

y entonces se saca la miel

en sazón oportuna.

 

De esta manera debes hacer tú,

que antes que te llegues a mujer

crezcas y te embarnezcas

y entonces estarás  hábil para el casamiento

 y engendrarás hijos de buena estatura, recios, ligeros y hermosos…”

Al final de la velada el argentino comentó  que la palabra mexica tlamatinime se le aplicaba a los sabios filósofos nahuas. Y que el mundo náhuatl, en particular el azteca, llevaron a la práctica lo que en Platón fue una teoría que, hasta la fecha, quedó en utopía para el mundo occidental, y también para el mundo occidentalizado, y es que los que dirigen un pueblo fueran filósofos. En el tomo II, nos lo enseñó, de la Historia de Sahagún, se dice:

“También los señores tenían cuidado de la pacificación del pueblo y de sentenciar los litigios y pleitos que había  en la gente popular, y para esto elegían jueces, personas de buenas costumbres que fueran criadas en los monasterios de calmecac, prudentes y sabios…” 

Vale repetir, “sabios” en ese contexto náhuatl, equivale a filósofos. Así lo explica León Portilla.

Contábamos con la oportunidad financiera  de montar, de ahí a dos años,  otra expedición para escalar montañas en sector central de los Andes argentinos. De tal suerte que prometimos  a esta familia, que tan  amablemente nos había recibido en su hogar, volver a saludarlos. A nuestra paisana llevaríamos otros discos de Pedro Infante, Jorge Negrete y Miguel Aceves Mejía. Al padre también prometimos leer La Filosofía Náhuatl de León Portilla, para comentar más ampliamente con él.

 Pero la idea de regresar  a meternos en el ambiente viciado de la dictadura nos hizo voltea hacia otros macizos montañosos del planeta y nunca volvimos a verla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SCHOPENHAUER, LA SALUD Y LAS HAMBURGUESAS DE FIN DE AÑO

 


La alegría es señal de que se es feliz, escribe Schopenhauer, pero aquella  se da si físicamente tenemos salud, la que se logra con el ejercicio,  y observando inteligencia  y disciplina en el comer.

Parece que no hay nada nuevo. Esto lo escuchamos todos los días por televisión y radio con los dietistas. Sólo que Schopenhauer lo escribió hace dos siglos. Tampoco fue el primero, él mismo lo reconoce con la expresión “como es sabido”.

 Tres pensadores norteamericanos son del mismo parecer en este tema de la salud psicofísica. ¡Caminar, caminar! Emerson, Thoreau y Carrel. Con modos de vida diferente:



¡Caminar! Del libro  Técnica Alpina, de Manuel Sánchez y Armando Altamira


Emerson hombre de letras, Thoreau fabricante de lápices y Alexis Carrel, hombre ciencias con el Premio Nobel en su haber.

A Schopenhauer, alemán,  y Carrel, franco- norteamericano, se les señala siempre por su apología del hombre occidental sobre las demás etnias. Ese no es el tono de esta nota.

En las festividades de Navidad y Año Nuevo, en especial, tanto el mundo occidental, y el mundo occidentalizado, entran en una euforia que se parece mucho a la felicidad.

El trasfondo de esa alegría, lo sabemos, tiene su origen metafísico. Una alegría orientada hacia la santidad. Aunque, en el salvaje tiovivo de la euforia de fin de año, eso de la santidad se deja para las monjitas católicas y luteranas y un muy reducido número de gente cercano a la Iglesia.

Algunos, en esos me cuento, pasan frente a la Iglesia y, lejos de considerar que allá adentro está el personaje central de la Navidad, pensamos: “este templo es de estilo gótico, neoclásico… Su fachada ya está ennegrecida por el humo de los vehículos…O las palomas acabarán por destruir con su excremento las esculturas…

O, para el caso que se tenga más información del lugar, pienso: en este lugar se levantaba, apenas hace cinco siglos, una pirámide en la que por miles de años la gente venía a adorar a Ometeotl, dios de la dualidad, náhuatl mexica, a pedirle,  a  contarle de sus necesidades, sus tristezas y sus alegrías…

Viene a cuento esta  reflexión porque Coyoacán, suroeste del Valle de México, fue la primera población “occidental” que se levantó en el continente americano en el siglo dieciséis. La fachada del templo, de estilo arquitectónico plateresco, se hizo con  las rocas  y canteras de la pirámide india.

 En derredor  a la Iglesia occidental se desarrolla en estas festividades  una alegría en mucha medida practicada sibaríticamente, hasta donde la economía pandémica lo permite, en el mejor de los casos, pero báquicamente, en el mayor de los casos, aunque la economía no lo permita.

Hamburguesas, ”burritos”, tacos al pastor, tamales, hot dogs, chetos…

De tal manera que para enero ya tenemos unos kilos de más en el peso corporal y andamos urgidos buscando curar todo tipo de  resacas.

No es esa alegría de calendario, de mesa y barra de bar,  a la que se refiere Schopenhauer.

Ya ha apuntado que la felicidad personalizada  requiere de tres  condiciones: salud, ejercicio  e inteligencia en el comer.

Alegría= salud  psicofísica. Pero ésta se logra viviendo, tesoneramente, no de manera calendárica, episódica,  o dietas que duran sólo el mes de enero, o programas de ejercicios en la cancha  de tres semanas, sino toda la vida, todos los días. “Al menos cinco días a la semana”, dicen  algunos médicos, alarmados  al ver los estragos que las hamburguesas hicieron en la cintura del consultante.

En esto insisten tanto Thoreau como Carrel. El primero en su libro que lleva el explícito título de “Walking”, ”Caminar”. Carrel a lo largo de todas las páginas de su libro La incógnita del hombre. Emerson también se va a caminar por el campo y los bosques, si bien él busca la salud psicofísica tanto en el ejercicio físico corporal como “vagando” a través de las teorías filosóficas de los clásicos.

Emerson sabe que caminar (al menos dos horas diarias) y leer filosofía(al menos dos horas diarias) es la formula perfecta.



Thoreau: ¡Ya pocos practican el arte de caminar por caminar!

En la aldea  de Capula, Mineral del Chico, Sierra de Pachuca, Hidalgo, México.3,000 m.s.n.m.

Fotos de Armando Altamira

Los que sólo caminan, y no ejercitan la mente, a temprana edad puede llegarles el Alzheimer. Los que sólo leen enflaquecen de las piernas, se les abulta la panza y no les pega el sol.

Citamos a continuación la manera en la que Schopenhauer considera  que se es alegre como resultado de estar sano. O cómo la salud es requisito para ser alegre. Esto está en el capítulo II de su obra Parerga y Paralipómena, pagina 343 de la edición, de Trotta S.A., Madrid, 2009.

“Deberíamos esforzarnos ante  todo por mantenernos en el mayor grado de plena salud, como florescencia de la cual se produce la alegría. Los medios para ello son, como es sabido, evitar todos los excesos y desordenes, todas las emociones violentas y desagradables, como también todo esfuerzo intelectual excesivo o demasiado sostenido; dos horas diarias de movimiento rápido al aire libre, muchos baños fríos y medidas dietéticas parecidas. Uno no se puede  mantener sano sin un adecuado ejercicio diario, para desarrollarse adecuadamente, todos los procesos requieren movimiento, tanto de las partes en las que se realiza como del conjunto. Por eso dice Aristóteles con razón: la vida consiste en el movimiento y tiene su esencia en él. En todo el interior del organismo domina un movimiento rápido e incesante, sigue diciendo Schopenhauer: el corazón, en su complicada sístole y diástole, late enérgica e incesantemente; con veintiocho de sus latidos ha impulsado toda la masa sanguínea través de todo el sistema circulatorio mayor y menor; el pulmón bombea sin interrupción como una máquina de vapor; los intestinos se retuercen continuamente en el motus persitálticus; todas las glándulas absorben y segregan constantemente, e incluso el cerebro tiene un doble movimiento con cada pulsión y cada aspiración. Si aquí, como ocurre en la forma de vida totalmente sedentaria de innumerables hombres, falta el movimiento exterior, surge una manifiesta y nociva desproporción entre el reposo exterior y el  tumulto interno. Pues el continuo movimiento interno requiere incluso ser apoyado en algo por el externo”.

Y agrega Schopenhauer: “hasta los arboles necesitan ser movidos por el viento para crecer.”



Armando Altamira Areyán y Luis Burgos Peraita, en el desierto de Samalayuca, Estado de Chihuahua, México.

El desierto de Chihuahua tiene un altitud que varía entre 600 y los 1,670 m.s.n.m

Foto de Armando Altamira


Thoreau nos dice, en tan sólo dos líneas, todo un programa de vida para estar sanos y felices:

 “ Creo que no podría mantener la salud, ni el ánimo, sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana”.

Los que habitamos en la ciudad y su acelerado ritmo de vida, además lejos de los bosques, las montañas y los desiertos, la verdad no tenemos tiempo para dedicarle tantas horas a caminar al aire libre como  Thoreau  lo apunta.¡Eso argumentamos muchos!

¡Ya estamos en la disyuntiva!

Con el resultado que, al envejecer, tendremos que hacer prolongadas antesalas,  de horas y más horas, en una sala en sobrecupo de gente enferma, con virus y bacterias  volando por  el aire, para esperar que el médico me cure de todo un rosario de patologías consecuencia  del sedentarismo.


Citamos dos párrafos de un artículo publicado en Internet en 8 de enero del 2022

Chic Magazine

¿Cómo cuidar el cerebro? Tips para mantener una mente sana

 Pryscilla Valdez Hace 8 horas

 

Cerebro. Imagen: Getty© Proporcionado por Chic Magazine Cerebro. Imagen: Getty


"El cerebro es el principal motor de nuestro cuerpo, por lo que darle una atención y cuidado especial es importante. Muchas veces poco sabemos de cómo funciona y cómo aprende y cometemos algunos errores que sólo lo dañan desde nuestra alimentación y malos hábitos.

 

Gis Känsla, especialista en neuroeducación y neurociencias, nos da algunas recomendaciones para darle un mejor cuidado a nuestro cerebro.

 

 

"Hacer ejercicio

No precisamente ir al gimnasio y pasar horas en rutinas pesadas. Para el cerebro es bueno caminar, pasear y ver nuevos paisajes estando concentrado sólo en eso, si es posible evita la música, pues es importante que se enfoque en hacer una sola cosa a la vez.

 

Es momento de hacer una cosa y hacer bien, concentrados, poniendo toda la energía en ello, lo que traerá felicidad y sensación de alivio y placer al cerebro. Salir al caminar sin el teléfono y sin música. Empápate del ambiente que te está rodeando, obsérvalo, disfrútalo, empieza a tener una conversación contigo misma, con tu voz interior. Los mejores descubrimientos del hombre se han hecho cuando realmente está en silencio y es momento de estar en silencio y pasar más tiempo con nosotros mismos”, mencionó Gis, haciendo encapé en dejar los ruidos exteriores atrás como las redes sociales, pues esto también es bueno para el alma y el espíritu.

 

Lectura

Aunque pareciera que no es importante, la lectura ayuda al funcionamiento de la mente pues amplia el conocimiento y trabaja diversas áreas del cerebro en la memoria y el aprendizaje al desarrollar una historia y llevar una secuencia ayuda a trabajar el cortex prefrontal que se encarga de llevar una gestión de nuestro comportamiento y gestiones.

 

“La lectura lo que hace es estimular y desarrollar el córtex prefrontal a través de gestionar los personajes, llevar una secuencia del tiempo, un trama adecuada. Este estímulo es muy bueno, porque cuando estas en la vida diaria tienes un pequeño respaldo de lo que has leído y queda aprendido a tu cerebro y va a poder gestionar mucho mejor las situaciones que te pasen de una forma más sana”, destacó."

 


 Dibujo toma del libro La psiquiatría en la vida diaria

de Fritz Redlich, 1968

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARCO AURELIO, EN EL CAMINO

 


Subir una montaña es  ir resolviendo los obstáculos que vamos encontrando. Todo alpinista sabe eso. Su voluntad se prepara para tal cosa. Enfrentarse a lo que a cada paso va encontrando.

Una vez que hemos llegado a la cumbre no está todo concluido. Apenas es la mitad del asunto. Ahora es necesario resolver los problemas del descenso. En ocasiones éste es más complicado que a la subida. Entre otras cosas porque ya empleamos mucha de nuestra energía. Los tobillos pueden romperse... un descenso por cuerdas…

El alpinismo es la metáfora perfecta de la vida para el humano. Al nacer nada tenemos resuelto. Es preciso ir resolviendo los quehaceres dé cada día, en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en el modo de relacionarse, o no, con el contexto en el que nos tocó vivir. Hay suficiente energía para todo eso. Para llegar a la cumbre.

¿Pero cuantos nombres se conservan de los que, arriesgando su vida, conquistaron montañas? Personalmente conozco muchas de estas escaladas pero ni idea tengo, por más que busco, de los nombres de esos valiosos y valientes escaladores. Si acaso dos o tres. El tiempo se llevó y borró sus nombres. Como el río se lleva a las hojas de los árboles  que caen sobre sus aguas.

A la mitad de la vida es cuando empieza el descenso. ¡Ya mucha de nuestra energía se ha gastado! Las grasas asesinas, de las sabrosas comidas, han obstruido la mitad de las arterias y el corazón, ya gastado, se ve sometido a realizar un esfuerzo doble que en la juventud. ¡Poco colágeno queda en las rodillas! El Alzheimer toca a nuestra puerta por el poco oxigeno que llega al cerebro o, tal vez, como apuntó Stekel, el famoso psiquiatra austriaco del siglo diecinueve, para olvidar algo…

¡Cuarenta años antes!

Así es en las películas. De pronto se interrumpe la acción de los personajes y aparecen en la pantalla las palabras: “Cuarenta años antes”.

Aquellos personajes, ya adultos, ahora son jóvenes. Estamos otra vez en el principio, pero ahora con la fresca actitud ante la vida. Enfrente hay una aporía, como se dice en filosofía ante una situación al parecer sin solución.

En un tono, que parece revolucionario, el poeta dice que se hace camino al andar.  Arrancar de cero es un pensamiento creacionista, no evolucionista. Pero el humo del cigarro no deja ver claro.

La tradición es su contratesis. Pero apoyarse en la tradición parece un determinismo, el mecanicismo de la causa y el efecto en el que la libertad de decisión del individuo para decidir su vida, no cuenta para nada. Todo está escrito desde antes del principio de los siglos o, dicho en el modo moderno, todo está escrito en nuestra herencia genética.

Es aquí cuando aparece Marco Aurelio, el sabio emperador romano. El que habló como mil años después hablaría san Francisco de Asís, también romano.



MARCO AURELIO



¿Ayer? ¿Mañana? ¡Lo más tranquilo que puedas vive este día!

Tus apologistas ya se fueron a hacer la apología de otro. La estatua tuya  de bronce, que se elevaba a la entrada de la ciudad, ya la derribaron, la fundieron e hicieron tornillos para componer el viejo motor del carro de la basura. ¿Tus memorias? Sabes  bien que todo pasa y dentro de cuarenta años ya nadie se acordará de ti. 

El administrador del panteón buscaba ganar más dinero, cambió los requisitos,  reorganizó las tumbas, antes a  perpetuidad, y tus distinguidos huesos fueron a dar a la fosa común, junto con los huesos  del indigente que dormía en la calle.

El encargado del crematorio tenia prisa de reunirse con su familia, para la cena de Año Nuevo y entregó cenizas de un perro a los familiares que esperaban las de su ser querido apenas fallecido dos días atrás...

“Alejandro el de Macedonia-dice Marco Aurelio- y su mozo de mulas, habiendo muerto, vinieron a parar en una misma cosa…”

Marco Aurelio:

 “! Cuantos se hallan ya sepultados en el olvido habiendo sido antes muy aplaudidos! !Y cuántos de los que celebraron a estos  fueron asimismo borrados tanto ha de la memoria de los hombres!”

Antes había anotado en su obra Soliloquios, libro IV:

“El tiempo es como un río, y aun como un rápido torrente, que arrastra cuanto hay en el mundo. Lo mismo es dejarse ver cada una  de las cosas, que desaparecer precipitadamente, y sucederla otra, y también ser arrastrada con igual prontitud.”

Esta fugacidad eterna, incesante, fue observada por Platón y dijo que apenas se puede señalar o poner nombre a las cosas cuando ya mudaron, se fueron, o desparecieron. Como las sombras largas de los arboles, en la mañana,van moviéndose durante el día y desaparecen en la oscuridad de la noche.

Igual que en las rocas se trate  de millones de años o que el animalito que nació en la mañana, por la tarde sea ya un anciano.

Buscando algo estable, perenne, Platón  fue dando forma a su teoría de las Ideas, esas que están fuera de la fenomenología, no localizadas ni en el tiempo ni en el espacio…

Este anhelo de Platón, de dar con lo único estable,el hombre nahuatl lo encontraba en las dos palabras de flor y canto,lo que perece todos los días, y el canto,lo metafísico

En un tiempo tan remoto, como el de Marco Aurelio, o tal vez  antes, y en un continente desconocido y también muy lejano, es decir, aquí en América, un tlamatini, como se llama al  sabio filósofo   náhuatl mexica, dijo:

 “No para siempre en la tierra, sólo un poco aquí.”

De Ayocuan Cuetzpaltzin, sabio y poeta, águila blanca, de Tecamachalco, que  vivió entre la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI, la tradición oral conservó lo siguiente:

“¿Nada quedara de mi nombre?

¿Nada de mi fama aquí en la tierra?

 Nezahualcoyotl, rey y poeta  de Texcoco, México, dijo así sus pensamientos metafísicos:



“Así somos, somos mortales,

De cuatro en cuatro nosotros los hombres,

Todos habremos de irnos,

Todos habremos de morir en la Tierra…”


Los del pensamiento positivista, materialista, se quedarán aquí en Tlaltícpac, como se dice en náhuatl, “aquí sobre la tierra”.

Los animistas se irán, envueltos en su aureola teológica-metafísica, con Ometeotl, el dios de la dualidad (Ometecuhtli, Señor, y Omecíhuatl, Señora), el que habita en el Omeyocan, más allá de los cielos.

Pero todo eso está por verse. Los mismos sabios tlamatinime, tan profundamente creyentes en Ometeotl, reflexionaban escépticos:

“De pronto salimos del sueño,

sólo vinimos a soñar,

no es cierto, no es cierto,

que vinimos a vivir sobre la tierra.

Como yerba en primavera

es nuestro ser.”

 Tochihuitzin Coyolchiuhqui, el autor de este pensamiento, vivió entre fines del siglo XIV y mediados del XV

Mejor, como escribe Marco Aurelio, procuremos  ser felices  este día:

“Donde quiera que te encuentres puedes ser un hombre feliz…Ajústate y acomódate a lo que el hado te ha destinado, y ama a los hombres con quienes  te cupo en suerte el vivir, pero que sea de veras!

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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