Kierkegaard y el pensar propio.


El pensamiento de Kierkegaard
Por James  Collins
Fondo de Cultura Económica, México
1976

Soren Kierkegaard vivió en un mundo conflictivo  en el que se hacían la guerra,  tanto el racionalismo contra el idealismo,  como también el  cristianismo liberal contra el cristianismo ortodoxo. Era la conflictiva situación  del racionalismo  que venía del siglo anterior  al suyo  y la teología protestante  que coqueteaba  con el pensamiento seglar. En otras palabras, explicar el pensamiento ilógico  por la lógica: “Porque al hacer (el racionalismo)  de la razón la norma a la cual deben  acomodarse los dogmas, negaba a la religión  su pretensión de absoluto  y de ser la única depositaria  de la revelación.

 Kierkegaard nunca  encontró la aclaración  sobre la relación entre la fe  y la credibilidad en los manuales aceptados  de apologética y teología. De aquí que se sintiera inclinado a menospreciar el servicio  que la razón puede prestar  legítimamente a la  religión revelada.” Por eso  prevenía en contra del “racionalismo  teológico  que con tanta razón deploraba.”

Para Kierkegaard  ese intento de zenonizar  al cristianismo había dado como resultado  un descenso de nivel  en el modo de vivir.  Si se quiere tener idea del absurdo  piénsese en una hipótesis al revés: un racionalismo que acepte  las posiciones espirituales de la fe… Por eso criticaba a todo ese ejército de intelectuales  que llenaban el día  con semejante entretenimiento: “  La penetración y la ironía  llevaron  a Kierkegaard  a agrupar a los profesores  de filosofía  con los teólogos , los políticos, los reformadores sociales  y los periodistas , responsables de haber deteriorado  la vida… Una vida centrada religiosamente  no se permite el bailar  al tiempo de vals  de la dialéctica especulativa, porque va con el ritmo de otra música.”

Tal cosa hizo decir a pensadores como Schelling  en el sentido  que una cosa es la existencia y otra la esencia.


 Por algún tiempo Kierkegaard se vio en medio de ese  contexto.  Esto le hizo arribar a  una especie de ecumenismo  universal. Encontrar la duración  en la existencia  y en Dios la eternidad.: “El propósito de la sabiduría cristiana  no es borrar la distinción entre el entender y el creer, sino conservar abiertos  los caminos de comunicación en ayuda  mutua entre los dos.”

No hay que pasar por alto que Kierkegaard es referido como una de las figuras  principal del existencialismo: “Prefiere referirse al ser divino como a la eternidad de Dios, y al ser finito  como existencia.”

Ya en su tiempo Kierkegaard pugnaba porque la gente pensara por  sí misma. Estamos hablando de la primera mitad del siglo diecinueve. Kierkegaard  nació el 5 de mayo de 1813 (Nov.1855), en Copenhague, Dinamarca. Se le considera, en efecto, después de Schopenhauer (1788-1860), uno de los pilares del existencialismo. 

Fue un espíritu religioso que se movió de manera profunda en el mundo de la filosofía y de la teología.

A semejanza de Nietzsche, gustaba dirigir sus ataques  a las masas, no para herirlas, sino como una especie de pesca. Hacer que  la multitud se   revelara, a sí misma, los individuos de carácter: “para hacer que la gente pensara por sí misma, usara su juicio  independientemente  y obrara después  de una elección deliberada.” Todo esto recuerda el método de la mayéutica socrática.

Hablaba de conceptos probados por el tiempo y alertaba contra las modas intelectuales, por lo general cargados de clichés: “ Un pensador  de moda  trata de adelantarse a otro añadiéndole nuevos  significados  a los términos, para obtener un eclecticismo a la moda y un dominio  temporal sobre la masa de secuaces…Las gentes comunes y corrientes  se ven arrastradas por las olas  sucesivas de opiniones o se retiran con desconfianza  y escepticismo  de toda actividad intelectual. Se contentan con usar una cuantas palabras  cargadas de significado, una cuantas frases impresionantes que al menos son económicas, estables y, hasta cierto punto, fácilmente inteligibles.”

En un tiempo Kierkegaard pensó dedicar su vida a la religión como ministro del cristianismo liberal. El amor de Regina lo apartó de la idea y, más tarde, la consideración de las responsabilidades que conlleva un matrimonio decidió que  mejor en la actividad cultural estaba  su sitio.

Como sea, dedicó mucho de su pensamiento para señalar algunas cuestiones del cristianismo católico romano.   Casi se hizo eco de los conceptos esgrimidos por Lutero. Caído el imperio romano, y ya instalada en Bizancio-Constantinopla, la Iglesia  fue la principal  cabeza educadora de millones de individuos, habitantes de varios continentes, empezando por Europa. Una inmensurable tarea civilizadora que podía profundizar en reducidos sectores pero  abarcando de manera superficial a la generalidad. Esto se omite siempre.

 Lo que se destaca  invariablemente es  el cristianismo superficial, lo cual, por otra parte es la realidad. Los individuos se  enfrentan desde la religión a acontecimientos  cruciales de la vida, tales como el nacimiento, el matrimonio y la muerte. Después hay un  desinterés, nada comparable con la actitud afanosa de leer la Biblia del protestantismo. Aquello   “significa para Kierkegaard que le religiosidad cristiana se ha trasformado en una especie  de sueño automático.”  

La existencia humana en Kierkegaard acepta el juego de las pasiones. Pero, “su concepto  luterano  extremado del orden  de la gracia en cierto modo choca con su apertura  de los sentidos y con el reino de la gracia.”

Su criterio de libertad es en base que el individuo es único y se rebela contra los patrones que vive la mayoría. Decía que “el problema es conservar  la integridad del individuo sin caer en una posición  antinómica y el procurar una participación de la vida buena  y sus reglas y leyes  sin caer en un universalismo artificial.”

Al pedir que el individuo piense por sí mismo implica conocer  ampliamente  para poder decidir. Si pertenece al pensamiento laico que sea un consciente(documentado) laico, si es un cristiano protestante que sea un universal  culto protestante y si es un cristiano católico romano que conozca los evangelios,los siete sacramentos, y la milenaria  historia de la Iglesia. Que no sea “arrastrado” hacia algún modo de pensar  sino que  él voluntariamente  decida formar  parte  de ese modo de pensar. Y lo practique comunitariamente  con la mayor entrega.








Soren Kierkegaard















Cuatro tips para no lastimarse las rodillas los atletas-alpinistas

Correr en el valle o en la media montaña tal vez sea el mejor ejercicio preparatorio para la práctica del montañismo. Pero con frecuencia hay lastimaduras en las rodillas mientras se corre. Mencionamos cuatro modos para reducir este inconveniente.

1- No levantar mucho los pies a la hora de correr o trotar. Ir casi a ras de suelo. De esta manera el golpeteo contra el suelo será mínimo. Los huesos de las rodillas “casi” no saldrán lastimados

2- Bajar de peso corporal. Cada gramo sobre del peso corporal que nos corresponde, según la complexión, edad y estatura, repercutirá negativamente sobre nuestras rodillas.

Los más expuestos a salir lastimados son los que andan en el sobrepeso. Lo más sensato, en este caso, es limitarse a caminar, en tanto bajan de peso.

3- No correr, sólo trotar.

4- No envejecer

El mundo de W.B.Yeats

La poesía de W.B.Yeats
Por Louis MacNeice
Prólogo: Richard Ellmann
Fondo de Cultura Económica, México
1977

William Butler Yeats nació en Dublín, Irlanda, en 1865 y murió en Francia, en 1939.

Luego de pasar por esta vida, concreta y real, del aquí y del hoy,  Yeats esperaba llegar al mundo eterno de las entelequias platónicas. No era, desde luego, un poeta del mundo sino de su tierra. Nació en Irlanda y consideraba que  Irlanda lo hizo: “Yeats trató de ligar su  individualismo romántico a su nacionalismo irlandés…Irlanda moldeó sus pensamientos infantiles”.

MacNeice decía que si en realidad supiéramos todas las condiciones  que hay detrás de un poema, podrían ser tomadas  en conjunto como su causa.

Nosotros nos preguntamos si Martín Fierro pudo ser escrito por un poeta maya, por ejemplo, tal como lo hizo José Hernández. O Wallenstein por un poeta peruano como lo creó Schiller o Un Popol Vuh por un polaco…
 

   Yeats decía que la obra creadora  tiene siempre una patria: “No se puede tener la más grande poesía sin una nación, como no   se puede tener una religión sin símbolos. Sólo podemos alcanzar el universo  con una mano enguantada. El guante es la propia nación, lo único de lo que sabemos un poco.”

Comemos para vivir pero, ¿para qué sirve la vida? La vida es lo que hacemos pero, ¿para qué? Debe tener un sentido elevado más que el inconsciente inmediato del que llevan los animales inferiores: “El sentido de los valores que rige  esta creación consciente de la vida no es utilitario. Sólo puede ser descrito como místico”.

Yeats no creía que el mundo fuera visto igual por  todos, como se supone deban verlo las hormigas. Sería negar la subjetividad de cada individuo: “La imparcialidad  absoluta es inalcanzable  cuando se juzga una obra de arte, sea a la luz de una teoría  o por referencia de otras obras de arte.”


W.B.Yeats.Foto de 1911



Entran en juego dos modos de ver las cosas que parten, en mucha medida, entre otras maneras, de la capacidad o preparación de autor y de observador. ¿Sin preparación se puede observar qué tipo de roca se tiene enfrente como la puede observar un geólogo? ¿Sin nociones de perspectiva, y teoría de los colores,  alguien del común puede apreciar una obra de arte como un crítico profesional o como el propio artista? ¿Sin conocimiento de la historia de Rusia alguien pudo escribir La Guerra y la Paz, como lo hizo Tolstoi?

Parecido sucede en filosofía, en la poesía, en la  novela. Pregunta MacNeice: “¿Qué me atrae de su obra? ¿Aspiró el poeta a algo que yo puedo entender? Su mundo, sus ideales, sus métodos, ¿fueron similares en algo a los míos?”.

Más que como un conflicto ideológico este “choque” sería muy útil como ejercicio didáctico. El lector para ir “subiendo” en la comprensión y el autor para “bajarse” en el modo de hacerse comprensible. De esa manera, y sin ánimo de perorar ni de nivelar, los dos subjetivismos se aportarían modos de ver las cosas.  Sería  el ejercicio interdidáctico.

Sin llegar al solipsismo, el poeta escribe sus cosas de manera muy suyas, sin concesiones  con nada ni con nadie. Más, vive en el mundo, de donde abreva su experiencia (Irlanda,en este caso  de Yeats), y de alguna manera su poesía está ligada con el mundo: “Un poema, si bien es un individuo, procede de la vida  y, por lo mismo, ya realizado, tiene que regresar a ella…Un poema puede considerarse desequilibrado si está demasiado alejado de la vida, o si está servilmente subordinado a ella.” De esta manera, decía,  no coincidía con  los que creen que el arte está divorciado de la realidad. Protestaba contra los que “tiene la convicción   de que el arte está alejado de la realidad, de que es independiente de la historia, e ininteligible para las masas.”

Creía que el racionalismo y el realismo mienten cuando hablan de la belleza de la vida. Esta se encuentra en  “los viejos mitos de las religiones, en sus creencias y en sus sueños…Unidos constituyen la belleza de toda una época.”

Hijo de Irlanda, era escéptico de la democracia al ver tanta barbaridad que, a lo largo de los siglos, ha ocurrido en su verde patria: “Irlanda debe evitar los engaños de la democracia moderna.”

Como irlandés, y como poeta, tenía sueños y odiaba lo factual: “Bajo la influencia de O´Leary, soñó con unir  las dos partes de Irlanda, la católica y la protestante, y decidió que su compromiso poético dependía del recuerdo constante de su pasado irlandés”.

Cuicuilco, la casa del tiempo



Es la figura original de Cuicuilco, realizada en barro.
Una representación geriatrica. El niño, setenta años más tarde, registra el paso del tiempo...



Huehueteotl (Viejo Dios), interpretación teotihuacana. Su dentadura se encuentra  en pésimo estado. El bracero sobre su cabeza implica la presencia de Xiutecutli (dios  del Fuego)
Bosquejo de la zona arqueológica de Cuicuilco. Se ve el contexto montañoso (tomado de Preclasicos, autor Arturo Pinto Orozco s/ fecha de publicación, probablemente mediados del siglo veinte)

Cuicuilco es un lugar que se localiza  en el suroeste del Valle de México. Se le considera  una antigüedad de unos 450 años antes de la era cristiana. Allí se adoraba al Sol, al Viento, al Agua, al Fuego y al Tiempo. A la cultura mesoamericana se le ha calificado  como cronovisión, más que como cosmovisión.

Es la casa donde se adoraba el devenir, al movimiento, en la figura de dos dioses: Huehueteotl y Ehecatl. Huehueteotl es el Dios Viejo y Ehecatl al viento que pasa. Sin embargo  es a Huehueteotl al que se le señala como dios tutelar de Cuicuilco.

Pintura que muestra el abandono de Cuicuilco.  La etnia es  expulsada por el magma del volcán Xitle (al fondo). Se cree que de aquí  emigraron  al norte medio del Valle de México y fueron los constructores de Teotihuacán.


La interpretación agrícola dice  que Huehueteotl  es el que da calor en la cocina para preparara los alimentos.  Ehecatl el viento que trae las nubes con lluvia para beneficiar a las cosechas.

Historiadores de los siglos pasados, y antropólogos modernos, consideran dios a Huehueteotl. Si bien este panorama tampoco ha escapado del proceso zenonizante que es laicizar todo lo espiritual. El contexto laico de la investigación científica tiende a señalarlo  como “héroe cultural”.

De todo esto dan testimonio las investigaciones que se han llevado a cabo en esa zona arqueológica. Es la cronovisión, ya completa, acabada, de la cultura náhuatl, no obstante que al sitio se le señala en la etapa  del Arcaico o Preclásico del Altiplano Mexicano.

Tradicionalmente a Huehueteotl s e le considera  dios del Fuego, por el sombrero, como bracero, que lleva en la cabeza. Pero es necesario aclarar  que el dios del Fuego en la cultura náhuatl es Xiuhtecuhtli. Otros llaman a Huehueteotl “Viejo Dios  del Fuego”.
Calendario Azteca.Museo Nacional de Antropología, Chapultepec,Cd. de México.Foto del 10 de julio 2011

Cuicuilco es el lugar donde los humanos fueron conscientes de la existencia del tiempo. Al estilo de los niños que nacen en Argentina, cuando tienen cierta edad, se dan cuenta que viven en Argentina. O los niños mexicanos o los españoles o los alemanes… en sus respectivos países. Y, como dice W.B. Yeats, poeta irlandés:  "no hay religión sin imágenes", los hombres procedieron a representar  al tiempo. ¡Y ésta sí fue su creación!

 Así  surgió la imagen del dios Huehueteotl. Figura antropomorfa,  la de un viejito lleno de arrugas, le faltan dientes, y la espalda encorvada por la edad. Sobre la cabeza lleva un recipiente para contener el fuego, lo que en México se llama “bracero”, que en este caso también sirve de incensario. 

Está representando al tiempo teniendo como modelo a las viejas montañas cercanas de suaves líneas y, a la vez, a las montañas nuevas que nacen “de pronto” dado su origen volcánico. Cerca de Cuicuilco y dominando el paisaje, está la montaña Ajusco, restos de un volcán,  cuya cumbre más alta está en los 3,937 m.s.n.m.  Con base en esta interpretación el Instituto Nacional de Geriatría lo ha adoptado en la figura de un niño y dentro  la cara arrugada de un anciano.

Si bien a Huehueteotl se le considera dios representativo de Cuicuilco, no hay que olvidar que su enorme pirámide principal es de forma circular y esto habla de otra deidad, que es Ehecatl-Quetzalcóatl. Una presencia altamente espiritual, el viento espiritual, que siglos más tarde sería el numen principal de los toltecas. Esta pirámide tiene dos rampas, una en el este y la otra hacia el oeste. Es la orientación mítica de la arquitectura mesoamericana que sigue la trayectoria solar…

Cuicuilco desapareció copado por  el magma del volcán Xitle. En unos sitios el espesor de la lava tiene siete metros y en otros hasta quince. Se sostiene la tesis que los habitantes de Cuicuilco abandonaron entonces el lugar y emigraron hacia el norte-medio del Valle de México. Que fueron los creadores de la esplendorosa ciudad de Teotihuacán, el centro ceremonial y habitacional  más grande del Altiplano Central Mexicano. Desde luego no olvidaron a su dios Huehueteotl y le siguieron dando culto como lo hacían en Cuicuilco.
Lado sur de la  piramide. El  pasto, base de los árboles, es la altura que alcanzó la lava. Se nota el desnivel que han quitado de  roca volcánica para llegar a la base (foto 10 de julio 2011).

Se considera a Huehueteotl el dios más antiguo. La publicación Arte Preclásico, del Museo Nacional de Antropología e Historia (INAH) 1968, se refiere a Huehueteotl como: “El dios del Fuego es el primero del panteón mesoamericano y su culto perduró hasta el momento de la conquista española. Los mexica que reconocían su antigüedad le llamaron Huehueteotl. Que significa “el dios viejo.”
Huehueteotl, versión veracruzana

Cuicuilco es un lugar que se localiza  en el suroeste del Valle de México. Se le considera  una antigüedad de unos 450 años antes de la era cristiana (Preclasicos). Allí se adoraba al Sol, al Viento, al Agua, al Fuego y al Tiempo. A la cultura mesoamericana se le ha calificado  como cronovisión, más que como cosmovisión.

En cambio, en la zona, el INHA consigna el dato de una antiguedad de 800 a C. a 150.
La piramide circular de Cuicuilco. Se aprecia al fondo su rampa oeste (foto del 10 de julio 2011)

Todavía queda pendiente lo de la antigüedad del sitio. La antropología le da  unos 2,500 años. Pero se considera que el magma, del volcán Xitle que lo cubrió, tiene una antigüedad de unos  5,000 años. “El notable geógrafo Jorge L. Tamayo coloca al Xitle como un volcán contemporáneo y el Ingeniero geólogo Federico Mulleried le da una antigüedad de unos 5,000 años a la erupción que le dio lugar al Pedregal de San Ángel; pero el mismo maestro la clasifica desde el punto de vista geológico como erupción reciente.” (Preclásicos, autor: Arturo Pinto Orozco)

 Paul Rivet dice que esta lava tiene 2,422 años. No es la antiguedad de la etnia pues él se refiere a la lava (Los orígenes del hombre americano, Fondo de Cultura Económica, 1974).


Huehueteotl, sin bracero en la cabeza (Museo Nacional de Antropología e Historia, México) foto julio 2011.





Cartas de Henry Miller y la experiencia de escribir

Cartas a Anais Nín
Editorial Bruguera, España
1979

Henry Miller escribió, durante quince años, cartas  que enviaba a su amiga  Anais Nín, en un tiempo que va de 1931 a 1946. Material epistolar,  sin pretensiones de ser publicado, y que por la misma libertad  con la que fue escrito resulta de contenido invaluable, por didáctico, para conoce al autor de Trópico de Capricornio.

Miller nació el 26 de diciembre de 1891 en Brooklyn, Nueva York. Allí estudió y trabajó como obrero hasta que decidió viajar a  Paris, en 1930, para dedicarse por entero a escribir:”Dios, qué enloquecedor es  la idea de que haya  de pasar siquiera un día  sin escribir. Jamás, jamás lo recuperaría”. Regresó a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y murió en California en 1980.

En las cartas relata sus sueños, dificultades de todo tipo, tanto económicas como con la gente que tuvo que tratar, empezando por su país Estados Unidos. Luego Europa, particularmente  Francia. Problemas para ser publicado. Finalmente el éxito como escritor.

Es un escritor que dice abiertamente que debe mucho a su formación filosófica tanto a Emerson como a Nietzsche. Esto habla de alguien que ha cruzado el puente sobre los regionalismos culturales:”Quería ensalzar a Waldo Emerson cuanto me fuera posible, sólo para probar ante el mundo que una vez hubo un gran americano. Pero más que por eso  porque en alguna época de mi vida  su influencia sobre mí  fue grande porque está unido  con toda una parte mía  a la que considero mi parte mejor…”

Y de Nietzsche recuerda: “El hombre que fui a los veintitrés años, el que sintió a Nietzsche  con tanta fuerza, fui influido de modo indeleble por el pensamiento del filósofo alemán. Esto es lo que, tal vez sin saberlo yo,  me ha sostenido durante todos estos años, Y creo que ha sido el mustio escepticismo de Nietzsche el que me ha preservado de la trampa  de manejar abstracciones,  aunque algunas veces pareciera  que zozobraba en ellas”.


Las referencias señaladas cobran más  importancia en este primer tercio del siglo veintiuno en que algunos escritores más parecen que están  publicando un Manifiesto, de algún partido político, que una novela. Miller nos hace recuperar  la confianza en este género  como vehículo de expresión universal.

Es un tiempo en el que el gobierno de algunos Estados de varias maneras se convierte en Mecenas de escritores, y el público conoce novelas anquilosadas, que viene a ser  como continuación   de la historia oficial  de ese país, quitada del escritorio  de los historiadores oficialistas y puestas en manos de los novelistas oficialistas. De ahí que la libertad con la que Miller escribía en algún tiempo haya casi escandalizado a algunos lectores.

Anais también es escritora  y Miller le recomienda que: “Cultive la locura. No se aparte  de ella. En la locura está la sabiduría para el artista. Deje que todo entre en su cabeza y que hierva allí. Usted es dueña de la forma, del dominio sobre su medio.” Opinaba que la mujer ya está hecha y el hombre es el que busca hacerse: “La mujer es, el hombre deviene.”

Miller es uno de esos escritores que para escribir, aparte de vivir, necesita leer. Esto, que parece una cosa obvia, no lo es. Este autor había encontrado, sino la única manera  de conocer el mundo, sí la mejor, y era leyendo. La gente del mundo en general no lee libros de cultura. En México pocos leen muchísimo,muchos leen poco y el noventa por ciento ve televisión... Leyendo de lo que nos gusta y sobre todo de lo que nos disgusta. ¿Cómo podría ser posible el ejercicio de la dialéctica si sólo escucho mi monólogo? Advierte: “Leo para apreciar y no para criticar.”

Por ejemplo, de esa apertura de espíritu que poseía Miller, dice que en París explicaba en francés a Spengler. Es como si en Washington un francés explicara en inglés a los estadounidenses a Nietzsche.

Por lo demás Miller tuvo experiencias con mujeres y sin embargo confiesa que se le dificultaba conocerlas: “me refiero, por ejemplo, a que me producen un  desconcierto paralizador saber que cuando una mujer  dice una cosa, quiere significar otra, referirse a muchas cosas, decir sí y no al mismo tiempo.”

De la polémica que levantaron sus novelas en su tiempo calificadas por algunos de lascivas dice: “Déjales que se burlen, si quieren, por el carácter emocional, por la falta de forma, etcétera, de mis novelas.”

En su viaje por Grecia, ya para llegar a Delfos,  alcanza  la conclusión que, sin el equilibrio de los contrarios, esto duraría menos de un minuto: “Tengo ante los ojos la más civilizada y también la más salvaje y dinámica tierra que se puede imaginar. Es la quintaesencia de las contradicciones. Esto es dionisiaco. Y de aquí ha surgido lo apolíneo: de lo contrario, todo se hubiera precipitado hacia el caos y la imbecilidad.”

Ovidio y Chilam Balam, dos modos de crear el universo

Ovidio Las metamorfosis
Popol Vuh (Libro del consejo)

En Ovidio el origen del universo, del planeta, la vida y la aparición del humano, se dan en un escenario geográfico caótico. Es la región situada en  el NE del Mediterráneo, entre el Mar Egeo, Mar de Marmara y  el Mar Negro, entre Grecia y los asentamientos de Troya y Bizancio-Constantinopla- Estambul. Zona sísmica muy activa y de fuertes vientos encontrados: “Antes que el mar, la tierra y el cielo, que lo cubre todo, en la totalidad del universo aparecía un único aspecto de la naturaleza, al que llamaron caos, masa informe, confusa, un peso inerte en el que se encontraban los elementos de las cosas en discordante amalgama”.

 Para que  se diera la vida los dioses tuvieron que poner orden en el caos. La primera de Las Metamorfosis de Ovidio consiste en trasformar el caos en orden: “Un dios y una naturaleza en progreso ponen fin a esta lucha, pues separa el cielo de la tierra, y de la tierra, las aguas asignando un dominio al cielo límpido y otro al aire denso”. Hasta entonces aparece el hombre: “De este modo, la tierra, que antes era árida e informe, se cubrió, por esta metamorfosis, de figuras de hombres, desconocidos hasta entonces “.

El  hombre construía con espíritu emprendedor, no obstante, sus filósofos observarían  que es el azar, el caos, el que rige le vida humana, y no las leyes de la causalidad.   De ahí que sus dioses vean por la preservación de la vida pero a través de manifestar una disposición caprichosa y con frecuencia trágica hasta la incomprensión por el humano.

Y sin embargo, esos mismos dioses, como es frecuente en las tragedias de Eurípides, acuden a rescatar a los individuos y  vuelven a hacerlos dueños de las cosas y llegan a vivir existencias felices.

¿Los hombres escogieron a sus dioses muy a doc del terreno geográfico que habitaban? ¿O los dioses escogieron esa región, como campo didáctico, para ir enseñando a los humanos a ser cada vez más  humanos, menos subhumanos?

Porque cuando los hombres han alcanzado la felicidad, otra vez, de pronto, para que no se vuelvan blandengues, para que no prolifere lo dionisiaco, llega lo inesperado, el cataclismo, la sombra de la tragedia…

En la edad de Hierro, cuando los humanos se abandonan y la vida y la tierra toman el camino de la degradación, los dioses deciden terminar con todo eso e inundan la tierra. Todo perece excepto una pareja (Decaulión y Pirra) que se encargará de volver a repoblar todo y Febo, el Sol, calentará la tierra y crecerán toda clase de  animales y plantas. Para que no crezcan con temor, Júpiter les dice que: “Les prohíben que teman nada y les promete una raza distinta a la anterior y de origen maravilloso.”


En cambio el origen de la vida en el Popol Vuh, para los mayas, los epicentros sísmicos están lejos, en el oeste, en el pacifico, en las costas de Oaxaca y Guerrero. Las placas tectónicas, que llevan islas caribeñas para allá o para acá, parece que se mueven en otro ritmo.

Aquí los dioses mayas del Quiché (Mesoamérica: sur de México y Centroamérica) crearon la vida a partir de la inmovilidad. De la quietud empezó el devenir. Entonces todo empezó a moverse.

“He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo tranquilo, todo inmóvil, todo apacible, todo silencioso, todo vacío, en el cielo, en la tierra. He aquí la primera historia, la primera descripción. No había un solo hombre, un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, selva. Sólo el cielo existía. La faz de la tierra no aparecía. Sólo existían la mar limitada, todo el espacio del cielo. No había nada reunido, junto. Todo era invisible, todo estaba inmóvil en el cielo. No existía nada edificado. Nada existía, Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche…Entonces se mostraron, meditaron, en el momento del alba. Decidieron (construir)  al hombre  mientras celebraban consejo sobre la producción, la existencia de los árboles, de los bejucos, de la producción de la vida, de la existencia, en las tinieblas, en la noche…”

W.Sypher en Razón VS Sinrazón

Conocer sus límites,  y tratar de superarlos, es una cuestión muy conocida en los que corren como deporte de competencia. O en los que escalan montañas. Igual sucede en toda actividad del humano. Unos en las ciencias exactas, otros en las humanidades y otros más en el pensamiento ilógico. Cada quien en su campo. Cada quien barriendo su banqueta.  Sólo que a partir del siglo diecinueve, y luego en el veinte, todos se volvieron celosos de su actividad y en breve ya tuvimos una guerra ideológica entre estos tres grupos. “Nunca llueve a gusto de todos” dice un personaje de F. Schiller.

Y esto es lo que  Wylie Sypher nos relata, con responsabilidad y maestría,  en su obra Literatura y Tecnología (la visión enajenada). Fondo de Cultura Económica, México 1974.

 El autor dice que ha habido una lamentable incomprensión entre los hombres de letras y los científicos. Se miran unos a otros  con heladas sonrisas. Son escasos los Novalis que sean  geólogos y también poetas. En muchos países la pugna del siglo diecinueve en Europa,  sostenida entre las bellas artes y las artes aplicadas, ni siquiera empieza en pleno siglo veintiuno en los países emergentes.  En estos países, del precario desarrollo, el arte está por un lado y la industria por otro. En tanto que el técnico diseña instrumentos  para ser utilizados antes de que caiga la tarde de este día, el poeta rechaza el presente y gusta de perseguir  mundos de fantasía en el horizonte sin límites del Humanismo.

En el fondo son   tan fantasiosos, o imaginativos,  el científico, con su Método, como el poeta con su Inspiración. Para que un científico llegue a la etapa de la verificación es que ésta estuvo presidida por un tiempo de la imaginación. Imagino  que las Antillas estuvieron alguna vez en el Pacífico, frente a San Francisco.  Ahora hay que verificar  las rocas, la paleo fauna, los fósiles…

 Los novelistas necesitan también un método y someterse a la lógica, pero  también los precede la imaginación.  Así mismo, el poeta verifica  pero su tiempo es a largo plazo. Perseguir la flor azul puede llevar siglos. Zaratustra, perorando en la plaza pública, se arrancaba los cabellos al encontrar  a  un pueblo amodorrado  que había renunciado tanto a su soledad como a su devenir y estaba en el sobrepeso y no hacía ejercicio físico ni leía libros de cultura. “¡Estás loco!” le decía la gente. “¡Vete a tus montañas, no te queremos aquí!”

La belleza y el mito son el terreno en  el que  brota  la flor azul. Y eso no es tan fácil de medir. Si es que acaso lo sea. Se les puede declarar neuróticos a los artistas,  y con ello a las Humanidades, y  así meterlos al callejón de la causalidad. Este experimento se hizo, dice John Updike, en Estados Unidos en la época de la gran depresión económica,  primer tercio del siglo veinte. Había mucho desempleo.  Uno de cada dos norteamericanos necesitaba  ir al psiquiatra...

La ciencia requiere razonar. La poesía da la impresión de la sin razón. Los artesanos medievales, y los de nuestro siglo, tal vez sean  la tabla que une arte y ciencia.  Si se quiere unirlas, aunque no se ve por que tengan que unirse.  Como decimos, repitiendo a H. D. Lawrence: que cada quien barra   la banqueta de su calle y no quiera venir a barrer nuestra  banqueta.

El científico está controlado por el llamado método científico en tanto que la sensibilidad en el poeta parece  incoherente. Allá está la razón para seguir avanzando, acá la sin razón que encuentra la verdad en la belleza en todas partes, aun fuera de su yo. En algunos, esta “universalización” del poeta, al punto de abandonar su yo, la tierra que contribuyó a darle  su yo, con frecuencia era señal de la presencia de opiáceos, al estilo de Baudelaire, por mencionar sólo uno: “En todo caso resulta irónico que bajo el hechizo de las drogas el poeta alcanzara  una negación del yo más radical que la que el científico lograba en su laboratorio”.

El riesgo de alejarse del método científico, en nombre de la creación artística, es abandonar las playas del pensamiento lógico y extraviarse en el mar ignoto donde la droga laicizada pierde los pinceles, el cincel y el lápiz-computadora. Encerrado en su celda del sanatorio, el artista habrá alcanzado la plena liberación frente a todo, pero ese pensamiento, por desconocido, ya no le sirve a la sociedad.

El arte empieza donde acaba la causalidad pero hay el riesgo que se vuelva irreconocible por todos si aparece bajo el influjo de la substancia química, laicizada, donde el yo es rebasado por el ego que hace explotar las neuronas hasta que el viaje, de las alucinaciones inducidas, termina en la casa de los que ya no encontraron el camino de regreso. Como ejemplo, de contraste, diremos que es conocida  la experiencia onírica del paraíso artificial  sancionado por la etnia. El peyote tiene figura, nombre y lugar muy definido a partir de Virikuta. Aquí hay liberación del yo y la etnia s e encarga de disciplinar el ego. Aquí todos regresan.

Luego está la comercialización del arte (parecido a la comercialización de las ideas)  que ha hecho que el pueblo vea  como “verdadera” obra de arte un van Gog que vale 500 millones de dólares y no se detenga más de un minuto frente a un  cuadro, en el callejero Jardín del Arte, que es tan arte   que el otro (¿quién puede decir cuál es más arte que el otro arte?) pero cuyo precio comercial sólo vale 500 pesos. Por ser tan accesible, hasta para los bolsillos de un obrero,  es una pintura que no encuentra sitio en la sala de la casa.

Pero en tanto que los científicos son cotizados por los gobiernos, por lo que  sus investigaciones se traduzcan en  fuentes de poder, el poeta al revés.  Es visto de reojo por los sistemas totalitarios sean estos ejercidos por un solo hombre  o desde la cámara de legisladores. Su pensamiento es inasible. Allá se busca  la cosa, o la imagen, él persigue el concepto. Y lo que en esos ambientes tan acotados se escribe, dice Sypher, les falta soltura: “Esta preocupación por el método hace que algunas novelas  realistas parezcan monografías”.  Pero para eso está el estado, para exhibir a sus autores como paradigmas a seguir por “sus”  juventudes.

Para principios del siglo veintiuno parece que todo aquel ruido cayó en el olvido o   cada vez se oye  más lejano. Cada quien volvió a barrer su banqueta.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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