Ovidio, Ifis, Hemingway, y la heterosexualidad

Ovidio
Las metamorfosis

Hombre, mujer, gay, lesbos. Cada quien su libertad personal en la preferencia sexual.


Lo que Ovidio pone sobre el tapete es ese afán de sentirse Dios y querer dirigir las pulsiones de otros tanto pre como pos parto. Casi todos los hombres quieren que su hijo sea hombre y si nace niña la visten de hombre y hay madres que visten de hombre a su hija.


Sólo los padres sabios aceptan de buena convicción que el feto sea Y o X.


El lector tiene dos casos para reflexionar sobre el tema.



Cubierta de George Sandys, para la edición inglesa de Las metamorfosis,1632 
 La madre de Ernest Hemingway se afanaba por vestir a su hijo como si fuera niña. Más aun, a un nieto de ella, hijo de Ernest, le enviaba también como regalo en su cumpleaños, vestiditos. El que conoce la vida amorosa del gran novelista estadounidense, sabe que fue de lo más inestable. Filtre aba abiertamente con las mujeres aun delante de su esposa en turno. Siempre buscaba reafirmarse como hombre en ese terreno. Odió a su madre al punto de decidir, cuando ésta murió, no acudir a su funeral. Sabido es que, finalmente Ernest acabó con su vida por la vía del suicidio.


Y ese es el tema que Ovidio abordó hace más de dos mil años. El poeta nació el 20 de marzo del año 711 de Roma, que corresponde al 43 antes de Jesús. En Las Metamorfosis escribe sobre Ligo, habitante de Creta. Cuando éste se dio cuenta que su esposa, Teletusa, estaba embarazada, le ordenó que la criatura fuera hombre. De otra manera prefería que la criatura muriera.


Teletusa le pide que no ponga tan dura condición pero el otro es inflexible. La mujer tiene que cargar con las molestias o trasformaciones de su cuerpo embarazado (por eso se llama “embarazo”, alterado, contrariado) y con la angustia que vaya a tener una hija cuya vida está amenazada por el padre.


En sueños la diosa Io, a la que Teletusa es devota, le dice que viva tranquila y que, en todo caso, engañe a su marido y le diga lo que él quiere oír. Si el marido no es congruente no es merecedor de consideraciones. Lo que nace es una niña pero entre Teletusa y la nodriza hacen creer que, en efecto, es un niño. Le ponen el nombre de Ifis, que es común a los dos sexos, como, por ejemplo, entre nosotros los mexicanos “Guadalupe”. La vestían de hombre y procuraban darle trato de niño para que el padre no sospechara. Aunque su modo de caminar y su ademanes eran las de una niña.


A la edad de trece años el padre la entrega como prometida, según las costumbres de la época de aquel lugar de Grecia, a la rubia Janta, “célebre por su belleza entre las doncellas de Festos, hija de Telestes”.


En la creencia que eran dos sexos diferentes las dos niñas se trataron y “De aquello nació un amor que penetró en las ingenuas almas de las dos compañeras”. Janta, la novia, espera el día de la boda en que Ifis se mostrará como hombre. Ifis, en cambio, ya se ha dado cuenta que “ama sin esperanza de llegar a poseer el objeto de su amor.” Cae en la desesperación porque observa que en la naturaleza, en cuestión de sexo, todos tienen su contraparte que se complementa.


Teletusa, la madre, entiende la angustia que está pasando Ifis y pide a la diosa que vaya en su auxilio. Después de todo, la divinidad le dijo que confiara, que no se angustiara.


Y, sucede. Al salir del templo, Teletusa ve que Ifis se comporta de manera diferente, su manera de andar es distinto al de una mujer, el comportamiento, las facciones s e han endurecido. Al día siguiente de la boda, en efecto, “El joven Ifis posee a su querida Janta.”


Se da aquí, con Ovidio, el recurso al que los novelistas de los siglos que estaban por llegar, hasta nuestros días, recurren, cuando ellos ya no saben cómo sacar a sus personajes del atolladero en el que los meten. Es lo que se llama el deu ex machina o la intervención divina que desbarata el Nudo Gordiano y todo acaba lleno de felicidad, como en las películas de Hollywood.


Pero, es una pregunta que se hace el lector de Ovidio, ¿y si la divinidad no acude y soluciona el embrollo que han hecho los humanos?

Horacio advierte que Roma va a caer

Horacio

Odas y Epodos

Oda VI

A los romanos

Horacio advierte a todos los Estados, de todos los tiempos, cómo pueden caer o les recuerda cómo cayeron.

Es un ejercicio intelectual a priori y también a posteriori. Es un trabajo de fría antropología social pero dicho por un gran poeta pagano al que no s e le puede tachar de moralista. Eran los tiempos de la virtud.

Roma no ha caído pero ya presenta los síntomas de descomposición de otros Estados que fueron fuertes (Grecia, por ejemplo) y ya muerden el polvo. Se abandona el espíritu estoico, romántico, y sólo persigue fines utilitarios, va a sucumbir. Las ganancias, el lucro, son propias de una empresa, de agiotistas, los principios de una nación.

Cartago fue una gran inversión de empresarios y sucumbió. Roma fue una nación y vivió mil años. Cuando persiguió el oro y abandonó los principios, apareció la prostitución no profesional en todas sus modalidades, perdió las esperanzas, los sueños y la persecución del misterio, también cayó.

Horacio advierte que se está abandonando la creencia en el misterio, ya no se frecuenta la dureza del trabajo, los ciudadanos se vuelven exquisitos y la familia se vulnera.

Quinto Horacio Flaco nació el año 65 antes de Jesucristo. Tuvo una educación de las mejores de la época y perteneció al círculo íntimo de los grandes del imperio de su tiempo. De esta manera conoció de cerca los virus que empezaban a descomponer el cuerpo romano. Escribe:

“Tú has triunfado, Roma, porque siempre te supiste mostrar sumisa a los dioses y reconocías que de ellos es todo principio y que a ellos debe atribuírseles todo éxito, pero hace tiempo que los tienes en el olvido y los desdeñas y multitud de males y desgracias caen sobre nosotros. ¡Ay! Sin culpa nuestra estamos expiando los delitos de nuestros mayores y no hallaremos perdón, hasta que no hayamos reconstruido los templos y levantado de nuevo los altares en ruinas y limpiado del negro humo que las afea a las estatuas. Desde que perdimos la fe en los dioses hemos visto quebrantadas dos veces nuestras fuerzas y peligrar la ciudad indefensa por causa de las continuas sediciones. ¡Ay! la venida de los tiempos ha traído consigo manantiales de vicios que primero mancillaron los lechos conyugales, desbaratando luego la familia y el linaje. Este fue el origen de esa peste, que ha caído sobre ti, Roma, y que ha consumido a toda nuestra patria y nuestro pueblo. La mujer, todavía niña, pide que le enseñen a moverse provocativamente al paso de las danzas jónicas y desde su infancia medita amores incestuosos. La esposa no repara en el marido que bebe en su misma mesa y busca amantes más jóvenes y tan pronto los encuentra les concede los vedados goces sin esperar siquiera a que apaguen las luces.; o bien, y ello sin que el marido lo ignore, se levanta obediente a la llamada de algún rico comerciante o del maestre de una nave española para vender a buen precio su deshonra. ¡Ay! No fue la juventud nacida de tales padres la que enrojeció al mar con la sangre etíoca y la que batió a Pirro y al gran Etioco y al gran Aníbal. Tales victorias sólo pudieron conseguirlas los hombres enseñados al mandato de una madre severa, ocupados en las faenas del campo que les convertía en una raza viril. Hombres que revolvían el suelo con las azadas, que trabajaban hasta que el sol cambiaba la sombra en las montañas y les llevaba en su carro fugitivo la hora sabrosa del descanso. Y todavía entonces aprovechaban la luz de la penumbra para cargar en sus monturas haces de leña y ocuparse del cuidado de los animales en las cuadras. ¡Ay Roma! De cuántas cosas te ha venido privando ese moverse dañoso de los días. La edad de nuestros padres, peor que la de nuestros abuelos, nos produjo a nosotros peores todavía, que sin duda daremos una sucesión más depravada”



En el Epodo XVI dice, con todo escepticismo, con toda clarividencia, con el más penetrante apriorismo, que aboga por una vuelta a los principios rudos, sencillos, que una vez había hecho de Roma la dueña del mundo: “Vayámonos de (Roma) esta ciudad maldita…Debemos ir a donde nuestros pies nos lleven, allá a donde nos empujen los vientos a cuyo favor habremos de confiarnos”.

Después de la muerte, según Virgilio

El Romanticismo y la Ilustración se funden y se confunden y todo acaba en un enorme y milenario  galimatías.

Los hombres no han aprendido a que la Teología vaya por su lado y la Fenomenología por el suyo. Hay un afán morboso, y en ocasiones intelectualmente mal intencionado, de querer explicar o revolver  la teología desde la fenomenología y viceversa. Mezclan el aceite con el agua, encienden la licuadora,  se hace una gran revolución, o agitación, y al final todo vuelve a ocupar su lugar. Semejante a un juego de niños practicado por  adultos

La realidad es que unos se encuentran cómodos instalados  en el mundo tangible y finito. Otros, en cambio, están dispuestos a seguir viviendo en la región de los espíritus “Haga cada hombre su trabajo” dice Carlyle en Los Héroes. Cada quien es libre de  poner el número de hojas que quiere a su diario personal…

En el Romanticismo no hay muerte, sólo cambio de dimensión, del fenómeno a la metafísica. Nosotros nos referimos a estos últimos.

 La mansión de los muertos tiene vida propia. Una evolución de millones de años para la especie humana se resiste a creer que un día de pronto todo hace ¡plop! Los paradigmas del misticismo aseguran que se pasa a otra dimensión. Del fenómeno  a la dimensión metafísica.

 El cristianismo permite el gran juego dialectico con la escéptica Ilustración. Pero  ni en la antigüedad homérica, antes de los Presocráticos,  del viejo mundo, ni en el Popol Vuh, del Nuevo Mundo, se duda en absoluto de la vida en la mansión de los muertos. Y los reyes de Ur, hace cincuenta siglos, contaban con familiares y disponían de esclavos que los seguían, a "allá", cuando morían.

La mansión de los muertos, con vida propia,  es una manera de decir que en realidad la muerte no existe. En la antigua cultura occidental se llama Averno y en la mesoamericana, Mictlán, Presidido por  Mictlantecutli y su esposa Mictlancihuatl.

La muerte no es el basurero donde todo acaba por desaparecer. Es una región llena de criaturas inmateriales que conservan su modo de vida, como “acá”, con sus nombres, sus pasiones y sus virtudes.

Poema nahuatl:
Ante la incierta disyuntiva, el hombre nahuatl se pregunta:

¿A dónde irás?
¿A dónde irás?
Tuyo es el camino de los dioses aparecidos.
¿Estará tu hogar en el lugar de los muertos?
¿Estará en el Mictlán?
¿O aquí,en la tierra?


 Lo anterior lo dice Ovidio en Las Metamorfosis, Virgilio en La Eneida y, en plena Edad Media cristiana, Dante lo reafirma en La Divina Comedia.

Personajes todos ellos  seglares y nótese que  nos abstenemos de citar a los clásicos nombres de la historia espiritual o religiosa. Estos tres personajes laicos de la cultura occidental ponen el inframundo debajo del mundo de los vivos. Es decir en el subsuelo geológico. Se entra a él por la boca de las cuevas o cavernas. D e ahí se saldrá alguna vez  o ya jamás se saldrá...

 Los malos siguen siendo malos y los buenos, buenos. Para sancionar la conducta el jurado metafísico dispone del Infierno, el Purgatorio y el Cielo. Causa tanta angustia la idea de la muerte que, como hacen los niños, nos tapamos los ojos queriendo  negar lo que existe.

En la tierra los humanos disponen de la cárcel en la que se purgan penas desde una cuantas horas hasta cadena perpetua. “Allá” ya no es tiempo de hacer sino de merecer “.Allá” como “Acá” no es Dios, o el juez, el que castiga sino el individuo el que se auto castiga según la falta cometida.

Nadie es tan buen comediante como para engañarse a sí mismo y no escuchar a su propia  conciencia. Sólo hay dos maneras de escapar, provisionalmente, a la conciencia, 1) viajar a la subconsciencia o 2) anestesiarse con drogas no autorizadas. En cualquiera de estas soluciones  de todas maneras  alguna vez la caldera acabará explotando...Al final del camino está el manicomio sino se le hace caso al sacerdote o al psiquiatra.

Los de alta calificación positiva, al Cielo. Los buenos, pero no tan buenos, al Purgatorio para después poder  entrar al Cielo. Y los otros, los reiteradamente malos, los que, como dice Schopenhauer, nacieron provistos  con sus colmillos y su bolsa de veneno, al lugar donde se pierde toda esperanza…

En el pensamiento mesoamericano igualmente  está el inframundo, el Mictlán. A él se entra también por  las cuevas o las grutas. En la  cronovisión náhuatl son nueve cielos dispuestos verticalmente, encima uno de otro. ¡Pero véase  que todos son cielos! ¡No hay Infierno! El Mictlán es un lugar oscuro porque está debajo, como el sótano de un edificio.

Todos, sin excepción, después de morir en la tierra, y después de un peregrinar por las cavernas, irán al Tlalocan o Paraíso. Más o menos como está descrito en el Pol Vuh, el formidable libro de los mayas.

El Tlalocan es el lugar de la eterna primavera (hay una pintura mural en Teotihuacán, prefigurando el Tlalocan).El Tlalocan se localiza geográficamente arriba del pueblo de Río Frío, en la cadena de altas montañas, del sureste del Valle de México. Ahora se le llama a este entorno geográfico Sierra Nevada.

¿Y qué paso con los malos, no van a recibir su castigo? Los malos ya tuvieron “acá” su Infierno-Remordimiento que no los dejó vivir en paz. Unos lograron salvar el abismo a través de la confesión con el chaman. Otros debieron consumir la droga (no autorizada por la comunidad de la etnia a través del ritual mágico) ¡y  acabaron en su Infierno!

Pero, como sea, todos, según hemos anotado, todos al final llegarán al Tlalocan. Los acompañará en su peregrinar por el mundo subterráneo, para que no se pierdan, un perro, el xoloescuntli. Por eso los mexicanos, aun en los de inconsciencia histórica, siempre procuran tener un perro en la vida terrenal.

Carlyle y Mahoma

Tomás Carlyle
libro:
Los héroes



En Mahoma no hay perdón ni el olvido de los agresores ni poner la otra mejilla. Todo lo contrario, proclama la venganza. Su mensaje espiritual no conoció la suprema humildad del cristianismo en los primeros tres siglos. Mahoma hizo la guerra a sus enemigos espada en mano, durante veintitrés años.



Fue de la clase humilde que no supo leer ni escribir. Alá, por medio del arcángel Gabriel, se comunicó con él. Es frecuente en El Corán la expresión: “dile que…” Dile que les diga a los hombres esto o aquello. Lejos de toda cultura, de acción empírica e inmediata, no obstante, Mahoma es un auténtico guía que supo aglutinar muchos grupos de árabes dispersos y enemistados entre sí. Por eso su Libro, que a su vez dictó, habla con frecuencia de levantar la espada y enviar al infierno a quien no escuche la palabra de Alá.



Mahoma combate a los herejes y a los que tienen otras preferencias religiosas. Carga duro contra los adoradores de los ídolos ancestrales en que basaban sus creencias religiosas lo árabes antiguos. Sin probabilidades de argumentar, frente a la espada, y sin recursos culturales para el diálogo de estos árabes antiguos, Mahoma los fue conquistando. Con el tiempo, el humilde pero duro conductor de caravanas de camellos, logró aglutinar en torno a su libro y su doctrina, el islamismo, a los árabes. Su movimiento religioso, como sucedió en el cristianismo, se consolidaría y crecería después de su muerte.

"La Arabia surgió a la vida por  la fe de Mahoma"


Empero, el éxito de su lucha no se debió al filo de la espada. El islamismo, su religión, hubiera muerto con la muerte de Mahoma. Se debió a la sinceridad de su mensaje y al carisma de profunda sinceridad en lo que creía:”En modo alguno era un mal hombre, al contrario, y habían en él algo mejor que el prurito de cualquier género que fuese; de otra manera aquellos árabes indómitos, peleando y acometiendo durante veintitrés años a sus órdenes, y siempre en íntimo contacto con su persona, no le hubieran respetado y reverenciado de la manera que lo hacían.”



El afán religioso del cristianismo, en los siglos pasados, por llevar la palabra de Cristo a todos los confines del planeta y el reciente descubrimiento del petróleo en el subsuelo árabe, ha provocado grandes enfrentamientos bélicos con lo que entendemos por “cultura occidental”.



Otro elemento de discordia es su histórico antagonismo con el pueblo de Abraham. Todos los árabes son judíos, dice Carlyle, pero el expansionismo sionista los tiene desde hace siglos confrontados. De esa manera el mundo asiste y es involucrado, de varias maneras, en un irreconciliable pleito familiar. Un pueblo árabe es invadido para arrebatarle su petróleo y cincuenta países apoyan la invasión y otros cincuenta países rechazan la invasión, etc. Pleito tan viejo que ya aparece documentado en la Biblia. A esto le agregamos que, bajo la letra de El Corán, hubo un tiempo que los árabes se metieron a Europa, en plan de guerra, y estuvieron a un punto de conquistarla plenamente.


Mahoma murió en el año 632 d C.

No obstante los árabes en conjunto hacen un pueblo de gran cultura. En literatura, matemáticas, filosofía, arquitectura. Cuando los europeos eran hordas ellos ya tenían señalados logros técnicos y culturales.



El Corán es una mezcolanza de cristianismo y judaísmo. Sus expresiones guerreras chocan al católico identificado con las palabras suaves y llenas de amor, por medio del perdón, de Cristo. Pero ningún espíritu dialectico puede decirle adiós al Corán, y a las enseñanzas de Mahoma, antes de conocerlas. Estaría condenando algo que desconoce.



El cristianismo solicita limosna, el Islam exige aportaciones monetarias: “señala por la ley la cuota que les toca repartir, y el riesgo que corren descuidándola. La décima parte de la renta anual de un hombre, la que fuere…”



En el cristianismo, al cumplirse la plenitud de los tiempos, con la llegada de Jesús Cristo, se acabaron los profetas que lo anunciaban. En El Corán es otro Dios, o Dios tiene otro nombre, y por eso Mahoma es el profeta que anuncia el mensaje de Alá.



En el Corán nada de libertades antropocéntricas como la filosofía occidental hace con la Biblia cristiana. En el Corán no hay revolturas de fe y fenómeno. En el Islam no hay manipulaciones del libro sagrado, a lo que tan adictos son los cristianos con su Biblia y es fuente de innumerables sectas, históricas y recientes. El Corán tiene exactamente 323,631 letras y 77, 934 palabras. El que lo altere, con una sola letra, ya tiene ganada la condenación eterna.



Cuando los europeos y la Iglesia mantenían en precavida distancia a Aristóteles, ellos, los árabes, lo tradujeron y lo estudiaron. Uno de los grandes del cristianismo, Santo Tomás de Aquino, conoció al pensador griego por medio de los árabes. Así fue como Europa conoció, aceptó y siguió, a Aristóteles.



Como sea, sí los árabes nos regalaron a Aristóteles, lo menos que podemos hacer es leer El Corán, libro guía espiritual de millones de seres humanos.

Carlyle y Los héroes

Las masas necesitan, quieren y hacen la revolución, pero sólo un individuo firma los oficios.



Esta es la apretadísima sinopsis de Los héroes de Tomás Carlyle. Se han escrito sendas tesis al respecto. Y los de la acera de enfrente también han escrito sendas contratesis.



Carlyle va a desarrollar su obra en torno a personajes y a la historia misma de la Humanidad. A diferencia de nuestra época actual, donde los académicos, de las universidades laicas, ya no ponen la palabra “dioses”, Carlyle no duda en llamar a los héroes de distintas maneras, incluidos “dioses”: “Eran magos verdaderos que llevaban a cabo, para el bien común, portentosos milagros: eran profetas y, más que profetas, verdaderos dioses.”



Cualquiera de nuestro tiempo tiene “modelos caseros” para observar de cerca el fenómeno o siendo parte de los mismos. ¿Cómo se forma el sindicato de obreros de la fábrica o una asociación estudiantil de la universidad? Hasta que hay dos o tres decididos de hacer un comité ejecutivo de ese sindicato. Es cuando la historia empieza a manifestarse, moverse, ser, lo que antes era pura potencia.


Tomás Carlyle


Ese, o esos dos o tres, van a ser los héroes de Carlyle: “La sociedad está fundada sobre el culto a los héroes. Todas las dignidades y jerarquías en que descansa la asociación humana son lo que podríamos llamar una heroearquía, eso es, un gobierno de héroes.”



En adelante ya tenemos tela de dónde cortar. ¿Los héroes o las masas? Decididamente Carlyle dice que son los héroes y es el tema de su obra.



Se acusa a Carlyle de abonar el terreno de los fascismos. Lo que Carlyle dice es que los guías existen de manera documentada hace ya varios miles de años. Para confirmar, su obra se desarrolla en torno a figuras, míticas o no, como Odín, Napoleón, Mahoma, Lutero…



Los que gustan de símiles pueden plantearse la cuestión de si el vulcanólogo es responsable de que haya volcanes sólo porque escribió un tratado de geología. Con tratado o sin tratado los volcanes existen.



Carlyle va más allá de sistemas. Dice que en todos los sistemas están los héroes. En los países de la democracia es el candidato del partido X el que llega a la presidencia de la república. Lo mismo sucede en los sindicatos, aun en los democráticos. Sólo uno ocupa la secretaría general.



Este es el polémico tema que Carlyle nos ofrece en su obra Los héroes.





“Thomas Carlyle (4 de diciembre de 1795 - 5 de febrero de 1881) fue un historiador, crítico social y ensayista británico.

Nació en Ecclefechan, Escocia. Estudió teología en la Universidad de Edimburgo. Abandonó esa ocupación en 1814 y se dedicó a la enseñanza de las matemáticas durante casi cuatro años. Después viajó a Edimburgo en 1818, donde empezó a estudiar leyes y escribió diversos artículos”



Carlyle,como hombre de letras,tenía la sufciente sabiduría para haber hecho de esta obra un trabajo de lectura universal.Pero le ganó el celo protestante y se nos presenta como un pensador unidimensional. Su trabajo presenta una abrumadora cantidad de adjetivos difíciles de leer por aquellos  que tiene diferentes preferencias culturales. J.Ch.F.Schiller, por ejemplo,también protestante, es indiscutiblemente de una realización filosofica y cultural de dimensiomnes universales.

Lo que no debe tener una novela, según Ortega y Gasset

Sobre la novela

José Ortega y Gasset

Lo que no debe tener una novela es realismo.



Hay el realismo como género de la novela pero si tiene más peso la psicología, la historia, la sociología, etc. se parecerá más a un ensayo, o a un reporte de investigación científica, que a una novela, aunque en la portada diga novela.



Puede, y casi debe, contener cualquier tema, a reserva que el autor sea capaz de diluir en el lirismo del texto: “Dentro de la novela cabe casi todo: ciencia, religión, arenga, sociología, juicios estéticos,-con tal que todo ello , a la postre quede , desvirtuado y retenido en el interior del volumen novelesco... en una novela puede haber toda la sociología que se quiera pero la novela misma no puede ser sociología…La dosis de elementos extraños que pueda soportar el libro depende en definitiva del genio que el autor posea para disolverlos en la atmosfera de la novela como tal.”



Uno de los cometidos, o requisitos de una buena novela, tal vez el más importante, es la fantasía. Hacer que el lector se olvide de su mundo y se meta en el mundo de la novela. Pone como ejemplo que nos encontremos dentro de un jardín contemplando el lienzo donde está pintado el jardín. El jardín real deja de existir en el acto de la contemplación para centrar la atención en la pintura.



Teotihuacán tiene esa magia. Ponemos como ejemplo. Caminando al principio por su calzadas tratamos de adentrarnos en un mundo de hace dos mil años que produjo la más esplendorosa cultura y civilización del Altiplano Mexicano. Y al salir de la zona experimentamos como un golpe al volver a nuestra realidad del presente.



Ortega y Gasset no habla de huir de nuestra realidad, refugiarnos en el pasado idealizado para huir de la miseria presente, etc. Recurso tan utilizado en la novelística del primer tercio del siglo veinte. Autores y personajes eran más psiquiatras que W. Stekel. A la vuelta de un siglo ya hay tantos, y capaces, psiquiatras de academia, que aquellos autores de novelas, que hicieron furor con sus neuróticos personajes, ahora pasan como meros aficionados de una ciencia que apenas empezaba a rebotar en los intelectuales de cafés de Europa.



Al contrario, la lectura de una novela nos arranca de la obsesión patológica, nos liberta, nos pluraliza, nos informa y nos educa. El autor cree que en el futuro sólo dos modos culturales (la filosofía aparte) pasarán la prueba y son la historia y la novela. A la historia se le ha metido tanta mano negra, queriendo hacerla pasar como el paradigma de la realidad, que casi quedó en una fantasía. Entonces queda la novela que, con su modo fantástico, nos relata mundos reales.

Dibujo tomado del diario El País,17 de octubre de 2015


Dese luego la intención es que en el lector se despierte el interés por arte: “el arte es un hecho que acontece en nuestra alma al ver un cuadro o leer un libro.”



Aquí aparece el tema que ha ocupado a los humanos durante siglos: seleccionamos el tema o me seleccionan mediante la práctica de leer y más leer. Me van haciendo lector, es decir, me van haciendo culto, voy conociendo bibliografía, autores, temas. Ortega y Gasset dice que es lo primero:”sólo conocemos bien aquello que hemos deseado en algún modo, aquello que previamente nos interesa”.



En una librería hay tantos libros, tan interesantes, y sin embargo, vemos al potencial comprador ir entre los estantes de la librería busque y busque. O bien va directamente con el empleado y pregunta por un título ya decidido de antemano.



De este polémico asunto el autor pasa a decir que la novela de antes se preocupaba mucho por escoger un tema formidable y que contuviera mucha acción. Dice que ambas cosas han cambiado o deberían de cambiar. Cualquier tema sirve. Lo que importa es la reflexión:”Sólo a través de un mínimum de acción es posible la contemplación.” Y, en cuanto a la acción: “no debe de preocuparle. Con un poco de tensión y movimiento basta.”



Esto es así porque, a diferencia del poeta, lo que debe preocupar al novelista es hacer una narración extensa. Algo breve, como hay tantos, puede ser interesante, pero se parecerá más a un cuento largo:”Hay que aceptar las cosas como son. La novela no es un género ligero, ágil, alado. Debería haberse entendido, como un guiño orientador, el hecho de que todas las grandes novelas que hoy preferimos, son, desde otro punto de vista, libros un poco pesados...La densidad se obtiene, no por yuxtaposición de aventura en aventura, sino por dilatación de cada una mediante prolija presencia de sus menudos componentes…Una narración somera no nos sabe: necesitamos que el autor se detenga y nos haga dar vueltas en torno a los personajes.”



Finalmente parece que llegamos a una contradicción. De tantas que, afortunadamente, tienen la filosofía y la literatura. Para leer novelas tú decides. Pero para escribir novelas te deciden. Para escribir novela sucede como con las cuestiones de la fe religiosa. No se puede confundir la vocación con la herramienta. Puedes leer veinte veces la Biblia y no por eso llegarás a la santidad de la fe que te lanza a trabajar en cierta dirección. Serás erudito lector de la Biblia pero no santo. La fe es una especie de determinismo. No sabemos quién reparte estos determinismos pero sucede en la práctica. Así es para el novelista. No basta aprender las reglas gramaticales: “sólo será novelista quien, por encima de todas sus restantes aspiraciones, sienta el delicioso frenesí de contar, de imaginar hombres y mujeres y charlas y pasiones.”



Otro escritor, no nos acordamos quien, dice que si no saltas de tu cama a las tres de la mañana, a escribir algo que se te vino a la mente, no eres novelista. Los poetas saben bien de lo que estamos hablando. Y esto ya es más humanamente comprensible. No eres corredor sino abandonas tu sabrosa cama y te pones los zapatos tenis y te largas a correr a la pista. No eres alpinista sino abandonas el sabroso confort de la ciudad y te diriges hacia las montañas… En realidad la vida común está llena de “grandes pequeños” determinismos… La novela, el lector de novelas, el escritor de novelas es un trabajo pesado. Al poeta le bastan dos o tres líneas pero el novelista hace trabajo de albañilería poniendo un tabique tras otros y luego otro y después otros y otros.

Ezra Pound pedía a los dioses que se sirvieran darle cualquier otro oficio, menos el de escritor…



¡Oh Dios! ¡Oh Venus! ¡Oh Mercurio, patrón de los ladrones! Déjame un pequeño estanco,

O establéceme un pequeño estanco,

O establéceme en cualquier profesión

Que no sea esta maldita profesión de escritor,

En donde uno necesita devanarse los sesos todo el tiempo.

¿Dónde quedó el Espejo de Tezcatlipoca?



¡REGRESÓ!


¿Dónde quedó el Espejo de Tezcatlipoca?



S e encontraba en el Antiguo Palacio del Arzobispado, Ciudad de México, primer cuadro de lo que ahora se conoce como “Centro Histórico”.

Exactamente en el lugar en el que se levantaba la pirámide de Tezcatlipoca, uno de los tres edificios más altos del Coatepantli de los aztecas. Cuando la conquista española la pirámide fue destruida y en su lugar se edificó el Palacio del Arzobispado.

“El Antiguo Palacio del Arzobispado fue erigido sobre el Templo de Tezcatlipoca, una de las más importantes construcciones de la antigua Tenochtitlán. La construcción de esta sede arzobispal inició durante los primeros años de la etapa colonial cuando Fray Juan de Zumárraga realizó la compra de algunas propiedades en el centro de la recién trazada capital, para construir en ella la edificación que abría de albergar la residencia del arzobispo de México así como algunas oficinas y una prisión”. (Wikipedia)

Maqueta del Coatepantli de México-Tenochtitlán.La piramide alta de la derecha es la de Tezcatlipoca

Nada escapa a la vista de Tezcatlipoca ( “el dios más grande de todos los dioses”) que, para el efecto, se sirve del espejo de obsidiana. Este espejo se encontraba, todavía para el año 2005, en el lado suroeste, interior, del gran patio del edificio colonial referido. De unas dimensiones aproximadas de 15 centímetros X 10 X 2. Su material es de obsidiana negra.

Podemos entender la importancia metafísica que para los mexicanos tiene (y tenía) que, para guardarla en el sitio de honor y de adoración, se construyó una de las tres principales pirámides del Coatepantli azteca. Importantes en el plano espiritual y en dimensiones físicas.
Este es el espejo de Tezcatlipoca que se encontraba en el lugar mencionado (fotografía de Armando Altamira)

“Tezcatlipoca (en náhuatl Tezcatlipoca; AFI [teskatɬiː'poka]: "espejo negro por el humo" o "espejo humeante"), en la cultura nahua (aztecas y otros pueblos mesoamericanos de habla náhuatl), es el señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, origen del poder y la felicidad, dueño de las batallas, omnipresente, fuerte e invisible. Entre los nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son dualidad y antagonía. Quetzalcóatl es llamado también Tezcatlipoca blanco en tanto que el color de Tezcatlipoca es el negro.” (Wikipedia)

Con lo bella y formidable que era esta pirámide no tenía otro objeto que contener el Espejo de Tezcatlipoca. Como el Vaticano, en Roma, con todo lo valioso cultural y arquitectónico que pueda ser, tiene como misión salvaguardar lo verdaderamente importante del lugar que es el símbolo de la Cruz y todo lo que ellos representan para la cristiandad.

En el lugar no hay ningún texto que explique cuál es su lugar temporal del Espejo ni cuándo regresará a su lugar de origen.

Preguntamos pero la respuesta del personal de seguridad del lugar es escueta: “Se quitó porque el lugar está en remodelación”. ¿Pues sí pero dónde está? ¿Cuándo la regresan a su sitio original?
..............
Ha vuelto a su lugar de origen después  de varios años.

A quien corresponda:  ¡Felicidades!

La importancia de este espejo de obsidiana(original) es semejante  si pudiéramos tener la cruz (original) donde murió Jesús. Son naguales, o avatares, de un valor simbólico, e histórico, sin parangón, de la divinidad.

El 5 de noviembre de 2016 se encontraba de vuelta el espejo en su lugar,  donde había estado desde tiempos precristianos. Y ahora resguardado con una estructura metálica y de vidrio de diseño moderno.







































Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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