La caverna, de Platón

Werner Jaeger


Nada más actual que  este antiquísimo tema de La caverna del que  Sócrates-Platón habló hace casi veinticinco siglos. Siempre será actual esta alegoría  porque tiene que ver con la educación o la ignorancia de los pueblos. Y, a la vez, de manera directa, con el presupuesto que los gobiernos dediquen a la universidad pública. Los gobiernos del tercer mundo consideran que este presupuesto es un gasto, por eso son gobiernos del tercer mundo, en tanto los gobiernos del primer mundo lo ven como una inversión, por eso están en el primer mundo.

Es la alegoría del humano que habita en el fondo de la caverna y un día sale a la luz del sol. La idea se ha utilizado tanto por el pensamiento lógico como por la vida religiosa.  La penosa vida cavernícola llena de sombras de la ignorancia hasta la era atómica y el Internet. O de la inmediata existencia de los sentidos hasta la espiritual. : “La virtud  es la divinidad actuando directamente sobre los hombres”  dice Novalis. Encadenados en el fondo de la cueva, vislumbramos hacia la salida un enorme haz de luz. La liberación consiste en caminar hacia las diferentes gradaciones de luz cada vez más fuertes.
Mural  que muestra la evolución del humano, desde la cueva hasta la era atómica ( auditorio Alfonso Caso,Ciudad Universitaria, Cd. de México)

 Lo extraordinario es alguien que, liberado, regrese al fondo de la caverna para liberar a los que permanecen encadenados. O, también, alguien que, liberado, regrese al fondo a volverse a encadenar. O encadenar más a los ya encadenados.

No se trata de una aburrida abstracción  intelectual extraña a la realidad de la vida diaria.  Muchos modos de vida encuentran su aplicación en la idea de la caverna, como la biología, la sociología…Pueblos desnutridos por falta de comida, después comen tanto que llegaron al drama de la obesidad. Pueblos agrícolas que, teniendo   acceso a la tecnología,  acabaron perdiendo toda identidad en el disolvente juego citadino  de la mercadotecnia y los intereses detrás de la pantalla de televisión. El troglodita que se vuelve humano y el humano que se vuelve subhumano.

Ahora la pregunta consiste en saber dónde quedó la liberación, de qué. Muchos buscan escapar de la normalidad en el terreno cognitivo y otros por la vía de las anfetaminas. La linterna suele apagarse y ya no es posible ver la brújula.


Pero lo nublado del día pasa y otra vez vuelve a brillar el sol a la entrada de la caverna.

La figura del Quetzalcoatl mesoamericano (serpiente) muestra la elevación de lo puramente fenoménico hacia lo espiritual(mural de la Facultad de Odontología, Ciudad Universitaria, Cd.de México)

La alegoría de la caverna está detallada en La República de Platón. El que la dice es Sócrates utilizando dos símiles que son la caverna (ignorancia) y el sol (Paideia, educación, conocimiento).

Un tercer símil serían las sombras a las que están acostumbrados a “ver” los habitantes del fondo de la caverna. Para ellos las sombras, de la realidad, eran la realidad. No conocían la “realidad verdadera”. Pero, si de pronto, no gradualmente, salieran al sol, se deslumbrarían y no podrán conocer la realidad. Por otro lado, si el habitante de la caverna conociera el sol ya no podría ver, o entender, el mundo de las sombras.

Un ejemplo: ¿podría alguien, con aceptable formación e información cultural, pasarse el día viendo programas de televisión donde el 95 por ciento  de su contenido es la violencia (el caso de México), desde el crimen organizado, con sus metralletas vomitando balas, hasta las telecomedias de las abuelitas, pobladas de guiones y personajes egoístas, tramposos y neuróticos?

W. Jaeger dice que no. En el Capítulo Tercero de Paideia (Fondo de Cultura Económica, México, 2002, Págs.691-695) apunta: “Lo último que el alma aprende a ver “con esfuerzo” en la relación del conocimiento puro es la idea del bien. Pero una vez que aprende a verla, hay que llegar necesariamente a la conclusión de que esta idea es la causa de todo lo que existe en el mundo de justo y de bello  y de que quién desee  obrar racionalmente, sea en la vida privada o en la vida pública, tiene forzosamente  que haberla contemplado.”

J. Updike y La belleza de los lirios-novela

Aristóteles fue más preciso que Jesús  en la comprobación de este concepto.

Señor, le dijo uno de sus discípulos, aquellos también hablan de Dios, como nosotros. ¿Quién dice la verdad? Todo el que habla de Dios es de los nuestros, contestó el Maestro. En esta obra Updike demuestra que, en ocasiones, se utiliza la Biblia como un manual para perseguir fines patológicos.

Aristóteles, siguiendo a Sócrates y a Platón, dice que no todo el que habla de virtud es virtuoso. La virtud se distingue al final de toda enmarañada argumentación porque persigue el bien, no otra cosa.

Los personajes de Updike son llevados en esta novela a través de  varias denominaciones    del cristianismo liberal de Estados Unidos. Cristianismo con una idea fija, más que vocación, que persiguen la letra religiosa con absurdo empeño. El autor nos dice en esta novela que aprender de memoria y recitar la Biblia no hace santo a nadie. Practicando su  mensaje tiene más posibilidades.
J.Updike

Pero el ego es tan ingenioso o astuto que puede pasar la vida hablando del bien al prójimo cuando en realidad se está haciendo el mal. Robín  Hood robaba a unos para dar a otros. Y en la historia de los humanos es frecuente encontrar que los esclavos, después de lograr su liberación (hablando de libertad), se volvían esclavistas. Y cuando el panorama religioso se vuelve y se revuelve, es donde Aristóteles resulta más preciso: la virtud se distingue  por el bien.

Este panorama de los cristianismos heterodoxos es el contexto de La belleza de los lirios, de John Updike. Es la historia de la familia Wilmot, que empieza con la vida de Clarence Arthur Wilmot, párroco de la Cuarta Iglesia Presbiteriana. Un día pierde la fe en lo que predica:”Sintió que le abandonaban las últimas partículas de su fe.” Cree que ahora milita en las filas del pensamiento lógico pero, lo que sucede, es que se derrumba de la manera más completa.

Al tener que abandonar la parroquia, y los ingresos que ello  reportaba, la familia Wilmot se va a vivir al mundo. Uno de sus hijos se mete a negocios nada claros. A él no le importa porque se ha dado cuenta que el éxito económico le da  el éxito social.

 Alma, una nieta, logra triunfar en el cine como actriz y va a ser como el  armazón que soporta buena parte de la novela.

 Un hijo de ésta, Clark, cae en las redes de una secta protestante en la que Jesse, un líder religioso carismático, la pasa predicando la Palabra de Jesús y embarazando a las mujeres que viven en su apartada iglesia, aunque sean mujeres de otros feligreses. Todos aceptan porque, al final, Jesse  se va  metamorfoseando de humano a Dios y es necesario que deje su simiente

La carrera artística de Alma sirve al autor  para hacer una abundante y bien documentada referencia a la industria del cine estadounidense.

El desenlace de la iglesia de Jesse parece tan absurdo  que sólo puede ser concebido por la imaginación de un novelista, como Updike.  Pero no hay tal  irrealidad. Este autor se apoyó  en uno de los más reales, tortuosos   y sonados finales de otra iglesia heterodoxa cristiana de la época moderna de Estados Unidos.

“John Hoyer Updike (Reading, Pensilvania, 18 de marzo de 1932 - Beverly Farms, Massachusetts, 27 de enero de 2009) fue un importante escritor estadounidense, autor de novelas, relatos cortos, poesías, ensayos y críticas literarias, así como de un libro de memorias personales”.

Cuatro rubaiyat de Omar Kayam

Una copa de vino, una muchacha bella y seductora, las arenas del desierto y el cielo de impresionantes estrellas.

Ese es el mundo de Omar Kayam. Pero es un mundo que, ha observado, pasa inexorablemente. En cada segundo envejece y se va. ¿Qué caso tiene lo que es, si enseguida ya no es? Ciertamente, mucho regresa, como la luna, como el sol y la lluvia, pero ya no para nosotros.



Por eso Kayam es escéptico y nihilista. Lo único que parece estar seguro es el aquí presente, materializado por una muchacha y una copa de vino y las estrellas y las arenas. Aunque, la muchacha, las arenas y las estrellas, también se van. Lo único seguro es la copa de vino.



Bebe, y al mirar las estrellas

Piensa en las civilizaciones

Que se tragó el desierto.



¡Oh, ya vuelven las nubes a llorar

Sobre el prado,

Y los campos estrenan su vestido

Floreado…

¡Bebe vino y disfruta! Es preciso insistir

Que seremos abono de los que han de venir…



El ayer ha forjado la locura

Presente.

Ya sea triunfo o derrota, el Mañana está ausente:

Bebe pues, ya que ignoras, y que

Nunca sabrás

Ni de de Dónde has venido, ni Hacia dónde te irás



Y después de un silencio, comentó

Maliciosa

Una jarra inclinada que salió

Defectuosa:

“No desdeñen mi forma por demás

Miserable,

Si tembló el alfarero, ¡yo no soy

Responsable!”





“Nació en Nichapur, Persia, hacia el año 1040 de la era cristiana, y vivió cerca de ochenta años.

Libertino, sibarita, ácido, místico y profeta, estudió Matemáticas y Astronomía, reformó el calendario musulmán, cultivó el Derecho y las Ciencias Naturales, pero todo le resultó insuficiente a la hora de resolver el misterio del Universo, las pasiones humanas y la existencia misma.

Se destacó en el plano de las letras por sus famosas «Rubaiyat», que constituyen una alabanza al brindis, una enorme plegaria fragmentada en estrofas que remiten a la celebración del vino y del goce del instante, frente a la finitud de la vida.”

La defensa, cuento de Graham Greene

En apenas cinco páginas, y un relato sencillo, Greene nos lanza de cabeza a toda la complejidad de la cultura occidental.



En la calle Northoowd, de una ciudad de Inglaterra, se supone, pues el autor no aclara este punto, fue asesinada una anciana, la señora Parker. Aunque eran las dos de la mañana una vecina vio el rostro del asesino, en ese momento que salía de la casa y arrojaba un martillo entre el pasto: “un hombre fuerte y corpulento, con los ojos hinchados e inyectados de sangre”. Realmente s e trataba de un aspecto como para espantar a cualquiera.



Este hombre iba por la calle con paso inseguro y alguien estuvo a punto de atropellarlo. De esta manera, casi inmediatamente al crimen, el asesino cayó en manos de la policía.



En el juicio que se le siguió la señora Salmón, quien fue la que atestiguó contra aquel hombre, reiteró, todos los requerimientos del juez, que estaba absolutamente segura que era él el que había visto salir de la casa de la ahora difunta señora Parker.



-¿Está segura?



-¡Absolutamente segura!



Era noche de luna y la luz de farol le daba en pleno rostro.



El juez pidió a la señora Salmón que mirara hacia el fondo de la sala de audiencias. Ahí se encontraba otro hombre exactamente igual al que  ocupaba el banquillo de los acusados. Era el hermano gemelo del acusado.



-¿Podría jurar, todavía, que el acusado es el que vio salir de la casa de la difunta señora Parker?



La señora Salmón dudó



-No, no estoy segura.



De esta manera el acusado fue absuelto. A la salida de los tribunales los dos hermanos, puestos ya en libertad, fueron abordados por una multitud que esperaba afuera del edificio. Seguramente para hacerles preguntas. Pero fue tanta la gente que uno de los hermanos perdió pie y cayó en el momento que pasaba un camión y lo atropelló muriendo al instante.



Ahora bien, el asunto es ¿quién murió, el hermano inocente o el culpable :”si él era el asesino o el inocente, nunca nadie lo podrá saber.” Antes Greene se había hecho esta pregunta: “¿Venganza divina?” Es uno de los clásicos finales de este gran novelista inglés. Lleva a la reflexión respecto de la justicia, o injusticia, divina. Para la cultura occidental no cabe la existencia del Dios castigador, pues el Dios del cristianismo es amor, no punitivo.



Graham Greene

Esta fórmula, que parece resolver toda la cuestión, por el contrario, nos vuelve a colocar en la disyuntiva teológica: el Dios del catolicismo que dio su vida por las faltas de los humanos o el Dios de los hombres que todavía condena a morir a pedradas a la mujer (no al hombre) que comete una falta…



Greene parece decir que hay libertad para escoger el tipo de Dios que uno prefiera. Después de todo lo mismo sucede en filosofía. Unos son estoicos y otros cínicos.



Esto parece llevarnos al antropocentrismo genético donde “el individuo es como es”. Pero la pregunta que Greene quiere que nos hagamos es ¿quién reparte esos caracteres? Y otra vez  estamos de vuelta en el teocentrismo.



Así es Graham Greene…

Ovidio, Ifis, Hemingway, y la heterosexualidad

Ovidio
Las metamorfosis

Hombre, mujer, gay, lesbos. Cada quien su libertad personal en la preferencia sexual.


Lo que Ovidio pone sobre el tapete es ese afán de sentirse Dios y querer dirigir las pulsiones de otros tanto pre como pos parto. Casi todos los hombres quieren que su hijo sea hombre y si nace niña la visten de hombre y hay madres que visten de hombre a su hija.


Sólo los padres sabios aceptan de buena convicción que el feto sea Y o X.


El lector tiene dos casos para reflexionar sobre el tema.



Cubierta de George Sandys, para la edición inglesa de Las metamorfosis,1632 
 La madre de Ernest Hemingway se afanaba por vestir a su hijo como si fuera niña. Más aun, a un nieto de ella, hijo de Ernest, le enviaba también como regalo en su cumpleaños, vestiditos. El que conoce la vida amorosa del gran novelista estadounidense, sabe que fue de lo más inestable. Filtre aba abiertamente con las mujeres aun delante de su esposa en turno. Siempre buscaba reafirmarse como hombre en ese terreno. Odió a su madre al punto de decidir, cuando ésta murió, no acudir a su funeral. Sabido es que, finalmente Ernest acabó con su vida por la vía del suicidio.


Y ese es el tema que Ovidio abordó hace más de dos mil años. El poeta nació el 20 de marzo del año 711 de Roma, que corresponde al 43 antes de Jesús. En Las Metamorfosis escribe sobre Ligo, habitante de Creta. Cuando éste se dio cuenta que su esposa, Teletusa, estaba embarazada, le ordenó que la criatura fuera hombre. De otra manera prefería que la criatura muriera.


Teletusa le pide que no ponga tan dura condición pero el otro es inflexible. La mujer tiene que cargar con las molestias o trasformaciones de su cuerpo embarazado (por eso se llama “embarazo”, alterado, contrariado) y con la angustia que vaya a tener una hija cuya vida está amenazada por el padre.


En sueños la diosa Io, a la que Teletusa es devota, le dice que viva tranquila y que, en todo caso, engañe a su marido y le diga lo que él quiere oír. Si el marido no es congruente no es merecedor de consideraciones. Lo que nace es una niña pero entre Teletusa y la nodriza hacen creer que, en efecto, es un niño. Le ponen el nombre de Ifis, que es común a los dos sexos, como, por ejemplo, entre nosotros los mexicanos “Guadalupe”. La vestían de hombre y procuraban darle trato de niño para que el padre no sospechara. Aunque su modo de caminar y su ademanes eran las de una niña.


A la edad de trece años el padre la entrega como prometida, según las costumbres de la época de aquel lugar de Grecia, a la rubia Janta, “célebre por su belleza entre las doncellas de Festos, hija de Telestes”.


En la creencia que eran dos sexos diferentes las dos niñas se trataron y “De aquello nació un amor que penetró en las ingenuas almas de las dos compañeras”. Janta, la novia, espera el día de la boda en que Ifis se mostrará como hombre. Ifis, en cambio, ya se ha dado cuenta que “ama sin esperanza de llegar a poseer el objeto de su amor.” Cae en la desesperación porque observa que en la naturaleza, en cuestión de sexo, todos tienen su contraparte que se complementa.


Teletusa, la madre, entiende la angustia que está pasando Ifis y pide a la diosa que vaya en su auxilio. Después de todo, la divinidad le dijo que confiara, que no se angustiara.


Y, sucede. Al salir del templo, Teletusa ve que Ifis se comporta de manera diferente, su manera de andar es distinto al de una mujer, el comportamiento, las facciones s e han endurecido. Al día siguiente de la boda, en efecto, “El joven Ifis posee a su querida Janta.”


Se da aquí, con Ovidio, el recurso al que los novelistas de los siglos que estaban por llegar, hasta nuestros días, recurren, cuando ellos ya no saben cómo sacar a sus personajes del atolladero en el que los meten. Es lo que se llama el deu ex machina o la intervención divina que desbarata el Nudo Gordiano y todo acaba lleno de felicidad, como en las películas de Hollywood.


Pero, es una pregunta que se hace el lector de Ovidio, ¿y si la divinidad no acude y soluciona el embrollo que han hecho los humanos?

Horacio advierte que Roma va a caer

Horacio

Odas y Epodos

Oda VI

A los romanos

Horacio advierte a todos los Estados, de todos los tiempos, cómo pueden caer o les recuerda cómo cayeron.

Es un ejercicio intelectual a priori y también a posteriori. Es un trabajo de fría antropología social pero dicho por un gran poeta pagano al que no s e le puede tachar de moralista. Eran los tiempos de la virtud.

Roma no ha caído pero ya presenta los síntomas de descomposición de otros Estados que fueron fuertes (Grecia, por ejemplo) y ya muerden el polvo. Se abandona el espíritu estoico, romántico, y sólo persigue fines utilitarios, va a sucumbir. Las ganancias, el lucro, son propias de una empresa, de agiotistas, los principios de una nación.

Cartago fue una gran inversión de empresarios y sucumbió. Roma fue una nación y vivió mil años. Cuando persiguió el oro y abandonó los principios, apareció la prostitución no profesional en todas sus modalidades, perdió las esperanzas, los sueños y la persecución del misterio, también cayó.

Horacio advierte que se está abandonando la creencia en el misterio, ya no se frecuenta la dureza del trabajo, los ciudadanos se vuelven exquisitos y la familia se vulnera.

Quinto Horacio Flaco nació el año 65 antes de Jesucristo. Tuvo una educación de las mejores de la época y perteneció al círculo íntimo de los grandes del imperio de su tiempo. De esta manera conoció de cerca los virus que empezaban a descomponer el cuerpo romano. Escribe:

“Tú has triunfado, Roma, porque siempre te supiste mostrar sumisa a los dioses y reconocías que de ellos es todo principio y que a ellos debe atribuírseles todo éxito, pero hace tiempo que los tienes en el olvido y los desdeñas y multitud de males y desgracias caen sobre nosotros. ¡Ay! Sin culpa nuestra estamos expiando los delitos de nuestros mayores y no hallaremos perdón, hasta que no hayamos reconstruido los templos y levantado de nuevo los altares en ruinas y limpiado del negro humo que las afea a las estatuas. Desde que perdimos la fe en los dioses hemos visto quebrantadas dos veces nuestras fuerzas y peligrar la ciudad indefensa por causa de las continuas sediciones. ¡Ay! la venida de los tiempos ha traído consigo manantiales de vicios que primero mancillaron los lechos conyugales, desbaratando luego la familia y el linaje. Este fue el origen de esa peste, que ha caído sobre ti, Roma, y que ha consumido a toda nuestra patria y nuestro pueblo. La mujer, todavía niña, pide que le enseñen a moverse provocativamente al paso de las danzas jónicas y desde su infancia medita amores incestuosos. La esposa no repara en el marido que bebe en su misma mesa y busca amantes más jóvenes y tan pronto los encuentra les concede los vedados goces sin esperar siquiera a que apaguen las luces.; o bien, y ello sin que el marido lo ignore, se levanta obediente a la llamada de algún rico comerciante o del maestre de una nave española para vender a buen precio su deshonra. ¡Ay! No fue la juventud nacida de tales padres la que enrojeció al mar con la sangre etíoca y la que batió a Pirro y al gran Etioco y al gran Aníbal. Tales victorias sólo pudieron conseguirlas los hombres enseñados al mandato de una madre severa, ocupados en las faenas del campo que les convertía en una raza viril. Hombres que revolvían el suelo con las azadas, que trabajaban hasta que el sol cambiaba la sombra en las montañas y les llevaba en su carro fugitivo la hora sabrosa del descanso. Y todavía entonces aprovechaban la luz de la penumbra para cargar en sus monturas haces de leña y ocuparse del cuidado de los animales en las cuadras. ¡Ay Roma! De cuántas cosas te ha venido privando ese moverse dañoso de los días. La edad de nuestros padres, peor que la de nuestros abuelos, nos produjo a nosotros peores todavía, que sin duda daremos una sucesión más depravada”



En el Epodo XVI dice, con todo escepticismo, con toda clarividencia, con el más penetrante apriorismo, que aboga por una vuelta a los principios rudos, sencillos, que una vez había hecho de Roma la dueña del mundo: “Vayámonos de (Roma) esta ciudad maldita…Debemos ir a donde nuestros pies nos lleven, allá a donde nos empujen los vientos a cuyo favor habremos de confiarnos”.

Después de la muerte, según Virgilio

El Romanticismo y la Ilustración se funden y se confunden y todo acaba en un enorme y milenario  galimatías.

Los hombres no han aprendido a que la Teología vaya por su lado y la Fenomenología por el suyo. Hay un afán morboso, y en ocasiones intelectualmente mal intencionado, de querer explicar o revolver  la teología desde la fenomenología y viceversa. Mezclan el aceite con el agua, encienden la licuadora,  se hace una gran revolución, o agitación, y al final todo vuelve a ocupar su lugar. Semejante a un juego de niños practicado por  adultos

La realidad es que unos se encuentran cómodos instalados  en el mundo tangible y finito. Otros, en cambio, están dispuestos a seguir viviendo en la región de los espíritus “Haga cada hombre su trabajo” dice Carlyle en Los Héroes. Cada quien es libre de  poner el número de hojas que quiere a su diario personal…

En el Romanticismo no hay muerte, sólo cambio de dimensión, del fenómeno a la metafísica. Nosotros nos referimos a estos últimos.

 La mansión de los muertos tiene vida propia. Una evolución de millones de años para la especie humana se resiste a creer que un día de pronto todo hace ¡plop! Los paradigmas del misticismo aseguran que se pasa a otra dimensión. Del fenómeno  a la dimensión metafísica.

 El cristianismo permite el gran juego dialectico con la escéptica Ilustración. Pero  ni en la antigüedad homérica, antes de los Presocráticos,  del viejo mundo, ni en el Popol Vuh, del Nuevo Mundo, se duda en absoluto de la vida en la mansión de los muertos. Y los reyes de Ur, hace cincuenta siglos, contaban con familiares y disponían de esclavos que los seguían, a "allá", cuando morían.

La mansión de los muertos, con vida propia,  es una manera de decir que en realidad la muerte no existe. En la antigua cultura occidental se llama Averno y en la mesoamericana, Mictlán, Presidido por  Mictlantecutli y su esposa Mictlancihuatl.

La muerte no es el basurero donde todo acaba por desaparecer. Es una región llena de criaturas inmateriales que conservan su modo de vida, como “acá”, con sus nombres, sus pasiones y sus virtudes.

Poema nahuatl:
Ante la incierta disyuntiva, el hombre nahuatl se pregunta:

¿A dónde irás?
¿A dónde irás?
Tuyo es el camino de los dioses aparecidos.
¿Estará tu hogar en el lugar de los muertos?
¿Estará en el Mictlán?
¿O aquí,en la tierra?


 Lo anterior lo dice Ovidio en Las Metamorfosis, Virgilio en La Eneida y, en plena Edad Media cristiana, Dante lo reafirma en La Divina Comedia.

Personajes todos ellos  seglares y nótese que  nos abstenemos de citar a los clásicos nombres de la historia espiritual o religiosa. Estos tres personajes laicos de la cultura occidental ponen el inframundo debajo del mundo de los vivos. Es decir en el subsuelo geológico. Se entra a él por la boca de las cuevas o cavernas. D e ahí se saldrá alguna vez  o ya jamás se saldrá...

 Los malos siguen siendo malos y los buenos, buenos. Para sancionar la conducta el jurado metafísico dispone del Infierno, el Purgatorio y el Cielo. Causa tanta angustia la idea de la muerte que, como hacen los niños, nos tapamos los ojos queriendo  negar lo que existe.

En la tierra los humanos disponen de la cárcel en la que se purgan penas desde una cuantas horas hasta cadena perpetua. “Allá” ya no es tiempo de hacer sino de merecer “.Allá” como “Acá” no es Dios, o el juez, el que castiga sino el individuo el que se auto castiga según la falta cometida.

Nadie es tan buen comediante como para engañarse a sí mismo y no escuchar a su propia  conciencia. Sólo hay dos maneras de escapar, provisionalmente, a la conciencia, 1) viajar a la subconsciencia o 2) anestesiarse con drogas no autorizadas. En cualquiera de estas soluciones  de todas maneras  alguna vez la caldera acabará explotando...Al final del camino está el manicomio sino se le hace caso al sacerdote o al psiquiatra.

Los de alta calificación positiva, al Cielo. Los buenos, pero no tan buenos, al Purgatorio para después poder  entrar al Cielo. Y los otros, los reiteradamente malos, los que, como dice Schopenhauer, nacieron provistos  con sus colmillos y su bolsa de veneno, al lugar donde se pierde toda esperanza…

En el pensamiento mesoamericano igualmente  está el inframundo, el Mictlán. A él se entra también por  las cuevas o las grutas. En la  cronovisión náhuatl son nueve cielos dispuestos verticalmente, encima uno de otro. ¡Pero véase  que todos son cielos! ¡No hay Infierno! El Mictlán es un lugar oscuro porque está debajo, como el sótano de un edificio.

Todos, sin excepción, después de morir en la tierra, y después de un peregrinar por las cavernas, irán al Tlalocan o Paraíso. Más o menos como está descrito en el Pol Vuh, el formidable libro de los mayas.

El Tlalocan es el lugar de la eterna primavera (hay una pintura mural en Teotihuacán, prefigurando el Tlalocan).El Tlalocan se localiza geográficamente arriba del pueblo de Río Frío, en la cadena de altas montañas, del sureste del Valle de México. Ahora se le llama a este entorno geográfico Sierra Nevada.

¿Y qué paso con los malos, no van a recibir su castigo? Los malos ya tuvieron “acá” su Infierno-Remordimiento que no los dejó vivir en paz. Unos lograron salvar el abismo a través de la confesión con el chaman. Otros debieron consumir la droga (no autorizada por la comunidad de la etnia a través del ritual mágico) ¡y  acabaron en su Infierno!

Pero, como sea, todos, según hemos anotado, todos al final llegarán al Tlalocan. Los acompañará en su peregrinar por el mundo subterráneo, para que no se pierdan, un perro, el xoloescuntli. Por eso los mexicanos, aun en los de inconsciencia histórica, siempre procuran tener un perro en la vida terrenal.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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