La Ilíada y el Popol Vuh en México                              
Cree/ Canadá


Nota dedicada a Yolotzin


Enriquecimiento cultural como una manera de estar abiertos a las ideas del mundo, de todos los tiempos y todos los continentes.
O Odham/Estados Unidos

Pero no mestizaje cultural en el que subyace la idea de eliminación de las creencias de un pueblo con la imposición de otro.

La idea del mestizaje  biológico se utilizó en América, por algunos gobiernos y sus intelectuales, para negar la identidad cultural de las etnias. Al grito de “todos somos mestizos” se esgrimía la idea racista de borrar en México 83 modos étnicos de ver la vida, laica y espiritual, su lengua, vestidos propios, su comida.

En el plano intelectual, los intelectuales mexicanos que viajaban en el “tren de la institucionalidad”, agredieron con la pluma. Y en el terreno de la praxis otros  con metralletas en mano en tierra y desde el avión. Léase, por ejemplo, la guerra de exterminio que se emprendió contra los yaquis, y demás pueblos   del noroeste del país, a lo largo del siglo diecinueve y entrado el veinte. O contra los huicholes se sigue haciendo todavía en este primer tercio del siglo veintiuno.
Raramuri/México


El mestizaje biológico es una realidad en todos los pueblos del planeta. Se dio, se da y se seguirá dando. Y México es un ejemplo de ello. Sus ciudades, afortunadamente, son multiétnicas en las que se concentran pueblos de todo el planeta. Proyectando libremente un universo riquísimo de ideas, modos de ser, de vestir y de comer. Todo esto a plena luz del sol, en voz alta, y no hay porque tendría que ser de otra manera. El eclecticismo disolvente, propio de las grandes ciudades, es aquí parte del ejercicio de prueba y error que dice lo que vale la pena conservar y lo que es necesario tirar a la basura. Pero esta decisión es a nivel individual, no grupal.
Nahua/El Salvador

Asimismo  no hay en México ninguna intención racista escondida cuando al blanco se le dice blanco, al negro se le dice negro, al amarillo se le dice amarillo o al cobrizo se le dice cobrizo. Aquí son colores, y no implican otra cuestión.

México, como pueblo, siempre ha defendido la pluralidad de la sociedad. Desde mucho antes que en el mundo aparecieran los Derechos Humanos. Algunos gobiernos mexicanos, a partir de la independencia de España, son los que se han extraviado en este terreno. Gobiernos liberales como conservadores. Han mostrado una obsesión por “blanquear” a los habitantes de los pueblos.

El Popol Vuh (el libro de los  mayas) y La Ilíada son dos modos de entender al mundo. Ambas obras son dos autenticas joyas de la cultura universal. Distintos modos de pensar, de distintos pueblos. Con sus laicismos y sus espiritualismos.
Quechua-Kolla/Argentina

Desde el siglo dieciséis los mexicanos, y demás pueblos de origen indio-asiático Bering ( y los indios australianos antárticos), tenemos también como nuestra, a la gran cultura occidental ( y sus referencias con todas las culturas del planeta).Un inmensurable  baúl rico en ideas.

Conocerlas, como conocemos el Popol Vuh, es una de las cosas por las que valió la pena haber venido a  esta vida de la conciencia, de la causalidad y de la sin razón. Desconocerlas es vivir en un galimatías cultural patológico.






Ilustraciones tomadas del libro America Profunda 1992 Editado  por  la Ciudad de México (Eniac Martínez y Francisco mata Rosas)









Un pensamiento conservador de Schopenhauer


Libro La sabiduría de la vida
Autor Arturo Schopenhauer.
Editorial Porrúa, México
Fecha edición 2009

Dice que hay que evitar el dolor  Para ello es necesario conservar la salud a través de ser precavidos frente al placer. De pronto creemos que las cosas están planteadas al revés .¿No es como dicen Epicuro, Sade y ahora la sabrosa mercadotecnia, que la felicidad en la vida consiste en perseguir el placer?. ¿ En la comida, en la bebida, en el sexo y entre más mecánico y menos amor tanto mejor?¡Como autenticas máquinas de follar!, dice Bukouski. El dolor es de naturaleza positiva y el placer es negativo. Desarrolla  la idea de Aristóteles y dice que la felicidad en la vida no está en el placer sino en evitar el dolor.

El mundo pensante y bien intencionado hacia nosotros se pasa la vida diciéndonos, desde que somos niños, empezando por los padres, y más tarde por la ciencia médica, que nos portemos bien porque de otra manera tendremos problemas. Respondemos desafiantes ¿qué es portarse bien?

Es decir que  la orientación está en observar de manera general cierto estoicismo, austeridad. Pero no hacemos caso porque los intereses detrás de la pantalla nos hacen creer que la felicidad es perseguir y obtener el mayor placer. Y el precavido y conservador yo no sabe cuándo se brincó las trancas y se convirtió en patológico ego.

Nos dicen que hay que comer de manera informada, en contenido y en cantidad. Evitar que el necesario descanso llegue al sedentarismo. No substituir, para evitar la sed, el agua natural por bebidas dulces, etc. (En la actualidad México es el mayor consumidor, a nivel mundial, de los llamados “refrescos”).

Es cuando  aparece, dice Schopenhauer, el censor supremo. Ese ante el cual no podemos cerrar los ojos ni seguir de argumentadores. El dolor. El dolor es el que objetiva que el modo de vida va por mal camino. No hicimos caso y ahora la luz roja del semáforo también nos está lanzando una señal de peligro.

 Entonces volvemos a sacar del librero a Schopenhauer y releemos lo que al respecto dice.”No en los goces y diversiones  de la vida, sino en los medios de evitar en lo posible los males innumerables de que está sembrada... En cambio, hay beneficio en sacrificar placeres para evitar dolores. ”














La pasión de escribir, de Flaubert-epístolas

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Esta obra es parte de la correspondencia que Gustavo Flaubert sostuvo con escritores, amigos y familiares, a lo largo del medio siglo que va de 1830 a 1880. La pasión de escribir contiene valiosas referencias en lo que se refiere a la pasión de escribir. Cita con frecuencia el proceso que vivió en el desarrollo de varias de sus noveles como Salambó, Madama Bovary, San Antonio, etc. El trabajo es una especie de autobiografía en la que el escritor permite asomarnos a su modo de vivir, de pensar y de escribir.

En cuestión de creencias, y puesto sobre el tapete del mundo intelectual de su tiempo, acusa cierto complejo de Nicodemo. Aquel sacerdote del sanedrín que por las noches conversaba con Jesús, y sería uno de los grandes personajes del Nuevo testamento, y en el día continuaba siendo seguidor del Antiguo Testamento. Flaubert se decía ateo y algunas veces invocaba al cielo. A su amada Louise le escribió el 27 de marzo de 1852: “Dios conoce el principio y el fin, el hombre el medio.”

De nacionalidad francesa, le tocó vivir de cerca la guerra que Francia sostuvo contra Prusia. Con una imagen de casi invencible en las guerras napoleónicas, Francia conoció esta vez la derrota frente a los alemanes. Flaubert no tuvo otro camino que reconocer que “El ejército prusiano es una maravillosa máquina de precisión.” No obstante le quedó un imborrable mal sabor de boca. Flaubert ya piensa en la venganza y aquí es profeta al anunciar de alguna manera las dos grandes guerras mundiales que estaban por llegar: “Creo que seremos vengados próximamente por una conflagración general.” Es conocido que el concepto de nación está plasmado en algunas constituciones liberales del mundo. Invocado el tema del nacionalismo sobre el escritorio suele dársele el tratamiento más frío cuando no despectivo por obsoleto. Pero si leemos las vidas de algunos escritores, sacados de su escritorio y puestos en la calle entre la gente, encontraremos que son tan apasionados nacionalistas como lo puede ser un carpintero o un fotógrafo. Hay belleza en ser un teórico internacionalista en tanto no le toquen su nación. Así pasó con Flaubert. Véase la correspondencia que este escritor sostuvo con George Sand en la que se refiere a la guerra. De miserable y malditos no baja a los prusianos y se lamenta de los sufrimientos de su amada Francia.

Autor cuidadoso en su manera de escribir y concebir los temas, se permite señalar fallos en novelistas como Balzac, Tolstoi y pensadores como Voltaire. Pocos escritores se salvan de la crítica. Pero hay dos en los que Flaubert no se detiene en su apología y son Homero y Shakespeare: “¡Homero y Shakespeare, todo está ahí! Los demás poetas, aun los más grandes, parecen pequeños a su lado.”

Maestro en el arte de la escritura, y consultado por autores como Guy de Maupassant, cree sin embargo que “el carácter lo es todo”. Para él el carácter es parecido a la voluntad de Schopenhauer, algo como fuera del mundo de la causalidad: ”estoy seguro de no perder esta capacidad de emoción que la pluma me da por sí misma, sin que yo intervenga para nada, y esta emoción sobreviene a pesar mío…Lo que hago hoy, lo haré mañana ,lo hice ayer.”

Para los temas dice que le gustan los escritos que huelen a sudor “hay que ser claro sin dejar de ser común”. Hay que permanecer dentro del pueblo pero rechaza la vulgaridad. Y de la crítica literaria revela que es absurdo querer ajustar las obras de otros autores a mi criterio pues en medio de todo esto anda danzando el subjetivismo: “Lamartine, Eugenio Sue. ¡A cuantas de las piezas del viejo Hugo les sobra la mitad...Comienzo a entender un poco a Sófocles, lo cual me halaga. En cuanto a juvenal… ¿Por qué Saulcy rechazó el artículo de Leconte…” Es la vieja querella llorona de los intelectuales que cierran las puertas del Parnaso para que otros ya no tengan acceso ni a la gloria ni al presupuesto…Desde que el oráculo de Delfos nombró a Sócrates el hombre más sabio de la tierra. Luego éste a otro y este otro a otro y cerraron la puerta antes que Aristofanes pudiera entrar… Más adelante Flaubert vuelve con Shakespeare.

En diciembre de 1875 le escribe a George Sand: “No leo nada en absoluto, salvo a Shakespeare que he repasado de punta a cabo. Fortalece y hace entrar aire nuevo en los pulmones como si uno estuviera sobre una alta montaña. Todo parece mediocre al lado de este hombre prodigioso.”

Graham Greene, El ministerio del miedo, novela

Esta novela  es la historia humana de Europa, particularmente, en el espacio y el tiempo. Y, por extensión, la de todo el mundo.

Las naciones se combaten a lo largo de prolongados y crueles conflictos bélicos. Pero las relaciones sentimentales, que cristalizan en el amor, se saltan las fronteras y las ideologías. Y con el tiempo el caos tiende a diluirse. Si la vida sigue después de la destrucción y los terribles odios, es porque sobre todo se impone el sentimiento del amor. A eso apunta esta novela. Escrita desde el epicentro del objetivo de las B1 y B2, Graham Greene sabía lo que estaba diciendo como inglés y como escritor. Pero un escritor que trata de ver más allá de las esquirlas, los muros que se derrumban y de los discursos incendiarios de los políticos de los diversos bandos.

Graham Greene nos mete en el relato de un complicado cuadro de espionaje que tiene lugar en Londres y sus personajes deben moverse bajo el impacto destructor de las bombas alemanas. Deben sacar subrepticiamente un pequeño rollo de negativos que lleva fotos de un importante secreto de paternidad inglesa.
Graham Greene

Por equivocación ese diminuto rollo de película implican la vida de Arthur Rowe, ciudadano ingles común que nada tiene que ver con el mundo del espionaje. Para silenciarlo, en tanto los espías tienen tiempo para sacar del país su secreto robado, a Rowe   lo encierran en una especie de sanatorio de lujo. Lo mantiene sedado y le hacen creer que ha perdido la memoria y que es un asesino. Es cuando Rowe dice: “Llega un momento en que el hombre debe intentar evadirse de su prisión, cualquiera que sea el riesgo.”

Las piezas visibles de los espías son los hermanos Anna y Willi Hilfe. Anna y Rowen se enamoran  y son los que van a sobrevivir a la hecatombe. Cada quien por su lado viven hasta entonces una vida carente de amor. En el desenlace del relato algunos individuos empiezan a morir de manera violenta y es cuando el amor resalta y se define.

¿Se prolongará el conflicto que empezó en 1914, con un intervalo en 1918, para después reiniciar en 1939? El discurso de los políticos de todos los bandos apunta a eso, a que esta guerra seguirá. Para parar se necesita un sentimiento más fuerte que el  odio. ¡El amor!

En este punto surge la  vieja polémica   de siempre tener presente  el  agravio o bien de olvidarlo. Todos los pueblos han agredido y todos los pueblos  han sido agredidos.  ¿Van a olvidar lo que ellos  hicieron y a recordar sólo lo que les hicieron? Ante el peligro cercano que los amenaza  y frente a la tragedia que envuelve a Europa, Graham Greene parece haber encontrado la fórmula de parar todo eso: “La felicidad debe estar siempre valorizada por el conocimiento de la infelicidad”.

La crítica literaria ha cargado el punto en que esta obra es el tema de la culpa. En otro tiempo Rowe autorizó la eutanasia para evitar que su mujer siguiera sufriendo la insoportable enfermedad. De esa manera el personaje central de esta novela parece prisionero del pensamiento que se ha convertido en un asesino. Pero la obra literaria de Graham  Greene no es de escepticismo, ni de revancha, y siempre apunta a salvar a sus maltrechos personajes por medio del amor.

Esta obra se llama El ministerio del miedo porque una vez que los enamorados han caído uno en brazos del otro, no es el final de los cuentos de hadas. Si va a ser un amor eterno, es el momento que empieza otra historia. Caminar sobre terreno minado: “Tendrán que recorrer los senderos de la vida con cuidado, pensando dos veces antes de hablar”. Y esto se consigue, pensó Rowe, “sino se exagera la importancia de la felicidad.”











La libertad, según Kant- Platón




Para Schopenhauer la libertad es como el obrero que actúa bajo el espíritu del contrato colectivo de trabajo con el que cuenta la fabrica. Puede hacer y decir lo que desee, en nombre de su libertad, siempre y cuando no rebase lo estipulado en las cláusulas del contrato.

Sólo es un modo de ejemplificar la ley de la causalidad,"la regla según la cual los estados se suceden unos a otros". Para escapar a esa ley, en buena parte al menos, el individuo tendría que permanecer lejos de los deseos de posesión. Esto para un habitante de la ciudad moderna parece una utopía propia de campesinos, filósofos o místicos.  Como no somos nada de eso, entonces tenemos que vérnosla con la ley de la causalidad, que infiere directamente en nuestro panorama de libertad.

La definición que Schopenhauer hace de la libertad es “el poder de obrar, es decir, la falta de obstáculos físicos  capaces de dificultar los actos.”
La libertad, Arthur Schopenhauer, Ediciones  Coyoacán, México, 2007

La libertad absoluta no existe en “este mundo” pero sí existe en “aquel  mundo”. Así lo expresa él hombre común. Los filósofos tienen otra manera de decirlo. No existe en el mundo de la causalidad, pero sí fuera de ella: “la voluntad es libre, pero solamente en sí misma y fuera del mundo de los fenómenos” dice Schopenhauer en su obra La libertad.

Sonaría extraño si decimos  que, a menor riqueza monetaria, más libertad. Parece que es mejor decirlo con un símil: a menor gordura, más salud corporal.

Estamos acostumbrados al dicho que “el dinero lo puede todo”. Menos la libertad. El millonario puede salir de la cárcel, pero  no ser libre. El punto es que se tendrá más libertad  en la medida que se  tenga menos necesidad. Habría que distinguir la necesidad básica de la  necesidad inventada. El asalariado ahora no tiene para pagar el teléfono mensual, pero puede caminar solo, libremente, a la luz del sol,  por el boulevard o por donde s e le pegue la gana. Considérese si  el capo más acaudalado puede hacer lo mismo. O el político más exitoso o el cantante que vende millones de discos al año.

 Ni siquiera el Papa puede ser tan libre para andar por ahí, en la calles y en los mismos pasillos del Vaticano, sin la Guardia Suiza.

El pobre asalariado no es consciente que posee un  tesoro. No es consciente porque sueña con tener todo y ser poderoso...Es decir, sueña con perder la libertad.

Pero hacer más o hacer menos es cosa de carácter no de habilidad o circunstancia. Schopenhauer señala tres tipos de libertad: la física, la intelectual y la moral. Cada una de estas  tiene  sus particularidades.

Señala que la  libertad no debe ser confundida con el libre albedrio. Si el individuo  está en el mundo de la causalidad, ¿de dónde sale con que puede decidir fuera de la cadena de acontecimientos?  A lo largo de todo un capítulo declara que el libre albedrio es un trasto viejo y por demás inservible. Hay aquí una animadversión con la posición teológica católica dada su subyacente inclinación protestante. Más inclinado a considerar el asunto bajo un inflexible  encadenamiento de la causalidad y no de la cosa en sí.

Para sostener su tesis Schopenhauer se enfrenta con uno de sus filósofos más queridos como es Kant. Kant le pone el cascabel al gato y dice que el agua y el aceite  pueden estar juntos pero que no se revuelven. Kant distingue la mecánica del fenómeno, de la cosa en sí.” El hombre, dice este filosofo, es solamente un fenómeno. La cosa en sí  está situada fuera del tiempo. Kant aplicó su profunda distinción  entre el fenómeno y la cosa en sí, que es el carácter dominante de toda su filosofía  y constituye su mérito principal…la cosa en sí que le sirve de substratum, es, como situada fuera del tiempo y del espacio, una e inmutable, y está emancipada de la sucesión de la pluralidad.”

Lo enfrenta para enseguida hacerle el más brillante de los cumplidos señalando cómo Kant concilió la necesidad (causalidad) con la libertad: “Esta doctrina de Kant sobre la coexistencia de la libertad y la necesidad, me parece lo más imponente y profundo producido por el ingenio humano. Esa dictina y la estética trascendental son los dos diamantes de la corona de la filosofía kantiana, que resplandecerá con fulgor eterno.”

El tema de la libertad, como lo presentan Schopenhauer  y Kant,  es como asistir a un duelo de espadachines entre el carácter empírico (terrenal y humano) y el carácter  inteligible (fuera del tiempo y del espacio). Gustavo Flaubert también creía en esta intemporalidad al decir, en su obra La pasión de escribir: “ Estoy seguro de no perder jamás esta capacidad de emoción que la pluma me da por sí misma, sin que yo intervenga para nada, y esta emoción sobreviene a pesar mío”.

Al final parece que entre el fenómeno y la cosa en sí hay continuidad: “el carácter empírico y  la razón última de éste, inaccesible a la experiencia, es el carácter inteligible, es decir, la esencia en sí de ese objeto”. Y nos imaginamos que Schopenhauer tiene que ceder: “ cada ser en el mundo obra según su esencia ,en la cual están contenidas en potencia ya todas sus manifestaciones activas, pero no pasan al acto más que cuando las causas exteriores las determinan, y esas manifestaciones mismas dan a conocer la esencia  de la cual emanan”. Y enseguida lo corrobora: “La libertad no es atributo de carácter empírico, sino de carácter inteligible”

Es  a Platón, nos dice el mismo Schopenhauer, que se le debe esta idea del carácter “fuera de este mundo” y el carácter “dentro de este mundo”: “esta doctrina de Kant, sobre el carácter inteligible  y empírico, es una idea que ya se le había ocurrido  a Platón, pero que Kant ha sido  el primero en elevar a la claridad abstracta y verdaderamente filosófica.”










El arte de la novela, de Henry James

En El arte de la novela  Henry james se dirige al que piensa escribir una novela, más que al lector de la novela. No es un manual de gramática y de redacción. Se trata de la manera de ir por la vida tomando notas de lo que nos llame la atención, pero desde la manera cómo vemos la vida cada uno de nosotros, no como nos han inducido a verla.

Desde ese subjetivismo propio que nos hace diferente a los otros. Amado Nervo, poeta, veía a la mujer, en abstracto, de distinta manera que Schopenhauer, filósofo. El Popocatepetl que pintaba Diego Rivera era diferente al que pintaba el Dr. Atl.

¿Y cuando tengo esas notas? Trabájalas como Dios te dé a entender, dice el autor, “tiene que trabajarlas como pueda, y los mismos guías  y filósofos que son los que más tendrían que decirle, deben dejarlo solo  cuando se trata de aplicar los preceptos, tal como dejamos al pintor  en comunión con su paleta.”
Henry James

Quiera o no el escritor escribirá de una sola manera, como él es. Tal vez con la influencia temporal de éste o de aquel novelista, pero al fin y al cabo jamás podrá escribir como aquel y acabará  escribiendo como él es. Como quien dice: nuestro instinto mueve el lápiz (o la computadora) de nuestro modo cognoscitivo. En la calle tal vez no  podemos distinguir quién es quién de las dos hermanas gemelas, pero copulando con ambas si sabremos quién es María y quién es Sara

¿El instinto o la inteligencia? Bueno, la intuición, que es instinto + inteligencia.

James alerta contra el pesimismo y el optimismo excesivo en la novela. Ya sea el escritor de un país frío y envuelto en la bruma y lleno de hielos o en los países llenos de sol y verdor de América, se nota los patológicos  infra pesimismo y el ultra entusiasmo. Con frecuencia con un trasfondo político que destaca la pobreza material y espiritual de un país  o se les pasó la mano diciendo que en otro país todo es colorido, abundancia material y alegría. James lo ilustra como si el pintor o el escritor “trabajara en la oscuridad.”, como esas películas que parece que están filmadas con un foco de cuarenta watts, para acentuar el cuadro patológico. De la misma manera se han escrito novelas  que más pertenecen al campo de la psiquiatría.
Y abundan  las novelas, al estilo de los que escriben historia, que ignorando el método dialectico, escogen las notas de su partido e ignoran que en todo acontecimiento hay por lo menos dos bandos y ambos con sus muy buenas razones. Si de un lado murieron cincuenta millones de individuos, y del otro lado una cantidad semejante, es claro que no se trata  de algo que pueda escribirse  a la ligera. Por ninguno de los bandos.  Ocultar los motivos del otro es inducir mañosamente a que el lector piense de una manera sin dejarle información para que él decida.

James recurre con frecuencia a la semejanza de la novela y la pintura, ambas como manifestaciones del arte. En la pintura, como en la fotografía, hay individuos o cosas con luz y sombra. Pero resulta que en la novela menudean con frecuencia los acontecimientos que carecen de luz o bien carecen de sombra.

Semejantes a la historia política de todos los pueblos del planeta (parece que es un punto en el que s e puede generalizar sin temor al equívoco).Con personajes que  son  pura sombra o pura luz. En México Benito Juárez  es para unos de tal dimensión negativa que mejor ni pronunciar su nombre. Para otros es nada menos que el Benemérito de las Américas y le han edificado un magnifico monumento de mármol en el centro de la Ciudad de México.  Santa Anna es otro caso. Responsable de que los mexicanos hayan perdido más de la mitad de su territorio en la guerra contra Estados Unidos en el siglo diecinueve. Para otros es el personaje por el cual  los mexicanos tienen todavía territorio al derrotar, por las armas, el intento que España hizo de reconquistar México. Agustín de Iturbide es el nefasto personaje que desde el ejercito realista persiguió con saña a los mexicanos que buscaban independizarse del poder de España. Para otros es el primer y auténtico padre de la patria de los mexicanos al facilitar esa independencia al pasarse al bando de los insurgentes. Como estos tenemos al menos otros cien personajes en México que son pura sombra o bien pura luz.

Y  traemos aquí  estos ejemplos que pertenecen a la historia política de los países porque, como sucede en todo el planeta (otra vez sin temor al equívoco), lo político  s e proyecta en la poesía, en el ensayo y en la novela. Y al rato la librerías se llenan de novelas “unilumínicas” que tienden hacia el panfleto, incluidas algunas del Premio Nobel de literatura.

Un tratamiento dialectico, en literatura, ponemos como ejemplo, sería Una gata sobre el tejado de zinc caliente, de Tennessee Williams. Una familia donde sus miembros  no son de todo malos ni es de todo bueno. Son humanos con luces  y sombras

Es lo que James señala al novelista: “tu primer deber es ser lo más completo posible.”



















Escala “milenaria” para medir las dificultades de escaladas alpinas

1000. m.s.n.m

20000 m.s.n.m.

3000 m.s.n.m.

4000 m.s.n.m.

5000 m.s.n.m.

6 000 m.s.n.m.

7 000 m.s.n.m.

8 000 m.s.n.m.

La idea de esta nota es que la dificultad del alpinismo no está en las montañas sino en el alpinista.

No se capta el objeto, se crea el objeto.

Yo digo que esta roca es imposible de escalar. Va a  resultar-me, imposible.

 Estoy seguro de poder escalarla, podré escalarla.

¿En qué altitud escalas? En los 2 mil. Eres dosmilero.  En los 5 mil. Eres cincomilero, etc.

                                                           

                                             ARGUMENTO

Las condiciones geológicas de la montaña son diferentes según la cota de que se hable. En los 3 mil pueden ser consistentes al punto que logremos  colgarnos de una saliente de apenas 5 milímetros.3 mil metros más arriba las rocas estarán tan erosionadas por las condiciones climatológicas y la denudación (durante el día el agua se introduce en las fisuras de la roca, por la noche baja la temperatura, el agua se congela y actúa como cuña o dinamita y hace estallar el bloque de roca) que se requerirá para subirla otro tipo de entrenamiento, de equipo para escalar y de abrigo. ¡Y otra filosofía,  otra condición psicofísica!

Otras temperaturas. En algunos países, como México, las rocas de los 3 mil están bañadas por el Sol y son calientes.  O un poco  frías.2 mil metros más arriba hay nieve y hielo y por consecuencia  las rocas son heladas. Y nuestro organismo se comporta diferente con relación a la cantidad de oxigeno en la atmosfera, que impactará la producción de glóbulos rojos de la sangre y las temperaturas serán muy diferentes que a los 3 mil y nuestro estado de ánimo, así como  nuestro  subjetivismo,  se comportará también de manera  diferente marcado por el cambio de condiciones geográficas locales y ¡con respecto al Ecuador!

José Mendez en "libre y solitaria" en la pared Los Perros,Salazar,estado de México, 3 mil metros de altitud,roca firme,temperatura templada,sin problemas con los glóbulos rojos en la sangre,cercanía de la comunidada humana,un cómodo subjetivismo.

  El hielo de los Alpes centroeuropeos permite hacer “escalones” y colocar clavos. El hielo en México salta como vidrio en mil pedazos al primer golpe de piolet o de martillo

De ahí que, para saltarse toda discusión académica, la pregunta es ¿en qué altitud escalas?

El escalador sube abriéndose paso entre: 1) las dificultades físicas propias de la ascensión,2) de la fuerza de gravedad,3) de la altitud que tiene que ver con la producción de sus glóbulos rojos en la sangre y,4) con su propio subjetivismo. Y la tarea no va ser más fácil llamándole “alpinismo moderno”. ¡Salvo que hubiera una fuerza de gravedad moderna!  

En su libro Séptimo Grado, Reinhold Messner nos ofrece un ejemplo valioso de lo que es el subjetivismo de los montañistas.  Luego de su escalada en el Wilder Kaiser consideraron él y su compañero de cordada qué grado ponerle: “Contábamos con dos posibilidades: concederle una dificultad de VI+ o bien de VII. Nos decidimos por  el VII grado” (Editorial RM-Barcelona, 1982, Pág. 192)…

Los hombres sentimos especial devoción por hacer hitos, de todo. La historia antigua de Roma, los filósofos griegos de la época clásica, la revolución mexicana, el segundo imperio, la novela moderna, la pintura de vanguardia, los cinco sabios, la generación de poetas del 74,música de vanguardia,  roqueros de la quiebra, etc.

En el mundo fenoménico de la causalidad (perdón por la redundancia) todo es una línea sin principio ni fin. Cada acontecimiento sólo es un  eslabón más de la cadena infinita. De la misma manera que el centro del universo está en todas partes.

Pared Oriental del Pecho de la Iztaccihuatl, (escaldores dentro de los círculos) estado de Puebla, México, 5 mil metros de altitud, roca erosionada, bajas temperaturas, menos oxigeno, menos glóbulos rojos en la sangre, lejanía de la comunidad humana,otro subjetivismo…

 En política no se habla ni se practica   un ejercicio dialectico. Se habla de “derechas” y de “izquierdas” y los especialistas, queriendo definir esto, han escrito sendos tratados y en lo que coinciden es que unos estaban sentados a la derecha y otros a la izquierda. Y con el tiempo, igual que pulgas saltadoras, algunos de aquel  lado se pasaron a la bancada de éste y viceversa, con lo que se perdieron de vista la declaración de principios que sustentaba teóricamente a  los  partidos.

En filosofía por fin Jean Wahl le puso el cascabel al gato y dijo que es un pasatiempo pernicioso de parcializar al hombre en el terreno cognoscitivo: “No hay términos más peligrosos  para el pensar filosófico que “realismo, “idealismo”, “racionalismo”,”empirismo”, etc” (Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988).

En escalada no escapamos a esa devoción de poner categorías de dificultad, para lo cual se arman cuadros comparativos de las distintas escalas de dificultades que no tiene más validez que un juicio de opinión toda vez que están basados en el subjetivismo de los individuos y no en las dificultades reales de la montaña. Son tablas o escalas  matemáticas (como la de Welzenbach, por ejemplo) pero construidas desde el subjetivismo. El 2 de junio de 1977 Reinhold Messner y otro escalador consiguieron la primera  escalada en una nueva ruta por el Espolón Fleischbank, en el Wilder  Kaiser y la catalogaron como de un séptimo grado de dificultad. El mayor grado de dificultad hasta entonces. Para saber si somos capaces de escalar en un séptimo grado tendríamos que ir por el planeta buscando  el mismo tipo de roca, la misma altitud y las mismas características de la montaña y las mismas latitudes. Mil metros más de altitud ya es otra historia y mil metros por debajo igualmente ya es otra historia.

Necesitaríamos elaborar tablas de dificultad para cada mil metros de altitud.

Si alguien, con sus 150 kilos de masa corporal no pude pasar por donde pasó el de 80 y luego el de 60 kilos pasa corriendo y cantando, por donde los otros sufrieron las de Caín, ¿qué tuvo que ver en esto la montaña? Sería apropiado entonces decir: “escala de dificultades del montañista” y no “escala de dificultades de la montaña”

Por lo anteriormente expuesto también nosotros hemos caído en el juego de elaborar una tabla de dificultades, ésta sí de la montaña y no del montañista. La hemos nombrado como tabla “milenaria”. Pero no tiene bases matemáticas como las que han  aparecido a través de los siglos, sino de base geográfica. Y tan fácil de autocalificarse por el mismo escalador.  Con decir escalo en los 4 mil, por ejemplo, ya tendríamos una información real, nada subjetiva, de las condiciones con las que se las tiene que ver el individuo.




Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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