ORTEGA: INTUICIÓN, LA CLAVE PARA PENETRAR EN EL MISTERIO



¿QUÉ ES FILOSOFÍA?
José Ortega y Gasset


La definición que Ortega y Gasset da a la palabra intuición es “presencia inmediata”.

Desde la intuición animal, inmediata (intuición sensible), y en el humano con la característica de algo siempre más universal (intuición intelectual).

Intuición parece una palabreja más inventada para el entretenimiento libresco de cómo pasar el día los intelectuales. Pero   la intuición resulta de una importancia insospechada. Fichte considera que “En ella está la fuente de la vida y sin ella no hay más que muerte.”

Este asunto da para más, tanto que con su desarrollo podría escribirse un libro más de los mil que ya se han escrito con ese tema. Con tan sólo arrancar de la pregunta: ¿De dónde viene la intuición? Porque la intuición existe dentro de mí y eso quiere decir que existía antes de mí, lo que parece conferirle un valor intemporal…Fichte agrega: “La intuición intelectual  es la única posición sólida para toda filosofía.”(Introducción a la teoría de la ciencia)

Intuición es  a “bote pronto”, atropelladamente, pero que, por lo mismo, es susceptible de mejorar. Como cuando decimos coloquialmente “a mí me parece que…” Y el otro agrega “pues a tí te parece eso pero ahora es necesario  profundizar”.

Creo que el globo terráqueo era todo compacto y luego se dio eso de la Pangea, que se fue inflando. Pues sí pero ahora hay que ver si las rocas de esta orilla corresponden con las de la otra orilla, si hay fósiles semejantes, y luego descifrar  por qué se fue inflando…Es decir, al callejero “a mí me parece” le sigue una labor de investigación académica.

Y aun en la academia se dan los resultados hasta ese momento, pero nada pueda darse por acabado.

Sucede en las marcas o records deportivos. Alguien hizo 3´en cubrir 1000 metros corriendo a pie. Me parece que menor tiempo es imposible. Pero otro intuye que sí puede ser posible. Después llegó otro con 2´45´´ y luego otro con 2´15´´.

En alpinismo siempre han existido las montañas Inescalables por su dificultad. Intuyo que sí es posible de subir. Una década más tarde, en efecto, a esa misma cumbre llegan damas con vestido largo, sombrillas para protegerse contra el sol y zapatos de tacones altos…

Ortega aborda este asunto de la intuición con el símil  de la naranja. Creemos verla  toda pero sólo podemos ver  de ella la mitad y la otra mitad permanece oculta a nuestra vista. Sólo si la cortamos en finas rebanadas iremos teniendo un conocimiento más completo de su totalidad:

“En todo momento podemos añadir una nueva visión a lo que ya hemos visto de una cosa-podemos cortar un trozo más fino de naranja y hacernos patente lo que antes estaba oculto-, más esto indica sólo que  la intuición de los cuerpos, de las cosas materiales puede ser siempre perfeccionada indefinidamente, pero nunca será  total.”

 A semejanza de los telescopios que penetran  en el universo en la medida que se perfeccionan sus sistemas ópticos y sus sustentos mecánicos.

Lo que estamos desarrollando, en seguida de la intuición, es la experiencia:

“A esa intuición inadecuada, pero siempre perfeccionable, siempre más cerca de ser adecuada, llamamos ´experiencia´. Y por eso de lo material sólo cabe conocimiento de experiencias, es decir, meramente aproximado y siempre susceptible  de mayor aproximación.”
 
J.Ortega y Gasset
osé Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.







MARCO AURELIO Y SU SOMNOLIENTO SOLILOQUIO





Soliloquios
Marco Aurelio
Editorial Porrúa, Serie Sepan Cuantos, Núm.283
2004


Me miro en el espejo todos los días, al despertar, antes del baño, para procurar una presencia que esté conforme con mí querer ser. No como soy sino como me gustaría ser.

Pero sólo puedo ser como soy. No puedo ser como otros son. Observo también que otros tampoco pueden ser como otros son. El que es calvo no puede tener una abundante y blonda cabellera. El de abundante cabellera quisiera ser calvo, y parecerse a los pensadores griegos y emperadores romanos, pero no puede de manera natural. El de pelo lacio lo quiere tener rizado y el de rizado, lacio.

Para intentar ser como no soy existe ahora una poderosa industria mundial del cosmético. Pero ni así. Sólo logro, en parte, ser como no soy por unas horas y luego vuelvo a ser como soy.

Marco Aurelio hace así, en un hipotético espejo, en el que soliloquea (¿o dialoga?) con su yo. O mejor dicho con su ego. Dice que sólo dormidos  somos comunes hasta con las bestias. ¿Quién sabe qué pasará con el inconsciente onírico de cada uno pero el hecho es que todos somos iguales cuando dormimos. Y no quiero repetir lo que al respecto dice Aristofanes por que huele mal.

Es cuando despertamos que ya no somos iguales. Empiezo a soliloquiar con mi yo. A partir de ese momento me distingo de las bestias porque sigo paradigmas. Y tal vez yo mismo sea un paradigma que otros traten de seguir.

O al menos  mi modo sirva para que otros, siguiendo el método negativo de la filosofía, reafirmen su personalidad  no siendo ni pensando como yo. Al criticarme está diciéndose a si mismo “yo no soy como ese, yo no pienso como ese, yo no visto como ese, yo no vivo como ese, yo no leo como ese, yo no escribo como ese, yo no concretizo como ese, yo no subjetivizo como ese”. De esa manera es como cada quien se va haciendo su “retrato hablado” de sí mismo”. En contraste con el otro.

Ya me he dado cuenta que muchas utopías se alcanzan y otras no.  Sueños individuales  o sueños comunitarios. Hay limitaciones propias y limitaciones exteriores. Ni el presidente de la república ni Dios pueden actuar a su antojo. Hay principios que de transgredirse  es otra cosa pero ya no sería  uno ni presidente ni el otro sería Dios. Si un anarquista vive  institucional habría que buscarle otra etiqueta de la geografía política.

Es cuando Marco Aurelio convoca  a su yo a que reflexione si es contra las cosas con las que se irrita o contra el cielo. Porque para muchos  sólo hay una  de dos sopas: o átomos o entelequias.  Sólo los buenos cocineros saben mezclar los dos asuntos:

“Si esto depende de tu arbitrio ¿por qué lo haces? Y si de otro, ¿contra quién la has?¿Contra los átomos o contra los dioses? Uno y otro es locura, no debiendo enojarte contra nadie; porque si puedes, enmienda las cosas; pero si no fuera posible, ¿qué utilidad sacas de irritarte?”

Cuando finalmente acaba de despertar, parado frente al espejo, se da cuenta que está formando parte de la técnica de una novela. Sólo es uno de los personajes de una novela. Es la técnica que inventó Sócrates con su  mayéutica. Todos los novelistas, aun los anti socráticos, le deben el diálogo a Sócrates.

En este soliloquio ¿quién es el verdadero y quién es el alter ego? En una novela el alter ego es el que hace y dice lo que el autor quiere que diga y haga.

Pero con frecuencia el autor  es de una manera y a través de su alter ego dice cosa diferente de cómo hace. Lo que se conoce como “doble discurso” o “doble moral”. El que se compromete con lo que dice es el alter ego, no el autor.

Más tarde Hegel trató de  cerrar el paso al doble discurso y dijo que el humano no son las palabras que dice sino lo que hace. Es decir, el acto. Los actos son los que nos describen a los hombres. En esa época todavía no  había mujeres, sólo hombres.

Para que valga la pena haber despertado, ir más allá de cómo hacen las bestias, que sólo procuran pasar el día. Enriquecer con valores, no tanto con dinero, al grupo que me da cobijo como humano.

 Sabido es que sin dinero no podemos ir ni a la esquina. Pero el dinero extiende  su naturaleza pecuniaria, o carácter dinerario, cuando deviene en valores humanos.

Y, entonces (como dijo Ernest Hemingway y que Marco Aurelio ya lo había dicho), entonces brilla el sol. Para ese día, porque mañana, si es que hay un mañana, habrá que hacer como los aztecas hacían, luchar porque cada día vuelva salir  el sol. Claro que ellos se referían al Sol que está detrás del sol.

Marco Aurelio sigue diciendo, parado frente al espejo:

“Cuando sintieras repugnancia en levantarte de dormir, acuérdate de que es correspondiente a tu estado y a la naturaleza humana el ejecutar acciones útiles  al bien de la sociedad, pues el dormir  también es común a las bestias. Además de lo que es conforme  con la naturaleza de cada uno, esto le es más propio y connatural y, sin duda alguna, más gustoso y agradable.”
 
Marco Aurelio

Marco Aurelio Antonino Augusto2 (apodado el Sabio) (26 de abril de 121317 de marzo de 180) nacido en Roma, fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte en 180. Fue el último de los llamados Cinco Buenos Emperadores, tercero de los emperadores de origen hispano4 y está considerado como una de las figuras más representativas de la filosofía estoica.






BALTASAR GRACIÁN Y SU MODO DE VER LA DIALÉCTICA



Agudeza y Arte de Ingenio
Agudeza y arte de ingenio
Baltasar Gracián
Universidad Nacional Autónoma de México
1997
 1997


Cultivaron la Dialéctica, Sócrates y Platón, desarrollando el método  en forma de dialogo  o conversación. Pero una conversación que no es mero parloteo de jubilados en día domingo para llenar el día, sino un diálogo como método científico para encontrar la realidad sobre la apariencia.

O,  otra manera de decirlo, llegar a la verdad a través del error. Conocer que nos equivocamos para de esa manera arribar al no-error. O bien perfeccionar todavía más un argumento válido.

Al estilo de la fotografía analógica en la que, para llegar al enfoque óptimo, es necesario desenfocar.

Baltasar Gracián es, a semejanza de San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa de Jesús,  Manuel García Morente, Frederick C. Copleston,  etc.de esas plumas que agarraron la estafeta, en el trascurso de los siglos, para apuntalar a la Iglesia romana en el campo de la teología, donde todo  a llegado a la perfección por la fe y ya sólo se espera que el humano cumpla con  lo sellado desde antes del comienzo de los siglos.

  También  han agarrado la pluma estos pensadores en el terreno de la filosofía, donde hay que bregar dentro la enmarañada fenomenología, con las herramientas  del raciocinio.

Baltasar Gracián es casi  desconocido del grueso del  pueblo mexicano, y creemos que en general en los países indoamericanos. Países de los que se puede decir que pocos leen mucho de literatura cultural, muchos leen poco y el noventa por ciento ve televisión.

Y nos imaginamos que en España, su patria,  es también casi desconocido  por aquello  que dijo Jesús. “nadie en su tierra es profeta.”

Y, no obstante, cosa sorprendente, aun en las grandes  librerías, el que busca sus obras siempre llega tarde. Alguien se le adelantó y se llevó el último ejemplar. Entonces hay que darse a la tarea, casi aventura, de hurgar hasta en las “librerías de banqueta”  de los arrabales  en los que, entre puestos de jitomates y cebollas, suelen encontrarse estas obras en algún puesto de libros viejos, no tan baratos pero sí con mucho polvo.

En ocasiones hay que hurgar  también en los tratados de filosofía para encontrarse a Gracián. No aparece en el índice ni en la bibliografía selecta de las obras filosóficas. Es un  jesuita de comienzos del siglo diecisiete (nació en 1601).Se le encuentra no directamente sino por triangulación o efecto de tres bandas, como dicen los parroquianos del billar.

 Schopenhauer tal vez sea, sin proponérselo, su mayor y mejor promotor. Este filósofo alemán, que tan pocas simpatías tiene en el mundo cultural porque dice las cosas como se dicen cuando no se tiene compromiso con nadie, ni con el monarca de ese reino ni con el  presidente de la casa editorial ni con el presidente del partido político que en ese momento tiene en  sus manos el pandero de la nación.
 
Baltasar Gracían
Schopenhauer aprendió el idioma castellano, como le llaman en España, y español,  como se le conoce oficialmente  en México, con el propósito no sólo de leer a Gracián sino traducirlo y darlo a conocer a los alemanes.

Que alguien como Schopenhauer, con todas las etiquetas de irascible, que le ha colgado los de la banqueta de enfrente, y sobre todo de pensamiento despiadadamente laico, sin trampas ni jiribillas culturales, es lo que hace a algunos  se apresuren a leer a Gracián.

Gracián es, en la realidad, un escritor no tan accesible para cualquiera por su gran  cultura y por ser alguien de inicios del siglo diecisiete. No es que reburuje los asuntos, como ahora se estila, para darse tono, sólo que es de ese remoto tiempo. Pienses en Cervantes, del siglo dieciséis, y su manera de redactar el quijote, cómo nos impacta cuando empezamos a leerlo desde el siglo veintiuno.

Sin mencionar la palabra Dialéctica, Gracián tiene un modo de tratarla. Se refiere a “la conexión de los dos extremos”. A la síntesis, después de haber pasado por la tesis y la antítesis, le llama ponderación:

“No se requiere que haya dificultad entre los extremos  y menos repugnancia, o contradicción; porque esas son otras especies más artificiosas en éste género  de agudezas; pero siempre ha de haber  algún fundamento sobre que se haga  el reparo y se levante la ponderación.”

Sólo otros ejemplos:

“La hermosa antítesis fue siempre artificiosa prevención de esta agudeza.”

“Conviértase la oposición en conformidad que es pasar de un extremo a otro.”

“Unir a fuerza de discurso dos contradictorios extremos, extremo arguye de sutileza.”

“Concordar los extremos  en el desempeño que en la ponderación se discordaron, fue siempre gran ventaja de esta sutileza.”


“Baltasar Gracián y Morales (Belmonte de Gracián, Calatayud, 8 de enero de 1601-Tarazona, Zaragoza, 6 de diciembre de 1658) fue un escritor español del Siglo de Oro que cultivó la prosa didáctica y filosófica. Entre sus obras destaca El Criticónalegoría de la vida humana— que constituye una de las novelas más importantes de la literatura española, comparable por su calidad al Quijote o La Celestina.”

ORTEGA: LA FILOSOFÍA ES SUPERFICIALIDAD


Qué es filosofía
José Ortega y Gasset
Espasa-Calpe, S. A. Madrid,  Núm. 1551
1973

Superficializar. Traer a la superficie. No en el sentido de poco meditado. Bucear en el valioso  fondo revuelto de las abstracciones intelectuales.

El fondo contiene, en efecto, cuestiones valiosas,  pero hay tal  abundancia de ellas que con facilidad el individuo acabaría en un eclecticismo disolvente, en un nihilismo, en una pertenencia a nada.

A semejanza de alguien que, hipotéticamente, trabajara de  político  y fuera  de saltimbanqui de un partido a otro defendiendo su interese inmediato, no idolología. Como un jugador profesional de futbol que ahora está en el equipo del que ayer fue contrario.


Esto también se da con frecuencia en el terreno intelectual, al apartarse el individuo de la corriente general y se va a la abstracción filosófica.


Lo que José Ortega y Gasset dice, como también los dicen Leibniz y Jean Whal, es que la filosofía, para que se le señale como tal, debe ser integradora.  Es la idea del ecumenismo. Ya sea religioso o filosófico:

“Para que un conjunto de pensamientos sea filosofía, estriba en que la reacción  del intelecto ante el Universo sea también universal, integral-que sea en suma, un sistema absoluto.”


Hay misticismos que por su esencia llevan lejos del grupo. Aun en comunidad, son comunidades pequeñas.  Si esa secta no contiene valores vitales, para todos, permanecerá secta. Hay grandes pensadores que primero fueron místicos pero que no se quedaron en la meditación y se decidieron por  la comunicación universal:

“Mi objeción frente al misticismo es que de la visión mística no redunda beneficio  alguno intelectual. Por fortuna, algunos místicos han sido, antes de místicos, geniales pensadores como Plotino, el maestro Eckart y el señor Bergson. En ellos contrasta peculiarmente la fertilidad del pasamiento, lógico o expreso, con la miseria  de sus averiguaciones místicas.”

Hay prácticas  desintegradoras que parecen revolucionarias.  El plurisindicalismo, en el movimiento obrero, nace con la idea de una más amplia democracia, pero en el fondo esa pluralidad es el gran obstáculo para una acción de conjunto.


Lo mismo en el pluricorrientismo, dentro de un mismo partido. Hay tantos intereses que los del partido de enfrente acaban ganándoles la carrera.


El pluripartidismo nos enseña, en muchas partes del planeta, que las grandes reformas estructurales, que sacarían adelante a la nación, ya pueden dormir tranquilas que nadie en el palacio legislativo  se ocupará seriamente de ellas.
Ortega habla no de un Yo individual sino de un Yo universal.


 Ortega señala que el pensamiento caótico siempre ha visto con buenos ojos al misticismo por su manifiesta impotencia de estructurar algún beneficio sustentable para la generalidad:

“Los partidarios de la bullanga en todo orden preferirían  siempre la anarquía  y la embriaguez de los místicos  a la clara y ordenada inteligencia de los sacerdotes, es decir, de la Iglesia.”

Y respecto de la superficialidad dice:

“Contra lo que suele suponerse, es la filosofía un gigantesco  afán de superficialidad, quiero decir, de traer a la superficie  y tornar patente, claro, perogrullesco, si es posible, lo que estaba subterráneo, misterioso y latente. Detesta el misterio y los gestos melodramáticos del iniciado, del mistagogo…

“La filosofía es un enorme apetito de trasparencia y una resuelta voluntad de mediodía. Su propósito radical es traer a la superficie, declarar, descubrir lo oculto y velado. En Grecia la filosofía comenzó por llamarse alétheia, que significa desocultación, revelación. Si el misticismo es callar, filosofar es decir. Frente al misticismo, filosofía quisiera ser el secreto a voces.”



“José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”




SIETE PINTURAS DE RENOIR




Se le conoce como el pintor de la alegría, la belleza y la serenidad.
Renoir

Renoir buscaba la expresión de la belleza y, de manera especial, la belleza del cuerpo humano.

André Leclerc, uno de sus biógrafos, apunta: “Nada era más bello para él que la calidad de la piel, las curvas de los senos y de las caderas, las redondeces de los niños y los reflejos de la luz en los cabellos. Todos sus  modelos son saludables y vitales, y el sol aparece en cada uno de sus cuadros…pintaba  jóvenes  mujeres de dulce cabellera.” Prefería para  sus modelos las mujeres "llenitas" y no las delgadas.

En el primer tercio del siglo veinte  el psiquiatra W. Stekel escribía que, así como el hombre es, si se le deja en libertad, así van a ser sus actos de la vida diaria y sus desempeños profesionales.

A semejanza de la situación que encontramos en una ventanilla de hacer trámites relacionados con el  gobierno, aunque sea la bagatela como solicitar una credencial. La persona que en ocasiones encontramos del otro lado es una insufrible neurótica que “nos está haciendo el favor de atendernos” y se ve  que goza haciéndonos pasar un mal rato. O bien alguien que no ha perdido su modo humano y sentido social. Y, si los dioses están ese día favorables al solicitante, hasta podemos encontrar a algún empleado excepcionalmente cortés. Todos tienen la misma carga de trabajo, pero no así la condición anímica ni cultural ni profesional.

Lo mismo vamos a encontrar con el carácter de  los pintores. Los temas de Van Gog (sólo para poner un caso de tantos), sus colores y su técnica, y sus realizaciones sobre el lienzo podrían  decirnos mucho de su personalidad aun antes de conocer su vida. O la  de Modigliani o la de     Toulouse-Lautrec…

En Pierre-Auguste Renoir encontramos  el semblante apacible  de sus modelos, su técnica, sus colores, dentro de lo que se conoce como el impresionismo.

Vida hogareña, con tres hijos y un matrimonio durable hasta la muerte de su esposa. Viajó por algunos países de Europa, luego de lo cual “su vida se desarrolló sin grandes acontecimientos .Su pintura y su familia le absorbían todo el tiempo”.

Trató, en su etapa de formación, a pintores que, como él, eran desconocidos tales como Monet, Pissarro, etc. en uno de sus viajes trató a Wagner y del cual también hizo un retrato.

Después “Fue famoso y venían (a París) admiradores de todo el mundo para conocerlo.”  Pintaba al oleo, acuarela y pastel, dibujaba y hacía grabados.

Con la edad enfermó  de reumatismo  al que supo imponerse para no suspender su obra creadora.
Leclerc escribe su final: “Inspirado por su amor a la luz y a la armonía femenina, pintó hasta el último día, al final atándose el pincel a los dedos paralizados.” 

Murió de congestión en Cagnes el 3 de diciembre de 1919, a los 78 años de edad.










 






“Pierre Auguste Renoir (25 de febrero de 1841 - 3 de diciembre de 1919), es uno de los más célebres pintores franceses. No es fácil clasificarlo: perteneció a la escuela impresionista, pero se separó de ella por su interés por la pintura de cuerpos femeninos en paisajes, inspirados a menudo en pinturas clásicas renacentistas y barrocas.





Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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