SCHOPENHAUER EN VIAJE HACIA EL MINGITORIO


Los dolores del mundo-Arturo Schopenhauer

Cuatro tipos pequeños burgueses, aburridos de la vida, deciden irse de aventura y conquistar el mundo montados en motocicletas. Es el tema de una película estadounidense y uno de ellos es John Travolta.

El plan es atravesar el país de este a oeste recorriendo las carreteras. Sin teléfonos celulares ni relojes. Nada que les recuerde, al menos por un tiempo, la vida rutinaria que han  llevado hasta ahí en la ciudad moderna  y que ha acabado por hacérseles insoportablemente monótona.

 Al final, después de pasar  una serie de aventuras que hacen reír, se dan cuenta que habían perdido de vista que vivían en una situación ordenada hogareña, de trabajo y llena de afectos. La loca, absurda y ridícula aventura,  resultó altamente didáctica. Agarrar conciencia de lo que se tiene antes de perderlo. O no perderlo pero estar en la inconsciencia que se vive en un mundo feliz, humanamente feliz.

Mamá, dice el niño, hijo de uno  de los aventureros, mi papá  se va a conquistar el mundo. Lo dudo, comenta la mamá, cómo puede conquistar el mundo si cada veinte minutos tiene que ir a mear.

Y, en efecto, la juventud no sabe que, llegando a cierta edad, hay que ir a mear cada hora o algo así. Si se tuviera conciencia de ello se vería que viajar en autobús de México a Chihuahua (24 horas), sin ir al mingitorio, es la novena maravilla del mundo.

Uno de los grandes mafiosos de una película de El Padrino, dice: ”daría la mitad de mi fortuna por poder otra vez mear bien”.

Ese es el mundo de la inconsciencia en el que vivimos al que Schopenhauer se refiere en su obra Los dolores del mundo. Viajar hacia el contraste resultaría altamente didáctico, revelador. No se trata de un gen patológico de la eterna inconformidad sino de un “simple”  asunto de  inconsciencia.

Desde luego tengo mucha conciencia que, por enésima vez, no lleguemos a las finales en el próximo mundial de futbol en Brasil. Como aquel ingrato que menciona Taleb (en El cisne negro): “No seamos como el ingrato al que le regalan  un castillo  y se preocupa  por la humedad del cuarto de baño:”

En cierta ocasión un grupo de cinco periodistas mexicanos  se propusieron escribir sobre la vida. El hambre, el mundo laboral, el matrimonio y otros temas. La redacción del diario aceptó, en cada tema, sólo uno y desechó cuatro. Eran interesantes trabajos de investigación bibliográfica y hemerográfica. El trabajo aceptado, en cambio, había sido extraído de la realidad, de la vida vivida.

El trabajo aceptado  sobre la vida dice de una visita  al anfiteatro de la Facultad de Medicina. Escribe que la impresión que recibió, en esa pequeña sucursal del reino de la muerte, fue un brutal latigazo que resultó como un segundo nacimiento pero ahora sí consciente de lo valioso que es vivir. Y empezaba diciendo que la vida  es como una tarjeta de débito que se reduce sin remedio…

El que escribió sobre el hambre dice que intentó vivir tres días, sólo tres días, sin llevar un solo centavo en la bolsa ni tarjeta alguna ni mercancía de trueque.  Nadie puede entender la pobreza hasta que carece de lo necesario para pagar el pasaje del trasporte público.

El del tema del mundo laboral tocó la puerta, entre otros miles de individuos que hacían lo propio, de las bolsas de trabajo. Las pocas oportunidades que encontró fueron bajo la maldición del outsourcing. Sin seguridad en la permanencia del trabajo, sin prestaciones, etc.

El que escribió sobre la libertad, curiosamente no lo hizo sobre el mundo de las cárceles. Fue a los hospitales y conoció a los que agonizan por haber vivido esclavos de alguna adicción como el tabaquismo, el alcoholismo, para sólo mencionar las “patologías autorizadas”

El del matrimonio conoció personas sumidas en inmensurable soledad a las que la Biblia se refiere como “No todos nacen para el matrimonio”. También conoció a las parejas en situación de divorcio que gimen bajo el “síndrome de Medea”, como se llama a  la insana práctica de usar a los hijos de ambos para ofender a la ex pareja.

El que escribió el resumen de esos reportajes anotó que cuando la tan buscada, cómoda y envidiable vida de la ciudad, fue despojada de cierta dosis de ascesis, o como antes se le decía, estoicismo, y ganó el consumismo y el sedentarismo, se perdió mucha de la conciencia  que tenemos, en algún momento de nuestra vida, de los seres, las cosas y las situaciones.

“Salud, juventud y libertad, los tres bienes mayores de la vida mientras los poseemos, no tenemos conciencia de ellos, no los apreciamos sino  después de haberlos perdido. No prestamos atención a los días felices de nuestra vida pasada, sino después que fueron reemplazados por el dolor”, escribe ese viejo sabio tenido por muchos como un insufrible gruñón cascarrabias, Schopenhauer.

Lo entendemos hasta que agarramos nuestra motocicleta para conquistar el mundo. Pero ahora, ya en la edad de las menopausias y los prostáticos, se hace  presente el detalle que cada hora tenemos que ir al mingitorio... Y nostálgicos recordamos cuando viajábamos hasta Chihuahua…

Ahora que si alguien tuvo conciencia, desde su juventud, debe considerase una mente privilegiada.
 
Arturo Schopenhauer
“Arthur Schopenhauer [Acerca de este sonido 'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?·i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”
















SPINOZA BUSCA LA LIBERTAD EN UN MUNDO YA DETERMINADO


Ética
Spinoza
Editorial Porrúa,S.A.
Serie Sepan Cuantos...Núm.319
1977
Primera edición 1670 


Si es un mundo determinado es que está razonablemente planeado. Son mis limitaciones  las que me impiden verlo así. Como sea, este contrasentido es el que tiene  que resolver Spinoza: ¿Libertad en un mundo ya determinado?

En esto Spinoza coincide con Leibniz  que cree  en una armonía predeterminada del universo en el que hasta los milagros (esos que parecen salirse de la causalidad) son parte de la lógica  de esa armonía.

Spinoza es el clásico ejemplo de que su filosofía es como queramos verla. No como él la escribió sino como yo la veo. Con un espíritu de abstracción o de secta cultural. Por eso, a semejanza de lo que pasa con Platón, Spinoza será un materialista para unos y un religioso para otros. De ahí que sea un filósofo muy controvertido.
 
Estatua a Spinoza, cerca de su casa

Empezando que, por no seguir una lectura literal de la Biblia, este pensador moral fue expulsado, del seno de su comunidad judía, de Holanda, en el siglo XVII, bajo el estigma de inmoral. En este aspecto Spinoza recuerda a Sócrates. Ramón Xirau dice de él: “Pocos filósofos han alcanzado el grado de serenidad espiritual como éste pensador aislado, solitario en un mundo que considera perfectamente equilibrado. Spinoza murió conversando con sus amigos.”(Introducción a la historia de la filosofía) en 1677.

En este siglo veintiuno ya no tenemos idea de lo que significaba en los días de Spinoza eso de la lectura literal o no. Como ejemplo citaremos la historia del descubrimiento de la cueva de Altamira, en España acaecida en el siglo diecinueve. Sus pinturas tenían ya 30 mil años de antigüedad. ¿Cómo era posible eso en un mundo que sólo tenía 6 mil años?

Que Spinoza, doscientos años antes de lo de Altamira, dijera que así no se debería leer la Biblia, era una herejía. La libertad de pensamiento era uno de los valores que perseguía Spinoza y tuvo que irse a vivir en los horizontes más amplios del pensamiento universal, ya no del “mundo.”
 
Estudio en la casa de Spinoza
Y este modo de pensar es lo que lo lleva  a quedar parado en una situación filosófica desconcertante. Si la vida está determinada por Dios, en un mundo equilibrado por Dios, como él creía firmemente, ¿de qué libertad estaba hablando?

Es cuando piensa en la cara opuesta de la libertad. La esclavitud habla de nuestras pasiones que nos impiden llevar una vida serena y de amor. Por el amor y por la razón el humano puede ser libre. Nuestras limitaciones son la que nos hacen  pensar en un Dios limitado que impone camisas de fuerza a sus creaturas.

Pero no se trata tanto de una razón académica sino la que lleva  a la sabiduría de saber renunciar a mí mismo. La esclavitud está en las pasiones y lo que Spinoza dice es que si somos esclavos por nuestras pasiones podemos ser libres por nuestra razón amorosa. No razón atómica sino una razón capaz de hacer juicios subjetivos, humana.

¿Dios espiritual y racional? En ese época también se creía que Dios era espiritual solamente y nada que ver con lo mortal. Spinoza cree que Dios tiene inmensurables atributos, ¿por qué no va a tener el de la razón?

El mundo entonces está equilibrado. Razonablemente equilibrado. Tener la conciencia de tal cosa es saber conquistar la libertad.

Así es como Spinoza llega a la conclusión de que los humanos somos libres cuando tenemos conciencia de que estamos determinados. En la medida que  nos alejamos de la inconsciencia.

 
Spinoza
“Baruch Spinoza (conocido como Baruch de Spinoza o Benedict/Benito/Benedicto (de) Spinoza, según las distintas traducciones de su nombre, basadas en distintas hipótesis sobre su origen) (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz


















C.S.LEWIS Y LEYENDO A PLATÓN


¿Por qué Platón es para unos un materialista y para otros un idealista?

En el acto de leer brota, de manera automática, el asunto de la libertad en lo que respecta del tema  que queremos leer. Pero sobre todo cómo    podemos leerlo. ¿Podemos leerlo desde nuestro subjetivismo  como lo escribió el subjetivismo del autor? O no he leído directamente y me atengo a lo que de Platón he escuchado de otros que dicen haberlo leído.

Tendré que leer y juzgar por mí mismo. Porque Lewis anota que es del todo pernicioso sembrar el escepticismo en alguien con relación a  algún libro: “Una de las cosas más perniciosas que puede hacer el profesor  es incitar a abordar toda obra literaria con desconfianza.”
C.S.Lewis

De hecho la  intención de ese profesor sería loable en   prevenir de la manipulación que esconde tal o cual libro. Esto porque  el mundo de la literatura, como  el del cine, está lleno no sólo de trivialidades sino también de intereses de los que más vale alejarse a toda prisa.

Pero esta apreciación, esta advertencia, está dicha  desde el subjetivismo del otro. Y aquí volvemos a encontrarnos con aquello que no hay dos subjetivismos iguales o, como dice el lugar común, ”cada cabeza es un mundo”. Ni sus pulsiones ni sus experiencias culturales son las mismas.

¿Cómo decir que un libro es de calidad universal o sólo  un sofisma para incautos o un “boom” artificial para aliviar las finanzas de las editoriales?

Para uno la melodía beegin puede parecerle bella porque le está planteando volver a empezar a vivir la vida después de un desastre sentimental con una muchacha. Al otro, nostálgico, le recuerda la remota ocasión que junto con sus amigos, casi adolescentes, fueron a una fiesta y de esos amigos ya casi todos han muerto. El anhelo de vivir otra vez la vida.

Cada quien ve el mundo según su capacidad. Un geólogo, un historiador, un policía y un filósofo, verán cuatro mundos distintos caminando por la misma calle. 

Como esos indicadores en cinco idiomas que hay en los museos, para el público, cada quien leerá en el idioma que lo pueda hacer.”Lo que atrapa a un lector no atrapa a otro”, dice Lewis. Un francés leerá el letrero en francés y un ruso en ruso.

Así en la lectura del libro. Cada quién encontrará  su lectura no según la escribió el autor sino cómo se reflejó en ella el lector: “Cada uno atribuye a su autor preferido lo que cree que es la sabiduría; y, desde luego, esa elección dependerá del calibre de su propia inteligencia. Si es tonto, lo que encontrará y admirará  en su autor será pura tontería; y si es mediocre, pura trivialidad. Si, en cambio, se trata de un pensador profundo es probable que valga la pena leer lo que proclama y expone como la filosofía de su autor.”

 Y si el autor es el que no sirve pronto se le descubrirá y dejará de lado, como hacemos con un film que a los cinco minutos nos damos cuenta que más vale cambiarle de canal.

Pero parece que hay que empezar, como esas películas norteamericanas que, a media película, se regresa por donde debió empezar, con un letrero que dice: “20 años atrás”.

Lewis dice que no hay que prevenir, predisponer, pero sí enseñar que el panorama cultural tiene 360 grados. Y para que no se malinterprete como  condicionar o influenciar en las preferencias, pone el símil de la bicicleta. Alguien que en bicicleta enseña el camino a otro que también en bicicleta lo sigue a través de un terreno hasta entonces desconocido para él. Después él recorrerá por cuenta y riesgo el camino ya conocido y encontrará, a partir de ahí, otras nuevas rutas o incursiones exploradas por él mismo. Acertará o se perderá pero eso ya será una cuestión muy suya.

 No es que con ello  sepamos la sabiduría del mundo, sino que estamos en posición de poder leer mejor esa sabiduría, a lo que seguirá la tarea de apreciación. Es decir, apreciación.

La filosofía es el arrecife del que se surten todas las culturas del mundo laico. Novelas, ensayos, periodismo… Pero como la filosofía tiene sus modos de expresarse, da la impresión que es literatura sólo para iniciados, iniciados allá en el fondo de una misteriosa sala, no para el pueblo del mercado. Por eso las revistas de filosofía no se venden en las carnicerías.

 Pero aparte de los modos de expresión filosófica (al dialogo le dicen dialéctica, al movimiento devenir, al pasado a posteriori  y tratar de    deducir el futuro  a priori, etc.) la filosofía no nos describe otra cosa que lo que pasa con la gente del mercado.

De hecho la filosofía, como la poesía,  encuentra su materia prima y se nutre de la gente mercado. La inabordabilidad inicial de la filosofía es la misma enfermedad que sufre la poesía, por eso hay tan pocos lectores de poesía que no pueden leer al millón de poetas que hay en el mundo:

 “no estoy seguro de que haya que culpar a nade-dice Lewis-.Cuanto más refinado y perfecto se vuelve  un instrumento para su desempeño de determinada función, es natural que menos sean  las personas que necesiten, o sepan, utilizarlo…La poesía moderna es demasiado difícil para la mayoría de la gente. Pero tampoco los poetas deben quejarse de que no se les lea. Si el arte de leer poesía  requiere un talento casi tan excelso como el arte de escribirla, sus lectores no pueden ser mucho más numerosos que los poetas.”  Y luego viene aquello que el subjetivismo del poeta es el del poeta que la escribe, que difícilmente puede decirle algo al  poeta que la lee.

Para unos Platón en La República es un materialista y para otros es un idealista ¿Con cuál Platón me quedo? Con el Platón que pueda entender. Entre más armas filosóficas posea tal vez pueda tener acceso a otro Platón.

Para Withehead “Toda la filosofía europea no es otra cosa que una serie  de notas al pie de las páginas de Platón” (citado por I.M.Bochenski: La filosofía actual) y Jean Wahl dice, en Introducción a la filosofía, “Platón no será jamás superado”.

Ikram Antaki

Ikram Antaki dice que Platón profundizó tanto en el tema del alma que, de hecho, este filósofo marcó  la pauta para las cosas espirituales en la cultura occidental: “De todo esto queda casi una definición del alma que marcará todo el espiritualismo después de Platón.”

Pero también puedo creer que Platón dice una sarta de absurdidades. Aquí es donde C. S. Lewis anota: “La mejor defensa contra la mala literatura es una experiencia plena  de la buena.”

En literatura priva una situación caótica en realidad. Uno, que llamaremos “X”, ha leído a un autor, en este caso, que nos ocupa, a Platón. X1 se refiere a Platón sin haberlo leído sólo en base de lo que leyó de “X”, X2 comenta de Platón de lo que leyó de X1,X3 opina de Platón de lo que leyó de X2…y así, yo puedo ser X36 que leí de Platón lo que escribió X35. ¿De qué Platón estamos hablando?

Sin considerar que ya el mundo de las traducciones es muy complicado (leer a Cervantes en inglés con una traducción del español del siglo veinte que ya no se parece al del siglo dieciséis. O al Popol Vuh en español que fue traducido del alemán el cual se sacó del maya-quiché).

Leer la buena literatura, como dice Lewis, que sale de contraste de  la mala literatura. Con el agregado que sea la lectura directa del original. Ya meterse en el mundo de las traducciones que es, como apuntamos, complicado pero, al menos, es lo más cercano al pensamiento original de Platón si lo leemos directamente en la traducción y no en el N comentario.
 
Platón
“Platón[n. 1] (en griego antiguo: Πλάτων) (Atenas o Egina,[1] ca. 427-347 a. C.)[2] fue un filósofo griego seguidor de Sócrates[n. 2] y maestro de Aristóteles.[3] En 387 fundó la Academia,[4] institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años[n. 3] y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.[n. 4] Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y filosofía de la educación; intentó también plasmar en un Estado real su original teoría política,”





FICHTE DEFIENDE LA LIBERTAD DE LOS NIÑOS


La cuestión se complica cuando vemos que libertad  y disciplina pueden ser  valores antitéticos. Y se complica más cuando buscamos que un niño, competitivo, sea disciplinado y también libre. Por que más adelante será un ciudadano que busca ser libre entre un hato de leyes que le dicen por dónde tiene que  ir.  O bien se le  “invitará” a que se vaya vivir entre las fieras. Y saque  las uñas con aquellos que también saben sacar las uñas.

La salud del Estado está siempre presente en Platón, como más tarde lo estará en Hegel. Como siempre lo estuvo en Tlacaele, el gran legislador de la civilización azteca.

Pero la salud del Estado implica responsabilidad para el individuo en lo físico y en lo ético. Esta responsabilidad por lo regular se traduce en una carga pesada para ser llevada sobre las espaldas.

Para Platón (en La Leyes) esta responsabilidad debe ser vigilada desde la niñez. Cuando los niños empiezan a jugar es cuando, dice, se manifiestan sus tendencias naturales: “infaliblemente estos niños, que  han hecho innovaciones en sus juegos, cuando sean hombres  serán diferentes de los que les han precedido. Que siendo de otro modo, aspirarán también a otra manera de vivir. Lo cual les inclinará a desear otras leyes y otros usos, y todo esto vendrá a parar  en lo que yo he llamado el mayor mal de los Estados.”

Jean Wahl, como Schopenhauer, recuerda que hay valores inmutables que el individuo tiene y tendrá: “Se ha discutido mucho la relatividad de los valores  y sus cambios en el tiempo y el espacio. Pero en realidad hay algunos valores  que permanecen relativamente estables,  porque hay características estables y comunes de la naturaleza humana y también porque el valor tiene una forma, una especie de estructura, perfectamente visible, por ejemplo, en la forma del deber que toma el valor moral.”

Y Fichte dice que al individuo se le tiene que respetar su individualidad, su yoidad: “Fuera de tí existen también seres semejantes a tí, cuya razón necesita también de estos medios  corporales como necesitas tú, y que deben conservarse del mismo modo que tú te conservas. Permíteles a ellos el mismo  uso de la parte que a ellos corresponde, como su propiedad, y dispón de la tuya de un modo adecuado a tus fines.”

En otras palabras que el mundo está lleno de conductistas y de innovadores en eso de la educación de los niños. Es decir, sólo hay conductistas.

Y ya estamos parados otra vez ante el dilema social, o la disyuntiva individual, del proceder  de los padres, o los tutores como se llamen, deben tener frente al individuo. El viejísimo y siempre actual dilema de cómo educar a los hijos. Entre la ensoñación y la realidad.

Sabemos que en la actualidad hay varios modos de ver la cuestión. Que el niño, ya en la escuela, entre al salón y empiece a aprender cuando él decida. Entre tanto, que haga o que no haga, es su decisión. O el modo tradicional que, a los 23 años de edad, ya debe tener en sus manos al menos  el título de licenciatura universitaria porque el mundo laboral  entiende capacidades y no de libertades.

Como el pueblo azteca siempre tuvo la mentalidad de ser un pueblo hegemónico, sus niños desde el hogar, y luego el  calmecac y el telpochcalli, colegios para la clase dirigente y para el pueblo medio, respectivamente, eran sometidos  a una disciplina que recuerda a los niños lacedemonios de la antigua Grecia.

El niño azteca que le daba por el sedentarismo,  y se desatendía de sus deberes en la casa, era encerrado en un cuarto, sin ventanas, y con un brasero encendido  al que sus padres   arrojaban chiles (ají) para que su humo fuera respirado por el rebelde. Una idea aproximada de esto la tenemos, en la actualidad, en los gases lacrimógenos que se arroja a los manifestantes en las calles. O bien se le despertaba  en la madrugada y se le enviaba a traer leña o frutos del  campo. Que se enfrentara  con la soledad, con la oscuridad, con el rigor de los vientos, la lluvia, la nieve, el hambre y la sed.

Este niño azteca recién nacido tiene deberes y pocas libertades (Códice Durán).

La idea es que si no había una niñez sana no habría un Estado sano. Era la casi absoluta negación de la libertad del niño. Una aberración vistas desde  de los derechos actuales de los niños.

 Todo esto, que parecen cosas horriblemente estoicas,  del pasado, está en realidad  omnipresente en nuestra vida actual, con los deportistas, en especial con los deportes que se practican al aire libre, como el alpinismo, el atletismo, cruzar desiertos  caminando, etc. De hecho sin disciplina no hay deporte.

En la actualidad ya no es así con los niños  en México. Pero la sociedad está enferma. La Secretaría de Salud  informa que la población infantil en  el país, y lo mismo  la población adulta, ocupa el primer lugar mundial en sobrepeso y en obesidad y, claro, en hipertensión y diabetes. Las  cantidades de dinero que el gobierno gasta en la atención de sus centros hospitalarios, de atención gratuita, apenas se pueden imaginar.

Perdidos en este laberinto de la disciplina y la libertad de los niños,  es cuando leemos que hay en el mundo libros para niños, que bien podríamos leerles los adultos, sin más intenciones conductistas y sí  que tengan acceso a la cultura integral.

 Dice que les  leamos buenos libros porque en caso contrario difícilmente la lectura será una actividad significativa para el niño. La calidad del libro infantil sí cuenta, dice, a pesar de lo que muchos creen: “En la interacción entre el niño y el libro está presenta la construcción de la identidad individual y, me atrevería a añadir, de la colectiva.”

Gustavo Puerta Leisse es el autor de esta cita y fue  publicada en el diario El País, de España, el 28 de diciembre de 2013.
 
Fichte
“Johann Gottlieb Fichte (Rammenau, 19 de mayo de 1762Berlín, 27 de enero de 1814) fue un filósofo alemán de gran importancia en la historia del pensamiento occidental. Como continuador de la filosofía crítica de Kant y precursor tanto de Schelling como de la filosofía del espíritu de Hegel, es considerado uno de los padres del llamado idealismo alemán.”














LEIBNIZ Y SU VACUNA CULTURAL


Como los príncipes de Las mil y una noche, el novelista tendría que dejar por un momento su narcisismo y mezclarse con la gente del mercado y escucharla. Conocer sus necesidades materiales, sus carencias y sus aspiraciones. ¿Qué lo nutre de la tierra y que patología le impide levantar el vuelo?

 Falta el naturalismo de  Thoreau que, al caer la noche, regresa del
campo con su mochila llena de notas, sus botas barrosas y sus sobacos sudorosos.

Encontraría el novelista  que “Los hombres necesitarían los idiomas, las lecturas, la conversación, las observaciones de la naturaleza y las experiencias del arte”, dice Leibniz. Encontraría que ese pueblo está desculturizado.

 No que alguna vez haya estado culturizado  sino porque, entre la economía demandante de su miserable sueldo mínimo, y lo sensacional de las noticias, no tuvo tiempo de allegarse información de calidad. Lo que hay de calidad en las pantallas es tan poco que casi pasa desapercibido. Y antes que  el libro de la Paideia llegue a sus manos llega el panfleto  con palabras calientes…

Por si fuera poco, periódicamente, cada cuatro o seis años, las elecciones de sus representantes populares lo saca de sus rutinas y lo hace sentir tan importante que con su voto podría cambiar al mundo. El infaltable plan B, que sigue a las elecciones,  también lo distrae cuando los economistas hacen responsables a los políticos y estos culpan a la oposición camaral y entre tanto ya subieron otra vez  los precios de la gasolina y el gas y con ellos el pan, las legumbres y la carne se fueron a las nubes y el sueldo mínimo se hizo más mínimo.

Se daría cuenta el novelista que algunos escritores, al estilo de Faulkner, Tolstoi, George  Eliot (Mary Ann Evans), Jane Austen, Tom Wolfe, John Updike, Margaret Mitchell, C.S. Lewis, no gustan mucho porque siguen el ritmo lento de los acontecimientos, al parecer intrascendentes.

Es la malformación que los medios y las películas proyectan en nosotros diariamente porque lo suyo es lo sensacional, no lo cultural.

El drama es que no sabemos ya cuál es la realidad. Alguien escribió una cosa por demás acertada aunque parece algo complicada: “el problema es que no sabemos qué es lo que no sabemos.” Sólo sabemos que la desculturización nos ha metido en el loco mundo de lo sensacional: “Hoy sólo hubo noventa muertos en la carretera 42, en la estación de trenes de la ciudad rusa de Volgogrado murieron 16 personas y otras 40 están heridas, debido a un atentado suicida, en Ciudad Juárez, frontera con Estados Unidos, aparecieron otras dos fosas clandestinas con cadáveres de mujeres, y damos la vuelta a la hoja buscando en la cartelera de los cines.

Se nos dificulta ya vivir en el estado de ánimo campirano. Alguien nos condicionó para lo sensacional, aunque eso desgaste nuestros nervios, nos haga vivir en la paranoia y creamos que    la aleatoriedad virtual de la pantalla de televisión es de alguna manera parte de nuestra vida.

Ese novelista, como los príncipes de Las mil y una noche, al regreso en su computadora, necesitaría decirle a su pueblo que muchos hombres de pensamiento de calidad, de todos los países y de todas las épocas, han escrito para nosotros obras valiosas, sólo hay que ir a su encuentro. Darles crédito y citarlos (no omitirlos, no negarlos), como un reconocimiento a su legado. Decirle que no fueron los extraterrestres los que nos trajeron esos libros sino hombres y mujeres de este planeta.

 Desde esta perspectiva de la normalidad reencontrada  veríamos lo de Volgogrado como una tragedia en toda su dimensión, no sólo como una noticia más y pasa la hoja a ver cómo quedó el partido de futbol entre el Barcelona y el River Plate. 

Decirle al pueblo del mercado que Jean Wahl, el filósofo marsellés, nos recuerda en su valiosa obra Introducción a la filosofía, que “debemos buscar allende una visión más rica y más adecuada de la realidad. El paso de nuestro espíritu por las grandes filosofías nos traerá siempre una ganancia inestimable. Debemos familiarizarnos con ellas y atesorarlas en nuestra memoria.”

Lo que Leibniz propone  es un antídoto parecido a las vacunas contra los virus patógenos. El bacilo de Koch lo tenemos en nuestros pulmones. Al llegar del exterior  un bacilo de Koch, nuestro bacilo  entra en acción y  lo vuelve inocuo. ¿Cuál sería nuestro bacilo de Koch cultural?

¡Las novelas!  Aquellas que eufemísticamente algunos dicen “novelones” o “ladrillos”.

Las novelas nos evaden de este mundo, dice la psicología, porque la pretensión es adaptarnos a este mundo de lo sensacional. Y lo que busca la filosofía es, efectivamente, alejarnos de este mundo patológicamente sensacional. Alejarnos  para encontrarnos con ese otro mundo de las grandes filosofías y atesorarlas en nuestra memoria. Ellas atesoran a la ética y a la moral que sujetan  las acciones de príncipes y pueblo.

José Ortega y Gasset escribió  que hay que leer novelas largas. Pero no al estilo de cómo nos ha acostumbrado la lectura del Internet: rápida y a saltos. No como si fuera una nota periodística diseñada para lectores apresurados que buscan el contenido de la noticia en el primer párrafo. Al contrario, ser lentos en degustar la frase, regresar a ella y guardarla en la memoria o en nuestra libreta de notas.

Meterse en el mundo de la novela larga. Y si encontramos una novela que nos guste, leerla cinco o diez veces. En una novela hay más información de la vida  que en las “historias   verdaderas”. Más información de la vida que en los diarios, además que nos  familiarizamos con el acto de la lectura y las maneras de pensar y redactar.
Santayana en su estudio

“Una narración somera no nos sabe: necesitamos que el autor  se detenga y nos haga dar vueltas en torno a los personajes…Todo lo contrario, por tanto, que el cuento, el folletín y el melodrama.”Ortega y Gasset fue el que (La deshumanización del arte) primero dijo esto.

Una novela también es un mundo fantástico que sólo existe en esa novela. Pero es una fantasía didáctica y terapéutica,  arrancada de la vida misma,  no  como (solamente) la sensacional  de las pantallas y los diarios.

Y lo que Leibniz dice  (en Nuevo tratado sobre el entendimiento humano, libro cuarto, capítulo I) es esto: “el que haya leído  más novelas ingeniosas  y escuchado más narraciones ingeniosas, ese, digo, tendrá más conocimientos que otro cualquiera, aun cuando no haya una palabra  de verdad en lo que se le haya descrito o narrado; pues la costumbre que tiene de representarse  en la mente muchas concepciones o ideas expresas y actuales, le hace más apto para concebir lo que se le presenta, y de seguro será más instruido y más capaz que otro que no haya visto, ni leído ni oído nada, siempre que en esas historias y representaciones no tome  por verdadero lo que  no lo es, y que dichas impresiones no le impidan discernir  lo real de lo imaginario, o lo existente de lo posible.”
 
Leibniz
“Gottfried Wilhelm Leibniz, a veces von Leibniz1 (Leipzig, 1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716) fue un filósofo, lógico, matemático, jurista, bibliotecario y político alemán. Fue uno de los grandes pensadores de los siglos XVII y XVIII, y se le reconoce como "El último genio universal". Realizó profundas e importantes contribuciones en las áreas de metafísica, epistemología, lógica, filosofía de la religión, así como a la matemática, física, geología, jurisprudencia e historia.








JEAN WAHL Y EL REGRESO DE PEER GYNT


Cincuenta años duró Peer Gynt (de Ibsen)  recorriendo el mundo y al final regresó a su aldea, Hagstad, entre los fiordos noruegos.

Su exilio fue elegido. Pudo apreciar los suyo sólo cuando estuvo fuera. Por voluntad propia se fue  y siempre pudo regresar cuando él lo decidiera. O no regresar. Pero regresó porque en Hagstad estaba la parcela de tierra que lo vio nacer y el pedazo  de firmamento que le tocó vivir  por arriba de su cabeza.

Ese conocimiento de lo suyo  se exacerba cuando el exilio es impuesto. Ya por razones políticas, económicas o de seguridad social. Los árabes y africanos buscan irse para Europa, los latinoamericanos  nos vamos para Estados Unidos porque allá la moneda vale veinte veces más y, sobre todo, porque,  para respetar las leyes, todavía se pone a Dios  como testigo, los norteamericanos se viene a México porque aquí su moneda vale veinte veces más, etc.
Peer Gynt conoce el mundo

Odiseo también regresó a Ítaca  después de participar en la destrucción de Troya. Un tal Quijano siempre regresaba a   su parcela en algún lugar de La Mancha. Martín Fierro  regresaba a la nada de  sus pampas argentinas, que para él estaban llenas de todo. José Vasconcelos regresó de Paris a México. Pancho Villa regresó de Estados Unidos a México, Dostoievski regresó a Rusia, Malcom Lowry regresó a Inglaterra…

En un trabajo sobre La filosofía de José Ortega y Gasset y José Gaos, de Héctor Guillermo Alfaro López, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1992, vemos que a resultados de la Guerra Civil, de los años treinta del siglo pasado, muchos españoles lograron adaptarse, con marcada    dificultad, (hay toda una literatura del exilio español), pero otros no lo lograron y hubo quienes, ya en el exilio, prefirieron el suicidio.

 ¡El exilio, del color que sea, no es un juego! Ortega y Gasset, con todas sus luces, nunca pudo adaptarse  “a lo americano “, con haber estado varias veces en Argentina y siempre defendió el eurocentrismo. Otro gran filósofo español, Manuel García Morente, exiliado, cuando lo del Frente Popular, impartió clases en la universidad de  Tucumán y al final regresó a España.

Jean Wahl, en su valiosa obra Introducción a la filosofía, explica por qué  el regreso de Peer Gynt:”Es verdad que somos lo que conocemos, pensamos y sentimos, que estamos vinculados a nuestra cultura, la historia y finalmente al mundo.”

Ya es muy complicado  cuando se tiene sólo una cultura. Es una síntesis de ideas, hechos históricos a través  de inmensurables años, más allá de lo que la arqueología ha logrado descubrir. ¡Antes de existir en lo documentado  ya existíamos!

Los pueblos indoamericanos, desde Alaska a la Tierra del Fuego, tenemos doble tarea, conocer  lo nuestro y conocer lo “occidental”( y luego hay nos iremos hacia lo asiático).No es un cabo suelto cuando Wahl dice:”sentirnos que estamos vinculados a nuestra cultura, la historia y finalmente al mundo”.

El pedazo de firmamento  sobre nuestra cabeza es la metáfora de lo nuestro intelectual. Los mitos, las leyendas, los cuentos para niños, la poesía y la novela, se alimentan de las rocas ígneas, metamórficas y sedimentarias de esa única parcela de la Tierra. Tom Swayer, Peer Gynt, y  Don Quijote son soñadores que se fueron en busca de locas aventuras, pero no se perdían y encontraban el camino de regreso.

Fue Sócrates el primero que dijo, dice Wahl, que “por detrás de fluctuantes cualidades particulares hay ideas universales”. Y con esto tenemos ya el añorado horizonte de la plena libertad. Porque en el fondo eso es lo que se busca con lo de la cultura, la libertad. Las lecturas y las escrituras, sin la perspectiva de la libertad, de poco o nada valen. Si hay algo más valioso que la vida, es la libertad, por eso muchos dan la vida por tener libertad.

 No quedar encerrado en una abstracción cultural. Nada  más “lo nuestro” sería una abstracción, pero nada más lo de “allá” también sería otra abstracción. Y ya lo pueblos han sufrido (y algunos lo siguen sufriendo) por vivir en tanta abstracción cultural.
Pero, como una vez  escribió Séneca, entre otros, el mundo está lleno de libros de calidad que han escrito grandes pensadores, y, son tantos, que lo más seguro es que no los conozcamos todos. Impotentes para conocer la tradición cultural de los milenios, en ocasiones optamos por dar pistoletazos y salir con algo que declaramos  nuevo. Hegel fue el que primero dijo esto.

Marco Tulio Cicerón se detiene (en Los oficios)  en tratar de penetrar en el entramado de eso que con tanta frecuencia llamamos Sociedad. Que es   por lo que  Peer Gynt regresa a  su aldea:

 “Son muchos los grados  de la sociedad humana. Porque descendiendo  de aquella infinita   universal, la más inmediata es la de una misma nación, la de una misma tierra, la de una misma lengua, por la cual se unen en mucho unos hombres con otros. Pero todavía es más estrecha la de una misma ciudad, porque son muchas las cosas que tiene  comunes los ciudadanos, como la plaza, los templos, los paseos, los caminos, leyes, votos, privilegios, y además los tratos, amistades y muchos negocios y contratos particulares.

“Aun es más de adentro la de los parientes, que reducen a un estrecho punto  la sociedad universal de todos los hombres. Pero como sea propio de todos los animales el deseo de multiplicarse, la primera sociedad está  en el matrimonio, la segunda en los hijos, de que se forma una casa y un todo común, y este es el principio de las ciudades y como semillero de la república:

“síguense después los hermanos, sus hijos y los hijos de estos, que no cabiendo ya en casa, se extienden y reparten en otras a manera de colonias, después los casamientos y entronques con otras familias, de quienes resultan otros muchos parientes, la cual propagación y descendencia es causa y origen de las repúblicas. El vínculo de la sangre  es uno de los que más estrechan la unión y benevolencia de unos hombres  con otros, a lo cual contribuye mucho tener  en su familia los mismos monumentos, la misma religión y las mismas sepulturas.”

Hombre cercano al poder del Imperio Romano, y dueño de una  gran cultura, Cicerón conocía que la tesis contraria,  a lo que él escribió, era utilizada como arma para erosionar los cimientos mismos de la sociedad.

Hace veinte siglos Séneca no tenía la televisión  en el corazón geográfico  de su casa, con las comedias de las abuelitas y todos esos programas  de la cinematografía light, que se hacen con cartabón para dar entrada a los “comerciales”. De modo que encontrar el camino de los pensadores de calidad ahora es abrirse paso entre el laberinto.
Peer Gynt regresa a sus fiordos 

Y esa es la lección que nos dejó Peer Gynt. Conoció la cultura de “allá”  y no se perdió en el eclecticismo disolvente del mundo. Y  pudo regresar a su parcela entre los fiordos de Noruega y a su porción de estrellas sobre su cabeza.



Jean Wahl

Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”






CICERON SÍ CREE EN LA AMISTAD


Cuatro pensadores, Epicteto (50-130 d C.), Aristóteles, Cicerón y Schopenhauer, coinciden  en que la amistad entre los hombres casi no existe. Aristóteles es tajante: “Oh, amigos! no hay ninguno”

No es una manifestación de escepticismo sino de objetividad. Véase que  estos cuatro nombres pertenecen a muy distintas época y a diferentes nacionalidades. Epicteto y Aristóteles de la antigüedad griega, Cicerón del Imperio Romano y Schopenhauer de la Alemania del siglo diecinueve. Individuos que no se van a la ligera sino que están acostumbrados meditar los temas.

El “problema” es que la virtud es la condición para una verdadera amistad. Por lo que los dos tendrían que ser virtuosos. Si uno es y el otro no, ya no funciona. Y lo que se da con más frecuencia, casi en abundancia, es que los dos no sean virtuosos. Aristóteles: “es evidente que esta amistad no puede darse entre la gente mala, porque el malo es desconfiado y malévolo para con todo el mundo, ya que mide a los demás por sí mismo.”

 Lo que le dio el éxito a la película norteamericana  Rápidos y furiosos, dirigida por Justin Lin, 2011, del recientemente fallecido actor Paul Walker ( ex policía Brian Ó Conner) fue esa rara muestra de amistad que se da entre malos. Lo espectacular de este film fueron los autos últimos modelos y la velocidad de los mismos. El asunto vital descansó en que hace pensar que  aun entre malos puede darse la manifestación de sincera amistad.

En términos actuales eso de la virtud podemos entenderla como algo que se da sin interés, en términos pecuniarios o de alguna clase material. Si no interviene el interés material puede manifestarse la razón vital. Se trata de una simplificación nuestra. En realidad eso de la virtud es un asunto intrínseco. Plutarco dice que sólo hay una virtud y ésta tiene varios nombres. Cicerón en cambio traza un camino para llegar a la virtud y de ahí a la verdad, mediante cuatro principios que son honestidad, prudencia, justicia  y templanza. Y más se prolonga este camino cuando el pensador romano empieza a desglosar cada uno de estos  principios.

No se puede negar que la amistad auténtica exista porque sería negar la potencialidad humana que alberga ese genuino sentimiento, pero es tan poco frecuente que no cuenta en la muestra. Se afirma una cosa  en relación con la existencia de la otra. Si no hay rocas ígneas es porque en alguna parte sí hay rocas ígneas. Si hay anti amistad es que en alguna parte hay amistad. El movimiento con relación a la inmovilidad, el frío con relación al calor, la pobreza con relación a la riqueza, la altitud con relación al nivel del mar, las promesas de los políticos en campaña frente a las carencias reales que se promete aliviar, etc.

La prueba de fuego se da cuando de la palabra hay que pasar al hecho. En tanto esta situación definitoria no se presente, todo trascurre en una afectividad que puede parecer genuina para ambos. Como esos tipos de cáncer que jamás s e manifiestan y el individuo muere de una gripe pero no de cáncer.

Para la amistad entre un hombre y una mujer estos pensadores prefieren no buscarle tres pies al gato. Según la película norteamericana, El día que Harry conoció a  Saly (dirigida por Rob Reinier,1989 y protagonizada por Billy Cristal y Meg Ryan)  todo tiende a acabar en la cama. Aquí las que hablan son la feromonas.

Schopenhauer coincide con Epicteto y ambos lo dicen con la metáfora de los perros que, reunidos, se encuentran jugando, brincando rebosantes de “animal ludismo”, revolcándose y dándose de lametones. Pero, dicen, arroja un hueso en medio de ellos y verás como acaban destrozándose entre todos.

Ver, por ejemplo, la situación de las herencias, sobre todo cuando no hay testamento legal de por medio. En situación de  pensión alimenticia. En la fábrica por ascender en el escalafón. En el sindicato por ganar la secretaría general. Los que de plano quedan descartados, para el horizonte de la amistad, son los políticos de profesión. En estos el paradigma se llama José Fouché. En opinión de Cicerón: “la amistad verdadera difícilmente se encuentra  en los que siguen la carrera política.” Los familiarizados con  la biografía de  Cicerón saben  que conoce de lo que  está hablando.

En Ética Eudemia Aristóteles escribe: “ahora bien, los hombres empiezan siendo amigos con amistad moral y por la virtud, pero tan pronto como se impone  el interés particular  de cualquiera de ellos se ve claro que no son los que creían ser…Por lo cual la primera amistad no se encuentra entre la multitud, porque es difícil poner a prueba  a muchos, ya que habría que convivir con cada uno.”

Sin embargo  Cicerón no cierra la posibilidad de  la auténtica amistad:”Los amigos son pocos, dos personas o un pocos más.”

Aristóteles, después de reiterar tajantemente que la amistad no existe, cree que, sin dejar de ser sociable, el hombre  puede vivir sin amistad: “El hombre más feliz no tendrá en absoluto  necesidad de amigos.”

El que no se anda con rodeos es Schopenhauer que asegura, como Séneca,  que todo esto de la amistad no se debe  a una intención de convivencia social sino al miedo de estar solo con sí mismo: “Buscas a otros porque no puedes estar sólo con tí mismo.”
 
Cicerón
“Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero1 (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.































Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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