D.MORRIS, AUTOPERDIDOS EN LA CIUDAD


Las ciudades aumentan continuamente de tamaño y requieren una planeación cuidadosa, observa Desmond Morris en su obra El zoo humano. “Si no hay territorio para recorrer, servirán los interminables paseos por la jaula.”

Lugares como el norte de México, y sur de Estados Unidos, tienen horizontes geográficos muy amplios. Los pueblos aparecen uno por aquí y otro por allá, esparcidos, como manchas de jaguar. Entre uno y otro están las llanuras inmensas o los desiertos de infinitas dunas, serranías bajas o elevadas montañas.

A diferencia del centro de México donde las ciudades crecen hasta juntarse unas con otras y forman las monstruosas megalópolis. Con sus bloque de apartamientos, todos iguales, planeados por la arquitectura de economía de espacio. O bien por suburbios levantados de manera empírica al tun tun

Pero sea de una manera, o de otra, está el riesgo que las ciudades se parezcan a un zoo humano. Hay una fuerte tendencia a permanecer, cuando hay tiempo libre, en la ciudad. Como hacen las fieras, dice el autor, dentro de sus jaulas.

Existe un grave alejamiento de los horizontes naturales, y solitarios, que se traduce en actividades muy parecidas a las de ayer y a las de anteayer. Con el riesgo que los hábitos, edificantes de la civilización, se vuelva, por la aglomeración, patológicos, destructores o al menos envilecedores, de la misma.


Nuestros escritores, y lectores, de novelas, en los países del sur,  están obsesionados por el panorama antropocentristas, no por el goecentista. La satisfacción del yo y no les interesa qué color pueda tener el viento. Con excepciones como las de Carlos Dávalos, y Lucio V. Mansilla, en Argentina.

Pocos han leído a Emerson y a Thoreau que invitan, reiteradamente, tautológicamente, página tras página, a salir a caminar al campo, bajo pena, en contrario, de perder la salud mental y perder también la batalla frente a la báscula

 Diabetes, hipertensión, son apenas dos de los jinetes del Apocalipsis de nuestra manera civilizada de vida. Mucha azúcar y mucha sal y poco movimiento...¡Y poco libro!

Una fotografía del primer cuadro (Centro Histórico) de la Ciudad de México, de mediados del siglo veinte, muestra calles casi vacías de personas y vehículos. Calles angostas trazadas a mediados del siglo dieciséis, pensadas para dos o tres carruajes.

En la actualidad esas mismas calles (pero igual sucede en calles de reciente y más amplio trazo) están tan llenas que las gentes, caminando en las banquetas, necesitan bajarse para pasar o ir avanzando de lado a efecto de no “chocar” con otras personas. Y en el asfalto, apenas para cien vehículos, ahora hay mil…

Este es el contexto geográfico. Pero donde cobra vida el título de la obra de Desmond Morris, El zoo humano, es en la conducta de la gente que vive en tal aglomeración. Si no sale de la ciudad, el inventor sale en su auxilio, para que no enloquezca, y para tal efecto hila fino en el terreno de la cultura.

El Estado se reinventa, o se suicida, en la medida que procura una “atmosfera cultural”, general, no elitista, para su pueblo. Un niño procurará los valores de utilidad, tanto como los valores vitales, si en su casa hay libros de cultura. Cultura universal, no abstracciones de cultura.

Alguien tendría que decirle al niño de los libros son para leer, no para sentarse en ellos.
Dibujo tomado de La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich, 1968.

De otra manera nuestras frustraciones, de cosas o situaciones, que no se alcanzan nunca, en las dimensiones como las soñamos de niños, le dan  entrada a conductas patológicas.

  Se da la violencia, de manera persistente, en los pueblos o países de   cultura precarizada, porque el menos nos permite soñar, esa violencia, sublimados por los personajes de la pantalla, en la libertad que no tenemos en la vida practica.  Desmond Morris lo dice de esta manera:

“Es significativo que en las comunidades fuertemente subordinadas o reprimidas, las salas de cine locales exhiben una cantidad extraordinariamente elevada de películas de violencia. De hecho, puede afirmarse que las emociones de la violencia de ficción exhibida en las pantallas tienen un atractivo que es directamente proporcional al grado de frustración en la dominación que se experimenta en la vida real.”

De estar en contacto, constante, con la naturaleza, acampar, caminar, sentir el sol, el frío, el viento y las condiciones placenteras de caminar por la llanura, esa violencia en las pantallas nos parecerían curiosidades inocuas  ideadas por gente de la industria de la diversión. Nada más que curiosidades ingeniosas. Pero no nos formarían, o deformarían, en la dirección de conductas sociales patológicas.

El arraigo a la ciudad, a la comodidad, es mucho más fuerte de lo que podemos imaginar y los pueblos han trabajado durante milenios para conseguirla. Pero, como la buena comida, es su exceso el que mata. Es el resultado de la lucha por la sobrevivencia, no la lucha de estímulo por los valores vitales.

Hay países en los que  el Estado no ha encontrado la manera de que la gente ni frecuente la naturaleza masivamente ni lea de cultura. Cultura, uno de los bienes más preciados de la humanidad, porque nos aleja de la animalidad.

Es donde  el “esfuerzo casero”, el de las familias, tendría que rebasara las mismas fuerzas del Estado que, por lo general, dispone de magros presupuestos para el renglón de la cultura. Pueden ser fuertes erogaciones, inclusive, pero ante la magnitud de la demanda, siempre serán flacos presupuestos.

Ante el alejamiento de los panoramas naturales, y nuestro auto confinamiento en la jaula, Desmond Morris dice que, de seguir así, todavía nos espera una jaula más reducida que es la de la  cárcel o la del  psiquiátrico.

Propone el recurso salvador de la cultura. Se refiere al artista, al inventor:

“Este es el hombre (el habitante de la jaula) para quien el inventor pone en juego todas sus facultades. Cuando estudiamos los progresos de la ciencia, leemos poesía, escuchamos sinfonías, presenciamos ballets o contemplamos cuadros, no podemos por menos de maravillarnos ante los extremos a que la Humanidad ha llevado la lucha de estímulo y ante la increíble sensibilidad con que ha sido abordada.”

“Desmond John Morris (Purton, 24 de enero de 1928) es un zoólogo y etólogo británico.
Nació en la campiña inglesa.  Sus estudios se centran en la conducta animal, y por ende, en la conducta humana, explicados desde un punto de vista estrictamente zoológico (lo que quiere decir que no incluye explicaciones sociológicas, psicológicas y arqueológicas para sus argumentos). Ha escrito varios libros y producido numerosos programas de televisión. Su aproximación a los seres humanos desde un punto de vista plenamente zoológico ha creado controversia desde sus primeras publicaciones.”Wikipedia






EL ARTE DE ESCRIBIR DESPACIO: J.M.MURRY


Escribir de prisa, como hacen los periodistas, tiene por resultado la alteración del idioma. Gastan las palabras, como las monedas gastan sus aristas, de tanto rodar.

No es que algunos de ellos no sepan escribir, es que no tienen tiempo para sazonar sus escritos. Escritos que, por otra parte, son para el consumo rápido, de la clase media-baja (culturalmente hablando).Porque mañana todo habrá cambiado, o será lo mismo pero ahora “arrastrado” con algún otro enfoque.

Escribir varias notas a la semana es aprender a nadar en la superficie. Cuando pudieron zafarse, de esta distinguida esclavitud, esos pocos fueron  novelistas o ensayistas.

No decimos “exitosos” porque eso puede caer en subjetivismos de la mercadotecnia, de la academia politizada o de la secta cultural.

  Algunos de esos periodistas siguieron avanzando hasta el intrincado mundo de la filosofía.

Hay personajes cómicos creados por la televisión, el cine, o el comic, que dicen barbaridades del idioma. Pero están tan bien urdidos que todos reímos, nuestros hijos también rieron y nuestros nietos siguen riendo. Esas barbaridades ya se establecieron hasta en los diccionarios de la lengua.

Se cumple cada vez lo que Desmond Morris dice en su obra El zoo humano: “Lo que  es atrevido hoy, se convierte mañana en ordinario y al día siguiente en rancio.”Pero en un rancio que reclama categoría de nobleza. Como dicen, los que no son químicos  de profesión, que son los vinos añejos.

Platón, en su La República o el Estado, escribe que las revoluciones empiezan en los corredores del Palacio, no en la calle.

Para que se dé una alteración  del idioma debe darse desde el conocimiento del idioma, algunas veces como contraste de lo establecido.
 
¿Escribir despacio?
Dibujo tomado del diario El País,España
El español de México, por ejemplo, fue originalmente una señal de independencia con respecto de España. Otro es el caso del inglés, de Estados Unidos, con referencia Inglaterra.

El exterior de las casas particulares, incluidos los edificios del gobierno y de las iglesias, amanecen pintarrajeadas. 

Es una manera de alterar lo establecido. Al grafiti se le ha conectado en línea directa con Dalí y con las cuevas prehistóricas de España y Francia 

¿Saben esos grafiteros, procedentes del erial cultural, de Altamira, Santander, Lescaux, Dordoña?

Casi ha trascurrido un siglo desde que el inglés J. Middleton Murry escribió en su libro El estilo literario, refiriéndose al lenguaje:

 “Por otra parte, el lenguaje, como medio de comunicación entre los miembros de un inmenso  conjunto de personas, tiende siempre, como el dinero que pasa de mano en mano, a gastarse y a perder sus aristas. Y este proceso se acelera grandemente con el crecimiento de los periódicos. Los que escriben en los periódicos, si acaso tiene la voluntad de hacerlo, carecen del tiempo necesario para mantener el aliño y la precisión de un lenguaje; más aun, si tuvieran tiempo y lo utilizaran para este propósito, pronto perderían el empleo. Su negocio es dirigirse a la mentalidad media. Y para hacerlo tiene que utilizar el vocabulario de la mentalidad media; si no lo hacen así, recibirán el homenaje de ser declarados ilegibles, lo cual, cuando llega a oídos del dueño del periódico, equivale a una sentencia de muerte.”

“De  nada, nada deviene- escribe Kant en Crítica de la razón pura. La alteración del idioma no puede venir del erial cultural sino de algo que  no es erial-.Todo lo que se altera es permanente y sólo cambia su estado”

El cambio se da desde lo permanente y Kant lo reafirma: “Sólo mediante lo permanente recibe la existencia, en diferentes partes de la serie temporal, sucesiva, una magnitud llamada duración.”

Dewey habla de los hábitos en general, y podemos retraerlo al tema que nos ocupa. Señala que somos herederos, y a la vez responsables, de un mundo de calidad, o  de pobreza cultural, que quedará después de nosotros:

“Se reverencia el pasado, no por el hecho de que lo sea, sino porque ha hecho posible un presente tan seguro y rico que podrá crear un futuro todavía mejor.”

Y agrega que nuestra herencia, lo permanente, será mejor si somos capaces de actividad terapéutica frente a los hábitos, propios y ajenos, de manufactura patológica:

“Por mucho que se haya hecho, siempre queda más por realizar. Solamente por medio de una constante modificación de nuestro ambiente, podemos conservar y transmitir nuestra propia herencia.” (John Dewey, Naturaleza humana y conducta, 1922)


Algunos, de los que escribían rápido,  hicieron caso  a j.M.Murry y tuvieron que aprender a escribir despacio.
 
Murry
“John Middleton Murry (6 August 1889 – 12 March 1957) was an English writer. He was prolific, producing more than 60 books and thousands of essays and reviews on literature, social issues, politics, and religion during his lifetime. A prominent critic, Murry is best remembered for his association with Katherine Mansfield, whom he married in 1918 as her second husband, for his friendship withD. H. Lawrence, and for his friendship (and brief affair) with Frieda Lawrence. Following Mansfield's death, Murry edited her work” wikipedia.




PLATÓN, EL DEL ENTENDIMIENTO PURO: KANT

Lo material y lo espiritual lo conocieron los pensadores griegos desde los presocráticos, llamándolos finito e infinito. Con este último llamaban a Dios.

Platón, según Favorino, filosofo contemporáneo, fue el primero que introdujo el modo de escribir en diálogos, lo que le facilitó el terreno dialéctico al hacer mención de las antípodas.

Habla de las cosas que cambian y de las que no cambian. Lo que después los filósofos llamarían el fenómeno y la “cosa en sí”.

Otros, antes que Platón, habían escrito en dialogo, por ejemplo, Zenón, pero, dice  Diógenes Laercio: “en mi sentir, pulió Platón su forma y estilo de manera que no se le pudo negar con justicia la gloria de la invención. El diálogo es un discurso compuesto por preguntas y respuestas sobre cosas filosóficas y políticas. La dialéctica es  el arte de disputar, por lo cual refutamos o defendemos alguna cosa por medio de preguntas y respuestas entre los que disputan.”

El diálogo aparece ya de manera establecida en Sócrates pero, como dice Aristóteles, también contemporáneo, Platón dijo de Sócrates muchas cosas que Sócrates no dijo.

Platón es, así, el primer novelista pero también el primero en amenizar, por medio del dialogo, materias como la filosofía que, dichas  en bloque, a manera de como conocemos el ensayo,  donde nada más habla directamente el que escribe, parecen escritos de tesis profesionales de la academia, como la tesis  que presentó Schopenhauer, para su examen profesional, que luego conoceríamos como La cuádruple raíz del principio de raíz suficiente.

Platón no sólo hace dialogar a dos, o a tres, sino que también se sale del texto, no se incluye en el texto. Y con esto está inventando lo que en novelística se llama alter ego del autor.

Sin salirse del terreno de la filosofía, otros pensadores, ya modernos, como Nietzsche, utilizan el diálogo y uno de ellos es su alter ego,  Zaratustra, por ejemplo.
PENSAMIENTO ANTROPOCÉNTRICO Y...

Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich, 1968

Diógenes consigna varios epitafios que al parecer dedicaron a Platón. Uno de ellos dice:
 “Si no hubieran criado, oh
Padre Febo,
A Platón en Grecia
¿Quién hubiera sanado con
Las letras
los males y dolencias de los hombres?
Pues como fue Esculapio
médico de los cuerpos,
curó Platón las almas inmortales.”

Diógenes consigna que Platón enseñaba: “Que los principios de todas las cosas son dos, a saber: Dios y Materia, llamando a Dios  Mente y Causa. Que la Materia es informe e infinita pero de ella se forman y componen las cosas.”

Platón conoció  los modos de pensar de Heráclito, de Pitágoras y de Sócrates. Y por muchos años caminó el terreno del antropocentrismo. Pero un día se atrevió aventurarse más allá de la fenomenología. A eso se refiere Kant en su obra Crítica de la razón pura:

“De igual modo abandonó Platón el mundo sensible, porque éste pone al entendimiento  estrechas limitaciones y se arriesgó más allá, en el espacio vació del entendimiento puro.”

KANT

“Immanuel Kant (ɪˈmaːnu̯eːl ˈkant) (Königsberg, Prusia, 22 de abril de1724  Königsberg, 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Es el primero y más importante representante delcriticismo y precursor del idealismo alemán y está considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.”WIKIPEDIA


PLOTINO EN EL VIEJO TEMA DE LA VERDAD


Se puede “oler”  la verdad de un solo golpe.”Me late” es una expresión usada en México. O esta otra. “Yo creo que…”

Es una primera impresión antes del análisis. Es lo que Plotino llama intuición. Y en los dieciocho siglos que le siguieron, y en los siete siglos que le antecedieron, lo filósofos aceptaron a la intuición como un “primer golpe” para oler, para percibir, para encontrar la verdad. Trátese de la verdad en abstracto o de la Verdad universal.

 La mujer, antes que el hombre, sabe mejor de este asunto. Se habla de la intuición femenina como algo muy desarrollado.”Cuando yo voy ella ya viene”.

Pero quedarse ahí es propio de borrachos de taberna hablando de fútbol a las dos de la mañana.

 O servirse de un arma diabólica para enredar a propósito las cosas, como hacen algunos políticos profesionales y alejarse de la “verdad verdadera”. Especulaciones, sofismas, parecerse aislados, abstractos, lejos del todo.
 
Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich,1968
“Tras el conocimiento de la verdad-dice Kant- hay muchas alusiones  sofisticas.” (Crítica de la razón pura, segunda parte)

Plotino recurre inmediatamente a la dialéctica, que él siempre escribe con mayúscula. Confrontar pareceres, entrar con espíritu crítico en las hipótesis:

“La Dialéctica-dice-no se ocupa solamente de puras especulaciones y de reglas abstractas…Sabe lo que es afirmar, negar, lo que es hacer aserciones contradictorias o contrarias; sabe, en fin, cuando se afirman cosas diferentes o idénticas, percibiendo la verdad por una intuición instantánea, como es la de los sentidos; pero deja a otros el estudio que se complace en estos detalles, el cuidado de hablar de ellos con exactitud.”(Plotino, libro tercero)

El  tema sería considerado por Schopenhauer como principio de razón suficiente para llegar a la verdad:

“La verdad es la relación de un juicio con algo fuera de él que es su razón suficiente…El principio de razón suficiente se nos presenta, ante todo, como verdad metalógica, después de haber aparecido como verdad trascendental.”) La cuádruple raíz de principio de razón suficiente. Cap. V)

¿Qué es la verdad? le pregunta cada Navidad el gobernador romano Poncio Pilatos a Jesús, en las películas que Hollywood hace de la vida de Cristo. Y Jesús guarda silencio. Porque para conocer la verdad (universal) Pilatos tendría que haber conocido todo lo relacionado con Jesús, y eso ni siquiera sus apóstoles a la sazón lo sabían.

Si veinte siglos después, ya de cristianismo, hurgamos afanosamente la Biblia y nos preguntamos qué quiso decir Jesús en el Sermón de la Montaña, es claro que Pilatos, figura  de la cultura grecorromana, preguntaba algo por completo extraño o, para decirlo de otra manera, preguntaba por lo que hasta entonces en la filosofía griega era una aporía, un callejón que parecía sin salida.

Si Jesús hubiera dicho “Yo soy la verdad” Pilatos lo habría tomado como un hombre loco. Con su silencio estaba diciendo:” Mira, yo soy la Verdad”. Porque aun para cualquier humano decir la verdad ya es parte de la Verdad. Como decir mentiras se es, de esencia, sofista, mentiroso.

“Para conocer la verdad- agrega Kant-hay que buscar la coincidencia del conocimiento con su objeto. Entran en juego la intuición (“sin la cual carece de objeto todo conocimiento”), la lógica, la dialéctica, el objeto del que se trate y el entendimiento del que inquiere.”

Sólo Claudia, la esposa de Poncio Pilatos, tuvo un golpe de intuición al decirle a su esposo, ese hombre es un justo. No tenía otra manera de decirle que,  en su prédica, Jesús estaba diciendo la verdad.  Al parecer, por su renuencia a condenar a Jesús, también Poncio Pilatos tuvo esa intuición, pero, como gobernador romano, debía actuar de inmediato presionado por las circunstancias.

Otro modo de conocer, aparte de la intuición, es mediante conceptos: “Más fuera de la intuición no hay otro modo de conocer, sino por conceptos.”

Buscar en este enmarañado terreno de los pareceres, la Verdad, o las verdades,  puede degenerar en  chismes de oficina a la hora de tomar café.

Por eso Plotino recomienda tomar en serio a la Dialéctica:

“La Dialéctica es, pues, solamente una parte de la Filosofía, pero la parte más eminente.” Y remarca: “La Dialéctica es la parte más elevada de la filosofía.”
 
PLOTINO
Plotino “Nació en el 204 ó el 205 en la ciudad egipcia de Licópolis, hoy Assiut. En el 232entró en el círculo de Amonio Saccas (o Sakkas) en Alejandría, de quien también fueron discípulos Orígenes (no el cristiano)[cita requerida], Longino y Erenio. Se embarcó en 244 en la expedición del emperador Gordiano III contra los persas con el propósito de conocer la filosofía de los pueblos orientales. Fracasada la expedición y asesinado el emperador, logró dificultosamente refugiarse en Antioquía. Abrió en Roma una escuela de Filosofía (246) y llevó una vida severa: era vegetariano, no se casó ni se dejó retratar "para no dar lugar a una sombra de otra sombra". Se le atribuyeron dotes místicas de visionario y se dice de él que recogía niños huérfanos y les daba educación. Su discípulo Porfirio, autor de su biografía Vida de Plotino y de la sistematización y publicación de su obra central Enéadas, refiere que en los seis años que estuvo con él tuvo hasta 4 uniones místicas”WIKIPEDIA.








DIÁLOGO SOBRE LA VIRTUD Y LA INTELIGENCIA: ARISTÓTELES-SÉNECA


Aristóteles y Séneca gustaban  hablar de la virtud. Mejor dicho de las virtudes que son la moral y la intelectual. La virtud era el leit motiv de sus obras.

Estamos en la dimensión de la física, de ahí que hagamos la observación que 380 años median entre uno y otro de estos personajes. Pero  la dimensión de ellos  está  fuera del tiempo fenomenológico.

 Aristóteles quiere empezar un paso atrás. Lo que es la alimentación y el ejercicio físico. No es que comer bien y ser atleta hagan  santo o  sabio, pero sí lo disponen para tal cosa. Si al buen comer (manera inteligente de comer) le acompaña el ejercicio físico, esa disposición se catapulta:
Diario El País,España.26 Sep.2015
“…de los mejores ejercicios y alimentos  procede la buenas disposición, y a la vez de la buena disposición del cuerpo viene el mejor trabajo” dice Aristóteles (Ética eudemia). Es útil para el trabajador porque se desempeña en condiciones humanas y es redituable para el patrón porque el empleado rinde más.

En los países de economía precarizada, por lo mismo, ni hay buen comer ni hay buen ejercicio, como generalidad, no como excepción. Matar el hambre para pasar el día y ejercicio empírico sin programa y sin fin  y muchas veces sin hábito, no lleva muy lejos.

Todos los días se dan a conocer magníficos programas para aliviar el hambre, pero lo que no llega es el pan. Conque llegara el pan ya sabríamos qué programa fue el auténtico.

Todos los días se ponen en marcha magníficos programas para que la gente se meta de lleno a la cultura pero lo que brilla por su ausencia es el hábito de la lectura.

De ahí que los valores morales y los intelectuales encuentren dificultad para desarrollarse en estos lugares. De ahí también, como consecuencia,  como contradicción filosófica, que las calles se llenen de otros valores de los que mejor no hablamos por ser tan obvios que siempre están ocupando los primeros lugares de los medios de información masiva.
Aristóteles

Aristóteles (en griego antiguo Ἀριστοτέλης, Aristotélēs) (384 a. C.322 a. C.)[1] [2] fue un polímata: filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios.[1] [2] [3]

El pan y la letra son los que nutren a los humanos.Hacia mediados del siglo pasado el Rev.Fultón J.Sheen, catedrático de filosofía en la Universidad de Louvain y la Universdad Católica de América, lo decía de cuantas maneras le fue posible, por programas de la radio, conferencias  y en libros que escribía:

 "En estos días de hambre intelectual, las mentes están muriendo de inanición por falta de verdades,como los cuerpos en días de hambre física mueren por falta de pan. En tales momentos, cuando el hambre,sea intelectual o física,corroe a cada ser,no es esencial el demostrar qué venenos deben evitarse o que alimentos haya de comerse,basta presentar el alimento."(La filosofía de la vida)

Cuestiones que parecen temas viejos y aburridos propios de libros viejos. Pero que son frecuentados y tenidos en alta estima por los pueblos que viven, en este siglo veintiuno, el mejor nivel posible. No en el nivel perfecto sino, como dice Leibniz, en el mejor de los posibles. Utopías aparte.

Séneca habla de la virtud, no desde la virtud. Como el alpinista que habla de la cumbre que todavía no alcanza. Considera todas las cosas que le impiden, o al menos le entorpecen, el seguir subiendo, y es necesario deshacerse de ellas, aligerarlas. Habla de filosofía moral, como también lo hizo Epicteto entre los griegos.

Parece que Séneca está dando consejos cuando lo que hace es comentar sus defectos de conducta, igual que se hace ahora en los grupos de autoayuda como AA, DA…

“Hablo de la virtud, no de mí. Y cuando reprocho lo vicios, pongo los míos en el primer lugar. Cuando me sea posible viviré como conviene.” (Sobre la felicidad)


Dibujo tomado del diario El País,España,28/6/14. 

Aristóteles dice que mejor que hablar de esas cosas es estar en ellas:

“No hay duda de que el conocimiento de las cosas bellas es algo bello en sí mismo, pero tratándose de la virtud no es el conocimiento lo más valioso, sino saber de dónde y cómo nace. Lo que queremos, en efecto, no es conocer lo que es la valentía, sino ser valientes, ni lo que es la justicia, sino ser justos, del mismo modo que preferimos tener salud antes que saber en qué consiste  la salud, y sentirse bien antes que saber en qué consiste el sentirse bien.”

Las conocidas palabras de Homero, en Odiseo, probablemente inspiraron a Aristóteles para su filosofía cuya virtud consiste en la mesura, lejos de los extremos: “No debes pavonearte, dice Homero, ante el mundo como vencedor ni hundirte y lamentarte como vencido: alégrate con lo que es digno de alegría, no te rindas con exceso ante la desventura, conoce el ritmo que mantiene a los hombres en sus límites.”

El romano Séneca, al igual que José Ortega y Gasset ( ambos de la Península Ibérica), apuntalará la pauta para abrirse camino en el enmarañado terreno de la filosofía en lo que a este tema se refiere.

En La rebelión de las masas el lumpenproletariado no es el caminante de banqueta que va con chamarra de mezclilla, como los obreros más pobres  vestían en la primera mitad del siglo pasado (y los líderes obreros también para parecer pobres).

 Era el que se mantenía lejos de las corrientes  culturales, igual que  vistiera de mezclilla o de traje de tres piezas y corbata de pajarita.

Séneca escribió: “Examinemos que acción es la mejor, y no la que más se usa: qué es lo que nos lleva a la posesión de una felicidad eterna, y no lo que ha sido a aprobado por el vulgo, pésimo interprete de la verdad; y llamo vulgo no sólo a  quienes visten la clámide vulgar y sencilla, sino también a los que ciñen corona. No miro, pues, el color de los vestidos con que se cubren los cuerpos… tengo una luz mejor y más segura, por medio de la cual distingo lo verdadero de los falso: el espíritu es quien debe encontrar los bienes del alma.”
Séneca

“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C.65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”






CON ARISTÓTELES EN LAS MONTAÑAS


Ser, mediante la actividad, es lo propio del alpinista.

Otros, como los filósofos, tienen conciencia de ser por medio del acto de pensar, del hablar, “por sus obras los conocerás”, “por lo que escriben lo conocerás”, etc. Aristóteles dice que por medio de la actividad.

En el transcurso de una caminata, por las montañas, tienen lugar dos clases de goces señalados como bajos y superiores.

Sin los “bajos” no podríamos ir muy lejos pues se refieren a comer y beber. Por el medio en el que se mueve el alpinista, que son los bosques y las montañas, no puede llegar a la degeneración que es la gula. Como sí sucede en las comidas de la ciudad.

Y para compensar la deshidratación se bebe agua, te o vino. En el trascurso de una ascensión tampoco se puede considerar el exceso que es la borrachera.

El placer superior en las montañas corresponde a valores intrínsecos subjetivos como el sentimiento estético, pensar, “soñar despierto”, etc.
 
Valores empíricos y subjetivos en una ascensión
En la norte del Pico de Orizaba
 En relación a  objetivos concretos, que no pueden ser otros que conocer los límites propios, por medio de la acción,  como superar un diedro, subir por la arista nevada, el extraplomo de aquel sector de la montaña.

 Todos los días, en el valle, y en todas partes, los humanos conocemos nuestros límites en lo económico, moral, deporte, convivencia social, amistad,  amor, sexo, vileza, edad, academia, espiritualidad, solipsismo, nobleza, solidaridad, individualidad… Así en la montaña con la actividad:

“La existencia, henchida de actividad, es la auténtica eudemonia” escribe Herman Nohl en La voluntad activa. La existencia a través de la actividad, a través de la eudemia.

Eudemia es una palabra que en lenguaje coloquial parece exótica. Pero no hay tal afectación en su uso, del que nadie es propietario, pero que circula con naturalidad en los círculos  filosóficos. Mejor habría que preguntarnos por qué no la usamos. Y seguiría ¿por qué no la practicamos?

Eudemia, dice Aristóteles, es vivir bien a través de una serie de actos guiados por la razón como punto intermedio entre el exceso y el defecto. Una de las obras de este filósofo se llama así: Ética Eudemia.

La acción en  la travesía de la montaña o de la escalada. Pero también durante el vivac. El vivac tiene aspectos  de insospechada importancia, es una  de las maneras más intensas de  eudemia.

El vivac es, a semejanza de la energía eléctrica casera, de cuando las luces, los focos, lámparas, están apagadas. De todas maneras el fluido eléctrico o “corriente”, está ahí, en los cables, presente, latente. Átomos cuya fuerza de acción consiste en la inmovilidad como fluido. Así el montañista en su vivac cuyo éxito depende de su capacidad de resistencia, soportar la inmovilidad.


Como la vida “estática” en la etnia, de los indios americanos, que es en realidad una vigorosa  filosofía perenne en desarrollo.

En  Ética eudemia, Aristóteles se refiere al ser, a través de la actividad, en la que con frecuencia aparece el verbo hacer. Pero, no hacer por hacer, sino hacer con razón, como él dice, entre el exceso y el defecto.

“…con la felicidad como el fin último del hombre, asequible mediante el ejercicio de la virtud, lo que lleva consigo  la teoría del término medio entre el exceso y el defecto…El que haya de ser amado por Dios es necesario que se haga así mismo, hasta donde alcances sus fuerzas, semejante a él…la felicidad se ofrece  a aquellos que han sabido hacerse ellos mismos, y sus actos, de cierta calidad.”
Aristóteles

“Aristóteles (en griego antiguo Ἀριστοτέλης, Aristotélēs) (384 a. C.322 a. C.)[1] [2] fue un polímata: filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios.[1] [2] [3]Aristóteles escribió cerca de 200 tratados (de los cuales sólo nos han llegado 31) sobre una enorme variedad de temas, incluyendo lógica, metafísica, filosofía de la ciencia, ética, filosofía política, estética, retórica, física, astronomía y biología.[1] Aristóteles transformó muchas, si no todas, las áreas del conocimiento que tocó. Es reconocido como el padre fundador de la lógica y de la biología, pues si bien existen reflexiones y escritos previos sobre ambas materias, es en el trabajo de Aristóteles donde se encuentran las primeras investigaciones sistemáticas al respecto.[4][WIKIPEDIA














ANTES DEL PLACER: H.NOHL


Primero el  impulso de la vida creadora y después el  placer y  el dolor.

Lo anterior lo hacen las criaturas del universo zoológico. El placer es un vehículo para alcanzar el fin, que es la generación.

En el humano es donde se practica la generación ya mecánica animal de las pulsiones, ya la generación consciente, cognitiva, responsable.

Desmond Morris describe en su libro El zoo humano varias intenciones por lo que se practica el sexo como son las pulsiones, por la generación, por estatus, por aburrimiento, etc.

El placer como fin, dice Nohl, es una patología. En el mismo nivel enfermizo que el dolor por el dolor. Ninguno de los dos trasciende, sólo entretiene los ratos aburridos del solipsismo. Los niños no viene de esa manera.”De la nada no puede venir nada”, dice A. N. Whitehead en La función de la razón.

Los hedonistas tiene la bandera del gozo y los estoicos intentan  ser ajenos al dolor. Son estos los juegos mentales preferidos del hombre.

Es la mujer, a la hora del parto, que pone las cosas en su lugar. Todo el placer que puede tener en el coito no compensa el dolor del parto. Y, sin embargo, no rehúye. Lo que actúa es el espíritu de la especie, dice Schopenhauer. Todo en la perspectiva para que la humanidad no perezca.

Tampoco la generación por la generación, a tontas y locas, sino con programa. Kant es directo en este punto: “Toda esperanza tiende a la felicidad, pero ésta para ser racional, ha de conformarse con la dignidad humana. El soberano  bien reside en el nexo esencial de felicidad, lo que es posible por la libertad.” (Critica de la razón pura)

Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria, de Fritz Redlich, 1968.

Lo que trasciende el asunto es que el doloroso episodio de tener, de traer, a la criatura, lejos de ser el fin apenas es el principio.

Por los siguientes cinco lustros, o algo así, se dedicará a cuidarlo, alimentarlo, vestirlo, formarlo profesionalmente (para los valores utilitaristas) y, lo más difícil y tardado, educarlo (para los valores esenciales).

Lo utilitario se enmarca en un principio cosmológico de causa y efecto y otra vez causa y efecto, así hasta el infinito. Como un determinismo ineludible, como una herencia genética, negadora de la libertad.

Lo esencial en un ideal de perfecta sistematización. Jamás alcanzada pero realizada en cada intento, como el escritor que una vez intentó escribir la novela de la Comedia Humana o, como escribe Kant en la Dialéctica Trascendental: “Las ideas mantienen en el hombre la conciencia del progreso infinito”. Donde el humano puede dejar con un palmo de narices a la causalidad.

Con la educación se cierra el círculo en la perspectiva de la conservación de la especie.¿Si no, para qué queremos a las universidades?

De otra manera la fiesta acabará en zafarrancho. Las calles, y aun los círculos más elegantes, se llenarán de rufianes. No hay que caminar mucho para comprobarlo: basta ver entre los vecinos…

El caso es que las ciencias empíricas, las artes y los valores esenciales, ya no podrán desarrollarse con libertad.

Es lo que dice Nohl: “El placer es sólo un indicio de la existencia y del pleno desarrollo de nuestros impulsos e intenciones axiológicas, sólo un indicio de que el impulso alcanzó su fin…el placer nunca es un fin en sí mismo, a no ser que se trate de una perversión. El instinto sano persigue sus fines inmanentes; placer y dolor no son sino reguladores o anticipaciones de sus metas auténticas. La mujer que entre dolores da a luz no compensa la cuenta del dolor con las del placer sexual, sino que cumple su destino.”

Todo juega en el nivel de solipsismo o de la trascendencia. Puede suceder de una o de otra manera.

 Como el grupo de excursionistas que acamparon una noche en el bosque. Por la mañana, cuando se marcharon, dejaron el campus lleno de basura y porquerías o lo dejaron limpio y ordenado. Para ser habitado  por otros que mañana llegarán.

“Herman Nohl. (Berlín, 1879-Gotinga, 1960) Pedagogo y filósofo alemán. Fue discípulo de Dilthey y profesor en Gotinga. Editó los Escritos teológicos de juventud, de Hegel (1907), y es autor, entre otras obras, deSócrates y la ética (1904), Introducción a la filosofía(1934), Antropología pedagógica (1938) e Introducción a la ética (1939).”Wikipedia






Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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