EPICTETO, METÁFORA DEL ZAPATO


 

Grande o chico el zapato, con respecto del tamaño del pie, y ese individuo sufrirá y además se verá ridículo.

No todos somos sabios  como Teseo que conocía sus debilidades y con antelación ordenaba que lo amarraran al poste. Teseo podía vencer a los gigantes de un solo ojo, pero él no podía con su mismo, conmimismo.

Epicteto es, de alguna manera,  la versión antigua de la historia de Bill W.

Epicteto, en la cultura mercantilista del siglo veintiuno, pasaría como indigente. Ya en su tiempo se le consideraba tan pobre que, se dice, tenía una casita que nunca cerraba la puerta porque en su interior no había cosa alguna que pudiera llamar la atención de los ladrones.

Estas últimas ocho palabra son más vigentes en el siglo veintiuno que hace veinticinco siglos.

Epicteto es pobre porque es filósofo, no es filósofo por pobre. Fue esclavo, su amo vio en él potencial para la filosofía y lo envió a estudiar. Con el tiempo obtuvo su libertad y hacia el año 80 enseñaba en Roma el estoicismo.

Predicaba que no está en nuestras manos el ser ricos pero sí  ser felices. “Por qué buscas fuera  lo que está dentro de ti”.

En toda su obra siente prevención contra la riqueza porque, dice, pocas veces ésta se lleva bien con la virtud. Empero, Epicteto no es proclive al liderazgo del resentimiento. Su pensamiento no es protestar por protestar. Sabe que no sólo algunos ricos, sino también  algunos filósofos, tampoco pasarían por el ojo de una aguja…

 Epicteto no es escéptico a ultranza. Cree que las monedas de oro  puedan llevarse bien con la riqueza espiritual. Como en arquitectura, todo depende del  punto de fuga que persiga la perspectiva.  El dinero es noble cuando tiene una función social.

Si Mateo, el odiado recaudar de impuestos, pudo seguir a Jesús, “cualquiera” puede hacerlo. Mateo caminaba  por el mundo con zapatos que no eran de su medida, hasta que encontró los suyos…

La cruel  metáfora del zapato
Como filósofo sabe que si hay perversos es que también hay virtuosos. No puede haber el concepto de frío sino hay el de calor.

Epicteto tiene en toda su obra  el tono de un pontificador porque verdaderamente conoce la vida y el paño de que estamos hechos los humanos. Como lo tiene el maestro que  habla a sus alumnos de matemáticas.

Prevenía contra los malos aunque se les viera nadando  en oro. Su símil era si se podía acercar la mano a   una víbora por el hecho de verla en una caja de oro.

Preguntaba a  un amigo suyo, rico, de qué sirven tantos vasos de oro y plata “¿si todos tus pensamientos, deseos, inclinaciones y actos evidencian el barro de que estas hecho?”

En otra ocasión se dirige a alguien de la clase pudiente diciéndole  que se está perdiendo en la molicie y no aprovecha la ventaja que le da su situación económica:

“Nadie mejor que tú puede procurarse más libros, maestros y el tiempo necesario para estudiar. Empieza, pues, y cede a tú razón parte del tiempo que te sobra y desperdicias. Escoge; y sigue entregándote a las cosas puramente exteriores es indudable que llegarás a poseer muebles más preciosos y más raros que otros; pero tu pobre inteligencia así abandonada, no pasará de ser un mueble más; pero inútil, torpe y feo.”

Epicteto recuerda que los héroes se distinguieron en su lucha con los poderosos enemigos. Pero que hay un enemigo más grande que todos y es uno mismo. Cualquiera puede darse cuenta de la tremenda realidad de lo anterior cuando nos proponemos “rebajar” o “perder” los diez kilos que, dice la báscula, nos sobran. Tres meses más tarde no hemos logrado, de manera definitiva, rebajar un solo gramo.

O de las batallas perdidas cuando se es un fumador, bebedor habitual, paranoico o depresivo. Es comprobar la insuficiencia de la voluntad antropocéntrica.

 La razón sabe cómo solucionar el problema. Pero él ha perdido la llave que eche andar el mecanismo de la razón. No es que la razón no sirva, es él que no sirve a la razón.

Todo consejo para "hallar el camino de la vida" es en aquella otra cumbre.
Diario El País, España, 26/Sep./2015
De ahí que Epicteto diga: “No tienes que librar a la tierra de monstruos porque no naciste Hércules ni Teseo; pero puedes imitarlos librándote tú mismo de los monstruos formidable que llevas en ti. En tu interior hay un león, un jabalí, una hidra; pues bien procura dominarlos. Procura dominar el dolor, el miedo, la codicia, la envidia, la malignidad, la avaricia, la pereza y la gula.”

Hora de recurrir a la sinrazón. A los valores esenciales.

Según sus tiempos romanos imperialistas, Epicteto lo dice de esta manera: “y el único medio de vencer a estos monstruos es tener siempre presentes a los dioses, serles afecto y fiel y obedecer ciegamente sus mandatos.”

Como decimos, Epicteto es la versión romana imperialista de la vida de Bill W, cofundador de Alcohólicos Anónimos, en Estados Unidos, del siglo veinte.

Yo estudie, dice Bill, en una  universidad en la que el hombre era Dios. Hasta que acabé tirado de borracho, en la calle, a unos metros de mi casa… Fue cuando tuve que recurrir a la sinrazón…

EPICTETO
Epícteto (en griego: Επίκτητος) (Hierápolis, 55 – Nicópolis, 135) fue un filósofo griego, de la escuela estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Hasta donde se sabe, no dejó obra escrita, pero de sus enseñanzas se conservan un Enchiridion (Ἐγχειρίδιον) o 'Manual', y en unos Discursos (Διατριβαί) editados por su discípulo Flavio Arriano.

 

 

 

ORTEGA Y GASSET, RENACIMIENTO Y RETORNO


 

Al bajar al pasado no hacemos sino descender a los sótanos de nuestra propia actualidad. O. y G.

Renacimiento y Retorno es el título de un capítulo de  la obra En torno a Galileo.

Uno de tantos subtítulos que podría llevar este capítulo (antaño los libros tenían título y subtítulo), se nos ocurre, sería: “Cómo ser católico de a deveras, leyendo a un no católico: Ortega”

Ortega y Gasset es irreligioso, no anticlerical (él lo dice) en su obra mencionada. Aporta duros y valiosos señalamientos al cristianismo moderno. Y da la bienvenida a toda crítica   de buen nivel. En realidad la crítica interna y externa es  una de las maneras en que el cristianismo ha ido enriqueciendo o corrigiendo su diario vivir. Esto es una realidad histórica.

Superando un extra plomo con dos cuerdas

Del Libro Técnica Alpina, UNAM,México,1978
Hay diferencia entre el catolicismo de la Edad Media al catolicismo de la actualidad. Aquel llenaba mucho de su día en lo espiritual y religioso. Lo que era demasía para el vivir pragmático. El católico de la actualidad  vive la cultura del bienestar económico, en la economía y la política, lo que tampoco es equilibrio.

Menos son los casos de la existencia en la eudemia que es el vivir bien a través de una serie de actos, guiados por la razón, como punto intermedio entre el exceso y el defecto.

La sobre información del mundo moderno apuesta al abstracto especializado, dejando de lado la totalidad. O bien al eclecticismo disolvente  que lleva al nihilismo cultural. En ese sentido, dice Ortega, el mundo medieval fue como las raíces del árbol que impide que la ladera se erosione:

“el universo medieval se compone de absolutos. Cada cosa es lo que es y nada más, pero tampoco nada menos, porque es indestructible. Hoy nada es lo que es, sino que está siempre en tránsito a ser de otro modo. Cada cosa puede ser otra cualquiera, todo es un poco todo, estamos en la época de los gatos pardos…todo se ha vuelto tópico inerte y complicadísimo: el derecho, la administración, la ciencia, la teología. En vez de ser un claro y sobrio repertorio de soluciones vitales, la cultura se ha hecho abrumadora, se ha hecho mamotreto.”

 “Industria cultural” le llama Schopenhauer en oposición al progreso cultural humanista.

La metáfora de las dos cuerdas para resolver los problemas
Ortega en su obra se acerca mucho al ateo, es decir, en esa porción de ateo que hasta los creyentes tienen. O los ateos creen. Ateo es una dialéctica interior, sana, en la que predomina la razón. Este dialogo (monólogo interior) se hace preguntas y respuestas, lo mejor informadas posibles, según la información, o cultura, de que se disponga.

Es al ateo no creyente al que aquí se refiere, como laico, no al ateo jacobino.

 Lo demás es puro ruido. Tópicos y más tópicos.

Ateo que no hace caso a los principios racionales, que sostienen todo conocimiento, es igual que uno que sabe de memoria la Biblia sin tampoco hacerle caso. Ambos son excelentes líderes asalariados para la “industria cultural”.

Ortega no da rodeos con el que se declara, o actúa, anticlerical: le falta información: “Por supuesto, como ustedes saben, yo, que no soy católico, no tengo un solo pelo de anticlerical, y creo que ser anticlerical es una de las mayores pruebas de modestia que hoy un hombre puede dar. Porque hoy anticlerical es sólo el que no puede ser otra cosa, es una manifestación de intima incultura, es decir, de inactualidad como otra cualquiera:”

Al “católico de espalda”, como Ortega dice, no le va mejor pues le falta conocer cómo viven su pensamiento los de la banqueta de enfrente. ¿Por qué aquellos no creen? ¿Es suficiente la razón para vivir bien con la conciencia propia?

“…el catolicismo en nuestro experimento imaginario tendría, por ejemplo, que sostener todas las ciencias actuales, todas y anótese, las ciencias, no los discursos anticlericales, a los cuales es misérrimamente fácil contestar.”

Avanzando con  las metafóricas dos cuerdas.

Extra plomo en la Sierra de Pachuca, Hidalgo México 
Así se piensa en Occidente. Donde se piensa. Salvo que sea un “emigrado cultural”, domiciliado en Occidente. Hay apertura de creencias. Pero cantará otra canción, no la de Homero-Séneca-Montaigne-Cervantes-Schopenhauer-William James.

La metáfora alpina sería como sigue. Si estamos, y somos (no basta estar sino también ser), en la cultura occidental, no hay modo de librarse de las dos fuertes cuerdas de perlón a las que estamos atados. No para esclavizarnos sino, como el montañista que realiza una “escalada artificial” a través del extra plomo, y esas dos cuerdas nos aseguran de no caer y sí seguir con seguridad hacia la cumbre.

Atado felizmente a esa dos cuerdas que son fe y razón, o viceversa.

ORTEGA
 “José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”WIKIPEDIA

ARQUÍLOCO, CON ALEGRÍA CRUZAR EL DESIERTO


 

¿Preguntas por una antinomia de lo bello y lo horrible? El desierto.

Lo bello de ese increíble cielo azul-rojo, el universo de dunas y el casi anonadante espectáculo del cielo nocturno “estrellado”,  está en la capacidad de tu subjetivismo, personal, para lo estético.

Cada quien tiene "su" desierto. En materia de pareceres quién podría ver el desierto que yo veo, siento e intuyo. Arquíloco escribe que:

"Ninguno así se admire de que acaso
trueque con el delfín pastos la fiera;
que ésta a la tierra el mar tal vez prefiera,
y aquel el alto monte al mismo paso
más que la ondas quiera"

Por lo demás al menos siete factores pueden terminar con la vida del caminante en la travesía del desierto. En el caso de México nos referimos a los desiertos (con erg, dunas) de Altar y Samalayuca en el norte del país, el primero en Sonora y el otro en Chihuahua. Y una llanura del tamaño de algún país de Europa.

En cualquier momento, digamos mil quinientas veces en un mismo día, podríamos vernos impedidos de seguir…Un sol de 45-55 grados, la deshidratación, víboras, escorpiones, arañas, monstruos de gila, la brújula que se descompuso (sin saber leer en las sombras o desconocer la dirección de los vientos),y un meteorito que te cae en la cabeza en tanto caminas o aplasta su tienda mientras duermes.

Que los dioses tiren sus dados, nosotros hacemos lo nuestro
En el desierto de Samalayuca, estado de Chihuahua, México.
(Izquierda Armando A.A. y Luis Burgos Peraita).
Las sombras de la mañana se proyectan hacia oeste. Nuestra meta está en el  norte. ¡Vamos en la dirección correcta!
Por si lo ignoras, en el norte de México caen meteoritos. Aerolitos, les dicen, ”piedras voladoras”,  que viene de los “rincones” del universo. Para los escépticos hay tantas probabilidades de que no te caiga encima un meteorito como que nunca un pájaro al vuelo defeque sobre tu cabeza…Al menos tres veces en mi vida los pájaros han enviado su “mensaje”, que cae en la taza de mi café, en el atardecer, a la puerta de mi tienda de campaña, en el vivac sobre las montañas.

Lo absurdo está cerca de nosotros,  lo dice Arquíloco:

“No hay cosa alguna de que el hombre pueda
desesperar, ni que no sea factible.
Ni nada hay   admirable e increíble.”

¿Por qué se ha metido en este hábitat tan irracional que no es el suyo?

Por ese resorte que le hace escalar montañas y se llama antropocentrismo. O quizá idealismo o soñador romanticismo. O si se quiere realismo.  Los que padecemos de claustrofobia buscamos los horizontes abiertos, ventilados, lejos del gimnasio.

Una manera disfrazada  de quemar mil calorías que ayudarán con los triglicéridos, la obesidad y el colesterol malo.

¿Quieres un justificante de ese irrazonable? México es el país número uno en el planeta en gordos y obesos y diabéticos. ¡Camine, camine!  Dicen los médicos? Suba escaleras de peldaños, no eléctricas!

Caminando nos damos cuenta que tenemos dos piernas, porque estamos conscientes de ello hasta que ya sólo tenemos una... 
"todo consejo para "hallar el camino de la vida" es en aquella otra cumbre"
Diario El País, España, 26/Sep./2015

Un único consuelo anima a la paranoia del que cruza desiertos, para  pensar que puede salir de la travesía: ha podido sobrevivir a un peligro mayor: de ser atropellado al cruzar  las calles de la ciudad.

Esta otra “maravillosa y fea” antinomia que se llama no ciudad, sino megalópolis, con N millones de habitantes y N millones de automóviles, hace recordar, a cada cruce de semáforo, estas palabras de Ortega:

“La vida está constantemente en la inmediata inminencia de quedar aniquilada.” (Ortega y Gasset, En torno a Galileo)

En efecto, ir por el desierto es vivir la otra antinomia de estar dentro de una de las bellezas de la naturaleza, cielo y arena, como pocas puede ofrecer el planeta. Pero, a la vez, caminar por una superficie donde hasta la araña “violín”, de apenas  cuatro milímetros, pero con un veneno suficientemente poderoso como para matar un toro, puede interrumpir nuestra marcha…
Fauna del desierto 

Monstruo de Gila


Meternos al desierto es nuestra decisión, salir de él, ¿quién podría saberlo? Como sea, lo impórtate, dice Arquíloco, es no perder la alegría. La alegría, ese estado de ánimo positivo que es propio de la gente que gusta de subir montañas. Los del undergrownd que con su pan se lo coman, nosotros al sol, al viento y a la nieve.

Arquíloco nos alienta:

“Ni el triunfo logrado
Aplaudas en extremo alborozado.
Ni si te vez vencido,
En casa reclinado des al lloro
El ánimo afligido;
Y alegre, con decoro
De los que dignos son, aumenta el coro.”

Con el máximo cuidado, haciendo nuestra parte, ahora ya metidos en el desierto todo depende, como sucedió a los troyanos, de cómo los dioses tiren los dados.

Arquíloco
“Arquíloco (Ἀρχίλοχος en griego antiguo) (Paros, actual Grecia, 712 a. de C.-id., 664 a.C.)1 fue un poeta lírico griego arcaico originario de la isla de Paros. Fue hijo de un noble llamado Telesicles y de una esclava llamada Enipo. Poeta y mercenario, sus escritos nos han llegado de forma fragmentada, y no existe consenso respecto a las fechas exactas en las que vivió y la autoría de algunas de las obras que se le atribuyen. Su vida se desarrolla a lo largo de la primera mitad del siglo VII a. C. Nació en Paros, una pequeña isla jonia del mar Egeo, famosa por su mármol, y donde el culto a Deméter, relacionado con la poesía yámbica, era muy importante. Arquíloco, además de cantar al dios Dioniso, está ligado a la introducción de su culto en su isla. Participó en la colonización de Tasos, en busca de territorio agrícola, una localización muy próxima a las minas auríferas del litoral de Tracia.” WIKIPEDIA

 

BERGSON, MIRAR AL ARTISTA


 

El pintor nos ofrece, en el lienzo, un relato de su ser interior. Tal vez con su pincel  busca lo inteligible, lo esencial…

Para este encuentro no es necesario ir a las exposiciones de pinturas de la especulación. En el Jardín del Arte, que hay en muchos rumbos de la ciudad, de las ciudades de todo el mundo, encontramos ese relato.

El artista nos habla, pero vamos tan de prisa que no entendemos lo que nos muestra. No es artesano, está creando, es una artista. Ese volcán Popocatépetl del Dr. Atl, y ese otro Popocatépetl de Diego Rivera, son diferentes entre sí y, a la vez,  diferentes ambos  al Popocatépetl de la realidad. Son dos  idealidades.

Él pintor, por medio de sus pinceles, el escritor con palabras en el papel, el poeta comunica la estética de su yo, y el cielo habla por medio de acontecimientos.

Para conocerlos hay que parar y escuchar. Ir apresurados por la vida  no encontramos sentido real a la existencia por ningún lado, sólo lo virtual, abstracto, superficial, inasible y ajeno. Todo importante inmediato pero  perecedero.

En la pantalla pistoletazos, y coitos, sin argumento apenas que lo sustente. Y, en “vivo”, cuatro mujeres y un hombre participando en un mismo “programa”, en el canal televisivo, atropellándose la palabra con ideas, algunas valiosas, pero  siempre sin terminar, hasta que por fin una de ellas dice: “Vamos a un comercial, no le cambie”.

Schopenhauer se pregunta ¿Para qué? Y en su tiempo no había pantallas electrónicas. Es cuando Bregson nos dice que el pintor acaba de reunir, todavía sin orden, sus frascos de pintura a un lado del caballete. Parece una presencia incoherente, pero ya bajo una idea, volvió a reunir esos colores en el godet o paleta.

Por tercera vez junta esos colores pero ahora en la tela. Ahora los colores ya no son sólo colores. Son una idea. El espectador atento puede de esta manera asomarse, más que a la figura de la tela, al inconsciente del artista. El iceberg no puede ( y en este caso no quiere pues busca manifestarse), ocultarse del todo.

Treinta mil años atrás en la cueva de Altamira,
 antes de la escritura silábica, se había logrado ya la escritura ideográfica
El inconsciente  es el que movía el lápiz del rey, en Alicia a través del espejo. Conscientemente el rey quería escribir algo pero resultaba que escribía diferente.

¿El artista es la causa primera de lo que pinta? ¿O sólo mueve la mano impulsado por los siglos de cultura que le precedieron. Porque, recordemos, en la cueva de Altamira, España, ya había, hace 30 mil años, otros que también pintaban. O hacían relatos por medio de la pintura.

Tampoco es raro, entre los escritores que, como en el caso del rey,” el texto se vaya por otro lado”. O que los personajes de la novela “hagan su vida propia”.

Scott Fitzgerald tardaba en ocasiones años para escribir una novela. Sus “amigos”, como Ernest Hemingway, aseguraban que era por su afición a la bebida. Las notas del autor de El gran Gatsby dicen que escribía pero mucho de ello lo destruía porque, como en el caso del rey, no era lo que él quería decir...

Esos personajes, de lo que iba a ser originalmente un cuento, dicen que tiene muchas cosas que contar y situaciones que recordar, y se alargan tanto, en su cháchara, que resulta una novela. Originalmente Tolstoi iba a contar un baile de la aristocracia de los zares, siguió una escaramuza del ejército francés contra otros y, resultó La guerra y la paz. Una  novela que no es la historia de Napoleón en Waterloo sino el contexto social,  de una época en abstracto,  en el que los humanos se mueven.

Al boceto inicial el pintor le fue agregando y quitando áreas, elementos .Se fue expresando en los detalles. Muchos detalles no los comprendemos por separado. Cielos verdes, infernos azules, risas porque alguien tropezó y cayó.

 El artista expresó lo inefable de su ser pero no lo entenderemos, como no entendemos las notas sueltas del escritor, hasta que el pintor o el escultor o los padres o los maestros de la escuela, den por terminada su obra.

Entonces tendremos una sociedad en el pleno desarrollo de sus potencialidades creadoras o, por el contrario, una sociedad en el pleno nihilismo...

“No otra cosa es la imaginación poética sino que una completa visión de la realidad. Los personajes creados por el poeta nos dan la impresión de la vida, porque representan al poeta mismo, al poeta multiplicado, al poeta que ahonda dentro de sí mismo esforzándose  a observar internamente con toda potencia, que en lo real descubre lo virtual y vuelve a tomarlo para completar en su obra, lo que fue dejado por la Naturaleza en boceto o apenas como proyecto.”(Henry Bergson, La risa)

 
BERGSON

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.

DESCARTES, PARA NIÑOS


 

 Mundo de film es el campus global moderno en el que  sólo  se ve la superficie de las cosas y de las situaciones.

La idea, dicha por  Jean Wahl (camino del filósofo), se inspiró en la Caverna de Platón, en la que sólo se ven las sombras.

JEAN WAHL
Obra: El camino del filósofo
Veinticinco siglos después esa metáfora la ve el niño al “prender” su video Descartes para niños. Un personaje que de pronto ya no quiere ser caricatura. La caricatura anhela ser real. Pero cuando el niño apaga el video no queda nada. Todo era virtual. Sólo pantalla en blanco. Se asoma detrás de la pantalla y, ¡no hay nada! O no hay algo, para hablar con propiedad.

El niño veía que  la caricatura se movía alternativamente en círculo y en una escalera. Era la actividad de creer y de dudar. Lo primero porque cree por la fe y luego se vuelve escéptico por la razón, le explica su papá.

Lo segundo, la escalera, mediante una tabla de valores. Van de los materiales hasta las esencias. Entre menos materialistas más esencias. Y viceversa. Hay una larga lista de los que así explican esa dualidad, empezando por Platón, San Agustín, Santa Teresa de Ávila, Leibniz, Kant, Spinoza, Max Scheler, Ortega y Gasset…

Descartes llega a dudar que sea realidad lo que damos por hecho. Pero aunque se debate en el plano del antropocéntrico, el hombre se pregunta, entre todo esto, ¿Dónde quedó Dios?

Descartes se da cuenta que está metido, hasta el cuello, en el círculo vicioso, o tal vez luminoso, de creer y dudar. No hay fe más fuerte que la fe que duda, había dicho San Agustín muchos siglos atrás. Descartes es como un San Agustín de los nuevos tiempos. Sólo que San Agustín se decidió finalmente por los altares. Descartes, en cambio, está colgado de las nubes pero atado a la tierra por medio de  la razón.

-No le digas esas cosas al niño, lo vas a hacer bolas. Está muy chico.

- ¿Entonces cuando? ¿Prefieres que la televisión lo haga bolas? ¿Sabes que Mozart a los cinco años…? Ganemos al niño para la filosofía, antes que la dictadura de los medios nos lo gane. Si en el kindergarten o guardería les enseñan las letras y los números desde los tres años de edad ¿por qué no filosofía? Además no son cosas que desconozca aun  a esta temprana edad. Su “disco duro” ya trae información al nacer.

-Por esa convicción-siguió diciendo el padre al niño-, seguida de la duda, W. Weischedel anota que “a pesar de todo ello, Descartes es el principal  simulador de la filosofía posterior, tanto en sus bosquejos metafísicos como en sus tendencias ilustracioncitas, en sus pensamientos creyentes como en su desesperación nihilista. Así, se presenta a nuestros ojos de manera singular, entre dos luces.”(Los filósofos entre bambalinas)

Ortega y Gasset dice que Descartes es la figura con mayor evidencia que representa los caracteres esenciales de esa época de la filosofía, al filo de la Edad Media: “Pocas veces un innovador lo ha sido tan decisiva y plenamente; quiero decir, que haya dado su innovación en forma más madura consciente de sí misma, en formulación ya perfecta.”
ORTEGA Y GASSET
Obra: El torno a Galileo

Que un pensador como Ortega lo diga, hay que creerlo. Y anota en seguida, de dar la fecha en que Descartes cumplía treinta años de edad (1,626), como una referencia histórica en la filosofía para el futuro y para el pretérito: “punto de partida para fijar a uno y a otro lado las demás…Cuando muere Descartes, puede decirse  que está hecha la nueva casa, el edificio de cultura según el nuevo modo,” (En torno a Galileo)

Una voz hacía decir a la caricatura que Descartes quiso descubrir la verdad por medio de las matemáticas. Estudió en La Fléche, escuela de los jesuitas en Francia, pero ahora quiere prescindir de la Tradición. Propone que cualquier descubrimiento debe repetirse varias veces para evitar el error.

A semejanza de San Agustín, Descartes dudaba para buscar la certeza. Tenía un escepticismo positivo.

Igual que Platón, seguía diciendo la voz detrás de la caricatura, que Shakespeare, Nezahualcóyotl, Calderón, Descartes se apoyó en los sueños para tener la certeza de existir cuando estaba despierto.

Enseguida llegaba a la conclusión que el hecho de estar pensando estas cosas le daba certeza que existía el que pensaba.

La caricatura hacía un juego de palabras  al preguntar si el que no piensa  existe o existe aunque no piense.

El caso es que si está seguro de que existe, también es seguro que ustedes existen y también existe lo que llamamos “mundo”. Pero todo esto de mi yo, de mi “tú, del “ustedes”, es finito.

Y si hay un finito también hay un infinito. Porque si no hay un infinito, tampoco hay un  finito. Volveríamos al punto de partida. Pero si hay una causa que nos produce entonces hay la seguridad en que esa misma causa nos conservará más allá del mundo finito.

¿Cómo fue que la materia ejecutó un brinco para tener conciencia de su existencia? Necesario seguir preguntando porque parece un cuento chino eso de la célula primordial.

Considerando el asunto de los sueños, de naturaleza ingrávida, Descartes pensó que nuestro cuerpo ocupa el espacio y el tiempo pero, como el caso de los sueños, lo que nos anima, el alma está fuera de la fenomenología.

Algunas cosas  que decía la caricatura para el niño eran, efectivamente, familiares. Hay ideas claras y distintas, preconcebidas, que vemos en nuestros niños, sin tener experiencia previa de ello. Lo dice Jean Wahl, estudiando a Descartes, que nunca vienen de la simple observancia del mundo sino que son innatas. Pero no que hayan nacido con el niño pero sí al modo como lo expresa Carl Jung con su inconsciente colectivo.

Wahl: “No quiere decir para Descartes que están completamente presentes en el espíritu del hombre en el momento de su nacimiento, sino que hay predisposiciones a pensar tales ideas como ciertas enfermedades están presentes en determinadas personas en virtud de la predisposición de ciertas familias para ellas.”

El niño oye a la mamá que le dice: “Apaga esa video y ven a comer”. Y en tanto el niño se lava las manos, la mujer le dice a su marido. ”Y después de comer vamos de compras”.

El marido, que estaba leyendo algo de M. J. Albert, en el diario El País, de España, sobre lo que dijo José Mujica, expresidente de Uruguay, quiso hace una broma a su mujer y leyó: “No vinimos al mundo sólo a trabajar y comprar.”

Pero se dio cuenta que su mujer no estaba para bromas. Tenía el duro rostro del realismo. En esta sociedad no somos como somos sino como la sociedad quiere que seamos. ¡Compro, luego existo!

Un último intento:

- ¿Y la verdad?

-¡No empieces con esas cosas! Te vas a seguir con el tiempo, el espacio, la dialéctica, la libertad, el devenir, que las cosas no son lo que parecen y que el espíritu humano es según si eres flaco o gordo o chaparro. Mejor baja la voz, no sea que los vecinos te reporten a la Secretaría de Sanidad Pública.

DESCARTES
 “René Descartes1 (La Haye, Turena francesa, 31 de marzo de 1596 - Estocolmo, Suecia, 11 de febrero de 1650), también llamado Renatus Cartesius, fue un filósofo, matemático y físico francés, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, así como uno de los nombres más destacados de la revolución científica.”Wikipedia.

DEL LIBRO SEGUNDO DE SEVERINO BOECIO


 

La filosofía es una guía en el camino de la vida, y también puede ayudar cuando ese camino se ha perdido.

 Así le pasó a Boecio.

Poderosos malandrines se coordinaron para culpar a Boecio de algo que no había hecho. La honradez y eficacia conque Boecio se desempeñaba, aun siendo muy joven, en sus altos cargos junto al rey Teodorico, suscitó la envidia de los otros que no pararon hasta enviarlo al cadalso.

En nuestra vida todos encontramos a esos “otros”.

Procedía de una  familia cuyos miembros ocuparon, en la Roma del siglo quinto, los más altos cargos, entre los que se  cuentan tres reyes y dos papas, el segundo de estos fue San Gregorio Magno.

Ese mundo suyo, tan increíble de poder terrenal y también en el terreno intelectual, en el que él mismo se había desempeñado con tanto éxito, pero ahora ya recluido en su celda y a punto de ser enviado a la horca, le hizo pensar vivamente en los altibajos con los que podemos encontrarnos en la vida.

Tremendamente abatido en su estado de ánimo, como podemos imaginar, encontró consolación en la filosofía. Con la que desde joven se había familiarizado. Inventó, o tal vez, en el intenso estado febril por la proximidad de su muerte, se le concedió ver realmente entrar en su celda a la Filosofía en forma de mujer de la que escuchó reflexiones que tuvieron el poder de consolarlo.

Los mortales del común, sobre todo si vemos mucha televisión, no podemos creer esto pero, recuérdese que  Dante   también en forma de  mujer  pudo ver a la Teología.

Escribió Boecio reflexiones que tal vez al trabajador del salario mínimo de nuestro siglo, ajeno al poder y al dinero, no le digan más que lugares comunes, como sacados de un libro de autoayuda.

Pero es el caso que este día, del mes de septiembre, del año 2015, miles de individuos, hombres y mujeres,  están siendo elevados a los más altos cargos de dirección en sus respectivos países. Al tiempo que otros miles también, están dejando sus cargos, por las buenas o por las malas.

 Lejos ya de los sugestivos presupuestos, institucionales o empresariales,  de los halagos de los mil “amigos” y del estatus social  que ha sufrido un despiadado  coscorrón. Creemos que estos son los que apreciarán la filosofía de Boecio en toda su intensidad.

 Al que podemos imaginar como un Sinhué verdadero. Es posible que Milka Waltari se haya inspirado en la vida de  Boecio para escribir se bella novela.

Tal vez parecerá  increíble que Boecio se pusiera a escribir  su filosofía a punto de ser ahorcado. Recordamos a Werner Jaeger que escribió, en un año, sentenciado ya de muerte por el mal que padecía, un bello libro de filosofía que publicó el Fondo de Cultura Económica, México,  en 1974, titulado El cristianismo primitivo y  Paideia griega.

Pensaba agregarlo  a su monumental obra de la cultura griega, algo así como un capítulo que él creía le hacía falta a su Paideia.  El brazo, la mano, el cuerpo todo, ya a punto de desfallecer, seguía moviéndose por su enorme voluntad. Igual pasó con Federico Schiller. Así debió suceder con Boecio.

En el capítulo segundo, o segundo libro, de su obra  La consolación de la filosofía, Boecio dice que la sociedad que encontramos al nacer está hecha de tal manera que es la que nos va a llevar para allá o para acá: “Si por casos navegas no irías a donde quisieras, más a donde te echen los vientos.”

La otra es que si decidimos entrar en el juego, hay que seguir las reglas del juego. Ni el soberano del imperio más poderoso del planeta escapa a esa regla: “Este es nuestro poder: siempre jugamos un juego. Una rueda presurosa volvemos al derredor. Abatimos lo subido, subimos lo desechado. Sube en ella, si quieres; más con esta condición: que si las ordenaciones de nuestro juego mandaren que desciendas, no te afrentes.”

Y para los especiales que sienten que la Fortuna es su comadre, les recomienda que mejor consulten con la almohada. “…ten corazón, no desmayes, y pues vives en el mundo, que es reino común a todos, no quieras privilegiarte.”

Llegamos al mundo como una página en blanco donde se pueden escribir los más bellos poemas y las más didácticas novelas. Pero pronto nos damos cuenta que todos corren ya en la pista de los mil carriles y la meta es la filosofía del bien estar económico.

La Filosofía consuela a Boecio en su último día.
Hay que formar parte del reducido  grupo de los vencedores que primero llegará a la meta. En la brega por adelantar a otros nos olvidamos, si es que alguna vez estuvimos conscientes de ello, que hay otra meta, y es la que nos va  a permitir por las noches, sin necesidad de somníferos,  sueños apacibles:

“…digan mortales, la felicidad que está metida dentro de ustedes, ¿por qué la buscan fuera.”

Aquí Boecio va a coincidir con Jean Wahl, filósofo marsellés del siglo veinte, cuando éste dice: “…es nuestra presencia necesaria para que aparezcan las cualidades, y una vez más vemos que lo que hace posible la causalidad es el encuentro de los mundos externo e interno, de los cuales el externo es el mundo de las cantidades, pero un mundo que se reviste de las cualidades en el interno.”

Para los atletas que este día van a correr en el Maratón de la filosofía del bienestar económico, les invita a que mejor corran en el otro Maratón, en el de los sueños felices:

“No podrá ser sumo bien lo que se puede quitar, porque le tiene ventaja lo que no  puede tirarse. Luego queda manifiesto que los bienes transitorios no dan bienaventuranza.”

William James, filósofo moderno norteamericano, se refiere a  esos dos modos de pensar de manera suscita: “La opinión opuesta al misticismo, en filosofía, se llama racionalismo”

Esta reticencia de Boecio, a la filosofía del bienestar económico, como única meta en la vida,se repite a lo  largo de su obra. Tiene el fundamento en que ese bienestar material se adquiere en la medida que se aleja de la solidaridad:

 “Y si uno poseyese todo el dinero del mundo, todos los otros que viven tendrían pobreza de ello.”

 
Boecio

“Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio (en latín: Anicius Manlius Severinus Boëthius) (Roma, c. 480 – Pavía, 524/525) fue un filósofo romano. Provenía de una importante y antigua familia romana, la gens Anicia, que dio dos emperadores y tres Papas. Fue hijo de Flavio Manlio Boecio. Empezó estudios de retórica y filosofía, conocimientos que amplió en Atenas. Se casó con Rusticiana, hija del senador Símaco (senador y cónsul en el año 485).Wikipedia

 

 

SCHOPENHAUER, LO DIFICIL DE LA FILOSOFÍA


 

Leer filosofía es una cosa rara. No porque sean difíciles su lectura y comprensión. Es porque sus postulados, como los de la religión, hay que ponerlos en práctica.

Para qué estudiar chino si no lo voy a hablar.

La cultura del bienestar económico de nuestro siglo no compagina con la teoría filosófica, menos con su práctica.

Ya no hay rincones tranquilos para filosofar, sólo grandes espacios para bailes con música estridentes. Tanto que los grandes vidrios de las ventanas de casas, situadas a cinco kilómetros de distancia del “concierto”, no se salvan de vibrar. Todo por escapar del ocio.

Para muchos el ocio es sinónimo de aburrirse y haraganear. El ocio al que Schopenhauer se refiere es la oportunidad de oro para bregar en la cultura:

“Entre más ocio y cultura intelectual, y de otra parte más lujo y bienestar, es característico el elegir por regla general lo último, prefiriendo el champagne al ocio.”

Irónico lugar ocupan estos pensadores en la sociedad. Tradicionalmente, desde los emperadores romanos, los filósofos han sido perseguidos como a perros del mal por las clases dirigentes. Y las grandes masas de la población, por su parte, simplemente los ignoran.

Sin embargo, del siglo de la estridencia, siempre hay quien frecuente a estos pensadores. No sólo feas verdades señala la filosofía, dice Schopenhauer, cuando se refiere a la ligereza de costumbres en que la mayoría de la gente vive.

La filosofía es una guía para la vida, a través de una detenida reflexión de la misma. Para otros los filósofos Presocráticos, y otros pensadores que le siguieron, hasta nuestros días, son tan familiares como estar viendo a Stallone con su saga de Rambo.

Hay épocas en las que más se frecuenta la filosofía y otras en que menos: “ Si su vida y su actuación caen en una época en la que no puede reconocerle y apreciarle, siempre queda pareciéndose a un viajero que tiene que pernoctar en una mala posada, continuando alegremente su viaje al día siguiente.”

Al antiquísimo Platón se le lee con asiduidad, y es vigente, debido al magro pensamiento de los siglos. Esos largos siglos en los que “el cerebro es sólo un obrero al servicio del estómago.”

¿Por qué volver a consultar las obras de Platón? Por lo mismo que leemos El gran Gatsby, de FitzGerald, varias veces, y es la ligereza que corre en otras novelas.

Regresamos, una y otra vez, a ver Shane o Lo que el viento se llevó. Preferible a las toneladas de plomo que salen de pistolas y metralletas, que vemos disparar en la películas de la actualidad, sin contar apenas con argumento alguno.

Si la naturaleza hizo a Platón, observa Schopenhauer, es que puede hacer otro Platón o muchos platones. Sin embargo todo parece indicar que Ariosto tuvo razón al escribir, refiriéndose a Platón: “La naturaleza lo hizo y después rompió el molde.”

El pensamiento filosófico dice que en el mismo siglo cabemos todos. La estridencia y la práctica de pensar:

 “Tal vez pueda estar contento con su época un pensador  o poeta, si ésta le permite solamente pensar y poetizar sin ser estorbado en su rincón, satisfecho de su suerte, si encuentra ese rincón donde pueda pensar y poetizar sin importarle nada lo demás.”

SCHOPENHAUER
“Arthur Schopenhauer [  'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?•i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788 — Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”Wikipedia

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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