BERGSON, COLATERAL ALPINO


BERGSON, COLATERAL ALPINO

Endulzar una bebida es como vemos la relación de nuestra personalidad. A más azúcar que le agreguemos más nos alejamos del agua natural.

A más ruido del mundo, con el que rodeamos nuestra vida, más nos alejamos de nuestra interioridad.

Necesarios para vivir son las cosas y los conceptos que emergen desde el yo profundo. Pero con tanto ruido dónde quedó ese yo profundo.

Un ascenso gradual, consciente, a partir de la niñez. Pero sucede que nos llenamos tanto de ese exterior que después se dificulta volver a nuestra interioridad.

 Como el bebedor que pasa la raya y deja de ser él para pertenecer a la cofradía de los servidores del dios Ome Tochtli, para los mexicanos, y Baco, en Occidente...

“En esta región superficial nuestras impresiones ya no son enteramente nuestras, ya guardan algo de la exterioridad y de la magnitud  que poseen las cosas que las han causado.”

No están ausentes los ratos de reflexión y reacción contra esa superficialidad: “Pero estas visiones inmediatas de la conciencia son raras porque el hombre se inclina naturalmente más a vivir que a contemplar, más a pensar la materia para dominarla y utilizarla  que a pensarse  así mismo para conocerse desinteresadamente.”

Ese contemplar, más que a pensar  en las cosas y en conceptos, es casi imposible para el habitante de la ciudad, tan llena de ruido y de prisa por llegar a la oficina o a la fábrica. Y más tarde deberá rehacer la convivencia familiar y acaso social con los amigos.

El tiempo frente al televisor es un entretenido modo de sustraerse al acelerado ritmo de esa actividad inmediata. Ver anuncios comerciales, y el resto de violencia social, en la pantalla, no es la mejor solución pero al menos es el modo de la irrealidad virtual que ayuda a  llenar el día.

Es también otro modo de continuar en ese exterior, muy lejos de la contemplación para el conocimiento de la interioridad natural.

Frecuentar a la naturaleza con disciplina rutinaria. Lo comparable a esa rutina, en nuestros tiempos, es el montañismo como deporte. Ir a la soledad lejos de los reflectores del deporte comercial. Y de las cada vez más frecuentes contingencias ambientales por los mortales grados imecas de la ciudad.


Dibujo tomado de libro Técnica Alpina de Manuel Sánchez.
Editado por la Dirección General de Actividades Deportivas de la
Universidad Nacional Autónoma de México, 1978.
 El montañismo tiene metas definidas tales como llegar a la cumbre, escalar tal pared o realizar la travesía por bosques, cañadas y glaciares.

Pero una vez ahí  el ambiente  natural lo envuelve y lo hace pensar otra vez en las cuestiones básicas de la vida, contemplación o reflexión sobre su vida, que en la ciudad le parecía una cuestión meramente colateral, ahora cobra importancia legitima.

Andaba tan a la carrera que hasta olvidó  hacer ejercicio físico   necesario, rutinario, para conservar el buen estado del cuerpo. El alma, la mónada,  esa criatura de la que tanto hablan los filósofos y los teólogos, menos le importó. ¡Ésta ni siquiera se ve, como el cuerpo físico! Si a éste no le hizo mucho caso, a aquella menos.

Las jornadas en la montaña son más de permanencia en un sitio, dentro de la tienda, que de actividad. Es necesario preparar el vivac antes que llegué la noche. Así es como el individuo se autorecluye, se autoencuentra, por  así decirlo, consigo mismo, al menos por doce horas en lo que trascurre esa noche.

Y empieza a pensar, pero ahora lejos de la cháchara, ruido y de la prisa de la ciudad. Como el pintor que debe alejarse del lienzo para poder apreciar el conjunto de los trazos sobre la tela o el muro.

El montañista es hombre de la modernidad que necesita pagar la renta de su departamento, buscar ascender en el escalafón del lugar donde trabaja y, de ser posible, incrementar su cuenta en el banco.

Al regreso de la montaña ya se puso en claro, como dice Manuel García Morente, qué son las cosas útiles para el modo de ser en la ciudad.

Pero para volver a encontrarse consigo mismo, y con esas cosas sencillas y fundamentales de la naturaleza, necesita agarrar otra vez su mochila. Colgársela al hombro y volver a caminar entre los árboles. En esos bosques donde los imecas nos permiten respirar a pleno pulmón.

O en la travesía del desierto donde sus belleza de 45 grados de temperatura promedio, hace volver a la “realidad verdadera” con suma celeridad.

Bergson lo dice así en su obra Introducción a la metafísica:

“Generalmente vivimos de ese acarreo social. Pero a medida que vamos penetrando en estancias más retiradas del castillo interior, vamos siendo más nosotros mismos, vamos distinguiéndonos más del común y acercándonos a lo incomparable, es decir a lo inefable y a lo indefinible de nuestra propia personalidad. En lo más hondo de ella somos lo que realmente somos…”

Bergson
“Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.” WIKIPEDIA

 

 

 

SCHOPENHAUER, BUSCANDO A MORGANA


 

-Tiene 185 millones de años-dijo el geólogo-, vivió en el Jurásico.

-¿De veras? ¡No lo imaginaba!

Hasta ahora creí que la amonita, empotrada en la pared de la sala de mi casa,  eran sólo costillas de animal que se hicieron duras. No el testimonio de un mundo pretérito “fantástico” que precedió al nuestro. Veía la curiosa figura, no a aquel mundo ido.

Como el que compra libros para adornar su sala, pero ignora su inmensurable  contenido. O como el que se casa con  una mujer  para embellecer  su casa sin importarle sus sentimientos.

Acudimos al museo de arte, observa Schopenhauer, a ver el marco de madera de la Gioconda, no el mundo en el que vivió la mujer que  le provocó tan singular sonrisa.


Adquirida para pisapapeles sobre el escritorio
¿Para qué otra cosa podría servir?
El invierno pasado leí el libro de Scott Donaldson que habla ampliamente del “pleito intelectual” que se traían Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway. Abundantes referencias de las novelas Suave es la noche, del primero,  y Fiesta, del segundo. Pero no había leído ninguna de las dos, adquiridas desde hacía años y ahora estaban por ahí llenas de polvo. Lo que me interesaba más era el pleito de los dos escritores, no tanto  sus novelas.

“A lo inmediato nos avocamos- escribe Schopenhauer-, no a la esencia.”

Cuántos nos persignamos ante la cruz pero ignoramos la esencia del catolicismo. O aprendemos de memoria la Biblia, para perorar, pero sin ir más allá de la letra. Cuando escuchamos la  explicación del guía, de la zona arqueológica de   Teotihuacán, exclamamos incrédulos, como yo respecto de la antigüedad de la amonita: ¿De veras?

Lo que sigue es de Schopenhauer, de su libro En torno a la filosofía:

“Los hombres reverencian con gusto algo; pero su adoración se para casi siempre ante puertas falsas, y la posteridad rectifica. Millares de cristianos adoran las reliquias de un santo cuya vida y doctrina ignoran; millares de budistas reverencian el dalada (el diente sagrado),o el dhatu (reliquia), o la santa patra (puchero)o la huella petrificada del pie de Buda, o el santo árbol que éste sembró; así se mira con reverencia la casa de Petrarca en Arqua, la supuesta cárcel de Tasso en Ferrara, la casa de Shakespeare en Stratford, con su silla; la casa de Goethe en Weimar, con el mobiliario, el viejo sombrero de Kant, con sus respectivos autógrafos reverenciosamente mirados por hombres que nunca han leído sus libros…Confirman la verdad que a los hombres no interesa la forma, o sea, la representación, sino la materia: son materialistas. Pero aquellos que no estudian los pensamientos de un filósofo, sino que quieren enterarse de su vida, se asemejan a los que admiran el marco y no el cuadro, admiran el valor del dorado y el gusto de la talla...”

Melanie, la muchacha de la película norteamericana  Matchmaker (o Santa casamentero) lo dice en pocas palabras:

“¿Cuándo perdió el mundo la imaginación?”

Schopenhauer


Arthur Schopenhauer (Danzig, 22 de febrero de 1788Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta. En su obra tardía, a partir de 1836, presenta su filosofía en abierta polémica contra los desarrollos metafísicos postkantianos de sus contemporáneos, y especialmente contra Hegel, lo que contribuyó en no escasa medida a la consideración de su pensamiento como una filosofía «antihegeliana».





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CICERÓN, MASCARAS


 

Actuaba bajo máscaras la gran actriz de una novela de W.S. Maugham, hasta que se olvidó, en la vida real,  quién era ella.

Ser del interior y no actuar como el exterior, propone Cicerón en su obra Los oficios.

Actuamos, no todos pero sí muchos, no como naturalmente somos sino según nos convenga o según nos digan. Esto lo escribió el senador romano hace veinte siglos, cuando sólo había unos cuantos millones de humanos, por  ahí desperdigados en los cinco continentes, y las comunicaciones eran más bien de boca a boca, como se dice, y escasísimos libros, o rollos

En el siglo veintiuno, cuando nos encontramos  tan apretujados  en el planeta los seis mil millones, como si fuéramos en el “metro”, la información de todo género que nos llega es inmensurable. Televisión, radio, periódicos, revistas, libros, twitters, charlas de pasillo, de café y de cantina, etc.

 De pronto me doy cuenta que estoy hablando como el programa televisivo que vi la noche anterior o como el periódico que leí o reproduciendo alguna idea que “pesqué” mientras  “subía el ascensor”. ¿Y yo? Es decir, ¿mi yo?

Parece perdido entre tanta información. Ya no hablo como yo sino que hablo como los otros.

De ahí que las apreciaciones de Cicerón son más frescas  que cuando las escribió. Sus ideas en este tema  son como la materia prima (que en realidad ya venían desde los presocráticos) que después pensadores, de primer línea, han desarrollado más acá ampliamente.

Luego de los presocráticos algunos pensadores romanos nos legaron valiosos  trabajos más extensos y detenidos de aquellas sintéticas  pero fundamentales  ideas. Cicerón es uno de ellos. Coincidiendo o chocando entre ellos, todo se fue enriqueciendo. No empobreciendo. La idea de Cicerón es que el dialogo (de boca o de libros o de medios) enriquezca, no que envilezca.

No sólo los luchadores llevan máscaras.
Leibniz habla de las ideas innatas y de las adquiridas. En Nuevo Tratado sobre el entendimiento humano (Libro Segundo, Capítulo X) este filósofo del siglo diecisiete se refiere a esas ideas. Habla de “ideas bien aplicadas. “Se refiere poder discernir lo nuestro interior de lo exterior. Evitar hacer como el personaje de Maugham.

En otras palabras evitar la revoltura disolvente y no perder de vista la mezcla enriquecedora. “Retenemos también, y contemplamos, los conocimientos innatos, y con frecuencia no podríamos distinguir lo innato  de lo adquirido.”

Considerado el asunto más allá de nuestra aldea, en el planeta siempre hay migraciones e inmigraciones de pueblos, masas de gentes que de manera legal o ilegal se desplazan de un país a otro o bien de manera transcontinental.

Llevan consigo un aporte enriquecedor de ideas expresadas en otros idiomas y costumbres. Cargan consigo no sólo su mochila con sus trapos y sus mendrugos de pan, sino sus ideas innatas. Se trata que pueden proyectar un eclecticismo enriquecedor. Como correr hacia home sin perder la seguridad de la tercera base.

El problema es cuando ese aporte se mezcla tanto que se pierde de vista lo original del lugar al que llegan. Es el eclecticismo disolvente. Como el corredor  que quedó atrapado entre la primera base y la segunda…Sin una y sin la otra. Como la actriz de Maugham...

 John Locke va directo al grano en su Ensayo sobre el gobierno civil: “Pero aunque este sea un estado de libertad, no lo es de licencia.”

Ser del interior y no actuar como el exterior, insiste Cicerón.

 Sin el dialogo enriquecedor Tomas de Aquino jamás  hubiera entablado contacto con Aristóteles. Ni Emerson hubiera viajado, en varias ocasiones, a Europa, para conocer   ideas de Kant o conversar con personajes vivos como Walter Savage Landor, Thomas Carlyle, John Stuart Mill, Samuel Taylor Coleridge, William Wordsworth…

La manera de orientarse, para no perder piso entre tanta multitud, que va y viene por la avenida o por  los continentes, según Cicerón, la encontraremos muchos siglos después. Y es teniendo como sinodal a la naturaleza. Con lo que vemos que la sabiduría, o para decirlo con tono modesto, la sensatez, brinca de siglo en siglo, como un valor fuera del tiempo fenoménico. Al contrario de la cháchara callejera que, poco de ella, no se lleva el viento. Cicerón:

“El modo más seguro y fácil de guardar el decoro que buscamos es atenerse cada uno a su propio y natural carácter fuera de lo malo, y dirigir de tal manera nuestras acciones, que en nada nos empeñemos contra el orden general de la naturaleza…La cual no podrá conseguirse si por imitar las propiedades de otros dejamos de cultivar nuestro propio natural.”

Cicerón
“Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero1 (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.WIKIPEDIA

 

 

 

EMERSON, OTRA LECTURA


 

La naturaleza es el símbolo del espíritu R.W.E.

 Decir mucho, en pocas palabras, es el arte del periodismo, más que una técnica. El buen lector de periódicos sólo lee el primer párrafo, si le interesa le sigue, sino pasa la hoja.

No hay tiempo para leer un relato extenso. “Para mí 500 palabras ya es una novela” dijo Clark Gable, el veterano periodista empírico, en la película Enséñame a querer, a la rubia Doris Day, periodista de academia.

Así, de prisa en prisa, nos olvidamos  voltear a ver la naturaleza. Aprendemos leer periódicos y  libros. Ahora es necesario aprender a leer la naturaleza.

Vemos la montaña, como vemos un libro sin saber leer. En cambio con los recursos del positivismo podemos  adentrarnos gradualmente en el conocimiento fenomenológico de la naturaleza. Es cuando aparecen la paleontología, la geología, la biología, la astronomía…

La lectura que Emerson propone es la que contienen las mismas cosas más allá de su realidad. Nosotros somos los que tenemos que quitar ese velo. Pero no a la naturaleza sino a nuestros ojos. Así es como estamos, por segunda vez, ante un libro sin saber leer.

Pero ahora, de pronto, apenas me lo propongo, tengo las primicias de ese conocimiento, mediante la percepción. Percibo antes de entrar en el análisis detenido del método científico.

Aquí tenemos un misterio pero no un problema insoluble. Caminamos ya en las fronteras donde se diluye todo asidero racional.

Como cuando el escalador abandona la placa solida  del granito  y se interna por terreno erosionado. Sigue siendo la misma roca pero ya es otra realidad.Al estilo del impresionismo de Monet donde  la cosas pierden la definición que conocemos para adentrarse a otra realidad. Otra realidad de las mismas cosas. O Como si el fotógrafo hubiese descubierto algo más allá del “foco”. Necesita lente para otro "foco". Como hace el académico, con  la torreta de su microscopio, que encuentra diferentes planos de una misma cosa, según el "objetivo" que ponga. O como el modelo fractal, etc.

Jean Wahl lo dice sin metáforas: “Aun cuando la ciencia lograra un día hacernos comprender por completo el mecanismo de la percepción podemos preguntar si aclarará jamás por completo el misterio…El conocimiento está fundado en algo más profundo que el conocimiento.” (J. W. El camino del filósofo Cap. XI)

Como ver un libro sin saber leer
Nevado de Toluca (4, 373 m.s.n.m.), México
Más acá de Emerson, Bergson, nos anima a comprender el luminoso pero al parecer inasible misterio de la percepción: “Si por un esfuerzo de tensión especial, pudiéramos hacer coincidir por un instante, en un punto, la inteligencia y el instinto, tendríamos una intuición.”

“Estamos en un mundo muy peligroso si no tenemos la magia, dice Emerson, un mundo sin símbolos es árido y sin posibilidades para habitar en el progreso. Necesitamos tener idolatrías, mitologías, algún poder creador replegado y sujeto, que algunas veces arrastra a las criaturas ardientes a la insania y al crimen, si no encuentran una válvula de seguridad.”(Ensayos)

Aprender a leer en la naturaleza para estar en condiciones de abordar las cuestiones espirituales: “Todos los hechos espirituales se ven representados por símbolos…Parece que hay en el espíritu una necesidad de manifestarse en formas materiales.”

Recuerda  a la filosofía orteguiana que vendrá después cuando habla del arte. Emerson: “Sin las grandes y magníficas artes que hablan al sentido de la belleza, el hombre me parece una pobre, desnuda y temblorosa criatura.”

Un argumento para la gente pragmática por qué es necesario estar en la “naturaleza natural”. La salud del cuerpo está sobre todos los valores materiales. ¡Y es insustituible! De otra manera los ricos no morirían, sólo los pobres.

 Además es gratis, por así decirlo. Al menos en comparación con los costosísimos tratamientos, defunciones y dinero que ya no se obtuvo, de haber seguido viviendo, por ejemplo los jubilados. O los millones que no alcanzaron a jubilarse por habérselo impedido la  enfermedad.

Sin contar con lo más importante de todo cuando se ha perdido el bien estar vital, cultural. Emerson:

“¡Cómo nos deifica la naturaleza con unos pocos y baratos elementos! Dame salud y un día, y tendré por ridícula toda la pompa de los emperadores. El amanecer es mi Asiria, el ocaso y la salida de la luna es mi Páfos, y son los inimaginables reinos de hadas; la luna llena será la Inglaterra de mis sentidos y de mi inteligencia; la noche será para mí la Alemania de la filosofía y de los sueños místicos.”

Correr el velo no va depender de la naturaleza ni fenoménica ni espiritual sino del paquete de sensibilidad  que cada quien tenga para esa revelación: “La fuerza del hombre para unir su pensamiento  con el símbolo apropiado y manifestarlo así, depende de la sencillez de su carácter, o sea, de su amor a la verdad y de su deseo  de comunicar las cosas sin que pierdan nada.” Sin manipularlas.

Hay ciertas “condiciones” para poder tener acceso a lo que nos dice el libro abierto de la naturaleza al que Emerson se refiere. Es necesario disponer, al menos un mínimo, de afinidad con los valores esenciales o, si se quiere, con la estética, o belleza. Ejemplo: Judas no se sintió a gusto entre los seguidores de Jesús y Mateo no se encontró bien entre los dineros que recaudaba y siguió a Jesús:

“Una vida en armonía con la naturaleza, el amor de la verdad y de la virtud, purifica los ojos para que entiendan su texto.”

EMERSON
“Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882) fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX. “Como conferenciante y orador, Emerson –apodado «el sabio de Concord»- comenzó siendo la voz líder de la cultura intelectual yanqui. Herman Melville, quien conoció a Emerson en 1849, pensó que tenía un “defecto en la región del corazón” y una “autoconciencia tan intelectualmente intensa que en un comienzo uno duda de llamarla por su nombre”, y más tarde admitiría que Emerson era “un gran hombre”. Theodore Parker, un ministro y trascendentalista, notó su habilidad para influenciar e inspirar a los demás: El trabajo de Emerson no solo influenció a sus contemporáneos como Whitman y Thoreau, sino que continuaría influenciando pensadores y escritores en los Estados Unidos y en todo el mundo hasta el momento. Nietzsche y William James reconocieron la influencia del «Sabio de Concord». También en Henri Bergson, cuyo élan vital es una transcripción literal de lo que él llamó “vital force”.WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ARISTÓFANES, LOS CABALLEROS, comedia


 

Cleon (Paflagonio en la comedia) era el líder máximo en Atenas del tiempo de Aristófanes. Demóstenes y Licias, ambos generales. Los tres desempeñaron un papel importante en la batalla  contra Mesenia en un lugar llamado Pilos. Vencedores en esta ocasión contra los espartanos, Cleon ve incrementado su prestigio como líder.

Sin embargo Aristófanes tiene cierta enemistad con Cleon y lo ridiculiza abiertamente en su obra de teatro Los caballeros.

Es, a grandes rasgos, el contexto histórico de algo que sucedió hace veinticinco siglos. Sin embargo Los caballeros es un tema siempre vigente porque  el desempeño de estos personajes, sublimados en la comedia por Aristófanes, dicen cosas que no son nada extrañas sin importar la época ni el continente.

Por lo anterior no debe entenderse que Aristófanes la tira contra el Estado, todo lo contrario. Aspira elevar la conducta de los gobernantes y del pueblo mismo. Considera que la cultura de Atenas puede incrementar todavía más los valores tanto prácticos como los valores esenciales. Los de la vida diaria y los de la cultura.

Tiene grandes pensadores originales que pueden realizarlo.

"Cosa" que no abunda en el planeta, a juzgar por las condiciones en que viven esos pueblos.

Para lograrlo es necesario hacerles ver a ambos, gobierno y pueblo, lo superficial que anida en todos lados. Subiendo el nivel cultural general el estado será más fuerte. Werner Jaeger en su Paideia escribe: “No es para Aristófanes una lucha contra el estado sino por el estado contra los que detentan el poder. La creación de una comedia no constituía acto político organizado alguno, y el poeta no tenía muchos deseos de ayudar  a nadie a encaramarse  al poder.”

Las duras y abundantes críticas, que forman el cuerpo de Los caballeros, como las veremos enseguida, no corresponden a un afán anarquizante contra el Estado sino a una intención de catarsis.

 Jaeger agrega: “Aristófanes no es un reaccionario dogmático y rígido. Pero el sentimiento de hallarse arrastrado por la corriente del tiempo y de ver desaparecer  todo lo valioso del pasado, antes de verlo reemplazado por algo nuevo, igualmente valioso…”

Ya en  la escena dos personajes tratan de ganarse el favor del pueblo y entran en debate frente a la audiencia.

Los caballeros son la fuerza armada, sostenida por personajes feudales muy poderosos, que harán valer la decisión que Demos, el pueblo, tome.

Demos es el que manda, es el kratos, pone y depone funcionarios pero, tiene un lado flaco, le gusta que lo halaguen. Mejor dicho, dos lados flacos, también es inocentón, no cuenta con reservas históricas frente a los oradores. El coro le dice:

“¡Demos, tú poder es bueno. Todo el mundo te venera como si fueras rey! Pero es fácil manejarte, llevándote como a un niño. ¡Te gusta que te adulen y que te hagan el tonto! Cada orador con su boca suelta te embauca.”

Como sea, Demos es el que manda y los oradores, Paflagonio  y Agorácrito, deben luchar entre ellos a través de toda la representación de esta obra de teatro, ante el público de Atenas, en el año 424 antes de Cristo.

Paflagonio es comprado como esclavo para servir en casa de Demos. De inmediato Paflagonio empieza a hacerles la vida imposible a Demóstenes y a Nicias (el público asistente al teatro sabe que se trata de Licias), otros dos sirvientes (sirvientes en la obra) de Demos. Paflagonio busca de inmediato el respaldo de Demos para seguir haciendo sus tropelías y despliega singular destreza en la manera de halagarlo.

Desesperados, Demóstenes y Nicias buscan a alguien que pueda enfrentarse a Paflagonio. Encuentran en la calle a Agorácrito, vendedor de chorizos. Éste  acepta y en adelante la obra se centrará en el duelo de halagos que ambos deben hacer para ganarse el favor de Demos. Muchos, muchos halagos. Si uno dice veinte el otro dice treinta, son puras palabras…

Paflagonio sabe cómo halagar a Demos. Le promete el cielo, La luna y las estrellas. Pero con el tiempo, su oratoria se ha vuelto tautológica, exagerada, aburridamente repetitiva. Ya no queda nada por inventar. Debe recurrir a las mismas promesas, las viejas promesas que, Demos sabe, se han quedado en promesas.

Agorácrito, en cambio, viene desde abajo y sabe qué timbres tocar para ganarle al otro. Es choricero, vende chorizos en el mercado y conoce el lado flaco de Demos. Demos tiene muchas necesidades y él sabe cuáles son. Cargará en ese punto prometiendo aliviar todo. ¡Son palabras!Además lleva una ventaja: es la primera vez que promete cosas a Demos y, en Demos queda la duda: ¿Y si éste sí cumple sus promesas?

Demóstenes da la bienvenida a Agorácrito: “¡Entra, choricero amado, ven acá, ven buen amigo. Sube y llega, que tú eres el salvador de esta ciudad!”

Agorácrito se  muestra renuente al principio porque no sabe cómo gobernar al pueblo. Él sólo sabe vender chorizos. Demóstenes le da otro empujoncito:

“Gobernar al pueblo no es de hombres instruidos, ni de buenas costumbres…”

Como ve que el choriceo sigue dudando, Demóstenes le da otros “tips”:

“Al pueblo? ¡Ese se gana con palabras azucaradas y con antojitos de cocina! Y tienes todas las dotes que se requieren para ser  un guía de pueblos. Una voz estridente  y retumbante, un nacimiento bajo y modales de callejeros.”

Demóstenes llega a dudar que Agorácrito tenga lo suficiente para gobernar. Pero ya para entonces el Agorácrito se ha interesado en el asunto y empieza a decir  las trampas que hace como vendedor de chorizos: en sus chorizos mezcla carne de perro y de burro.  Eso acaba con las dudas de Demóstenes quien  exclama convencido:

“este muchacho tiene que llegar a ser regente de la ciudad”.

En pleno debate para ganarse la voluntad de Demos, entre el malvado Paflagonio y su oponte el choricero, en un momento éste parece llevar la ventaja. El coro pone lo suyo para relanzarlo con más bríos y le dice:

“¡El favorito de la fortuna todo haz logrado! Ese bribón se ha hallado con la horma de su zapato. Eres más listo que él, más lleno de marrullerías y  más astuto. Sigue, sigue en la contienda, no decaigas en la lucha, somos todos auxiliares tuyos!”

Paflagonio sabe que empieza a perder la partida cuando oye que Demos le dice:

“¡Cállate, éste, y nada de dicterios, ni majaderías! Ha tiempo que me di cuenta de que me  estás embaucando y haciéndome tu juguete.”

Agorácrito se envalentona y, como en todo el que participa en un  debate para dirigir a la ciudad, o al país, saca su carta escondida bajo la manga y dice a Demos:

“Mientras tú te alejas y das la vuelta, él se aprovecha y hace negocio. Busca a los que pagan al fisco y los traga como se traga  el tronco de una col.Y mete sus manos a puño abierto en las cajas mismas del tesoro público.”

Agorácrito ha manejado tan bien su discurso que finalmente sale ganador del debate al oír que Demos dice  su fallo: “ Yo me entrego a Agorácrito y despacho a Paflagonio.”

[U1]  Paflagonio se retira vencido, no sin antes leerle a Demos  su horóscopo:

“…si ya no quieres que yo administre tus bienes, sábete muy bien que vendrá otro peor que yo.”

ARISTÓFANES
“Aristófanes (en griego Ἀριστοφάνης; Atenas, 444 a. C. - 385 a. C.) fue un famoso comediógrafo griego, principal exponente del  género cómico Vivió durante la Guerra del Peloponeso, época que coincide con el esplendor del imperio ateniense y su consecuente derrota a manos de Esparta. Sin embargo, también fue contemporáneo del resurgimiento de la hegemonía ateniense a comienzos del siglo IV a. C. Leyendo a Aristófanes es posible hacerse una idea de las intensas discusiones ideológicas (políticas, filosóficas, económicas y literarias) en la Atenas de aquella época. Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina filosófica. Especialmente conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en su comedia Las nubes lo presenta como un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. En el terreno artístico tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba el teatro de Eurípides como una degradación del teatro clásico. “WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






 [U1]


BERGSON, EXCURSIÓN AL VALLE OESTE DE SANGRILÁ


 

Este valle se localiza en los tres mil metros y es la puerta de entrada a un sistema de montañas de paredes y agujas   de rocas andesiticas, muy frecuentadas por los escaladores de Pachuca y La Ciudad de México.

Escaladores nuevos, escaladores expertos, escaladores veteranos. No son tres categorías, son tres revelaciones alpinas que se ofrecen a los ojos del montañista sobre una sola realidad, según la ve el individuo.

 Estamos parados exactamente en el valle donde antes nos deteníamos, cuerda al hombro, para decidir qué pared o aguja escalábamos, en grupo o en solitario.

-Todo eso es como siempre es. Nuestra inteligencia fue la que se desarrolló y captó otra realidad. La realidad exterior a nosotros. Pero el desarrollo de esa inteligencia discursiva y el conocimiento de las cosas, la muchacha, la montaña, el mundo, siguen en el siendo como antes. Como cuando éramos niños.

-Pero mucha gente no siente atracción por la montaña. Está cómoda en los grandes burgos, las ciudades llenas de semáforos.

-Es gente que tiene hábitos intelectuales, útiles para la vida. Y distanciados  del experimento intuitivo.

Dibujo sacado del libro Técnica Alpina, de Manuel Sánchez, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1978.

- Sócrates se dedicaba a despertar ese conocimiento intuitivo y sacar, como hace una partera, otros valores del individuo que ya no son nada más los valores pragmáticos.

-Los  montañistas, en cambio, sabemos por la geografía sus coordenadas, altitud, humedad, los grados imecas que circula en el viento entre los árboles, consistencia de las rocas, ¿qué tipo de rocas? Y nos decimos ¿por qué no lo conocí antes?

Otro:

-Es por lo que dice Bergson que “siempre nos parecerá no haber agotado la plenitud del saber intuitivo que tenemos en nuestro propio yo…Lo inefable, lo singular, es siempre absurdo e incomprensible”.

Otro:

-Pero sucede, al menos a sí me pasa a mí, que cada vez que vamos por estos lomos y depresiones alpinas encontramos algo nuevo, un mejor sabor. Como cuando volvemos a leer aquel libro que tanto subrayamos y volvemos a rayar y exclamamos ¡cómo no rayé esto antes!

Seguimos buscando a Morgana
Las cosas parece que se trasforman al revelarnos la ciencia sus secretos. Es el conocimiento intelectual. Pero esas cosas a la vez tienen algo que sigue perenne.

“Siguen perenne”. La belleza del mundo ya no está en el mundo sino en nuestro interior. “La inteligencia tiene un origen vital” escribió José Ortega y Gasset.

Lo sabemos por el conocimiento intuitivo. “Sigue perenne”  es un binomio, casi una antinomia, de dinamismo y  permanencia. O permanencia dinámica. Ese sigue no es devenir sino de siendo, de ser.

-El sentimiento estético-dijo otro del grupo- que experimentamos de pie en la playa, y miramos el mar, está sobre placas oceánicas, tsunamis y vientos marinos que puede haber. Como el  alpinista que  regresa una y otra vez a la montaña porque sabe que en sus laderas, paredes y aristas, habita Morgana.

Otro:

Cuando regresa al valle, es decir, al regresar al valle, va impregnado de esa belleza. Además ha dado la gran batalla al colesterol y a la báscula. ¿Qué más se puede pedir a la vida? Los escaladores positivistas pueden quedarse con esto último. ¡Que no es poco!

Nosotros nos internamos más en el gran valle. Seguimos  buscando a Morgana.

Bergson
“Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.” WIKIPEDIA

MARCO AURELIO, MODOS DE CONSIDERAR EL TIEMPO EN FILOSOFÍA


 

Hablar del tiempo da la impresión que estamos perdiendo el tiempo.

Hasta se niega que el tiempo exista. Pasando por alto que de diez individuos ocho llevamos reloj en el brazo y los otros dos lo buscan en el teléfono celular. Y aún queda gente en el campo que se guía por los amaneceres y los ocasos.

En Grecia es un dios que se llama Cronos (los del  positivismo  le llaman “héroe cultural”). En México también es un dios y su nombre es Huehueteotl. Éste se manifestó en Cuicuilco, lado norte de Ciudad Universitaria, Ciudad de México, hace varios miles de años.

Casi todos los sistemas filosóficos se ocupan de la existencia, o de la no existencia, del tiempo. Sin embargo el asunto del tiempo nos es casi ajeno como tema de conversación.

 De cien estudiantes universitarios mexicanos tal vez no lleguen a cinco los  que estén familiarizados con Cuicuilco. Y del medio millón que habita la zona cuicuilca pocos también son los que conocen el sitio arqueológico.

En otros países parece que no es distinta la situación con respecto de estar familiarizados con los temas filosóficos. Francesc de Carreras, profesor en Derecho Constitucional, en una universidad de España, escribe: “En la última reforma de la ley de Educación, la Historia de la Filosofía pasa a ser optativa y las horas de Literatura  disminuyen. Sólo con este mero hecho a los estudiantes-y a la sociedad en general- se les trasmite  la idea que estas materias no son importantes porque no sirven para abrirse paso en el mercado de trabajo.”(Diario El País, España,24/10/2015)

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría  en la vida diaria
De Fritz Redlich,1968


Max Scheler:

“La “duración” de las cosas aparece como una extraña resistencia activa, como una auto- afirmación que las cosas rinden de por sí frente al desencadenado torrente del tiempo.”(Idealismo/Realismo)

Jean Wahl:

“Los racionalistas admiten la importancia de la experiencia. Nos basta leer el Fedón para ver que siempre partimos cronológicamente de la experiencia, aunque poseemos ideas lógicamente anteriores a ella.”(El camino del filósofo)

Manuel García Morente:

“El ser de las cosas es un ser real, es decir, temporal y causal; mientras que el ser de los objetos ideales lo llamamos ideal porque no es temporal ni causal.” (Lecciones preliminares de filosofía)

 

 

San Agustín:

“Aquellos dos tiempos, el pasado y el futuro, ¿cómo son, puesto que el pasado ya no es, y el futuro no es aún? En cuanto al presente, si fuese siempre presente no pasase a pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad.” (Confesiones)

José Ortega y Gasset:

“…vivir es sentirse disparado hacia el futuro rebotamos en él como en un hermético acantilado y vamos a caer en el pasado, al cual nos agarramos hincando en él los talones para volver con él, desde él, al futuro y realizarlo. El pasado es el único arsenal  donde encontramos los medios para hacer efectivo nuestro futuro:” (En torno a Galileo)

Séneca:

“Algunos carísimos varones reciben gajes de otros, y por ellos alquilan su trabajo, su cuidado y su diligencia, pero del tiempo no hay quien haga aprecio; usan de él pródigamente, como de cosa dada gratuitamente. Enfermos dicen estar dispuestos a dar toda su hacienda por conservar la vida.”(De la brevedad de la vida):

 

Marco Aurelio:

“Todo aquello a que deseas llegar por un rodeo, puedes tenerlo desde ahora si no te lo escatimas a ti mismo, es decir si dieres de mano al pasado, remitieres el futuro a la Providencia y dirigieres sólo el presente hacia la santidad y la justicia.”(Pensamientos)

 

Kant:

“El tiempo es  solamente una condición subjetiva de nuestra (humana) intuición(la cual es siempre sensible),es decir, por cuanto somos afectados por objetos, y no es nada en sí, fuera del sujeto.” (Crítica de la razón pura)

MARCO AURELIO
“Marco Aurelio Antonino Augusto2 (apodado el Sabio) (26 de abril de 1213 – 17 de marzo de 180) nacido en Roma, fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte en 180. Fue el último de los llamados Cinco Buenos Emperadores, tercero de los emperadores de origen hispano4 y está considerado como una de las figuras más representativas de la filosofía estoica.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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