EL MARTILLO DE THOMASIUS


 


DIÁLOGOS EN LA TABERNA: “EL MARTILLO DE THOMASIUS”

 
En el fondo un grabado de Christian.


Más abajo un letrero de la casa: “A nadie se le puede pedir coherencia después de cinco tarro del cerveza”

Juan: Si en el mal hubiera algo positivo ya no sería mal. Lo positivo depende si el humano puede aprender, por contraste, o yuxtaposición, algo del espectáculo del mal.

Aquel: Ahora que lo dices, recuerdo que san Agustín tiene un trabajo pedagógico del mal.

Toci: Hay cosas malas pero son por las que te das cuenta que existen las buenas. Esto lo dice alguien en la película En busca del destino.

(Esta bella muchacha escaladora es la única del grupo que citaba sus fuentes. Los  otros o no las sabían, o no las recordaban o si lo hacían no estaban seguros. No es que quieran pasar como pensadores originales ni como plagiadores de textos, es sólo que, luego de unos tarros, no se acuerdan. Pedimos comprensión a los autores originales).

Otro: ¡Como han desaparecido todos mis años! ¿He soñado mi vida o fue verdadera?

Esto lo escribió el  tirolés Walter von der Vogelwede (1170-1230)

Yuma: Con ser casi el padre del racionalismo (Bacón abonó el terreno un poco antes), Descartes fue en peregrinación al santuario de la Virgen de Loreto. En Italia, para agradecer “al inmenso favor de haber tenido una noche del año 1619 la primera intuición de su Método.

El Alpinista: Leer en la naturaleza  tiene su lectura rápida, como leer en el periódico. Más rápida aun, y se llama intuición. Hasta ahí la semejanza. Después hay que hacer una lectura lenta, en detenimiento, en retroceso, como en un libro de filosofía, para mejor entender. O muy lenta, para  gustar lo que se tiene enfrente.

Juan: Algo así  dice Ortega y Gasset de la novela: Necesitamos una novela prolongada, porque una breve no nos sabe.

El Alpinista: Por eso cada vez que vamos por los mismos caminos, que recorrimos hace cuarenta años, encontramos cosas nuevas que ya estaban ahí cuando la primera vez.

Aquel: Como en filosofía  todos  hacen su filosofía, yo tengo la mía. Lo que en un libro de filosofía entiendo, es que está bien escrito. Lo que no entiendo  el autor no supo expresarse o él mismo no tenía claridad lo que se proponía  decir. ¡Que no me vengan con cuentos de exquisitez epistemológica!

Yuma: El estilo de escribir sigue siendo el testimonio de la persona que escribe. Antes era la letra manuscrita, tanto que era prueba, casi como ahora el ADN, de tomarse en cuenta para casos judiciales. En la actualidad la palabra que va apareciendo en la pantalla de la computadora no dice nada del que la “teclea”, pero sí el estilo, ese modo que le es por completo ajeno a la  compu.

Aquel: Nadie me preguntó si quería nacer, es decir, vivir en este mundo. Nadie, asimismo, por lo que veo, me va a preguntar si quiero morir. Si a eso le agrego la gravedad atmosférica, la ley civil suprema de este país en el que me tocó  nacer, y más de cincuenta patologías que debo evitar, mismas que fueron dichas en el Sermón de la Montaña, ¿puedo hablar de libertad?


El Alpinista: Más que fatalismo parece un terreno de juego como no podría encontrarse en ningún otro lugar del universo, al menos de la Vía Láctea. Todo escalador habrá oído que hay montañas, o lados de las montañas, que son inescalables.¡ Y sin embargo, se han escalado! Quiere decir que siempre es lícito ir más allá de lo empírico, de lo material.

"Anoche perdí unos derechos de autor aquí.
¿Alguien recuerda de qué diablos estuve hablando?

Viñeta tomada de Internet 

     

Toci

: Una de las ideas de

 

Tomás de Aquino es que “el fin de la vida humana es el logro de la felicidad; pero ésta, una felicidad propia del hombre, no la consigue uno aisladamente.”







Aquel


: La fuerza de la  

religión está en los valores esenciales que contenga y practique, no en el número de adeptos. El cristianismo empezó con  Uno… Recuerdo quién fue pero no quién lo dijo.





Otro: Cada generación inventa el hilo negro, en esto de las ideas, pero la Dialéctica “pagana”, de la que se ocupa Plotino, ya hablaba de la moral que hace nacer las buenas costumbres, así como  de las virtudes racionales que se ocupan de las cosas materiales.

Otro: ¡Salud! Veinticinco siglos de cultura occidental nos observan(a ver si nos ponemos a leer).San Agustín en el siglo tres hizo una síntesis del platonismo con la religión cristiana y en el trece santo Tomás de Aquino la hizo con Aristóteles.

Yuma: ¿Dijiste haber o a ver?

Otro: A ver

Yuma: ¡Correcto, puedes seguir diciendo salud!

Toci: Las letras son como los números, según el lugar que ocupen tienen sentidos diferentes: “Las palabras diversamente ordenadas producen diversos sentidos”, lo dijo Pascal.

Juan: “Hagamos lo que hagamos, el verano tendrá sus moscas”, es de Emerson.

Aquel: Recuerdo una   de Schopenhauer: “Es indiferente jugar al ajedrez con figuras de oro o de madera”.

El Alpinista: Cuál fue primero el huevo o la gallina, trasladado al terreno de la filosofía, es de la manera siguiente: en la montaña, como en el amor y en la guerra, la intuición pura va por delante y le sigue la inducción, con su modo de razonar (aquí viene), cuál es la consecuencia de la causa o ésta de aquella.
Primero la intuición y en seguida la inducción

Del libro Técnica Alpina
 de  Manuel Sánchez y Armando Altamira.

Aquel: Mas despacio.

El Alpinista: La ascensión a una montaña se puede medir en dificultad en relación con la capacidad psicofísica y técnica que tenga el montañista. Es como dice Kant de la existencia, o no, de los espíritus, que está "en la limitación de nuestro conocimiento. Puesto por la naturaleza a la razón humana." 

Juan: Séneca no cae en el garlito que muchos filósofos (y periodistas, historiadores y conductores de televisión) de los siglos que estaban por venir, utilizan y es una actitud conductista. Dirigir conductas. Séneca se concreta al más puro ejercicio de la filosofía que es observar y consignar la vida. No interpreta los hechos según la “línea” de la redacción del diario.

Toci: F.Copleston es de semejante opinión, dice : "La labor del filósofo consiste en entender la realidad y en hacer que los demás la entiendan y no en construir o sugerir significados por medio de imágenes poéticas."
(Historia de la filosofía, Vol. 3 Cap. XVI).

Otro: Ni el sacerdote ni el psiquiatra "meten" miedo, sólo lo ponen sobre el tapete para "normalizarlo", como el médico hace con el colesterol.

Aquel: Para hablar así necesitas no necesitar de nadie. Ser por completo independiente, al estilo de Séneca o Schopenhauer, o de algún personaje de Enrique Jardiel Poncela que se muere su abuelita y le deja una herencia suficiente.

Toci: Scheler y el dicho callejero “cada cabeza es un mundo” corresponde a que cada quien ve la vida a su modo, según él es. Max Scheler lo dice de esta manera: “La verdad metafísica o la verdad misma, debe tener un contenido diverso para cada persona, a  causa de que el contenido del ser mismo del mundo es distinto para cada persona”. Está en su Ética.

Otro: Hay individuos muy cuidadosos que llevan su coche al servicio cada cuatro meses. Pero ellos, para ellos, no van nunca al médico.

Juan: De lo que estabas diciendo el que no escribe con claridad en filosofía, y sí rebuscado, dice Schopenhauer, está exhibiendo que no las tiene todas consigo (pensaba en Hegel) del tema que está tratando, o bien, que su modo de escribir no puede seguir la claridad de su pensamiento. Por eso Aristóteles trata estas cuestiones “sin grandes desenvolvimientos”. Agrega, para el caso que el punto sea dificultosos de explicar, recurrir a las analogías. Aristóteles mismo gustó o necesito echar mano de las analogías.

Aquel: Ortega y Gasset dijo que un elemento presente, en todos los tiempos, es precisamente el fluir del tiempo, el cambio.

Toci: De Ortega está la idea que preguntes a un artista plástico sobre su obra y casi siempre parecerá un individuo muy limitado. Pero ve su obra y parecería imposible que él la haya realizado. Su lenguaje de expresión era el cincel o el pincel, no la palabra. Sucede parecido con los que se expresan escribiendo.

Yuma: Estudiando a  Kant, Copleston parece haber encontrado la manera de escabullirse del determinismo que insinúa Aquel. Dice "Que el hombre pertenece al orden o esfera sensible es cosa evidente. O sea, es evidente que pertenece a la clase de los seres físicos orgánicos. Y como tal, el hombre está sometido a las leyes de la causalidad determinada. Pero su vida moral manifiesta su libertad; y, en cuanto libre, el hombre pertenece al orden nouménico, o esfera nouménica. El hombre, que es un ser del mundo es al mismo tiempo un ser que posee libertad, propiedad que se encuentra fuera de los principios causales del mundo, pero que, sin embargo, pertenece al hombre. Y poseer libertad es poseer  espíritu. Hay pues un ser por encima del mundo, a saber, el espíritu del hombre, Más ser libre en virtud de un principio espiritual es ser una persona. El ser corpóreo vivo es animado. Si es una persona, es un ser humano. El hombre es persona en cuanto es un ser libre, autoconsciente, moral."
 

 

 

 

 

 

 

 

 

MONTAIGNE APRENDE DEL CAOS


 

“Mi naturaleza es tal  que mejor me instruye por  oposición que por  semejanza”

M. de M.  Ensayos escogidos

7,2 mil millones de personas habitamos este planeta en el primer tercio del siglo veintiuno.

Las iglesias no tienen suficientes templos para orar y meditar ni la Secretaria de Educación Pública aulas para enseñar.

¿Escuelas e iglesias? Estos lugares de educación, ya sea la académica,  como la  religiosa, están vacías. Se ven frecuentadas pero en relación a la población mundial  la mayoría, cabe decir, la gran mayoría, se encuentra lejos.

Por varios factores no se asiste a la escuela. La economía del país que obliga a trabajar en lugar de estudiar.

 La insuficiencia de planteles educativos en estos países es endémica. El presupuesto para educación,  en América latina, que puede ser considerable, pero ante la demanda es magro.

Dibujo tomado del diario El País.
En algunos países de América latina nadie vive de, solamente, enseñar en las aulas.

Usted puede comprobar que la persona que lava los automóviles, en el estacionamiento, gana diez veces más, al día, que el académico que imparte la clase en el salón de la facultad universitaria.

Impartir clases en estas condiciones se parece más un apostolado que una relación de trabajo regulado por un contrato colectivo.

El otro asunto es que acudir a la Iglesia es como acudir a un gimnasio o a la pista de correr. Dicho de otro modo, tengo que luchar contra lo que puede ser lo peor de mí mismo, mi pereza, mi gula, mi revoltura de  pulsión con instinto.

Tengo que ocupar, mi lugar en la “cola” de las tortillas y no buscar un conocido hasta adelante, burlando así el derecho de los otros que llegaron antes. ¿Para todo esto, tan molesto que va contra mis intereses e inclinaciones,  debo de ir a la Iglesia?

Los grandes valores morales, o las grandes miserias de conducta, se demuestran agarrando, o no, mi turno en la “cola” de las tortillas.

No respetar este hecho tan sencillo mañana puede ser uno de los grandes depredadores del erario público. Para ello sólo le falta la oportunidad de poder colarse hasta las arcas del tesoro.

Montaigne: “El horror de la crueldad me hace avanzar más en la clemencia…”

Si en el mal hubiera algo de positivo, ya no sería mal. (San Agustín analiza con detalle el aspecto pedagógico del mal). Lo positivo depende si el humano puede aprender, y es lo que hace Montaigne, por contraste, o yuxtaposición, algo del espectáculo del mal.

¿Entonces, pues, si el noventa por ciento no va a las aulas ni a la Iglesia?

Montaigne señala la solución empírica, casi instintiva: ¿Sabes por qué en tiempo de guerra los templos de la religión se abarrotan? Porque se tiene muy cerca, y en vivo, como se dice, la realidad del caos que puede acabar no sólo con la organización civilizada de la sociedad sino con la vida misma.

Y eso es lo que Montaigne sugiere: aprender del caos, pero no para reproducirlo sino para evitarlo. Es raro decirlo pero la barbarie que vemos en nuestro mundo debía servir como capacitación propedéutica de lo que no se debe hacer:

Montaigne: “Un lenguaje torcido corrige mejor el mío que no el derecho.”

Quién sabe cómo será en su ordenado continente, en su ordenado país y en su ordenada ciudad. Pero en las calles de algunos países americanos, al sur de la frontera, que no están en guerra, los tanques del ejército federal andan patrullando las calles tratando de someter a la delincuencia organizada. De las policías convencionales nadie está seguro. Unas cumplen hasta el heroísmo, en bien de la sociedad, más allá del reglamento, y otras juegan en el equipo contario.¡De ese tamaño es el caos!

Así pues, en nuestra realidad Michel de Montaigne está vigente con eso que escribió en el siglo dieciséis:

“Este tiempo que vivimos es propicio para enmendarnos por inconveniencia mejor que por conveniencia, por diferencia mejor que por acuerdo.”

Montaigne
“Michel Eyquem de Montaigne (Castillo de Montaigne, Saint-Michel-de-Montaigne, cerca de Burdeos, 28 de febrero de 1533 - ibíd., 13 de septiembre de 1592) fue un filósofo, escritor, humanista, moralista y político francés del Renacimiento, autor de los Ensayos, y creador del género literario conocido en la Edad Moderna como ensayo.” Wikipedia

 

 

F.COPLESTON, EL CONCEPTO KANTIANO DEL A PRIORI


 

“Más vale prevenir que lamentar.”

En ese antiquísimo dicho de la humanidad están comprendidos el a priori y el a posteriori. Kant debió de conocerlo sólo que para explicarlo se vio en la necesidad de escribir su famosa Crítica de la razón pura.

Un a priori puede pensarse como una anticipación de la experiencia (sensible o empírica) y el a posteriori como comprobación de la experiencia empírica.

Se impone cautela-dice Copleston-para considerar el a priori y no confundirlo con prácticas de magos, adivinos, apocalípticos  o algo así:

“Son principios a priori previos a la experiencia. Pero aunque nos hablan de relaciones o proporciones, no predicen ni nos permiten predecir el término desconocido.”

Los conceptos a priori y los conceptos a posteriori, muy kantianos, parecen laberintos mentales destinados a que el individuo quede enredado en algunos de los recovecos del puro intelectualismo.

Todo lo contrario. Son tan reales y cercanos como nuestras pestañas. Se ofrecen algunos ejemplos de la vida cotidiana.

 La metáfora del semáforo puede ayudar a entender el asunto.  El conductor en su automóvil ve con la debida anticipación la luz roja y se detiene por intuición. Vio lo que todavía no sucede pero que puede darse.

El otro conductor ante la luz roja  no se detuvo. Hasta que hubo chocado su automóvil se lamentó no haber hecho caso de las señales de advertencia.

Los conceptos a priori son muy del primer mundo. Ejercitan la posibilidad que los objetos o situaciones sean pensados, intuidos, analizados, prevenidos.

Los conceptos a posteriori son frecuentes en los países del tercer mundo. Por eso son tercer mundo. Siempre están tratando de enmendarla sobre hechos ya consumados.

El río  subió tanto su nivel esta temporada de  lluvias que inundaron las calles del pueblo, se metió el agua del cielo,  revuelta con las aguas negras del drenaje,  a las casas, se echaron a perder aparatos, camas y documentos. Hubo ahogados, heridos y desaparecidos. Miles de familias quedaron sin hogar y tuvieron que refugiarse en los albergues  del gobierno. Hace 75 años que viene ocurriendo exactamente lo mismo, cada temporada de lluvias.

En el enorme bosque, en el este de la ciudad, frecuentado por miles de personas que van diariamente a correr, trotar o caminar, asaltaron ayer a una joven deportista.

La policía, luego de hacer un detallado recorrido, estudiando la zona, declaró a los numerosos medios, que acompañan a la comitiva, que a partir de ese día cien policías vigilarán el campus.

En la avenida, de enorme afluencia vehicular, a la “hora pico”, cuando todas las vías o carriles está saturados, y hay que esperar a que se ponga la siguiente luz verde para avanzar otro poco, los hampones se acercan a los conductores de automóviles que traen su vidrio bajado, y ahí mismo, a la vista de todos, y a pleno sol,asaltan al conductor y a la familia, se suben a la motocicleta manejada por su cómplice que espera y ambos desaparecen.

Lugo de muchas denuncias y videos de particulares, que circulan en las redes sociales, la policía ha decidido poner remedio designando policías para el lugar.

En el “buzón de sugerencias” de un hospital de la Secretaría de Salud Pública, del lado oeste de la ciudad, subieron  las notas de reconocimiento al buen trato, y eficaz manejo de expedientes, a los empleados del área administrativa.  

Los directivos había proporcionado la necesaria y oportuna información, tanto en el aspecto psicológico de atención al público, como capacitación en computadoras, etc.

En el lado sur de la misma ciudad, en cambio, hay problemas con otro hospital. El público ha cerrado el acceso y se ha manifestado con pancartas en la calle. No soportaron más el trato déspota de los empleados administrativos, los expedientes se perdían o no se movían siguiendo su curso hasta llegar a manos de los médicos. Los tiempos de espera de, digamos dos horas, se prolongaban hasta seis u ocho horas.

Los excusados estaban infames, como los de las terminales de pasajeros de camiones de tercera clase de mediados del siglo pasando. La administración había pegado letreros en las paredes,  dedicados a los usuarios que decían: “Tira los papeles en el cesto, no sea puerco”.

Las máquinas de escribir, aquellas de cintas de dos colores y tan usadas que costaba trabajo leer sus líneas escritas por descoloridas.

Llegaron los medios, el conflicto apareció en las pantallas de televisión caseras, se organizó una mesa de diálogo con los inconformes y, ¿qué crees? Las autoridades se comprometieron a capacitar a sus incultos e insolentes empleados. Un mes después el hospital volvió a abrir sus puertas.

Así de simples, cotidianas y muy frecuentes son las vivencias de los conceptos del a priori y del a posteriori. Los que por intuición, primero, y enseguida por razonamiento, se prevén.

Y los que por el acontecimiento, ya dado, se constata.

(Intuición suele  definirse como instinto más inteligencia)

Frederick Copleston lo dice en dos renglones:

“Las condiciones para que se dé el a priori es la posibilidad de que los objetos sean pensados...”

De los a posteriori:

“Los conceptos a posteriori, o empíricos, son abstraídos de la experiencia sensible.”

(F. Copleston, Historia de la filosofía, Vol.3, Cap. XII)

Manuel García Morente se extiende un poco más:

A priori es un término latino  que quiere decir, en estos razonamientos filosóficos, independiente de la experiencia, son previos a la experiencia o, mejor dicho, ajeno a ella. No tiene su origen en ella. Es obtenido por intuición, (antes del razonar)obtenido fuera del razonamiento discursivo.”

(Lecciones preliminares de filosofía, lección XIII)

 El ejercicio del a priori, concepto de la filosofía, como los preceptos de la religión positiva, de utilidad practica, no son amontonamientos de letras y palabras de ideas aburridas que gente aburrida puso en los libros también aburridos. Son información y guía para la vida cotidiana. Pero hay que ponerlos en practica.

El ejercicio del a priori nos sirve, efectivamente,  para elevar las condiciones de vida de la gente. Más no nos autoriza a despegar los pies del suelo. Copleston:

“Estos se aplican sólo a objetos posibles de la experiencia, o sea, a fenómenos, en cuanto dados en la intuición empírica o sensible.”

Empero, Kant dice enseguida que eso de la realidad, lo empírico, lo sensible, es lo que hay, pero que no sólo eso puede haber:

“Aunque no podemos atravesar los límites de la realidad empírica o fenoménica y conocer lo que se encuentra más allá de ellos, no tenemos derecho a afirmar que no hay más que fenómenos."

Copleston considera el a priori en lo que concierne a los objetos de la  intuición sensible. Pero ahora, al mismo, en el conocimiento moral:
 
"sabemos que hay que decir la verdad. Pero este conocimiento no lo es  de lo que existe, es decir, del comportamiento efectivo de los hombres, sino de lo que debe ser, o sea, de cómo deben comportarse los hombres. Y este conocimiento es a priori, en el sentido de que no depende del comportamiento efectivo de los hombres. Aunque todos ellos mientan seguirá siendo verdad que no deben mentir. No podemos verificar la afirmación de que los hombres deben ser veraces por el procedimiento de examinar  si efectivamente lo son o no. Esa afirmación es verdadera con independencia de la conducta de los hombres, y en este sentido es verdadera a priori."

 
COPLESTON

“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra – 3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”WIKIPEDIA

J.WAHL Y LA TEORÍA DEL CAMBIO


 

Grecia antigua y Teotihuacán concibieron ideas semejantes en varios temas. Uno de ellos, que aquí se menciona, fue el cambio o movimiento. Aquella se expresó en la poesía y en el discurso. Éste en la poesía y en el mito.

 Olin
glifo náhuatl
 del movimiento espiritual
 
Las cosas no existen, dijo George Berkeley (1685-1753), y el mundo de los pensadores se le vino encima. Ya lo había dicho Platón ( 427-347 a C.). A ambos filósofos algunos los tildaron de excéntricos (por emplear un adjetivo que puede publicarse…).

No se referían a la materia y sus átomos, sino al estado y forma de esa materia, en determinado tiempo.

Todo cambia, se mueve. Como el venado que se desplaza y al que no se le puede señalar un lugar fijo. Estaba ahí pero ya no está.

“¿Que pueden ser esas cosas, pregunta Platón-dice Wahl en su Introducción a la filosofía-de las que no podemos siquiera decir que son esto o aquello, porque están cambiando en todo momento?”

Desde aquellos tiempos viene la teoría del movimiento o, como dice los filósofos, del Devenir. Se considera que probablemente fue Heráclito (535-484 a C.) el primer filósofo que tuvo una teoría precisa del movimiento universal.

ozomatli
glifo del movimiento
material
Pero el desplazamiento del venado sólo se le puede observar si el cazador está fijo:

“Se ha dicho que sólo podemos pensar el Devenir a condición de concebir una permanencia a la que oponerlo y sobre el fondo de la cual pudiera destacarse.”

 A Parménides (540-470 a C.) se le tiene como el filósofo que proclamaba la teoría del reposo universal.

Se sabe que, en cierta manera, Parménides también creía en el movimiento. Sólo que el movimiento lo pensaba en diferentes grados o velocidades, algo así como  lento, más  lento...

Podemos pensar en un río, visto desde arriba, y nos parecerá estático, cuando  sabemos que está en un constante movimiento a  diferentes niveles, según varios factores como declive,  densidad, superficie, aguas medias, fondo…

Wahl: “Son estos estados mismos partes del Devenir, son realmente Devenir, y una vez más aquí lo que se necesita es sólo la concepción de movimientos más lentos y más rapidos.”

Olin
Por aquellos tiempos, es decir contemporáneo, pero independiente, con varios continentes, mares y desiertos de por medio, el mito teotihuacano decía lo mismo.

Cuando un  mexicano con información conoce estas teorías, de los filósofos griegos de aquel periodo, identifica o al menos intuye, que algo familiar está frente a sus ojos.

El mundo  de los dioses teotihuacanos existía pero estaba en la oscuridad. Era necesario que uno de los dioses se sacrificara, para que se hiciera ese dios, para que se trasformara, en luz.

 Como después en el cristianismo se requeriría un supremo acallamiento del yo para que a cambio s e beneficiara el grupo.

Este inmensurable acto lo llevó a cabo el dios Nanahuatzin, el que se humilló, el que no dudó...Allá se habla de alguien que murió en la cruz. En Teotihuacán fue en la hoguera, no sacrificante, sino transformadora.

Así nació el Sol. Y todo se iluminó. Pero ese Sol estaba inmóvil en el cielo. Al estilo del reposo universal de Parménides. Un poco al modo de los apóstoles, inmovilizados, antes de la llegada del Espíritu Santo.

Otro dios teotihuacano, Ehecatl, el Viento, sopló y el Sol empezó a moverse…

ozomatli
Así de sintético es el mito teotihuacano.

Lo inmóvil, de Parménides, y el movimiento de Heráclito-Platón, ocupan desde entonces la mente de los grandes pensadores, exponiendo interesantísimas tesis y contra tesis, respecto del Devenir, teniendo como  referencia un punto fijo.

La voluntad de Ser desde el No-Ser, en el terreno de la filosofía. La búsqueda del cambio desde el empirismo hacia la espiritualidad, en teología.

Quién sabe si se logra o no pero en todo caso lo que importa es eso, la búsqueda, el cambio, el movimiento, el ser en el hacer.

Movimiento griego en lo espiritual y en lo sensible. En la leyenda teotihuacana el movimiento sísmico, el de la placas tectónicas y los volcanes, y las acciones fácticas de los humanos, se representa con la figura de un chango que en náhuatl es ozomatli.

El movimiento espiritual con el glifo olin.

Se piensa en el Devenir como movimiento dentro de la causalidad, pero también, o sobre todo, en el plano espiritual:

Wahl: “Bajo diversas influencias, ha llegado el espíritu moderno a percatare de la presencia del cambio en el mundo del espíritu lo mismo que en el sensible.”

Por lo anterior se piensa que no es sólo cosa de cambio, de movimiento (como los relojes de Schopenhauer a los que alguien les dio cuerda y se moverán y cuando se les acabe la cuerda, fin), sino de Ser: “Según Hegel-escribe Wahl-el Devenir es la síntesis del Ser, y del No-Ser que es la antítesis.”
 

Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).wikipedia

 

 

SCHOPENHAUER, LOS VIEJOS LIBROS


 

Dicotomía de la nota: ser y reescribir.

Un libro propio, salido de la imprenta treinta años atrás, es casi irreconocible si lo volviéramos a leer.

Ahora yo le agregaría esto o le quitaría aquello.

Es el doloroso descubrimiento que el romanticismo se ha ido, en gran medida, y en su lugar se ha instalado el calculador razonamiento.

 ¿Cómo puede haber poetas rebotando entre átomos?

De seguro que en el mundo de las letras hay pocos Novalis, ingeniero de minas y poeta.

Ya no es posible imaginar que aquella nube blanca es una enorme montaña de nieve y hielo. Que  por la mañana Huckleberry Finn  y yo emprendíamos su escalada por la arista más difícil. En cada paso Huck decía palabrotas de carretonero, encendía su cachimba de olote que él mismo había tallado. Como siempre andaba descalzo, ahora se sentía incómodo con las botas para subir por el hielo. Y sobre sus desgarrados pantalones lleva puesto, de mala manera, un excelente pantalón de plumas con malla interior. Una boina de lana sustituía su acostumbrado maltrecho sombrero de paja. ¡y la cebolla entera que se había comido en el almuerzo lo hacía  eructar como un volcán en plena actividad! En la noche, mientras caía la nieve sobre nuestra tienda-vivac,  colgando sobre el vacío,y el viento nos mecía, me contaba los detalles de la búsqueda del tesoro en la Casona Encantada...Como Huck dormía, en el pueblo, en los quicios de las puertas, ahora nuestro refugio aéreo le parecía un hotel de 5 estrellas....

Sus sueños románticos y de aventura
los expresaba con palabrotas.
Como sea, la  ascensión, real o fantástica, se encargaba de mantener lejos a la razón o, como escribe Schopenhauer:

“El sentimiento de lo sublime es idéntico en el fondo al de lo bello y se mantienen lejos del principio de razón.”

Esa fantástica escalada ya no es posible escribirla así.

 ¡Ahora hay que ser lógico!  ¡Hay que razonar no soñar! La conciliación de  fantasía y  realidad es una dicotomía posible pero difícil de domar.

 Sólo en el casillero de la novelística tiene posibilidad el tratamiento lirico.

El caso es que un viejo texto es como encontrarse con la novia encantadora que tuvimos hace treinta años. Ella tampoco nos reconocería.

Protegemos nuestro viejo sueño romántico  contra la fáctica realidad:

“Nadie vende el sueño de su vida“ dijo Charles Bronson en la película Hasta que llegó su hora.

Así le sucede al escritor con sus escritos. Pocos se atreven a volver a leerlos. ¿Por qué es tan complicado?

Vivimos de las experiencias del pasado pero ya no vivimos en el pasado. Al menos eso es lo que presumimos. Pero esa aproximación con el pretérito  es la que nos pone en guardia.

Una de las mil explicaciones que podemos encontrar es que el escritor  sigue siendo el mismo, por eso puede ver la diferencia. Si hubiera cambiado sería otro, y eso no es posible. Somos como cuando teníamos tres años de edad, que es hasta donde  puede recordar la mayoría.

 Si  queremos ponernos la máscara de la amnesia, la madre puede atestiguar que somos el mismo que cuando nos cambiaban los pañales. Ella lo recuerda bien, entre otras cosas porque se pasaba horas, todo los días, lavando el “pañal retornable” de algodón. ¡Qué  tiempos! ¡Qué madres! ¡Todas unas pioneras!

El contexto del escritor cambió y no una sino varias veces.

El viejo Schopenhauer casi se avergüenza de uno de sus escritos de antaño. Lo escribió dejándose llevar por el lirismo, arrastrado, literalmente, por algo que san Agustín había escrito contemplando la naturaleza.

Se trataba de la antiquísima e interesante disputa si el panteísmo es ateísmo o no. Si hay eternidad para que se dé la evolución o la creación para que tenga lugar la revelación. Eran cuestiones que se discutían, acaloradamente,  en las tabernas, todavía en el siglo diecinueve.

Dejándose llevar por el lirismo, ahora, casi una vida más tarde, Schopenhauer escribe:

“Sorpresa y orgullo me produce  tropezar hoy, cuarenta años después del día en que escribí estas líneas con timidez y vacilación, con esta misma idea  en San Agustín…”sigue la cita en latín.

¿Por qué no escribí hace treinta o cuarenta años como lo hago ahora? ¿Por qué Schopenhauer se queda atónito con un escrito de cuarenta años atrás?

“Nadie puede dar más de lo que tiene” insiste Schopenhauer.

Más que un determinismo el que enuncia Schopenhauer, es una advertencia. Quiere decir que si no hay vitamina C hay escorbuto. En otras palabras, urge ir a la librería a comprar vitaminas culturales…  En caso contrario, no podrá dar más de sí. Como si fuera una amonita fosilizada. Se quedará sin desarrollar sus potencialidades.

Nada nuevo, nada de calidad, va a activar las potencialidades del escritor. Y seguirá encontrando su libro, perfecto, no perfectible.

Schopenhauer
 “Arthur Schopenhauer [  'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?•i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788 — Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”Wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

SÉNECA, ATARAXIA


 

Séneca pregonaba algo parecido a la ataraxia. Ese alejamiento de todo disturbio y toda pasión.

Pero no al grado de Parrón de Elis, contemporáneo de Alejandro Magno. Se tiene a Parrón como el patrono de los escépticos.

Entendido el escepticismo como una posición positiva hacia la vida.

 No el murmurador patológico  que critica hasta de su sombra y al final queda enredado en su propio amargo laberinto.

De hecho Parrón iba más allá del escepticismo. Había renunciado a cuestionar todo. Se había ido hacia las regiones de su interior. Dudaba, y pensaba, como se hace  en la ciencia, la religión y la filosofía.

Imagine alguien de nuestros días apagar el teléfono celular  para, en lugar de hablar, poder pensar.

Séneca relata al humano enfrascado en lo que  conocemos familiarmente como “lucha de todos los días por la vida”.

Primero definir la coherencia de pensar y actuar. La propia lucha contra la bipolaridad intelectual o de principio o de creencias. Esa que  en el sindicato y en el partido  me hace pasar por “democrático” y los domingos voy ver a la virgencita de Guadalupe.

Séneca encuentra que  el asunto es más complicado, ya sea por presión o por deseo propio:” No me pidas que viva conforme a mi doctrina”.

El mismo san Agustín confesaba saber qué era el bien pero  con frecuencia  se sentía atraído por el mal. El mal según los principios de la meta que se haya propuesto. Cuando estuvo decidido seguir a Cristo elevaba sus ojos al cielo y decía: quiero seguirte pero no puedo renunciar a la mujer. Tanto era verdad que, antes de decidirse,  tuvo varias mujeres y un hijo.

Sabía lo que decía. Estaba lejos de ser misógino pero la mujer no iba conforme al plan de vida que potencialmente sentía podía desarrollar.

Séneca logra por fin actuar conforme piensa y sabe ya cuál es su lugar en el mundo. Era un hombre muy rico  y aprecia el valor práctico de las riquezas:

“Confeso que se han de tener, y que son útiles, y que acarrean grandes comodidades a la vida.”

Y sin embargo no es eso lo que a Séneca le interesa. Para él  el dinero debe ser  efecto de la causa. En otras palabras, según de dónde venga ese dinero, será motivo de comodidad de ánimo o desventura mental. Busca  de la antinomia, dinero-principio espiritual, un sano equilibrio.

Jesús había advertido lo difícil que es conciliar dinero y espiritualidad.

Séneca, al parecer, auxiliado por su actitud estoica, de hombre pagano de su tiempo, como veremos, es de los que sí pasaron por el ojo de una aguja.

No sería de los que se pasan la vida tomando pastillas, para tratar de borrar, y así poder dormir.

El filósofo sabría cómo ganar el dinero y sabría cómo gastarlo, y evitar con esta la fórmula el consumo de somníferos para aguantar la conciencia. Puestas las cosas en su lugar, exclama:

“Deja, pues, de prohibir a los filósofos las riquezas, que nadie condenó a la sabiduría a que fuese pobre. Podrá el filósofo tener grandes riquezas; pero serán no quitadas a otros ni manchadas con sangre ajena; tendrálas, y serán adquiridas sin injurias de otros y sin ganancias suyas, y en él será igualmente buena la salida, como lo fue la entrada.”

Parece, pues, que ya ( ya desde que  Séneca vivía) no son los tiempos en que los filósofos, gente del área intelectual y mística ande en burro. Lo que interesa es de dónde vino el dinero para comprar el burro.

 Hasta los oídos de Séneca  llegaba este murmullo que él mismo consigna:

“¿Por qué este filosofo tiene tan grande casa? ¿Por qué come tan espléndidamente?” Las riquezas  materiales eran para Séneca una ocasión para probar, en la práctica, su modo de pensar. ¿Era sólo un teorizante que escribía libros de superación o era también congruente con sus palabras?

 La prueba no resulta nada fácil. Al igual que un enorme y sabroso pastel  de chocolate, lo es para el que vive una sana dieta. Lo come pero no se suicida con él.

Sin aspavientos, y serenamente apertrechado en su pensamiento estoico, de pagano, vive Seneca.

No es la abrumadora cantidad de ofertas de mercado, ideas y sofismas, las que cierran las puertas de la libertad del hombre, encadenándolo. Es la falta de vitaminas culturales la que lo hacen vulnerable.

Siempre llevamos el combate fuera de nosotros. Los alpinistas lo sabemos bien. Decimos esa montaña opone serios obstáculos para  ascenderla. Como si la montaña fuera una cosa viva y tuviera poder de decisión al estilo humano. Es el alpinista el que está considerando el asunto según sus posibilidades psicofísicas.

 Dos veces intentamos, Armando A. A.  otros montañistas, y yo,  dar la vuelta al Pico de Orizaba, en la cota de los 4 mil metros, más o menos. Un día por fin  lo logramos. ¿Qué tuvo que ver en todo esto la montaña?

A.A.A. Recorriendo los lahares
 del lado oeste del Pico de Orizaba
Dice nuestro filósofo:

“No me estimaré por estas cosas, porque aunque estén cerca de mí, están fuera de mí. Llévame asimismo a pedir limosna al puente madera y apártame entre los mendigos, que no me desestimaré por verme sentado entre los que extienden la mano al socorro.”

Séneca es así porque está consciente de otro factor  de la vida que la gente, en su apresurada “lucha de todos los días por la vida”, no toma en serio.

Nuestra cuenta en el banco del tiempo se agota, desde el momento en que  óvulo le da la bienvenida al espermatozoide, así estemos despiertos o dormidos. Se achica el tiempo, como la misteriosa piel de burro de la novela de Balzac.

Kirk Douglas, en la película Patrulla infernal, 1957, presencia que tres soldados franceses, sentenciados injustamente a muerte, por el cargo de cobardía, uno de ellos en su celda, de la que saldrán al día siguiente para ser fusilados, ve una cucaracha y exclama: “mañana nosotros estaremos muertos y ella seguirá con vida.”

Séneca escribe:

“No hay quien pueda restituirte los años, y ninguno te restituirá a ti mismo, la edad proseguirá  el camino que comenzó, sin volver atrás ni detenerse; no hará ruido ni te advertirá de su velocidad; pasará con silencio, no se prorrogará por mandado de los reyes ni por el favor del pueblo; correrá desde el primer día como se le ordenó; en ninguna parte tomará posada ni se detendrá. ¿Qué se seguirá de esto? Que mientras tú estás ocupado, huye aprisa la vida, llegando la muerte, para la cual, quieras o no quieras, es forzoso desocuparte.”

Séneca
“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C. – 65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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