J.WAHL, LA FILOSOFÍA NO AVANZA


 

Leemos un libro tres o más veces y cada vez descubrimos algo nuevo en él. Nos regresamos avanzando hacia el pretérito. No desde el pretérito sino hacia el pretérito.

Encontramos siempre algo nuevo lo cual significa mayor comprensión del tema con respecto a las anteriores lecturas.

O leemos todo el libro y algún tiempo después lo volvemos a empezar, a sabiendas de lo que dice pero ahora para deleitarnos. El Quijote de Cervantes, por ejemplo,  Salambó de Flaubert, Lo que el viento, se llevó Mitchell,  La ruta del Dr. Shannon, de Cronin,  Historia de dos ciudades, de Dickens,  el Gran Gatsby, de Fitzgerald, Los miserables de Víctor Hugo, Fausto, de Goethe…La trama, el estilo del autor, el contexto de la época…

En filosofía parece que todo se superó con Platón. Tradición es lo estable y falta distinguir lo inestable. Wahl dice que en filosofía (pareciera) no hay progreso. Y, a la vez “en otro sentido hay progreso, puesto que esta profundización del pasado depende de una visión  más ancha y de una comunión más real con el universo.”

Jean Wahl El camino del filósofo, Fondo de Cultura Económica,. México,1988
Santayana
 

Sabemos que toda revolución es con relación a un orden establecido. De ahí que primero es necesario conocer ese orden establecido.

 En filosofía se llama tradición. Los heterodoxos genuinos se llaman tal porque conocen la ortodoxia. El heterodoxo, el revolucionario, que no conoce la tradición puede estar jugando a dar opiniones, no argumentos.

El universo está lleno de opiniones a botepronto, de la calle y las pantallas, que nos condicionan desde niños y a la vez, sin ser conscientes de ello, somos esparcidores de opiniones, también  a botepronto.

Nuestro pensamiento está condicionado para  vivir de manera permanente en las elecciones próximas de los partidos políticos. Siempre hay  unas elecciones en el horizonte, cercanas o a mediano plazo, y los partidos, mediante  los medios de información masiva, se encargan de que no nos olvidemos de ello.

¡Y como este ruido, la ciudad está lleno de otros muchos  ruidos!

Quizá queden por ahí, en algún lugar ignoto, espíritus que busquen otra cosa. Esos solitarios que no se han dejado hipostasiar por las opiniones de los “suplementos culturales,” sino de todos, sí de varios diarios, para ellos  Wahl escribió:

 “el paso de nuestro espíritu por las grandes filosofías nos traerá siempre una ganancia inestimable. Debemos familiarizarnos con ellas y atesorarlas en nuestra memoria. No debemos olvidarlas. Ni siquiera Platón está tan lejos de algunas teorías muy modernas, como se ha mostrado recientemente más de una vez…Hay una tradición filosófica, y si no conoce esta tradición, no puede entender la revolución.”
Dibujo tomado del diario El País,
17 de junio de 2017

Una película tiene su principio y su fin, lo mismo que en una novela. Lo mismo que en la Biblia donde todo ya está dicho y sólo hace falta ponerlo en práctica. O como en el Baldor de matemáticas.

En filosofía no es así. Se debe al pensamiento nunca terminado que siempre está haciéndose y rehaciéndose. Vale decir, autorectificandose. Varios pensadores rehacen sus escritos de juventud, como Schopenhauer, Leibniz, Santa Tersa de Ávila…

Wahl: “Platón  no será jamás sobrepasado. Pero hay cambios de perspectiva, maneras particulares de ver en el fondo de los problemas eternos en un momento dado, y hay una especie de movimiento.”

El otro modo por lo que parece que la filosofía no avanza se debe a que espera superar su propia marca y explicar lo intemporal desde lo temporal.

¡Las mónadas desde el materialismo!

Y, en el supuesto que los filósofos del siglo catorce, o los del dieciocho, hubieran alcanzado la verdad, lo que esto signifique, los del diecinueve seguramente también quieren “meter su cuchara” en el mismo  asunto. Entonces, diría Cole Porter, todo vuelve a empezar.

Wahl: “Cada periodo del pensamiento humano tienen su propia interpretación de los grandes filósofos.”
Diógenes

Y aun podemos citar otro argumento por qué parece que la filosofía no avanza. Este es de Jasper. Dice que la ciencia busca aprehender la cosa concreta. La filosofía, en cambio, se empeña en aprehender lo inasible. ¡Las mónadas!

De ahí que la ciencia haya avanzado enormemente en tanto que la filosofía parece haber topado con la muralla infranqueable. En la ciencia se habla de definitivo aunque ese definitivo valga por un día.

En filosofía no hay acuerdo en haber llegado a algo definitivo: “Mientras que las ciencias han logrado en los respectivos dominios conocimientos imperiosamente ciertos y universalmente aceptados, nada semejante ha alcanzado la filosofía a pesar de esfuerzos sostenidos durante milenios. No hay que negarlo: en filosofía no hay unanimidad ninguna acerca de lo  conocido definitivamente.”

“Karl Jasper, La filosofía, Fondo de cultura Económica, México, 1996.

Parece que ahora resulta más accesible cuando Wahl dice que la filosofía no avanza:

 “en la filosofía no hay progreso, pareciendo el pasado cada vez más profundo a medida que vamos hacia el futuro.”

WAHL
“Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”WIKIPEDIA

EHECATL, CINCO SIGLOS DESPUÉS


 

“El oro vale según quien lo encuentra”, dijo Jack Reacher en la película del mismo nombre.

En la primera semana del mes de junio de 2017 se dio la noticia, en los medios, del descubrimiento de la pirámide de Ehecatl-Quetzalcóatl, dios del viento, cultura náhuatl, en el “Zócalo” de la Ciudad de México.

El viento espiritual que mueve, para bien, la conciencia de los humanos. El que movió a los dioses teotihuacanos, estáticos recién emergidos de la hoguera purificadora. El que mueve las nubes y lleva el agua para que los campos den sus frutos.

Fray Bernardino de Sahagún se refiere a este dios como que también era hombre. No se crea  que es al modo de Jesucristo que, de dios, se hizo hombre. En este caso hubo un rey, de Tula, que también se llamó Quetzalcóatl.

 Con frecuencia el rey,  o los grandes sacerdotes, se sobreponían el nombre del dios al que servían.

“Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por esto decían que Quetzalcóatl dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a llover.”

Fray Bernardino de Sahagún se refiere a esta pirámide:

“El décimo quinto se llamaba Quauhxicalco. Este edificio era un cu  pequeño redondo, de anchura de tres brazas o cerca, de altura de braza y media; no tenía cobertura ninguna; en este incensaba el sátrapa de Titlacauan (Tezcatlipoca) cada día hacia las cuatro partes del mundo.”

El recinto de Templo Mayor.
La letra A indica la ubicación de la pirámide de Ehecatl
(maqueta del MNA)
 

Para muchos, muchos, mexicanos, tal hallazgo seguramente no dice algo. Es una de las tragedias de nuestros sistemas pedagógicos de la educación pública. ¿Cómo querer, o respetar, a México, sino se le conoce?

Dos acontecimientos, de mucho valor, para los mexicanos, quedaron del desastre de la conquista española del siglo dieciséis.

1) La cultura occidental

2) Fray Bernardino de Sahagún.

Llegó,  a los pueblos indoamericanos, la gran cultura grecorromana, con sus aportes de filosofía griega de los tiempos de Platón, y el Derecho Romano. Y esa misma cultura grecorromana, pagana, pero ya con el aporte del cristianismo romano. Dos grandes etapas de la historia cultural europea y ya fundidas en una.

Merced a la expansión del Imperio Romano, hacia la península ibérica, el pueblo español formó parte de aquella gran cultura. Como conquistados, o bien de muchas otras maneras, fueron los ibéricos entrando a Roma.

Como ahora los mexicanos nos vamos para Estados Unidos y algunos llegan a desempeñar cargos de la administración estatal o federal de aquel país.

Así, algunos emperadores romanos tuvieron sus raíces étnicas ibéricas,  como también  hombres prominentes en el plan intelectual, como Séneca.

Así que no fue el pueblo español el que trajo su cultura a América sino el modo de pensar occidental con aquellas raíces griegas, romanas y cristianas.

Primero la Iglesia( con sus diversas ordenes religiosas, franciscanos, dominicos, jesuitas y agustinos) fue la que enseñó y medio siglo más tarde la universidad.

Lo mismo hicieron los aztecas con la gran cultura olmeca-teotihuacana que heredaron, conservaron y la llevaron a todos los confines del extenso Imperio Mexica.

Lo que recibimos de auténticamente español se llama Fray Bernardino, nacido en Sahagún.

Sin Fray Bernardino de Sahagún, y sin Fray Diego Durán, otro español, y sus obras que escribieron del México precristiano, los soldados conquistadores españoles, y las administraciones virreinales  que les siguieron, hubieran sido recordados   en el muy bajo nivel cultural en el que se encontraban sus tribus aliadas contra los aztecas.

Por mucho que digan las sendas historias de la colonia española, sus  administraciones  virreinales sólo vinieron para explotar al pueblo, proporcionándole le educación indispensable para seguir propiciando la conquista y la explotación.

Pero esos dos frailes lo cambiaron todo, absolutamente.

Frailes, por otro lado, que en su tiempo no pasaron de ser anodinos e ignorados tanto por las jerarquías civiles  como por las  religiosas.

Sin dudar decimos  que el mexicano que no  conoce estas obras no se conoce como mexicano. ¡No sabe de dónde viene ni sabe por qué en la actualidad es como es!

 Sahagún y Durán lo investigaron  y lo dejaron por escrito.

Esto dos frailes españoles nos recuerdan el mismo aporte que Europa debe a Varrón y a Plinio el Viejo, grandes rescatadores de la cultura antigua de la Hélade y de la propia Roma pagana.

El que conoce la obra de Sahagún esta tentado en decir que no tiene parangón entre los historiadores del mundo anterior (se le considera como el que inició  la disciplina de etnología en México) al siglo dieciséis.

 Si una figura, una escultura, admite en la actualidad el área que fue  coatepantli de los aztecas (y no más de una, al lado del busto de Cuauhtémoc), es la de Fray Bernardino de Sahagún.

Es una obra monumental (Historia general de las cosas de Nueva España) que escribió (que dirigió) a lo largo de toda su vida, que fue de 90 años (1500-1590).

Otro escribieron de la historia de los aztecas sin siquiera haber conocido nunca México. Escribieron barbaridades  sobre lo que otros escribieron que había oído de otros que tampoco estuvieron jamás en México.

Con Sahagún no fue así. Llegó a México en 1529, apenas a 8 años de haber caído México-Tenochtitlán y aun había montones de escombros del destruido  gran coatepantli sagrado de los aztecas. Y eso debió haber impactado profundamente su espíritu.

Anota, en el apéndice del libro II, que este coatepantli tenía 78 recintos, entre pirámides- templos y casas de adoración:

 “Era el patio de este templo muy grande: tendría hasta doscientas brazas en cuadro. Era todo enlosado y tenía dentro de sí muchos edificios y muchas torres; de estas torres unas eran más altas que otras, y cada una de ellas era dedicada a un dios.”

Para la crónica de la guerra de conquista de México-Tenochtitlán debemos mencionar a Bernal Díaz del Castillo. Un soldado español común, es decir, sin grado alguno en el “ejercito” de Cortés, que escribió las batallas con  naturalidad, sencillez y detalle. Ni siquiera Julio Cesar alcanzó eso cuando relata sus guerras contra los bárbaros germanos y demás tribus.

Este soldado fue el que se quedó maravillado al ir entrando, desde Mexicaltzinco, por la calzada de Iztapalapa, en medio de la laguna, al coatepantli, y expresó que en ninguna parte del mundo, que ellos conocían, ni siquiera  en las fabulosas ciudades de Persia, habían visto algo tan bello.



Otra vista del coatepantli sagrado de los aztecas.
En primer plano se ve el muro (coatl) de serpientes.
La letra A es la gran pirámide de Huitzilopochtli, ahora conocido como Templo Mayor.
Junto a su  Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, las Cartas de Relación de Hernán Cortes,  sólo son notas, epístolas, como él mismo las llama, por cierto de no entera confiabilidad histórica.

La historia de Díaz del Castillo sería la continuación de la obra de Sahagún. Semejante  a La Eneida de Virgilio es la continuación de La  Iliada de Homero.

Ese es el contexto histórico en el que el gran coatepantli sagrado, en medio de la laguna, de México-Tenochtitlán, fue destruido por españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

El templo-pirámide   de Ehecatl está ubicado inmediatamente, casi pegado, diríamos, en el lado oeste del Templo Mayor, como se le conoce ahora a la gran  pirámide  edificada en honor del dios de la guerra, Huitzilopochtli.

Templo Mayor era toda el área del coatepantli (todo el Zócalo, diríamos ahora)  pero ahora lo nombramos  así lo que propiamente es la pirámide mayor, la de Huitzilopochtli.

 Está Ehecatl en  lo que en la actualidad es el predio número 16 de la calle de Guatemala, a espaldas de la catedral metropolitana. 

A propósito del descubrimiento del templo de Ehecatl, el arqueólogo Matos Moctezuma  ha declarado que “Hay congruencia de lo que decía Fray Bernardino de Sahagún con lo que ha ido descubriendo la arqueología.”


Sahagún 
“Fray Bernardino de Sahagún. (Sahagún, España, 1499 o 1500 - México, 1590) Eclesiástico e historiador español. Estudió en la Universidad de Salamanca. En 1529 se desplazó a América e inició el estudio de la lengua de los indígenas mexicanos. Con una finalidad estrictamente catequística escribió en lengua náhuatl Psalmodia cristiana y sermonario de los Sanctos del Año (1583). Su obra fundamental es Historia general de las cosas de Nueva España, recopilación en doce tomos de costumbres, mitos y leyendas aztecas. Lo más destacable de este tratado es el método de investigación empleado, precursor del que aun hoy aplican los etnólogos, ya que confeccionó un cuestionario previo, seleccionó a los informadores y recurrió a intérpretes nativos que escribían al dictado náhuatl. En su día, la Iglesia confiscó la obra al considerar que se oponía a la labor misionera.” WIKIPEDIA

REDFORD Y NOLTE SE VAN A LAS MONTAÑAS


 

Robert Redford y Nick Nolte agarraron su mochila y se fueron a caminar por las montañas de los Apalaches, cuando ya eran viejos, en la película Viejos amigos.

“Quiero regresar a mis  raíces. Antes la gente caminaba mucho” le dice Robert  a su esposa y romper de ese modo la rutina para alejarse de las enfermedades y fallecidos jubilados amigos suyos.


Del libro Técnica alpina
de Manuel Sánchez y
Armando Altamira
(editado por Actividades Deportivas
de la Universidad Nacional Autónoma
de México, 1978)
Cumplidos los sesenta años de edad el individuo, hombre y mujer, deberíamos ser disciplinados, agarrar también la mochila e irnos a caminar al campo. Caminar por el sendero o escalar pendientes suaves y poco complicadas. ¡Y en casa subir varias veces la escalera!Con la mayor frecuencia posible, no dos o tres veces al año, que de poco o nada serviría.

No es una idea loca. Es, como diría Kant, un imperativo categórico. Es decir, una orden. Como esas órdenes que da el sargento gruñón del ejército. Hay que obedecerla, si se viste el uniforme, o el precio es el castigo de estar recluido por horas o días en una celda del cuartel.

Aquí la que ordena es la naturaleza, de la biología del humano. Desobedecerla es estar tirado en la cama del hospital. Todos llegaremos ahí pero falta ver en qué condiciones y si es a su tiempo o de manera prematura.

La senectud, la senilidad, es una categoría, una etapa, natural de la vida, como lo es la niñez, la adolescencia…

No hay que tenerle miedo a la palabra. Cierto, vamos con más frecuencia al mingitorio, y una muchacha (oh, terrible golpe al ego) se pone de pie y nos cede el asiento en el autobús…

“Existen cosas futuras y cosas pasadas” dice San Agustín, en Confesiones, refiriéndose a las cosas que están bajo el ritmo del fenómeno.

Pero otras cosas, como la fe y la voluntad, son intemporales. Por eso un cuerpo de la senectud puede ser movido por la voluntad.

“Nada existe en aislamiento”, escribió Hegel respecto de su concepción del universo concreto.

De ahí que si miramos  a un viejo, languidecer en el rincón de la casa, tanto él como su entorno, requieren de otra dinámica…

Conocí a un buen, y resistente,  alpinista que se ausentó veinte años de la montaña. Sus signos vitales acabaron por los suelos. Presión alta, colesterol casi hasta el infarto, pre diabético y tan pesado que casi desquicia la báscula. Ya sufría hasta para amarrarse las agujetas de los zapatos.

“En el dolor-escribe Jasper en su obra La filosofía-en la flaqueza, en la impotencia, nos desesperamos. Y una vez que hemos salido del trance y seguimos viviendo, nos dejamos deslizar de nuevo, olvidándonos de nosotros mismos, por la pendiente de la vida feliz.”

Con dos o tres pre infartos, anotados en su cartilla de salud, el médico le dijo, y él fue  disciplinado, que empezara por caminar la distancia de una calle. No más. ¡Cuidado con el corazón!

Varias ocasiones cruzamos, caminando con mochila al hombro, él, Raúl Pérez (guía alpino de Pachuca), otros y yo, la Sierra de las Navajas, estado de Hidalgo, México, al este de la ciudad de Pachuca, hasta la ciudad de Tulancingo, cincuenta kilómetros, a partir de la población minera de Real del Monte. Con unos diez kilómetros, en el centro del recorrido, de pronunciadas cañadas y con puntos culminantes en los tres mil metros de altitud.

Del libro Técnica Alpina
Era un tipo muy resistente y excelente escalador. Le gustaba escalar en la Región de los Frailes, en Actopan, Hidalgo, sobre todo la delicada ascensión de El Colmillo.

 ¡Y ahora sólo una calle, para no exponer el corazón que, visto en pantalla, parecía un balón redondo de grasa amarilla que apenas podía expandirse y contraerse!

¡Pero volvió! Dos calles, tres calles, una vuelta a  Viveros de Coyoacán, bicicleta de montaña, otra vez mochila al hombro, aunque ahora, por la edad, en otro ritmo y otras distancias en sus caminatas por las montañas. Las pendientes de noventa grados ahora fueron de cuarenta y cinco…

¡Volví de entre los muertos! Me comentó el invierno anterior cuando coincidimos en un campamento en el monte Tláloc. En su historial patológico había permanecido internado en uno de esos grandes hospitales de la ciudad de México que dan la impresión que uno jamás volverá a ver la calle.

Volví de entre los muertos para caminar en
los metafóricos Apalaches.
En la juventud escalamos para quemar calorías y  testosterona. Pero ya en la senectud es cosa de hacerle la guerra al anquilosamiento, al alzhéimer, a la báscula…

Jasper anota que “en plena dominación de la naturaleza subsiste lo incalculable y con ello la perpetua amenaza... no hay manera de acabar con el peso y la fatiga del trabajo, la vejez, la enfermedad y la muerte.”

Y todo eso aparece, prematuramente,si permanecemos en el rincón de la inactividad general.

-¿Por qué tiene que ser en la montaña?

-De viejos nos volvemos llorones, el cuerpo endeble cree necesitar muchas pastillas de la farmacia,  nos echamos encima tres suéteres y la gabardina, aun con el sol en pleno. Se necesita que nos envuelva el viento, el frío, la lluvia, el sol...

Volver a nuestras raíces, dijo Redford, antes la gente caminaba mucho...

LAS COMPARSAS DE TOM WOLFE

Abandonar el gabinete, salir al mundo y ver cómo piensa  y vive la sociedad, empezando por el individuo, cómo él reacciona en esa situación.

No es lo mismo ver, por televisión, una marcha de trabajadores, que estar en la marcha, bajo el sol o la lluvia, corriendo entre gases lacrimógenos o chorros de agua que lanzan los granaderos.

La redacción va a ser diferente. El lector perspicaz nota cuando está hablando de vividas o de oídas. En este caso menudean los lugares comunes. Así  con los personajes de las novelas.

 O con los muchos y sendos libros teórico-científicos que buscan redimir al obrero. Tienen cerebro bibliohemerográfico, pero carecen de alma.

Es la idea que Wolfe sigue como novelista. En consecuencia, relatar la vida vivida, con sus bellezas y sus gérmenes patógenos, ¡pero reales, no sólo inventados!

Ni tan crudos porque la vida no es tampoco hipostasiada como la pintan los decadentes.

La vida es como la fotografía hecha de luces y de sombras.  Como humanos navegamos entre purezas y aberraciones. Sólo los animales, carentes de subjetivo, viven en el mecanicismo.

Leer para informarse qué se ha escrito allá y aquí. ¿Cuáles son los valores de verdad y cuáles lo “íconos” de los que se sirve el mercado de las editoriales.

Wolfe dice algo que en su momento llegó a molestar a muchos que creían vivir en la capital de las musas:

“En materia intelectual seguimos siendo insignificantes colonos sudorosos que corremos desesperadamente para alcanzar a Europa y, en concreto, a Francia.”

El relato teórico no era del agrado de Wolfe. Desde este modo de pensar va a considerar a tres novelistas de renombre como son Mailer, Schiller y Updike. En una parte de su libro se refiere a ellos como Mis tres comparsas.

Estos tres buscaron los adjetivos más cáusticos para colgárselos a Wolfe como escritor. Es decir, para decir que no era escritor.

Como respuesta Wolfe dijo que estaba leyendo sus críticas y que, se imaginaba, escribir estas cuartillas, debió costarles un gran esfuerzo dada sus edades ya muy avanzadas de esos tres. Creo que les dice carcamanes.

Cuando la novela de Wolfe, Todo un hombre, inundó el mercado de los libros, aquellos, respondiendo a preguntas de sus entrevistadores, dijeron que Wolfe no era novelista, no sabía escribir.

“Updike había dicho: Miren, esto no es literatura, ni siquiera una modesta aspiración a literatura, sino simplemente entretenimiento. Irving había dicho, miren, esto no es ni siquiera una novela, y mucho menos literatura, es una hipérbole periodística. Mailer había dicho: Miren, esta no es un criatura legitima, sino un bastardo, un mega bést-seller, cuyo disoluto creador…”

Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos.

Es una vieja historia que nos recuerda el mundo de los filósofos. Schopenhauer escribió de esos filósofos, de renombre mundial, por lo demás, con sistemas que han revolucionado al mundo de la intelectualidad…

Y, sin embargo, dice, son como arañas escondidas, atisbando desde su cueva, pendientes que se mueva la telaraña, para salir y devorar al filósofo que ha caído en la telaraña, es decir, que ha  salido a los escaparates de las  librerías. 

Uno de los célebres antecedentes de hipostasiar(por no decir canibalismo) filosófico, de la antigüedad, es Aristóteles, refiriéndose  a su maestro Platón. Luego hay una larga lista: Leibniz vs Descartes, Schopenhauer vs Hegel, Ortega y Gasset vs Schopenhauer, Max Scheler vs Kant…

El que rebasó todas las marcas fue Aristófanes, se pitorrea de todos los filósofos de su tiempo, empezando por Sócrates. Pero Aristófanes se salva porque no era de la cepa de los filósofos.

El mundo de la ciencia no se salva. Alguien expone una teoría, en un congreso, y de inmediato cinco levantan la mano, no para aportar datos y enriquecer el tema, sino para dejar bien asentado que el que acaba de hablar es un papanatas.

Empero, ese rico material de la intelectualidad, por desgracia, no llega a la calle, queda para el consumo de mesas redondas y seminarios. O de libros para ser leídos, aplaudidos y premiados, por la misma secta literaria del autor, a semejanza de los filósofos (hay excepciones).

Wolfe recuerda a los príncipes de Las mil y una noche. No se reunían con sus secretarios de estado encerrados todos en una gran sala tan bien custodiado que ni el aire entrara. No. Aquellos príncipes se disfrazaban de plebeyos y se mezclaban con el pueblo del mercado para conocer, de primera mano, sus modos de pensar y vivir.

Es el gran mérito que Wolfe reconoce en Steinbeck, quien se fue a vivir entre los desplazados que en condiciones miserables trabajaban en los campos cosechando. Así pudo escribe con éxito Las uvas de la ira.

Así lo hizo Carl Lumholtz, antropólogo, en el siglo pasado, viviendo un año entre los huicholes. Y, según dicen, así mismo lo hizo Tolstoi, viviendo entre los pobres para poder escribir sobre el hambre de los campesinos.

Pudieron haberlo hecho en “Estados Unidos-escribe Wolfe- con una curiosidad feroz y el deseo imperiosos de mezclarse con los 270 millones de almas que lo rodean, para hablar con ellas y mirarlas a los ojos.” Pero, agrega, no lo hicieron.

Luego comenta el modo de comunicar sus ideas de algunos novelistas “difíciles”. El mal ejemplo se adopta con facilidad en cuestión de claridad y sencillez para exponer las cosas. Se ha señalado por varios intelectuales que, cuando un filósofo no domina lo que quiere exponer, recurre a redacciones que hablan mucho, expone enredado y dicen poco. ¡La culpa es del lector que no  descifra la trama! dijo alguna vez Updike.

Wolfe: “El poeta serio comienza a crear obra difíciles de entender para demostrar que se halla por encima de la chusma.”

Lo que Wolfe  reprocha a   sus tres detractores es que escribieron desde lejecitos de la gente:

“John Irving es un escritor con talento. Norman Mailer es un escrito con talento. John Updike es un escritor con talento. Lo único que digo es que han echado a perder su carrera profesional al no involucrarse en la vida que los rodea, al volverle la espalda al rico material de un país sorprendentemente en un momento fabuloso.”

LA ÚLTIMA SEMANA DE HUELGA EN LA UNAM


 

Créanme, sé lo que les digo,  a los trabajadores no les gustan las huelgas.

Va en juego su fuente de trabajo, su familia, su altísimo estrés, su  libertad y hasta su vida.

Más cuando en el mundo laboral hay líderes corruptos, que llevan a los trabajadores a estallar la huelga, para que la Secretaría del Trabajo declare ilegal el movimiento y así quedan en la calle.

Una fábrica produce tornillos o tuercas. La Universidad pública “produce” profesionistas que le dan calidad a la vida a la nación.

De los que  primeros   protestaron fueron los comunistas.

“Le están haciendo el juego a la CIA para atrasar al país”, fue su argumento.

En el otoño de 1972 tuvo lugar una huelga, en la Universidad Nacional Autónoma de México, que duró 83 días. La llevaron a cabo unos diez mil trabajadores “administrativos” o de apoyo, como se les decía, para diferenciarlos de los académicos y de los funcionarios universitarios.

 Tenían a la sazón categorías nouménicas. ¿Usted es trabajador? ¡No, soy académico! ¿Usted es trabajado¿ ¡No, soy funcionario!
Hubo un tiempo, cuando el rector Nabor Carrillo, que durante siete años no recibieron incremento alguno de sus salarios.  Finalmente les aumentaron un peso al día.

 Carecían de contrato colectivo de trabajo y la permanencia en su fuente de trabajo estaba a criterio del jefe inmediato, que entonces se llamaba “intendente”. También trabajador administrativo, pero que  era, en frecuente casos, muy enemigo de los trabajadores.

 No contaban con servicio médico ni su familia (hasta mucho después serían incorporados al ISSSTE) y, en estas condiciones, la posibilidad para llegar a jubilarse eran muy inciertas.

Se podía tener una antigüedad en el trabajo de 15 o más años pero un día se le decía: estás despedido. Algunos lograban la reinstalación mediante los oficios de algún abogado en lo particular. O bien el secretario general iba a pedirle al administrador, no a exigirle, que reinstalara al despedido. Algunas veces se le concedía.

La organización sindical, como se llamara, pues tuvo muchas siglas, era impotente para hacer algo por el despedido al carecer de cláusula de admisión en la contratación. La organización, hasta entonces antigua, inocua y obsoleta, fue la que al fin lideró el movimiento. Cincuenta años de poner la espalda, para recibir  los golpes, le habían enseñado…No se necesita ninguna CIA, o como se llame, sino que la propia dinámica interna provoca  la respuesta.

 Este es el contexto en el que tuvo lugar el estallido de la huelga. Durante setenta días transcurrió como es en todas las huelgas, mucha euforia al principio, marchas, mítines, cansancio, tedio, desplegados incendiarios y hasta apocalípticos, en los diarios, en una dirección y en otra, trabajadores que se ausentan de sus guardias, el fantasma de la represión por medio de contingentes de pantalón y tenis o bien con la policía o el ejército, el 68 tenía apenas cuatro años…Reuniones interminables, que no resolvían nada, con la Comisión nombrada por Rectoría…

Un día todo subió de tono, cuando la Junta de Gobierno de la UNAM nombró rector al doctor Guillermo Soberón Acevedo. Este rector no se andaba con medias tintas. Desde los primeros minutos dijo que iba por todo.

Desde el lado de la huelga son conocidos los adjetivos que se le colgaron. Pero del lado de la administración era el hombre adecuado, por no decir perfecto, para poner orden en la situación en la que vivía la Universidad.
Dr. Guillermo Soberón A.

Era un hombre que demostró ser valiente en la hora del peligro. Cuando todos se detuvieron temerosos de los huelguistas, él siguió. Fueron apenas quince segundos, pero que hablan de la talla del rector. Lo vimos cuando  caminó cruzando, solo, la explanada roja oeste de la facultad de Medicina y se fue contra la huelga.

Desde el primer minuto  de su mandato exigió, públicamente, a los huelguistas, levantaran las banderas y  reanudaran su labores o serían despedidos.

Más aún, dijo que tomaría posesión de su cargo de rector, en el auditorio de la Facultad de Medicina, donde sesionaba el Consejo General de Huelga. Para tal efecto señaló día y hora. ¡Y lo cumplió!

Con el tiempo los defensores a ultranza de la Universidad, así como los progresistas de todos los matices, ahora sí estos ya del lado del sindicato, relatarían en sus mesas redondas, seminarios y en sus libros, todo el intríngulis nacional e internacional que, según ellos, movía a los huelguistas. ¡Formidables recursos literarios, que llenarían libros y más libros, jamás imaginados siquiera por los huelguistas!

Lo que lo trabajadores en huelga saben es que ese día, anunciado por el rector Soberón, este hombre decidido se reunió en la calle Cerro del Agua, noreste de Ciudad Universitaria, con mil jugadores de futbol americano, y demás personal de la administración universitaria. Se puso a  la cabeza de la columna y, sin voltear la vista, sin que le temblaran las rodillas y con gesto impertérrito, se lanzó contra la huelga.
Edificio noroeste de la Facultad de Medicina.
En la escalinata de este acceso tendría lugar el encuentro
violento entre "estudiantes" y los trabajadores (pagina 16)
 

Fue el principio de lo que sucedería esa semana, la última de la huelga.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



 
 
 
 
 
 
 



Por aquí pasó la columna de estudiantes, de la Facultad de Derecho, a dar su solidaridad
a la huelga, bajo la pintura de Mario Falcón.
En la foto, trabajadores, Consejo General de Huelga y Comité Ejecutivo del STEUNAM,
24 de diciembre de 1972
Foto de Armando Altamira Gallardo

 
 
 

1-Antonio Altamira G.
2-Luis Burgos Peraita
3-Javier Parra
4- Fragoso
5-Alvaro Lechuga W.
 
 
 
 
 
1-Juan Manuel Gómez G. Asesor jurídico
2-Nicolás Olivos C.
3- Teresa O´Connor
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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