PARA ENTENDER EL 16 DE SEPTIEMBRE EN
MÉXICO
Mediados
del siglo diecinueve el Teniente Coronel Bernardo Tello recibe, de parte del
gobierno mexicano, su pasaporte de expulsado y en ese momento cae muerto.
Le seguirán en el proceso de
expulsión unos mil 700 españoles. Se quedarán en el país, por lo pronto, otros
4 mil.
El episodio de Tello nos da
una idea del estrés, como ahora se dice al extremo sentimiento de angustia, que
vivían los que estaban en situación de
ser expulsados.
Quince años vivieron estos
españoles de México un ambiente que se
les había vuelto muy violento. De lo que
se conoce como el abrazo de Acatempan, cuando cesó la guerra entre
españoles e insurgentes, en 1821, y el reconocimiento de España en 1836.
Fue el tiempo en el que España
aceptara por fin reconoce la independencia de México. Violencia que en momentos
cobraba más intensidad por las noticias que llegaban de que España intentaría
la reconquista. O bien por los movimientos pro españoles internos que buscaban con las armas volver a
retomar la hegemonía, entre ellos, el alto clero de la Iglesia católica, en
oposición del bajo clero que, en numerosos casos, encabezaba en el campo de
batalla esa independencia, como se
apuntó: Hidalgo, Morelos, Matamoros…
Este éxodo comenzó a
principios de 1828 por disposición de
la ley del 20 de diciembre de
1827:
“Es mucho el número de coches
salidos (de la ciudad de México) hoy con gachupines, no se tiende la vista por
ninguna calle que no se vea uno o dos carrages cargadas.”
¿Qué había sucedido en una
ciudad, y en un inmenso territorio, en la que por trescientos años ellos fueron
los amos, en la que habían destrozado toda una cultura milenaria náhuatl,
haciendo añicos los edificios del hermoso coatepantli azteca y en su lugar
erigido sus edificios de arquitectura europea
e impuesto con
violencia, sus modos de
conducta a su antojo y su religión. Extrayendo de las minas de Hidalgo,
Zacatecas y Guanajuato, el oro que tanto los enloquecían desde el primer paso
que dieron en este continente en el siglo dieciséis.
Se considera un
auténtico genocidio que de quince
millones de habitantes se redujo a medio millón (un estimado al vuelo por no contarse en esa época con un censo, pero que
da idea de la inmensa carnicería lleva da a cabo contra los pueblos originarios).
¿Dueños de un inmenso territorio?
Los españoles eran dueños de algo más que “un inmenso territorio”, por
lo que concierne a lo que ahora se considera México,
Eran amos de dos millones de kilómetros cuadrados de terreno, en lo que
va de Yucatán, en el sur o seis millones si consideramos Guatemala, Honduras,
hasta los actuales estados de Arizona, Nuevo México, Utah, Colorado, Texas,
Florida.
Para dar una idea, la Unión Europea es en la actualidad de 4 millones de
kilómetros cuadrados.
Un solo hacendado español se
consideraba dueño de tal cantidad de terrenos, poseía tales riquezas, y gente
esclava, que dos o tres reyes juntos de
Europa en esa época.
¿Qué había sucedido? Era tarde
para considerarlo y más para remediarlo. Ahora había que agarrar el camino del
éxodo.
La historia en el planeta para
entonces ya era otra. España había perdido la fuerte presencia que tenía en
países de Europa y los Estados Unidos hacían lo suyo para acabar con los
últimos bastiones del poderío español en América.
El conde de Aranda, preclaro
español con elevado cargo en el gobierno de España, ya había advertido con respecto
a Estados Unidos con toda antelación en el memorial de 1783:”! Vendrá un día
que será gigante, un coloso temible en esas comarcas”, pero ni españoles (en su
tiempo) ni mexicanos (estos llegado su tiempo) le hicieron caso.
España, no obstante, se cerraba
al reconocimiento de esta nueva realidad. Se considera que de haber enviado el reconocimiento de la
independencia de México (como lo haría quince años más tarde, ver Madam
Calderón de la Barca, Editorial Porrúa, México), el asunto de los españoles, no
obstante el resentimiento que con su
vesánica actitud provocaron durante tres siglos, las aguas no se
levantarían más allá de un oleaje.
+++
Avivar las brasas de los
antagonismos históricos con España en nada ayuda a la fraternidad de ambos
pueblos en esta época de aranceles punitivos.
Claudia Sheinbaum, presidenta
de México, fue a España a invitación del presidente Pedro Sánchez, ha recibido
con honores, en Palacio Nacional de México, al rey Felipe VI y los tres se
encontraron fraternalmente en la clausura de la Copa Mundial del futbol 2026 en
el Estadio MetLife de Nueva Jersey, Estados Unidos.
Y la euforia, espontanea, de
miles de mexicanos apoyando a la Selección Española en Monterrey, Guadalajara,
Ciudad de México y Estados Unidos, habla más de lo que pudiera escribirse al
respecto.
Cientos de familias españolas
viven en el país con pleno respeto de “lo español” por parte de los mexicanos,
como es hacia “lo alemán” hacia “lo francés” hacia “lo ruso”…
Las voces discordantes,
anacrónicas, no interrumpen la marcha
hacia la paz, el progreso material e intelectual, del conjunto de esta nación.
Pero el desfile cívico-militar
del 16 de septiembre está presente todos los años y es necesario explicarlo.
Pero hay otro nivel con España
con el que sólo el modo violento ha sido la salida, desde 1521, como veremos,
hasta los primeros días de mayo de 2026 en que Isabel Díaz Ayuso, la presidenta
de la Comunidad de Madrid, llegó a México, lanzando exabruptos en contra su
presidenta, con repudio del pueblo pero a la vez con amable recepción, por parte de la alta
jerarquía católica, en la Catedral Metropolitana y misa privada en la Basílica
de Guadalupe. Ambivalencia que vamos a encontrar a lo largo de toda esta
historia.
Referencias:
La expulsión de los españoles
de México (1821-1828).
Harold D.Sims, Fondo de
Cultura Económica, Secretaria de Educación Pública,
1985, Lecturas Mexicanas
número 79.
Pontificaciones,
Conversaciones con Norman Mailer. Editorial Gedisa, S.A. Buenos Aires
Argentina.1983
Apuntes de filosofía, Bernal
Martínez Gutiérrez, Editorial Digital, Imprenta Nacional, Costa Rica.
Con sus particularidades
regionales la historia de México es la misma de todo el continente americano, a
partir del siglo dieciséis, con la conquista europea y sus guerras de
independencia en el siglo diecinueve.
En la realidad la lucha de los
españoles por no dejar el poder, y recuperarlo una vez ya perdido, duró más de
dos siglos, 214 años exactamente. Lucha que comenzó Hidalgo, la continuó
Francisco I Madero y la cristalizó
Andrés Manuel López Obrador en 2024 (este
con el episodio de la compañía española
Iberdrola y el conocido desacuerdo con su rey).
Es la historia de 5 siglos que
los mexicanos conocemos como episodios, al parecer, sin relación uno con otro.
Historia de 5 siglos que comprende 5 momentos:1-conquista
del coatepantli azteca por indígenas y
sus aliados españoles en1521,2-Grito de libertad en Dolores, por el padre
Hidalgo en 1810,3-la expulsión de los españoles en 1828,4-levantamiento general
el 20 de noviembre de 1910 y, 5, el humanismo mexicano (también llamado la
revolución pacifica de las conciencias) en 2018-2024
El desfile cívico-militar del
16 de setiembre ( conmemoración de 1810), así como el del 20 de noviembre
(1910), en México se les presenta como episodios desvinculados unos de otros.
Le revolución mexicana fue,
hasta entonces, 1910, el fin de una
opresión que ya duraba cinco siglos.
Tres de la Colonia y dos con el corrupto gobierno de México ya independiente, ( salvo dos excepciones:
Benito Juárez y Lázaro Cárdenas).
Un “independiente” entre
comillas, como veremos, en el que los españoles supieron conservar, por medio
de la corrupción de mexicanos en el poder, la hegemonía sin tener ya el poder
absoluto, como antaño.
Una historia que el pueblo
común mexicano (mal) conoce como cinco historias casi ajenas una de otra. La
realidad es que cada evento dejó secuelas que dieron lugar a la segunda, a la
tercera a la cuarta, conocida como revolución mexicana y está a la quinta, a
partir de 2018: la mencionada Revolución de las Conciencias.
¡La más grande de las
revoluciones en México sin disparar un solo tiro ni reprimir manifestaciones en
contra ni matar estudiantes!)
Miguel Hidalgo
Se le conoce como el padre de
la patria mexicana. Luchaba por ideales, como la libertad. Y junto con Morelos
y matamoros, otros sacerdotes
católicos, por la igualdad en derechos
civiles y económicos y la reivindicación
de los pueblos originarios. Tres sacerdotes pueblerinos, sucesores de
Cuahtemoc, el venerable abuelo azteca de
los mexicanos, primera figura que desde el siglo dieciséis inauguró el
movimiento de lo que ahora se llama La resistencia indígena.
Once años duró la lucha que
desembocó con la firma de los “Tratados
de Córdoba, celebrados en la Villa de Córdova el 24 de agosto de 1821, entre
don Juan O´Donojú, teniente general de los ejércitos de España, y don Agustín
de Iturbide, primer jefe del ejército imperial mexicano de las tres garantías.
Villa de Córdova, 24 de agosto de 1821”.
Ese tiempo, exactamente diez
años, la cabeza del padre Hidalgo permaneció colgada, en la plaza publica, de la ciudad de Guanajuato,
para escarmiento, luego que los españoles lo fusilaran el 30 de julio de
1811,en Chihuahua. Once meses después de haber dado el “Grito de Dolores”.
Agustín Iturbide
En la realidad fue el que
consumó la independencia. Pero su lucha era por el poder personal, no por la
libertad, y el pueblo no se identifica con él
Pero sería hasta El 28 de diciembre de 1836, a través del
tratado Santa María Calatrava, que España finalmente reconocería a México como nación libre, soberana e
independiente.
Lo que aquí se relata es la
culpa que España tuvo de tanta sangre española que se derramó en México durante
esos 26 años en el país en la que buscó
la reconquista de México.
Y Más adelante, con el país ya
independiente, la corrupta connivencia del resto del poderío español con
gobiernos mexicanos y el alto clero, que provocaría la primera gran revolución
popular del siglo veinte.
Esta nota se centra en la
tercera etapa que es la expulsión de los españoles.
+++
En esta sangrienta lucha
veremos que, por lo general, la nobleza del mexicano supera a su bestialidad.
Es lo que se llama humanismo mexicano,
que nada tiene que ver con el depredador humanismo del moderno liberalismo de
occidente.
En el camino del destierro
hacia el puerto de Veracruz
sufrieron de sobresaltos no ya
por los contarios políticos sino por los ladrones comunes que los despojaban de
sus pocas pertenecías que habían logrado llevar:
“Las desgracias de los
españoles que partían eran muchas. No era raro que alguno de ellos fuera robado
o hasta asesinado en el camino de Veracruz…Algunos españoles que lograron
abordar su barco, no llegaron a su destino. Por ejemplo, los 82 pasajeros y
tripulantes que se encontraban a bordo de la corbeta francesa Paquet N° 3,que
zarpó de Veracruz el 3 de abril, fueron sanguinariamente asesinados por el
pirata Pájaro Verde mientras navegaban
rumbo a Burdeos.”
Para recorrer los caminos de la ciudad de México, hacia el
este, a lo largo de 500 kilómetros,
hasta el puerto de Veracruz, debían cruzar,
la elevada cadena montañosa nevada por el poblado de Río Frío (2,980
metros, 9,777pies o por Ituhalco,3,710m.
La ancestral ruta que los
pueblos nahuatlacas del valle de México caminaban rumbo al sureste, partiendo
de Amecameca, en el noroeste, en los 2,500 m, ascendían (a pie por no
contar con animales de carga y monta) a
los 3,710, en Ithualco, el gran puerto (de unos 5 kilómetros de amplitud en su
eje norte sur) entre la montaña Iztaccíhuatl y el Popocatépetl (que los
tlaxcaltecas llaman paso de Cortés) para descender hacia Cholula, en los 2,170 m. Un total de 60
kilómetros, aproximadamente. Y seguir descendiendo hasta el todavía lejano
puerto de Veracruz.
Iztaccihuatl (5,230m) y
Popocatépetl (5,426m), vistos desde la Ciudad de México.
El puerto entre las dos
montañas se llama Ituhalco (3, 710 m.s.n.m.).
Foto de Notimex, tomada
de Internet
Pillaje, resentimientos y sed de venganza por mil atropellos sufridos contra las poblaciones indígenas, violencia racial y política, se desataron a lo grande contra los expulsados. Ya desde los días de Hidalgo en Jalisco jóvenes españoles eran llevados a una barranca y acuchillados como animales en el silencio de la noche.
Se confirmó una vez más la
antigua lección de historia que los
excesos de la primera generación de conquistadores la paga, y con creces, la última generación de sus
connacionales cuando esa conquista llega a su fin.
Todo lo que oliera a conquista
quedó grabado en el inconsciente del pueblo mexicano, incluidos Cristóbal Colón
e Isabel la Católica.
Carente de toda disposición de
dialogo, y a la sombra de la vesania, la conquista religiosa, como veremos,
adolece también de graves faltas.
En octubre de 2021 América
latina (también parte de la población anglo en Estados Unidos) se decidió a
derribar estatuas de Cristóbal Colón. Incluido México. Una nota de Diego
Flores, aparecida en Internet el 13 de octubre del 2021, resume lo que a la
sazón apareció publicado en los medios
“El 12 de octubre se conmemora
la llegada de Colón al continente Americano, ese día su estatua se verá en
cenizas por haber masacrado y esclavizado brutalmente a los Indígenas.
Ira desatada contra las
estatuas de Cristóbal Colón en América latina han sido derribadas, decapitadas
y pintadas de rojo que simboliza la sangre derramada de Indígenas en diferentes
ciudades que fueron brutalmente asesinados y apropiados sus recursos naturales”
El mar de los Sargazos, del Océano Atlántico, se le conocerá como la Ruta del Éxodo Español. Un siglo más tarde (111 años) cientos de españoles cruzarán de nuevo estos paralelos oceánicos en otro éxodo tan penoso como este, pero ahora en dirección contraria, del este hacia México, expulsados de España por sus mismos connacionales. Salvados de la muerte a manos de los nazis por el entonces presidente Lázaro Cárdenas.
Sin embargo, de todas las
barbaridades que se cometieron contra los expulsados, es una perversa distorsión
de algunos historiadores comparar este suceso del siglo diecinueve, en México,
con la revolución francesa. Es querer meter con calzador el águila azteca
dentro del gorro frigio. ¡Esos historiadores!
Ya Norman Mailer había advertido
cuando dice que si quieres saber de historia leas novelas y si te interesa la
novela leas historia. De tres mil notas sobre su escritorio, dice, escogen
treinta y así arman su historia pintada de un solo color. Las grandes crónicas
de los frailes (Sahagún, Duran…) tiene ese fondo de fake news.
Lo hemos dicho con mesura.
Mailer no se anda por las
ramas: “Cuando uno conoce los vacíos y arreglos con los cuales los historiadores escriben su historia,
trabajan sobre diez mil hechos y seleccionan trescientos que les parece bastantes
para ilustrar las cosas, por mucho que a eso se le llame historia todos sabemos que es ficción. La señal del gran
historiador es su capacidad como gran
escritor de ficción…La historia no es historia, sino una serie de novelas inmensamente sobrias que han escrito unos hombres
que no suelen disponer de gran
talento literario y tiene mucho menos
que decir del mundo real que los novelistas. Se trata de un
descubrimiento perturbador: los historiadores no tratan con los hechos sino con las hipótesis que desarrollan en relación a una serie de datos aislados”.
Schopenhauer coincide en todo
con Mailer en esto de la historia y los historiadores, escribió dos siglos
antes: “Los modernos, con pocas excepciones convierten casi siempre la historia
en un montón de basura o en una guardilla trastera, donde se amontonan objetos
inútiles.” Libro Tercero, Cap.LI, El mundo como voluntad y
representación)
George Santayana, el filósofo
español-estadounidense, luego de hacer una serie de consideraciones sobre la
dudosa labor de los historiadores, anota: “ Todo esto es descarada ficción; y
su valor, si alguno tiene, está exclusivamente en la elocuencia, la sabiduría o
la información incidental que encontramos en el historiador. Tal historia puede
escribirse con ventaja en verso, o llevarse a escena, su virtud no es de ningún modo ser verídica, sino estar bien
inventada”. (Diálogos en el Limbo)
Eso hicieron,insistimos, los
frailes cronistas e historiadores de la conquista. Ajustaron todo a manera de
justificar los excesos de los soldados españoles, con excepciones como Fray
Bartolomé de las Casas.
¿Guillotina francesa en
México? Aquí el “corte de cabezas” lo sufrieron no los de hasta arriba sino los
españoles pobres que no tenían recursos para moverse hacia otros estados donde
el sentimiento antiespañol era menos fuerte.
Un “corte de cabezas” entre
comillas porque las familias de los desplazados no fueron abandonadas por
completo por los mexicanos. Sims relata el caso del gobierno de Oaxaca:
“El gobierno de Oaxaca, y su
legislatura dominada por los escoces (logia pro española) sentían compasión por
las esposas e hijos de los españoles
forzados a salir por las leyes locales y
federales de expulsión dispuso que se elaborara una lista de las familias que vivían en la pobreza
como resultado de las expulsiones, y que pagara
una pensión diaria de dos reales(a las esposa sin hijos o con uno solo) El 31
de enero de 1828 la legislatura ordenó
al gobernador que cuatro reales (a las
que tuvieran tres o más descendientes).
¡Imaginemos la fraternidad de los jacobinos de la revolución francesa
pensionando a las familias, en Francia,
de los aristócratas en el exilio! ¡O a los dirigentes del Frente Popular
español, de 1937, ayudando con despensas y pensiones a las familias de los
fascistas caídos en combate!
Eso de Oaxaca ni Edipo, gran
descifrador de enigmas, podría explicarlo.
Los españoles ricos (sucede
con los ricos en todos los tiempos y en todos los paralelos y lo vimos en las
dos guerras mundiales del siglo veinte) con toda anticipación agarraron sus
fortunas y “volaron” para Europa o para Nueva Orleans (todavía no de Estados
Unidos). Dejaron tras de sí un caos que se le vino encima a sus connacionales
pobres. Luego esos mismos ricos, ya a salvo en el exterior, hablarán y
escribirán de las barbaridades que los mexicanos cometieron con los españoles
pobres.
Sims pone como ejemplo de lo
anterior de los ricos que se ponen a
salvo:
“el conspirador Aviraneta y el
comerciante Rivas pagaron cada uno cien pesos por pasaje de primera clase de Veracruz a Nueva Orleans en el barco
ingles Hibernia, a principios de 1828.”
“Muchos barcos
estadounidenses, británicos y franceses se dirigían a Veracruz para llenar sus
cabinas con españoles que partían al exilio en Nueva Orleans, La Habana o
Europa. Los barcos extranjeros preferían llevar pasajeros que carga: podían
tener mayores utilidades llevando españoles a los Estados Unidos o a La Habana
que trasportando mercancía a Europa.”
Nueva Orleans, todavía de
México, por quedar tan lejos de la ciudad de México, se había convertido en el
punto de reunión de los conspiradores que preparaban con las armas en la mano
la reconquista:
“Los funcionarios españoles
emprendieron entonces una campaña efectiva cuyo centro fue Nueva Orleans para
reclutar y trasportar a La Habana (todavía de España) a los emigrados
españoles, como preparación para un futuro
intento de reconquista de México.”
Y más adelante:
“Los españoles refugiados en Nueva Orleans se convirtieron en una nueva fuente de conjuras y por ello, en un
nuevo problema para el gobierno de México. En 1828 existan proyectos entre los exiliados en el extranjero para realizar expediciones
filibusteras contra la costa texana (todavía de México), y se hicieron intentos
de establecer una cabeza de puente
española sobre la costa del Golfo de
México y de apoderase de la fortaleza de
San Juan de Ulúa una vez más.
Este intento de reconquista,
en efecto, se llevaría a cabo. Pero, el
contexto ya era otro. En comparación con el encuentro de los conquistadores del
siglo dieciséis, con armas modernas para ese tiempo, cañones, pólvora,
arcabuces, caballos, virus letales, miles de indígenas incondicionales,
peleando contra lanza y macanas de los
aztecas.
Ya para la guerra de
reconquista los mexicanos tenían las mismas armas que los españoles, el soldado
español montado sobre un caballo había dejado de ser un dios centauro, poseían resistencias virales contra lo traído
por los españoles, ya no contaban con tribus
incondicionales.
Ya el romance con los
españoles se había acabado cuando los indígenas, aliados incondicionales de Cortés,
destructores de su misma cultura ancestral, de su religión y de sus pirámides,
fueron convertidos en esclavos de las tiendas de raya de los hacendados. Ellos, sus hijos, sus nietos y sus bisnietos...
El intento fracaso muy
desafortunadamente a manos de Antonio López de Santa Anna. Tan vergonzosamente
que el general español, que dirigía el ataque, se fue a vivir a Estados Unidos
y jamás regresó a España.
Varios días duraron los
encuentros de los españoles y los mexicanos, en las cercanías del río Pánuco y
en la ciudad de Tampico, a partir del 21 de agosto de 1829 (Santa Anna, por
Rafael E. Muñoz, editado por el Fondo de Cultura Económica México, 1993).
El gobierno de México, del que
a la sazón era presidente de la republica Vicente Guerrero, pasaba por una gran
penuria económica y cansancio de casi dos décadas de lucha contra España, a
partir del Grito de Dolores por Miguel Hidalgo. Esa pobreza y ese agotamiento
pudo haber sido aprovechado más inteligentemente por España. La reconquista,
como hemos visto, fue largamente pensada por el gobierno español, pero
pesimamente preparada.
De todas maneras nunca hubieran
logrado llegar triunfantes a la capital del país, en la ciudad de México, pero
sí contar con logros señalados más al interior del territorio, en consonancia
con el reconocido valor del español en la guerra.
Tanto el gobierno, español
como el propio brigadier Isidoro Barradas, el encargado de la expedición de
reconquista, pensaron que bastaba la imaginada superioridad racial que se esgrimiera durante tres siglos de la colonia, respecto de los mexicanos. Y volvió
a resonar el síndrome del “madrismo” de España con respecto a los países de
América.
Este modo de pensar costó la
vida a 1,300 soldados españoles y, a resultas de la capitulación, el 11 de
septiembre del mismo año, 656 españoles salvaron la vida, y pudieron regresar a
la Habana, luego de estar prisioneros en México casi cuatro meses.
El triunfo se lo llevó el
innombrable Santa Anna, con distinguidas condecoraciones y festejos, y poco
mérito se concede al general Mier y
Terán que, más estratega, hizo mucho
para obtener la victoria.
La expedición de Barradas, al
salir de la Habana venía acompañada de varios sacerdotes para bendecir las armas
españolas.
Cuando llegó a la capital la
noticia del triunfo de los mexicanos, empezaron los festejos: “Las fiestas
continuarían varios días ( a partir del 27 de agosto)… Guerrero asiste a una
gran misa solemne en la Basílica de Guadalupe, escoltado hasta las puertas por
un largo tren de carros triunfales, cubiertos de flores, tripulados por bellas
muchachas vestidas de alegoría. Más repiques y más salvas”.
En la santa misa solemne de la
Basílica los sacerdotes bendijeron las armas mexicanas…
No obstante, este descalabro,
españoles del estatus medio encontraron muchos de ellos el medio de defenderse
no sólo de permanecer en México sino buscando la manera de recuperar la
hegemonía militar, política y económica.
En tanto el congreso de la
capital se ponía de acuerdo con los
términos de expulsión en una ley general, cada estado elaboraba su propia ley,
unas muy virulentas contra los españoles y otras casi protectoras.
Los que pudieron se
desplazaron hacia otras provincias del país. Recurriendo a políticos corruptos contrarios
a la idea de expulsión. Y teniendo a algunos periódicos de la logia escocesa que protestaban contra los
yorkinos, que era la logia que buscaba a toda costa sacarlos de México:
“El gobierno estaba seguro que
los españoles apoyaban a los
revolucionarios con su dinero y consecuentemente, en la ciudad de México se
hicieron entonces esfuerzos extraordinarios para expulsar a los peninsulares.”
Durante tres lustros, a partir
de 1821, España no hizo algo, deliberadamente no hizo nada, por buscar paliar el golpe de los españoles
en México sino, como anotamos, todo lo contrario. Que reinara el caos para encontrar tierra fértil de apoyo a la
reconquista. Entretanto, quedaron estos
españoles, como se dice, siendo la carne del sándwich: triturados entre el
gobierno español y los yorkinos. Por lo mismo, gran parte de la sangre
española que corrió entonces en México
se le debe imputar a España.
“los expulsados españoles que
llegaban a Filadelfia tenían grave urgencia de obtener ayuda de alguna fuente.
El cónsul general de Francia informó en marzo que numerosos exiliados
españoles, después de haber sido abandonados por su propio cónsul se dirigían
al consulado francés en busca de ayuda”.
Los yorkinos sin duda que
cometieron excesos por ese deseo (aquí si a semejanza de la revolución francesa:
quitarles el mando político, el militar y quedarse con los mejores contratos y
puestos burocráticos manejados hasta
entonces por el gobierno español) de desquite que bullía en el inconsciente
colectivo del pueblo en revancha por todas las carnicerías y persecuciones de
que fueron objeto los grupos étnicos a partir de la conquista en el siglo
dieciséis.
Sin embargo los españoles
del estatus medio que ocupaban los
mejores puestos en la política y en el ejército ( y que no había tomado parte
en algunas de las conspiraciones contra el gobierno), fueron removidos pero en
tanto España no reconociera la independencia de México sus sueldos se les
seguirían pagando. Si era expulsado pero dejaban familia en el país con
mexicanas, podían cobrar en el extranjero medio sueldo.
Además los
españoles casados con mexicanas en general no fueron objeto de persecución ni
de expulsión.
¿No está por demás insistir:
¿podemos imaginar a los jacobinos de la revolución francesa enviando sus
sueldos a los aristócratas en el exilio? ¿O a los bolcheviques procurando
paliar la pobreza de los familiares de los zares ya depuestos?
Son universales normas de
convivencia del espíritu del mexicano,
ajenas al entendimiento del historiador que
se va por los lugares comunes como cualquier diletante.
El movimiento de independencia
consignado en Los Tratados de Córdova, de tono católico, pronto se volvió
secular y en momentos jacobino. Y los sacerdotes españoles peninsulares fueron
reemplazados, a señalamiento del obispo, por sacerdotes americanos:
“Entre las ordenes que eran
menos “españolas” se encontraban los agustinos, que eran mexicanos en un 92.5
por ciento, y los mercedarios, en cuyas filas sólo había un español.”
En realidad fue el momento,
con el argumento de expulsar a los sacerdotes peninsulares, en que el proceso
de secularización empezaría en la vida de México. Medida sana como recurso
dialectico con lo religioso. Pero que en ocasiones perdería la tolerancia.
Benito Juárez realizó, mediante lo que se llama las Leyes de reforma, lo civil
por un lado y lo religioso por otro lado.
El movimiento de expulsión
levantaba una polvareda que envolvía a los activistas escoceses y yorkinos, a
los representantes de los gobiernos
extranjeros en México y al alto clero.
Sims hace notar “la hostilidad
que existía entre los diplomáticos europeos y el plenipotenciario (Poinsett) de
los Estados Unidos.”
Empero, todo esto fue casi
inútil.
Con el tiempo, los que
lograron escapar al éxodo y se quedaron a vivir en México, no aprendieron la
lección de historia. Mejor dicho, hicieron una mala lectura de esa lección.
A la nobleza de espíritu, al humanismo mexicano, la consideraron
miopía o cobardía. Y es lugar para considerar el esfuerzo que el mexicano tuvo
que desarrollar entonces para no liberar sus instintos bestiales que, insistimos,
también forman parte de su ser.
Pero en México nunca se perdió
de vista que los pueblos del mundo son hermanos, o al menos fraternos, y que
son las cúpulas gubernamentales los que corrompen todo por defender los intereses
de sus estatus.
Así es como termina el libro
de Sims: Se reagruparon de la mejor manera para no volver a ser sorprendidos y
en cambio defender la tradición.
¿Pero cuál tradición? ¡La de
su estatus! La tradición del darwinismo social. La que había empezado con los
conquistadores del siglo dieciséis: la tradición de la destrucción y la
esclavitud por medio de las tiendas de raya de las haciendas. En las que se
practicaba, como un credo, todo lo contrario de lo que se conoce desde la
antigüedad griega con Sólon, su autor, como la ley sisactia (sisactia significa
condonación de las deudas). La tradición del alto clero en connivencia con los
hacendados.
“Los que quedaban pronto, muy
pronto aceptaron el desafío y buscaron el modo de defenderse. Los que en el
decenio de 1830-40 surgieron como defensores de los fueros tradicionales y de
las propiedades de la Iglesia, eran gente decidida a impedir en el futuro
cualquier ataque sobre los derechos y privilegios heredados de la tradición.”
No la tradición del pueblo
mexicano con su cultura milenaria y sus apremiantes necesidades enormes de
comida, vestido, educación y cultura.
Rescatar una tradición que
legitimaba la conquista haciendo aparecer las practicas, reales o inventadas,
del pueblo conquistado como asesinos y caníbales. Adjetivos que aparecen en las
Cartas de Relación que Cortés escribía y enviaba a su rey refriéndose al modo
de vivir de los aztecas.
La mencionada presidenta de la
Comunidad de Madrid que vino a México, en 2026, repitiendo lo de Cortés y los
frailes, en el sentido de la total falta de cultura de los pueblos originarios,
no ha leído a Oswald Spengler que se refiere a México- Tenochtitlán como parte
del grupo de las grandes culturas
antiguas: “china, egipcia, babilónica, mejicana”.(La Decadencia de Occidente
Vol.II,Cap.I-B ,Pág. 58).
Los frailes, es cierto,
buscando desterrar la “idolatría” para imponer el cristianismo, respaldaban lo
que Cortés decía y agregaban que las tales imágenes de los dioses mexicas eran
representaciones del demonio. Sahagún y Durán lo repiten. Así pues, los
mexicanos eran incultos, asesinos, caníbales y satánicos.
La moral cristiana se
introdujo en México mediante un recurso inmoral y criminal.
Distintivo de nuestros tiempos
modernos es crear una necesidad y, enseguida, vender el remedio de esa
necesidad. Gran cultura original, dice Spengler, de México indio, espiritual,
arquitectura, astronomía, sociedad, tradición, etc. No necesitaba más que
seguir desarrollándose. Pero asesinos, caníbales y satánicos, el cuadro
perfecto, según los frailes, para ser salvados de tal barbarie. Se necesitaba
un Salvador…
Otros, por lo mismo, hicieron famoso el “aperreamiento”, muerte en las fauces de los perros. O los marcaban con hierro candente en la cara. Séneca y Cervantes son hitos de pueblo hispano, de inmensurable sabiduría, pero que en América del siglo dieciséis conocio el reverso del molde.
No obstante, algunos frailes tenían conciencia que todo era un asunto sucio. Fray Bartolomé Olmedo, mercedario y capellán de Hernán Cortés dice: “No es justo que por la fuerza les hagamos ser cristianos”. (nota tomada del libro La Malinche de Margo Glantz). Fray Bartolomé sabía lo que decía, fue el que bautizó a Malinali que, ya “barragana” o amante de Cortés, pasó a llamarse Marina.
Así empezó lo que se conoce
como: La Evangelización de América.
Tiempo después, en el siglo
dieciocho, nacería en el seno del mismo pueblo europeo, el que sería uno de los
más grandes pensadores de la cultura occidental. Él diría lo siguiente,
hablando de los valores morales y de la virtud, tan caros al cristianismo:
“El mismo grado de perversidad
puede demostrarse en una nación groseramente entregada al asesinato y al
canibalismo que en otra que cultive la fina intriga cortesana, las
persecuciones e infamias de todas clases disfrazadas elegantemente; el fondo es
el mismo en ambos casos.” Schopenhauer, Libro Cuarto, Cap. LXVI El mundo como
voluntad y representación
El sacerdote azteca levantaba
el cuchillo de obsidiana para abrir el pecho y sacar el corazón del prisionero de guerra. Los españoles y
frailes quemaban en la hoguera a gente
pacífica bajo el cargo de idolatría. ”Por esta cruz te salvaras” le decían al
moribundo ya entre las llamas.
Kant al principio del prólogo
de la Crítica de la razón pura, la de 1781, refiriéndose a la metafísica:
“Su dominio empezó siendo
despótico bajo la administración de los dogmáticos”.
Y tanto que al tiempo que el
poder civil hacia morir en las fauces de los perros al que se resistía a creer
en la cruz, los frailes los hacían perecer en la hoguera. Lo ejecutaba la autoridad
civil pero ellos eran los que decían quién.
Para los escépticos: En el
lado sur de la Alameda Central, de la Ciudad de México, hay una placa que
indica el lugar exacto donde tenían lugar estas cremaciones. Se le conoce como
El Quemadero. Y las más ejecuciones mediante la hoguera se llevan a cabo en lo
que ahora se conoce como Zócalo o plaza principal frente a Palacio Nacional y
la Catedral metropolita. A sólo tres calles de la plaza de Santo Domingo, lugar
en el que se encontraban las cárceles de la Inquisición.
Primeramente quemaban
mexicanos que persistían en adorar,
según el nombre y el avatar icnográfico, de Tezcatlipoca, como venían haciendo
desde tiempos antiguos.
Posteriormente también se
quemarían ahí a judíos que se aferraban a su creencia en la Torá.
No aceptar el cristianismo el
precio era que tlaxcaltecas y españoles
marcaban al azteca en la cara con hierro candente, lo quemaban o moría
en las fauces de los perros.
La perversidad, de la fina
intriga cortesana, como escribe Schopenhauer,
que a la sazón llenaba los corredores de la Corte de España, y parte de
ello los príncipes de Roma, la pone de patente la misma persona de Cortés que
vivió un calvario para que se le reconociera sus méritos de la conquista de
México-Tenochtitlan (a esa altura de los tiempos, de los tlaxcaltecas ni
mención),aunque se seguían sirviendo de ellos, como “carne de cañón”, para
someter a los pueblos originales que se oponían a la conquista.
Al final Cortés obtendría el
título de consolación de Márquez del Valle de Oaxaca, valle que nunca conocería
siquiera. Y un escudo de armas. Lo que no salvó
de morir de hambre a la misma madre de Cortés aherrojada en el pueblo de
Texcoco como prisión.
Esta conducta de la corte española contra Cortés, para
reconocer lo que pedía, estaban fundados precisamente teniendo en
cuenta los abusos cometidos por los soldados de Cortés y el mismo Cortés.
Un estatus social, una clase
social, solipsista, es solo una pequeña parte del todo. Es jugar su peligroso juego al margen de los demás
estatus o, como ahora se dice, clases. Viene al caso porque muy pronto se vería en México cuan
peligroso es ese juego.
Ahora recién tenían los
mexicanos dos grandes y bellas culturas,
la suya de los soles teotihuacanos y la de la Paideia griega. ¿Pero de qué
servía si ni siquiera sabían leer por carecer de escuelas públicas para el
pueblo?
Sería hasta el 25 de julio de 1921, que el presidente Álvaro
Obregón decretó la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP),
“medida que fue aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados.
Posteriormente, el 3 de octubre del mismo año, fue publicada en el Diario
Oficial de la Federación (DOF).”
Exactamente a 400 años de la
conquista y a 100 años de la independencia. ¡Tiempo en que, por extraños y por propios, a la educación del pueblo no
se le dio ninguna atención o se le combatió con la indiferencia! ¡Un pecado de
omisión muy grave de los políticos de entonces, y de la Iglesia, que pronto pagarían caro!
Eurípides, Cicerón, Epicteto,
Shakespeare, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Domingo de Guzmán, San
Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Asís, Cervantes y otros, eran absolutamente desconocidos para
esta gente.
Ni qué decir de las corrientes
de filosofía que seguían en su apogeo en
ese siglo diecinueve en Europa: Kant, Kierkegaard, Montaigne, Schopenhauer,
Goethe, Séneca, Averroes, Suarez, Gracián…¿Cómo se puede alimentar al espíritu
así? ¿Cómo se nutre el espíritu alejado por la fuerza de sus representaciones
propias de la Divinidad Nanahuatzin-Tezcatlipoca y Chicomecoatl? ¡La espada y
la cruz lo habían mutilado todo en el siglo dieciséis!
Ahora los mexicanos tenían una
gran religión, pero por haber sido impuesta a la fuerza por los conquistadores
y por los frailes, siempre fue mal comprendida y peor practicada. Para los
católicos mexicanos, que creen que estamos exagerando, tenemos la siguiente
nota que se refiere a conceptos
expresados en estos días por el papa:
Una nota del otoño de 2021:
“El papa admite errores en
evangelización por imponer solo un modelo cultural
Agencia EFE
miércoles, 13 de octubre de
2021 3:54 a. m.
Ciudad del Vaticano, 13 oct
(EFE).- El papa Francisco admitió que se cometieron “errores en la historia de
la evangelización queriendo imponer un solo modelo cultural” que llevaron
incluso a guerras, durante su catequesis de la audiencia general celebrada hoy
en el aula Pablo VI del Vaticano.
Reconoció que “son muchas las
tentaciones de querer imponer el propio modelo de vida como si fuera el más
evolucionado y el más atractivo” y admitió: “¡Cuántos errores se han realizado
en la historia de la evangelización queriendo imponer un solo modelo cultural!”.
“A veces, no se ha renunciado
ni siquiera a la violencia para que prevalezca el propio punto de vista,
incluso guerras. De esta manera, se ha privado a la Iglesia de la riqueza de
muchas expresiones locales que llevan consigo la tradición cultural de enteras
poblaciones”, reconoció Francisco asegurando que esto es “lo contrario de la
libertad cristiana”.
En breve, solo noventa años
más adelante, la Iglesia pagaría el precio de no haber enseñado, en esos tres
siglos de la colonia, filosofía y teología al pueblo (a ese pueblo, 90 por
ciento de la población, compuesto, como dice Fray Bernardino de Sahagún, de
“maceguales y gente baja”).
Las masas de esclavos de las
tiendas de raya de las haciendas, sólo
conocían, mal conocían, el catecismo de Ripalda. Eso es lo que la
Iglesia, y los centros de investigación académica, incluso universitarios,
llaman “la evangelización de América”. Se refieren al diez por ciento de la
población, no al noventa por ciento.
Ya a pocos años de caído
México –Tenochtitlán los frailes festejaban el triunfo de la cruz por haber
convertido al cristianismo a millones de indígenas. Una reflexión: Esos
millones de indígenas ni entendían el idioma español ni los españoles, salvo
excepciones, habían aprendido a hablar como los naturales (más de cincuenta
etnias con sus diferentes dialectos).Se publicaron algunos catecismos en lenguas nativas para los hijos
de los caciques indígenas burócratas al servicio de los hacendados.
Bernal Martínez Gutiérrez en
su obra Apuntes de filosofía, menciona esta doble labor de destrucción y
reconstrucción de la Iglesia. Se refiere
al papel dominante de la Iglesia en el periodo europeo de la Edad Media,
en el contexto social del feudalismo:
“La Iglesia católica, en
franca alianza con el Imperio, dominarán las vidas de los pueblos,
sometiéndolos algunas veces al avasallamiento y a la tortura.” Anota en
seguida.
“Pese a todo, aquella
centralización divina favorecerá instituciones como el monacato, la vida
contemplativa, las ordenes mendicantes y el nacimiento de no pocas órdenes
religiosas que intentan una reforma espiritual de la institución desde dentro.”
En otras palabras el pueblo
del 90 por ciento carecía de vitaminas culturales para saber convivir, con el
sano laicismo, y prevenir el
jacobinismo que después se vino encima.
Ya desde entonces el cierre de
las iglesias, en el país, y la prohibición de la religión, tocaban a sus
puertas.
Como resultado de ese analfabetismo
muchos serían lanzados a la guerra a favor del jacobinismo sin saber de qué se
trataba éste y otros muchos a defender lo
religioso sin tener conciencia
de lo que estaba defendiendo sino movidos, ambos bandos, por el ciego fanatismo.
Para filosofar se necesita la
duda a través de la cual se busca la certeza. Para creer en la Divinidad se
requiere una fe que es dotada desde el cielo mismo, no porque se tiene enfrente
una presencia punitiva. Pero nada de esto, Filosofía y Teología, caben donde se
hace todo para que no haya libertad para pensar.
En rigor, laicismo no es una
meta en si. Más bien se trata de un camino para llegar a un fin. Este fin es el
Humanismo. Humanismo es donde el individuo puede vivir con toda libertad de pensamiento
en el universo de las ideas y las artes tales como la filosofía, el teatro, la
literatura... Cómo se anotó, aquí solo se mal conocía el catecismo de Ripalda.
Ya en pleno siglo veinte,
cuando las naciones habían agarrado el pulso de
los nuevos tiempos, el noventa por ciento de la población los mexicanos seguían de esclavos de la tienda de
raya de las haciendas, analfabetas y descalzos.
Era la evidencia que el
discurso prerrevolucionario, que insiste en la igualdad de los hombres, ya
en la praxis posrevolucionaria, ésta “igualdad” queda en cero como antes de la revolución...
La gran cultura sirio
grecoromanespañolaaafricanaárabefrancesajudía que trajeron los españoles y los
grandes centros de enseñanza que fundaron recién la conquista (Tlatelolco, San
Ildefonso en la ciudad de México, Colegio San Nicolás Obispo de Valladolid,
Michoacán y cuya literatura llena las bibliotecas universitarias) fueron pensando en los hijos de los
conquistadores y en las familias de los grandes caciques indígenas al servicio
de los españoles. Pagando así los servicios que habían prestado en la guerra de
conquista y destrucción de
México-Tenochtitlán.
Si todas las etnias (excepto
las etnias chichimecas del norte y del
oeste,que combatieron durante un siglo todo intento de conquista dirigida por
españoles y ejecutada por sus incondicionales aliados del principio) se unieron
al español contra México-Tenochtitlan, en el siglo dieciséis, la lectura del
slogan “resistencia indígena” es un reconocimiento a que los mexicas fueron los únicos en el
centro-sur que resistieron contra la invasión europea.
La esclavitud sufrida durante
trescientos años hicieron que se reconociera el error y ahora los otrora
enemigos del azteca se arropan bajo el gentilicio de los mexicas, mexicanos.
Arropamiento que viene siendo un reconocimiento al heroísmo azteca que cayó en defensa de la
original y milenaria cultura náhuatl.
Todas estas etnias adversas a
los aztecas fueron utilizadas de inmediato por el español para que destruyeran
las pirámides del centro ceremonial
azteca que estaba rodeado por el gran
coatepantli o muro de las serpientes, muro de Quetzalcóatl.
¡Y también las propias
pirámides de los aliados de Cortés con cuyas piedras y losas construyeron las iglesias católicas conservando
la fachada la orientación solar hacia el poniente! Acto seguido vendría la explotación de las minas para cargar los
barcos de oro y plata rumbo a España, fenómeno que, sabido es, dio pie a la aparición de piratas, bucaneros
y corsarios.
Coatepantli de los aztecas
Aquí empezó la resistencia
indígena, hace quinientos años.
El 12 de octubre, de 2024, Claudia Sheinbaum Pardo, ya como
presidenta constitucional, dejó claro en su conferencia mañanera, desde el
palacio, que en adelante esta fecha se llamaría “Día de la resistencia
indígena”.
Réplica de la pirámide a Huitzilopochtli (conocida ahora como el Templo Mayor y a sólo cien metros de los restos de la opriginal).Se erige cada año por orden de Andrés Manuel López Obrador, Presidente de la Republica Mexicana.
La traumática situación vivida
ochenta años atrás no fue suficiente como para enmendar la actitud hacia el
pueblo de los maceguales. Al contrario, se dio un acercamiento entre los altos
mandos mexicanos, ya independientes de España, y el alto clero, con los hacendados que había logrado evadir
la expulsión.
A decir verdad, la corona
española no fue del todo indiferente. El rey Carlos Primero de España ordena,
mediante un decreto de 1548, firmado en Valladolid, la liberación inmediata de indígenas
que Cortés había esclavizado. Decretos que, primero los encomenderos, después
hacendados, hacían caso omiso. Buscaron modos no tan obvios de esclavitud.
Quitaron las cadenas e instituyeron las famosas tiendas de raya.
La existencia de las tiendas
de raya en México, para los primeros años del siglo veinte, es una realidad
patente que tanto esa influencia de Rousseau que influyó en el desarrollo de la
ideas de los héroes mexicanos de la Independencia, como por otra parte las
bondades del cristianismo que ya llevaba siglos, todo eso yacía a buen resguardo
en los anaqueles de los intelectuales. ¡Brillantes proclamas desde la
ilustración y sublimes promesas espirituales del romanticismo! El campesino
seguía de esclavo de las haciendas.
Es posible que las
revoluciones de emancipación de España, en otros países de América, tengan su
maternidad en la revolución francesa. En México se trata de una labor de
pastillaje (técnica muy estudiada en arqueología que consiste en ir adhiriendo
elementos a una pieza de cerámica ya hecha) que los historiadores han ido
agregando a la autenticidad de lo mexicano.
De aquí parte el mito, muy
socorrido por algunos historiadores, que tanto la guerra de Independencia, como
la revolución mexicana, alimenta sus raíces de la ilustración europea. ¡Un
colonialismo cultural más sobre el mexicano!
Un acuerdo, una actitud
dialéctica, entre los antagónicos de poder, siempre es bienvenido en nombre del
bienestar del pueblo. ¡Lo que en la actualidad se dice “negociar”! Esa fue, al
menos la intención, del famoso abrazo de Acatempan, en el que realistas e
insurgentes se dieron la mano para
dar por terminada una lucha que ya llevaba dos décadas. Ese sería la
actitud de España cuando tres lustros más tarde al fin decidió reconocer la independencia de México.
Cincuenta etnias en México siguen viviendo, para 2021, sus
costumbres y sus ritos ancestrales a lo largo de todo el país. Lo que se
conquistó en el siglo dieciséis fueron
los grandes centros de poder, cultura y población y el más importante de
todos México-Tenochtitlán.
En otras palabras, el México
nativoamericano no fue borrado. Sigue vivo. Pero también fue abandonado por extraños y propios.
Fue hasta la presidencia de
AMLO, y seguida por la de Claudia Sheinbaum, que se elevó a rasgo constitucional
el derecho, respeto y programas sociales para los pueblos originarios.
Lo anterior se destaca porque hubo periodos, en el siglo diecinueve, de los gobernantes mexicanos, que
persiguieron con saña a etnias del norte con la misma vesania que tres siglos
atrás lo hicieron los españoles. Despojar
las tierras y agua a las tribus y
“blanquear” la piel de los étnicos era la idea. Su ejército sirvió para
emprenderla contra los campesinos de Jalisco, Michoacán y Colima o contra los indios mayos, tarahumaras,
huicholes, otomís, mayas, etc. (ver La Frontera Nómada, de Héctor Aguilar
Camín, editado por Siglo XX 1, México, 1977).
¡Dos genocidios! El primero
ejecutado por los conquistadores y el segundo por algunos gobiernos de
mexicanos ya independientes de España.
A ochenta años de gobiernos ya
mexicanos, y de aquel sangriento 1828, el noventa por ciento de los mexicanos
eran analfabetas, andaban descalzos y vivían en chozas. Los hijos heredaban la
deuda que el español hacendado había anotado en las tristemente tiendas de raya
que cada hacienda tenia, esto, como se ha anotado, con la venia de gobernantes
mexicanos y con el silencio de la Iglesia.
El niño mexicano recién nacido
en esos tiempos ya tenía que pagar dos deudas: una deuda en la tienda de raya
del hacendado y otra deuda en la iglesia
con el nombre de “pecado original”. Dos
deudas que, obvio, él no había contraído, pero se las habían endosado. ¡Y a su
vez, las heredarían sus hijos y sus nietos!
¡Brillantes proclamas desde la
ilustración y sublimes promesas espirituales del romanticismo! El campesino
seguía de esclavo de las haciendas. En otras palabras, ni teísmo ni ateísmo
hicieron algo por superar esas maneras de esclavitud trascendente.
De la primera no había modo de librarse o iría
a dar a la prisión del San Juan de Ulúa, de donde ya no se regresaba y al
morir, o si ya estaba muy enfermo, se arrojaba
a los tiburones.
El que conoce esas celdas sabe
que los presos no tardaban mucho tiempo en enfermar. Las celdas fuero diseñadas
para ser inundadas a medias cuando sube la marea. Las terribles mazmorras, de
las prisiones europeas durante la Edad Media,
serían un hotel de lujo en comparación con estas celdas de “la muerte
rápida” de San Juan de Ulúa.
De la segunda, si el individuo se alejaba de la Iglesia, al morir iría a
dar al infierno. De modo que era ineludible cumplir con la hacienda y con la
Iglesia.
Palabras de Rousseau:
“Aun admitiendo que el
hombre pudiera enajenar su libertad, no
pude enajenar la de sus hijos, nacidos hombres y libres. Su libertad les
pertenece, sin que nadie tenga derecho a
disponer de ella.”
A siglo y medio de haberse
publicado el Contrato Social (1762) toda esa influencia de Rousseau, que dicen
los historiadores, aquí no se veía por ningún lado. Citar a Rousseau como
historiador da tono pero en la realidad fue en México una pura fantasía.
Las luminosas palabras de: “todos
los ciudadanos somos iguales ante la ley”, para nada tomaban en cuenta a los
mexicanos del noventa por ciento. Las ardientes proclamas, de ecos rousseaunas
habían sido inclementes para atacar al despotismo de la monarquía española,
pero ahora, ya independientes de España, políticos mexicanos y prelados de la
Iglesia, tomaban chocolate y comían tamales en la mesa de los hacendados.
Mañana la ilustración
levantará la espada contra el romanticismo (Cristiada) y éste responderá de
igual manera a la ilustración. Se volverá a leer a Juan Jacobo Rousseau por un
lado y, por otro lado, el ideario de San
Ignacio de Loyola. Por lo pronto, María,
sirve más chocolate a los señores y trae otra fuente de tamales. Mañana,
después de la hecatombe, que los historiadores escriban sus aburridas y
descoloridas novelas, con pretensión de
historias.
Hacendados poderosos, por lo
general faltos de sentido social, humano, dueños de tierras y vidas hasta mucho
más allá de donde alcanzara la vista. Pero nadie como la Iglesia. La Iglesia
católica era el terrateniente mayor en México. No aprovechó su milenaria
experiencia en el mundo en este sentido y esperó a que tal riqueza se la
arrancara de las manos por la fuerza.
Esta época da la impresión que
el atraso es responsabilidad del 90 por ciento de los mexicanos (en especial de
los étnicos y de los mestizos) y no de las condiciones impuestas por los
hacendados. Menudean los adjetivos. La solución es el saber científico,
precisamente cuando no se tenían escuelas.
Así, con ese
bagaje histórico, llegamos al siglo veinte.
Uno del pueblo se encontraba
en la calle a un español, o a un catrín (mexicano cerca del poder), debía
bajarse de la banqueta y no levantar la vista bajo riesgo de ser escupido o golpeado en la cara por insolente. O enviado
al presidio de San Juan de Ulúa, islote
en el mar de, donde dijimos, jamás
regresaba.
Y se daba por hecho, bajo el
silencio de la Iglesia, lo que se llamó el derecho de pernada: en situación de
casamiento el primero que se acostaba con la novia era el hacendado. Costumbre
que empezó en siglo dieciséis cuando las
tribus enemigas de los aztecas ofrecían a sus mujeres a los soldados españoles.
”Para mejorar la raza”, Bernal Díaz del Castillo lo dice de esta manera: “para
hacer generación”.
Antes de ser arrojadas las
mujeres indias a la chusma o al concubinato de algunos de los capitanes
españoles, la Iglesia requería que fueran bautizadas, les ponían María o Juana
O Mariana…Después de esto el cuerpo de las indias ya nada importaba, su Alma
(ánima) dice Bernal Díaz, ya tenía el paso libre allá en el cielo de la nueva
religión. “Cosas veredes Sancho”, dijo
Don Quijote.
Francisco Villa y la División del Norte,
cruzando el desierto de Samalayuca, en el camino de librar la batalla final en
Zacatecas, a 1500 kilómetros de distancia.
Elsa Cecilia Frost señala que: “La hipocresía española que hace bautizar a las mujeres (indias) antes de pecar con ellas…Es absurdo pensar que la toda poderosa Iglesia permitiera tal estado de cosas. Y, sin embargo, así era”, (del libro La Malinche, de Margo Glantz, editorial Taurus,2001).
El 20 de noviembre de 1910,
con la toma de Ciudad Juárez, por Francisco Villa y Pascual Orozco, a las
órdenes de Francisco I Madero, empezó el movimiento revolucionario que se ha
considerado como la primera gran revolución popular del siglo veinte en el
mundo.
La prudencia, y el miedo al caos, habían llegado
a su fin. Se desataron las fuerzas bestiales reprimidas durante cuatro siglos en el alma noble del mexicano. En
adelante, parafraseando a Goethe: ¡Ningún crimen me es ajeno!
Niña
guerrillera. La praxis un siglo antes
que en México empezarán las luchas por la igualdad de género. Miles de mujeres
se fueron a los frentes de batalla y en los servicios de apoyo. Se les conoció
como “Las Adelitas”
Adelita, la mujer que inspiró el más guerrero
de los corridos de esta revolución.
En rigor las Adelitas sólo fueron las continuadoras de la Matria tan
presente en el pueblo mexicano o influencia femenina central. Sostenedoras de
la lucha por la libertad del pueblo y soberanía de la nación, de aquellas
mujeres que lucharon, y murieron, en los primeros años de empezada la lucha de
independencia iniciada por Hidalgo: Jose
fa Ortiz, Leona Vicario,
Gertudis Bocanegra… Y ellas, a su vez,
las continuadoras de la lejana y primordial
Matria de las mujeres que lucharon y también murieron en
la defensa del sagrado coatepantli del pueblo azteca. Línea que no se ha
interrumpido con la actual presencia, en lo que va del siglo veintiuno, de
miles de mujeres tanto en el Colegio Militar, el Ejército y la Marina de
México.
Francisco Villa, Pascual
Orozco y Maclovio Herrera no eran militares. Eran gente del campo de la
infinita llanura norteña que conocía las montañas, sabían montar caballos y disparar en plena carrera, y tenían muy desarrollada la intuición del
guerrillero.
Eran nada. La sociedad de
entonces los había puesto al margen de la ley: pura escoria social, bandidos, salteadores de
caminos, roba vacas.
Fueron la nada que acabó con
siglos de perversa practica de poder de extraños y de propios.
En honor de esa “nada” Andrés
Manuel López Obrador, presidente de la republica mexicana, hizo lo que nadie
antes pudo, quiso o se atrevió a hacer: Nombró 2023 el “Año de Francisco Villa”
Foto tomada de Internet
En tanto los once generales de división del viejo orden huertista, que comandaban la impresionante columna de trenes del ferrocarril con soldados del gobierno, trazaban un plan de batalla para controlar el norte del país, la División del Norte de Villa, compuesta de campesinos, ya había tomado la ciudad de Torreón, hasta entonces en manos de los huertista, penetraba las defensas de Paredón y preparaba el ataque decisivo que tendría lugar en Zacatecas.
Entretanto, Rodolfo Fierro, de las huestes
villistas, para “matar el tiempo”, mataba prisioneros, personalmente, uno por
uno, hasta quedar imposibilitado de la mano de tanto disparar la pistola. ”Si
logras brincar esa barda, quedas a salvo” les decía, de cientos, dice la
leyenda, solo uno lo logró.
Zacatecas era el último bastión del gobierno federal, y
la batalla decidía el resultado de la revolución.
23 de junio de 1914. La batalla final de la revolución. Asalto al cerro de La Bufa, Zacatecas, por los revolucionarios, en posesión del ejercito federal.
tomada de Internet
Propiamente la revolución duró cuatro años, del 20 de noviembre de 1910 al 23 de junio de 1914.
La revolución mexicana barrió casi con todo
esa perniciosa connivencia que ya duraba cinco siglos, empezando con los
cacique indígenas burócratas al servicio de los españoles, del siglo dieciséis,
hasta los mexicanos del régimen porfirista y los del neoporfirismo que le
siguió. Casi…
Un millón de vida sacrificadas en la revolución y de todas maneras al pueblo se le siguió relegando
en
los tiempos posrevolucionarios.
Con la excepción del
presidente Lázaro Cárdenas, aquí es
donde empieza el gran problema con el que tendría que enfrentarse el auténtico
luchador social, si es que alguna vez llegaba: siguieron décadas de desengaño
del pueblo hacia sus gobernantes que no ocultaban ya su avanzado grado de
corrupción y, como distracción, para que la gente volteara para otro lado, se
daban frecuentes actos de represión.
Cada seis años la gente iba a votar con una inmensurable desconfianza de que,
como siempre prometían las campañas presidenciales, esta vez sí fuera cierto.
Las dos décadas que siguieron a
la acción armada debido a la lucha de facciones de haber quien llegaba
primero a punta de balazos a la silla
presidencial. Y el que llegaba pronto era quitado también a balazos por otro
grupo.
El pueblo siguió con hambre,
poca cultura y agarrado como carne de cañón para los intereses del 10 por ciento
de la población.
Siguió el eterno, efectivo,
recurso para la desestabilización de cualquier nación: gobierno contra la
iglesia y viceversa: la Cristiada (más balazos y el pueblo seguía sin escuela,
comida y cultura) la lucha armada contra el gobierno federal que había cerrado
templos, prohibida la religión, asesinado sacerdotes y monjas (al menos el 90
por ciento de los mexicanos eran católicos).El caos estaba garantizado, era
inevitable. Para que Estados Unidos le diera el visto bueno, como candidato a
la presidencia, Álvaro Obregón acepto que el pueblo mexicano se quedara como
estaba Respectoa la industria, sobre todo), sin ir más allá, durante los siguientes cincuenta años. Esto se conoce
como Los Tratados de Bucareli. ¡Otros tratados, menos visibles, se aceptarian en los años que estaban por llegar!
Paralelo a eso no sólo el olvido del pueblo
sino continuar con el exterminio de las
comunidades indígenas originarias, para seguirles quitando sus tierras y sus
aguas de ríos y lagunas.
(En octubre del 2024 el presidente AMLO y la presidenta, todavía
electa, Claudia Sheinbaum, pidieron, personalmente
al pueblo yaquí, perdón por todas las atrocidades, verdaderas masacres, exterminios,
de los gobiernos anteriores. Paralelamente buscar dotarlos de aguas y
restitución de sus tierras).
Gobiernos mexicanos, posrevolucionarios,
del 10 por ciento blandengues hacia la presión de hegemonías extranjeras y
mucha represión, y mucha corrupción, hacia el interior, hay que insistir en
ello.
Grandes evasores de impuestos
y grandes delincuente de cuello negro como
los delincuentes de cuello blanco. Salían libres por orden de algún juez a los
dos o tres días de estar en la cárcel ( en
el supuesto que en realidad estuvieran
o se les daba por cárcel ir a vivir a su casa).
Quedó en evidencia que era
también un Poder Judicial corrupto (con sus excepciones) hasta la médula. Estaba absolutamente seguro que su fuerza y su autoridad eran
por encima de la Constitución, del Legislativo (Cámara de Diputados y Cámara de
Senadores) y del Ejecutivo.
Cuando los historiadores
escriban sobre este episodio del viejo
Poder Judicial, y su caída por la
fuerza del Humanismo Mexicano, de llevar a sus jueces, ministros y magistrados,
a ser elegidos en las urnas por el pueblo, encontrarán un abundantísimo
material.
Juventud con escasa oportunidades
de estudiar y menos de trabajar que, con desprecio se les señalaba como
parásitos con la palabra “ninis”(ni estudian ni trabajan). Vicente Fox,
uno de los últimos ex presidente del neoporfirismo, dijo en una ocasión por
televisión refiriéndose a los programas sociales puestos en marcha por el
gobierno de la 4T, “¡mejor trabajen huevones”.
Era la mentalidad de los hasta entonces altos
funcionarios de los que gobernaban para sólo el 10 por ciento de la población.
Y una síntesis que englobaba a
la corrupción de los gobiernos pasados, y a la vez una advertencia para la
avaricia que nunca está lejos de los políticos presentes, de todos los partidos y de los tiempos que están por venir:
Uno de los postulados de la
Declaración de Principios del partido Morena dice así en una de sus partes:
“Morena se
esfuerza en establecer una democracia austera, defiende la autodeterminación de
los partidos políticos, rechaza toda intromisión en su vida interna y se niega
a recibir toda aportación económica, política o propagandística proveniente de
corporaciones nacionales, ciudadanía o entidades extranjeras, grupos de
interés, ministros de culto y asociaciones de cualquier religión, cabilderos y
cualquier persona física o moral a la que las leyes electorales prohíba
financiar a los partidos políticos”.
Otro principio básico, para no
perder de vista nunca más, quien es el
que manda: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.
Y: “No puede haber gobierno
rico con pueblo pobre”.
Los ideales de los padres
Hidalgo, Morelos, Matamoros y otros insurgentes, en la guerra de 1810,
de
libertad con justicia social, al fin, se van haciendo realidad. Llevados
a cabo por lo que se conoce como “la
revolución de las conciencias” y “humanismo mexicano” de la,actual, coalición de
partidos Morena, Verde y PT.
Tanto el 16 de septiembre,
como el 20 de noviembre, honran a los miles de combatientes, conocidos y
anónimos, que dieron la vida por la libertad y el progreso para el cien por
cien de los mexicanos, incluido ese 10 por ciento neocolonizado, del primer tercio del siglo veintiuno.


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