J.ORTEGA Y GASSET, DESCONOCIDA SOCIEDAD


 

Muchacha hermosa se acerca y me da un delicioso beso, o un rufián me asesta una puñalada por la espalda. Eso es la sociedad.

En realidad, dice Ortega, no sabemos qué es sociedad: “no tenemos ni la más remota sospecha.”

¿Es la idealizada reunión de personas positivas que viven en un lugar? ¿O es un lugar habitado nada más por alimañas?

De manera abstracta la gente de bien vivir, trabajadora y estudiosa, no vive, como se cree, por “rumbos”, barrios precaristas  o elegantes  fraccionamientos de la ciudad. Sucede lo mismo con los depredadores

¡Todos vivimos juntos y revueltos! A eso  Ortega llama disociedad.

En México a esto se le conoce como “sociedad muégano”. Muégano es un dulce redondo  pero se forma con granos individuales que se van agregando al conjunto.  Todos hacen uno pero cada quien su personalidad o su “granodidad”.

Semejante a la técnica de “pastillaje”, que se conoce  en arqueología, y usaban los mexicanos precristianos en alfarería. A una pieza base se la iban a agregando elementos adyacentes.

 Max Scheler observa, en su Ética, que “los valores a los que la sociedad se refiere  son los más divisibles y los menos comunicables de todos; ni tampoco pueden ser vividos  en común, pues sólo cada cual puede tener su interés y su sensación de conveniencia, por muchos que puedan  ser los que poseen iguales sensaciones  e iguales intereses. Esa igualdad no crea nunca  una solidaridad, sino a lo sumo una cooperación, basada en un contrato, de muchos para la realización de un fin.”

Al interior de los sindicatos la palabra solidaridad es pan de todos los días y retórica obligada de los dirigentes pero, lejos de eso, como dice Scheler, a lo sumo sólo puede haber cooperación para las acciones generales. En lo individual, escalar en el escalafón es  posible sólo en la medida que se compite y se vence al otro aspirante. Lo mismo sucede en la política partidaria. 

Schopenhauer lo dice de manera nada romántica: “¿Ves esos perros tan amigables? ¡Pues arrójales un hueso y verás cómo se destrozan entre sí!

En su Ética, cuarta parte, escolio II, Benito Spinoza, dice que “Si los hombres viviesen bajo el gobierno de la razón cada uno poseería el derecho que le pertenece sin perjuicio alguno ajeno. Pero como los hombres están sometidos a afecciones que exceden en mucho su potencia o la humana virtud son arrastrados en diversos sentidos y son contrarios unos de otros.”

¿DISOCIEDAD?
Humanos somos y ni en los altares los hombres están exentos de querellas. Se vio con respecto a una controversia que estalló en el siglo XVI entre teólogos dominicos y jesuitas. Lo relata F. Copleston en su Historia de la filosofía, Vol.2, Cap. XXI. (Copleston es de la Compañía de Jesús)

El punto de choque  era ¿cómo la gracia de Dios es eficaz en virtud del consentimiento libre de la voluntad del hombre?

La disputa se alargó en el tiempo y subió de tono. Finalmente el papa Clemente VIII ordenó formar una Congragación para discutir el tema. El resultado fue que ambas posiciones fueron permitidas pero:

“Al mismo tiempo se prohibió que lo jesuitas llamasen calvinistas a los dominicos y se dijo a estos que no llamasen pelagianos a los jesuitas.

 “Animal social” se le llama al hombre con la intención de ponerle una medalla en el pecho por su inclinación, o por su necesidad, de juntarse y hacer leyes de conducta.

También habría que darle  una medalla a los leones y a los cocodrilos pues es sabido que viven en  sociedad en sus respectivos grupos. Y tiene sus leyes naturales. El comportamiento para con sus crías deja al descubierto que, en alguna parte de su bestialidad, hay amor maternal, si puede hablarse así.

Si vamos a las distinciones el hombre tiene algo más que instinto bestial. Pero ese “algo más” no se puede garantizar que se manifieste en todos.

Algunos filósofos de la antigüedad griega, lo mismo que más acá Horacio, Montaigne y Spinoza, decían que los dioses se habían equivocado en darle al humano el poder de razonar. Este razonamiento lo usan, en cambio, para hacer triquiñuelas, contratos falsos, despojar al que tiene de sus pertenencias, o echarle la culpa al inocente etc.

Pero, como sea, el “otro”, el otro ciudadano, nos es necesario para moldear nuestra propia personalidad, descubriendo cómo somos o señalando nuestros errores y aciertos, no nuestro ser porque el hombre es como es y no puede cambiar aunque vaya con el brujo.

Con exactitud Jean Wahl dice en sus Introducción a la Filosofía: “ otras personas (nos sirven) para la constitución de la propia personalidad y lo que puede llamarse el carácter vocativo de esta relación,  se refieren a las relaciones entre las personas más bien que a la naturaleza misma de la personalidad.”

Por eso Ortega  dice: “He experimentado que el hombre es capaz de todo, de lo egregio y perfecto, pero también y no menos, de lo más depravado. Tengo la experiencia del hombre bondadoso, generoso, inteligente, pero, a su vera, tengo también la experiencia del ladrón de objetos y del ladrón de ideas, del asesino, del envidioso, del malvado, del imbécil….”

Ortega no es escéptico ni paranoico, en este punto es ecléctico, como quien dice, balanceado, cuando compara la relación social:

“es igualmente que una mujer bonita me dé un beso, ¡qué delicia! O que un transeúnte avieso me dé una puñalada.”

ORTEGA
“José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A.CARREL, HÁNDICAP


 

Vemos en la televisión aventuras a través de inhóspitos parajes de la naturaleza. Son sólo eso, aventuras de film.

Llenan el espíritu de aventura innato en el humano. Pero de un humano que ahora está tendido en el sofá viendo una fantástica aventura.

Alguien va atravesando solo un desierto y está a punto de morir de sed. Hace ya dos días que el agua se le ha agotado y la temperatura es de cincuenta grados. No hay oasis a la vista y los cien kilómetros por recorrer están secos. Va a morir. Está atrapado por las arenas.Lo que ve este caminante es una abrumadora soledad.

Por si fuera poco, ese individuo, superdotado, no lleva, deliberadamente,  agua, víveres, tienda de campaña ni bolsa de dormir. En el cenit se enterrará en las arenas para librarse del calor y por las noches hará lo propio  contra el intenso frío.

Sus necesidades de proteína y líquidos los solventará comiendo alacranes y tarántulas. Y, para asar  la víbora que logró matar, frotará piedra contra piedra hasta lograr una chispa de lumbre pues tampoco lleva cerillos o “encendedor”.

Este superdotado pronto es superado, en otro canal de la televisión, por otros más superdotados que, igual, se van a la naturaleza inhóspita pero ahora sin nada. Es decir, van desnudos. El otro cargaba una mochilita, pero estos no llevan, literalmente, ni calzones.

Pocos televidentes caen en la cuenta que el verdadero héroe de la película es el camarógrafo. Va  por todos los accidentes del terreno filmando a los aventureros. Y  detrás del camarógrafo hay todo un equipo de técnicos moviendo cables y micrófonos  desde el camión que tiene la “fuerza de poder” o energía para los reflectores.

La casi fabulosa industria del cine nos lleva por mundos lejanos, y peligrosos, sin siquiera nosotros movernos del sofá, en tanto comemos “palomitas”.

Hace ya muchos años, cuando todo esto de la aventura virtual no existía, Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina, casi profeta, publicó un libro que se refería al alejamiento del humano de la “naturaleza natural”.

A diferencia de la gente del campo que vive de lo que con sus manos siembra y cosecha, los que habitamos la ciudad, nos vamos pareciendo cada vez menos a los recios primeros fundadores de pueblos y naciones.

Somos gente  del mundo tecnológico, no campesinos ni leñadores. Sin embargo, dice Carrel, el precio psicosomático por haber abandonado,  no aquella vida sino, el esfuerzo de aquella vida, es demasiado alto. Los jinetes del Apocalipsis nos han caído encima en la manera de presión alta, diabetes, sobre peso, paranoia…

Carrel lo dice de esta manera:

“El hombre moderno, o duerme mucho o demasiado poco. No se adapta fácilmente al exceso de sueño. Todavía se adapta peor  si duerme escasamente durante periodos prolongados. Sin embargo, es útil acostumbrarse a permanecer despierto cuando uno desea dormir. La lucha contra el sueño hace funcionar aparatos  orgánicos cuyo vigor se desarrolla por medio del ejercicio. También exige un esfuerzo de voluntad. Este esfuerzo, junto con otros muchos, ha sido suprimido por las costumbres modernas. A pesar de la agitación de la existencia, la falsa actividad de los deportes y el trasporte rápido, los grandes sistemas orgánicos, reguladores de nuestras funciones de adaptación, permanecen ociosos. En suma, el modo de vida creado  por la civilización científica ha vuelto inútiles un numero de mecanismos cuyas actividades nunca habían cesado durante los milenios de existencia de la raza humana.”(La incógnita del hombre, Cap. VI)

Parece extraño que el autor se refiera a la “falsa actividad de los deportes”. Lo explica enseguida cuando dice de  “nuestras funciones de adaptación”.

Los deportes de ciudad, en su mayoría, se practican dentro de gimnasios a los que no llega el viento ni la lluvia y la temperatura está artificialmente regulada. Y, muy importante, los individuos permanecen en una misma cota sobre el nivel del mar.

En el campo, en la montaña, todo eso entra en actividad  y echa a nadar nuestras funciones de adaptaciones. Entra en vigorosa actividad el hándicap necesario. Contra el frío,  el calor, la subjetividad de la noche.

En la vida real la gente va a la naturaleza con lo necesario para vivaquear.

Entrada al pueblo montañés de Cerezo, Pachuca, Hgo. México.
“Se llama hándicap a la resistencia impuesta por la naturaleza para una actividad, inercia errada que iguala las posibilidades, desventaja impuesta por el deterioro del uso, complemento que impone una carga ideal.”

Y respecto al proceso en el que entra nuestro organismo, pregunten a los alpinistas, cuando van de los tres mil a los cuatro mil, a los cinco mil de altitud o más. Nuestros glóbulos rojos y blancos entran en una actividad    que en términos de pocas horas están decidiendo no sólo el resultado de la ascensión sino de la vida misma del individuo.

La gente ajena al montañismo puede imaginar, esto de las cotas altas ( y su efecto sobre el organismo),   llevar sobre sus hombros una mochila de veinte kilos en la ciudad, y allá arriba, ese mismo peso, será de unos cuarenta kilos. Es sólo una idea para ilustrar el tema.

Todo esto está ausente en la cota fija  del gimnasio.

Las palabras de Carrel tienen la intención preventiva, para evita llegar, en lo posible, a la medicina correctiva, muy cara y, en ocasiones, inútil ya.

Esta voz de alerta ante hándicap, en realidad viene de siglos atrás.

Copleston, comentando al célebre personaje alemán  del siglo XV, conocido como Paracelso, que entre otras actividades fue profesor de medicina, dice que el médico debe ampliar su campo visual y considerar “al hombre como un todo, y no limitar su atención exclusivamente a los síntomas, causas y tratamiento físico.” (F. Coplestón, Historia de la filosofía, Cap. XVII)

El mundo del film, al que varios filósofos se refieren, Ortega y Gasset, Jean Wahl…es en relación a lo virtual del mismo. No a la actividad  cultural que es  ver  cine, sino a la cantidad de tiempo que se le dedica cuando se convierte en   patología.

Lo virtual requiere que se le dedique tiempo. Tiempo que se resta de actividades empíricas o reales, verdaderas, no virtuales de film.

Entretanto el sobrepeso, y los otros jinetes del Apocalipsis, empieza a subir, desde las patas del sofá en el que estamos viendo, los viernes, la película y comiendo “palomitas”.

 
A. Carrel

“El nombre de Alexis Carrel es universalmente conocido: en el campo de la ciencia, por sus estudios y sus realizaciones prácticas en el cultivo de los tejidos, su técnica de sutura con "tres hilos", la anastomosis de los vasos y trasplantes orgánicos, y la construcción de un corazón artificial; en el ámbito de la cultura general, Carrel resulta notable como escritor por su libro La incógnita del hombre, y en el mundo religioso, por su franca actitud de científico La fama de sus trabajos, investigaciones y conquistas alcanzó pronto una difusión tal que en 1912 se vieron coronados con el Premio Nobel de Fisiología y Cirugía fisiológica.” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                                                                                                                  





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                  

F. COPLESTON, RENACIMIENTO EUROPEO


 

Platón y Aristóteles eran vistos con recelo durante el primer tercio de la Edad Media:

En especial el segundo, por su inclinación hacia lo natural. Y, como contradicción, al primero se  leía por su acercamiento a lo que el cristianismo vivía en lo espiritual. Como sea, no se perdía de vista que  ambos eran ¡paganos!

Para acabarla de enredar algunos, por no decir muchos, pensadores, por los motivos que fueran, malas traducciones, enfoques propios, o intereses de grupos, metieron mano en las obras de aquellos y tales escritos circulaban en las universidades proyectando distorsiones que los hacía no sólo confusos sino contradictorios.

Podemos imaginar una “rueda de prensa” en la actualidad, en la que participan cincuenta medios, y el presidente de la republica hace una declaración sobre un tema concreto. Al día siguiente el público tendrá en los periódicos cincuenta  versiones distintas de lo que dijo el presidente.

Así con los intelectuales del medioevo. Respecto de temas como la Creación, la Eternidad,  las almas, el tiempo,  el espacio,  el cielo mismo como Dios, la naturaleza como Dios, el hombre que se hace Dios…

Finalmente algunos intelectuales de la Iglesia, y otros en las universidades, empezaron a traducir a Platón y a Aristóteles y fueron encontrando las heterodoxias de los otros con respecto de las obras originales. ¡No en todo eran como los pintaban!

Los filósofos platónicos de la alta Edad Media buscaban

“un modo de ver que reuniese los elementos valiosos de la Antigüedad pagana y, sin embargo, que fuese al mismo tiempo  cristiano. Lo que atraía particularmente  a los platónicos era el aspecto religioso del neoplatonismo, así como su filosofía de la belleza y la armonía, y lo que les desagradaba particularmente en el aristotelismo era la tendencia al naturalismo que detectaban en éste.”


grabado de la Edad Media
Como sea, a Platón y a Aristóteles, por medio de santo Tomás de Aquino, san Buenaventura,  san Alberto Magno, entre otros, se le empezó no sólo a traducir sino  a estudiar con detenimiento tanto en los conventos como en los centros laicos de las universidades europeas, más en la de Paris.

“La literatura antigua  fue considerada como el principal medio de educación.”(F. Copleston, Historia de la filosofía, Vol. II, Cap. XIII).

Agrega:

“La primera fase del Renacimiento fue la fase humanística, que comenzó en Italia… En la medida en que Renacimiento significa o supone un renacer  de la literatura y una devoción por la erudición y el estilo clásico, puede decirse que comenzó ya en el siglo XII, la centuria en que Juan de Salisbury, por ejemplo, había declamado contra la barbarie en el estilo latino, la centuria que contempló el humanismo de la escuela de Chartres.”

La Edad Media fue, en contrario de pareceres poco informados, el crisol donde se preparó el caldo de cultivo, en el mejor sentido, del que surgiría el Renacimiento. Generalmente a través de tesis por demás encontradas. Esta valiosa práctica dialéctica es la que se ha tomado como un “oscuro bizantinismo”.

Frailes que se hacían sospechosos de panteísmo para desembocar en el ateísmo. Otros furibundos heterodoxos acababan ingresando en los conventos llenos de fe y aceptaban la Creación.

Visto a la distancia de los siglos, este “batallar o guerrear” entre los heterodoxos y los ortodoxos, tanto en el interior de los conventos, como en las universidades, o conventos contra universidades y universidades contra conventos,fue como una especie de yunque en donde las teorías filosóficas, las metafísicas y las teológicas, se fueron poniendo a prueba.

 Cuando los Padres de la Iglesia abrieron las puertas a la antigüedad clásica, las ideas recibieron un nuevo aporte de oxígeno y evitaron caer en el modo fosilizado de ver las cosas y las ideas. Todos, religiosos y laicos, estaban aprendiendo a escuchar al otro. Fue esto un largo proceso.

Pero el Renacimiento italiano, apunta Copleston, no se limitó a la recuperación y difusión de textos de la antigüedad filosófica sino que avanzó hacia un nuevo estilo e ideal de la educación representado por pensadores como Vittorino da Feltre y Guariano de Verona, ambos del siglo catorce:

“El ideal educativo humanista a su más alto nivel fue el del pleno desarrollo de la personalidad humana. La literatura antigua fue considerada como el principal medio de educación; pero la formación moral, el desarrollo del carácter, el desarrollo físico y el despertar de la sensibilidad estética no fueron descuidados; y el ideal  laico de educación no se vio en modo alguno como incompatible con la aceptación y practica del cristianismo.”

Copleston anota que “La figura más grande del Renacimiento nórdico fue Erasmo (1467-1536) que promovió el estudio de las literaturas griega y latina, incluidas las Escrituras y las obras de los Padres y dio un gran impulso al desarrollo de la educación humanista.”


 Una actividad riquísima de tesis y contratesis
Grabado de la Edad Media
Muy temprano, en el siglo tres, San Agustín ya había empezado ese proceso al estudiar a Platón. Luego santo Tomas y san Alberto Magno,  en el siglo XIII ¿entre otros, hicieron lo propio con Aristóteles.

Desde la física, o la materia, se pedían pruebas de la metafísica. Lo concerniente a las almas, por ejemplo. Y la teología disentía con la eternidad, sostenida por los aristotélicos, que negaban la Creación.

Las aguas se revolvían y parecía perderse de vista quién era de aquel bando y quién del otro. El mismo santo Tomás, tal vez el más grande Padre de la Iglesia, estuvo un tiempo bajo sospecha por estudiar a Aristóteles.

"Él solo (Tomás de Aquino) ha iluminado a la Iglesia más que todos los otros doctores, y en sus libros aprovecha  uno más en un año que estudiando toda la vida la doctrina de los otros."(Suma Teológica, selección, por el P. Ismael Quiles, S. I. Espasa-Calpe Mexicana S.A. Núm. 310, octubre 1996)

Cuando se descubrían las teorías inocentes o mal intencionadas, los concilios condenaban o absolvían. O los mismos autores rectificaban. Otros sostenían sus puntos de vista, a riesgo de su vida, y se refugiaban en el castillo del príncipe que les daba acogida.

Así se forjó la belleza de la cultura occidental, de tesis y contra tesis.

Ejercicio dialéctico que tiene su lado nada romántico. Es uno de los modos en que el humano se demuestra, a sí mismo,  que lo "más" importante no siempre es la vida, sino las ideas que en él viven. Los cristianos morían en el Foro romano envueltos en las llamas por sostener su fe. Y los ateos morían en las hogueras de las Inquisiciones, católica y protestante, por sostener sus ideas.

Tesis y contra tesis.Empero, se necesitaba un punto de referencia tanto en el bando del pensamiento laico como en el religioso. O se caería en el eclecticismo sin síntesis para terminar perdido  en el laberinto.

Se perdería el individuo “En el poder disolvente de la inteligencia”, dice H. Bergson.

De ahí que Jean Wahl, filósofo marsellés del siglo veinte, escriba: “En la exposición de los diferentes sistemas tropezamos  con las supersimplificaciones y confusiones engendradas por los términos filosóficos tradicionales. No hay términos más peligrosos para el pensar filosófico que “realismo”, “idealismo,  “racionalismo”, “empirismo”, etc.”

Copleston cita a Marsilio Ficino (1433-1499), del movimiento neoplatónico, que aparece como elemento sincretístico muy marcado entre toda esta amplísima y enriquecedora gama de pareceres y teorías:

“No había necesidad de escoger entre la belleza del pensamiento clásico por una parte y el cristianismo por otro: se podía gozar de ambos.”
F.Copleston

“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra – 3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

C.S.LEWIS, EN BUSCA DEL MÉTODO PARA LEER


 

El valor que tiene la literatura es cuando se lee, dice Lewis, de otra manera la literatura no pasa de valor potencial.

Como de niños vamos a la ciudad sagrada de Teotihuacán. Subimos, bajamos y corremos. Pero su historia y sus valores vitales nos son ajenos. Sólo vemos una arquitectura que tampoco sabemos descifrar.

Sentimos la necesidad de encontrar la manera de conocerla. La historia humana, la lectura ideográfica de sus paredes, la arqueología y sobre todo la filosofía nos lo dirán.

Así con el anaquel lleno de libros que tenemos en casa pero que no abordamos.

 “Lo que necesitamos es un método que nos aparte de la literatura potencial, abstracta, para situarnos en el centro mismo de su actualización”, agrega Lewis en  La experiencia de leer.

Tener libros en casa es una fascinación difícil de explicar. Con todo el polvo que les cae todos los días, ahí están. Resistiendo. Como aquella olla de miel con antigüedad de mil años que se encontraron los arqueólogos en Egipto. La miel resistió todos los virus patógenos que le llegaron en ese tiempo.

Yo tenía en casa una docena de libros con obras de los grandes como Shakespeare, Platón, Copleston, Margaret Mitchell,  Tolstoi, Séneca, Ibsen, Santayana, Goethe, Cervantes, etc. No sabía pero en alguna parte había escuchado que estos eran “los meros, meros”.

Pero en mi caso se trataba de una ingeniosa obra de artesanía porque en realidad eran botellas de licor en cubiertas de libros que no eran libros. Eso sí, de piel y con letras de oro.

Con el tiempo hice una cava y puse las botellas en su lugar y substituí las falsas portadas por los libros reales. Pero resultó lo mismo, tampoco los leía.

 Sólo pensaba, cuando los veía de reojo: ¿Cuántas cosas pensaron y escribieron esos autores a través de los siglos? ¿Por qué escribieron? ¿Para qué escribieron? ¿Para quiénes escribieron? Y las preguntas seguían en los modos que hacen los periodistas cuando escriben sus notas.

Me pareció que el precio de los libros, conforme los iba adquiriendo, era elevadísimo. Alguien me señaló que cualquier botella, de mi cava, costaba más que dos de aquellos libros. Fue cuando pensé que mi pueblo, tal vez en un noventa por ciento, no gasta en medicina preventiva para el cuerpo, sólo en la correctiva, que es mucho más cara. Así con la cultura.
El Roto, Dibujo tomado del diario El País, España, 11 de junio de 2016

Los libros sólo estaban ahí. Como cuando en la pared de la sala se tiene la cruz. Sólo es una imagen. Pero una imagen que, como los libros en el estante, se niegan a desaparecer. Sólo esperan…No tienen prisa.

¡Alguna vez se podrá ver más allá de la imagen! Están en otra dimensión del tiempo, de ese tiempo mensurable   que nosotros conocemos. ¡No tienen prisa! Si esta generación no les hizo caso, tal vez la que viene o la que le sigue. ¡No tienen prisa! Algunos están en las reservas de las bibliotecas, llenos de agujeros de las polillas, pero ahí están.

Si leer fuera sólo una afectación esnobista, para aparentar ser lo que no se es, ya sería ganancia. Se estaría en la práctica del imitar, de hacer, de leer. Pero no leer ni siquiera  llega al esnobismo.

No leer de cultura tiene repercusiones catastróficas nacionales, semejantes o peores,  como el hecho de no querer vacunarse contra la influenza estacional.

Basta con asomarse por la ventana para ver que un pueblo que no cuenta con vacunas culturales es un pueblo enfermo que, por lo tanto, no está en condiciones de sostener a su Estado en condiciones  terapéuticas.

Por interese propio de la nación, para la edificación, o en su caso contrario, para su ruina, H. Bergson anota: “El que conoce a fondo su lengua y la literatura de un pueblo no pude ser completamente su enemigo.” (Las dos fuentes de la moral y de la religión)

Santayana escribiendo y leyendo

Dibujo tomado del diario El País
de España
Mucho del conflicto humano, tanto entre los individuos como entre los grupos o naciones, nos dice Leibniz (siglo diecisiete) en su obra El entendimiento humano, está en el desconocimiento de la literatura:

“La mayor parte de las sectas de la filosofía y de la religión las han introducido para sostener una opinión extraña o para ocultar algún lado débil de sus sistemas…Si examinásemos más a fondo las imperfecciones del lenguaje, la mayor parte de las disputas terminarían por sí mismas, y el camino del conocimiento y quizá de la paz estaría más franco a los hombres.”

 Es cuando llegan las palabras de Lewis: lo que necesitamos es un método que nos aparten de la literatura potencial. Como potencial, es cierto, se puede dar la lectura, pero en tanto no se dé es no-literatura. No existe.

A nivel general nadie ha encontrado el método que haga que el pueblo todo, todo el pueblo (por qué alguien tendría que quedar excluido), lleve a todas partes el libro y lo lea.

Como se lleva en la actualidad en la mano el teléfono celular que, por ir viendo su mensaje, no sólo los conductores de vehículos chocan sino hasta peatones que van leyendo el mensaje deben ser esquivados en la banqueta porque  no hacen caso por dónde caminan.

El binomio tecnología-mercadotecnia encontró el modo, el método, que ese “milagro” sucediera. Llenó una necesidad de la gente que es comunicarse, para lo sustantivo o para lo banal, pero comunicarse.

Los libros también comunican los sustantivo y lo banal, pero es otro modo que no le ha llegado al pueblo todo. Y los que saben de esas cosas de la pedagogía no han encontrado la clave para descifrar el misterio.

 Individuos de todas las clases sociales llevan su imprescindible,  y muy útil, celular en la mano,  o a la mano. Así se trate del país, pueblo o individuo de lo “más precarista”, hasta el indigente que duerme en el parque, o el menesteroso que pide limosna y busca entre la basura, todos lo llevan.

Ese es el método que busca Lewis para la lectura cuando reitera: “Los libros que están en un anaquel sólo son literatura potencial.”

Entre tanto se encuentra ese “milagro”, ese método, los libros esperan…

 
Lewis
“Clive Staples Lewis /klaiv steɪplz 'lu:ɪs/ (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898-Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, y llamado Jack por sus amigos, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, novelista, académico, locutor de radio y ensayista británico, reconocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica, y también por sus ensayos apologéticos (mayormente en forma de libro) como Mero Cristianismo, Milagros y El problema del dolor, entre otros” WIKIPEDIA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIVORCIO UNILATERAL Y MATRIMONIO DE PROCREACIÓN


 

 

SEMINARIO “DERECHOS HUMANOS Y BIOETICA”

15 de marzo 2016 en el Senado de la República, México
Ponencia del Dr. Jorge Adame

Del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Se transmitió por televisión abierta el 18 de junio de 2016.

Se refiere a la jurisprudencia de la  Corte Suprema de Justicia de la Nación en materia de matrimonio y divorcio.

 

Corte: Es inconstitucional cualquier ley que diga que el fin del matrimonio entre hombre y mujer es la procreación.

Argumento de JA: Contradice la opinión común del pueblo mexicano. Además los códigos civiles dicen que el matrimonio es entre varón y mujer))

La ley aprobó  la unión libre de dos personas para contraer matrimonio. No indica el sexo.

Argumento de JA: Si el matrimonio es la procreación es natural que sea entre varón y mujer, porque la procreación se hace con un gameto masculino y otro femenino.

Señalamiento de JA: Los ministros de la Corte impusieron que el matrimonio  no tiene como fin la procreación. En consecuencia todas las personas pueden contraer matrimonio ya sean del mismo sexo o diferente sexo.

Matrimonio en el México precristiano. Unidos por toda la vida
Códice Florentino
JA: ¿Personas del mismo sexo, según la nueva jurisprudencia  pueden adoptar? Sí pero no  procrear. La adopción busca no satisfacer los deseos de los adoptantes sino de procurarle al niño una familia en donde pueda desarrollarse. Así, para elegir al  adoptante se debe elegir el que dé más garantías en beneficio de esos niños.

Corte: pasado un tiempo  cualquiera de los contrayentes del matrimonio puede decirle adiós a su pareja en una decisión unilateral.

JA: El derecho al desarrollo de la personalidad no es un derecho, es el estado propio del ser humano libre. Somos racionales, y por lo tanto podemos tomar decisiones y, si somos libres somos responsables y tenemos que dar cuenta de nuestros actos. El orden jurídico toma como fundamento que somos libres y por lo tanto nos ordena deberes y establece prohibiciones.

JA: El matrimonio civil es algo que inventaron los legisladores y está en los códices civiles. Pero ese no es el matrimonio tal como se entiende en sentido natural, de acuerdo con la dignidad de la persona humana.

 JA: Los contrayentes deben definir cuáles son los fines de su unión. Si el fin es procrear, la ley debe respetar la decisión porque ellos han decidido vivir de esta manera, pero hay que especificarlo.

JA: Si dos personas, al contraer matrimonio, declaran que quieren fortalecer el vínculo de la relación muta y no quieren que se disuelva por la voluntad de cualquiera de los dos, sino que, dado el caso, se disuelva de común acuerdo, la ley debe respetar, porqué es el libre desarrollo de la personalidad. Lo contrayentes son  los que hacen el vínculo, no es el Código Civil el que da el matrimonio.

JA: No debe haber contradicción entre lo que es jurídico y lo que es ético. El problema es cuando hay leyes desordenadas que proponen conductas que van en contra de los preceptos éticos. En este caso es donde se plantea la dificultad entre la legalidad y lo que es moralmente lícito.

Procreación y educación de la prole, principio del matrimonio en el pueblo mexicano
Códice Florentino
JA: El matrimonio normalmente se ha considerado como la convivencia de hechos. El que dos personas, varón y mujer, vivan en una misma casa,  eso es matrimonio. Fue en los primeros siglos del cristianismo  cuando se llega a la idea de que en el matrimonio hay un vínculo, una obligación, entre varón y mujer de convivir y realizar los fines propios del matrimonio, que es realizar la procreación y educación de la prole. Se entiende  que  ese vínculo debe permanecer por toda la vida. Porque los cónyuges se necesitan uno al otro por toda la vida. Los hijos igualmente necesitan a los padres por toda la vida. Es la única manera de cumplir con un precepto natural de amar al prójimo como a uno mismo. Esto es el matrimonio desde el punto de vista de la dignidad humana, y de la naturaleza humana.

 

 

F.COPLESTON, PAÍS DE UTOPÍA


 

¿Una mente científica puede   abrigar creencias religiosas ?

El pensamiento de Platón no rehúye el diálogo. Se mueve dialécticamente en la influencia pitagórica y a la vez busca abrirse  paso hacia lo espiritual con su teoría de las Ideas y valores universales. Es decir en la ciencia y en lo místico.

La idea de Coplestón  es que esta ambivalencia, investigar y creer,  es lo que le da oxígeno a la sociedad, la recíproca.

Si bien es una  mezcla que pocos albañiles saben hacer.

¿Una mente científica puede   abrigar creencias religiosas o viceversa? De hecho algunas ordenes de la Iglesia Católica tienen el requisito, para ingresar a ellas, que primero tenga en sus manos, el aspirante a sacerdote, al menos una licenciatura universitaria.

De hecho la filosofía, desde antiguo,con su modo de pensamiento lógico, siempre está mirando los modos metafísicos.

Filosofía y teología tiene cada una su campo propio. Pero los que no se conforman con vivir en la abstracción, cruzan el puente y van y vienen de una ribera del río a la otra ribera. Como hacía Guillermo de Ockham, aquel filósofo -teólogo del siglo XIV, del que Copleston escribe:

"Las verdades en las que creía, pero de las que pensaba que no podían ser filosóficamente probadas, las relegaba a la esfera de la fe...El núcleo principal de pensadores del Romanticismo, eruditos  y hombres de ciencia, eran, desde luego,cristianos."

"El espíritu humano va sin cesar de los átomos al éter, del éter a los electrones y así sucesivamente, descubriendo siempre algo nuevo, pero teniendo siempre delante algo nuevo que descubrir, hasta detenerse  por último ante  lo que ya no cabe  estudiar científicamente."(Jean Wahl, El camino del filósofo)

Copleston se pregunta ¿por qué no? Evoca ambas posiciones trayendo nombres que pueden sernos familiares. Se detiene un poco en Nietzsche.

Nietzsche es, según Copleston, el prototipo de intelectual que desarrolla su filosofía de la vida a base de criticar lo religioso, en lugar de profundizar y enriquecer el pensamiento ontológico y los juicio sintéticos.

Para Nietzsche todo lo religioso es escapista que busca esconderse de la fealdad de este mundo. Gente así, dice, no puede desarrollar una mentalidad analítica para la ciencia. Salta que en Nietzsche no hay disposición dialéctica.


¿Porque creo que en un área, del tamaño de una cajetilla de cerillos, se podrá tener un teléfono de corta y larga distancia, una biblioteca con mil volúmenes, un álbum de fotos, una cámara fotográfica digital, una computadora, un calendario y un reloj?

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich,1968
La ausencia de dialogo, entre fe y ciencia, hay que insistir, fue la que caracterizó la historia del siglo veinte: “La contabilización de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial ha sido objeto de numerosos estudios, que normalmente ofrecen estimaciones de entre 55 y 60 millones de personas fallecidas, elevándose hasta más de 70 millones según los cálculos más pesimistas y de 40 a 45 millones según los más optimistas.” WIKIPEDIA

Aprendida la lección, los pueblos empezaron a dialogar y el resultado fue la creación de la actual Unión Europea.

Coplestón: “Nietzsche acusaba a Platón de ser un enemigo de este mundo, de construir un mundo trascendente por aversión a las realidades cuotidianas, de establecer un contraste un “allá” y el “aquí” por su desagrado del mundo de la experiencia  y de la vida humana, y por prejuicios e intereses morales. Que a Platón le influyeran  las decepciones que tuvo en la vida real, por ejemplo, el ver la conducta política del Estado ateniense, o su desengaño en Sicilia.”(F. Copleston,Historia de la filosofía, volumen I, tomo I)

En contra tesis, Copleston dice que hay un tipo de hombres y mujeres que pueden “manejar” los juicios sintéticos, los avalados por la experiencia, tanto como los juicios analíticos, esos que son válidos en todo lugar y en todo tiempo.

Platón mismo aprendió de los pitagóricos(materialistas) y, a la vez, fue el creador (descubridor) de las Ideas y las Formas. Y los pitagóricos mismos fueron de la tierra al cielo y de este a la tierra y otra vez...

Coplestón: “…no nos asiste ningún derecho a declarar que Platón  no pudo haber reunido en sí mismo las tendencias  religiosas y trascendentalistas con una tendencia al panmatematicismo, dado que, sean tales tendencias incompatibles o no desde el punto de vista abstracto, la historia demuestra que son  compatibles desde el punto psicológico. Si los pitagóricos pudieron existir, si Espinosa Y Pascal (y Leibniz, Kant, A.M. Whitehead, etc.) fueron también posibles, no hay razón alguna por la que hayamos de afirmar  a priori que Platón no pudo escribir un libro místico ni profesar la  lección sobre el Bien en la que se nos dice que habló de aritmética  y de astronomía  e identificó el Uno con el Bien.”

El país de la utopía existe, y siempre será posible, realmente posible, pero sólo si hay voluntad dialéctica.

De hecho el mundo material del siglo veintiuno  está hecho de utopías tecnológicas. Hace apenas medio siglo alguien soñó que en un área, del tamaño de una cajetilla de cerillos, se podría tener un teléfono de corta y larga distancia, una biblioteca con mil volúmenes de obras literarias, un álbum de fotos, una cámara fotográfica y una computadora. Era solo un peyotero y  loco sueño…

Copleston dice que “Platón no pretendió trasmutar la “realidad” en ensueño, creándose su propio mundo poético, sino que trató de remontarse por encima de este mudo inferior al mundo superior de las Ideas arquetípicas. Sólo fue enemigo de la vida y de este mundo en la medida en que ambos son desordenados y fragmentarios y están en esa armonía con lo que él pensaba eran las realidades y las normas estables de valor supereminente y de significación universal.”

COPLESTON
“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra – 3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores