MAX SCHELER, EL CÍRCULO CULTURAL


 

Hobbes piensa en un Estado emanado del soberano, o de la asamblea, ya no de la divinidad.

Así la cultura brotará de los hombres y no bajará de las nubes.

Era el siglo dieciséis (Thomas Hobbes  nació en  1588, bastantes años antes de la Revolución Francesa).

Dieciséis siglos antes Jesús había dejado claro la procedencia divina de todo poder terrenal.

En un intento de Pilatos, de salvar a Jesús de la inminente muerte a la que había llegado su predicar, lo urgía a que se defendiera: “Habla, tengo el poder para evitar tu muerte.”

Y las palabras de Jesús: “No tendrías poder sino se te hubiera dado desde lo alto.”

Revolucionaria palabras de Hobbes al declarar que el poder del Estado ahora emana del soberano o de la asamblea. Explicando el pensamiento de Hobbes Copleston escribe:

“La soberanía ya está investida en un hombre o en una asamblea, se deriva del contrato social y no de la elección divina.”

En realidad ya antes que él Poncio Pilatos reafirmaba la hegemonía del soberano al decir: “Tengo el poder…”

No olvidar que el país más poderoso, en la actualidad, tiene su gobierno que dice el voto del pueblo, pero jura sobre la Biblia. Es como una especie de síntesis de aquellos memorables alegatos.

Pero no era una defensa a ultranza del Estado lo que Hobbes profesaba como independencia frente a una presencia religiosa.

Era el temor a la maldad de los hombres, y la inclinación a la anarquía de estos, por lo que Hobbes pensaba necesario concentrar  el poder en el  soberano.

Es en realidad una enorme  semejanza la idea que tiene Hobbes con el pensamiento del agustinismo, trece siglos antes, respecto del mismo tema. Sólo que Agustín piensa en Dios de los cielos. Pero a ambos los mueve prevenir la anarquía. Copleston lo dice así:

“San Agustín considera al Estado, o por lo menos tenía tendencia hacerlo, como consecuencia del pecado original, es decir, como un medio necesario para controlar los malos impulsos de los hombres, que son resultado del pecado original. Esta concepción tiene alguna analogía con la de Hobbes, considerando al Estado como remedio de los males que se derivan de la condición natural de los hombres, en guerra todos contra todos.”

(Copleston, Historia de la filosofía, volumen 2, tomo V, capitulo II)

Como sea, Hobbes no quita el dedo del renglón y quiere dejar bien establecido que el soberano, es el soberano, en todo lo que abarca su poder territorial:

“La filosofía no tiene por qué ocuparse de Dios y afirma de manera explicita que era el soberano el que tenía que determinar lo que era bueno y lo que era malo, pues en el estado natural lo bueno y lo malo dependen solamente del deseo de los individuos. Es aquí donde  Hobbes se desprende de toda idea  o teoría metafísica trascendente.” (Copleston)

Copleston  señala también  la posición de  Agustín: “San Agustín no creía que el soberano debiera decidir  sobre las distinciones  morales. Para él existe una ley moral objetiva con raíces  de carácter trascendente  independiente del Estado. Y a la cual han de ajustar su conducta tanto los súbditos como el soberano.”

Sería otro santo,  Tomás de Aquino, que concebiría el asunto desde una posición filosófica, no teológica (Estamos en el siglo trece cuando era el soberano el que todo lo decía). Tomás dice, como también lo dejaría establecido el mismo Jesús, el conocido “Dar al cesar lo que es del Cesar”:

“Santo Tomás, por el contrario, siguiendo la tradición griega considera al Estado como una institución natural, cuya principal función es promover el bien común y que sería necesaria  aun cuando el hombre  no hubiera pecado originalmente y no tuviera instintos malos.”

A Tomas no lo mueve el argumento tanto de Hobbes, ni el  de Agustín, de justificar la autoridad suprema del sobrenado terrenal, o del soberano de los cielos, por la maldad de los hombres.

Tomás dice, al contrario, que en cuestiones de las leyes civiles está el soberano aunque en  los hombres no existiera la maldad.

Implícitamente quedaba así establecido la otra parte de la oración: “Y a Dios lo que es de Dios.”

Max Scheler extiende más el análisis al decir que un soberano lo es de su frontera territoriales adentro. Pero que los valores esenciales, de espiritualidad, de cultura,pertenecen  a un “círculo cultural”. Este círculo cultural, por ejemplo, puede ser Europa o dos continentes o los cinco continentes.

Todo Estado tiene su cultura muy propia de ese territorio o país. Está  en los granos de arena con que se alimentaron sus raíces y sus habitantes. Como la  Scarlett Ó Hara que juró, ante Dios y ante los hombres, que jamás volvería a sentir hambre, en tanto arrancaba un fruto  de la tierra de Tara.

Pero esa cultura, local o nacional, además, por sí pertenece a un ámbito más allá de cualquier frontera:

“Todo Estado, debido a su misma esencia, tiene una persona cultural unitaria como fondo de su existencia y su ethos; pero la persona cultural, incluso como unidad, no necesita la unidad de un Estado para su existencia... No es necesario que sea una nación, pueden también ser círculos de cultura” (M. Scheler, Ética)

Los millones de indoamericanos, que ahora viven en Estados Unidos, siempre que pueden regresan a festejar a su Tezcatlipoca en Coyoacán, o al santo o a la virgen de su pueblo, o el 12 de diciembre a su diosa Chicomecoatl-Guadalupe, en la sierra del Tepeyac.

Estén  donde estén, los mexicanos siempre regresan al Tepeyac
Lo anterior se ajusta a lo que Scheler dice del círculo cultural: “Las personas colectivas culturales-nación y círculo cultural-no precisan, en cambio, de un contorno ni de un territorio. Sus personas miembros  pueden cambiar de domicilio, país, patria, y Estado sin perder por ello  su unidad nacional de asociación. En esto justamente se manifiesta la nación como realidad predominantemente espiritual.”

Un matrimonio de argentinos que vive en México, hace cincuenta años, siguen contando, como si fuera el ayer de un día, de la calle Florida de Buenos Aires y del olor a churrasco que por la tardes empieza a invadir las calles de la  capital.

En nuestro libro sobre la ascensión que hicimos al Aconcagua, filo noreste, en 1974 (Los mexicanos en la ruta de los polacos), relatamos de una mexicana, que vivía en Córdoba desde hacía varias décadas, casada con un argentino, nunca había vuelto a México. Pero escuchaba boleros, rancheras y toda clase de música mexicana. Y al platicar casi lloraba de emoción al escucharnos hablar el español de México.

Para Scheler aquellas eternas tesis y contra tesis, Estado-Iglesia,  era una cuestión casera pero en tanto que una entidad es finita, la otra no lo es.

 Igual que la cultura es, está o pertenece a todos, y a ningún pueblo, así la Iglesia por lo que toca a la cultura.

“Es una idea absurda la Iglesia de Estado, como absurda es también la teocracia…La Iglesia una  (Scheler se refiere a la católica pero tácitamente es para todas las iglesias) es por su naturaleza una persona colectiva  que es sobrenacional, y está por encima de los círculos culturales, a la vez que es inmanente a todos los círculos culturales y a todas las naciones posibles.”

SCHELER

“Max Scheler (22 de agosto de 1874, Múnich – 19 de mayo de 1928, Fráncfort del Meno) fue un filósofo alemán, de gran importancia en el desarrollo de lafenomenología, la ética y la antropología filosófica, además de ser un clásico dentro de la filosofía de la religión” Wikipedia





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EMERSON, FINO SISMÓGRAFO


 

Edgar Lee fue el que dijo que Emerson es un fino sismógrafo.

Registra las diferentes intensidades de la vida humana tanto en el individuo como en el grupo:

“El poeta, el Emerson, es un fino sismógrafo que anota el temblor  de tierra más ligero, es un barómetro que señala  cualquier cambio de la presión atmosférica, es un microscopio que descubre  la presencia de cualquier germen  destructor que corroe  la carne del pueblo, es el análisis químico que revela las infecciones invisibles.”

(Edgar Lee Masters, Emerson, editorial Losada S. A. Buenos Aires, 1945)

Emerson dijo que eso de los dioses no es ninguna fabula. Andan entre nosotros, sólo que no nos damos cuenta. Y si eso sucede, los negamos. Con no seguirlos, o con no leerlos, los negamos:

“Cuando los dioses vienen a vivir entre ellos, no los conocen. Jesús no fue conocido y tampoco lo fueron  Sócrates y Shakespeare.”

Pero no fueron los únicos dioses. En un tiempo en que Nueva Inglaterra era una tierra estéril, pero con un enorme  potencial, Emerson pensó en un devenir que no fuera sólo lo material. Y, al estilo de Eneas,  y otros grandes guías fundadores de pueblos de la antigüedad, escribió:

“Leeréis a Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Platón, Plotino, Yámbico, Porfirio, Aristóteles, Virgilio, Plutarco Apuleyo, Chaucer, Dante, Rabiláis, Montaigne, Cervantes, Shakespeare, Jonson, Ford, Champman, Beaumont, y Fletcher, Bacon, Marvell, More, Milton, Moliere, Swedenborg y Goethe.”  
Mucha de la población no  invierte dinero en cuidar su salud corporal, es decir,  prevenir contra la enfermedad.
De la misma manera no invierte dinero en sanearse  en la cultura.
Los libros cuestan dinero. Pero no más que una botella de vino o que un celular.

 Dibujo tomado del diario El País,11 de junio,2016

Es fácil ver que Emerson no estaba recomendando lecturas  “para leer en vacaciones” o, como dice Enrique Jardiel Poncela “Para leer mientras sube el ascensor”.

Estaba diciendo que abrevar la cultura no es cuestión de algunos años para obtener el título académico. Lo que señalaba era que conocer la cultura es un plan de vida. Y un plan de vida se acaba hasta que se acaba.

Y lo vemos ir entre los bosques que tanto gustaba recorrer, sentarse bajo los árboles de “verdes cabelleras agitadas por el viento”, sacar de su morral un ejemplar de Platón.

“Vio en Platón-escribe Lee-una inteligencia que se apropiaba de los hechos cardinales, una inteligencia que percibió la unidad en la multiplicidad del mundo de las cosas. “El vidente Platón proporcionó las luces  y las sombras de acuerdo con el genio de nuestra  vida”. Emerson  -sigue diciendo Lee- no se contentó con un ensayo  sobre Platón y escribió Nuevas lecturas con objeto de poner al día sus juicios  sobre este filósofo.”

Después Emerson sacaba su diario (porque Emerson era de los que llevaban un diario) y anotaba:

 “’Qué haríamos sin trastos como el Tío Sol y el viejo Moore que duermen en la taberna del Doctor Hurd, y la roja casa de la caridad sobre el arroyo?”

 
EMERSON

“Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882) fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX. “Como conferenciante y orador, Emerson –apodado «el sabio de Concord»- comenzó siendo la voz líder de la cultura intelectual yanqui. Herman Melville, quien conoció a Emerson en 1849, pensó que tenía un “defecto en la región del corazón” y una “autoconciencia tan intelectualmente intensa que en un comienzo uno duda de llamarla por su nombre”, y más tarde admitiría que Emerson era “un gran hombre”. Theodore Parker, un ministro y trascendentalista, notó su habilidad para influenciar e inspirar a los demás: El trabajo de Emerson no solo influenció a sus contemporáneos como Whitman y Thoreau, sino que continuaría influenciando pensadores y escritores en los Estados Unidos y en todo el mundo hasta el momento. Nietzsche y William James reconocieron la influencia del «Sabio de Concord». También en Henri Bergson, cuyo élan vital es una transcripción literal de lo que él llamó “vital force”.

 

 

 

 

 

 

 

LEIBNIZ, CONTROVERTIDA ARMONIA PREESTABLECIDA


 

Leibniz encuentra la existencia de Dios en su idea de la armonía preestablecida para este mundo.

Schopenhauer dice que, por el contrario, es el peor de los mundos dada la inclinación de los hombres al conflicto, agredirse y hacer trampas mil entre ellos.

Robarse “legalmente”   algunos políticos el dinero del pueblo, desaparecer el dinero de los jubilados, meter a la cárcel a inocentes,  etc.

A tal punto es la corrupción, y la impunidad, dice Schopenhauer, que es mejor que el mundo no existiera.

Pero, ya que estamos aquí, mejor confiar en los perros, que en los hombres. “Entre más conozco a los hombres más quiero a mi perro”, era su lema.

Edgar Lee Masters escribió en su obra sobre Emerson:

“La naturaleza se empeña  en crear cerebros con una diátesis (predisposición orgánica a padecer una enfermedad) para la superstición, la violencia, la codicia, la lujuria, la ignorancia incurable, por lo que su tarea no se encamina  siempre a conducir  al país por el camino que lleva a la justicia y a la nobleza.”
 (Emerson, Editorial Losada, S.A. Buenos Aires, 20 de julio de 1945)

Se llega a tener esta impresión, del mal dominándolo todo,  por los noticieros, los informativos. Más  los electrónicos. Destacar la nota roja como recurso  que la televisora rival no le gane en el rating.

Es una abstracción comercial que deja fuera toda otra actividad de la sociedad emprendedora. Una manera de romper la armonía preestablecida por la sociedad.

Copleston ha observado que no es tan sencilla la religión de la armonía  proclamada por Leibniz. Verla con detenimiento parece plantear más problemas que los que soluciona. La libertad del individuo, por ejemplo, que parece más bien quedar robotizada.

“La doctrina de la armonía preestablecida hace esos problemas aún más agudos de lo que son, en todo caso, en una filosofía teísta.”

Como sea, Leibniz busca alejarse del escepticismo, como el de Schopenhauer, y de toda corriente decadente que intenta llevar los valores esenciales al mundo de la fenomenología y que destaca, como los programas referidos, la nota roja en una abstracción sin hacer caso de la generalidad.

Es sólo un error (inducido) de perspectiva
creer que el mal tiene más estatura que el bien.
Grabado de Doré
(Siempre hay irresponsabilidad en utilizar el término escepticismo como sinónimo de ateismo. Copleston mismo anota que un escéptico puede tener una fe más profunda y por eso indaga, duda, cuestiona, practica la antítesis contra la tesis, al estilo de san Agustín, antes de su conversión al cristianismo)

El delincuente más famoso, de este lustro, ha ocupado la atención de millones de televidentes.

 Ya pocos se acuerdan que en el mundo hay miles de  investigadores científicos buscando la verdad, en la última revelación de la materia, que les permiten sus instrumentos de laboratorio. Pero estos no cuentan para el rating.

Y otros miles de individuos, de religión, que buscan la verdad en los mundos ininteligibles. Estos tampoco cuentan para el rating.

La idea de la armonía preestablecida de Leibniz  busca apoyarse en estas filosofías de progreso material y espiritual, no en las patologías sociales.

En cosas del bien y del mal no vale la democracia. No es cuestión de mayorías. Ya desde la antigüedad escuchamos que alguien  intentó detener la destrucción de una ciudad por estar habitada por perversos. Hasta a los ángeles, que llegaron de noche, querían tirarse.

El último justo, que quedaba en ese lugar, trató de salvar a la ciudad ¿si quedan diez justos suspenderías la destrucción? ¿Si quedan cinco justo suspenderías la destrucción? ¿Si quedara un solo justo suspenderías la destrucción? Un solo justo salvaría a todos.

La idea es que si una manzana podrida descompone a las otras, una virtud activa "alcaliniza" a las descompuestas.

Sabido es que no  perdonó porque la armonía preestablecida se había roto. Aléjate  y llévate a tu familia porque voy a destruirla.

Y con la destrucción se puso claro que hay recompensa y castigo. Así como entre los humanos hay leyes que hablan, y aplican las recompensas y castigos, cuando la armonía social se rompe.

Por eso hay contratos colectivos patrón-sindicato para dejar preestabelcida una armonía de trabajo. Y sus cláusulas de sanción cuando esa armonía se rompe.

La idea de Leibniz, dice Copleston, es que todo apunta en la vida hacia el bien, hacia la armonía:

“En todo caso, la pretensión general de Leibniz es que hay incomparablemente  más bien que mal en el mundo, y que el mal que hay en el mundo pertenece al sistema total al que es como totalidad como hay que considerar.”

Empero, la idea de la armonía preestabelcida no quiere decir  que la vida cabalga en la filosofía perenne, caduca, inmóvil, cuajada, fosilizada, y ¡vamos a echarnos a dormir en la hamaca porque ya todo está  hecho para nosotros!

Todo lo contrario, el espíritu de la cultura occidental es la acción, el movimiento, la persecución utópica de lo nunca alcanzable, porque  se es mediante el hacer. Por eso Copleston anota:

“Al decir que el mundo es el mejor  de todos los mundos posibles, Leibniz no quería dar a entender  que en cualquier momento dado haya alcanzado su máximo estado de perfección: el mundo progresa y se desarrolla constantemente.”

(Volumen 2, tomo IV, capítulo XV)

Leibniz
“Gottfried Wilhelm Leibniz, a veces von Leibniz1 (Leipzig, 1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716) fue un filósofo, lógico, matemático, jurista, bibliotecario y político alemán. Fue uno de los grandes pensadores de los siglos XVII y XVIII, y se le reconoce como "El último genio universal". Realizó profundas e importantes contribuciones en las áreas de metafísica, epistemología, lógica, filosofía de la religión, así como a la matemática, física, geología, jurisprudencia e historia.” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

J.WAHL,ESCRIBIR EN EL QUERIDO DIARIO


 

Las mujeres escriben en su diario íntimo, no los hombres, por eso en el mundo hay no pocas grandes novelistas.

Margaret Mitchell, Louise Erdrich, Jane Austen, Emily Bronte, George Sand, Angela Sommer-Bodenburg…

Escribir, es decir, juntar letras y formar palabras y oraciones, todos lo hacemos con tal de sólo conocer el abecedario.

Describir cosas y situaciones como ir al mercado, comprar jitomates y encontrar a Juan con el que platico de futbol.

En la sociedad del siglo antepasado había la costumbre de escribir en un diario personal. Era el otro yo, el alter ego, el interlocutor. Con él se platicaba: “Querido diario. Fíjate que ayer fui a Coyoacán a tomar un café en El Jarocho….”

Se abandonó la práctica del diario íntimo porque parecía burgués y afeminado. ¿Cómo un rudo herrero o un albañil iba a escribir?

 ¿Por qué los herreros y los albañiles no tendrían que   escribir? 

La cultura no es propiedad de nadie. Que unos manejen presupuestos, y se festinen entre ellos,  es otra situación.

Sin embargo se entiende por escribir la manera de  expresar las ideas. Mis ideas. Y ya metido en el universo de las ideas, primero conocer, hasta donde sea posible, las ideas que han circulado por los siglos.

En la cultura, como en la historia, no hay saltos, solo continuidad. Evolución, no creación. Aun  los pintores y escultores, donde sí hay creación, pero ese estilo  o “escuela” referido a otro, del  que se intenta diferenciarse, con lo que se vuelve a encontrar otra vez el hecho de la continuidad.

Como sucede con la vida del humano que se divide convencionalmente en niño, adolescente, adulto  y  viejo. Es una misma continuidad. Su piel se arrugó, se quedó calvo y panzón, pero pregunten a la mamá si su hijo de sesenta años es diferente que cuando tenía cinco.

Si no aprehendo de los otros puedo encontrarme   con que eso ya lo dijeron. Copleston, en su Historia de la filosofía, relata que Leibniz fue el descubridor del cálculo infinitesimal. Pero que Newton ya había escrito sobre el mismo asunto, sólo que  no lo publicó enseguida... 

Mientras yo me expreso en mi diario está bien. Pero si quiero aportar algo, algún dato, alguna idea, entonces necesito empezar a leer lo que otros han escrito. Aprender de ellos. Con disciplina, con humildad. ¿Cómo pensaron, cómo escribieron?

Margaret Mitchell
Descartes, ese gran filósofo francés, quiso empezar de cero, en el terreno de las ideas  y logró todo un sistema filosófico verdaderamente valioso y original.

Pero visto con detenimiento se encuentran en su obra las influencias de otros pensadores y algunas cosas que otros ya habían dicho. No se plagió sino que se duplicó. Le gustaba Cicerón.

No es que quiera escribir un tratado de filosofía. Sólo contar de la mañana que salí a la calle y a dos cuadras de mi casa vi un avión volar a tres mil metros arriba de mi cabeza, al tiempo que un rufián me asaltaba pistola en mano.

Cuando se me pasó el susto, el miedo, el coraje y el sentimiento de impotencia, recordé a George Steiner, intelectual quien una vez dijo, hace poco, en el mes de julio (2016), en una entrevista publicada en el diario El País, que habrá otros Freud y otros Einstein, pero ya no habrá otro Shakespeare ni otro Cervantes.

Y el modo en que yo lo interpreté, según la experiencia que acababa de vivir, que nuestra ciencia física nos llevó a las estrellas pero, por otra parte la humanidad, o mucha parte de ella, todavía no sale de la cueva y otros todavía ni siquiera entran a ella.

“el instinto-escribe Steiner- me dice que no tendremos otro Shakespeare ni un Mozart ni un Beethoven ni un Miguel Ángel ni un Dante ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin, Hawking…”

Todavía en la calle, antes de llegar al “metro”, pasé enfrente de una panadería. Antes era una librería de usado. Guardaba valores  como Diógenes, Cicerón, Kant, Emerson… Pintaron con cal la fachada pero todavía se ve  su  nombre: La navaja de Ockham.

Recordé lo que más adelante dice Steiner: “A mí de lo que de verdad me entristece es que las pequeñas librerías, los teatros de barrio y las tiendas de discos cierren.”

Entre las cosas que contenía mi mochila, que se llevó el ladrón, iba un libro de P. B. Medewar Consejos a un joven científico. Acababa de leer en él que para escribir es necesario leer:

Dibujo (de Max)Tomado del diario El País, España.
“La única manera de aprender a escribir  es, en primer lugar, leer, estudiar buenos modelos, y practicar.”

Me pregunto cuál será el destino de ese  ejemplar. De seguro lo arrojará a la basura. Aunque nunca se sabe cómo se mueven los dados. Hasta puede ser que conserve el libro y un día lo empiece a leer…Suele suceder.

Un ex presidiario, llamado Jean Valjean, esto sucedió, hace mucho, en Francia, se robó la vajilla de plata del obispo que le había dado alojamiento por la noche y ofrecido una cena en su casa.

El obispo  no lo delató a la policía. Sólo dijo “es el precio que pago por el rescate de su alma.” ¡Y sucedió!

Tal vez  el tal  Jean Valjean haya inspirado a otro francés, éste un filósofo, llamado Jean Wahl, que más tarde escribiría “El  hombre no sabe cómo obra el espíritu sobre el cuerpo; pero hay una relación directa entre el espíritu y el cuerpo, que no es menos real porque no se le comprende.”

 

 

 

 

B.SPINOZA, EN EL HURACÁN


 

Spinoza empezó su método filosófico partiendo de la existencia de Dios, manifestándose como tal en la naturaleza.

 “Dios o la naturaleza” es una de sus expresiones que metieron pánico en las ortodoxias de su siglo.

Provocó en  teología, y en filosofía, una serie de cuestionamientos. De panteísta no lo bajaron unos y de ateo otros. Empezando por la expulsión de la comunidad judía, a la que pertenecía y en la que fue educado, que consideró nada ortodoxos sus puntos de vista.

Situación análoga vivió con la Iglesia católica y con algunas iglesias cristianas liberales.

Tolerancia religiosa sería uno de sus postulados, seguramente por lo que había vivido en carne propia.

Copleston dirá  que Spinoza no es ningún ateo y respecto la etiqueta de panteísta, había que caminar más fino antes de expresar tal juicio.

Como sea, ¿podía Spinoza empezar su obra filosófica, dada su educación religiosa, de manera diferente que no fuera con las cosas infinitas, propias de la teología pero no de la filosofía?

Con un  conocimiento amplio  de las Escrituras, y  crítico respecto de las mismas,  era teólogo,  pero lo suyo era el  campo de la filosofía.

Fuera ya de todo, y sin compromiso con ninguna tradición religiosa, ahora podía leer y apoyarse en otras corrientes filosóficas (situación semejante que vivió Emerson cuando dejó su ministerio religioso en Estados Unidos). Especialmente en  el cartesianismo, con el que, sin embargo, no en todo estuvo de acuerdo.

Ahora comparaba, cuestionaba, aprendía y se lanzaba  a realizar de manera original su obra.

No pretendió, como Descartes, su temprano paradigma, dudar de todo lo que los filósofos habían escrito durante siglos y empezar de cero.

Su obra, por el contrario, contiene varias influencias filosóficas, hasta de los presocráticos, que enriquecen, no que contaminan, su valioso pensamiento.

Empero, sabido es que quien atiende los llamados de la filosofía, ya sea como profesión, o como plan de vida, es como el gato que se mete a la chimenea: o sale quemado o sale tiznado.

 Spinoza, anatematizado y  olvidado,   fue casi  borrado de la lista de los olímpicos de la filosofía.

“Atacado por una parte por los teólogos, y, por otra, por los filósofos, la doctrina de Spinoza apenas  aparecía digna de seria consideración.”(Copleston)

 A Spinoza se le señalan varias incongruencias. Copleston, de los más cuidadosos e imparciales que han estudiado la obra de Spinoza, señala  que utiliza palabras con significados  que dicen otra cosa en la literatura filosófica:

“Los términos empleados por Spinoza tiene que ser entendidos a la luz de sus propia definiciones, y no a la luz de los significados comúnmente asignados a esos términos en el lenguaje ordinario... Para comprender la  tendencia del pensamiento de Spinoza sirve de ayuda el substituir  la palabra “Dios “por la palabra “naturaleza”.

Agrega Copleston   que “si estamos considerando las cosas como modos bajo un atributo particular, debemos hacerlo consecuentemente, y no cambiar nuestro punto de vista y nuestro lenguaje de una manera irresponsable.”

Muchos filósofos, quién sabe si  todos, suelen utilizar diversos  términos para decir una misma cosa, con lo que el lector seguramente acabará desorientado, y con un sentimiento de incapacidad mental, sino conoce del juego     mental  y de  extensión que se está tratando.

Semejante al diclofenaco que se llama diferente, según el laboratorio que la produce y la coloca en el mercado.

Copleston observa que "Leibniz utiliza el término materia (esto es materia prima o primera) en un sentido bastante  diferente de aquel  en que antes le hemos visto utilizarlo. Ahora lo emplea  en el sentido de principio pasivo de la substancia...Si se busca en Leibniz un empleo absolutamente consecuente de los términos, se busca en vano...Extrañas expresiones que manifiestan patentemente  que el autor hace mal empleo de los términos."

Y de Hobbes dice: "del análisis que hace Hobbes de la causalidad podemos observar cómo utiliza  términos escolásticos, interpretándolos a su modo y atribuyéndoles  nuevos significados de acuerdo con su propia filosofía."

Así con Spinoza.

Pero la placenta no se intelectualiza.

Más temprano o más tarde todos regresan a las arenas que los alimentaron, mil años antes de su nacimiento.

Los huicholes a Virikuta. Los indomexicanos que andan regados por el mundo, regresan cada año, en el mes de toxcatl (mayo) a la fuente de los coyotes de Coyoacán, donde se encuentran el binomio Tezcatlipoca- Tláloc. Las tumbas de los ingleses mineros de Real del Monte, Hidalgo, México, están orientadas hacia Inglaterra. Los israelitas no olvidaron, en dos mil años, regresar a Palestina.

Roberto Redford le dijo a su compañero de viaje, por el sendero de los Apalaches, en la película Grandes Amigos “llena tu costal de pan, tíralo sobre la barda y ve por él”.

Algo parecido le pasó a Spinoza con su desarrollo intelectual. Copleston anota “aunque el pensamiento de Spinoza parece haberse alejado mucho de sus orígenes  judíos, en la dirección de un monismo naturalista, sus doctrinas de la divinidad infinita y de los atributos divinos  desconocidos sugieren que los orígenes religiosos de su pensamiento no quedaron en modo alguno completamente obscurecidos por su ulterior desarrollo.”(Copleston, Historia de la filosofía, volumen 2, tomo cuatro, capítulo XIV)

Pero, de estar Spinoza prácticamente olvidado, dice el mismo Copleston, la corriente cambió. Con el tiempo sería llamado por grandes pensadores modernos  para ocupar su lugar en la historia de la cultura occidental:

Todo empezó con Lessing, a 103 años de haber fallecido Spinoza.

“En 1780 Lessing tuvo su famosa conversación con Jacobi en la que expresó su aprecio por Spinoza, y lo que a éste debía. También Herder apreció a Spinoza y Novalis describió a este, en una frase muy citada, como “embriagado por Dios”. Heine escribió calurosamente sobre Spinoza, y Goethe habló de la influencia que en él ejerció el filósofo judío, de la calma y resignación que puso en su alma la lectura de su Ética y de la amplia y desinteresada visión de la realidad que esa obra le abrió. Y filósofos  alemanes como Schilling y Hegel, los filósofos del movimiento Romántico, pusieron el spinozismo en la corriente principal de la filosofía europea.”

 


“Baruch Spinoza (conocido como Baruch de Spinoza o Benedict/Benito/Benedicto (de) Spinoza, según las distintas traducciones de su nombre, basadas en distintas hipótesis sobre su origen) (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz”wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ERROR ALPINO EN EL DESIERTO


 

Los errores en alpinismo, y en el desierto, como los errores en la investigación científica, son más valiosos si se les publica que si se les oculta.

En el primer caso se trata de una valiosa aportación de la que otros pueden beneficiarse. En el segundo sólo es esconder la basura debajo de la alfombra.

La  idiosincrasia de los mexicanos (quién sabe cómo serán en este sentido los otros pueblos indoamericanos) es que reaccionamos mal contra los errores de una expedición. En lugar de estudiarlos y aprovecharlos.

El resultado debe ser luminoso, heroico, retocado. Todos sabemos cómo subir montañas pero no todos sabemos lidiar con el error en tratamiento terapéutico.

"La crítica-escribe P.B. Medawar en su libro Consejos a un joven científico- es el arma más poderosa de toda metodología de las ciencias; es la única seguridad que tiene el científico de que no persistirá en el error." 

Pero la autocrítica es más difícil dado que no tiene enfrente quien se oponga a su modo de ver las cosas.

La autocrítica es hablar de los aviones que  jamás pudieron volar o que por defecto cayeron en tanto volaban. Pero que  gracias a estos errores los otros si pudieron volar y progresar.

En nuestras travesías efectuadas en los desiertos, de Sonora y Chihuahua (NW y N de México), cometimos errores, unos buscados y otros inconscientes. De tal índole fueron esos errores que son de los que no permiten ver la otra orilla de las arenas.

Hay que apresurarse a decir que las travesías, a las que aquí nos referimos, fueron realizadas a pie, caminando, con mochilas al hombro.

La primera vez que tuvimos conocimiento del desierto fue en Altar, Sonora. Deliberadamente fue en la última semana de la primavera ¡La peor época en el hemisferio norte para los desiertos calientes!

Queríamos aprender los problemas que nos planteaban las altas temperaturas con mucho sol, sin sombras y sin agua y cómo reaccionaríamos nosotros que vivimos en lugares con temperaturas de 20-10 grados C. del Valle de México.

Este recorrido solar  nos dice cuáles son las condiciones menos calientes y cuáles las tórridas
para cruzar desiertos en México.
Esas temperaturas elevadas del desierto nos hacían consumir mucha agua y la marcha no era tan ligera. Sudábamos a chorros, literalmente, y eso nos obligaba a beber más agua. Pronto nuestras cantimploras se encontraron vacías.

La segunda vez, en este mismo desierto, fue en la primera semana de diciembre. Todo fue  diferente. Encontramos 15 grados menos en el cenit que la vez anterior, las reservas de agua duraron más (de todas maneras se nos agotaron)  y avanzamos mayor distancia de terreno en un día.

Necesario tomar en cuenta que 50 grados en la ciudad no es lo mismo que 50 grados en el desierto. No para el humano. En la ciudad la gente tiene( sin mencionar la calefacción artificial) al menos dos recursos para luchar contra ese calor tan elevado.1-la sombra de las casas.2- líquidos para rehidratarse y bajar la temperatura corporal.

En el desierto no hay nada de eso.


Otro error. Fue en Altar, este también conscientemente en el sentido que sabíamos que estábamos cometiendo el error de caminar en la noche. El agua se había agotado desde la mañana y para el anochecer el horizonte parecía seguir sin fin

¡Y nada de oasis, riachuelos  ni vegas verdes como aparecen en las películas!

Caminamos durante cuatro horas en la noche para aprovechar que la temperatura en los desiertos baja mucho, con respecto del día. De esa manera pensábamos acercarnos más al final del desierto y, dadas las temperaturas bajas, la sed, la deshidratación, sería menos intensa.

Más de  mil kilómetros hay en el norte de México, de llanura para cruzar a pie, como la que se ve en la foto.

( en la foto Armando A.A. y Luis B.P.Extremo oeste de la sierra de Samalayuca, en el desierto de Chihuahua. Foto de Armando A.G.)
Dos errores hay en esta situación:

A-Está la fauna nocturna, especializada, muy activa, para buscar comida en el frío de la noche. El caminante casi pierde toda visibilidad del terreno que va pisando y queda así a merced de cualquier peligro, en especial de las víboras que pueden atacar aun cuando estemos en movimiento.
Fauna de Altar. Falta la versión especializada nocturna.

En Altar lo que se ve cruzar en todas direcciones es el pinacate, en Samalayuca las hormigas.

En el día las víboras, y los monstruos de gila, buscan protegerse del sol bajo las pocas sombras que puedan encontrar entre los bajos matorrales, o en las dunas enterrándose en las arenas. Pero en las noches frías no tienen por qué buscar refugio y andan (se arrastran) por todos lados.

B-En el día se orienta la brújula en dirección de una duna lejana y hacia allá se dirige la marcha.

En la noche toda visibilidad es limitada. El recurso de emergencia, que encontramos, fue escoger una estrella (de entre millones que se ven en las noches en el desierto) grande que estuviera cerca de la línea del horizonte arenoso en la dirección que íbamos siguiendo y hacia allá nos íbamos.

Pero nuestro planeta, es sabido, gira. Aunque lo que se ve que gira es nuestro   cielo luminoso teniendo como fondo  la  impresionante, casi aterradora, Vía Láctea.

"Nuestros ojos sólo alcanzan a ver dos mil" dijo Robert Redford a su amigo de aventura, mirando el cielo en su travesía por el sendero de los Apalaches, en la película Grandes Amigos,  señalando un cielo llenísimo de estrellas. Y agregó: " ¡Somos pequeños!"

Pero seguir “nuestra” estrella por más  tiempo es ir a dar a un rumbo que no era el nuestro y quedar así extraviados.

Lo que hacíamos era cambiar de estrella, por otra que correspondiera en nuestra brújula con la dirección que seguíamos. Y en esto todavía juega lo que se conoce como efecto coriolis. Una cierta desviación debido al eje magnético.

Luego sigue lo que podríamos llamar no el peligro de la fauna sino el multipeligro porque se trata de al menos cuatro “personajes”, mortales cada uno de ellos. A saber, las víboras, los escorpiones, las arañas  y los monstruos de gila.

Lo sensato en el desierto es parar de caminar en el atardecer, con el tiempo suficiente para levantar las tiendas, cenar, y  salir por la noche sólo para atender alguna urgencia fisiológica.

 O bien no retirarse más allá de unos metros si es que se decide por la clásica fogata frente a las tiendas.

Siempre hay la suposición de caminar en la noche para aprovechar las bajas temperaturas.  Es posible, nosotros lo hicimos, como acabamos de mencionar, por necesidad, pero, más vale adelantar que es un riesgo que no vale la pena correr.
Monstruo de gila del desierto de Altar

El error fue no llevar sueros anticrotálicos y anti lo demás. Preguntamos y buscamos pero no encontramos respuestas y así nos fuimos con la impresión que en esos años, de los setentas,  del siglo pasado, que es el tiempo del que estamos hablando, había carencias en ese sentido en el país. Esperamos que con el paso del tiempo eso sea más accesible para los que vayan al desierto con la idea de caminar y cargando su mochila, no en jeep ni en motocicleta.

Además los sueros de entonces tenían que permanecer en temperaturas bajas y no soportarían en buenas condiciones las elevadas del desierto. Nos preguntábamos cuánto tiempo podía durar una caja con hielo seco. El asunto nos pareció impracticable  caminando por un terreno que, sin ánimo de exagerar la nota, es como un campo minado dada su peligrosa y activa fauna.

Otra cosa para tomar en serio, pensarlo con detenimiento, es que el desierto, como la alta montaña, requiere de un proceso de adaptación para acercarse a él.

En la montaña los habitantes de cotas bajas necesitan subir gradualmente (cosa que nadie hace) para propiciar positivamente la nivelación de glóbulos rojos y blancos requeridos en esas altura. Se  previene así lo que se tiene como “mal de montaña” que puede ir, en cosa de pocas horas, desde un ligero malestar hasta la muerte del alpinista. ¡Y  esto no es ninguna fabula!

Para meterse al desierto, los que vivimos en lugares de temperaturas que oscilan entre los 20 y 10 grados C., necesitamos un acercamiento gradual (que tampoco nadie hace).

Permanecer al menos un día en cada ciudad o población en tanto marchamos  en dirección al desierto. De esa manera nuestros sistemas de adaptación tendrán el tiempo suficiente para no resentir los efectos adversos de los 45 -55 grados que encontraremos en el desierto.

Como anécdota recordamos la vez que fuimos, por primera vez al desierto de Samalayuca, en nuestra travesía Samalayuca-Sapelló- Ciudad Juárez(el último tramo en ferrocarril) partiendo de la Ciudad de México,(20-10 grados)donde vivimos, llegamos al lugar de descenso en la calefacción artificial del autobús (20 grados).Al abrirse la puerta del trasporte para descender  recibimos un golpe (literalmente) de 30 grados más de lo que estábamos acostumbrados.

Ignoramos cómo funcionaros nuestros sistemas de adaptación de manera tan brutalmente  violenta, para  salir bien del paso, pero desde luego no aconsejamos que alguien se exponga de esa manera.

 Para los habitantes de esas latitudes, aunque la sufren cotidianamente, no es nada excepcional. Para nosotros es algo no solo de tomar precauciones empíricas, sino de estudiar tales procesos, y trasmitirlos a los que después tendrán que ir a los desiertos bajo la concepción de deportiva.

Las crónicas detalladas de las dos travesías al desierto de Altar se encuentran en este mismo blog con los títulos “Desierto de Altar” y “Segunda travesía al desierto de Altar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores