PARA ENTENDER DE TECNICA FOTOGRÁFICA -LA CÁMARA FOTOGRÁFICA


 

Este trabajo fue editado por la Secretaría de Prensa, del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM,) en 1982.

A la sazón no se conocían en el país las cámaras fotográficas digitales, “tabletas” ni teléfonos celulares, que igualmente son cámaras fotográficas.

La técnica que aquí se ofrece es, aunque no lo parezca, el fundamento de lo que sucede en las cámaras digitales de la actualidad.

Si bien, ahora  son otros materiales, otros modos y otros tiempos para obtener una fotografía. La computadora substituyó al laboratorio fotográfico, ya no hay que ir hasta la redacción o a la imprenta a entregar personalmente la fotografía, etc.

Pero, para hacer un símil, con la filosofía de Platón, diremos que el arquetipo es la causa de todo lo que vendrá después…





Las figuras que ilustran este trabajo fueron tomadas de: Manual de Técnica Fotográfica, de John Hedgecoe, y de Editorial de Métodos y Sistemas S. A. de C.V.


 

LA CÁMARA FOTOGRÁFICA

 

 


 


 

 EL OBJETIVO


 

 


 EL ENFOQUE

Todo esto entra en juego en la digital con  sólo apretar el "disparador"
























EL DIAFRAGMA















VELOCIDAD DE DISPARO


 LOS OBJETIVOS

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


FILTROS



















MATERIALES EN B/N


REVELADO DE PELÍCULAS EN B/N












































 
 
 
 
 
 
 

CARGA DE PELÍCULA EN LOS CARTUCHOS
 
 






PAPELES FOTOGRAFICOS



























 REVELADO DE PAPEL









SECADO Y RECORTE DE LAS FOTOGRAFÍAS









LA PRACTICA




































                                       FIN








 

PASCAL VS FRANKSTEIN


 

Pascal piensa en una “humanidad humana”.

Que pueda vivir entre la tierra y el cielo.

Como Coatlicue fuertemente aferrada a la tierra y en actitud de emprender el vuelo hacia los cielos espirituales.

Es una hermosa escultura del período mexica y se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia, Chapultepec, Ciudad de México.

De hecho todos los naguales, o avatares, de las épocas teotihuacana-tolteca-azteca, en el México precristiano, tienen esta antinomia. Garras para aferrarse al suelo y plumas para volar.

Toda representación de animal que tenga plumas, en escultura o en pintura de los códices, serpiente, coyote, águila, oruga, es un avatar o nahualli, de alguna divinidad azteca.

 No es zoolatría, y sí un avatar, como la paloma lo es del Espíritu Santo en el cristianismo. O el Ángel (no cualquier ángel) de Jehová en el Antiguo Testamento.

La idea la expone Blaise Pascal en su obra Pensamientos. Un individuo, hombre o mujer, que sea de la tierra y también del cielo.

No como las criaturas de Dante que al final son demonios o ángeles (con excepción de Dante, el único mortal en la Divina Comedia).

Con Pascal el hombre no es sólo una bestia, también es ángel y no es ángel solamente, también bestia:

“Es peligroso hacer ver demasiado al hombre  cuán igual es a las bestias, sin mostrarle  al mismo tiempo su grandeza. Es también peligroso hacerle ver su grandeza sin su bajeza.”

El hombre no es  una cosa o la otra, es las dos.

 “Que el hombre se estime ahora en lo que vale. Que se ame porque hay en él una naturaleza capaz del bien.”

Puede llegar a ser un santo de la Iglesia, o un laico santo, si puede hablarse así, mediante sus obras para con la comunidad, pero fracasará si quiere llegar a ser ángel.

Por eso Pascal observa que si se empeña en una sola cosa, será la otra:

“El hombre no es ángel ni bestia, y la desdicha hace que el que quiere hacer el ángel hace la bestia.”



Aferrada fuertemente a la tierra y lista para dar el salto al cielo,
como un jaguar entre la selva de la noche
La escultura de Coatlicue en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología e Historia
De hecho en los sistemas filosóficos, como en los teológicos, el hombre es como el que Pascal busca, una criatura de carne y hueso que  libre su mejor batalla por trascender ese fenomenismo.

 Como Quetzalcóatl, la serpiente que deja atrás  su vieja piel para remontar el vuelo. Para Pascal  una criatura sólo empírica, o sólo espíritu, será piedra o será idea, pero no humano.

Copleston anota que "Hume se dio cuenta claramente no sólo que el hombre no es una maquina calculadora, sino también  de que sin los apetitos y aspectos emocionales de su naturaleza dejaría de ser hombre."(Historia de la Filosofía, tomo V, capítulo XVI)

Ahora bien, el hombre ya nació como él es. Es como el campamento base de la expedición alpina. Pero los factores ambientales   pueden hacerlo cambiar de parecer o hasta aniquilarlo.

Si se descuida la sociedad lo moldeará como a ella le convenga para sus intereses inmediatos. Aunque esa sociedad se suicide para los mediatos.

Lo alabará tanto que ese individuo acabará deformado, al estilo de algunos (no generalizamos) políticos o secretarios generales de sindicatos.

O también, al revés,  la sociedad señalará tanto a ese individuo que éste acabará sintiéndose apaleado.

En un caso, como en el otro, es la sociedad fabricando Frankstein para su propia destrucción.

Perdida toda mesura, lejos  de todo término medio aristotélico, ya sea sobre elevado o hipostasiado, ese Frankstein acabará cobrando le factura a la sociedad que lo deformó. O que le impidió formarse.

El buen ciudadano no es la figura burguesa tan denostada en cierta corriente novelística.

 En el fondo todo obrero sueña y trabaja para llevar una vida desahogada económicamente. El que diga lo contrario está mintiendo.

Esa novelística de sufrimiento, del obrero que se duele de la vida hasta niveles patológicos, es sólo un ingenioso juego de la mercadotecnia para incrementar la venta de libros.

Muchos de los personajes obreros, de las novelas, son la creación de escritores que jamás han sentido el hambre. 

Se vale como recurso literario, sólo que ese resentimiento social es peligroso pues es el metal con el que se fabrican los Frankstein de todos colores.

Es, ese buen ciudadano, por el contrario, el fino equilibrio provisto de valores cívicos, éticos y morales que trabaja, estudia y, cuando puede,  se va de vacaciones con la familia a la playa o a las montañas o a los museos o al parque.

Frederick Copleston anota, cuando analiza la teoría filosófica de Hume, lo que experimenta el humano, hombre o mujer, al ser excesivamente homenajeado o al ser absurdamente hipostasiado:

 "En el caso del orgullo (sobre apología) es una sensación de placer, en el caso de la "humildad" o desprecio de sí mismo (hipostasiado o humillado) se produce una sensación de dolor."

Un mal manejo de estas pasiones (ir más allá de la justa apología, lo mismo que de la justificada reconvención), es lo que incuba la aparición de Frankstein. Que de una manera u otra impactará negativamente a la comunidad.

El reverso del molde del buen ciudadano no necesita descripción. Lo vemos todos los días como personaje central en las notas rojas de los noticieros de la pantalla televisiva.

De ahí que Pascal termine, esta parte de su capítulo III, de la siguiente manera. Con la idea que la sociedad misma se cuide de seguir fabricando a Frankstein:

“Yo censuro igualmente a los que toman el partido de alabar al hombre, y a los que toman el de vituperarlo.”

PASCAL
“Blaise Pascal fue un polímata, matemático, físico, filósofo cristiano y escritor francés. Sus contribuciones a la matemática y a la historia natural incluyen el diseño y construcción de calculadoras mecánicas” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

J.WAHL, EN EL LABERINTO DE LAS SUSTANCIAS




 

Wahl define sustancia como algo imperecedero, distinto de lo que  perece.

Altar es una metáfora de la vida donde todo cambia a cada momento pero, el desierto sonorense como tal, es perenne. Es la fragilidad dentro de antifragilidad.

Como Teotihuacán con sus construcciones, de cal y canto, que trasciende los siglos en tanto en su base las generaciones de humanos se suceden  de continuo hasta la fecha.

Pero aun así sus piedras pueden ser removidas por los hombres o por la erosión que causan lo elementos naturales.

Pero Teotihuacán como idea, como sustancia, no cambia.

En los países árabes hubo construcciones que fueron barridas por la guerra, hace cinco mil años, como las de Sumer o Ur, y los hombres siguen orando sobre las piedras en los que antaño se levantaban bellos templos.

O las de Etruria, más acá, en el tiempo.

El Coliseo de Roma durante siglos se colapsó después del imperio. Abandonado fue un basurero, y cuevas de ladrones y menesterosos.

Tiene, no obstante, como sustancia las virtudes de la Roma perenne y acaba de ser restaurada recobrando parte de su belleza física.

Igual con el lugar original de México-Tenochtitlán, Tikal (Guatemala) o Machu Pichu (Perú).

“Cuando Tales decía que el agua está llena de dioses-apunta Wahl-, introduce ya una  separación entre el agua y los dioses presentes en ella.”

(Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Cap. II)

La sustsancia ha experimentado en la mente de los hombres amplio desarrollo. Después la sustancia fue Idea y le siguió alma o espíritu:

“La sustancia se volvió Idea. Y en el Fedón unió Platón está teoría de la Idea con la teoría del alma. Aquí vemos por primera vez la clara afirmación de una sustancia espiritual.”

Aristóteles, que no en todo coincide con su maestro Platón, concebía la sustancia con la forma de la materia. Pero no supo decir qué sucede con la sustancia o alma si esa materia cambia de forma, o si se trasforma.

Descartes postuló la Idea de dos sustancias, la finita para la materia y la infinita para el alma al decir que ambas vienen de Dios:

“Otro problema de la filosofía cartesiana surge del hecho que, tanto la sustancia vital como la sustancia extensa (materia), son creadas por Dios.”

Para Spinoza estas sustancias de Descartes él las llama atributos y “reserva el testimonio de sustancia sólo para Dios.”

Siguieron dando su análisis al asunto de la sustancia Leibniz, Malebranche, Berkelei,  Bergson y Kant.

Uno de los problemas de la filosofía  estriba en que un mismo concepto puede ser empleado de diferente manera o significado por otro filósofo. Y aun un mismo autor lo emplea en su filosofía de diversas maneras. Y llegamos a tener la impresión que no sabemos dónde quedó la bolita. 

Kant pensaba-dice Wahl-, “tiene el espíritu humano que encontrar por debajo del cambio algo permanente.” Y esto lo llamaba sustancia.

En el modo de decir cotidiano nos parece que este libro tiene sustancia. Que las películas que hacen la apología de la violencia no tienen sustancia y llenan la hora y media disparando balas de aquí para allá y de allá para acá. Que una comida tiene sustancia porque nos proporciona carbohidratos, proteínas, minerales, etc. Que hay traje vacío porque la charla de  su ocupante   no tiene sustancia.

 Hay la idea de la calidad, de la sustancia, aunque se trate de lo finito.

En otras palabras, sustancia no es algo que pertenezca a los libros de filosofía perdidos por ahí, entre los estantes llenos de polvo y de bacterias. Todo lo contrario, es algo que nos sale al paso todo el día de nuestros días.

Lo confirma el gran invento de control remoto del televisor. Vamos de canal en canal  tratando de escapar de tanta insulsez.

Para no perdernos entre tanta definición que los filósofos tienen de sustancia (interesantes, ingeniosas y valiosas cada una de ellas) Wahl nos da su punto de vista. Cada quien puede ponerle el nombre que sea de su agrado:

“La sustancia de las sustancias, si podemos hablar así, es una, puesto que es el espíritu, la forma, la energía.”

 
J.WAHL

 
Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).

 

 

 

 

 

MONTAIGNE, ESCÉPTICO




“Somos creyentes por naturaleza”.

 Lo anterior lo escribió Emerson al hacer su sincera y apasionada apología de Montaigne.

(Edgar Lee Masters, Emerson, Buenos Aires, 1945)

Creemos porque confiamos en la bondad de los hombres, igual sí el que habla es del arrabal, como el que está detrás del micrófono en el seminario de la academia, como el ministro religioso o el ateo, el historiador o el filósofo con su extensa y acabada teoría. ¿Y quién no ha confiado de entrada en los políticos en campaña?

Pero luego descubrimos que, en ocasiones,  nos dan gato por liebre en la comida a la que fuimos invitados.

No dejamos de creer en la bondad del mundo, pero ahora hay que pasar por el tamiz los dichos y los hechos.

En otras palabras, hay mentiroso profesionales y otros ignorantes bien intencionados que ellos mismos creen de buena fe  lo que dicen. Y otros que pueden estar en lo cierto.

 ¿Qué hacer? Dudar, investigar.

Es así como aparecen los escépticos. Emerson:

“aunque somos conservadores y causalistas por naturaleza y rechazamos  la incredulidad amarga y fastidiosa, los escépticos, cuya clase representa Montaigne, tienen razón y todos los hombres pertenecemos a  esa clase durante cierto tiempo.”

El escéptico es un individuo de profunda fe, cree y esgrime, siempre que puede, o hasta donde puede, la contra tesis para depurar los postulados de lo que empezó como hipótesis.

Puede ser un ateo con responsable formación filosófica. Pero también un crónico negador empírico amargoso.

San Agustín dio muchas vueltas filosóficas antes de aceptar de lleno ser parte del cristianismo.

Y santo Tomás de Aquino, perfectamente instalado en su convento de Monte Casino, desde la edad de cinco años, pasaría el resto de su vida observando la existencia de los humanos, no tanto como teólogo, lo que él era, sino sobre todo como filósofo.

Por eso Montaigne escribe: “No está la verdad como Demócrito decía, escondida en el fondo de los abismos, sino más bien elevada a una altura infinita, en el conocimiento divino. El mundo no es más que la escuela de la búsqueda.”

(Michel  de Montaigne Ensayos escogidos)

Una de las cualidades que Emerson ve en Montaigne es su sinceridad en el pensar y actuar. Montaigne no es de los que descubren el agua tibia en literatura. Lo que quiere es conocer lo que otros ya descubrieron y, si es posible, imitarlos.

Ya sabemos lo que dijeron Platón, Descartes, Kant… Ahora hay que ir  a la praxis. Someter sus teorías al microscopio de la alta resolución del  escepticismo.

Emerson nos revela que somos escépticos pero que no tenemos vocación de quedar  volando en el eclecticismo desintegrador sin síntesis.


Una vez que hemos pasado por el tapiz de la duda, nos retraemos a nuestra creencia, ahora fortalecida.

 Y desde luego susceptible a volver a revisarla si eso fuera el caso. Tal como sucede en la ciencia, que son verdades temporales que suelen ser, no desplazadas sino, enriquecidas, por los nuevos datos.

Hasta en la religión, según recomienda san Pablo (en Colosenses 3,1-5. 9-11) es necesario ponerse al día en conocimientos:" despójense del modo de actuar del viejo yo y revístanse   del nuevo yo, el que se va renovando conforme va adquiriendo el conocimiento de Dios, que lo creó a su propia imagen. "

O como sucede en la Academia, con los llamados "cursos de actualización".

Así en  filosofía, como en la religión. No son cosas que se echen al basurero sino una misma línea del pensar, siempre en la línea de fortalecimiento o enriquecimiento.

Esto es lo que dice Montaigne:

 “Igualmente persigo la comunicación de algún espíritu famoso, no con el fin de que me  adoctrine, sino para conocerlo y, si es preciso, imitarlo.”
MONTAIGNE


“Michel Eyquem de Montaigne (Castillo de Montaigne, Saint-Michel-de-Montaigne, cerca de Burdeos, 28 de febrero de 1533 - ibíd., 13 de septiembre de 1592) fue un filósofo, escritor, humanista, moralista ypolítico francés del Renacimiento, autor de los Ensayos, y creador delgénero literario conocido en la Edad Moderna como ensayo.” Wikipedia

UN INVIERNO EN LAS MONTAÑAS DE PACHUCA HIDALGO




Terminamos de escalar el último tramo  norte de la pared Benito Ramírez.

Es la segunda ascensión después de la conquista llevada a cabo por Raúl Revilla, escalador de Pachuca. Metemos la cuerda en la mochila y empezamos a bajar caminando por el sur.


NORTE DE LA PARED BENITO RAMÍREZ
Regresamos al fondo del Circo del Crestón a desmontar las tiendas en las que pasamos tres días recorriendo diversas rutas del lugar. Dos agujas. El filo noreste de La Pezuña y la chimenea sur de El Crestón.

 Raúl Pérez, guía de Pachuca, iba por delante de la cordada en esta última escalada pero ese mismo día regresó por la tarde  a la ciudad.

 Un largo descenso por el Valle de Las Ventanas, la aldea de Cerezo y el viejo camino de las minas, hasta entrar por el barrio alto del Arbolito.

PRIMER TRAMO 
NORTE DE LA BENITO
RAMÍREZ
Pachuca tiene no más de 70 mil habitantes fijos. La zona noreste de la ciudad es un área solitaria con una ciudad fantasma, es decir, casas abandonadas cuando la minería empezó a decaer.

Dos días antes recorrimos la ruta Rosendo de la Peña que Eduardo Manzanos, gran escalador del Club Exploraciones de México, había abierto en el flanco norte de Las Monjas.

Planeamos vivaquear los tres en su repisa, cien metros sobre su base. La noche fue de tiempo despejado y luego de la cena nos entretuvimos, ya metidos en nuestras bolsas de dormir, en localizar los diferentes lugares entre las lucecillas amarillas lejanas que brotaban en el abismo negro de la noche.

En el norte Amajac. A la derecha Atotonilco el Grande. Más a la derecha las luces de Omitlán, bajo las estribaciones de Real del Monte.

FILO NE DE LA PEZUÑA
Dos semanas atrás pasamos tres días en el balneario de Amajac. Nuestras tiendas instaladas en las áreas verdes casi al borde de la alberca.

Nos zambullíamos en sus aguas calientes hasta la media noche. Leíamos. Tomábamos café en su restaurante de grandes vidrieras. Comíamos en los puestos sin salir de los terrenos del balneario. Leíamos más. A José Méndez le gusta hacer discursos de tinte político-sindicales. Alfredo siente pasión por correr en motocicletas.

Apostábamos a ver quién ganaba apurando la cerveza de un litro. José Méndez ganaba según su técnica que consistía en no cerrar la epiglotis en cada trago. Volvíamos a leer. Despertábamos un rato y de pronto saltábamos al agua otra vez hasta media noche.

-Pero un  día agarramos las mochilas y aquí estamos-

comento Eduardo desde el fondo de su sleeping. Eduardo Manjarrez es el que llevó a cabo cinco escaladas al Colmillo, en la región de los Frailes de Actopan, y luego la primera solitaria a la misma aguja. Era el tiempo en que en la base de esa roca había al menos diez cruces de los escaladores que habían muerto en el intento de subirla.

EL COLMILLO(CENTRO DE LA FOTO) EN EL CAMINO A SAN JERÓNIMO
Les platico de la semana que pasé subiendo los pequeños cerros del Xate, arriba del caserío de San Nicolás, más al norte de Amajac. Entonces incomunicado y era necesario caminar desde la carretera a Tampico, atravesar El Encinar y subir los cerros desde la planicie.



 

CUMBRES DEL CIRCO DEL CRESTON ENTRE LA TORMENTA
En el norte inmediato el cerro se ve al alcance de la mano pero en su cima siguen otras cimas y después otras. Luego abordamos la sierrita del sur del valle de San Nicolás. Subimos por el panteón. Se recorre en un día pero nosotros pasamos una noche en sus cumbres.


 En el vivac, en la repisa de la norte de la Rosendo de la Peña, no  son sólo  los focos amarillos que se ven a la distancia entre la noche, hacia Amajac. 

Comenta José Méndez que  hay modos de pensar entre los filósofos, por ejemplo, David Hume (1711) quien dice que la ciudad es buena porque está organizada para proteger la propiedad privada de los depredadores. Este utilitarismo le da estabilidad a la vida en sociedad.

Interesante, agrega Eduardo, pero no es  esa la ciudad de conveniencia que vemos los alpinistas al bajar de las montañas al valle. Es la humanidad cálida que llena calles y plazas públicas.
 

 
5- repisa del vivac.6-travesía hacia el oeste.

En la mañana después del vivac, en la repisa,  reanudamos la escalada de la Rosendo de la Peña. Una pequeña travesía a la izquierda, es decir, en el filo oeste de la pared. Es la llave de la ascensión. Algo para tragar saliva aun los más experimentados escaladores. Salientes muy pequeños y el escalador avanzando sus botas sobre un vacío de cien metros. ¡Increíble que por ahí haya salido Eduardo Manzanos cuando trazó la primera. Pero lo hizo hasta alcanzar una grieta vertical del otro lado y desde ahí asegurar a los otros.



El punto rojo es la altura de la repisa (5) del vivac

Regresamos por los senderos del sur. Acampamos en El Cedral, un bosque a la entrada de Estanzuela. A la orilla de un gran estanque natural de las aguas que bajan del lado del Valle de Las Ventanas. Hicimos una gran fogata y asamos carne y salchichas. Está El Cedral en el lindero del bosque pero  es un lugar por demás solitario.

Mañana bajaremos a Pachuca y ya pensamos en la larguísimas “colas” que se hacen en su terminal para México. Solamente hay una línea de pasajeros. Su terminal está en la calle Matamoros y, cosa curiosa, en México también se llama Matamoros la calle de la terminal de esta ruta de camiones.

En la noche llovió y cayó nieve. No es frecuente que eso pase aquí, a estas alturas de los tres mil metros, pero esta vez sucedió,

-Como corresponde a una noche de diciembre-dije.

En la mañana el tiempo estaba despejado y el sol rojizo pero ya intenso. Abandonamos por esta ocasión la costumbre de descender al valle por la ruta de Cerezo y empezamos a caminar, por el sendero de animales de carga, que rodea por el sur de Estanzuela y da la vuelta hasta llegar a Cerezo, por  la parte baja, hasta encontrar el camino de las minas que nos llevarían al barrio del Arbolito, a la entrada de Pachuca.

Las pocas casas  de Estanzuela tenían cubiertas de nieve sus techos de tejamanil. Son casa muy rústicas de paredes de grandes troncos de árboles del valle del Diego Mateo (León Alado le llaman los escaladores) y adobes pegados con lodo y paja para más cohesión. Tal vez no sean más  de veinte casas esparcidas por toda la ladera, algunas entre las peñas del rayo, en el lado oeste. Dos veces hemos practicado rappeles en sus ajugas.

-Mañana será Noche de Navidad-comentó Eduardo Manjarrez, cuando nos echábamos  las mochilas al hombro.

-Noche de Navidad de 1956-dijo José Méndez.

Mis dos compañeros de escaladas hace algunos años que se salieron de este planeta.

Yo sigo caminando en las calles de la gran ciudad. Abriéndome paso entre el humo de gasolina de 170 grados IMECAS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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