COPLESTON, ES LO QUE NO HACE


 

Carmen baila y a Eva no le gusta bailar.

Carmen no es como Eva ni Eva es como Carmen.

El individuo es por lo que hace pero también es por lo que no hace:

“Es por una especie de oposición a lo que niega los valores como afirmamos los valores.”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988

Con sobre peso corporal Juan come de todo. Luis procura el “plato  inteligente” y su peso corporal está bastante cerca de lo recomendado por la ciencia médica. No es como Juan ni éste como Luis.

Juan relativiza: “todos comen de todo”. “Todos roban”. “Todos flojean en el trabajo”. “Todos dejan novias embarazadas”. “Todos tiran basura en las calles”.

 Juan hace lo que “todos” hacen. Luis tiene sus valores personales.

¿Quién está en lo cierto? ¿Quién tiene la razón? Eso lo sabemos cuándo, en términos de salud, en el hospital nos toman nuestros signos vitales de estatura, peso y presión arterial, de uno en uno, es decir, de persona por persona.

La báscula, la escala métrica y el esfigmomanómetro de mercurio, no son sinodales dados a relativizar.

El médico no relativiza al llamar a todos juntos, pesarlos, medirlos, “presionarlos” y obtener los resultados globales, como cuando en el mercado compramos un kilo de papas o de chiles verdes: todos juntos en la báscula.

Es por nuestra individualidad por lo que nos inclinamos a desarrollar nuestras potencialidades, nuestras creencias. Cicerón cree que tenemos, en un solo individuo, de todo: individualista y gregario.

 “hemos de reflexionar que nos ha revestido, por decirlo así, de dos personas la naturaleza; una común, que es por la que todos participamos de la razón y de aquella nobleza conque excedemos a los irracionales, de la cual resulta el conocimiento para hallar las obligaciones y guardar el decoro.”

Los oficios, Cap. XXX.

Sí, es cierto, yo puedo ser futbolista o karateka o ajedrecista o el juego que hayan inventado los ingleses. En cambio lo mío puede ser corredor en la llanura. Correr a campo traviesa es lo que se hace en  México desde milenios.

Subir montañas es todavía muy anterior que correr por el campo. No por motivos deportivos pero sí religiosos (la conquista del Popocatépetl, 5,452 m. tuvo lugar en el siglo trece d. C. Ver La conquista del Popocatépetl, en este mismo blog. Clavijero anota que las primeras ascensiones a la cumbre del monte Tlaloc,4,150 m, tuvieron lugar en el periodo tolteca,200 a.C.-850.d. C.).

 Con los siglos, y por esas volteretas que da la historia, nos hicimos ajenos a las montañas y nuestra lucha al principio, que agarramos la mochila en plan  deportivo, y vamos a las montañas, consiste en que nos sentimos un tanto, o un mucho, ajenos al ambiente lejos de la ciudad.

 Somos lo que no hacemos, es decir que ahora somos de la ciudad, pero, por deporte, queremos  regresar a lo que naturalmente  fuimos. Y nos encontramos que pertenecemos a los dos mundos, el gregario y el solitario.

Es aquí donde empezamos a hacernos preguntas acerca de la vida  gregaria de la ciudad y de la soledad que significa encontrarnos en las montañas. Aquí hay muchas estrellas y allá mucho semáforos.

Se aprecia más el silencio, del desierto nocturno, cuando se vive en la contaminación acústica de las ciudades.

Igual en el campo de las ideas puedo ser esto o aquello, pero algo en particular será lo mío. Y lo ratificaré, teniendo libertad de decisión,  por lo que no hago.

Wahl: “Jasper ha llamado la atención sobre el hecho, ya percibido por Kierkegaard y Nietzsche, de que la existencia es elección. Pero esta elección está determinada por el dato que soy yo. Yo estoy en cierto sentido dado a mí mismo:”

En las historias que escriben los historiadores, igual que sucede  en los partidos políticos, también se es lo que no se hace. Se es de izquierda porque no se es de derecha y viceversa

 (Aunque ahora con eso de las “alianzas”,  con vía a las elecciones presidenciales, quien sabe dónde quedó la Declaración de Principios de cada partido. Güelfos y gibelinos, todos juntos y  revueltos, por intereses, no por ideales, furibundos anticlericales hombro con hombro con furibundos antimaterialistas).

Por ahora no aplica  aquí lo que Copleston dice:  es lo que no hace.

Jasper observa que es sano alejarse del mono conocimiento histórico ( o leer la Declaración de Principios de los diferentes partidos políticos para saber en  qué nos estamos metiendo), por decirlo de alguna manera:

“Es de aconsejar el leer siempre paralelamente varias exposiciones  de la historia, para guardarse por anticipado de sucumbir a una interpretación como presuntamente comprensible de suyo: Si se lee sólo una exposición, se impone involuntariamente su esquema.”
Karl Jasper, La filosofía.

La otra observación que Cicerón hace, en la idea de contrastar lo individual, a lo común, que todos tenemos, se refiere a la personalidad:

“y la otra particular, que es como el distintivo de cada individuo. Porque al modo que observamos en los cuerpos tanta diversidad que unos son a propósito por su  ligereza para correr, otros por sus fuerzas para luchar, y así mismo en los rostros: en unos hay gracia y en otros una seriedad majestuosa.”

 Copleston, en Historia de la filosofía, volumen 3, tomo VII, segunda sección, capítulo XVII, también subraya el hecho de que el individuo tiene de todo, para ser un demonio o un santo, un individuo solitario o un gregario.

“Es evidente que todo ser humano es un individuo que se distingue  de las demás personas y de las cosas…Actúa como miembro de una colectividad impersonal, no como un individuo. Pero, si me doy cuenta de esta situación anónima, y empiezo a formar mis propios principios de conducta, y actuar decididamente de acuerdo con ellos, aunque signifique ir en contra  de los modos habituales de actuación de mi contexto social en un determinado sentido, puede decirse que me he aproximado más a ser un individuo, a pesar de que  en otro sentido no soy ni más ni menos individuo que antes.”

Copleston
“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra – 3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”

PLATÓN, UTOPÍA PERDIDA


 

Creer que la abundancia de dinero llega como bendición de Dios, dice Platón, es un modo utilitarista de ver las cosas. Se aleja de la moral y va en contra del interés del pueblo.

Dios vino para llenar de amor los corazones, no de dinero los bolsillos.

 Pero como sea que  en este mundo también hay ricos buenos (“hacienda bien ganada, no por malas artes ni logrereías torpes” Cicerón, Los oficios, Cap. XXVI), que ven por los demás, es por lo que Jack Reacher (Tom Cruise)dijo que el valor que tiene el oro es según quien lo posee.

En ocasiones Platón estuvo cerca del poder político y pudo observar que se llevaban los dineros de erario público, a manos llenas. Esto le hizo reflexionar sobre el fin que persigue el gobierno de un reino o ciudad-estado, como se llamaba entonces.

Pensaba en una clase política que viera por los intereses del pueblo, materiales y espirituales, incluidas educación y libertad.

Se alcanzan utopías, esta de Platón, hasta donde sabemos, nunca del todo.

Es probable que las haya habido, en los primeros siglos del imperio romano (entonces era “reino”), y en alguna otra parte del planeta cuando alguna etnia empezaba a despuntar.

Se hacían fuertes a base no tanto de la guerra sino de su moral interna. Hay numerosos casos, en la historia mundial, de grupos chicos, sanos, que triunfaron sobre grandes  naciones corruptas.

Florecían las artes, la comunidad confiaba en sus gobernantes y, en lugar de trabajar, miserablemente, ocho horas, se afanaban el equivalente de doce o catorce horas, por voluntad propia. Estaban seguros que la plus valía de su trabajo beneficiaría a la burguesía y, sobre todo, a la clase del común, por ser la más necesitada...

Catón fue aquel romano que vivía  cerca de la moral del grupo y desaconsejaba del yo particular porque, decía, es el que incuba los populismos que a la postre acaban con la moral general, y se llevan hasta la silla en la que se sentaba el conserje que cuidaba la puerta del edificio sede del palacio del emperador.

Del pícaro Lazarillo, sin moral, dice Gregorio Marañón que tiene la habilidad de presentar  sus trapacerías como hazañas dignas de alabanza pues siempre habrá bobos, o cómplices, que lo justifiquen inclusive que lo admiren y lo tengan como un paradigma:

 "Lo pésimo de esta literatura estriba en el hecho de vestir las fechorías sociales-el robo, el engaño, la informalidad ante la palabra, el mismo crimen -de una gracia tan sutil que todo lo atenúa y que acaba por justificarlo todo."



dibujo tomado de El País, 3 de junio de 2017
 “Para Catón, toda inteligencia auténtica se manifestaba en actos, y los actos revelaban al hombre. La absorción introspectiva en el yo y su cultivo significaba el colapso de un moral común, y entonces surgiría el “caudillo” capaz de fascinar con su elocuencia y sus promesas lisonjeras a un pueblo sin carácter.”

R.H.Barrow, Los romanos, Fondo de Cultura Económica, México, 2014.

¿Cómo saber cuál es el mejor  “caudillo” para el pueblo? Nadie lo sabe, ni él mismo. ¡Porque él mismo “caudillo” no se conoce de todo lo que es capaz! Ya de las más grande heroicidades para su pueblo, como de las más grandes corrupciones en contra de su pueblo.

Aquí es donde Cicerón recuerda dos cosas de  Platón, en La república:

1): “Los que se destinen al gobierno del Estado tengan muy presentes siempre estas dos máximas de Platón: la primera, que han de mirar de tal manera por el bien de los ciudadanos, que refieran a este fin todas sus acciones, olvidándose de sus propias conveniencias.”

Cicerón, Op. Cit. Cap. XXV.

Stekel, psiquiatra alemán del primer tercio del siglo veinte, decía que el profesionista se ve reflejado en sus obras según él es. Los recursos académicos, que se haya podido allegar, los va a emplear para el bien o para el mal.

 Pero esto no lo sabe (no se lo demuestra a sí mismo) hasta que se encuentra en la  disyuntiva. Hasta ese momento va a ser él mismo. Puede teorizar en un sentido o en otro pero fue eso, pura oratoria caliente. ¡Nada se pierde con prometer más que sus rivales de campaña!

Jasper hace la misma observación:

“Únicamente despierta el hombre cuando distingue el bien del mal. El hombre llega a ser, él mismo, cuando en su acción ha decidido a dónde quiere ir.”

Karl Jasper, La filosofía.

La otra advertencia que cita Cicerón, de Platón, va encaminada a hacer conciencia que más revoluciones, al interior de la nación, causa el trato desigual con la gente, que las perturbaciones que pueden llegar del exterior:

2): “…los que se desvelan por una parte de los ciudadanos y descuidan la otra, introducen un perjuicio, el más notable en el gobierno, que es la sedición y discordia; de donde nace que tomen unos el partido del pueblo, otros el de los nobles y muy pocos el partido común.”

 
Platón

“Platónn. 1 (en griego antiguo: Πλάτων) (Atenas o Egina,1 ca. 427-347 a. C.)2 fue un filósofo griego seguidor de Sócratesn. 2 y maestro de Aristóteles.3 En 387 fundó la Academia,4 institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos añosn. 3 y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.n. 4 Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y filosofía de la educación; intentó también plasmar en un Estado real su original teoría política,”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

JASPER, NO TODO PASA


 

No reconocemos ya a la persona que dejamos de ver veinte años. Nos parece que la que recordamos es una y ésta es otra. Como si hubiera cambiado radicalmente, “de un día para otro”, sin transición.

En cambio, la persona con la que convivimos todos los días, ya sea en la familia, en la fábrica o en la vecindad, nos parece de lo más natural y apenas notamos los cambios que en su fisonomía van teniendo lugar.

Este es el tema de discontinuidad y continuidad, que considera la filosofía cuando explica el Devenir. ¿Son episodios bruscos, como grandes saltos, estáticos,o se trata de un fluir lento sin detenerse?  Ambas cosas.

 Pensamos que son temas sólo del ámbito de los institutos de filosofía. Pero están presentes en la vida diaria del pueblo.

¿No nos dice el catecismo de religión, el cristianismo, que hubo una Creación y que habrá un Juicio Final?

¿Y no nos dice la Ciencia que la Evolución es un eterno fluir de trasformación y adaptación, más de cooperación que de eliminación?

Tenemos frente a nuestras narices las cosas eternas y  las cosas temporales y nosotros somos parte de todo eso. Se trata de una antinomia ya  seamos creyentes o laicos, estamos dentro del asunto.

En Enrique de Ofterdingen  Novalis “Presenta una fusión de lo pasado y lo presente, de un pasado ya vivido y de un presente nunca vivido antes.”

Nacer y morir, la niñez, adolescencia, adulto y vejez. Ideas de continuidad y discontinuidad es lo que tenemos enfrente del espejo para asomarnos a lo que pareciera el complicado tema del Devenir.

Nacer y morir es el modo antitético que nos sugieren lo inmóvil y lo que se mueve. El frío y lo caliente, lo de arriba y lo de abajo:

Wal: “Tendríamos que mencionar el mar, que pronto se tomó como símbolo del cambio universal, y cambios cíclicos, no sólo los del flujo y reflujo del mar, sino los de la noche y los del día, la vigilia y el sueño, el inspirar y el expirar, que dieron a Heráclito la idea de que  el movimiento es antitético.”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988.

Hay muchos modos de ver la continuidad y la discontinuidad. Desde Platón, Aristóteles, Kierkegaard, Hegel, James, Zenón, Bergson…El tipo continuo, los instantes separados, el  vuelo de la flecha, la luz de las estrellas, la negación que dice nada de esto es verdad sino puros construcciones intelectuales…

Entretanto imaginamos el presente como el a priori que todavía no llega, al pretérito que llevamos por todas partes en al metafórica mochila.

Wahl: “Del cambio y el tiempo se dice que son irreversibles, que van de lo anterior a lo posterior; pero a veces, por ejemplo, al despertar cuando estamos soñando, tenemos la impresión de que el tiempo vuela hacia  atrás, como si se  alejase mucho y muy velozmente de nosotros.”

Sucede también en el campo de la cultura, que lleva un ritmo suave y continuado. Pero que a la vez se ve marcada e impulsada, por hitos de pensamiento renovador.

Podemos pensar en un gran salto cultural desde Sócrates 500 a. C, y Plotino, 300 d.C. O los olmecas 1000 a C. y Miguel León Portilla 2000 d. C.

Y, sin embargo, la línea que une a todos estos episodios es la continuidad, con otro nombre, la tradición.

Esa continuidad, esa tradición, la tenemos en dos campos del pensamiento humano: la religión y la filosofía: creyentes y laicos.

Jasper: “La filosofía es en todo tiempo un rasgo esencial de hombre. Discrepando en esto de otros sectores de la historia de espíritu, puede en presuntos tiempos de decadencia aparece repentinamente un filósofo de primer orden. Plotino en el siglo III y Escoto Erigena en el IX son figuras aisladas y cumbres únicas. Se hallan con el material de sus ideas dentro de la cadena de la tradición, son quizá dependientes en todas sus ideas particulares y sin embargo aportan en conjunto una nueva y grande determinación fundamental del pensamiento.”

Karl Jasper, La filosofía, Fondo de Cultura económica, México, 1996.

No nos detenemos aquí en considerar los diferentes modos de la Dialéctica. Sólo apuntamos que Kant veía  la Dialéctica “ancestral” parecida al juego de sofismas donde pierde el que desarrolle menos ingenio (recordar Doce hombre( en pugna) sin piedad, de Sidney Lumet, 1957, con Henry Fonda).

En cambio la Dialéctica trascendental de Kant está en la perspectiva de un conocimiento positivo no sólo para la sociedad sino también para la espiritualidad:

“Dialéctica significa para él tratamiento crítico del razonamiento falso o sofistico. Y Dialéctica trascendental significa una crítica del entendimiento y de la razón en atención a sus pretensiones de suministrarnos conocimientos de las cosas en-si y de  las realidades suprasensibles.”

Frederick Copleston, Historia de la filosofía, Vol. 3 tomo VI, Cap. XIII.

Un filósofo aporta sus ideas y llena una época como algo que fluye sin cesar y a éste le sucederá otro y luego otro. Cada uno de ellos es como tremolina, como las trombas que se levantan del desierto para luego perderse de vista. 

 En contra tesis hay cosa que permanecen a través de los milenios:

Jasper: “Por eso en filosofía no está permitido decir nunca, refiriéndose a su esencia, que ha llegado su término. En cada catástrofe subsiste quizá la filosofía, siempre como pensar  efectivo de algunos individuos, incalculablemente en obras solitarias procedentes de tiempos por lo demás infecundos espiritualmente. La filosofía existe, como la religión, en todo tiempo.”

Jasper
“Karl Theodor Jaspers fue un psiquiatra y filósofo alemán, que tuvo una fuerte influencia en la teología, en la psiquiatría y en la filosofía moderna. En 1921 ocupó la cátedra de filosofía de la Universidad de Heidelberg.” Wikipedia





 

 

 

 

 

 

 

 

 

CICERÓN, VIDA VIVIDA


 

Tener conciencia de existir es de más importancia para el pueblo que para los filósofos. Los filósofos la teorizan pero el pueblo la vive.

Perdida la salud del cuerpo, y  de la sociedad, luego añoramos cuando éramos felices, y ya no somos, por no haber tenido conciencia de la existencia cuando teníamos salud.

Cuando teníamos la dentadura sana y completa y la columna dorsal estaba vertical y las rodillas no me dolían.

En la perspectiva que se aprecie la existencia de las cosas, que se tenga conciencia de las cosas, Cicerón veía su mundo antiguo, pagano, hundirse, emerger y volver a hundirse.

Sectas religiosas venidas de todas partes, magia, superstición, cautivos, esclavos, libertos (los cristianos todavía no contaban), árabes, africanos, germanos, iberos… Y en el interior  el reino, la república, el imperio, senadores, pretorianos… Cicerón  escribe para  que su universo romano  no se pierda y deje de progresar:

“Hay algunas sectas que, según los fines que se proponen del bien y del mal, las desfiguran en un todo.”

Cicerón, Los oficios, Espasa -Calpe S.A. Madrid, España, 1980.

De ahí que tener conciencia no sólo es asunto de los filósofos sino, sobre todo, de los pueblos.

El día que Cicerón  escribió sus Oficios, había  en el planeta más de veinte países (entonces reinos) que bien podrían suscribir lo anterior. En medio del caos pensaban cuando eran felices, pero que entonces no tenían conciencia que lo eran.

Nos percatamos de lo que valen nuestras rodillas  hasta que, el subir una escalera, sentimos que es un suplicio real.

Eso es brutalmente más real, la manera de concientizar que existo, que el pienso de Descartes, que la tensión de Kierkegaard, que el Uno de Plotino, la Nada de Heidegger o que la Elección desde mi yo de Jasper.

Entre los mexicanos de tiempos precristianos  Mictlantecuhtli es el dios de la muerte o del mundo subterráneo. De modo que, por contraste (o contra tesis, dicotomías, que tanto se buscan en la cultura occidental), había plena conciencia de la vida, de la existencia. No era la morbosa inclinación hacia la muerte sino recordar que este día se es y cómo se vive.
Tzompantli
 

Tzompantli
 Y para que esa realidad no se olvidara,  entre los placeres de la dulce vida, había por todas partes, de México-Tenochtitlán, un zompantli o muro de los cráneos de humanos. Estaba presente el imperativo: “¡No lo olvides, existes hoy!”

Sólo Nezahualcóyotl (y unos pocos más), en el México Antiguo,  tuvo duda si en verdad existimos o sólo soñamos.

La existencia  no se intelectualiza sino que se vive:

Wahl dice que “no puede resolverse teóricamente el problema de la existencia. Sólo puede resolverse en la práctica, sintiendo las experiencias individuales de la unión del propio pasado y futuro en el propio presente siempre  nuevo.”

 Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988.

Se entenderá más de cerca si imaginamos a alguien tomar clases de alpinismo sin ir nunca a la montaña...Así de absurdo es sólo intelectualizar la vida. Quizá tanto, al revés,  como una vida empírica sin ser pensada.

Heráclito, entre los griegos, niega el Ser porque cree que no hay algo estático por siempre. En su lugar proclama el movimiento que se hace y se rehace continuamente en todo momento. ¿Cómo tener conciencia de tierra firme si todo se mueve? Parece que bajo estas condiciones no hay existencia, es decir, ser estable.

Era necesario esperar a Platón para conocer una posición dialéctica en la que parece que, a la postre, se llega al mismo punto al considerar este filósofo tener conciencia de existencia tanto de cosas como de esencias:

“no sólo hay un mundo inteligible, sino que también las cosas sensibles son en cierto sentido. “

Las sensibles son las que cambian y las inteligibles permanecen.

El Devenir (y ojalá todos nos interesamos por el tema) tiene mucho que ver con la responsabilidad del humano ante sí y a ante la sociedad.

 Todo pasa, como el viajero que cruza una ciudad por la que no ha de volver y le da lo mismo encochinar, ensuciar, ¡y haber quien la limpia!

 O bien el que vive, de fijo,  en esa ciudad y le interesa tener en orden los diversos asuntos de su entorno, empezando por la basura en la calle.

A) Todos morimos, como individuos,  y qué me importa como quede el mundo, ¡ahí se las arreglan!

B) No morimos, como grupo,  y más vale dejar limpio el mundo para los que ocuparán nuestro espacio.

En otras palabras, somos más allá de este inmediato ser biológico. Trasciende, el mero pienso luego existo, con esa existencia que ahora tiene esencia. ¡Y mis rodillas me lo recuerdan a cada momento!

“Ser hombre es llegar a ser hombre” dice Jasper en La filosofía. No quiere decir algo chocante sino que haya conciencia de existencia.

¡Y en ocasiones, con recoger un papel de la calle, que algún irresponsable arrojó, ya se tiene el retrato del individuo!

Si salva al mundo  o realiza grande proezas aquí, o allá, como Superman, es de la misma estatura que el que recogió el papel,  es decir, de la dimensión fuera del tiempo y del espacio, que igual impacta al yo particular que a la vida social. ¡Tener conciencia de existencia social!

En otras palabras, el individuo, la sociedad que no es capaz de recoger el papel que ensucia las calles, ¡y pintarrajea  las paredes! que no se sorprenda cuando su ciudad esté tan criminalizada que ya ni pueda salir a la calle.


 ¡No se puede ser irresponsable y exigir un mundo perfecto!

¡Que el gobierno recoja la basura de la calle, por eso pago mis impuestos”, se oye decir con frecuencia. Es cuando Cicerón dice:

 “Los que miden el sumo bien por su propia conveniencia sólo se aman a sí mismos, y así, en ofreciéndoseles  alguna incomodidad por guardar las obligaciones de amistad, justicia, etc. faltarán a ellas por no faltar a su comodidad.”

Pero no hay que ponerse tan  serios. Darle contenido a la vida sin olvidar que el juego y la risa son partes importantes de ella.

Nada más serios es un fastidio para todos. Y nada más risa puede ser una enfermedad con repercusiones negativas para la sociedad.

 Cicerón anota: “No nos ha colocado en el mundo la naturaleza para jugos y pasatiempos, sino para una vida seria y para acciones de gravedad e importancia.”

Y se apresura a añadir:

“No es decir esto que nunca hayamos de chancearnos y divertirnos, pero así como se usa del sueño y de otros desahogos, después de haber  satisfechos cumplidamente con los cuidados  graves y serios.”

Cicerón
“Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero1 (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.WIKIPEDIA

E. ECHEVERRÍA, ALPINISMO PREHISPANICO EN AMÉRICA


 

Practicaban el alpinismo religioso, los pueblos del continente americano, en tiempos anteriores al siglo dieciséis, que es el de la conquista española.

En montañas situadas desde los 2 mil metros, sobre el nivel del mar, hasta casi los 7 mil.

En México, Perú, Chiles, Bolivia, Argentina…

Adoraban la divinidad, ya masculina como Tláloc en México, o a la Pachamama en el sur del continente.

No adoraban a la montaña sino que la montaña era el avatar de la divinidad (como la paloma es el avatar del Espíritu Santo). Y sobre ella, a media altura, o en la cima, construían adoratorios para desde ahí quemar copal, como ahora quema incienso en derredor del altar el sacerdote católico. O sacrificaban humanos o animales.

Evelio Echeverría C. publicó un artículo sobre este tema en la Revista Andina, número 90 del mes de julio de 1968, y editada en Santiago, de Chile.

Se refiere a montañas que van de los 5 mil metros a más de 6 mil. Por lo general se trata de ascensiones sin complicaciones técnicas alpinas.

Pero esas laderas, en cambio, exigen mucha resistencia física y todavía más voluntad para seguir adelante. Cada año los alpinistas, por deporte, que frecuentan las montañas andinas, comprueban lo anterior.

Los cambios climáticos tan violentos de la Cordillera Central de los Andes han barrido a más de una expedición de modernos y experimentado andinistas que llegan del extranjero.

Monte llullaillaco, 6,723 m.s.n.m.
Andes chilenos
Y, algo que juega mucho en el alpinismo, es la altitud que hace estragos en el organismo humano. Pasando los 4 mil, y sin oxígeno en las mochilas, ya predomina un factor que las mejores voluntades y organismos resistentes no pueden controlar y sí en cambio ser abatidos en cuestión de pocas horas.

Si persisten, ya bajo los efectos del “mal de montaña”  puna, o soroche, y no dan marcha atrás y empiezan a  descender de inmediato, morirán.

 Por fortuna en esas condiciones, paso que se dé hacia abajo, paso que aleja del peligro ya que se interna  en regiones más bajas y con mayor oxígeno.

Y es aquí donde los pueblos andinos, habitantes de lugares elevados sobre el nivel del mar, son por naturaleza resistentes. De ahí que al pueblo le fuera posible subir esas largas, pesadas, elevadas y heladas laderas, en procesiones religiosas compuestas por hombres, mujeres y niños.

María Lorena Ramírez, indigena raramuri
Foto (de Chris Charpof) tomada del diario El País
Otro factor que contribuyó a incrementar  esa resistencia, fue la grave carencia tecnológica que significó la no utilización de la rueda en los pueblos indoamericanos. Y de no tener  animales de montar. Hacía ya muchos  miles de años que el caballo se había extinguido en el continente americano.

Era necesario caminar, caminar  y más  caminar, en cualquier distancia corta o larga que fuera necesario recorrer.

Por otra lado esa carencia tecnológica fue una bendición si recordamos que, según dice la ciencia médica, en este siglo veintiuno la mitad de habitantes del planeta  esta muriendo porque   la gente se olvidó  de caminar.

Las etnias que aún permanecen alejadas de nuestra  adorada civilización industrial, en México, se conservan resistentes pese a la mala alimentación debida a su pobreza económica en que las tuvieron los virreyes españoles, durante la colonia. Y ahora, desde la independencia,   les fue peor bajo los gobiernos mexicanos.

Como ejemplo de la resistencia ancestral citamos el caso de María Lorena Ramírez, muchacha indígena, de 22 años de edad, de la etnia raramuri- tarahumara, del norte de México, que recientemente (29 de abril 2017) ganó la carrera UltráTrail Cerro Gordo de cincuenta kilómetros a campo traviesa corriendo con huaraches (no con tenis) y vestido de ama de casa (no pants) y rebozo (no chamarra).El año anterior quedó en segundo lugar  en la Ultramaratón Caballo Blanco 2016 en la categoría de cien kilómetros.(Diario El País,20 de mayo de 2017,Pág.42)

Al final del artículo Echeverría hace una observación interesante, respecto del monte Aconcagua, dentro del panorama de la arqueología de alta montaña.
Al fondo el monte Las Tórtolas 6,330 m.s.n.m.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Las Tórtolas
 

 

CICERÓN, TIEMPO AXIAL


 

El viento sopla en todas partes, y en todo el tiempo. En México, anterior al siglo dieciséis, este viento es Ehecatl-Quetzalcóatl y Hegel lo llama, para Europa, “el espíritu del mundo”.

Había en México 96 teléfonos celulares en uso en 1990. Diez años más tarde eran 63 millones de celulares.

 Esa década marcó la manera de comunicarse la gente en el país, lo que se puede decir el tiempo axial donde tiene lugar el brote significativo de algo, que marca el rumbo o es la referencia del todo.

Es frecuente encontrar en la literatura de historia, o de filosofía, el señalamiento a. C: “antes de Cristo”, para lo que comprende la cultura occidental. Jesucristo es el eje axial del tiempo antiguo y del moderno. En otras palabras, “el parte aguas” de la historia.

Decimos cultura occidental porque en el área occidental viven, por eso de las migraciones, gentes de otros pueblos con otras creencias. De ahí que se les oiga decir: “Yo no creo en eso”. Lo que es cierto, ellos creen en lo suyo, no en lo occidental, no son occidentales, aunque vivan entre los occidentales.

Tenía Cicerón idea de la vida y de la muerte y de otras cuestiones iguales al cristianismo.

 Sólo que cuando Cicerón  muere faltan aún diez años para que Jesús nazca. Por lo que no hay modo de imaginar una apropiación de los principios del cristianismo para permear con sus ideas la filosofía de Cicerón.

Cicerón nació el 3 de enero del año 106 a.C. y murió (asesinado) el 7 de diciembre del 43 a.C.

El cielo, la divinidad, fuera del tiempo y del espacio, se manifiesta a la humanidad y para ello no necesita burros, caballos, camellos, barcos, ferrocarriles o aviones. ¡Esta fuera del tiempo y del espacio!

Se hace presente según la circunstancia que vive esa etnia de este o de aquel continente o el del más allá. De alguna u otra manera, en todas partes, y en todos los tiempos,  hay lo que se llaman “religiones reveladas”. Cada pueblo tiene su religión revelada.
Cerro Las Tórtolas (6,330 m.s.n.m)
en la Provincia de Coquimbo, Chile.
Los restos arqueológicos, del santuario en su cumbre, es
testimonio de creencias espirituales en la América de
tiempos precristianos.

 Lo que se conoce como la tira de la peregrinación, en México, para los pueblos nahuas, es siguiendo una ruta anunciada por Dios bajo el nombre de Huitzilopochtli. Al frente iba el gran sacerdote Tenoch. Duraron mucho tiempo en llegar al lugar de la laguna de México, pero en recuerdo suyo la ciudad capital, del enorme imperio azteca, se llamó Tenochtitlán.

El tiempo axial para México sería el 1325, año de la fundación de México-Tenochtitlán. En el 2017 anotaríamos: 692 años  d. M.-T.

La alta jerarquía del imperio romano hablaba del Olimpo y su mitología porque era la religión de estado. Pero el pueblo de alguna manera sustentaba las ideas de espiritualidad  que Cicerón manifiesta en sus obras filosóficas:

“Ponía (Cicerón) la suma felicidad del hombre en la virtud y en la mediana posesión de los bienes externos; enseñaba la existencia de un Dios, la providencia, la inmortalidad del alma y un estado futuro de premios y castigos”,
 dice Miguel de Balbuena, en la traducción y prólogo que hace de Los oficios, en la Colección Austral, España-Calpe S.A. 1980

Recordar que a Séneca, este sí contemporáneo de los apóstoles, dice la leyenda, fue convertido al cristianismo por Pablo. Séneca tiene un modo de pensar igual que el cristianismo, lo mismo que el emperador Marco Aurelio. Fue, en efecto, una pura leyenda lo de Séneca que estuvo presente como cierta hasta la Edad Media.

No sería una audacia, y sí más propio, decir mejor, por eso de la cronología: el cristianismo piensa igual que Cicerón.

Si nos remontamos más en el tiempo, y vamos a la Hélade, encontramos que el mismo Sócrates parece hablar como cristiano, quinientos años antes de Cristo.

De ahí que lo que los romanos oían de Pedro y Pablo les era sumamente familiar. El conflicto no era qué sino  cómo dejar de decir Júpiter y ahora Jesucristo. Al pueblo romano le  llevó trescientos años lograrlo.

Siempre se manifestó ese viento que sopla por todas partes pero se empezó a tener conciencia de ello, y a ponerlo por escrito, desde lo que conocemos como los presocráticos. Y de la Hélade podemos pensar en unos pre-presocráticos. Y en las pinturas rupestres conteniendo  ideas esenciales, no sólo materiales.

Todos estos filosofos hablaban como después hablaría el cristianismo. No obstante, Dante los pone en El Infierno. En el grafico de El Paraíso Dante sitúa a la filosofía en el cielo empíreo, es decir, hasta arriba de los nueve ordenes de las jerarquías que gira alrededor de Dios. Sin embargo en el canto IV sitúa a Sócrates, Platón, Demócrito, Zenón y a otros grandes poetas de la antigüedad, griega y romana, en El Infierno.  
¡Confirmado, todas las revoluciones acaban tragándose a sus iniciadores!

Estos grandes filósofos empezaron la revolución de trascender el tiempo, el espacio y lo
material ¡y terminaron en El Infierno!

Lámina de Gustavo Doré

Jasper, en su obra La filosofía, habla del “tiempo axial” que fue en el que se hizo presente la idea del espíritu en las diferentes partes del mundo y que él señala entre el año 800 y el 200 antes de Cristo.

 “Se desarrolló en aquellos pocos siglos con aproximada simultaneidad, en China, India y Occidente (Europa) sin que estos pueblos supieran unos de otros”

Karl Jasper, La Filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, Cap. IX.

Se necesitan cientos, o hasta miles, de años, para que una creencia, en potencia, aparezca a la luz. Preguntemos a un arquitecto. Para empezar la edificación de una casa antes tuvo lugar un tiempo de concepción y otro de diseño. Por ejemplo, la construcción de la ciudad más bella del Altiplano Mexicano: Teotihuacán.

 Así, los 800 años que marca Jasper son cuando  al fin todo empezó a conocerse. Lo que antes permanecía desarrollándose, en potencia, durante siglos o milenios.

De Cicerón se encuentra,  en el libro Los oficios, lo siguiente:

 “En todos los puntos graves de religión y de moral que tienen más inmediata relación con la felicidad del hombre, como son la existencia de Dios, la providencia, la inmortalidad del alma, el estado futuro de premios y castigos, y la diferencia eterna del bien y del mal, se explica clara y difusamente en muchos lugares de sus obras. Afirma que hay un Dios o un ente supremo, eterno, por sí existente, que creó el mundo con su poder y lo conserva con su providencia.”

Y del alma refiere Cicerón, casi en los mismos términos que tres siglos más tarde haría Plotino, que es de naturaleza muy diferente a la de los humanos:

“El origen del alma humana no puede hallarse en ningún lugar sobre la tierra. Nada hay en ella de mixto, de  concreto o terrestre; nada de aire, de agua, ni fuego. Porque tales sustancias no son susceptibles de memoria, de inteligencia ni   pensamiento; nada hay en ellas que pueda retener lo pasado, prever lo futuro, ni acomodarse a lo presente; las cuales facultades son puramente divinas y no pueden en manera alguna haber sido derivadas en los hombres sino de Dios.”
Cicerón

“Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero1 (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.WIKIPEDIA

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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