PLAUTO Y LA ANTROPOLOGÍA DE LA NADA (ESTICO)





Comedias
Tito Maccio Plauto
Universidad Nacional Autónoma de México
1989

“Tito Maccio Plauto (Titus Maccius Plautus, en latín) (Sársina, Romaña, 254 a. C. – Roma, 184 a. C.) fue un comediógrafo latino. No se conoce sino como aproximación la fecha de su nacimiento; se ha fijado la de 254 a. C. por una noticia de Cicerón (Brutus, 60) y sabemos que murió en el consulado de Plauto Claudio y L. Porcio, siendo censor Catón, es decir, en el 184 a. C. Se trasladó a Roma de joven y allí fue soldado y comerciante. El amplio conocimiento del lenguaje marinero que atestiguan sus obras confirma este último dato, y posiblemente también realizó viajes por el Mediterráneo. Se arruinó y tuvo que empujar la piedra de un molino al tiempo que empezaba a escribir comedias palliatas adaptadas del griego. Su enorme éxito le valió salir de molinero para consagrarse a este nuevo oficio y murió prácticamente rico con más de setenta años, envuelto en una gran popularidad. Aunque hay otros eruditos que piensan que probablemente al usar la expresión latina "empujar la piedra del molino", nuestro autor se refería a su extrema pobreza y no al trabajo literal como esclavo encargado de girar las muelas de los molinos.”



En esta obra de teatro, Estico, se considera  la situación de los emigrados en busca de mejorar su situación económica.

Como sucede con los otros personajes de esta comedia, y de hecho con toda la obra plautina, Estico, el personaje central, tiene una importancia irrelevante. Plauto quiere que pensemos qué es relevante en esta sociedad donde siempre hay un jefe por encima de cualquiera de nosotros. El presidente mismo, llámese rey o dictador, tiene que consultar los grupos de poder, sea ejército, los empresarios, las iglesias  o las finanzas. De no hacerlo verá como las multitudes se levantan para cobrársela.

 Lo relevante    es  como  un nihilismo antropomorfizado  que, en sus ratos de ocio, se entretuviera  en dibujar organigramas de autoridad.

Los emigrados es un tema que rebota en todos los meridianos. Son como un vacio en torno del cual giran los demás. Los emigrados están siempre  ausentes y siempre presentes.
  

¡Y, sin embargo, apenas son los emigrados  tampoco el tema central del libro! Ellos se van pero el mundo sigue rodando. Los que se quedan continúan viviendo su vida. Hay una canción bella que los, en este caso refugiados políticos, lloraban al escucharla en México, y se llama: “No llores por mí Argentina”. Cuando algunos  regresaron a Argentina apenas encontraron alguien que se acordara de ellos. El viento pampero envolvía a los presentes, no a los ausentes.
 
Plauto
Los españoles del  1936-9 que se refugiaron en México constituyeron los que se llamó La Segunda Republica Española en el Exilio.  En México siempre se les abrieron los brazos e hicieron su vida con sus hijos, nietos y bisnietos, ya mexicanos. Pero  para los mexicanos siempre fueron, “los españoles”. Cuando Franco murió y algunos de ellos regresaron  a España ahora  se les señalaba como “los mexicanos.”

 Esa es la suerte de los emigrados. Y por más que impacte su alma el trauma del éxodo las cosas cambian. Los lugares se ocupan, los trabajos y los lugares en las universidades y en la política  son para los que están ahí y no se reservan para nadie que no esté presente. Muchos mexicanos emigran hacia Estados Unidos, principalmente. La historia se repite. Hijos  que se quedaron cuando eran niños y al tiempo que el padre, o la madre, regresan, ya casi son desconocidos.  Como en Odiseo y su amada Penélope.

Para ellos parece que Ezra Pound (también emigrado que sabía lo que decía) escribió el siguiente poema:

Nuestra tristeza es amarga, pero no queremos volver a nuestro país.


En Estico los que se van son Epignomo y Panfilipo. En su casa quedan sus esposas Panegiris (Filomena) y Pánfila, respectivamente, hermanas.  En Estico, igual que Penélope, las esposas luchan cada día porque las cosas no cambien en el hogar para que, al volver los ausentes, encuentren todo como lo dejaron. Cuerpos, muebles e inmuebles. La ausencia s e prolonga tres años.

Antifón, el padre de las esposas las apremia a que vayan pensando en rehacer sus vidas. Probablemente persigue fines pecuniarios con los posibles nuevos yernos. Ellas, empero, se mantienen firmes. Al cabo de ese tiempo los esposos regresan y, efectivamente, traen dinero ganado en el extranjero. Se reúnen los matrimonios y son felices. Ante la noticia del dinero de sus yernos, el suegro entra en calma y llega a olvidarse del asunto. Pero el tratamiento que Plauto da a su obra se caracteriza en que la separación de los matrimonios y su reencuentro parece algo con escasa importancia.

Lo que llena la obra es, como en Faulkner, lo común, lo sin importancia como para que ocupe la primera pagina de los diarios. Son los sirvientes (siervos) y los esclavos, los que con sus diálogos, también sin importancia, llenan la obra.

Y el hambre que siente uno de los personajes, Gelásimo, que ni a esclavo llega y por lo tanto no tiene acceso siquiera  a las sobras de comida que dejan los esclavos, llena varias cuartillas. Gelásimo es libre, pero sin comida. Los otros son esclavos pero tienen comida. Gelásimo es el personaje que inspira escribir sobre la antropología del hambre.

Esta obra, “sin chiste”, tiene todo el chiste que se imaginar pueda. Se escribió antes de la era cristiana y ya encontramos en Gelásimo a la sociedad tal como es en nuestros días de la moderna ciudad industrial. Los empleados de base con todas sus prestaciones contractuales que les da el contrato colectivo de trabajo. Los trabajadores eventuales enmarcados en el outsourcing, sin derechos contractuales y que pueden ser despedidos en cualquier momento. Y, finalmente, el sin empleo, al estilo de Gelásimo, que suspira por un trabajo ya no de base sino tan siquiera como el outsourcing.

Pero tampoco las luchas del proletariado  le quitan el sueño a Plauto.

 Traslada el peso  de los acontecimientos a la última página del libro donde dos sirvientes, Sangarino y Estico, coquetean con la esclava Estefanío.  Reunidos los tres, los hombres hacen su lucha en captar los favores de la esclava. El conflicto termina cuando ella dice, con los dos: “Quiero con ambos, pues a ambos amo.¿ Dónde me tiendo?”














Contra la tendencia de hacerse arcaico: Ortega y Gasset





¿Qué es filosofía?
Espasa-Calpe, S. A. Colección Austral, España, 1973

“José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”

Dentro de ciertos límites se puede seguir siendo joven,  sin necesidad de venderle el alma al diablo, dice este filósofo español.
Está parado en medio del  mundo que empieza a destruirse, en el principio del segundo tercio del siglo veinte,  y así seguirá el planeta  el proceso irreversible hasta la ruina. La solidaridad se hunde, la economía también y el éxodo es de todas partes hacia todas partes. Desaparece el ganado en los campos y los perros en las ciudades…

Aparecen las novelas y las películas  del pesimismo y le seguirán los conciertos musicales  multitudinarios con alegría artificial. El pesimismo se vuelve una moda.  El modo laico de consumir drogas y alucinógenos no puede aprehender el modo religioso de los huicholes  y los jóvenes citadinos actúan según su ego y acaban reventando sus neuronas.
 
José Ortega y Gasset
Se descubren, en la segunda posguerra, cuevas que contienen esqueletos humanos y pergaminos que hicieron pensar en una teología antropocéntrica. Al hambre brutal seguirá un hartazgo y  las penalidades espartanas desembocarán en el abandono de la vida muelle y el sedentarismo. El mundo se perdió en las secuencias de la guerra caliente y ahora sigue un mundo loco en las consecuencias de la  guerra fría.

Se buscan soluciones. Ortega escribe: “Es el siglo en el que una música - la de Wagner- no se contenta con ser música  sino sustituto de la filosofía y hasta de la religión. Es el siglo en el que la física quiere ser metafísica y la filosofía quiere ser física, y la poesía, pintura y melodía, y la política no se contenta con serlo sino que aspira a ser credo religioso y, lo que es más desaforado, a hacer felices a los hombres.”

El hombre quiere olvidar, se encierra en su casa, se prepara sus sándwiches (emparedados), tacos, tortas, (hot dogs) perros calientes, hamburguesas, papitas, palomitas o lo que tenga a la mano, enciende la televisión y, considerándose de una generación ya pasada, enciende su televisor... Es la época en la que se empiezan a escuchar palabras hasta entonces reservadas a la medicina tales como hipertensión, triglicéridos, colesterol…

 Y como la costumbre se va extendiendo, el contagio agarra dimensiones de epidemia. El contagio es importante, ya sea en sentido patológico o bien en el terapéutico. Es en este contexto en el que tiene que leerse a José Ortega y Gasset cuando pregunta a través del título de su libro ¿Qué es filosofía?

Algunos de los viejos filósofos presocráticos encontraron el modo, para  cuando querían salirse de este planeta,  y era sólo dejar de respirar. Es un modo bárbaro para la gente moderna del siglo veintiuno. Ésta ha encontrado una mejor manera y es envejecer pronto por medio del sedentarismo.

Necesario ir en la dirección contraria. Cuando ¿Qué es filosofía? cayó en nuestras manos ya teníamos los montañistas mexicanos el libro de técnica alpina de Ernesto Mallafré titulado: Escalada. Hablaba de la técnica de escalar pero sobre todo de un contexto vigoroso de caminar por las montañas, lejos de las sabrosas patologías de la ciudad.

Tanto Ortega como  Mallafré parecen decirnos: “agarren su mochila y váyanse a caminar por los bosques, antes que sea tarde y, pujando bajo el peso de la mochila  y sudando la gota gorda,  olvidarán que pertenecen a la generación pasada”.


Mallafré lo hace sobre las cumbres pirenaicas y Ortega, como filósofo que es, aborda el tema de la manera teórica y dice en la obra citada: “hay tendencia a hacerse poco apoco arcaico. Parejamente, cuando llega a los cincuenta años el hombre que ha cultivado los ejercicios físicos tiende a abandonarlos y reposar. Si lo hace está perdido. Sus músculos perderán elasticidad y pronto la decrepitud de ellos será inevitable. Pero sí, resistiendo a las delicias del descanso, salva ese primer deseo de abandono y continúa el pleno ejercicio, verá con asombro que sus músculos poseían aún un imprevisto capital de juventud. Quiere esto decir que en vez de abandonarnos a la fatalidad que nos aprisiona en una generación, es preciso reobrar contra ella, renovándose en el modo juvenil de la vida que sobreviene. No se olvide que es característica de todo lo vital la contaminación. Se contagia el vicio y la virtud, se contagia la vejez y la mocedad. Como es sabido, no hay capítulo más lleno de promesas en la biología de hoy  como el estudio experimental del rejuvenecimiento. Cabe, dentro de ciertos límites, con una higiene determinada física y moral, prolongar la juventud sin vender  el alma al diablo. El que envejece pronto es porque quiere, mejor dicho, porque no quiere vivir.”



JEAN WAHL: UN JUEGO DE LIBERTAD LLAMADO DEVENIR




Introducción a la filosofía
Jean Wahl
Fondo de Cultura Económica, México, 1975.
Primera edición en inglés en 1948


Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).

Ser congruente  y hacer en lo que creo, no hacer cosa diferente de lo que digo.

Milito en  este  partido político por su Declaración de Principios, a favor de los pobres,  pero en la urna voto por el partido político contrario. O soy de principios religiosos y voto por el partido del diablo. Es lo que el argot contemporáneo de asamblea señala como “doble lenguaje” o “doble moral”. 

A  esa simplificación  se reduce lo que sigue y que más parece uno de esos  juegos complicados de intelectuales que no sabemos de pronto  a dónde quieren ir a parar.

Se considera que se necesita estar en la imperfección, de lo posible, o del No-Ser, para que se pueda dar el Devenir (movimiento).O de otra manera sopesar la situación de las cualidades, diferentes: “Si en el mundo no hubiese cualidades heterogéneas, tampoco habría Devenir.” Un símil sería el cauce de un río que no tuviera pendiente hacia dónde fluir. Todo se estancaría, no habría fluir, movimiento.


Hay diferentes modos de Devenir. Tal vez el más inmediato sea el que  dice Heráclito: “Como teniendo lugar entre contrarios: lo frío deviene en caliente, lo blando deviene en duro, etc.”

Para Aristóteles el Devenir tiene lugar cuando la Potencia se hace Acto. Y aquí, en estas palabras, leídas de prisa, hay mucho del drama de la vida. Si la Potencia se hace otro Acto, pero no el anhelado... Si no fuera por esta incongruencia los psiquiatras no tendrían clientela. Hacemos lo que no queremos hacer. Queremos hacer el bien y nos comportamos como depredadores, de mezclilla o de cuello blanco, da lo mismo.

Para Hegel es la síntesis  la acción de la Potencia y el Acto (Potencia más Acto = Síntesis).O el Ser (tesis),No-Ser (antítesis),Devenir (síntesis).

Parece que estamos hablando de entelequias perfectas que nada tiene que ver con nuestra realidad callejera de todos los días. Es al revés. Nuestra realidad inconclusa convierte nuestros actos en la negación de las entelequias.

Es necesario insistir en que con frecuencia queremos hacer una cosa y hacemos otra. Como cuando (de manera excepcional) vemos a una dama  que va manejando pone la señal que  va  a  dar vuelta a la derecha y la da hacia la izquierda… O bien queremos bajar kilos en la báscula a nuestra masa corporal y nos percatamos que sube. Es señala que de Potencia no pasamos al Acto que nos habíamos propuesto. En consecuencia no hay síntesis congruente.

Lo que tenemos al final del día es un embrollo. Una bola de nieve que se precipita por la pendiente de la montaña, con agregados que se le fueron pegando de aquí y de allá. Por eso Wahl anota que: “hay por un  lado multiplicidad desorganizada de las cosas y por otro la síntesis organizada del espíritu.”

El humano empezó a observar el cambio en las cosas, lo que habla de un Devenir objetivo, y de ahí pasó a sentirlo en sí mismo, que lo llevó al Devenir subjetivo. El alpinista piensa  en subir el Monte Cervino-Matterhorn  (potencia), lo sube (acto), llega a la cumbre, o no llega (síntesis).

Otra pregunta que surge es si el Devenir sigue una dirección, si se dirige a algo. En teología, donde todo está hecho, parece no haber dificultad en la respuesta. Pero en filosofía nadie sabe. Creemos que hacia la superación. Y ya pisamos terreno controversial. ¿Superación de qué? ¿El hombre moderno es tan fuerte física y emocionalmente como el hombre de las cavernas? Para sobrevivir tiene que tomar pastillas hasta para poder reír. O poder defecar.


Y en el terreno de las cosas temporales y las cosas eternas ¿Es posible caminar con paso firme si  con frecuencia nos extraviamos mucho antes de llegar a la síntesis de nuestros actos?

Wahl introduce una cuestión que nos lleva hacia terreno donde parece ya no existir el Devenir. Dice qué pasaría si me pregunto: “Yo devengo”… Quién es este yo, cómo puedo devenir?” Lugar para recordar a Schopenhauer cuando dice que el hombre es como es. Si deviene, si cambia, ya es otro, no es él. Lo cual no es posible, como no es posible cambiar la forma de sus orejas.

Y como parece que no hay otra salida, y que el sueño de libertad se ha esfumado, y el Devenir vive sólo para cumplir nuestra vida, un poco, o un mucho, determinada, Wahl cita a Nietzsche cuando dice: “debemos decir sí a la vida y sellar nuestra naturaleza con nuestros actos. Tenemos que construirnos a nosotros mismos en medio incluso de nuestra acción y destrucción, por medio incluso de la destrucción.”

¿De la destrucción? Es la muerte pero el humano  piensa en términos de la vida, no de la muerte.   Lo que cambiaría  la destrucción del “individuo futuro, necesaria para una construcción concebida como posterior.”































UN VIEJO Y BELLO LIBRO DE TECNICA ALPINA (1949)




LA TECNICA DEL CABLE EN LA MONTAÑA

Autores: Unión Alpina de Baviera
Epoca: Noviembre 1949 (no sabemos cuándo fue publicado el original por la U. A. de B.)
 Editores: Federación Mexicana de Excursionismo


A:

Prof. Máximo V. Wada

Ingobert  Starke

Félix N. Álvarez

Donde quiera que  se encuentren

Este es un manual de técnica alpina que, ya sólo por el tiempo que tiene de publicado, y el esfuerzo que ello requirió, empezando por la traducción del alemán al español, la impresión y la difusión en su tiempo, es un documento valioso que pertenece a la historia del alpinismo mexicano.

Son dos relatos. El textual, y el visual que nos muestran los dibujos. Necesario destacar que este esfuerzo editorial (trascendente esfuerzo editorial) es obra de la Federación  Mexicana de Excursionismo, que  ahora s e llama Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada (FMDME).

Un  viejo libro, por lo demás, siempre vigente y que puede orientar a las generaciones actuales de alpinistas (el abuelo, el padre y el hijo, montañistas,  tres generaciones  en un mismo tiempo).

La manera en la que el individuo sube, baja o se desplaza en la montaña, es la misma  ahora que antes. Lo que cambia es la innovación en el equipo mecánico de escalar, en el de acampar o vivaquear. Y en el color y estilo de la boina, cachucha, pantalón o mochila.

 Ya sea por la traducción o por la época, tenemos  la inclinación de llamarle de diferente manera a un mismo acto. Por ejemplo,  en lugar de nombrar clavija  encontraremos la palabra “alcayata”, al mosquetón “bandola”, etc. Igual que en estos tiempos  a la  clavija ahora se le dice “anclaje”, nudos Prusik. ascender, mosquetón  para rappel, "ocho".Cuestión semántica pero el acto es el mismo.

Todo lo demás sigue siendo igual que cuando este libro fue escrito,  en término de leyes de la gravedad, como fue en el principio de los tiempos, del fenómeno, de la causa y el efecto. 



El valor de este libro puede considerarse, para México, que al tiempo de su edición en el país no había plástico,las cuerdas para escalar eran las que se usaban en la industria,es decir, de henequen o ixtle,de una pulgada,no se conocían las bolsas para dormir ni los mosquetones ni las clavijas. No había anoraks,ni siquiera bota para montaña y era necesario echar mano de las que usaban los obreros  en las fabricas, o los mineros de Pachuca y Real del Monte, Hidalgo. No había tiendas de campaña y los refugios naturales, como en el tiempo de las cavernas, eran las cuevas. Las rarezas eran de alguien que algo traía del extranjero.


Si se cayera en la tentación de subestimar este trabajo, desde la actualidad, del siglo veintiuno, piensese  que la técnica que aquí se nos ofrece fue la misma con la que conquistaron grandes montañas del planeta y se superaron escaladas de roca, nieve y hielo, hasta entonces consideradas como imposibles.


Otro libro de técnica alpina, de inmensurable valor intrínseco, para el escalador mexicano, y en general,que circuló en esa época en el país, fue la del español  Ernesto Mallafré y lleva por título Escalada.

Y otro, no menos valioso, y de más antigüedad, aunque de escasa circulación en México, Excursionismo, de José Ma. Có de Triola,  editado en 1916 por el Centre Excursionista de Catalunya. 























































































































Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores