CICERON EXHORTA A LOS JOVENES
APRENDER PARA LA VEJEZ
La calidad de un lugar se mide
según el respeto se tenga de la vejez en sus necesidades.
En las etnias y en las zonas
rurales mexicanas, las canas se saludan con deferencia.
En la ciudad inhumanamente
técnica, con su lema de consumo y deshecho, donde la brecha generacional anda
muy ocupada (síndrome de Bournot o Karoshi japonés)), las canas se tienen como
enfermedad, como un estorbo, no como algo natural.
En algunas sociedades de
nuestro tiempo esto lleva a los que se ha llamado “suicidio generacional” o
sea nada de hijos.
Los ancianos, en cierta etapa,
requieren ser tratados como niños. y para eso no hay tiempo ni dinero. El que no
entienda esto es que no ha visto de
cerca a la vejez. O no ha pensado en su
vejez.
En América, al sur del
paralelo 32, hay países en los que el discurso político pondera a la vejez,
pero en la realidad ésta no pasa de ser tratada como una entelequia, algo que
no existe en la realidad material. Olvidados en un rincón, ya no existen. Ya no
producen. ¡Estorban!
En la actualidad en México,
todo adulto mayor, como se le dice con delicadeza a los viejos, reciben una
pensión universal, es decir, de todas las clases sociales, necesítenla o no la necesiten,
del color que sea el individuo, creencia religiosa o preferencia política,
¡Todos el que la quiera!
14 millones de personas, de
ambos sexos, en México reciben una pensión bimestral a los 65 años de edad o
más.
En atención al papel central de la mujer,
siempre presente en la cultura mexicana desde tiempos ancestrales, y a
iniciativa de la presidenta de la nación, se acortó la espera y en la
actualidad 3 millones de mujeres de entre 60 y 64 años reciben una pensión
también bimestral, en tanto se llega a los 65 años.
Cicerón pasa a considerar a la
vejez desde una situación personal,
setenta años antes de llegar al gerontólogo: “Los
fundamentos de una vejez suave y feliz se han de echar muy de antemano en la
mocedad”
Virtud (buenas maneras), plato
inteligente, y ejercicios físicos son la clave para llegar a esa vejez “suave y
feliz”.
Correr, trotar o, mejor,
caminar, dan salud corporal pero no comprensión de la vida, como lo intenta la
filosofía.
Pero leer libros de cultura,
sólo leer, no da la posibilidad de un organismo sano y fuerte, como lo da el
ejercicio físico.
Nuestra vida moderna ( con su
mencionado síndrome de Bournot o surmenage, como se decía antes a la
fatiga por exceso de actividad) pone al descubierto una realidad insoslayable:
menos filosofía, más estrés. Menos tiempo para el ejercicio por la salud
psicofísica, menos Nezahualcoyotl, menos Platón.
Superatletas en la juventud,
pero llegados a la madurez: sofá, comer palomitas saladas frente al televisor
diez horas…
¿Nezahualcoyotl y Platón? Porque
la filosofía busca hacerse claridad entre las necesidades primarias y las enfermedades
inventadas por la ciencia de la mercadotecnia.
Huehueteotl (dios viejo o dios
del tiempo) divinidad tutelar de Cuicuilco
“Ubicada en el suroeste de la
Ciudad de México, la zona arqueológica de Cuicuilco permanece como vestigio de
uno los asentamientos más antiguos tanto de la cuenca de México como de
Mesoamérica, pues se fundó aproximadamente hacia el año 2100 a. C.”
Y con tal bagaje de
información que, por eso es ciencia, que nos hace ir tras de cosas que no
necesitamos y llegar a padecer (realmente) enfermedades que no tenemos. “Mata
más la preocupación por la enfermedad que la enfermedad misma”, dijo Nietzsche.
Casos de diagnósticos equivocados (de una persona por otra) en que se muere por
cáncer que la autopsia arrojó que no había tal cáncer.
Cicerón no pierde el piso y se
acerca a lo que preocupa al humano ya viejo:
“ A mi modo de entender son cuatro los motivos
por que la vejez parece a algunos llena de trabajos: el primero, porque aparta
del manejo de los negocios; el segundo porque debilita y enferma el cuerpo; el
tercero porque priva de casi todos los deleites, y el cuarto porque no está muy
lejos de la muerte”
Cicerón
Busto de Cicerón en los Museos
Capitolinos de Roma.
Cónsul de la República romana
en ejercicio del poder supremo
Marco Tulio Cicerón[a]
(Arpino, 3 de enero de 106 a. C.-Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un
político, filósofo, escritor, jurista y orador romano.[1] Se le considera uno
de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República
romana. Wikipedia
Marco Tulio Cicerón tenía
ochenta y cuatro años cuando se hallaba en plena redacción de esta su obra De la Vejez
Una muy vieja leyenda griega
dice que un hombre (Lameodonte, de rey de Troya), llegado a cierta edad pidió a
los dioses lo dejaran vivir veinte años más, cumplido el plazo pidió otros
veinte, cuando tuvo cien años , otros veinte, al cumplir ochocientos rogó a los dioses que le permitieran morir…



No hay comentarios:
Publicar un comentario