TLALOC EN PRIMAVERA


 

Tláloc es causa  que  broten las plantas y las flores en primavera.

Pero desde hace dos siglos, además, tiene que limpiar la suciedad de aire que los hombres hemos  instalado en el valle.

Tláloc lanza el relámpago a través de los cielos. Es señal para que los tlaloques, sus dioses auxiliares, rompan tinajas llenas de agua que están allá arriba, en forma de nubes.

El agua cae sobre la tierra. Para efecto que los campos se beneficien en un área más amplia, Ehecatl, dios del viento, agita sus grandes orejas y desplaza las nubes hacia el horizonte.

Tláloc es la figura pragmática de los campesinos y también  el Ser inmaterial de la espiritualidad de los pueblos nahuas.

Tláloc hallado en la cumbre mayor del monte Ajusco
sur del Valle de México.
Las grandes orejas corresponden a  Ehecatl
En las cumbres de todas las montañas del Altiplano se realizaban fiestas dedicadas a Tláloc-Ehecatl.

Así está dicho por los abuelos, así está escrito por los grande cronistas españoles del siglo dieciséis, según les contaron los sacerdotes aztecas que eran los que tenían este conocimiento. Si no sucede así la vida no se da, o si ya está, perece.

Este desplazamiento, en los tiempos del relato, del presente hacia el pretérito y otra vez hacia el presente, se debe a que el México indígena está vivo en las más de cincuenta etnias esparcidas por el territorio.

 Para lo contingente nosotros hablamos de viento alisios, y las etnias, de la dualidad  Tláloc-Ehecatl.

Montaña Ajusco,3,900m.s,n.m.
La cima del fondo es la más alta.
Las etnias han sabido resistir a cuanto eclecticismo intelectual disolvente ha tocado a su puerta en estos últimos cinco siglos. De lo que no se han salvado es de la mundialización del aire atmosférico contaminado.

Todo alpinista que ha llegado a los cuatro mil, o más, ha presenciado cómo los altos puertos de las montañas son desbordado por la nata negra de humo que sube desde los valles.

En las primera semana de mayo así sucedió.176 grados de ozono. Los medios de información masiva empezaron a sacar estadísticas que al menos 20 mil vidas, en un año, han perecido por el alto grado de contaminación de enfermedades relacionadas con las vías respiratorias y contaminación de la  sangre por el plomo, etc.

El domingo 15 de mayo (2016)se activó la fase de precontingencia ambiental atmosférica por ozono. La primera vez que una precontingencia se declara en día domingo.

Montaña Tláloc (4150 m.s.n.m.), nevada, vista desde la Ciudad Sagrada de Teotihuacán.
Fue cuando todos empezaron a mirar angustiados hacia el este, hacia las altas montañas del Tlalocan, en donde está el gran adoratorio de Tláloc.

Pero ya no veían hacia Tláloc, pues este dios se les había borrado de la memoria a los eclécticos de la ciudad. Veían en dirección del Golfo. En la esperanza que el movimiento marino, que conocemos como mareas altas y mareas bajas, agitaran las masas de aire y las enviara hacia el Altiplano.

En la esperanza que los vientos alisios, procedentes de las latitudes subtropicales, sean  modificadas hacia el oeste por la rotación de la Tierra y el efecto coriolis, etc.

Todo eso esperaban ¡y nada, los vientos y las lluvias no llegaban y el humo en las calles se metía por las narices!

 Como recurso de emergencia se empieza a anunciar que esta temporada, que terminará el 30 de noviembre, traerá por lo menos 30 ciclones y que 5 podrían convertiré en huracanes. ¡Pero nada de eso llegaba y la precontingencia seguía estacionada! Dos millones de vehículos eran sacados de circular en las calles y tampoco, ¡el humo seguía flotando en las calles!

Paseo de la Reforma, C D, de México
179 grados de ozono, 4 de mayo 2016
Los potentes telescopios de los observatorios de la Sierra Negra de Puebla, Tonantzintla y  de San Pedro Mártir, en Baja California, atisbaban los cielos y los huracanes.

Al mismo tiempo (estamos hablando del mes de mayo, para otros mes toxcatl, el mes de Tezcatlipoca), algunos ancianos emprendían la ascensión de la montaña  seguidos por un centenar de gente de campo, niños, mujeres y hombres de todas las edades, del monte Teocuicani, en el norte inmediato del pueblo de Tetela del Volcán, Estado de Morelos (ladera sur del Popocatépetl) para “pedir agua”.

 En la cumbre, sobre los restos del importante adoratorio a Tezcatlipoca, queman copal y cantan en dirección del volcán. Lo hacen así al menos desde mil  años, atrás, mayo tras mayo, o, toxcatl tras toxcatl.

A-Monte Teocuicani. Vista desde el pueblo de Tetela del Volcán.
La cumbre de la izquierda (oeste) es donde se encuentra el adoratorio.
B- Gente sobre la cumbre del Teocuicani "pidiendo" agua. Queman copal y cantan
 en dirección al cercano Popocatépetl.
C-Basamento del adoratorio a Tezcatlipoca, en la cumbre del Teocuicani.
En este recinto se encontraba la escultura de un joven de alto como la "de un muchacho de ocho años"
dice Diego Durán. A Tezcatlipoca se le representaba como a un joven.
Las cruces de madera (suben una cada año) y la capillita del fondo no son, obviamente, originales sino que corresponden a  los tiempos del sincretismo con la religión católica.


 
A los meteorólogos nos les falla los cálculos. A los habitantes de los pueblos subyacentes del monte Teocuicani tampoco. Con una precisión de minutos.

Hay de donde escoger. ¿Prefieres los átomos de Demócrito o las Ideas de Platón?
Ciudad de México,20 de mayo 2016:176 puntos de ozono
foto tomada de Internet

¿Usted cree que lloverá? Preguntamos al hombre anciano campesino que dirigía la ceremonia de quema de copal. El aire estaba seco y el cielo exento por completo de nubes.

Son los descendientes, o continuadores, de los teciuhtlazove. Ahora se les conoce como los "graniceros" (los que hacen llover granizo o bolitas de hielo).Tienen el poder de hacer llover o bien, si la cantidad de días lluviosos amenaza con volverse  perjudicial para la siembra, detener la lluvia.

Para el pensamiento occidental los teciuhtlazove han de parecer, como al pensamiento indoamericano, la existencia de las almas del cristianismo.

Ambas, teciuhtlazove y almas, inexplicables, o inalcanzables, para el pensamiento racional. Y, sin embargo, ahí están. 

Hubiéramos apostado, con toda seguridad, una fortuna que en una semana no llovería. La tierra que pisábamos era fina y nuestras botas se hundían todo el grueso de la suela.

Seguro que va a caer la lluvia. Espere un poco y usted mismo lo comprobará.

Veintitrés minutos exactamente más tarde empezaron a caer enormes  gotas de agua que se hundían en el seco y fino polvo del suelo. ¿De dónde salieron esas nubes?

Eso es porque quemamos copal y cantamos hacia el volcán, dijo el anciano, pedimos agua y se nos concedió.

Conservaban el rito y la idea aunque no los nombres de las deidades. Cinco siglos antes pronunciaban Ehecatl y Tláloc.

 El primero agitaba sus grandes orejas y enviaba las corrientes de aire y con ello las nubes. El resto lo hacía Tláloc con sus cantaros de agua que dejaba caer sobre los valles.

Las ráfagas de viento se sintieron recorrer  ¡al fin! por el gran valle, “oficialmente” la temporada de lluvias, ciclones y huracanes,   empezaban.

Los niños y los ancianos podían respirar con cierto alivio, al  menos hasta el otro mes de febrero. Los deportistas ya podían reanudar sus ejercicios al aire libre. Los políticos en las ciudades respiraron aliviados. Los campesinos descendieron de la cumbre del monte Teocuicani a trabajar sus tierras de cultivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOSTALGIA FOTOGRAFICA


 

¿Cuánto acerca la tecnología a la gente?

No que la comunique, sino que la acerque? También el telégrafo la comunicaba…

La tribu se reunía para comer en el interior de su redonda tienda. Los pioneros en la enorme sala rústica en torno a la fogata. Los campesinos en derredor del fogón con las cazuelas.

Tales preguntas empezaron a hacerse cuando la televisión se instaló en la sala del hogar. La familia está junta pero no cerca. Tan lejos como esos matrimonios que ya duermen espalda con espalda.

La pareja de novios ya no se trenza en abrazo abrasador, jadeante, sudorizante y, en el mejor de los casos, hasta eyaculizante…Ahora tiene cada quien en la mano un teléfono celular-cámara  y se comunican con escenarios distantes. Están juntos pero no cerca. Entre ellos hay un tercero virtual.

Parece que la pregunta correcta sería ¿cuánta  capacidad de acercamiento tiene la gente en presencia de la tecnología?

Todos tomamos fotografías pero ahora ya casi no hay fotógrafos ni tampoco hay fotografías “reales”, sólo virtuales. Están pero no están, son pero no son.

Cámara de modelo "todos toman fotos"
(Las 3 fotos que ilustran esta nota fueron tomadas
de Internet)
Es el estilo de nuestro tiempo. Todos manejamos pero ¿cuántos sabemos de mecánica automotriz? Todos tenemos un ejemplar de La Ilíada pero ¿cuantos la leemos? Lo mismo con el Popol Vuh, el Nuevo Testamento, Don Quijote de la Mancha, Lo que el viento se llevó, etc.

La política de la industria fue que todos tomaran fotografías aunque no supieran nada de la técnica fotográfica. La idea era la venta de las cámaras, películas…

Se simplificó a tal grado que bastaba con abrir la tapa de la cámara de formato cuadrado, meter el rollo, cerrar y “disparar”. Era lo que se llamaba “cámaras de lente (objetivo) fijo”. No había necesidad de manipular los lentes ni las velocidades de “disparo”.

No era necesario  considerar cosas como la profundidad de foco o el poder de resolución del grano de la película, etc. ¡Sólo disparar!

Llevar el rollo al laboratorio fotográfico (había un laboratorio  en cada rumbo de la colonia y en el centro de la ciudad  uno o dos por  cada calle.

La gente tenía álbumes y más álbumes de fotografía. Parte del programa de las fiestas familiares era sacar el álbum y mostrar a todos las fotografías.

Los rollos de película eran de 20 0 36 exposiciones (cuadritos o negativos).Se terminaba y, si eran necesario, como sucedía a los fotógrafos profesionales, se metía otro rollo y luego otro.

Algo parecido sucedía con la fotografía que llenaba las necesidades de la industria, del arte y la ciencia.

Todo eso desapareció. O casi. Kodak, Agfa, Ilford y todos los emporios de la industria fotográfica mundial. Ya no hay cámaras fotográficas “mecánicas”, ni laboratorios ni álbumes familiares para pasar de mano en mano.

Hay una versión moderna de todo eso.

Otro modelo universal
La profesión de fotógrafo desapareció como desaparecen tantas profesiones.

Hay pocos "boleros" en las calles que lustren zapatos pues muchos usamos tenis.

Los dibujantes de mapas topográficos desaparecieron.  Lo mismo los especialistas en la fotografía científica ya que ahora todo académico toma sus fotos,  las mete a la computadora y, mediante "programas", hace con ellas lo que necesite...

El que escribe tampoco necesita ya la hoja de papel (con “papel copia” entre hoja y hoja para hacer varias copias).Tampoco hay ya máquinas mecánicas para escribir, ni los que las fabricaban ni los que las reparaban…

Y la industria esta diseñando robots que sustituirán a los escritores, y hasta a los filósofos, con sólo dotarlos de "programas" con conceptos del bien y el mal, lo permanente y lo contingente, la eternidad y la creación, etc.

(No se asusten, filósofos, ustedes, como nadie, saben que la tecnología ya nos llevó a las estrellas pero el ser humano sigue como en el tiempo de las cavernas, y es más, que ni siquiera ha empezado por ser humano. Tiene todas las potencialidades para serlo pero...)

Se les pasó la mano con la política de “que todos tomen fotografías aunque no sepan ni pizca de técnica fotográfica”.

Ahora basta girar el mando de la nueva cámara y, según la resolución (el tamaño que se quiera ampliar la foto) ya se pueden “tomar” 200 ó 600 ó 1500 o más fotografías sin necesidad de rollos de película como antes.

Conectas tu cámara (o la pequeñísima memoria) a la computadora, abres una carpeta en la computadora y la guardas. Puedes abrir infinidad de carpetas y guardar en ellas miles de fotografías. Y no ocupan espacio físico.

¡Impensable medio siglo atrás! Tanto, o más, como ir en bicicleta de aquí a la luna.

Pocas fotos, muy pocas, se imprimen en la impresora casera (una cajita tamaño oficio) a plena luz del día,en sustitución de aquellos chicos, o enormes, cuartos oscuros que eran los laboratorios con luz ámbar-roja y que siempre olían a ácido acético, con doble cortina negra en lugar de puerta.

Lo social, lo humano, relacionado con al fotografía, también se fue en gran medida. Mostrabas la foto, que cualquier llevaba en el libro como separador de hojas, ¿te acuerdas cuando te tomé esta foto escalando? Casi te orinas en los pantalones porque aflojé la cuerda con la que te aseguraba para poder "disparar" la cámara.

La misma fotografía digital moderna fue rebasada, en cierto sentido, por los teléfonos celulares en los que se toman fotografías con un gado de resolución igual que las modernas cámaras digitales formales.

Película fotografica
Como sea, se puede decir que la fotografía “real”, física, material, casi no existe. Lo que todos tenemos es la fotografía virtual. Está por todos lados y a la vez por ninguno.

 Como el que pensara llevar los bolsillos llenos de monedas y billetes y sólo encontrara la tarjeta del cajero automático…

Las fotos virtuales en la computadora están en potencia y hay que recordar que muchas potencialidades nunca llegan al acto, a la realización verdadera, en este caso, al papel.


Ahora esa fotografía, que se sigue “tomando” mientras se  escala, está por ahí, “metida” en algún archivo de la computadora.

Y desaparecerá esa fotografía, para siempre, cuando un rayo caiga sobre el “disco duro”. Igual que desaparecerán las mil cuartillas que el escritor lleva de su novela…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHARNAY, COYOACÁN, TLALOC


 

Setenta kilómetros es la distancia que hay, en línea recta, de la  sierra del Tlalocan, sureste del Valle de México, a la  sierra de las Cruces, en el suroeste de la misma cuenca.
La trayectoria mítica solar este-oeste
C-Coyoacán
M-Capilla de San Miguel


Al Tlalocan  ahora se le conoce como Sierra Nevada.
Tláloc.
El cuadro que le sirve de asiento
prefigura la forma cuadrada que
tiene su adoratorio en la cima de la
montaña Tláloc.

En la cumbre de la montaña Tláloc, 4,150m.s.n.m., arriba del pueblo de Río Frío, en la carretera a Puebla, se encuentra el gran adoratorio del dios del agua. Algunos historiadores le dan una antigüedad desde la civilización tolteca y otros, tal vez desde los olmecas prehistóricos.

Clavijero dice que cuando llegaron a esa cumbre los primeros toltecas, con la idea de edificar ahí el  adoratorio, ya encontraron vestigios de ceremonias religiosas al dios del agua.

Nosotros mismos (Javier Osorio y Armando Altamira Gallardo) encontramos, en 1975),en una cumbre adyacente, próxima a la cima principal del Telapón, la reproducción en barro de una diosa del agua de la civilización tolteca (ahora en el Museo Nacional de Antropología e Historia de México).

Tenían la característica que se hacían en arcilla, en molde de unos veinte centímetros por unos diez por tres centímetros y policromadas, predominando el azul. Así fueron las dos piezas que encontramos en esa ocasión.

 La civilización tolteca fue del siglo X al XII. d C. Recuérdese que la montaña que ahora se conoce como Telapón es en la religión náhuatl la esposa de Tláloc y por lo tanto diosa del agua, la cual tenía numerosos nombres, uno de ellos, Chalchihutlicue.
 

Entrada al adoratorio de Tláloc, en la cumbre de la montaña del mismo nombre
La orientación de esta calzada es la mítica este-oeste.
Foto tomada de Internet
 Recordar que bajo la Calzada de los Muertos, de la ciudad de Teotihuacán, hay ruinas de origen olmeca.

La cumbre  más alta, en la sierra de las Cruces, es la montaña San Miguel (no se conserva su nombre original), de 3,750 m.s.n.m.

Entre estas dos cumbres, siguiendo una línea, casi recta, se edificaron numerosas adoratorios para Tláloc. Casi todos desaparecidos por razones militares y religiosas de la conquista, y otros por la urbanización, imparable, que tiene lugar desde el siglo dieciséis.
Dimensiones aproximadas del adoratorio en la cima del monte Tláloc.
Medidas tomadas por el autor y Héctor García.

Se puede intentar una reconstrucción de la línea  de esos adoratorios a partir del Templo Mayor de México-Tenochtitlán, ahora conocido como  “Zócalo”.

Capilla en la cumbre del monte San Miguel
Recordar que toda etnia tenía su dios tutelar pero siempre, ineludiblemente, junto, en la misma cumbre de la pirámide,  estaba el recinto  dedicado a  Tláloc.
Aspecto caótico actual en el que se encuentra
el adoratorio en el monte Tláloc.

Cuando la conquista del siglo dieciséis se edificaron los templos, o conventos, sobre los basamentos de las pirámides y con el material mismo de la pirámide.

De lo que conocemos seguiría el de Huitzilopochtli (que los españoles pronunciaban como Churubusco), en las orillas del gran lago, presumiblemente en el lugar en el que está asentado el ex convento del mismo nombre, ahora Museo de la Intervenciones.

El proceso que siguieron estos lugares fue el mismo: adoratorio a la deidad mexicana, convento católico, encima, cuartel militar o almacén de granos, y algunos hasta burdel, según soplaban los tiempos políticos, conservadores o liberales.

Seguiría el de la Conchita, calle Fernández Leal, San Juan Bautista, templo mayor en el centro de la delegación de Coyoacán, Santa Catalina (con el feo nombre de “Catarina”), Pansacola, en Francisco Sosa y Avenida Universidad, ex convento del Carmen, en San Ángel, San Jacinto, un poco más arriba, siguiendo siempre la dirección mítica hacia el oeste y , finalmente, el templo del pueblo de La Magdalena Contreras, en la desembocadura misma  del río que baja a lo largo de la cañada de los Dinamos.  

Monte San Miguel, visto desde la estación metro de CU, Ciudad de México.
B, cumbre, A, frente rocoso Coconetla. La línea roja indica la dirección que sigue el descenso del agua que llega a los Viveros de Coyoacán.
Esta cañada se surte de los riachuelos que escurren tanto del cerro San Miguel, como del cerro Palmas, en el inmediato sur de aquel. Es la corriente de agua del río Magdalena que, descendiendo desde el lejano monte San Miguel, pasa por los Viveros de Coyoacán.

Por cierto, sus aguas cristalinas, ya mezcladas con las aguas negras de la ciudad. Y lo que allá arriba, en el cuarto dínamo, esa agua es una belleza donde todos quieren tomarse la foto, en Coyoacán es ya una porquería.
Tláloc hallado en la cima más alta de la montaña Ajusco
por el autor el 19 de abril de 1970
(ahora en el Museo Nacional de Antropología e Historia
México 
Tomado del libro Alpinismo Mexicano de Armando
Altamira G. Editorial E C L A L S A ,México,1972

El también gran adoratorio de Tláloc, en la cumbre de San Miguel, fue destruido cuando los carmelitas del Convento del Desierto de los Leones, edificaron ahí una capilla al arcángel  San Miguel.

 Para así desterrar  al demonio llamado Tláloc. Por cierto que los pueblos subyacentes, de origen autóctono, jamás dejaron de frecuentar este lugar de adoración.




Plano general de la zona del Desierto de los Leones
en la que se encuentra el otro gran adoratorio de Tláloc, ahora la capilla de San Miguel.
Al menos cien veces hemos llegado caminando a ese lugar desde La Venta, en el norte, en la carretera a Toluca, o desde Santa Rosa Xochiac, en el este. La mitad de esas ocasiones hemos vivaqueado en la cumbre y, a lo largo de más de medio siglo,  presenciamos tales manifestaciones religiosas de los pueblos indios: flores, copal, adornos de papel…

La capilla, de piedra, tiene forma hexagonal pero la base conserva la mítica forma cuadrada.

Empero, el lugar de señalada  importancia histórica, es el centro de Coyoacán. Cosmopolita, extraordinariamente concurrido todos los días de la semana, porque ahí subyace la magia indígena. En los restos arqueológicos sobre los que se edificó el templo de San Juan Bautista, está la base de la gran pirámide en la que se adoraba a Tezcatlipoca.

Coyote es el avatar de Tezcatlipoca.

La extensión que tiene en la boca, semejante a la lengua, es lo que en los códices mexicanos se conoce como vírgula voz. Es decir, los dioses aztecas no son meras representaciones fenoménicas de las fuerzas naturales con formas antropoides.

 Por el contrario, es la divinidad que habla, que se comunica.
Coyote. El nagual (nahualli) de Tezcatlipoca

La figura es el alter ego oficial en Coyoacán del supremo dios mexica.
Este animal tutelar vive en el inconsciente colectivo
de la población con origen indígena.

Las plumas le dan a la figura la condición de divinidad,
al modo de la aureola en el cristianismo


Con frecuencia grupos de gente, continuadora de la
tradición, acude a orar a la plaza principal del centro de
Coyoacán, mediante el baile o danza ritual indígena.

Fue el primer sitio que habitaron los españoles en tanto los tlaxcaltecas derribaban los adoratorios del coatepantli de México-Tenochtitlán.

Se dice que en esa época Coyoacán, como “reino” independiente y bajo la egida de México-Tenochtitlán, abarcaba hasta la sierra del Ajusco por el sur, hacia el oeste a la sierra de las Cruces y al norte a Tacubaya. Más extenso que algún país de Europa en la actualidad.

El indio Ixtolinque era dueño de una gran cantidad de tierra de ese reino. Colaboró con los españoles cediéndoles mucha tierra, incluida donde se edificaría el templo de San Juan Bautista, en lugar de la gran pirámide, y fue gran promotor para instalar la religión católica.

Cuando en 1529 la corona española otorgó el título a Hernán Cortés de marqués del valle de Oaxaca, y para su uso personal una enorme extensión de tierra en el Valle de México, entre las cuales se encontraba Coyoacán,  a todos los que colaboraban con los españoles, a la postre  se quedaron tapándose con una mano por delante y con la otra mano tapándose por detrás.

Habitaron los españoles Coyoacán no porque estuviera más seco (pudieron habitar cualquier otro lugar también seco: Tacuba, Iztapalapa, etc.).La razón de peso es que en la pirámide de Coyoacán  se adoraba al dios de la guerra,  Tezcatlipoca.
Tezcatlipoca

Los españoles querían estar seguros que los aztecas no se reagruparan en Coyoacán, bajo la bandera de Tezcatlipoca, el más grande de sus dioses y dios de la guerra.

Es probable que Cortés, que según refieren algunos historiadores, no era ajeno la cultura, conocía de hechos históricos y hasta le daba por escribir poemas, se inspirara para pedir se erigiera un gran templo en el lugar de la pirámide de Tezcatlipoca, dios de la guerra, en Coyoacán, en el hecho histórico que en la ciudad de Florencia, en la que se veneraba a Marte, dios de la guerra, fuera substituida la estatua de este dios pagano por la de San Juan Bautista.

Esa fue la razón, también sustantiva, de emprender la ascensión al volcán Popocatépetl (5,452m.s.n.m), cuando apenas se dirigían, por primera vez, de Tlaxcala hacia México-Tenochtitlán. El argumento era que necesitaban azufre para confeccionar pólvora para sus cañones.
Popocatépetl, el avatar y lugar de residencia de Tezcatlipoca
 

La realidad es que fueron informados que esta montaña es otro avatar de Tezcatlipoca (ver al respecto el interesante, extenso y bien documentado trabajo de Guilhem Olivier: Tezcatlipoca, publicado por el Fondo de Cultura Económica, 2004) y quisieron hacer manifestaciones de valor, ante los tlaxcaltecas.

Por lo que a lo aztecas se refiere, en el lado norte de volcán se encuentran restos de varios adoratorios que suben por esa ladera desde tiempos toltecas, según trabajos de José  Deseado Charnay, francés que realizó una serie de exploraciones en ese lugar en el siglo diecinueve.
Tezcatlipoca
La esfera humeante que sostiene en la mano
es el Popocatépetl, su residencia
(Códice Fejërváy-Mayer)

En la base norte del Popocatépetl se encuentra el paraje (en la actualidad hay varios albergues para montañistas) conocido como Tlamacas. Esto porque ahí se encontraba un importante centro de reunión y adoración de la orden tlamacazqui, de los aztecas. Tlamacazqui era la orden de los sacerdotes de Tezcatlipoca.

Tlamatzincatl es uno de los numerosos nombres que tiene Tezcatlipoca.

José Deseado Charnay realizó en el siglo diecinueve una expedición (en esa ápoca había que subir  caminando,  o a lomo de mula, veinticinco kilómetros, con un desnivel de dos mil metros desde Amecameca) para localizar los adoratorios precristianos de lado oeste tanto de la Iztaccihuatl como del Popocatépetl.

Le siguió en este siglo José Luis Lorenzo, con su libro Zonas arqueológicas de los volcanes Iztaccihuatl y Popocatépetl, con un trabajo publicado por el Instituto  Nacional de Antropología e Historia, México, 1957.

Como se mencionó, Coyoacán en la actualidad es una delegación, una plaza, un centro, con mucha vida, muy concurrido. Cosmopolita. Muchos van a tomar una taza de café, otros a la casa- museo de Frida Y Diego y otros más al museo-casa de León Trotsky.

Los más, así tengan una sola gota de sangre indígena, su inconsciente colectivo los lleva a ese lugar. Al sitio donde está el avatar coyote. O coyotes de bronce bañados por el agua-Tláloc de la  fuente redonda.

Tláloc y el avatar de Tezcatlipoca
Fuente de los coyotes en Coyoacán
foto tomada de Internet
El que pueda observar más al fondo de tanta concurrencia, verá que en ese alegre  y moderno Coyoacán, se da el “fenómeno tinaco”. Llegan pobladores mexicanos de origen extranjero, por arriba, porque generalmente estos tienen relaciones políticas, de trabajo o de comercio.

En tanto los pobladores mexicanos indígenas, hipostasiados, se van subrepticiamente, por abajo, de contrabando, en el tren La Bestia, con la esperanza cruzar la frontera para no morir de hambre.

Los que logren salvar la vida y establecerse en Estados Unidos, Canadá o Europa, volverán a Coyoacán en el mes Toxcatl, mayo, que es el mes en el que se adora a Tezcatlipoca. Y darán vueltas en la fuente redonda de los coyotes, nagual  muy querido de ellos.

 

PASCAL, LEYES


 

Las leyes se obedecen porque se cree que son justas.

¿Y sino se creen justas?

Parece un incómodo determinismo cuando Pascal dice que les leyes se obedecen porque son leyes, no porque sean justas.

Se presupone la justicia y la razón en las leyes emanadas de los cuerpos legislativos. ¿Qué tal si alguien dice que las leyes no son justas? ¡Queda abierta la puerta para la sedición!

Además “justas” es una  palabra susceptible de interpretación subjetiva. Lo mismo dice Pascal de las costumbres, que cree que son justas, y por eso se siguen.

Pasa a considerar que  de no cumplirse  este último aspecto tendremos encima a la tiranía. Los países del continente americano hemos tenido mucho de eso. No es película que nos vengan a contar.

Por eso buscamos la democracia, con representación de las minorías. ¡La aclaración es porque  hay “democracias” con un solo partido!

Pascal observa que el pueblo obedece porque cree ciegamente que las leyes son justas. Pero advierte del peligro cuando la gente descubre la injusticia: “Por eso obedece; pero está sujeto a revolverse desde que se le muestra que aquellas no valen nada; lo cual se puede hacer  ver de todas, mirándolas de cierto modo.” (Pensamientos, capítulo III)

Se refiere a que toda ley es perfectible porque es imperfecta en tanto no se adapte a las  cambiantes necesidades de la sociedad.

 Y los cuerpos legislativos no siempre son tan diligentes que digamos. Antes de dar un paso  tienen que llegar a acuerdos entre partidos, esto a cambio de qué y luego pasar el punto a las comisiones, etc.

En tanto eso sucede, las malas intenciones aprovechan para llevar agua a su molino. La  oposición, del color que sea, practica  los más  acelerados  apriorismos. Tarea que encontrará sumamente fácil si ese gobierno en la realidad no ha sabido conservar la confianza de su pueblo:

Pascal es reiterativo, como queriendo que se nos grave la lección de manera indeleble. Como queriendo dar una rociada de etica con el aspersor a la vida política.

Dibujo tomado del diario El País,España
“Es peligroso decir al pueblo que las leyes no son justas, porque él no obedece sino porque las cree justas. Por eso es menester decirle al mismo tiempo que es necesario obedecerlas, porque son leyes, no porque ellas sea justas.”

Pascal dice  que es un terreno un tanto complicado de entender para la gente que cree (sino desde la inocencia o de la ignorancia) desde la confianza. Porque la gente se mueve en el epicentro de los intereses políticos más encontrados. Por ejemplo en tiempos de elecciones para diputados o para presidente de la república. Los denuestos y las promesas cruzan  todas direcciones del horizonte.

Pero también cree que si el pueblo logra descifrar el intríngulis, mucho se habrá ganado para la sociedad porque esta no habrá caído en el escepticismo, que aleja de las urnas,  ni en el caos que aleja de las leyes.

Es inmenso el sentimiento de desamparo de los inocentes que son conducidos a la cárcel en nombre de la ley.

En la fábrica, para deshacerse de un obrero el abogado de la administración presenta al acusado, inocente, al juez al tiempo que señala y dice: “En nombre de mi representado acuso al Sr. X de robo  cometido en prejuicio de los interese de la empresa tal.”

Los contratos colectivos de trabajo se apoyan en la ley pero muchos no son sinceros porque subyace una interpretación amañada de la ley.

Otros casos son los que una ley secundaria se haga prevalecer en contra del espíritu de la ley general, etc.

Descifrado el intríngulis, Pascal da luz verde:

“Por lo mismo, he ahí prevenida toda sedición, si se puede hacer entender todo esto, y que es propiamente la definición de la justicia.”

Para no perderse en este binomio de leyes y sofismas Pascal es claro:

“Es menester juntar siempre la justicia y la fuerza, y para eso hacer que lo que es justo sea fuerte y lo que es fuerte sea justo.”

PASCAL
“Blaise Pascal fue un polímata, matemático, físico, filósofo cristiano y escritor francés. Sus contribuciones a la matemática y a la historia natural incluyen el diseño y construcción de calculadoras mecánicas” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CICERÓN, EQUIDAD EN LA CIUDAD


 

“No te pido que recojas la basura, sino que no la tires”.

Letrero en la puerta de un  Jardín de niños de la Ciudad de Guatemala.

Este es el espíritu de los capítulos IV y V de Los oficios o los deberes, de Cicerón (106-43 a JC).

Equidad es lo que busca Cicerón para la vida sana de una ciudad.

En toda su obra este pensador recurre a las palabras de virtud y sabiduría. Pero consciente que muchos arrugan las narices cuando de moral se trata, ahora dice equidad (justicia en el reparto de una cosa entre varios o en el trato de las personas).

Hace la consideración, en el capítulo IV,   de lo positivamente valiosa  que es la vida en la ciudad. En el siguiente capítulo señala algunas lacras que la envilecen.

 “Las ciudades no podrían edificarse, ni ser frecuentadas, sin la unión de los hombres; de donde ha provenido la constitución de las leyes y las costumbres, la igual prescripción de derechos y la disciplina  y el arreglo cierto de vivir; a que se han seguido la mansedumbre  de los ánimos, el respeto y el pudor, y se han dado a la vida mayores resguardos, llegando a estado de que, dando, recibiendo y trocando nuestras facultades, no nos falte nada.”

Novalis, el poeta de la flor azul, es de la misma opinión:

“La ciudad es rica en todos los aspectos; hay políticos expertos y comerciantes muy instruidos y resulta muy fácil  conocer toda clase de estados, de oficios, de necesidades y de relaciones sociales.”(Enrique de Ofterdingen)

Sin embargo, hay mucho afán por edificar cárceles o reclusorios en algunos países al sur de Estados Unidos, en lugar de construir universidades a las necesidades poblacionales.

Inmensos recursos económicos para el renglón penitenciario. Por otro lado, los cuerpos legislativos enfrascados, cada año, en grandes, complicadas y tormentosas sesiones, para considerar la aprobación del presupuesto universitario y de educación elemental, media y media superior...

Derechos Humanos es para paliar, no para prevenir. Parafraseando el letrero del Jardín de niños diríamos “No quiero que cures, si no que no hieras”.

Más de 20 mil muertos por enfermedades de las vías respiratorias-han dicho los medios-relacionados con la contaminación del aire. Los grados IMECAS rebasan, con mucho, los límites al menos un día a la semana y se declara la precontingencia. La multipatológica  contaminación del aire  se mete en  las narices y pulmones  de todas las capas sociales.

La inseguridad social daña, como la contaminación del aire, la condición psicofísica, e inhibe en las personas su potencial creativo
Foto de Internet. Paseo de la Reforma, Ciudad de México,4 de mayo de 2016 (176 puntos de ozono)
Igual, o peor, daño en la condición psicofísica, arroja en las personas la inseguridad social. También se mete con todos los nervios e insomnios de las capas sociales. Impedidos de concentrarse por entero a considerar temas de orden académico, filosófico o adentrarse en el desarrollo de la poesía o la novelística.

La gente (el plomero, el albañil, el oficinista, el panadero, las mujeres), sale a la calle tocada por la paranoia cuidando que no lo sigan o bajándose de la banqueta para prevenir la posibilidad de un asalto, o ser observado desde el interior de un vehículo, los “halcones” del hampa  que vigilan en cada calle hablando desde su celular, etc.

 La gente que desaparece, mujeres, niños y hombres jamás se les vuelve a encontrar. Hillary Clinton, en Estados Unidos, y Ángela Merkel, desde Alemania, han dado la voz de alarma de esta situación que prevalece en algunos países de América.

Los 50 millones de indoamericanos, de habla española, que han cruzado la frontera, legal o subrepticiamente, buscando establecerse en Estados Unidos, son en segundo lugar por razones económicas. Lo primero que buscan es  la seguridad,  el respeto a las leyes, que les dé  la oportunidad de escapar del caos de la corrupción y la impunidad reinante en sus países de origen.

Cicerón “El príncipe de los oradores en Roma” y gran conocedor de los hilos del poder como senador, nos ha dejado por escrito su parecer a este respecto, cuidando de situar en el centro del asunto la palabra equidad:

“Más así como conseguimos grandes ventajas  por la unión y concurso de los hombres, así también no hay mal tan pernicioso que al hombre no le venga por el hombre.”

Continúa:

“Son varios los motivos porque suelen faltar muchos a la defensa de otros y olvidarse de su obligación, ya por no cobrarse enemigos, ya por huir del trabajo, ya por no meterse en gastos, por indolencia, por pereza y flojedad.”

Arrugadas las narices ante la moral, y las escuelas públicas laicas ayunas de todo programa de razonamiento filosófico sistemático especulativo y naturalista, el campo queda libre para la delincuencia.

El pensamiento filosófico, es un pensamiento crítico, activo, inquieto, inconformista, libre, racional, no empírico, y especialmente especulativo que indaga buscando respuestas sobre aquellos hechos esenciales que la ciencia aún no ha podido responder”

Alguien le debe al pueblo incluir, en los programas de enseñanza laica, desde la eneñanza elemental, la filosofía.

Por ahora sólo tiene las telecomedias. Y abundancia de películas con tema de bandas delictivas.

Cicerón agrega, refriéndose a las instancias que deberían guardar el orden y proporcionar un ambiente de tranquilidad a la población:

“Abandonan la sociedad humana cuando no emplean a su servicio, ni su trabajo, ni su cuidado, ni sus facultades…La equidad resplandece por sí misma, y la duda trae consigo  sospecha e injusticia.”

 
CICERÓN

“Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero1 (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.WIKIPEDIA

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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