C.S.LEWIS, EN BUSCA DEL MÉTODO PARA LEER


 

El valor que tiene la literatura es cuando se lee, dice Lewis, de otra manera la literatura no pasa de valor potencial.

Como de niños vamos a la ciudad sagrada de Teotihuacán. Subimos, bajamos y corremos. Pero su historia y sus valores vitales nos son ajenos. Sólo vemos una arquitectura que tampoco sabemos descifrar.

Sentimos la necesidad de encontrar la manera de conocerla. La historia humana, la lectura ideográfica de sus paredes, la arqueología y sobre todo la filosofía nos lo dirán.

Así con el anaquel lleno de libros que tenemos en casa pero que no abordamos.

 “Lo que necesitamos es un método que nos aparte de la literatura potencial, abstracta, para situarnos en el centro mismo de su actualización”, agrega Lewis en  La experiencia de leer.

Tener libros en casa es una fascinación difícil de explicar. Con todo el polvo que les cae todos los días, ahí están. Resistiendo. Como aquella olla de miel con antigüedad de mil años que se encontraron los arqueólogos en Egipto. La miel resistió todos los virus patógenos que le llegaron en ese tiempo.

Yo tenía en casa una docena de libros con obras de los grandes como Shakespeare, Platón, Copleston, Margaret Mitchell,  Tolstoi, Séneca, Ibsen, Santayana, Goethe, Cervantes, etc. No sabía pero en alguna parte había escuchado que estos eran “los meros, meros”.

Pero en mi caso se trataba de una ingeniosa obra de artesanía porque en realidad eran botellas de licor en cubiertas de libros que no eran libros. Eso sí, de piel y con letras de oro.

Con el tiempo hice una cava y puse las botellas en su lugar y substituí las falsas portadas por los libros reales. Pero resultó lo mismo, tampoco los leía.

 Sólo pensaba, cuando los veía de reojo: ¿Cuántas cosas pensaron y escribieron esos autores a través de los siglos? ¿Por qué escribieron? ¿Para qué escribieron? ¿Para quiénes escribieron? Y las preguntas seguían en los modos que hacen los periodistas cuando escriben sus notas.

Me pareció que el precio de los libros, conforme los iba adquiriendo, era elevadísimo. Alguien me señaló que cualquier botella, de mi cava, costaba más que dos de aquellos libros. Fue cuando pensé que mi pueblo, tal vez en un noventa por ciento, no gasta en medicina preventiva para el cuerpo, sólo en la correctiva, que es mucho más cara. Así con la cultura.
El Roto, Dibujo tomado del diario El País, España, 11 de junio de 2016

Los libros sólo estaban ahí. Como cuando en la pared de la sala se tiene la cruz. Sólo es una imagen. Pero una imagen que, como los libros en el estante, se niegan a desaparecer. Sólo esperan…No tienen prisa.

¡Alguna vez se podrá ver más allá de la imagen! Están en otra dimensión del tiempo, de ese tiempo mensurable   que nosotros conocemos. ¡No tienen prisa! Si esta generación no les hizo caso, tal vez la que viene o la que le sigue. ¡No tienen prisa! Algunos están en las reservas de las bibliotecas, llenos de agujeros de las polillas, pero ahí están.

Si leer fuera sólo una afectación esnobista, para aparentar ser lo que no se es, ya sería ganancia. Se estaría en la práctica del imitar, de hacer, de leer. Pero no leer ni siquiera  llega al esnobismo.

No leer de cultura tiene repercusiones catastróficas nacionales, semejantes o peores,  como el hecho de no querer vacunarse contra la influenza estacional.

Basta con asomarse por la ventana para ver que un pueblo que no cuenta con vacunas culturales es un pueblo enfermo que, por lo tanto, no está en condiciones de sostener a su Estado en condiciones  terapéuticas.

Por interese propio de la nación, para la edificación, o en su caso contrario, para su ruina, H. Bergson anota: “El que conoce a fondo su lengua y la literatura de un pueblo no pude ser completamente su enemigo.” (Las dos fuentes de la moral y de la religión)

Santayana escribiendo y leyendo

Dibujo tomado del diario El País
de España
Mucho del conflicto humano, tanto entre los individuos como entre los grupos o naciones, nos dice Leibniz (siglo diecisiete) en su obra El entendimiento humano, está en el desconocimiento de la literatura:

“La mayor parte de las sectas de la filosofía y de la religión las han introducido para sostener una opinión extraña o para ocultar algún lado débil de sus sistemas…Si examinásemos más a fondo las imperfecciones del lenguaje, la mayor parte de las disputas terminarían por sí mismas, y el camino del conocimiento y quizá de la paz estaría más franco a los hombres.”

 Es cuando llegan las palabras de Lewis: lo que necesitamos es un método que nos aparten de la literatura potencial. Como potencial, es cierto, se puede dar la lectura, pero en tanto no se dé es no-literatura. No existe.

A nivel general nadie ha encontrado el método que haga que el pueblo todo, todo el pueblo (por qué alguien tendría que quedar excluido), lleve a todas partes el libro y lo lea.

Como se lleva en la actualidad en la mano el teléfono celular que, por ir viendo su mensaje, no sólo los conductores de vehículos chocan sino hasta peatones que van leyendo el mensaje deben ser esquivados en la banqueta porque  no hacen caso por dónde caminan.

El binomio tecnología-mercadotecnia encontró el modo, el método, que ese “milagro” sucediera. Llenó una necesidad de la gente que es comunicarse, para lo sustantivo o para lo banal, pero comunicarse.

Los libros también comunican los sustantivo y lo banal, pero es otro modo que no le ha llegado al pueblo todo. Y los que saben de esas cosas de la pedagogía no han encontrado la clave para descifrar el misterio.

 Individuos de todas las clases sociales llevan su imprescindible,  y muy útil, celular en la mano,  o a la mano. Así se trate del país, pueblo o individuo de lo “más precarista”, hasta el indigente que duerme en el parque, o el menesteroso que pide limosna y busca entre la basura, todos lo llevan.

Ese es el método que busca Lewis para la lectura cuando reitera: “Los libros que están en un anaquel sólo son literatura potencial.”

Entre tanto se encuentra ese “milagro”, ese método, los libros esperan…

 
Lewis
“Clive Staples Lewis /klaiv steɪplz 'lu:ɪs/ (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898-Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, y llamado Jack por sus amigos, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, novelista, académico, locutor de radio y ensayista británico, reconocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica, y también por sus ensayos apologéticos (mayormente en forma de libro) como Mero Cristianismo, Milagros y El problema del dolor, entre otros” WIKIPEDIA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIVORCIO UNILATERAL Y MATRIMONIO DE PROCREACIÓN


 

 

SEMINARIO “DERECHOS HUMANOS Y BIOETICA”

15 de marzo 2016 en el Senado de la República, México
Ponencia del Dr. Jorge Adame

Del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Se transmitió por televisión abierta el 18 de junio de 2016.

Se refiere a la jurisprudencia de la  Corte Suprema de Justicia de la Nación en materia de matrimonio y divorcio.

 

Corte: Es inconstitucional cualquier ley que diga que el fin del matrimonio entre hombre y mujer es la procreación.

Argumento de JA: Contradice la opinión común del pueblo mexicano. Además los códigos civiles dicen que el matrimonio es entre varón y mujer))

La ley aprobó  la unión libre de dos personas para contraer matrimonio. No indica el sexo.

Argumento de JA: Si el matrimonio es la procreación es natural que sea entre varón y mujer, porque la procreación se hace con un gameto masculino y otro femenino.

Señalamiento de JA: Los ministros de la Corte impusieron que el matrimonio  no tiene como fin la procreación. En consecuencia todas las personas pueden contraer matrimonio ya sean del mismo sexo o diferente sexo.

Matrimonio en el México precristiano. Unidos por toda la vida
Códice Florentino
JA: ¿Personas del mismo sexo, según la nueva jurisprudencia  pueden adoptar? Sí pero no  procrear. La adopción busca no satisfacer los deseos de los adoptantes sino de procurarle al niño una familia en donde pueda desarrollarse. Así, para elegir al  adoptante se debe elegir el que dé más garantías en beneficio de esos niños.

Corte: pasado un tiempo  cualquiera de los contrayentes del matrimonio puede decirle adiós a su pareja en una decisión unilateral.

JA: El derecho al desarrollo de la personalidad no es un derecho, es el estado propio del ser humano libre. Somos racionales, y por lo tanto podemos tomar decisiones y, si somos libres somos responsables y tenemos que dar cuenta de nuestros actos. El orden jurídico toma como fundamento que somos libres y por lo tanto nos ordena deberes y establece prohibiciones.

JA: El matrimonio civil es algo que inventaron los legisladores y está en los códices civiles. Pero ese no es el matrimonio tal como se entiende en sentido natural, de acuerdo con la dignidad de la persona humana.

 JA: Los contrayentes deben definir cuáles son los fines de su unión. Si el fin es procrear, la ley debe respetar la decisión porque ellos han decidido vivir de esta manera, pero hay que especificarlo.

JA: Si dos personas, al contraer matrimonio, declaran que quieren fortalecer el vínculo de la relación muta y no quieren que se disuelva por la voluntad de cualquiera de los dos, sino que, dado el caso, se disuelva de común acuerdo, la ley debe respetar, porqué es el libre desarrollo de la personalidad. Lo contrayentes son  los que hacen el vínculo, no es el Código Civil el que da el matrimonio.

JA: No debe haber contradicción entre lo que es jurídico y lo que es ético. El problema es cuando hay leyes desordenadas que proponen conductas que van en contra de los preceptos éticos. En este caso es donde se plantea la dificultad entre la legalidad y lo que es moralmente lícito.

Procreación y educación de la prole, principio del matrimonio en el pueblo mexicano
Códice Florentino
JA: El matrimonio normalmente se ha considerado como la convivencia de hechos. El que dos personas, varón y mujer, vivan en una misma casa,  eso es matrimonio. Fue en los primeros siglos del cristianismo  cuando se llega a la idea de que en el matrimonio hay un vínculo, una obligación, entre varón y mujer de convivir y realizar los fines propios del matrimonio, que es realizar la procreación y educación de la prole. Se entiende  que  ese vínculo debe permanecer por toda la vida. Porque los cónyuges se necesitan uno al otro por toda la vida. Los hijos igualmente necesitan a los padres por toda la vida. Es la única manera de cumplir con un precepto natural de amar al prójimo como a uno mismo. Esto es el matrimonio desde el punto de vista de la dignidad humana, y de la naturaleza humana.

 

 

F.COPLESTON, PAÍS DE UTOPÍA


 

¿Una mente científica puede   abrigar creencias religiosas ?

El pensamiento de Platón no rehúye el diálogo. Se mueve dialécticamente en la influencia pitagórica y a la vez busca abrirse  paso hacia lo espiritual con su teoría de las Ideas y valores universales. Es decir en la ciencia y en lo místico.

La idea de Coplestón  es que esta ambivalencia, investigar y creer,  es lo que le da oxígeno a la sociedad, la recíproca.

Si bien es una  mezcla que pocos albañiles saben hacer.

¿Una mente científica puede   abrigar creencias religiosas o viceversa? De hecho algunas ordenes de la Iglesia Católica tienen el requisito, para ingresar a ellas, que primero tenga en sus manos, el aspirante a sacerdote, al menos una licenciatura universitaria.

De hecho la filosofía, desde antiguo,con su modo de pensamiento lógico, siempre está mirando los modos metafísicos.

Filosofía y teología tiene cada una su campo propio. Pero los que no se conforman con vivir en la abstracción, cruzan el puente y van y vienen de una ribera del río a la otra ribera. Como hacía Guillermo de Ockham, aquel filósofo -teólogo del siglo XIV, del que Copleston escribe:

"Las verdades en las que creía, pero de las que pensaba que no podían ser filosóficamente probadas, las relegaba a la esfera de la fe...El núcleo principal de pensadores del Romanticismo, eruditos  y hombres de ciencia, eran, desde luego,cristianos."

"El espíritu humano va sin cesar de los átomos al éter, del éter a los electrones y así sucesivamente, descubriendo siempre algo nuevo, pero teniendo siempre delante algo nuevo que descubrir, hasta detenerse  por último ante  lo que ya no cabe  estudiar científicamente."(Jean Wahl, El camino del filósofo)

Copleston se pregunta ¿por qué no? Evoca ambas posiciones trayendo nombres que pueden sernos familiares. Se detiene un poco en Nietzsche.

Nietzsche es, según Copleston, el prototipo de intelectual que desarrolla su filosofía de la vida a base de criticar lo religioso, en lugar de profundizar y enriquecer el pensamiento ontológico y los juicio sintéticos.

Para Nietzsche todo lo religioso es escapista que busca esconderse de la fealdad de este mundo. Gente así, dice, no puede desarrollar una mentalidad analítica para la ciencia. Salta que en Nietzsche no hay disposición dialéctica.


¿Porque creo que en un área, del tamaño de una cajetilla de cerillos, se podrá tener un teléfono de corta y larga distancia, una biblioteca con mil volúmenes, un álbum de fotos, una cámara fotográfica digital, una computadora, un calendario y un reloj?

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich,1968
La ausencia de dialogo, entre fe y ciencia, hay que insistir, fue la que caracterizó la historia del siglo veinte: “La contabilización de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial ha sido objeto de numerosos estudios, que normalmente ofrecen estimaciones de entre 55 y 60 millones de personas fallecidas, elevándose hasta más de 70 millones según los cálculos más pesimistas y de 40 a 45 millones según los más optimistas.” WIKIPEDIA

Aprendida la lección, los pueblos empezaron a dialogar y el resultado fue la creación de la actual Unión Europea.

Coplestón: “Nietzsche acusaba a Platón de ser un enemigo de este mundo, de construir un mundo trascendente por aversión a las realidades cuotidianas, de establecer un contraste un “allá” y el “aquí” por su desagrado del mundo de la experiencia  y de la vida humana, y por prejuicios e intereses morales. Que a Platón le influyeran  las decepciones que tuvo en la vida real, por ejemplo, el ver la conducta política del Estado ateniense, o su desengaño en Sicilia.”(F. Copleston,Historia de la filosofía, volumen I, tomo I)

En contra tesis, Copleston dice que hay un tipo de hombres y mujeres que pueden “manejar” los juicios sintéticos, los avalados por la experiencia, tanto como los juicios analíticos, esos que son válidos en todo lugar y en todo tiempo.

Platón mismo aprendió de los pitagóricos(materialistas) y, a la vez, fue el creador (descubridor) de las Ideas y las Formas. Y los pitagóricos mismos fueron de la tierra al cielo y de este a la tierra y otra vez...

Coplestón: “…no nos asiste ningún derecho a declarar que Platón  no pudo haber reunido en sí mismo las tendencias  religiosas y trascendentalistas con una tendencia al panmatematicismo, dado que, sean tales tendencias incompatibles o no desde el punto de vista abstracto, la historia demuestra que son  compatibles desde el punto psicológico. Si los pitagóricos pudieron existir, si Espinosa Y Pascal (y Leibniz, Kant, A.M. Whitehead, etc.) fueron también posibles, no hay razón alguna por la que hayamos de afirmar  a priori que Platón no pudo escribir un libro místico ni profesar la  lección sobre el Bien en la que se nos dice que habló de aritmética  y de astronomía  e identificó el Uno con el Bien.”

El país de la utopía existe, y siempre será posible, realmente posible, pero sólo si hay voluntad dialéctica.

De hecho el mundo material del siglo veintiuno  está hecho de utopías tecnológicas. Hace apenas medio siglo alguien soñó que en un área, del tamaño de una cajetilla de cerillos, se podría tener un teléfono de corta y larga distancia, una biblioteca con mil volúmenes de obras literarias, un álbum de fotos, una cámara fotográfica y una computadora. Era solo un peyotero y  loco sueño…

Copleston dice que “Platón no pretendió trasmutar la “realidad” en ensueño, creándose su propio mundo poético, sino que trató de remontarse por encima de este mudo inferior al mundo superior de las Ideas arquetípicas. Sólo fue enemigo de la vida y de este mundo en la medida en que ambos son desordenados y fragmentarios y están en esa armonía con lo que él pensaba eran las realidades y las normas estables de valor supereminente y de significación universal.”

COPLESTON
“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra – 3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”

J.ORTEGA Y GASSET, YO vs ALTER EGO


 

Juan le puse por nombre al personaje principal de la novela que estoy escribiendo.

Juan es mi otro yo. Se le conoce en composición lírica como alter ego, mi otro yo.

Juan es como la criatura Frankstein o como un robot que haya construido y le diga lo que tiene que hacer  o como Dorian Grey que dirá y hará lo que  Wilde disponga.

El asunto empieza cuando surge la pregunta si puede haber otro yo como mi yo, mi ego. No. Ese inventado yo no puede hacer ni decir cosas a las que yo, su creador, sea ajeno.

 No puede ser un matemático porque yo no soy matemático. Pero sí puede ser escalador porque yo soy escalador.

 Tolstoi escribiendo de las aristocracias rusa y francesa estaba como pez en al agua porque él era conde, pero sufría cuando tenía que escribir la vida de un campesino.

Ortega está de acuerdo en mi yo pero, se pregunta ¿quién es ese otro yo? Otro Hombre. ¿Otro yo que no soy yo?:

“El hombre alterado y fuera de sí ha perdido su autenticidad y vive una vida falsa” y es lo que hace el autor a través de su otro ego, de su alter ego inventado, vive una existencia que no es la suya, que sólo imaginó.

Cierto que en literatura hay obras de ficción que, aun relatadas por un alter ego, están basadas en mucha realidad que vivió el autor. Se reciprocan, se esfuerzan por hacer que dos situaciones se correspondan. Tales son los casos de F.S. Fitzgerald en Suave es la Noche, La ruta del Dr. Shannon, de A.J. Cronin o El retrato de Dorian Grey, de Wilde, etc.

Evaporado el yo ¿quién será el alter ego?

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich,1968
¿Hay alguna truculencia en este asunto de mí otro yo?:

“¿Qué queremos decir cuando decimos que tenemos delante Otro, esto es, otro como yo, otro Hombre? Pues ello implica que este nuevo ser  es yo, ego, pero que a la vez es otro, alter, que es un alter ego. Este concepto de alter ego, de un yo que no soy yo sino que es precisamente otro, por tanto no-yo, tiene todo el aire de parecerse a un cuadrado redondo prototipo de lo contradictorio e imposible…La voz castellana   “otro” viene de la latina alter…”(José Ortega y Gasset, El hombre y la gente)

El asunto es que si hay otro yo, cierto, ese tendrá otra existencia pero no dejará de ser  análoga o similar a la mía:

“La paradoja es fenomenal, pues resulta que en el horizonte de mi vida, la cual consiste  exclusivamente en lo que es mío y sólo mío, y es, por ello, tan radical soledad, me parece otra soledad, otra vida, en sentido estricto incomunicante  con la mía y que tiene su mundo, un mundo ajeno al mío, un otro mundo.”

Pero por más que mi alter ego no sea yo en realidad, de alguna manera soy yo, soy mi ego. Ortega pone el ejemplo de una manzana de la que sólo puedo ver una mitad y la otra mitad me queda oculta pero no quiere decir que no exista:
Con un alter ego que no soy yo

“Lo mismo que con la manzana me es dada en com-presencia la mitad de ella que no veo, que no veo pero que me es ahí.”

Para que no quede duda en la distinción entre mi yo y el otro yo que  inventé, Ortega escribe:

“Ya hice notar que la expresión alter ego no sólo era paradójica, sino contradictoria, y por tanto, impropia. Ego, en rigor, soy sólo yo, y si lo refiero a Otro tengo que modificar su sentido.”

El escritor de novelas tiene al menos cien alter egos que puede sacar de su morral. También tiene conciencia que son criaturas inventadas por él y él las maneja a su antojo o a la necesidad del argumento.

Pero igual puede acabar  manejado por su alter ego. Como el drogadicto que acaba siendo esclavo de su sustancia, o el alcohólico de su botella.

Corre el riesgo de perder de vista la playa en la que está parado. Como le sucedió al personaje femenino, gran actriz, de W. S. Maugham, que olvidó cómo era ella y terminó hablando como los personajes que interpretaba en la escena, según la ocasión que se le presentaba en la vida real.

Jean Wahl anota que “Hablando de la existencia del yo y la existencia, nos encontramos en presencia de una antinomia pues la existencia es una vuelta a sí mismo y al mismo tiempo un ir fuera de sí mismo. Puede haber una evaporación del yo.” (El camino del filósofo)

 
ORTEGA

“La voz castellana viene de “otro” viene de la latina alter…”(José Ortega y Gasset, El hombre y la gente) “José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

G. GREENE, RESURRECCIÓN, cuento


 

Piensa mucho, en algo concreto, y te lo darás.

No algo, o alguien, de fuera lo concede, sino que tú te lo concedes.

Como en la adolescencia, con las hormonas todas alborotadas, se sueña con aquella muchacha y se produce lo que se conoce como eyaculación nocturna.

Así le sucedió a Craven, el personaje del cuento de Greene: Un lugarcito en los alrededores de Edgware Road (Londres). Le preocupaba mucho el asunto de la resurrección.

Nada extraño. Omnipresente es el tema de la muerte para el humano desde temprana edad. Se dice que eso es lo que nos hace humanos. Sabemos que vamos a morir, algún día, y el asunto no admite discusión.

 Nadie nos preguntó si queríamos nacer y tampoco nadie nos pregunta si queremos morir. Ambas cosas  suceden y ya.

Se cree que entre toda la fauna de este planeta, el hombre es el único que posee ese secreto.

Lo que sigue, también de manera ineludible, es la pegunta ¿Y, después? ¿Después de morir, “morir mortalmente”, qué sigue? ¿O no sigue?

Esta sola  pregunta ha inspirado que el humano escriba N cantidad de obras filosóficas, como para llenar el Mediterráneo. Unos que sí y otros que no.

Bellas obras filosóficas que nada más por eso valió la pena haber nacido, aunque no nos hayan consultado al respecto. Es maravilloso, es abrumador, cómo al humano se le ocurren tantas cosas, es decir, argumentos de filosofía.

Por eso los que saben de estas cosas siempre están alertando respecto de las obsesiones. Son escasas las que persiguen una meta positiva, y abundan las patológicas.

De haber sido escritor Craven, le habría obsesionado la hoja en blanco y cómo llenarla de letras, palabras y párrafos. Así habría vivido  hasta cien años más o menos feliz.

 Pero él seguía pensando en la resurrección. No era filosofo ni teólogo, sino un inglés que vivía bajo la obsesión de ese ¿y después?

En tiempos normales la pregunta brota con cierta frecuencia, pero es el caso que este relato se sitúa en el año 1939, cuando se hace inminente que las bombas nazis caerán sobre Inglaterra.

Otros podrán seguir trabajando, divirtiéndose, peleando, estudiando, pero Craven no. Él pensaba en la resurrección. Se había hecho una atmosfera  sombría, angustiante.

 Deambulando, una tarde se metió a la sala de un cine, tratando de distraerse. Antes de entrar vio a algunas personas con pancartas que decían algo de “La tragedia de Bayswater”.

Era una sala vieja en la que se exhibían películas sólo de vez en cuando. Ni siquiera pudo concentrarse en el tema de la película y sólo veía escenas aisladas de lo que ahí sucedía.

Un individuo se sentó a su lado en la semioscuridad. Situación extraña porque en la enorme sala habría cuando más veinte personas, por aquí y por allá. Era bajito, la cabeza la echaba un poco de lado y, al tiempo que le preguntaba algo del crimen que se desarrollaba en la pantalla, ponía una mano encima de la mano de Craven. Craven sintió que era una mano húmeda y pegajosa.

-¿Está dormida?-preguntó el hombrecillo refiriéndose  la mujer de la película.

-No, muerta.

-¿Asesinada?

-No lo creo se clavó un puñal.

Siguió el dialogo entre estos dos desconocidos. En un momento el hombre dijo que él sabía de esas cosas de asesinatos.

“Su cabeza tenía el hábito de inclinarse a un lado. Dijo con claridad y sin venir al caso: “La tragedia de Bayswater”.

-¿Cómo estuvo eso?-preguntó Craven recordando las pancartas de la calle.

El hombrecillo se levantó y se fue.

En eso hubo una falla en el proyector de la película y las luces de la sala se encendieron. Fue cuando Craven se dio cuenta que la humedad de su brazo era sangre. Imaginó una relación entre el hombrecillo-asesino y La tragedia de Bayswater.

Craven salió y marcó el número 999.Cuando llegaron los del departamento correspondiente, y él les contó del hombrecillo, le informaron que, efectivamente, había habido un asesinato: “A un hombre le habían cortado el cuello de lado a lado con el cuchillo para el pan.”

Les dijo que había visto al criminal y contó lo de la sangre.

El hombre del departamento le respondió:

-Oh, no, ya tenemos al criminal, no hay duda alguna. Es el cuerpo el que desapareció.”

 
GREENE

“Escritor, crítico y dramaturgo inglés, Graham Greene fue uno de los más conocidos escritores anglosajones del siglo XX, recibiendo tanto alabanzas por parte de la crítica como del público en general. Comenzó a escribir todavía en la universidad -poesía, sin demasiado éxito- y pasó a trabajar para The Times. Su primera novela, Historia de una cobardía, salió a la luz en 1929 y su éxito le permitió dedicarse a la literatura a tiempo completo.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

J.G.FICHTE, EL MILAGRO DE LEER


 

 Países en los  que se leen dos, o menos, o nada, libros de cultura promedio al año por individuo, donde el niño no tiene modelos lectores en el hogar para empezar el hábito por imitación, donde los maestros de la escuela están tan mal remunerados en sus salarios y prestaciones que se la pasan protestando en la calle en lugar de estar enseñando, en donde se ven al menos cinco horas al día de televisión, que “salga” un niño lector de toda su vida, no parece corresponder tal situación al mecanismo de causalidad.

Los modernos sistemas pedagógicos apuntan a que el lector se hace,  no   nace. Pero la realidad (medio libro de cultura promedio al año) dice que pudiera ser  que nace, no que se hace.

 O, si se hace, ¿por qué no se hace? ¿Por qué en un país que se conforma de cien millones de personas, pongamos por caso, al menos noventa millones fueran lectores de libros de cultura?

¡Edipo, gran descifrador de enigmas, resuélvenos este laberinto de cómo hacer de la lectura una cosa cotidiana en el pueblo! ¡O que se manifieste tal cosa! Que tenga origen divino, genético o pedagógico, como sea, pero que sea.

 Una dosis de cada cosa podría conciliar criterios. Para Fichte el filósofo (dentro de la filosofía idealista) nace, no se hace:

“Para ser filosofo hay que haber nacido filósofo, ser educado para serlo y educase a sí mismo para serlo.”

El pensamiento de Fichte comprende:1) un determinismo,2) no rechaza la opción pedagógica y 3) lo impele a que el individuo haga su parte de la tarea.

Es encantador el pensamiento que los padres den el ejemplo, se pongan a leer para que el niño aprenda con el ejemplo. Esto es un bello, y valioso,  lugar común en los libros que tratan el tema.

La realidad es que hay países, y no pocos, en los  que se cuentan por millones los hogares donde un solo libro jamás ha franqueado el dintel de esa puerta.

Equivale a enseñar a comer a niños campesinos según una dieta balanceada, cuando ni siquiera un tortilla dura hay para comer.

Aquí no aplica el ejemplo del doctor Thomas Stockmann, de Ibsen, en Un enemigo del pueblo. Rechazados sus hijos de la escuela, debido a las ideas que tiene el doctor Stockmann,  decide que él los enseñará. No necesitan la escuela.

Tenía el doctor  formación académica. En los hogares donde no hay un solo libro no hay nada, en lo que a lectura de entretenimiento se refiere. “Los ciegos no pueden guiar a ciegos.” O, como dice Aristóteles con su teoría de la eternidad: de la nada no sale nada.

Y, sin embargo, en estos hogares alguna vez brota el lector que parece que nació para ser lector de toda su vida. Es una realidad pero, ¿desde dónde brotó, del cielo, de los genes, de la pedagogía?

Así sucedió en Ulman, madre de la gran cultura olmeca-maya, y así sucedió con los caldeos de la gran Ur hace cinco mil años y con los griegos de la Hélade. Del erial surgió todo.

Primero  conocer, hasta donde sea posible, las ideas de los otros. Y después lanzarse a soñar utopías propias, alguna se alcanzará (a la postre muchas  utopías se alcanzan, sobre todo en el nivel académico).

“¿No está, acaso, el espacio cósmico en nosotros mismos?” (Novalis)

“Pensamos, y sentimos, que estamos vinculados a nuestra cultura, la historia y finalmente al mundo.”(Jean Wahl El camino del filósofo)

PROMETEO
de RUBENS
La tesis pedagógica, a ultranza o, como ahora se dice, en blanco y negó, pudiera parecer peligrosamente  paternalista.

La formación del individuo está a criterio de terceras personas. ¿Si estas personas no quieren formarlo, o no pueden o no saben cómo hacerlo o deciden mal formarlo?

“La idea romántica según la cual hay en nosotros bellos  sentimientos no expresados conduce a una especie de pereza efectiva y a una interiorización egoísta.”(Wahl)

Los gobiernos federal, estatal y municipal, de los  países, tiene el mandato constitucional de educar a su pueblo y no hay que quitarles tal responsabilidad. Pero esperar todo de ellos es propio de un pueblo apoltronado.

“El que recibe una idea tiende a ahorrase la fatiga de representarla y recrearla en sí mismo. Esta recreación no consiste  en más que en repetir  la faena del que la creó, esto es, en adoptarla sólo en vista de la incontrastable evidencia con que se le imponía.”(Ortega y Gasset, En torno a Galileo)

Más que un precipitado determinismo es  pasarle el balón(o el libro) a las manos del individuo. Que se haga responsable de su propia formación como lector.

La televisión, así como está en este siglo veintiuno, es un cúmulo de valiosas lesiones (lecciones) de lo que no se debe hacer. Conque los individuos hicieran el reverso del molde, de lo que ahí se ve, tendríamos una sociedad de 9, de calidad, en una escala del 0 al 10.

Aprendemos de los otros de manera empírica. Pero quedarse ahí es vivir en un mundo que otros han hecho. Como el emigrante que llega a un país que no es el suyo. El que lee se da cuenta que hay mejores modos de vivir, para bien de todos, empezando por él.

Como sea no hay que perder de vista que se aprende de escuchar a otros y de leer a otros. El riesgo es quedarse en los otros y perder de vista lo propio:

“Esta complicación de la cultura  recibida hace engrosar la pantalla entre el sí mismo  de cada hombre  y las cosas mismas que le rodean. Su vida va siendo cada vez menos suya y siendo cada vez más colectiva. Su yo individual, efectivo y siempre primitivo, es suplantado por el yo que es “la gente”, por el yo convencional.” (Ortega)

Esas situaciones, y más, conllevan la práctica del leer.

Pero un paso atrás es cuando aún no se tiene la costumbre de leer libros de cultura.

Es cuando invocamos a Edipo, ese gran descifrador de enigmas, que  nos ayude a resolver   cómo lograr de la lectura una cosa cotidiana en el pueblo porque, pese a todo lo que al respecto se ha publicado, es exiguo lo que se lee.  

FICHTE
Johann Gottlieb Fichte (Rammenau, 19 de mayo de 1762 – Berlín, 27 de enero de 1814) fue un filósofo alemán de gran importancia en la historia del pensamiento occidental. Como continuador de la filosofía crítica de Kant y precursor tanto de Schelling como de la filosofía del espíritu de Hegel, es considerado uno de los padres del llamado idealismo alemán.

 Lo que sigue lo encontramos en Internet y corresponde a lo expuesto en una conferencia por un investigador universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México:

“La situación de la lectura en México arroja cifras alarmantes y preocupantes, pues se calcula que el 70 por ciento de los mexicanos en educación primaria y hasta universidad no lee, "por lo que están en primer lugar en América Latina".

Lo anterior lo señaló hoy aquí el doctor e investigador en filosofía por la UNAM, Federico Alvarez Arregui, de acuerdo a cifras de la UNESCO, al presentar la ponencia "El papel del libro en la cultura actual", en el marco del Día Internacional del Libro.

Alvarez Arregui, quien también es director de la revista Literatura Mexicana, del Instituto de Investigaciones Filológicas, afirmó que no obstante que el desarrollo de la industria editorial en México es la más grande en América Latina, destacó que en el país se lee medio libro por habitante al año.

Indicó que en México existe un mayor número de personas que saben leer y escribir, pero aclaró que la situación en el país es lamentable, "pues no se lee".

Consideró necesario que una de las misiones y deberes es auspiciar la lectura desde la educación primaria, a través de la producción y promoción nacional de la lectura.”

F.COPLESTON, CRISTIANISMO Y FILOSOFÍA GRIEGA


 

Católicos temerosos de la filosofía no son pocos en el mundo.

Se cree que por el camino del razonar se pierde el cielo por abrigar la duda. Por poner en duda la fe.

Tantos sofismas se han escrito de este tema que lo que tenemos enfrente es un revoltijo que se antoja indescifrable. Por eso Copleston escribe:

“El filósofo toma su punto de partida en las criaturas y el teólogo en Dios; los principios de que se vale  el filósofo son los discernidos por la luz natural de la razón, los principios de que se vale el teólogo son revelados; el filósofo se ocupa del orden natural, el teólogo trata primordialmente  del orden sobrenatural.”

Otros católicos, en cambio, saben que los Padres de la Iglesia son llamados así porque desde su base firme de la fe, se atrevieron a incursionar en los laberintos del pensamiento lógico. San Agustín, san Buenaventura, san Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino…

“En la medida en que los Padres no se limitaron a aplicar la razón a la comprensión, correcta formulación y defensa de los datos de la revelación sino que además trataron de temas que habían sido considerados por los filósofos griegos, ayudaron no solamente a que se desarrollase la teología sino también  a proporcionar material para la construcción de una filosofía que fuese compatible con la teología cristiana.”

Agrega:

“El tránsito de la fe al “entendimiento”, a la teología escolástica por una parte y  a filosofía por otra, fue últimamente el resultado del hecho de que el  cristianismo había sido dado al mundo como una doctrina revelada de salvación, no como una filosofía en sentido académico, ni siquiera como una filosofía escolástica.”

Conocieron a Platón, a Aristóteles y a Plotino. Los conocieron, los estudiaron, los criticaron, y los adoptaron en lo que era consecuente con el cristianismo.

PLATÓN
Así se fue teniendo más clara conciencia de la diferencia sustantiva que es la Creación de las Escrituras y la Eternidad de Aristóteles. De la misma manera profundizaron en el Motor Inmóvil aristotélico y el Ser autor de todas las cosas, etc.

Pero fue Platón, sobre todos los filósofos de la antigüedad, el que, desde su pensamiento pagano, dice tantos conceptos que, en lo general, no son nada extraños para el cristianismo.

Esto mismo  dice Werner Jaeger en su Cristianismo primitivo y paideia griega (Fondo de Cultura Económica, México, 1974)

Sabemos que el cielo del cristianismo se puede ganar pero, ¿cómo? ¿Cómo podría ser mediante el razonar lógico despejar lo ilógico? Eso es lo que busca resolver la filosofía.

Hay parangones humanos que podrían darnos luz al respecto. Una expedición alpina  pone pie en la cumbre de su montaña porque tenía fe de que lo lograría. Pero ya de regreso al valle el cronista de la expedición tiene que empezar a detallar cómo fue el desarrollo de todo eso. Así es el quehacer filosófico con relación a la teología:

“Los cristianos empezaron por creer, y sólo después, en su deseo de defender, explicar y entender lo que creían, desarrollaban una teología y, en subordinación de ésta, una filosofía…Ante todo creían, y luego trataba de entender.”

SANTO TOMAS DE AQUINO
En otras palabras, dejaron de atrincherarse, temerosos, detrás de las Escrituras, recitando  tautológicamente, versículos tras versículos, para, desde lo humano, tratar de penetrar más allá de las nubes:

“Es posible ver la absorción y la utilización de la filosofía griega por los pensadores cristianos como partiendo prácticamente de cero en los primeros años de la era cristiana, incrementándose gracias al pensamiento de los Padres hasta el escolasticismo medieval más antiguo, enriqueciéndose de un modo súbito, relativamente hablando, por las traducciones del árabe y del griego, desarrollándose en el pensamiento de Guillermo de Auvergne, Alejandro de Hales, san Buenaventura, y san Alberto Magno, hasta alcanzar su culminación en la síntesis tomista.”

(F. Copleston, Historia de la filosofía, tomo II, capítulo LI)

 
COPLESTON

“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra – 3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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