SAHAGÚN, LA PRÁCTICA INCREIBLE SOBRE LAS TORMENTAS


 

Detener las tormentas que amenazan hacer daño a las gentes y a las siembras, o desviarlas hacia lugares donde no perjudiquen, es una práctica milenaria en México.

Dentro de la fenomenología esta magia debe tener su lógica, pero es una lógica que ahora ya no comprendemos, de tanto leer a Kant, desde el pensamiento de la cultura occidental.

Está, eso sí, la comprensión exacta del tiempo que hizo posible  la construcción de lo que  se llama “Calendario Azteca”, más exacto en el siglo dieciséis que el calendario gregoriano de los europeos.

Pero es el caso que la gente que realiza estas prácticas son campesinos que no tiene idea ya de las complejidades de los fenómenos atmosféricos como ahora de la geografía moderna. Y del conocimiento ancestral tampoco, pues los hombres de  conocimiento fueron exterminados por los españoles y sus aliados indígenas. Y es de suponer que desconocen los trabajos del gran Fray Bernardino de Sahagún.
Suplicantes en el adoratorio de la
montaña Teocuicani.

Cristianos católicos y heterodoxos dirigen sus
cantos y oraciones hacia el altar católico.

El subconsciente colectivo lo está haciendo
 en dirección norte, es decir, hacia
el Popocatépetl.
El volcán Popocatépetl es el avatar, la residencia,
de Tezcatlipoca.

Revista Los Universitarios,
editada por la
Universidad Nacional Autónoma de México,
agosto 1979

Y, sin embargo, la práctica, mucho del ritual y la magia, persisten en la gente del campo mexicano.   Es desarrollada por los descendientes de los teciuhtlazque, conocidos ahora  como “graniceros”. Tenemos la impresión que ni siquiera saben que son continuadores de una rica y antiquísima tradición. Lo cierto es que esta práctica, auténticamente precristiana, sigue llevándose a cabo en muchas partes del campo mexicano.

Es como una especie de intuición que conoce sin pensar ni cálculos previos y, sin embargo, con sorprendente exactitud. Algo semejante  a lo que Schopenhauer dice de la virtud y la santidad: “Proceden no de la reflexión sino de las profundidades internas de la voluntad”.

Un día (a la sazón vivíamos en Torreón Coahuila) mi madre colocó en mis manos, de niño de cinco años (lo niños tenían un lugar especial en el ritual a Tláloc, dios del agua), un fragmento  de obsidiana negra  dirigiendo los movimientos de  mis manos en dirección de la tormenta y a través de las cortinas de agua que caían de manera tan impresiónate, al tiempo que ella decía repetidamente “¡Vete, aléjate!” “¡Vete, aléjate!” “¡Vete, aléjate!”

Seguramente la tormenta ya había agotado de manera natural su potencial, pero el caso es que se detuvo y no causó daños a la población. Para la creencia ancestral el conjuro había  dado resultado una vez más.

Me sonó completamente familiar cuando, 32 años más tarde, en el verano de 1972, escuché las palabras “Esperen un poco y verán como llueve”. Estábamos en la cumbre de la montaña Teocuicani (ahora señalada en los mapas como Cempoaltepetl), en los 3,100 m. s. n. m., al norte inmediato de la población Tetela del Volcán,  vertiente sur del volcán Popocatépetl.
Teciuhtlazques pidiendo agua
en la montaña Teocuicani

Periódico Los Universitarios
 

Fue el día en el que Jorge Rivera y yo encontramos la montaña que se le había perdido a la arqueología(ver detalles en este mismo blog con el título “ Teocuicani, la montaña arqueológica”).

La importancia extraordinaria de esta montaña era, y es, que en su cumbre, en la que ahora nos encontrábamos, había un adoratorio que albergaba la escultura de Tezcatlipoca, el dios más grande de todos los dioses.

 Se supone que cuando los españoles y sus indios aliados, avanzaban contra México-Tenochtitlán, los teciuhtlazque, guardianes del adoratorio, escondieron la escultura para evitar sus destrucción.


Después el lugar sufrió la suerte de todo lo del México antiguo, incluidos los aliados indígenas, los soldados lo destruyeron y los frailes lo maldijeron como un lugar en el que se adoraba al demonio. Nadie lo creyó pero todos fingieron creerlo. A los teciuhtlazque se les estigmatizó con el nombre de hechiceros.
Plataforma sobre la que se encuentra el
adoratorio
(escalones de acceso en el NE y en el SO)
Basamento del adoratorio
(accesos en el S y en el SW)

Hipotéticamente la escultura de
Tezcatlipoca se situaba en el lado norte.

Revista Jueves de Excélsior,
México D.F.10/VIII/1972

¿Los humanos son  capaces de manipular, con sólo desearlo,  los elementos naturales?Al menos un pensador, del campo occidental, Schopenhauer, se atreve a considerar un modo heterodoxo de ver las cosas, intuitivo, no siempre reflexivo, cuando dice: “No me sirve de nada ser capaz de decir en abstracto el ángulo exacto…en que debo aplicar la rasuradora, sino lo conozco intuitivamente.”

Esta situación absurda, increíble, para los teciuhtlazque, no es nada diferente dentro del pensamiento europeo cuando pedimos un milagro dentro del cristianismo, por ejemplo, ante una enfermedad terminal: pedimos que se altere todo el proceso natural por una intervención del cielo...

Por fe, llegamos a creer que el milagro se hizo presente. Se abrieron las aguas en el Mar Rojo, Moisés sacó agua de una roca con solo tocarla con una vara, Jesús caminó sobre las aguas del Mar de Galilea, la multiplicación de los panes, se detuvo el sol en Jericó, Santiago Apóstol cabalgando en su blanco caballo derrotando a los moros...

El pensamiento occidental hace sus reglas y actúa conforme a estas premisas. La magia indígena mexicana precristiana también hace sus reglas y sus premisas. Pero desde el siglo dieciséis ya no las conocemos, sólo las creemos, como el católico mexicano cree en el Nuevo Testamento, sin haberlo leído…

En la obra citada de Schopenhauer Lichtenberg, escritor del siglo XVIII, apunta: “otras mentes tal vez piensen las cosas según otras categorías, para nosotros inconcebibles.”

En la actualidad lo que queda de este importante adoratorio, conservando su trazo original, son una plataforma artificial, unos muros de unos treinta centímetros de alto, piso del estuco con dos puertas o lugares de acceso, uno hacia el sur y el otro da al occidente.
Muchas cruces grandes en los bordes del lugar. Cada año, en el mes de mayo (mes de Tezcatlipoca) suben una  cruz nueva.

Era el 3 de mayo de 1972.Los meses precedentes habían sido de mucha sequía y altas temperaturas. El suelo en derredor del adoratorio era de una tierra seca y muy “fina”, de partículas pequeñas. De esas que al pisar se levanta el polvo.
Valle (Cuenca)de México
El monte Teocuicani se localiza
en la vertiente sur del Popocatépetl,
en el estado de Morelos.

“Esperen y verán caer la lluvia” seguía diciendo la voz del campesino anciano, que era el que dirigía la ceremonia de una veinte personas entre adultos, hombres, mujeres y niños que había subido a la cumbre unos caminando y otros en caballos.

Plenamente familiarizado con aquella práctica, por lo que había vivido de niño en la tormenta de Torreón Coahuila, y por lo que en la vida había leído de Sahagún y Duran, ambos cronistas inmediatos a los días de la conquista de México-Tenochtitlán.

Además conocía lugares, cuevas someras, en las cañadas  el suroeste de la montaña Iztaccihuatl, en la cota de los 3,500 metros,en las que se llevan a cabo ceremonias de corte precristiano a las divinidades del agua.
De la obra de Sahagún.
Dibujo del  año de la conquista.
Muy ajustado a la realidad.
A-SIERRA DE PACHUCA
B-SIERRA DEL AJUSCO
C-SIERRA ALTA DE LAS CRUCES
D-SIERRA DE CRUCES BAJAS
E-SIERRA DEL TLALOCAN
(AHORA SIERRA NEVADA)
4-UBICACIÓN DEL MONTE TLALOC
1-IZTACCIHUATL
2-POPOCATEPETL
3-MONTE TEOCUICANI 

 Tan las conocía que en  ellas dormíamos,  en el transcurso de nuestras escaladas, en el flanco occidental  a la Iztaccihuatl. Particularmente en la cañada de Milpulco y la de Alcalican, en el suroeste de la montaña, el adoratorio de  Nahualac, en la cañada central con nombre de Hueyatlaco y la cañada de más al norte, que empieza en el macizo montañoso del Teyotl, conocida como del Negro, y en la cual se encuentra el adoratorio precristiano de El Solitario.
Sistema de cañadas del flanco occidental,
de la montaña Iztaccihuatl, a la que se hace
referencia.
El Adoratorio El Solitario está marcado
con el número 1

No obstante veíamos, con escepticismo, el cielo azul sobre la montaña Teocuicani, el Popocatépetl y hasta donde alcanzaba la vista en todas direcciones, y sólo  alguna nubecilla blanca y lenta.
que nos decía que tampoco el viento traería nubes de lluvia.

Media hora después empezaron a caer gotas de agua, tan grandes, que se hundían en la tierra fina y seca.

 El viejo  y contemporáneo teciuhtlazque nos dijo: “Les dije  que llovería hoy mismo”. Agregó: “Ahora lo que sigue es enviar el agua, es decir, la lluvia, para los terrenos que la necesitan, porque hay envidiosos que la quieren acaparar para ellos aunque no la necesiten.” ¿Cómo hacen eso?”. “Girando los brazos de esta cruz hacia los rumbos que sea necesario, para allá se va la lluvia.”
Interior del adoratorio, visto desde el acceso sur.

Al fondo el altar cristiano, en  el
lugar residencia de la estatua de
Tezcatlipoca.

En el piso se ven recipientes de copal ardiendo,
y comida, tal como dice Fray Diego Duran que
depositaban, en tiempos precristianos,
los "mantenimientos".
Revista Los Universitarios.

La gente, toda ella de campo, es decir, campesina, seguía quemando copal y cantando en dirección al Popocatépetl. Lo hacían en español y para nada mencionaba a Tláloc, dios de las tempestades del que de seguro ya nada sabían, pero su canto invocaba al “Señor del Agua y los Granizos”.



Le pedían agua. Así, el papel de los teciuhtlazque es de intermediarios. Puede no concedérseles siempre pero a través de los siglos siguen pidiendo, lo que quiere  decir que sí se les concede...

En cierta ocasión Goethe le sugirió a Hölderlin que se apartara de la filosofía pues el razonar lógico no ayudaba a la inspiración poética.

También la magia del México indio es otra dimensión que escapa al razonamiento lógico de la filosofía occidental.

Lo que dice Fray Sahagún de los teciuhtlazque :

“Esta gente cuando veía encima  de las sierra nubes muy blancas, decían que eran señal de granizo, los cual les venían a destruir las sementaras, y así tenían muy grande miedo…Y para que no viniera el dicho daño en los maizales, andaban unos hechiceros que se llamaban teciuhtlazque, que es casi estorbadores de granizos, los cuales decían que sabían cierta arte o encantamiento para quitar los granizos y para enviarlos a las parte desiertas y no sembradas ni cultivadas, o a los lugares donde  no hay sementaras ningunas.”
SAHAGÚN

Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, séptimo libro, capitulo VII.

AGUSTÍN, EL RIESGO DE LA LECTURA


 

Leer es el imperativo que escuchó Agustín, cuando estaba  bajo una higuera.

Hay varias versiones sobre este episodio en la vida del santo. La más cercana a él es la voz  del cielo que le señalaba la lectura de la Biblia.

Llevaba ya muchos años investigando, y hasta militando, en diversas corrientes de pensamiento que venían de la antigüedad griega. Pero sentía que eran modos no suficientes de valores vitales.

¿O que leyera a Platón, era lo que le decía la misteriosa voz? Es conocida la fuerte influencia que este filósofo tuvo en el pensamiento de Agustín.

El punto es que él declara a su madre, Mónica (Santa Mónica), que tanto le insistía se convirtiera al cristianismo, que mucho de lo que aquí se profesaba ya lo conocía:

 “Púseme a leer y descubrí que todo lo que había leído de verdadero allá en los platónicos se decía acá.”

O pudo tratarse de una adecuación literaria del propio Agustín-piensan algunos biógrafos suyos-  de algo que había oído de Ponticiano.

 Como haya sido estamos ante un a priori facilitado por la lectura de Mateo XIX, 21 que habla de lo que le sucederá a aquel joven rico que quería seguir a Jesús. La condición era que lo dejara todo, pero no pudo.

La lectura es eso, un a priori, un conocimiento antes de haber tenido personalmente la experiencia empírica.

Semejante sería la experiencia del joven judío rico, con Jesús, a la literatura personalizada que dijera a alguien que busca: “¡Deja tu celular y sígueme!”

No porque esa maravilla tecnológica sea mala sino porque distrae al tomarse como un fin y no como un medio de comunicación.

Nadie puede decir que el dinero o el celular sean malos, puesto que todos los buscamos. Pero como dijo Jack Reacher, el personaje de la película: “el oro vale según la persona que lo posea”

Lo mismo puede decirse de un libro. Lo que se busca en la lectura del libro no es lo que dice el libro sino cómo soy yo, el que lo lee.

Stekel, el psiquiatra del primer tercio del siglo veinte,  autor del célebre libro La mujer frígida, dejó asentado que la práctica de la ciencia, de cualquier disciplina académica, va ser desarrollada no según  la lógica de la razón académica sino cómo el académico es.

La materias de la Facultad de Medicina son las mismas para todos pero hay médicos que son una salvación para la vida y otros su molde contrario.

Rififi entre los hombres fue una película francesa, de mediados del siglo veinte, que mostraba cómo unos malandrines planean robar un banco alquilando  el departamento arriba de ese banco. Siguiendo la lección en México se dieron varios casos copiando los pasos de la película.

Otros, en cambio, hicieron lo posible, o hasta lo imposible, por ayudar. Como el caso del defraudador de inversionistas, del cuento de Graham Greene. Seguramente había   leído en su niñez, o escuchado de algún predicador, y ahora era la oportunidad de ponerlo en práctica.

El sagaz defraudador de inversionistas murió tratando de salvar a un perro. Greene deja entrever que ese perro es el avatar de la divinidad que viene a salvar al defraudador, no al revés, el defraudador salvando al perro.

 Y ese es todo el proceso que implica el ponerse a leer, buscándose a sí mismo.

Al revés del  que no quiere encontrarse a sí mismo, como el hombre- vampiro que no tiene espejos en su castillo. O como dice Séneca: “Buscas a otros no por su amistad sino para no encontrarte contigo mismo.”

Ahora le echamos la culpa, de todas esta distracciones, al liberalismo moderno, que apartan la atención, de los pueblos, de temas considerables, para ir tras de las ruidosas  banalidades.  

Pero Werner Jaeger dice lo mismo de la gran cultura griega en el siglo cuarto antes de Cristo: “Se prefiere la peor comedia  a las sentencias más escogida de los poetas más profundos. Con la literatura ocurre lo mismo que con la comedia: no gusta lo que es sano, sino lo que produce placer.”

Paideia, los ideales de la cultura griega. Fondo de Cultura Económica, México, 2002.

Ampliamos la experiencia de Agustín bajo aquel árbol: “Toma, lee y encuéntrate  a ti mismo”. Lo hizo  en la lectura de Mateo, él sí se encontró y dejó todo y se fue en pos de Jesús.

No hace falta, como hizo Dorian Grey,  encerrar su metafísico retrato bajo llave para que nadie descubriera su realidad. En la actualidad el famoso liberalismo moderno me  proporciona muchas maneras de distraer mi atención para que no mire hacia el libro.

Y hay países en los que su Secretaría de Educación Pública no llama mucho la tención de su pueblo hacia la lectura del libro.

Toda su obra de Agustín gira en torno del ejercicio de su enorme voluntad de no hacer lo que quería hacer. Apreciaba  la realidad del mundo fenoménico casi como un sibarita. Y su mérito, que lo llevó a Jesús, fue no hacer lo que tanto deseaba hacer.

Gareth B. Matthews, comentando la obra de Humpty Humpty dice, a propósito de la fuerza de voluntad: “Fuerza de voluntad es tratar al máximo de no hacer algo que realmente queremos hacer.”

El niño y la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 2014

Pregunten a un bebedor  crónico, a un fumador empedernido o a un comedor compulsivo, si es fácil no hacer lo que se desea con toda el alma hacer...  

Es un hecho que los escritores encuentran  su vocación siendo lectores. Agustín mismo es un excelente escritor porque, cuando llegó a las  playas del cristianismo, ya había leído cuanta teoría filosófica caía en sus manos, sobre todo de la cultura helénica y su paradigma Platón. Siguió con los romanos clásicos, Cicerón, Séneca, Marco Aurelio, Plotino…

El libro es como la hidroquinona (o el elon), la substancia química en fotografía, que hace aparecer la imagen en la charola del cuarto oscuro del laboratorio de fotografía.

La imagen que aparezca en el fondo de la charola del revelador ya no es responsabilidad de la substancia hidroquinona.

Si lo que resulta es un Al Capone o un San Agustín, ya no es cuestión del libro…

 
AGUSTÍN

"Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430),1​ es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad.2​ Autor prolífico,3​ dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas.” WIKIPEDIA





 

 

 

 

 

 

 

 

 

UN VIAJE A LA CALZADA DE LOS MUERTOS, TEOTIHUACAN



Todo transcurre en esta calzada.

Se eleva, desciende, se eleva, desciende, se eleva…

En el extremos sur de la Calzada es la Tierra y en el norte el Cielo. La oscuridad y la luz.

El cielo y el inframundo son por sí, o, como se dice en el pensamiento occidental, son "cosas en sí”, fuera del tiempo y del espacio.



A-Río San Juan. B-Pirámide del Sol. C-Pirámide de la Luna. k-k Calzada de los Muertos.
En rojo el área considerada en la presente nota.
Con base en un dibujo del  Instituto Nacional de Antropología e historia,
Guía Oficial,1965.
Pero en un sector de la calzada, al que nos referimos, en esta nota, es donde tiene lugar la dialéctica, el movimiento, donde la potencia deviene, se mueve.

¿Para qué se mueve?¿Para qué se sigue ese principio de razón suficiente, como diría  Schopenhauer(el por qué).Para tener un alejamiento de la fenomenología.

Pirámide del Sol, desde la Calzada de los Muertos
Foto de Armando Altamira G.
Que se logra con  una manera de conducirse en la vida lo más lejos que sea posible, del pensamiento del tener, más allá de las necesidades básicas.

En el trato con los demás, que el ego no se desborde hasta el solipsismo. Que tu riqueza material  no dé por resultado la pobreza de los otros…Todo esto está plasmado en la obra monumental de Fray Bernardino de Sahagún: Historia General de las cosas de la Nueva España.



Dibujo tomado de El País
23 Dic.2017 
 


A-Ciudadela (en la actualidad tiene ahí lugar la exploración arqueológica  del Mictlán).B-Pirámide del Sol. C-Pirámide de la Luna. M-M Río San Juan-T-T Calzada de los Muertos. El rectángulo en rojo es el área a la que nos referimos en esta nota.
Dibujo con base en la publicación citada del INAH. 
En el Popol Vuh el principio de razón suficiente es que los hombres puedan ser tan evolucionados que sean capaces de adorar a los dioses pronunciando correctamente sus nombres.

El principio de razón suficiente en Teotihuacán es otro. Que los espíritus de los hombres también alcancen la categoría de dioses.

En el sur la oscuridad, Mictlantecutli, dios del inframundo. En el norte Nanahuatzin convertido, autoconvertido, en el Sol detrás del sol, que ilumina todo (pirámide del Sol). Y Tecuciztecalt, el dios que ilumina la noche (pirámide de la Luna).

Pirámide de la Luna,vista desde el sur,en la Calzada de los Muertos
Foto de Armando Altamira G.
Hay una región, un segmento, intermedio, en la Calzada, donde tiene lugar la batalla de la purificación para el humano, ya espíritu, y así pasar al Cielo, al Tlalocan, pues aquí no hay Infierno ni Purgatorio.

Hay caída y recuperación, o elevación, pero, como en la banda sin fin que hay en la Basílica de la Virgen de Guadalupe,  de México, nadie se detiene, todos pasan.

Una vez dejada la vida del tener humano, del ego, es imperativo empezar a caminar por el submundo, el Mictlán, como un túnel en la oscuridad, (que empieza en la Ciudadela) que no es nada temible, es también un cielo, el más bajo, de los cielos, en sentido vertical del pensamiento náhuatl, que comprende los nueve cielos, hasta arriba el Tlalocan.

Las excavaciones que aún se llevan a cabo por la arqueología, en la zona conocida como la Ciudadela, descubren de dónde partía el alma del recién muerto; de la pirámide de Tlaloc-Quetzalcoatl.

En Teotihuacán hasta los dioses tienen la potencia de elevación, tal es la Leyenda de los Soles mediante la hoguera transformadora. Aquí, en lo espiritual teotihuacano, como en el universo fenoménico, nada está acabado. En otras palabras, se busca siempre más perfección.

Y como ellos, los humanos, o sus almas. En Teotihuacán ya nada es humano, todo es metafísico. Por eso es la “ciudad donde los humanos (fallecidos) se hacen dioses”.

Originalmente se escribía: “donde los hombre se hacen dioses”. Se trata de una redacción de la época porque en la religión teotihuacana hay igual número de dioses como de diosas (son matrimonios tales como Mictlantecutli con su mujer Mictlancihuatl, Tláloc,  con su esposa Chalchiutlicue, etc. Aquí no cabe la sospecha de misoginismo teológico.

Sabido es que en las etnias mexicanas, hasta en la actualidad del siglo veintiuno, cuando los humanos tienen vida, la abuela, la madre, no son figuras de segunda, por el hecho de ser mujer, como la ciudad industrial ha hecho en la economía del liberalismo moderno.

Pasando el río San Juan, hacia el norte, hay una zona de singular trazado, y es la que interesa en esta nota.

Lo regular de la Calzada que empezó al sur del Río San Juan, de pronto  se ve interrumpido por un muro  bajo escalonado que hay que subir y del otro lado otros escalones para descender hacia otra vez el terreno plano. Pero ya se ve que más adelante esto se repite varias veces. Subir y bajar, subir y bajar. Como un prefigurar el reptar de una serpiente. Una serpiente que intenta despegar del suelo y  remontar el vuelo.

Cuando este tramo haya terminado se desemboca por fin otra vez a la horizontalidad continuada de la Calzada. Es ya  la religión del Cielo, que llevará  a Tepantitla, la pintura del Tlalocan, el Paraíso, en el noreste dentro de la misma zona arqueológica.

En el segmento mencionado del subir y bajar, es  donde se da el ejercicio de purificación antes de pasar al norte y ser ya parte de los dioses.

 En Tepantitla los humanos, ahora, puro espíritu, viven y conviven, juegan entre flores y mariposas solares. “Donde nunca faltan los mantenimientos como el maíz, la calabaza, el frijol…” dice Fray Bernardino de Sahagún.

En el pensamiento náhuatl todo es una preparación en esta vida para el momento que empiece la otra vida. Está la dialéctica por devenir entre los opuestos, que da movimiento, que permite ser en el hacer, en el movimiento. De  ahí el glifo omnipresente del olin (movimiento), que los occidentales llaman los contrarios.

De tal manera que si hay cielo hay tierra. Si hay metafísica, hay fenómeno. Traducido a lo occidental sería pensamiento lógico, la razón y su sinrazón, o lo material y la libertad, lo nouménico que es extrafenomenal, etc.

La palabras Infierno, pecado, purificación, son propios del cristianismo que, metidos con calzador por los frailes religiosos del siglo dieciséis en México,  causan mucha confusión y lleva  a consideraciones hueras porque no se están delimitados los conceptos en sus respectivos terrenos, o modos de pensar.

En el pensamiento náhuatl no hay caída, por lo tanto no hay pecado, como se entiende en Occidente. Tampoco Infierno ni Purgatorio. No hay Luzbel ni brujas como en el Aquelarre de Walpurguis de Goethe. Lo más que podría parecernos aterrador, ya con pensamiento occidental, sería Mictlantecuhtli, el dios del Mictlán, el Inframundo. Pero el Zompantli, el Muro de los Cráneos, omnipresentes en todos los pueblos civilizados del México Indio, es un recordatorio de algo inevitable para todo humano, no es nada punitivo. Es como en el pensamiento de Epicteto, un recordatorio que estamos de pasada en este mundo, que por lo tanto nada nos pertenece para siempre y es una absurdo el acumular cosas en lugar de valores esenciales.

Wallander el detective, de la serie policiaca del cine, le preguntó alguien que pasaba si tenía cambio para sacar algo de la máquina, de cosas en venta, en el interior de un hospital. El otro le contestó: "Voy a estar muerto en tres semanas, ¿para qué necesito dinero?"
No para siempre en esta vida, sólo de pasada.

Pieza zapoteca que representa la vida y la muerte.
Museo Nacional de Antropología e Historia.
México.
(de la revista Antropología Mexicana,
Vol. IV,Num.20)

El humano en el cristianismo debe luchar por hacerse un lugar en el cielo, o de lo contario, le espera la barca de Caronte…

En el Purgatorio se vive una etapa de purificación en espera de ver la luz verde que le dará acceso al Cielo.

 Purificación es un término muy occidental, muy cristiano, por lo del pecado, que no cuadra con el pensamiento náhuatl. Recuerda a Virgilio y a  Dante cuando ascienden al Purgatorio qué es eso, como una estancia en la que lo impuro acaba por filtrarse para después seguir al Paraíso.


 Tlalocan, en Tepantitla.

Nótese la vírgula voz, hablan, juegan,
conviven.
Y, entre todos, revoloteando, la mariposa
solar, avatar de la divinidad.
 Divinidad en plural.

Foto de Armando Altamira G. 
En Teotihuacán sería transformación. Como hace la crisálida antes de emprender el vuelo como mariposa. Por eso el otro avatar de lo divino, que mora en las representaciones en Teotihuacán, en Tepantitla, es la mariposa solar.

Lo que tienen  que resolver los pre-dioses, en este segmento de la Calzada de los Muertos, es lo que dejaron de hacer en favor de los dioses cuando tenían vida biológica.

En la medida que  lastimaron a sus semejantes, y pervirtieron la obra de los dioses teotihuacanos, en esa medida ascenderán y descenderán, ascenderán y descenderá, ascenderán…

SCHOPENHAUER, LA NEGACIÓN DE VIVIR


 

Vivir sería, para este pensador, poseer setecientos pantalones para su uso particular, ochocientas camisas, doscientos automóviles, diez aviones para él, treinta transatlánticos, (mujeres, todas las que se pudiera con tal potencial económico…) y ser el número uno entre los tres hombres más ricos del mundo, según dicen  las revistas especializadas.

La negación de la voluntad de vivir, en cambio,  es retraerse, conscientemente, a las necesidades básicas para existir. O no salir de ellas en caso de poder hacerlo.

Jesús no tenía una almohada para recargar la cabeza cuando dormía. El Papa Francisco al ser electo, cabeza de mil millones de católicos, seguía llevando sus zapatos usados de siempre, según destacaron los paparazzo.

Y quinientos años antes de Jesús, y dos mil quinientos  años antes del Papa Francisco, Sócrates ya había observado: “la ciudad está llena de cosas que no necesito”."

"¿Por qué añadir más objetos a un mundo que no los necesita-respondió Manuel Borja-Villel en una entrevista que le hicieron respecto al arte y que salió publicada en El País 2/12/17,Pág.10, del Suplemento Cultural Babelia-En nuestros decorados, donde cualquier  cosa acaba siendo una mercancía. Napoleón es la marca de un coñac." 
 

Aquello es, en pocas palabras, lo que Schopenhauer quiere decir  con vivir, y con la negación de la voluntad de vivir, en el cuarto libro de su obra El mundo como voluntad y representación.

Y también es lo que más o menos mil pensadores, de primera línea, han bregado en sus escritos para referirse a la abundancia patológica y la sobriedad en el vivir: los sibaritas, los estoicos…

De los modernos, Santayana insiste en ese modo de ver las cosas. Cuestiona el término de “prosperidad”  que nos ha metido en la cabeza el liberalismo moderno, a cambio del (sacrificar) progreso, que es cultural, que por cierto nada tiene que ver con eso del “progresista”.

Este liberalismo moderno, insiste Santayana, que hace, con la celeridad y la exactitud de una moderna máquina, ciudadanos funcionales para el consumo.

Lo que vivimos es querer “subir” a la otra categoría social. De obrero a la clase  de la media de la sociedad, de esta a la clase dirigente  alta y de esta a la de revistas especializadas...

No es raro en nuestros días, que un obrero sindicalista  empiece  pegando  afiches en las calles  de la huelga de  fábrica en la que trabaja. Llegará a ser secretario general de su sindicato, diputado, luego   senador y de esta manera estará colocado ya en la tercera base para lanzarse corriendo a home.

Es legítimo aspirar a más pero, como dice el poeta: “lo malo, para la sociedad, es de los medios de los que se valió”.

Schopenhauer pone como paradigma de esta negación de la voluntad de vivir, así como queda dicho, al mismo Jesucristo y a los santos  y ascetas tanto del cristianismo como del budismo.

“la Gracia, la negación de la voluntad, la salvación, está simbolizada en el Dios hecho hombre, el cual, limpio de todo pecado, o sea de toda voluntad de vivir…”

Por el tener se puede perder  el alma (todo depende los medios para obtener de esa riqueza)y se pervierte a la sociedad. “Reparte tus riquezas  entre  los pobres y sígueme” le dijo Jesús al rico que quería ser uno de sus seguidores cercanos. No lo siguió.

 Schopenhauer habla también  de los extremos tanto del vivir como de la negación de la voluntad de vivir: ambos acaban en la nada.

Como las esculturas en hielo que algunos gustan  hacer en países tropicales... 

Sibaritas que reventaron en la molicie y ascetas que se les pasó la mano en el abstenerse.Esta es la última consideración de la obra de Schopenhauer a la que nos hemos  referido: todo acaba en la nada.

Al estilo de un escalador que, al abandonar la cumbre, efectúa un rappel, o descenso por cuerda, sin haber comprobado, oportunamente, si la cuerda llega a la base…

Y como no somos santos, ni ascetas, pero sí  inclinados a alejarnos de la “prosperidad” del liberalismo moderno, procuramos que la cuerda sea suficiente para no caer en la nada.

Si Schopenhauer fuera teólogo diría que con la muerte llegamos a otro modo de  vida.

Schopenhauer es filósofo y es perfectamente natural, y no hay porque alarmarse, que diga que con la muerte nos espera la nada.

Hasta que algún  filósofo  pruebe lo contrario, seguirá siendo la nada.

Con esto estamos de regreso de donde partimos porque, anota el mismo Schopenhauer, la nada es. No se trata de un vació, como comúnmente imaginamos, sino esa nada es una importante pieza en el ajedrez filosófico.

Una cosa es segura: esa nada, esa negación de la voluntad de vivir, está muy lejos del liberalismo moderno, fabricante de consumidores compulsivos.

SCHOPENHAUER
“Arthur Schopenhauer [  'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?•i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788 — Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”Wikipedia

EPICTETO Y SU INDIVIDUALIDAD


 

Individualismo, dentro de una sociedad, es lo que Epicteto considera a través de sus máximas.

Una nota propedéutica, para entender a Epicteto, es la consideración que hace de la muerte. La velamos para poder vivir ya que su recuerdo constante nos metería en un cuadro de tensión insoportable.

Pero, dice también  que, si no la perdiéramos de vista, veríamos que todo es tan efímero que nos cuidaríamos de situaciones y de acciones.

Construimos castillos como si fuéramos a vivir por lo menos mil años. Esto nos lleva a relacionarnos con los otros y exponer nuestra individualidad.

 Y no cabe lo de la heredad a los hijos. Grandes y graves conflictos vive la familia después de fallecido por haberse resistido a hacer testamento. ¡Quiso llevarse todo para la tumba pero no se pudo! Allá empezaba una vida donde ya no cabía lo fenomenológico…

En otras palabras, sea aferró a sus pertenencias, casa, mujer, hijos, fama, con la idea de los faraones de llevarse todo  para la otra vida. Y lo más que podemos llevarnos es la tierra que tenemos debajo de las uñas.

¿Individualismo extremo o universalismo exagerado? Sería solipsismo, egoísmo al máximo, que perjudicaría a la sociedad, ya sea cercana o lejana.

En este mundo globalizado si alguien fuma en México el humo de su cigarrillo va a llegar a China y luego lo tendremos de regreso en México.

Pero una convivencia  descuidada sería perjudicial para el individuo dado las costumbres relajadas que suelen proliferar en la sociedad.

Epicteto dice, en su obra Manual, de la costumbre de ir a los baños públicos que fueron famoso en Roma. Pero que, a juzgar por lo que dice este filósofo, se daban en estos lugares situaciones nada convenientes en muchos sentidos y el lector puede imaginar cosas.

El caso es que Epicteto fija su postura ante esta situación. Acude a los baños pero, al margen de lo que  ahí se dé, él va  a comportarse como él es y no seguirle el juego a los demás:

“No he venido aquí solamente para bañarme, sino también he venido con resolución de no hacer nada contra mi modo de vivir, el cual yo no observaría  si sufriese con algún pesar o desplacer las insolencias que aquí se cometen.”

Se necesitaría que la media de la sociedad poseyera una cultura de calidad para poder seleccionar sus preferencias, no  ser arrastrado por el criterio  fácil.

Los medios de información masiva, televisión y prensa, tienen programas para todo público, de calidad y de diversión. Y de diversión soez.

De tal manera que si se carece de vitaminas culturales, la diversión soez hará presa en un público mayoritario. Por lo mismo parecerá que esa diversión soez es lo “normal” de la cultura de tal país.

Sabemos que para que haya cultura debe haber una buena economía y no se sienta apremio de subsanar  las necesidades básicas.

En los países de la economía precarizada, por lo mismo, la tónica será de desnutrición cultural. En  otras palabras, ganar para comer ese día no deja tiempo para pensar. Pensar en cuestiones trascendentes.

Necesario insistir que en condiciones así la gente no tiene mucho tiempo de pensar más allá de lo inmediato que se presente en el día.

Pero tampoco los países de buena economía se avocan mucho a la cultura porque ahí la divisa es el tener y no, de manera prioritaria, el saber.

Epicteto habla de lo que después tomarán muchos filósofos y es que ya en su tiempo se tenía en alto grado lo que ahora algunos llaman consumismo:

“Si tienes amor a tu cuerpo y a tus bienes, estás perdido; ya eres esclavo. Ello es tu verdadera cadena, tu punto vulnerable.”

No es necesario culpar a los medios de lo que uno decide agarrar. Ellos hacen la oferta, bien intencionada, o manipulada, y uno sabe si la agarra o no. A eso se reduce todo.

Epicteto (55 a C-135) fue llevado a Roma como esclavo en tiempos de Nerón, que gozaba todavía de fortaleza económica. Pero tenía una plebe (esta palabra es muy usada por los historiadores cuando se refieren al pueblo romano del común) con costumbres relajadas que le sirvieron a Epicteto para observar al conducta humana propia, suya, y de los otros.

Nadie escribe con seguridad de lo que  no tiene a la vista.  Los novelistas construyen sus obras echando mano de los suyo, de lo que  ven en los otros y lo sazona con  la imaginación.

Schopenhauer observa que Dante fue muy preciso en cuanto refiere cosas del Infierno, porque tuvo como modelo, vivo  y cercano, la conducta  de los hombres. En cambio cuando llega a lo del Cielo ya no  tuvo parámetros  cercanos en que apoyarse  y le fue necesario   recurrir  a lo que dijeron los santos y las Escrituras.

La plebe romana, entonces, fue el modelo de Epicteto. Y que contrastada esa conducta con la de las clases de elite, no diferían mucho. Por lo que acabamos de señalar. La plebe buscaba comer y los jerarcas buscaban tener. Tener de todo y si medida, menos cultura.

Pocos de estos privilegiados por el poder, se dedicaron a saber, pensar y a escribir: Cicerón, Séneca, Marco Aurelio… Y casos extraordinarios, como el mismo Epicteto, que de ser esclavo y, se supone, hijo de esclavos, supo abrirse camino en el mundo de las ideas.

 Nadie es dueño de la inteligencia, pero del dinero sí,  lo que hace que la inteligencia no salga de su estado potencial.

De la misma manera, la filosofía no es propiedad de nadie, decimos nosotros, aunque de seguro ya alguien se nos adelantó en decir lo mismo. Y para filosofar, es decir vivir, pensar y escribir, se necesita cierta, o mucha, independencia. Aquí es donde se pone a prueba lo que dice Epicteto respecto a la individualidad o la universalidad.

Quedaría la esperanza del Estado, que propiciara el contexto adecuado para el pensar. Pero por lo general los políticos, de todo el mundo, están muy ocupados en tratar de cumplir lo imposible: lo que con tanta facilidad prometieron en tiempos de campaña electoral…Siete mil millones de humanos quieren comer no, prioritariamente, pensar.

Dibujo tomado del diario El País.
Contrasta Epicteto el individualismo con el universalismo. Lo torcido que podemos ser en lo individual y lo torcido que de seguro somos en lo general. Y ofrece sugerencias  para corregir el camino. En bien del individuo y en bien de los otros.

Desde luego  esas sugerencias más bien parecen imperativos categóricos. Esos imperativos categóricos no son exclusividad de Kant, sino que se usan hasta la presente del siglo veintiuno, y Jesús habló ya la mayor parte en imperativos categóricos, aunque estos estuvieran expresados en parábolas.

“No todos encajamos en este mundo” dijo River, el detective de la serie de cine. “En este mundo, eso, no alcanza. En este mundo, debes poder…asentir, sonreír, y beber una pinta y decir:¿Qué tal estuvo el día. En este mundo nadie puede ser diferente o extraño, o problemático, o te encerrarán.”

Esto es lo que espera al  individualismo.

EPICTEO
“Epícteto (en griego: Επίκτητος) (Hierápolis, 55 – Nicópolis, 135) fue un filósofo griego, de la escuela estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Hasta donde se sabe, no dejó obra escrita, pero de sus enseñanzas se conservan un Enchiridion (Ἐγχειρίδιον) o 'Manual', y en unos Discursos (Διατριβαί) editados por su discípulo Flavio Arriano.” WIKIPEDIA

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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