PLOTINO Y MORENTE: EL ALMA


 

¿Qué pueden tener de común, en su discurrir intelectual, dos filósofos con 15 siglos entre ambos? El alma.

El motor, el primer motor que mueve las acciones y las cosas, es la voluntad, para Schopenhauer. Para Morente lo que mueve todo es el yo. Mi yo íntimo, (a diferencia de mi yo público). Mi yo es el espíritu del alma, dice Morente.

“El yo contempla todo lo que sucede en el alma; el yo es conciencia, es el que toma la cuenta al alma; es el espíritu del alma.” (Manuel García Morente, Estudios y ensayos)

Pero el  que ejecuta las acciones es el alma. Mi yo íntimo puede ser tan osado como Aquiles, o tan supremamente valiente como Cuauhtémoc, o como Héctor, el de Troya, y mi alma, según su constitución, lo hace, o no lo hace.

Mi yo puede aspirar a la santidad pero no tiene lo suficiente para tal empresa y me conduce en dirección contraria.

Sé lo que es bueno y hago lo malo, dice San Pablo.

 O tipos malos, como Jean Valjean, quieren hacer el mal y hacen lo bueno. En política, en tiempos de precampaña, miles son redentores de la humanidad, pero al final del sexenio vemos que sólo tres pasaron la prueba. En los lugares santos  hay algunos demonios vestidos de frailes.

Dibujo tomado de
El País
21 octubre 2017
Otra manera de decirlo es: “No crecemos con los años sino con las cosas que nos tocan vivir.” (Pensamiento de la película Winter Sun)

“El yo no es, pues, lo que efectivamente somos, sino lo que quisiéramos ser.” Morente.

“El camión al infierno está empedrado  de buenas intenciones”,   dicho popular.

El yo, en cada caso particular, soñaba con grandes propósitos, pero su alma no estuvo a la altura de las circunstancias.

Blaise Pascal se lamenta: “cómo conoceremos netamente las substancias espirituales, teniendo un cuerpo que nos agrava y nos abate  hacia la tierra.”(Pensamientos)

Para Plotino el alma está en los linderos de lo espiritual y lo fenomenológico.

Llega a estar cuando hay correspondencia de alma  y el yo. “Las mejores logradas son aquella líneas rectilíneas y armoniosas en donde el alma da al yo, medios para la realización de lo que el yo quisiera.” Morente.

Esta particularidad del alma de, según su consistencia, su fortaleza o su debilidad, la expresa Plotino:

“inclinándose a la materia, el alma se reduce a impotencia completa, por agotamiento total de sus facultades propias, y lo contrario acontece si se eleva hacia la inteligencia y recobra de tal manera la plenitud de las potencias del Alma Universal.” (Eneada primera)

El yo, dependiendo a la distancia en la que se encuentre, del Alma Universal, es el que va  a aspirar a esto o a aquello. Si cerca, se elevará, si lejos, descenderá.

Pero no hay que mirar hacia las nubes para tratar de descifrar lo que, al parecer complejo, nos dicen estos pensadores. Lo que nos dicen, a su modo, es lo que está pasando cada día frente a nuestras narices.

Almas fuertes que estuvieron a la medida de su yo. O almas débiles, con respecto a su yo, que quedaron en meras palabras sus buenas  intenciones.


( Morente es un ilustre pensador español de esos que no nacen todos los días, por más que algunos de sus paisanos digan lo contrario)
 

 
PLOTINO

“Plotino. Nació en el 204 ó el 205 en la ciudad egipcia de Licópolis, hoy Assiut. En el 232entró en el círculo de Amonio Saccas (o Sakkas) en Alejandría, de quien también fueron discípulos Orígenes (no el cristiano)[cita requerida], Longino y Erenio. Se embarcó en 244 en la expedición del emperador Gordiano III contra los persas con el propósito de conocer la filosofía de los pueblos orientales. Fracasada la expedición y asesinado el emperador, logró dificultosamente refugiarse en Antioquía. Abrió en Roma una escuela de Filosofía (246) y llevó una vida severa: era vegetariano, no se casó ni se dejó retratar "para no dar lugar a una sombra de otra sombra". Se le atribuyeron dotes místicas de visionario y se dice de él que recogía niños huérfanos y les daba educación. Su discípulo Porfirio, autor de su biografía Vida de Plotino y de la sistematización y publicación de su obra central Enéadas, refiere que en los seis años que estuvo con él tuvo hasta 4 uniones místicas”WIKIPEDIA.

 

 

 

 

 

 

MORENTE: APRENDER A ABURRIRSE

La vida no debería ser tan complicada, ¿Cómo llegamos a esto? ¡A no aburrirnos!

¿Por qué ya no camino por las calles solo, acompañado con mi yo, con mi otro yo, con mimismo? Menos pensar en una excursión a la media o a la alta montaña solo, por dos o tres noches con sus días.

Hacer eso es corre el riesgo de encontrarme con mi  yo íntimo.

 “La multiplicación de  una semicultura general  que capacita a todo el mundo para hablar verosímilmente de todas las cosas, infunde en todo el mundo la inseguridad, la incertidumbre vacilante de quien no está sólidamente encajado en una convicción.”

Eso dice Manuel García Morente, filósofo español de principios del siglo veinte (1886-1942) que escribió del mundo que él veía, lleno de ruido  y de ir por todos lados muy de prisa.

Esto dice del yo público.

Morente ya veía mucha prisa y oía mucho ruido. Eran apenas los tiempos en que  los automóviles necesitaba que se les  diera “cran” para echar a andar el motor.  Y el ruido era el que salía de la vitrolas, aunque ya estaban por salir al público las rockolas-sifonolas.

¡Estas hablado del siglo pasado!

La perennidad de algunos pensadores descansa en que  dicen cosas que sirven por siempre a la humanidad. Epicteto (hace 25 siglos), Séneca, Descartes, Schopenhauer, Nezahualcóyotl, Emerson… “Son escritores ya muy viejos”, oímos decir a gente que no tiene idea de qué escribieron.

En alguna gaceta leyeron que ya son muy viejos.

Novelista, poetas y periodistas, con cultura, se alimentan de ellos  pero ya no los nombran. No lo hace de mala fe. Sólo que ya no hay tiempo de poner entre paréntesis, comillas o menos aun bibliografía o datos biográficos.

Ahora ya tenemos mucha prisa por escribir y publicar.

Quién sabe cómo sea en otras áreas de la vida, pero en literatura sigue siendo valedero reivindicar aquello que el tiempo pasado fue mejor: “Era la época-dice Morente- en que los escritores escribían gruesos volúmenes y los lectores los leían.”

Como, decimos nosotros, Margarita  Mitchell, o Mary Ann Evans.

 Siguen  escribiéndose esas grandes obras,  para ser justos, pero en una proporción como el agua que ahora baja de los glaciares…

 “En el fondo, el hombre  moderno está más solo que nunca, en medio de la vorágine actual. Pero lo terrible es que no se da cuenta de esa su soledad.”

Hay solitarios, pero no por elección propia sino, porque el mundo los rechaza.
 
No es abstracción lo que se busca frente a la sociedad. El trato público que absorbe la personalidad está presente en todo momento. Al estilo del aire atmosférico que envuelve a la ciudad.

En lugar de la abstracción, el ideal es un humano que tenga por igual peso como hombre masa que como individuo. Que sea  uno, integral, no patológico  bipolar.

Un escalador en las eternas horas del vivac, colgado de la cuerda oscilando en la pared sobre el abismo, esperando que amanezca, piensa en lo insospechadamente  valioso y cálido que es vivir entre la gente, en la multitud. Es cuando se descubre que los melancólicos solitarios, entre la multitud sin despegarse de la ciudad, son figuras de novela, nada reales. Son prototipos de librería.

Los solitarios famosos de las novelas, incluidos los nietzscheanos, eran solitarios melancólicos dentro de la ciudad.

Bajar la tensión de la hiperactividad es lo que busca Morente.

Vamos presurosos para conseguir los medios de vivir (o ya siquiera subvivir).Pero esa prisa nos hace perder de vista la búsqueda de las cosas esenciales por medio de la lectura.

Antes se creía que la vida del humano oscilaba entre la masa gregaria y la soledad personal. Hesse y Camus se despacharon con la cuchara grande con sus melancólicos personajes. Para que no sufrieran más los suicidaban.

Ahora los medios han puesto, para cada país, en su momento, el espectáculo al parecer ineludible del pleito político sucio, lejos del debate ecléctico propositivo. Y cada cuatro años también el tiovivo del futbol.

Don Quijote, Fausto, las caminatas solitarias a través del bosque de Thoreau, Emerson, Eneas y Salambó. Las preguntas del ser o no ser de Nezahualcóyotl y Calderón de la Barca, se hacen, ¿a quién le importan? Sí importan, y se hacen, pero ¿a cuántos?

Viñeta tomada de
El País
21/04/18
Del tiempo de Morente, a este 2018, creció, exponencialmente,  la población mundial, pero ahora se hacen menos preguntas de esta índole que entonces.

¿Por qué  la masa gregaria no se interesa?

Todos esos personajes, temas y cosas, requieren otro ritmo de vida, menos carrera. En otras palabras, recuperar el valioso modo de aburrirse. Los internados en hospitales desde su cama, y los prisioneros en su celda, piensan… Aburrirse es pensar hacia adentro, encontrarse con el yo íntimo.

Por más llamados a la solidaridad, que hagan los políticos, iglesias y asociaciones civiles, después de un debate político prelectoral, y al final del encuentro  mundial de futbol, la sociedad queda no sólo  resfriada, sino dividida.

Se dice que en ambos casos son guerras virtuales, “guerras amistosas”, pero al fin y al cabo son guerras entre antagonistas, no fueran de ninguna manera ejercicios dialécticos.

Al fin de cada uno de estos eventos, de intensa publicidad, el mundo queda en absoluta soledad. Pero no la soledad terapéutica del que busca valores esenciales, sino un universo vacío como a la mañana siguiente de una borrachera con tequila.

Aburrirse es pensar…

Pero ya  la pantalla casera anuncia  quién fue el país privilegiado que ganó el honor de ser huésped para el siguiente encuentro mundial del futbol dentro de cuatro años.

Entretanto, los perdedores de la política ya se reagrupan para dentro de cuatro o seis años, ahora sí, “rescatar para el pueblo el poder que cayó esta vez en manos ineptas y nada limpias”

¡Prohibido aburrirse!

MORENTE
Manuel García Morente

(Arjonilla, 1886 - Madrid, 1942) Filósofo español. Tras pasar su primera infancia en Granada, donde su padre ejercía como oftalmólogo, realizó sus estudios secundarios en Bayona y cursó luego la carrera de Filosofía en la Sorbona (París), donde fue alumno de Pierre Boutroux, Frédéric Rauh, Lucien Lévy-Bruhl y, en especial, de Henri Bergson.  De regreso a España, en 1908 impartió un curso en la Institución Libre de Enseñanza, y dos años después, becado por la Junta de Ampliación de Estudios, se trasladó a Alemania para completar su formación en las universidades de Berlín, Múnich y Marburgo; en esta última, el neokantismo ejerció sobre él un influjo decisivo a través del magisterio de Hermann Cohen, Paul Natorp y Ernst Cassirer.

LA PRIMERA ESCALADA SOLITARIA A EL COLMILLO


 

En escalada sino corres el riesgo de perder, no ganas.

A.A.G.

Este mayo (2018) se cumplieron sesenta años de la primera escalada solitaria a la aguja El Colmillo.

La llevó a cabo Alfredo Manjarrez, de la ciudad de México.

Es en  la Región de los Frailes, al oeste de Pachuca Hidalgo. Tiene unos sesenta metros de altura. A la sazón había varias cruces en su base de otros tantos accidentes mortales.

El Colmillo
la aguja en el centro de la foto
Se consideraba entonces una de las, tres, escaladas más difíciles de la región alpina hidalguense. Era tanto el prestigio alpino  de El Colmillo que los clubes alpinos, de la capital, la incluían en sus programas de excursiones. Aunque no fueran.

Unos diez montañistas pasamos esa noche  de mayo, de 1958,  en el refugio “Benito Ramírez” de los Frailes.

Con las características  de alta montaña, este refugio( todo de madera, construido por el Grupo de los Cien organización alpina, altruista, de la ciudad de México, que construyó por ese tiempo, varios, por no decir muchos, refugios en alta montaña para alpinistas ) tenía varias literas.

El Colmillo viste desde el norte
Heriberto Salazar efectuando
el rappel
Estuvo ubicado al pie de la roca Los Frailes, en la ladera oeste, cerca también de la base de El Acolito. Duró el refugio varios años y al final desapareció. Desmantelado por, quién sabe quién, se llevaron hasta la más pequeña de las tablas.

Este pequeño, bello y  muy útil, refugio aparece citado en el libro Alpinismo Mexicano, de Armando Altamira G. Editorial ECLALSA 1972, México.

La noche anterior la pasamos en este refugió unos diez o quince  montañistas, unos  de México y otros de Pachuca.

Por la mañana, luego del almuerzo, cada grupo se fue a realizar su escalada, en esa zona amplia en cumbres rocosas de agujas y paredes.

Alfredo Manjarrez, con sus  compañeros habituales de cordada. Es probable (no  recuerdo) que entre ellos estuviera José Merediz, también de México.

Por la tarde, de regreso al refugio, nos enteramos que Alfredo había realizado la escalada al Colmillo, él solo. Era la primera solitaria a esa aguja.Lo felicitamos.
 
 Era el tiempo en el que a los alpinistas se les creía. Sino habían logrado su ascensión igualmente lo decían.

Además, Alfredo era el que había subido  cinco veces el Colmillo (en tanto que otros lo escalamos una o dos veces), por lo que la noticia, de mucho mérito, no fue algo increíble.

Alfredo Manjarrez,
al regreso de escalar en la pared Los Perros.
Al fondo el pueblo de Salazar en el Estado de México
En la primavera de 2015 recibí un correo por Internet. Era de su hijo que me comunicaba el fallecimiento de su padre:

“manja20259 de abril de 2015, 21:32

Soy hijo de Alfredo (Eduardo) Manjarrez "El Whymper" compañero de Cordada de José Merediz que Fallese este dia en la ciudad de México. DEP el ya logro hoy su mas grande cima. Adios a un grande de los pricipios de la escalada en roca en el país.

Responder

 

Respuestas

 

Armando Altamira Gallardo20 de abril de 2015, 14:45

 

“Hola:

Puedes estar seguro que tu padre fue uno de los más grandes escaladores. En una época que se escalaba en libre, a pura fuerza, nervio y coraje.

No te creas todo lo que ves en las películas de alpinismo. Hay mucho cuento, Tu padre fue un escalador de verdad, casi una leyenda.

Dejé de verlo hace muchos años, tal vez 45, pero lo recuerdo como si fuera hoy, sus gestos, sus risas, sus berrinches. Era muy berrinchudo. Lo estimaba mucho pero dejé de verlo porque simplemente un día perdí su huella. Él ya no fue a la montaña y no supe como localizarlo.

La roca El Colmillo, en especial, fue donde desarrolló todas sus potencialidades de escalador. Era tan difícil que pocos la podían escalar una vez. Al menos cinco cayeron intentándolo.Él la escaló cinco veces y una en solitario. Fue la primera vez que alguien la subía solo.

El Colmillo era tan peligroso de subir que puedo asegurarte, sin exagerar, que varias veces estuviste a punto de no haber nacido.

El tiempo que viviste con tu padre fue una concesión que el cielo te brindó. No lo olvides nunca.
 
En una ocasión, yo iba detrás de él, vi como se le rompió un pequeño saliente de la mano derecha y quedó oscilando en muy precario equilibrio, sobre los otros tres saliente también pequeños (preludio de inminente caída), pero logró volver a pegarse a la roca.
 

Él, yo, y otros, realizamos varias escaladas ya conocidas, y otras que nosotros abrimos por primera vez,en el flanco oriente del cerro El Chiquihuite. Algunos de esos "otros" murieron jóvenes en la montaña.

Tengo un blog, este por el que te estoy escribiendo, y en el publiqué hace tiempo una ficha técnica de cómo subir El Colmillo. En él hago una especie de reconocimiento, homenaje. A tu padre por sus méritos de escalador.

Puedes encontrar el blog entrando en Internet, escribiendo la palabra Tlamatzinco y luego buscas El Colmillo.

Me gustaría que me enviaras las fechas de su nacimiento y su fallecimiento para integrarlas a la ficha que te comento.

Siento inmensurablemente la muerte de mi amigo y compañero de escaladas.

Saludos.

Armando”

 

EL LIDER EN EL ALPINISMO


 

En escalada de cordada todos los  participantes son líderes, sin importar el lugar que se ocupe en la cuerda. Aunque parezca que el primero de la cuerda sea el líder.

Solo hay un líder único  y es cuando se trata de  escala solitaria. Aquí el yo no tiene con quién compartir el mérito.


Sólo en escalada solitaria
 hay un líder.

(José Méndez en la
norte de la pared
Benito Ramírez,
Sierra de Pachuca Hgo)
Una cordada de dos se desplaza, en el ataque o en la retirada, con la confianza y la seguridad técnica que ambos se tienen.

En una  cordada de tres el de en medio coordina las maniobras del puntero y de la retaguardia.

En alpinismo expedicionario el líder es el grupo.

Tradicionalmente se ha creído que en expedición el líder es el que llega la cumbre, sirviéndose del trabajo de los demás. ¡Que es el mejor del grupo!

Aquí el ego suele jugar una mala broma con mucha frecuencia.

En alpinismo, tanto como en el futbol soquer, eso es una grave falla  en la formación de la personalidad del individuo.

El mérito es de todo el grupo expedicionario
no de uno.
En futbol se debe a un manejo que se hace del yo, de un yo sobrevalorado, con miras comerciales cuyo fin es la venta de boletos para el siguiente partido.

En alpinismo expedicionario el, o los, que llegan a la cumbre es por el esfuerzo de todos los componentes de la expedición.

Dos o tres nombres  se conservan en la memoria del público, de los astronautas que llegan a la Luna o a otro lugar fuera de la Tierra.

Nadie sabe del enorme equipo científico  de tierra que hizo posible todo eso. Menos del equipo técnico y mucho menos del equipo de auxilio en las labores de cargar materiales, de barrer, etc.

En alpinismo los que alcanzaron la cumbre sólo hicieron su parte del trabajo de ascensión. Sólo. Es decir, solamente.

Paso a paso el grupo va acercando
pertrechos a fin de poder lanzar el ataque
final a la cumbre.
 
Esto, como una vez escribieron  Schopenhauer y Kierkegaard, hablando de filosofía, lo comprenderán nuestros nietos. Y, sino, tal vez se remita hasta nuestros bisnietos.

Por ahora una deficiencia de carácter sigue creyendo que el líder en expedición  es el yo individual que llegó a la cumbre.

 

 
 
El grupo instala los campamentos de altura
cuidando que el, o los, designados para
el asalto final, suban sin carga alguna,
como se ve en la foto.

Flanco NE del Aconcagua
Foto de Armando Altamira G.
 

 
 
 
 







 
 
En cordada de tres el de enmedio
controla las maniobras de los otros
y, a su turno, los otros dos cuidan su ascenso.
 
Del libro Técnica Alpina de Manuel Sánchez
y Armando Altamira. 
 
 


 
Desde el Campamento
Base el grupo trabaja
para


Ninguno de estos dos es más importante que el otro
Libro Técnica Alpina



































 
empezar la instalación de los campamentos superiores
 
 




 










 
 

KIERKEGAARD Y SU ALTER EGO


 

Era "escritor estético" y también "escritor religioso".

Publicaba con su nombre y también con seudónimo.

Más o menos como quien juega futbolito él solo. Cambiándose alternativamente del lado de la mesa. Era la manera de decir que el humano es uno, con todas sus potencialidades, pero que no se le puede partir en dos mitades irreconciliables.

A este ejercicio Kierkegaard le llama reduplicación: "Contraatacarse a uno mismo al mismo tiempo, cosa a la que llamo reduplicación."

Hablar de la obra de Kierkegaard es hablar, inevitablemente, de religión, propiamente de cristianismo.  “Yo soy un escritor religioso”, dice en Mi punto de vista.

Pero también se declara un escritor estético, si bien, un paso atrás de aquel. Quiere decir que la meta es el cristianismo, que hay que prepararse para el cielo, y ser en la tierra como un trampolín.

Era protestante  y tuvo grandes conflictos con su  Iglesia luterana de Dinamarca. Le señalaba que se había olvidado de los pobres y estaba cerca del poder.

Kierkegaard, al igual que Schopenhauer, heredó una fortuna de su padre que le permitió dedicar su vida a pensar, escribir y publicar, sin compromiso con nada ni con nadie. Por lo mismo no supo ponerse en los zapatos de los que están en el mundo, llámese políticos o iglesias.

Pero no  se crea que Kierkegaard estaba mal del hígado y eso lo hacía tirar piedras contra todos. Era un pensador, y de altos vuelos, que buscaba la elevación, no la destrucción.

Dibujo tomado de
El País
24 marzo 2018
Eso no impidió que los “francotiradores” (ángeles de la pureza) que nunca faltan, lo llenaron de calificativos nada reproducibles.

Su obra es un dialogar consigo mismo. Cosas del siglo y cosas de Dios Al estilo de Leibniz, alguien que con afán busca la unidad, la integridad, del humano, bajo el cristianismo, no la destaza.

Veía con recelo a  los cristianos que tratan de convencer a otros cristianos que se hagan cristianos...

 Busca la manera que eso sea posible de la manera más razonable, para sí mismo. No emplea los imperativos categóricos: “¡No hagas esto!”, “¡Pórtate de esta manera!”

Declara: “Toda mi obra, desde principio a fin, es dialéctica”. En cierto modo práctica, con él, la filosofía positiva y al mismo tiempo la filosofía negativa para definir su personalidad: “Me gusta esto”. Y también define su personalidad diciendo: “no me gusta aquello”.

Al individuo lo veía como una aproximación a la congruencia y a la multitud como una mentira, literalmente.

Kierkegaard es un escritor de principios del siglo diecinueve pero tiene el mérito, muy escaso, aun en el siglo veintiuno, de ser abierto a los dos temas que ocupa a la humanidad desde el principio, que no son otros que la tierra y el cielo.

Hay la  situación cotidiana de que, en cuanto a ideas, un escritor piensa material y otro espiritual, o viceversa, Kierkegaard dice que eso no existe, que sólo es cuestión de tiempo.

Que no confiese por pudor o por compromiso comercial, de trabajo o de pertenencia a secta literaria, es otra cosa.

Dice que de joven se es “escritor estético” y de viejo “escritor religioso”.

 Como cuando se es joven y se quiere incendiar la pradera y ya viejo se opta por la profesión de bombero. Allá el tiempo de  los seudónimos, y el alter ego, después el nombre real.

Un sindicato, autentico de lucha, levantará hasta las piedras, para conseguir su contrato colectivo, y la posteridad lo verá conservándolo.

No siempre el termino "conservador" tiene una connotación afrentosa o peyorativa: Se conservan las pinturas de Miguel Ángel. El modo de ser de los huicholes (Nayarit y Jalisco, México) es una filosofía perenne contra la sociedad del entretenimiento del liberalismo moderno, etc.

Algunos escritores no tiene tiempo y quedan estereotipados de un modo. Kierkegaard murió a los 42 años de edad, pero él sí tuvo tiempo para llegar a considerar la segunda atapa, es decir, escritor religioso. Le llama “ilusión” a eso de estar en una etapa.

En algunos escritores, por no decir, en muchos, se puede seguir esta metamorfosis. A tal transición se le llama, cómodamente, “escritos de juventud” o “publicación temprana”.

Se dice de Platón que ya de viejo empezó a pensar diferente (pero él de las ideas hacia la cosa) de cómo había estado toda su vida. San Agustín, Leibniz, y  Schopenhauer, busca poner distancia de por medio de sus “escritos de juventud” rectificando, endureciendo o suavizando, anteriores modos de entender las cosas.

Para Kierkegaard todo desemboca al final en lo religioso:

 “Qué remedio hay para eso? -se pregunta y continúa-.El único remedio es aquello que ayudará a disparar esa ilusión. De forma que si  un autor religioso desea enfrentarse con esta ilusión, tiene que ser, al mismo tiempo, un escritor estético y religioso; pero, sobre todo, no debe olvidar una cosa, la intención de toda su empresa,  que debe decisivamente salir adelante, es lo religioso.”

kierkegaard
 

“Søren Aabye Kierkegaard; fue un prolífico filósofo y teólogo danés del siglo XIX. Se le considera el padre del existencialismo, por hacer filosofía de la condición de la existencia humana, por centrar su filosofía en el individuo y la subjetividad, en la libertad y la responsabilidad, en la desesperación y la angustia, temas que retomarían Ma rtin Heidegger…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIRTUD


 

No cuido la cantidad de sodio que ingiero en los alimentos y el resultado es la cifra sistólica más allá de lo normal, y lo mismo con la diastólica. En otras palabras: hipertensión.

Si los mexicanos estamos en el segundo lugar de hipertensos, en el planeta, sabemos de lo que estamos hablando.

No cuido porque ignoro cuales son las cifras normales de la presión arterial. Ignoro también qué cantidad de sal le estoy metiendo a mi cuerpo en las comidas habituales, en las papitas, en los churrumais y en una serie de comida chatarra  que devoro entre comidas.

En resumen, pura ignorancia de mi parte.

Y es lo que Sócrates decía: la ignorancia es error y el conocimiento virtud,  según la materia de que se trate.

Si conociera cabalmente dónde estriba el error y viviera sin perder de vista la salud corporal y mental, obraría en consecuencia: menos sal común.

"Ignorancia culpable cuando el hombre no se preocupa de buscar la verdad y el bien", escribió alguien, del que no conservamos  el nombre.

Tal vez sea esta la manera de acercarnos, sin reticencias, al tema de la virtud, que en los tiempos del liberalismo moderno, el twitters y el tener, parece que a muy pocos les importa.

Más parece ahora un trasto viejo del tiempo de los abuelitos, del telégrafo, las cartas por correo y las fotografías con cámaras de rollos de película.

Nada más que en el tiempo de los abuelitos los niños podían jugar en la calle, la gente caminaba confiada por ciudad, o en despoblado, ya fuera entrada la noche y los alpinistas iban libremente por sus montañas.

Tomado de
 El País
11/oct/2014
Esto de que la virtud es conocimiento puede llevar a confusión. En Paideia, Werner Jaeger habla de virtudes éticas y virtudes intelectuales.

En la actualidad a la palabra “saber” se le asocia con la ciencia, el episteme, de los griegos.

En cambio virtud, areté, ya en los tiempos de Platón tenía una connotación moral, espiritual.

Aclaraciones necesarias para no enredar la madeja: ahora en los tiempos que la ciencia anda  por un lado y la teología por el otro.

En Introducción a la filosofía, Ramón Xirau apunta que la virtud “Indicó primero la fuerza y, generalmente, el valor. En moral el hábito de los actos dirigidos al bien.”

Porque en el fondo, ciencia y religión tiran hacia el mismo fin, que es el bien de la humanidad.

En síntesis, si conociéramos el bien, evitaríamos el vicio, por esa fuerza intrínseca que tiene el bien.

Enseñanza familiar y enseñanza escolarizada quiere decir que tenemos una papa caliente en las manos, en la figura de los niños, para su educación.

La Iglesia apunta: “Un educación  prudente enseña la práctica de las virtudes”.

Y para los laicos la filosofía tiene un imperativo, no categórico (una orden) pero sí imperativo hipotético (una advertencia o sugerencia) que en el fondo vienen a ser lo mismo:

Para ellos Jean Wahl, en Introducción a la Filosofía, dice:

“Según Sócrates, es la virtud conocimiento. Esto quiere decir  que el vicio es ignorancia; que si se pudiera ver claramente lo que se debe hacer, se haría necesariamente, pues tal es la fuerza de la idea del bien, que no podemos conocer éste sin obrar de acuerdo con él.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA LIBERTAD, SEGÚN BERGSON


 

“La libertad se intuye, más no se define” H.B.

 

Decidimos hacer una cosa, o emprender una acción, porque tenemos la libertad de decidir. Porque somos libres.

En ocasiones acertamos y en otras nos equivocamos. Se nota más (somos  conscientes) nuestra libertad de decidir cuándo erramos, que al acertar.

No nos gusta, pero la imperfección es la prueba de que somos libres, cuando estuvo de por medio el decidir.

Vamos por esta ruta de ascensión, en la montaña, en lugar de aquella, es decir, estamos decidiendo.

 
                                            ¡Estoy decidido!
 
Lo que más se acerca a la perfección es un robot, digamos, el mecanismo fino de un reloj. El reloj no tiene poder de decisión. Fue hecho para no equivocarse, en tanto le demos cuerda, o la pila dure.

Con el humano, dice Wahl,” prefirió Dios darnos la libertad con sus malas consecuencias posibles antes de hacernos perfectos pero sin libertad.”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía.

O, si se prefiere, en la carrera decidir brincar para el otro lado del río,  en lugar de  trepar a un árbol, antes que nos alcance el león, esto para los que prefieren la Evolución, en lugar de la Creación. Los que dicen Célula Primordial, en lugar de Dios.

Quien haya sido, el caso es que estamos dotados de la facultad de decidir.

Decir: Me inclino por la Evolución o, prefiero la Creación.

Bergson se inclina por contemplar el tema de la libertad en  la acción y no en el anquilosado:

“En el momento que precede al acto hay una deliberación. Mi conciencia oscila entre dos alternativas. Luego pude haberme decidido por la otra. Si no lo hice es, pues, que soy libre.

Henry Bergson, Introducción a la metafísica.

Si bien, me decido por la poltronería y me echo en el sillón a comer palomitas, mientras veo la televisión, también estoy haciendo uso de mi libertad
 

Sigue la pregunta si la decisión tomada ya estaba determinada y sólo fue una ilusión mi cantada decisión.

¿En base en qué tome la decisión de ir por esta ruta y no por la otra?

¿Apliqué conceptos lógicos, de conocimiento, o lo hice por intuición, que se define por conocimiento antes del conocimiento? (instinto + inteligencia)

Bergson dice que aquí se comete una grave confusión entre conocer por conceptos e intuir directamente:

“En realidad los actos humanos no son imprevisibles, porque su determinación es interna, totalmente distinta de la determinación física en el espacio; en una palabra, porque son libres.”

Con la noticia que esta parte libre, nuestra, es la que menos nos pertenece ya que vivimos en sociedad y esta nos empuja.

 A semejanza de las varias circunstancias que encontramos en nuestra ascensión y no siempre nos salemos con la nuestra: el alud, la tormenta de nieve, el desprendimiento de esta parte de la montaña. O lo invisible como es la altitud y pesa más que la pesada mochila que cuelga de nuestros hombros, la falta de agua...

Todo eso es previsible pero para medirla, en toda su exigencia, hay que conocerla. Por eso en alpinismo son las salidas, o expediciones, de reconocimiento.

Por lo pronto hay algo que atajó mi libertad. Pero ese mismo impedimento me da la medida de mi capacidad para prepararme y hacer valer mi libertad.

La frase que decimos, aunque no tengamos plena conciencia de ello, es: “Estoy decidido”.

 Bergson escribe: “En lo más hondo de la personalidad somos nosotros lo que realmente somos, y de ese fondo es de donde surgen de vez en cuando, rara vez, porque la vida no los tolera fácilmente, los actos plenamente libres. Algunos, empero, consiguen salir, y entonces puede en verdad decirse que algo totalmente nuevo ha sucedido en el universo.”

Bergson
Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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