LUCRECIO, DE REGRESO A LOS ORIGENES



Encerrase en la ciudad es actitud adquirida del humano, como si de la Naturaleza fuera ajeno. Allí se siente seguro, al abrigo de los vientos y de las sombras extrañas de la noche.

Pero cuando lo encierran en su casa, como ahora con lo del coronavirus, sueña con horizontes abiertos que no hizo por conocer cuando estaba en libertad de hacerlo.

Ya antes de Cristo, Lucrecio notaba esta actitud. Y la detectó nada menos que en un pueblo (en la plebe, como dicen los historiadores), el romano, que para entonces, por necesidades de la guerra, cruzaba ríos, valles y montañas. Dice:

“De la hartura de ver ya  fatigados nadie se digna levantar sus ojos a la luciente bóveda del cielo.”

Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas.

Su poema parece un canto desesperado por hacer entender  no darle importancia a la civilización más allá de lo que en realidad merece.

 De lo contrario, el otrora humano, corre el riesgo de acabar pareciéndose a los productos sintéticos que salen de la fábrica.

Ayuno de los valores de trascendencia, el individuo queda parado en la tierra de nadie, pronto detectable por la mercadotecnia para llevárselo a su cubil del consumismo y deshecho. Cacharros viejos en el polvoso desván, incluidos  individuos  que antes fueron humanos.

Como ejemplo diremos que en la ciudad (en la Ciudad de México),  se gasta agua lavando un día el automóvil con la misma cantidad de agua que una familia  rural  sobrevive una semana.  Ni idea se tiene de esto en la ciudad.

Dos mundos. En muchos pueblos del área rural, cuando no llueve, se saca al  santo para que el relámpago desgarre los cielos, se oiga el trueno y las nubes descarguen sobre los campos. En la ciudad cuando falta el agua se cierran las avenidas, como protesta, y obligar al gobierno abra las llaves con que se controla el líquido…

En la ciudad cuando llueve es un día fastidioso porque se mojan los zapatos. En el campo es un día de fiesta por lo que impactará a la siembra. El silencio aquí se oye. En la ciudad algunas personas hablan por el celular porque se le tiene miedo al silencio

El humanismo del que se habla en la ciudad es un platillo exótico como tema de conversación, o de publicación,   para las reuniones del jet set-dice Yuma, uno de mis compañeros del vivac alpino.

Estamos  en una “repisa” de la pared en el  grupo montañoso de las Monjas, al oeste de Chico Hidalgo, México.
Abajo, en el valle, hacia el norte, en la oscuridad de la noche, brotan las luces de Atotonilco el Grande y pueblos como Cerro Colorado y rancherías de san Nicolás Xate.

Amanece, y vemos la puesta del sol, en el aislamiento alpino que desde hace tres meses vive el planeta por la pandemia  del coronavirus. Aquí son otras condiciones que en la ciudad. Soplan fuertes vientos y al atardecer la niebla cubre las agujas de roca en lo alto de la Sierra de Pachuca (tres mil metros).

Kiva, muchacha escaladora que también practica el vivaquismo, observa:
Dibujo tomado del libro Técnica Alpina.
de Manuel Sanchez y Armando Altamira.
Editado por la UNAM 1978

-Las nubes negras de tormenta pasan sobre los pueblos pero no descargan en la tierra ya abierta para la siembra…Hace algún tiempo un francés llevó a cabo un estudio en el Valle del Mezquital, aquí mismo, en Hidalgo, hacia el oeste de donde nos encontramos ahora, más allá de Capula y de San Jerónimo, en las montañas de los Frailes de Actopan. 

 Se tenía entonces a  la región como la más pobre del país. Su alimentación era a  base de frijoles, maíz, chile y ocasionalmente carne de animales de corral casero. El resultado del estudio arrojó que era  gente sana.

Yuma:

-Sería difícil de creer sino tuviéramos a la mano las estadísticas del país. Nuestros hábitos de alimentación en la ciudad se exceden en la ingesta de grasas saturadas (carne, mantequilla, crema, huevo y camarón, entre otras delicias) de los 20 0 25 por ciento de consumo máximo de calorías que señalan algunos especialistas.

Juan (es médico):

-Con lo cual se disparan los niveles de colesterol sanguíneo. Con eso llegan las obstrucciones de las arterias y lo que sigue es el infarto cardiaco. Un taco de barbacoa equivalen sus grasas a cinco huevos. El pasaporte seguro e inmediato para el infarto.

Yuma:

-Como sea, al final habrá más muertos por el miedo al coronavirus que por el coronavirus.

Kiva

-¿Crees?

Juan:

- No es fantasía. Encerrados por cuatro meses en su casa, la rutina es despertar, comer, ver televisión, dormir, despertar, comer…

Yo:

-Pueden hacer ejercicio.

Yuma:

-Eso dicen los teóricos. También que te pongas a leer. Si no tienes el hábito es pura cosa académica diseñada sobre el papel. El sobrepeso y los infartos serán una jugosa fuente de ingresos para las funerarias. Pero eso ya será una noticia incomoda que habrá que  ignorar.

Quiero ser sincero. Aquellos son estoicos con dieta mixta entre poca carne y muchas  verduras. Y viven como dicen, pero yo soy algo hedonista. Por ahora, a petición mía,  freíamos, en abundante mantequilla, unas deliciosas salchichas, y huevos, para la cena. Empero, la plática de mis compañeros le quitó todo el encanto al asunto. A cada bocado que tragaba, sentía que mis arterias se cerraban…

Yo:

-¿Quién puede vivir comiendo sólo frijoles y tortillas-me atreví a decir.

El contraataque no se hizo esperar:

Kiva:

-Los que siguen con vida y sanos… ¿Te acuerdas de Lumholtz?

Sí que me acordaba.

Yuma:

En el afán de mirar hacia los semáforos, que le den el alto o el siga, perdió  de vista el ciudadano los avatares del espíritu y de la madre nutricia, la tierra: “Todos, en fin, del aire somos hijos; él es padre universal y alma tierra la madre”, escribe Lucrecio. Esta imagen del paganismo es semejante al Espíritu Santo y a la Santa Madre Iglesia católica apostólica terrenal, en los tiempos que estaban por llegar hace veinte siglos.

Lucrecio, ciudadano romano, nacido medio siglo antes de nuestra era, seguidor del atomismo de Epicuro, es alguien que, sin apartarse del ras de la tierra, puede otear horizontes. Hay átomos para toda clase de materias, hasta el alma y el ánimo, dice, están compuestos de átomos. Pero intuye que hay algo que  ya no se trata de materia: el espíritu, la armonía, la belleza, el gran todo. Me acuerdo que escribe:

“Es cierto que las piedras y los leños, aunque la misma tierra se le una, no pueden producir el sentimiento de la vida: por eso no pretendo que los átomos todos sean capaces de componer en un momento seres sensibles.”

Son las tres de la mañana y el valle en la oscuridad a lo lejos, más allá de las cañadas del rumbo del balneario  Amajac (por ahora cerrado a causa de la pandemia), brota lleno de presencia humana a juzgar por las lucecillas amarillas de las aldeas. El cielo ha cesado y una romántica luna llena pasa frente a nosotros….

Encendemos la estufilla y calentamos agua para el café. Como en una escena de lo absurdo, nos ponemos a charlar en la plena oscuridad de la madrugada... El  tema del coronavirus se ha vuelto un lugar común en el mundo y doblamos la hoja. Kiva saca la cuestión de la dificultad de la montaña:

-Una montaña es como es. Pero cada escalador la ve de diferente manera, según él es.

Juan:

-Explícate.

-Para mí puede resultar muy difícil de subir. Otro la encontrará sólo difícil. Un tercero verá que no es nada complicada esa ascensión.

Yuma:

-Se han elaborado escalas de dificultad de la montaña.
Kiva:

 –Propiamente son escalas que miden la nerviosidad del escalador. Aunque de manera equivocada se ha dicho que son valores de dificultad que opone la montaña. Así, en una escala del  1 al 10, mi nerviosidad puede ser muy intensa, de 9.Para otro de 6 y para el de más allá de 2, en la misma ruta. En otras palabras, ¿qué tuvo que ver la materialidad de la montaña en todo este enredo subjetivo de los humanos?

Aprensivo, yo sigo pensando en las asesinas grasas saturadas que decían mis compañeros los cuales, estoicos como son, duermen ya  como si se encontraran alojados en un buen hotel…

Dos ocupamos la “repisa” a cien metros del suelo, equipo de escalar y cacharros de cocina. Kiva duerme en su tienda vivac colgando sobre el vacío y Yuma en  otra tienda vivac.
Hedonista, me pregunto si estarían bromeando con eso de las grasas saturadas…Me fabrico mi propia teoría filosófica de incredulidad. Si algunos dicen que  Dios no existe, también puedo decir que las grasas saturadas no existen…

¿Sólo tortillas y frijoles? ¡Sí, recuerdo al antropólogo Lumholtz que en el siglo diecinueve permaneció un tiempo observando la vida de los tarahumaras, de Chihuahua, y de los huicholes, allá por el rumbo de Jalisco y Nayarit! Escribió un libro, trabajo académico, sobre la vida de los huicholes, que no conocerlo es una verdadera pandemia cultural.

La pandemia cultural ha matado más humanos que todos los virus más agresivos juntos. Pero de esto nadie dice algo. Los presupuestos para la educación pública  en el mundo  permaneces en un endémico bajo perfil. (Véase en Internet los presupuestos para educación pública que dedican  los países del planeta)

“Masas” para Ortega y Gasset no era el lumpenproletariado, sino el carente de cultura sin importar el nivel social en que se encuentre.

Hace poco se levantó una encuesta, en un lugar de América, “Qué lee la gente”. El presidente de ese país dijo que Don Quijote, el de Cervantes, era un vendedor de aceite de oliva…

Lumholtz quedó cautivado por la ritual manera de vivir de esta etnia mexicana. Hizo algo inusitado. Para hacerse de  las proteínas animales compró una vaca. Pensó en quedarse a vivir en la aldea huichol para siempre.

Al final regresó a la ciudad occidental. No puedo vivir comiendo sólo frijoles y tortillas, dijo. ¡Necesitaba las grasas!

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLOGICOS EN ALTAS MONTAÑAS



Arqueólogos localizaron momias de sacrificio en montañas del Perú y Argentina con antigüedad de 500 años. En 1997 en la cima del Nevado Ampato de 6,309 metros de altitud y en el cerro Llullaillaco, de 6,739.

Todo alpinista, por deporte, sabe que el sólo hecho de llegar caminando a esas alturas requiere un esfuerzo considerable de voluntad y físico.

El reportaje del Llullaillaco trae una escala comparativa de alturas con  montañas de diferentes meridianos del planeta. Es 2,963 metros más alto que el Monte Fuji, 1,932 que el Monte Blanco de los Alpes europeos, y 545 que el Monte McKinley de Alaska.

Hallazgos documentados en la revista National geographic Vol. 3. No 1 julio de 1998 y Vol.5, No 5 noviembre de 1999.
                                                  Tomado de National Geographic Vo. 5. No.5 Nov 1999

Subir a la montaña es una práctica en América que viene de muy antiguo. La arqueología ha encontrado adoratorios en las montañas de México, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

Un alpinismo religioso que tenía por meta adorar a la divinidad desde estas elevadas cumbres.

De manera equivocada se cree que era a la montaña a la que se adoraba.  Como si ahora dijéramos que es el templo al que  se adora, no a Jesucristo. El templo, ciertamente, es un inmueble diferente a otros edificios, no sólo en su diseño arquitectónico sino en el ambiente subjetivo que ahí mora. Es un lugar de oración.

De la misma manera que la Cámara de Diputados es el lugar donde se practica la democracia, no es la democracia el inmueble. 

Los    graniceros de México continúan elevando sus oraciones al volcán Popocatépetl porque ahí mora Tezcatlipoca, no porque adoren al volcán. Si bien, a semejanza del templo cristiano, tiene algo de la divinidad que ahí se adora.

Chimalphain, historiador del siglo dieciséis, hace referencia de  una ascensión al  Popocatépetl (5,452 m.)  Tuvo lugar esta  en el siglo trece, bajo el ritual de “pedir” agua a Tláloc. No dice que fue la primera ascensión, la cual pudo tener lugar en una fecha más remota.

El hombre americano subía a estas cumbres con la disposición de ánimo conque los domingos los cristianos acuden  a la celebración de la santa eucaristía.

Esto en unos siglos en los que, según Mazotti (Introducción a la montaña, Editorial Juventud) , el europeo veía con temor sus montañas, que imaginaba pobladas de brujas y demás criaturas demoniacas. Léase el  aquelarre donde Mefistófeles y el doctor Fausto se dan la gran divertida.

La historia del alpinismo como deporte, para el europeo, fue una verdadera proeza. Antes de aprender a superar técnicamente los obstáculos físicos de la ascensión, tuvo que vencer ese miedo a los demonios que habitaban en los bosques, cañadas, glaciares y las cumbres.

Se considera que, todavía para mediados del siglo diecinueve, el Materhorn de Whymper, era uno de los últimos lugares donde habitaban esas criaturas del averno.

En el México precristiano no eran ascensiones esporádicas. Estaban reglamentadas y figuran, esculpidas,  en el mismo monumento que se conoce como Calendario Azteca. Se le llama Tepeilhuitl,  que en náhuatl quiere decir la “fiesta de las montañas” y en ellas participaba el pueblo de manera masiva. Cuatro  veces al año, según Clavijero (en su Historia antigua de México), se realizaba  esta ceremonia.

Una fiesta que aún perdura en algunos lugares en torno a los altos volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. En realidad en infinidad de lugares del país se practica esta fiesta a las montañas, por las más de cincuenta etnias mexicanas, pero lo que nosotros conocemos, de primera mano, es  en los volcanes que hemos mencionado.

Y por ley, una vez al año, el gran tlatoani de México-Tenochtitlan (los historiadores le dice rey) debería emprender la ascensión, a pie hasta el gran adoratorio en la cumbre de la montaña Tláloc.

Una travesía que comprendía unos diez kilómetros cruzando en canoa el gran lago de Texcoco, hacia el este, y una ascensión(a pie pues no se conocían animales de montar) de veinte kilómetros a través de sierras quebradas con un desnivel de dos mil metros ( la ciudad de México está en los 2,200 metros sobre el nivel del mar), empezando en el pueblo de Coatlinchan, oeste con relación a la cumbre del monte Tláloc).

Para dar una idea de lo que esto requiere, en la actualidad, de cien montañistas fuertes para caminar, sólo uno o dos emprenden esa ascensión a partir de Coatlinchan.

La ruta frecuentada es a partir del pueblo de  Río Frío, en el sureste de la montaña.

Lo que es muy difícil de entender, aun para los alpinistas, es el enorme esfuerzo que significa trabajar localizando y escavando en semejantes altitudes (el drama de los glóbulos rojos y la consecuente disminución de oxigeno con el catastrófico, y en ocasiones mortal, presencia de  lo que se llama “mal de montaña” o puna, si no hay la debida aclimatación a la altura, y pocas veces se realiza), con vientos poderosos, temperatura por debajo de  los 30 grados y la siempre posibilidad de la llegada de tormentas de nieve, en el caso de las montañas suramericanas.

En la cumbre del monte Tláloc, adoratorio sede o adoratorio principal, de Tláloc, dios de la lluvia,  de 4,150 metros de altitud, se levantó toda una construcción, planeada y terminada hasta en sus mínimos detalles, con una calzada de acceso de unos 200 metros de extensión orientada en dirección este-oeste, con muros en ambos lados y un patio cuadrado con varios  aposentos para las representaciones de los diferentes dioses y diosas relacionados con el agua.

En este lugar, como es el caso de las cumbres andinas que referimos, también tenían lugar sacrificios humanos, particularmente de niños.

En esta altitud  ya se deja sentir el “mal de montaña” y se necesitaron  miles  toneladas de roca que se extrajeron de una cantera en una cumbre secundaria del monte Tláloc.    Es difícil imaginar el esfuerzo físico y mental que esto requirió.     
      
En los años sesentas del siglo pasado Héctor García y yo tomamos las medidas (aproximadas debido al gran deterioro) del gran adoratorio antes que todo se acabara de borrar para siempre. El abandono y la destrucción del lugar  eran completos. Sin dejar de mencionar los poderosos agentes erosivos que azotan la cumbre como aire y agua.

Los vándalos del siglo dieciséis, solados, sacerdotes católicos  y sus subordinados  indígenas, destruyeron el gran adoratorio. En los siglos que siguieron, otros vándalos acabaron llevándose las esculturas y horadando el suelo del gran patio en busca de tesoros.

Algunos años después, y para enorme sorpresa nuestra, nos percatamos que por fin se están llevando a cabo trabajos de reconstrucción arqueológica en este adoratorio cimero.

Una empresa, insistimos, de enormes vuelos  por lo que requiere de esfuerzos académicos, económicos y sobre todo, físicos por los requerimientos ya anotados que es necesario desarrollar a esa altitud. Estos avances se pueden conocer en Internet por las imágenes satelitales.

En la expedición arqueológica del Nevado Ampato se localizaron 4 momias y varias estatuas rituales, de los siglos XV y XVI.

Antes habían encontrado material diverso   en el Nevado Pichu Pïchu, de 5, 669 metros. Todo en la región de Arequipa.

En el Nevado Quehuar (6,130 metros), próximo al Llullaillaco, hallaron restos de sacrificio humano. En el Llullaillaco 3 momias de niños sacrificados y 20 estatuas vestidas y 16 desnudas.

El Nevado Llullaillaco se encuentra localizado en la frontera de Chile y argentina,  en el área de esta última.

EPICURO Y LOS OTROS EPICUROS



Vivir feliz y en paz es lo que Epicuro llama deleite.

Los lujuriosos (expresión de Epicuro) le han dado otro sentido a la palabra deleite.

Sacado de su texto y de su vida común, Epicuro es el héroe cultural de la dulce vida. Se le tiene como un filósofo carnal y corpóreo

                                                                                                                    De  FRANZ HALS

“El deleite es el principio y el fin de vivir feliz”, escribió. Además de señalárlo como materialista  enemigo de la divinidad.

 Schopenhauer recomienda, una y otra vez, que se lea a los filósofos en su fuente original o se corre el riesgo de que nos estén dando gato por liebre.

 No siempre por mala fe sino por falta de suficiente información o de interpretación deficiente. O por así convenir al momento político del momento.

 Conocemos la historia: Teotihuacán sucumbió por falta de grano, por la revolución del pueblo contra sus gobernantes, por la guerra, por los virus, por los extraterrestres…

 Otro ejemplo de desinformación es el  Nezahualcóyotl que conocemos. Es un Frankstein que armaron los frailes españoles del siglo dieciséis aproximándolo todo lo que quisieron al modo de pensar de la nueva religión que entonces llegó a México. Ahora Nezahualcóyotl fue  monoteísta, enemigo de la guerra, aborrecía  de los sacrificios humanos, monógamo…

Hombre destacado de la ciencia de su tiempo, y respetuoso en lo que se refiere a  lo divino, Epicuro no se queda en la isla, en lo abstracto, en los  “átomos lisos y redondos”, en la secta cultural, a la que tanta inclinación se tendrá por los pensadores en los siglos venideros.



Epicuro escribió tres cartas, una dirigida a Heródoto, otra a Pitocles y la última a Menoceo. De seguro escribió mucho más pero es poco lo que nos ha llegado de este gran pensador.
                                                Epicuro

Las dos primeras versan de temas académicos y la última  de cuestiones de la conducta humana. 1) A Heródoto: sobre la teoría física general de la Naturaleza,2) A Pitocles: de los meteoros y método que se deben seguir en el estudio de los fenómenos celestes,3) de la doctrina moral

Padrino de los suicidas es otro letrero que se ha colgado del cuello de Epicuro, al decir que es preferible morir a seguir viviendo.

Lo que dice es que todo bien y todo mal están en los sentidos. Pero pensamos en ellos como si fuéramos  a vivir setecientos años, al menos.

Imaginemos cuántos dolores y deformidades sufriría  alguien así. Dorian Grey, alter ego de  su autor, lo entendió perfectamente (lo experimentó en carne propia) y él mismo quiso salir de esta vida.

Ser feliz y no prolongar esa felicidad hasta el absurdo en cuanto tiempo, y todo irá bien. He aquí sus palabras:

“Nada hay, pues, de molesto en la vida para quien está persuadido de que no hay daño alguno de dejar de vivir.”

Absoluto y apariencia “tales son las dos ideas del ser entre las que se encuentra dividido el espíritu humano” escribió Jean Wahl, filósofo marsellés, en su Introducción a la filosofía.

  Epicuro era un hombre universal, es decir, de ciencia y también identificado con lo divino. Pero se le interpreta jugando a las abstracciones como un Epicuro de solo la apariencia.

 Y entre estos dos epicuros,  muchos epicuros según la  información que de ellos se tenga o la desinformación que de ello se proyecte. Y así con  los personajes de la historia: Cesar, Napoleón, Franco, Bolivar, Hidalgo…

Imaginando que sus palabras no serían comprendidas con la intención que él las decía, añade:

“Así, el perfecto conocimiento de que la muerte no es contra nosotros, hace que disfrutemos la vida mortal, no añadiendo tiempo ilimitado.”

El señalamiento que se le hace de materialista (haciendo abstracción de su señalada vocación para la ciencia), no es porque no crea en la divinidad. En lo que no cree es en los hombres que se manifiestan devotos pero su conducta no tiene relación con lo que dicen  profesar. Escribe algo que debió gustar mucho a Pablo:

“En algunos tiempos usamos el bien como si fuese mal, y, al contrario, del mal como si fuese el bien.”
    
Discurriendo en su lógica académica se refiere a los supersticiosos, no a los religiosos:

“Las enunciaciones del vulgo, en orden a los dioses, no son anticipaciones, sino juicios falsos…Hay dioses y su conocimiento es evidente; pero no son cuales los juzgan muchos, puesto que no los atienden como los juzgan.”

Pero aun cuando no hubiera tales dioses, dice, mejor creer en esa fabula que en el espíritu de las cosas materiales pues el mismo movimiento de estas no tiene ningún punto de apoyo para la trascendencia, para el pretérito que se proyecta hacia el futuro:

“Sería preferible seguir las fabulas acerca de los dioses, a deferir servilmente al hado de los naturalistas.”

La sobriedad que Epicuro anota en su carta a Meneceo,   sin duda  cautivó a Nietzsche y le  sirvió para desarrollar su tesis filosófica.

La sobriedad, en tiempos de consumismo y deshecho, es más difícil de vivir que atravesar caminando el desierto de Altar.

Epicuro escribe al final de la epístola mencionada:

“Vivirás como un dios entre los hombres; pues el hombre que vive entre bienes inmortales, nada tiene de común con el animal mortal.”

Del que se dice recomienda el suicidio, leyéndolo en su original resulta lo contrario, es decir, anota pautas para vivir de manera sana y feliz:

“El acostumbrarnos, pues a comidas simples y nada magnificas es conducente para la salud: hace al hombre solicito en la práctica de las cosas necesarias a la vida.”

Ya nada más por este pensamiento, Epicuro es vigente en el siglo veintiuno, si recordamos que tanto en Estados Unidos como en  México sus poblaciones ocupan el primer lugar mundial de sobre peso corporal.

Epicuro es de los tiempos del paganismo y todavía la plenitud de la vida consiste en ser feliz. Dentro de su finitud encuentra el camino para llegar al Ser, tanto en singular como en plural.

No llegan aun los días en que el humano, al estilo de Kierkegaard cristiano, existe esencialmente en la  angustia. Angustia de sentirse abandonado por Dios. Ya no es capaz el hombre de salvarse por sí mismo, ahora necesita ser salvado.

El hombre antiguo, entretanto, contemplando el sol cómo sale por las mañanas y cómo se oculta por las tardes, seguido siempre de la luna, como lo hace un niño, tiene la facultad fresca de no aburrirse. Todavía no necesita el celular. No siente el hastío.

 Su preocupación, como hemos visto, es comer con sobriedad y tener una actitud honrada para los dioses. En tanto eso haga, no sentirá la náusea del existir.

Epicuro sabe de las adulteraciones que sufre la historia según  los intereses de cada generación. Para Lucrecio, el romano (99 – 55 a C.), ni siquiera Homero se escapa de la sospecha de la veracidad del poema:

“...cuando nos dicen haber sido robada Helena y las troyanas gentes haber sido con guerra sujetadas, nadie nos fuerce a confesar que pueden existir por sí mismo estos hechos, después que el tiempo irrevocable hubo los siglos y sucesos engullido.”

De ahí que Epicuro   insiste en dejar en claro su doctrina, que espera salve las distorsiones de la historia. Y su doctrina  va en el bien vivir, y para eso  refuta lo que en vida del filósofo ya circulaba malévolamente  distorsionando sus ideas:

“Así, que  cuando decimos que el deleite es el fin, no queremos entender los deleites de los lujuriosos y derramados, y los que consisten en la fruición, como se figuraron algunos, ignorantes de nuestra doctrina o contrarios a ella, o bien que la entendieron siniestramente; sino que unimos el no padecer dolor en el cuerpo como el estar tranquilo en el ánimo.”


EL RELATO PICTORICO DE MARIA ZADOT
Su optimismo, plasmado en el lienzo, es una respuesta de esperanza en tiempos de la inseguridad social y negatividad de ánimo en los individuos.
El artista busca su realización personal al plasmar con el pincel las líneas, y los  vacuos, tan reales e importantes estos como los trazos.
LA CABAÑA DEL BOSQUE.
DE  MARÍA ZADOT 1995

Nos relata sus sueños.  Miles de años antes del abecedario, la escritura ideográfica fue el vehículo de expresión del humano.
El novelista dice, generalmente por medio de su alter ego, con palabras sus estados volitivos y psicológicos al  ponerlos en boca de sus personajes. El poeta lo hace regularmente con la primera personas del singular.
Los personajes del pintor son seres y cosas que llenan su lienzo. A través de pintar cosas en su corporeidad, María Zadot descubre su pensamiento. Elige el tema que va a plasmar sobre la tela, pero esta elección es con base a su personalidad.
Leo una novela y estoy conociendo estrictamente lo que el escritor quiso decir. Lo mismo pasa con La escultura de martillo y cincel.
Veo un cuadro y ni yo ni nadie podrá decir, y menos asegurar, qué fue lo que quiso decir el pintor. Veo la cosa pero no veo el espíritu de la cosa.
 Su realización es íntimamente personal. Como el poeta con su poema. Pero también del que observa el lienzo. Los volcanes de México, Popocatépetl e Iztaccíhuatl, que pintó Diego Rivera son distintos de los que pinto el Dr. Atl. 
Sin embargo, esa realización del artista es del tiempo presente. Mañana pensará su tema de otra manera. Es la permanencia del individuo (el mismo desde que nace hasta el ocaso) pero con una dialéctico devenir.
Sucede igual a los filósofos. Casi todos ellos hablan de “mis escritos de juventud”. Están diciendo que ya contemplan el tema de otra manera o, de la misma pero más acabada.
EL NIÑO CUIDANDO A SU PERRO
DE ANA DELIA,HIJA DE MARÍA ZADOT,2001

En el alpinismo es lo mismo. Después de la conquista a una montaña le trazamos varias rutas diferentes de la primera.
Cincuenta kilómetros al norte de Pachuca, capital del Estado de Hidalgo, México, está  el bello y apartado caserío entre montañas de San Nicolás Xate. La cuna de María Zadot.Es una comunidad campesina propia de cultivo de temporal. Exento  de “atmosfera del arte.”
Los temas de su obra están allí. Relata con imaginación de artista. Igual en el arte de la novela el escritor se apoya en una o dos realidades de su vida y el resto es fantasías, fracasos, sueños y anhelos.
Los  cuadros de María Zadot no hacen  la galería pictórica  del terror, o del drama existencial, con la que tanto se identifican  las multitudes.
Hay en el mundo una especie de negatividad en la devoción por el underground.  La posibilidad para contemplar lo bello de la empresa se nubla y la forma positiva escapa.
Lo bello y su negación son parte de la vida en su totalidad. Pero cuando lo abstracto se sale de la totalidad y destaca sólo una parte del conjunto, queda  la negación de la vida. Jean Wahl, filósofo marsellés moderno, anota: “nos proyectamos a nosotros mismos en las cosas.”
La personalidad fue definida desde antes de los tiempos pero también modelada por la tierra que la vio nacer y el trato con la gente de su contexto social.
El caserío de San Nicolás Xate es recorrido por fuertes vientos, limpios, del norte  y del oeste, los 365 días del año. Tlahuizcalpantecutli, en lucero de la tarde, la gran estrella que en occidente se conoce como Venus, se ve brillar   de manera impresionante en el mes de mayo sobre el cielo de San Nicolás.
Los sujetos que María Zadot pinta en sus lienzos están llenos de atributos que cantan a la vida.
 El sol rojo redondo se puede ver de frente por la mañana cuando asciende de la Sierra de las Navajas, por el rumbo de Tulancingo, y por la tarde ocultarse detrás de las montañas de Actopan.
GALERIA EN SAN NICOLÁS XATE

La producción de Zadot son flores y casas entre el bosque modelado por riachuelos.
Las cosas no cambian cuando las conocemos, según el pensamiento racionalista. Otro modo de ver es que se entra en una nueva relación al estar en contacto con ellas.
El noviazgo es una nueva relación de dos personas otrora solas. La montaña suiza Materhorn no es la misma después de Whymper, ni el monte Cervino italiano es el mismo después de Carrel.
San Nicolás Xate es otro por la acción del espíritu artístico de María Zadot. Pero habrá conciencia de ello hasta la próxima generación.



Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores