ORTEGA, IDEAS PARA LA NOVELA

 

 

 


 

Más efectivo que el diclofenaco, contra el mortal aburrimiento, o el loco estrés de la ciudad moderna, es escribir o leer poemas, o novelas. Tarde o temprano nos toparemos con su valioso fondo cultural.

¿Leer novelas contra el estrés?Bueno, hubo siglos que, para aliviar la tensión que sus cargos les imponían, los reyes se dedicaban a  perseguir liebres, ahora juegan al billar y al futbol. Nosotros preferimos leer.

 

Referencias:

 

El náufrago ilusionado-Rafael García Alonso

 

El tema de nuestro tiempo-José Ortega y Gasset

 

Parerga y Palipómena- Arturo Schopenhauer

 

 

Ver más allá del fenómeno

 

 

Ortega:

 

En la función intelectual no logro acomodarme a mí, serme útil, si no me acomodo a lo que no soy yo, a las cosas en torno mío, al mundo transorgánico, a lo que trasciende de mí.

Es  un error pretender que el arte se subordine al realismo  y quede a la altura de la pesada realidad

 

García:

 

El realismo encarna el error más común y al tiempo más grave que afecte a la comprensión del arte. A saber, considerar que la obra artística es heterónoma respecto a la realidad habitual a la que debe copiar. Dicho ontológicamente: el arte es, de suyo, una actividad ideal e irreal capaz de elevarse por encima de lo material y real, es, por lo tanto, un error pretender que se subordine y quede a la altura de la pesada realidad.

Schopenhauer:

En las masas, al igual que en las aristocracias, pocos leen, pero todos parlotean.

Podemos esperar lo mejor de los barcos de vapor y los ferrocarriles, que favorecen el intercambio de pensamiento tanto como el de mercancías, con lo que ponen en el mayor peligro la beatería popular que con tan pícaro cuidado es cultivada en Inglaterra y domina incluso las clases superiores porque, en efecto, allí pocos leen pero todos parlotean.

 

 


Un mundo en el que todos lean libros (no sólo celulares) y pocos parloteen.

 

Viñeta tomada de El País,21, abril 2018

 

 Sin justicia la realidad de la vida humana es un sofisma de letrina.

Ortega:

Lo justo debe ser cumplido, aunque no le convenga a la vida. Justicia, verdad, rectitud moral, belleza, son cosas que valen por sí mismas, y no sólo en la medida que son útiles a la vida.

Hay novelas que son, ni más ni menos, Declaración de Principios de algún partido político, sindicato o secta.  Ignoran el pretérito y arrancan hacia su creación espontanea. Exentas por completo de ideas estéticas, tratamiento dialectico, y sólo intereses sectarios empíricos. Es su derecho. El fraude está en la palabra “novela”.

 

 García:

Es el caso del escritor sin talento, que se autoconvence de no necesitar virtudes específicamente estéticas, esto es, ideas, imágenes, gracia, amenidad, etc., sino simplemente luchar por algo con su obra. Como el socialismo o la libertad.

 Meterse al ruedo y luego ver los toros desde la barrera. Sigue digerir y escribir. Esto último requiere apartarse. Convivir con la gente, estar entre la gente, le da calor a la vida y se aprende de ella pero, permanecer  en la boruca resultará un escrito de pura boruca. Embrutecerá a la masa en vez de aportar sugerencias de calidad para la vida.  Así es el mundo de la novela. De trescientas novelas, dice Voltaire, sólo pasarán 30.



Requiere apartarse


Tomada de El Pais

27 octubre 2018 







Schopenhauer:

 La eminencia del espíritu conduce a la insociabilidad. De hecho, si la calidad de la compañía pudiera sustituirse por la cantidad, valdría la pena incluso vivir en el gran mundo: pero, por desgracia cien mentecatos en grupo no dan un hombre inteligente.

 

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“José Ortega y Gasset fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital e histórica, situado en el movimiento del novecentismo.”

 

“Rafael García Alonso (Madrid, 1956) es profesor en el Departamento de Sociología del Arte y de la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid. Su tesis doctoral versó sobre “Robert Musil y el hombre escindido” (Mención en el XII Premio Anthropos de Ensayo).”

 

“Arthur Schopenhauer, fue un filósofo alemán, considerado uno de los más brillantes del siglo XIX y de más importancia en la filosofía occidental, siendo el máximo representante del pesimismo filosófico​​ y de los primeros en manifestarse abiertamente como ateo.”​ 

FILOSOFÍAS SALVADORAS

 


Filosofías salvadoras de la angustia y la opresión que el hombre sufre por su ambición de poder. Igual que hay religiones salvadoras para no caer en el infierno.

 La filosofía se ocupa de la vida del ser humano y la religión de su alma. Pero tanto aquella como ésta lo presumen enfermo.

Humanidad urgida del auxilio de las ciencias de psicología y psiquiatria. Desde la niñez vive en tension por la figura de un final del mundo apocaliptico lleno de brujas y demonios que lo precipitan en el abismo ardiente atizado siempre por Dite. Es la version popular. Los que estudian estas cuestiones  tiene por cierto que  el infierno es estar impedidos del amor de Dios.

La intención que antecede a la idea de la salvación es que el hombre está perdido, enfermo del cuerpo y del  alma.

Pascal cree ciegamente en la necesidad de un salvador y le dio el nombre de "reparador". Montaigne, en su escepticismo casi  estoico, no buscó un salvador y eso desató la furia de Pascal contra él.

Por la tarde el merolico en la plaza, teléfono portátil a todo volumen, enumera al menos diez enfermedades que padecemos, empezando por el mal sabor de boca al despertarnos por la mañana, el cáncer de colon, callos en los pies… No que están en potencia sino que ya padecemos. Felizmente él tiene el remedio con unas píldoras, en combinación con un ungüento que hay que dejar serenar por las noches. Píldoras que tan solo cuestan 15 pesos ( “menos de la mitad de un euro”, dice). Dueño  de una elocuencia, digna de estar  ocupando un lugar en la Cámara de Legisladores, convence a la mitad de la concurrencia que se apresura a comprar las píldoras salvadoras. 


                        Almas enfermas en busca de la paz espiritual

                                Tomado de El Pais 11 de agosto de 2018


Aristóteles desacredita a idealistas y matemáticos para poder vender sus sistema que sí salva de una  existencia doliente (su obra Metafísica).

Religiones y filosofías quieren curar al hombre tanto en su cuerpo como en su alma.

Religiones altamente espirituales en el pasado ahora ya casi racionalismo puro.

Hombres estresados que han dejado de reír porque  creencias angustiosas llenan su pensamiento aun estando dormidos. Se despiertan sudando en el silencio de la noche buscando con desesperación las píldoras salvadoras.

Pascal (siglo diecisiete), espíritu muy religioso del cristianismo jansenista (algunos  lo consideran teólogo católico),en su obra Pensamientos, anota:  "Después de todos los males de esta vida, una muerte inevitable que nos amenaza a cada  instante debe infaliblemente en pocos años ponerlos en la horrible necesidad de ser eternamente aniquilados o desgraciados".

En una de sus rubaiyat, Khayyam considera la incongruencia del llamado pecado  que tanto mueve la conciencia:

Pretender que el humilde devuelva en oro el plomo

que a él le han arrojado, exigirle que pague

Una deuda que nunca con nadie ha contraído

Es comercio de usura al que nadie está obligado

Para llevar una vida útil y feliz se necesita ser sabio, aseguran algunas teorías.  Pero los sabios acaban hablando sólo entre  sabios.

¿El resto de la humanidad?

¡Es necesario salvarla de su ignorancia!

Es el momento en el que,  felizmente, aparecen los salvadores de una humanidad perdida o al menos extraviada. Desde el merolico en la plaza callejera hasta Aristóteles cabalgando en las nubes de la Paideia griega.

¡VOLVER SIEMPRE A LA MONTAÑA DE LA JUVENTUD!

 

Recorrer los viejos senderos de la juventud ya de viejo. Sería una hazaña mayor ahora que antes.

-¿Qué quieres decir con eso del alpinismo como forma de vida?

-Que deja de ser una hazaña, según se considera ocasionalmente alguna ascensión, y pasa a ser parte de la cotidianidad.

Por mejor decirlo, no es cosa de escalar desde la juventud hasta los cuarenta años de edad y a otra cosa. No.

¿Es posible eso?

-Cosa de voluntad. Con la aceptación que lo que caminábamos en medio día,  ahora tal vez en dos días…Ya no hay prisa.





En el desierto de Altar. Sonora, México

No hay sombra y las dunas están prácticamente sin relieve: 13:00 horas, 50 grados C.



Arrumbar en el desván mochila, cuerdas, piolet, y martillo es como sentarse a hablar de filosofía con los amigos, de novelas, poesía libros y  demás, y ya no ir a la calle, que fue donde empezó el ejercicio del pensar libre y hasta después pasó a ser sistemático.


Del libro Técnica Alpina de Manuel Sánchez y Armando Altamira.

Editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1978


-¿Como hablar de recetas de cocina pero nunca hacer el guiso?

 O encerrarse en el claustro metafísico mientras las ovejas, por falta de alimento espiritual, se van tras otros pastores.

Una santa espiritualidad  que no es de este mundo pero que también está en este mundo, entre torbellinos de la política, las finanzas, las “Ilustraciones”, los “Romanticismos”,  y  todas esas cosas que nos hacen humanos, demasiado humanos, o  menos…

 No inventar el mundo, el mundo ya lo inventaron, desde milenios y más milenios, de aquel lado los presocráticos y babilonios y de este (Mesoamérica) los tohono O´  odam, los olmecas, los incas, araucanos,   los ranqueles, los arapaso…

Una rubaiyat:

“No pretendas, Khayyam, descifrar el enigma

De la Vida, que es sólo una ficción

Cielo, infierno, esperanzas, temores…¡Bah! Que traigan vino de beber…”

 Aparecieron los creacionistas, los atomistas, los evolucionistas, los implosionistas y los bigbancionistas. ¡Y, en los mass media, la literatura y el cine, las fake news.

 ¡Hizo su debut la  literatura regurgitada! Cada generación a su vez, hace su regurgitación. 

¡Enteramente valido, también la practicamos!

Más cómo yo concibo esa lectura y la proyecto con pretensiones universales, es una manera de buscar colonizar la mente de los otros.  

Se regurgita según el contexto en el que se vive, con poca libertad del pensador. Si no es consecuente con el siglo no se cobra la nómina de la quincena.

La regurgitación, como cita o como tono de originalidad, ya estaba contemplada por  Emerson cuando anota:

"Todas las mentes citan. Lo viejo y lo nuevo forman la trama y urdimbre de todo momento. No hay un solo hilo que no sea una torsión de estas dos hebras. Por necesidad, por proclividad y por deleite, todos citamos....Si leemos a Platón hallamos dogmas cristianos y, no sólo eso, sino  que tropezamos con frases evangélicas ,Hegel preexiste en Proclo y, mucho antes en Heráclito y Parménides. Quien conozca a Plutarco, Luciano, Rabelais, Montaigne, y Bayle tendrá la clave a mucha supuestas originalidades...Le Grand demostró que en las antiguas fabliaux estaban los originales de las narraciones de Moliere, La Fontaine, Boccaccio y Voltaire... "

Emerson da abundantes ejemplos de esta practica de citar autores en el capitulo: "Citas y originalidad" en la obra Emerson, literato y filósofo de Mark Van Doren, en español, de la Editorial LIMUSA-WILEY,S.A. México, 19 67.

Literatura  valiosa para el álbum familiar en tanto no descubrimos a los autores originales. De regurgitación aprendemos, como en el alpinismo aprendemos de las rutas trazadas por otros con anterioridad. Pasamos y repasamos estos caminos verticales del Matterhorn, acortamos el tiempo de ascensión y hasta hacemos escaladas solitarias. Leemos y releemos a Homero y a Nezahualcóyotl.

 Pero todo esto para el álbum familiar porque, hagamos lo que hagamos, sobre lo ya hecho, no aportamos nada para la historia del alpinismo nacional y mundial en tanto  no llevemos a cabo algo original.

La historia de la  literatura alpina se mueve en libertad lirica  sin fin, pero en la historia alpina solo los hechos originales cuentan.



Armando Altamira Areyán y Luis Burgos Peraita.

4 p.m. Caminan hacia el sur.

Desierto de Samalayuca, Chihuahua, México.


La historia general se mueve en  hitos nuevos, lo demás, insistimos, es para la historia del álbum familiar. Así es la literatura de regurgitación.

La filosofía se piensa como terapéutica para lograr una vida feliz y tranquila y suena mucho la palabra ataraxia. Como  la de Epicuro, por ejemplo.

Lo cierto es que hay filosofías color de rosa y otras filosofías que huelen a azufre. Igual que algunas religiones, hay filosofías que llevan a la angustia, al opio   al psiquiatra o al suicidio colectivo.

¿Los originales? Cada generación come de Platón y de Demócrito. 

La idealidad y la materialidad. Dos campeones rijosos que siempre  están peleando. Lucha sin cuartel y sin fin  con necesarios periodos  de paz  para recomponer el campo de la próxima batalla.

O aporías que parecen no tener solución como esta de Aristóteles con su especie de aforismo con el que refuta a Speusippo.

 Este dice que la potencia es antes que el acto porque el semen es antes al hombre. Aristóteles argumenta que el hombre viene del hombre porque el hombre es antes del semen. 

Así podríamos seguir que este hombre viene del semen y este semen viene del hombre…hasta llegar a la vieja pregunta ¿creación o evolución, ¿o quién fue primero el huevo o al gallina? 

Tendríamos que llamar  en nuestro auxilio  a Edipo (el de Yocasta),gran descifrador de enigmas. 

O citar a Aristóteles que, hablando de las estrellas, aceptó: "Dejo a otros más hábiles el cuidado de demostrarlo."

 Es una delicia leerlos.

 No leerlos...  “¡Allí está todo!”, dice Jean Whal, marsellés, primer tercio del siglo veinte, refiriéndose al primero, en su libro Camino del filósofo.

Lo que cabe es  agregarle eslabones a nuestro pretérito, seguir recorriendo los viejos caminos de la nieve, las trilladas coordenadas del desierto arenoso o los senderos verticales de la roca.



Mejor  colgarse al hombro la mochila

Del libro citado

Sí, mejor  colgarse al hombro la mochila  y, desde ese pretérito, continuar   en el camino, estar en la calle, en los bosques altos y, sudando la camiseta,  seguir haciendo filosofía.

Ya en plena ascensión de la montaña, como quien dice In situ, sabremos  con certeza, qué hay con eso de la razón pura, la filosofía o la teología.

 En tanto eso no se dé, todo queda en  literatura de salón y charlas de jubilados para escapar del aburrimiento.



 

OMAR KHAYYAM FRENTE A LA NADA

 




Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishapurí u Omar Jayam, fue un matemático, astrónomo y poeta persa.​​Su nombre suele encontrarse también escrito de acuerdo con la transcripción inglesa, Omar Khayyam. Igualmente, puede aparecer la versión árabe, Omar al-Jayyam u Omar ibn al-Jayyam. Wikipedia

 

 

La Nada es una realidad para Khayyam y no le importa lo que está enfrente de ella, sea  soplo divino o célula primordial.

Más aun, hace de la Nada el sujeto, o el primer motor, al declarar,  en uno de sus rubaiyat, a la

 “Nada de la Nada”.

Recordar que la nada en Aristóteles tiene tres acepciones: la nada, lo falso, lo que existe en potencia.

Khayyam conocía el enredo que los filósofos hacen de la nada: la nada es algo, etc…

Insiste, a todo lo largo de sus rubaiyat (cuartetas), en que tratemos a la tierra con respeto porque, es polvo que en otro tiempo pudo tratarse de una hermosa hurí de ojos color esmeralda, de un príncipe, de un mendigo o de un poderoso guerrero, y ahora son nada como seres humanos pero si como tierra con la que se modela el asa de  una olla o el ladrillo con el que se construye una casa…

Casi se ríe de esas dos grandes cuestiones que tanto interesan a los sabios: ¿creación o evolución?:

¿A qué discutir sobre el mundo? Cuando muera nada ha de importarme nada que fuese o no creado.

Entre tanto, cuando ese momento llegue, se hace otra pregunta:

¿Por qué vine, por qué he de irme?

¿De haber existido el hotmail y el watsapp, en  el  siglo once, estas cuestiones le inquietarían a Khayyam?

MALCOM LOWRY SE EMBORRACHA EN CUERNAVACA, BAJO EL VOLCÁN

 



El volcán "personaje" de la novela

Popocatépetl(5,452m)

foto tomada de Internet (De Armando Salas Portugal)





El autor de esta obra  viene de una tradición novelística de largo aliento, al estilo de Lo que el viento se llevó, de Margarita Mitchell o  Middlemarch, de George Eliot o La Montaña Mágica de Thomas Mann (o, en el Este, La Guerra y la Paz de Tolstoi).  No se trata de  un trabajo para lectores susceptibles de ser  llevados a la carrera  para todos lados tanto por la mercadotecnia como por “el espíritu de la época.”

Inglaterra y Europa central hacen una región donde el promedio de lecturas al año, por individuo, es alto. Esto se traduce en obras donde los escritores no tienen prisa por terminar sus relatos y los lectores, en correspondencia, son muy sui generis.   

Geoffrey Firmín, uno de los personajes centrales de esta novela, es un alcohólico convencido y de tiempo completo. En toda la obra le vamos a encontrar exclamaciones como ésta: “¿Qué belleza puede compararse a la de una cantina en las primeras horas de la mañana?”. Para escribirla, el autor debe ser  alcohólico y el lector, para comprenderla en toda su dimensión, también debe ser alcohólico. Nadie que no sea alcohólico puede poseer la clave para penetrar este misterio.

Igual filósofos escriben y hablan para filósofos, los “ordinarios” no los entendemos, como  nadie entiende a los borrachos consuetudinarios. Y tanto filósofos como alcohólicos acaban por no entendernos a los “normales”. Son sectas de un solo dios y para un solo dios. El dios de aquellos se llama Platón-Demócrito y el de estos Ome Tochtli,  de los pueblos originarios de México. Ambos ya poco conocidos por las “religiones ciudadanas ya con poca religiosidad”.

 

 

Ome Tochtli (dos conejo) dios del vino octli (o pulque y de la fertilidad). Bebida altamente  erótica como embriagante. Esta bebida totalmente natural, extraída del maguey, del agave, no deben tomarla los pueblos que están en el fríamente calculado suicidio generacional. Fracasarían ¡Se llenarían de niños!

 Su jeroglífico en el pectoral es un conejo y con eso este dios lo dice todo. Un erotismo que no se aviene con las políticas economicistas de los siglos.

Empero, este genio de la especie de los mexicas, era de rigurosísima observancia calendárica (bajo pena de muerte) pues una población beoda de nada bueno le servía a la etnia azteca. En el Calmecac, colegio, a los niños se les enseñaba a repetir   la fórmula: “El vino embrutece aun a los hombres más sabios”.

Escultura en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México, Sala Mexica.

 

La digresión viene al caso porque tanto el autor de esta novela, en la vida real,  como sus personajes de ficción, para nada se asoman con Ome Tochtli y en contrario se apuran a beber licores asesinos que se producen en el país, con la  impotencia sexual. Como daño colateral, la impotencia por alcoholismo es otra manera de militar en los bandos  del suicidio generacional.

Más adelante el Cónsul (Firmín) exclama confirmando su anterior pensamiento: “Bebe toda la mañana, bebe todo el día. ¡Esto es vivir!” 

No quiere tener contacto con el mundo que, siente, se derrumba y construye su propio mundo, que no es otro que la cantina en la cual se encuentra a gusto:

“Aquí estaba a salvo: era éste el lugar que amaba: el refugio, el paraíso de su desesperación… ¡Ah, cómo echaría  de menos, por doquier que fuese, aquellos ardientes sorbos solitarios que tal vez eran los momentos más felices de su vida”.

Geoffrey Firmín, como todo alcohólico, tiene su coartada. En este caso es de dimensiones histórico- sociales. El hundimiento de la República Democrática  Española y la inmensa catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. (Decaimiento que es un puro pretexto, es inglés y, por lo tanto perteneciente al bando central de los vencedores).

Otra coartada: el alcoholismo es un anestésico cultural. Hugo, otro personaje, se refiere a Geoffrey en estos términos: “De nada serviría  desintoxicarlo por uno o dos días. ¡Por Dios! Si nuestra civilización  tornara a la sobriedad por un par de días, al tercero moriría de remordimiento”.

Aun hay otra coartada y es su matrimonio fracasado con Ivonne Griffaton.

Y bajo la manga tiene otra coartada más para  justificar  su alcoholismo: Es su irremediable escepticismo ante el espectáculo que no se puede ser eternamente joven:  “Porque en menos de cuatro años que transcurrían con tal rapidez  que el cigarrillo fumado hoy parecía haberse fumado ayer, tendría treinta y tres; en siete más, cuarenta: y en cuarenta y siete, ochenta. Sesenta y siete años  parecía un plazo  cómodamente largo, pero entonces tendría cien”

Todo se desarrolla en un ritmo donde pareciera que el tiempo no existe, o al menos no importa, en la ciudad de Cuernavaca, treinta kilómetros al sur de la Ciudad de México. (En ese tiempo todavía se le decía “lugar de la eterna primavera”).

 El relato empieza el Día de Muertos de 1939, en el Hotel Casino de la Selva. M.  Laurelle y el doctor Vigil, otros alcohólicos de tiempo completo de la novela, se meten a una tenducha. Para entrar al segundo cuarto, que es en el que venden bebidas fuertes, hay que hacer a un lado una cortina mugrosa  que sirve de puerta.

En el más puro estilo puritano, el segundo cuarto es el submundo a donde va a parar sin remedio todo lo que se sale de armonía. Aquí no hay reconstrucción posible  como en el cristianismo ortodoxo. Aquí nada más existe el no retorno, como en la filosofía de Hegel.

La obra, Bajo el Volcán, está plagada de estas metáforas de  luz y  sombra, lo alto y lo bajo.

En sus numerosas referencias al Popocatépetl, que observa desde el valle de Cuernavaca, Geoffrey se refiere a la cumbre blanca llena de luz pero también a la “barranca”.

 Siempre la barranca, la oscuridad, el submundo que no regresa porque nunca se ha ido y que envuelve su alma atormentada.

Dos culturas, dos religiones.

Esta montaña, sacratísima, fue,  es, y seguirá siendo considerada como la representación, el avatar, de Tezcatlipoca, el dios más grande de los aztecas.

Para Lowry, cristiano, esta barranca, vista desde el lado oeste llena de diablos y brujas, es precisamente por donde un día Virgilio y Dante entraron al infierno.

Popocatépetl sin nieve por la intensa actividad volcánica de los últimos 20 años.

Foto tomada de Internet ( De By Live the Mountain)


 Tal vez, como  Kierkegaard, vive ya desde ahora  un terrible  final apocalíptico, el precio de un pecado que él, como hijo putativo de esta religión, no cometió pero que se siente llamado a pagar. ¡Y en tanto llega el temido final, la tensión es insoportable, con el elegante nombre de estrés, que sólo la ciencia medica, psiquiatría, puede paliar. Los pobres, que no tiene para la cara consulta, toman licor.

La barranca que espera y lo envolverá con su manto pero, en tanto ese momento llegue, es necesario anestesiarse con alcohol.

En el lado oeste de la base del Popocatépetl está realmente la impresionante barranca de Nexpayantla. La hemos recorrido varias veces, que se mantiene a partir de su cabecera, en los 4 mil metros con ligero declive hacia el oeste. Profunda y de varios kilómetros de extensión hasta terminar cerca del pueblo de San Pedro Nexapa.

Siempre es salvajemente bella  y cuando se cubre de nieve, el espectáculo es paradisíaco. Pero como está debajo, más allá de la base del volcán, Geoffrey lo imagina, en su locura puritana y alcohólica,  como el submundo al estilo de la gruta donde se mete Eneas después de la caída de Troya, que relata Virgilio. O la otra gruta que nos cuenta Dante, llena de diablos y monstruos malditos. Así es para Geoffrey la bella barranca de Nexpayantla. Escribe:

“Por la ventana, el Popocatépetl, se erguía con su inmensa falda…su cima cubría el cielo, y se alzaba sobre la cabeza del Cónsul, y directamente en su base estaba la barranca…Por algo los antiguos situaron el Tártaro bajo el monte Etna y en su interior al monstruo Tifeo con sus cien cabezas y sus ojos y sus voces temibles”.

Se dice que la novela Bajo el Volcán es una obra maestra de la narrativa del siglo veinte. Malcolm Lowry, el autor, nació en 1909, en New Brigton y murió en Inglaterra en 1957. Comenzó a escribir esta novela en 1934 y, luego de reescribirla en tres ocasiones, fue editada en 1947.



                                                Lowry

 Lowry fue un  novelista conquistado por México, al estilo del alemán Bruno Traven. Pero también por el mezcal de Oaxaca.

Las postreras líneas de esta gran novela son para referirse, para que Geoffrey  siga refiriéndose, al mundo destruido sin remedio de su imaginación alcohólizada: “Alguien tiró tras él un perro muerto en la barranca”. ¡Otra vez la barranca! Y más adelante el jardín de una casa tenía un letrero: “¿Le gusta este jardín que es suyo? ¡Evite que sus hijos lo destruyan!”.

Se trata de un loable deseo para otros, pero el mundo de él ya estaba destruido sin remedio.

 


UN HOMBRE MUY IMPORTANTE

 


 





Llega al grupo de AA, se sienta y no tarda alguien en preguntarle si quiere una taza de café.

“Intuyen que soy un hombre de importancia”


-¿Es cierto que aquí se deja de  beber?

-¡Sí!

-¿Cuánto tiempo tarda eso?

-Depende de usted.

-¿Cómo lo sabré?

-Cuando usted sirva una taza de café al recién llegado.

-Usted ya se curó?

-Estoy en eso, apenas he servido mil tazas de café.


Viñeta tomada de El País del 28 de julio de 2018

LA EXPERIENCIA LOCA DE LEER

 


¿Por qué leer tanta fantasía de filósofos, novelistas y poetas? Dicen que esa es la realidad de la vida. Pensadores idealistas y otros materialistas lo aseguran.

La otra realidad son los programas hueros de la televisión, la propaganda, con técnica de conflicto, que se hacen algunos artistas, los pleitos de las familias de la realeza que, fuera de su establishment, nadie conoce ni conocerá y, por si algo faltara, las cínicas fake news.

Diez minutos, no más de diez minutos, viendo canales de televisión para decidirse por la fantástica realidad de los novelistas.

¿Y la gente pobre (noventa por ciento de la población mundial) que no tiene para comprar tarjetas de programas televisivas seleccionadas?

Virgilio y Dante están listos para guiarlos en un tour por los mismísimos infiernos del estrés.


                                       En la nada fresca mansión de Dite

                                                           Grabado de Doré


Abro las páginas del Quijote y ahora hay tres personajes, no dos. Lo leí cuando niño y luego de adolescente y lo sigo leyendo. A las andanzas de los legendarios personajes ahora saltan, por conexión, los recuerdos de mi propia experiencia que han vuelto a aparecer con esas siempre emocionantes lecturas de Cervantes.



                                               Lewis



“Como cuando volvemos a algún sitio hermoso que conocimos de niños-escribe C. S. Lewis en La experiencia de leer-.Apreciamos el paisaje con nuestros ojos de adultos, pero también revivimos el placer, a menudo muy diferente que nos produjo cuando éramos pequeños”.

En cada etapa de mi vida he pensado de manera diferente respecto de lo que Cervantes quiso decir. Los cien, o tal vez más, ensayos que se han escrito analizando esta obra, me dan la razón.

Cada quien ve  la misma calle de diferente manera.

 Lewis: “Por naturaleza, cada uno de nosotros ve el mundo desde un punto de vista”.

El mismo autor de una obra, según pasa el tiempo, va considerando otro modo de ver de cómo lo escribió por primera vez. Los trabajos de filosofía son donde más se ve este fenómeno cuando encontramos la expresión “En mi obra de juventud…”

Kant, en la segunda edición de su Critica le agregó capítulos y le quitó otros.

Luego están los que, a mi manera de ver una calle, me dicen cómo debo de verla. Los filósofos escriben sendos trabajos enmendándole la plana a lo que escribió Aristóteles y Aristóteles, a su vez, no pierde renglón, al menos en su Metafísica, marcando lo que, a su modo de ver, equivocó Platón, etc.

De ahí que Oswald Spengler escribió en La decadencia de occidente: “ Los posteriores se han originado en transformación de los anteriores”.



Las formas arquitectónicas de los templos religiosos como mezquita, cúpula, y basílica hablan de un antiquísimo y respetable enjambre de religiones primitivas mágicas y sectas del oriente  árabe que dejó su impronta en el actual mundo occidental(sectas que crecieron a religiones y religiones se redujeron a sectas). En las etnias nativo americanas las danzas de oración son por completo al aire libre, bajo la bóveda cósmica, en contacto directo con el viento, la lluvia y el sol. Las capillas cristianas edificadas por los jesuitas en el norte mexicano del siglo dieciséis son presencias frecuentadas pero en realidad ajenas al pensamiento indígena en pleno contacto con la tierra en la que viven, cultivan y caminan. Aquí no hay aquella bella metáfora de la cueva, de la ignorancia  y el pecado, que luego iluminará la Gracia. Aquí la luz de las estrellas ilumina a la sagrada madre tierra. Los vestidos de la danza ritual llevan el símbolo sagrado tohono O´ odham del Laberinto.

foto tomada de Internet


Santayana, el filósofo estadounidense-español, se refiere a las teorías filosóficas de todos los tiempos, incluida su obra, como meras literaturas. En otras palabras, son trabajos liricos u ocurrencias que cada quien tuvo (Santayana se auto consideraba como ”un filósofo vejestorio”). Lewis hace esta reflexión:

“¿Qué valor tiene, e incluso, qué justificación puede tener, interesarse con tanto entusiasmo por unas historias que narran cosas que nunca han sucedido, y participar indirectamente de unos sentimientos que no nos interesaría en absoluto experimentar en nuestras vidas? ¿Qué valor tiene concentrarse para imaginar cosas que nunca podrían existir, como el paraíso terrenal de Dante…”

 Como ir por primera vez a escalar una montaña. Unos no sentirán nada interesante en esa acción y no volverán. Se encerrarán en la ciudad industrial de los pantalones rotos y el teléfono en la mano, para ya nunca salir de ella. 

Para otros puede ser una experiencia tan trascendental que harán del alpinismo no su deporte ocasional sino su modo de vida. Así dice Lewis, en esto de la lectura:

“Para una clase de personas la primera lectura de una obra literaria suele ser una experiencia tan trascendental que sólo admite comparación con las experiencias del amor, la religión o el duelo. Su conciencia sufre un cambio muy profundo. Ya no son los mismos. En cambio, los otros lectores no parecen experimentar nada semejante”.

Leer literatura cultural, composiciones liricas, novelas o poesía es, como dice la insignia sagrada de los tohono O’odham, etnia de Sonora, México-Estados Unidos, en el Laberinto de la Vida, de calidad en  el que cada  individuo encuentra su realización como ser.




El Laberinto






¡Que locura esto de leer! Estamos en  la disyuntiva:

Navegamos en el mar encrespado de las ideas de calidad de todos los tiempos o,

nos arrellenamos en el sofá, comiendo palomitas viendo los programas hueros, en espera que  Virgilio y Dante nos lleven en su próximo tour a la nada fresca mansión de Dite.

                                                           

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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