PARA ENTENDER A TENAYUCA, LA PIRAMIDE




La pirámide de Tenayuca contiene elementos arquitectónicos y escultóricos que representan  fielmente la estructura del culto solar como lo entendían, y lo siguen entendiendo, los pueblos mesoamericanos de México. Se considera que a la sazón hay más de 50 grupos étnicos en el país.
Guía INAH

La pirámide de Tenayuca se localiza en el noroeste de la ciudad de México, al finalizar, en el norte, la calzada Vallejo. De hecho es parte ya del Estado de México, municipio de Tlalnepantla. Numerosas líneas urbanas  de pasajeros llevan al lugar, saliendo de la estación Indios Verdes de la línea 3. Últimamente s e inauguró el moderno trasporte público conocido como “Metrobus” y sus terminales se encuentran, en el sur, en la estación Etiopía de la línea 3 del metro y, en el norte, donde termina la mencionada calzada Vallejo, a sólo  dos calles de la pirámide. La zona está “enmedio” o rodeada por las calles del pueblo de Tenayuca.
Guía INAH

Empezó a construirse en el siglo XIII d C y alcanzó 8 etapas. Las primeras 6 son visibles y las otras quedaron prácticamente sepultadas por la urbanización actual. Llegó a ser una especie de metrópoli y, dice Clavijero, “ocuparon el trono once reyes legítimos  y dos tiranos.” El primero, en la lista que ofrece este historiador, fue Xólotl y el último Coanacotzin.
Guía INAH

“La ciudad de Tenayuca fue fundada por los chichimecas de Xólotl, llamados así en honor del caudillo que los guió hasta la cuenca de México; esto ocurrió hacia el año 1224 d C. En diversas crónicas, principalmente en el Códice Xólotl y en las narraciones de Fernando de Alba Ixtlixóchitl,  se describe a estos individuos como un grupo nómada de costumbres bárbaras y belicosas”(Guía Tenayuca del INHA 1999).
Maqueta museo de sitio.Izq,Templo de Tlaloc,derecha Templo de Huitzilopochtli

En la actualidad tiene un museo de sitio. Pequeño pero académicamente cuidado  por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. La zona está asegurada mediante un sistema moderno de alambre electrificado, dada la poca altura de la barda que la circunda. El personal de vigilancia y el  administrativo es atento en el servicio al público. De ser el lugar sólo  un informe y elevado montón de tierra, en el siglo diecinueve, en la actualidad puede verse el formidable resultado de  los esfuerzos de los arqueólogos que han trabajado en el lugar, sobre todo a lo largo del siglo veinte.
Xiuhcoatl lado sur

La estructura es un templo religioso del culto solar, orientada su fachada hacia el oeste, con dos serpientes de roca, una en el sur y la otra en el norte, cuya orientación marcan los equinoccios y un coatepantli   o muro de serpientes que hablan de la sacratísima presencia espiritual de Quetzalcóatl.

Es la cosmovisión (cronovisión) de la lucha de los contrarios Tezcatlipoca Negro y Rojo que mantienen todo en movimiento en un eterno devenir. Y la presencia divina hecha verbo de Quetzalcóatl. Indica el cómo de la superación moral por medio de la participación humana que ahora llamaríamos ética o al menos civismo. Cuando el tlatoani o “rey” Quetzalcóatl  humano, de Tula, cometió actos vergonzosos mediante los efectos de la embriaguez por la bebida  pulque, tuvo conciencia de haber incurrido en una falta grave. Fue cuando emprendió el camino de la purificación y marchó, dice la leyenda, hacia la mítica Tlapallan, llegó al mar, se embarco en una balsa y se prendió fuego.
Coatepantli o muro de las serpientes

Es lo que nos dice su nombre Quetzalcóatl. Ave-Serpiente. Serpiente que le salen plumas o alas  y vuela. El humano que se arrastra y puede proyectarse espiritualmente. La metáfora Se vuelve verbo: Yo me quetzalcoatlizo, tú te quetzalcoatlizas, ello se quetzalcoatlizan. El coatepantli en derredor (sur, oeste, norte) de la pirámide no son consideraciones ornamentales de piedra que a alguien se le ocurrió poner ahí para que el edificio se viera bonito.
Separación que marca la piramide interior de la piramide posterior.Sistema que dejaba intacta la interior con respecto de la nueva.El edificio contiene seis piramides sobrepuestas  o "encimadas", al estilo de la cebolla..

Y los dos cuartos- altares, en lo alto de la pirámide(a la sazón no han sido reconstruidos, sólo se pueden apreciar en la maqueta), uno para Huitzilopochtli y el otro a para Tlaloc, tampoco son una curiosidad. Son los elementos de todo un complejo culto solar. Tlaloc, dios del agua, divinidad de los pueblos agrícolas, materializa con sus efectos sobre la tierra, de la fertilidad de la primavera y la esterilidad del invierno, otra vez el ciclo de la vida y la muerte. Tales son los elementos principales del culto solar mesoamericano.

La pirámide de Tenayuca, como todas las zonas arqueológicas de México, reproduce la realidad antitética de ser una obra arquitectónica que representa fielmente los elementos del culto solar pero que fue concebida, planeada y construida, se dice, por salvajes semidesnudos y comedores de carne cruda por casi desconocer el fuego…
Detalle al pie de la escalinata (suroeste)

Para que se entienda la contradicción, es como si un reloj Mido fuera concebido para representar el concepto del tiempo (empezando por eso, la concepción del tiempo) por salvajes que apenas sí pudieran blandir una hacha de palo con incrustaciones de vidrio volcánico...

 Para empezar a construir la pirámide, y la zona con sus recintos ceremoniales, fue necesario un proceso de civilización y culturalización, proporcionada  por los grupos sedentarios y cultos que ya había asentados en el Valle de México, en derredor del gran lago llamado de Texcoco. Si no se toma en cuenta lo anterior, y se carece de vitaminas  culturales necesarias, es fácil caer  en la fabula de los extraterrestres como constructores de Tenayuca.

Francisco Javier Clavijero, en su formidable Historia Antigua de México, apoyándose en las fuentes clásicas como Sahagún, Durán y Torquemada, sintetiza la historia del “reino” de Tenayuca de manera cuidadosamente documentada. De hecho Tenayuca fue lo que ahora podíamos llamar una primera potencia o imperio. Llegó a dominar, dice Clavijero, lugares tan distantes como lo que en la actualidad se conoce como estados de  Tlaxcala, Puebla, Morelos y partes de Hidalgo ( veinte veces más territorio de lo que en su tiempo cubrió el Imperio Etrusco). En un tiempo donde no había bestias de carga ni de monta eso fue una epopeya. Con el tiempo pasó a depender, bajo la fuerza de otras potencias emergentes, como  serían Azcapotzalco y luego México- Tenochtitlán. Su destrucción tuvo lugar en el siglo dieciséis con la conquista española.

Algunas situaciones que nos relata Clavijero pertenecen  más bien al terreno de la fabula como aquel episodio que trata de unos conjurados que querían dar muerte al caudillo y tlatoani Xólotl. Abren el cauce de un río desde Texcoco hasta Tenayuca (más de cincuenta kilómetros) con la idea que, cuando Xólotl estuviera durmiendo la siesta, abrir las compuertas y que al agua lo ahogara…

Por esas vueltas que da la historia  la zona arqueológica de Tenayuca ahora ocupa una extensión de terreno apenas de lo que se conoce como una “manzana .Es decir, un cuadro de la extensión de una calle..No más. Y con haber sido el centro del mundo prehispánico de su tiempo, en el que todos querían vivir para gozar de su religión, orden social y prosperidad económica, como en su tiempo sucedió con Roma y en la actualidad con Estados Unidos, ahora está casi sola.

 El 21 de diciembre del 2012, que, se recordará, se dijo en todo el mundo que se iba a acabar el mundo, por  algo que  les inventaron a los mayas, y por lo mismo Teotihuacán y Chichen Itzá se encontraban atestados por miles de turistas y gente atemorizada, en Tenayuca, hacia el medio día, sólo estábamos dos visitantes. Por cierto es el día que una de la serpiente de roca marca la entrada del invierno.

Esta soledad es parte de la realidad de la zona arqueológica de Tenayuca. Su belleza arquitectónica y su pasado portentoso, y su soledad actual, nos permiten traer a la memoria algo que escribió el emperador romano, Marco Aurelio, ante parecido panorama de sus propias ruinas romanas de otros tiempos:

 “Ponte a pensar, por ejemplo, en los tiempos de Vespasiano, y verás que sucedía lo mismos que hoy: gentes que se casan, crían hijos, enferman y mueren, hacen la guerra, celebran fiestas, trafican, cultivan la tierra, lisonjean,  son arrogante,  suspicaces, arman celadas y desean la muerte  de otros, murmuran del actual estado de cosas, aman, atesoran, ambicionan el consulado y el imperio.  De la vida de esas gentes no queda nada en parte alguna.”




COPLESTON Y LA GLOBALIZACIÓN DE LA CULTURA




Filosofía y culturas
Frederick C. Copleston
Fondo de Cultura Económica, México
1984

Esta obra es el resultado de las conferencias  “Martín D´Arcy”, dictadas por Copleston en Campion, en Oxford, durante el otoño de 1978.
Se trata de un esfuerzo por conocer la manera de pensar de  individuos que viven en otras sociedades: “es muy de desear que ampliemos nuestros horizontes y conozcamos  las maneras de pensar de otros pueblos, de otras culturas distintas de la nuestra.” Y de esa manera  reafirmar y enriquecer la propia. ¡Ah, y respetar a las otras!
F.C.Copleston

Si algo trascendental  tiene la vesánica rapiña de las guerras es llevar la cultura a otros pueblos. Si bien, al precio de la destrucción de la cultura del pueblo invadido. Los griegos contra los troyanos, los argentinos contra los ranqueles, los ingleses contra los argentinos, los norteamericanos contra los pieles rojas, los romanos contra los españoles, los españoles contra los mexica, los mexicanos mestizos contra los indios mexicanos y sus particulares culturas, los romanos contra los cartagineses, etc.

Lo que Copleston plantea es el modo cultural de conocer otros modos de pensar sin recurrir a la patológica costumbre de destruir. Porque lo que los ejércitos de invasión destruyen en una semana los antropólogos tardarán siglos en reconstruir, al ejemplo de la Troya de Homero o del todavía misterio casi impenetrable de Teotihuacán.

Se podría pensar en los historiadores como una fuente de información de la vida de los pueblos pero está visto que esta respetable ciencia está plagada por gente que escribe, como dice Shakespeare: “…desde nuestros tiempo y según nuestros intereses”.

 Nos queda  recurrir a los filósofos pero estos se dan en maceta y en cambio es mucho el   material por exponer. Por si fuera poco, y como la labor del filosofo es pensar, por lo general los gobiernos, desde la antigüedad en Grecia, los ven con malos ojos y les siembran el camino de piedras (o les ofrecen la cicuta) y de ahí que un filosofo gane más o menos veinte  millones de pesos, menos, al mes, que un futbolista. Sin embargo por  ahí andan los filósofos, y hay que buscarlos ya que no todo el mundo puede conformarse con el sentido común que nos ofrecen las telecomedias de las abuelitas: “Hay pocos filósofos (dice Copleston), y, con algunas excepciones, en general no influyen  en los destinos de los pueblos de una manera visible o dramática... Aquellos a quienes por uno u otro motivo no satisfacen las tradiciones miticas ni las éticas y religiosas debían volverse hacia la filosofía, aunque fuera sólo  para justificar su escepticismo. ”

  Ahora habría que cambiar la imagen: un hombre sin rostro buscando  en el  día, con su lámpara encendida, a un filósofo...

La intención de Copleston   es reunir, conocer, y conservar las culturas, para vivir del beneficio de la gran cultura de la Humanidad. ¿De qué sirve tener los libros del Popol Vuh, precioso legado de los mayas o la Ilíada de los griegos o los Upanishads de los indios o las máximas de Confucio, si las desconocemos?

Copleston nos invita a que conozcamos los otros modos de pensar al nuestro que, ya sobre   la vereda, nos damos cuenta que no son tan diferentes. Es un modo de decir que nos alejemos del escorbuto cultural que significa conocer sólo  un modo de pensar, el mío. Porque está visto, a través de los siglos, que el solipsismo cultural es una amenaza mortal para la cultura de las etnias.

“Frederick Charles Copleston S.J., (10 de abril, 1907, Taunton, Somerset, Inglaterra3 de febrero, 1994, Londres, Inglaterra) fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y un escritor de filosofía. Copleston se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.”





Schopenhauer en el juego sin meta del relojero




Obra: En torno a la filosofía
Editorial Porrúa; México, 2009
Primera edición en alemán: Berlín, 1851

Schopenhauer dice que en el juego del ajedrez sabemos bien de qué se trata: ganarle al otro. Hay una serie de recursos y nosotros decidimos cuándo y cómo empezar el juego y cuándo termina.

En el juego de la vida (considerado el asunto desde la filosofía, no de la teología) ni fuimos nosotros los que decidimos jugar ni tampoco conocemos la meta que hay que alcanzar, más allá de la que vemos frente a nuestras narices.  De pronto nos encontramos moviéndonos  como el reloj  al que alguien le dio cuerda. Pero desconocemos la intención del relojero.

Conocemos los medios pero no sabemos el fin, la meta, de todo esto. Hay algo como una “extraña astucia” que nos pone en movimiento. Porque cuando creemos haber alcanzado la meta, y tenemos toda la experiencia, habilidad y preparación, ¡Plop! De pronto  esa “una extraña astucia” nos hace a un lado. Como en la nómina de la fábrica en la que ocupábamos un lugar pero que ahora ha sido borrado y otro nombre ocupa nuestro renglón en el papel.

Al estilo del diputado, o del presidente de la república, que empezó el remoto ayer “picando piedra”, se afanó toda su vida y ahora, que está en la cúspide, debe dejarlo todo. ¡Cuando tenía todos los contactos!, los conocimientos, la habilidad y los programas que iban a  salvar a la Humanidad estaban tan avanzados! ¿Cuál es la meta  de  tanto afán?

Como en el videojuego de los niños que alguien va conduciendo un automóvil, a toda velocidad y habilidad, y conoce el cómo ir por la carretera derribando obstáculos pero ignora a qué fin  se dirige todo eso.

Schopenhauer se refiere al juego de ajedrez porque es el modelo que nos resulta familiar pero, cuando lo que se considera es la vida, la existencia, nos afanamos en los modos mecánicos de las hormigas pero, ¿para qué?. Sobre todo cuando somos conscientes, dice, que este fin no es el fin. Si éste no es, ¿cuál es? Recordamos que la pregunta la hace un filósofo, no un teólogo. Schopenhauer no se contenta con la indolente expresión de “aquí acaba todo”. Si hubo un creador el asunto no puede acabar con la descomposición de los tejidos. Para eso no se necesitaba haber desarrollado la angustia que nos conduce a la intuición y certeza  que nos advierte de la muerte. Con el mecanicismo de las hormigas hubiera sido suficiente. O cuando más primates con visión estereoscópica y manos prensiles del oligoceno. ¿Para qué pasar de ahí?
Arturo Schopenhauer

El asunto se complica cuando Schopenhauer menciona la palabra “creación”. Entra en juego la creación, no basta ya la azarosa aparición de la célula primordial y las cianobacterias  entre fluidos químicos y energía eléctrica que cruzan el planeta por todas partes en el  comienzo de todo. No nos preguntamos por el fin y en todo caso no importa. Si no vamos a obtener la respuesta más nos vale sólo preocuparnos de los medios para irla pasando, de la próxima olimpiada, de la liguilla de futbol de verano aunque  apenas sea  invierno, de la telecomedia de las ocho de la noche…

Schopenhauer se pregunta: “Si consideramos nuestra existencia como obra de un extraño poder arbitrario, debemos admirar la hábil astucia del espíritu que nos ha creado. Esta astucia en efecto ha logrado hacernos tan caro un fin momentáneo, y que pronto habremos de abandonar, aún a pesar nuestro, la vida y la existencia, cuya nadería se impone  necesariamente a nuestra reflexión, que laboramos con todas nuestras  energías y con la mejor fe para conseguirlo. Sabemos, sin embargo, que luego de concluida la partida, el fin no existe para nosotros: en suma no podemos precisar lo que nos lo hace tan querido. Siempre se nos aparece tan voluntariamente suscrito como por aquel  que se propone dar jaque al rey de su adversario. Nunca pensamos más que en los medios, sin preocuparnos del fin. He aquí la conclusión a  que llegamos porque nuestro conocimiento es simplemente capaz de ver lo exterior, pero impotente para escudriñar lo interno.”












Ortega y Gasset y la higiene vital




Obra: ¿Qué es filosofía?
Autor: José Ortega y Gasset
Colección Austral, Espasa- Calpe. S.A. Madrid, España
7 de diciembre 1973



“Taco y paso atrás” es una expresión mexicana jocosa  de los participantes a un banquete donde, al estilo de “bufet”, cada uno se sirve su plato. Sólo que muchos, casi todos, no dejan el puesto próximo a los manjares y no dan oportunidad que se acerquen los de la segunda fila que esperan con sus platos vacíos. De ahí el apremiante grito de “¡Taco y paso atrás!” Es, en cierto sentido, una de las más grandes  metáforas.

Ortega y Gasset ilustra así el modo de pensar de la generación de los humanos que ya vivió su tiempo, y su oportunidad, pero que no quiere dejar su sitio a los de la generación de los que viene detrás. Es la nueva generación de los hijos que creamos, de los estudiantes que enseñamos, de los trabajadores manuales que adiestramos y, sin embargo, ahora  no queremos  hacernos a un lado, pudiendo hacerlo, y dejar nuestro puesto, para ser ocupado por aquellos.
José Ortega y Gasset

Considérese con detenimiento, y sin pasión, lo que esto significa en un planeta en el que el número de habitantes se multiplica de manera exponencial. Las oportunidades de estudios y de laborar son por demás escasas. Trabajadores manuales, académicos y  políticos profesionales, con antigüedad  suficiente, y en ocasiones más que suficiente, no se jubilan para dejar oportunidad a los jóvenes. Ya no hablamos de gente de la tercera edad sino de ancianitos en los que el apremio económico dejó de ser factor de permanencia.

Observaciones como esta es donde Ortega y Gasset  adquiere su grandeza de pensamiento. Lo  dice de esta manera: “ Cuando esta prolongación de la juventud es ya imposible, aun cabe decidirse bellamente  por la gran  generosidad  y, ya que no se puede vivir la nueva vida, que llega, alegrarse de que otros la vivan, querer que el porvenir sea distinto de nosotros, estar resueltos a la aventura de dejarles  su novedad invasora, su juventud. Es el problema del hombre maduro: el pasado tira ya de él, y fermenta en él el sentimiento, la acritud hacia el futuro. A la vez siente aun próxima su juventud, aun está junto a uno, pero ya no está en uno, sino a la vera, como sobre el muro el trofeo, lanza y arnés, gesto de guerra ya inválido y paralítico. ¡Que otra juventud sea, ya que no puede volver  la de uno! En el Sahara se oye un adagio que dibuja, en su sobriedad, toda una escena de desierto, donde hombres, rebaños y tropeles de acémilas tiene que abrevarse  en un breve charco. Dice así, sencillamente: “Bebe del pozo y deja tu puesto a otro.”

Ortega y Gasset conoce la pasta humana y sabe que  se la pasa cantando himnos a la solidaridad y a la vez practicando, día tras día, un riguroso solipsismo.Advierte: "El que se resista,el que no quiere comprender la nueva fisonomía que toma el vivir,quedará sumergido en la resaca irremediable  del pretérito-en todos los ordenes y en todos los sentidos-,en su obra,si es intelectual o artista, en sus amores,si es sentimental,en su política, si es ambicioso." 

“José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”







Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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