B.SPINOZA, EN EL HURACÁN


 

Spinoza empezó su método filosófico partiendo de la existencia de Dios, manifestándose como tal en la naturaleza.

 “Dios o la naturaleza” es una de sus expresiones que metieron pánico en las ortodoxias de su siglo.

Provocó en  teología, y en filosofía, una serie de cuestionamientos. De panteísta no lo bajaron unos y de ateo otros. Empezando por la expulsión de la comunidad judía, a la que pertenecía y en la que fue educado, que consideró nada ortodoxos sus puntos de vista.

Situación análoga vivió con la Iglesia católica y con algunas iglesias cristianas liberales.

Tolerancia religiosa sería uno de sus postulados, seguramente por lo que había vivido en carne propia.

Copleston dirá  que Spinoza no es ningún ateo y respecto la etiqueta de panteísta, había que caminar más fino antes de expresar tal juicio.

Como sea, ¿podía Spinoza empezar su obra filosófica, dada su educación religiosa, de manera diferente que no fuera con las cosas infinitas, propias de la teología pero no de la filosofía?

Con un  conocimiento amplio  de las Escrituras, y  crítico respecto de las mismas,  era teólogo,  pero lo suyo era el  campo de la filosofía.

Fuera ya de todo, y sin compromiso con ninguna tradición religiosa, ahora podía leer y apoyarse en otras corrientes filosóficas (situación semejante que vivió Emerson cuando dejó su ministerio religioso en Estados Unidos). Especialmente en  el cartesianismo, con el que, sin embargo, no en todo estuvo de acuerdo.

Ahora comparaba, cuestionaba, aprendía y se lanzaba  a realizar de manera original su obra.

No pretendió, como Descartes, su temprano paradigma, dudar de todo lo que los filósofos habían escrito durante siglos y empezar de cero.

Su obra, por el contrario, contiene varias influencias filosóficas, hasta de los presocráticos, que enriquecen, no que contaminan, su valioso pensamiento.

Empero, sabido es que quien atiende los llamados de la filosofía, ya sea como profesión, o como plan de vida, es como el gato que se mete a la chimenea: o sale quemado o sale tiznado.

 Spinoza, anatematizado y  olvidado,   fue casi  borrado de la lista de los olímpicos de la filosofía.

“Atacado por una parte por los teólogos, y, por otra, por los filósofos, la doctrina de Spinoza apenas  aparecía digna de seria consideración.”(Copleston)

 A Spinoza se le señalan varias incongruencias. Copleston, de los más cuidadosos e imparciales que han estudiado la obra de Spinoza, señala  que utiliza palabras con significados  que dicen otra cosa en la literatura filosófica:

“Los términos empleados por Spinoza tiene que ser entendidos a la luz de sus propia definiciones, y no a la luz de los significados comúnmente asignados a esos términos en el lenguaje ordinario... Para comprender la  tendencia del pensamiento de Spinoza sirve de ayuda el substituir  la palabra “Dios “por la palabra “naturaleza”.

Agrega Copleston   que “si estamos considerando las cosas como modos bajo un atributo particular, debemos hacerlo consecuentemente, y no cambiar nuestro punto de vista y nuestro lenguaje de una manera irresponsable.”

Muchos filósofos, quién sabe si  todos, suelen utilizar diversos  términos para decir una misma cosa, con lo que el lector seguramente acabará desorientado, y con un sentimiento de incapacidad mental, sino conoce del juego     mental  y de  extensión que se está tratando.

Semejante al diclofenaco que se llama diferente, según el laboratorio que la produce y la coloca en el mercado.

Copleston observa que "Leibniz utiliza el término materia (esto es materia prima o primera) en un sentido bastante  diferente de aquel  en que antes le hemos visto utilizarlo. Ahora lo emplea  en el sentido de principio pasivo de la substancia...Si se busca en Leibniz un empleo absolutamente consecuente de los términos, se busca en vano...Extrañas expresiones que manifiestan patentemente  que el autor hace mal empleo de los términos."

Y de Hobbes dice: "del análisis que hace Hobbes de la causalidad podemos observar cómo utiliza  términos escolásticos, interpretándolos a su modo y atribuyéndoles  nuevos significados de acuerdo con su propia filosofía."

Así con Spinoza.

Pero la placenta no se intelectualiza.

Más temprano o más tarde todos regresan a las arenas que los alimentaron, mil años antes de su nacimiento.

Los huicholes a Virikuta. Los indomexicanos que andan regados por el mundo, regresan cada año, en el mes de toxcatl (mayo) a la fuente de los coyotes de Coyoacán, donde se encuentran el binomio Tezcatlipoca- Tláloc. Las tumbas de los ingleses mineros de Real del Monte, Hidalgo, México, están orientadas hacia Inglaterra. Los israelitas no olvidaron, en dos mil años, regresar a Palestina.

Roberto Redford le dijo a su compañero de viaje, por el sendero de los Apalaches, en la película Grandes Amigos “llena tu costal de pan, tíralo sobre la barda y ve por él”.

Algo parecido le pasó a Spinoza con su desarrollo intelectual. Copleston anota “aunque el pensamiento de Spinoza parece haberse alejado mucho de sus orígenes  judíos, en la dirección de un monismo naturalista, sus doctrinas de la divinidad infinita y de los atributos divinos  desconocidos sugieren que los orígenes religiosos de su pensamiento no quedaron en modo alguno completamente obscurecidos por su ulterior desarrollo.”(Copleston, Historia de la filosofía, volumen 2, tomo cuatro, capítulo XIV)

Pero, de estar Spinoza prácticamente olvidado, dice el mismo Copleston, la corriente cambió. Con el tiempo sería llamado por grandes pensadores modernos  para ocupar su lugar en la historia de la cultura occidental:

Todo empezó con Lessing, a 103 años de haber fallecido Spinoza.

“En 1780 Lessing tuvo su famosa conversación con Jacobi en la que expresó su aprecio por Spinoza, y lo que a éste debía. También Herder apreció a Spinoza y Novalis describió a este, en una frase muy citada, como “embriagado por Dios”. Heine escribió calurosamente sobre Spinoza, y Goethe habló de la influencia que en él ejerció el filósofo judío, de la calma y resignación que puso en su alma la lectura de su Ética y de la amplia y desinteresada visión de la realidad que esa obra le abrió. Y filósofos  alemanes como Schilling y Hegel, los filósofos del movimiento Romántico, pusieron el spinozismo en la corriente principal de la filosofía europea.”

 


“Baruch Spinoza (conocido como Baruch de Spinoza o Benedict/Benito/Benedicto (de) Spinoza, según las distintas traducciones de su nombre, basadas en distintas hipótesis sobre su origen) (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz”wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ERROR ALPINO EN EL DESIERTO


 

Los errores en alpinismo, y en el desierto, como los errores en la investigación científica, son más valiosos si se les publica que si se les oculta.

En el primer caso se trata de una valiosa aportación de la que otros pueden beneficiarse. En el segundo sólo es esconder la basura debajo de la alfombra.

La  idiosincrasia de los mexicanos (quién sabe cómo serán en este sentido los otros pueblos indoamericanos) es que reaccionamos mal contra los errores de una expedición. En lugar de estudiarlos y aprovecharlos.

El resultado debe ser luminoso, heroico, retocado. Todos sabemos cómo subir montañas pero no todos sabemos lidiar con el error en tratamiento terapéutico.

"La crítica-escribe P.B. Medawar en su libro Consejos a un joven científico- es el arma más poderosa de toda metodología de las ciencias; es la única seguridad que tiene el científico de que no persistirá en el error." 

Pero la autocrítica es más difícil dado que no tiene enfrente quien se oponga a su modo de ver las cosas.

La autocrítica es hablar de los aviones que  jamás pudieron volar o que por defecto cayeron en tanto volaban. Pero que  gracias a estos errores los otros si pudieron volar y progresar.

En nuestras travesías efectuadas en los desiertos, de Sonora y Chihuahua (NW y N de México), cometimos errores, unos buscados y otros inconscientes. De tal índole fueron esos errores que son de los que no permiten ver la otra orilla de las arenas.

Hay que apresurarse a decir que las travesías, a las que aquí nos referimos, fueron realizadas a pie, caminando, con mochilas al hombro.

La primera vez que tuvimos conocimiento del desierto fue en Altar, Sonora. Deliberadamente fue en la última semana de la primavera ¡La peor época en el hemisferio norte para los desiertos calientes!

Queríamos aprender los problemas que nos planteaban las altas temperaturas con mucho sol, sin sombras y sin agua y cómo reaccionaríamos nosotros que vivimos en lugares con temperaturas de 20-10 grados C. del Valle de México.

Este recorrido solar  nos dice cuáles son las condiciones menos calientes y cuáles las tórridas
para cruzar desiertos en México.
Esas temperaturas elevadas del desierto nos hacían consumir mucha agua y la marcha no era tan ligera. Sudábamos a chorros, literalmente, y eso nos obligaba a beber más agua. Pronto nuestras cantimploras se encontraron vacías.

La segunda vez, en este mismo desierto, fue en la primera semana de diciembre. Todo fue  diferente. Encontramos 15 grados menos en el cenit que la vez anterior, las reservas de agua duraron más (de todas maneras se nos agotaron)  y avanzamos mayor distancia de terreno en un día.

Necesario tomar en cuenta que 50 grados en la ciudad no es lo mismo que 50 grados en el desierto. No para el humano. En la ciudad la gente tiene( sin mencionar la calefacción artificial) al menos dos recursos para luchar contra ese calor tan elevado.1-la sombra de las casas.2- líquidos para rehidratarse y bajar la temperatura corporal.

En el desierto no hay nada de eso.


Otro error. Fue en Altar, este también conscientemente en el sentido que sabíamos que estábamos cometiendo el error de caminar en la noche. El agua se había agotado desde la mañana y para el anochecer el horizonte parecía seguir sin fin

¡Y nada de oasis, riachuelos  ni vegas verdes como aparecen en las películas!

Caminamos durante cuatro horas en la noche para aprovechar que la temperatura en los desiertos baja mucho, con respecto del día. De esa manera pensábamos acercarnos más al final del desierto y, dadas las temperaturas bajas, la sed, la deshidratación, sería menos intensa.

Más de  mil kilómetros hay en el norte de México, de llanura para cruzar a pie, como la que se ve en la foto.

( en la foto Armando A.A. y Luis B.P.Extremo oeste de la sierra de Samalayuca, en el desierto de Chihuahua. Foto de Armando A.G.)
Dos errores hay en esta situación:

A-Está la fauna nocturna, especializada, muy activa, para buscar comida en el frío de la noche. El caminante casi pierde toda visibilidad del terreno que va pisando y queda así a merced de cualquier peligro, en especial de las víboras que pueden atacar aun cuando estemos en movimiento.
Fauna de Altar. Falta la versión especializada nocturna.

En Altar lo que se ve cruzar en todas direcciones es el pinacate, en Samalayuca las hormigas.

En el día las víboras, y los monstruos de gila, buscan protegerse del sol bajo las pocas sombras que puedan encontrar entre los bajos matorrales, o en las dunas enterrándose en las arenas. Pero en las noches frías no tienen por qué buscar refugio y andan (se arrastran) por todos lados.

B-En el día se orienta la brújula en dirección de una duna lejana y hacia allá se dirige la marcha.

En la noche toda visibilidad es limitada. El recurso de emergencia, que encontramos, fue escoger una estrella (de entre millones que se ven en las noches en el desierto) grande que estuviera cerca de la línea del horizonte arenoso en la dirección que íbamos siguiendo y hacia allá nos íbamos.

Pero nuestro planeta, es sabido, gira. Aunque lo que se ve que gira es nuestro   cielo luminoso teniendo como fondo  la  impresionante, casi aterradora, Vía Láctea.

"Nuestros ojos sólo alcanzan a ver dos mil" dijo Robert Redford a su amigo de aventura, mirando el cielo en su travesía por el sendero de los Apalaches, en la película Grandes Amigos,  señalando un cielo llenísimo de estrellas. Y agregó: " ¡Somos pequeños!"

Pero seguir “nuestra” estrella por más  tiempo es ir a dar a un rumbo que no era el nuestro y quedar así extraviados.

Lo que hacíamos era cambiar de estrella, por otra que correspondiera en nuestra brújula con la dirección que seguíamos. Y en esto todavía juega lo que se conoce como efecto coriolis. Una cierta desviación debido al eje magnético.

Luego sigue lo que podríamos llamar no el peligro de la fauna sino el multipeligro porque se trata de al menos cuatro “personajes”, mortales cada uno de ellos. A saber, las víboras, los escorpiones, las arañas  y los monstruos de gila.

Lo sensato en el desierto es parar de caminar en el atardecer, con el tiempo suficiente para levantar las tiendas, cenar, y  salir por la noche sólo para atender alguna urgencia fisiológica.

 O bien no retirarse más allá de unos metros si es que se decide por la clásica fogata frente a las tiendas.

Siempre hay la suposición de caminar en la noche para aprovechar las bajas temperaturas.  Es posible, nosotros lo hicimos, como acabamos de mencionar, por necesidad, pero, más vale adelantar que es un riesgo que no vale la pena correr.
Monstruo de gila del desierto de Altar

El error fue no llevar sueros anticrotálicos y anti lo demás. Preguntamos y buscamos pero no encontramos respuestas y así nos fuimos con la impresión que en esos años, de los setentas,  del siglo pasado, que es el tiempo del que estamos hablando, había carencias en ese sentido en el país. Esperamos que con el paso del tiempo eso sea más accesible para los que vayan al desierto con la idea de caminar y cargando su mochila, no en jeep ni en motocicleta.

Además los sueros de entonces tenían que permanecer en temperaturas bajas y no soportarían en buenas condiciones las elevadas del desierto. Nos preguntábamos cuánto tiempo podía durar una caja con hielo seco. El asunto nos pareció impracticable  caminando por un terreno que, sin ánimo de exagerar la nota, es como un campo minado dada su peligrosa y activa fauna.

Otra cosa para tomar en serio, pensarlo con detenimiento, es que el desierto, como la alta montaña, requiere de un proceso de adaptación para acercarse a él.

En la montaña los habitantes de cotas bajas necesitan subir gradualmente (cosa que nadie hace) para propiciar positivamente la nivelación de glóbulos rojos y blancos requeridos en esas altura. Se  previene así lo que se tiene como “mal de montaña” que puede ir, en cosa de pocas horas, desde un ligero malestar hasta la muerte del alpinista. ¡Y  esto no es ninguna fabula!

Para meterse al desierto, los que vivimos en lugares de temperaturas que oscilan entre los 20 y 10 grados C., necesitamos un acercamiento gradual (que tampoco nadie hace).

Permanecer al menos un día en cada ciudad o población en tanto marchamos  en dirección al desierto. De esa manera nuestros sistemas de adaptación tendrán el tiempo suficiente para no resentir los efectos adversos de los 45 -55 grados que encontraremos en el desierto.

Como anécdota recordamos la vez que fuimos, por primera vez al desierto de Samalayuca, en nuestra travesía Samalayuca-Sapelló- Ciudad Juárez(el último tramo en ferrocarril) partiendo de la Ciudad de México,(20-10 grados)donde vivimos, llegamos al lugar de descenso en la calefacción artificial del autobús (20 grados).Al abrirse la puerta del trasporte para descender  recibimos un golpe (literalmente) de 30 grados más de lo que estábamos acostumbrados.

Ignoramos cómo funcionaros nuestros sistemas de adaptación de manera tan brutalmente  violenta, para  salir bien del paso, pero desde luego no aconsejamos que alguien se exponga de esa manera.

 Para los habitantes de esas latitudes, aunque la sufren cotidianamente, no es nada excepcional. Para nosotros es algo no solo de tomar precauciones empíricas, sino de estudiar tales procesos, y trasmitirlos a los que después tendrán que ir a los desiertos bajo la concepción de deportiva.

Las crónicas detalladas de las dos travesías al desierto de Altar se encuentran en este mismo blog con los títulos “Desierto de Altar” y “Segunda travesía al desierto de Altar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

PASCAL, M.SCHELER Y F. COPLESTON

Coherencia social y libertad individual.

Son dos de los puntos donde coinciden estos tres pensadores

El hombre es hábil inventando laberintos mentales (más complicados que el de Creta), tan complicados, que en ocasiones queda atrapado en su mismo juego.

Sucede con la prueba de la existencia de Dios.

Si fuera posible ver, como en los relatos de ciencia-ficción, desde un satélite el conjunto de las ideas del humano, contemplaría la parcialidad. Cada quien tiene su abstracción, su parcela ideológica:

M.SCHELER
“Tres grados de latitud echan por tierra toda la jurisprudencia, un meridiano decide acerca de la verdad…Valiente justicia, la que está limitada por un río. Verdad a este lado de los Pirineos, error aliado de allá.”(Copleston, Historia de la filosofía, en el capítulo referido a la obra de Pascal, Vol. 2, Cap.  VII)

Deseable que así sea. Está en la libertad de cada individuo y cada grupo ejerce, en libertad, su muy respetable y particular manera de ser. Eso enriquece la cultura local y global:

“La voluntad, que encuentra gusto en un aspecto mejor que en otro, aparta la mente de la consideración de las cualidades que no desea ver.”(Copleston)

El asunto es que ese eclecticismo no tiene síntesis integradora y Copleston agrega enseguida, siguiendo siempre el pensamiento de Pascal:

MONTAIGNE
“El hombre, dejado a sí mismo, está ciego y corrompido. Y los filósofos han sido incapaces de remediar ese estado de cosas. Algunos de ellos, como los estoicos, han proporcionado, ciertamente, al mundo elevados discursos; pero su virtud estaba inficcionada y corrompida por su orgullo.”

Pascal, gran matemático, inventor de una máquina de sumar (recordar que estamos hablado del siglo diecisiete),  “puso los cimientos del cálculo infinitesimal, el cálculo integral y el cálculo de probabilidades.”

Es, a la par que científico, un convencido cristiano que ve la posibilidad de unidad de los individuos en el catolicismo. En la revelación.

 En esto Pascal no se anda con rodeos de doble moral. Esa habilidad camaleónica que ya en su tiempo era común de ser cristiano en el templo y comunista en la asamblea sindical.

 Algunos no le perdonaron esa cruda sinceridad y lo excluyeron del cielo de los inmortales. Simplemente dijeron que no era filósofo. “Es un apologista del cristianismo” es lo más amable  que han dicho de él.

El mismo tratamiento  le aplicarían los inmortales a Séneca, a Montaigne y a Emerson: no son filósofos.

 Y la gente del común que ha leído a estos autores creen que, en efecto, no son filósofos porque ¡se les puede leer perfectamente! Su redacción no es oscura ni reborujada para, dice Schopenhauer, esconder deficiencias.
 
Por lo demás, opina Copleston: “Otros califican a Pascal juntamente con Descartes, como uno de los dos mayores filósofos franceses y sienten por él la admiración más profunda.”

Para “no picarle la cresta a los gallos”, como se dice en México, o “para no echarle más gasolina a la hoguera”, Copleston mismo trata de paliar los pareceres al decir: “Posiblemente los primeros no  llegan a hacerle justicia, y los últimos se exceden al tratar de hacérsela.”

En una sociedad de democracia vigorosa, bien organizada, el individuo puede irse por la libre para vivir, estudiar, investigar en el terreno de la ciencia o, en el de las humanidades, con la literatura de imaginación.

EMERSON
Empero, dice Max Scheler (en su obra Ética), es el individuo colectivo el que aportará fácticamente a la sociedad: “La persona colectiva corresponde a la salvación colectiva que no puede ser por esencia más que una.”

Y agrega algo con lo que Pascal estaría de acuerdo: “Es, por consiguiente un principio a priori la unidad de la Iglesia en la simultánea pluralidad de personas colectivas de cultura.”

Iglesia y contrato parecen para Scheler la fórmula adecuada para el mejor de los mundos posibles. Unidad dentro de la Iglesia y, paralelo a ella, libertad para coincidir o para diferir:

“Si en la sociedad domina el contrato y la convención, en la Iglesia la solidaridad; tenemos en ésta una persona colectiva, en aquella, una suma de individuos; de una parte, una salvación colectiva, de otra los grupos de intereses coincidentes, o en colisión, de muchos.”

Es semejante a lo que Pascal dice pero, hasta donde sabemos, a Scheler no lo han expulsado del Olimpo.

Pascal insiste en que la integración, la síntesis de la abundantísima y muy rica producción intelectual, tanto nominalista como universalista (en otros términos: atea y creyente) está en una especie de escolastimo donde razón y fe encuentran una zona en común.

La sola  cultura del bienestar económico no  convence a Pascal  y lo dice sin rodeos:

“He pasado mucho tiempo en el estudio de las ciencias abstractas y la escasa comunicación que puede tenerse en estas  me ha disgustado.”
(Pensamientos)

PASCAL
“Blaise Pascal fue un polímata, matemático, físico, filósofo cristiano y escritor francés. Sus contribuciones a la matemática y a la historia natural incluyen el diseño y construcción de calculadoras mecánicas” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PASCAL, M.SCHELER Y F. COPLESTON

Coherencia social y libertad individual.

Son dos de los puntos donde coinciden estos tres pensadores

El hombre es hábil inventando laberintos mentales (más complicados que el de Creta), tan complicados, que en ocasiones queda atrapado en su mismo juego.

Sucede con la prueba de la existencia de Dios.

Si fuera posible ver, como en los relatos de ciencia-ficción, desde un satélite el conjunto de las ideas del humano, contemplaría la parcialidad. Cada quien tiene su abstracción, su parcela ideológica:

M.SCHELER
“Tres grados de latitud echan por tierra toda la jurisprudencia, un meridiano decide acerca de la verdad…Valiente justicia, la que está limitada por un río. Verdad a este lado de los Pirineos, error aliado de allá.”(Copleston, Historia de la filosofía, en el capítulo referido a la obra de Pascal, Vol. 2, Cap.  VII)

Deseable que así sea. Está en la libertad de cada individuo y cada grupo ejerce, en libertad, su muy respetable y particular manera de ser. Eso enriquece la cultura local y global:

“La voluntad, que encuentra gusto en un aspecto mejor que en otro, aparta la mente de la consideración de las cualidades que no desea ver.”(Copleston)

El asunto es que ese eclecticismo no tiene síntesis integradora y Copleston agrega enseguida, siguiendo siempre el pensamiento de Pascal:

MONTAIGNE
“El hombre, dejado a sí mismo, está ciego y corrompido. Y los filósofos han sido incapaces de remediar ese estado de cosas. Algunos de ellos, como los estoicos, han proporcionado, ciertamente, al mundo elevados discursos; pero su virtud estaba inficcionada y corrompida por su orgullo.”

Pascal, gran matemático, inventor de una máquina de sumar (recordar que estamos hablado del siglo diecisiete),  “puso los cimientos del cálculo infinitesimal, el cálculo integral y el cálculo de probabilidades.”

Es, a la par que científico, un convencido cristiano que ve la posibilidad de unidad de los individuos en el catolicismo. En la revelación.

 En esto Pascal no se anda con rodeos de doble moral. Esa habilidad camaleónica que ya en su tiempo era común de ser cristiano en el templo y comunista en la asamblea sindical.

 Algunos no le perdonaron esa cruda sinceridad y lo excluyeron del cielo de los inmortales. Simplemente dijeron que no era filósofo. “Es un apologista del cristianismo” es lo más amable  que han dicho de él.

El mismo tratamiento  le aplicarían los inmortales a Séneca, a Montaigne y a Emerson: no son filósofos.

Por lo demás, opina Copleston: “Otros califican a Pascal juntamente con Descartes, como uno de los dos mayores filósofos franceses y sienten por él la admiración más profunda.”

Para “no picarle la cresta a los gallos”, como se dice en México, o “para no echarle más gasolina a la hoguera”, Copleston mismo trata de paliar los pareceres al decir: “Posiblemente los primeros no  llegan a hacerle justicia, y los últimos se exceden al tratar de hacérsela.”

En una sociedad de democracia vigorosa, bien organizada, el individuo puede irse por la libre para vivir, estudiar, investigar en el terreno de la ciencia o, en el de las humanidades, con la literatura de imaginación.

EMERSON
Empero, dice Max Scheler (en su obra Ética), es el individuo colectivo el que aportará fácticamente a la sociedad: “La persona colectiva corresponde a la salvación colectiva que no puede ser por esencia más que una.”

Y agrega algo con lo que Pascal estaría de acuerdo: “Es, por consiguiente un principio a priori la unidad de la Iglesia en la simultánea pluralidad de personas colectivas de cultura.”

Iglesia y contrato parecen para Scheler la fórmula adecuada para el mejor de los mundos posibles. Unidad dentro de la Iglesia y, paralelo a ella, libertad para coincidir o para diferir:

“Si en la sociedad domina el contrato y la convención, en la Iglesia la solidaridad; tenemos en ésta una persona colectiva, en aquella, una suma de individuos; de una parte, una salvación colectiva, de otra los grupos de intereses coincidentes, o en colisión, de muchos.”

Es semejante a lo que Pascal dice pero, hasta donde sabemos, a Scheler no lo han expulsado del Olimpo.

Pascal insiste en que la integración, la síntesis de la abundantísima y muy rica producción intelectual, tanto nominalista como universalista (en otros términos: atea y creyente) está en una especie de escolastimo donde razón y fe encuentran una zona en común.

La sola  cultura del bienestar económico no  convence a Pascal  y lo dice sin rodeos:

“He pasado mucho tiempo en el estudio de las ciencias abstractas y la escasa comunicación que puede tenerse en estas  me ha disgustado.”
(Pensamientos)

PASCAL
“Blaise Pascal fue un polímata, matemático, físico, filósofo cristiano y escritor francés. Sus contribuciones a la matemática y a la historia natural incluyen el diseño y construcción de calculadoras mecánicas” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SÉNECA, ESCRIBIR


 

Pound no podía parar de escribir.

Pedía al cielo que le diera otra profesión porque en ésta maldita de escribir  uno se quiebra la cabeza, durante 24 horas, de tanto pensar.

Como al investigador científico le pagan por las horas que permanece en el laboratorio pero no por el trabajo, que hace fuera del trabajo, pensando en el trabajo.

Así el escritor  debe batallar, aun dormido, con las entradas, los tiempos, los verbos y los enunciados oracionales, los sujetos y los atributos….¡y con los personajes de su relato que con frecuencia reclaman libre albedrio, se van por otro lado o de planos se ponen en huelga pasiva, ni siquiera en huelga activa…

Henry Miller le escribía a su amiga, Anais, que le daba pavor dejar de escribir un solo día pues sentía que ese tiempo jamás podría recuperarlo.

Séneca, en efecto, recuerda que hay una cosa que jamás se recupera y es el tiempo. Llegado el momento nos damos cuenta que entregaríamos las riquezas, en caso de tenerlas, con tal de poder tener más tiempo y continuar  escribiendo.

H.Miller
Sólo en ese momento se tiene conciencia que, a donde todos tenemos que ir, no se lleva nada. El diamante de la corona de la reina de Inglaterra vale, en esa situación, igual, o menos, que un boleto del metro.

“Algunos carísimos varones-dice Séneca en Tratado filosóficos-reciben gajes de otros, y por ellos alquilan su trabajo, su cuidado y su diligencia, pero del tiempo no hay quien haga aprecio; usan de él pródigamente, como de cosa dada gratuitamente. Pon los ojos en lo que estos hacen y míralos cuando están enfermos y cuando se les acerca el peligro de la muerte, y temen el capital suplicio, y verás que dicen, tocando las rodillas de los médicos, que están dispuestos a dar toda su hacienda por conservar su vida.”

No tengo tiempo, decimos con harta frecuencia, sobre todo para las cosas sustantivas.

El ateo (alguno de ellos) no frecuenta,  no tiene tiempo, para cultivar la filosofía en qué sustentar con seriedad el pensamiento lógico.

Los católicos (no generalizamos, pero sí la inmensa mayoría) no tienen tiempo de frecuentar su iglesia. Sólo la conoce en el bautismo, en el casamiento, cuando viene el papa y cuando les administran los santos óleos.

El padre  anda tan ocupado en el trabajo que es un extraño para su familia con la que vive pero con la que no convive.

En el país el promedio de lectura de cultura individuo-año  es bajísimo porque no hay tiempo de dedicarle siquiera una hora cada día al placer-necesidad  de leer.

Entretanto el tiempo corre y un día, aunque yo esté muy, muy, ocupado, tendré que desocuparme:

“No hay quien pueda restituirte los años, y ninguno te restituirá  a ti mismo, la edad proseguirá el camino que comenzó, sin volver atrás ni detenerse; no hará ruido ni te advertirá de su velocidad; pasará con silencio, no se prorrogará  por mandato de los reyes ni por el favor del pueblo; correrá desde el primer día como se le ordenó; en ninguna parte tomará posada ni se detendrá. ¿Qué se seguirá de esto? Que mientras tú estás ocupado, huye aprisa la vida, llegando la muerte, para la cual, quieras o no quieras, es forzoso desocuparte.”


Santayana
También él tiene abierta la puerta
 día y noche a todos  los mortales
 
La vida tiene color, y calor, platicando con todos aunque sea de cosas tan baladíes, como el futbol, las telecomedias y la política partidaria. Son tan reales estas cosas como los cuentos de Scherezada, la de Las mil y una noche.

Pero los tiempos cambian para el escritor. Ahora la gente ya no quiere platicar, aunque sean tonterías. Es lamentable. Porque de lo que se tiene como baladí el que escribe encuentra cosas tan valiosas como un arrecife lleno de tesoros. La vida común, la del mercado, hace al escritor y al filósofo. Es la vida vivida. Lo demás son puras invenciones. Puro periodismo, dice Nietzsche. Puras paparruchadas, dicen en mi aldea del desierto chihuahuense:

“Un poema, si bien es un individuo, procede de la vida  y, por lo mismo, ya realizado, tiene que regresar a ella…Un poema puede considerarse desequilibrado si está demasiado alejado de la vida, o si está servilmente subordinado a ella.” (W. B. Yeats)

“La existencia es siempre su propia destrucción y su propia construcción. El ser existente  existe en los actos con que se constituye  en el presente  como quien tiene este  futuro y aquel pasado.” (Jean Wahl El camino del filósofo)

Oscar Wilde aconseja prestar mucha atención a las pláticas, aun las vulgares. Entre tanta cháchara puede brotar una idea que, trabajada por él, se convertirá en una novela o en un poema.

Pero ahora la gente  ya no platica  in situ. Está ocupada hablando por el celular con el tercero invisible y distante.

“Tú estás destinado a la  soledad, amigo mío” (Holderlin, Hiperión)

Es cuando Séneca dice que sí, sí hay con quien el escritor puede platicar. Son los que hace tiempo físico se salieron de este planeta y ahora viven en las islas afortunadas, donde ya no hay tiempo ni espacio ni celulares:

“Sólo aquellos, podemos decir, están detenidos en verdaderas ocupaciones, que se precian tener continuamente por amigos a Zenón, a Pitágoras, a Demócrito, a Aristóteles, a Teofrasto, y los demás varones eminentes en las buenas  ciencias. Ninguno de estos estará ocupado, ninguno dejará de enviar más dichos y más amador de sí, al que viniera a comunicarlos; ninguno de ellos consentirá que los que comunicaren salgan con las manos vacías. Abierta tienen la puerta día y noche a todos  los mortales.”

Séneca
“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C. – 65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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