SÉNECA, TRES PROPUESTAS

 


 

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¿Quieres matar a tu enemigo, para qué? ¡de todos modos se tiene que morir!:

“No pienses en dársela que ella ha de venir…Qué poco durarán sus penas y sus goces!”

 Si la humanidad leyera a Seneca las cárceles y los hospitales en este día no estarían en sobrecupo.

 


Séneca: El hombre que es esclavo, aunque sea de una pasión; ¿puede llamarse libre?


 ¿Cosas de egos? Acuérdate de Sócrates que dice que el que gana en un pleito es el que pierde. Lo dejó de tarea. La conciencia es la que se hace presente en el momento menos esperado, aún más allá del Alzheimer.

Si llevas a cabo tu idea tú eres el que va a sufrir el castigo. Te espera la cárcel, o serás un fugitivo. O si eres tan listo y poderoso y logras evadir “legalmente” a la justicia, de ti no podrás evadirte. El recuerdo de este acto pasará a ser parte de tus pensamientos y te acompañará siempre, de día y de noche. ¡Déjalo que ría, ríe porque tiene miedo de él!

"...escoge antes el daño que el lucro torpe-dice Quilón-,porque el primero se siente por una vez, lo segundo para siempre".

Se trata, en todo caso, de la libertad. Séneca redondea su pensamiento:

“El hombre que es esclavo, aunque sea de una pasión; ¿puede llamarse libre?”

                                       

 

 

 

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Ante la pobreza material y cultural del pueblo, y que carece de libertad, es preciso sentir vergüenza, no por el pueblo sino por los responsables de esa miseria.

Sentir vergüenza por los gobiernos del mundo que no abren el camino para sus juventudes, sanas y vigorosas, llenas de potencialidades constructivas, pero que ni estudian ni trabajan.

Así relata Séneca la escena en la que un personaje griego, honrado, es injustamente llevado a la muerte:

“En Atenas, cuando llevaban a Arístides al suplicio, todos bajaban los ojos compadeciendo, no al hombre condenado, sino a la justicia” (Séneca, Tratados filosóficos).

 

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Ocio terapéutico vs aburrimiento patológico

"Ama la soledad"- dice Quilón-, no que huyas hacia la soledad.

Quilón, de Esparta, uno de lo Siete Sabios de Grecia, vivió VI a.C.

El ocio positivo no se conoce en las ciudades. Todavía es algo familiar en las comunidades rurales. Aquí se sigue observando la salida del sol, la lluvia, las estaciones del año por eso de las siembras y cosechas, la fauna y la flora de la localidad, al menos veinte vecinos se saludan con sus nombres. ¡Todavía se saludan!  Increíble pero no es raro ir a dormir en cuanto se oscurece y levantarse a las cinco o seis  de la mañana…

El síndrome de Burnout (exceso de actividades) flagela la vida de las ciudades industriales hasta en los días de descanso de las labores o estudio.

 


¿De qué sirven innumerables libros y librerías?

                            Dibujo tomado de El País, 11 de junio 2016

 

En la esquina de la calle está la tienda de cadena mundial de autoservicio en la que se puede conseguir prácticamente todo.

 ¿Llueve? es un fastidio pues se mojan los zapatos. ¿Es verano y calienta mucho el sol? ¡Qué fastidio, ahora hay que cargar con la “sombrilla”!

El aburrimiento o el tedio muerde y es el padre de las más inocuas ocurrencias, así como de fatales decisiones. Ver programas inanes durante horas, relaciones ilícitas, hábitos más o menos patológicos…

El aburrimiento está allí, moviendo, pero pocos sospechan de su existencia. No es un juego. El aburrimiento persistente se cuenta entre las varias causas que llevan al suicidio. Véase la nota tomada de Internet:

 

“Cada año, un millón de personas se quita la vida en el mundo, mientras que una de cada 20 que intentan suicidarse por día lo consigue, advirtieron la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organizacin Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP, por sus siglas en inglés), en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que tiene lugar el 10 de septiembre.”

Al final de su día, a día, Séneca hace una reflexión de su ocio positivo. Lo hace   una persona “vieja” que ha pasado por las tormentas de las diferentes etapas de la vida del humano y por eso debía de llamar a reflexión a los jóvenes. Algo así como un curso propedéutico para la vida.

“El de hoy ha sido un día completo; nadie me ha sustraído nada; he compartido el tiempo entre la cama y la lectura; apenas he consagrado algunos cortos momentos a los ejercicios corporales. Imposición de la vejez, pues el menor movimiento me fatiga; lo mismo le sucede a todos los más ancianos, aún a los más robustos”.

En otras palabras, ejercicio para el cuerpo y para la mente.

¿Libros? Son para Séneca, donde no puede el aburrimiento. Pero los libros que se leen, no los que adornan.

Séneca:

“¿De qué sirven innumerables libros y librerías, cuyo dueño apenas leyó en toda su vida los índices?...Téngase, pues, la suficiente cantidad de libros, sin que ninguno sirva para la sola ostentación”.

 

 

 

 

 

IBSEN EN EL 194 DE SU NACIMIENTO

 

 

 


“Henrik Johan Ibsen /ˈhɛnɾɪk ˈjoːhɑn ˈɪpsən/ fue un dramaturgo y poeta noruego. Es considerado el más importante dramaturgo noruego y uno de los autores que más han influido en la dramaturgia moderna, padre del drama realista moderno y antecedente del teatro simbólico.  Nacimiento: 20 de marzo de 1828, Skien, Noruega Fallecimiento: 23 de mayo de 1906, Oslo, Noruega”Wikipedia

 


Ibsen


Una sinopsis nuestra de su obra El Pato Salvaje fue publicada por el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México en el Cuaderno de Comunicación Sindical número 89, en el 2006.

 

El Pato Silvestre es una de las obras más polémicas de Ibsen. Los críticos han tenido  las más diversas y encontradas interpretaciones. Está llena de símbolos y de prototipos sociales. Pero para nosotros el misterio tiene una clave. Una obra imperecedera, como ésta,  sólo puede tratarse de la sociedad como actor principal.. No de una sociedad en particular sino general. Por eso en esta ocasión Ibsen ni siquiera le pone nombre al lugar  en el que se desarrolla  la  acción. Lo que le da universalidad es que es un producto  social en descomposición y esto tiene reflejos   en muchas  partes. En el México del primer tercio del siglo veintiuno, por ejemplo,   se necesitan, dicen los especialistas en esta cuestiones de la educación,   mil quinientas universidades públicas más de las actuales para ser competitivos en educación con países del segundo nivel mundial, ni siquiera para los del primer nivel. Pero lejos de eso lo que se construyen  son más cárceles.

Sin embargo  El Pato Silvestre   no  es un sendo   ensayo sociológico de esos que nada más los especialistas frecuentan, como sería una empresa  multidisciplinaria  que requeriría varios  volúmenes para su desarrollo. Y esto es lo que desconcierta  a los críticos de El Pato Salvaje ¿cómo Ibsen pudo decir tanto en tan poco espacio? La obra, desde luego,  tiene el tratamiento muy ibseano. Se desarrolla en el  marco de una bucólica aldea y en el seno de una vida hogareña.

Gina, una sencilla muchacha, que se afana por conservar su hogar y llevar en buenos términos su matrimonio, guarda un secreto de su vida de soltera que acabó explotándole en la cara. Toda la armonía  de su casa descansa en el silencio del pasado y ella sola debe cargar con la situación.

Trabajaba de sirvienta en  casa de Werler, dueño de una fábrica. Con dádivas la convence de tener relaciones amorosas de las que nace una hija, que se llamará Hedvige. En los días del embarazo ya no trabajaba en la casa y conoce a Hjalmar Ekdal, con el que se casará y le hará creer que es su hija. Teme que si le dice la verdad decida no  vivir con ella. El es fotógrafo de profesión y esa es la fuente de sus ingresos.

En otro tiempo, Ekdal, padre de Hjalmar, era socio del dueño  Werler. Pero éste se las ingenia  y se queda con todo el capital. Ekdal, ya viejo, se encuentra en la miseria  y vive con  Hjalmar. Para paliar un poco su conciencia, Werler le da algo de trabajo de la fábrica y de esa manera le hace llegar algunas monedas.

Gregorio Werler, el hijo del dueño y amigo de Hjalmar, hace las veces del coro de las tragedias griegas que tratará de ir marcando las cosas. Sabe de la acción tramposa  que su padre ha cometido con el padre  de su amigo y está enterado  que la hija de Gina es de su padre, su media hermana. Y cree que la vida será mejor para todos si las ventanas se abren y circulan los vientos. Busca de todo corazón  sanear la vida  de la familia de su amigo Hjalmar. Pero al desenredar la madeja  la situación empeora.  Hjalmar no reacciona  con la altura que él esperaba y el pleito entre el matrimonio no  tarda en llegar y con ello la ruptura. Hjalmar le reprocha a su mujer   el

habervivido esos años en la creencia que Hedvige es su hija. Es su ego  de hombre lastimado pero agarra de pretexto a la niña.

Hedvige, la hija de catorce años de edad, muy querida por su padre Hjalmar, de pronto es rechazada por éste al darse cuenta que la niña en realidad es la hija  del dueño Werler.

No obstante eso, el matrimonio, como muchas veces sucede  cuando hay un pleito entre marido y mujer, al día siguiente ya está otra vez en el proceso  de reconciliación.

La que queda definitivamente dañada es la hija. No entiende bien lo que sucede con sus padres pero lo que tiene claro es que su padre la ha rechazado. Y aquí es donde ocurre la tragedia. El abuelo Ekdal era aficionado a la caza. En una ocasión trae a  casa un pato silvestre herido. Lejos de matarlo  la familia se propone  cuidarlo.

Cuando las cosas ya se ha han  descompuesto en la familia, Gregorio Werler le dice a la niña que tal vez sacrificando al pato silvestre su padre, Hjalmar,  tome eso como una muestra de reconciliación y vuelva a aceptarla. Y lo cierto es que para entonces Hjalmar empieza, dentro de él,  también un proceso de acercamiento para aceptar a la niña pues en verdad la quiere.  Es decir, su amor empieza a desplazar a su ego lastimado.

Con la idea de sacrificar al pato silvestre  la niña agarra una pistola y se introduce a donde tienen al animal. La familia escucha el disparo de la pistola y corre al lugar. Ven a la hija en el suelo. Todos tiene la esperanza que haya sido un accidente sin consecuencias.

Pero uno de los personajes, llamado Relling, es médico y al examinarla se da cuenta que la niña está muerta. Y aun hace otro descubrimiento, la ropa está quemada en el área del balazo por lo  que descubre que, lejos de haber sido un accidente, se trataba de un suicidio.

La niña sufría de ceguera progresiva y estaba apunto de quedar definitivamente ciega. Probablemente  esa sea la analogía entre el pato silvestre enfermo, y la niña también enferma.

Los entendidos de la conducta humana han elaborado variadas explicaciones del verdadero leit motiv de esta comedia que fu escrita para teatro, en 1884. Una de ellas el rechazo de los padres y lo que eso pueden lesionar al hijo o a la hija.

También está lo de la herencia biológica. El dueño Werler padecía de la vista. Pero al no tener cerca a su hija Hedvige, no pudo atenderla ni afectivamente ni proporcionarle  educación ni el auxilio médico para su ceguera. Otro troquel social a nivel mundial. Ha dispuesto  las cosas  para que una parte de su  herencia pase a manos de su hija Hedvige,  pero ahora es  ya tarde  y no  servirá para nada.

La actitud de Gregorio Werler, con toda su sincera intención de que las cosas se aclaren y su amigo Hjalmar y su esposa Gina vivan plenamente felices, sin sombras del pasado, en realidad acabó precipitando todo y terminó en tragedia.

Hay que insistir en el secreto de Gina, largamente llevado en silencio con tal que su matrimonio no sufra contratiempo. La obra no se detiene mucho en la  psicología posparto   de   Gina.

 

Y la actitud  de Hjalmar, que de pronto no digiere la situación, y empezó a herir a los que lo querían. Más adelante lo hubiera hecho pero no tuvo tiempo pues antes  llegó el drama.

El Pato Salvaje es el símbolo de una sociedad descompuesta que acaba triturando lo poco bueno que hay en ella. A este grupo social le faltaba equilibrio y, llegado el momento difícil, no contó con fuerzas necesarias para superar la crisis.

Es una obra sombría y no se ve por dónde puedan estar las corrientes de regeneración social. Sombría pero a la que no se le puede ignorar con sólo voltear la vista para otro lado.  Ya no conocemos qué sucedió después, cuando el tiempo pasó y si el dolor hizo reaccionar y purificó a esa sociedad. O continuó su descenso. Eso ya no lo dice Ibsen.

Hay otros personajes. El nombrado médico Relling y Molvik, estudiante de teología.. Estos dos son un par de juerguistas de tiempo completo. Nada les importa la tragedia que lo ha rozado de cerca y siguen en la loca vida fácil  con el vino y las muchachas alegres.

Quizá de esta manera Ibsen nos dio a entender que, pase lo que pase, la vida sigue. Pero, ¿qué es lo que sigue y cómo sigue, si lo que tenía calidad ya se ha ido? También en las prisiones la vida sigue... Y esto nos lleva a una segunda suposición. Probablemente lo que Ibsen quiso decir fue que no hay que dejar que El Pato Silvestre se enferme. Que no hay que dejar que la sociedad enferme...

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 



SCHOPENHAUER, CÓMO VEMOS EL MUNDO

 


Referencia

Arthur Schopenhauer, Parerga y paralipómena 1

 

 

Se abstiene de hacer la utopía del mundo (ya hay cien utopías elaboradas desde la antigüedad y otras tantas abundan en la modernidad).

Con sus palabras dice que  estas utopías prometen el oro y el moro.

 Ofrece un retrato de la vida cómo él la ve: Valiosa, luminosa, ética, moral, culta, dinámica, investigadora, dialéctica.

 Pero, en muy escasa medida. La  realidad es que se trata mayormente de un mundo vulgar, trapacero, lleno de aburrimiento que lo hace cometer toda clase de ridiculeces y traiciones con él mismo individuo, con los otros y con sus otros.

 Por eso dice que lo mejor sería que este mundo no existiera. Y el individuo se considere afortunado de no haber nacido, pero, si ya nació, más le vale que pase por esta vida lo más pronto posible.

La verdadera felicidad dice, es saber evitar el   dolor y dominar el arte de no leer.

 


                            La verdadera felicidad es saber evitar el   dolor

                               Del diario El País 26 de septiembre 2015

Lo que muy escasamente se logra.

“El mundo en que cada uno vive depende ante todo de cómo lo conciba, y por eso se ajusta a la diversidad de las mentes.  En función de ella resultará pobre, trivial y superficial, o rico interesante y significativo”.




El mundo en que cada uno vive depende ante todo de cómo lo conciba

                      Del libro La psiquiatría en la vida diaria

                                 De Fritz Redlich, 1968

 

En su carrera por la prosperidad económica el individuo deja de ser “hacia adentro” y   atropella, “hacia afuera”, a cuanto se le ponga enfrente, se atropella a él mismo y pasa la vida leyendo basura que le quita el tiempo para leer a los grandes del pensamiento acreditados por los siglos.

No leer basura, dice, es un arte.

Ese retrato del mundo sin afeites no gusta a los utopistas. 

Menos a los profesores de filosofía que, como todo el que trabaja para sustentar sus necesidades económicas y las de su familia, cobran en la nomina que paga el Estado, con lo que, dice, la verdad y la libertad pueden sufrir menoscabo.

 No de todos, sería un error decirlo, pero si considera que el sofisma y la apología son monedas que circulan con facilidad. 

En este mundo de la cultura hay diamantes, pero no cree que se le pueda   quitar la etiqueta de ser un mundo calcopiritico.

Toda ciencia tiene su léxico o modo de explicarse, la geología, la medicina, la química, la arquitectura…así la filosofía. Para el hombre de la calle, y aun entre intelectuales, leer de filosofía es una cosa poco accesible.

A Schopenhauer cualquier hijo de vecino puede leer: “Schopenhauer, por el contrario, tiene un estilo claro y directo, tendiente a llamar las cosas por su nombre, aun cuando ello lo lleve en más de una ocasión a la grosería”, escribe Pilar López de Santa María en su Introducción a Parerga y Paralipómena, Editorial Trotta, 2009.

Una misma calle es cien calles. El policía que va en su patrulla la ve de cierta manera, diferente percepción tiene de ella el que desde la cinco de la mañana la barre por parte de la alcaldía, el sociólogo que observa la actividad que se desarrolla en ella, el que vende comida y considera su potencial clientela, yo que la camino en plan de ejercicio en la última media hora de la noche, el bacteriólogo que conoce la “virulencia de los virus” que ahí flotan en el aire, el indigente que recoge en la primera hora del día los cartones que le sirvieron de cama, la mujer  que permaneció entre la noche y el viento bajo la luz del farol, etc.

Schopenhauer da  su punto de vista. Lo que no impide que reconozca que los otros tienen su modo de ver la vida. Kant no escatima imperativos categóricos en su filosofía. Schopenhauer se cuida, en lo posible,  de ello.

Si el retrato que hace del mundo no se comprende,  dice que no tiene prisa pues es paciente y, ya vendrá una generación que lo pueda leer sin hacer gestos.

Schopenhauer:

“Los mismos acontecimientos o circunstancias externas afectan a cada uno de forma totalmente distinta y, estando en un mismo entorno, cada cual vive, sin embargo, en un mundo diferente”.

Con ser “el último de los clásicos y el primero de los modernos” filósofos, según el título de un artículo de José Luis Gallero publicado en el diario El País, el 7 de septiembre del 2016, Pág.10, a Schopenhauer se le menciona lo menos posible en las historias de filosofía. Entre los filósofos se le tiene como un tipo amargoso.

En cambio, hombres ilustres de la ciencia como Einstein y Freud, no le escatiman sus méritos de pensador original. El primero escribió en 1934: “La frase de Schopenhauer “Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no elegir lo que quiere,  ha sido desde mi  juventud  una fuente de inspiración y un manantial de tolerancia”. Del segundo: “No es extraño que  Freud  le concediese el título de precursor del psicoanálisis”(ambos citados por Gallero).                                                                                    Schopenhauer insiste: sino se sabe vivir lejos del dolor y no se domina el arte de no leer:

” Sería mejor que este mundo no existiera”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EMERSON, MAS POESÍA Y MENOS TUERCAS

 


 

Referencias

El pensamiento vivo de Emerson, por Edgar Lee Masters

Conversaciones con Norman Mailer, compilación de Michael Lennon

 

Tuercas, pero no sólo tuercas.

La carrera por la prosperidad económica, y ser más como político de partido, nos hizo perder de vista el progreso cultural en un porcentaje de la población muy alto.

 Lejos ha quedado el panorama natural o, como escribe Emerson: “El bosque de árboles de cabellera verde”.



Niño (D.A.C.) contempla el bosque de árboles con cabellera verde (Sierra de Pachuca, Hidalgo, México) 3,000 m s n m.

 

Factores ambientales han quitado al individuo su rostro y   debilitado, hasta casi desaparecer, su potencial humano, para lo humano.

 La poesía puede revertir esa degradación.

 Masters, biógrafo de Emerson, lo dice de esta manera:

“El estudio de la poesía de Emerson puede ayudarnos a olvidar las maquinaciones de los comerciantes que nos han puesto en las garras de los monopolios y han reducido al pueblo a pedir limosna y a todo el país a la angustia y la pobreza”.

Se hace distinción entre instrucción y educación. Así es como se llega a la certeza que el programa de las escuelas es por demás limitado.

Por no decir técnicas para capacitar profesionistas de todos los grados, hasta posgrados, necesarios para la industria, pero títulos académicos en los que no son familiares los nombres de Cervantes, Kierkegaard, Séneca, Thoreau, Jean Wahl, Goethe, etc. A cambio, escribe Emerson: “Estimulantes literarios y lecturas fáciles”.

Un siglo más tarde y Emerson de seguro caería muerto, o al menos se espantaría, de haber presenciado el “factor televisión”, no por su alta tecnología, pues Emerson no era enemigo del adelanto tecnológico, sino por el contenido inane, en su mayor parte, de los programas. Y el abandono en su gran número de esos, ya de por si endebles, “Estimulantes literarios y lecturas fáciles”, a cambio de la mano con teléfono.

En su visita de Emerson a Wordsworth, en agosto de 1883, éste, refiriéndose a América, le señala: “La sociedad recibe una enseñanza superficial que no está en proporción con la cultura moral.”  



Un  helado amanecer en las montañas de Pachuca, Hidalgo, México, 3,000 msnm 

(Foto de Armando Altamira)


En dos palabras Emerson hace el duro reproche a la generación actual. En su prisa de la vida moderna y la prosperidad material, que deja sentados a los hijos horas frente a la pantalla chica de su cómoda habitación. Libran ahí el niño o niña batallas de mundos fantásticos entre castillos tenebrosos y personajes extravagantes.

A los niños ya no les pega el sol. Tienen amigos no presenciales sino por línea. Ya no despliegan imaginación para buscar tesoros en casas abandonadas ni energía física para  atrapar a los saltamontes entre la exuberante yerba de primavera, como hacían  Huckleberry Finn Y Tom Sawyer.



 


                            Los niños ya no ven el amanecer desde los bosques.

                                     Del libro Técnica Alpina

                     de Manuel Sánchez y Armando Altamira

Tienen cerca el paradigma del padre que ya no juega futbol, ahora ve futbol por la televisión.

Desde luego, en tiempos de Emerson no existía la pantalla chica y sus transformes asesinos, pero lo dice a la manera de su tiempo:

 “Llenamos las manos y las habitaciones de los niños con toda clase de muñecos, tambores y caballos, apartando sus ojos del rostro natural y de los objetos de la naturaleza: del sol, la luna, los animales, el agua y las piedras que deberían ser sus juguetes”.

Ya no es la madre amorosa y a la vez regañona que decía al niño cómo debía conducirse en la vida.



 Los niños ya no van a pescar a los ríos con aguas de deshielo.

Huckleberry Finn y Jim


Siglo y medio más tarde, del tiempo de Emerson, Norman Mailer dice que ahora es la televisión la que los dirige:

“Una de las ironías de nuestro siglo es que la sociedad tecnológica crea una atmosfera de pasividad alrededor de la gente…Los ciudadanos de la sociedad tecnológica son tan impotentes…Puede que su estándar de vida sea muy superior, pero su impotencia social es semejante, controlan cada vez menos, se les manipula cada vez más. Pueden creer que, eligen un canal, pero es el canal de TV quien lo canaliza”.

Lord Jim, la novela

 

 


 De Joseph Conrad

 

Muerte asistida por la ciencia es lo que se conoce buscan algunos enfermos terminales y acabar así con el sufrimiento. También señalada como Eutanasia voluntaria o suicidio asistido.

 Otros optan por el auto suicidio. Éste tiene muchos modos. Uno de ellos es el que va a practicar Jim y es el hacerse matar.

Criminales de todos los tiempos y lugares, si bien de una manera inconsciente, ¿también buscan hacerse matar enfrentándose con los grupos rivales o con la policía?

 Sócrates tiene la idea que la maldad es una enfermedad “son malos a pesar suyo”, le dice a Callicles en la obra Gorgias.

Una tesis delicada nuestra es si el Estado, donde se practica la pena de muerte, lleva a cabo  no un castigo sino ayudar al criminal acabar con su mal puesto que él no puede detenerse por sí mismo. 

Recientemente en algunos estados de México  han sido llevados a prisión individuos responsables de  asesinar a varias  mujeres.  Uno de ellos no sólo  las asesinaba(más de veinte) sino que las descuartizaba. En el momento de su captura sólo dijo: "Lo hecho, hecho está".  

De alguna manera, como en el caso de la muerte asistida por la ciencia, ¿él estaría buscando su muerte a manos del Estado? 


En la obra mencionada de Platón, Gorgias, Sócrates le ofrece a Callicles una alegoría que viene al caso.

Es sorprendente que un filosofo de hace 24 siglos haya ya abordado entonces el tema que estamos tratando. Pero se trata de Platón y de él dice Jean Wahl, en su gran obra El camino del filósofo: “Platón jamás será’ superado.”

El capitán de un barco lleva a buen fin su travesía por el mar y los viajeros descienden a tierra sanos y salvos, como se dice. Pero el capitán no está satisfecho. Piensa que entre los viajeros hay gente mala que mereció morir ahogada. Pero no murieron y deben seguir sufriendo su enfermedad:

“ Si alguno, cuyo cuerpo esté atacado de enfermedades graves e incurables, no se ha ahogado en el agua,  es una desgracia para él no haberse muerto, y no me debe ninguna consideración. Y si alguno tiene en su alma, que es mucho más preciosa que su cuerpo, una multitud de males incurables, ¿es un bien para él vivir y se hace un servicio a un hombre de esta clase, salvándole del mar, o de las manos de la justicia o de cualquier otro peligro? Por el contrario, el piloto sabe que no es ventajoso para el hombre malo vivir, porque necesariamente ha de vivir desgraciado”.

Se aclara  que en México no hay pena de muerte para los delincuentes.


Jim comete una falta y el jurado lo absuelve, pero… él sabe que no podrá seguir viviendo, está consciente que se encuentra enfermo del alma.


“Lord Jim es una novela escrita por Joseph Conrad y publicada originalmente en la Blackwood's Magazine entre octubre de 1899 y noviembre de 1900.”

El que lea con cuidado esta novela de Conrad sabe que tanta integridad moral, como la de Jim, ciertamente no abunda en nuestro mundo de la cultura industrial

 


Una sinopsis nuestra de esta obra fue publicada en octubre de 2006 por el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM) con el título Letras inglesas y noruegas.

 

 

 


 

Edición de 1904


Esta obra trata de una virtud que, lleva al extremo, queda convertida en una auténtica ruina moral. Para el personaje no hay ciencia ni religión. No hay psicólogo ni sacerdote. En lugar de buscar el remedio para su mal, practica la huida.

 

Lord Jim es el espíritu encarnado del puritanismo inglés. Inflexible consigo mismo ante una falta, viajará por esos puertos perdidos del archipiélago  malayo confundiéndose  con los parias del mundo. Joseph Conrad, el autor, lo investirá con las mejores galas del romanticismo aventurero y la crítica caminará tras esta versión estereotipada. 

Pero éste personaje no será diferente al inspector Javert de Victor Hugo. Tampoco será distinto a Hegel en su concepción de la naturaleza llena de Dios. ¿Y cuando descubrió que en el mundo también hay asesinos, tramposos, cínicos, ladrones  y perversos?

 

Esta es la gran lección de humanidad que sufre Jim en aquel  barco  llamado Patna. En medio de la tormenta este viejo barco repleto de peregrinos, que van a la Meca, parece que de manera inminente se hundirá. Llega el terror. Antes que eso suceda los oficiales, y entre ellos Jim, abandonan el barco y en una lancha salvan la vida. De los peregrinos no quedará ni rastro y su huida no se descubriría.

Son rescatados por otro barco y, cuando llegan al puerto, se dan cuenta que el Patna no se hundió y sus peregrinos alcanzaron sanos y salvos el puerto.

 

Esta acción deshonesta es la que marcará el destino de Jim. El no es como sus tramposos  compañeros de huida. La sociedad lo absuelve, después de un juicio,   pero él no se absuelve.

 

La vida de Jim es una especie de hegelianismo. Vivir en la pureza de los ideales. Pero, cuando la naturaleza humana falla, cuando llega el miedo, cuando habla el instinto, no hay reconstrucción posible. Entonces hay que alimentar el gusanito morboso de la conciencia hasta conseguir la destrucción propia. Es una especie de soberbia estoica, pero que resultará de un peso tan apabullante que acabará aplastándolo. 

Este puritano prefiere sucumbir a ser humilde y recurrir al cristianismo donde hay perdón y reconciliación.  Es decir, reconocerse en el mundo destruido pero otra vez  lleno de posibilidades de regeneración. 

Tampoco busca la salvación en la ciencia médica. Cree que su enfermedad, de tipo moral, no tiene cura. La tiene, pero no la busca. Más bien le rehuye. Es como un gusano que roe en todo tiempo su pensamiento. 

Es necesario pensar en la enfermedad. Una y otra vez rehúsa acudir al médico para que lo sane. ¡Podría suceder que lo curara! Mejor seguir pensando en la enfermedad.

 Huye de la sociedad. Busca los lugares más solitarios o inusitadamente cambiantes. Donde sea un desconocido. Necesita estar él solo con su enfermedad. Ninguna sociedad, ninguna amistad, ningún médico, ninguna mujer, es más importante que  su enfermedad.

 

Su ejemplar moral de hombre honrado, precisamente el enorme  recurso sobre lo que fue construida esta civilización greco cristiana, acabó pudriéndose entre sus propias manos. Y entonces el inspector Javert tuvo que arrojarse otra vez de cabeza  a aquel tenebroso remolino del Sena.

La cultura industrial del mundo moderno, en el que por alcanzar la prosperidad material, se ha vuelto tan ligero que recuerda las sombras de la cueva de La República de Platón. El mismo mundo que el gran filósofo marsellés Jean Wahl, lo cataloga como “un mundo de film, donde sólo se ven la superficie de las cosas” (Cap. XV  de El camino del filósofo).

 En un mundo así, el probo carácter moral de Jim no encuentra su lugar.

 

Tras el romántico Jim está todo el tinglado del mundo comercial que aprovecha a estos idealistas. Para Jim todo este enredo es cuestión de honor. Pero para su patrón Stein sólo se trata de una transacción financiera. Dueño de factorías en muchas partes del archipiélago malayo en las que distribuye su mercancía. La de Patusán ya no funciona. Un par de empleados llamados uno rajá Allang y el otro jerife Alí, se ha  apoderado de ella  erigiéndose como dueños y señores. Hay que quitarlos de en medio. Pero Stein no encuentra la manera de destruirlos y poner de nuevo en su lugar a empelados fieles.

 

Es cuando encuentra a Jim. Se da cuenta que éste romántico irá hasta el fin del mundo huyendo de sí mismo y emprenderá todos los pleitos que sean necesarios con tal de entretener a su maltratada conciencia. Lo contrata, le da suficiente pólvora y armas y lo envía a hacer la revolución.

 

Al final Jim vence al enemigo de Stein y recupera la factoría comercial de Patusán. Ha puesto en orden las cosas de otro, pero sus asuntos de moralidad siguen tan enfermos como siempre. Tiene a la mano el amor de una hermosa nativa que lo idolatra. Y él la ama, pero ama más a su enfermedad.

 


Del libro La psiquiatría en la vida diaria

De Fritz Redlich, 1968


En Patusán sus habitantes lo ven como un dios que los ha salvado del maldito jerife Alí. Luego viene una serie de acontecimientos, posteriores a la revolución, que lo ponen en la disyuntiva de abandonar el lugar o morir a manos de uno de sus aliados. No abandona. De esa manera Jim acabó  con su enfermedad.

 

El momento crucial  es cuando Jim tiene que decidir entre exterminar a Brown y su banda de asesinos que  también quieren  esclavizara a la gente de Patusán o dejarles vía libre hacia el mar para que se alejen de ahí. Decide esto último. 

¿Por qué hizo tal cosa? La gente de Patusán no entiende. Es musulmana y sólo sabe  del exterminio para quien ha atentado contra ellos.

 Pero Jim procede de la cultura greco cristiana. Tal vez una voz del cristianismo ha hablado en él. Tal vez, no lo sabemos, él no lo dice ni el autor tampoco. Sólo suponemos. Pero por dejarles la vía libre hacia la vida,  a los malvados, y quizá otra oportunidad para la regeneración, él recibe el balazo mortal.

 Este tipo de sacrificio supremo, de ofrendar sus vidas por salvar la de otros, no es raro en escritores ingleses. Piénsese en Cartone, personaje heroico de Dickens, en Historia de dos Ciudades, que ofrenda su vida para que otro se salve de la guillotina, entre las llamas de la Revolución Francesa.

 Los que gustan de buscar metáforas en todas partes dicen que “Lord Jim” es la historia de nuestra civilización. Capitalistas moviendo a los desheredados para quitar de en medio a los que estorban sus intereses financieros y comerciales. Otros llevan la trama al plano de la religión: la eterna lucha del mal contra el bien. O al de la filosofía: la ética y su antítesis. Para todas esta elucubraciones sirve la vida desgraciada de Jim. Gran novela de Joseph Conrad que es relatada por Marlowe, el alter ego del autor.    

PLATÓN-GORGIAS O DE LA RETÓRICA


El que gana es el ganador, dicen los filósofos en casa de Polemarco, Atenas, año cuatrocientos años a. de C.

El que gana es el perdedor, dice Sócrates.

Es el tema de la obra titulada Gorgias

Dices puras tonterías y con tu palabrería envuelves a la gente, le dice Callicles.

Quiero que, con tus luces, de hombre experimentado, me ayudes a entender esta situación, le pide Sócrates. Y pasa a decir sus argumentos.

El enfermo acude al médico para que lo cure.

 Delinquir es una enfermedad, por lo que el delincuente debe entregarse al juez, confesar su falta y de esta manera, mediante su castigo, queda curado. (Lo que en la actualidad se dice reinsertarlo en la sociedad).

Algo o alguien marcó la conducta seguir en la delincuencia, parece decir Sócrates, cuando afirma: "los malos son tales  a pesar suyo".

Sigues con tus boberías le remarca Callicles. Qué falta va a declarar si él es ganador.

El enfermo no acude al médico por lo tanto sigue enfermo. Enfermedad que puede llevarlo hasta morir. El delincuente no acude al juez y sigue enfermo. O acude, pero con su poder económico, un buen abogado, o un juez corrupto, lo salvan de ir a prisión.

Aquí es donde la retórica puede servir para defender al mal, o bien para hacer triunfar la Verdad, el Bien, la Justicia.

Según Gorgias retorica es persuadir, convencer.  Convencer aun al jurado que el delincuente es inocente: “poder persuadir mediante sus discursos a los jueces en los tribunales, a los senadores en el Senado, y al pueblo en las asambleas”. 

El delincuente no será clavado en la cruz (ya en tiempos de Platón se hacía morir en la cruz a los delincuentes: “muere en  una cruz, o empapado en resina, o es quemado vivo”).

Retórica: “Disciplina considerada como parte de los estudios filosóficos por los Sofistas, dirigida a utilizar las habilidades para exponer y argumentar, en una base exageradamente formal; de modo de conducir a los oyentes a convencerse de la tesis sustentada por el expositor, incluso si la misma fuera falsa. Sócrates y Platón hicieron una fuerte crítica de ello.”

Sócrates pide que a las cosas hay que llamarlas por su nombre y dice que retorica es adulación. Se adula a la muchacha para obtener de ella una sonrisa, se adula al poderoso para obtener de él un contrato, se adula al pueblo para conseguir su voto.

La retórica “no es otra cosa que una adulación”

 El delincuente queda absuelto, pero eso, lejos de aliviarlo, agrava su enfermedad. Su enfermedad del alma. La virtud, que también entra en juego, es tal sólo si sirve para bien:

“La virtud consiste en satisfacer aquellos de nuestros deseos que, satisfechos, hacen al hombre mejor, y no conceden nada a los que le hacen peor”

Aquí el delincuente se pone el traje de José Fouché. En otras palabras, practica el “efecto cucaracha”, deporte muy jugado en la alta política. No encuentra futuro en su partido, se cambia de partido.

El delincuente ya no cree en eso del cielo, la Divinidad, la Verdad, el Bien, Dios, y todas esas cosas

(nada qué ver con el positivismo, la ciencia del intelecto, con el materialismo, etc.).

 Ahora él sólo cree en sus intereses. Pero  eso no lo alivia.

 


Tomado del libro

 La psiquiatría en la vida diaria

De Fritz Redicha, 1968


La tesis de Sócrates…

(Sócrates es el alter ego, real o no, de Platón. En la realidad Platón fue discípulo de Sócrates. Sólo que Sócrates, como Jesús, no escribió ni siquiera su nombre. Sabido es que Platón es el que escribe todo lo que Sócrates dijo. Como Pablo lo de   Jesús)

…es que el agresor es el que lleva el más grande castigo que aquel al que ha agredido. Esta idea Platón la reitera en La Republica y en prácticamente en toda su filosofía.

Del ofensor y el ofendido, el primero es el que lleva la peor parte. Si recibe su castigo, queda aliviado. Si no es castigado, sigue enfermo. Situación incomprensible para aquellos filósofos griegos (y para nosotros los del pueblo del común en la actualidad, pero muy claro para la psiquiatría moderna).

Esta idea de Sócrates es el antecedente ( muy remoto antecedente)de lo que en el catolicismo sería el sacramento de la confesión.

“La confesión es un sacramento y la oportunidad de descargar mucho del peso que llevamos encima en la vida dentro del catolicismo. Cuando la mochila te pesa, y llega un momento que ni sientes la espalda, puedes pararte a descansar... pero el peso va a seguir siendo el mismo cuando comiences a caminar de nuevo.”

Es lo que Sócrates decía en la reunión de filósofos, si no te curas sigues enfermo. Si te declaras culpable, como algunos delincuentes hacen ante la justicia de los Estados Unidos, de alguna manera llega la solución terapéutica.

Y es lo que, en los grupos de autoayuda, se practica, como Alcohólicos Anónimos o la terapia con el psiquiatra. Confesar o declarar la culpa.

Ya Gorgias y Polo, que inicialmente tomaron parte en el debate, han sido vencidos, o convencidos, por Sócrates: han aceptado que el agresor es el que lleva la peor parte que el agredido.

Callicles, que es el tercer filosofo que entra en la discusión, no cree. Dice que es totalmente absurdo eso de que el que gana, ahora es el perdedor. Sócrates agrega: Ahora hay dos perdedores.

En una película norteamericana, el más hábil peleador, el que siempre triunfa, con toda sabiduría, dice: “en un pleito nadie gana”.

Aunque a la vista de todos hay un ganador y un perdedor, la tesis de Sócrates sigue siendo que en realidad hay dos perdedores, pero uno más que el otro.

Larga, tediosa, tautológica, es la controversia llevada a cabo en la casa de Polemarco. Los filósofos siguen sosteniendo la tesis que el ganador es el ganador. Sócrates la contra tesis que el ganador es el perdedor. "Desde que comenzamos no hemos cesado de girar alrededor  del mismo objeto, y no nos entendemos el uno al otro", le dice Sócrates a Callicles.

 


Tomado de El País

 

Los filósofos sólo ven lo inmediato. Sócrates no se queda ahí. En La Republica Sócrates sostiene la idea que el individuo es el paradigma, o el modelo, del Estado. 

Individuo sano, Estado sano. Individuo enfermo, Estado enfermo.

El enfermo-ganador es a la manera del virus que enferma al Estado. Es el coronavirus social.

 Con un Estado enfermo el pueblo queda inerme, indefenso, a merced de los virus que se esparcen por el viento contaminando todo a su paso.

En el caso de una epidemia si el enfermo no va al médico, Salubridad va por él a su casa para evitar que el virus se propague y para curarlo.

Si el delincuente no va al juez a declarar su mal, el Estado va por él a su casa para evitar que la enfermedad se extienda y, también, buscar reinsertarlo a la sociedad. Sin embargo hay delincuentes que no tiene cura y aquí Sócrates dice algo que siglos más adelante ratificará Montaigne, en el sentido que no se enseña al ahorcado sino a los que ven al ahorcado. 

Sócrates: "En cuanto a los que han cometido los más grandes crímenes y que por esta razón son incurables, sirven de ejemplo a todos los demás, su castigo no es para ellos de ninguna utilidad, porque son incapaces de curación; es útil a los demás que ven los grandes, dolorosos y terribles tormentos que sufren para siempre por sus faltas"

Platón expone a Callicles, a manera de   síntesis de lo que ahí se ha hablado, y su modo de pensar de manera más directa:

“Su espíritu (del Estado) estará constantemente ocupado en buscar los medios propios para hacer que nazca la justicia en el alma de sus conciudadanos, y que se destierre la injusticia; en hacer germinar en ella la templanza, y descartar la intemperancia; en introducir en ella todas las virtudes, y excluir todos los vicios.”

Callicles sólo responde:

“No te creo Sócrates.”

La obra Gorgias, por su diversidad de temas y el tratamiento que se les da, es como una síntesis de los que será la cultura occidental, o pensamiento europeo.

Cuando aparece Jesús, cuatro siglo más adelante, ya Sócrates fue abofeteado, sentenciado a muerte y acusado de enseñar a la juventud cosas absurdas como el caminar hacia el  Bien, la Virtud y la Justicia. A un reducido grupo de filósofos les anuncia de  su muerte, la misma que se detalla en Fedón, la otra obra de Platón.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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