SAN AGUSTIN, EN EL LABERINTO FRENTE AL MAL

 

 


Agustín es un hombre de inmensurable fe que sigue al Dios del cristianismo, pero primero fue filósofo.

Todo este proceso de civilización, cultural y espiritual, Agustín lo relata en su libro Confesiones.

Ve de cara, le habla de frente, a su amado Hacedor , le hace preguntas y hace reflexiones para sí. No es como los demás cristianos que creen sólo por fe.

Él encuentra que su fe es fuerte porque pregunta, cuestiona. Una de sus frases es: “No hay fe más fuerte que la fe que duda”. Agustín considera que una fe ciega  es una posición cómoda, apoltronada y, por lo mismo, endeble cuando, por lo humano, o por Dios mismo, se le somete a prueba.

Un terreno muy peligroso pues un paso más y está el escepticismo que desemboca en el materialismo y, finalmente, en el relativismo donde todo pierde su rostro.

 Sugiere que para subirse al ring con los pesos pesados hay que contar con vitaminas culturales. O será como un conejillo queriendo emboscar al león. Vitaminas que sólo se encuentran en la filosofía, si el ring está en el terreno de la fenomenología y su razón pura.





Agustín






Agustín ya ha pasado por todo eso en sus largos años de andar buscando la Verdad entre filosofías de su tiempo que es el siglo cuarto d.C., especialmente la platónica. Cuando se convirtió al cristianismo se encontró que lo sustantivo que enseñaban los apóstoles ya lo tenía por conocido, y publicado, Platón cinco siglos antes, “menos la gracia”.

“Puseme a leer y descubrí que todo lo que había de verdadero allá en los platónicos se decía acá, más con la recomendación de tu  gracia;”

Agustín conoce el revés del molde y no se encapsula en una fe miedosa de conocer.

Por eso hace esta temeraria pregunta: ¿Quién hizo al diablo? ¿Por qué se le escribe con minúsculas siendo una fuerza tan poderosa? El diablo, con ser bueno, se hizo solo, pero ¿quién sembró en él la semilla del mal?

“Si el diablo es el autor, ¿de dónde viene el diablo mismo.”

Planteamientos como este fueron los que hicieron de Agustín uno de los grandes pensadores de la Iglesia Católica o tal vez el más agudo. Marca la senda filosófica que seguirán otros grandes teólogos: San Benito, San Domingo de Guzmán, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino…

Una y otra vez volverá a la pregunta:

“¿Quién me ha hecho? ¿No ha sido mi Dios que es no solamente bueno sino el bien mismo? ¿De dónde me viene, pues, el querer el mal y no querer el bien?”

 ¡Él me hizo libre!

En el México de   la revolución de 1910 se aplicaba la “ley fuga”. Se le dejaba libre al prisionero y en tanto se alejaba, era baleado y cazado como animal. Así, el culpable era el cazado no el cazador. ¿Es así el libre albedrío?

Agustín da un paso más:

“Y si él mismo, por su voluntad mal encaminada, en ángel bueno se convirtió en demonio. ¿de dónde le vino a él la voluntad mala, por lo que se hizo demonio si había sido hecho ángel todo entero por un creador buenísimo?”

Al parecer el laberinto cristiano no tiene salida. Dios hizo una criatura y la instaló pura en el Jardín del Edén. Pero el hombre a su vez, pregunta: ¿quién sembró en mí el mal?

Siglos antes la filosofía griega se enfrentó con este dilema del mal en el humano.

Son otros valores los de la Hélade. Aquiles y Eneas ¡Son héroes por ser mitad humanos y mitad dioses y por ser destructores y saqueadores de ciudades!

En el Olimpo los dioses dan la cara: Zeus protege a Héctor y Hera su esposa, se inclina por proteger á Aquiles. “Zeus es famoso por sus conquistas de muchas mujeres mortales —entre las que destacan Sémele, Alcmena, Ío, Europa y Leda” ( y otras que no sabemos).

El Dios del cristianismo es todo amor y ¡andrógino!

¿De veras son otros valores? Nadie puede negar que, en los últimos veinte siglos de historia los cristianos  han hecho lo mismo que antaño Aquiles y Eneas.

El paganismo, no el cristianismo, parece haber encontrado la salida de ese laberintico origen del mal.





Marco Aurelio





Marco Aurelio, el emperador romano sabio, no busca culpables entre las nubes, como ramonean católicos y protestantes.  El mal, por ignorancia, siempre se incubó en lo secular, es la tesis de los pensadores filósofos griegos desde la antigüedad, pero se buscó, por los cristianos, en lo sagrado.

 El origen del mal, dice Marco Aurelio  en sus Soliloquios, está (tesis socrática) en la ignorancia:

 “Deberás estar de ánimo bueno para con quien pecó por ignorancia”, dice el emperador.

Con lo que el origen del mal no se busca en el cielo sino 1) en el  PIB que el estado dedica a la instrucción del pueblo y 2) la dosis de moralidad que esta instrucción tenga.

 “!No queremos saber nada de moralina!” dicen los que escatiman el PIB.

 Emerson recordará a Marco Aurelio siglos más tarde cuando dice (En sus Ensayos) que la civilización se mide por:

“ la clase de personas que produce el país…No puede haber una alta civilización sin una moralidad profunda…El fin de toda lucha política es el de establecer la moralidad como base de toda legislación¸ no es el fundar instituciones libres, no es la republica ni la democracia el fin que se persigue; éstos no son más que los medios. La moralidad es el objeto del gobierno.”

Triola, autor de un bello libro español de técnica alpina, valioso por lo técnico como por los pensamientos de calidad cultural, editado más de un siglo ya, va en la misma dirección:

 “Convencido  de que es tan perniciosa  la cultura física sin ir acompañada de una perfecta ética, como la cultura  intelectual sin una sólida base de educación social, he de procurar en el trascurso del escrito infiltrar ideas de alta moralidad, para desarrollar al tiempo que el cuerpo, la fibra del sentimiento, avivar el espíritu.”

La familia tiene su carga de responsabilidad por no haber cuidado la formación moral y, finalmente, el individuo mismo por no hacer lo necesario y romper esa ignorancia cultural.

(Nos apresuramos a decir que nada tienen que ver con todo esto los inocentes que están en la cárcel por habérseles fabricado culpabilidad).

Schopenhauer relata el caso de una abuela y una madre que van a implorarle al juez, con lágrimas e hincadas, que salve a su hijo del cadalso. “Si esa preocupación hubieran aplicado, dijo el juez, en la educación cuando su hijo era niño, no estarían ahora en esta situación”.


Dibujo tomado del libro de

La psiquiatría en la vida diaria

de Fritz Redlich, 1968


Este mismo criterio aplica Emerson para los gobiernos de un pueblo que carecen de cierta profundidad para evitarse males en los tiempos que están por venir. Habla en plena guerra civil de (E:U)  que con un criterio de calidad no se tendría el caos por eso de la esclavitud:

“Si los Estados libres hubieran cumplido con su deber, se hubiera bloqueado la esclavitud con una barrera infranqueable y evitado para siempre nuestras recientes calamidades.”

Según las palabras de Emerson no es necesario engolfarse en el estudio de sendos trabajos de sociología de cualquier punto del planeta: la civilización se mide por: “ la clase de personas que produce el país”.

La divinidad, en la Creación, o la célula primordial, en la Evolución, como se prefiera, ya hicieron los suyo. Lo que sigue corresponde a la sociedad y a sus respectivos gobiernos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRIOLA, UN VIEJO Y VIGENTE LIBRO ESPAÑOL DE ALPINISMO

 


                  

 

 

Es la búsqueda de la libertad a través del rudo ejercicio de subir montañas. El individuo adquirirá así resistencia  muscular pero sólo como paso de transición para el fortalecimiento de los valores morales. Ese es el leitmotiv o tema conductor de esta obra.

 

“Convencido  de que es tan perniciosa  la cultura física sin ir acompañada de una perfecta ética, como la cultura  intelectual sin una sólida base de educación social, he de procurar en el trascurso del escrito infiltrar ideas de alta moralidad, para desarrollar al tiempo que el cuerpo, la fibra del sentimiento, avivar el espíritu.”

 

En el verano de 1916 este libro cumplió un siglo de haberse editado. Lo escribió José Ma. Có de Triola para la biblioteca “Los Sports”, a petición de su director Sr. D. José Elías Juncosa.

 

Bien editado, en tipografía, composición, fotografías, dibujos y “pasta dura”. Seguramente por modestia de Triola no tiene, como se acostumbra, el nombre de quien lo escribió en la portada ni en la “primera de forros”. Se conoce su autoría por una carta, a manera de introducción del texto, que Triola envía a Juncosa. Asimismo, aunque es un libro valioso en su contenido de conjunto, lleva el también modesto título de Excursionismo.

 

Tampoco tiene fecha de edición. Ésta se deduce en la página 80, con una fotografía del chalet-refugio de la Renclusa, al pie del pico del mismo nombre, en la vertiente la Madaleta,  Pirineos: “Su inauguración (del refugio) debe celebrarse en el presente verano de 1916”, dice la explicación de la lámina.Este edificio fue levantado por el "Centre Excursionista de Catalunya".

 

 


                             


Refugio  de la Renclusa






Algunos lustro más tarde aparecería el libro valioso de Ernesto Mallafré, otro escalador español, también de técnica alpina. Más puesto al día en lo que se refiere a sistemas de aseguramiento (sobre el hombro), colocación de clavijas y maneras de avanzar por roca, nieve y hielo,extraplomos, vivacs...

 

Con pocas diferencias de cuestiónes técnicas, en realidad el trabajo de Triola es más un libro de filosofía alpina que de maneras de ir por la montaña. Hay más porqués, que cómos.

 

Recuerda más al cordobés-romano Séneca y a los  pensadores norteamericanos Emerson y Thoreau, en lo que atañe a  la presencia del humanismo frente a la vida.Triola escribe:

 


Modos de asegurar en una cordada.

El primero y el último  cuidan el avance del intermedio.

 

“Hoy, pocos son los que encontraríamos, que para mejor cumplir con sus quehaceres, para el desarrollo de sus negocios y sus industrias; para obtener mayor caudal de conocimientos; para captar notas y datos; para descansar de la vida aplastante de la Ciudad, no salgan a recorrer montañas y valles; que no vivan en contacto con la Naturaleza, por más o menos tiempo.”

 

Y agrega: “Los intelectuales, el artista, el pintor, el novelista, el escenógrafo, el poeta, el escultor, el músico, encontrarán fuentes inagotables para sus creaciones, fuera de la ciudad.”

 

 


El antiquísimo nudo de los guías, sigue vigente.


El azar en la montaña es cosa más frecuente de lo que se podría uno imaginar. Con 50 0 60 años de escalar y salir ileso  es una prueba que el azar existe. El movimiento se confirma desde la quietud. La libertad es acotada por la posibilidad del azar. El azar es un impedimento para que se dé la plena libertad.

 

Vamos en la montaña resolviendo problemas psicológicos propios y geológicos escabulléndonos a la posibilidad que se manifieste el azar. Otros fenómenos naturales, como el rayo o el alud por la ladera que, inevitablemente, hemos de pasar. Podemos ser previsores, y para eso es la técnica y el equipo  moderno, conocimientos de meteorología y geología, pero…

 

Nuestras necesidades inventadas, más que las primarias, entran en juego cuando consideramos el tema de la libertad. También está, como en la tragedia griega, el azar que se revela como fatalismo. O el determinismo en la intervención divina cristiana  que se pondera por sobre todas las cosas pero, que en realidad, tenemos como algo que está por ahí perdida entre los cachivaches de la buhardilla.

 

 


Modos de orientación. Útil aun en los tiempos de la brújula y el "GPS"

La sombra señala hacia el norte


Como sea, el azar, esa cosa al parecer imprevista, parece meter en cintura a la idea de la libertad. Pero también, dicen algunos  pensadores, sin el azar no habría libertad, sólo reglas rígidas por la causalidad. Jean Whal, filósofo marsellés, escribe, siguiendo a Henry James,   que la libertad no sería posible en  un universo en que no hubiese un elemento o reino del azar.

 

Esto y más se piensan en tanto se asciende por la arista de hielo,  la pared rocosa, o se camina cuesta arriba por la ladera verde. Media hora después de haber emprendido la marcha y con la digestión en pleno desarrollo del almuerzo recién levantado el campamento.

 

Es la famosa triple digestión   que todo montañista vive,todo al mismo tiempo, y que es la del estómago, la mental y la espiritual o, si se quiere, la filosófica. Traducido: 1), un eructo, 2) el pensar cómo superar el diedro de más arriba y, 3) la pregunta ¿qué hago aquí cuando podría estar tirado a la orilla de la alberca admirando a hermosas  bañistas. ¿Por qué estoy aquí? Y la respuesta del montañista: ¡No podría, no querría, estar en otra parte!

 

Triola hace énfasis en lo positivo que resulta, para el individuo, habitante de las  ciudades pequeñas y de las megalópolis, ir a la montaña, al escribir:

 

 “No hay nada como la contemplación de la Naturaleza que tanto desarrolle nuestra fibra sentimental. La Montaña ejerce una maravillosa acción sobre nuestros núcleos nerviosos y sin darnos cuenta, poco a  poco, nos vamos modificando, evolucionamos hacia la perfección.”

 


1974: TRAGEDIA ALPINA EN LA IZTACCIHUATL

 


 

Los recordamos.

 

Lo más difícil del alpinismo no está en la montaña. Es el momento cuando tocas la puerta y tienes que decir: su hijo o su esposo murió escalando.

                                                          

Seis alpinistas se precipitaron en caída mortal al ascender el flanco occidental del Pecho de la Iztaccihuatl.

Iztaccihuatl  en náhuatl quiere decir Mujer Blanca, de iztac, blanco y  cihuatl, mujer. De ahí sus toponímicos relacionados con el cuerpo humano: Cabellera, Pecho, Rodillas, Pies. Lo de blanco por la nieve con que se cubre.

 En México también se le llama, con familiaridad, Mujer Dormida, por la posición yacente que guarda.  Y con adoración  al considérasela una diosa. Ocupa un amplio horizonte cultural en la mente de los mexicanos, empezando milenos atrás  por los étnicos: teotihuacanos, toltecas, aztecas. Los restos de adoratorios de sus vertientes (conocemos algunos de ellos) investigados por la arqueología señalan la gran actividad religiosa que tenía lugar en sus laderas. Ahora además en  la ciencia, en la poesía, en la novela y  en el alpinismo. A la fecha de este siglo veintiuno suelen encontrarse en sus cuevas y cañadas señales de ceremonia llevada a cabo por los Teciuhtlazques, más conocidos como Graniceros o Llamadores de la lluvia.

Es la  tercera cumbre en altitud (5,230m) en México. Se  trata de una serie de  eminencias de origen volcánico orientadas en lo general norte-sur.

El lugar que nos ocupa es el lado occidental del  Pecho. Una rampa de unos 600 metros de desnivel con una pendiente de unos 50 grados y sin obstáculo para escalar. En su base se encuentra el refugio Chalchoapan, o sus restos (4,630m).



Iztaccihuatl y Popocatépetl vistos desde la Ciudad de México. El punto rojo es el lugar aproximado en el que se inició la caída.

Foto tomada de Internet


Salieron del refugio Chalchoapan la mañana del 3 de noviembre de 1974.Hasta aquí lo cierto. Por no haber sobrevivientes de la tragedia y al parecer otras cordadas en el refugio, lo que sigue es hipótesis mía de lo que pudo haber ocasionado este desastre.

Mi punto de vista es que el grupo de seis, se dividió en dos cordadas de tres (esto lo pueden aclarar los  del grupo de rescate, uno de ellos, Juan Blásquez Pico).

Más arriba, en un punto que no podemos precisar, la cordada de arriba se vino abajo y en su caída arrastró a la cordada que los seguía de cerca, en el supuesto que avanzaban en “fila india “o sea, yendo por las mismas pisadas de la primera cordada. Los seis alpinistas quedaron sin vida entre las rocas de la base de la Rampa.

El 2 de noviembre del año siguiente, exactamente en el primer aniversario luctuoso, dos escaladores de México subieron (no sabemos hasta donde) a colocar una placa conmemorativa de la tragedia y, de la misma manera inexplicable, o desconocida, también se precipitaron en caída mortal. Ellos fueron Juan Medina Saldaña y Miguel Ángel Chacón.

Juan José Oñate y Senén Martínez participaron en la preselección  al monte Aconcagua organizada por la Federación mexicana de Montañismo. Ambos llevaron a buen fin todo el programa de entrenamientos o de preselección.

Eran hombres fuertes y dominaban la técnica alpina. Por sus dotes de  compañerismo, demostrados en las salidas de le preselección, yo le puse su nombre a esta rampa: Rampa de Oñate cuando regresamos del Aconcagua, es decir, ese mismo año pues así consta en el informe que entregamos al presidente de la republica quien financió a la expedición. En otras palabras, Oñate murió en la Rampa que él ya sabía llevaba su nombre.

 


En el segundo tercio de la Rampa. En la foto Juan José Oñate y Senén Martínez ascienden y sin contratiempos alcanzan la cumbre, cuando la práctica de Preselección. 

El texto es parte del informe mencionado.

 

A Miguel Ángel Chacona no lo conocí. Juan Medina era un escalador de primera línea, por decirlo de alguna manera. En roca, nieve y hielo. Tiene su lugar en alpinismo hidalguense, por ejemplo, es parte de la historia de la pared norte de las Goteras. Fue pionero en trazar vías en el flanco oriental del cerro del Chiquihuite, norte de la Ciudad de México, y participó en expediciones a la Cordillera Blanca del Perú.

 


La ruta como la trazamos en 1957:  travesía del corredor superior(2) y Rampa (8).

 

La Rampa de Oñate tiene lo suyo, alpinisticamente hablando, por lo que es poco frecuentada, digamos que se sube una vez por lustro, para dar una idea.

Empero, no es tal que escaladores como los mencionados encontraran dificultades para abordarla y mucho menos para encontrar en ella la muerte.

Pero en el alpinismo mundial existe una idea que es contraria al principio de razón: buenos escaladores suelen morir en empresas fáciles a  como ellos eran deportivamente.

 


Travesía del Corredor Superior (Mario Campos Borges y Salvador Alonso Medina) cuando la Preselección al monte Aconcagua, Rep. Argentina.

Foto de Armando Altamira 


Carecía yo de los nombres de todos los accidentados. Tiempo después Enrique Andrade   envío a mi blog los nombres de los accidentados en ambas ocasiones, lo cual agradezco pues así el dato histórico es más preciso:

“Para la primera fecha, que fue la de 1975: Juan José Oñate Ocaña, Berta Monroy de Pereda, Enriqueta Magaña de Palomé, Vicente Pereda Monroy y  Zenón Martinez. En 1976: Juan Medina Saldaña  y Miguel Ángel Chacón Gutierrez”.

Asimismo hubo poca reflexión de mi parte en cuanto a la fecha ( el año) de la tragedia que, me parecía, era 1975, al decir, refriéndome a este accidente “ al año siguiente de la expedición al Aconcagua”, que vendría cayendo, según esta expresión, en 1975.

Sucede que nosotros estuvimos en el Aconcagua en febrero de 1974. ¡Y ese mismo año, 1974, pero en noviembre, fue cuando se dio el accidente en la Iztaccihuatl! Y el de Juan Medina en el 1975. Parece que tanto Enrique Andrade y yo incurrimos en falta de precisión…

Reproduzco el correo que Juan Pico me envió:

 "Juan Pico16 de noviembre de 2013, 16:55

Sr. Armando Altamira, soy Juan Blásquez Pico, uno de los pocos que reconocieron los cuerpos de los seis compañeros acaecidos en dos cordadas aquel día de muertos del 74 y no del 75 en la Cruz Roja de Polanco. El nombre que falta es Juan José Oñate (hijo), yo tenía 19 años y pertenecía al Club de Exploraciones de México - Grupo de Roca. Por el error de fecha, también hay que recorrer la de Juan Medina y Chacón al 75, ya que en el 76 Gustavo Díaz Rosas y su servidor subimos por la misma ruta."

Como sea, Andrade y Blásquez, son alpinistas que no se limitan a escalar montañas sino que están atentos de cómo trascurre la historia alpina de su país, lo cual, a mi parecer, los mete, los hace personajes, de  esa misma historia.

Pienso que la mejor manera de recordar a nuestros compañeros y amigos muertos en la Iztaccihuatl  es tener presente cada aniversario luctuoso. Cada quien con su panorama cultural: unos con el  pensamiento desde el laicismo y otros hacia el  más allá del tiempo y  del espacio…

 

P.D.

Con la idea de tener más precisión en el relato esta nota está sujeta a rectificaciones y aportaciones, en el caso que alguien pudiera enviar datos de esta tragedia.

Yo conozco  el lugar desde 1957 cuando, con montañistas  de la Ciudad de México ( Ubaldo Martínez, Felipe Sosa y Jorge Rivera) trazamos la primera al Corredor Superior y la superación de la Rampa y, como queda anotado, en 1973 conocí a Juan José Oñate y a  Senén Martinez, pero hasta ahí. Mi nota es sólo un intento  que busca  la certeza de lo  ocurrido.

Aquí mismo, en “comentarios”, al pie de la página, se puede agregar todo el material posible de los que sí estuvieron cerca, como es el rescate de los cuerpos o sus amigos o familiares.

Miguel Ángel Perea Monroy envió la siguiente nota:

“Correcto el comentario de Juan Blazquez, el accidente de los 6 fue el domingo 3 de noviembre y el contingente estaba formado por Juan Jose Oñate, padre e hijo, Bertha Monroy de Perea y su hijo Vicente Perea Monroy, Blanca Palome y Zenen Martinez, en aquel entonces tenia yo 12 años, soy Miguel Angel Perea Monroy y agradezco de manera infinita el esfuerzo y trabajo para recuperar los cuerpos. Se recuperó la cámara fotográfica que llevaban así que tengo esas últimas fotos, mi correo es turbulo@gmail.com”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOVIEMBRE: EN MEXICO FESTEJAMOS A LA MUERTE (ES NUESTRA COMADRE)

 


La muerte es lo único seguro en esta vida.

Lo demás lo seguimos investigando.


  

Un Tzompantli precristiano

Foto de internet

Teología y filosofía (por orden de antigüedad) se asoman del otro lado de la muralla, armados con la razón pura, para ver que sigue… ¡En esas estamos! ¡Investigando con herramientas de la fenomenología lo que está fuera del fenómeno!

Epicteto hace una observación. Me preocupa dejar mi silla mecedora, mi tarjeta de débito, a mi amiga que tanto quiero, mis pizzas de chorizo, el disco de la Tuba Skinny qué compré el invierno pasado en Nueva Orleans, a mis apologistas, etc.



                                   ¡Que empiece el baile!

foto de Internet


Esa es la gran preocupación. A semejanza que tuviera mil pesos en papel y mil pesos en oro. Y me afligiera tener que dejar los mil pesos en papel sin importarme para nada el oro…

Epicteto:

Todos tememos la muerte del cuerpo. Pero del alma, ¿quién la teme?

El Tzompantli en México se festeja, se le da vida, no sólo se recuerda intelectualmente. 1 y 2 de noviembre: Comida, bebida, baile y mariachis. ¡Y sobre todo, flores y canto!


Cráneos de guerreros

foto de Internet


El zompantli en México-Tenochtitlán era un hacinamiento de cráneos y huesos de guerreros muertos en la guerra y también civiles. Prácticamente en cada esquina de la calle de la bella ciudad, en medio del lago, se erigía un zompantli, un amontonamiento ordenado de huesos. Era la presencia de Mictlantecuhtli y su esposa, Mictlancihuatl, dioses del más allá o del inframundo.



                             ¡Que empiece el baile!


foto de internet


La idea central del Tzompantli, y su prefiguración que de él se hace en nuestros días en México es: dale calidad a tu vida como si éste fuera el último día.

Es tanto una idea propedéutica que recuerda que hay que morir, igual urge que se tenga sensibilidad que este día estamos con vida.


Tzompantli precristiano. Cráneos labrados en roca

Foto de Internet


¡No cabe asustarse!

Los países del área occidental, y sus zonas de influencia occidentalizadas, pueden encontrar esta misma idea en la novela del gran Honorato de Balzac: La piel de zapa.

A cada deseo, útil o inútil, bueno o malo (ya era un deseo) que le era concedido a Rafael, el personaje central de esta obra, por esa misteriosa piel de zapa, Rafael lo tenía que pagar con un día menos de vida.

Nada fantasiosa esta obra de Balzac. Su mensaje nos habla todos los días, sólo que no sabemos leerlo: Grasas saturadas en nuestras comidas: barbacoa, mantequilla, helados: igual a un día de vida menos, aguas dulces caseras o de fabrica: un día menos en nuestra vida, exceso de sal en los alimentos: igual a un día menos en nuestra vida, las mil maneras deliciosa en que ingerimos lo dulce; pan, pasteles: igual a un día menos en nuestra vida. La piel de zapa nos está gritando pero,  ¡tenemos exceso de cerumen en nuestras orejas!

La muerte es la comadre de los mexicanos porque no es la figura terrible, maloliente e histérica y altamente punitiva, que nos llegó con los cristianismos, primero católico y después protestante. 

La muerte como castigo de una falta cometida es una idea colonizadora que llegó a México en el siglo dieciséis. 

Aquí la muerte es un paso ineludible para poder ascender al Tlalocan, Paraíso de los mexicanos. Prefigurado primero en la Sierra del Tlalocan, suroeste del Valle de México, en el gran adoratorio de  la cumbre de la montaña Tlaloc (4,150 m.s.n.m), para seguir hacia las regiones espirituales, esas a las que aspiran todas las religiones del mundo desde la antigüedad.

Epicteto:

Tarde o temprano, es fatal y preciso que la muerte venga a nosotros. ¿En qué nos encontrará ocupados?

Tengo que terminar mi novela que llevo 87 años escribiendo, mi proyecto científico para salvar del hambre a la humanidad, seguir abriéndome camino político para llegar a la “grande”  del país, trazar  otra nueva ruta de escalada en la pared sur del monte Ameghino, Andes argentinos…

Epicteto:

No te demores más, que no has de tener tiempo para acabar de leer tus recuerdos, ni las proezas de los antiguos romanos y griegos, ni los extractos de los libros que reservas para tiempos de tu vejez.

 



                                      ¡Que empiece el baile!

foto de internet


foto de Internet


Macuilxochitl (cinco flor  es), mujer azteca del siglo quince, da la señal que empiece la fiesta de los muertos:

 “Macuilxochitzin, una de las pocas poetisas nahuas, nació en 1435 y fue hija del famoso guerrero Tlacaélel Su poesía se enfoca en las hazañas guerreras de su padre, quien contribuyó tanto al esplendor y poderío azteca”.

 

Empiezo a cantar yo Macuilxochitzin,

yo doy placer al autor de la vida.

¡Que empiece el baile!

En la región de los muertos

está también su morada:                       

no se lleven allá los cantos,

son solamente de aquí…

¡Que empiece el baile!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EMERSON: COMO HABLAS, ERES

 


Referencia:

 

Ralph Waldo Emerson: Ensayos

Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX, sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del «Nuevo Pensamiento», a mediados del siglo XIX. Wikipedia

 

 

Hablar con conceptos o con opiniones se vale. Es en el nivel de expresar las ideas.

Lo primero es un modo ortodoxo, cuidado.

 Lo segundo:

La opinión es una creencia que tiene conciencia de ser insuficiente tanto subjetivamente como objetivamente.

Es la definición que  Kant da a esta palabra en Critica de la razón pura, tercer capítulo.

Muchos países tienen su caló (aquel de los gitanos en España) o lunfardo ( el del Río de la Plata, Buenos Aires, Argentina), pero éste, o estos, como los granos grandes de arena del desierto, no levantan mucho y se quedan, en su inocencia, pegados al suelo.

O la influencia mutua de dos países vecinos como México y Estados Unidos con el hispaninglis español- inglés o viceversa.

No. Emerson se refiere a la agonía de una lengua que viene siendo como el espejo que delata o mide la corrupción de la gente a nivel nacional, en todas clases o niveles. En las masas, dice el gran Ortega y Gasset, que no se refiere a los obreros sino a cualquier nivel ayuno de cultura, viaje en trasporte colectivo o en limousina.

No faltan los iconoclastas del idioma como protesta contra esto o contra aquello, empezando por la Enciclopedia Británica, el Estado, etc.

En general los medios de comunicación masiva, escrita, cuidan lo legitimo en el idioma.

¿Y los que escriben libros?




Dibujo tomado de El País








Amante de la naturaleza, Emerson considera que el contacto con los bosques, los ríos y las montañas influyen en el espíritu de los escritores. En un tiempo en el que el mundo, el “gran Mundo”, tenía todavía mucho de rural:

Se pueden encontrar en cualquier nación civilizada cientos de escritores que por algún tiempo ellos ven y manifiestan verdades y que no visten por sí mismos un pensamiento con su natural vestido, pero es que se alimentan inconscientemente de la lengua creada por los primeros escritores del país, de aquellos que se fundaron en la naturaleza.

La descomposición que Emerson ve flota en las calles.

A semejanza del olor a cadáver que lo llena todo, como en la Ciudad de México o Santiago, Chile,ha sucedido varias veces, debido a los sismos que colapsan edificios con cientos de gentes entre sus muros.

Lo dice de esta manera:

A la corrupción del hombre se sigue la corrupción del idioma. Cuando se destruye la sencillez del carácter y la soberanía de las ideas en virtud del predominio de los deseos secundarios, como el deseo de las riquezas o del placer o del poder o del orgullo, y cuando la doblez y la falsedad sustituyen  a la sencillez y a la verdad, se pierde por grados la fuerza que existe sobre la naturaleza como intérprete de la voluntad; cesan de crearse nuevas imágenes y se pervierten las antiguas palabras aplicándolas a cosas que no existen: cuando no hay oro se emplea papel. El fraude se manifiesta a su debido tiempo, y las palabras pierden su fuerza para estimular el entendimiento y la voluntad.

Así fue, así es y así será por siempre. Es aquel mal viento que infesta nuestras calles. Es una realidad que llegó para quedarse.


 

                                    Ralph Waldo Emerson



Emerson llama a ser positivos:

Pero los sabios arrancan está podrida dicción y vuelven a sujetar las palabras a las cosas visibles, de tal suerte que su pintoresco idioma es a la vez un certificado de que quien las emplea vive en continua alianza con la verdad y con Dios.

 

 

                                                                      

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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