SANTAYANA EN LA RELIGION ÚLTIMA




Diálogos en el limbo
George Santayana
Editorial Porrúa,México,Serie Sepan Cuantos...Núm.645,año 1994
Primera edición 1910


No es tan difícil creer en los dioses, basta conocer a los hombres

“Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana (Madrid, 16 de diciembre de 1863 – Roma, 26 de septiembre de 1952), fue un filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense. A pesar de ser ciudadano español, Santayana creció y se formó en Estados Unidos. A los 48 años dejó de enseñar en la universidad de Harvard y nunca más volvió a los Estados Unidos. Escribió sus obras en inglés, y es considerado un hombre de letras estadounidense. Su último deseo fue ser enterrado en el panteón español en Roma. Probablemente su cita más conocida sea «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo», de La razón en el sentido común, el primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón o fases del progreso humano.”


La religión ultima empezó a perfilarse hace casi veinticinco siglos, con Sócrates, dice Santayana, con base en el amor y la unidad: “con armonía auténtica  y patente. Busca el bien  universal, no el poder universal.” La anhelada perfección, el amor y la belleza eterna, son las características que el filósofo señala.


Un teólogo iría directamente a la fe como necesaria para creer en Dios o los dioses. Sin asustarse por el singular y el plural. En todo caso se está hablando de  valores vitales de la cultura occidental y de las mil etnias que hay esparcidas por el planeta.

Santayana es un académico de la universidad de Harvard y hace un relato hiperbólico riguroso, en tecnicismos filosófico, antes de mencionar a la religión litúrgica del catolicismo, el islamismo, a los  dioses y a Dios.

Es letra muerta donde falta la idea operante,  cómo se vive, no cómo se habla,  con  ausencia de  valores vitales: “Más todo esto difícilmente puede merecer el nombre de filosofía mientras el corazón permanezca inconmovido  y nosotros continuemos viviendo al modo de animales perdidos en el alud de nuestras impresiones.”

Santayana dijo este discurso en el auditorio de La Domus  Spinoziana, en la Haya, con motivo del tercer centenario de Baruch Spinoza, en 1932 (1632-1677).

Santayana se dirige al mundo en el que brotan, tres veces al día, nuevas propuestas religiosas que pronto descubren, o bien fines pecuniarios o, fáciles composiciones líricas supuestamente apoyadas en la biblia: “Todo aquel  que, en cualquier parte, no se satisfaga con forjar un sistema plausible, sino que pretenda probar sus propias conjeturas y conseguir un autoconocimiento espiritual, debe empezar por abstenerse de toda fe fácil, para no inundar trivialmente el universo con las imágenes de su propia razón y de sus ilusiones.”
 
George Santayana
Sobre toda la maraña de propuestas filosóficas y teológicas improvisadas, no se debería perder de vista lo esencial: “La existencia es un milagro, y, moralmente considerada, un don gratuito en cada momento.”

 Propone que, al estilo de San Agustín y Santa Teresa de Jesús, sacar belleza del mal: “Será quizá más fácil, para mí, comprender el movimiento de los cielos y regocijarme en él, que comprender y regocijarme  en mis propias conmociones. Mi propio eclipse, mis propios vicios, mis propios pesares pueden llegar a ser, para mí, motivo del cálculo exacto y de gratas maravillas. El ojo filosófico  puede obtener, de estos conflictos necesarios, una armonía cósmica, y de estas muertes propicias, una vida infinita.”
















SANTAYANA EN LA LOCURA NORMAL




Diálogos en el limbo
Editorial Porrúa, S.A. México, Serie Sepan Cuantos… Núm.645,año 1994.
Primera edición: 1910.


Donde no hay ilusión sólo hay átomos y vacío

“Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana (Madrid, 16 de diciembre de 1863 – Roma, 26 de septiembre de 1952), fue un filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense. A pesar de ser ciudadano español, Santayana creció y se formó en Estados Unidos. A los 48 años dejó de enseñar en la universidad de Harvard y nunca más volvió a los Estados Unidos. Escribió sus obras en inglés, y es considerado un hombre de letras estadounidense. Su último deseo fue ser enterrado en el panteón español en Roma. Probablemente su cita más conocida sea «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo», de La razón en el sentido común, el primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón o fases del progreso humano.”



Que la humanidad esté loca, o esté en sus cabales, es algo que tiene sin cuidado a la naturaleza. La naturaleza se hace y s e rehace todos los días.

Los filósofos se ríen de la locura del vulgo y el vulgo se ríe de la locura de los locos y de  la de los filósofos. “y cada uno se cree cuerdo de sí mismo.”

Santayana nos dice que todos estamos locos en la normalidad y no habría por qué señalar al otro: “La locura es natural y, como todas las cosas naturales, se ama a sí misma, y a menudo  por su inocencia o por su significación, vive en armonía  con el resto de la naturaleza.”

La humanidad, con ser parte de la naturaleza, tira, sin embargo, por otro lado, dentro de la naturaleza. Quisiera prescindir de  sueños, fantasías y magia, y quedar  sólo con  átomos y vacio. No obstante, la humanidad tiene locura y  cordura, y a esto suele llamársele locura. Tan generalizada es esa locura que, dice, se trata ya de una locura normal: “La creencia  en lo imaginario y en el deseo de lo imposible se llamarán justamente locura.”

Pero, también tiene cordura. La expresa a través de sus hábitos tendientes a la disciplina: “hábitos e ideas  que están sancionados  por la tradición y que, cuando se siguen, no llevan directamente a la destrucción de sí mismo o de la propia patria. Esa cordura convencional  es una locura normal, como la de las imágenes en nuestros sentidos, el amor en la juventud y la religión entre los pueblos.”

La idea  que en la naturaleza sólo hay átomos y vacío, nos lleva a una automatización en la vida: “que es necesariamente espontáneo y ciego”. La civilización del fenómeno, la causa y el efecto, del mundo atada al torniquete que gira sin fin en torno de la noria de los neutrones y los positrones.

Pero la vida nos demuestra que la humanidad no se quedó dando vueltas en torno del pozo. Intervino la fantasía como principio de salud: “Así la ilusión más definitivamente muerta, si se entretejen buenas costumbres, puede florecer en larga amistad con las cosas, nombrándolas y saludándolas, como hacemos con las estrellas, o con los dioses, sin comprender su naturaleza.”


Si los países leyeran con detenimiento a Santayana encontrarían  una clase de locura para llegar a figurar en las naciones de primera línea, o bien, la explicación por qué se encuentra sumergido en la corrupción y miseria moral. Decir “primer mundo” es menos su moneda que vale más que las otras  y sí las locuras normales vitales que sigue y sostiene esa sociedad.

Cartago fue una gran empresa pecuniaria y sucumbió ante Roma que perseguía el oro pero sobre todo a   la armonía, la ilusión y la  belleza. Cuando, después de mil años, Roma se volvió  sólo una empresa pecuniaria se derrumbó como organización paradigmática.

Dice que espartanos y tebanos fueron grandes y siguen viviendo como eterno ejemplo. Eso  no se debió tanto porque fueran disciplinados en los cuarteles y luchara hombro con hombro en el momento de entrar en combate con el enemigo. Cualquier ejército mercenario bien pagado puede hacer eso por nosotros.

 Ellos luchaban y morían y vencían en nombre de la armonía, la amistad y la belleza, que los hacía de intereses vitales comunes: “Todas las glorias de Grecia  son los frutos de la amistad y pertenecen al reino de la locura…Los griegos, en los intervalos de sus guerras, en vez de sumergirse en la lujuria y la indolencia, o en una vana industria, instituyeron juegos en que la paz  se hacía vehemente y gloriosa…”
 
George  Santayana
Sobre todo se dieron en Grecia-Roma generaciones de pensadores que plantaban tesis y contratesis y procuraban una síntesis.  ¿Qué espera a un pueblo donde sus filósofos son blandengues y más bien propagandistas de algún partido político? Dice Santayana: “¿Qué exigirías de la filosofía? Que te alimentara de golosinas y te arrullara  en tus errores con la esperanza  de que la muerte te atrape antes que empieces a comprender nada?”

Entretanto, la naturaleza sigue en su camino incomprensiblemente zigzagueante: “La naturaleza no tiene dificultad en hacer lo que hace, por maravilloso u horrible que pueda parecer a una fantasía dotada sólo de  una época sin imágenes sueltas e incapaz de trazar  las corrientes de la sustancia; y no tiene hostilidad hacia lo que deja sin hacer, ni ganas de hacerlo. La encontrarás de mil modos deshaciendo lo que hace, ensayando una vez más allí  donde el fracaso es seguro, y desdeñando las hermosas hazañas que alguna vez   llevó fácilmente a cabo, como si hubiese olvidado su secreto.”

Y del neurótico frenesí de la humanidad, de puros átomos y vacío, prescindiendo de la locura y de la cordura, en lugar de caminar procurando seguirle los pasos a la naturaleza,  anota: “La mosca que prefiere la dulzura a la larga vida puede ahogarse en la miel.”

Empero, hay que hacer la tarea y no  desvelarse mucho pensando qué sucederá con la naturaleza o con mi yo o con la política o con este mundo o con los marcianos. Antes que Santayana, Emerson había escrito:

 " Hagamos lo que hagamos, el verano tendrá sus moscas."










SANTAYANA Y LA FANTASIA DEL NOVELISTA




Diálogos en el limbo
George Santayana
Editorial Porrúa, S.A. Serie Sepan Cuantos…Núm.645, año 1994
Primera edición en 1910


“Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana (Madrid, 16 de diciembre de 1863 – Roma, 26 de septiembre de 1952), fue un filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense. A pesar de ser ciudadano español, Santayana creció y se formó en Estados Unidos. A los 48 años dejó de enseñar en la universidad de Harvard y nunca más volvió a los Estados Unidos. Escribió sus obras en inglés, y es considerado un hombre de letras estadounidense. Su último deseo fue ser enterrado en el panteón español en Roma. Probablemente su cita más conocida sea «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo», de La razón en el sentido común, el primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón o fases del progreso humano.”


La psicología clínica estudia cómo actúan los seres animados. Investiga los resultados de una vida vivida.

Una vida inventada es lo que hace la psicología literaria, como la llama Santayana. Está en el origen de toda creación de caracteres: “La psicología literaria es el arte de imaginar cómo sienten y piensan esos personajes. El novelista crea unos personajes y los echa a andar, como los relojes de Schopenhauer. Les da cuerda y señala el camino que debe recorrer, cómo actuar, dónde deben detenerse o seguir. Como individuo  invisible que mueve a sus personajes de guiñol.

El escritor es el creador de los personajes y del contexto donde se mueven esos personajes. Lo que sucede en una novela sólo pasa en esa novela, por más que pueda tener algún parecido con la vida real. A semejanza de lo que sucede en  las sendas historias de la academia  y de las de carácter lírico.
 
G.Santayana
Santayana advierte que no hay que tomarse demasiado en serio porque en la novelas  estamos en el terreno de la  fantasía. Y en este mundo de la fantasía no sólo entran los novelistas y  los  historiadores sino también los filósofos. Dicen su versión, por más que crean que están diciendo la verdad universal.

Todo mito es una fantasía que corresponde a un grupo humano. Hay que apresurarse a decir que no estamos en el mundo del escepticismo y el desaliento.  Todo lo contrario, es el optimismo en el que todos tienen libertad de creer. Si alguien cree lo que aquel escribió es que fue una fantasía bien inventada y el otro carecía de vitaminas culturales suficientes para descubrir el artificio. El arte del oficio."No porque esté escrito,tiene que ser cierto"dijo Clint Eastwood en la película Un mundo perfecto.

 La ciencia médica dispone ya de muchas vacunas para prevenir el contagio. En la cultura no se adquiere así la inmunidad. Hay que leer toda la vida y en muchos países (a juzgar por los presupuestos magros que tienen las secretarías de cultura. Presupuestos que siguen considerándose un gasto, no una inversión)  eso de la cultura no es prioritario...

Santayana dice que aun en el mundo de la academia los grandes historiadores son unos  fabuladores. Más bien escriben novelas: “los historiadores clásicos no se contentan  con citar palabras registradas: componen discursos para sus personajes, bajo la confesada inspiración de Clío, o menos honradamente, en los tiempos modernos, explican cómo sentían sus héroes, o que influencias obraban en el espíritu de la época, o qué dialéctica dirigía la opinión de un sentimiento a otro. Todo eso es descarada ficción…Su virtud no es de ningún modo ser verídica, sino estar bien inventada.”

De tal modo que somos Alicia atravesando el espejo y regresamos a relatar otra verdad diferente a la verdad que conocemos. Una de las grandes virtudes que conoce la humanidad, mejor inventada, es la del emperador Napoleón que iba por el planeta sojuzgando países mientras pregonaba la igualdad entre los humanos.

Por eso para Santayana los personajes de la novela  deben ser congruentes con su modo de hablar. O es una máscara lo que está diciendo para sorprender incautos. Es cosa antigua que lo que se habla se pone a prueba con las acciones: “El pensamiento sólo puede descubrirse poniéndolo en acción.” El inspector Javert, de Víctor Hugo, se decía implacable agente al servicio de la ley y en el fondo era alguien que no carecía de humanidad. Cuando él se descubrió, que era diferente a como creía que era, prefirió que se lo tragara el Sena.


Intereses nobles e intereses vesánicos son los que van a mover a los personajes de la novela. El ego es el que está en el centro del relato. Pero no hay que asustarse, sólo son fantasías: “objetos de psicología literaria…el universo es una novela cuyo héroe es el ego; y la amplitud de la ficción (cuando el ego es culto y omnívoro) no contradice su esencia poética.”

Los filósofos mismos, dice el filósofo Santayana, se quiebran la cabeza por demostrar en la física y en la teología la validez de su conocimiento: “Por esta razón los poetas y novelistas son a menudo mejores psicólogos que los filósofos.”

Al final el novelista creador va a ser también un instrumento del  ente que lo va a impulsar a contar algo, llámese espejo de Alicia o bien su sociedad o su historia o su fantasía: “hacemos una novela de nuestra incoherencia, y componemos nuevas unidades en el esfuerzo de desenredar a aquellas a las que estamos acostumbrados.” 

El rey, del relato de Alicia, pedía a su reina le consiguiera otro lápiz porque este escribía otra cosa distinta a lo que él quería escribir…














URGE REIR FRANCO: BERGSON




LA RISA
Henri Bergson

Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 18 de octubre de 1859 – Auteuil, 4 de enero de 1941) fue un filósofo francés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927. Hijo de un músico judío y de una mujer irlandesa, se educó en el Liceo Condorcet y la École Normale Supérieure, donde estudió filosofía. Después de una carrera docente como maestro en varias escuelas secundarias, Bergson fue designado para la École Normale Supérieure en 1898 y, desde 1900 hasta 1921, ostentó la cátedra de filosofía en el Collège de France. En 1914 fue elegido para la Academia Francesa; de 1921 a 1926 fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. régimen de Vichy El bagaje británico de Bergson explica la profunda influencia que Spencer, Mill y Darwin ejercieron en él durante su juventud, pero su propia filosofía es en gran medida una reacción en contra de sus sistemas racionalistas.1 También recibió una notable influencia de Ralph Waldo Emerson.



La risa franca es señal de salud (social), su ausencia huele mal.

La risa es liberadora de tensiones pero necesita que otros estén presentes. En la soledad podemos sonreír  pero no reír de manera audible. Aunque sea por celular y el otro  se encuentre  en China, pero al menos ya son dos. Por eso muchos solitarios van riendo por la calle con el celular pegado a la oreja.

Brota espontánea la risa  cuando un grupo de amigos s e reúnen a charlar y  evocan situaciones hilarantes o  cuentan “chistes” o relatos picaros. Y cuando las que se reúnen son mujeres, sobre todo en edades que cursan la enseñanza media superior, las risas mutuamente retroalimentadas del grupo pueden alcanzar niveles patológicos manifestados en ataques de risa casi histérica, a tal punto que en ocasiones llega la micción involuntaria.
 
H.Bergson
Los individuos de una comunidad están “sintonizados en una misma frecuencia” lo que da, de manera natural, el entendimiento de intenciones.

Pero hay otros tipos de risa. La sádica, la del timador que nos sonríe para sorprendernos. La risa  castigadora cuando tropezamos  y nos está diciendo “¡Qué torpe, más cuidado para la próxima!”,al estilo del programa televisivo norteamericano  Wipeout.

Nosotros nos referimos a la risa franca, que es de efecto y de intención social: “la risa debe responder  a determinadas exigencias de la vida en común.”

La risa es propia, o común, a un idioma, no a todas las lenguas. Charles Chaplin, que para los pueblos de habla inglesa es formidable actor y cómico ( y compositor de bellas canciones como “Candilejas”) a los indoamericanos de idioma español  nos parece divertido, pero no como para reír. Más bien encontramos una figura trágico-cómica. Su intención de acercarse a los pobres y ridiculizar a los ricos no es suficiente. Lleva otra intención y no la de divertir. No así para los extranjeros inmigrantes de otros continentes  y sus hijos, ya mexicanos, que sí se identifican con esa figura.

En cambio la risa franca, de juego, de enredos mal entendidos, hasta simplones, que vemos en el programa televisivo del mexicano  “Chavo del Ocho”, ha hecho reír a carcajada abierta a  muchas generaciones de individuos de la mayoría de los países de América. Igual antes “ en vivo” como ahora en caricaturas.

La risa franca tiene la función de recomponer el caos social. Acercar, no alejar: “La risa tiene precisamente como función la de reprimir las tendencias separatistas. Su papel es corregir  la rigidez  cambiándola  en agilidad, readaptar a cada uno a los demás, suavizar, en suma, las aristas.”

Nos quedamos casi indiferentes cuando programas cómicos  del extranjero pasan en nuestra pantalla de cine o de televisión y los textos traducidos no nos mueven a risa. Por eso hay programas de risa ya grabada que nos indican cuándo deberíamos reírnos. Como no lo hacemos, alguien lo hace por nosotros.

Está la risa que provocan los imitadores cómicos en la televisión. Cada uno de nosotros tiene una particular manera de caminar, gesticular con rostro, manos y de hablar. Lo hacemos de manera automática e inconsciente. No se nota porque es la cosa más natural. Lo que hacen los imitadores profesionales es destacar esos movimientos automáticos y mostrárnoslos: “Imitar a  alguien consiste en extraer la parte  de automatismo que  ese alguien ha dejado que se introduzca en su persona. Consiste, por definición misma, en hacer que resulte cómico, y no es de extrañar que la imitación cause risa.”

Alguien que se viste de manera informal nos causa risa si ahora lo vemos vestido de traje. Se intuye que está disfrazado para representar una escena formal, o rígida, falta de elasticidad. Deja de provocarnos risa si todos los días se viste de traje porque el traje ha pasado a ser parte habitual de su representación. El mismo portador del traje-disfraz  lo entiende. En las bodas, por ejemplo. O los exámenes profesionales. Pasada esa imposición se apresura a vestirse informal y no le interesa ir  por la calle en cortos, camiseta y chanclas, como si fuera  domingo por la mañana que saliera a comprar el pan.

Una impresión semejante nos causa alguien que   vive en el “silver land” y  se viste como proletario democrático. No se peina, hace tres días que no se baña y no se cambia los pantalones de mezclilla desde el mes  pasado y, no obstante,  nos hace reír: “Su traje nos llamaría entonces la atención  y lo distinguiríamos enteramente de la persona. Diríamos que ésta  se disfraza (como si todo traje no disfrazara) y el aspecto risible de la moda  pasaría de la sombra a la luz.” El entre paréntesis es de Bergson.

Bergson dice (y advierte) que para que se dé la risa franca se necesitan dos fuerzas complementarias que son tensión y elasticidad. Las personas que carecen de ellas están metidas en un cuadro patológico grave para ellas y que para la sociedad puede  resultar peligroso: “si el carácter carece de ellas surgen las profundas inadaptaciones a la vida social, fuentes de miseria, y a veces ocasión de crímenes.”






Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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