WAHL Y LA EVAPORACIÓN DEL YO

 

La gran actriz de una comedia de W. Somerset Maugham perdió su yo porque hablaba y vivía como los personajes que representaba en la escena.

 

Según la ocasión, se expresaba  en su vida real adoptando alguno de los guiones y de esa manera su yo acabó evaporándose.

 

Uno de los valores estables del humano, la moral, lo aplicaba si así lo  decía el guion, sino, se reía siguiendo otro guion, aunque se encontrara frente a un cadáver.

 

Se quedó sin personalidad que, según  Wahl, es uno de los grandes rasgos de la cultura occidental:

 

“La idea de personalidad se desarrolló bajo la influencia en parte de la filosofía  estoica, en parte del derecho romano y en parte de la religión cristiana.”

 

Fue un comentario de Kiva, la muchacha escaladora. Nos encontramos acampando en medio de Los Horcones, dos someras cumbres de la Sierra de las Navajas (someras pero muy visibles a gran distancia por encontrarse en lo alto de la sierra). 

                         Peñas Cargadas y una manera de superar la "bola" cimera. 

                      La maniobra tradicional es sobre los hombros del compañero. 

La noche  anterior levantamos las tiendas  en el valle de Peñas Cargadas, al sureste del pueblo mágico Real del Monte, en el Estado de Hidalgo, México. Mañana seguiremos  en dirección a la ciudad de  Tulancingo.

 

Los HORCONES al Fondo.
Foto tomada de Wikipedia

 Nos faltan muchos kilómetros  de caminata, incluido el cruce de varias cañadas.

 

Esta sierra abunda en afloramientos de obsidiana. Se asegura que era de donde los aztecas se provenían de este vidrio volcánico para sus armas de guerra, lanzas, flechas. Pero ya desde antiguo la gran Teotihuacán extrajo de aquí su material para la representación de diversos dioses. Y le siguieron en esta práctica los toltecas.

 

 En Peñas Cargadas nos llovió fuerte durante dos horas. Pero ahora el cielo es despejado y Tlahuizcalpantecutli brilla muy fuerte solo en la noche.

 

Valle de México.
Localización de la sierra de las Navajas.

Yuma:

 

-En los tiempos del coronavirus la gente de la sociedad urbana que pudo se fue a vivir a las comunidades rurales del país.

 

Se dio cuenta que sus pensamientos y charlas diferían de cómo eran en la ciudad. Ahora hablaban como ellos, genuinamente diferentes unos de otros.

 

En la ciudad casi todos hablaban como los medios. Su yo  había desaparecido delante de la pantalla del televisor. Asimismo, hablaban como las páginas de  los periódicos. Todos  sabían cuántos goles había anotado el Real Madrid, lo que dijo el presidente de Estados Unidos o que la actriz fulana se divorció por quinta vez…

 

Benito:

 

-Todo relativo ya que su repertorio multitemático, caótico, su  visión del mundo, no duraba más allá de doce horas o veinticuatro, a lo sumo.

 

Al día siguiente ya el mundo era otro. De no estar enterados, ¿de qué hablarían con el compañero de oficina,  en la tertulias del café, en la “sociedad informada” o en las borracheras de cantina?

 

Hopi: (como algunas personas se llaman Nicaragua, Oklahoma, Berlín, Irlanda, Paris, Grecia, éste se llama como su etnia norteamericana: hopi. Con él, y con Kiva,  escalé alguna vez la Torre Negra de Nexpayantla y seguidamente  la norte del Abanico, en la ladera norte del Popocatépetl):

 

-Ahora, en el campo, los citadinos que se fueron a vivir a la provincia, se daban cuenta que el sol “sale” por el este, que aún queda aire respirable, que hay montañas y que la lluvia es una bendición. Con alegría se enteraron que poco a poco recuperaban su monologo interior y todo muy en contacto con la naturaleza!

 

Del cuello de Hopi pende un representación en bronce de un kachina. Los kachina de los hopis son de importancia fundamental en las ceremonias de la Danza de la Serpiente y tiene como finalidad evocar la lluvia. Esta ceremonia se efectúa precisamente en este mes, es decir, el 20 de agosto.

 

 

La reserva de la tribu hopi se ubica principalmente en Arizona, Estados Unidos, y abarca áreas de Nuevo México, Colorado y Utah. Una reserva, como un campo de concentración, pero más grande en territorio que algunos países centroamericanos.

 

Yuma:

 

-¡Y se percataron también que Tlahuizcalpantecutli, el gran lucero conocido ahora también  como Lucero de la mañana o Venus, sigue brillando, como en el calendario lunar de los mexicanos que dura el ciclo de la siembra- cosecha!

 

Benito:

 

-Se enteraron que en muchas comunidades rurales (por no decir que en todo el país agrícola, siguiendo la tradición étnica milenaria mexicana) sacan en procesión por las calles a la Virgen o al santo de la devoción local para pedirle al cielo que llueva. El mismo ritual en 98 por ciento del  dios Tláloc pero ahora con el ropaje católico).

 

Kiva:

 

-En la ciudad moderna, laica y progresista, cuando falta el agua se bloquean las avenidas por un grupo de manifestantes para exigirle a la autoridad de esa alcaldía que abra las llaves y deje correr el líquido vital.

 

Yuma:

 

-Aquellos le piden agua al cielo y estos le piden a la cisterna. Aquellos hacen una comunidad suplicante  de oración, a través del rito, y estos mediante voces, gestos punitivos  y pancartas amenazantes contra la autoridad.

 

Benito:

 

-¡Cada quien a su nivel de ver las cosas!

 

Hopi:

 

-Creer sólo en lo que se ve es una respetable teoría filosófica que viene desde la antigüedad de los grandes pensadores griegos.

 

Yo:

 

-Pero estamos en el mundo moderno en el que mide cinco milímetros lo que se ve, pues tal es el grueso de la pantalla.

 

Benito:

 

-Ver narcisismos en la pantalla del televisor durante horas, en el encierro obligado por el coronavirus, no es edificante para el propio yo del espectador. Muchos perdieron piso y acabaron soñando fantasías y otras también. Convertidos en espectadores mudos, es verdad, perdieron su propio monologo interior.

 

Yuma:

 

 

 -¡De seguro que los psiquiatras engrosaron su agenda de consultas, ya antes de  que aparezca en el semáforo nacional la luz verde!

 

Kiva:

 

-La pantalla del televisor,  o del celular, es la metáfora de la vida que corre en nuestros días. Ya en 1948 cuando la primera edición en ingles de su obra El camino del filósofo, Jean Wahl apuntaba:

 

“Pudiéramos simbolizar este carácter superficial del mundo moderno llamándolo un mundo de film donde sólo se ven las superficies de las cosas.”

 

Hopi:

 

-En El arte de la novela Henry James advierte que la evaporación del yo no está tan distante como parece, cuando dice: “alguien se puede desintegrar; en realidad nada es más fácil; de una manera o de otra, esto le sucede a la gente a nuestro alrededor.”

 

Benito:

 

-Sin pasar por alto que algunos comunicadores de noticias, y comentadores de deportes, tiene su buena dosis de exhibicionismo, que en ocasiones llega al solipsismo.

 

Hopi:

 

-Cuando Julio Cesar sitiaba al enemigo construía un cerco para que no escapara y  se apresuraba a construir un segundo cerco para evitar ser atacado por el enemigo que podía llegar del exterior. En algún momento se encontraba luchando, con éxito, en medio de dos fuerzas antagónicas, una enfrente y la otra a sus espaldas.

 

Yuma:

 

- Una educación equilibrada, dialéctica, universal, del niño,  lejos de la abstracción, debe mirar a protegerlo de los demonios interiores de la propia familia y de los demonios que ha construido la civilización industrial de consumo y deshecho. Una buena dosis de la Paideia griega y otra de la tradición milenaria étnica, mesoamericana, afianzarán esos dos cercos.

 

Benito:

 

-La televisión es sólo una herramienta que se usa según el nivel del espectador, como usas la licuadora,  el martillo o la computadora y no hay porque demonionizarla. Si no lo usas apropiadamente, como el martillo, tan útil, te puedes triturar la mano.

 

Conozco a personas de la sociedad urbana que ven televisión con interés y placer. ¿Saben qué tienen en común todos ellos?,  que en sus primeros seis años de vida ya habían leído, en versión editorial  para niños, los fundamentos de la cultura occidental: Homero, algunos Presocráticos, Platón, Epicuro, Lucrecio, más acá Seneca, Cicerón, Marco Aurelio. Y de Mesoamérica el Popol Vuh y la Leyenda de los soles teotihuacanos.

 

Hasta entonces tuvieron acceso a ver los programas televisivos. Para ese tiempo su yo había fraguado como el cemento en la losa “colada” cuando ha pasado un tiempo conveniente y está a prueba de tormentas…  Cicerón insistía en “tener el pensamiento ocupado en ideas mejores y la voluntad sujeta en todo a la razón”

 

Kiva:

 

-Para eso se necesita que el matrimonio, o la unión de pareja, tenga toda la estabilidad posible. Norman Mailer dijo en una entrevista: “No hay ninguna razón en el mundo para que la gente no pueda amarse  cada día más durante ochenta años”

 

Hopi:

 

-Me parece un buen punto. Si no se hace así es como “enviar los niños a la guerra sin fusil” cuando estos entren en contacto con el mundo de allá afuera. En otras palabras, sin las suficientes vitaminas culturales, el yo acaba como el personaje de Somerset Maugham…

WAHL, LA DIALECTICA EN EL MODO DE VER EL MUNDO: VALORES Y CACHIVACHES


Trajimos del desierto de Altar una rama de unos cinco centímetros. En ella estaba un animalito que apenas pudimos distinguir de tan pequeño. ´

Manuel Sánchez (coautor del primer libro de Técnica Alpina, escrito e ilustrado en el país por mexicanos, UNAM 1978) se empeñó en traerla, la metió en un frasquito y cargó con él en toda la travesía.

En México, la ciudad, lo pusimos bajo la torreta del microscopio. Luego, para apreciar mejor los detalles, cambiamos a un objetivo (lente) de mayor acercamiento.

En la misma rama se movía otro animal que jamás habríamos visto a simple vista de tan pequeño.
Hay mundos, o niveles, que están fuera de nuestra percepción.

Yo no puedo ver los átomos ni me los imagino. Lucrecio, hace más de veinte siglos, escribió una obra de trescientas páginas describiéndolos. Unos son lisos,-dice-  y otros son redondos, otros duros y otros maleables.

¿Coronavirus? Mi casa es amplia y podemos permanecer holgadamente los que la habitamos medio año o más sin salir de ella. Los víveres los pedimos por teléfono y  son rigurosamente saneados, en la salita, de la entrada antes de llegar a la cocina.

Un amigo mío, lo conocí hace un lustro cuando ascendimos el monte Tacaná (4,092m), frontera de México y Guatemala.

 Vendía periódicos en las esquinas. En el mejor de los casos sus ganancias  económicas eran magras. Cuando las calles se quedaron solas, por lo de la epidemia, cerraron los periódicos. Además se le veía como un agente de seguro  contagio al repartir los diarios.

No  volví a verlo. Encerrado en sus dos cuartos, que era toda la  vivienda de la familia, esperaron inútilmente que, tanto los átomos de Lucrecio, como los los noúmenos de Leibniz, les llevaran comida. De la precarista vecindad donde vivía, me dijeron, se fue a buscar lugar a una de las ciudades perdidas de la gran ciudad centroamericana.

La Muerte es la más antidemocrática de las dimensiones metafísicas.  Las epidemias no son como la “comadre” (la Muerte) de Macario, el del cuento, que se lleva a todos por igual. ¡Lo que se le ocurre a los escritores!

En la realidad la Muerte  respeta a los ricos (los deja para después) y se lleva primero, por carretonadas)) a los  mal alimentados o a los que viven en hacinamientos insalubres.

La siguiente ocasión que oigas que la Muerte se lleva a  todos por parejo de seguro que se trata de uno de eso que escriben por encargo, de algún partido político, o alguna secta cultural.

No puedo ver los átomos, como Lucrecio, pero tampoco puedo ver a Dios. San Agustín  hablaba con Jesucristo como si lo tuviera enfrente. Le decía que, después de haber caminado mucho, y conocido modos y más modos de pensar de los filósofos (en especial a Platón), ya estaba listo para seguirlo pero…le gustaba mucho el mundo y en especial las mujeres… Escribió dos libros en este soliloquio frente a la  divinidad.

Jean Wahl le da una repasada a las diferentes teorías que los filósofos han tenido a lo largo de los siglos de la idea de la causalidad: Aristóteles, Maine de Biran, Gabriel Marcel, Merleau-Ponty, Bergson…  

Causalidad, un antes y un después, la bola de billar le pega a la otra bola. Con el taco en la mano yo sé que si le pego a ésta voy a impactar a la bola de más allá.

Pero no me detengo a pensar que eso sucede en diferentes momentos en una dimensión que se llama tiempo, espacio y vacío.

 Vacío, entre una cosa material y otra, es una idea que traía de cabeza a  Lucrecio y después, ese dolor de cabeza, lo heredaron los filósofos posteriores.  Algunos escritores han llegado a creer que el vacío, que está en todas partes,  es el avatar (el nagual, decimos en México) de Dios.

Wahl:
“La idea de causalidad es verdadera  para nosotros porque es verdadera a nuestro nivel. Lo que no quiere decir que sea falsa. Quiere decir exclusiva y rigurosamente que es verdadera a nuestro nivel.”

Tlamatzinco: RECORDANDO A REVILLA, GUÍA ALPINO DE PACHUCA, DONDE ...
La dificultad en la ascensión  radica sólo en quien contempla, a su nivel, la montaña

Un poeta, Ezra Pound, por ejemplo, es incomprendido y criticado porque  el crítico lo ve desde su nivel, no el de Pound.

Una teoría filosófica, Kant, Aristóteles,  Hegel, Maine de Biran, Gabriel Marcel, Merleau-Ponty, Bergson…es criticada porque el crítico piensa a su nivel, no en el nivel  del autor criticado.Lo que no quiere decir que sea falsa. Quiere decir exclusiva y rigurosamente que es verdadera a nuestro nivel.”

De la misma manera, la economía,  la sociología, la política y demás son reales  a nuestro nivel de percepción. Sé de memoria veinte versículos de la Biblia y ya me siento teólogo. Veinte versículos es toda mi teología. Ese es mi nivel.

Hace ya un siglo que se hacen en el mundo películas de todo tipo. Fuera de mi tema las otras me parecen tiempo  perdido sentarse a verlas. ¡Zombis, extraterrestres, psicológicas, balazos al por mayor, megasexuales, deprimentes, vampiros. Hay grandes públicos  para cada uno de estos temas. Me cuidaría mucho de ponerles un adjetivo. Sólo decir que están en un tema  o nivel que no es el  mío.

Y es a nuestro nivel como vemos asuntos como la belleza, la dificultad para subir una montaña, manejar en carretera o el matrimonio.

La dificultad en la ascensión  radica sólo en quien contempla, a su nivel, la montaña.

 En el siglo diecinueve los guías alpinos veían al monte Cervino (entre Italia y Suiza) como un lugar habitado por demonios y por lo tanto imposible de escalar. Edward Whymper insistía en que sí era posible subirlo por primera vez. Ya sabemos que al final lo logró.

 La cosa que nos parece bella, de la misma manera, nada tiene que ver en el asunto. La belleza, considerada por algunos filósofos como cosa en sí, esto es, fuera del tiempo, del espacio y del vacío, vive en los valores eternos.
En la economía de mercado   la belleza es  votada en la asamblea, en el “certamen de belleza” o en la subasta de ver quién da más, se mueve en el terreno del utilitarismo.

Hablando de algún aspecto del cine,  Mailer escribió: “han ingresado en los engranajes de la manipulación de las grandes instituciones.” Pontificaciones conversaciones con Norman Mailer. Editorial Celtia, Buenos Aires, Argentina, 1983.

El  matrimonio occidental,  monógamo, sigue el mismo patrón. La familia  se considera el fundamento de la sociedad y se funda en los valores de trascendencia, la tradición y la historia.

El individuo es el que actuará a su nivel, ortodoxo o heterodoxo, monógamo, polígamo o de relativismo sexual...

Otro  amigo mío maneja autobuses de pasajeros de Ciudad Juárez, Chihuahua, hasta Mérida, Yucatán. De punta a punta el país. Dos mil kilómetros. Ida y vuelta y otra vez ida y vuelta…

Le pregunté qué carretera es la más peligrosa. Ninguna carretera es peligrosa-me contestó- sino rebasas los señalamientos. El peligro, o no, está en el que maneja. Cada quien ve la carretera a su nivel. La carretera nada tiene que ver en esto.

Protágoras decía, antes de nuestra era,  que las cosas son como se ven. Quería decir que hay existencias pero no esencias. Protágoras es uno de los inspiradores de la filosofía nietzscheana. Nietzsche dice que no hay que andar buscando debajo de las piedras cosas que no existen.

Nosotros nos preguntamos cómo ve las cosas el que las ve. El microscopio “ve” lo que nosotros no podemos ver a mera vista. El tiempo para un físico no es el mismo que para el criterio común. Nietzsche veía solo piedras.

En el  Pico de Orizaba (5,700m), México, se han registrado muchos accidentes mortales al subir por su glaciar del norte, conocido como Jamapa. Su superficie, llana y despejada, cautiva a los alpinistas, aun a los experimentados. En su bucólica superficie han rescatado cuerpos de hasta medio siglo de permanecer en ese lugar. Ven, como Nietzsche, sólo la superficie, no las grietas que subyacen.

Los filósofos insisten en que nos proyectamos nosotros mismos en las cosas. Voy a la tienda de autoservicio y echo en el carrito lo que a mí me gusta de lo que necesito.

A la vez mi yo hace un ejercicio  al no dejarse seducir por la ciencia de la mercadotecnia que llenaría de cosas innecesarias el desván de mi casa. ¡La mercadotecnia quiere llevarme a su nivel!

Pienso que esto vale para las cuestiones subjetivas del amor. Mi desván sentimental también puede llenarse de cachivaches…Se llenará, como en el caso de las carreteras, si rebaso los señalamientos…





WAHL, MÁS ALLÁ DE LA JUVENTUD


Vivir, más que durar.

Hunapu e Ixbalanqué  van por la vida jugando a la pelota en el camino al Xibalbá: viven. Drácula, cuando llega el día, se mete a su sarcófago. Le tiene miedo al sol.

Para no morir Drácula  chupa la sangre de los humanos porque sólo de esa manera puede durar más tiempo con vida.

El sarcófago de Drácula es la metáfora de la ciudad moderna, en la medida que ésta nos aparta de los bosques  de las montañas. Vivimos lejos del sol.

Centros de investigación gerontológica   se afanan en prolongar la vida humana en muchos países. La esperanza de vida en el mundo, en 1950, era de 47 años, en el 2020 de 72 años, según la División  de población de la ONU en 1996.

 La prolongación de la longevidad es obvia.

¿Qué segmento de esta línea fue de humanos en vigencia? ¡El resto estuvo caracterizado con  visitas harto frecuentes  a los centros de salud!

 Con el natural imparable decaimiento del humano varias son las inquietudes que surgen. ¿Es loable estirar la liga más allá de su resistencia propia? ¿Prolongar mundialmente la longevidad hace una  humanidad mejor? ¿O sólo llena de viejos, más viejos,  el planeta y las salas de espera de los hospitales?

El filósofo marsellés, Jean Wahl, anota en su obra El camino del filósofo, hablando de la causalidad, que “el efecto no contiene nada más que lo que  contiene la causa, y viceversa.”

HUEHUETEOTL
DIOS DEL TIEMPO
DE LA CULTURA DE CUICUILCO
¿PARA QUÉ RETRASAR LO INEVITABLE'?

El Dr. Whitaker, de la universidad de Pensilvania, se hizo esta pregunta: “Si el envejecimiento es un proceso natural, todos estos recortes, suturas y remiendos de la cirugía, ¿no son entonces un método antinatural para retrasar lo inevitable?”
National Geographic Vol. 6, N°1, enero 2000

El promedio de vida de los romanos en los viejos tiempos era de 22 años. En la actualidad el promedio en Japón es de 80 años, en México de 72, en Canadá de 79, en Uganda de 41… Factores ambientales, sociológicos, políticos y económicos  nunca  vistos.

Pero cada vez se lee menos a Homero, a Cervantes a Goethe, a Emerson, al Popol Vuh… ¿Eso es vivir?

Estos estudios  del encanecimiento son vistos en una cajita de Petri. En otras palabras, observar la conducta del individuo  en ambientes de la ciudad, bajo condiciones de vida poco naturales.

Por contraste habría que emprender estos mismos estudios con gente del campo, de comunidades rurales. Ella vive en el valle, en el campo. No en las cotas altas, como los alpinistas, pero su contacto con los elementos naturales atmosféricos son cotidianos.

Los estudios que toman en cuenta la disminución de calorías, y genes de longevidad, se refieren a gente que vive en la ciudad, al abrigo de los fenómenos naturales. La ciudad, insistimos, es  como una cajita de Petri para los investigadores de la senectud.

La escalada de  salón, y los estudios sobre gerontología, tiene algo en común: ambos se desarrollan bajo condiciones de invernadero, artificiales muy cuidadas.

Hay diferencia en una flor de invernadero, que en una flor de los altos bosques, a merced de los vientos, la lluvia y los diferentes cambios de temperatura que se registran durante las 24 horas del día y el fenómeno atmosférico de las diferentes cotas que tanto golpea a los alpinistas.

Músculos, tendones y ligamentos se ejercitan naturalmente en una ascensión, y esos mismos, pero de manera diferente, en el descenso.206 huesos del cuerpo humano, moviéndose coordinadamente, es algo extraordinario, por más inconscientes que estemos de ello.

 Todos hacemos en la taza del WC sentados en los 90 grados. Perdimos ya la habilidad de flexionarnos hasta la posición de cuclillas, rebasada cierta edad. ¿No nos cree?, ¡haga la prueba ahora mismo y verá lo que dicen sus rodillas!

Así fuimos atrofiando nuestras  facultades fiscas y mentales. La gente está cada vez más lejos de la cultura y los ciudadanos tienen miedo de ir más allá de la última calle de la ciudad.

Seguir el sendero obliga a no perderlo de vista. Y esto ya es un ejercicio para la mente que ayuda contra la senilidad, caso contrario en las personas que se retraen en sí mismas.

Y, si, como dice Thoreau, tenemos la suerte de perdernos en el bosque siquiera por media hora, todos nuestros sistemas se ponen alerta en la tarea de reencontrar el sendero. ¡Muy diferente que adormilarse frente al televisor!

El “síndrome del vecino indeseable” es producto de vivir en el  ambiente masificado de la ciudad, por lo que perdimos el valor inmenso de la armonía con el prójimo.

Una de los aspectos positivos que recibe la mente, al
dejar atrás la soledad de las montañas y descender al valle, es la calidez de la gente, a través de  su trato social y psicológico.

Nos damos cuenta del error: por tres o cuatro rufianes, ponemos la misma etiqueta al pueblo entero.  Y todo esto  es también un ejercicio  de la mente en  el proceso de envejecimiento. No contra el envejecimiento sino en el estiramiento de la liga hasta donde fue programada. La expresión contra el envejecimiento, muy empleada, es una idea del todo desafortunada.

Inactividad y mala nutrición es la versión moderna de suicidarse. Morir antes de tiempo, según la esperanza de vida al nacer de ese país.

La ciencia estudia desde hace un siglo  cantidad de registros de gente que voluntariamente aceptó someterse a experimentos de laboratorio del envejecimiento.

Hay a la fecha numerosos estudios pero, como dicen algunos connotados genetistas y gerontólogos, “apenas estamos en el comienzo de la investigación”. Otros aseguran que ninguna hormona posee la clave de la eterna juventud.

Lucrecio al describir, con entusiasmo y firmeza, fenómenos atmosféricos de cielo, mar y tierra, hace más de veinte siglos, decía, no obstante, con la probidad de los científicos de ahora: “estamos indecisos sobre muchos fenómenos que vemos.”

¿Cuál entonces es el promedio real, no “estirado”,  de vida para los habitantes de un país? Los años con vida de los padres, que llevan una vida normal,  es una señal del tiempo que vivirá el individuo en el proceso de encanecimiento, pues se refiere a la herencia.

Un recurso empírico, ciertamente,  pero que se aproxima más que otros a la realidad. Sino intervienen la dulce vida, el sedentarismo  y las grasas saturadas que reducen la “luz” en las arterias, el abuelito puede ser una  referencia de cuántos años viviremos.

La  ciencia apunta a prolongar la vida en buenas condiciones de la gente, tanto con la medicina correctiva como con la preventiva, al tiempo que políticos y economistas se horrorizan de tener que “cargar” con una población longeva cada año más numerosa.

 Malas condiciones de vida, de empleo, de alimentarse, de educación, del aire contaminado y la inseguridad en las calles, impiden que se llegue a edad prolongada con calidad. Dicho de otro modo, los gerontólogos se afanan en subir una escalera eléctrica que tira hacia abajo…

Lucrecio habla de un todo.

Ojalá pudiéramos entender que no podemos vivir siempre entre montañas, como lo entiende un alpinista. Esto sería una abstracción. Nos falta el calor de la gente y las comodidades de la tecnología.

Pero de la misma manera entender que es una abstracción vivir siempre en la ciudad alejados de las montañas que es, en otras palabras, la Naturaleza natural.

Nos falta el contacto con los cielos cargados de sol, nubes amenazantes, vientos,  atardeceres  tempestuosos y amaneceres tal vez románticos.

Mejor que esperar el turno en las salas masificadas de los hospitales y clínicas.

Los campeones deportivos de laboratorio (el famoso doping) es una imagen nada alentadora. Ahora tenemos   poblaciones que llegan a los cien años, o más, con el pastillero en las manos…

Los sistemas de adaptación de la mente, a los panoramas subjetivos que inspiran la noche entre los bosques, y las mañanas acampando al pie de los glaciares, son tan importantes como los del cuerpo. En contrario, los tejidos se aflojan prematuramente y la mente se reblandece.

 No por vocación masoquista sino porque eso hace funcionar nuestros sistemas de adaptación a las diversas condiciones que encontramos en el campo, todo lo cual provoca que nuestros procesos de encanecimiento sean conforme a como están programados naturalmente.

Con frecuencia encontramos la expresión de los genetistas de  “estamos programados para esto. Para esto si para esto otro no”.

¿Pero quién programa esas “escaleras retorcidas” de genes?
Aventuramos  una expresión que parecerá retrógrada la luz de la ciencia: Dejemos que la Naturaleza, o el cielo,  sigan programando esas “escaleras de genes”. Visto está que cuándo los humanos  nos metemos  a manipular virus y genes en el laboratorio  nos llevamos sustos del tamaño del planeta.

El Popol Vuh dice que los dioses quichés “manejan” todo eso. Los cristianos aseguran que el cielo, Lucrecio insiste en que son los átomos lisos y redondos, y Homero, lo dijo antes que nadie, son los dioses del Olimpo los que deciden esto o aquello. Mejor dicho, sus diosas sugieren lo que los dioses deben hacer… ¡Esto se oye mejor! Habla de la fuerza de la biología femenina que tanto asusta a nuestro narcisismo masculino.

La ciencia moderna del siglo veintiuno lleva a cabo grandes (y costosísimas) investigaciones de consultorio, y de laboratorio, sobre esto del envejecimiento humano, pero  sus más connotados nombres, con toda probidad, siguen diciendo:  “Apenas estamos en el comienzo de la investigación.”

Por lo pronto (lo decimos como gente a la que le gusta caminar por los  bosques): sólo queda volver a una de las cuatro causas que decía Aristóteles, con el ejemplo del mármol y  la estatua: la causa eficiente.

¿Causa eficiente? ¿Qué es eso? En otras palabras: agarrar la mochila y caminar por los bosques altos (antes que la sierra metálica los desaparezca) y los glaciares (antes que la cultura industrial los  extinga por completo) y los vientos (antes que para siempre tengamos que usar cubre bocas con un ventiladorcito en la nariz proveedor de oxigeno).

Por la tarde levantaremos la tienda y regresaremos al valle, o mañana o la semana que sigue. Así es como entendemos el modo dialectico de vivir: La ciudad y la montaña, la montaña y la ciudad.

Sólo Drácula le tenía miedo al sol, al viento, a la lluvia y al bello amanecer.

LUCRECIO, ARMONIA VS MIEDO SOCIAL


Desterrada la armonía, la calle se llena de miedos.
Reinan, como dicen los darwinistas, los violentos sobre los pacíficos.

Eso dice Lucrecio. De cuando tiene lugar  la pérdida de  la armonía interior y de    la armonía de fuera.
Lucrecio especula, afirma, materializa, todo está compuesto por átomos lisos y redondos, dice, el alma y el ánimo también son puros átomos.

La Naturaleza es su modelo. Y por la Naturaleza salta a hablar del espíritu, que está más allá del alma y del ánimo.

Es impresionante la diversidad de temas que menciona en su libro De la naturaleza de las cosas. Tiene en los siglos precedentes, a su tiempo,  toda la Paideia griega.

 Una rica cultura, la occidental que, se considera, empieza con Homero y fue construida a base de tesis y contratesis. Materia y espíritu. De aquí todas las dualidades imaginables:   demonios y mónadas, Ideas vs naturalezas simples, reposo y movimiento, el Ser frente al No-Ser, la Nada y la No-Nada, lo Absoluto y las apariencias, el tiempo y el espacio, la armonía y la disolución, creencia más existencia, sentimiento más voluntad, reposo y movimiento, Ser y Devenir, causalidad y sustancia, carencia y abundancia, homogeneidad y heterogeneidad, cualidad inefable y cantidad mensurable, interioridad y exterioridad, lo Uno y lo Múltiple… y teorías  temas más.
Su imaginación, o mejor, su intuición, de Lucrecio, dejarían con la boca abierta al mejor oráculo de su tiempo o al más prolifero de los novelistas de este siglo. Sobre todo la academia tiene en él apuntes pioneros numerosos. La ciencia atómica, la anatomía, la pedagogía, la sexualidad, la astronomía, la sociología, la…

Pero su lectura sucede como intentar leer el Quijote por primera vez. A la tercera página  se le arroja al cesto de la basura por la cantidad de situaciones ilógicas que vamos encontrando.

Somos ya  hombres de la cultura industrial y no vemos valores de trascendencia, como en la Paideia. Los dioses actuales son otras dualidades: la plus valía honrada  y los 800 gramos por un kilo, consumismo y deshecho, etc. En la Paideia saber era poder, ahora poder es tener.

Si se intenta por segunda vez su lectura,  Lucrecio y el Quijote,  pasarán a ser  dos de los cinco libros en la mesita de cabecera para leer toda la vida. Lucrecio con su materialismo atómico eterno  y Platón con sus Ideas también de eternidad.

Y cuando los  defraudadores, la corrosión social, la economía de mercado y la cultura industrial, han contaminado el aire, más que el coronavirus, y todo parece ya no tener esperanza de volver a respirar oxígeno, Lucrecio habla de la armonía y del gran todo.

Sabe de lo que está hablando. Ciudadano romano de los tiempos (99 a C.-55) en el que el poder se compraba con monedas, ya no se ganaba con virtudes y acciones para engrandecer aún más el imperio.

Engrandecerlo  beneficiando al pueblo y aportando a la cultura, se entiende.

Fue testigo de la corrupción de los hombres. Descubrió una maldad infinita con tal de hacerse del trono, del tronuelo y del tronito. El despotismo afloró aun en los puestos burocráticos más anodinos. De servidores para el pueblo, que comían de servir al pueblo, se volvieron temibles contra el pueblo. Sus degenerados gobernantes fueron un paradigma a seguir   para sus subordinados a sueldo de todos los niveles.

El miedo y la incertidumbre llenaron las calles de Roma. Escribe:      

“Si el espíritu empero por el cuerpo da miedo más vehemente es poseído, vemos que el alma entera toma parte, palidez y sudor aun tiempo embisten, la lengua balbucea y la voz falta, ofuscase la vista, el oído zumba, aplómense los miembros: muere el hombre por un terror del animo a menudo.”

Tito Lucrecio Caro, De la Naturaleza de las cosas, colección Austral, No 1403, Espasa-Calpe S.A. Madrid, 1969.

Lucrecio marca la pauta para el camino de la regeneración social. No cree en la existencia de los dioses y lo reitera a lo largo de toda su obra. Pero no cree en dioses por los dioses mismos, sino a juzgar por la conducta de los hombres.

No puede creer que de las manos de los dioses haya salido algo tan inacabado, dice: “No puede ser hecha por los dioses maquina tan viciosa e imperfecta.”

 A pesar de lo anterior, sí cree que los humanos pueden remontar la condición humana. A condición que no se alejen de la Naturaleza.

Si es cierto que un día fuimos monos, y remontamos esa etapa, ¿Por qué no ir más allá de lo presente? ¿O hasta aquí llegó la evolución? ¿Satisfechos con el antropocentrismo? ¿Con nosotros se acabó la posteridad?

La evolución sigue. Para eso, como en las leyendas antiguas, tiene que pasar la prueba de vencer al enemigo. No al que tiene enfrente, sino al que lleva consigo. Vencerse a sí mismo o, vencer a mimismo.

El orgullo, la obscenidad, la petulancia, su obsesión por el lujo y la desidia torpe. Después de eso, le dice a su interlocutor, su ínclito interlocutor Memmio, al que dirige su largo poema, ya no quedará nada de humano. Humano  como lo entendemos en la actualidad: más de nota roja que de espiritualidad.

Lucrecio:
“Así el que a todos estos enemigos hubiere sujetado, y de su pecho los hubiere lanzado con las armas de la razón tan sólo, ¿no debemos colocar a este hombre entre los dioses?”
Apela a la razón. La razón, es verdad, es un valioso instrumento por el que el finito humano rige su vida. Pero, al juzgar por la pandemia, pocos  hacen uso de la razón. La armonía preestablecida de Leibniz pasó a ser sólo una ocurrencia. De un día para otro el mundo se puso de cabeza. Por lo que pasa a ser la razón  una medida metafísica que poco tiene que ver con  el actual humano.


Por lo demás, pedir a la divinidad no es una compra de cosas y víveres  que se hace por Internet y nos lo entregan a la puerta de nuestra casa. Como hacemos en estos días del coronavirus.

Con el cielo no funciona así. Es preciso echarse la mochila al hombro y caminar hasta donde está la mercancía. Si encontramos o no la mercancía no depende de nosotros. El dueño del mercado puede tener otra oferta para nosotros.

Como cuando nos esforzamos por llegar a la cumbre de la montaña. Lo medular del asunto es el esfuerzo que se hace en la subida. Tiene más valor que la cumbre misma. La cumbre será pronto  un recuerdo para la literatura y la historia alpina, pero la subida un ejercicio psicofísico de beneficio invaluable e inmediato.

Dígalo sino la situación de los alpinistas, otrora fuertes y dinámicos, con la mirada fiera que se abrían camino entre las tormentas. Ahora  viven en los recuerdos de sus escaladas pasadas, viejos y achacosos.

El alpinismo fue para ellos un deporte, o un oficio de llevar clientes a la cumbre, no un plan de vida. En México se hace deporte de los 15 a los 35 años de edad (salvo excepciones). Después…la molicie.

¿Por qué tanto insistir en ir a la montaña? Ascender a la cumbre, o caminar por los bosques altos, une las ideas de subsistencia con la de existencia.

La subsistencia quema toxinas y bombea el corazón para que las arterias no se tapean por las grasas saturadas que comemos y mantiene alejada la sombra siniestra  del infarto.

La existencia aleja el spleen, como dicen algunos. Spleen, esa apatía inconforme de voluntad que lleva al infarto espiritual, a la náusea de vivir.

La cultura industrial nos dice como comprar, no como existir.

Aun en la dimensión religiosa rezar el santo rosario, como enseñó San Francisco, es una intención positiva de entrada. Pero si no se pone en práctica esa intención, es como el pedido por Internet esperando que la divinidad nos traiga la mercancía hasta la puerta de la casa. Es como los 800 gramos por un kilo…

Como preparar mi mochila para subir a la montaña pero nunca ir a la montaña…

El miedo y la incertidumbre llenaron las calles de Roma, en otros tiempos, como dijimos, la heredera de la gran Paideia. Perdidos sus mitos, ahora está el imperio convertido  en un bazar de pasillo,  en un almacén de cambalaches a lo Santos  Discepolo.

En un artículo de Richard Morais, publicado hace tiempo en la revista Selecciones, el psiquiatra Niel Micklem dijo: “Quizá me equivoque, pero creo que la pérdida de la esencia es lo que hace infelices a tantos occidentales” III-1997.

Lucrecio, escritor ateo de los tiempos anteriores a nuestra era, y Chesterton, escritor religioso del siglo diecinueve, coinciden en la tesis que la evolución del humano  se dio no por el más fuerte sobre el débil,  como dicen los darwinistas, sino por prestarse ayuda mutuamente en el momento de peligro. Habla de los remotos primeros tiempos, cuando ni siquiera se comunicaban oralmente.

Lucrecio:
“Los que estaban más vecinos entre sí establecieron relaciones, se abstuvieron de daño y de violencia, protegían sus hijos y mujeres. Y en sus gestos y voces balbucientes indicaban ser muestra de justicia y de la imbecilidad compadecerse. Más no podía dominar en todos esta concordia bien que exactamente guardaban estos pactos los más buenos, que eran en mayor número: sin esto la raza humana fuera destruida enteramente ya desde aquel tiempo, no se hubiera hasta ahora propagado.” Op, Cit. Libro Quinto, Cap. X

 Lucrecio, apuntábamos, marca la pauta para el camino de la regeneración:

“¡Somos la diversión de unos terrores tan frívolos y vanos! Desterremos estas nieblas y estos sobresaltos, no con los rayos de la luz del día, sino pensando en la Naturaleza.”
No es un pistoletazo literario, lanzado en la noche, como tantos programas que tiene los que  escriben. Más adelante reitera:

“Preciso es que nosotros desterremos...

WAHL, NACEMOS PARA VIVIR, NO PARA MORIR


“Yo devengo”, son dos palabras que propone Wahl para pensar en la permanencia y en la destrucción.
Yo soy yo pero también devengo, experimento cambio.
La destrucción del hombre y su reconstrucción. A través de las experiencias de la vida real, sin dejar de ser él.
Así como era en la placenta antes de nacer, así será en la primera hora de “ingresar” al ataúd. La vida lo formó a través de indicarle cómo es el estilo  de la sociedad. La madre genética lo hizo como lo hizo y el mundo lo hizo como él se dejó hacer.
La permanencia y el devenir o movimiento. Algunos pensadores dicen que hay puro verbo. En otras palabras, sólo movimiento de las cosas. Casi siempre muy lento, como el hielo del glaciar que se desliza hacia el valle. Otros que a ese río de hielo le falta el  cauce, el sujeto, lo permanente.
En alpinismo el pragmático goza con el esfuerzo psicofísico de la ascensión y la praxis de ir resolviendo los problemas técnicos de la escalada. El otro, como se llame, además de lo anterior, mira el paisaje y se dice: “Esto seguirá siendo así, de amanecerse  y atardecerse bellos, por siglos y siglos después que yo haya partido”
 Es un viejo y muy interesante debate de los filósofos. Empezó con Platón y con Epicuro, sino es que desde los Presocráticos. Por eso se dice que en tanto el científico ya llegó a la luna, o más allá, la filosofía  sigue donde la dejó Platón hace veinticuatro siglos.
 Veinticuatro siglos de seguidores y de críticos. Pero  como el bumerang que parece perderse en las nubes y siempre lo vemos que está de vuelta.
El pensamiento del hombre común es que vamos hacia la destrucción final, expresada con la frase “nacemos y morimos”. O como los valentones después de ingerir medio litro de tequila: “para morir nacimos”.
Pensadores como Kierkegaard y Nietzsche, tan distintos en el fondo pues uno es un pensador religioso y el otro se detiene en lo finito. Sin embargo ambos prefieren la fórmula: “Nacemos para vivir.”
Nietzsche, en Aurora, se afana porque el hombre no muera por la preocupación de la enfermedad, antes que de la enfermedad.
El fondo de este pensamiento es el de una destrucción parcial para después continuar.
Wahl:
“La vida va siempre hacia la vida y sólo puede concebir la muerte como una destrucción parcial o, a veces, una destrucción total, para el individuo finito, necesaria para una construcción concebida como posterior.”
Jean Wahl, Introducción a la filosofía. Fondo de Cultura Económica, México, 1988
Tlamatzinco: El uso del piolet
En el ejercicio del alpinismo que el individuo desarrolla el Devenir.
Dibujo tomado del Libro Técnica Alpina.
de Manuel Sanchez y Armando Altamira.
Editado por la UNAM 1978
La conclusión es que el mundo tiene una razón de ser. La vida se desarrolla bajo la lógica de un proyecto, un Devenir para bien.
De no ser así, para no caer en un mecanicismo fatal, nosotros podemos darle una razón de ser. O ambas cosas. Mejor ambas cosas, y así alejarnos de la abstracción, de la secta cultural.
Una escalada no es competencia con la montaña, como se cree en la literatura alpina y en la poesía. Es una experiencia contra mis miedos y mis limitaciones físicas. A esa lucha se le llama Devenir, movimiento a partir del sujeto, a partir de mi yo.
Podemos ir más allá, con Lucrecio, que dice algo que se acerca a la Creación, no tanto a la Evolución: “No han sido formados nuestro miembros para servicio nuestro: los usamos porque hechos nos los hemos encontrado: la vista no nació antes que los ojos.”
Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas, Colección Austral número 1403, Espasa Calpe, S. A. Madrid, 1969.
 Es la vieja, y siempre renovada, discusión de los finitos y los infinitos, de los evolucionistas y de los creacionistas.
 Para nuestro asunto, lo que nos interesa  es que aquí también está presente el Sujeto y el Devenir.
 Hay hedonistas, y  sacerdotes del atomismo, que juran que morimos físicamente pero esos átomos jamás mueren: “La materia es eterna”.
Pero también hay la magia, el mito, la leyenda, la metafísica, que aseguran, como dice Wahl, que morimos parcialmente para después seguir, pues la belleza es eterna, independientemente de mi yo.
Como dicen en mi aldea de Tlamatzinco: la misma gata pero revolcada.
El Ser y el Devenir o movimiento. El río siempre fluye pero el hombre, parado sobre el puente, es el que se da cuenta de su permanencia y que el agua del río  pasa.
 Como la madre ancianita que ve a su hijo de sesenta años lleno ya de arrugas, calvo y panzón, pero tal cual, en su manera de ser,  como ella lo trajo al mundo.  
Para esta metáfora del río, de la escalada o de la madre, se necesita una disposición de ver que hay valores temporales y valores  eternos. Sin excluirse unos de los otros.
Que los abstraccionistas resuelvan quién fue primero, ¿el huevo o la gallina? Nosotros no excluimos. Con la mochila al hombro, y sudando mientras remontamos la pendiente, no hay lugar para exquisiteces de literatos.
Sólo una cosa: nacemos para vivir, ¿si no para qué tanto correr y ganar la carrera frente  al ovulo?

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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