PARA ENTENDER A QUETZALCOATL


 

La filosofía debería ser un esfuerzo para trascender la condición humana, Bergson.

Es por el modo occidental que entenderíamos a Quetzalcóatl, no por el pensamiento mexica o náhuatl.

Quetzalcóatl dios, no Quetzalcóatl rey de Tula.

Ahora estamos más identificados con la escritura alfabética y no  con la ideográfica, que es  la manera de expresarse en mexica.

Mexica, mexicano, vino a ser sinónimo de náhuatl, a  partir del siglo diecinueve, para más de cincuenta etnias originarias del país.

Vírgula voz.
 
Ahora ya no sabemos leer el símbolo de los códices mexicanos. Su iconografía  nos resulta por demás extraña. Huicholes y otomís en el centro del país, kikapoo en el norte, mayas en el sureste… conservan su adjetivo gentilicio pero el genérico es mexicano.

No es lugar aquí para explicar por qué  todas las etnias llevan el gentilicio de la etnia que perdió la guerra en el siglo dieciséis. El Estadio de futbol más grande de la ciudad de México se llama Azteca, los deportistas de natación, futbol, esgrima que van a competir al extranjero se les llama y se autonombran aztecas, mexicanos.

Quetzalcóatl, eso sí todos lo saben, significa Serpiente Emplumada, como decir serpiente divina, o deidad, dios, con plumas.

Avatar de la gran diosa, primordial, Chicomecoatl
A los personajes divinos del cristianismo, dios, los arcángeles, los ángeles y noúmenos de todos los grados, se les señala su divinidad mediante la aureola que rodea su representación, especialmente en derredor de la cabeza. Los mismo a los humanos divinizados, o santos o vírgenes. La virgen María, san Agustín, san Francisco.

 A los seres divinos mexicas se les representa con plumas. No a ellos sino a sus avatares; Tezcatlipoca: coyote, Huitzilopochtli: colibrí, Coatlicue: falda de serpientes. Se les conoce más como nahual, que como avatar. 

Estos avatares son los que han hecho caer, a no pocos intelectuales, en el error que en el México precristiano se practicaba la zoolatría, como en el antiguo Egipto. Sólo son avatares. Como la paloma representa al Espíritu Santo del cristianismo. La paloma no es el Espíritu Santo, sólo su avatar. El perro de san Juan Bosco, el cordero, Jesús. El sátiro barbudo, con patas de chivo, no es el dios Dioniso, sólo su avatar.

Viene a relación lo anterior porque el pensamiento náhuatl logró así, mediante  la figura del avatar, lo que en el pensamiento occidental llevan veinticinco siglos de abstracciones, buscando la manera de fundir lo humano con lo divino. O de remontar lo humano, valga decir, lo material, lo biológico, con lo divino. Lo que se ha escrito sobre esto llenaría de libros el mar Mediterráneo. Platón, Aristóteles, Demócrito, Kant…

Héroe cultural le llama el laicismo. Es parte del tironeo filosófico occidental que se conoce como ejercicio dialéctico.

La tradición religiosa del México precristiano lo considera dios. Precisamente la figura de Quetzalcóatl, la deidad considerada sabia  y espiritual, funde vitalidad y materialidad que se encuentran integradas, fundidas, en los poetas nahuas y principalmente en Nezahualcóyotl.
Águila solar, avatar de Tezcatlipoca
 

En todo caso es el anhelo de ir más allá de su condición puramente bilógica, como quiera llamársele.

Un filósofo moderno, Bergson, es señalado como el que dio con la clave del misterio, del anhelo de trascendencia del humano. La clave se llama intuición. Nada nuevo pero Bergson le dio una aplicación y proyección muy singular.

La manera de fundir el análisis, es decir, la ciencia, con la metafísica para acceder, o para ascender, a la teología.

La tarea de reconciliar la razón con la fe, de acortar la distancia entre creación y evolución que, se intuye, alguna  vez será una sola cosa. La vida, que se manifiesta en el devenir, dejará lejos la rancia polémica.

Manuel García Morente, que hace  la introducción de la filosofía de Bergson, lo explica de esta manera. Un solo párrafo da la idea en qué semblante se desarrolla el pensamiento de Bergson:

“La ciencia y la metafísica se reúnen, pues, en la intuición. Una filosofía verdaderamente intuitiva  realizaría la tan apetecida unión de la metafísica y la ciencia. Al mismo tiempo que constituiría la metafísica en ciencia positiva (es decir progresiva e indefinidamente perfectible, llevaría las ciencias positivas a adquirir  conciencia de su verdadera significación, con frecuencia muy superior a lo que ellas se imaginan”.

Henry Bergson, Introducción a la metafísica.

Quetzalcóatl no escribió algo, como Jesús tampoco escribió algo. El pensamiento cristiano lo conocemos por los escritos de los apóstoles. Quetzalcóatl habló por medio de la vírgula voz y el mejor exponente, de su pensamiento, hasta donde conocemos, es Nezahualcóyotl, quien fundió en una sola persona, Quetzalcóatl, lo que en occidente se conoce como filosofía y teología.

Fray Bernardino de Sahagún, muy escueto en su descripción de Quetzalcóatl, en su gran obra Historia general de las cosas de la Nueva España, dice lo mismo, una deidad que limpia lo sucio de la tierra para que lleguen los dioses de la lluvia y los hombres tengan una vida feliz:

“Decían que barría  el camino a los dioses del agua y estos adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grande vientos y polvos, y por esto decían que Quetzalcóatl, dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniese a llover.”

“No para siempre en la tierra” dice Nezahualcóyotl.

“No te alejes mucho de la playa porque el capitán de la nave  puede dar la orden de partir en cualquier momento” dice Epicteto.

¿Después de la tierra? Está el Tlalocan, donde las flores nunca se marchitan.

El Tlalocan.Tepantitla, Teotihuacán
Donde las flores nunca se marchitan.
Al igual que la divinidad,
los habitantes de Tepantitla se
comunican por medio de la
vírgula voz.
¿El capitán puede dar la orden de partir? ¿Para dónde?

Para Phtia, donde los humanos viven sin los requerimientos del cuerpo, y donde Sócrates ya se ha reunido con otros filósofos.

Nietzsche y otros antropocentristas, ya  se dieron por vencidos: no hay que buscar debajo de las piedras lo que no existe, dice aquel.

Bergson al igual que Platón, cree  haber encontrado  la llave que abra la puerta de la mítica Avalón, o del fantástico Shangri –la, entre las montañas del Tíbet.

En todo caso, reitera Bergson,  “la filosofía debería ser un esfuerzo  para trascender la condición humana.”

 

Subir el análisis es salirse de la ortodoxia académica y de los lugares comunes populares.

La humanidad divina de Jesús no podía ir hasta el fondo del error, a manera didáctica, como cualquier humano. Es un hombre perfecto. Ni siquiera su molde materno fue todo lo humano que todos los hombres tienen, sino algo especial, único. Y el asno en el que entraría  a Jerusalén nadie lo había montado. Todo era una humanidad poco humana.

Prometeo sufrió el castigo del Olimpo, no porque hubiese traído la luz a los humanos, como dice el lugar común de la leyenda, sino porque sobreprotegió a la humanidad impidiéndole que se liberara de las tinieblas por ella misma.

Quetzalcóatl no envía a su avatar o, como dirían  los novelistas, a su alter ego, a salvar  mediante su sacrificio. Es Quetzalcóatl  mismo, ni siquiera su nagual, el que se sacrifica para establecer un prototipo de salvación por su esfuerzo personal. Sócrates siguió exactamente el mismo modo de Quetzalcóatl. Hasta ahí la semejanza.

Quetzalcóatl procede al igual que el humano demasiado humano, como vil y peligrosa serpiente. Desde el fango, desde la porquería moral, establece el ejemplo de la superación y finalmente emprende el vuelo.

Quetzalcóatl, este bello y sabio Apolo, ha sido engañado   en Tula por Tezcatlipoca y, por un día, Quetzalcóatl se convierte en el disipador Dioniso (Sólo por un día porque en México el dios del vino, o pulque, es Ome Tochtli).

Como sea, entre tanto tiene lugar el interminable  tironeo de los filósofos occidentales, con sus sistemas y teorías, la figura de la Serpiente Emplumada remonta ya el vuelo.
Mictlantecuhtli (dios tutelar del inframundo-cielo) y
Quetzalcóatl como Ehecatl, dios del viento.

Una interpretación libre sería, para el caso
que nos ocupa, que si Ehecatl no envía  su soplo divino,
pronto veríamos a Mictlantecuhtli.
Tan cierto como que si
los puntos IMECAS no bajan, estamos fritos,
muy fritos,de las vías respiratorias.

Tomado de un camiseta cuya firma va al pie
de la figura.

NOTA
Es una referencia lo de Quetzalcóatl a los valores esenciales de la humanidad. Pero tiene su aplicación en la vida común de todos los días. Cuando escribimos estas nota, la ultima semana de marzo del 2019,se declaró la contingencia ambiental fase 1 en la ciudad de México porque los vientos (Quetzalcóatl como Ehecatl es el dios de los vientos), que corren sobre la capital, eran someros y los contaminantes del aire se dispararon más allá de los 100 puntos IMECA. El caos pierde su tensión cuando Ehecatl vuelve a recorrer el valle.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿CÓMO ESCALAMOS? ¡NO POR QUÉ ESCALAMOS!


 

Se escala por el conocimiento que se ha adquirido en otras escaladas. Y mediante este razonamiento se conoce, en una primera, escalada, lo que todavía no se conoce.

En otras palabras, la experiencia se adquiere a posteriori, por haberlo vivido. Y se escala a priori, cuando todavía no se conoce el tramo de pared, que nos espera más adelante.

Todavía no lo conocemos sobre el terreno pero tenemos suficiente información, por la experiencia, de saber con suficiente aproximación, lo que encontraremos de manera empírica.

Hay otro modo de decirlo: escalamos por conceptos (categorías inventadas por nosotros), también por intuición, o sea, lo que imaginamos, lo que sospechamos, que está más adelante.

Intuición se define como conocimiento antes del conocimiento. Bergson dice que es inteligencia más instinto.

Adelantemos que la montaña, es decir, sus dificultades para escalarla, nada tienen que ver con el embrollo   que al respecto hemos hecho los escaladores de ponerle valores matemáticos a lo que es de naturaleza cien por cien  subjetiva.

Escalar es a la manera del arte o de la poesía. Sobre toda una técnica, que está bien sistematizada en los libros de alpinismo, es una inspiración muy particular del escalador.

¿Por qué no hay dos o tres, o más, Van Gog? Porque nadie puede pintar los girasoles como él. Horribles o bellos, son muy suyos.

En una misma cordada, atados a la cuerda, cada quien vive su escalada, y no hay relación cómo la vive el otro que va adelante o detras de mí.

Aquel puede superar un tramo con cierta facilidad, el mismo tramo que yo pasaré con dificultad o que ni siquiera librare sino es con la ayuda de la cuerda.

Clasificar este paso como fácil o difícil de subir es un puro subjetivismo.
Unos lo superarán sin sacar las manos de los bolsillos del pantalón y otros
 aferrándose hasta con las diez uñas de las manos y, si pudieran, con las de los pies..
Cada quien lo va a considerar según la medida de sus intrínsecas posibilidades
tanto biológicas como filosóficas y espirituales.
"Allí donde nosotros vemos molinos de viento, Don Quijote verá gigantes": Bergson.
Sierra de Pachuca Hgo.México.
Foto de Omar Altamira A. 17/ marzo/ 2019
 
Eduardo Manjarrez, El Whymper, escalador de la ciudad de México, de los años sesentas, del siglo pasado (veinte) escalaba la aguja de El Colmilllo, en la región de Los Frailes de Actopan, estado de Hidalgo, México, con destreza en tanto nosotros subíamos detrás de él como humanos demasiado humanos.

La tercera vez que escalé la norte de la pared Benito Ramírez, en el Macizo de Las Monjas, al oeste del pueblo de Chico, Hidalgo, México, al haber superado los cuarenta metros  completamente libres (rogamos a los dioses que no los hayan llenado de clavijas y barrenos) iniciales de esa escalada, di la señal a mi compañero de cordada, Rafael Ascencio, El Karquis, que empezara  a subir. Es un tramo que no se sube, por decirlo de alguna manera. O, de diez, ocho se desprenden y quedan colgando de la cuerda. Vi emerger del abismo  a Rafael que superaba ese tramo de la pared. No sólo con suma facilidad, sino que, dueño de una  confianza casi suicida, no se había atado la cuerda a la cintura, sino al cuello, con un nudo corredizo, al estilo de las películas del oeste.

¿Cómo veía Rafael  lo que nosotros llamamos dificultad de la montaña? Nadie puede saberlo, sólo él.

Pidan a alguien que pinte los girasoles de Van Gog y jamás podrá hacerlo. Los pintará mejores o peores. Pero estas categorías de mejores o peores es puro subjetivismo del espectador.

Las dificultades de la escalada, como el arte, no se miden por criterios matemáticos.5 grados bajo cero, la temperatura, la marca el mercurio en la escala grabada del termómetro.43,6 centímetros están jerarquizados  en el metro de cien centímetros.

¿Con base en qué escala matemática, aceptada universalmente, puede decirse que este tramo de pared  es de 3 grados de dificultad o 9 grados?

Un libro de técnica alpina es como la Biblia o como el Baldor  o como el Epicteto. O como la música, que tienen mucho más que letras y técnica.

Cada quien tiene que vivir su escalada  desde cuatro aspectos muy particulares: Su biología, su espiritualidad, su filosofía y su intuición.

Lo demás, como dijo Nietzsche, lo demás es puro periodismo…

 

 

TODOS FILÖSOFOS, LA UTOPÏA DE JASPER


 

Platón soñaba con que los políticos fueran filósofos, para desde esa posición intelectual, gobernaran con sabiduría y ética en bienestar del  pueblo.

Muchas utopías se han alcanzado: conocer qué hay más allá de Finis Terrae,  navegando hacia occidente donde se llega al fin de la tierra plana y se cae en el vacío. Volar por los aires en una alfombra mágica. Estar de cuerpo presente en la luna. Viajar durante días  por el fondo del mar… Regresar del infierno, según dicen( y nosotros no tenemos por qué dudarlo) lo logaron Pitágoras, Orfeo, Jesús y Dante…

El sueño de Platón sigue inalcanzable. Pero ahora Karl Jasper va más allá de la utopía platónica: que todos los hombres sean filósofos.  No especificó para qué pero seguramente para (ahora sí) saber elegir a sus gobernantes.

La prueba de fuego de esta dobleutopia, para saber que ya se hiciera realidad,  sería, más allá de toda retórica de mitin, que los pueblos ya no tuvieran que emigrar de ilegales desde  sus lugares de origen.

Como sea Jasper ha dado ese paso, por demás audaz, que más bien parece una plática de borrachos a las tres de la mañana, en la banqueta, cuando ya han cerrado las puertas de la cantina. 

Pero no hay tal imposible, sigue diciendo Jasper. La filosofía se hace, se vive, en las calles. En los institutos se estudian los dichos, sistemas y programas, filosóficos, y se conservan. De esa manera se ha creído  que la filosofía está encerrada entre paredes universitarias y con la que el hombre del mediano pueblo nada tiene que ver.

Pero, cómo hacerse filósofo.

El famoso pasaje de Homero en el que Ulises ordena que lo aten al poste del barco en el que van, se debe a una intención racional, de no salirse de su naturaleza, para cuando pasen frente a  la isla habitada por las tentadoras sirenas divinas.

Estamos en la  ciudad moderna, bien surtida de cosas innecesarias, iluminada con focos, cómoda, donde no pega el viento limpio, ni cae la lluvia ni existe el amanecer rojizo, ni falta el agua y en la  que en cada casa, y estación del metro,  hay un excusado.

Todas esas, y cien cosas más, son las sirenas que nos han  atrapado. Ya el Ulises moderno  no puede seguir  su viaje hacia los bosques, ríos, desiertos y montañas, que son su ambiente natural.

¡Así empiezan los filósofos!
 
Dibujo tomado de
 
El País
 
12 de mayo de  2018
 
Este Ulises ha quedado atrapado por las bellísimas sirenas divinas. Con el tiempo descubrirá que muchas de esas sirenas son en la  realidad, no otra cosa, que terribles Gorgonas.

Jasper menciona que desde la antigüedad, en todas partes, se ha considerado a los filósofos como alguien ajeno a las calles:

“La multiplicidad de las manifestaciones de la filosofía es extraordinaria…Bruno, Descartes, Spinoza, siendo hombres independientes que querían desnudar la verdad para ellos  en un pensar solitario; Anselmo, siendo el cofundador de una realidad aristocrático - eclesiástica; Tomas, siendo un miembro de la Iglesia; Nicolás Cusano, el cardenal, en medio de la unidad  de su vida eclesiástica y filosófica; Maquiavelo, siendo un avisado estadista; Kant, Hegel, Schelling, que eran profesores, en conexión con su actividad docente”.

Amarrarse al poste para no sucumbir ante las abundantes y deliciosas  cosas innecesarias de la ciudad moderna.

Valle del León Alado (Diego Mateos). Sierra de Pachuca, Hgo, México.

Al fondo Las Agujas.

Foto de Omar Altamira A. 17/03/2019
 
Después de esta muy sintética mención  de la historia de la filosofía, Jasper se apresura a despejar el mal entendido:

“Tenemos que  librarnos de la idea de que el filosofar sea  en sí, y esencialmente, una incumbencia de profesores. Es una cosa del hombre tal cual es, en todas las condiciones y circunstancias, del esclavo lo mismo que del señor.”

Pero, dos preguntas: qué es  la filosofía y cómo se hace.

Primera: “Filosofía quiere decir: ir de camino”

Segunda: “Las preguntas de la filosofía son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta”.

Karl Jasper La filosofía.

Tal vez se pueda decir de otra manera:

Primera: ¿cómo  hace una sardina para llegar a cumplir su misión?, ¡cuidando que el oso de la poltronería no la atrape al final de viaje!

Segunda: amarrándose al poste para no sucumbir antes las abundantes y deliciosas  cosas innecesarias de la ciudad moderna.

LA REALIDAD DE LA MONTAÑA Y EL SUBJETIVISMO DEL ESCALADOR


 

 
La realidad absoluta de esa montaña, para efectos de escalarla, nadie la puede tener. Lo que está a nuestro alcance es la interpretación personal de cada escalador.

 El mismo   paso,  o  tramo,  puede ser de 5 grados, 11 o 36, para diferentes escaladores.
Al fondo la Colorada. En primer lugar Los Panales, vistos desde el oeste. Sus vías de ascensión son por el lado sur(derecha) y el oeste  La Grieta. Por ésta se efectúa el rappel.
Al fondo se ve el pueblo de Chico.
Foto de Omar Altamira A. 17/03/2019
En los 3 mil metros s.n..m..
Sierra de Pachuca. Hidalgo, México.
Al fondo la pared sur de  La Colorada.
Foto de Armando Altamira G.








 

 Lo anterior además debe tener en cuenta la altitud en el que se considere el asunto. Para alguien que considere el 5 a los 2 mil, para es mismo escalador, será diferente a 3 mil,  diferente a los 4 mil, diferente a los 5, mil, diferente a los 6 mil diferente a los 7 mil, diferente a los 8 mil.
 
Paredes norte de Las Monjas,
arriba de Chico, Pachuca Hidalgo
Ya no son las rocas calientes del Valle de México
ni de los gimnasios de escalada de la ciudad.
Ahora el subjetivismo del escalador debe enfrentarse a otra realidad.
Foto de Armando Altamira G.
 
 

 Se debe  que a cada mil metros, de desnivel, las condiciones de la montaña, en temperatura y estado en que se encuentra la roca o el hielo, son diferentes.
En la pared norte de El Abanico.
Flanco norte del Popocatépetl
Estado de México.
En la cota 5 mil.
Otra roca, otro equipo, otra temperatura
otros alimentos.
El mismo subjetivismo, otra realidad.
Foto de Armado Altamira G, tomada
desde la gran repisa oeste de El Abanico.

 También la condición psicofísica del escalador es diferente, el equipo para escalar, el equipo para cubrirse, el tipo de alimentos.

"Allí donde nosotros vemos molinos de viento, Don Quijote verá gigantes":Bergson.

E. CECILIA FROST BUSCA LO MEXICANO


 

Dos grandes culturas espirituales, y muchas civilizaciones materiales, hacen el agar-agar, o gelatina, en el que nos movemos los mexicanos del siglo veintiuno.

La indoamericana y la occidental, en ese orden.

De la nuestra original ya casi ni oímos ni practicamos. De la occidental escuchamos todos los días, con intensidad ensordecedora, pero de la que apenas conocemos más que la nuestra.

Lo que flota por la superficie, cubriéndolo casi todo, son las comedias de las abuelitas y los niños embelesados viendo la Guerra de los mundos.

Pocos mexicanos, en realidad, muy pocos, hacen alto para escuchar, y algunos profundizar, en el hecho que a partir del siglo dieciséis se nos señala según la potencia en turno que ha ocupado nuestro suelo.

Vale en tanto influye la potencia que le da sustento, pero los descendientes perpetúan esas categorías hasta el presente. De ahí que el nombre de las distintas categorías parezcan que todas ellas son vigentes.

Así, somos hispanoamericanos, latinoamericanos o indoamericanos. Las dos primeras llegaron con las naves de Colón hace seis siglos. La primera caminando desde Mongolia hace más de veinte mil años, según apunta Paul Rivet en El hombre americano. Otros más por la Antártida, caminando también sobre hielos.

La hispanoamericana se refiere a la época colonial, la latinoamericana es el nombre que se adopta  en la época republicana, la indoamericana es el nuevo concepto revolucionario creado por el aprismo, de APRA (movimiento político peruano),el panamericanismo, dice la autora, oculta la ambición imperialista de los yanquis.

Frost hace una aclaración respecto de cómo se aplica el nombre de “América Latina”, que se confunde con “Angloamericana”. Por un lado son los pueblos conquistados por los ingleses, de otro los pueblos americanos que hablan una lengua romance, como el español, francés portugués.

La nacionalidad del que escribe, o del que habla, le va a dar el origen al que pertenecen sus padres, sin detenerse mucho a considerar con objetividad el todo histórico.

Con lo que el agar-agar se vuelve un verdadero caldo de cultivo de bacterias culturales no siempre benéficas para aclarar lo necesario. Más bien en la práctica es un caos que tiende al relativismo  con la perspectiva de acabar siendo nadie sabe qué. Algo así como un eclecticismo disolvente, no incluyente, como en el discurso se pretende.

Derivado de las dos principales culturas están las subcategorías como la criolla, la llamada sucursal, la heredada, la heterónoma y la colonial. A estas se añaden  las categorías señaladas como  de la complejidad, la fusionada, la síntesis y la mestiza.

Cada categoría y subcategoría con sus rasgos distintivos, son las etiquetas que le han sido impuestas al mexicano  desde el exterior.

Ora son hijos de Ion, ora de Eva.

Ion es hijo de la mortal Creusa y del dios todopoderoso que, con el nombre(uno de sus varios nombres) de Febo, dice Eurípides:

“el dios Febo le tiene reservado a Ion el destino de ser padre de descendencia que gobernará  las cercanas y las lejanas naciones de la Tierra. Y esos hijos pasarán más tarde a las llanuras de ambos continentes, Asía y Europa, una frente a otra. Y se han de llamar jonios, por el nombre de éste. Y su renombre ha de invadir el mundo”.

 Pero el mexicano no deja de intuir que, sobre todo, son hijos de Chicomecoatl, de la Leyenda de los Soles teotihuacanos y del Popol Vuh. Todos los pueblos tienen su madre primordial, o su padre, así también los mexicanos.

Chicomecoatl
Con toda propiedad Elsa Cecilia Frost lo dice en su valioso libro Las categorías de la cultura mexicana, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1972 y reeditado en 1990.

“Hubo, En consecuencia, una aparente desaparición del idioma, la religión y las costumbres indígenas a favor de las modalidades europeas. Pero esta desaparición fue siempre más aparente que real; el indio, tomando como ejemplo de los mismos españoles, decidió obedecer pero no cumplir”. En ello  lo ayudó su indiscutible superioridad numérica frente al conquistador, y como no estuvo dispuesto nunca a abandonar su cultura, adoptó frente al amo la cultura que éste le impuso, pero una vez lejos de su mirada volvía a ser él mismo “Cap. XI.

Como se apuntó, hay mexicanos hijos de mexicanos y mexicanos hijos de extranjeros. Cada quien va a vivir su mexicanidad según el origen de sus padres. Cada etnia extranjera tiene sus mitos y  modos de practicarlos.

Chicomecoatl
Es la tierra nutricia.
Su falda de mazorcas con los que alimenta
 a sus hijos mexicanos.
Un  otomí nada tiene de común con las creencias de alguien del extremo este del Mediterráneo.  Tampoco un suizo se sentirá identificado con el Xibalba del Popol Vuh. Como adquisición cultural o académica muy posible pero jamás  espiritualmente. El Mefistófeles de Fausto en nada se parece al Mictlantecuhtli náhuatl.

Cabe citar a Thoreau para los que creen que la vida nació  con el sol de esta mañana, y sólo en un pueblo, no en otros.

“Los que no conocen ninguna fuente más pura de la verdad, que no han rastreado su corriente, se paran y se dejan reposar suavemente en la Biblia y en la Constitución, bebiendo de ellas con reverencia y humildad. Pero aquellos que van más allá y buscan el origen del agua que gotea sobre el lago o el charco, se ciñen los lomos una vez más y siguen su peregrinación en busca del manantial”. H, D, Thoreau, Desobediencia civil.

Nosotros, como alpinistas, decimos otra metáfora que dice lo mismo que Thoreau: Muchos viven en la morrena del glaciar, y sólo pocos remontan hasta encontrar la zona  de acumulación de nieve en donde tiene origen ese río de  hielo.

LA UTOPIA SIGUE, DESDE PLATÓN


 

Que los gobernantes sea filósofos…

El pueblo se acerca al árbol que le brinda más sombra. Esta metáfora no gustaba  a  H. D. Thoreau. El pueblo no necesita de ninguna sombra, más que la propia.

 A condición que lo gobernantes de ese pueblo sean filósofos...Para que gobiernen con sabiduría y permitan el libre y sano desarrollo de los individuos. Sino lo alientan para alcanzar tales metas, al menos que tengan la necesaria sabiduría que no lo estorben:

Ni lugar en las aulas universitarias, ni seguras fuentes de empleo, ni seguridad en las calles, son tres de las cien maneras de estorbar.

Entre la ley y la justicia Thoreau se decide por la segunda. La ley la hacen pocos, y no siempre en beneficio de todos.

“Yo creo que deberíamos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto  por la ley, sino más bien por la justicia.”

 H. D. Thoreau Desobediencia civil. El capítulo tiene, en nuestra edición, el mismo título de la obra.

Thoreau no es un nihilista ni tampoco un anarquista. No está contra el gobierno. Lo que busca, para todos,  es el mejor gobierno.

 Tampoco cortejaba a las mayorías para buscar su voto: "Un hombre prudente no dejará lo justo a merced del azar, ni deseará que prevalezca frente  al poder de la mayoría. Hay muy poca virtud en la acción de las masas:"

De la misma manera no abogaba por la santidad sino por la humana normalidad. No quería entrar en el lugar común de  erradicar a los malos  de este planeta, sólo decía del corrupto:" al menos lavarse las manos de él." En otras palabras, empezar por el principio, poner el ejemplo. No perorar, sino actuar.

En el siglo veinte tuvieron lugar, al sur de la frontera, movimientos revolucionarios para quitar a dictadores que habían infectado la vida de la región. Lo lograron pero no se fueron llegado el tiempo de irse. En el siglo veintiuno, ya convertidos a su vez en dictadores , el  pueblo ha entendido que es cuento de nunca acabar.

Lo que ahora hacen esos pueblos es reunirse al amanecer en la plaza publica, pero no para emprender otra revolución y cambiar a los gobiernos.
Se reúnen para agruparse en caravanas de emigrados irregulares y empezara desplazarse hacia el norte, donde les han dicho que vive Fata Morgana

Muchos no llegarán, sucumbirán a manos de los corruptos regionales a lo largo del trayecto. Pero otros sí llegarán. 

 

 
Dibujo tomado de
El País
15 diciembre 2018

 

Platón tampoco abogaba por la desaparición del Estado, del gobierno. Al pedir que los gobernantes fueras filósofos quedaba implícita su aceptación.

 

A Platón se le encuentra  donde menos lo esperamos, como un reborde en el piso que nos hace tropezar cuando creemos que caminamos bien.

La justicia tiene el fundamento de la conciencia. Para el mejor gobierno se necesita actuar con conciencia. Pero esta requiere sabiduría, como la entendían los griegos, que es virtud, valores de calidad: Thoreau: “Un sociedad formada por hombres conscientes es una sociedad con conciencia.”

Los griegos resumían todo esto en una sola palabra: paideia. Educación. Educación  no tanto de aula sino de cultivar esos valores de calidad. Ser filósofos, ser sabios, es decir, virtuosos.

En este punto de la virtud  Aristóteles coincide con su maestro Platón. En su Gran Ética, capítulo V, anota que “Cuando la virtud se hace mayor en grado, ella hará al hombre cada vez mejor, en lugar de hacerlo  cada vez  peor.”

A veinticinco siglos de Platón, la distancia no se acortó, parece que la utopía se hizo más utópica.

Las grandes e interminable caravanas de migrantes ilegales se desplazan de un país a otro país y de un  continente a otro continente.


Dibujo tomado de
El País
28 de julio 2018
Tienen conciencia de la sabiduría y  de la virtud, pero no la encuentran en su lugar de origen. Van huyendo de la “ley” que no beneficia a todos.

Platón (su túnica) quedó muy atrás en el tiempo pero sigue siendo inalcanzable en sus ideas. Es decir, nadie ha logrado ponerlas en práctica: que los políticos sean filósofos. ¿A quién se le ocurre? ¡A Platón!

Pero no es ningún galimatías. Lo que quiso decir es que si la meta en la vida es la felicidad se requiere  actuar en consecuencia: “Cuando los hombres estén preparados, ese será el tipo de gobierno que tendrán”, esto también lo dijo Thoreau.

Para eso se necesita sabiduría. Una de tantas definiciones que corren de los filósofos  es que, son  amantes de la sabiduría,  buscan la sabiduría. Tal vez nunca la encuentren, pero en tanto se busca, se está  ya en la sabiduría.

Como el alpinista con su mochila al hombro, camino de la cumbre. Ya está haciendo alpinismo desde el momento que en casa  empieza  a preparar su mochila.

 

THOREAU Y  LOS ANTROPOCENTRISTAS

Remonto otra vez la pared norte Rosendo de la Peña, subsistema noroeste del macizo de las Monjas, montañas arriba del pueblo de Chico, sierra de Pachuca, estado de Hidalgo. Casi termina el invierno de 2019.

Escalé por primera vez esta ruta con Manuel  García, gran escalador del Club Exploraciones de México. Esta interesante vía había sido abierta apenas el año anterior por Hernando Manzanos, otro excelente escalador del Club Exploraciones de México, de la ciudad de México (se hace la aclaración porque hubo un tiempo en el que el Club  Exploraciones de México tuvo sucursales en varios estados del país). 

 Manuel García tomó parte en la conquista del flanco oriental del Chiquihuite, en la Sierra de Guadalupe, lado  norte de la ciudad de México. Y fue también uno de los escaladores que emprendieron la escalada, que entonces se tenía como inescalable, en el lado norte de La Cabeza de la Iztaccihuatl, en los 5 mil. Manuel igual escalaba en los 2 mil que en los 3 mil que en los 5 mil, en roca erosionada, nieve y hielo.
 
 
 
 
Manuel García. Cuarto desde la izquierda.
 
Al fondo El Colmillo,
en la región de los Frailes,
de Actopan estado de Hidalgo, México.
Foto de José Méndez




Igual escalaba en los 2 mil que en los 3 mil que en los 5 mil, en roca erosionada, nieve y hielo.



Esta ruta en la que nos encontramos vivaqueando era la escalada preferida de Manuel García y  volvía a ella cada invierno. Varias ocasiones subimos en la misma cordada. Hace años que murió. En  recuerdo puse su nombre a una escalada nueva que tracé en el Chiquihuite.

La meta en esta ocasión no es la cumbre de la Rosendo de la Peña, sólo la “repisa”, a unos ochenta  metros sobre  la base. Mañana, o pasado o a ver cuándo, lanzaremos las cuerdas al vacío y descenderemos otra vez al valle.

 Hace tiempo hemos inventado otra práctica del alpinismo que llamamos  vivaquismo. Parecido a acampar, pero en lo vertical.  Vivaquear es permanecer en algún lugar alto de la montaña, pared o aguja.   Exige  tener la paciencia de un lama del Tíbet.

Cada mañana, cuando los primeros rayos del sol apenas rozan las copas de los árboles, escuchamos el canto de un ave. No conocemos de pájaros y nunca los hemos visto, pero ese canto yo lo escucho  cada mañana que acampo en esta parte de la Sierra de Pachuca.

La primera ocasión que lo oí subimos a la  La Pezuña, en este mismo Circo del Crestón. Contra nuestra costumbre de pasar la noche en la Cueva del Muerto,  entre el valle del León Alado (Diego Mateos) y la roca Los Panales, pernoctamos al pie de La Pezuña. Fue idea de Manuel Ramírez. Era el 3 de abril de  1954. Ese amanecer lo escuchamos en dirección oeste, en los árboles,  entre La Pezuña y la aguja, también al oeste, que algunos llaman El Centinela.
Manuel Ramírez
Tercero, de pie,  desde la izquierda

Manuel Ramírez era un diestro escalador  de Pachuca. Hace tiempo que murió. Fue el que realizó, al final de los años cuarenta, la primera a El Obelisco, en la Región de los Frailes, arriba  de Actopan. Su hermano, Benito, murió escalando El Colmillo, en esta misma región de los Frailes. Raúl Revilla al conquistar una de las rutas  más difíciles del Circo del Crestón, le puso a la pared el nombre de Benito Ramírez.
Foto de José Méndez


Manuel Ramírez
en la cumbre de El Obelisco
Foto de Armando Altamira G.




Esta mañana el canto sale de los arboles exactamente allá en el fondo, bajo nuestros pies. Un lado de la cruz que recuerda a Eulalio Rivera, escalador de Pachuca. Murió en esta misma ruta  en la que ahora no encontramos vivaqueando, cuando él y yo trazábamos una nueva variante.
Eulalio Rivera
Primero desde la izquierda

Hay  razones (o sinrazones) por lo que el habitante de la ciudad no va a  la naturaleza de los bosques y las montañas, le oigo decir a mi compañero Yuma.

Dice que estamos en la era de la distracción, la vida cómoda de la civilización, la carrera al presupuesto nacional por medio de la carrera política. El argumento más importante es el que no  quiere concientizar la gente. Lo sabe pero lo elude. Se llama antropocentrismo.
Hay   sinrazones por lo que el habitante de la ciudad no va a  la naturaleza de los bosques y las montañas.Vivimos en la era del sedentarismo y  la distracción digital.
 
Amanecer en la Sierra de Pachuca Hgo. -5° C. Izquierda: Armando Altamira G., Diego Altamira C. y Omar Altamira A.
 
Foto de Omar.17/03/2019

Puede mencionar todos los argumentos que quiera o sepa. El triunfo del homo sapiens sobre el neandertal, la posesión de la conciencia que un día va a morir, la conquista del espacio, la conquista del alfabeto, ser propietario de la intuición (el conocer antes del conocer), creerse descendiente directo de la divinidad o hurgar hasta encontrar bajo el microscopio el principio de todo su linaje en la célula primordial de la evolución…Tiene al menos otros cien buenos argumentos. Eso dice el hopi.

 Yuma nació en el desierto de Yuma, Estados Unidos. Debía ser un yuma pero sus padres eran de la etnia hopi. En atención al lugar donde nació le pusieron Yuma.

Mirando a lo lejos, desde nuestra “repisa”, hacia los valles, en la cañada que va en dirección  norte, al pueblo de Amajac, percibimos que algo se mueve, pero no acertamos a  distinguir, ni siquiera con nuestros binoculares, si se trata de un perro, una cabra o un hombre. No distinguimos por la distancia a la figura antropomorfa, antropocéntrica.

Yuma vuelve con el tema.

Vista a cierta distancia la ego manía del hombre  es imponente pero en la escala de la naturaleza apenas se distingue su presencia. Cita a Thoreau en el trascurso de uno de sus diarios paseos, del poeta estadounidense, por el campo:

“Desde una colina puedo ver desde lejos La civilización y las casas de los hombres; pero lo granjeros y sus obras apenas son más evidentes que las marmotas y sus madrigueras.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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