Clavijero y Tezcatlipoca

Tezcatlipoca


 Clavijero S.J. 9 sep.1731-2 abril 1787





 .
Historia Antigua de México
Autor: Francisco Javier Clavijero
Edición y prólogo del R. P. Mariano Cuevas
Editorial Porrúa, S. A. México1968.


Es el  mayor dios  que se adoraba en aquella tierra, escribió desde la biblioteca del Vaticano el padre Francisco Javier Clavijero en el siglo dieciocho. Su nombre significa espejo resplandeciente: “Era el Dios de la providencia, el alma del mundo, el creador del cielo y de la tierra, y el señor de todas las cosas”.

Era el dios vivo  que resucitaba, o renacía, en el mismo día y momento en que moría. Simbolizaba el acto de nacer y morir de la humanidad y de los fenómenos celestes como el día y la noche o de la agricultura como el invierno y la primavera. En la humanidad entre el ser niño o ser viejo y en la guerra el vencer y el perder. Por eso entre los aztecas, que era el contexto cultural en el que se le adoraba, la guerra era una especie de deporte. Había guerras de conquista para exigir tributo, como es común. Pero también guerras fingidas ( guerras floridas, atlachinolli o aguaquemada) para tener prisioneros y sacrificar a sus dioses.

 El modo en que Tezcatlipoca renacía  es uno de los más impresionantes sucesos   que se tenga memoria del mundo prehispánico. Un joven era investido, y vestido, hasta por el propio rey, con la más grande reverencia. Durante un año se le adoraba como el dios vivo. Se le asignaban cuatro muchachas para que vivieran con él como sus mujeres. Era el rito de la fertilidad. Exactamente un día señalado se le llevaba en una canoa a un cierto lugar  en el sureste del gran lago de México y, sin más, cuatro o seis sacerdotes de su orden “Tlamacazqui” (Tlamatzincatl era otro de sus nombres) lo ponían boca arriba y en vivo le sacaban el  corazón de un solo tajo de cuchillo de vidrio volcánico u obsidiana. Su cuerpo era llevado a la población donde se le preparaba y se le comía como un alimento sagrado. En ese mismo día y  momento en México- Tenochtitlán otro joven estaba siendo investido por el rey para ser  dios Tezcatlipoca durante el año en curso.   

Tezcatlipoca tiene al menos 35 nombres diferentes (imágenes o avatares en otros dioses) y esto guarda relación con tantos aspectos de la vida práctica, la mitología y el ritual, que abarca su sacerdocio. Clavijero habla en pasado pero de alguna manera a Tezcatlipoca sigue adorándosele en las más de cincuenta etnias que existen en México en el siglo veintiuno. El mismo mestizaje de la ciudad lo tiene vivo de manera inconsciente en una serie de prácticas diarias.  Es común escuchar algún remedio de carácter herbolario. Por ejemplo: “Mezcle usted ruda con alcohol y déjela serenar por cinco noches”. Pocos saben que  ese es el  tiempo que el remedio debe pasar bajo la luz de las estrellas.  Tezcatlipoca  Yayauhqui (Tazcatlipoca Negro) es el señor de la noche y bendice tal remedio. En el “metro” y en todas partes de la ciudad de México se venden golosinas en barras de  amaranto mezclados los granos de esta planta con miel. Y era precisamente con amaranto y miel con lo que se hacían las figuras antropomorfas de Tezcatlipoca para servir de alimento sagrado, ritualizado,a los pueblos, al menos del Valle de Mexico, que es donde se da desde la antigüedad el amaranto.

Sus elementos de identificación de Tezcatlipoca son una pierna cercenada y un espejo de obsidiana. El mes en el que de manera particular se le adoraba era en mayo, que en el calendario mexicano se llama Toxcatl. Clavijero dice que el 17 de mayo era el día que se iniciaban las festividades. Otros autores dan fechas diferentes aunque cercanas. Fray Diego Durán dice que era el 9 de mayo. Fray Bernardino de Sahagún cree que el 27 de abril.

Tezcatlipoca era el numen tutelar de los hechiceros “hijos de la oscuridad” quienes tenían la capacidad de trasformarse y agarrar la figura de ciertos animales ya fuera jaguar, coyote o zorro. Todo en la perspectiva terapéutica y no debe confundirse con la tradición nocturna patológica  procedente de Europa llena de vampiros, brujas y demonios de toda clase.

Un rito de iniciación para el joven azteca era pasar una o varias noches solo en el bosque montañoso.Era vivir envuelto  entre las sombras sagradas, benéficas, agradables,del dios Tezcatlipoca. Desde  la conquista española las sombras de la noche en el bosque están pobladas de demonios. Esa es la razón que al mexicano, sobretodo al de la ciudad,le es casi imposible pernoctar solo en la montaña.

A Tezcatlipoca se le adoraba de manera especial en pueblos a la redonda del volcán Popocatépetl. Por eso se considera, en el alpinismo mexicano, que esta alta montaña es el avatar de Tezcatlipoca. Tales son los pueblos como  Cholula (este), San Juan Tianquizmanalco (sureste), Tetela del Volcán (sur), Chalco-Amecameca (noroeste), Tlamacazcalco (norte).

En tiempos recientes se han realizado investigaciones académicas de mucha profundidad de este dios como la de Guilhem Olivier: Tezcatlipoca, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 2004.

Paideia de W.Jaeger

Paideia
Autor: W.Jaeger
Editorial Fondo de Cultura Económica, México.
2002


En los tiempos heroicos de Homero se hablaba de dioses y de héroes pero aquí, en Paideia, se habla de educación y cultura. Perdón por la redundancia, pues Paideia es Cultura.

Grecia, y Atenas, en particular, deben su grandeza a su paideia, a su cultura. Isócrates dice que “sólo su superioridad intelectual es la que ha hecho grande a la ciudad”  Isócrates había establecido una escuela de retórica en Atenas hacia el año 400 a.C., con un ciclo de estudios que se extendía a lo largo de tres o cuatro años.  El desafío particular que Isócrates puso ante sus alumnos era el de recuperar el esplendor de la cultura griega, impulsando por medio de la educación una nueva cultura  con la intención de reformar la ciudad-estado por medio de sus futuros líderes políticos. Ese era el punto: sus políticos se habían deteriorado y ya no servían para la causa del pueblo. Se necesitaban políticos de nuevo cuño pero eso sólo se lograría no sólo con  retórica sino  con la Paideia.

Jaeger, en una parte de su monumental obra, da algunas características de la generación que ganó en Maratón: “El justo logos promete a los muchachos que se confían  a él y a su educación, enseñarles a odiar el mercado y los baños, a avergonzarse de toda conducta deshonrosa, a indignarse cuando hacen burla de ellos, a levantarse ante los mayores y a cederles el lugar, a honrar a los dioses y a venerar la imagen de la Vergüenza”. Estas aparentes simplezas son las que se requieren para ser, o hacer, un estado grande. En las actuales circunstancias es obvio que esas simplezas son más difíciles de lograr que vencer el hábito de fumar, por ejemplo. O ganarle a la báscula cuando se trata del peso corporal propio. No son apresuradas hipótesis pedagógicas o cuestiones subjetivas. Habla del factor que hizo a los griegos triunfar en Maratón. No fue Maratón el que hizo a los griegos sino que fue su cultura, su paideia, quien hizo a Maratón.

A lo largo de su obra Jaeger va hablando de cosas como enkratia y de autarquía. Es decir “dominio de sí mismo” y de carencia de necesidades (algo como sobriedad). ¿Para qué sirve eso, diríamos en este siglo veintiuno? “El saber socrático o fronesis, no tiene más objeto que uno: el bien”. Este concepto del bien estaba hasta hace poco arrumbado en la buhardilla de los cachivaches. Cuando en  nuestras ciudades y los campos aparecen, con inusitada frecuencia,  bolsas llenas de  cabezas humanas los hospitales se pueblan de jóvenes cuyas neuronas han sido destrozadas por substancias químicas no autorizadas por la ciencia médica bancos que defraudan a miles de cuentahabientes recibos de pago de la luz que eran el mes pasado de 400 pesos(cuatrocientos pesos) y ahora de 39 mil pesos(treintainueve mil pesos)bandas que roban niños licenciados que alargan los procesos miles de inocentes en las cárceles y los culpables libres el que desaprecibidamente tira un papelito en la calle y será parte de las cien mil toneladas de basura que contamina a la ciudad... Es cuando nos acordamos que hace veinticinco siglos los pensadores de la Hélade ya alertaban de eso bajo el curioso concepto de “el bien”.


Pero cómo sabré identificar al bien. Hay todo un mecanismo de causalidad pero es más un sentimiento: lo agradable se identifica con el bien: “Lo agradable pura y simplemente por el bien, no a la inversa. El hombre, como cualquier otro ser, es bueno porque en él reside, o de él nace, un areté, una excelencia o una virtud. Pero este areté no surge por casualidad, sino a fuerza de guardar un orden acertado y de seguir un arte ajustado a un fin”. Pero esto no se improvisa: “es necesario un régimen de larga convivencia y no en unos cuantos semestres de convivencia escolar.” Si el areté se enseña o es innato es materia de este trabajo.

Paideia, de W, Jaeger, es una obra monumental que va describiendo la labor civilizadora de los griegos clásicos, fuerte presencia de lo que entendemos por cultura occidental. Y conviene recordar que “cultura occidental” es nuestra, de los mexicanos, desde el siglo dieciséis. Es  sin duda la más grande aportación,terapeutica, que hizo la conquista española al pueblo mexicano. No conocer Paideia de W. Jaeger es una grave deficiencia cultural. Tan grave como no conocer Filosofía Nahuatl, de Miguel León Portilla.





Una nota acerca  de W. Jaeger:

Se licenció en  Filosofía y Filología Clásica en la Universidad de Hamburgo, doctorándose en la de Berlín. Fue catedrático en la Universidad de Basilea, en la de Kiel y la de Berlín, en la que fue rector, fundando por aquella época las revistas Die Antike y Gnomon. En 1936, emigró a Estados Unidos, y allí fue profesor de la Universidad de California en Berkeley, en la de Chicago y en la de Harvard en Cambridge, Massachussets, en la que también fue director del Instituto de Estudios Clásicos. Recibió numerosos honores en vida, y fue Doctor Honoris Causa por varias universidades.

Schiller y Guillermo Tell

Guillermo Tell y su hijo Walther

memorial en Altdorf, capital del
condado suizo de Uri

 
 
Guillermo Tell 
Federico Schiller
 Editorial Porrua, México.
Serie "Sepan


Al cumplirse 251 años del nacimiento de Schiller escribimos la presente nota como una especie de agradecimiento a su aportación al mundo de la cultura y del pensamiento libre.

Es un himno a la libertad, como toda la obra poética y filosófica de Schiller. A los 23 años de edad del filósofo se estrenó su pieza Los bandidos y con tal éxito que en adelante se le conocería como “el más genial de los dramaturgos alemanes”.

 Schiller estudió medicina pero se dedicó a la literatura para mejor luchar desde esta trinchera por la libertad. Pero no por la libertad acotada del panfleto sino por la libertad universal.

 El pensamiento de este dramaturgo es producto de los maestros de la filosofía clásica y creación propia. Los salvadores de la humanidad no lo harán desde la improvisación lírica y calenturienta. Schiller cree que:

 “Ningún talento, por grande que sea, puede prestar a  la obra de arte aislada aquello de que su autor carece; y las fallas de este origen ni siquiera la lima puede eliminarlas”.

 Schiller esta por la evolución del ser humano, no por la revuelta: “Nada que no sea natural lleva a buen fin”. Se pronunciaba por “la educación estética del hombre”.

Johann Christoph Friedrich von Schiller, nació en Marbach,Würtemberg, el 10 de noviembre de 1759 y falleció el 9 de agosto de 1805.

Guillermo Tell y su hijo Walther. Memorial en Altdorf, capital del condado suizo de Uri.

Guillermo Tell es la vocación del pueblo suizo por lograr su libertad frente al imperio austriaco. Es de la aldea de Burglen, en el cantón de Uri, en el camino del valle de Schaechent. Pero los suizos van más allá. No quieren dejar de ser esclavos para convertirse en esclavistas, como es la reiterada película de la humanidad. 

Tampoco quieren hacerse del poder de su país para después emprenderla contra algún estamamento de su propia nación, como sucede todos los días en alguna parte del planeta. 

Ellos aspiran a la más “libre libertad”. Stauffacher, un aldeano,  lo dice de esta manera:

 "no se trata aquí de vengar el mal cometido, sino de precaver el que nos amenaza”. 

Para que eso suceda tienen que poner en orden su casa. Pero para ser libre primero hay que conquistar la libertad y después aprender a no perderla. Al fin y al cabo todos los pueblos sojuzgados alguna vez conquistan su libertad, pero pocos la pueden conservar.

Aquí se trata  de dos clases de libertad. La de la sociedad de los villanos (habitantes de las villas) y la de la conciencia del duque de Suabia, llamado Juan el Parricida. Este ha asesinado a su tío el emperador. 

No es un manual de revolución armada la que nos ofrece Schiller. Es el drama de la frágil humanidad frente al valor perenne de las libertades materiales y de conciencia.

Geszler es el gobernador que se ha extralimitado en sus funciones de administrar la justicia y se ha convertido en un tirano. Su despotismo ha llegado a tal intensidad que ha provocado que los aldeanos se organicen en medio del bosque, al amparo de sus montañas nevadas y de la noche. Es gente pacifica y temerosa pero ya están decididos. 

“Obligados estamos  a defender por la fuerza  nuestros más preciosos bienes; combatimos por nuestro país, por nuestras mujeres, por nuestros hijos”.

 Forman una liga de los tres cantones. Se reconocerán levantando los tres dedos de una mano. Cada dedo un cantón. “los tres cantones permanecerán  unidos  en vida y en muerte.”

 El gobernador tiene noticias del descontento y pone en práctica un ingenioso recurso. Ordena que  en lo alto de una pica pongan su sombrero. Todo el que pase delante tendrá que hacer una reverencia. El que no lo haga  se le considerará como a un rebelde y será encerrado en una de las grandes cárceles que para el efecto empiezan  a construirse.

 A eso los aldeanos responden por la voz de uno de ellos llamado Rudenz:  “Ay de quienes cierran los ojos del pueblo y le fuerzan a que rechace su verdadera prosperidad”.

Guillermo Tell, el personaje llamado a ser recordado por siempre y al que la posteridad le erigirá una estatua en el pueblo de Altdorf, capital del cantón suizo de Uri.

 En la cotidianidad de su momento no es más que un aldeano que vive de la caza. Su vida trascurre entre montañas nevadas, lagos y desfiladeros, persiguiendo a sus presas con que alimentar a su familia, formada por su esposa Hedwigia y sus dos hijos Walther y Guillermo. 

Le gusta estar lejos de las asambleas “donde se habla mucho y se acciona poco”.

 Es, como el doctor Stockman de Ibsen, alguien que cree que el hombre  es más fuerte cuando está solo. Dice que “siempre vale más ponerse en manos de Dios, que en manos de los hombres” “en el naufragio se auxilia más fácilmente  así mismo el que va solo”.

 Está con los anhelos de libertad del pueblo pero su accionar es algo particular. Si bien, los acontecimientos lo llevarán a tomar acciones cercanos de la gente. Y al final, sin que él lo haya buscado, será tenido como el libertador. 

Stauffacher, otro aldeano, le dice: “Pero de la unión de los débiles nace la fuerza” y Tell insiste: “Sólo consigo mismo puede contar cada cual”. 

Tell está acostumbrado a ver la vida muy cercana a la muerte y dice sin rodeos a sus vecinos los pacíficos aldeanos: “Bueno es que lo sepan todo…quien se aventure a vivir en el mundo, debe aprestarse al ataque y a la defensa”. 

Y como es hombre de acción, sostiene que “Quien mucho piensa poco hace”

Un día él y su hijo Walter pasan frente al sombrero y no hacen la reverencia. El castigo que  el gobernador dictamina consiste en que Tell dispare a una manzana puesta en la cabeza de su hijo. 

El pueblo se horroriza ante semejante disposición y ruega le sea levantado el castigo pero el gobernador es inflexible. Tell mismo dentro de su rudeza siente miedo. 

Pero al fin se decide y pasa la prueba dando en el blanco sin herir a su hijo. De todas maneras, y contra lo prometido, Tell es llevado a la prisión. 

En el camino se escapa y en adelante se dedica a cazar al gobernador. Espera la ocasión que éste tendrá que pasar por un estrecho del camino y de otro certero flechazo lo mata.

 Con esto, y con la lucha que han desarrollado los aldeanos, la libertad es conseguida por y para la sociedad.

 Pero la libertad de conciencia encuentra que la cuesta es más difícil de remontar que la que se conquista por medio de las armas. 

Juan de Suabia ha dado muerte el emperador, que es su tío, por creer que estaba estorbando sus derechos de heredad y económicos.

 Sólo hay uno al que puedes acudir, le dice Tell, y éste se encuentra en Roma. Entretanto serás un apestado entre los habitantes de los pueblos. Como el Parricida ha ido a buscar orientación en la casa de Tell, éste le recomienda:

 “Oíd lo que Dios me inspira. Es fuerza que vayáis a Italia, a la ciudad de San Pedro. Postraos a los pies del papa, confesad vuestro crimen, y salvad vuestra alma”.

Schiller es reconocido como grande en el mundo de las letras. Y, siendo protestante, el consejo que por boca de Tell da a Juan el Parricida, lo dimensiona de manera enigmática en el mundo espiritual.




Se considera que los suizos viven en el siglo veintiuno de la siguiente manera:

“Son los suizos: honrados, sencillos respetuosos con las órdenes de su gobierno, aman con ternura a su país, y tienen favorables disposiciones para las ciencias y las artes. La instrucción pública se halla extraordinariamente adelantada; es raro el suizo que no posee la enseñanza primaria. Sus colegios y universidades gozan de muy buena fama. En las escuelas se instruye militarmente los alumnos, porque todo suizo, como los búlgaros, es soldado, llamando la atención que los habitantes de Suiza que se caracterizan por lo tranquilo que son, sean tan patriotas que depongan la antipatía que tienen por el militarismo en honor a su patria. Los suizos pertenecen por partes iguales a las iglesias católica y reformada y hay libertad de culto. En Suiza se habla: el alemán en 18 cantones, francés en 5, e italiano en 2. El gobierno es republicano federal, siendo curioso que hay 4 cantones en donde existe la democracia pura, es decir que las deliberaciones tienen lugar en grandes asambleas populares, a estilo de las antiguas repúblicas griega y romana; siendo en los demás, la democracia representativa. Componen la Confederación Helvética o Suiza, 25 repúblicas en 22 cantones o estadas independientes, unidos por el pacto federal".

Quiero ser alpinista

En la primera palabra de esta intención está todo el secreto del alpinismo. Querer, tener la disposición. Le sigue la imaginación. Es el secreto para empezar a caminar por las montañas, como introducción a la práctica del alpinismo. Dicho de otra manera, lo difícil del alpinismo no son las montañas. Es el alpinista. El alpinismo como deporte tiene pocas y sencillas reglas técnicas.  Pero el alpinismo como plan de vida es una maraña de cuestiones subjetivas.

En alpinismo juega mucho el objetivo y el subjetivo

No sabemos en qué etapa del tiempo se repartieron los caracteres. Esto porque estamos convencidos que el alpinista nace y, después, se hace.Es la vieja polemica que forma parte de la filosofía alpina. Es una conclusión que se funda en la naturaleza fisica y anímica de ese individuo. No creemos que sea cosa del asunto pedagógico. Cualquiera puede llevar un curso - taller para ser poeta, torero,guerrero, sacerdote, matematico o boxeador. Pero  nada de eso sirve sino hay la disposición anímica necesaria.

Leibniz explica así esta especie de determinismo genético y de potencial de valores virtuales: " Nosotros sostenemos que todo lo que debe suceder a una persona, está ya comprendido virtualmente en su naturaleza o noción."(Discurso de Metafísica).

Bienvenidas todas las escuelas de escalada, pero no para hacer montañistas, sino para que tenga lugar en ellas  la revelación de la  naturaleza alpina . Hacer alpinismo en el gimnasio, en lugar de ir a la montaña, es como hacer el amor con una muñeca inflable en lugar de con una mujer real. Pero de tanto y tanto ir al gimnasio la esperanza es que en algún momento  el individuo agarre su mochila y se vaya a los horizontes naturales.

En el plano de la intelctualidad diremos que el alpinismo se practica en los países de las más diversas ideologías políticas. Si bien, aparte de los grandes tesoros que caminar en los bosques, montañas y desiertos, en el plano psicofísico, el montañismo aporta, este deporte parece no servir para absolutamente nada más.

Ezra Pound decía que a un libro se le conoce conociendo a quienes lo leen. Parafraseandolo diremos que  al alpinismo se le conoce conociendo a quienes se inclinan por practicarlo.

Tal vez nos ayude a entender lo anterior si podemos imaginar (e imitar) dos personajes de la poesía de Pound que son capaces de hacer lo siguiente:

"y nos emborrachábamos un mes tra sotro, olvidando a reyes y principes".

O este otro:

" también Li Po murió borracho,
Intentó abrazar a la luna
en el río amarillo".






Dibujo tomado del libro: Técnica Alpina (Altamira y Sánchez , 1978).


Lo medular de este deporte, que es el estado de ánimo, está fuera del manual de la técnica alpina. Para simplificar las cosas se le puede llamar entusiasmo, deseo de moverse, ir, ser, hacer. Su contraparte, sedentarismo, inmovilidad, no ser. Tal vez estemos de acuerdo con algunos filósofos en el sentido de que no moverse es empezar a dejar de ser.

Nosotros creeemos que la biología tiene un plan secreto para eliminarnos ( y dar cabida a las nuevas generaciones). Nos hace creer que con la ley del menor esfuerzo  nos protegemos acumulando energías para ocasiones especiales. Eso estaría bien para cuando eramos recolectores- cazadores. En la ciudad exageramos esa economía de esfuerzo y resulta al revés. Al sedentarismo pernicioso la medicina ahora le llama "patología de la inmovilidad".

La técnica, insistimos, como toda educación, se aprende o se enseña.
La disposición para ir a las montañas tiene orígenes más profundos. Algunos dicen que es de naturaleza  innata. Este asunto, que  empieza parecer académico, es de simple comprobación casera. Se enfrenta en nuestra propia casa. ¿Por qué dejar la comodidad de la ciudad para ir a emprender fatigosas caminatas y exponerse a la inseguridad de las condiciones atmosféricas?

Es la pregunta que cada día se hace el atleta: ¿Por qué dejar la deliciosa cama al amanecer para meterse en la pista de correr? La respuesta es absolutamente personal. Puede tener origen patológico y deberse a recomendación de la medicina para contrarrestar las peligrosas consecuencias del sobrepeso. O de origen emotivo, para asomarse al increíble mundo bello de la naturaleza. O curiosidad para conocer los propios límites. Como el atleta que quiere hacer menos tiempo que ayer en correr diez kilómetros.

Siempre, durante toda su vida, en cada salida a la montaña, el individuo se enfrenta con estas preguntas: “¿Por qué, para qué? La respuesta, consciente o no, es lo que lo lanzará al mundo de la aventura alpina o lo mantendrá anclado en la ciudad. Cada vez él vencerá la inercia citadina o de lo contrario la ciudad lo conquistará a él.

Una vez que se ha decidido por la acción  encuentra que todo es sencillo, bello y terapéutico: caminar, trotar en el parque de la ciudad. El segundo paso es caminar en la media montaña. Por caminos ya conocidos y que otros nos pueden enseñar o que aparecen en alguna guía de excursionismo. La ciudad es el mundo antropocéntrico por excelencia  pero, ¿qué hay más allá de los semáforos,  los automóviles, los restaurantes, las fábricas, los cines y los hoteles?

 Después nosotros mismos inventaremos nuestros propios itinerarios para descubrir el mundo. ¿Qué importa que ya no queden continentes por descubrir?¡ yo no los conozco! Con el tiempo el bosque borra toda huella, sendero o camino. Y la ladera vuelve a quedar desconocida  para que la descubra la nueva generación de humanos.

Provistos de un plano y de una brújula iremos a cualquier parte. Y, como una vez escribió Thoreau: “A lo mejor hasta tenemos suerte de perdernos por media hora”. Salir de la tienda hacia la oscuridad de la noche, mirar el cielo y, como dice un personaje de F.Scott Firzgerald: " Investigar cuál es la porción del firmamento local que nos corresponde".

Para “agarrar contacto” con el ambiente del montañismo se puede empezar a frecuentar los clubes o grupos alpinos que hay en muchas partes. En México existen Asociaciones en algunos estados de importancia alpina como Hidalgo, Veracruz, Nuevo León, Puebla, etc. Estas a su vez están agrupadas en una Federación que por lo regular tiene su sede en la ciudad de México. O bien buscar alguna escuela de alpinismo. En todos  estos lugares hay siempre buen ambiente.  En la actualidad están las de Carlos Carsolio y la de Actividades Deportivas de la UNAM.


Ilustración tomada del libro: Diccionario de la Montaña (Agustín Faus, editorial Juventud, 1963).

Al rayar el nuevo amanecer en el bosque o al encontrar otra vez la dirección correcta, siempre hay la sensación que este individuo también ha encontrado el secreto de poder vivir en la cómoda y sabrosa ciudad y, a la vez, haberse reintegrado a la naturaleza más allá de la zona habitada.

Sobre todo el alpinismo no es un deporte sino una manera de vivir.Casi todos los escaladores que conocí, y con los que subí montañas, capaces de  evolucionar cual fuego fatuo a traves de las increibles paredes y agujas de roca, nieve y hielo, murieron para el alpinismo cuarenta años antes de morir... Otros siguieron en las montañas

Estos son los que llegaron a la conclusión que el abuelito necesitaría cuidar su salud física veinticinco años de ser padre...

En los primeros cincuenta años de vida del individuo la condición de salud está bien per se, o por sí.En los siguientes cincuenta años es donde la vida nos somete  a la más rigurosa auditoría biológica.Sobre todo en un país como México del que la Organización Mundial de la Salud ,y la Secretaría de Salud propia, han declarado que México es el número uno en el mundo en individuos con sobrepeso corporal y obesidad en mujeres, hombres y niños.Más que en Estados Unidos.

Al ver en cualquier calle de la ciudad personas con el inevitable deterioro geriátrico, signos visibles de la demencia senil y un acusado deterioro en los huesos...Pensamos en automático en que se necesita una vida adulta de calidad.

De ahí la necesidad, tanto estética, terapéutica,como social,de hacer del montañismo un estilo de vida... Dicho en otra palabrases necesario convertir en verbo el nombre de Quetzacoatl: quetzalcoatlizarse.Dejar, cambiar, de piel. Tú te quetzalcoatlizas, ellos se quetzalcoatlizan...

 La  imaginación es un recurso de calidad que puede ayudar al alpinista a sentirse a gusto en su montaña. Y, por extensión,cuando regrese a su vida habitual en la ciudad. El razonamiento es tan real como simple. En nuestra salida a la montaña suelen darse  aprensiones, que son puro producto de nuestra imaginación.
De la misma manera se puede dar la salida con signo positivo. Sólo es cuestión de entrenamiento. Como dice Nietzsche: disciplina del sentimiento.

En un trabajo reciente, Socorro González Cossío,de la Clínica del Trastorno del Sueño, de la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional Autónoma de México, se refirió al potencial que puede tener la imaginación bien encauzada y entrenada: "Se ha comprobado de manera cientifica que la imaginación tiene grandes y significativos efectos en el sistema nervioso,incluso a nivel estructural;la habilidad para imaginar voluntaria y controladamente puede contribuir a la salud psicológica del individuo".(Gaceta UNAM del 28 de febrero de 2011, Pág.12).
 
En México hay 150 mil (ciento cincuenta mil) muertos al año por atropellamiento vehicular al cruzar la calle (datos publicados en los noticieros televisivos del 21 de agosto del 2010) La peligrosidad del alpinismo es algo que sólo  existe en el melodrama de la pantalla del cine. En la vida real hay más peligro en cruzar una calle de la ciudad que en subir montañas (hacer click en video)

 A decir verdad, lo medular de este deporte,más que el bienestar psicofisico al que nos hemos referido ( que no es poca cosa), es la carga estética que hace sentir al individuo  el  contexto de las montañas. En un mundo donde todo se zenoniza, ¿a quién puede importarle ese sentimiento estético? A los montañistas. Ellos nacieron equipados con esa disposición artistica, casi metafísica. 


Ahora tenemos que detenernos para considerar que en la filosofía alpina  hay más preguntas que respuestas.

Después de seguir las indicaciones de la medicina del deporte, y ser disciplinados con el riguroso programa de entrenamientos, hay que cerraron los ojos a todo razonamiento y lanzarse hacia la cumbre, la travesía de la montaña o el cruce del desierto. Igual cierra los ojos  el matador de toros o el militar en el frente de batalla. Si los abre, si razona, perece. Si los cierra tiene más posibilidad de regresar con vida.

La vida misma va en juego y en el valle han quedado los padres o tal vez la esposa y los hijos que esperan y necesitan nuestro regreso. Eso lo sabemos, porque mil veces lo hemos pensado, y, no obstante, cerramos los ojos y nos lanzamos. Algunos regresan al valle y otros ya no. .. ¿Cómo explicar esto? La psicología, ciencia académica reciente, no resiste la tentación de meter baza en el asunto. La filosofía, ciencia tan antigua como el hombre, ha batallado mucho para encontrar la congruencia…

A su  manera, cada generación persigue la inmortalidad (lo que esto significa para cada individuo). Y es a tal punto cierto lo anterior que es un hecho que  en las montañas se muere la gente en el intento de subirla. Si los alpinistas fueran seres racionales,  prácticos, estuvieran dedicados por entero a ganar dinero en el  valle, comodidades y prestigio social o escribiendo sendas obras de  literatura o charlando y tomando una taza de café con una chica.… Pero, en cambio, les da por perseguir sueños de conquistar lo inexplicable. Y es un hecho que en la montaña iguale mueren los reyes y demás de la nobleza, que hombres de ciencia que habitantes de las colonias precaristas.

Hace tres mil años Homero contó la leyenda de Odiseo. Este personaje  durante años, empezando por su participación en la guerra de Troya, persiguió la inmortalidad. Era invencible y famoso y, tan inmortal, que a treinta siglos seguimos recordándolo. Sin embargo, al final del viaje lo único que deseaba, por sobre todas las glorias inmortales, era llevar una vida mortal común. Regresar a Ítaca, a   su hogar, con su mujer y su hijo.

Lo mismo sucedió con Peer Gynt, personaje de Ibsen. Durante cincuenta años persiguió la fantasía y vivió mil aventuras. Por fin un día regresó a su aldea entre los fiordos. Ahí lo esperaba Solveig. ¡Solveg lo esperó medio siglo! Ambos se encuentran y se abrazan. El tiempo había pasado ya para ambos pero aun así se reencontraron y llevaron una vida común.


La pregunta que s e hace todo escalador, o que debería hacerse, es ¿qué es lo que quiere? En ocasiones hay que decidirse por la vida de los inmortales, como Odiseo,  o bien por la vida de los mortales, como Odiseo. Pero no siempre se pueden ambas cosas…

Parece que el ejercicio ideal, el más sabio, en la práctica del alpinismo, es el que reside en el justo medio, lejos por igual de la cortedad como de la temeridad. Tal vez sirva para algo si citamos las palabras  que Ramón Xirau, hablando de la temeridad y su contraparte aristotélica,  escribió en su  Introducción a la historia de la filosofía: “El justo medio no es el acto mediocre entre dos extremos más o menos atractivos. Por el contrario, puede ser y suele ser el acto más difícil. El valor es más difícil que la cobardía o la temeridad”…


Pero escales donde escales recuerda que hay más peligro en cruzar una calle de la ciudad que en las montañas (hacer clik en el video)

Protágoras y Sócrates.

Existía,  hacen ya  veinticinco siglos,  hablando de educación, el dilema  de virtudes innatas o aprendizaje. Protágoras y Sócrates son los que van a intercambiar puntos de vista. El que escribirá más tarde será Platón. La obra se conoce como Protágoras.Nos apoyamos en una edición de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1994.

En nuestros días, de sendos sistemas de aprendizaje, y de insospechados descubrimientos en la genética, el asunto sigue tan caliente  e inacabado como entonces. Pero mucho se ha ganado. Hablando de otros temas, tan polémicos como éste, Schopenhauer dice algo que podemos citar en este lugar: “sirve para rectificar los pensamientos y también lograr nuevos puntos de vista”. 

El asunto de esta obra es la virtud.¿Pero qué tipo de virtud? Protágoras dice que es tener éxito en el mundo. Requiere saber cómo hacerlo. Por lo tanto, la virtud se enseña. Aquí es donde la discusión agarra actualidad. Sócrates asegura que se trata de otro tipo de éxito. Hay fortunas que se amasan explotando al trabajador o bien por medios manifiestamente ilícitos. ¿Es este un triunfador?

Si la virtud se enseña, pregunta Sócrates, ¿por qué Percicles no pudo transmitir a sus hijos, por medio de la enseñanza, su brillantez en materia de política? Agrega que es la disposición de ánimo para hacer las cosas la que da la pauta para la excelencia y no la enseñanza. Es un don que se trae. Protágoras insiste en que se enseña. Pedagogía y determinismo se enfrentan.


Ofrecemos las dos tesis que contiene esta obra.
Protágoras dice (en la introducción Ute Schmidt Osmanczik sintetiza): La virtud es enseñable, lo cual se confirma plenamente durante el proceso de socialización: la educación moral y cívica de los niños principia desde que son pequeños y se prolonga hasta le edad adulta, lo que no se haría si no se creyese que la virtud es enseñable. (Ahora habla Protágoras): Desde que los niños son pequeños y mientras viven, les enseñan y los amonestan. Tan pronto alguno comprende lo que se le dice, la nana, la madre, el pedagogo y el padre mismo se esfuerzan para que el niño sea lo mejor posible, enseñándole y mostrándole en cada acto y discurso que eso es justo y esto injusto, esto bello y esto feo, esto pío y esto impío. Pero si no, tratan de enderezarlo-como a un árbol torcido y doblado- con amenazas y golpes. Después de eso los mandan con los maestros…


Sócrates responde (escribe Platón): 
Nuestros ciudadanos más sabios y nobles no son capaces de transmitir a otros la virtud que ellos poseen; pues Pericles, el padre de estos jóvenes aquí presentes, los educó perfectamente en todo lo que depende de maestros, pero en lo que él mismo es sabio, ni él mismo los educa ni los entrega a algún otro…Este mismo hombre, Pericles, cuando era tutor de Clinias,  el hermano menor de Alcibíades aquí presente, temeroso de que por Alcibíades aquel fuera corrompido, lo separó de él y lo educó en casa de Arifrón; y antes de que  hubieran pasado seis meses, éste se lo regresó, no sabiendo qué hacer con él. Y puedo mencionarte machismos otros que, siendo ellos mismos buenos, nunca han hecho mejor a otro, ni a un familiar, ni a otro.

En realidad Sócrates quiere ir más allá de esta polémica: robar  a los dioses la facultad de señalar sólo a algunos  y poner la enseñanza en manos de los maestros para que la impartan  a todos en las aulas. De esta manera el innatismo se volverá enseñanza. Mientras eso no ocurra, hay que enseñar castigando. No como venganza sino como aprendizaje. Con el castigo de los presentes aprenderán los que están por llegar.  Aunque habrá otros, como  dice Schopenhauer, que “ya nacieron con su bolsa de veneno y no pueden cambiar”. Con lo que volvemos a encontrar el innatismo.
En tanto  no  logre robar el secreto a los dioses, Sócrates se pregunta: ¿Por qué hay tantos hijos malos de padres buenos?

Virgilio en la Eneida


La Eneida es una de esas obras de la literatura que todos saben de su existencia pero que pocos conocen. Las escuelas les dejan hacer un resumen para mañana, se consulta la cuarta de forros y en el resto de sus vidas la gente no quiere saber nada de estas obras.

 René Acuña, autor de una culta introducción a la edición que hace de esta obra la Universidad Nacional Autónoma de México (1981) anota: “la Eneida ha celado su identidad del ojo de los curiosos”.

Virgilio
La Eneida no es un antiquísimo relato de los orígenes del pueblo romano perdido entre el polvo eterno  de los anaqueles de las bibliotecas publica y particular. Es la historia recurrente, al infinito, de los pueblos del mundo, llámense como se llamen, tengan el color que tengan y vivan en el continente que vivan.Es la vieja película de los trasterrados, vagando en busca de asilo y, una vez establecidos, expulsor de pueblos.

Por ejemplo,guardan mucha semejanza el pueblo troyano y el pueblo azteca. Un remoto esplendor, la hecatombe, el peregrinar hacia tierras desconocidas (en México se le conoce como “la Tira de la Peregrinación”), el éxodo a través de desiertos,  persiguiendo la utopía a través de llanuras y montañas, comiendo alimañas, haciendo guerreras contra los dueños de esas tierras, sometidos como  esclavos, otra vez el esplendor, otra vez depredadores  y otra vez la caída. No es otra la historia de la humanidad. Eso es lo que nos dice La Eneida. Troya incendiada, el éxodo, el gran imperio romano y…

Su autor, Publio Virgilio Marón, nació el año 70 a C, no lejos de Mantua, en un lugar llamado Andes. Eneas, el héroe de este relato, es hijo del humano Anquises y de la diosa Venus. Virgilio dice que Eneas es hermano de Héctor, el que murió en la defensa de Troya.

Los troyanos luego de la destrucción de su ciudad, según cuenta Homero, emprenden la marcha hacia occidente guiados por Eneas, Anquises y Turno. Por fin un día exclaman: “En la lejanía columbramos la masa oscura de los montes y planicies de Italia”.Hacen la guerra y llegarán a un acuerdo con los etruscos y demás etnias de esas tierras.

Junto con los etruscos, asentados desde hace siglos en la península itálica, serán  los fundadores de lo que  conocemos como el imperio romano. Llegan a un lugar donde observan: “ En él figuraba, tendida en la cueva de Marte, llena de verde  sombra, la loba parida, y en derredor de sus tetas, jugando y suspendidos, los mellizos mamando sin temor, y ella, vuelta a ellos la achatada cabeza, lamía ahora al uno, ahora al otro, preformando sus cuerpos con la lengua”.

Algunos reyes romanos fueron de origen etrusco. Y la manera de vivir de los etruscos es semejante a lo que sabemos de los romanos, en la guerra, en la familia, en el arte y en la vida sexual y báquica. A tal punto que los troyanos de Eneas van a absorber a Etruria y a la vez los etruscos marcarán en mucho el estilo de lo que sería el imperio romano.

Pero no es sólo  la fundición de los dos pueblos. Es inmenso el aporte que La Eneida hace a la cultura. San Agustín, casi cuatro siglos más tarde,  considera una fortuna leer a Virgilio. Por esto y otros aspectos, Virgilio, “poeta procedente del paganismo”, será respetado y frecuentado durante toda la edad media por la Iglesia.

Por otra parte, La Eneida va a impactar de tal manera a Dante, muchos siglos después, debido a que Virgilio prefigura lo que conocemos como La Divina Comedia, en la que, se recordará,  Virgilio es el guía de Dante en su incursión a la gruta por donde ambos se introducen al Infierno…

En el libro VI el poeta relata que,  al llegar a tierras itálicas, en la costa de Cumas, los enéadas exploran el territorio  y Eneas se encamina a la gruta de la Sibila. Ahí empieza toda una fantástica narración que es el encuentro con individuos que ya no están en este planeta…Caronte el barquero, el alma del insepulto Palinuro, los condenados a muerte injusta, etc.

Su asunto y la prosa de Virgilio son de tal calidad literaria, histórica y filosófica, que no leer La Eneida, disfrutando su lectura, es tan grave como desconocer el Popol Vugh, el Nuevo Testamento, el Quijote o Una excursión a los indios ranqueles...



La Eneida   fue escrita por encargo del emperador Augusto, con el fin de glorificar, atribuyendo un origen mítico, al Imperio que con él se iniciaba. Con este fin, Virgilio elabora una reescritura, más que una continuación, de los poemas homéricos, tomando como punto de partida la guerra de Troya y su destrucción, y colocando la fundación de Roma como un acontecimiento ocurrido a la manera de los legendarios mitos griegos.

Estamos aquí con un panorama fascinante histórico-mítico-literario.

Eneas escapa de la destrucción de Troya y se dirige hacia la Península italiana con la idea de hacerse fuerte y regresar por la   revancha  contra los griegos. Lo jura ante  sus dioses troyanos. Pero no puede dirigirse a ningún puerto de Sicilia ni de la "bota" debido a que desde tiempo los griegos han establecido colonias en esa parte sur de la Península.

Va a dar a Cartago, enemiga de Roma, por la costa  africana con la idea de lograr alguna alianza con los cartaginenses. Permanece algún tiempo en Cartago. Surge un idilio entre Eneas y la reina de Cartago, Dido. Pero Eneas debe cumplir su promesa  hecha a los dioses troyanos y parte hacia la Península. De decepción la reina Dido se suicida. Hasta aquí el dato histórico. Algo de esto se puede encontrar en la interesante,   obra de R.H. Barrow, Los romanos, Fondo de Cultura Económica, México,2014.

 El que conoce la no menos fascinante novela de Flaubert, Salambó, encontrará mucha semejanza con el dato histórico. Amílcar Barca, los mercenarios al servicio de Cartago y después, cuando ya no hay paga, esto se vuelven contra Cartago, el final de la gran sacerdotisa Salambó, etc. El mismo Flaubert escribió que para escribir su novela fue a Cartago, ahora Túnez, y se documentó leyendo trabajos de arqueología y de historia.


























ROBINSON CRUSOE Y Daniel Defoe

28 años con 2 meses y 19 días estuvo Robinson Crusoe viviendo el la Isla de la Desesperación. Hasta ahí fue arrojado por una tormenta en alta mar que estrelló el barco en el que viajaba y acabó desbaratándose en los arrecifes.

 Daniel Defoe

Murieron todos sus compañeros de viaje y quedó solo. A la isla  había llegado de manera involuntaria el 30 de septiembre de 1659.Al menos 20 años se la pasó sin poder hablar con algún humano. En la desesperación, al cabo de ese tiempo, domesticó a un loro y le enseñó a decir su nombre.



Varias veces tuvo que jugarse la vida luchando contra los salvajes que solían llegar de otra isla,  a practicar el canibalismo. En una de esas, un día viernes,  logró rescatar a un caníbal que iba a ser devorado por otros caníbales enemigos. Le puso por nombre “Viernes”. Por fin tuvo con quien platicar. Le enseño a hablar el ingles, le leía la Biblia y lo instruyó en el manejo de las armas de fuego que había rescatado del naufragio. Lo hizo porque tenía la necesidad de compañía. ¡Pero sobre todo para contar con un criado a quien poder ordenar!

      La gran lección que aprende es lo vital que resulta poder comunicarse con otros. También que, si la humanidad volviera a empezar, recorrería el mismo camino que nos relata la antropología: descubrir y hacer el fuego, buscaría la cueva para protegerse de los peligros naturales, mataría animales para comer y vestiría con sus pieles e inventaría herramientas.

Descubriría la agricultura y el pastoreo, incursionaría en los terrenos de la filosofía. En los momentos de enfermedad dirigiría los ojos al cielo y pediría a alguien que le ayudara. Puesto en la disyuntiva, mataría a otros para sobrevivir. Volvería al canibalismo ritual De la misma manera volvería a surcar los mares para ir a África y, sin siquiera manifestar el menor escrúpulo, comprar negros como esclavos para que trabajaran sus tierra en Brasil. Escribiría otra vez la Biblia y la leería a diario, al caer la tarde, todo lleno de recogimiento y espiritualidad.

 Con casi treinta años de soledad y deseoso de poder reintegrarse al mundo de la gente, escogería otra vez a Inglaterra para vivir, pese a que apenas la conocía, y rechazaría Brasil, país con el que estaba familiarizado y tenía ahí sus tierras y su fortuna, ¡porque este país es católico y el otro protestante! Remontaría con esfuerzos físicos y gran  voluntad, la enorme cuesta de cubrir e inventar la tecnología.

"Si se hundiera nuestra civilización construiríamos otra", escribió Alexis Carrel en La incognita del hombre, en el primer tercio del siglo veinte.

Sobre este personaje se han imaginado incontables metáforas. Una de ellas es la inmensa soledad que vive el hombre moderno en medio de la multitud. Y su proverbial incapacidad para comunicarse cara a cara. Con vehemencia busca a sus semejantes a través de los medios, la televisión, la computadora o la telefonía celular, pero cara a cara no tarda  en entrar en conflicto con ellos.

Robinson Crusoe es un personaje inventado por el escritor Daniel Defoe. Se le ocurrió la idea al conocer el relato sobre un hecho real. Un marinero llamado Alejandro Selkrik, piloto del galeón “Cinque Ports”, zarpó de Inglaterra en mayo de 1703. Durante la travesía tuvo dificultades con el capitán del barco, a tal grado que pidió que lo dejara en una isla. Esta isla se llamaba “Más a Tierra” (ahora “Robinson Crusoe”). Se encuentra en el archipiélago de Juan Fernández, situado a unos 670 kilómetros de la costa chilena.

Permaneció en ella 4 años y medio, hasta que fue rescatado por el Duke, navío comandado por el capitán Wooden Rogers. Estos tripulantes fueron los primeros que escucharon la historia del solitario. Al regreso a Inglaterra el capitán escribió y publicó un relato sobre las aventuras de Selkrik. Lo mismo harían el oficial del Duke y un periodista de Inglaterra.  Así llegó el asunto a oídos de David Defoe que consideró que el relato daba para más y 4 años después publicaba la novela Robinson Crusoe. Tal cosa se le facilitó porque él mismo era un tipo aventurero que estaba familiarizado con la vida del mar.





Las actividades políticas de Defoe junto con su activismo panfletista conllevaron su arresto y su exposición a la picota el 31 de julio de 1703, debido principalmente a un panfleto titulado "El Camino más corto con los Disidentes" (en inglés The Shortest Way with Dissenters). En este panfleto parodiaba a los Tories de la Iglesia, aparentando la argumentación sobre el exterminio de los "disidentes". La publicación de su poema "Himno a la Picota" (en inglés Hymn to the Pillory), provocó, sin embargo, que el público congregado alrededor de la propia picota le lanzara flores en lugar de objetos dañinos y nocivos, y que bebiera a su salud.
Después de tres días en la picota, Defoe fue encarcelado en la prisión de Newgate. Robert Harley, primer conde de Oxford y Mortimer, facilitó su salida a cambio de la cooperación de Defoe como agente de inteligencia. Instaló su periódica "revisión acerca de los asuntos de Francia" (en inglés A Review of the Affairs of France) en 1704, ayudando al ministerio de Harley. Esta revisión se realizó sin interrupciones hasta 1713. Cuando Harley perdió poder en 1708, Defoe continuó escribiendo para apoyar a Godolphin, para luego volver a apoyar a Harley y a los Tories durante el periodo de gobierno de los Tories que tuvo lugar entre 1710 y 1714. Tras la muerte de la reina Ana, los Tories cayeron del poder y Defoe continuó realizando trabajos para el servicio de inteligencia del gobierno de los Whig.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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