WAHL, EL MUNDO INTELECTUAL JUEGA GOTCHA


 

Estar en el mundo es convivir, desde mi yo, con las situaciones y la cosas que hay  dondequiera.

Pero convivir demasiado con ese mundo es olvidarse de sí mismo. Se va diluyendo la personalidad propia hasta llegar a ser como nadie en particular. 

La persona que se pasa la vida señalando a los otros ha dejado de ser ella para fundirse en la maraña patológica.

Los otros, los poetas, filósofos y novelistas, se afanan por subir el mundo a su nivel, sin que esto tenga alguna relación con castas sociales, status, creencias de exclusividad religiosas o políticas.

En otras palabras, el cizañoso hizo todo lo posible para bajar el mundo a su nivel.

Las noticias fatales que vemos, y leemos, en los medios, no son nefastas por sí, en relación de su efecto con la población, son parte de la vida, es el reporte de algo que sucedió con independencia de  esos medios que dan la noticia. Llevar la nota a la redacción es su chamba.

Lo reprobable de los noticieros es que no hay balance en la información. El negocio privilegia lo patológico. O cinco notas “blancas” por noventa y cinco “rojas”. En esas proporciones no se puede hablar de información dialéctica.

Es difícil imaginar “la cabeza” de la primera plana, de los diarios, con la  consideración del psiquiatra  que habla de la ansiedad. O de la nutrióloga explicando el plato inteligente. O el médico que alerta contra el abuso en la ingesta del azúcar y de la sal. ¿A quién le importa eso?

La editorial, o el canal televisivo, cerrarían al día siguiente de no vender malas noticias. Los comentaristas y críticos profesionales quedarían pronto sin chamba.

Eso, que es vital para la población, no vende. No vende porque estamos condicionados para comprar malas noticias.

Todo ese ruido (en cuanto que no hay balance que pueda llamarse dialéctico)no contribuye  a que seamos mejores como personas.

Pero lo mismo sucede (que no seamos mejores como personas) si sólo vivimos en un mundo de riquezas artísticas o intelectuales.

O religiosas. No se trata de sólo rezar y rezar todo el día y todos los días, y  leer la Biblia, obsesivamente, escuchamos decir al sacerdote católico. Más bien se trata de darle contenido al rezo.

Y Wahl anota para lo laico: “si se toma por meta el integrarse en las obras de otros, en la contemplación de obras de arte, puede la excesiva riqueza, adquirida por semejantes medios, tener por consecuencia el nulificar en ciertos sentido la personalidad.”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988.

“En cierto sentido”, dice Wahl, porque es consciente que cada quien es como es y más bien escoge (en cuanto tiene la libertad de hacerlo) la actividad que corresponde a su personalidad.

Lo que no quita que el cizañoso se pierda, por decisión propia,  en el mar de la cizaña.

Ascender de lo sensible a lo inteligible o, en otra palabras, encontrar la manera de poder explicar lo inmaterial espiritual desde lo material. Es el afán filosófico desde los Presocráticos hasta nuestros días.

Para Wahl eso ya tuvo lugar con el cristianismo, pero a la inversa. Antes que el humano encontrara la manera de abrir la puerta de lo inefable, el cielo vino a la tierra:

“En el cristianismo se concibió al hombre por primera vez como una unión de lo finito y lo infinito puesto que el Hijo del Hombre, esto es, un hombre, es una encarnación de lo infinito en lo finito.”

No obstante, muchos seguimos buscando, desde el filosófico laico, cómo trascender lo material.

Vinimos con la experiencia desde el pasado y esperamos la vida del futuro. Pero aquel ya se fue y este quién sabe si llegue a darse. Este día, con sus altas y sus bajas, es por lo que podemos afirmar la existencia:

“La existencia,…Existe más bien en los actos con que el ser existente se destruye y se construye a sí mismo. La existencia es  siempre su propia destrucción y su propia construcción.”

Es un ciclo alterno en lo laico, a semejanza del sacramento de la reconciliación en la Iglesia católica. La caída del pecado y la restauración de la gracia por medio del perdón.

Pero no es apertura del cristianismo, ya desde Plotino se encuentra esta idea de la caída y  la reconstrucción. Plotino, pagano, vivió ya en los tiempos del cristianismo, pero toda la dinámica del Olimpo respalda a Plotino.

Los dioses de la Hélade aporreaban al humano y otros dioses lo levantaban.

Con esa dinámica presente de la Helade, Virgilio escribió que la cizañosa Juno golpeaba duro a Eneas pero su madre Venus se apresuraba a socorrerlo.

El caso es que, tanto en lo religioso como en el terreno del laicismo, ya no es sólo existencia sino que ahora la existencia tenga esencia.

Algún día  alguien  escribirá por qué, teniendo tanta semejanza el pensamiento laico con el religioso ( de hecho son los mismos temas y se buscan las misma metas y lo que difiere es el lenguaje o modo de decir las cosas o los temas), dentro de la cultura occidental, se levantan tantas irreconciliables barricadas uno frente al otro. Es como un juego de niños grandes que juegan al gotcha.

Llevan 25 siglos gotcheando

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich, 1968
 Si cada tercer día la población mundial se duplica, es un desperdicio de recursos de todo género estar gotcheandose entre sí y no trabajar todos por civilizar al neandertal.

¡Que la existencia tenga esencia! Y mucho de esto le corresponde al filósofo.

El medico dentista cura al margen que el enfermo profese algún credo religioso o político.

Así dice Wahl que tendría que ser el filósofo. Para ello no debe apartarse mucho del ruido de la calle. O acabará hablando y escribiendo sólo para el auditorio lleno de filósofos.

Apartado de la plaza popular que es la que necesita su apoyo ¡y con urgencia cada tercer día más y más!:

Wahl: “La tarea del filósofo es más bien permanecer tan cerca como sea posible de la existencia, independientemente de consideraciones religiosas y no religiosas.”

Insiste:

“Sólo hay existencia si hay contenido de la existencia.”

Wahl
“Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

WAHL, LA CULTURA DE LA CUAL FORMO PARTE


 

“El espíritu, y mis particulares sentimientos, están en relación con la cultura de la cual formo parte, con los libros que he leído…” J.W.

Ser o no ser, dice el Hamlet de Shakespeare.

Es un bello pensamiento que nos ha cautivado por generaciones.

Pero es inconsistente. Es sólo  la mitad de la dicotomía, por decirlo así. Se es con relación a no ser. O no ser con relación a ser.

La filosofía busca  la unidad de la dicotomía a través  de intercalar el fonema consonante  y, una conjunción copulativa: ser y no ser.

Pero sobre todo prefiere la fórmula No, No-Ser y No-Ser.

¿El ser existe, y no existe?, es el tema que ha ocupado la mente de los filósofos.

Cada pensador en lo particular tiene su modo de ver el asunto. Pero, además, dice Wahl, el propio Ser hace lo suyo para que no se le encuentre tan fácilmente. Hace como que aparece y como que se vela, es  decir, se esconde.

Una de las  explicaciones teológicas es que si conociéramos, directamente, fenomenológicamente,  a Dios, quedaríamos convertidos en unos robots, sin voluntad, por lo inefable de su amor. De ahí que tengamos el gran recurso del escepticismo.

Antes de declararse cristiano  San Agustín se preguntó durante veinte  años: ¿será y no será?

Es una manera de decir porque el cristianismo enseña también que aun en el cielo hay libertad de decisión, por eso hay ángeles y demonios.

Jesús lo dice de una forma un tanto velada: “El que me conoce, conoce a mi padre”

La filosofía, en cambio, lo  explica como dice Wahl: “La vida del espíritu consiste en poner el Ser, luego en destruirlo, luego en reconstruirlo. Ponemos un absoluto, luego lo volvemos relativo, luego negamos su relatividad…El Ser no es nunca por completo trasparente para el conocimiento, en cierto sentido resiste al conocimiento”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988, cap. III.

Hay una idea, entre tantas, de “descubrir” la presencia del Ser, se dice, y es por la resistencia que encontramos en él.

Una analogía es no creer en la gravedad atmosférica. A simple vista no se ve por ningún lado, pero, ningún escalador, al menos, se atrevería  a negarla.

Wahl: “El Ser se manifiesta por la resistencia que nos opone. Esto es verdad incluso en el reino de lo intelectual, donde algo que es, es algo que no puedo hacer lo que quiero, algo que no puedo cambiar a mi arbitrio.” Como decían los viejos filosofos, es en sí.

Otro forcejeo de los filósofos es meter al Ser dentro del tiempo y del espacio o, bien, dejarlo fuera del tiempo. Es el conocido asunto dialéctico de fenomenólogos y realistas.

Bergson funde las dos teorías y concibe el Ser como perpetuo cambio, que él llama duración.

Olín teotihuacano
Lo anterior está relacionado con la representación. ¿Cómo representar algo que está fuera del tiempo? Los teotihuacanos lo lograron acotándolo. Un espacio vacío delimitado, que en náhuatl se llama olin = movimiento.


¿Cómo hacer ante algo (y a la vez nada) que se hace presente y se niega? No queda más que seguir leyendo e investigando. Quizá eso tenga un valor inapreciable. En alpinismo no importa tanto la cumbre sino el esfuerzo que se hace para llegar a ella.

John Steinbeck soñaba encontrara escobas en el cielo para pasar el tiempo limpiando las telarañas. Si ya había hecho lo necesario, para llegar al cielo, todo lo demás estaría por sí. En sí y por sí, diría Kant.

Leer, informarse y vivirla. ¿De qué serviría recitar de memoria la Biblia sino se practica su mensaje? 

Es lo mismo para otras áreas del vivir humano. Ejemplo: para mejor entender la convivencia entre lo humano y lo digital de nuestro siglo veintiuno, y no caer en el abuso de aplicaciones  y redes sociales, los académicos universitarios recomiendan leer e informarse.

 (Academia, Gaceta UNAM,1 de agosto de 2016).

Wahl expresa en un solo párrafo toda la complejidad para entender o concebir el Ser y tales son las etapas de aceptación, trasformación y hasta negación.

Todo se representa, sino con ideograma con gramática. No representar el Ser, o como expresa la filosofía, No-Ser, es acercarse demasiado a lo vacuo:

“Debemos tomar en cuenta a aquellos que han negado el Ser, sea en el sentido de Protágoras y Nietzsche, reemplazando el Ser por el universal Devenir o, en el sentido de la República de Platón, y de la teología negativa, sustituyendo el Ser con algo inefable, que tiene tal plenitud de Ser, que no puede expresarse y se acerca al No-Ser.”

WAHL
“Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

WAHL, TESTIGO DE EROSIÓN


 

Lo permanente y el cambio componen la dicotomía que Wahl estudia con el nombre de sustancia:

El Peñón Martínez, a los 6 mil metros de altitud, en la ladera oeste del Aconcagua, Argentina, cordillera central de los Andes, es un testigo que  en su derredor todo cambia, se erosiona.

Desarrollar (en libertad y salud corporal) , nuestra potencialidad existencial durante el día y el balance al atardecer nos dirá que así somos. Es decir, si la jornada tuvo calidad, sustancia, o sólo nos levantamos para dejar pasar el tiempo.

“El pensamiento del Ser es lo mismo que el Ser” decía Parménides.

En Walden Thoreau trina contra la religión del progreso (puramente materialista) que mejora nuestras casas pero no mejora, con programas de la enseñanza pública de calidad, a quienes las habitan.

 “Cuando pensamos en la sustancia, tenemos la idea de algo permanente por debajo del cambio, de una unidad por detrás de la multiplicidad.”

El problema de la sustancia lo vamos a considerar desde la realidad de nuestro subjetivismo.

Es el caso de la montaña vista por un alpinista, que será accesible, difícil o imposible de subir, según el individuo la vea, lo que no vale como criterio universal  para los otros. 

Wahl: “Para un físico no se presenta la cuestión de la sustancia en la misma forma  que para quien se queda en el plano del sentido común, o para quien retorne  a una manera  de ver más concreta  que la del sentido común.”

Definir la sustancia es más accesible si recurrimos a los que niegan la existencia de la sustancia como algo infinito y para ellos, en cambio, todo  es finito.

Bajado el asunto a nuestra vida diaria sería una comida que no tiene sustancia, que carece de la  calidad alimenticia que nos sugiere el “plato inteligente”: balance en verduras, frutas, carbohidratos, poca carne.

Sin hacer caso compro para el desayuno una “guajolota” (comida popular en la Ciudad de México)  que consiste en un tamal dentro de un pan blanco (hecho con harina huera) y un vaso de atole: ¡carbohidratos + carbohidratos+ carbohidratos!

Otra dicotomía sería una charla banal, un programa de entretenimiento, igualmente huero,  que son tan comunes en los canales televisivos, en contraste con el desarrollo de algún tema  formal, para decirlo de alguna manera, en uno de esos mismos canales televisivos.

Los filósofos lo refieren, para afirmar la sustancia o para negarla, como infinito y finito. Lo que permanece y lo circunstancial.

No es un juego ocioso de intelectuales mercenarios  este asunto de la o las sustancias.

La sociedad tiene, o debería tener, su gran interés en este asunto de la sustancia. Un individuo que no ha puesto en claro su identidad poco responsable es ante el grupo.

Wahl: “La sociedad nos quiere conscientes de nuestra identidad, de suerte que podamos ser conscientes de nuestra responsabilidad.”

De donde se pasa a considerar que lo atómico, lo material, está siempre en el cambio, como dice Demócrito. Lo permanente radica en lo inmaterial, como las Ideas de Platón, en lo espiritual que sería la monada, Dios, de Plotino.

Como se dice que un predicado es inherente a un sujeto, tendríamos como sustancias la belleza, la bondad, el amor… Para Sócrates los predicados son el Sujeto.

Es una larga y complicada historia esto de la sustancia finita y la sustancia infinita. La materialidad y la espiritualidad.

Unos aceptan dialécticamente ambas sustancias,  lo que sería de naturaleza universal, o al menos democrática. En cambio otros sólo se quedan con la finita, tal es el caso de Nietzsche, de Schopenhauer...

Un ejemplo de la diversidad de pareceres lo ofrece  Wahl:

“Nietzsche y los pragmatistas y los positivistas lógicos niegan la idea de sustancia…Fichte, Schelling y Hegel reinstalaron la idea de sustancia. Hegel hizo de la sustancia el sujeto y trató de unificar la manera de ver de Fichte y de Schelling. Y cuando Kant pasa a la razón práctica restaura las tesis clásicas de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma.”
Dibujo tomado de El País
17 de junio de 2017

Como una (deseable) contradicción, es decir, como una rica posición dialéctica, parece que vivimos todos los días en la dicotomía de las cosas finitas, lo práctico, lo material, y también con pensamientos en lo permanente que puede oscilar en cuestiones filosóficas o espirituales.

Coincide con lo que San Agustín decía, y lo decía como parte de su biografía, que nadie, en sus cabales, es espiritual de tiempo completo y nadie es siempre de pensamiento laico.

Como sea, el mundo lo vemos desde nuestro particular modo de ser. “Nos proyectamos a nosotros mismos en las cosas” De ahí que unos digan: “En esta vida sólo estamos de paso” y el Otro: “Aquí se acaba todo.”

Que cada quien compre el boleto que más le guste

Este oscilar constante de la razón hacia lo subjetivo, dentro de un mismo individuo y dentro del mismo día, al que se refiere San Agustín, Wahl lo dice:

“Hay un movimiento dialectico del espíritu, un constante pasar de las propiedades  a la sustancia y de la sustancia a las propiedades que une y separa  la una y a las otras sin cesar.”

Whal
 “Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

J.WAHL, LA FILOSOFÍA NO AVANZA


 

Leemos un libro tres o más veces y cada vez descubrimos algo nuevo en él. Nos regresamos avanzando hacia el pretérito. No desde el pretérito sino hacia el pretérito.

Encontramos siempre algo nuevo lo cual significa mayor comprensión del tema con respecto a las anteriores lecturas.

O leemos todo el libro y algún tiempo después lo volvemos a empezar, a sabiendas de lo que dice pero ahora para deleitarnos. El Quijote de Cervantes, por ejemplo,  Salambó de Flaubert, Lo que el viento, se llevó Mitchell,  La ruta del Dr. Shannon, de Cronin,  Historia de dos ciudades, de Dickens,  el Gran Gatsby, de Fitzgerald, Los miserables de Víctor Hugo, Fausto, de Goethe…La trama, el estilo del autor, el contexto de la época…

En filosofía parece que todo se superó con Platón. Tradición es lo estable y falta distinguir lo inestable. Wahl dice que en filosofía (pareciera) no hay progreso. Y, a la vez “en otro sentido hay progreso, puesto que esta profundización del pasado depende de una visión  más ancha y de una comunión más real con el universo.”

Jean Wahl El camino del filósofo, Fondo de Cultura Económica,. México,1988
Santayana
 

Sabemos que toda revolución es con relación a un orden establecido. De ahí que primero es necesario conocer ese orden establecido.

 En filosofía se llama tradición. Los heterodoxos genuinos se llaman tal porque conocen la ortodoxia. El heterodoxo, el revolucionario, que no conoce la tradición puede estar jugando a dar opiniones, no argumentos.

El universo está lleno de opiniones a botepronto, de la calle y las pantallas, que nos condicionan desde niños y a la vez, sin ser conscientes de ello, somos esparcidores de opiniones, también  a botepronto.

Nuestro pensamiento está condicionado para  vivir de manera permanente en las elecciones próximas de los partidos políticos. Siempre hay  unas elecciones en el horizonte, cercanas o a mediano plazo, y los partidos, mediante  los medios de información masiva, se encargan de que no nos olvidemos de ello.

¡Y como este ruido, la ciudad está lleno de otros muchos  ruidos!

Quizá queden por ahí, en algún lugar ignoto, espíritus que busquen otra cosa. Esos solitarios que no se han dejado hipostasiar por las opiniones de los “suplementos culturales,” sino de todos, sí de varios diarios, para ellos  Wahl escribió:

 “el paso de nuestro espíritu por las grandes filosofías nos traerá siempre una ganancia inestimable. Debemos familiarizarnos con ellas y atesorarlas en nuestra memoria. No debemos olvidarlas. Ni siquiera Platón está tan lejos de algunas teorías muy modernas, como se ha mostrado recientemente más de una vez…Hay una tradición filosófica, y si no conoce esta tradición, no puede entender la revolución.”
Dibujo tomado del diario El País,
17 de junio de 2017

Una película tiene su principio y su fin, lo mismo que en una novela. Lo mismo que en la Biblia donde todo ya está dicho y sólo hace falta ponerlo en práctica. O como en el Baldor de matemáticas.

En filosofía no es así. Se debe al pensamiento nunca terminado que siempre está haciéndose y rehaciéndose. Vale decir, autorectificandose. Varios pensadores rehacen sus escritos de juventud, como Schopenhauer, Leibniz, Santa Tersa de Ávila…

Wahl: “Platón  no será jamás sobrepasado. Pero hay cambios de perspectiva, maneras particulares de ver en el fondo de los problemas eternos en un momento dado, y hay una especie de movimiento.”

El otro modo por lo que parece que la filosofía no avanza se debe a que espera superar su propia marca y explicar lo intemporal desde lo temporal.

¡Las mónadas desde el materialismo!

Y, en el supuesto que los filósofos del siglo catorce, o los del dieciocho, hubieran alcanzado la verdad, lo que esto signifique, los del diecinueve seguramente también quieren “meter su cuchara” en el mismo  asunto. Entonces, diría Cole Porter, todo vuelve a empezar.

Wahl: “Cada periodo del pensamiento humano tienen su propia interpretación de los grandes filósofos.”
Diógenes

Y aun podemos citar otro argumento por qué parece que la filosofía no avanza. Este es de Jasper. Dice que la ciencia busca aprehender la cosa concreta. La filosofía, en cambio, se empeña en aprehender lo inasible. ¡Las mónadas!

De ahí que la ciencia haya avanzado enormemente en tanto que la filosofía parece haber topado con la muralla infranqueable. En la ciencia se habla de definitivo aunque ese definitivo valga por un día.

En filosofía no hay acuerdo en haber llegado a algo definitivo: “Mientras que las ciencias han logrado en los respectivos dominios conocimientos imperiosamente ciertos y universalmente aceptados, nada semejante ha alcanzado la filosofía a pesar de esfuerzos sostenidos durante milenios. No hay que negarlo: en filosofía no hay unanimidad ninguna acerca de lo  conocido definitivamente.”

“Karl Jasper, La filosofía, Fondo de cultura Económica, México, 1996.

Parece que ahora resulta más accesible cuando Wahl dice que la filosofía no avanza:

 “en la filosofía no hay progreso, pareciendo el pasado cada vez más profundo a medida que vamos hacia el futuro.”

WAHL
“Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”WIKIPEDIA

EHECATL, CINCO SIGLOS DESPUÉS


 

“El oro vale según quien lo encuentra”, dijo Jack Reacher en la película del mismo nombre.

En la primera semana del mes de junio de 2017 se dio la noticia, en los medios, del descubrimiento de la pirámide de Ehecatl-Quetzalcóatl, dios del viento, cultura náhuatl, en el “Zócalo” de la Ciudad de México.

El viento espiritual que mueve, para bien, la conciencia de los humanos. El que movió a los dioses teotihuacanos, estáticos recién emergidos de la hoguera purificadora. El que mueve las nubes y lleva el agua para que los campos den sus frutos.

Fray Bernardino de Sahagún se refiere a este dios como que también era hombre. No se crea  que es al modo de Jesucristo que, de dios, se hizo hombre. En este caso hubo un rey, de Tula, que también se llamó Quetzalcóatl.

 Con frecuencia el rey,  o los grandes sacerdotes, se sobreponían el nombre del dios al que servían.

“Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por esto decían que Quetzalcóatl dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a llover.”

Fray Bernardino de Sahagún se refiere a esta pirámide:

“El décimo quinto se llamaba Quauhxicalco. Este edificio era un cu  pequeño redondo, de anchura de tres brazas o cerca, de altura de braza y media; no tenía cobertura ninguna; en este incensaba el sátrapa de Titlacauan (Tezcatlipoca) cada día hacia las cuatro partes del mundo.”

El recinto de Templo Mayor.
La letra A indica la ubicación de la pirámide de Ehecatl
(maqueta del MNA)
 

Para muchos, muchos, mexicanos, tal hallazgo seguramente no dice algo. Es una de las tragedias de nuestros sistemas pedagógicos de la educación pública. ¿Cómo querer, o respetar, a México, sino se le conoce?

Dos acontecimientos, de mucho valor, para los mexicanos, quedaron del desastre de la conquista española del siglo dieciséis.

1) La cultura occidental

2) Fray Bernardino de Sahagún.

Llegó,  a los pueblos indoamericanos, la gran cultura grecorromana, con sus aportes de filosofía griega de los tiempos de Platón, y el Derecho Romano. Y esa misma cultura grecorromana, pagana, pero ya con el aporte del cristianismo romano. Dos grandes etapas de la historia cultural europea y ya fundidas en una.

Merced a la expansión del Imperio Romano, hacia la península ibérica, el pueblo español formó parte de aquella gran cultura. Como conquistados, o bien de muchas otras maneras, fueron los ibéricos entrando a Roma.

Como ahora los mexicanos nos vamos para Estados Unidos y algunos llegan a desempeñar cargos de la administración estatal o federal de aquel país.

Así, algunos emperadores romanos tuvieron sus raíces étnicas ibéricas,  como también  hombres prominentes en el plan intelectual, como Séneca.

Así que no fue el pueblo español el que trajo su cultura a América sino el modo de pensar occidental con aquellas raíces griegas, romanas y cristianas.

Primero la Iglesia( con sus diversas ordenes religiosas, franciscanos, dominicos, jesuitas y agustinos) fue la que enseñó y medio siglo más tarde la universidad.

Lo mismo hicieron los aztecas con la gran cultura olmeca-teotihuacana que heredaron, conservaron y la llevaron a todos los confines del extenso Imperio Mexica.

Lo que recibimos de auténticamente español se llama Fray Bernardino, nacido en Sahagún.

Sin Fray Bernardino de Sahagún, y sin Fray Diego Durán, otro español, y sus obras que escribieron del México precristiano, los soldados conquistadores españoles, y las administraciones virreinales  que les siguieron, hubieran sido recordados   en el muy bajo nivel cultural en el que se encontraban sus tribus aliadas contra los aztecas.

Por mucho que digan las sendas historias de la colonia española, sus  administraciones  virreinales sólo vinieron para explotar al pueblo, proporcionándole le educación indispensable para seguir propiciando la conquista y la explotación.

Pero esos dos frailes lo cambiaron todo, absolutamente.

Frailes, por otro lado, que en su tiempo no pasaron de ser anodinos e ignorados tanto por las jerarquías civiles  como por las  religiosas.

Sin dudar decimos  que el mexicano que no  conoce estas obras no se conoce como mexicano. ¡No sabe de dónde viene ni sabe por qué en la actualidad es como es!

 Sahagún y Durán lo investigaron  y lo dejaron por escrito.

Esto dos frailes españoles nos recuerdan el mismo aporte que Europa debe a Varrón y a Plinio el Viejo, grandes rescatadores de la cultura antigua de la Hélade y de la propia Roma pagana.

El que conoce la obra de Sahagún esta tentado en decir que no tiene parangón entre los historiadores del mundo anterior (se le considera como el que inició  la disciplina de etnología en México) al siglo dieciséis.

 Si una figura, una escultura, admite en la actualidad el área que fue  coatepantli de los aztecas (y no más de una, al lado del busto de Cuauhtémoc), es la de Fray Bernardino de Sahagún.

Es una obra monumental (Historia general de las cosas de Nueva España) que escribió (que dirigió) a lo largo de toda su vida, que fue de 90 años (1500-1590).

Otro escribieron de la historia de los aztecas sin siquiera haber conocido nunca México. Escribieron barbaridades  sobre lo que otros escribieron que había oído de otros que tampoco estuvieron jamás en México.

Con Sahagún no fue así. Llegó a México en 1529, apenas a 8 años de haber caído México-Tenochtitlán y aun había montones de escombros del destruido  gran coatepantli sagrado de los aztecas. Y eso debió haber impactado profundamente su espíritu.

Anota, en el apéndice del libro II, que este coatepantli tenía 78 recintos, entre pirámides- templos y casas de adoración:

 “Era el patio de este templo muy grande: tendría hasta doscientas brazas en cuadro. Era todo enlosado y tenía dentro de sí muchos edificios y muchas torres; de estas torres unas eran más altas que otras, y cada una de ellas era dedicada a un dios.”

Para la crónica de la guerra de conquista de México-Tenochtitlán debemos mencionar a Bernal Díaz del Castillo. Un soldado español común, es decir, sin grado alguno en el “ejercito” de Cortés, que escribió las batallas con  naturalidad, sencillez y detalle. Ni siquiera Julio Cesar alcanzó eso cuando relata sus guerras contra los bárbaros germanos y demás tribus.

Este soldado fue el que se quedó maravillado al ir entrando, desde Mexicaltzinco, por la calzada de Iztapalapa, en medio de la laguna, al coatepantli, y expresó que en ninguna parte del mundo, que ellos conocían, ni siquiera  en las fabulosas ciudades de Persia, habían visto algo tan bello.



Otra vista del coatepantli sagrado de los aztecas.
En primer plano se ve el muro (coatl) de serpientes.
La letra A es la gran pirámide de Huitzilopochtli, ahora conocido como Templo Mayor.
Junto a su  Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, las Cartas de Relación de Hernán Cortes,  sólo son notas, epístolas, como él mismo las llama, por cierto de no entera confiabilidad histórica.

La historia de Díaz del Castillo sería la continuación de la obra de Sahagún. Semejante  a La Eneida de Virgilio es la continuación de La  Iliada de Homero.

Ese es el contexto histórico en el que el gran coatepantli sagrado, en medio de la laguna, de México-Tenochtitlán, fue destruido por españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

El templo-pirámide   de Ehecatl está ubicado inmediatamente, casi pegado, diríamos, en el lado oeste del Templo Mayor, como se le conoce ahora a la gran  pirámide  edificada en honor del dios de la guerra, Huitzilopochtli.

Templo Mayor era toda el área del coatepantli (todo el Zócalo, diríamos ahora)  pero ahora lo nombramos  así lo que propiamente es la pirámide mayor, la de Huitzilopochtli.

 Está Ehecatl en  lo que en la actualidad es el predio número 16 de la calle de Guatemala, a espaldas de la catedral metropolitana. 

A propósito del descubrimiento del templo de Ehecatl, el arqueólogo Matos Moctezuma  ha declarado que “Hay congruencia de lo que decía Fray Bernardino de Sahagún con lo que ha ido descubriendo la arqueología.”


Sahagún 
“Fray Bernardino de Sahagún. (Sahagún, España, 1499 o 1500 - México, 1590) Eclesiástico e historiador español. Estudió en la Universidad de Salamanca. En 1529 se desplazó a América e inició el estudio de la lengua de los indígenas mexicanos. Con una finalidad estrictamente catequística escribió en lengua náhuatl Psalmodia cristiana y sermonario de los Sanctos del Año (1583). Su obra fundamental es Historia general de las cosas de Nueva España, recopilación en doce tomos de costumbres, mitos y leyendas aztecas. Lo más destacable de este tratado es el método de investigación empleado, precursor del que aun hoy aplican los etnólogos, ya que confeccionó un cuestionario previo, seleccionó a los informadores y recurrió a intérpretes nativos que escribían al dictado náhuatl. En su día, la Iglesia confiscó la obra al considerar que se oponía a la labor misionera.” WIKIPEDIA

REDFORD Y NOLTE SE VAN A LAS MONTAÑAS


 

Robert Redford y Nick Nolte agarraron su mochila y se fueron a caminar por las montañas de los Apalaches, cuando ya eran viejos, en la película Viejos amigos.

“Quiero regresar a mis  raíces. Antes la gente caminaba mucho” le dice Robert  a su esposa y romper de ese modo la rutina para alejarse de las enfermedades y fallecidos jubilados amigos suyos.


Del libro Técnica alpina
de Manuel Sánchez y
Armando Altamira
(editado por Actividades Deportivas
de la Universidad Nacional Autónoma
de México, 1978)
Cumplidos los sesenta años de edad el individuo, hombre y mujer, deberíamos ser disciplinados, agarrar también la mochila e irnos a caminar al campo. Caminar por el sendero o escalar pendientes suaves y poco complicadas. ¡Y en casa subir varias veces la escalera!Con la mayor frecuencia posible, no dos o tres veces al año, que de poco o nada serviría.

No es una idea loca. Es, como diría Kant, un imperativo categórico. Es decir, una orden. Como esas órdenes que da el sargento gruñón del ejército. Hay que obedecerla, si se viste el uniforme, o el precio es el castigo de estar recluido por horas o días en una celda del cuartel.

Aquí la que ordena es la naturaleza, de la biología del humano. Desobedecerla es estar tirado en la cama del hospital. Todos llegaremos ahí pero falta ver en qué condiciones y si es a su tiempo o de manera prematura.

La senectud, la senilidad, es una categoría, una etapa, natural de la vida, como lo es la niñez, la adolescencia…

No hay que tenerle miedo a la palabra. Cierto, vamos con más frecuencia al mingitorio, y una muchacha (oh, terrible golpe al ego) se pone de pie y nos cede el asiento en el autobús…

“Existen cosas futuras y cosas pasadas” dice San Agustín, en Confesiones, refiriéndose a las cosas que están bajo el ritmo del fenómeno.

Pero otras cosas, como la fe y la voluntad, son intemporales. Por eso un cuerpo de la senectud puede ser movido por la voluntad.

“Nada existe en aislamiento”, escribió Hegel respecto de su concepción del universo concreto.

De ahí que si miramos  a un viejo, languidecer en el rincón de la casa, tanto él como su entorno, requieren de otra dinámica…

Conocí a un buen, y resistente,  alpinista que se ausentó veinte años de la montaña. Sus signos vitales acabaron por los suelos. Presión alta, colesterol casi hasta el infarto, pre diabético y tan pesado que casi desquicia la báscula. Ya sufría hasta para amarrarse las agujetas de los zapatos.

“En el dolor-escribe Jasper en su obra La filosofía-en la flaqueza, en la impotencia, nos desesperamos. Y una vez que hemos salido del trance y seguimos viviendo, nos dejamos deslizar de nuevo, olvidándonos de nosotros mismos, por la pendiente de la vida feliz.”

Con dos o tres pre infartos, anotados en su cartilla de salud, el médico le dijo, y él fue  disciplinado, que empezara por caminar la distancia de una calle. No más. ¡Cuidado con el corazón!

Varias ocasiones cruzamos, caminando con mochila al hombro, él, Raúl Pérez (guía alpino de Pachuca), otros y yo, la Sierra de las Navajas, estado de Hidalgo, México, al este de la ciudad de Pachuca, hasta la ciudad de Tulancingo, cincuenta kilómetros, a partir de la población minera de Real del Monte. Con unos diez kilómetros, en el centro del recorrido, de pronunciadas cañadas y con puntos culminantes en los tres mil metros de altitud.

Del libro Técnica Alpina
Era un tipo muy resistente y excelente escalador. Le gustaba escalar en la Región de los Frailes, en Actopan, Hidalgo, sobre todo la delicada ascensión de El Colmillo.

 ¡Y ahora sólo una calle, para no exponer el corazón que, visto en pantalla, parecía un balón redondo de grasa amarilla que apenas podía expandirse y contraerse!

¡Pero volvió! Dos calles, tres calles, una vuelta a  Viveros de Coyoacán, bicicleta de montaña, otra vez mochila al hombro, aunque ahora, por la edad, en otro ritmo y otras distancias en sus caminatas por las montañas. Las pendientes de noventa grados ahora fueron de cuarenta y cinco…

¡Volví de entre los muertos! Me comentó el invierno anterior cuando coincidimos en un campamento en el monte Tláloc. En su historial patológico había permanecido internado en uno de esos grandes hospitales de la ciudad de México que dan la impresión que uno jamás volverá a ver la calle.

Volví de entre los muertos para caminar en
los metafóricos Apalaches.
En la juventud escalamos para quemar calorías y  testosterona. Pero ya en la senectud es cosa de hacerle la guerra al anquilosamiento, al alzhéimer, a la báscula…

Jasper anota que “en plena dominación de la naturaleza subsiste lo incalculable y con ello la perpetua amenaza... no hay manera de acabar con el peso y la fatiga del trabajo, la vejez, la enfermedad y la muerte.”

Y todo eso aparece, prematuramente,si permanecemos en el rincón de la inactividad general.

-¿Por qué tiene que ser en la montaña?

-De viejos nos volvemos llorones, el cuerpo endeble cree necesitar muchas pastillas de la farmacia,  nos echamos encima tres suéteres y la gabardina, aun con el sol en pleno. Se necesita que nos envuelva el viento, el frío, la lluvia, el sol...

Volver a nuestras raíces, dijo Redford, antes la gente caminaba mucho...

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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