BARROW, LA TRADICIÓN ROMANA


 

Hicieron los romanos un imperio que fue grande mientras duró, e inmortal cuando desapareció, con observar sólo pocas situaciones: Providencia, tradición, sobriedad en lo suyo, y apertura hacia lo extranjero.

 Como toda primera potencia, tuvo que vivir el fenómeno social de ver que las personas, de todos los reinos  del mundo, buscaban la protección de sus leyes y su mejor nivel en lo cultural y en lo económico. Pronto la ciudad fue una megalópolis.

(La cronología como  se organizaron políticamente fue, reino, república  e imperio. Roma fue fundada el año 753 a C.)

Creían profundamente en la providencia (genius): “Esa fuerza que ha guiado en el presente guiará en el futuro, y así el genius de Roma tiene mucho, a la vez, de una “Providencia” que la protege, y de una misión que aquella está cumpliendo.”

R.H. Barrow, Los romanos, Fondo de Cultura Económica, México, 2014

Los romanos fueron de los primeros en creer que actuaban bajo la protección de un destino manifiesto.

Igual que los aztecas, en este continente, cuando salieron de la mítica Chicomostoc, en busca de la  laguna del águila y la serpiente, guiados por su sacerdote Tenoch, en cuyo recuerdo pondrían el nombre a su gran ciudad: México-Tenochtitlán.

Cultivaban   aquellos romanos la tradición familiar o, como dice Barrow,  “las viejas costumbres”.

En el principio eran campesinos de costumbres sobrias, severidad con uno mismo frugalitas, que después encontraríamos en la literatura de los estoicos romanos.

Marcaron la ruta de ascenso de cuando un pueblo se respeta a sí y quiere superarse.

Cincinati es  modelo de los grandes hombres que en esa época tuvo Roma y se le considera entre los grandes por su espíritu de servicio al pueblo, no el pueblo a su servicio.

Estaba lejos la practica del político profesional que se eterniza en el puesto yendo de un partido al otro y que, desde entonces, se les empezó a llamar "scarafaggio", cuando el Senado Romano, en otro tiempo baluarte de confianza y progreso, luego se sería una cueva de ladrones y que, por su corrupción, prepararon, como respuesta, el advenimiento del Imperio:

"Hasta entonces los grandes hombres de Roma habían sido como Cincinato, que abandonó el arado para servir al Estado en una época de crisis y volvió a tomarlo cuando terminó su tarea."

Igual  marcarían los romanos, siglos después, ya dueños del mundo, muy ricos, olvidados del espíritu de la tradición y de las Doce Tablas, corruptos y en pleno declive.

Las normas, emanadas  de la  conducta hogareña y comunal, con que se conducían, en aquella época temprana de su historia fue, efectivamente, la Ley de las Doce Tablas.

Ley de las Doce Tablas
Barrow: “Este código es el de las célebres Doce Tablas, que probablemente no hizo más que expresar púbicamente lo que ya existía como usos establecidos; pero fue un acontecimiento de enorme significado en la historia del derecho y de Europa.”

Wikipedia: “La Ley de las XII Tablas (lex duodecim tabularum o duodecim tabularum leges) o Ley de igualdad romana fue un texto legal que contenía normas para regular la convivencia del pueblo romano. También recibió el nombre de ley decenviral. Por su contenido se dice que pertenece más al derecho privado que al derecho público. Fue el primer código de la Antigüedad que contuvo reglamentación sobre censura (pena de muerte por poemas satíricos). La ley se publicó al principio en doce tablas de madera y, posteriormente, en doce planchas de bronce que se expusieron en el foro. Debido a que no queda indicio alguno de su existencia, algún autor ha llegado a sugerir que no existieron. No obstante, su desaparición puede explicarse por el saqueo que sufrió Roma hacia el año 390 a. C. por parte de los galos. Se cree que se destruyeron y, por algún motivo, no se reprodujeron con posterioridad. Esta última teoría parece estar apoyada por las abundantes referencias que de ellas hacen los autores antiguos. El historiador Tito Livio dijo de ellas que eran la fuente de todo el derecho romano, tanto público como privado. Por su parte, el orador y abogado Cicerón afirmó que los niños aprendían su contenido de memoria.”

Cuando los romanos conquistaron su Península, el mar Tirreno de los etruscos, el Mediterráneo y más allá, el mundo se encontró romanizado. Pero, anduvieran donde anduvieran, siempre procuraban volver a su tierra romana, a su pueblo, a su aldea.

Roma supo resolver la antinomia de ir hacia adelante sin dejar de ver su pasado. Sabían que pueblo que no conoce su pasado  es un “eclecticismo abandonado  a fuerzas diversas”.

La tradición, ese conjunto de principio y costumbres, contra lo que se cree, es uno de los baluartes que, bien preservados y cultivados, constituye la fortaleza de todo Estado que vaya en la perspectiva del progreso en el sentido más amplio:

“A esta tradición se apelaba cuando algún revolucionario atentaba violentamente contra la práctica política, contra las costumbres religiosas o contra las normas de moral o del gusto.”

Algo que los sistemas pedagógicos, de todos los siglos, han tomado en cuenta para la sana vida de un Estado, los romanos ya lo tuvieron muy presente en los siglos anteriores al cristianismo. No esperaron a que la calle, la plebe, el populismo, enseñará a sus hijos:

“Los padre se encargaban de la educación de sus hijos.”

Algo para reflexionar ahora que la “calle” entra hasta la sala de nuestros hogares, sin siquiera abrir la puerta, por medio de la antena digital.

Parejamente la población mundial crece, se duplica y triplica, a un ritmo tan acelerado que ninguna secretaría de educación pública de los gobiernos tiene la capacidad económica y de planteles para educar a toda su población. Ni aun con el Sistema Abierto, no escolarizado, de las universidades.

También, al enseñar los padres a sus hijos,(los primeros años, se entiende)se aseguraban de trasmitir la tradición como un anticipo a sistemas pedagógicos extravagantes, cuando no disolventes, que suelen aparecer en la calle cada tercer día.

 Escribimos esta nota el lunes 22 de mayo de 2017, cuando en los medios circula la noticia que en la ciudad inglesa de Manchester una explosión, provocada, causó la muerte de 22 personas y muchos heridos.

Un modelo de las "antiguas costumbres" es Marco Porcio Catón( nació en 234 a.C.),que fue soldado,jurista,estadista, agricultor y escritor. "Él mismo educó a su hijo, preparándole textos de gramática, derecho e historia, porque no quería que su hijo debiera "algo tan precioso como el saber" a ningún otro. Le enseñó a montar  a caballo, el pugilato, a luchar, a nadar y cultivar la tierra. Sin duda debió ser un padre exigente; pero opinaba que " un hombre que pegaba  a su mujer o a su hijo ponía las manos en lo que era más sagrado", y consideraba que un buen marido "merece más alabanza que un gran senador."

Pero nunca dejaron de estar abiertos los romanos a lo nuevo. Los  “extranjeros”, conquistados, comprados  o los   emigrados, buscando trabajo y comida, llegaban a Roma, llevaban sus creencias y sus modos de vivir, sus valores y sus no valores, que también son valores, y adquirían la ciudadanía romana (la romanidad).

Muchos intereses genuinos, y otros oscuros, que ponían a prueba el espíritu de las Doce Tablas.

Estaban tan seguros, de su lugar en el universo, que no temían abrir sus puertas a los otros, a los extranjeros
 
"En Roma se refugiaban todas las nacionalidades, y todavía acudirían más durante el siglo siguiente; pero ya en esa época de Cicerón llegaron muchos griegos sirios, egipcios, judíos, germanos y africanos."

Barrow dice del  romano “pagano”: “Ha visto muchos hombres y muchos lugares, y con la debida cautela imitará lo que le parezca útil; pero para él su hogar y sus campos nativos forman “el rincón más risueño de la Tierra”, y no deseará verlos cambiar.”

 

 

 

M.G.MORENTE, FÍSICA VS METAFÍSICA


 

¡Que los físicos hagan física, pero que no hagan filosofía, porque la hacen muy mal!-Morente

A los físicos “puros” u ortodoxos, digámoslo así, no les llama meterse con la metafísica. Ya tiene un campo amplio para desarrollar sus potencialidades como científicos y una inmensurable perspectiva que les ofrece su campo de investigación.

Son los inocentes, o las plumas sectarias (no había  computadoras), que revolvían las cosas en tiempos antes de Kant.

Pero si bien Kant recomienda a los físicos que se abstengan de hacer filosofía, es a los metafísicos a los que de manera reiterada señala que no metan la cuchara de la olla del atole en la cazuela del mole: 

Los argumentos de la metafísica se salen de los límites de la experiencia y ese es su pecado-dice Morente-, toma por objeto a conocer lo que no es objeto a conocer sino cosas en sí:

“La metafísica por consiguiente comete la falta esencial de querer conocer lo incognoscible…Todo razonamiento  que tenga la pretensión de ser a un mismo tiempo conocimiento científico y llegar a captar “cosas en sí”(noúmeno), es necesariamente invalido, imposible y la metafísica, que desde Parménides viene teniendo la pretensión de ser, en efecto, un conocimiento científico, racional, teorético, de las “cosas en sí” es, como conocimiento científico, racional, teorético, completamente imposible.”

Manuel García Morente, Lecciones preliminares de filosofía, Editorial Época, S.A. México, 1974.

Qué los futbolistas criticaran a los alpinistas y estos a los futbolistas ¿había alguna coherencia en esto?

Hubo un tiempo en la antigüedad remota en que algunos teólogos estaban en contra de los científicos y otro en el que los científicos en contra de los teólogos: la tierra plana, seis mil años de antigüedad del planeta, teocentrismo, geocentrismo, antropocentrismo, la creación, la evolución… Así hasta el siglo de Kant, como un substrato histórico que le hiciera concebir su idea de la dialéctica trascendental.

“La dialéctica trascendental demuestra que la razón humana, en su labor cognoscitiva, teorética, no puede hacer metafísica, también demuestra que no puede refutar la metafísica que por otras vías se haga…Hace ver que la cosa en sí es absolutamente inaccesible a ningún conocimiento teorético. Por consiguiente la metafísica no podrá nunca ser objeto de un conocimiento racional.”

El pueblo presenciaba semejante combate y se volvía escéptico. Sus paradigmas se cubrían de escupitajos y era mejor alejarse. ¡O seguir el ejemplo! Siempre es más fácil seguir el mal ejemplo.

Además todo eso era yerba seca en la que bastaba un fósforo para que los populismos, o desde el trono, incendiara la pradera de los prejuicios ideológicos.

De esos siglos, antes de Kant, viene el dicho de “mucho ruido de intelectuales y pocas nueces para alimentar al pueblo.”

Así era entonces, la mayoría de intelectuales cuidaba el presupuesto de su parcelita, o parcelota, que les asignaba el rey o el Papa, y al pueblo que se lo comieran los gusanos de la ignorancia.

Después de todo, la otra lección que hasta entonces había registrado la historia era que tanto idealistas como progresistas, cuando habían llegado al poder político no supieron solucionar las carencias del pueblo a satisfacción y sí, algunos,  tanto de aquí como de allá, dejaban vacías las arcas del erario público…

Así es la historia y no hay porque asustarse. O, mejor, hay que asustarse para no repetirla. Tal situación dará a Kant la idea de la tremenda medida de agresividad a la que había llegado esta situación confusa.

El modo de llevar a cabo su labor higiénica está en su libro Crítica de la razón pura. Morente nos dice que el plan de Kant tiene un nombre y se llama dialéctica trascendente. Que cada quien camine por el lado de la banqueta que le corresponde.

Henry Bergson, en su Introducción a la metafísica, se refiere a ese absurdo, por inútil, empeño del realismo y del idealismo por aniquilarse uno al otro. Inútil porque cada quien tiene vida independiente del otro:

“La verdad es que esos dos mundos son irreductibles uno del otro porque no se implican uno al otro y cada uno de ellos se basta a sí mismo.”

En realidad nada es ajeno al humano. Una persona espiritual puede solazarse, o hasta ensimismarse, en la fenomenología, caso de los hombres de ciencia con creencias religiosas. O de los seminaristas cuya preparación contempla el estudio de la filosofía y ciencias exactas.

En contraparte, alguien que esté en el lado de la razón, de la lógica y el laicismo, como plan de vida,  puede incursionar en los mundos nouménicos, como es el caso de los científicos a cuya a cultura es familiar los libros religiosos que ha escrito la humanidad. 
 
Kant delimita las fronteras de la ciencia dentro del tiempo y ésta no puede ir más allá, hacia la metafísica:

“El entendimiento no puede conocer más que lo que es, lo que ha sido y lo que será. Es imposible que alguna cosa deba ser otro que no es en efecto, en tales relaciones del tiempo.”

(Critica de la razón pura, Segundo Capítulo, Novena Sección)

Más adelante Kant se refiere a la imposibilidad de emplazar, por la ciencia, el concepto del ente:

“La idea de un ente primero, necesario. Absolutamente, y suficiente, es tan inmensamente grande y tan elevada más allá de lo que es empírico y condicionado, que de una parte no se encontrará  en la experiencia suficiente materia para emplazar tal concepto.”

(Tercer capítulo, Séptima Sección)

Esos siglos antes de Kant era tan violentos que ni Quentin Tarantino se los hubiera imaginado. Las universidades públicas eran un sueño en cuanto a su autonomía del gobierno llámese Estado o reino. Algo semejante sucedía con la separación de la religión con respecto a Estado.

El gobierno metiendo las manos en la Iglesia y ésta en las del gobierno. Así había empezado, de manera casera, normal,  la historia del  cristianismo cuando dejó de ser perseguida en el tiempo de Constantino.

Pero después hubo que delimitar las cosas del Cesar y las de Dios. y las de la física y de la metafísica. 

La dialéctica trascendental de Kant estuvo dirigida a eso. Si le hicieron caso, o no, es otra historia.

Morente: “Kant concede a los físicos que no tienen para qué ocuparse en afirmar el alma, ni Dios ni el universo; pero también les exige que no se ocupen de esos objetos tampoco para refutarlos.”
MORENTE

“Manuel García Morente (Arjonilla, Jaén, 22 de abril de 1886 – Madrid, 7 de diciembre de 1942) fue un filósofo español y, converso católico, en sus últimos años de vida fue sacerdote. Fue un gran divulgador, traductor de obras del pensamiento europeo, filósofo de cuño original, y gracias a su magisterio oral y escrito se iniciaron en la filosofía, y aún hoy día lo siguen haciendo, multitud de promociones universitarias….En 1912 obtiene la cátedra de Ética de la Universidad de Madrid. Su pensamiento oscila en este momento entre el kantismo —tesis doctoral sobre La estética de Kant (1912); monografía sobre La filosofía de Kant, Una introducción a la filosofía (1917); traducciones de la Crítica del juicio (1914), de la Crítica de la razón práctica (1918) y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1921) kantianas— y el bergsonismo —La filosofía de Bergson (1917)—. Durante los años veinte inciden sobre su mente el biologismo histórico de Spengler (tradujo la famosa Decadencia de Occidente del citado filósofo de la historia alemán), Rickert, Simmel, y la axiología, merced a la incorporación que se hizo de la obra de Scheler y Hartmann a través de la Revista de Occidente. En las postrimerías de este decenio termina las traducciones de las Investigaciones lógicas de Husserl (1929), junto con José Gaos, y del Origen del conocimiento moral de Brentano: el método fenomenológico será utilizado en adelante con singular destreza en su indagación filosófica.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SAN AGUSTÍN Y LOS GRUPOS AA


 

“Lo que es suficiente para la salud  es demasiado poco para el deleite” San Agustín

Bill W. entendió bien, finalmente, lo que San Agustín, muchos siglos atrás, hizo frente a su inclinación a la gula  o exageración en el comer.

San Agustín declara (se lo dice a Dios) que él no tuvo problemas con la bebida, pero sí con la comida.

Y todos los que hemos intentado una dieta contra el sobrepeso, y hemos fallado, sabemos de lo que el santo está hablando.

En cuestión de beber alcohol, pasando cierta línea, no hay regreso a la normalidad. Se seguirá bebiendo hasta la destrucción total, contra toda oposición familiar, laboral y social. Lo mismo en el comer desaforadamente, por decirlo de alguna manera.

No se cree hasta que sucede.

En lo que respecta a la manera de comer, que es el espíritu de esta nota, presentamos algunos datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como una manera de asomarnos a lo que entonces se enfrentaba San Agustín pero que, por lo visto es de toda la humanidad y se da en todos los tiempos.

“En 2014, más de 1900 millones de adultos,  en el mundo, de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 600 millones eran obesos. En general, en 2014 alrededor del 13% de la población adulta mundial (un 11% de los hombres y un 15% de las mujeres) eran obesos. En 2014, el 39% de los adultos de 18 o más años (un 38% de los hombres y un 40% de las mujeres) tenían sobrepeso. Entre 1980 y 2014, la prevalencia mundial de la obesidad se ha más que doblado.”

El rico dentro de su mansión y el pobre sobre la banqueta de la calle. Con un infame brebaje que ni siquiera es alcohol o con una botella de mil dólares. Todas las marcas caben en la barca.

El médico familiar o el psiquiatra de la clínica, tienen la solución pero ya para entonces los oídos del individuo (trátese de alcohol o de comida)  se habrán cerrado a todo argumento.

Un supremo narcisismo(perdón por la tautología) aleja la barca de todo trato social y posible solución. Caronte no conoce ninguna vuelta en “U” ni hace caso de la señal de “retorno”. Igual individuos de espíritu religioso, que laicos, son abatidos por el alcohol y por el exceso en la comida.

Caronte
 Como el capitán Ahab siguió a su ballena blanca hasta a destrucción suya y de los otros. De toda esa hecatombe sólo uno pudo regresar.

Melville no dice por qué ese sí pudo salvarse.

Algunos espíritus laicos dejan de beber (de manera perniciosa) o de fumar o de comer, "de un día para otro". No es así. Aquí el cielo o la naturaleza o la ciencia o la presión social o lo que quieran que sea, se fue filtrando en el cerebro a través de los años, veinte o treinta, y ¡pum!, un día hace crisis y deja de beber o fumar o comer.

Como Bill W. lo explica es que no es que él, Bill, se haya salvado sino que fue salvado, rescatado, del mecanismo de la causa y el efecto que, por sí, no pudo romper.

Para las once de la mañana, dice, ya estaba tirado inconsciente, en la banqueta, cerca de mi casa. Me recuperaba y sólo para volver a emborracharme tres veces en el mismo día.

En el libro décimo, capítulo XXXI, de Confesiones, Agustín  se confiesa, le habla a Dios de su inclinación hasta el hartazgo por la comida:

 “me resulta  dulce esta necesidad y contra esta dulzura lucho, para no ser su prisionero; cada día le hago la guerra con el ayuno, y con mucha frecuencia, reduzco mi cuerpo a servidumbre. Y son expulsados mis dolores por el placer; pues dolores son el hambre y la sed: queman y, como la fiebre, matan, si no acude en socorro el remedio de los alimentos.”

OMS: “En 2014, según las estimaciones unos 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos. Si bien el sobrepeso y la obesidad se consideraban antes un problema propio de los países de ingresos altos, actualmente ambos trastornos aumentan en los países de ingresos bajos y medianos, en particular en los entornos urbanos. En África, el número de niños con sobrepeso u obesidad prácticamente se ha duplicado: de 5,4 millones en 1990 a 10,6 millones en 2014. En ese mismo año, cerca de la mitad de los niños menores de cinco años con sobrepeso u obesidad vivían en Asia.”

Antes del milagro todo parece imposible. Después del milagro ya no se cree en el milagro. ¡Todo tiene una explicación epistemológica!

Luego que Bill W. se encontró a salvo respecto de su alcholismo,empezó, con el Dr. Bob, el gran, movimiento de AA (Alcohólicos Anónimos).Movimiento original, bien estructurado, con una ruta espiritual y otra de higiene en la conducta, fue, y es, el puerto de salvación  al que llegan miles  desesperados a tocar las puertas de AA.

Y, como la tripulación del Pequod, de tanto miles sólo  uno se salva. Las puertas del cielo están abiertas para todos, a condición de estar dispuestos a abandonar la mochila llena de solipsismo.

Deja todo, reparte tus haciendas entre los pobres y sígueme, le dijo Jesús al rico…Hay algo más difícil de dejar, que la fortuna económica, y es el narcisismo. El rico estaba acostumbrado a que le sirvieran y con Jesús iba a servir. Bill W. lo entendió perfectamente. La clave  para que funcione AA es esa, servir a los otros. No hay otra manera de pelear contra el narcisismo que sirviendo a los demás.

Luego de bien establecido el movimiento de AA, como sucede en la política profesional, en filosofía y en religión, cada quien hizo su parcela donde moverse a gusto.

Del programa original de AA surgió, literalmente idéntico, con la diferencia de tan sólo dos letras, el programa de DA, (Drogadictos Anónimos), el de AN (Neuróticos Anónimos), el de CA (Comelones Anónimos), el de FA (Fumadores Anónimos), etc.

En el de comelones es donde encontramos, en el siglo cuarto de nuestra era, a San Agustín. Hasta donde sabemos, este personaje es el pionero de esta lucha contra lo imposible de las adicciones.

San Agustín a Jesús: “Me has enseñado que me acerque a tomar los alimentos, cual si fuesen medicinas. Pero mientras paso de la molestia a la necesidad al bienestar de la saciedad, en ese mismo paso me acecha el lazo de la concupiscencia. Porque ese mismo paso es un deleite."

 En mayo de 2017 el ISSSTE, y la Secretaría de Salud, México, distribuyeron un tríptico con el título de Dieta Saludable, de la autoría del Dr. Jorge Luis Pintado Quintal, con el contenido de consejos básicos para llegar a una dieta saludable. Uno de los puntos es lo que se relaciona con el tema que tanto preocupaba a  San Agustín y es el de las raciones en la comida: "Controlar el tamaño de las raciones-recomienda el Dr. Pintado- de forma que, con el tiempo( o mejor día a día) la cantidad de energía que se consume corresponda con nuestro nivel de actividad."

 En AA se menciona la oración atribuida a  San francisco, pero el primero en recorrer el camino del imparable hartazgo de la gula destructora, y hacer un alto para luchar contra ella, fue San Agustín. ¡Imposible ganarle la partida al comer en exceso! ¡Humanamente imposible!

La solución que encontró San Agustín es la que en el siglo veinte Bill W. puso en práctica. Abandonar la mochila del narcisismo, levantar los ojos al cielo y pedir ayuda.

 

OMS: “A nivel mundial, el sobrepeso y la obesidad están vinculados con un mayor número de muertes que la insuficiencia ponderal. En general, hay más personas obesas que con peso inferior al normal. Ello ocurre en todas las regiones, excepto en partes de África subsahariana y Asia. Qué causa el sobrepeso y la obesidad? La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas. A nivel mundial ha ocurrido lo siguiente: un aumento en la ingesta de alimentos de alto contenido calórico que son ricos en grasa; y un descenso en la actividad física debido a la naturaleza cada vez más sedentaria de muchas formas de trabajo, los nuevos modos de transporte y la creciente urbanización.”
 
“Siendo la salud el motivo de comer y beber-sigue diciendo el santo-, juntásele, como acompañante, un peligroso deleite y se empeña en ir delante la mayor parte del tiempo, para que se haga por él lo que yo declaro hacer o quiero hacer para la salud.”

Y es cuando San Agustín hace la declaración de impotencia, ante Dios, para disponerse a recibir la gracia:

“Nadie puede ser continente, si tú no se lo concedes"
 
                                                        San Agustín
 “Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430),1 es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad.2 Autor prolífico,3 dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas.” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

MATTHEWS, REEDUCANDO A PAPÁ


 

Platicar con un niño es estar dispuesto para redescubrir la vida.

La niña o el niño parecen  en realidad un sinodal, no un aprendiz.

En la conversación entre  adultos, del mismo medio cultural, se dan por entendido muchos conceptos comunes.

En ocasiones la plática no es fluida porque el otro inquiere con frecuencia: “define esto, define aquello”.

Un niño sólo dice “¿Por qué?”

Imagine que un niño mexicano pregunta “¿Qué hace Ehecatl”.

Es una realidad material cuando todo está  quieto, por decirlo así. Del mar se desprende la evaporación causada por el sol y la evaporación, que más arriba  convertirá su humedad en una nube, pero esa nube no se mueve.

Y, allá, en el norte de Sonora, o en el de  Chihuahua, o en alguna otra  parte del continente, la tierra permanece seca, estéril, por falta de humedad. Entonces viene el Viento (Ehecatl),”empuja” la nube. La misma que luego se precipitará y mojará el desierto. Con ello crecerán las plantas, las animales tendrán qué comer…

“El niño tiene  unos ojos y unos oídos frescos para percibir la perplejidad y las incongruencias. Los niños también tienen, típicamente, un grado de candor y espontaneidad que difícilmente iguala  el adulto.”

Gareth B. Mattehews, El niño y la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 2014.

Y, si al niño se le ocurre (y pueden jurar que se le ocurrirá): Dijiste una realidad material, ¿hay una realidad que no sea material?

Entonces hay que buscar, sintetizar, en dos o tres renglones, de modo entendible, sin tecnicismos, lo que los filósofos han tratado de descubrir, o de inventar, durante veinticinco siglos…

Ante tal situación ocho, de cada diez, adultos encuentran la salida de oro: “¡Mejor ponte a ver televisión!”

No se está preparado para quedar plantado ante semejante frescura en el cuestionamiento. Lo complejo: cómo hacer entender al niño que la vida es conjunto y no abstracción pero, que sin embargo, hay que empezar a explicar desde la abstracción. O mejor, desde lo general para llegar al detalle. En las ciencias exactas estos dos modos son frecuentados.

¿Cómo evitar el prejuicio con los que cargamos los adultos a fin de que su entendimiento de la vida no sea una calca nuestra y esté más despejado de telarañas?

 No nos damos cuenta de nuestros prejuicios, al igual que  no nos percatamos  de nuestra halitosis.

Es cuando caemos en al cuenta que ser padres es algo más que depositar una semilla en la tierra fértil de la madre tierra.

Visto de otra manera, es una excelente oportunidad para “aprovechar la oportunidad de dedicarse, aunque sólo sea durante unos cuantos minutos, a una cuestión que, de no haber sido por el interés y la curiosidad de niño, jamás se les hubiera ocurrido a ellos.”

Algunas preguntas que hace el niño las ignoramos y muchas sí sabemos cómo contestarlas. Y este  no es el problema. La cuestión es cómo explicárselo al niño.

Otro niño pregunta por qué se dice “cielo”, si en su Divina Comedia  Dante para niños hay nueve cielos.

 Más aun, a la niña con su típica intuición femenina. Cuando los hombres seguimos jugando a las canicas las niñas ya dejaron abandonadas a sus muñecas en el desván…

Sabemos que los niños son los avocados a llevar este mundo (gentes, valores, cosas) a través del universo, para bien de todos. Si conocen los orígenes de su parcela, al idealista Platón y al laico Demócrito, y si ponen en su cabecera los doce volúmenes de la Historia de la filosofía de Frederick Copleston…

Después de esto se sentirán  libres para escribir su propia historia.

Estarán a salvo de nuestras propias patologías. Y de los populistas depredadores profesionales que pueblan este planeta a cada vuelta de la esquina.

 Es oportuno recordar, como ineludible balance dialéctico para la buena formación, lo que Santayana dice de Demócrito:

 “El mecanismo en lo que respecta al movimiento, el atomismo en lo que toca a la estructura, el materialismo en lo que se refiere a las sustancia: he aquí todo el sistema de Demócrito.”

George Santayana Tres poetas filósofos, Editorial Porrúa. S. A. México, 1994, Colección Sepan Cuantos…Núm.645.

Los niños no piensan como los adultos pensamos. Mattehews lo dice de esta manera: “A veces la angustia que creemos encontrar en los niños es una proyección de nuestra propia angustia.”

Volver con humildad intelectual a los  inocentes principios de la niñez no es fácil.

Matthews: “Toda sociedad necesita un Sócrates descalzo que formule preguntas infantilmente simples (e infinitamente difíciles) para obligar a  sus miembros a examinar de nuevo lo que han estado dando por sentado sin pensarlo.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MATTHEWS, DESTINOS PROGRAMADOS


 

                                       “Nada es plenamente casual” Schopenhauer

Mattehews hace referencias interesantes de la manera cómo nuestro destino, es decir, nuestra vida, ya estaría escrita y lo que hacemos es sólo desarrollar lo diseñado.

Como un libro salido de las prensas de la imprenta y al que sólo resta ir dándole lectura, así, hasta la última página.

Esto parece ser cierto en teología pero no en filosofía. Allá el devoto dice “hágase tu voluntad y no la mía”. En filosofía en cambio el individuo   defiende el derecho a decidir su vida.

Pero ser, ser libre para decidir, en teología, como en filosofía, es una realidad. En ambo campos  hay libertad de decisión.

En teología es una libertad concedida, desde “arriba”, por decirlo de alguna manera, desde la creación, desde la fe.

En filosofía, en cambio, él busca ser, actuar en libertad, desde abajo, desde la tierra, desde la evolución, desde el laicismo.

En teología es el noúmeno que tiene el inmenso privilegio (ni siquiera los ángeles lo tienen, dice Plotino) de también  ser mortal.

En filosofía es el leñador que va en busca de la Tierra de Oz. Quizá no sea una exageración si decimos que el Hombre de Hojalata es la versión moderna de San Agustín. Buscando, siempre esperando encontrar su Ciudad.

Y para ambos, creyente y laico,  sirve la metáfora del niño cuando da los primeros cinco pasos de su vida. La madre (la madre Iglesia o la madre Filosofía) va detrás de él. A dos pasos del creyente cuidando que no caiga. Si cae se apresura a levantarlo. Del laico es igual, sólo que en lugar de dos pasos, va  tal vez a  diez pasos de distancia.

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich,1968
Pero se encuentre en el lado del espejo en que se encuentre Alicia, es necesario tener escepticismo y a la vez saber soñar, tener el don de la perplejidad filosófica. Tener imaginación, como un novelista de género policiaco...

 Laico y escéptico porque el escepticismo es uno de los componentes  del pensar filosófico. Pregúntenles sino a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino.

(Para no revolver las cosas es oportuno recordar la diferencia sustancial entre laico y ateo)

Y soñar porque sin  la imaginación no se va más allá de la biología mecánica. Soñar desde la realidad. Matthews dice: “Bien, no creo que todo sea un sueño, porque en un sueño la gente no andaría preguntando si era un  sueño.”

Gareth B. Matthews, El niño y la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México.

Antes teólogos y filósofos se metían en situaciones por demás complejas para cerciorarse de que existimos, de que no soñamos. Pienso, luego existo, siento dolor, luego existo, la no-existencia quiere decir que existo, etc. Sueño que alguien  diseñó mi vida o yo soy el que traza mi ruta.

Schopenhauer, tal vez el más grande de los laicos, una mañana estaba sentado en el sillón de la sala de su casa, pidió su almuerzo y cuando le llevaron la fuente ya había muerto, tranquilo, sentado, sin más. Schopenhauer además de su filosofía, había escrito la historia de su vida.

La magia, la imaginación, es diferente. Alguien, quien sabe desde dónde, escribe la historia de nuestra vida. Hagamos memoria.

Hace tiempo, cuando las películas eran en blanco y negro, Hollywood hizo una película, Los misterios del oriente, de un matrimonio que va de turismo a la India. Por mera curiosidad el hombre consulta su destino en uno de tantos charlatanes que proliferan en el mercado de esa ciudad.

El supuesto vidente le pronostica que va a morir  decapitado. El hombre norteamericano se ríe al tiempo que arroja una moneda al canasto del charlatán.

En los días siguientes, en su estancia en la India, una banda de maleantes sigue al matrimonio en una espectacular carrera de automóviles. En una vuelta del camino el carro de los norteamericanos pierde el equilibrio, voltea y el hombre, efectivamente muere como se lo había dicho el hombre del mercado, dando vueltas en el aire  una rueda del automóvil…

Es el juego de la imaginación. ¿Ya estaba escrito lo del automóvil?¿Ya estaba  escrito que Sofía Behrs revisara siete veces el manuscrito de La guerra y la paz de  su marido Tolstoi?(pocos leen La guerra y la paz pero leerla críticamente siete veces…)¿Ya estaba escrito la manera cómo moriría el autor de Parerga y Paralipómena?

Schopenhauer también se queda con un pie en el terreno de la causalidad, de la fenomenología, y con el otro en el espacio nouménico.

Para el primero apunta: “ nadie pretende hacer pasar el presagio por un milagro, sino que el augurio nace precisamente  porque la cadena de causas y efectos que se remontan hasta el infinito, con la estricta necesidad y la inmemorial predestinación que le son propias, ha fijado de manera irrevocable la aparición de ese acontecimiento en ese crucial instante.”

En una familia-dicen los ingenuos platónicos-y contra todo contexto social, se da un hijo que va a leer toda su vida y de tiempo completo, bien se puede decir que alguien, allá en las estrellas, movió los dados para que esto sucediera:

Matthews: “Hay cierta inocencia e ingenuidad en muchas, quizá en la mayoría de las cuestiones filosóficas. Esto es algo que los adultos, incluso los estudiantes universitarios, tienen que cultivar cuando toman su primer libro de filosofía, pero es algo natural en los niños.”

Cuando a los niños, por supuesto,  no se les  considera  primitivos preintelectuales. Cuando se les deja que investiguen si la cosa tiene, además, forma.

 “Algunas personas son inmunes-dice Matthews-a la perplejidad filosófica.”

Schopenhauer no se toma tan a la ligera esto de la predestinación, como la del charlatán del mercado. No creemos porque la astrología ha perdido seriedad debido a la creciente demanda de la gente que acude para que le digan lo que quiere oír...

Sólo regresará uno, dijo alguien cuando el Pequod zarpó en busca de su ballena blanca. Ese alguien tenía la necesaria intuición, el suficiente “olfato” para percibir el ambiente malsano de aquel buque ballenero dada la personalidad morbosa del capitán Ahab.

 En una familia en la que no se leen libros de cultura-dice el pensamiento racional-no se necesita mucha perspicacia para saber que los hijos tampoco leerán libros de cultura.

 Encauzarán ahí  a los hijos hacia las cuestiones útiles de la vida, hacia la psicología empírica, lejos de la imaginación libre de los niños. La cosa es la cosa y no hay más, se le dice al niño castrándolo intelectualmente mucho antes que él, por sí, decida si, efectivamente, no hay más que la cosa.

Nietzsche dice que sólo hay la materialidad y no hay que andar buscando debajo de las piedras. Ese imperativo está bien para él. Pero dejemos al niño que haga su propia investigación.

Matthews: “Los adultos desalientan a  los niños para que no hagan preguntas filosóficas, primero tratándolos con aire de superioridad y después dirigiendo sus mentes inquisitivas hacia investigaciones  más “´útiles”. La mayoría de los adultos no se sienten interesados en las cuestiones filosofías, y pueden sentirse amenazados por algunas de ellas.”

El otro pie Schopenhauer lo planta en la consideración de dos clases de fatalismos, el primero que puede ser explicado y el otro, que da la impresión que se sale de las manos:

“el fatalismo demostrable sí puede ser complementado, o, más bien, superado, por un fatalismo trascedente que considera que la necesidad con la que todo acontece no es ciega, sino que la vida de los individuos está planificada por un poder secreto que se remonta al ser en sí de las cosas.”

No se crea que Schopenhauer está hablando de Dios. Se refiere “al ser en sí de las cosas”.

Donde no se leen libros pues no se van a leer libros. Pero, ¿qué pasa cuando alguien lee libros donde no se leen libros?

 

J.GONZALEZ, TELEVISIÓN MÁS VITAMINAS CULTURALES

Es maravilla la televisión como invento tecnológico pero, ¿qué utilidad se le da?

Alguien, no recordamos quién, escribió sobre la primera y la segunda intención en esto de los inventos del hombre.

La televisión es útil o no lo es para la sociedad según el uso que se le dé al contenido de sus programas.  Los electrones que circulan por sus circuitos nada tienen que ver con las intenciones de los humanos.

Mi libre albedrío,mi yo genuino, se va descubriendo con el trato social. La sociedad no me hizo, sólo ayudó a descubrirme a mí mismo.

Pero esto a reserva que cuente yo con la suficientes vitaminas culturales para saber discernir lo mío de lo que llega del exterior.

A semejanza de la salud psicofísica. Si carezco de las necesarias vitaminas y minerales cualquier virus patógeno me tomará por asalto hasta aniquilarme.

Si el individuo carece de la necesaria información filosófica - teológica seguiremos viendo en la pantalla televisora lo que vemos todos los días en los noticieros…

Una sociedad por completo erosionada por la inseguridad, de la que no se salvan ni siquiera los países de buen nivel general, menos  los países en los que hay ausencia casi total de lectura de libros culturales.

Hay empatía, digámoslo así, entre la violencia real de las calles de las ciudades con las  películas violentas de la televisión. Podemos hacer el experimento de apagar el televisor, asomarnos por la ventana de la casa y es lo mismo. Luego cerrar la ventana y encender el televisor y sucede lo mismo. Individuos armados con sendas metralletas y carros persiguiéndose a toda velocidad.

Si se dispone de suficientes vitaminas culturales puede ser, como escribe Jorge González, en el folleto número 630 de la Sociedad EVC (El verdadero catolicismo) cuando cita las palabras del Papa Juan Pablo II en el Día Mundial de las Comunicaciones:

“Los medios masivos: la prensa, el radio, el cine, la televisión son vistos por la Iglesia como un regalo de Dios, un regalo de Dios a la humanidad y aquí también incluimos  las más recientes tecnologías de la comunicación como son los satélites, las computadoras y las videocaseteras.”

Empero, esto es como cuando tenemos al alcance un sabroso pastel. Si no hay mesura a la hora de gustarlo puede ser destructivo.

En el folleto citado están los siguientes datos. Se refieren a países de buen nivel de vida, para la población en lo general, como el estadounidense.

Ahora considérese la vida en los datos que vamos a proporcionar, en los países, imitadores del “primer mundo”, pero en los que no se leen más allá de tres o cuatro libros promedio cabeza al año. Dice el folleto:

“La academia de pediatría de los Estados Unidos, saca algunos números que les voy a comentar: “Los niños de hoy ven un promedio de veintitrés horas a la semana de televisión, que multiplicadas por cincuenta y dos semanas se convierten en mil ciento noventa y seis al año frente a un televisor…Se supone que cuando terminen preparatoria a los diez y siete años, habrán pasado frente  a un televisor entre quince mil y veinte mil horas… Podemos imaginar lo que esto revoluciona la educación tradicional sustituida por una educación unidireccional.” Y  la nota termina con esto: “Los niños de hoy han cambiado la pelota por el sillón.”

Pues sí, pero ¿dónde agarro esas vitaminas culturales? En el hogar en primerísima instancia. Fue Platón el primero que dijo que el niño se educa veinticinco años antes de que nazca. Después lo repitió Napoleón y otros a lo largo de los siglos.

 ¿Y la educación en las escuelas públicas de los países de poca lectura? Ahí Don Quijote  es cada vez más grande en la medida que el mundo se identifica con la cosa y se aleja de la forma.

Los sistemas educativos oficiales de muchos países no educan para que podamos decidir, conscientemente, entre estos dos personajes de la novela. Todavía están muy entretenidos en la rancia polémica de conservadores y liberales. Y así le seguirán, por los siglos de los siglos...


Dibujo tomado del diario El País
Puedo vivir feliz en el mundo sencillo de Sancho Panza o en el complicado de su amo. Pero si me sientan diez horas frente al televisor alguien,  no propiamente  Cervantes, está decidiendo por mi desde detrás de la pantalla…

Como dice José Ortega y Gasset, alguien, la sociedad, todos, es decir, nadie…

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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