DOS UTOPÍAS DE W.DURANT


 

Educarme y después educar.

“Tiempo llegará en que los hombres comprenderán
que la función suprema del gobierno no es legislar sino educar, no es hacer leyes sino escuelas.”

( Will Durant  Filosofía, cultura, y vida, T.II Buenos Aires, 1960)

Es la idea que entre más evolucionado, para bien, para todos, sea un pueblo, menos leyes necesita.

Como confirmación de lo anterior, al sur de la frontera hay países que sus legisladores viven haciendo leyes, por toneladas, pero el PIB, para educación, es magro, la economía por los suelos, en las calles millones de personas muriendo de hambre tratando de llegar a Estados Unidos, y las puertas de las casas con tres  cerrojos por la inseguridad que hay en el exterior.

Desde Platón, siguiendo con san Agustín, Tomás Moro, Tommaso Campanella, Francis Bacón, Robert Owen, Rabelais, Voltaire, Thoreau….los utopistas nos ofrecen sus ideas de cómo mejorar  este mundo de los humanos.

Por fortuna muchas utopías se alcanzan. ¿Quién iba a imaginar, con seriedad, que un día cientos de toneladas de acero irían volando entre las nubes, y dentro cientos de pasajeros sentados cómodamente tomando una copa de vino?

Cierto que no es lo mismo programar átomos desde la computadora que tener que vérselas con los yos-egos-solipsismos, de los humanos. Pero, dice Durant:

“No debemos perder la esperanza en nuestra especie hasta el extremos de creer que el Gobierno estará siempre  en manos de políticos. Cada día se eleva un poco más el nivel de la inteligencia; cada generación nueva aumenta la herencia cultural de la humanidad y la trasmite  a minorías  cultas más numerosas que las precedentes.”

Durant recuerda a algunos pensadores de la Ilustración Francesa del siglo XVIII que pugnaban por la educación y al mismo tiempo la emprendían contra el Estado y contra el clero, no sólo el  católico, sino de todo tipo.

Sin embargo en Durant no se encuentra  tendencia niveladora. A través de la educación del pueblo quiere afirmar la individualidad y la propiedad privada.

 Y su explicita y dura descripción de la clase política se referiría a esa rémora de la política que entorpece el verdadero ejercicio de la  política, el cual se define al procurar el bien de la sociedad. Esta es una de sus dos utopías.

Diógenes y su linterna.

Así empiezan las (no siempre  imposibles) utopías.
La otra, la más utópica, sería educarse primero antes de meterse a educador. Hablar en tercera persona es fácil... Por eso en la novelística es frecuente recurrir al alter ego, a mi otro yo. Pero más frecuente todavía a la tercera persona en los libros de autoayuda.

Respecto de la religión dice que no son tiempos de negar méritos.  La religión fue la primera que empezó a educar al hombre apenas salido de la caverna. O desde antes, según pinturas rupestres. Hablamos de  la caverna geológica y de la caverna metafórica de Platón.

La inepcia intelectual solamente ella puede ignorar al tlatoani-reysacerdote- conduciendo a su grupo de bárbaros chichimecas hacia la esplendorosa cultura teotihuacana.

Moisés guiando a su pueblo, a través del árido desierto, de la incredulidad, hacia la casa señalada por Jehová.

Homero bajando del monte Olimpo y llevando, a las bárbaras tribus de la Hélade, el mensaje de los dioses en la manera de razón práctica y razón especulativa.

Los gemelos jugadores de pelota, en Xibalba, y constructores del casi increíble Mayapán, con su mundo olmeca-maya, místico y matemático, con el descubrimiento del cero y la posición numeral.

Padre Kino, y la Compañía de Jesús, fundando misiones en los profundos desiertos de Altar y de la alta California.

Y, más acá, los Padres descendiendo de sus naves con la Biblia en la mano (y con el Derecho Romano en la otra mano). Fundando la patria de Emerson, Thoreau, y Margaret Mitchell.

Y en tanto la cultura va filtrando más y más, en el pueblo, será preciso no escandalizarnos por sus desplantes generacionales.  Nosotros mismos los  cometimos  cuando empezábamos a descubrir el mundo, a nuestro cuerpo y a lo intrincado de nuestra mente. Cada nueva generación porta un letrero que dice “Con nosotros empieza la historia”

Durant: “Dejemos que los jóvenes sean felices; pronto serán viejos, y la lasitud de la carne les hará virtuosos. Si su moral es, transitoriamente, un poco relajada, ellos mismos la corregirán cuando crezcan en experiencia y saber; en último extremo, sugería Sócrates, debemos instruir más que prohibir. Si queremos mejorar la moral de los demás, mejoremos primero la nuestra, pues el ejemplo habla tan alto que los preceptos apenas se oyen.”

W.DURANT
“William James Durant (5 de noviembre de 1885 - 7 de noviembre de 1981) fue un filósofo, escritor e historiador estadounidense de los siglos XIX y XX. Conocido ante todo por su obra The Story of Civilization (Historia de la Civilización) narrada conjuntamente con su esposa Ariel. Nació en North Adams, Massachusetts. Sus padres Joseph Durant, y Mary Allard, emigrantes franco-canadienses, formaron parte de la emigración de Quebec a los Estados Unidos.En 1900 comenzó su educación con los Jesuitas en la Saint Peter's Academy. Más adelante, continuó en el Saint Peter College en Jersey City, Nueva Jersey. En 1905 adoptó la ideología Socialista. Graduado en 1907, trabajó como periodista para el New York Evening Journal de Arthur Brisbane.”

 

 

A.N. WHITEHEAD, PROPÓSITO


 

Propósito, tiene el humano.

Whitehead sintetiza en una sola palabra la filosofía occidental: propósito.

(De su obra: La función de la razón)

Va esta filosofía armada del propósito de la razón práctica y de la razón especulativa.

La primera, es madrina de investigación científica y hecatombes. La segunda busca siempre  trascender nuestra naturaleza animal.
El Tlalocan metafísico de la cultura teotihuacana.

Tepantitla, pintura mural,lado noreste de la zona
 arqueológica
de Teotihuacán, México.

Con la cultura occidental, ambas creen
que se  trasciende a la destrucción
de la materialidad.

Hay historia detrás de la historia. Troya tiene otra historia. Conocemos por Homero los detalles de su destrucción (más exactamente por Virgilio Marón), de su extinción como pueblo y como arquitectura.

Pero los arqueólogos nos dicen que de cada hecatombe, provocada por la guerra, siempre surgía otra Troya. Hasta nueve.

Lo que Whitehead escribe es que a la teoría de la evolución, de la supervivencia del más fuerte, le falta la de la adaptación al medio, mediante su razón práctica. Las nuevas troyas se iban adaptando a las nuevas circunstancias. Lo mismo pasó con las tribus comandadas por Eneas, saliendo de las ruinas de Troya, camino a Italia.

De los  fuertes pocos volvieron a Troya y ahora se necesita una vitalidad, de la población, especialmente potenciada para reorganizar la vida en las ciudades destruidas (aun las del vencedor).Escuelas, economía, el campo, las fábricas, superar la psicología del caos.

Y tras adaptarse al nuevo medio le sigue la etapa que es adaptar el medio a sus necesidades: “Las formas superiores de la vida están activamente comprometidas en la modificación de su entorno.”

Por eso Whitehead sostiene que la función de la razón tiene propósito y es fomentar el arte de la vida. Para él ya no es un instinto celular de organizarse de algún modo para el sólo hecho de “vegetar”.

Ahora la vida es un acto consciente y, como todo arte, quiere ir  más allá de lo solamente sobrevivir. Sobrevivir era la teoría de los más aptos. Ahora se trata de vivir, y vivir bien. Y para eso se necesita el ejercicio especulativo.

El alpinismo se mueve en el marco de estas dos razones. Necesita ser pragmático para vencer los obstáculos físicos de la montaña. En cuanto por qué lo hace (aparte del beneficio psicofísico, que no es poco, que proporciona toda ascensión) hay N cantidad de especulaciones:

“En realidad el arte de la vida consiste, primero, en estar vivo; segundo, en estar vivo de una manera satisfactoria; y, tercero, en lograr un incremento de la satisfacción.”

Lo que Whitehead propone en estos dos renglones es todo un programa de ser, pero ser en el hacer, en la acción, con lo de: “un incremento de la satisfacción”.

Para tal propósito se sirve de la razón. Más de una satisfacción no alcanzada. No frustrada, sino siempre esperada. La desconocida cumbre de la montaña siempre soñada. Como el hechizo que, en 1865, esclavizó a Whymper en la conquista de la montaña perfecta, como se llama al Matterhorn.

De la razón practica hacia la especulativa.

Grupo Las Monjas, Chico, Hidalgo, México.
 “La razón es un factor de la experiencia que dirige y critica el impulso hacia la obtención de un fin imaginado pero no realizado de hecho.

Platón y Ulises son dos figuras que Whitehead utiliza para ejemplificar los valores esenciales, el primero, y el segundo los valores prácticos de este mundo:

“Los griegos nos han legado estas dos figuras cuyas vidas, reales o míticas, se ajustan a estas dos nociones. El uno comparte la razón con los dioses, el otro la comparte con los zorros…La razón en tanto que busca una comprensión completa y la Razón en tanto que busca un método de acción inmediato.”

Sobre todo esta filosofía reafirma que el humano quiere ser, en lo material, y tiene fe que puede seguir siendo más allá de la destrucción de la materialidad.

A diferencia de otras filosofías, de otras partes del mundo, que quieren no-ser.

Si en el principio Whitehead sintetizó su filosofía con una sola palabra: propósito, ahora  quiere hacerla más explícita, con cinco palabras: “Vivir, vivir bien, vivir mejor.”

 
Whitehead

Alfred North Whitehead, OM (Ramsgate, 15 de febrero de 1861 - Cambridge, Massachusetts, 30 de diciembre de 1947), fue un matemático y filósofo inglés.Nació en Ramsgate, (Kent, Inglaterra), y falleció en Cambridge, Massachusetts, (Estados Unidos). Publicó trabajos sobre álgebra, lógica, fundamentos de las matemáticas, filosofía de la ciencia, física, metafísica, epistemología y educación. El trabajo más conocido, del que es coautor con Bertrand Russell, es Principia Mathematica. En ese tiempo partiendo de una teoría relacionista (o más bien relativista) del espacio centró su epistemología en la naturaleza de las cosas. Mantuvo tal postura hasta la década de 1930. A partir de entonces su obra tomó visos más metafísicos.Whitehead fue profesor en las universidades de Londres y de Cambridge, donde destacó por sus estudios lógico-matemáticos. Luego en Estados Unidos fue director de la cátedra de filosofía en la Universidad de Harvard, y tuvo entre sus discípulos a Quine.”

 

DIÁLOGOS EN LA TABERNA “LOS ATOMOS DE DEMÓCRITO”


 

Al fondo el lema de la casa: “A nadie se le puede  pedir  coherencia después de 5 tarros”.

Juan:

Leibniz habla de las mónadas y con ello se brinca del nivel  físico al metafísico o viceversa.

Aquel:

El “pienso luego existo “de Descartes ¿vale en cuanto pienso? O  existimos cuando no pensamos? Yo lo diría de esta manera ¿sin existir podríamos pensar? Las rocas no piensan, luego no existen. ¿Sin existir se puede dudar?

Toci:

“Ya llegamos al punto donde todo son achaques y medicamentos-dijo Roberto Redford- y quienes están siendo diagnosticados con qué y todos sólo esperan el final”. Es de la película Grandes Amigos.

(Esta bella muchacha escaladora es la única del grupo que citaba sus fuentes. Los  otros o no las sabían, o no las recordaban o si lo hacía no estaban seguros. No es que quieran pasar como pensadores originales ni como plagiadores de textos, es sólo que no se acuerdan. Pedimos comprensión a los autores originales).

Robert Redford
Otro:

La filosofía no hace su propio camino en aislamiento, sin contacto alguno con los demás factores de la cultura humana. Creó que los dijo Copleston.

El alpinista:

Cada persona refleja el mundo según su propio modo. Las montañas (para subirlas), como las matemáticas, no son difíciles. La dificultad está en el humano. Se llena el pensamiento de telarañas.

Toci:

¿Y si el pasado no hubiese ocurrido? Esto se preguntó Juan de Mirecourt, S. XIV

Yuma:

El conocimiento intuitivo sirve de base al razonamiento pragmático.

Juan:

El modo de vivir lejos del caos es lo que Leibniz llama la armonía preestablecida (por Dios).Pero puede ser, en el nivel de la fenomenología, también por la Constitución política del país, o en el matrimonio por los principios religiosos establecidos y los civiles. O en la fábrica por el reglamento de trabajo o por la relación que hay entre patrón y sindicato, mediante el contrato colectivo de trabajo.

Aquel:

El niño de apenas tres años de edad ya tiene la idea del asesinato porque el acto de matar, o aniquilar, lo ve en las caricaturas o en los videojuegos. Cuando nació no traía la idea del asesinato, pero se le trasmitió. Tan familiar como el acto de comer “palomitas”. Y ese es el gran valor del western con relación a las películas violentas de la actualidad. Los pistoleros clásicos, como Shane, desarrollaban en sus libretos el por qué, no el cómo. Había que luchar con la conciencia antes de sacar la pistola.
El niño quiere aprender a disparar como todo pistolero.
Shane le responde:crece, estudia y cuida a tus padres.

Yuma:

Hay dificultad en entender a ciertos filósofos. Frederick Copleston dice que Locke es un pensador sincero y no  se siente uno obligado a preguntarle si cree en lo que está diciendo. No obstante, también dice que “en el Ensayo, los  términos no se empelan siempre en el mismo sentido, lo que hace difícil comprenderle.”

 

Otro:

En Aristóteles hay Evolución al decir de la eternidad del mundo, que niega la Creación. En Platón hay Creación porque las Ideas no son de la fenomenalidad.

Juan:

Los niños, haciendo ejercicio de la mayor libertad en la escuela, pueden entrar o no a  clases  o cuando tengan ánimo de hacerlo, si es que alguna vez lo tienen. No saben que las leyes del mercado, en las largas filas de la oficina, contratarán a los más jóvenes y mejor calificados académicamente ¡y que los lugares de empelarse cada vez son menos en el mundo, por eso de la tecnología, y los aspirantes cada año son más, por eso del  amor!

Toci:

“Todo sistema filosófico, que aspire a ser completo, tendrá que hacer justicia a ambas realidades” dice Coplestón refiriéndose al Ser eterno del platonismo y al Devenir contingente del aristotelismo.

 

Juan:

Quitar las cadenas de hierro del esclavo es un error pues de inmediato se volverá esclavista. Las cadenas de la mente son las que urge destruir y al verse libre correrá en pos de un mundo mejor para todos.

Aquel:

Hay novelistas famosos pero taciturnos que en los países soleados de América no están sus obras en el campus adecuado. Los leen los de allá que ahora viven en el continente lleno de sol.

Yuma:

Su fuerza está en su debilidad. No es la forma del cuerpo que nos dice que se trata de una mujer. Es el modo de ser femenino  el que nos señala que ahí hay una mujer.

 

 

 

 

 

M.G.MORENTE, LO PERECEDERO Y LO OTRO


 

La mujer en mi vida puedo considerarla nada más como un cuerpo o, también,  como cuerpo y persona.

Es decir, sólo como objeto físico o como objeto físico y también psíquico. Como ser biológico que también es, y tienen su esencia.

Si como objeto físico, puedo hacer con ella como hago con mis calcetines cuando ya están viejos, substituirlos por nuevos.

Si como físico y psíquico la consideraré como a mí mismo.

Lo anterior es una de tantas maneras (usted puede proponer otros modos o ejemplos) de considerar lo que se conoce  con las poco usuales palabras de óntico y ontológico. La cosa material y su esencia.


Podemos tener una aproximación del animismo que los niños sienten frente  a los juguetes. No son sólo juguetes. Eso con los objetos manufacturados. Lo natural se considera con voluntad de ser. El árbol y su esencia árbol.

Óntico, la cosa real que está en el tiempo y en el espacio y  se considera en el cuadro de la causalidad.

En cambio,  Morente dice: “Los objetos psíquicos no tienen localización en el espacio.”
(Lecciones preliminares de filosofía)

Mis calcetines no dan problemas. Sólo los usos y  deshecho. Tampoco la mujer como puro cuerpo, no da problemas. Estamos en los tiempos de la libertad y no hay secuencias de neurosis. Cada quien por su lado y adiós.

Pero la mujer como persona deja de ser un objeto desechable. Su manera será una serie de diferencias, resistencias, relacionadas con mi modo de ver las cosas y situaciones.

“¿Qué es esto?-dice Morente. El problema era el anuncio de que había una esencia por descubrir ahí detrás del objeto.”

Las “discusiones” en la pareja se consideran como manifestaciones sanas de dos naturalezas distintas. Sería una  manera dialéctica de ver el asunto, con miras de llegar a la síntesis, es  decir, al acuerdo.

En contrario los gritos más fuertes de uno llevan la intención de convertir óntico al otro, o a la otra, es decir, en cosa.

 Óntico es ser, pero ahora se busca que sólo sea cosa, cualquier cosa. Stekel psiquiatra alemán del siglo veinte, tratando de las relaciones de pareja, cuando el  conflicto llega al nivel de gritos dice: “Despojado el ser amado de su divinidad significa el comienzo de su depreciación y el final del amor.”(La mujer frígida)

Para Menelao Helena era más que una
mujer de carne y hueso y destruyó mundos
para recuperarla.
En la medida que se le reste al otro el carácter ontológico se le relega al estado de desechable.

Consumir y desechar es  la nueva forma de la leyenda.

Por conveniencia intrínseca, y fáctica, tal vez no se le deseche, pero ya se le obligó a descender peldaños en la escalera existencial, más que en la social.

Entender lo óntico y lo ontológico es la llave para la vida. Para la  vida buena. ¿La llave?

En escalada se considera el punto de la ascensión más dificultoso a vencer. Con las palabras de “llave” o también “cerrojo”. Resuelto ese “paso”, ese “mal paso”, la ascensión integra será posible.

Consulte usted el diccionario de filosofía, o el Internet, y encontrará que con frecuencia se emplean óntico y ontológico para exhibir un entender intelectual muy complicado, y quedamos más confusos que antes.

 Los filósofos hablan para que ni siquiera los entiendan los filósofos, no hablan para el común. De ahí que sus libros y revistas no se vendan en las carnicerías ni puestos de periódicos.

Nos resultan extrañas esas palabras porque no son de la literatura general. Para acabarla de enmarañar en el discurso filosófico se apuesta a que sólo existe lo óntico, o sólo lo ontológico, lo cual es partir al ser en la mitad. Morente se revela contra esta concepción limitadora:

“…encontramos la misma categoría, el ser, como primera categoría de los objetos reales y como primera categoría de los objetos ideales. Los dos son: ahí está la unidad del ser.”

¿La esencia? “La esencia ya no es una cosa en el mundo de las cosas reales; ya la esencia no es una realidad; ya la esencia no está en el tiempo, ni es causada ni causante, ni es real: las esencia son cosas ideales.” Divinidad, dice Stekel. Idealizarlas, y esto sí es del común hablar.

Enseguida Morente pone otro ejemplo de lo óntico y lo ontológico: “Las cosas reales son cada uno de los caballos; pero la esencia “caballo”, eso  ya no es real; es un objeto ideal.”

En la categoría de las cosas que Morente menciona es que los objetos físicos son reales y ocupan espacio y tiempo.

Los objetos psíquicos también son  reales pero no ocupan espacialidad. Estas dos categorías tienen en común temporalidad.

La categoría ideal que le sigue puede evocarse con el triángulo de los geómetras o con el amor de los enamorados.

“El triángulo es fuera del tiempo, en cualquier tiempo. No empieza ser un día, en el sur de Italia cuando los pitagóricos empezaron a pensar en geometría…Si algún día por catástrofe milagrosa dejara de haber hombres sobre la tierra, dejaría de haber quienes pensasen en el triángulo, pero no dejaría de haber triángulo.”

Lo mismo dice Schopenhauer cuando se refiere a la música:

 "...la música, que trasciende de las Ideas y es por completo independiente del mundo fenomenal  y aun le ignora en absoluto, podría subsistir, en cierto modo, aun cuando el mundo no existiese."(El mundo como voluntad y representación."

Así son esta palabras de óntico y ontológico. Palabras de literatura especializada pero que dicen cosas comunes, muy conocidas y vividas por todos.

MORENTE
Manuel García Morente (Arjonilla, Jaén, 22 de abril de 1886 – Madrid, 7 de diciembre de 1942) fue un filósofo español y, converso católico, en sus últimos años de vida fue sacerdote. Fue un gran divulgador, traductor de obras del pensamiento europeo, filósofo de cuño original, y gracias a su magisterio oral y escrito se iniciaron en la filosofía, y aún hoy día lo siguen haciendo, multitud de promociones universitarias….En 1912 obtiene la cátedra de Ética de la Universidad de Madrid. Su pensamiento oscila en este momento entre el kantismo —tesis doctoral sobre La estética de Kant (1912); monografía sobre La filosofía de Kant, Una introducción a la filosofía (1917); traducciones de la Crítica del juicio (1914), de la Crítica de la razón práctica (1918) y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1921) kantianas— y el bergsonismo —La filosofía de Bergson (1917)—. Durante los años veinte inciden sobre su mente el biologismo histórico de Spengler (tradujo la famosa Decadencia de Occidente del citado filósofo de la historia alemán), Rickert, Simmel, y la axiología, merced a la incorporación que se hizo de la obra de Scheler y Hartmann a través de la Revista de Occidente. En las postrimerías de este decenio termina las traducciones de las Investigaciones lógicas de Husserl (1929), junto con José Gaos, y del Origen del conocimiento moral de Brentano: el método fenomenológico será utilizado en adelante con singular destreza en su indagación filosófica.WIKIPEDIA

 

PASCAL, REFLEXIONES SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS


 

Blaise Pascal es un hombre religioso, filósofo que tiene presente la Creación, más que la Evolución.

Piensa que hay dos pensamientos  que no  se pueden evitar, o eludir. La búsqueda de Dios y la muerte física.

Por más que miremos para otro lado. Nos anestesiemos con estupefacientes o de manera hiperactiva, para no pensar en ello.

Nos llaman la atención esas dos “cosas” porque nos movemos, a diario, en un mundo material  siempre en tránsito, cambiante, científico, fenomenológico.

Ni siquiera el “tiempo geológico” es tan estable mirado por el insecto que nace a las ocho de la mañana y muere a las cinco de la tarde de ese mismo día:

“Todo lo que yo conozco es que debo bien pronto morir; pero lo que más ignoro es esta misma muerte, que no podré evitar.”

Por eso Platón dice  que la existencia real son las Ideas, por imperecederas, no las cosas materiales que tenemos a la vista por físicas. Éstas están  en perpetuo transformarse, deshaciéndose y rehaciéndose, disgregándose y consolidándose.

Buscamos lo imperecedero. Como el escalador que sube en cotas elevadas de su montaña, allá donde es el reino de  la denudación. Erosión de las rocas merced al agua que durante el día se  introduce en las fisuras, y,  por las noches, con el descenso de la temperatura, se congela y actúa como poderosa cuña haciendo estallar el bloque sólido.

(Cualquiera puede hacer la prueba, en el congelador del refrigerador   de su casa, con una botella de vidrio llena de agua).

Entre el caos vertical el escalador busca anhelante lo sólido en qué poder confiarse:

“La inmutabilidad del alma es una cosa que nos importa tanto, que nos toca tan profundamente, que es preciso haber perdido todo sentimiento para estar en la indiferencia de saber  lo que hay en ello.”

Pascal no increpa a los que no piensan como él. ¡Cada quien su vida! No estamos en los tiempos en que  cristianos y   ateos se enviaban  mutuamente a la hoguera.

Pero a los ateos que se entretienen criticando a la religión, no desde la razón ilustrada, sino desde la  ignorancia emocionada, les dice:

“Que aprendan, por lo menos cuál es la religión que ellos combaten, antes de combatirla.”



Hay mar de fondo en esto de  creer, o no. Y lo que hay es todo un modo de vivir con respecto como se piensa. Un efecto con respecto a la causa. Hay consecuencias inmediatas para el grupo.

Según la meta de la montaña el alpinista tiene que pensar en  alimentarse, ejercitarse y en general vivir en congruencia:

“Nuestro interés primordial y nuestro primer deber es ilustrarnos acerca de este asunto, del que depende toda nuestra conducta.”

Si el mundo estuviera poblado por gente que quiere llevar la fiesta en paz y tener su contexto social en la perspectiva del progreso ético, científico, cultural y económico, podríamos cerrar los ojos y pensar que hemos alcanzado la meta soñada por las religiones. Pero, Pascal se pregunta:

“¿…que sacamos con oír decir a un hombre que, pues ha sacudido el yugo, no cree en un Dios que vigile  sus acciones, se considera dueño absoluto de su conducta, y que no piensa rendir cuentas de ella más que así mismo? ¿Piensa por eso que de aquí en adelante hemos de confiar en él, y esperar consuelos, consejos y socorros en todas las necesidades de la vida?”

Dicho en otras palabras, quítese de la sociedad la Constitución política, de cualquier país, sus leyes secundarias, las instituciones legislativas, las judiciales, las policías, los ejércitos, y a ver qué pasa.

Al sur de la frontera no necesitamos esperar ver qué resulta del  experimento. Los medios de información masiva dicen (el 8  de septiembre de 2016),  que en algunas regiones del país  México hay miles de desplazados (se habla de medio millón, en cierto tiempo) por la inseguridad social. Ellos, los desplazados,  saben qué pasa cuando no hay leyes, o cuando estas no se aplican.

Pascal hace la observación de que Dios existe tanto si se acepta como si no se le acepta. Nadie niega a la nada, sólo se niega lo que es probable que exista:

“No solamente el cielo de los que le buscan prueba la existencia de Dios, sino la ceguedad de los que no lo busca.”

Pero no solo para las cuestiones pragmáticas, de todos los días, importa qué tipo de creencias se posean, sino de  trascender y de esa manera ofrecer calidad a la existencia de las generaciones que están por venir.

Algunos de los países, al sur de la frontera, están a la sazón hundidos en el fango porque sus generaciones pasadas fueron indolentes respectos de hacer valer,  en su población, los valores tanto materiales como vitales.

¡Y en el presente, con tres que dejaran en paz en erario público, la economía sería de las del primer mundo!

Dibujo tomado del diario El País, España
 Entre el cielo y la tierra está el humano. Sin éste, dirían Leibniz, Copleston, Schopenhauer y otros, no existe nada. Sí, la piedra sigue, pero tan sujeto a cambios físicos que nada hay imperecedero. Nadie, sólo el humano, posee valores materiales y espirituales.

En el nivel epistemológico una cosa es calentar el banco y otra adelantarse a nuestro tiempo para ir abonando el terreno para la buena cosecha:

“los filósofos han conducido su moral independientemente de ello: deliberan para pasar el rato. Platón para preparar el cristianismo.”

Se puede, como todo buen hedonista, tratar de detener  la vida, como el niño juega en el río tratando de contener con sus manos el agua:

“Es una cosa horrible-dice Pascal-sentir cómo pasa todo lo que se posee.”

Los ateos, o, como Pascal lo dice, los impíos, requieren el mayor conocimiento de la ciencia para hacerse  fuertes en su modo de pensar.

O se confundirán con los indolentes que ni se interesan por la teología pero tampoco por lo suyo, que es la filosofía. Sólo tiene opiniones. Y, para opiniones, en el arrabal donde vivo, tenemos al menos dos toneladas:

“Los impíos que hacen profesión de seguir a la razón deben ser extraordinariamente fuertes en razón.”

Como sea, Pascal reitera, al final del capítulo IV de su obra Pensamientos, que para efecto práctico es necesario en la vida diaria no perder de vista la causa que nos mueve a ejecutar cualquier acción:

“Es indudable que de ser el alma mortal o inmortal, depende de una moral enteramente distinta.”

 
PASCAL

“Blaise Pascal fue un polímata, matemático, físico, filósofo cristiano y escritor francés. Sus contribuciones a la matemática y a la historia natural incluyen el diseño y construcción de calculadoras mecánicas” WIKIPEDIA

SHAKESPEARE VISTO POR EMERSON


 

“Shakespeare  fue un maestro en el arte de hacer pasar agradablemente el tiempo”, escribe Emerson.

En un tiempo remoto en el que los  libros y los periódicos eran escasos, el teatro fue el que llevó la luz al erial.

El teatro no fue, por lo general, el autor (sí lo sería con Shakespeare), sino el vehículo, como ahora hacen los periódicos.

Los grandes pensadores, que construían sus teorías de la manera cómo veían al mundo, monologaban, unos, o dialogaban otros. Pero siempre entre ellos. Como en la actualidad hacen los de la Academia, en auditorios, lejos del arrabal.

Fue la gente del teatro la que trasmitía aquellas ideas de manera formal, como lo hacían Eurípides, Esquilo,  Sófocles y Plauto, o bien haciendo reír, como Aristófanes.

Ejemplo: el elaborado tema filosófico del hacer, es decir, el devenir, sólo tiene lugar en el tiempo y el espacio. Y ahí están los filósofos batallando con los átomos, el vacuo, el pretérito desde la eternidad en una causa y efecto sin fin que luego se convierte también en causa...

 Bueno, Aristófanes se lo decía de esta manera  a la gente que llenaba el teatro: mediante el vuelo de una mosca que, partiendo de determinado lugar emprendía la carrera y se iba a parar a la calva de Sócrates… Así de fácil llenaba Aristófanes  el expediente de la fenomenología.

La gente, después de reír a costa del maestro Sócrates, empezaba a pensar que tras el vuelo de esa mosca se encontraba algo más profundo. Y del fenómeno, o la representación, buscaban la antinomia de lo material e iban a dar a la idea de la cosa.

Pensaban que, después de todo, eso que acababan de ver y oír  no les era desconocido del todo. Como si estuvieran recordando algo que yacía en alguna parte de su ser.

Los sistemas filosóficos nacen de observar la vida del pueblo, porque la filosofía es la vida vivida de la calle (en el instituto se desglosa y sistematiza), no es una invención y en el teatro la gente encontraba algo o mucho que les era familiar.

Emerson: “Fácil es observar que lo mejor que ha escrito o hecho un genio no ha sido debido a la obra de un solo hombre, sino al producto del trabajo social, en el que han tomado parte millares de individualidades  animadas por un mismo impulso.”

Ese fue el papel civilizador llevado a cabo por el teatro antes aun de que hubiera escuelas. Es el contexto cultural al que Emerson coloca a Shakespeare.

Siglos más acá el teatro seguía con su tarea civilizadora:

“No se escribía literatura para la mayoría, pues no se conocían aún la imprenta y las ediciones económicas, ya que en aquella época no se leía tanto como se lee hoy.”

Conmovedor leer cómo un gran hombre, como Emerson, se expresa de Shakespeare no sólo como un gran hombre, sino como “el mejor que ha existido.”

W.SHAKESPEARE
La actitud de Emerson resalta cuando estamos familiarizados con la rebatinga que se traen entre si los grandes filósofos de todos los tiempos, incluidos los Presocráticos.

Emerson no pasa por alto que Shakespeare conoció primero algunas obras de otros autores que él a su vez  desarrolló. Como Cervantes hizo con Tirante Blanco, Goethe con las leyendas de Fausto, Petronio con Ovidio y la leyenda del hombre lobo, etc.

“En aquellos día no era tan severa la demanda de originalidad que requiere hoy nuestra petulancia.”

Ahora, en el siglo veintiuno, poca gente va al teatro (hasta algunas salas de cine se han visto precisados a cerrar). A eso se debe que son pocas las ideas de calidad que circulan por el mundo.

Las noticias de lo que acontece día a día, comunicadas por los medios, y los anuncios de productos para el hogar, llenan el día.

Al estilo de un novelista que tiene mucho qué decir a la gente y lo hace por medio de inventar personajes y situaciones o agarra como andamiaje hechos históricos, o leyendas, así hizo Shakespeare:

Emerson: “Se trataba de un hombre pletórico de ideas que disfrutaba conversando, de un cerebro que exhalaba pensamientos e imágenes y que al buscar una salida para ellos, encontró que el teatro era lo que tenía más a mano.”

Pero lo que Shakespeare hizo fue, también, a través de su escritura, servir de espejo. Es decir, reveló como es, como piensa, cómo actúa, la gente que de manera genérica llamamos “occidental”. Esa gente de Europa y de la región norte de América:

Emerson: “él fue quien esbozó al hombre inglés y europeo, él fue el padre del hombre americano. Esbozó al hombre y describió lo que hace durante el día, leyó en los corazones de los hombre y de las mujeres la probidad, la segunda intención y la vileza,  el engaño de los inocentes y la transiciones  por las cuales las virtudes y los vicios se truecan en sus contrarios; le fue factible dividir  la parte que correspondía a la madre y al padre frente al hijo, o trazar los límites entre la libertad y el destino.”

Schopenhauer despacharía la descripción del mundo occidental en cuatro palabras, según su teoría de la idea y la representación para descifrar la condición de la gente: objetivación de la voluntad. Es decir, con “un vistazo”.

Según su filosofía  el mundo es idea y es representación y vemos cómo el modo de pensar de esas naciones se puede conocer por el modo material en que se encuentra:

“el mundo de la representación refleja la esencia interior de la voluntad.”

La cultura occidental fue desde entonces prodiga en mentalidades que profundizaron  en esa antinomia a la que Schopenhauer se refiere de la Idea y la Representación.

Y  Emerson la reconoce: “Shakespeare, Homero, Dante, Chaucer comprendieron el maravilloso significado del mundo visible.”

 No hay duda que cada región cultural o, hasta cada país, tiene su "hombre inigualable". Desde aquel lejano día que el oráculo de Delfos dijo que Sócrates era el hombre más sabio del mundo.
 

Pero en lo de Shakespeare Emerson es categórico al decir:

“En lo que respecta al talento y a la potencia mental, el mundo de los hombres no nos puede presentar otro igual.”

(Lee Masters, Emerson, Buenos Aires, 1945)

VIÑETA DEL LIBRO DE MASTERS
“Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882) fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX. “Como conferenciante y orador, Emerson –apodado «el sabio de Concord»- comenzó siendo la voz líder de la cultura intelectual yanqui. Herman Melville, quien conoció a Emerson en 1849, pensó que tenía un “defecto en la región del corazón” y una “autoconciencia tan intelectualmente intensa que en un comienzo uno duda de llamarla por su nombre”, y más tarde admitiría que Emerson era “un gran hombre”. Theodore Parker, un ministro y trascendentalista, notó su habilidad para influenciar e inspirar a los demás: El trabajo de Emerson no solo influenció a sus contemporáneos como Whitman y Thoreau, sino que continuaría influenciando pensadores y escritores en los Estados Unidos y en todo el mundo hasta el momento. Nietzsche y William James reconocieron la influencia del «Sabio de Concord». También en Henri Bergson, cuyo élan vital es una transcripción literal de lo que él llamó “vital force”.

 

 

 

 

 

 

SHAKESPEARE VISTO POR EMERSON


 

“Shakespeare  fue un maestro en el arte de hacer pasar agradablemente el tiempo”, escribe Emerson.

En un tiempo remoto en el que los  libros y los periódicos eran escasos, el teatro fue el que llevó la luz al erial.

El teatro no fue, por lo general, el autor (sí lo sería con Shakespeare), sino el vehículo, como ahora hacen los periódicos.

Los grandes pensadores, que construían sus teorías de la manera cómo veían al mundo, monologaban, unos, o dialogaban otros. Pero siempre entre ellos. Como en la actualidad hacen los de la Academia, en auditorios, lejos del arrabal.

Fue la gente del teatro la que trasmitía aquellas ideas de manera formal, como lo hacían Eurípides, Esquilo,  Sófocles y Plauto, o bien haciendo reír, como Aristófanes.

Ejemplo: el elaborado tema filosófico del hacer, es decir, el devenir, sólo tiene lugar en el tiempo y el espacio. Y ahí están los filósofos batallando con los átomos, el vacuo, el pretérito desde la eternidad en una causa y efecto sin fin que luego se convierte también en causa...

 Bueno, Aristófanes se lo decía de esta manera  a la gente que llenaba el teatro: mediante el vuelo de una mosca que, partiendo de determinado lugar emprendía la carrera y se iba a parar a la calva de Sócrates… Así de fácil llenaba Aristófanes  el expediente de la fenomenología.

La gente, después de reír a costa del maestro Sócrates, empezaba a pensar que tras el vuelo de esa mosca se encontraba algo más profundo. Y del fenómeno, o la representación, buscaban la antinomia de lo material e iban a dar a la idea de la cosa.

Pensaban que, después de todo, eso que acababan de ver y oír  no les era desconocido del todo. Como si estuvieran recordando algo que yacía en alguna parte de su ser.

Los sistemas filosóficos nacen de observar la vida del pueblo, porque la filosofía es la vida vivida de la calle (en el instituto se desglosa y sistematiza), no es una invención y en el teatro la gente encontraba algo o mucho que les era familiar.

Emerson: “Fácil es observar que lo mejor que ha escrito o hecho un genio no ha sido debido a la obra de un solo hombre, sino al producto del trabajo social, en el que han tomado parte millares de individualidades  animadas por un mismo impulso.”

Ese fue el papel civilizador llevado a cabo por el teatro antes aun de que hubiera escuelas. Es el contexto cultural al que Emerson coloca a Shakespeare.

Siglos más acá el teatro seguía con su tarea civilizadora:

“No se escribía literatura para la mayoría, pues no se conocían aún la imprenta y las ediciones económicas, ya que en aquella época no se leía tanto como se lee hoy.”

Conmovedor leer cómo un gran hombre, como Emerson, se expresa de Shakespeare no sólo como un gran hombre, sino como “el mejor que ha existido.”

W.SHAKESPEARE
La actitud de Emerson resalta cuando estamos familiarizados con la rebatinga que se traen entre si los grandes filósofos de todos los tiempos, incluidos los Presocráticos.

Emerson no pasa por alto que Shakespeare conoció primero algunas obras de otros autores que él a su vez  desarrolló. Como Cervantes hizo con Tirante Blanco, Goethe con las leyendas de Fausto, Petronio con Ovidio y la leyenda del hombre lobo, etc.

“En aquellos día no era tan severa la demanda de originalidad que requiere hoy nuestra petulancia.”

Ahora, en el siglo veintiuno, poca gente va al teatro (hasta algunas salas de cine se han visto precisados a cerrar). A eso se debe que son pocas las ideas de calidad que circulan por el mundo.

Las noticias de lo que acontece día a día, comunicadas por los medios, y los anuncios de productos para el hogar, llenan el día.

Al estilo de un novelista que tiene mucho qué decir a la gente y lo hace por medio de inventar personajes y situaciones o agarra como andamiaje hechos históricos, o leyendas, así hizo Shakespeare:

Emerson: “Se trataba de un hombre pletórico de ideas que disfrutaba conversando, de un cerebro que exhalaba pensamientos e imágenes y que al buscar una salida para ellos, encontró que el teatro era lo que tenía más a mano.”

Pero lo que Shakespeare hizo fue, también, a través de su escritura, servir de espejo. Es decir, reveló como es, como piensa, cómo actúa, la gente que de manera genérica llamamos “occidental”. Esa gente de Europa y de la región norte de América:

Emerson: “él fue quien esbozó al hombre inglés y europeo, él fue el padre del hombre americano. Esbozó al hombre y describió lo que hace durante el día, leyó en los corazones de los hombre y de las mujeres la probidad, la segunda intención y la vileza,  el engaño de los inocentes y la transiciones  por las cuales las virtudes y los vicios se truecan en sus contrarios; le fue factible dividir  la parte que correspondía a la madre y al padre frente al hijo, o trazar los límites entre la libertad y el destino.”

Schopenhauer despacharía la descripción del mundo occidental en cuatro palabras, según su teoría de la idea y la representación para descifrar la condición de la gente: objetivación de la voluntad. Es decir, con “un vistazo”.

Según su filosofía  el mundo es idea y es representación y vemos cómo el modo de pensar de esas naciones se puede conocer por el modo material en que se encuentra:

“el mundo de la representación refleja la esencia interior de la voluntad.”

La cultura occidental fue desde entonces prodiga en mentalidades que profundizaron  en esa antinomia a la que Schopenhauer se refiere de la Idea y la Representación.

Y  Emerson la reconoce: “Shakespeare, Homero, Dante, Chaucer comprendieron el maravilloso significado del mundo visible.”

Pero en lo de Shakespeare sólo dice:

“En lo que respecta al talento y a la potencia mental, el mundo de los hombres no nos puede presentar otro igual.”

(Lee Masters, Emerson, Buenos Aires, 1945)

VIÑETA DEL LIBRO DE MASTERS
“Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882) fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX. “Como conferenciante y orador, Emerson –apodado «el sabio de Concord»- comenzó siendo la voz líder de la cultura intelectual yanqui. Herman Melville, quien conoció a Emerson en 1849, pensó que tenía un “defecto en la región del corazón” y una “autoconciencia tan intelectualmente intensa que en un comienzo uno duda de llamarla por su nombre”, y más tarde admitiría que Emerson era “un gran hombre”. Theodore Parker, un ministro y trascendentalista, notó su habilidad para influenciar e inspirar a los demás: El trabajo de Emerson no solo influenció a sus contemporáneos como Whitman y Thoreau, sino que continuaría influenciando pensadores y escritores en los Estados Unidos y en todo el mundo hasta el momento. Nietzsche y William James reconocieron la influencia del «Sabio de Concord». También en Henri Bergson, cuyo élan vital es una transcripción literal de lo que él llamó “vital force”.

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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