MONTAIGNE, MIRAR


 

 

 

Voyerismo nos gusta la palabra pero tiene fuertes connotaciones sexuales, que no van con el espíritu de esta nota, y lo dejamos en ver, observar, analizar, deducir.

Cruzar el desierto a pie, o atravesar las montañas, deja al descubierto mucho de la verdadera naturaleza de los individuos.

Es porque  con el sudor se corre el maquillaje y deja al descubierto el rostro original, dice Montaigne:

“A un rey y a un campesino, un noble y un villano, un magistrado y un particular, un rico y un pobre, se brindarían a nuestra consideración sumamente diferentes, y no obstante podría decirse que no lo son más que por el atuendo que llevan.”

Subir montañas desaparece el maquillaje.

Mario Campos Borges en el Nevado de Toluca, México.
 
 

Montaigne no es un amargoso que quiere meterse con la intimidad de las personas, al estilo de Nietzsche e Ingenieros.

 Lo que Montaigne  propone con su “voyerismo” es un modo didáctico. Puede estarse dirigiendo a novelistas, pintores o filósofos:

“Debemos acostumbrarnos a penetrar los rasgos  reveladores: el boyero, el albañil, la persona que pasa por la calle, todo debemos examinarlo, apoderándose de lo peculiar de cada uno, pues todo es bueno para la casa; la misma torpeza  y desacierto ajenos pueden servir de instrucción.”

Observar sin prisa a las otras personas y situaciones y decirse ¿así soy? O bien ¡me gustaría ser como él! ¿O por qué son así las cosas?

“En el examen de las maneras de los demás-dice Montaigne en sus Ensayos- escogerás las buenas y despreciarás las malas.”

A.  N. Whitehead dirá más adelante por qué no es mojigatería escoger  el bien y no el mal:

“La inestabilidad del mal no conduce necesariamente al progreso.”

(El devenir de la religión)

La llave de oro para empezar ese examen, que propone Montaigne, es lo que se conoce como intuición. Schopenhauer, Kant, Max Scheler, Jean Wahl y otros han estudiado con amplitud lo que es la intuición.

Los hombres del común no conocemos esos complicados estudios pero sabemos qué es la intuición. “Intuyo que…” es una frase común. No sabe todavía qué es  pero ya está situado.

Intuición no es un invento de intelectuales. Es parte del  “equipo” que traemos ya al nacer. Algunos  definen intuición como instinto más inteligencia:

“La intuición concibe clara y perfectamente con sólo una ojeada…Concibe intuitivamente antes de que pueda ser conocido su abstracto por la razón en la conciencia reflexiva", escribe Schopenhauer. 

Está la otra escuela, la del razonar primero. Schopenhauer la conoce y se refiere a ella. Pero en  términos como sólo lo puede hacer alguien que no tiene compromisos con nadie. Pero que tampoco le importa si ésta o la otra generación que sigue lo lee o si los inmortales lo ponen en la lista negra:

"el hombre natural da siempre más valor a lo conocido inmediata e intuitivamente  que a los conceptos abstractos, a lo meramente pensado; prefiere el conocimiento empírico al lógico. Al contrario piensan aquellos que viven más de las palabras que de los hechos (se refiere concretamente a Duns Scot, a Leibniz, a Wolf y "a todos sus sucesores"), que frecuentan más el papel y los libros que el mundo real y los que en su gran degeneración se convierten en pedantes y hombres apegados a la letra."

 

(Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación)

Hay diversas maneras populares de decir lo intuido, como cuando conocemos a alguna persona o situación:

“Me cayó bien, o no “. La manera más reciente es: “hicimos clic, o no hicimos clic”.

La intuición es el conocimiento antes del conocimiento. Es tener una buena impresión, relámpago, “a la velocidad del rayo”, antes de entrar al detalle razonado.

Códice Florentino
Niño azteca al que le falta aprender todo
en la vida,
pero ya esta equipado con lo principal: la intuición.
Nos encontramos de pronto, en la llanura, con un león y lo primero es correr y ponerse a salvo. Nadie se va a quedar parado, libreta de apuntes en mano, tratando de descifrar, muy razonador, qué va a hacer el león que no ha comido en una semana…

Decidirse por lo inmediato, recomienda Schopenhauer, antes que por lo mediato. Antes que se lo coma el león. El deducir, tomando en cuenta variantes, es fatigoso, tardado y no siempre está asegurada la solución adecuada. Éstas, las hipótesis, se dejan para después, en el frío del razonar.

La intuición puede informarnos, aun, si el león es tan astuto que se ha vestido de oveja. Por eso Montaigne dice que no caminemos desapercibidos por la vida, que ejercitemos el examen para descubrir eso disfraces.

 Porque en la vida de la ciudad hay tigres vestidos de cebras.

 Por eso un  escritor de novelas policiacas debe  brincar de un lado para el otro. Tiene que ser la víctima, también ser el malo, el detective. Como dice Ortega y Gasset: en una novela hay alter ego y alter tús.

El yo y los tús.

Dibujo tomado del libro La psiquiatría en la vida diaria
 de Fritz Redlich,1968
 
Montaigne también se refiere a esa preocupación de que los demás tengan una buena impresión de nosotros.  Como decía el viejo-joven  Freud, que nos sentamos muy derechos cuando tomamos café con una muchacha, y volvemos  a estar jorobados cuando estamos solos.

Tal vez se inspiró en lo que Montaigne dijo:

“Defraudándonos de nuestras propias utilidades para formar las apariencias según la opinión general. No nos importar tanto  cuál sea nuestro ser en nosotros y en realidad como lo que de él aparece al público conocimiento.”

Montaigne sabe que por el mundo circulan muchos trajes vacíos, muchos pantalones de mezclilla vacíos, muchas camisetas vacías. Hay, como en Las mil y una noche, príncipes auténticos que parecen pordioseros y mendigos disfrazados de príncipes.

También alerta sobre esta situación:

“Es preciso juzgar al hombre por sí mismo. Sabes por qué supones que es tan alto? Porque no tienes en cuanta los tacones…”

Montaigne termina diciendo que, después del examen que  hemos hecho del mundo, nos miremos otra vez en el espejo. Tal vez haya mejorado la manera de vernos. O tal vez quedó en puro “voyerismo”.
MONTAIGNE

“Michel Eyquem de Montaigne (Castillo de Montaigne, Saint-Michel-de-Montaigne, cerca de Burdeos, 28 de febrero de 1533 - ibíd., 13 de septiembre de 1592) fue un filósofo, escritor, humanista, moralista ypolítico francés del Renacimiento, autor de los Ensayos, y creador delgénero literario conocido en la Edad Moderna como ensayo.” Wikipedia

 

 

J.ORTEGA Y GASSET, SABER LEER EN LA ANTIGÜEDAD


 

Se cree que decimos y hacemos lo que agudos pensadores nos han trasmitido desde la  antigüedad. Que no pensamos por nuestra cuenta.

Comprar un libro, leerlo y guardarlo en el anaquel es convivir con la antinomia de gente que ya no vive pero que sigue siendo. Nos sigue hablando. La pregunta es si los escuchamos.

Encontramos en una librería un Emerson que fue hecho el 20 de julio de 1945, por la Editorial Losada, S. A. en la imprenta López, Perú, 666, en la ciudad de Buenos Aires. Su autor, el que hace la presentación, es Edgar Lee Masters y traducido del inglés por Luis Echavarri. El papel, ya un poco amarilloso, por el tiempo, cocido y bien conservado.

No escuchamos lo que dicen
Este ejemplar nadie lo había leído porque tiene algunas hojas sin abrir en los bordes. Cuesta imaginar cómo pudo sobrevivir 71 años hasta que llegó a nuestras manos.

Alguien dijo, no recordamos quién, que un libro rescata a la generación en la que fue escrito. Descubre las ideas y modos  de su tiempo. Pero también rescata, justo es mencionarlo, a la generación que lo imprimió. El que hace la presentación, el traductor y todo un  ejército anónimo de técnicos y obreros que lo formaron, lo imprimieron, formaron los tipos, lavaron la tinta, lo distribuyeron, lo vendieron, etc.

Con todo, el  libro hecho de papel, letras y tinta, es una presencia causal que de todas maneras un día desaparecerá en el polvo de los días.

Pero la esencia del libro, la voluntad que lo pensó. Anota Schopenhauer, está fuera del tiempo y del espacio. Y por eso es imperecedero. La idea sobrevivirá al vehículo fenoménico:

Baltasar Gracián
¿Qué dice?
“La posibilidad de una acción y comunicación directas entre los individuos, incluyendo los procedentes de los muertos, cuya voluntad permanece, no obstante, indestructible.”

(Schopenhauer, Parerga y Paralipómena)

Ortega desarrolla parejamente, y con  extensión, lo que es el yo y, el o los tús. Los otros, los que tenemos cerca, en la familia, en el trabajo, en el deporte, en el bar.

En la novela abundan los alter ego y los alter tú.

O hasta de lejos, contemporáneamente virtuales, como los artistas del cine. Todos ellos me son  necesarios para desarrollar, quiéralo o no, parte de mi yo.

Son el límite de mi libertad y a la vez yo lo soy de la suya. Sus luces, o su modo ignaro de pensar, son una fuerte rica de información para mí.

¿Repetimos lo que dijeron los filósofos de la antigüedad? Por ningún lado escuchamos lo que ellos dijeron.

Considérese por un segundo qué mundo tendríamos si, como se dice, pensáramos como Sócrates, Platón, Parménides, Pitágoras, Emerson, Aristóteles, san Agustín, santo Tomás de Aquino, Nezahualcóyotl, Montaigne, Jesús, Buda, Diógenes, (el del tonel y la lámpara), Montaigne, Séneca, Cicerón…

Sólo un pálido reflejo tenemos de aquel luminoso universo de las ideas, en algunos suplementos culturales de los diarios. Pero muy pálido.

 Tampoco hacemos lo que dicen los filósofos de nuestra circunstancia cronológica, porque no los conocemos, no los leemos más allá de un porcentaje de la población mundial, impresionantemente bajo que sí los leen.

Sólo conocemos  a nuestra Fata Morgana cuando, cada seis años, depositamos el  voto en las urnas para formar un nuevo congreso de legisladores. Los pensadores nos dicen de un mundo vital pero nosotros, con los legisladores, queremos un mundo inmediato. Queremos comida para el cuerpo no para el alma. Hasta por ahí llegamos la mayoría. Decimos opiniones, sólo opiniones, que se van esparciendo y con el tiempo llegan a parecer verdades. Ortega:

“decimos lo que decimos como el guardia nos impide el paso, lo decimos no por cuenta propia, sino por cuenta de ese sujeto imposible de capturar, indeterminado e irresponsable, que es la gente, la sociedad, la colectividad. En la medida que yo pienso y hablo, no por propia e individual evidencia, sino repitiendo esto que se dice y que se opina, mi vida deja de ser mía, dejo de ser el personaje individualísimo que soy, ya actúo por cuenta de la sociedad: soy un autómata social, estoy socializado.”

Aristófanes
Arquetipo que inspiró  a E. Jardiel Poncela
En esto no hay nada personal ni aviesa intención de alguna secta intelectual que se haya propuesto mediatizar a la humanidad. Nadie tiene ese poder.

Es puro interés mediático. Es la ciencia de la mercadotecnia. La cual, por otra parte, tiene todo su derecho pues el negocio es el negocio. Es otro tipo de devenir, el del consumo y deshecho.

En la medida en que se mantienen lejos los pensamientos, de calidad existencial, resalta el utilitarismo inmediato:

No hacemos lo que dicen  aquellos pensadores de calidad, sino que hacemos y decimos lo que dice la gente. La gente de nuestra circunstancia, la que, como nosotros, aprende a escribir leyendo periódicos y ve mucha televisión.

Es la gente que nos impone su criterio, dice Ortega:

“Una acción tan humana como es el vestirse, no la hacemos por propia inspiración, sino que nos vestimos de una manera y no de otra simplemente porque se usa. Ahora bien, lo usual, lo acostumbrado, lo hacemos porque se hace. ¿Pero, quién hace lo que se hace? ¡Ah, pues la gente! Bien, pero ¿quién es la gente? ¡Ah, pues todos, nadie determinado. Y esto nos lleva a reparar que una enorme porción de nuestras vidas se componen de cosas que hacemos no por gusto, ni por inspiración, ni cuenta propia, sino simplemente porque las hace la gente, y como el Estado antes, la gente ahora nos fuerza a acciones humanas que provienen de ella y no de nosotros…De este modo es en el mundo de los tús y merced a éstos donde se me va modelando la cosa que yo soy, mi yo.

 Mil años antes de Cristo las religiones "paganas", y los modos filosóficos, habían hablado al hombre pero todo esto no era la prioridad de aquellas gentes.

 Alfred North Whitehead observa que desde entonces la medianía está en conflicto con el ideal:

 "Habían salvado las viejas virtudes que habían convertido a la raza humana en una gran sociedad, pero..."

(El devenir de la religión)

Es cuando Ortega nos invita a retomar el rumbo (otra vez, como en el Renacimiento, pero ahora sí de a deveras) escuchando más allá del ruido de la plaza:

“Hay otros que nunca hemos visto y sin embargo nos son: los recuerdos familiares, las ruinas, los viejos documentos, las narraciones, las leyendas, nos son un nuevo tipo de señales de otras vidas que fueron anacrónicas con nosotros, es decir, no contemporáneas nuestras. Hay que saber leer en esas señales, que no son fisonomía, gesticulación ni movimientos actuales, la realidad de esos tus pasados ante- pasados. Más allá de los hombres que se hallan dentro del horizonte que es nuestro contorno, están muchísimos más, son las vidas latentes; son la Antigüedad.”

(J.O. Gasset, En torno a Galileo)

ORTEGA
“José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”WIKIPEDIA

 

 

 

TRES PENSAMIENTOS DE SÉNECA


 

1

En una carta  enviada a  Lucilio, Séneca se aparta de la costumbre, que tiene los filósofos, de tratar de averiguar qué es vivir, qué es vivir bien.

Ahora Séneca se pregunta qué quiere decir saber morir bien.

 A la  juventud el tema no le dice nada. Pero al menos una tercera parte de la humanidad  ya está en edad avanzada y parece que el filósofo, hispano romano, de hace dos mil años, se dirige a ella. “¿Y qué es morir bien?”, se pregunta.

Y se responde a sí mismo “Sustraerse al peligro de vivir mal”.

 Luego Schopenhauer dirá que la felicidad comprende  vivir en salud física y mental. Que suprema felicidad es vivir sin dolor.Lo demás, incluida una bodega llena de joyas, puede ya no significar nada dentro de una hora…

Montaigne también tiene su modo de ver el asunto para el momento de la muerte “Si no sabes cómo morir, no te preocupes; la naturaleza te dirá qué hacer en el momento justo, completa y adecuadamente. Ella hará su trabajo a la perfección; no fastidies con eso a tu cabeza.”

Cada etapa de la vida del humano tiene lo suyo. Pero esto, tan obvio, no se acepta. De sesenta años de edad se piensa en los veintes. Esa ensoñación hace que el individuo se sienta poco más o menos como un traste viejo. Entonces hay que recurrir al doping médico y oficialmente autorizado…

¿Por qué ya no puedo escalar montañas como antes? Tomando cerveza era un campeón pero ahora con pocos tragos estoy ridículamente ebrio. Hasta por incontinencia me orino en los pantalones. Igual en el sexo y por eso se inventó el doping viagra. Igual en la carrera de los maratones. Ahora bajar pocos escalones es un martirio para mis rodillas.

Apenas pongo atención cuando alguien  dice que hay que vivir de las experiencias del pasado pero no vivir en el pasado.

No se sabe ajustar los tiempos existenciales y hay inconformidad con la vida. La vida no tiene problemas, como la montaña tampoco. Si pudiera pensar de sesenta como alguien que tiene sesenta o setenta o noventa, parece que todo iría mejor.

En lugar de pensar en superar un octavo grado superior de la montaña, como  en los  veintes, sería feliz subiendo una pendiente de dos grados de dificultad, según los estándares que han inventado los científicos  de  la escalada de salón. Seguiría en la plenitud de la vida, de la vida vivida.

De ahí que Séneca anota “Nos parecemos  a ciertos inquilinos, que están incómodos y descontentos  en sus casas y no quieren  mudarse porque ya se han acostumbrado a ellas.”

Se acentúa lo anterior si el hipotético inquilino no le dio el adecuado mantenimiento a la casa. Una por  el tiempo que inevitablemente trae lo propio.  A semejanza del agua que se filtra por las fisuras del inmenso bloque de granito y acaba desintegrándolo.

O por indolencia  dejó que su vida  se deteriorara. No supo   conservarla en buen estado. O por necesidad, como es el caso de los que trabajan en situaciones de riesgo de mineros, con  sustancias contaminantes etc.

“Por otra parte-sigue diciendo Séneca-, bien sabes que no es forzoso conservar la vida, pues lo importante es no vivir mucho sino bien vivir. Así es que el sabio vive lo que debe, no lo que puede. Examinará  dónde, cómo, con quién, por qué debe vivir; lo que será su vida, no lo que pueda vivir. ¿Qué es morir bien?, sustraerse al peligro de vivir mal.”

2

En Tratados filosóficos Séneca dice, con siglos de anticipación, las circunstancias por las que el Imperio va a sucumbir.

No hace un inventario de los vicios que han llevado a la decadencia a la clase dirigente, como sí lo hace Cicerón.

Hay una vieja lección de historia que los romanos no han aprendido de los griegos, de los macedonios ni de  sus connacionales etruscos. Todos ellos otrora grandes naciones. El poder los llenó de molicie y perdieron la disciplina psicofísica. El ejército mismo se volvió blandengue.

No como Troya, no como México-Tenochtitlán, que cayeron en el apogeo de su fuerza, juventud y gloria, que fueron vencidos pero que no capitularon.

Igual que en Roma pasó con las civilizaciones del México precristiano. Llegaban los chichimecas, barbaros del norte y destruyeron la gran civilización de los teotihuacanos, que se habían vuelto demasiados refinados.

Estos bárbaros se hacían a su vez herederos de la civilización, que acababa de destruir, se civilizaban a la  sombra de sus ruinas y con el tiempo se volvían también refinaditos. Llegaba otra oleada de bárbaros del norte y la historia se repetía. Así sucedió con los grandes: Tula,   Tenayuca,  Azcapotzalco.

El análisis que Séneca hace de la Roma de su tiempo  es   agudo, demasiado agudo para que puedan entenderlo los del  Palatinado, incluidos los senadores. Sobre todo que cada senador sueña ya con su castillo, sus tierras y su feudo.

“Huyan de los deleites y de la enervada felicidad con que se marchita los ánimos”,

escribe Séneca pero nadie hace caso. Mucho ruido, demasiado lujo, fiestas de libertinaje, relajación del ejército.

Séneca no  detiene su mirada en las salas de los festines ni en corredores palaciegos de la intriga, que él conoce tan bien toda vez que es parte, importante, del “campus”.

La aguda mirada de Séneca va más allá de los límites del Imperio y penetra en los bosques llenos de niebla y de nieve. Sabe que ahí está alguien que espera que los mandos de Roma se depraven aún más.

Lo que ve son a “los alemanes y las demás gentes que andan vagantes en las riberas del Danubio, siempre los oprime un perpetuo invierno y un anublado cielo, y sustentándolos  escasamente el estéril suelo, defiendense de las lluvias en chozas cubiertas de ramas y hojas; bailan sobre las lagunas  endurecidas con el hielo, y para sustentarse  cazan las fieras.”

Y pasa a preguntarse “¿Parécete que estos son míseros? Pues ninguna cosa en quien la costumbre se ha convertido en naturaleza, es mísera, porque poco apoco vienen a ser deleitables las que comenzaron por necesidad. Estas naciones no tienen domicilios ni lugares de asiento más de aquellos que les da el cansancio de cada día; su comida es vil, y la han de buscar en sus manos; y siendo terrible la inclemencia del cielo, traen desnudos los cuerpos, siendo esto que tú tienes por incomodidad, la vida de tantas gentes, y al contrario, los que crecieron en abrigados valles son frágiles…”

Debido a tantas risas, de vino y flores del Palatino, las palabras de Séneca nadie la escuchó…

3

Pensamientos como el que sigue son los que llevaron a la leyenda que Séneca había sido convertido, por san Pablo, hacia el cristianismo. Durante siglos, en la Edad Media, corrió esta especie.

Aunque contemporáneos, y habitantes ambos en Roma, la capital del Imperio, está comprobado que eso no fue cierto.

Por otra parte Séneca vivía en los corredores del Palatino, como hombre de confianza y preceptor de Nerón. En tanto san Pablo a la sazón, y a punto de ser apresado y enviado a la cárcel mamertina, para  ser decapitado, vivía con  los cristianos que por esos días se reunían, con todo sigilo, en lo profundo de las catacumbas de la ciudad.

Con el 90 por ciento de coincidencia, el cristianismo con la filosofía griega-romana, ambos personajes tenían casi el mismo modo de pensar. La palabra en la que se puede resumir el Nuevo Testamento es amor, y, la palabra para la filosofía griega pagana es virtud. Con sus matices ambas están en la perspectiva del bien, tanto si el individuo se mueve en los valores materiales, como en los valores vitales.

Hablando de la ira, en sus Tratados filosóficos, Séneca escribe algo que también suscribiría san Pablo:

“Puede absolverse al hombre que ha cometido una falta, si su arrepentimiento es de buen augurio para lo sucesivo y si se ve que el mal no viene del fondo de su alma, sino que es superficial.”

SËNECA
“Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (4 a. C. – 65) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.”WIKIPEDIA

 

 

 

M.G.MORENTE, EL VALOR DE LA PREOCUPACIÓN


 

Hamlet se sitúa en el centro de la ontología con sus conocidas palabras “ser o no ser”.

El ser, la nada, la angustia, el devenir, los valores, son de lo óntico, es decir, del ser.

  “Lo óntico se refiere al ente en sí mismo, y lo ontológico a lo que hace que un ente sea lo que es.”

Aun la nada, es, con relación al ser.

 Una piedra es, una entelequia también  es.

El volcán Aconcagua es, volcán Aconcagua, desde el día en que los hombres se ocuparon de él. Un día de 1893 Jean Habel, alemán habitante de Chile, sube y recorre el Glaciar Horcones. Asomó la cabeza entre las laderas desnudas y los glaciares y empezó a caminar entre los paraje milenariamente solitarios.  

De otra manera seguiría siendo un volcán más entre los cien volcanes anónimos que hay en la región. Sería en lo material pero no humanizado.

Más específicamente, dice Morente, porque nos preocupamos de ellos. Es lo que este filósofo define como vida. Preocuparse.

Y con la preocupación le damos vida a otra cosa que antes no la tenía: el futuro:

“La vida comienza siendo una preocupación de futuro, que no existe.”

¿Qué es preocuparse por llevar los niños al kínder o a la guardería? Que tengan futuro. Lo que sigue es ocuparse en llevarlos. La idea precede a la acción.

Preocuparme por conquistar a esa muchacha puede contener todo un plan de vida. Si logro conquistarla ya me ocuparé de desarrollar ese plan. Si no me preocupa, nada hay. Será como en la novela de A.J. Cronin, como dos barcos que se cruzan en alta mar en la noche.

¿Con cuántas muchachas nos cruzamos durante el día que vamos por la calle? Nada hay. Hasta que aparece una que me preocupa. Es cuando la vida empieza a tener futuro.

Todas estas cosas son ontológicas, el ser, el no ser, el hacer. Lo óntico, la ontología, palabra que asusta al que por primera vez se topa con ella, no es más que las cosas que hacemos o, incluso, las que no hacemos.

Heidegger se ocupa extensamente(al igual que Max Scheler) del ser ontológico, valga lo tautológico, pero diez años antes José Ortega y Gasset ya había publicado la idea en Meditaciones del Quijote.

Un niño que no va a la escuela no tiene futuro, tiene días por delante y a ver qué dice el azar. El azar también es parte de la vida, es óntico, pero es aleatorio y se sale de nuestro panorama de preocupación. De nuestra planeación.

 La vida es una preocupación del futuro, insiste Morente:

“El primer carácter que le encontramos a la vida es el de la ocupación. Vivir es ocuparse; vivir es hacer; vivir es practicar. La vida es una ocupación con las cosas; es decir, un manejo de las cosas, un quitar y poner cosas; un andar entre las cosas; un hacer con las cosas esto o lo otro. Y entonces encontramos esta primera contradicción: que esos objetos reales-las cosas-son lo que son no en sí mismos sino en cuanto nosotros nos ocupamos de ellos. El ocuparnos con las cosas es lo que les confiere el carácter de cosas; porque llamamos precisamente cosas al término inmediato  de nuestra acción.”

Artemisa. Antes  era sólo  un bloque de mármol.
Ahora es un material moldeado por lo ideal.
Lo mismo sucede con la Luna. El día que el humano, desde su cueva, la contempló, dejó de ser sólo un satélite de la Tierra. Ambos, Aconcagua y Luna, ahora tienen vida porque nos ocupamos de ellos.

Se es de manera material, y se es de manera ideal, dice Manuel García Morente en su obra  Lecciones preliminares de filosofía, lección XXV:

“El ser de las cosas es un ser real, es decir, temporal y causal.”

Y también el ser ideal:

“al ser de los objetos ideales lo llamamos ideal porque no es temporal ni causal.”

Así la preocupación normal, (no patológica intensa que inhibe) no es un dolor de muelas, es por el contrario, sinónimo de vida. La ocupación es presente, la preocupación es futuro que planea otro presente.  Es la preocupación de la ocupación.

Nos parece que la ontología (el estudio del ser) nada tiene que ver con la vida del arrabal .Al contrario. Está más cerca que nuestras narices. Lo óntico es mimismo.

Pensar que lo óntico es una cuestión extraña a nosotros (por más rara que nos suene la palabra) es como decir que nosotros nada tenemos que ver con el H2O. Así, de ese tamaño. O con el planeta Tierra que pisamos…

La vida diaria está llena expresiones ónticas. Las decimos de manera categórica: “Yo soy el camino…” advirtió Jesús.

Conscientes algunas veces  y otras  muchas a la ligera, por costumbre, mecánicamente. Un grupo de aficionados al futbol en lugar de decir le vamos al Pachuca dice “somos del Pachuca”. O ¡Eres un necio!

La manera callejera para querer referirse a la nada, se reafirma, sin sospecharlo, en el ser, al exclamar “No somos nada”.

Morente cierra con este pensamiento: “La vida es una preocupación del futuro...La nada sobrecoge al hombre; y entonces la angustia de poder no ser  es la que lo atenaza y sobre ella se levanta la preocupación, y sobre la preocupación la acción para ser, para seguir siendo, para existir."

MORENTE
 
“Manuel García Morente (Arjonilla, Jaén, 22 de abril de 1886 – Madrid, 7 de diciembre de 1942) fue un filósofo español y, converso católico, en sus últimos años de vida fue sacerdote. Fue un gran divulgador, traductor de obras del pensamiento europeo, filósofo de cuño original, y gracias a su magisterio oral y escrito se iniciaron en la filosofía, y aún hoy día lo siguen haciendo, multitud de promociones universitarias….En 1912 obtiene la cátedra de Ética de la Universidad de Madrid. Su pensamiento oscila en este momento entre el kantismo —tesis doctoral sobre La estética de Kant (1912); monografía sobre La filosofía de Kant, Una introducción a la filosofía (1917); traducciones de la Crítica del juicio (1914), de la Crítica de la razón práctica (1918) y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1921) kantianas— y el bergsonismo —La filosofía de Bergson (1917)—. Durante los años veinte inciden sobre su mente el biologismo histórico de Spengler (tradujo la famosa Decadencia de Occidente del citado filósofo de la historia alemán), Rickert, Simmel, y la axiología, merced a la incorporación que se hizo de la obra de Scheler y Hartmann a través de la Revista de Occidente. En las postrimerías de este decenio termina las traducciones de las Investigaciones lógicas de Husserl (1929), junto con José Gaos, y del Origen del conocimiento moral de Brentano: el método fenomenológico será utilizado en adelante con singular destreza en su indagación filosófica.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARA ENTENDER DE TECNICA FOTOGRÁFICA -LA CÁMARA FOTOGRÁFICA


 

Este trabajo fue editado por la Secretaría de Prensa, del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM,) en 1982.

A la sazón no se conocían en el país las cámaras fotográficas digitales, “tabletas” ni teléfonos celulares, que igualmente son cámaras fotográficas.

La técnica que aquí se ofrece es, aunque no lo parezca, el fundamento de lo que sucede en las cámaras digitales de la actualidad.

Si bien, ahora  son otros materiales, otros modos y otros tiempos para obtener una fotografía. La computadora substituyó al laboratorio fotográfico, ya no hay que ir hasta la redacción o a la imprenta a entregar personalmente la fotografía, etc.

Pero, para hacer un símil, con la filosofía de Platón, diremos que el arquetipo es la causa de todo lo que vendrá después…





Las figuras que ilustran este trabajo fueron tomadas de: Manual de Técnica Fotográfica, de John Hedgecoe, y de Editorial de Métodos y Sistemas S. A. de C.V.


 

LA CÁMARA FOTOGRÁFICA

 

 


 


 

 EL OBJETIVO


 

 


 EL ENFOQUE

Todo esto entra en juego en la digital con  sólo apretar el "disparador"
























EL DIAFRAGMA















VELOCIDAD DE DISPARO


 LOS OBJETIVOS

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


FILTROS



















MATERIALES EN B/N


REVELADO DE PELÍCULAS EN B/N












































 
 
 
 
 
 
 

CARGA DE PELÍCULA EN LOS CARTUCHOS
 
 






PAPELES FOTOGRAFICOS



























 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores