DR.GALI, CAMINAR

Sabemos que caminar es un modo natural pero ahora se camina poco, lo que es antinatural.

El Dr. Gali es una autoridad en la materia  y nos orienta en su libro Juventud eterna por medio del naturismo, de 1988.

¿Vive usted en el nivel diez? ¡Suba unos en el ascensor y otros caminando! ¿Va usted  de aquí a cinco kilómetros? ¡Maneje tres y camine dos!

¿Practica usted  escalada de salón? ¿ Hágalo tres veces y dos en la montaña, que le dé el aire!
del libro Técnica alpina
de Manuel Sánchez y Armando Altamira G.
Editado por la Universidad
Nacional Autónoma de
México,1978

¿Le parece que estos imperativos categóricos, dichos de la manera más fraterna, son exagerados?

¿Sí? ¿Le parecen exagerados? Entonces prepárese para abordar la barca de Caronte que lo llevará hasta el hospital más cercano de la Secretaría de Salubridad, o al más lujoso de los sanatorios.







Lejos de la práctica de
caminar, México en segundo lugar.
Grafica tomada de El País
11 de noviembre del 2017
 Porque el nerviosismo, ahora elegantemente señalado como estrés, el insomnio y su bien surtido “pastillero”, le amargarán la vida que le quede por delante, que según estadísticas, ya no será vida. Para los que no  hacemos caso, el Dr. Gali, nos dice:

“Para conciliar el sueño sin  dificultad y dormir a pierna suelta, vale más una caminata a paso vivo, durante el atardecer o a primera hora de la noche, que todos los medicamentos, barbitúricos, bebidas alcohólicas o programas de televisión que se vean para llamar al sueño.”

Frecuentar el erotismo con la mujer, el amor hacia los hijos, el mundo del arte, la lectura y la escritura y todo ese maravilloso universo de la cultura, cine, teatro, etc., todo los hemos abandonado por el “pastillero”.

La salud es primero, y hay que cuidarla, pues de otro modo saldremos antes de tiempo de este planeta, como decían los Presocráticos. Pero cuidarla, descuidándola, como señala el Dr.Gali, es una especie de hedonismo, de narcisismo.

¿Absorto en los conflictos que nos proyecta, y envuelven, la vida de la ciudad moderna, la cuestión laboral y la mugre que ensucia a la vida en sociedad o  metido de tiempo completo en la labor intelectual?

Está lo propio, que podemos trabajar en ello, y lo externo donde no podemos hacer nada. No está en nuestras manos. Sólo dejar que la bola ruede. Con frecuencia los fantasmas de la noche hacen ¿plop! cuando amanece.

75 años de vida al nacer de los mexicanos.
¿Cuántos en declive?
Diario El País.
 Lo insano es seguir morbosamente absorto. Por estar absorto Rafael Valentín O´Flaharty, personaje de Balzac, inmensamente rico, acabo miserablemente su vida a los veintisiete años de edad.

Para los desempleados, sin una moneda en el bolsillo, y para los inmensamente ricos, de Balzac, habla el Dr. Gali:

 “En lo que hace al sistema nervioso y a la mente está el hecho indudable de que a un hombre sano, pero atormentado por graves problemas o preocupaciones, le aprovecha más una caminata de varios kilómetros que todas las medicinas y psicologías que hay en el mundo. Se evitan la nervosidad y desasosiego mediante la practica regular e intensa del ejercicio físico. De él necesita la persona dedicada al trabajo intelectual para mantener despejada la mente.”

Así las cosas, nosotros decimos que el deporte, para conservar la salud, más que el deporte de competencia, es para viejitos, en particular  el alpinismo.

 En otras palabras, es que llegando a la mitad de nuestra vida, que en México es de 75 años de edad total, es el momento en el que somos sometidos a la más rigurosa auditoria biológica por la naturaleza misma.  ¡Y ahí  no hay sinodal que se venda y nos diga cosas bonitas!

Es la edad en que  todo estado psicofisico  empieza a venir a menos. El sedentarismo en el sillón, frente al televisión, más de la cuenta, es la mejor manera de salirse cuanto antes de este planeta. ¡Con eso cuentan los sistemas de pensiones! ¡Que viva el sedentarismo para que más pronto dejen de cobrar sus pensiones!

Por eso decimos que allá por los cincuenta años de edad, hay que agarra la mochila y caminar por las montañas. Y escalar. Sino los noventa, o más grados, como antes, dos o tres grados, y todo será ganancia para la salud.




Dr. Gali:  “Un hombre entrado en años contrajo, en el rigor del invierno, una gripe que lo obligó a recluirse en sus habitaciones por largo tiempo; a consecuencia de permanecer sentado se le hincharon las piernas, y se puso decaído y nervioso. Un análisis médico demostró que no estaba enfermo del corazón, como se suponía, sino adolecía sólo de pereza circulatoria y de pesadez, ni siquiera como consecuencia de su avanzada edad, sino de su inmovilidad física y falta de ejercicio. No se le prescribieron medicamentos, pero sí ejercicio físico una caminata diaria de dos a tres kilómetros; a los diez días había desaparecido al hinchazón de piernas, la gripe y todos los malestares que sentía, y con la practica del ejercicio vivió muchos años todavía, en completa salud y bien estar general.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

WAHL, BIPOLAR O ANTINOMÍA


 

 

“No sería la esencia, esencia, si no existiesen  las cualidades no esenciales” J.W.

La oratoria revuelve gatopardismo político con antinomia filosófica.

En tiempo de elecciones, a puestos de dirección popular, todo deja de existir y se dedica la sociedad, o encausan a la sociedad, en un solo punto: las elecciones.

Mimetizarse, del color de la conveniencia política,  no es lo mismo que el argumento dialéctico opuesto de tesis y contra tesis filosófico.

En éste, se dice, hay siempre un movimiento, un Devenir en todas partes, y nada estable. Es el argumento de algunos pensadores como Nietzsche y Bergson, para negar lo espiritual, lo esencial, lo estable.

En el mundo de las antinomias esto no es posible. Es como señalar que el río que corre montañas abajo  no tiene cauce por donde el agua desciende. El cauce es lo estable y el agua el movimiento que deviene, dicho tautológicamente.

Las antinomias llenan nuestro mundo con las muy conocidas figuras calor y frío, seco y húmedo, arriba y abajo. Pero que considerados con amplitud no es más que una misma cosa en etapas diferentes. La gota de mercurio que encierra el termómetro es la misma aunque la gradación del termómetro marque arriba o abajo del cero.

El agua se considera una roca en estado líquido cuando La temperatura es cálida y el hielo se licúa. Pero aparte de la diferencia posible de temperatura el agua es el agua, es lo estable. Lo mismo el hombre es como es, hasta la muerte, no obstante  los vaivenes que tenga en la vida. Ya sea por la circunstancia o por la pedagogía.

Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich,1968
Se nos dificulta aceptar que sucede lo mismo con el binomio espíritu-materia, lo estable y lo que pasa o deviene, respectivamente.

Nuestros lugares comunes de no morimos, sólo nos trasformamos o de esta vida pasamos a una vida mejor, dicen a diario lo que forman la cultura occidental: lo fenoménico y lo espiritual.

De hecho todas las culturas que vienen desde la antigüedad, y no importa de qué contiene se esté hablando, se apoyan en el binomio materia- espíritu.

La espiritualidad está presente, como referencia, de lo no espiritual en la teoría atómica de Demócrito. Es la antinomia clásica que se menciona a través de los siglos.

Desde luego que algunos son honrados consigo mismo al creer, y manifestar, solo en lo que ven. Y en eso se basa la democracia ideológica.

 No el contradecir patológico o el encubierto sofisma, sino en disentir. De tesis y contra tesis es por lo que la vida es bella, en los países de la libertad. Y si hay síntesis, tanto mejor:

“La belleza y la verdad son, en último terreno, uno”, anota Frederick Copleston en su Historia de la filosofía.

Lo frecuente es la bipolaridad que juega, al mismo tiempo, en los dos lados de la cancha de futbol. Algunos por candidez y otros por trapacería. No necesitamos  cifras o estadísticas de cuántos honrados y cuántos bipolares hay en el planeta.

Se pone en evidencia, a la luz del sol, y es registrado por las casillas de votar en tiempo de elecciones, cuando se trata de democracia. Los de un  partido suelen votar a favor del partido antagónico.

Es siempre un panorama político caliente que nos arrastra a los hombres de banqueta, faltos de luces culturales. Pero igual arrastra a los intelectuales. Dante era católico y pertenecía a la tercera orden de san Francisco y, sin embargo, militaba en el partido de los Blancos, de los güelfos, anti Iglesia, y por lo mismo era contario de los gibelinos, partido pro Iglesia.

En México, y seguramente en otras partes, sucede  con frecuencia, que se vota para allá en lugar de votar para acá.

Arrastrados por la oratoria del momento, no porque la Declaración de Principios de sus partidos lo permita. En realidad pocos conocen la Declaración de Principios de su respectivo partido. ¡Y menos las de los otros partidos! Lo que nos informarían cuáles son sus metas.

Esta bipolaridad siempre es sospechosa de trapacería o de ingenuidad. Furibundos “progresistas” que durante veinticinco años trinaron en la tribuna  del mitin, contra el partido en el poder, luego forman parte de ese mismo partido en el poder. Militantes del partido en el poder, por lustros y más lustros, y después son “progresistas”. En el siglo pasado a esto se le llamaba, en literatura,  gatopardismo. En la actualidad "efecto cucaracha".

Esa bipolaridad, ese gatopardismo, esa falta de honradez, no es lo que persigue la antinomia legítima de que se habla en filosofía.

En filosofía de lo que  se trata es que esa antinomia, esa dualidad, en realidad es unidad. Como el mercurio en el termómetro.

En la Asamblea General lo que se  busca es repartirse el poder terrenal. En filosofía, y en teología, lo que se busca es la equidad en lo inmediato y, quizá, la eternidad del cuerpo- espíritu a través del incesante devenir.

La cita completa de Wahl, que mencionamos al principio, es: “En Hegel vemos por primera vez un critica de la separación entre la esencia y las cualidades no esenciales. Según él, no sería la esencia, esencia, si no existiesen  las cualidades no esenciales a que está vinculada, de suerte que lo no esencial es esencial a la esencia.”
Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988,Cap.V.

Wahl

“Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).”WIKIPEDIA

PLATÓN,OTRO REVOLUCIONARIO TRAGADO POR SU REVOLUCIÓN


 

Platón y los filósofos de la Helade sintieron y buscaron, con afán, los valores esenciales, a los que llamaron, virtud, con preponderancia de los valores materiales.

Esto sucedió cinco siglos antes del cristianismo. Y  siglos más, si rastreamos entre los Presocráticos. Más, aun, si nos avocamos a los trabajos de arqueología.

Teotihuacán, en México, por ejemplo, del que no existen códices, ni tradición, ni relatos, más allá de la Leyenda de los Soles. Algunos  edificios y algunas pinturas. Ur, la antiquísima   ciudad perdida de los caldeos, o súmeros, toda una gran cultura, prototipo para el Cercano Oriente, que desapreció cuando Egipto era apenas un hacinamiento de pequeños reinos. Etruria, reino guerrero, sensual y artista, antecedente y prototipo de lo que sería Roma. También perdido al grado que fue descubierto por un campesino que araba la tierra y su yunta se fue al fondo…

De una manera o de otra en todos ellos ya estaba presente la dialéctica situación de los material y, su contraparte, lo  espiritual. A ésta, como queda dicho, le  llamaban virtud.

Cicerón decía lo mismo, el legislador romano, heredero de la cultura griega, leerlo da la impresión que estamos leyendo a San Agustín ya cristiano. Recordar que Cicerón murió cuarenta y tres  años   antes de que Jesús naciera. Con lo que se descarta toda sospecha de plagio ideológico.

 Lo mismo puede decirse de Séneca, que hablaba de los valores esenciales a tal punto que durante la Edad Media corrió la burda leyenda, que había sido convertido al cristianismo por San Pablo.

Igual pensaron, en cuanto a ideas esenciales, no materiales, el emperador Marco Aurelio, Plotino…

En el continente americano indio estuvieron los valores espirituales durante milenios representados por el glifo de la Serpiente Emplumada (el espíritu que se eleva sobre la materia) Y fueron tan ciertos que dos siglos tiene  una corriente religiosa, nacida en Estados Unidos, y enmarcada en el Antiguo Testamento, que proclama, por demás audaz, que Jesucristo habría llegado a América hace veinte  siglos…trece  siglos antes que los vikingos,primeros europeos en América.

En atención a la fidelidad histórica, el mormonismo nació en México (el Libro de Mormón fue publicado en 1830), pero a partir de 1848 quedó del lado norteamericano.

Esos valores esenciales, y los materiales, ya los traían los asiáticos que cruzaron Bering, probablemente veinte mil años atrás.

Lo valores esenciales, por ser espirituales, están fuera del tiempo y del espacio y por eso existen en los pueblos de todas las épocas. Por lo demás, en todos los tiempos hubo religiones rebeladas.

Para no perderse en el laberinto de las definiciones, Aristóteles, dice a qué se refiere cuando habla de  virtud:

“Decimos que vivir bien y obrar bien no es otra cosa que la felicidad; luego, ser feliz y la felicidad están en vivir bien. Y vivir bien consiste en vivir de acuerdo con la virtud. La virtud es, por tanto, el fin, la felicidad y lo mejor.”

Tres veces  escribe en este pequeño párrafo  vivir bien y tres felicidad.

El que le dio todo un cuerpo filosófico a esto de lo espiritual fue Platón (y lo que  parece su alter ego, Sócrates) con sus Ideas. Era(es) de la Hélade y el Olimpo su cielo. Su modo, su universo inmaterial. Y con él todos los grandes pensadores de los tiempos antiguos cuando hablaban de valores distintos de la fenomenología.

Ahora  los cristianos   diabolizamos   a esos filósofos pioneros, revolucionarios de las ideas. Sucedió lo mismo en el México precristiano. Lo dioses representantes de las Ideas pasaron a ser demonios, literalmente.

Dante, un ilustre cristiano del siglo trece, se  encontró a los filósofos de la Hélade  en el primer círculo del infierno.

Así como los políticos hacen con los políticos de primera línea, en un tiempo, son relegados lejos, de embajadores, por los nuevos políticos.

O los revolucionarios,  pioneros, son perseguidos y hasta exterminados, por los revolucionarios de segunda generación dentro de la misma revolución cultural.

Dante, católico de la tercera orden de san Francisco, envía a Platón, y a otros contemporáneos de éste, al primer círculo del Infierno, que así llama Dante al Limbo.

Pueden haber sido los autores de las ideas con las cuales el cristianismo se parecería más que ninguna otras en el mundo de las ideas, pero, dice Dante, ¡no están bautizados! y no pueden ir más allá. Recordar que el bautismo es el primer sacramento de la Iglesia Católica. Sin él no se tiene acceso al cielo. Hay otro modo y es mediante la caridad pero, para más seguridad, el bautismo.

Ciertamente no pone Dante  a Platón en alguno de los círculos infernales verdaderamente terribles de más abajo, pero como sea, no tendrá acceso al Paraíso:

 “Levanté un poco más la vista, descubrí al maestro de los que son sabios (se refiere a Aristóteles), sentado entre la familia de los filósofos, a quien todos admiran, y todos rinden homenaje.”

Este trato preferencial de Aristóteles sobre Platón, con ser Aristóteles menos espiritual que Platón, se debe al acercamiento que en la Edad Media tendrían con él tanto Santo Tomás de Aquino como San Alberto Magno.

Enseguida se refiere a Platón:

“más cerca de él que ninguno de los otros, a Sócrates y a Platón…”

De seguro que Platón no se incomodó con esta condena que Dante hace al enviarlo al Limbo.

Platón era de la Hélade, no del Nuevo Testamento. De haber existido el derecho de autor, en tiempos antiguos, de seguro que Pedro y Pablo se habrían visto en apuros…

Platón
“Platónn. 1 (en griego antiguo: Πλάτων) (Atenas o Egina,1 ca. 427-347 a. C.)2 fue un filósofo griego seguidor de Sócratesn. 2 y maestro de Aristóteles.3 En 387 fundó la Academia,4 institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos añosn. 3 y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.n. 4 Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y filosofía de la educación; intentó también plasmar en un Estado real su original teoría política,”WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

ARISTÓTELES CONTRA LA SUPERVIRTUD


 

Aristóteles es vigente en tanto en el mundo hay malos.

Etiquetamos a los filósofos al decir que hace ya muchos siglos que vivieron, no por los conceptos que desarrollaron y por los cuales trascienden los tiempos.

Aristóteles define  a los malos como antítesis de la virtud. Malos en plural porque, dice, hay dos tipos de malos. Unos lo son por los hábitos y otros por su naturaleza.

 En otra parte se refiere a los  “malos” que no son malos, sólo que las circunstancias los llevaron a esa situación: soldados en defensa de la patria, ciudadanos en defensa propia,  o de su familia, maquinación para hacerlos culpables de algo que no cometieron, obligados a delinquir, policía   en servicio, etc. Todos estos casos no entran en la naturaleza de esta nota.

La definición que  Aristóteles hace  de la virtud, no es el “blanco como la nieve”. Sólo las máquinas están exentas de necesidades naturales y necesidades inventadas. Ser en el mundo, como algunos dicen, es estar en las emociones humanas.

Y tan propensos a que  esas emociones se desborden, y salgan de control, que uno o dos libros voluminosos de las leyes civiles  están llenos de imperativos categóricos advirtiéndonos que no podemos hacer esto ni aquello. Las cárceles  y los panteones están llenas en sobrecupo de los que no hicieron caso de tales imperativos. No hurtar, no matar, no mentir…

Aristóteles no tiene la solución inobjetable, sólo una solución de compromiso: el término medio, en el centro de los extremos. Lo mejor de ambos lados. Aquí es donde saltan las voces de todo o nada. Se está embarazada o no. Nadie está medio embarazada…

 “hemos definido a la virtud como un estado y como  término medio”, dice Aristóteles.

Gran ética, Cap.3.

No es que se quiera ser un poco bueno y en otras ocasiones un poco malo. En todo momento se tiende hacia el bien, pero algo me gana y me fallo a mí mismo:

“Decimos que vivir bien y obrar bien no es otra cosa que la felicidad; luego, ser feliz y la felicidad están en vivir bien. Y vivir bien consiste en vivir de acuerdo con la virtud. La virtud es, por tanto, el fin, la felicidad y lo mejor.”

Aristóteles no se queda en el discurso académico sino que  señala   la acción: “Así pues la felicidad debe consistir en el uso y en la acción de alguna cosa.”

Los Padres de la Iglesia se van a referir a esta antinomia llamándole el Bien y el Mal, no tanto Virtud. Y los filósofos dicen Ser y No-No Ser.

San Pablo dice que él  sabe qué es el Bien y sin embargo alguna ocasión actúa en contrario. San Agustín hace una formidable catarsis de tantos errores mundanos e intelectuales que comete dentro de una conducta general que busca el Bien.

Y las Madres de la Iglesia, Santa Teresa de Ávila y Santa Teresa de los Andes, relatan lo propio, esa búsqueda del Bien  con frecuencia estorbada por los requerimientos del cuerpo que siempre tienden a desbordarse.

Para los católicos que se asustan de estas cuestiones hay que recordar que la Iglesia está no sólo contra la falta natural, se puede decir, sino también contra esa súper virtud que se pudre, y la rechaza mediante el sacramento de la reconciliación, en otro tiempo llamada “confesión”.

Tal vez sea el lugar para recordar que el Aristóteles pagano, siempre visto a la distancia y con mucho recelo por la Iglesia, por el “manejo” que los árabes habían hecho de su obra, fue por fin descubierto y aceptado, al filo de  la Edad Media, por medio de Santo Tomás de Aquino y, en buena parte, por San Alberto Magno, ambos filósofos – teólogos.

La ciencia misma, no hay que olvidarlo, tiene para los alcohólicos adictos que creen haber enredado su vida, el recurso de la catarsis individual con el psicólogo o en general con los grupos de autoayuda: AA, NA, DA, etc.

Una tercera opción, es decir, que tanto la ciencia como la religión serían fantasías inventadas por el hombre. A lo que Chesterton contesta: “Siguiendo una fantasía el hombre llegó a la luna”.

Por otras fantasías otros llegaron al cielo pero estos, fuera del espacio y del tiempo, ya no pudieron ser captados por la causalidad y los reflectores.

“La mitología- escribe Frederick Copleston- en cuanto que tiene sus raíces en el inconsciente, corresponde a un  momento de la vida interior de Dios.” (Historia de la filosofía, Tomo VII, Cap. III)

“No se repriman, la solución está en darle rienda suelta a los instintos”, dijeron algunas voces desde la laicidad, y el resultado fue una generación Ritalin, que acabó con las neuronas deshechas en el manicomio.

Pero no sólo los desinhibidos laicos  acabaron así, también los que perseguían la pureza religiosa hasta el exceso. Los Frankstein de la pureza. Los Dorian Grey con su retrato escondido en la buhardilla.

La pureza  lejos de la humanidad.

 Aristóteles: “la virtud en efecto, es la causa de  honra; y ella misma, por su propio incremento, es la causa de         que los hombres se hagan peores.”

El mal, por sí, tiene carta de presentación y se descubre aunque esté disfrazado. El mal, que se hace en nombre de la supervirtud , no se queda atrás.

 Aristóteles termina esta parte de la siguiente manera: “la virtud, al ser mayor, hará a los hombres peores.”

Aristóteles
“Aristóteles (en griego antiguo Ἀριστοτέλης, Aristotélēs) (384 a. C.-322 a. C.)1 2 fue un polímata: filósofo, lógico y científico de laAntigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios.” Wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SCHOPENHAUER, INFORMACIÓN O FORMACIÓN


 

Comer el platillo original que prepara el cocinero, o comer la regurgitación que otros hace de esa comida original.

Conocer el pensamiento original de los pensadores o leer la interpretación que otro hace de aquel pensador original.

Así era el mundo de antes, en singular.

En el siglo veintiuno habla el presidente, en la rueda de prensa, a veinte enviados de los medios de comunicación, y al día siguiente el público tendrá veinte interpretaciones. Versiones diferentes de lo que el presidente dijo. Lo mismo que si los reporteros saquen de sus grabadoras o que tengan en sus manos, en papel, el comunicado oficial de la presidencia.

Esto es así porque cada medio informativo, sea periódico, revista o canal de televisión, tiene su modo de ver el discurso del presidente.

Desde este principio nadie está engañando al público, sólo está dando la manera en que ese medio ve la situación que dijo el presidente.

Si el presidente leyera  lo que  veinte medios publicaron, exclamaría alarmado ¡Todo eso dije!

Si la interpretación que se hizo fue real o fue falseada, a propósito, es otra historia que no viene al caso. No es la intención de esta nota.

Ese medio de información tiene su público y le va creer “sin lugar a dudas”. Diario y lectores se retroalimentan.

La calle que ve el policía no es la calle que ve el sociólogo. La calle que ve el geólogo no es la misma que ve el predicador religioso que va de puerta en puerta  diciendo su verdad. La calle que ve el que vende tacos con lechuga sin desinfectar, no es la calle que ve el médico de la Secretaría de Salubridad.

En el mundo no hay conspiraciones, sólo existen abstracciones (sacar una parte del todo).

El hombre del costal que lleva sobre el hombro su misteriosa carga sólo existe para el que quiera ver el hombre del costal. Si otros le dice que sí existe el hombre del costal, y se la cree, es que al crédulo le faltan vitaminas culturales.

Cada uno ve lo que quiere ver, no lo que puede ver.

En el mercado   de usado busco  una chamarra color verde pistache, y no me interesan las otras cien opciones del aparador.

Para ver en el gran angular del fotógrafo se requiere estar dotado de vitaminas culturales que la mayoría, al noventa por ciento, no tenemos.

 Y aun, así,  nosotros mismos podemos meternos un autogol. La Beatriz  Portinari, mortal, puede parecernos la bellísima Beatriz metafísica que vio Dante. O el chaparro feo que soy puedo parecerle a aquella muchacha más galán que el mismo Robert Redford.

 Así vamos por el mundo viendo lo que queremos ver.

Particularmente en la cultura en la que estoy inmerso, a la que pertenezco, o la que me pertenece.

Una  cultura  tiene sólo una pierna para moverse, otra tres, otra ocho. La cultura occidental tiene dos piernas, que son razón y fe.

Sabemos que esto se inició en Europa y sus remotas provincias que pudo conquistar. Pero razón  y fe aparecieron también en América India,  de manera completamente original. Y salvo sus circunstancias, se puede hablar de una misma dualidad  en el modo de  pensar.

Algunos  a la razón y a la fe le llaman causalidad y  “cosa en sí”, respectivamente.

 El que hable nada más del fenómeno estará hablando de otra cosa, pero no de la occidental. Lo mismo es para el que sólo habla del noúmeno.

Al llegar al Tercer Circulo Dante no hizo abstracciones, ni estando en el infierno. Habló de  fenomenología junto con espíritu.Describió al demonio Cerbero, terrible can de tres cabezas y cola de serpiente que, con sus garras, sacaba sangre de los espíritus.

Nos guste o no así es en occidente. La materia necesita el espíritu para que siga su portentosa evolución que empezó desde el mono. Y el ángel requiere de la materia para poder manifestarse.

Todos sabemos que si no hay  platillo inteligente, es decir que si no está balanceado, llegan los triglicéridos y la hipertensión, se tapan las coronarias  y la barriga nos crece.


Dibujo tomado de
El País
11 junio 2016
Así es en filosofía, que luego va a colarse a la literatura, novela, poesía, a los medios de información y de estos a la calle y a las fábricas. Esa es la ruta crítica.

Los políticos en campaña, en tiempo de elecciones, dicen que es al revés. Que todo empieza en la banqueta del barrio popular y luego va ascendiendo hasta conquistar a la academia.

 Un intelectual, digamos, un buen intelectual, no nace de generación espontánea. Tiene que conocer, como dice Jean Wahl, ese gran filósofo francés, la tradición, empezando desde los Presocráticos.

Lo demás es, según  anota   Nietzsche en Aurora, puro periodismo sobre las rodillas. O como es el lugar común: inventar el agua tibia.

En otras palabras,  la cultura occidental está fincada en la Evolución y en la Creación.

 En el fondo  esa  antinomia sólo es otro hombre del costal. ¡No hay tal antinomia!

Por comodidad para su estudio, o por ignorancia, demostramos una fuerte inclinación por las abstracciones. Por eso tenemos  al menos veinte diarios que circulan cada  mañana por las ciudades del planeta.

Es motivo de felicitarnos que exista tal libertad de expresión. En algunos países hay sólo una voz, a estas alturas del siglo veintiuno. Otros tienen veinte diarios. ¡Ojalá tuviéramos cien!

Si bien, la falta de vitaminas culturales no me permiten ver cuándo se pasa de la información a la deformación, que otros llaman formación.

Lejos de atentar contra la tradición cultural, leer a los originales es observar que esa tradición, por medio de la regurgitación, no contenga aderezos que echen a perder la sopa.

Que tanto el carácter empírico(ciencia) como el inteligible (espíritu) sigan su propio camino, sin contaminarse uno y el otro, como los dos rieles de la vía del ferrocarril, que corren paralelas pero en la seguridad que ambos llegarán al mismo destino.

En todo caso yo  decido, por ignorancia o por mi libertad, si me gusta la regurgitación, o  el platillo original.

A eso se refiere Schopenhauer cuando habla de la teoría de lo Ideal y de los Real:

“Leer en lugar de las obras originales de los filósofos exposiciones de sus teorías o, en general, historia de la filosofía, es pretender que otro mastique la propia comida.”

Schopenhauer
“Arthur Schopenhauer [  'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?•i)] (Danzig, 22 de febrero de 1788 — Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta.”Wikipedia

 

 

 

 

 

 

E.C.FROST, AMÉRICA Y SUS AMERICANOS


 

En América hay varias américas, o modos de llamar a sus habitantes. Según quien lo diga. El criterio que se sigue es político, no cultural. Sectario, no ecuménico.

¿Indios, mestizos, españoles, franceses, “americanos”?.¿Indoamérica, Hispanoamérica, Latinoamérica? El trabajo de Frost analiza todo eso.

La política domina el discurso oral y escrito, en el mitin callejero, en la mesa de los intelectuales, en la novela, en el ensayo, en la pintura muralista, en la historia de academia, en el chisme del mercado, en la cantina, en los toros, en el futbol. Se es conservador o se es liberal.

¡Abstracciones de la historia que no lo dicen todo!

Igual que los españoles hacen cuando escriben de su conflicto de 1936.El  franquismo o el  montsenysmo. Y cien modos de hipostasiarse unos y otros.  ¿Eso se merece una historia extraordinaria que costó miles de vidas valiosas y valientes de ambos lados? ¡Alguien no está diciendo la realidad completa!

En la novela romántica (When Calls the hart), Llamada del corazón, de Janette Oke, se tratan temas por Elizabeth, una maestra de escuela, de una remota aldea minera, que  se preocupa en instruir a sus  alumnos e infundirles  que mediante  la cultura dejarán de ser obreros sin futuro.

 No se dedica a enconar los ánimos de sus niños hablándoles de los  yanquis o de los  confederados. Tampoco Margaret Mitchell lo hizo en su inmortal novela.

Para escapar de la rueda del pozo, en México, hay que acudir  a los extranjeros que escriben  sobre México. Madame Calderón de la Barca, por ejemplo, para los años inmediatos de la independencia. Sus “cartas” escritas apresuradamente, literalmente entre los balazos  que conservadores y liberales se tiraban, dicen más que veinte sesudas “historias”.

W. Prescott para la conquista de México, y su apología de setecientas páginas que hace a Hernán Cortés, dice de la grandeza de los aztecas, y de Cuauhtémoc, en particular, como  difícilmente se puede encontrar en otras historias.

Y Graham Greene en su novela profundiza más de la prohibición religiosa en México, de 1936, que trabajos de conservadores y liberales dicen desde sus sectarios enfoques.

Es legítimo ser como se es y no ser lo que no se es. En otras palabras es legítimo diferir de los demás y respetar que los otros sean como son. Ya idealista ya materialista. ¡Todos caben en este planeta!

El mundo se descompone cuando quiero que los otros nieguen su ser y sea como yo soy. O que el otro quiera que yo vea al mundo como él lo ve.

En su obra Introducción a la filosofía, Jean Wahl se refiere así a esta  dicotomía cuando habla de la teoría de Platón del No-Ser: “En el Sofista muestra que es necesario decir que en cierto sentido el No-Ser es, porque cada cosa es lo que es y no es lo que no es, de forma que la definición misma de una cosa  implica la negación de todas las características de lo que  carece.” Cap. XIV.

Todavía en este siglo veintiuno  hay países que, desde sus programas de educación pública, azuzan a un sector contra otro. El otro sector se defiende y ya  está la inestabilidad social en pleno.

En Llamada del corazón la maestra habla a sus alumnos de Tomás Alva Édison, del cometa Halley, de la gravedad  atmosférica, del verbo, del sustantivo, de la composición en  el escritura, el cómo leer aun para los niños de especial aprendizaje.

 Y cuando  dos niños camorristas se van al callejón a pelear, la maestra los conmina a que hagan las paces. No toma partido sembrando rencores en uno contra el otro.

¡Se pierde tiempo caminando para atrás en la historia. Estancarse es retroceder porque los otros no se de tienen, siguen avanzando!  ¡En la  cultura y en la ciencia hay al menos tres  universos: conocer, aprehender y descubrir.

Sin pasar por alto los esfuerzos ecuménicos de algunos (sólo algunos) intelectuales mexicanos, al estilo de Francisco Javier Clavijero, cuando escribe, lejos del pensamiento sectario, de la historia antigua de México, incluida la conquista por los españoles.

La tónica es de vacuidad  en nuestras letras, por más premios  bajo los reflectores.

Frost se refiere a esta superficialidad cuando se pregunta por qué a raíz del conflicto religioso, de la primera mitad del siglo veinte en México, no hay un estudio de ese conflicto más allá del grito de “¡Viva Cristo rey!”:

“Se trata más bien de un rasgo que se ha venido repitiendo a lo largo de la historia de México: puestos a escoger  entre pensar y escribir o actuar, los mexicanos se decidirán siempre por lo último. En el terreno religioso  especialmente, no sé de ningún mexicano que haya escrito un gran libro en la materia: hemos de aceptar que nunca hemos tenido teólogos ni místicos y ni siquiera al presentarse la persecución se escribió un libro verdaderamente reflexionado sobre la auténtica  condición del catolicismo mexicano.”

Abundan, desde luego, las obras que justifican al clero y otras que  justifican el anticlerismo. Otra vez el nihilismo que hace pensar en un eclecticismo disolvente, más que amalgador de la sociedad entera.

Frost  señala y analiza cada una de las categorías en particular: Indoamericana, Hispanoamericana, Latinoamericana. Y otras que llama categorías de imitación, como la criolla, la  sucursal, la heredada, la heterónoma…

Elsa Cecilia Frost, Las categorías de la cultura mexicana, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1990.

Frost
Elsa Cecilia Frost fue una académica y traductora mexicana. Obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras por la UNAM. Elsa Cecilia Frost dedicó su vida a la traducción de textos filosóficos, religiosos e históricos. Dominó los idiomas español, alemán, inglés, francés, italiano, catalán, y latín.

 

 

 

 

 

LA OTRA HISTORIA DE LOS GRUPOS WASHINGTONIANOS, BORRACHOS EMPEDERNIDOS.

Ebby fue el individuo, considerado parte de Los washingtonianos, movimiento en Estados Unidos de bebedores empedernidos, que dejó de emborracharse “de pronto”.

El ejemplo creció de manera inusitada, e increíble, pero cierta, en número de hasta medio millón que, “de pronto”, se volvieron abstemios. Lo políticos los aprovecharon para sus campañas, los ex bebedores entraron de nuevo en la dinámica de   competencia, poder, dinero  y tener, más de las  necesidades naturales y, regresaron a la  cantina.

La historia  registra sólo uno,  de los washingtonianos, que  se mantuvo sobrio y estoico y se llamó Ebby. 

 Ebby se acordó que tenía un amigo, también alcohólico, y decidió comunicarle su experiencia de cómo había dejado de beber.

Ebby viajó desde una ciudad a otra,  en Estados Unidos, para ver a Bill W, que así se llamaba su amigo. Le telefoneó desde la terminal para preguntarle si podían platicar un rato.

Molesto Bill por considerar que ese rato, que la pasara platicando con su amigo Ebby, dejaría de beber. No podía imaginar la vida sin dejar media hora sin  ingerir siquiera un trago. Había sido corredor de bolsa, con buena posición  económica, pero ahora había descendido tanto, en su manera de emborracharse, que se quedaba tirado inconsciente, de  briago, en la banqueta de la calle a cincuenta  metros de su casa.

Bill gustaba decir que él había sido educado en una universidad que enseñan al hombre a ser Dios.

Era, como Malcon Lowry, de los que no podían imaginar la belleza de la vida sino se ingería un vaso de aguardiente a las primeras horas de la mañana. Para tal cosa era necesario estar alerta antes que abrieran la cantina.

O, si tenía dinero, se "apertrechaba" con una buena botella para poder pasar la noche. Como hacen los fumadores que se previene con un a o dos cajetillas de cigarros para librarla hasta que amanezca.

Malcom Lowry
Aceptó  platicar con Ebby y, no obstante la amistad que tenían, se consoló al  encontrar un argumento para evitar que la plática se prolongara: le diría de entrada que tenía un compromiso y no disponía de más tiempo. ¡Media hora, tal vez!

Ebby al primer vistazo comprendió que su amigo Bill estaba metido hasta el cuello en el alcoholismo. Calibró toda la situación porque él había pasado por lo mismo.

No abrigó mucha esperanza en su capacidad de convencerlo, que se alejara de la bebida,  porque sabía que todos los argumentos narcisistas   de un alcohólico, superan con mucho los argumentos filosóficos que la academia puede exhibir.

 Sabía  absolutamente  que la  posible solución favorable estaba fuera del  planeta de la causalidad pero él, como humano, lo único que podía hacer era platicarle su experiencia. ¡Y no más! ¡Arrojar los dados! El resultado estaba fuera de su control.

Sabía también que era necesario no entrar en la tónica de pontificar el asunto porque un alcohólico al primero que hace responsable de todas sus desgracias es a Dios. Catolicismo, protestantismo, budismo, todo eso es basura, propia de  individuos que se asustan como  conejos al menor soplo de viento.

Pero también sabía Ebby que no hay dictador más implacable  en esta planeta que una botella de licor. ¡Narcisismo puro liquido encerrado en una botella de vidrio! De eso se alimentaba Ebby en tiempos de sus borracheras sin fondo.¡Superior a todo pero esclavo de una botella!

Se limitó pues a pasarle su experiencia vivida con los washingtonianos, el éxito increíble pero efímero de ellos y su vuelta a la cantina. Eso fue todo. Ebby se despidió al final de la charla, al caer la oscuridad, regresó a la terminal y a su ciudad.

Hasta entonces, contaría después Bill W, me di cuenta que habían pasado varias horas. ¡No podía creerlo! ¿Cómo es que no se había acordado de  su imperiosa necesidad de, cuando más, media hora de un trago?

Trataba de digerir la situación pero, de todas maneras, la botella seguía tan cerca que bastaba sólo estirar la mano y listo. Cuando la alargaba otro pensamiento lo detuvo: Ebby había viajado desde su ciudad sólo para platicarle su experiencia, sin ningún interés más que el de la amistad. ¿Qué pasaba? Todo eso no iba con el narcisismo del alcohólico.

Una cosa más, durante la charla Ebby le había servido varias tazas de café. En otros tiempos el  Ebby que él conocía jamás le hubiera servido una taza de café a nadie. Su yo de ganador no iba con esas prácticas  sociales decadentes, serviles.

Hasta mucho tiempo después descubrió el secreto de Ebby. Cada taza de café que le servía a Bill, disminuía el narcisismo del propio Ebby, no el de Bill... ¡Así funcionaba y no había otra manera!

 Y como era un individuo con suficientes vitaminas culturales (yo había sido educado en una universidad que enseñan al hombre a ser dios), pronto encontró el por qué. ¡Cuando dos alcohólicos platican de sus experiencias comunes, del alcoholismo, pero sin beber, dejan de beber!

Era tan simple, o tan accesible la solución, que, a su  vez,  quiso hacer la prueba. Luego de unos días ¡cosa inusitada, seguía sin beber! Pero también veía los guiños que la botella le hacía desde su buró. Bastaría un trago  y todo volvería a hundirse en la niebla alcohólica de antes.

Como lo fumadores que luego de una lucha titánica, de años, dejan de fumar y, ya confiados en su fuerza de voluntad, se fuman un cigarrillo, como para retar al destino y, jamás dejan ya de fumar.

Repitió la experiencia de Ebby. Llamó a un  súperborracho, como él, amigo suyo, y le preguntó si podían platicar un rato de alcoholismo y todo eso. Este superalcohólico  era médico y se llamaba Bob.

El doctor Bob aceptó platicar pero, sólo un rato porque, dijo, ya tenía un compromiso… ¡Brevemente, tal vez unos quince minutos! Cinco horas después seguían platicando sin beber ambos un solo trago. ¿Volvió a funcionar!

Así nació el movimiento de AA que ha salvado la vida a millones de enfermos de narcisismo.

Bill W jamás volvió a ver a Ebby pero sí supo de él. Ebby había vuelto a beber y se puede decir que fue el último de los washingtonianos.

Como el atleta  de la carrera de relevos que está a  punto de sufrir un ataque mortal, por el esfuerzo, y alcanza a pasarle la estafeta a su relevo.

Así fue con Ebby. El postrer legado  de  aquel movimiento, efímero, pero altamente trascendental, que se conoce  como Los washingtonianos.

Del libro AA llega a la mayoría de edad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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