Jean Wahl y la filosofía

 Este pensador considera que la filosofía es una revolución inacabada porque el pensamiento siempre está desarrollándose. En veinte capítulos ofrece una reflexión integral, seria  y profunda, de la filosofía desde la época remota. La obra a la que nos referimos  se titula Introducción a la filosofía.(Fondo de Cultura Económica,México, 1988). Su contenido, exposición del material y el estilo de escribir, están al alcance de los no iniciados. Y los académicos especialistas de la filosofía seguramente que lo consultan con asiduidad.

Por seria queremos decir que no hace abstracciones con pretensiones de universales.Más adelante veremos que se aleja del espíritu de secta intelectual  que produce  otra secta y ésta otra secta....

Su enfoque es universal y manifiesta reticencia ante los criterios que parcializan todo devenir cultural de la humanidad: "No hay términos más peligrosos para el pensar filosófico que "realismo","idealismo","racionalismo", "empirismo",etc"    En los modos de pensar hay secuencias, consecuencias. La muerte súbita y la generación espontánea tal vez se den en el fútbol pero en el mundo de las ideas…

Es muy revelador este filósofo cuando dice: “Elegir nuestros valores es elegirnos a nosotros mismos y viceversa”. Esto es, no somos lo que comemos sino que comemos lo que somos. No somos lo que leemos (ojalá fuera así) sino que leemos lo que somos.

"Platón,Descartes,y Kant-y quizá pudieramos agregar Hegel- se alzan como los hitos probablemente más  importantes de la historia entera de la filosofía" J.W.
Como en una tienda de autoservicio,se nos ocurre, cada quien escoge los artículos con lo que se identifica. Esto implica la preexistencia de la mercancía. Esta sola mención promete un mundo para reflexionar. A través de lo que escoge el ser está definiendo lo que es. Alguien comprará una camisa color amarillo con motas verdes y azules y se sentirá a gusto con su adquisición. El otro no comprará para nada una camisa amarilla. El primero está realizando el método positivo para decir cómo es: “Un Ser cualquiera solo se define porque es lo que es”. En el segundo caso tenemos al método negativo: al decir no a la camisa amarilla está diciendo que él no es así: “la negación está implícita en la afirmación misma de cualquier Ser particular”.

De ahí que vamos por el planeta escogiendo nuestro mundo, con el que nos sentimos identificados. Los problemas  vienen  al enterarnos que el mundo está organizado de tal forma que, al menos eventualmente, tenemos que actuar diferente a como somos. La inconformidad, la neurosis y un sentimiento de fracaso no están lejos. Por eso Schopenhauer dice que pasamos la vida fingiendo cuando nos conviene pero en cuanto podemos (nos sacamos la lotería, se murió un tío en el extranjero que nos heredó o mataron al diputado titular y el suplente pasó a ocupar su lugar…) volvemos a ser como somos.

El pensamiento, afirma el autor, está en continuo movimiento porque deviene y nunca se le puede considerar terminado. Enredamos la madeja cuando revolvemos filosofía con teología. En esta todo está terminado desde el principio y sólo hay que ponerlo en practica, como cuando estudiamos un libro de matemáticas. Está todo terminado como la estatua al correr la cortina para su inauguración. En la filosofía apenas tenemos el bloque de mármol y vamos a comprar el cincel y el martillo.

La filosofía es una revolución continua y para entender esta revolución hay que entender a la tradición. Wahl dice que “Es esencial revelar la continuidad del pensamiento desde los antiguos griegos hasta nuestros tiempos…somos herederos de una cultura muy vieja que comienza en filosofía con Tales y Anaximandro... Necesitamos conocerlos y darles la bienvenida antes de decirles un respetuoso adiós”.
Lo que antecede es solo abrir la puerta para entrar al maravilloso mundo de la filosofía que nos ofrece Wahl.


Una nota sobre Jean Wahl:
Nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).

Cervantes y el coloquio de los perros

Miguel de Cervantes Saavedra escribiendo El coloquio de los perros
El mundo se ha quedado con  El Quijote y se pierde la lectura de  esta joya que Miguel de Cervantes Saavedra llamó   Novelas Ejemplares. Al decir de su autor, son las primeras que se escriben en castellano,  además “algún misterio tienen escondido que las levanta”. El 14 de julio de 1613  hizo su dedicatoria de la misma a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, de Andrade y de Villalba, etc. Son propiamente novelas cortas o cuentos largos. De los 12 relatos de que se compone la obra  hay uno que se convierte en dos. Se llama El casamiento engañoso y de aquí deriva El coloquio de los perros.

En El Quijote se persigue  la utopía y en Novelas se señalan llagas de la sociedad. Esto no gusta a nadie, menos a los autores de las llagas. Por eso se siente uno a gusto cabalgando en la utopía. Tal vez sea por eso…Es probable que a este velo de la fantasía,que nos esconde o aleja de la realidad,se refiera Schopenhauer cuando recomienda leer el Gil Blas y las obras de Le Sage y no el Quijote: "Don Quijote es una demostración definitiva del vicio a que aludimos"

Cervantes no se aparta del modo de la literatura árabe que frecuentó cuando estuvo preso en Argel y de lo que leyó en Las Mil y Una Noche. Por ejemplo, alguien cuenta la historia de su vida a siete árabes bajo la palmera del oasis y en seguida cada uno de ellos también relata la suya.
En El Casamiento fingido el Alférez Campuzano cuenta a Peralta los sinsabores de su casamiento con Estefanía de Caicedo. En un momento Campuzano da a su amigo algo para leer y es el Coloquio que tuvo lugar  entre dos perros llamados uno Berganza y el otro Cipión. A su vez cada  perro contará las andanzas  que cada uno ha vivido. Y de esa manera también, como en Las Mil y Una Noche, se van encadenando deliciosamente las historias.

Berganza cuenta a su compañero  Cipión, las andanzas que  ha vivido. En una ocasión fue perro de un carnicero que trabajaba en el matadero de la Puerta de la Carne, en Sevilla. Los carniceros llegaban temprano para apartar lo mejor de la carne. Sus amigas esperaban afuera y de manera subrepticia se la entregaban. El carácter de los carniceros era tal que “estos jiferos con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca”.

Tan entusiasmado está Berganza en su relato que olvida que es perro sin razón. Como le sucedió a Sancho Panza en la segunda parte del Quijote, sin darse cuenta ya está hablando como humano ilustrado. A tal punto que Cipión le recuerda: “Mírate a los pies y desharás la rueda, Berganza. Quiero decir que mires que eres un animal que carece de razón”. Pero Berganza insiste: “Eso fuera así si yo estuviera en mi primera ignorancia…no sólo no me maravillo de lo que hablo, pero espántome de lo que dejo de hablar...Yo veo en mí que, con ser un animal como soy, a cuatro razones que digo me acuden palabras a la lengua como mosquitos al vino”.

Después fue perro ovejero. Era muy diligente cuando los pastores daban la voz de alarma contra la presencia del lobo. Berganza salía antes que todos los perros y buscaba al lobo. Nunca lo encontraba pero al regreso siempre había una o dos ovejas destrozadas por el lobo. Llegaba el dueño del rebaño y los pastores le echaban la culpa a la indolencia de los perros. En otra situación de alarma no se lanzó en busca del lobo sino que se quedó escondido cerca del rebaño. Sólo para presenciar que eran los pastores los que mataban a los borregos para robar al dueño, llevarse la carne y culpara los perros.

El perro Berganza siempre regresaba a Sevilla: “Volvíme a Sevilla, como dije, que es amparo de pobres y refugio de desechados; que en su grandeza no sólo caben los pequeños, pero no se echan de ver los grandes”.

Shakespeare en El cuento de invierno

Es el viejo problema de la humanidad del marido que repudia a su mujer y, una vez lejos o fallecida, se pasa el resto de su vida llorando o suspirando por ella. En esta tragicomedia Leontes, rey de Sicilia, rechaza  a Hermiona, su mujer, por celos y además pierde de vista a su hija Perdita. Tendrán que pasar dieciséis años para poder recuperarlas. Este tiempo vive en la creencia que Hermiona ha muerto debido a una fuerte escena de celos por parte de él. A Perdita la recoge un pastor que la cuida y al final la reintegrará al seno familiar regio. Hermiona vuelve a aparecer en escena después de dieciséis años de ausencia. Pero el que un día no se tentó el corazón para ofender a su reina, después, cuando supuestamente ésta ha muerta, dice llorando ante la tumba donde cree que yacen los restos de la reina Hermiona: “Una vez al día visitaré la capilla
Donde reposen, y será mi solaz el llanto
Que ahí vierta”

Aquí la actitud del rey se parece a la de aquellos hijos que se desatendieron de sus padres y cuando éstos mueren les llevan flores todos los días a sus tumbas..

Se llama El cuento de invierno porque Mamilio, uno de los personajes, dice que “Un cuento triste es mejor en invierno”.En efecto es triste durante los cuatro primeros actos y se alegra en el último cuando todo se aclara, hay la reconciliación de la pareja real y la dicha sonríe y parece eterna.

En El Cuento de invierno la vida se desarrolla en la perspectiva del bien y de la felicidad. El mal, por medio de los celos, hace su juego pero prevalecerá la justicia.
Puesta en escena el 15 de mayo de 1611, El cuento de invierno es una pieza que ha gozado siempre de simpatía del público. Se la ha señalado como una tragicomedia romántica que se desarrolla en cinco actos. En ella interviene reyes, príncipes, nobles, pastores, guardias, sátiros, sirvientes, etc. El Tiempo la hace de Coro. Shakespeare la  tomó de una obra de Robert Greene llamada “Pandusto el triunfo del tiempo”. Esta fue publicada en 1588.
Para ser cuento es un relato largo el de Shakespeare que se desarrolla en varios lugares, en las más diversas situaciones y, como acabamos de señalar,  entran en juego múltiples personajes.
Prólogo de Má. Enriqueta González Padilla

El asunto central es el supuesto adulterio que va a implicar situaciones de celos. Leontes cree que su esposa Hermiona lo engaña con Polixenes, rey de Bohemia. No son celos inducidos que van creciendo, como en Otelo, sino celos espontáneos que explotan de pronto y son pasajeros pero de consecuencias duraderas.Tan duraderas como dieciséis años para que todo se aclare. En un momento Leontes exclama: “ Que angustia mortal se apodera de mí”

Se pone en práctica el papel redentor de la virtud y el arrepentimiento.La acción trascurre en el tiempo un tanto metafísico pues los personajes van, a través de sus invocaciones y expresiones, entre épocas paganas y tiempos cristianos. Se consulta al oráculo de Apolo y hay una fiesta pastoril de Pentecostés... El poeta lleva sus personajes en una dimensión situada entre la apariencia y la realidad. Y los disfraces o máscaras utilizadas en el teatro sirven a este propósito. Pero nada diferente a la vida real donde con frecuencia profesamos una tesis de vida y actuamos de manera distinta o usamos seudónimos, etc.
W. Shakespeare

En el prólogo que María Enriqueta González Padilla hace a esta obra (editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1985) señala que  El cuento de invierno consta de cuatro escenas principales: la de los celos de Leontes, la del juicio de Hermiona, la de la fiesta campestre de Pentecostés y la de la reconciliación

El asunto de este relato, como en toda la obra Shakespeareana, es sencillo. La grandeza está en cómo ese asunto es convertido en el leitmotiv de un gran enredo para ir vertiendo ideas y frases que trascienden. Por ejemplo, se hacen consideraciones como que el arte en cuanto obra es también producto de la naturaleza.
La obra termina en la reconciliación cuando el celoso rey Leontes exclama ante Hermiona y el rey Polixenes:  “Perdonadme los dos
Por haber interpuesto vil sospecha
Entre vuestras miradas inocentes”.

Clavijero y Tezcatlipoca

Tezcatlipoca


 Clavijero S.J. 9 sep.1731-2 abril 1787





 .
Historia Antigua de México
Autor: Francisco Javier Clavijero
Edición y prólogo del R. P. Mariano Cuevas
Editorial Porrúa, S. A. México1968.


Es el  mayor dios  que se adoraba en aquella tierra, escribió desde la biblioteca del Vaticano el padre Francisco Javier Clavijero en el siglo dieciocho. Su nombre significa espejo resplandeciente: “Era el Dios de la providencia, el alma del mundo, el creador del cielo y de la tierra, y el señor de todas las cosas”.

Era el dios vivo  que resucitaba, o renacía, en el mismo día y momento en que moría. Simbolizaba el acto de nacer y morir de la humanidad y de los fenómenos celestes como el día y la noche o de la agricultura como el invierno y la primavera. En la humanidad entre el ser niño o ser viejo y en la guerra el vencer y el perder. Por eso entre los aztecas, que era el contexto cultural en el que se le adoraba, la guerra era una especie de deporte. Había guerras de conquista para exigir tributo, como es común. Pero también guerras fingidas ( guerras floridas, atlachinolli o aguaquemada) para tener prisioneros y sacrificar a sus dioses.

 El modo en que Tezcatlipoca renacía  es uno de los más impresionantes sucesos   que se tenga memoria del mundo prehispánico. Un joven era investido, y vestido, hasta por el propio rey, con la más grande reverencia. Durante un año se le adoraba como el dios vivo. Se le asignaban cuatro muchachas para que vivieran con él como sus mujeres. Era el rito de la fertilidad. Exactamente un día señalado se le llevaba en una canoa a un cierto lugar  en el sureste del gran lago de México y, sin más, cuatro o seis sacerdotes de su orden “Tlamacazqui” (Tlamatzincatl era otro de sus nombres) lo ponían boca arriba y en vivo le sacaban el  corazón de un solo tajo de cuchillo de vidrio volcánico u obsidiana. Su cuerpo era llevado a la población donde se le preparaba y se le comía como un alimento sagrado. En ese mismo día y  momento en México- Tenochtitlán otro joven estaba siendo investido por el rey para ser  dios Tezcatlipoca durante el año en curso.   

Tezcatlipoca tiene al menos 35 nombres diferentes (imágenes o avatares en otros dioses) y esto guarda relación con tantos aspectos de la vida práctica, la mitología y el ritual, que abarca su sacerdocio. Clavijero habla en pasado pero de alguna manera a Tezcatlipoca sigue adorándosele en las más de cincuenta etnias que existen en México en el siglo veintiuno. El mismo mestizaje de la ciudad lo tiene vivo de manera inconsciente en una serie de prácticas diarias.  Es común escuchar algún remedio de carácter herbolario. Por ejemplo: “Mezcle usted ruda con alcohol y déjela serenar por cinco noches”. Pocos saben que  ese es el  tiempo que el remedio debe pasar bajo la luz de las estrellas.  Tezcatlipoca  Yayauhqui (Tazcatlipoca Negro) es el señor de la noche y bendice tal remedio. En el “metro” y en todas partes de la ciudad de México se venden golosinas en barras de  amaranto mezclados los granos de esta planta con miel. Y era precisamente con amaranto y miel con lo que se hacían las figuras antropomorfas de Tezcatlipoca para servir de alimento sagrado, ritualizado,a los pueblos, al menos del Valle de Mexico, que es donde se da desde la antigüedad el amaranto.

Sus elementos de identificación de Tezcatlipoca son una pierna cercenada y un espejo de obsidiana. El mes en el que de manera particular se le adoraba era en mayo, que en el calendario mexicano se llama Toxcatl. Clavijero dice que el 17 de mayo era el día que se iniciaban las festividades. Otros autores dan fechas diferentes aunque cercanas. Fray Diego Durán dice que era el 9 de mayo. Fray Bernardino de Sahagún cree que el 27 de abril.

Tezcatlipoca era el numen tutelar de los hechiceros “hijos de la oscuridad” quienes tenían la capacidad de trasformarse y agarrar la figura de ciertos animales ya fuera jaguar, coyote o zorro. Todo en la perspectiva terapéutica y no debe confundirse con la tradición nocturna patológica  procedente de Europa llena de vampiros, brujas y demonios de toda clase.

Un rito de iniciación para el joven azteca era pasar una o varias noches solo en el bosque montañoso.Era vivir envuelto  entre las sombras sagradas, benéficas, agradables,del dios Tezcatlipoca. Desde  la conquista española las sombras de la noche en el bosque están pobladas de demonios. Esa es la razón que al mexicano, sobretodo al de la ciudad,le es casi imposible pernoctar solo en la montaña.

A Tezcatlipoca se le adoraba de manera especial en pueblos a la redonda del volcán Popocatépetl. Por eso se considera, en el alpinismo mexicano, que esta alta montaña es el avatar de Tezcatlipoca. Tales son los pueblos como  Cholula (este), San Juan Tianquizmanalco (sureste), Tetela del Volcán (sur), Chalco-Amecameca (noroeste), Tlamacazcalco (norte).

En tiempos recientes se han realizado investigaciones académicas de mucha profundidad de este dios como la de Guilhem Olivier: Tezcatlipoca, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 2004.

Paideia de W.Jaeger

Paideia
Autor: W.Jaeger
Editorial Fondo de Cultura Económica, México.
2002


En los tiempos heroicos de Homero se hablaba de dioses y de héroes pero aquí, en Paideia, se habla de educación y cultura. Perdón por la redundancia, pues Paideia es Cultura.

Grecia, y Atenas, en particular, deben su grandeza a su paideia, a su cultura. Isócrates dice que “sólo su superioridad intelectual es la que ha hecho grande a la ciudad”  Isócrates había establecido una escuela de retórica en Atenas hacia el año 400 a.C., con un ciclo de estudios que se extendía a lo largo de tres o cuatro años.  El desafío particular que Isócrates puso ante sus alumnos era el de recuperar el esplendor de la cultura griega, impulsando por medio de la educación una nueva cultura  con la intención de reformar la ciudad-estado por medio de sus futuros líderes políticos. Ese era el punto: sus políticos se habían deteriorado y ya no servían para la causa del pueblo. Se necesitaban políticos de nuevo cuño pero eso sólo se lograría no sólo con  retórica sino  con la Paideia.

Jaeger, en una parte de su monumental obra, da algunas características de la generación que ganó en Maratón: “El justo logos promete a los muchachos que se confían  a él y a su educación, enseñarles a odiar el mercado y los baños, a avergonzarse de toda conducta deshonrosa, a indignarse cuando hacen burla de ellos, a levantarse ante los mayores y a cederles el lugar, a honrar a los dioses y a venerar la imagen de la Vergüenza”. Estas aparentes simplezas son las que se requieren para ser, o hacer, un estado grande. En las actuales circunstancias es obvio que esas simplezas son más difíciles de lograr que vencer el hábito de fumar, por ejemplo. O ganarle a la báscula cuando se trata del peso corporal propio. No son apresuradas hipótesis pedagógicas o cuestiones subjetivas. Habla del factor que hizo a los griegos triunfar en Maratón. No fue Maratón el que hizo a los griegos sino que fue su cultura, su paideia, quien hizo a Maratón.

A lo largo de su obra Jaeger va hablando de cosas como enkratia y de autarquía. Es decir “dominio de sí mismo” y de carencia de necesidades (algo como sobriedad). ¿Para qué sirve eso, diríamos en este siglo veintiuno? “El saber socrático o fronesis, no tiene más objeto que uno: el bien”. Este concepto del bien estaba hasta hace poco arrumbado en la buhardilla de los cachivaches. Cuando en  nuestras ciudades y los campos aparecen, con inusitada frecuencia,  bolsas llenas de  cabezas humanas los hospitales se pueblan de jóvenes cuyas neuronas han sido destrozadas por substancias químicas no autorizadas por la ciencia médica bancos que defraudan a miles de cuentahabientes recibos de pago de la luz que eran el mes pasado de 400 pesos(cuatrocientos pesos) y ahora de 39 mil pesos(treintainueve mil pesos)bandas que roban niños licenciados que alargan los procesos miles de inocentes en las cárceles y los culpables libres el que desaprecibidamente tira un papelito en la calle y será parte de las cien mil toneladas de basura que contamina a la ciudad... Es cuando nos acordamos que hace veinticinco siglos los pensadores de la Hélade ya alertaban de eso bajo el curioso concepto de “el bien”.


Pero cómo sabré identificar al bien. Hay todo un mecanismo de causalidad pero es más un sentimiento: lo agradable se identifica con el bien: “Lo agradable pura y simplemente por el bien, no a la inversa. El hombre, como cualquier otro ser, es bueno porque en él reside, o de él nace, un areté, una excelencia o una virtud. Pero este areté no surge por casualidad, sino a fuerza de guardar un orden acertado y de seguir un arte ajustado a un fin”. Pero esto no se improvisa: “es necesario un régimen de larga convivencia y no en unos cuantos semestres de convivencia escolar.” Si el areté se enseña o es innato es materia de este trabajo.

Paideia, de W, Jaeger, es una obra monumental que va describiendo la labor civilizadora de los griegos clásicos, fuerte presencia de lo que entendemos por cultura occidental. Y conviene recordar que “cultura occidental” es nuestra, de los mexicanos, desde el siglo dieciséis. Es  sin duda la más grande aportación,terapeutica, que hizo la conquista española al pueblo mexicano. No conocer Paideia de W. Jaeger es una grave deficiencia cultural. Tan grave como no conocer Filosofía Nahuatl, de Miguel León Portilla.





Una nota acerca  de W. Jaeger:

Se licenció en  Filosofía y Filología Clásica en la Universidad de Hamburgo, doctorándose en la de Berlín. Fue catedrático en la Universidad de Basilea, en la de Kiel y la de Berlín, en la que fue rector, fundando por aquella época las revistas Die Antike y Gnomon. En 1936, emigró a Estados Unidos, y allí fue profesor de la Universidad de California en Berkeley, en la de Chicago y en la de Harvard en Cambridge, Massachussets, en la que también fue director del Instituto de Estudios Clásicos. Recibió numerosos honores en vida, y fue Doctor Honoris Causa por varias universidades.

Schiller y Guillermo Tell

Guillermo Tell y su hijo Walther

memorial en Altdorf, capital del
condado suizo de Uri

 
 
Guillermo Tell 
Federico Schiller
 Editorial Porrua, México.
Serie "Sepan


Al cumplirse 251 años del nacimiento de Schiller escribimos la presente nota como una especie de agradecimiento a su aportación al mundo de la cultura y del pensamiento libre.

Es un himno a la libertad, como toda la obra poética y filosófica de Schiller. A los 23 años de edad del filósofo se estrenó su pieza Los bandidos y con tal éxito que en adelante se le conocería como “el más genial de los dramaturgos alemanes”.

 Schiller estudió medicina pero se dedicó a la literatura para mejor luchar desde esta trinchera por la libertad. Pero no por la libertad acotada del panfleto sino por la libertad universal.

 El pensamiento de este dramaturgo es producto de los maestros de la filosofía clásica y creación propia. Los salvadores de la humanidad no lo harán desde la improvisación lírica y calenturienta. Schiller cree que:

 “Ningún talento, por grande que sea, puede prestar a  la obra de arte aislada aquello de que su autor carece; y las fallas de este origen ni siquiera la lima puede eliminarlas”.

 Schiller esta por la evolución del ser humano, no por la revuelta: “Nada que no sea natural lleva a buen fin”. Se pronunciaba por “la educación estética del hombre”.

Johann Christoph Friedrich von Schiller, nació en Marbach,Würtemberg, el 10 de noviembre de 1759 y falleció el 9 de agosto de 1805.

Guillermo Tell y su hijo Walther. Memorial en Altdorf, capital del condado suizo de Uri.

Guillermo Tell es la vocación del pueblo suizo por lograr su libertad frente al imperio austriaco. Es de la aldea de Burglen, en el cantón de Uri, en el camino del valle de Schaechent. Pero los suizos van más allá. No quieren dejar de ser esclavos para convertirse en esclavistas, como es la reiterada película de la humanidad. 

Tampoco quieren hacerse del poder de su país para después emprenderla contra algún estamamento de su propia nación, como sucede todos los días en alguna parte del planeta. 

Ellos aspiran a la más “libre libertad”. Stauffacher, un aldeano,  lo dice de esta manera:

 "no se trata aquí de vengar el mal cometido, sino de precaver el que nos amenaza”. 

Para que eso suceda tienen que poner en orden su casa. Pero para ser libre primero hay que conquistar la libertad y después aprender a no perderla. Al fin y al cabo todos los pueblos sojuzgados alguna vez conquistan su libertad, pero pocos la pueden conservar.

Aquí se trata  de dos clases de libertad. La de la sociedad de los villanos (habitantes de las villas) y la de la conciencia del duque de Suabia, llamado Juan el Parricida. Este ha asesinado a su tío el emperador. 

No es un manual de revolución armada la que nos ofrece Schiller. Es el drama de la frágil humanidad frente al valor perenne de las libertades materiales y de conciencia.

Geszler es el gobernador que se ha extralimitado en sus funciones de administrar la justicia y se ha convertido en un tirano. Su despotismo ha llegado a tal intensidad que ha provocado que los aldeanos se organicen en medio del bosque, al amparo de sus montañas nevadas y de la noche. Es gente pacifica y temerosa pero ya están decididos. 

“Obligados estamos  a defender por la fuerza  nuestros más preciosos bienes; combatimos por nuestro país, por nuestras mujeres, por nuestros hijos”.

 Forman una liga de los tres cantones. Se reconocerán levantando los tres dedos de una mano. Cada dedo un cantón. “los tres cantones permanecerán  unidos  en vida y en muerte.”

 El gobernador tiene noticias del descontento y pone en práctica un ingenioso recurso. Ordena que  en lo alto de una pica pongan su sombrero. Todo el que pase delante tendrá que hacer una reverencia. El que no lo haga  se le considerará como a un rebelde y será encerrado en una de las grandes cárceles que para el efecto empiezan  a construirse.

 A eso los aldeanos responden por la voz de uno de ellos llamado Rudenz:  “Ay de quienes cierran los ojos del pueblo y le fuerzan a que rechace su verdadera prosperidad”.

Guillermo Tell, el personaje llamado a ser recordado por siempre y al que la posteridad le erigirá una estatua en el pueblo de Altdorf, capital del cantón suizo de Uri.

 En la cotidianidad de su momento no es más que un aldeano que vive de la caza. Su vida trascurre entre montañas nevadas, lagos y desfiladeros, persiguiendo a sus presas con que alimentar a su familia, formada por su esposa Hedwigia y sus dos hijos Walther y Guillermo. 

Le gusta estar lejos de las asambleas “donde se habla mucho y se acciona poco”.

 Es, como el doctor Stockman de Ibsen, alguien que cree que el hombre  es más fuerte cuando está solo. Dice que “siempre vale más ponerse en manos de Dios, que en manos de los hombres” “en el naufragio se auxilia más fácilmente  así mismo el que va solo”.

 Está con los anhelos de libertad del pueblo pero su accionar es algo particular. Si bien, los acontecimientos lo llevarán a tomar acciones cercanos de la gente. Y al final, sin que él lo haya buscado, será tenido como el libertador. 

Stauffacher, otro aldeano, le dice: “Pero de la unión de los débiles nace la fuerza” y Tell insiste: “Sólo consigo mismo puede contar cada cual”. 

Tell está acostumbrado a ver la vida muy cercana a la muerte y dice sin rodeos a sus vecinos los pacíficos aldeanos: “Bueno es que lo sepan todo…quien se aventure a vivir en el mundo, debe aprestarse al ataque y a la defensa”. 

Y como es hombre de acción, sostiene que “Quien mucho piensa poco hace”

Un día él y su hijo Walter pasan frente al sombrero y no hacen la reverencia. El castigo que  el gobernador dictamina consiste en que Tell dispare a una manzana puesta en la cabeza de su hijo. 

El pueblo se horroriza ante semejante disposición y ruega le sea levantado el castigo pero el gobernador es inflexible. Tell mismo dentro de su rudeza siente miedo. 

Pero al fin se decide y pasa la prueba dando en el blanco sin herir a su hijo. De todas maneras, y contra lo prometido, Tell es llevado a la prisión. 

En el camino se escapa y en adelante se dedica a cazar al gobernador. Espera la ocasión que éste tendrá que pasar por un estrecho del camino y de otro certero flechazo lo mata.

 Con esto, y con la lucha que han desarrollado los aldeanos, la libertad es conseguida por y para la sociedad.

 Pero la libertad de conciencia encuentra que la cuesta es más difícil de remontar que la que se conquista por medio de las armas. 

Juan de Suabia ha dado muerte el emperador, que es su tío, por creer que estaba estorbando sus derechos de heredad y económicos.

 Sólo hay uno al que puedes acudir, le dice Tell, y éste se encuentra en Roma. Entretanto serás un apestado entre los habitantes de los pueblos. Como el Parricida ha ido a buscar orientación en la casa de Tell, éste le recomienda:

 “Oíd lo que Dios me inspira. Es fuerza que vayáis a Italia, a la ciudad de San Pedro. Postraos a los pies del papa, confesad vuestro crimen, y salvad vuestra alma”.

Schiller es reconocido como grande en el mundo de las letras. Y, siendo protestante, el consejo que por boca de Tell da a Juan el Parricida, lo dimensiona de manera enigmática en el mundo espiritual.




Se considera que los suizos viven en el siglo veintiuno de la siguiente manera:

“Son los suizos: honrados, sencillos respetuosos con las órdenes de su gobierno, aman con ternura a su país, y tienen favorables disposiciones para las ciencias y las artes. La instrucción pública se halla extraordinariamente adelantada; es raro el suizo que no posee la enseñanza primaria. Sus colegios y universidades gozan de muy buena fama. En las escuelas se instruye militarmente los alumnos, porque todo suizo, como los búlgaros, es soldado, llamando la atención que los habitantes de Suiza que se caracterizan por lo tranquilo que son, sean tan patriotas que depongan la antipatía que tienen por el militarismo en honor a su patria. Los suizos pertenecen por partes iguales a las iglesias católica y reformada y hay libertad de culto. En Suiza se habla: el alemán en 18 cantones, francés en 5, e italiano en 2. El gobierno es republicano federal, siendo curioso que hay 4 cantones en donde existe la democracia pura, es decir que las deliberaciones tienen lugar en grandes asambleas populares, a estilo de las antiguas repúblicas griega y romana; siendo en los demás, la democracia representativa. Componen la Confederación Helvética o Suiza, 25 repúblicas en 22 cantones o estadas independientes, unidos por el pacto federal".

Quiero ser alpinista

En la primera palabra de esta intención está todo el secreto del alpinismo. Querer, tener la disposición. Le sigue la imaginación. Es el secreto para empezar a caminar por las montañas, como introducción a la práctica del alpinismo. Dicho de otra manera, lo difícil del alpinismo no son las montañas. Es el alpinista. El alpinismo como deporte tiene pocas y sencillas reglas técnicas.  Pero el alpinismo como plan de vida es una maraña de cuestiones subjetivas.

En alpinismo juega mucho el objetivo y el subjetivo

No sabemos en qué etapa del tiempo se repartieron los caracteres. Esto porque estamos convencidos que el alpinista nace y, después, se hace.Es la vieja polemica que forma parte de la filosofía alpina. Es una conclusión que se funda en la naturaleza fisica y anímica de ese individuo. No creemos que sea cosa del asunto pedagógico. Cualquiera puede llevar un curso - taller para ser poeta, torero,guerrero, sacerdote, matematico o boxeador. Pero  nada de eso sirve sino hay la disposición anímica necesaria.

Leibniz explica así esta especie de determinismo genético y de potencial de valores virtuales: " Nosotros sostenemos que todo lo que debe suceder a una persona, está ya comprendido virtualmente en su naturaleza o noción."(Discurso de Metafísica).

Bienvenidas todas las escuelas de escalada, pero no para hacer montañistas, sino para que tenga lugar en ellas  la revelación de la  naturaleza alpina . Hacer alpinismo en el gimnasio, en lugar de ir a la montaña, es como hacer el amor con una muñeca inflable en lugar de con una mujer real. Pero de tanto y tanto ir al gimnasio la esperanza es que en algún momento  el individuo agarre su mochila y se vaya a los horizontes naturales.

En el plano de la intelctualidad diremos que el alpinismo se practica en los países de las más diversas ideologías políticas. Si bien, aparte de los grandes tesoros que caminar en los bosques, montañas y desiertos, en el plano psicofísico, el montañismo aporta, este deporte parece no servir para absolutamente nada más.

Ezra Pound decía que a un libro se le conoce conociendo a quienes lo leen. Parafraseandolo diremos que  al alpinismo se le conoce conociendo a quienes se inclinan por practicarlo.

Tal vez nos ayude a entender lo anterior si podemos imaginar (e imitar) dos personajes de la poesía de Pound que son capaces de hacer lo siguiente:

"y nos emborrachábamos un mes tra sotro, olvidando a reyes y principes".

O este otro:

" también Li Po murió borracho,
Intentó abrazar a la luna
en el río amarillo".






Dibujo tomado del libro: Técnica Alpina (Altamira y Sánchez , 1978).


Lo medular de este deporte, que es el estado de ánimo, está fuera del manual de la técnica alpina. Para simplificar las cosas se le puede llamar entusiasmo, deseo de moverse, ir, ser, hacer. Su contraparte, sedentarismo, inmovilidad, no ser. Tal vez estemos de acuerdo con algunos filósofos en el sentido de que no moverse es empezar a dejar de ser.

Nosotros creeemos que la biología tiene un plan secreto para eliminarnos ( y dar cabida a las nuevas generaciones). Nos hace creer que con la ley del menor esfuerzo  nos protegemos acumulando energías para ocasiones especiales. Eso estaría bien para cuando eramos recolectores- cazadores. En la ciudad exageramos esa economía de esfuerzo y resulta al revés. Al sedentarismo pernicioso la medicina ahora le llama "patología de la inmovilidad".

La técnica, insistimos, como toda educación, se aprende o se enseña.
La disposición para ir a las montañas tiene orígenes más profundos. Algunos dicen que es de naturaleza  innata. Este asunto, que  empieza parecer académico, es de simple comprobación casera. Se enfrenta en nuestra propia casa. ¿Por qué dejar la comodidad de la ciudad para ir a emprender fatigosas caminatas y exponerse a la inseguridad de las condiciones atmosféricas?

Es la pregunta que cada día se hace el atleta: ¿Por qué dejar la deliciosa cama al amanecer para meterse en la pista de correr? La respuesta es absolutamente personal. Puede tener origen patológico y deberse a recomendación de la medicina para contrarrestar las peligrosas consecuencias del sobrepeso. O de origen emotivo, para asomarse al increíble mundo bello de la naturaleza. O curiosidad para conocer los propios límites. Como el atleta que quiere hacer menos tiempo que ayer en correr diez kilómetros.

Siempre, durante toda su vida, en cada salida a la montaña, el individuo se enfrenta con estas preguntas: “¿Por qué, para qué? La respuesta, consciente o no, es lo que lo lanzará al mundo de la aventura alpina o lo mantendrá anclado en la ciudad. Cada vez él vencerá la inercia citadina o de lo contrario la ciudad lo conquistará a él.

Una vez que se ha decidido por la acción  encuentra que todo es sencillo, bello y terapéutico: caminar, trotar en el parque de la ciudad. El segundo paso es caminar en la media montaña. Por caminos ya conocidos y que otros nos pueden enseñar o que aparecen en alguna guía de excursionismo. La ciudad es el mundo antropocéntrico por excelencia  pero, ¿qué hay más allá de los semáforos,  los automóviles, los restaurantes, las fábricas, los cines y los hoteles?

 Después nosotros mismos inventaremos nuestros propios itinerarios para descubrir el mundo. ¿Qué importa que ya no queden continentes por descubrir?¡ yo no los conozco! Con el tiempo el bosque borra toda huella, sendero o camino. Y la ladera vuelve a quedar desconocida  para que la descubra la nueva generación de humanos.

Provistos de un plano y de una brújula iremos a cualquier parte. Y, como una vez escribió Thoreau: “A lo mejor hasta tenemos suerte de perdernos por media hora”. Salir de la tienda hacia la oscuridad de la noche, mirar el cielo y, como dice un personaje de F.Scott Firzgerald: " Investigar cuál es la porción del firmamento local que nos corresponde".

Para “agarrar contacto” con el ambiente del montañismo se puede empezar a frecuentar los clubes o grupos alpinos que hay en muchas partes. En México existen Asociaciones en algunos estados de importancia alpina como Hidalgo, Veracruz, Nuevo León, Puebla, etc. Estas a su vez están agrupadas en una Federación que por lo regular tiene su sede en la ciudad de México. O bien buscar alguna escuela de alpinismo. En todos  estos lugares hay siempre buen ambiente.  En la actualidad están las de Carlos Carsolio y la de Actividades Deportivas de la UNAM.


Ilustración tomada del libro: Diccionario de la Montaña (Agustín Faus, editorial Juventud, 1963).

Al rayar el nuevo amanecer en el bosque o al encontrar otra vez la dirección correcta, siempre hay la sensación que este individuo también ha encontrado el secreto de poder vivir en la cómoda y sabrosa ciudad y, a la vez, haberse reintegrado a la naturaleza más allá de la zona habitada.

Sobre todo el alpinismo no es un deporte sino una manera de vivir.Casi todos los escaladores que conocí, y con los que subí montañas, capaces de  evolucionar cual fuego fatuo a traves de las increibles paredes y agujas de roca, nieve y hielo, murieron para el alpinismo cuarenta años antes de morir... Otros siguieron en las montañas

Estos son los que llegaron a la conclusión que el abuelito necesitaría cuidar su salud física veinticinco años de ser padre...

En los primeros cincuenta años de vida del individuo la condición de salud está bien per se, o por sí.En los siguientes cincuenta años es donde la vida nos somete  a la más rigurosa auditoría biológica.Sobre todo en un país como México del que la Organización Mundial de la Salud ,y la Secretaría de Salud propia, han declarado que México es el número uno en el mundo en individuos con sobrepeso corporal y obesidad en mujeres, hombres y niños.Más que en Estados Unidos.

Al ver en cualquier calle de la ciudad personas con el inevitable deterioro geriátrico, signos visibles de la demencia senil y un acusado deterioro en los huesos...Pensamos en automático en que se necesita una vida adulta de calidad.

De ahí la necesidad, tanto estética, terapéutica,como social,de hacer del montañismo un estilo de vida... Dicho en otra palabrases necesario convertir en verbo el nombre de Quetzacoatl: quetzalcoatlizarse.Dejar, cambiar, de piel. Tú te quetzalcoatlizas, ellos se quetzalcoatlizan...

 La  imaginación es un recurso de calidad que puede ayudar al alpinista a sentirse a gusto en su montaña. Y, por extensión,cuando regrese a su vida habitual en la ciudad. El razonamiento es tan real como simple. En nuestra salida a la montaña suelen darse  aprensiones, que son puro producto de nuestra imaginación.
De la misma manera se puede dar la salida con signo positivo. Sólo es cuestión de entrenamiento. Como dice Nietzsche: disciplina del sentimiento.

En un trabajo reciente, Socorro González Cossío,de la Clínica del Trastorno del Sueño, de la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional Autónoma de México, se refirió al potencial que puede tener la imaginación bien encauzada y entrenada: "Se ha comprobado de manera cientifica que la imaginación tiene grandes y significativos efectos en el sistema nervioso,incluso a nivel estructural;la habilidad para imaginar voluntaria y controladamente puede contribuir a la salud psicológica del individuo".(Gaceta UNAM del 28 de febrero de 2011, Pág.12).
 
En México hay 150 mil (ciento cincuenta mil) muertos al año por atropellamiento vehicular al cruzar la calle (datos publicados en los noticieros televisivos del 21 de agosto del 2010) La peligrosidad del alpinismo es algo que sólo  existe en el melodrama de la pantalla del cine. En la vida real hay más peligro en cruzar una calle de la ciudad que en subir montañas (hacer click en video)

 A decir verdad, lo medular de este deporte,más que el bienestar psicofisico al que nos hemos referido ( que no es poca cosa), es la carga estética que hace sentir al individuo  el  contexto de las montañas. En un mundo donde todo se zenoniza, ¿a quién puede importarle ese sentimiento estético? A los montañistas. Ellos nacieron equipados con esa disposición artistica, casi metafísica. 


Ahora tenemos que detenernos para considerar que en la filosofía alpina  hay más preguntas que respuestas.

Después de seguir las indicaciones de la medicina del deporte, y ser disciplinados con el riguroso programa de entrenamientos, hay que cerraron los ojos a todo razonamiento y lanzarse hacia la cumbre, la travesía de la montaña o el cruce del desierto. Igual cierra los ojos  el matador de toros o el militar en el frente de batalla. Si los abre, si razona, perece. Si los cierra tiene más posibilidad de regresar con vida.

La vida misma va en juego y en el valle han quedado los padres o tal vez la esposa y los hijos que esperan y necesitan nuestro regreso. Eso lo sabemos, porque mil veces lo hemos pensado, y, no obstante, cerramos los ojos y nos lanzamos. Algunos regresan al valle y otros ya no. .. ¿Cómo explicar esto? La psicología, ciencia académica reciente, no resiste la tentación de meter baza en el asunto. La filosofía, ciencia tan antigua como el hombre, ha batallado mucho para encontrar la congruencia…

A su  manera, cada generación persigue la inmortalidad (lo que esto significa para cada individuo). Y es a tal punto cierto lo anterior que es un hecho que  en las montañas se muere la gente en el intento de subirla. Si los alpinistas fueran seres racionales,  prácticos, estuvieran dedicados por entero a ganar dinero en el  valle, comodidades y prestigio social o escribiendo sendas obras de  literatura o charlando y tomando una taza de café con una chica.… Pero, en cambio, les da por perseguir sueños de conquistar lo inexplicable. Y es un hecho que en la montaña iguale mueren los reyes y demás de la nobleza, que hombres de ciencia que habitantes de las colonias precaristas.

Hace tres mil años Homero contó la leyenda de Odiseo. Este personaje  durante años, empezando por su participación en la guerra de Troya, persiguió la inmortalidad. Era invencible y famoso y, tan inmortal, que a treinta siglos seguimos recordándolo. Sin embargo, al final del viaje lo único que deseaba, por sobre todas las glorias inmortales, era llevar una vida mortal común. Regresar a Ítaca, a   su hogar, con su mujer y su hijo.

Lo mismo sucedió con Peer Gynt, personaje de Ibsen. Durante cincuenta años persiguió la fantasía y vivió mil aventuras. Por fin un día regresó a su aldea entre los fiordos. Ahí lo esperaba Solveig. ¡Solveg lo esperó medio siglo! Ambos se encuentran y se abrazan. El tiempo había pasado ya para ambos pero aun así se reencontraron y llevaron una vida común.


La pregunta que s e hace todo escalador, o que debería hacerse, es ¿qué es lo que quiere? En ocasiones hay que decidirse por la vida de los inmortales, como Odiseo,  o bien por la vida de los mortales, como Odiseo. Pero no siempre se pueden ambas cosas…

Parece que el ejercicio ideal, el más sabio, en la práctica del alpinismo, es el que reside en el justo medio, lejos por igual de la cortedad como de la temeridad. Tal vez sirva para algo si citamos las palabras  que Ramón Xirau, hablando de la temeridad y su contraparte aristotélica,  escribió en su  Introducción a la historia de la filosofía: “El justo medio no es el acto mediocre entre dos extremos más o menos atractivos. Por el contrario, puede ser y suele ser el acto más difícil. El valor es más difícil que la cobardía o la temeridad”…


Pero escales donde escales recuerda que hay más peligro en cruzar una calle de la ciudad que en las montañas (hacer clik en el video)

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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